2. Traidor

La mañana se había despertado con un cielo gris y frío, augurando nubes negras, mientras ella buscaba el calor entre los bolsillos de su chaqueta, con las letras JEDI, azules sobre negro, a su espalda. El ruido del tráfico no se veía interrumpido por mucho revuelo que hubiera. El paso normal de las personas yendo y viniendo de sus trabajos no resultaba afectado, como nunca lo sería, por un cadáver más en el trascurso normal de los días de aquel lugar.

Rey se negó a aceptar el vaso de cartón con café caliente, desconfiando de su estómago. Y la verdad es que, lo que aquella misma madrugada había parecido una buena idea, una cuestión de deber y responsabilidad, un honor a la lealtad de su causa, a la luz del día había perdido cierto brillo. Aceptar el caso de la investigación que caía sobre la Primera Orden era, en el mejor de los casos, una putada mayúscula.

Primero, la desaparición del Agente especial Poe Dameron, con su consiguiente presuposición de que estuviera muerto. Poe había sido quien la metió de lleno en el caso. Le puso los papeles sobre la mesa y le dijo que buscara. Le dio las llaves del almacén para indagar en los archivos de los comienzos de la organización. Le hizo partícipe de cada decisión, de cada detalle, de cada línea en el panel de datos, con conexión o sin ella, cada teoría con sentido o sin él. Había confiado en ella nada más salió de la academia. Y ahora, años después, se veía en aquel puente sobre la carretera, asumiendo su sitio, dando un paso al frente para el que no sabía si estaba preparada o no, pero Poe lo necesitaba. Y, por lo que podía ver a su alrededor, sus nerviosos compañeros ante la muerte de un colega también lo necesitaban.

Pero, en segundo lugar, no había esperado un cadáver nada más empezar. Era como si le estuvieran dando la bienvenida al caso. "Oye, verás, Poe ha desaparecido así que, como eres la que más sabe sobre la Primera Orden después de él, ahora te infiltras tú. Pero ¿sabes qué más? Se han olvidado de limpiar de limpiar su último rastro. ¿A que es genial?" No, no lo era.

-La causa de la muerte es evidente. – Le dijo Rose, acercándose a ella, con su cámara en la mano.

-No es el disparo en la cabeza lo que estaba mirando. – Le contestó, sin poder apartar la mirada de la víctima. – Aunque, sin duda, fue un acto de misericordia. –La chica se la quedó mirando, con cierto brillo de espanto en las pupilas. Rey ni se inmutó. Se conocía al dedillo el modus operandi de la Primera Orden. El primer cambio en el patrón había sido la elección de un lugar tan público. El segundo, aquella bala en la sien. La chica era la nueva fotógrafa forense y la pobre no tenía por qué saber nada de eso y, sin embargo, no iba a ser ella quien tuviera la piedad de ahorrarle los detalles. – Lo habitual es que la víctima muera por la paliza, bien por heridas internas o por un golpe de gracia. –No era el caso, aunque lo habían intentado. Eso quería decir que, o bien se habían quedado sin tiempo, o bien alguien había faltado al trabajo aquella noche – Es decir, usan tu propia resistencia contra ti mismo. – Escuchó a la chica coger aire con fuerza antes de volver a centrarse en su trabajo. Y Rey sabía que, en un día normal, no le hubiera dicho todo aquello a la muchacha. O no lo hubiera dicho así, con aquella crudeza. Pero es que le quedaban unas horas para terminar su jornada y eso significaba que para cuando volviera a amanecer, estaría respondiendo con otro nombre, otra identidad, otra vida, llamando a las puertas del infierno, metiéndose de lleno en la Primera Orden.

Raelene apretó la mandíbula, dispuesta a dar otra vuelta por la escena hasta que el jefe de policía, Wedge Antilles, la interceptara desde lejos.

-Raelene.-La mencionada volteó a sus espaldas, observando al agente que corría en dirección a ella.- Celebro que haya entrado tan rápido en nuestra plantilla.- Ella torció el gesto.

-Yo me alegraría más si hubiera sido por otra causa…- Y el agente asintió, desviando la mirada.- Pero haré que la presunta muerte de Dameron no haya sido en vano.- Habló, intentando ocultar lo mucho que se le rompía la voz cada vez que pensaba en Poe de aquella manera. Antilles posó una mano en el hombro de la chica.

-Tengo entendido que es usted la mejor infiltrándose.- Ella sonrió de medio lado.- Aunque discrepe un poco de su método. Veo demasiado arriesgado usar fragmentos de la realidad para camuflarse.- Y ella se alzó de hombros.- ¿Está segura de que quiere que figure su apodo en su nueva identidad?- Ella volvió a asentir.

-Rey es un nombre por el cual ya no me relaciona nadie… A excepción de mi padre de acogida.- Antilles sonrió al recordar al ya fallecido agente Obi-Wan. Y ella suspiró, desviando la mirada.- Era una técnica de Obi-Wan, contar la verdad a medias y…

-Hacer que parezca una verdad entera.- Terminó Antilles, recordando con melancolía al agente Kenobi mientras también ponía la vista perdida. Nadando en recuerdos que ya creía olvidados.- Veo que te educó bien.- Y Raelene, o Rey, sonrió de vuelta, recordando de nuevo a quien fue su padre de adopción y enlace principal con el cuerpo de policía JEDI.

-Ya sabe también lo que decía… Enseñar es un privilegio y es parte de la responsabilidad de un JEDI entrenar a la siguiente generación.- Antilles rió, pasando la mano por la espalda de la chica, antes de voltear de nuevo hacia ella.

