4. Cue Dots.
Un hormigueo en la sangre fue la alerta que necesitaba para darse cuenta de que llevaba demasiado tiempo en una posición, como mínimo, muy poco aconsejable si estabas encariñado con la idea de sentir las piernas o no te habían vendido muy bien la idea de andar como el Jorobado de Dura-Khan. Rey se levantó, estirándose y sintiendo como cada músculo en ella emitía una queja, sus vértebras volvían a responder con un crujido casi de satisfacción y su cuello volvía a la vida de forma dolorosa. Su cuerpo parecía volver a reconocer que su forma natural era aquella y no la "S" retorcida que había sido durante la última hora y media.
Se pasó el dorso de la mano por la frente y sonrió con cierta sensación de éxito. Poner a punto aquel cine, con proyectores tan antiguos y una falta de material de reparación o sustitución tan alarmante en el mercado que, al final, hacer que todo funcionara como debía era más una cuestión de ingenio que de maña.
Iba a tener que asegurarse varias veces de que aquello funcionaba pero no podía olvidarse de que su verdadero trabajo no era ese, no de forma absoluta. Su misión iba a exigirle más que arreglar chismes y tenía que descubrir por dónde podía ir metiendo la cabeza para poder, si bien no cantar victoria, sí empezar a tararear.
Se colocó un par de mechones rebeldes detrás de los orejas antes de salir por la puerta de la sala y aventurarse por los pasillos. El papel de la pared saludaba tan brillante como apagado por el paso del tiempo y, en parte ese era su encanto. El problema era que no había un solo resquicio ni muro en aquel lugar que le diera buenas vibraciones, como si cada esquina hubiera sido testigo de un crimen horrible. Ella necesitaba ser todas esas esquinas para tener algo que llevar a su madriguera.
Ralentizó su paso al caer en ello. "¿Has perdido al Vulptex Blanco, niña?" Esa voz grave resonaba en su cabeza y su aparente incapacidad para referirse a ella por su nombre hacía que le chirriaran los dientes. Tenía que obligarse a sí misma a respirar profundamente y no sacar a su "niña" de barrio, la que le daría una buena contestación, un mejor puntapié en la entrepierna y una carrera en dirección contraria que sería la envidia del verdadero Vulptex Blanco. Y no estaba muy segura de cuántos apelativos infantiles más iba a aguantarle, pero Rey bien sabía que tenía un límite. Porque no tenía ni idea de si ese trato se extendía a todos sus trabajadores, sólo a las trabajadoras o era exclusivo de ella pero, en cualquier caso, y sin poner en riesgo su identidad, ella no iba a pasar por todos los malditos aros que aquel capullo le pusiera.
Era su primer día de trabajo y ya el tono que le dedicó el moreno cuando la vio entrar por la puerta le enervó la sangre. "Niña, prepara las bobinas de la sala dos para esta tarde. Procura no quemarlas."
Niña… Rey apretó la mandíbula ante el apelativo, ante el tonito de voz, ante todo lo que Kylo significaba para ella. Inconscientemente, el apretón se le fue a las manos, cerrando el puño y clavándose las uñas en la piel.
No sabía cuándo, ni cómo… Pero iba a demostrarle a ese desgraciado que de niña tenía más bien poco, sobre todo cuando empezara a repartir puñetazos, si es que se llegaba a dar la ocasión.
Su vista se había nublado totalmente, vagando furiosa por los pasillos del edificio. Y no cayó en la cuenta de lo desérticos que se encontraban. Lo poco transitados… Pero es que no podía pensar en nada más mientras se dirigía, según su cabeza, hacia el almacén, a por más películas. A por la segunda bobina para revisar.
Abrió la puerta metálica del sótano con rabia, pensando en Poe, en cómo estaba y lo mal que le sentaba no poder estar a su lado físicamente. Teniendo que conformarse con una charla nocturna por aquel pinganillo, intentando no usar teléfonos por si se lo pinchaban para poder escucharla. Rey sabía que aquella gente era bastante profesional y que si estaban donde estaban no sería porque no supieran hacer las cosas. Kylo había interceptado su vivienda desde el primer día que ella llegó allí.
Había descubierto que no solo se había comprado un piso en esa zona sino que también lo había pagado en mano, en metálico. Rey se estremeció mientras se frenaba de golpe delante de los estantes llenos de películas, buscando el título que Kylo le había encomendado "Matar a un gunlabird". Rey negó con la cabeza, arrugando el morro mientras se alzaba de puntillas para alcanzar aquella bobina. Y una ocurrencia le vino a la mente mientras volvía a su altura normal, alzando la cabeza y viendo aquella cinta inalcanzable reírse de ella, igual que estaría haciendo Kylo en su despacho… Él era alto. Alto no, altísimo. Enorme. Un armario empotrado gigantesco. Seguro que no tendría problemas para llegar hasta allí arriba. No como ella, que con suerte le llegaba a la barbilla.
