* Samantha Carmona Sí, el lugar es hermoso.

* Veronica Rucci Yo también quiero. Es precioso.

Me alegra que te haya gustado tanto. Ahí van todos, dando pasos pequeños y avanzando.

* Maria Soledad Rodriguez ¡Qué bueno que te gustara tanto!

Sí, los lugares son hermosos =) Aww, ese beso fue esperado. Y aquí está ya la actualización ;)

* Kmiilo Bastidas Aquí tienes el nuevo capítulo. Blaine siente muchas cosas, pero le cuesta admitirlas.

* Yamii Leguizamon Todos van avanzando a su propio ritmo, y habrán sorpresas muy pronto.

Sii, beso Klaine *-* ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado.

* Nicol López Alcívar ¡Beso! ¡Beso! Jeje. Sí, Blaine empieza a ceder, aunque está muy asustado.

¡Gracias!

* MauroMoyaKlaine9 Jajajajaja, todas/os felices por el beso y tú ya los quieres llevar a más.

Un beso con otro hombre es mucho para Blaine. Y Kurt tiene también sus dudas.

Jajajaja Santana es más liberal, aunque de vez en cuando le entran las dudas, pero esta vez ha decidido jugarse el todo por el todo.

Tendrás que esperar un capítulo más para saber lo que sucederá con Brittany.

Pero todo va surgiendo poco a poco. Cada quien va a su ritmo ;)

* hummelandersonsmythe Jajajajaja tú eres del equipo de Mauro xD

* Ailinpetracini16 Aquí estoy ya con el nuevo capítulo. ¡Muchas gracias!

* LetyBL No había podido escribir por diferentes razones, pero ya estoy aquí con la actualización ;)

* IrashCarmona Sí, el amor Klaine es hermoso *-* Aquí lo que esperabas.

* AdrianaBotero2 Sí, debe dejar que sus emociones lo dominen :P

* Jeny Esperemos que pase pronto.

* brendagleek22 No había podido actualizar por diferentes motivos, pero aquí tienes el nuevo capítulo.


CAPÍTULO 16:

"Sentimientos Ocultos"


Kurt despertó con una cálida sensación en su pecho, abrió los ojos y una gran felicidad se apoderó de él, haciéndolo esbozar una sonrisa al llegar a su mente lo ocurrido en la noche anterior. Blaine y él se habían besado, y había sido perfecto.

Él no le había robado el beso como la primera vez, y el pelinegro no lo había rechazado, al contrario, correspondió la acción de inmediato, y sabía que había disfrutado tanto como él por lo largo del ósculo así como por el gemido que había dejado escapar.

Tocó sus labios con sus dedos y suspiró. Había sido tal como siempre lo soñó. No, incluso mucho mejor. La boca de Blaine sabía a gloria.

Se giró y vio el otro lado de la cama vacía. Extendió su mano y sintió que estaba tibio, así que el ojimiel no tenía mucho tiempo de haberse levantado. Respiró profundamente y se sentó, preparándose para lo que vendría. No podía asumir que a partir de ese momento todo se daría entre ellos, pero sabía que habían dado un paso importante.

Para muchas personas que conocía, un beso no significaba nada, y lo veían incluso como algo insignificante, pero para él era un acontecimiento grande. No todos los días un hombre que es hétero se besa con otro hombre, y lo disfruta. Pero sobre todo, se trataba de Blaine, dulce y hermoso Blaine, quien tenía los labios más deliciosos que había probado en toda su vida.

Luego de estirarse y darse ánimos mentalmente, se levantó y dio un par de vueltas por la habitación tratando de poner sus ideas en orden, antes de salir y dirigirse al baño para lavarse y arreglarse un poco.

Recorrió toda la casa y no encontró al pelinegro por ninguna parte, pero había café recién hecho, lo que significaba que debía haber salido hace pocos minutos. Se sirvió una taza y caminó por la gran sala, contemplando el panorama a través de los grandes ventanales. De pronto vio algo que llamó su atención, y se acercó para asegurarse lo que era.