Y el agente fue a agregar algo más hasta el que teléfono vibró con violencia en su bolsillo. Antilles sacó el aparato, descolgándolo frente a Rey y hablando a través de él. Primero citando su apellido y, cuando fue a mencionar su cargo, se quedó callado. Volteando hacia Rey y luego hacia el resto de policías. De nuevo viró hacia la chica, quien le observaba sin entender.

-¡¿Está vivo!?- Rey dejó de respirar ante aquel dato que soltó el jefe de policía.- ¡¿En qué hospital le tienen!?- Y aguardó mientras sacaba de su bolsillo una libreta y un bolígrafo, anotándolo todo a velocidad de vértigo.- ¡Vamos en seguida!- Y colgó mientras tomaba a la chica por la muñeca y llamaba a central.- ¡Poe Dameron está vivo! ¡Repito, Poe Dameron está vivo! ¡Acudan unidades especiales al hospital de Ciudad Nube! ¡Rápido!

-¡¿Poe está vivo!?- Raelene subió al vehículo propio de Antilles antes de virar los ojos al suyo, asegurando que todo estuviera en orden. Y se abrochó el cinturón mientras Wedge pisaba el acelerador a fondo, conectando la sirena para que todo vehículo frente a él le abriera paso, facilitándole la movilización.

Y agradecieron que el tráfico estuviera bastante despejado aquella jornada, más que nada porque ese pequeño detalle les adelantó acontecimientos y llegaron al hospital antes de lo esperado, entrando en el edificio tras aparcar el coche en las plazas reservadas. Y no les hizo falta pedir información, no les hizo falta preguntar, el uniforme fue suficientemente delatador como para llamar la atención de varios enfermeros, que condujeron a ambos agentes a la habitación del paciente. En el pabellón C, tercera planta a la izquierda. Habitación 2187.

Y Rey no pensó, los acontecimientos no le dieron pie a ello. No se hizo una idea de cómo iba a encontrar a Poe, del estado en el que estaría, cómo tendría la cara o el cuerpo… Pero nada más entrar en la habitación se le heló la sangre de golpe, sintiendo como su cuerpo se enfriaba a una velocidad de vértigo ante el impacto de aquella visión.

Poe estaba totalmente vendado, conectado a un millar de máquinas y bolsas de sangre. Incluso necesitaba aquel respiradero para poder seguir con vida. La cara estaba tan amoratada, llena de quemaduras, rasguños y cosidos que parecía un monstruo…

Antilles se petrificó a los pies de la cama mientras Rey había frenado el paso tras haber cruzado a penas el umbral de la puerta, sujetándose al marco mientras se llevaba una mano a la boca, cubriéndola. Sintiendo que su mandíbula caía hasta quedar entreabierta… Los ojos se le humedecieron, llenos de lágrimas rabiosas, tristes, preocupadas y agradecidas. Agradecidas de verle con vida… Y entonces la pregunta del millón estalló en su cabeza, haciendo que volteara a los dos enfermeros que les habían conducido hasta su habitación.

-¡¿Cómo ha llegado él aquí?!- Preguntó. Y entonces un chico moreno, con una cara que delataba llevar más noches despierta de lo que debería, salió del lavabo. Observando a los agentes mientras tragaba saliva. Antilles le miró de arriba abajo mientras el muchacho tragaba saliva con dificultad. Uno de los enfermeros le señaló.

-Ha sido él. Le trajo él la madrugada anterior… Tuvimos que meter a Dameron en el quirófano…- Y Antilles volvió a virar de los enfermeros al muchacho, quién desvió la mirada, sintiendo que estaba empezando a hiperventilar.

-¿Dónde le encontraste, chico? – Preguntó Antilles con ese tono que Raelene le había escuchado poner con los chavales que pillaba haciendo botellón en las calles de Dagobah. Sin embargo, ella no podía evitar ver algo en su pose, en la forma en la que se retorcía las manos con nerviosismo. Si hubiera sido un animal de presa, habrían olido el miedo desde el garaje.

-En realidad… - empezó, sin saber bien cómo continuar, mordiéndose los labios. Seguro que llevaba horas preparándose algo que decir y ahora no salía nada. – En realidad, yo… -Vio a Antilles ladear la cabeza, calculador, al tiempo que ponía los brazos en jarras, mostrando las esposas colgadas del cinto. El chaval tragó saliva. – Yo era quien debía encargarse de él. –Ahí estaba el que no había ido a trabajar esta noche y se había dejado un cuerpo en el puente. Vaya. Antilles se adelantó hacia él y el chico alzó las manos dando un paso atrás en respuesta. –Espera, espera – Pidió al tiempo que Raelene posaba la mano sobre el hombro de su jefe, frenándole. – Espera, por favor. – Repitió. – No puedo volver a la Primera Orden, he desertado. Y si pongo un solo pie en la calle, me matarán. – Miró a Antilles, buscando algo de misericordia en su autoridad. Luego la miró a ella. – Y más aún si me meten en prisión –Levantó una mano hacia ellos, como si ese gesto le diera más distancia. – Porque no hace falta ser muy listo para saber que tienen gente leal a la organización en Mustafar. – Raelene le dio un ligero apretón en el brazo a Antilles y se adelantó hacia el chico, que volvió a recular. Ella, sin embargo, le ofreció su mano y él la miró desconcertado.

- ¿Y qué te parece hacer un trato con nosotros? –Pudo escuchar a Wedge empezar a negarse, pero no le dio tiempo a terminar con su queja – Tú nos dices todo lo que sabes y nosotros te mantenemos como testigo protegido.