Frunció el ceño mientras bajaba la cabeza, observando los estantes de metal frente a ella. Luego retrocedió, observando ahora los anclajes de los estantes en la pared, sujetando todo aquel arsenal de bobinas quizá hechas con nitrato de celulosa… Por la Fuerza, cómo le encantaría poder quemar todo aquello, todo aquel cine, con todos aquellos cabrones dentro. Chillando.
Se relamió y entonces puso un pie en el estante, asegurando bien que aguantaría su peso. Una vez se quedó más tranquila, se alzó, levantándose y sujetándose a los estantes. Llegando mejor a aquella bobina. Estiró el brazo, llegando a ella, y entonces un sonido le hizo voltear la cabeza hacia el interior de la habitación.
Achicó los ojos, intentando divisar mejor la zona que no estaba iluminada y volvió a escuchar algo.
Bajó de la estantería sin dejar de observar hacia el interior y se acercó al siguiente pilar, donde se encontraban los interruptores de aquella zona. Y los pulsó, dándole a la luz y alumbrando aquella extensión, descubriendo que la habitación era un poco más honda. Avanzó hacia otro pilar, con la bobina bajo el brazo y ambos chips de grabación activados en sus muñecas, andando hacia el siguiente bloque de interruptores… Y les accionó, descubriendo el final de aquel sótano bien aislado de agentes climáticos, asegurando la protección de las películas.
Y todo parecía en orden, todo bien hasta que avanzó observando los estantes, leyendo los títulos de las cintas que alcanzaba. Piezas antiquísimas, otras más modernas y otras muchas tantas que no sabría exactamente dónde ubicar… Y todo fue bien hasta, que sin querer, de la inmensidad del sitio y cómo aquello atrapó sus nervios, se le resbaló la película del brazo y rodó, rodó sótano abajo, hasta el final del mismo, haciendo que Rey corriera a toda velocidad, escuchando la voz de Kylo en su cabeza "Procura no quemar ninguna"… No quería imaginar el despido que supondría romper una película o dejarla en mal estado, así que apuró el paso, corriendo todavía más hasta que la cinta finalmente, por la poca inercia que había adoptado, cayó rodando sobre su eje, en círculos y Rey la alcanzó, respirando agitadamente mientras alzaba la funda para abrirla y comprobar la cinta… Por suerte, todo parecía en orden. Y entonces alzó la vista. Encontrando una especie de pasillo oculto en la esquina tras una estantería.
Rey se relamió y observó a ambos lados, comprobando si había alguien, y avanzó hacia el pasillo, conteniendo la respiración.
Un escalofrío la recorrió de arriba abajo, haciéndola temblar un poco cuando divisó aquella puerta con una señal de "Personal Autorizado" oxidada. Parpadeó varias veces observando aquella puerta al final del pequeño pasadizo, destacablemente mugriento en comparación al resto del sótano.
Rey tomó aire y alzó la mano, conduciéndola hacia el pomo hasta que aquella voz que tanto resonaba en su cabeza ese día, se escuchó de verdad a sus espaldas.
-¿No sabes leer?- Ella apretó el agarre que ejercía contra la carcasa de la película y se giró lentamente, encarándole. Allí estaba aquel armario empotrado, con los brazos cruzados y mirándola, desafiante.- Pone "personal autorizado".- Forzó él a continuar con la conversación al ver que ella no se disponía a hacerlo. Rey tragó saliva.
-Ya, bueno… Yo soy del personal y…- Pero Kylo cortó su discursito. Avanzando un paso hacia ella mientras Rey empezaba a sentir cierta sensación de agobio dentro de aquel diminuto pasillo sin aparente salida.
-Pero no autorizado.- Rey se aguantó una respuesta. Y Kylo se hizo a un lado mientras Rey empezaba a andar, huyendo de él con paso apurado mal disimulado mientras hundía la cabeza al alzar los hombros, presa de la vergüenza al haber sido pillada con las manos CASI en la masa.
Kylo, por otra parte, observó a Rey marcharse mientras ladeaba la mandíbula varias veces. Respiró profundamente y se acercó a la puerta, comprobando que siguiera cerrada con llave. Y así lo estaba.
Accionó uno de los interruptores, apagando las luces más cercanas a él. No le quitó el ojo de encima, viendo cómo aceleraba el paso al sentir el pasillo oscurecerse tras ella sin que él se moviera ni un centímetro de dónde estaba. Ella se alejaba con las películas debajo del brazo y él estrechó los ojos, pensativo, sin razones reales para sospechar de absolutamente nada. Tampoco las había tenido con cualquier otro traidor, como sucedió con los últimos, hasta que terminaban quitándose las máscaras ellos solos. Kylo podía tener muchas ganas de quitarle a Rey muchas otras cosas de encima, pero por ahora sólo había demostrado ser una gran trabajadora en el cine, técnica y eficiente, que había dado con que el pasillo de las películas tenía una puerta cerrada a cal y canto. La realidad de esa chica terminaba justo en el quicio de aquella puerta. Tuviera ella o no intenciones de cualquier tipo, sería más seguro para todos si no atravesaba esa puerta nunca.