Avanzó hacia la puerta principal y la abrió lentamente. Sentado en uno de los escalones estaba Blaine, sosteniendo una taza con café con ambas manos, como si fuese su ancla a tierra, y tenía la mirada perdida en el horizonte.

- Buen día. – Dijo suavemente y se acomodó a su lado.

- Hola. – Respondió sin mirarlo.

- ¿Estás bien?

El de rizos negó con la cabeza, y él sintió que algo se hundía en su interior. Eso no era lo que esperaba que sucediera. El veterinario lucía miserable, como si algo terrible hubiese pasado. Un gran nudo se formó en su garganta, y toda la alegría que había estado sintiendo, se desvaneció. – Blaine…

- No digas nada.

Kurt bebió todo el contenido de su taza y la dejó a un costado, luego tomó por la barbilla a su amigo para hacer que lo mirase, pero éste se negó, así que le acarició el rostro suavemente.

- Blaine…

- No me toques. – Gruñó.

- Bien. – Retiró la mano. – Pero debemos hablar al respecto.

- No hay nada de qué hablar.

- Sé que esto puede ser algo complicado, pero es importante que hablemos de lo que está sucediendo entre nosotros.

- Somos amigos. Eso es todo.

El de ojos claros respiró profundamente. – Si sólo somos amigos, ¿qué hay con todos los coqueteos, las miradas significativas, las sonrisas cómplices?

- Estás mal, Kurt. No hay nada de eso, son sólo ideas tuyas. Sabes muy bien que estoy felizmente casado con Brittany.

- ¡Oh sí! Estás tan enamorado de tu esposa que por eso aceptas sin problemas los comentarios atrevidos que te hago. ¿Y es por eso también que te me quedas mirando cuando crees que nadie se da cuenta? ¿Debido a tu feliz matrimonio fue que nos besamos anoche?

Deja de fingir que nada sucede, Blaine. Tienes sentimientos hacia mí, y estoy seguro que no son de amistad precisamente.

- ¡Estás completamente equivocado!

- ¿Estás seguro? – Le quitó la taza de la mano y la colocó a un costado. – ¿No provoco nada en ti? – Fue eliminando el espacio entre los dos. – ¿Tu corazón no se acelera si me acerco? – Inclinó su cabeza hasta quedar sus rostros a unos pocos centímetros.

- Deja… de… confundirme.

- Yo no te confundo. – Su aliento rozó los labios del ojimiel. – Sientes algo por mí, pero tratas de negarlo, que es diferente.

- No es verdad.

- ¿Y por qué estás nervioso?

- No lo estoy.

- ¿Por qué te estremeces entonces? ¿Acaso tiemblas cuando otros amigos se te acercan?

- ¡Claro que no! ¡Y no estoy temblando ahora!

- Lo haces.

- ¡No es verdad! – Dijo con voz fría. – ¿Sabes? He conocido varias personas como tú y…

- ¿Personas como yo? – Se movió hacia atrás y regresó a su sitio, frunciendo el ceño.

Tal vez no era un insulto, pero aquella expresión al venir de Blaine, para él fue como recibir una puñalada en el estómago. De pronto muchos recuerdos se agolparon en su mente, y tuvo que respirar profundamente.

- Sí, como tú…

- ¿Quieres decir raro, mariposón, enfermo, abominación, marica, engendro de la naturaleza, enfermo, pecador, desviado? Cualquier cosa que estés pensando, ya me la dijeron cuando era un adolescente, así que puedes pronunciarla. Creo que no hay nada que no haya escuchado.

- ¿Qué? ¡No! – La sorpresa en el rostro del pelinegro era total y genuina. – ¿Por qué diría esas cosas tan horribles?

- Es lo que mucha gente piensa.

- Yo no.

- ¿Y a qué te referías cuando mencionaste lo de personas como yo?

- A homosexuales. Es lo que iba a decir cuando me interrumpiste. ¿En verdad alguien te dijo todo eso?

- Te conté en una ocasión todo el acoso que sufrí durante mi adolescencia cuando se enteraron que era gay.

- Sí, pero… Nadie tiene derecho a ofender de esa forma a ninguna persona.

- Hazles entender eso a los ignorantes que hicieron de mi vida una completa pesadilla.