- Raelene –Fue todo lo que oyó por parte de Wedge, avisándola. Finn se mordió el labio, nervioso, culpable, mirando hacia el cuerpo desfigurado de Poe primero, y luego hacia la mujer que parecía estar ofreciéndole un salvoconducto.

- ¿Es la misma protección que le habéis ofrecido a él? –Raelene tragó saliva, sin atreverse a volver a mirar hacia la camilla hasta estar sola. Y obligó a su pulso a calmarse porque, terminado el día, ella saldría de la JEDI y podría correr la misma suerte que Poe. Aún así, mantuvo su mano extendida.

- A diferencia de él, tú estarás rodeado de compañeros nuestros y constantemente vigilado. – Y aunque sonara a retención por lo bajini, era un lugar mucho más seguro que todo lo que había vivido. Y apretó su mano, sellando el trato. Raelene se giró hacia Antilles. - Respondo por él – Wedge se cruzó de brazos. Él era el jefe y el máximo responsable, no podían tomarse decisiones sin que diera su visto bueno y ella lo sabía perfectamente. Había visto a Poe saltarse esa norma más de una vez y actuar en consecuencia, así que igual no había sido el mejor ejemplo de respeto a la autoridad para ella. - Es mi caso ahora, Antilles.

Y el jefe de policía cambió el peso del cuerpo de pierna, tambaleándose un poco mientras meditaba a toda velocidad. Dudando, sopesando las opciones y viendo todos los caminos y recorridos posibles mientras Rey se giraba hacia él, encarándole totalmente e interponiéndose entre él y el desertor, quién había dejado de temblar. Al menos ya no tanto como antes.

Antilles torció una comisura, y chasqueó la lengua dentro de la boca mientras ladeaba la cabeza, cediendo con pesar. Miró a la chica y asintió, haciendo que ella sonriera. Entonces viró los ojos al muchacho, quien se enderezó ante el contacto visual.

-Acompáñame entonces a comisaría. Tengo que tomarte declaración y hacerte una ficha… Ehm ¿Cómo habías dicho que te llamabas?- Preguntó Antilles, recolocándose el cinturón.

-Finn.- Aseguró el chico.- Me llamo Finn.- Antilles asintió y volvió a mirar a Raelene antes de darle un toque en la espalda con la mano.

-Te dejo unos minutos con Poe. Estaré en comisaría.- Rey asintió y volteó hacia el agente, tendiéndole las llaves de su vehículo.

-Me he dejado el coche en la escena del crimen.- Antilles asintió.- Pídeles que me lo muevan a mi plaza en la comisaría ¿Puede ser?

-Sí, claro. Sin problema.- Antilles abrió la puerta e hizo un gesto con la cabeza al chico, quién salió apresurado no sin antes darle las gracias tímidamente a la chica. Sin apenas tener tiempo para extender los agradecimientos un poco más.

Y ella cerró la puerta una vez se quedó sola. Apoyando ambas manos en la madera, alargando el momento antes de enfrentarle. No se atrevía a mirarle, no así, porque ese no podía ser el mismo Poe que ella había conocido. Y, sin embargo, ahí estaba. No quería mirar. Deseaba poder seguir recordándole como siempre, alegre, con la cara iluminada por aquella sonrisa rebelde y canalla que tanto le identificaba…

Tomó aire a duras penas y empezó a girarse sobre sí misma. Poco a poco. Tomando aire y clavando la vista en las baldosas del suelo antes de alzar la cabeza totalmente, recorriendo primero las patas de aquella cama de hospital, luego centrándose en los pies bajo la sábana… Y arrastró la vista hacia arriba mientras apoyaba la espalda en la pared, asegurándose tener un apoyo por si las piernas le fallaban ante la imagen… Vio las manos de Poe, totalmente escayoladas junto a los brazos… Luego los tubos que le conectaban a millón de cosas, tantas que no lograba identificar a qué máquina iba conectada cada vía… Finalmente llegó al collarín y luego a su cara.

Ella arrugó la suya, acercándose poco a poco. Estaba desfigurado, completamente. Rey apoyó la mano en la escayola de su compañero, acariciándole mientras volvía a mirarle.

-¿Qué clase de salvaje descorazonado te ha hecho esto, Poe?- Pasó la mano hasta llegar a uno de sus hombros. Uno totalmente amoratado, quizá se lo habían dislocado… Rey volvió a arrugar la cara.- ¿Quién ha sido el hijo puta desalmado que te ha hecho esto?

Llegó a su cabeza, donde partes de la misma estaban expuestas debido a quemazones. Sólo la Fuerza sabría la de barbaridades que habría tenido que sufrir. Y l luego estaba ese chico… Viró hacia la puerta. Finn había tenido las narices de decir basta. De plantarse. De ver la inhumanidad que había en aquella maldita organización. Pero tampoco debía fiarse, aunque su instinto no le estuviera alertando de nada, de él. Bien podría ser una trampa… Aunque lo dudaba. No vio maldad en Finn, no sentía ningún presentimiento.

Suspiró, acercándose una silla hasta quedar junto a su amigo, sujetándole la mano con cuidado de no hacerle daño. Volviendo a observarle y pensando en todo y a la vez en nada.

A veces tenía el presentimiento de que era sensible a esa Fuerza misteriosa de la que tanto se hablaba en su cultura. Y Rey solía fiarse de lo que solía dictarle ese sentido. Y con Finn no tenía ningún mal presentimiento, sentía que decía la verdad. Que estaba allí porque quería ayudar, querría salir de todo aquello… Poe entonces se removió en la camilla y Rey volteó la vista hasta él.

-¿Poe?

-¿Rey…?- Ella alzó una comisura. Sí… A parte de su padre adoptivo, Poe también solía emplear su apodo de la infancia.