Porque él ya lo sabía, lo veía. Rey tenía buena pinta de ser más lista que el hambre y, lo más probable es que no tardara mucho, como máximo un mes o dos, en enterarse de que aquel no era un cine normal, y no a razón de la antigüedad de sus filmes. Vería cosas, lo que fuera, vería gente, vería detalles y gestos. Y cuando eres testigo, de algún modo, pasas a formar parte de la acción.
Respiró profundamente, apagando por completo las luces cuando sintió que ella cerraba la puerta del sótano. Y entonces, y sólo entonces, fue cuando él atravesó aquella dichosa entrada. Lo que primero le saludó fue la bajísima temperatura a la que mantenían esa zona, tan fría que fue casi reconfortante. Había suficiente material explosivo en ese lugar como para volar por los aires buena parte del país y hacer un boquete en el suelo que llegara al núcleo del planeta. Luego, sus oídos se hicieron al traqueteo constante de las máquinas que contaban los billetes a cientos. Después, identificó el zumbido sutil de la electricidad recorriendo cada máquina. Pudo ver a Hux recorriendo los pasillos, probablemente revisando alguna parte del material. Lo guardaban todo en cajas pero todos ahí sabían lo que había en ellas. Completamente montadas o por partes, almacenaban armas para abastecer ejércitos, si fuera necesario. Era un buen negocio. Y Hux, el mejor con las cuentas. No quiso desconcentrarle y fue directo a las pantallas que le mostraban las grabaciones de las cámaras, viendo como la chica pasaba de un pasillo a otro y volvía a su trabajo.
-¿Sospechas de ella? – Escuchó a Hux por encima de su hombro. Kylo no apartó la vista de la figura de su nueva adquisición al cine como el pelirrojo tampoco lo hizo de montón de papeles que revisaba con exquisita atención.
-No me ha dado motivos. –Ladeó la cabeza, viendo cómo Rey observaba a ambos lados de los pasillos, como si esperara que él la estuviera persiguiendo o saliera de algún rincón. Se mordió el carrillo, conteniendo sus comisuras ante la idea de ponerla nerviosa. – Por ahora. – Matizó. – Aunque mi primera idea fue pensar que pudiera venir de alguna banda del Borde Exterior para extraer nuestras listas de clientes.
- No sería la primera vez que Darthomir nos da problemas. Ni será la última, eso desde luego. – Y ambos vieron cómo Rey, de repente, miraba de lleno a la cámara que la estaba grabando y fruncía el ceño. Kylo se sintió inmediatamente observado por esa mirada escudriñadora, como si tuviera el poder de hacer que ese vídeo funcionara de forma inversa. – Como mínimo, no es tonta. – Escuchó a Hux decir, como si fuera toda una concesión. En realidad, era un problema para ella y, definitivamente, para ellos. Y para él.
- Lo mejor que podría pasarle es que no fuera demasiado lista. – Coincidió con él. Y, al mismo tiempo que se oía decirlo, sabía que no tendría esa suerte. Nunca la tenía. Pero una parte de él, aun no sabía cuán grande, estaba ansioso por enfrentarse a ella, de la forma que fuera, por el motivo que sea.
…
Y Rey tuvo la suerte de dar de lleno con esa cámara antes de dejarse caer sobre una pared, exteriorizando su nerviosismo y quizá, quizá, delatándola. Por la Fuerza… Dio un último vistazo a la cámara y se dirigió hacia la segunda planta, mirando por el rabillo del ojo, encontrando cámaras donde antes no las había visto. Apretó los ojos, maldiciéndose… Vaya, se sentía demasiado principiante para algo tan grande. Muy principiante, muy poco preparada y muy… Muy poco atenta a las cosas.
¿Cómo no se había percatado antes de las cámaras? ¿Cómo no se había dado cuenta? Llegó al fin a la cabina y se encerró en ella… Echó un vistazo rápido, observándolo todo con desmedida atención mientras dejaba la bobina a un lado. Y allí dentro, por suerte, no había cámaras. Sólo una apuntando a la sala desde el hueco por el cual ella veía la proyección, que todo estuviera en orden.
Y entonces sí, se dejó caer con pesadez sobre la puerta mientras resoplaba y se llevaba la mano al pecho, sintiéndolo taladrar contra su caja torácica a una fuerza que le impactaba. Las piernas le temblaron hasta que se deslizó, dando con el culo al suelo y sintiéndose apoyada pero inestable. Se veía tan novata, que todo le venía enorme… Gigantescamente enorme…
-¿Renacuaja?- La voz de Poe habló por el pinganillo y Rey dio un respingo.- ¡Eh, eh, eh, eh! Tranquila, soy yo, tu conciencia…
-¡Qué susto me has dado!- Gritó entre susurros, intentando que no le escuchara nadie. Empezaba a emparanoiarse, viendo micrófonos por todas partes, cámaras por doquier, paredes falsas con doble fondo para que alguien de la Primera Orden se colara y así poder espiarla con tranquilidad…- Conciencia…- Habló de mala gana mientras tomaba aire finalmente.