- Lamento tanto que…

- No estamos hablando de mi pasado aquí. Es un tema que prefiero no tocar.

Ambos permanecieron en silencio por lo que pareció una eternidad, y en esta ocasión era un mutismo bastante incómodo.

- Kurt, – dijo en voz suave luego de varios minutos, – comprendo tus razones, pero deberías aceptar quien eres, eso te permitiría tener una vida feliz. Sé que no será fácil, pero puedes lograrlo.

Tengo unos amigos, John y Travis, ellos son pareja desde hace varios años, y aunque han tenido que enfrentar unas cuantas cosas, han sido lo suficientemente valientes como para seguir adelante sin esconderse, y tienen vidas plenas y llenas de dicha.

- Ahora soy un cobarde. – Gruñó.

- No he dicho eso. Lo que estoy tratando de…

- Déjalo así. Ya no quiero escuchar una sola palabra al respecto.

- Si tan sólo aceptaras que…

- Bien, Blaine, yo aceptaré que soy gay si tú aceptas que sientes por mí lo mismo que siento por ti.

- ¡No hay manera de que eso suceda!

- ¿Por qué?

- ¡Porque no es verdad!

- Blaine… – Lo tomó de la mano.

- ¡Ya basta! ¡Nunca creí que eras la clase de persona que destruye matrimonios! ¿Por qué quieres interferir en mi relación con Britt?

El castaño lo soltó y miró hacia otro lado. Esas palabras habían sido como una bofetada. Se levantó sin decir más nada e ingresó a la cabaña.

El de rizos soltó el aire contenido y bajó la cabeza. Cerrando los ojos, cubrió su rostro con ambas manos antes de soltar un grito desde lo más profundo de su ser.

Kurt caminaba arrastrando su maleta por el largo sendero que lo llevaría hacia la recepción, con la esperanza de poder conseguir un taxi para irse de ahí.

Había sido una idea terrible pasar un tiempo con Blaine. Todo lo que pensó que pudo ser bueno y mágico se terminó convirtiendo en un desastre completo. Pero eso no era todo, la peor parte era que el ojimiel había dicho algo que era muy cierto, se estaba transformando en un rompe hogares, justamente la clase de persona que siempre había detestado.

Había acosado a su amigo y tratado de hacerlo admitir algo que no era correcto.

Todavía ignoraba por qué éste lo había besado y correspondía en todo momento sus atenciones y coqueteos, pero lo que sí tenía en claro es que no podía volver a suceder. A partir de ese instante mantendría la compostura sin importar lo que sintiese.

No quería perder la amistad del pelinegro ni la de su esposa. Ambos eran importantes para él, así que lo mejor que podía hacer era disimular delante de ellos. No más flirteo, no más sonrisas traviesas, no más ninguna acción que pudiese echar a perder las cosas.

Iba tan perdido en sus pensamientos que no escuchó el auto que pitaba a su lado. Cuando finalmente se percató, se detuvo sólo por unos segundos hasta que se dio cuenta de quién era, entonces continuó su camino.

- Detente por favor. – Dijo en tono de súplica el ojimiel. – ¿A dónde crees que vas?

- A casa. Voy a conseguir un taxi… No puedo seguir aquí.

- Estamos muy lejos, ¿tienes idea lo que te va a cobrar por llevarte a la ciudad?

- No me importa.

- Tenemos que hablar, Kurt.

- Ya expresaste todo lo que tenías que decir. Has dejado en claro lo que piensas… Y yo he dejado en claro que soy una mala persona que no merece la amistad de nadie.

- ¿Qué? ¿De qué rayos…? – Detuvo el auto y se bajó a toda prisa, corriendo para ponerse frente al ojiazul.

- Déjame pasar.

- ¿Por qué dijiste esas cosas?

- Porque es cierto. No tengo ningún derecho a meterme en tu matrimonio. No tengo derecho tampoco a forzarte para que admitas lo que no quieres. Tal vez sólo estás confundido, como dijiste, pero es porque yo me he portado como un ofrecido, y no soy así, pero contigo pierdo el control… ¡Maldición! No debí besarte ni decirte todas esas cosas.

- Nada de eso te convierte en una mala persona.

