5. Angulación aberrante.
Casi se había tirado del coche en marcha en cuanto había visualizado las luces del cine al final de la calle y Hux se vio obligado a estacionar a un lado de la carretera para poder seguirle, agradeciendo que la calle estuviera desierta, cerrando la puerta a cal y canto una vez estuvieron dentro. El cuerpo de Kylo no había dejado de temblar pero los espasmos se habían reducido a pequeños calambres que apenas dificultaban su andar, como si estuviera acostumbrado a dolores mucho mayores. Como si, una vez atravesado el infierno de parte a parte, todo pareciera mucho, muchísimo más sencillo. Le siguió a con cierta distancia, queriendo ayudarle y, aun así, sabiendo que Kylo no le dejaría. Siempre pasaba igual.
Encendió la luz casi aporreando el interruptor y el espejo de baño se iluminó con cientos de diodos de neón. El primer vistazo fue horrible. Su cara, partida en dos, desgarrada. Podía ver la piel desprendiéndose de su mejilla derecha, la piel quemada y la sangre manchándolo todo. Abrió el aparador con las manos temblorosas, buscando el maletín de primeros auxilios. Sus manos… Sus manos, grandes y fuertes, parecían tener ahora la consistencia de las ramas de un árbol movidas por el viento, parecían el último resquicio de electricidad acumulado en sus venas, sacudidas por una fuerza magnética que las atravesaba y las agarrotaba. Sentía que sus dedos, como las ramas, empezarían a crujir y a partirse con un chasquido. Contuvo el aire en el pecho mientras dejaba todos los materiales que necesitaba sobre el lavabo y abría el grifo.
El agua fría alivió buena parte de los remanentes de carga estática que aun danzaban entre sus nudillos con un hormigueo molesto. Luego se lavó la cara, arrastrando consigo la sangre y la mugre. Se echó el pelo hacia atrás al tiempo que se erguía de nuevo y, a través del reflejo del espejo, vio a Hux apoyado en el quicio de la puerta. Sabía lo que estaba pensando tanto como él sabía las respuestas. No podían permitirse aparecer en un hospital, no él, Kylo Ren. No iba a pedirle ayuda, ni a él ni a nadie. Aquella era su carga, y esa, desde luego, era su herida.
-Tráeme la botella que hay sobre mi mesa, ¿quieres? – Vio a Hux descruzar los brazos y se giró hacia él. – No me puedo beber el alcohol quirúrgico. – Hux se calló la respuesta y fue a por la maldita botella. Y Kylo realmente iba a necesitar un trago tan largo que se le iban a acumular las botellas esa noche, pero sabía que Hux no soportaba estar presente mientras él tenía que zurcirse las heridas a sí mismo.
Sacó el mechero del bolsillo y quemó la punta de una aguja, desinfectándola y dándole ligeramente la forma de un anzuelo. Luego, pasó el hilo negro, ladeó la cabeza y, con un siseo contenido, empezó a remendarse a cara, puntada a puntada, desde el mentón hasta la frente, casi agradecido porque la herida fuera recta y no haciendo eses. Tuvo que parar en varias ocasiones, dejando la aguja colgando del hilo frente a sus ojos, apoyando las manos sobre el borde marmóreo del lavabo, cogiendo aire, volviendo a meter las manos bajo el chorro de agua fría, volviendo a limpiarse la cara, siempre llena de sangre y sudor, retirándose el pelo, y continuando, atrapando de nuevo la diminuta aguja entre sus dedos, controlando el temblor, y las pausas necesarias para respirar, ladear la cabeza por el mejor ángulo de luz y dar el último pespunte y un nudo final que mantuviera su piel unida.
Cuando Hux volvió a aparecer por la periferia de su visión, agradeció el alcohol. Tomó la botella y casi bebió la mitad solo con el primer trago antes de dejarla junto al resto de cachivaches que necesitaba de forma inmediata. Alzó la mirada al techo, lanzando un largo suspiro. Estaba tan cansado, tan harto de toda aquella mierda… En los días buenos, casi podía tomárselo como un trabajo más, uno cualquiera. Los días malos eran los que probaban sus verdaderas ganas de continuar con todo eso.