-¿Va todo bien? He tenido que… Desconectar.- Rey gruñó con la garganta, todavía presa de sus delirios mientras llevaba la bobina hasta el proyector, colocándola debidamente.- Ha venido Finn a hacerme una visita.- Rey se detuvo durante un momento.
-¿Sí?- Le escuchó gruñir al otro lado a modo de afirmación. Aguantó con todas sus fuerzas decir el nombre del chico en voz alta… Por si acaso. Terminó de ajustar la bobina mientras volvía a un tono bajo.- Sigue contándome cosas, no puedo responderte…
-Oh, pues… No sé. Me ha preguntado que cómo estaba…- Poe tosió, molesto. Todavía parecía que le resentía el pecho pese a toda la medicación que le estaban dando. Rey agradeció más que nunca toda la cantidad de avances tecnológicos con los que contaban ahora. De lo contrario se jugaría la mano derecha a que Poe no hubiera podido contarla.- Y hemos hablado de todo. Le he agradecido el acto de valor y me está contando que en la comisaría le tratan muy bien.- Rey le dio a reproducir mientras Poe seguía hablando al otro lado.
Ella se sentó en la silla, ajustando la cámara, evitando tener que levantarse para cambiar la lente… Pero no le quedó otra opción y se levantó con desgana mientras seguía escuchando a Poe hablar al otro lado. Gruñéndole de vez en cuando para que él la sintiera al otro lado.
…
Si la primera película que se había tragado para revisar su estado aquella mañana le había parecido un tostón de aúpa, esa última no había sido mejor. Con lo poco que veía películas… Rey era más de series, de largos maratones de series, al menos todo lo que su trabajo le permitía, pero es que hasta ahora no había tenido ninguno con un nivel de infiltración tan gigantesco como este.
Rey estaba dispuesta a salir a la cafetería más cercana a comer algo, pasando por delante del puesto de palomitas donde una chica –Aphra, según leyó en su plaquita identificadora- recargaba uno de los bombos con maíz. Todo parecía absolutamente normal en ella, pero había algo, algo que Rey no sabía identificar a simple vista, que desentonaba por completo. La chica era morena, con un rostro afable, la clase de persona que pondrías frente al consumidor en un negocio sólo porque sabe sonreír bonito. No había leído nada sobre ella en los informes del archivo y esa particularidad ya era suficiente para que le saltara un radar en la cabeza. Se acercó a la chica mientras esta la veía venir y le sonreía con cierta bienvenida.
-Que sepas que las palomitas son gratis para el personal. – Empezó, en lo que se limpiaba las manos en la tela del pantalón antes de ofrecérsela.
- Algo bueno tenemos que sacar de trabajar en este museo de historia. – Le contestó Rey estrechando su mano, respondiendo a la misma sonrisa que veía reflejada en la muchacha. – Rey. – Se presentó.
- Sí, lo sé. – Le ofreció palomitas del bombo y Rey aceptó un puñado. – Eres la nueva. – Y le dedicó otra de esas sonrisas espléndidas que a Rey estaban empezando a ponerle nerviosa. – Aphra. – Contestó, punteando a la plaquita en su camiseta.
- ¿Desde hace cuánto que trabajas aquí? – Rey intentó que su tono fuera de simple interés, que no se viera en sus palabras que podía ser la clase de pregunta que haría en una habitación de la comisaría, y agradecía que la chica le estuviera dando la espalda para encargarse de preparar la máquina de las bebidas.
- ¿En el cine o para Ren? – Aquello descolocó a Rey tanto que agradeció a un más que Aphra no se girara hacia ella porque no habría podido esconder la expresión de su cara e intuía que iba a quedarse un buen rato con el ceño fruncido incluso sin quererlo. La muchacha vertía las bebidas en los contenedores de la máquina y ajustaba las presiones y los cierres como si no acabara de soltar una bomba.
-¿Para Ren? – Repitió, sintiéndose como una cacatúa al instante. Aphra se giró hacia ella con la cabeza ladeada y una de sus comisuras alzada como si acabara de darse cuenta de un detalle tontísimo.
- Vaya, sí que eres nueva. - Cerró la máquina dándole un golpe que hizo encajar las juntas y se giró de nuevo hacia ella, reclinándose sobre el expositor y apoyando los codos para acercarse a ella. – Bueno, Ren tiene más de un negocio por la zona y yo no he tenido ningún problema en echarle una mano con unas cosas y otras.
- ¿Qué clase de negocios? – Rey trató de imprimir toda su curiosidad en el tono. Una curiosidad casi infantil. No la clase de curiosidad de quien está interrogando a otro. Aphra se encogió de hombros.