-Estoy aquí.- Le sostuvo de la mano.- Estoy aquí, Poe, ya ha pasado…- El chico gruñó.

-No… No ha pasado.- Hizo una leve pausa.- Ahora viene el post-operatorio…- Rey sonrió ante el humor imperturbable de Poe.- Y cuando se me pase la anestesia… Esto va a ser una fiesta.- Su voz sonaba débil, casi apagada. Ronca y dolorida. Pero su carácter seguía igual que siempre. Y Rey le pudo reconocer. Bajo todos esos moratones, heridas, vendas y escayolas, seguía existiendo su amigo. Con ese humor que rezó para que no perdiera jamás.

-¿Qué pasó?- Comentó ella, acariciándole la mano sin cesar. Poe tragó saliva.

-Me pillaron en plena operación… A mí y a los otros…- Puso una mueca, o lo que Rey intuyó como una, antes de proseguir.- A ellos les mataron. Y a mí me hicieron hablar…- Sonrió de medio lado.- Si algo no tiene la Primera Orden es humor.- Rey negó con la cabeza.

-Y humanidad. Eso también les falta.- Poe tomó aire poco a poco, sintiendo cómo sus pulmones se quejaban con cada inhalación.- ¿Llegaste a confesar?- El chico cerró ambos ojos.

-Dije que era agente de la JEDI…- Rey frunció el ceño y sintió un escalofrío recorrerle la columna. Deberían haber cometido las mil y una atrocidades humanas posibles para que Poe llegara a confesar algo, precisamente Poe, quien tenía un aguante más que brutal al dolor físico. Rey lo había visto, en más de una ocasión.- Pero no confesé nada más… Joder, Rey, voy a perder la placa.

-No vas a perder una puta mierda ¿Me oyes? Que procuren quitarte nada… No les has delatado porque te diera la gana… Solo hay que verte.- Poe hizo una pausa, analizando aquello.

-Ya, bueno… Sabes que estos pueden hacer cualquier cosa con tal de echar a un agente inútil.

-No eres inútil.- Rey apretó el agarre.- No lo eres ¿Me oyes?- Poe suspiró con cuidado y Rey se relamió, sin saber cómo continuar con aquella conversación sin llegar a darle esa noticia que, ahora, prefería evitar… Pero no pudo más.- Mañana voy a cubrir yo tu puesto…- Poe abrió el ojo que tenía en mejores condiciones, observándola con terror.

-¿Qué? ¿Mañana?- Rey asintió con la cabeza.

-Y voy a necesitar toda la ayuda que puedas darme de palabra…- Poe observó a Rey. Él había sido una de las manos que empujó a Rey de lleno en ese caso… Pero lo que no esperaba es que Rey tuviera que infiltrarse para que se cerrara de una vez el caso de la Primera Orden. No podía evitar sentirse culpable y mucho menos después de todo lo que había visto en aquella organización. Mucho aun después de todo.- ¿Me darás esa ayuda, Poe?- Él cerró el ojo y tragó saliva antes de asentir con dificultad.

-Prométeme que vas a tener cuidado, Rey… Que si te pillan… Contigo van a excederse el doble…

Oh, sí. Claro que sí. Siempre pasa cuando eres mujer. Porque como mujer te conviertes el receptáculo perfecto para toda suerte de humillaciones. Un hombre contra otro sólo es violencia, como lo sería el golpe entre dos cornamentas de ciervos. Pero con una mujer, las cosas cambiaban, siempre tenían otro cariz, siempre se teñían de otras muchas cosas que venían a ser lo mismo.

-Sí, Poe, te lo prometo – Aquel único ojo que podía abrir la escudriñaba como si pudiera ver a través de ella y prever que iba a torcerse todo.

- Pero prométemelo de verdad, Rey. – Ella cogió aire para responder – De verdad. No como aquella vez en la que me prometiste que no cogerías tu arma y cogiste la mía. – La chica sonrió ante el recuerdo.

-Te lo prometo de verdad, de verdad de la buena, Poe. – Y aun así el agente sospechaba que no sería tan fácil. Rey había respondido demasiado rápido, queriendo parecerle segura. Y él se hubiera quedado más seguro si se lo hubiera pensado, que pareciese al menos una respuesta fruto de una reflexión de pros y contras. Pero no, para qué mentirse. Era difícil negarle a Rey su impulsividad cuando él siempre había actuado de acuerdo a la misma, asumiendo las consecuencias después. – No voy a defraudarte. – Y Poe no respondió, pero ahora mismo lo que más temía es haberle fallado a ella, no haber sido un ejemplo de buena praxis, ni de sabiduría ni de nada. Más que compañeros, habían sido colegas y ahora parecía que su jefe tenía toda la razón. Que, un día, todo ese humor, esas formas de pasar por encima de todo y salir dando un salto triple con voltereta en el aire para que los problemas sólo te rozaran, al final del día no te protegían de nada. – Saldré de ahí cerrando el caso – Rey no lo vio pero una lágrima rodó cobarde por la mejilla de su compañero. Poe sentía un miedo por ella que no había sentido por sí mismo. Claro que iba a ayudarla en todo… - Ya lo verás. – E iba a hacer lo imposible por sacarla de ahí a la más mínima señal de peligro. – Ahora necesitas descansar.

-Ni se te ocurra volver a ponerme el respiradero.

- Pero si te estás ahogando.

- Dejaré de fumar, te lo prometo – Rey sonrió. Poe jamás jugaba con eso. ¿Sus cigarrillos liados? ¿Dejarlos? ¿Poe? ¿El mismo Poe que se pilló un rebote monumental cuando le tiraron a una fuente mientras perseguía a un tipo? Y ojo, que se enfadó porque se le mojó el tabaco, no porque se le hubiera escapado el canalla.