Volvió a mirarse al espejo y despegó las suturas adhesivas. Tuvo que centrar la mirada varias veces para poder colocárselas con cuidado, con la precisión que sus dedos hormigueantes de electricidad y el alcohol, que ya corría por sus venas tratando de apagarlo todo, le permitían. Al final, incluso podía sentirse orgulloso del trabajo de remiendo que acaba de hacer si no fuera porque esa era su cara… Su nueva cara.
-Deberías descansar. – Escuchó a Hux decir tras él. Le miró a través del reflejo antes de girarse, apoyándose en el lavabo para no marearse.
-Creo que hoy he cubierto el cupo de "Deberías" que puedo escuchar en una semana, Hux. – Agarró el cuello de la botella y se tambaleó hasta el quicio de la puerta. El pelirrojo le hizo pasar un brazo por encima de sus hombros mientras lograba sostenerle por la cintura. Hux no era pequeño ni débil, pero Kylo era considerablemente más grande y, tal y como se daban las circunstancias en este momento, mucho más inestable.
Se quedaron en silencio durante un rato, observándose. Hux había aprendido lo que era cuidar de alguien desde que la vida les juntó en aquel berenjenal donde estaban metidos. Kylo era alguien con ideales que parecían ser compatibles con los suyos… Lo único que repudiaba de él era la forma en la que a veces no terminaba el trabajo. Hux era el único que sabía lo mucho que le costaba a Kylo sacar la pistola y apretar el gatillo.
-¿Qué?- El pelirrojo salió de su trance, fijando la vista que había tenido perdida sin darse cuenta. Kylo le observaba, esperando una respuesta.- ¿Tan mal ha quedado?- El pelirrojo tragó saliva, frunciendo el labio y arrugando la nariz en consecuencia. Kylo alzó las cejas, cerrando los ojos lentamente mientras volvía a dar un trago.- Ya… Me lo temía.
-¿Qué va a pasar?- Preguntó plasmando toda su frialdad en cada palabra mientras Kylo se recostaba mejor.- ¿Habéis llegado a algo?
-Nos da treinta días.- El pelirrojo asintió.- Treinta días para encontrar a Finn y al cadáver…- Se relamió.
-¿Por qué nos ha dado tanto tiempo?- Kylo se encogió de hombros.- No me cuadra… Finn podría haber ido ya a la policía con el cuerpo y…- Kylo asintió varias veces.
-¿Te crees que no lo sé?- Rió con sarcasmo. Hux asintió.- No tengo ni puta idea de por qué nos ha dado tanto tiempo pero…- Tomó aire.- No sé si quiero saberlo.- Hux se sacó el paquete de tabaco y prendió uno de sus cigarrillos mientras también se acomodaba en la silla.- Mañana saldré a buscarle.- El pelirrojo desaprobó aquello con una mirada que Kylo no pasó por alto. Y tomó aire para hablar pero el pelirrojo soltó el humo antes.
-No.- Kylo cerró la boca de golpe.- No. No vas a ir tú, precisamente tú, a buscar a Finn.- Kylo sopesó aquello y Hux se tomó ese tiempo para dar otra calada.- Mandaremos a los gamorreanos.- Soltó el aire con prisas.- Mandaremos a los chicos, otra vez. Que rebusquen bien…
-Pero que no rompan nada.- Hux asintió.- No queremos emular un robo.- Cerró los ojos, recostándose más en la silla. Y fue a pasarse las manos por la cara hasta que recordó el corte y las recondujo a su pelo, peinándolo y canalizándose.- Por la puta Fuerza, Hux…- El pelirrojo ladeó la cabeza, esperando algo que nunca le llegó. Dio otra calada más, soltando el humo mientras volteaba el cigarrillo con los dedos y entonces Kylo habló.- ¿Podrías encargarte tú de esto mañana?- El pelirrojo alzó una comisura, asintiendo al ver que de una maldita vez seguía su consejo.- Yo vendré por la noche.
-No.- Kylo le miró de malas maneras.- No vendrás por la noche. Vas a quedarte en tu casa, descansando y procurando que eso cicatrice lo mejor posible.- Dijo, apuntando con los dedos a su herida.- Mañana llamaré a los chicos.- Kylo asintió.- Y empezarán a buscar a Finn cuanto antes.
-Bien…- Se relamió antes de reacomodarse de nuevo. No estaba cómodo en ninguna postura, ninguna. Y empezaba a ponerse nervioso ante tanta incomodidad.- Necesito novedades mañana.- Hux asintió.