- Bueno, ya sabes… - Y su sonrisa fue aun más amplia, poniendo a Rey sobre aviso de que, a lo mejor, en ese mismo momento, podrían estar cambiando las tornas y no ser ella la que estuviera recabando información sino el objeto de estudio de toda suerte de criminales. – Podría decirse que son "servicios a la comunidad". – Rey sintió que se le achicaban los ojos con cierta sospecha. ¿Ren? ¿Servicios a la comunidad? ¿Se estaba riendo de ella?
Boqueó, cogiendo aire para decir algo, cualquier cosa, lo que fuera, cuando el ritmo acelerado de unos pasos que se escuchaban como golpes contra el suelo les avisaron de que alguien subía del sótano. Y no tardaron en descubrir la figura monumental, alta y lúgubre de Kylo Ren, que se quedó mirándolas un momento. Aphra alzó la mano a modo de saludo silencioso. Rey se quedó con el aire atascado en el pecho, viendo cómo pasaba la mirada de una a otra, completamente quieto.
Entonces sucedió algo que Rey no habría esperado ni en mil universos paralelos. Sus amplios hombros se movieron como si alguien le hubiera dado un golpe, pero ahí no había nadie más que ellas, a varios metros de distancia. Y podría haber bajado la mirada y marcharse. Pero seguía aguántándole la mirada. Entonces, toda su efigie se vio sacudida como si acabara de meter los dedos en un enchufe y Rey ya no pudo evitar que se le abriera la boca. La piel de Kylo se volvía marmórea, apretaba la mandíbula con fuerza y la miró un último segundo antes de volver a encaminarse hacia el segundo piso. Sólo cuando estuvo bien segura de que Kylo no volvería escalera abajo, se giró hacia Aphra. La chica tenía la barbilla apoyada sobre la mano, mirándola fijamente con las comisuras alzadas.
-¿Has…? - Rey se quedó estancada en su propia pregunta, volviendo la mirada hacia las escaleras antes de devolvérsela a la chica de las palomitas – ¿Has visto eso? – Aphra levantó una ceja.
-Yo siempre veo muchas cosas. – Rey frunció el ceño ante la respuesta críptica que no parecía venir al caso. Aphra se sirvió una bebida y se puso una pajita, como si nada.
- Me refiero a… - Volvió a quedarse callada sintiendo que, cada vez que se frenaba buscando las palabras, sólo conseguía boquear como un pez. – ¿Eso eran espasmos? – Dijo sin demorarse más.
- Bueno… - Se encogió de hombros, sorbiendo la bebida ruidosamente. – En comparación con otros, ha sido más un temblor que un espasmo.
"En comparación con otros". ¿Cómo que en comparación? ¿Eran habituales? Y ya sentía su mente barajando mil posibilidades. Quizá estuviera enfermo, y los temblores eran cosa de una fuerte medicación. O igual no era tan dramático, y era un efecto de las drogas. Sabía que la Primera Orden traficaba con armas pero… ¿Y si se había intercambios? ¿Y si…?
El ruido de unos chasquidos de dedos, la sacaron de sus pensamientos. Miró a Aphra, pero ella no miraba hacia ella. No había sido ella quien había llamado su atención. Siguió la dirección de su mirada y vio a Hux justo donde antes se había parado Kylo.
-¿No tienen nada que hacer o es que hemos añadido "Charlas de chicas" a las actividades lúdicas del cine? – Preguntó con severidad. Se quedó ahí quieto, esperando que alguna de las dos se moviera. Rey se atrevió a desviar la mirada hacia la chica y asintió con la cabeza antes de marcharse, sintiendo que darle la espalda a Hux era justo el movimiento anterior a sentir su mirada clavada como un puñal.
Al girar la esquina, vio cómo Hux subía las escaleras, haciendo el mismo recorrido que había hecho Kylo antes que él.
…
Hux subió al segundo piso, apurado y nervioso. Temiendo lo que podría estar pasando y viendo el principio de un final desastroso para todo. Perder un cadáver era algo que no les había sucedido hasta entonces, igual que la deserción de uno de los suyos.
El pelirrojo se estaba mareando sólo con pensarlo y entonces llamó con los nudillos al despacho de Kylo, antes de abrir la puerta girando el pomo. Le encontró terminando de colgar el teléfono y Hux aguantó la respiración cuando vio su expresión. El silencio inundó el despacho durante un segundo mientras los dos compartían miradas, tensiones y nervios. Muchos nervios… No les hacía falta decir nada.
Kylo se mordió el labio antes de atestar un fuerte golpe sobre la mesa de madera maciza, que crujió un poco bajo su puño. Hux no pudo evitar achicar un ojo ante el golpe. Podía visualizar en su mente la cabeza de las dos cotorras que tenía contratadas, observando el techo con miradas que pedían una explicación ante aquel sonoro ruido. Y Kylo atestó un golpe más, otro crujido. Más silencio, más nervios, más tensión añadida al ambiente. No sabía con quién acababa de hablar Kylo por teléfono, no se lo había dicho, pero sólo había dos posibles respuestas; una de ellas era la llamada que tanto llevaban esperando, una llamada esperanzadora de uno de sus hombres. Indicándoles que habían dado con Finn. Y la otra…
-Tengo que irme.- Hux alzó la cabeza de golpe mientras Kylo apartaba el puño de la mesa como si no hubiera dado los golpes. De la rabia y la frustración que sentiría por dentro estaría insensibilizado al dolor hasta que se le bajara la adrenalina.