- No te lo crees ni tú, Dameron –Le respondió con una sonrisa que contagió la del doliente aunque no pudiera verle, antes de volver a ponerle la máscara de oxígeno. Luego, su sonrisa se volvió pesada. – No tengo miedo a la Primera Orden. – Y sabía que debería, pero después de tanto tiempo estudiándoles, siguiendo sus pasos, recogiendo los cadáveres como miguitas en el camino y después de tantos años de investigación, sentía que era el momento de dar el paso definitivo que les desarticule. Daba igual cuan fuertes se hubieran hecho. Lo que no podían era permitirse el lujo de dejarles un solo momento en el que se vieran tranquilos y libres de la sombra JEDI que se cernía sobre ellos como un augurio. La Primera Orden iba a caer… Y no se iba a llevar a más agentes por delante.

-Dile a Connix que te pase mi último informe y léetelo – Le dijo apartándose la mascarilla lo justo para dejarle hablar. Rey le miró extrañada.

-¿La forense? – Poe asintió - ¿Por qué se lo diste a la forense y no al equipo? –Poe sólo la miró, con suficiente pesadumbre para un solo ojo visible. Poe verdaderamente había estado preparado para morir aquella noche y se había dejado los deberes hechos. Rey largó un suspiro y asintió mientras la enfermera les señalaba el final de la visita.

- Y ven a verme luego. No pienso dejar que te vayas sin saber un par de cosas. –Le decía mientras veía a Rey ponerse la chaqueta de la que estaba tan orgullosa de lucir desde hace años.

-¿Alguno de tus consejos de supervivencia? – Ojalá, pensó el chico, ojalá tuviera algo mejor que decirle, algo que pudiera asegurar su vida en ese torbellino de violencia y sangre en el que se metía de lleno. No, no era nada de eso. Simplemente no quería volver a pasar una noche solo después de lo ocurrido. Y si para eso tenía que contarle mil detalles, útiles o no, lo haría.

Se fue del hospital con la mejor sonrisa posible, intentando hacerle ver a Poe que todo estaba controlado. Que ella podía y que no tenía miedo. Pero en realidad estaba asustada. Realmente asustada por todo y por todos. Especialmente por Poe, quién le vio bastante mal. Quizá también fingía estar mejor de lo que realmente estaba… Pero era la forma de restarle preocupaciones al otro, preocupaciones que el otro sabía igualmente… Pero que nunca se decían en voz alta. Y, pese a todo, sabían leerse y, por tanto cuidarse.

Rey llegó a la comisaría tras un largo pateo por la ciudad. Dirigiéndose a su apartamento para prepararse una mochila con todo lo que le haría falta aquella noche que pasaría en el hospital. Luego se encaminó hacia la comisaría mientras su pulso se disparaba a medida que avanzaban las horas. Se terminaba el día. Y en menos de lo que cantaba un porg pasaría de se Raelene a ser Rey a secas. Todo el día. Sin tregua alguna. Rey.

Hacía años que no usaba ese nombre, sólo Poe se lo decía. A nadie más se lo toleraba… Y pronto debía empezar a cambiar el chip si realmente quería que todo saliera bien.

Iba a infiltrarse, a adoptar otra identidad por un tiempo indefinido. El que hiciera falta hasta conseguir pruebas. Pruebas de peso que delataran totalmente a la Primera Orden de una vez por todas… Y sabía de sobra TODO lo que la Primera Orden llevaba encima. Iba repasándolo mentalmente mientras andaba por la calle con aquella mochila, cargada con su pijama, ropa interior, colonia y desodorante en spray.

El caso conocido como "Primera Orden" recibía ese nombre gracias al cine que utilizaban para blanquear todo el dinero que sacaban con ventas ilegales de armas. No era normal que aquel cine sacara tanto dinero con apenas dos salas de proyecciones, pero jamás encontraban nada que les delatara. Absolutamente nada.

Ni tan siquiera hacienda conseguía pillar cualquier ingreso… Pero existía el rumor, uno sin pruebas, de que nadie se atrevía a delatarles como había pasado con Finn, aunque éste necesitara demostrar todo lo que decía con pruebas totalmente palpables.

Y se habían dado casos de gente que les había delatado. Gente que se había atrevido a acudir a la policía… Y, justo el día de la testificación, aparecían en las vías del tren como si se hubieran suicidado. Así quedaba registrado en el informe forense. Las pruebas delataban un suicidio… Aunque todo el mundo sentía que no era así. Que era demasiada casualidad. Mucha casualidad.

Rey llegó a la comisaría antes de lo que hubiera esperado. Dejó sus cosas en el taquillero antes de buscar a Antilles para poder leer el informe que se había redactado tras las declaraciones de Finn. Pero no le encontró. Quizá había regresado a la escena del crimen, así que Rey se puso a contactar con Connix, llamándola a su número de servicio mientras esperaba sentada en una de las mesas cerca de la máquina del café. Tamborileando la mesa con los dedos y leyendo el informe, abierto por la página que hablaba del dueño de aquellos cines. Kylo Ren.

Empezó a releer su ficha hasta que se descolgó el teléfono al otro lado.

-Aquí Connix.

-Connix, soy Raelene.- La forense asintió con la garganta al otro lado.- Poe me ha dicho que…- Y Connix se adelantó.

-¿Estás en comisaría?

-Sí, estoy en la comisaría.

-Dame cinco minutos que termine de grapar al cadáver y voy hacia allá.- Rey asintió con la cabeza para luego confirmarlo con la garganta. Jamás se acostumbraría a la facilidad de Connix para hablar de su trabajo.