- Es la forma en la que me siento. Y ahora déjame seguir, porque el camino hacia la recepción es largo.

- Kurt, escúchame…

- No quiero perder tu amistad, Blaine. Si es que todavía la tengo. Y no quiero perder a Britt tampoco, así que es mejor si mantenemos la distancia.

- No podemos mantener la distancia y seguir teniendo la amistad de siempre, no tiene sentido, ya que somos grandes amigos y todo el tiempo estamos alrededor del otro.

- Bien. Pero necesito…

- Necesitas calmarte. – Colocó una mano sobre su hombro. – Si en realidad quieres irte, entonces lo haremos. Vinimos juntos y nos vamos de la misma forma. Pero sería una lástima dejar este lugar tan pronto, está todo pagado y hay varias actividades que no hemos realizado.

- Te devolveré el dinero.

- No seas absurdo. Sabes que no es a lo que me refiero.

- Lamento haberme comportado así. – Movió la cabeza hacia un costado. – Aunque no lamento haberte besado, jamás podría.

Blaine respiró profundamente, soltando el aire por la nariz mientras cerraba los ojos por unos segundos. Luego dirigió su mano hacia la barbilla del castaño. – Mírame.

- No puedo.

- ¿Por qué?

- Estoy avergonzado de…

- No lo hagas. Sólo estabas siendo sincero.

- Aun así.

El pelinegro acunó el rostro de su amigo con ambas manos. – Mírame, por favor. – Le fue moviendo suavemente la cabeza hasta que logró que la enderezase. – Quiero ver tus ojos. – Kurt levantó la mirada, encontrándose con la cálida de color ambarino. – No te puedes avergonzar de ser quien eres ni de las cosas que sientes.

- Deberías aplicarlo a ti también.

- Hay una gran diferencia entre nosotros. Eres gay, siempre lo has sido, pero aunque lo sabes, no lo admites. Yo siempre he sido hétero, toda mi vida me han gustado las mujeres, por lo tanto no es la misma situación.

- ¿Entonces por qué correspondiste el beso? Sólo quiero entender eso.

- No lo sé. No sé qué me pasa contigo, y me confunde. ¿Es lo que querías escuchar? ¡Ya lo dije!

- Si te gustan las mujeres, ¿por qué te confundes cuando estás conmigo?

- ¡Porque nunca me había sentido atraído por un hombre! – Bramó exasperado y lo soltó. – Porque me gustas en todos los sentidos… Porque no puedo sacarte de mis pensamientos. – Se dio la vuelta y empezó a respirar agitadamente.

- Blaine… – Lo rodeó para quedar de frente. – No te pongas así. Es evidente que esto nos está afectando a los dos, y… tal vez deberíamos… dejar de… ser amigos. Sólo pensarlo duele, pero me duele más verte tan mal.

- ¿Podemos pretender que nada de esto pasó? – Lo tomó de la mano. – No quiero perderte, Kurt.

- Ni yo a ti. – Apretó la mano que lo sostenía. – Claro que podemos hacer eso. Somos amigos, no hay nada más.

- Bien. – Susurró el ojimiel en una mezcla entre derrota y alivio.

- ¿Puedo abrazarte?

- Por favor.

Los siguientes días los pasaron en la cabaña, disfrutando de las actividades que ofrecían, platicando sobre sus respectivos trabajos y cualquier tema que surgiera. Al comienzo las cosas estuvieron un poco tensas, pero luego volvieron a la normalidad.

Durante el trayecto de regreso, se turnaron para conducir mientras el otro descansaba. Por breves instantes Kurt observaba a Blaine, lo apacible de su rostro, sus largas pestañas acariciando su piel, aquellos labios suaves y dulces que se moría por volver a besar. Sacudió la cabeza tratando de alejar esos pensamientos. No podía evitar tenerlos, pero debía retenerlos, contenerlos a toda costa y no dejarlos salir. Cada día resultaba más difícil, pero no estaba dispuesto a perder al pelinegro.