-¿Te ha llamado…?- Kylo asintió sin dejarle terminar.- Joder… Voy contigo.
-No.- Sentenció firme.- Quédate aquí. Hay trabajo por hacer.- Tomó aire.- Además, no quiero llevarte de paquete en la moto.- Hux asintió, agradeciéndole el gesto.-Tengo diez minutos para llegar.- Habló, tomando su casco mientras Hux se hacía a un lado, dejándole pasar fuera de la habitación. Kylo cerró el despacho con llave.- Diez minutos para llegar a su puta casa que está… A treinta minutos de aquí.- Avanzó por el piso superior, seguido de Hux, quien llevaba ambas manos sujetas a la espalda, intentando contener sus nervios con ese gesto.
-Llámame cuando termines…- Kylo asintió.- Y dime qué… Qué ha dicho.- Kylo entonces frenó en seco.
-No dirá nada.- Hux torció una comisura, mirándole con preocupación.- Lo que menos haremos será hablar…
-Eso no lo sabes.- Kylo negó con la cabeza, reanudando la marcha y dirigiéndose a las escaleras, descendiendo con Hux pegado a sus talones.
-Claro que lo sé.- Hux apretó los ojos, le dolía escuchar aquello y no poder hacer nada más que sentarse lejos y mirar.- Luego nos vemos.- Hux asintió, frenando en seco justo en el último peldaño mientras Kylo ya se estaba colocando el casco, antes de llegar tan siquiera a la puerta de salida.
…
Rey estaba comiendo en el pequeño bar situado frente al cine, haciendo esquina. Había decidido comer en la terraza, hacía buen día y el sol no castigaba demasiado, aunque eso no le impidió buscar una mesa bajo una de las sombrillas que disponía el local. Le vio salir acalorado, dirigiéndose al pequeño callejón, descendiendo por la avenida. Y cinco minutos después el rugido fuerte y violento de una moto indicó que Kylo se marchaba a algún lugar. Y ella punteó la mesa con los dedos varias veces, sintiendo que aquel puzle que le habían asignado estaba todavía por montar entero.
-Yo diría que "servicios a la comunidad" es una forma elocuente de llamarlo. – La voz de Poe en su oído volvió a situarla, mientras sus ojos seguían la estela de aquella moto quemando el asfalto a una velocidad que superaba, con mucho, el límite permitido. – Finn me ha contado que lo que en verdad ocurre es que Ren se encarga del bienestar económico de la gente de la zona en la que esté. – Rey carraspeó para darle a entender que estaba escuchando. – Ayuda a un pequeño negocio con una deuda, o te da ese pellizco que necesitas para matricular a tu hijo en el colegio, o te pasa el contacto de alguien que hace justo lo que necesitas y, como vas de su parte, pues te hace un descuento. Vamos, que Ren se presenta al pueblo como el tipo que ayuda a las viejas a cruzar el paso de cebra. Luego, claro, por unas cosas u otras, haces lo que te pida. Muchas veces, incluso gustoso. Ya sea poner la oreja de vez en cuando o cubrirle de cara a la policía.
Rey tenía que reconocerlo, era una estrategia lenta pero segura. Se cubría las espaldas generando en otros la necesidad de corresponder a lo que pidiera con lealtad. Al final del día, Ren tenía más poder que la banca, pudiendo dedicar sus esfuerzos a muchas otras cosas. De día, buen tipo, para poder ser la cabeza pensante y la mano ejecutora de un negocio terrible de noche, con miles de víctimas no sólo a sus espaldas.
-De la chica, Aphra, no tengo información. Nunca me crucé con ella, pero me cuadra que diga que trabaja para Ren en lo que él exija y… ¿qué? – Rey ladeó la cabeza, dándose cuenta en ese momento de que esa pregunta final no iba para ella. ¿Sería Finn? ¿Dejaban a un testigo protegido seguir toda la operación a ese nivel? – Me dice Finn que Aphra suele ser quien le capta clientes pero que su especialidad es encontrar los paquetes que se extravían, que se desvían de su camino al comprador o que no llegan. Ella los encuentra, por si son paquetes robados o se han quedado en la calle. Eso sería un peligro.
Otro punto que le cuadraba. Pieza a pieza, parecía que su puzle empezaba a tener un margen por el que empezar a rellenar los vacíos hacia el centro. Pero aun los vacíos superaban con mucho a las piezas que ya tenía colocadas. Se llevó la última pinchada a la boca y se limpió con la servilleta, aprovechando que esta le cubría la boca para, por fin, hacer la pregunta que llevaba quemándola desde aquella mañana.