-De acuerdo, aquí te espero.

Y Connix colgó al otro lado mientras Rey se quitaba el teléfono de la oreja. Bajando los ojos de nuevo hacia el archivo, observándolo con atención antes de darle un último trago a su taza de café. Pasó la página donde había adjuntadas diversas fotografías de escenas de crímenes. Redactando el modus operandi de la organización, fotografías que se sabía de memoria… Y entonces una vocecita le hizo azar la cabeza.

Hola ¿Raelene?- Levantó la cabeza, encontrando a Finn al otro lado, y le sonrió mientras cerraba la carpeta y dejándola a un lado.

-¡Ey! Hola.- Le sonrió.- ¿Quieres sentarte?- El chico asintió mientras tomaba aire, intentando relajarse.- ¿Todo bien en la charla para la declaración?- Finn asintió con la cabeza, desviando la mirada mientras Rey intuía que aquel chaval habría estado removiendo cosas de su pasado. Cosas que quizá quería olvidar para empezar una vida mejor. Le veía los ojos llorosos y enrojecidos… Así que decidió llevar la charla por otros derroteros, pero Finn se giró hacia ella, adelantándose.

-Gracias.- Ella cerró la boca lentamente, observándole y dándole pie a proseguir.- Gracias por ayudarme. Por creer en mí… Por… Por… Por todo.- Estaba nervioso y le temblaba la voz como si le estuvieran sacudiendo. Ella se relamió.

- Ya te lo dije, Finn – Le puso la mano en el hombro, respetando su distancia pero intentando sonar conciliadora como su padre le había enseñado, o como le había visto mil veces hacerlo con la gente mientras ella hacia los deberes del cole en esa misma mesa. – Hoy somos nosotros los que te agradecemos lo que has hecho, y el valor que has tenido. – El chico levantó la mirada hacia ella, como si le costara creerse aquello. Y no le culpaba. – Nos has devuelto a un compañero al que creíamos haber perdido y vas a ayudarnos a cerrar casi dos décadas de terror en nuestras calles y en las de miles de otras zonas. – Le notó bajar los hombros como si todo aquello le pasara en exceso y bajar la cabeza como si de repente estuviera interesadísimo en las vetas de la madera de la mesa.

- En cualquier caso, quería agradecértelo porque… - Se frenó a sí mismo, boqueando como si fuera a decir algo, una y otra vez, y siempre se retractara. Rey estrechó los ojos, inclinándose ligeramente para buscarle la mirada, preocupada. Finn continuó negándosela. – Porque nunca nadie había llegado hasta aquí vivo, ¿sabes? – Rey cogió aire. Lo sabía, pero le dejó seguir, fuera por donde fuera. - He visto lo que hacen y no quiero morir. Es sólo eso. – Rey se compadeció de él, suspirando.

- Tú sólo preocúpate de seguir aquí, responder a las preguntas que te hagan con la mayor exactitud posible y no salgas a la calle sin escolta – Las comisuras de Finn se alzaron un poco, quizá un milímetro o dos y Rey extendió una sonrisa hacia él, tratando de ser todo lo tranquilizadora que sus propios temores le dejaban.

Porque nadie jamás lo diría, pero tenía los nervios de punta, mirando cada esquina, esperando una bala, un coche doblando la calle, un tipo que te sigue desde hace dos manzanas. Incluso iba a pasar la noche con Poe, poniéndose al día. No volvería a su apartamento. Hoy dejaba atrás su vida. Hoy era el último día de su vida como Raelene, hasta próximo aviso. Debía esconder su pasado y su vida como Raelene en un agujero tan profundo que nadie osara mirar dentro, para proteger a todos los que habían habitado en ella. Para que su nueva identidad fuera tan real que nadie se atreviera siquiera a concebir que era mentira.

Le apretó el hombro a Finn justo cuando Connix aparecía por la puerta, cargada con un montón de carpetas, entrando como un huracán, y soltándolas todas sobre la mesa antes de dirigirse directísima a la máquina de café. La espalda recta, firme, con la misma seriedad que su rostro y, sin embargo, los moños casi deshechos de haber empalmado las horas de trabajo de ayer con las de hoy. No podía culparla. Habían sido unos días imposibles desde la desaparición de Poe y ahora empezaban a respirar. El ajetreo era el mismo de siempre pero uno de los suyos había vuelto a casa.

-Pufffffff - Largó un suspiró mientras marcaba la opción que quería y pulsaba una doble ración de azúcar. – La que se nos viene encima es fina. –Se giró hacia ella, dispuesta a seguir hablando hasta que vio a Finn. Ambas se le quedaron mirando hasta que pareció caer en la cuenta de lo que ocurría.

-Oh, que me… que me vaya.- Las miró alternativamente. Rey ladeó la cabeza con un mohín. Connix fue bastante más evidente.

- Claro, chico. Eres un informante útil pero permítenos no fiarnos del todo, ricura. –Extendió la mano e hizo un gesto largándole. Finn recogió sus cosas. – Quédate por donde podamos verte, no te alejes demasiado y no te sientes cerca de las ventanas – Le dijo mientras se iba, un poco perdido, quedándose un momento en mitad de la comisaría sin saber qué hacer.

- No seas así con el chico. – Le reprendió Rey, sin poder esconder la sonrisita cabrona. La forense se encogió de hombros, cogiendo su café. – Bueno, muéstrame los últimos días de Dameron en la Primera Orden.

- Te vas a cagar, tía. –Le avisó, pasándole la carpeta con los últimos informes – Tú y hasta tu espíritu animal.