-Nada más sepa algo te llamo.- Habló, adelantándose para apagar el cigarrillo en el cenicero que Kylo tenía sobre el escritorio.- Te llamo con lo que sea.- Alzó los ojos, observándole aquella marca que se le quedaría de por vida. Y tomó aire.- ¿Quieres que mueva contactos en el hospital?- Kylo prestó atención.- Y que nos den algún tipo de gasas o… algo que…- Kylo negó con la cabeza.
-Pastillas.- El pelirrojo asintió.- Pide pastillas.- Hux volvió a asentir, sacando su teléfono y poniéndose en pie.- ¿Podríamos pasar a recogerlas ahora?- Y Hux le pidió un segundo, haciendo un gesto con el dedo mientras hablaba por teléfono.
Kylo suspiró y revisó las previsiones de las películas para la semana que estaba a punto de entrar, el viernes siempre era el día que cambiaban la cartelera y por algún motivo no le apetecía nada proyectar la película que tenía pensada para la Sala 2. Tomó un bolígrafo y cambió aquella película por otra, La Escalera de Bossk era una mejor elección que El Juego del Halcón… Le recordaba demasiado a alguien. Aquella noche no había dejado de pensar en aquel momento de su vida, donde todo giró bruscamente y él necesitó alejarse de aquellos a quienes amaba.
Y su cabeza hubiera seguido retozando en recuerdos dolorosos de no ser por la voz de Hux, quien se apoyó en el marco de la puerta mientras colgaba el teléfono.
-Podemos pasar ahora a por las pastillas. Nos las darán en Urgencias si preguntamos por…- Se cortó al verle, al ver su expresión triste. Al borde, estaba al borde. Delicadamente al borde… Y podía caer en cualquier momento.- ¿Pasa algo?- Kylo negó con la cabeza.
-Dile a la chica que mañana he cambiado la película. Llámala y que venga por la mañana para ver si la cinta de La Escalera de Bossk necesita algún arreglo.- Hux asintió, guardando aquello en su cabeza.- O si funciona.
-De acuerdo.
-Dile también que cambie las letras de la marquesina.- Hux volvió a asentir mientras Kylo se alzaba a duras penas.
-Tranquilo, contaba con ello.- Kylo asintió.- ¿Nos vamos?- Y volvió a asentir mientras cerraba su despacho con llave.
…
Rey se apartó aquel molesto mechón de pelo con un bufido mientras afianzaba la escalera al pavimento y empezaba a subir. Es que no se lo podía creer, no llevaba una semana trabajando en aquel cine y ya sentía que le tomaban el pelo. Anoche había tenido que esperar a que finalizara la última sesión para tener el cine vacío y cuando parecía que iba a poder irse a su casa, había tenido que quedarse casi dos horas más, colocando las letras en la dichosa marquesina que, por cierto, necesitaba un lavado. Y no contentos con eso, decidieron que no, que no querían ese título, que mejor poner otro. Había tenido, y tenía, verdaderas ganas de lanzarle a la cara todas las malditas letras al responsable en cuestión. Y algo le decía que sabía perfectamente quién era ese…
Alzó la mirada al cielo, poniéndose la mano de visera. Encima hacía ese sol abrasador de media mañana que ya sentía ardiendo en la piel del cráneo, y no sabía si lo prefería antes que una lluvia torrencial. Mientras quitaba unas letras y ponía otras, bajaba al suelo a dejar unas y coger las que correspondían y volvía a subir, su mente divagaba, estaba segura de que, igualmente, prefería ese sol a las tormentas de arena de Jakku. Al final, y con esa tarea terminada, mirando desde el suelo el resultado, esperaba que el haber empezado antes su jornada también le diera pie a terminar nada más cerraran esta noche. Porque la anterior había estado tan cansada, que se había tirado en la cama sin revisar el material recabado durante el día y no podía dejar que se le acumulara.
Miró a la calle a ambos lados, avenida arriba y avenida abajo. Hoy parecía un día raro. Había como cierta sensación de inquietud en el aire pero todo parecía normal y corriente, como el resto de días. Rey juraría que era una sensación interna, que eran sus propios nervios, su necesidad de empezar a ver respuestas y verse con las manos vacías y tal y como empezó, sin progresos reales. Juraría que era eso, su propia inquietud. Pero no. Estaba segura de que no era sólo ella. La gente que diariamente se saludaba, ahora se quedaban un rato cuchicheando en voz baja. Parecía algo sin importancia, pero había sido consciente de las miradas nerviosas y los labios que se movían con una rapidez vertiginosa cerca de los oídos de otros. Los vecinos de la zona eran conscientes de algo que sucedía y ella no tenía ni idea de qué podía ser. Una vez más, algo se le escapaba de entre los dedos, como si fuera arena.