-¿Sabes si están metidos en algún negocio que tenga que ver con drogas?
-¿Qué? ¡No! Ni de coña – Sentenció la voz rasposa de Poe. Le escuchó toser y luego hubo un momento de silencio. – No, en absoluto. No como negocio que lleve la Primera Orden al menos. Ya lo que haga cada uno, a nivel personal, es otro tema. Pero lo dudo por dos motivos y a cada cual con más peso. El primero es que no habría un cárter cerca de una organización como la de Ren. Si los que llevan las armas son ellos, tienen todas las de ganar. Es tan sencillo como eso, no morder la mano que te da de comer. Y un cárter sin armas, es un cárter que desaparece. Son negocios diferentes y no interconectados, no por parte de la Primera Orden. El segundo motivo, definitivamente, es Hux. Espero que nadie que tenga que trabajar para él esté nunca bajo los efectos de ninguna droga si eso va a hacer que no seas todo lo productivo y responsable que se te exige ser. Si haces tu trabajo eficientemente, haz lo que quieras. Pero como tengan que estar pendiente de ti, no vas a necesitar la siguiente dosis. Y si hay alguien con menos escrúpulos que Ren a la hora de meterte un tiro entre ceja y ceja, ese es Hux.
Entonces se quedaba sin una manera plausible de explicar esos espasmos, sólo podían ser una respuesta química a algo. ¿Sería entonces alguna medicación? No le cuadraba. En ningún informe ponía nada de visitas periódicas a hospitales ni nada por el estilo.
"A lo mejor, no era nada", trató de decirse. Pero al instante recordaba a Aphra diciendo "en comparación, son temblores". Y no podía quitarse su cara de la cabeza. Le había parecido inmutable, casi estática. Pero ahora estaba segura de que estaba escondiendo una mueca de dolor, que estaba paralizado. Le había visto perder el poco color que tenía en la piel. Algo no iba bien y punto.
-Ten cuidado. – Seguía la voz de Poe al otro lado. – Porque nadie sabe a dónde va Kylo cuando desaparece, nadie. Pero cuando eso sucede, Hux se queda al mando. Y ese tío es como la personificación de una paranoia. – Sí, a Rey le había dado esa sensación. Toda esa rectitud y esa frialdad, sólo podían esconder una mente tan afilada que podría dar miedo si lo pensaba… Aunque, a estas alturas, si lo hubiera pensado mejor, quizás se habría negado a la infiltración. Ese, desde luego, no era el trabajo fácil. – Hux, ahí donde le ves cortés y distante, espero que estés sentada, es el mejor y, diría, único amigo de Kylo Ren. Es su mano derecha, su brazo ejecutor más leal, la mente estratégica detrás de cada golpe. Todas las decisiones pasan por ellos dos prácticamente al mismo tiempo. Hux tiene absoluta libertad en la Primera Orden. Por encima de él sólo está Ren, y tiene toda su confianza. Hux es, de algún modo, la Primera Orden en sí misma. Por eso, nunca, nunca, debes ponerte en el punto de mira de ese psicópata, Rey, o te apuntará con todos sus cañones. Y con eso me refiero a que, tú jamás te darás cuenta, da igual lo buena que seas, te estará viendo las veinticuatro horas del día, te estará escuchando. Te seguirá aunque tú creas que estás sola. Lo peor que puedes hacer es que centré toda su atención en ti la única persona en toda la galaxia con las capacidades, la inteligencia, el poder y las habilidades cognitivas de Armitage Hux.
Roger. Aquello no hacía nada por tranquilizarla. Menos aun después del percance en el almacén de bobinas. Incluso sintió cierto alivio a que hubiera sido Kylo quien la pillara y no Hux, después de todo. Porque al pelirrojo le habrían saltado todas las alarmas, no le quitaría el ojo de encima, no podría seguir adelante sin arriesgar su vida más de lo que ya, de hecho, lo hacía. Respiró profundamente, controlando el escalofrío que bajó por su espalda, ese sudor helado de estar viendo la trampa y saber que había esquivado esa, sin saber cuántas le quedaban por delante y si las sortearía con la misma suerte o sería la definitiva.
…
Había llegado al punto donde no era capaz de controlar el temblor de sus extremidades. De hecho había dejado de ser dueño de su propio cuerpo después de todas las descargas que le había provocado a modo de reprimenda. Y no pudo evitar recordar la primera vez que pasó por algo así, donde aquel grandísimo bastardo se excedió y no paró con él hasta que le hizo orinarse encima. Apenas tenía dieciséis años…
Por suerte ya hacía cinco minutos que había cesado con todo aquello, que aquel pellejo costroso había dejado de pulsar el botón de ese pequeño mando que llevaba siempre encima. Le encantaba estar dándole descargas de vez en cuando, sobre todo cuando Kylo no respondía al teléfono a la segunda llamada.