-Bueno, ya veremos…- Abrió la carpeta y empezó a pasar hoja a hoja, impresas directamente del archivo que Poe envió antes de desaparecer.

Leyendo línea a línea. Información que Rey debería confirmar con pruebas audiovisuales… Y estaba empezando a asustarse. Sintiendo cómo estallaban sus nervios sin compasión mientras ella se punteaba el pulgar con la uña. Connix dio un largo trago al café antes de relamerse y acomodarse en la silla, tomándose un tiempo que no había tenido en dos días.

Aquellos informes contenían redacciones de páginas y páginas en Arial de tamaño 11… Y Rey ya se estaba cansando con sólo leerlo en papel pero algo le decía que la lectura no se le haría pesada. Allí se hablaba de tortura explícita, de cómo Poe intuía que trabajaban gracias a conversaciones que escuchaba o datos que contrastaba. Todo explicado en aquel documento.

Poe no llegó a infiltrarse tanto pese al tiempo que pasó allí dentro. Jamás le tomaron por uno de los suyos, no llegó a ver las cosas que supuestamente habría visto Finn –que también dudaba de que ese chaval hubiera visto demasiado, pues no parecía alguien demasiado metido como podría estar Kylo.-, pero Poe sí tenía información que daba pistas. Que marcaba una senda.

Aquellos documentos suponían una bengala en el océano para Rey, quien debería tomar la lancha motora y empezar a adentrarse en aquel mar infestado de tiburones y tantas otras criaturas.

-Estarán vigilándote a todas horas… -Habló Poe mientras le daban de comer por una vía alimenticia.- Así que cuida bien de tus pasos ¿Dónde te ha puesto el piso la JEDI? ¿En el puente? ¿Al lado de la escombrera?- Rey sacó su base de datos falsa de aquella carpeta marrón, leyendo los papeles detenidamente.- Rey, si alguien te pregunta dónde vives deberías saber responder tan rápido como…

-¡Ay, Poe! ¡Relaja, que todavía no he tenido tiempo de estudiarlo!- El muchacho rodó los ojos como buenamente pudo mientras se reacomodaba en la cama.- Vivo cerca del puente.- Poe asintió.

-¿Junto a un bar llamado "La Cantina"?- Rey asintió.- Es una buena zona.

-Sí, lo estoy viendo. A seis manzanas del cine. Bien, buena distancia.

-Encima puedes callejear si alguien te sigue pero tampoco te esfuerces mucho. Deja que Kylo adivine donde vives para hacerle creer que tiene el control.- Rey alzó los ojos del documento.- Confía en mí.

-De acuerdo.

-No le torees mucho. Ni vayas de lista. Hazte la tonta, como que no sabes nada, en realidad. Que se confíen.- Rey alzó los ojos al techo.- Bueno, ya sabes… Que se crean que te pueden controlar fácilmente.

-¿Tú te hiciste el tonto?

-Yo me hice el gracioso.- Rey cerró la primera ficha de documentos antes de abrir otra mientras le mantenía el contacto.- Me llevé un puñetazo por parte de Phasma.- Rey se quedó mirando a Poe, vocalizando ese nombre como si repetirlo varias veces fuera a recordárselo. Entonces chasqueó los dedos.

-¿La mujer rubia que acompaña a Hux?- Poe ladeó varias veces la cabeza, todo lo que el collarín le permitía.

-No es exactamente la mano derecha de nadie. Digamos que es la jefa de los matones. Por debajo de Hux y obviamente por debajo de Kylo. Que está en la cima. Es el último eslabón.

-Sí. Eso lo sé. La cabeza pensante.

-Y la que actúa. A veces le llaman "Líder Supremo".- Rey rió nasalmente, alzando los hombros por inercia.

-Qué creído se lo tiene.

- No te creas. – Rey le miró, prestando atención. – Él responde al título pero no hizo que nadie le llamara así nunca, simplemente lo hacen. – La chica frunció el ceño.

- O sea… ¿Cómo si alguien empezara a hacerlo y el resto siguiera por presión social, o algo así?

- Es posible. – Se encogió de hombros y el cuerpo le respondió al instante que ese movimiento no había sido una buena idea. Su gesto mutó en una mueca dolorida mientras en su cabeza no hacía más que repetirse las voces de los enfermeros diciéndole que no podía moverse. – Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa podría ser?

Rey se estiró, tratando de destensar todos sus músculos, levantando los brazos, irguiendo la espalda, estirando las piernas y largando un bostezo. Si Obi- Wan aun estuviera ahí con ellos, a ella la hubiera encerrado en un lugar seguro, lejos, lejos muy lejos de lo que pensaba hacer; Y se habría encargado de Poe, tomando todas las responsabilidades y, posiblemente, siendo él quien ocupara su puesto en la siguiente misión de infiltración. Miró a Poe y se mordió los labios evitando que su mirada se quedara fija en cualquiera de sus heridas, pero es que daba igual, todo su cuerpo, visible o no, era una herida, constante, dolorosa. El hilo negro de los zurcidos, la piel enrojecida allí donde no estaba casi negra, morada, verde y amarilla, las manos reventadas habían sido puestas en su lugar con tonillos, como sus rodillas y sus espinillas. Si no le habían partido el cuello, había sido de milagro.

Ella tenía que conseguirlo, tenía que salir de allí por su propio pie, no importaba el coste, no importaba lo que tuviera que hacer, pero ella no se iría sin respuestas suficientes para cerrar el caso y mucho menos en el estado de su amigo. e lo debía a él y se lo debía a quién había sacado su trasero de aquel orfanato lleno de pulgas de arena, cuidándola y queriéndola. Proporcionándole unos valores y unos principios con el convencimiento de que ella sabría qué hacer con ellos el día que más lo necesitara. Y mientras pensaba todo esto, sabía que debía estar escuchando todo lo que Poe le estaba diciendo.