Cuando estaban cerca de su destino, el teléfono de Blaine sonó, y Brittany le informó que ellas se quedarían un día más. Suspiró y trató de mantener la calma mientras miraba al ojiazul, quien dormía en ese momento. Seguía tratando de entender por qué le pasaba eso con él, por qué se sentía de esa forma. Era algo que jamás le había ocurrido. ¿Por qué ahora? ¿Por qué con él?

Antes de darse cuenta, se encontraba frente a la casa de su amigo, pero lo dejó descansar un poco más, sólo para poder observarlo.

Finalmente los dos estaban en sus respectivos hogares, desempacando y luchando con lo que sucedía en sus corazones.

Permanecieron en total reclusión por las siguientes horas, sabiendo que no podrían hacerlo para siempre, pero que era lo mejor por el momento.

Alrededor de las seis, y luego de armarse del suficiente valor, el castaño llamó a Blaine para invitarlo a comer, quien también tuvo que hacer acopio de sus fuerzas para aceptar.

Es ridículo que te pongas así, es Kurt, uno de tus mejores amigos. No es la primera vez que comes con él. - Se repetía mientras se arreglaba.

Las horas transcurrían y los dos amigos se encontraban conversando amenamente mientras bebían unas cuantas cervezas. Estaban sentados en la barra desayunador riendo por algo que el ojiazul había dicho. La verdad es que ellos tenían una química innegable y habían logrado una conexión extraordinaria.

De pronto Kurt lo observó detenidamente y no pudo contenerse. – Eres increíble, realmente maravilloso. – Suspiró. – Hermoso Blaine… y tan sexy.

El moreno se sonrojó y sonrió. – Si hay alguien hermoso y sexy aquí, eres tú. – Luego de pronunciar dichas palabras sintió que su rostro ardía. No sabía por qué lo había dicho, tal vez era el alcohol en su sistema, aunque no consideraba haber bebido demasiado.

Kurt se inclinó hacia un costado y tomó un rizo entre sus dedos, colocándolo en su sitio. Los dos se miraron a los ojos en completo silencio mientras acortaban lentamente la distancia. – Blaine… – Pronunció en un susurro, dejando que su aliento rebotase sobre los labios de éste.

- Me tengo que ir. – Dijo rápidamente el pelinegro y se levantó.

- ¿Por qué huyes? – Lo tomó del brazo.

Porque esto no está bien. – Se soltó del agarre y se dirigió hacia la puerta, pero el chico de piel nívea fue más rápido y le tapó el paso.

- ¿A qué le temes?

- A ti… – Respondió con dificultad. – A lo que me haces sentir.

- ¿Y qué es lo que sientes por mí?

- Cosas prohibidas… Incorrectas.

- ¿Quién dice que son de esa forma?

- Estamos casados… Sé que eres gay, y tu matrimonio es una farsa, pero el mío no. Y no soy gay. Nunca lo he sido.

Kurt empezó a caminar hacia el frente, haciéndolo retroceder hasta quedar aprisionado contra la pared, y le acarició la mejilla. – Puedo sentir la manera en la que te estás estremeciendo. También me he dado cuenta de cómo no dejas de mirar mi cuerpo y mi boca. – Le pasó el pulgar por los carnosos labios logrando que soltase un gemido. – Esa no fue una reacción muy hétero, ¿sabes? – Pronunció en medio de un suspiro, pero la mirada asustada que recibió a cambio, lo hizo apartarse.

¡Oh! ¡Lo lamento! Has de pensar que soy la peor persona del mundo al acosarte de esta forma. Dije que no volvería a hacerlo, y otra vez terminé dejándome llevar. – Se alejó más, dándole la espalda mientras cruzaba las manos por detrás de su cabeza, entrelazándolas con fuerza. – Perdóname, por favor. ¡Soy tan idiota!

Es que esto que siento por ti me está consumiendo. No sabes cuánto quiero besarte… Retener este sentimiento me está matando, pero no voy a arruinar nuestra amistad, eres tan importante para mí que te suplico me des una última oportunidad, por favor.

- Kurt… – Lo tomó del hombro haciéndolo girar.

- Perdóname, te lo pido de corazón. Perdóname por no saber controlarme. Esta vez será distinto, no ocurrirá de nuevo, yo…

- Kurt… También quiero besarte.