-¿Te ha quedado claro?- Habló su rasposa voz mientras él intentaba ponerse de pie.- Te doy treinta días para encontrar a ese desertor y al cadáver.- Kylo asintió a duras penas.- Nadie ha venido a alimentar a mis vornskrs. Y llevan días sin comer…- Kylo volvió a asentir mientras conseguía quedar de rodillas, intentando recuperar el aire mientras le escocía todo el cuerpo. Se observaba con terror las manos, era como ver las manos de otra persona en su propio cuerpo. Moviéndose de forma involuntaria debido a las descargar eléctricas que le habían azotado toda la espina… Donde llevaba aquel dichoso implante.- Y eso es malo. Muy malo.- Volvió a asentir, haciendo que cayera sangre de aquella nueva herida la cual le dejaría una enorme cicatriz nada disimulada. Y empezaba a percatarse de que tampoco sentía la boca. Cerró los ojos como pudo, tomando aire e intentando no salivar demasiado al igual que soltar demasiada sangre, aunque aquello no estuviera en sus manos.- ¿Has venido en moto?- Volvió a asentir y el tipejo volteó hacia aquella mujer alta y rubia.- Llama a Hux y dile que venga a recogerle…
-En seguida, Líder Supremo.- Y el taconeo de sus pasos rompía el silencio del lugar mientras Kylo hacía un sobreesfuerzo terrible para no caer de lado. No, no iba a darle esa satisfacción a ese capullo galáctico.
-Espero que no haya más incidentes como estos…- Kylo negó con la cabeza y entonces le escuchó reír suavemente.- Mírame.- Kylo abrió los ojos con cansancio al ver que parecía que toda la humillación no era suficiente.- Mírame, he dicho.- Repitió con más fuerza y Kylo alzó la cabeza como pudo, mostrando su decadencia mientras le veía esa expresión de regodeo que tanta rabia le daba.- Bien. Supongo que así serás más… Intimidante ¿No crees?- Y se recostó en su sillón de cuero negro, haciéndolo crujir mientras Kylo empezaba a perder fuerzas de nuevo.- Lleváoslo, me está manchando la alfombra coreliana… - Kylo apretó la mandíbula al mismo tiempo que escuchaba pasos a sus espaldas.
Dos hombres le sujetaron por los brazos, forzándole a ponerse en pie y entonces Kylo les apartó con fuerza. Quedando de pie, tambaleándose. No iba a permitir que le trataran así, no iba a rebajarse tanto ni mucho menos darle la satisfacción a ese condenado cabrón.
Avanzó en zig-zag, sintiendo que podría caer de bruces al suelo en cualquier momento. Por suerte, llegó rápido a la puerta y la abrió, apoyándose en ella y saliendo de la sala, de aquel maldito despacho en ese caserón a las afueras, alejado de todo y de todos.
Avanzó por el pasillo, pisando el parqué de madera y haciéndolo retumbar con sus fuertes e incontroladas pisadas. Veía a los guardianes de aquel idiota, posando en guardia con armas que conocía, las vendía él. Y las conocía perfectamente, igual que aquella casa que albergaba horrores y recuerdos que intentaba hundir con piedras siempre que salían a flote en su memoria.
Sabía dónde estaban las cámaras, a dónde llevaba cada pasillo, los turnos de guardia y las horas de cambio, sabía hasta cuántos guardias podría encontrarse por el camino… Lo sabía todo de ese sitio, lo tenía más que estudiado.
Una pierna le falló y casi se precipita al suelo de no ser por una pared cercana, que le sirvió de apoyo. Alzó la cabeza y divisó a Phasma al final del pasillo, acercándose con paso decidido. Kylo se enderezó y siguió andando mientras la mujer se quedaba parada, aguardando a que llegara hasta ella pero, quizá, recordando fugazmente que estaba atareada. Entonces retomó el rumbo, pasando por su lado.
-Espera a Hux en la entrada.- Le habló sin detenerse, al igual que él.- Mañana te llevarán la moto al cine.- Y él seguía con la vista clavada al suelo, rezando porque su amigo no tardara demasiado…
Y cuando el pelirrojo llegó, se alarmó al verle, seguía temblando. Le ayudó a subir al vehículo mientras Kylo tenía espasmos propios de las réplicas, sus nervios estaban aturdidos y respondían de forma involuntaria. Cada movimiento le quemaba por dentro como si le atravesaran con un sable láser…
-Por la fuerza…- Habló el pelirrojo, volteando a verle. Y entonces, con las luces del interior del vehículo, le vio bien la cara. Se llevó una mano, cubriéndose la boca que se le entreabrió del impacto.- ¡Por la fuerza, Kylo!- Él no osaba mirarle. No osaba tampoco a mirarse… No quería saber cómo de grande era aquel corte, cómo de inmenso, cómo de… horrible. Pero no parecía pequeño.- ¿Qué es lo que ha hecho?
Y Kylo no lo dijo en voz alta. Se lo guardó. Apenas podía articular palabra… Pero sabía lo que había hecho Snoke.
Había cavado su propia tumba con aquello.