-¿Sabes? – Ahí estaba, su oportunidad para volver al hilo sin que Poe se enterara de que se había ausentado un rato buscando la determinación para continuar con aquella puta locura, ahora que los motivos que antes parecieron tan firmes, se presentaban como lo que eran: Gilipolleces. Ladeó la cabeza hacia él, a la espera. – En realidad, estoy bastante seguro de que sacarás esto adelante. – Rey sonrió, divertida. Sabía que ahí no acababa, que hablaba de más cuando ella estaba nerviosa.

- ¿Y por qué sabes eso? ¿Te lo ha dicho la gypsian de la calle 44?

- No, lo decía porque eres más inteligente que yo, listilla. – Rey le sonrió con ternura. – Aunque también una respondona tocapelotas. – La chica bajó los brazos con un aspaviento.

- Ya estamos otra vez, ya tenías que joderlo, Dameron. ¡Con lo bien que ibas! – Poe sonrió, a duras penas por la placa metálica que le sostenía la mandíbula en su sitio. Una sonrisa que trataba de esconder lo pesada que se le hacía la esperanza vana de que Rey de verdad actuara como la superviviente que había demostrado ser. Porque a partir de… de unas horas, se quedaría sola. Completamente sola.

Volvió a pasarse la mano por la cara, frenando el recorrido justo en su frente, sosteniéndola en alto mientras intentaba que su codo, apoyado sobre la mesa, consiguiera encontrar el punto justo de estabilidad que necesitaba. Los cuatro vasos de whiskey que llevaba ya estaban consiguiendo el efecto que buscaba cuando se encerró en aquel cuarto; Terminar una noche más desplomado contra la mesa de su despacho. Situado justo en el piso superior de los cines Estelar Eclipse, al lado de la cabina de proyección de la sala A, la más grande del edificio. Aunque tampoco había muchas salas con las que competir pues los cines sólo disponían de otra sala más a parte de la ya mencionada… ¿Pero eso qué importaba? ¿Qué importaba qué sala era más grande? ¿Qué importaba si lo único que proyectaban allí era mierda comercial tediosa? ¿Qué importaba que aquel cine, su principal pasión, apenas tuviera un papel importante en su vida? ¿Qué importaba las veces que intentaba traer proyecciones underground o hacer reestrenos si para lo único que querían aquel edificio era para usarlo de tapadera, de blanqueadora eficaz?

La respuesta era tan sencilla como que no importaba nada. Sólo tenía significado para él. Y su opinión valía tanto como un cero a la izquierda…

Y aquella noche se le juntaron sus fantasmas con la rabia que no dejaban de avivarle la incompetencia de sus trabajadores. De gente que sólo tenía una puta cosa que hacer. Una única puta cosa que hacer… Y ni eso sabían hacer bien. Algo tan fácil como limpiar. Tirar el paquete a los perros y regresar para que dieran el visto bueno y darle dinero a otro más, a un peón más… Dinero fácil. Dinero condenadamente fácil. Nadie cargaba con más peso que él en los putos hombros y algo tan sencillo como limpiar y sacar la basura no lo sabían hacer.

Soltó el vaso sin darse cuenta y se le fue la mano, dando un golpe a la mesa, haciendo que todo lo que se situaba sobre ésta temblara ante el impacto.

Esperó a que el temblor se relajara y volvió a sostener el vaso, conduciéndolo hasta su boca para darle un trago. Volvió a maldecir en voz baja, arremetiendo verbalmente contra todo lo que se le ocurría… Porque él iba a pagar el pato por algo que no estaba en sus manos cumplir. Se ve que colgar a un desertor de sus propias tripas a modo de advertencia no fue suficiente la otra vez… Necesitaría más whiskey para idear algo. Algo que le produjera arcadas. Que si él las tenía, a los demás les iba a provocar el vómito.

Bajó la mano hasta situarla en la curva de su mandíbula, observando la habitación, con aquellas paredes cubiertas de papel de pared a rayas verdes y amarillo ocre. Cerró los ojos lentamente, pensando. Sintiendo cómo todo empezaba a darle vueltas. Ya le faltaba poco para desplomarse contra la mesa cuando su teléfono vibró, haciendo que diera un respingo y abriera los ojos de golpe, observando el aparato vibrar sobre la mesa, traqueteando.

Tragó saliva mientras respiraba profundamente, figurándose quién podría estar llamándole, y tomó el teléfono, dándose un tiempo para que su vista se pusiera de acuerdo y enfocara las letras… Pero no era una llamada. Era un mensaje.

Puso los ojos en blanco, estaba él para leer ahora… Con la cogorza que llevaba. Pero decidió hacer el esfuerzo y abrió el mensaje, empezando a leerlo con cuidado. Y tuvo que volver a revisarlo varias veces por si había entendido mal.

Le informaban de una venta, alguien había comprado un piso a seis manzanas del cine. Pero no fue eso lo que captó su atención, lo que encendió una de sus alarmas internas o le puso alerta. No, para nada. Recibía mensajes de compra de pisos casi cada semana, tenían esa zona controlada en ese sentido y estaba acostumbrado a ello.

Lo que ya era inusual es que habían hecho el pago en mano, de carácter inmediato. Y ese tipo de pago, alguien que se muda a una zona como esas, no puede permitírselo. A menos que fuera algún miembro de una banda del borde exterior con idea de espiar y captar su lista de clientes… Entre otras cosas.