Se limpió las manos con un trapo y volvió a colgárselo en el cinto del pantalón, pasándose la manga por la frente antes de entrar en el hall. El aire acondicionado le dio la bienvenida y sintió cómo su cara cambiaba ese ceño fruncido por una sonrisa agradecida. Se permitió cerrar los ojos un momento, quedándose ahí parada mientras destensaba el cuello. Al abrirlos de nuevo, vio a Aphra de frente y la chica le hizo un gesto para que se acercara.
-Hux ha pasado por aquí. – Rey asintió mientras veía que la morena rellenaba uno de los vasos de plástico con agua y hielo para ella y se lo ofrecía. – Me ha pedido que te recuerde que tienes que bajar al almacén a por la película. – Rey no había dejado de asentir con la cabeza mientras se lo decía. Sí, sí, ya lo sabía.
Ya lo sabía, de sobra que lo sabía. El pelirrojo se había encargado de que se le quedara grabado a fuego en la memoria. Su voz de taladro y su insistencia pesada hacían que cualquier orden no pasara por alto.
Rey bajaba las escaleras hacia el almacén, pensando en si Hux creía que todo el mundo era incompetente ya de entrada o si ella le había dado motivos para pensarlo. Se rascó la nuca mientras esperaba a que las luces del sótano se encendieran, y no estaba de acuerdo con cualquiera que fuera la imagen que Hux tenía de ella. Pero entonces rió nasalmente, recordando a Poe aquella madrugada en el hospital. "Tú hazte la tonta".
Rebufó inconscientemente, vagando por los pasillos mientras observaba las estanterías con cierto cansancio, buscando la película número… Número…
¡Oh mierda!
Chistó y hurgó en su bolsillo derecho, sacando un papelito en el que Hux le obligó a apuntarse el número. Y le enervó darle la razón de forma tan evidente. Recordó sus palabras "Anóteselo, no vaya a olvidar la localización de la película". Oh ¿Por qué tuvo que responderle tan orgullosa? "Descuide, no me olvido de nada". Aquella mirada de superioridad e incredulidad que le devolvió Hux fue el detonante en Rey para terminar cediendo a su insistencia. "Prefiero que llegue a no necesitar el papelito a recibir una llamada suya interrumpiendo mis labores". Labores… ¿Acaso alguien en su sano juicio hablaba así?
Zarandeó la cabeza, sintiendo que se le estaban pegando las formas estiradas y remilgadas de Hux mientras buscaba aquel número. 1138. Cuando escribió el número aquella mañana se preguntó si realmente tenían tantas películas en el almacén… Pero cada visita al mismo se lo reafirmaba. Tenían más películas de las que Rey hubiera imaginado jamás ver juntas.
-1138, 1138, 1138…- Susurraba, mirando los estantes, a un lado y al otro.- ¡1138!- Dijo en voz alta al encontrarlo. Y volvió a subir por la estantería, trepando por ella hasta llegar allí. A lo más alto. Y atrapó la bobina con su funda, bajando lentamente hasta dar con los pies en el suelo, provocando un sonidito que hizo eco por toda la sala.
Recordó fugazmente la puerta secreta. "Personal autorizado"… "¿Tiene usted autorización?" le recordó, distorsionando el tono de voz de Kylo hasta hacerlo ridículo, resonando en su cabeza. Claro que tenía autorización, autorización policial. Y le hubiera sacado la placa allí mismo, no sin antes cruzarle la cara de un guantazo que llevaba demasiado tiempo reteniendo. Y vaya, como siempre, la contestación se le ocurrió tarde. Pero se juró que, a la próxima, sería más rápida.
Tomó aire, conduciendo los ojos hacia el final de la sala, viendo en la oscuridad el pasillito. Su curiosidad estaba matándola… Y las ganas de tener algo jugoso que comunicar también. Fue a avanzar cuando, de repente, alzó los ojos a un pilar por pura inercia. Y allí la vio. Se topó con una cámara.
Rápidamente, hizo como que se agachaba, como si se le hubiera caído algo. Intentando disimular lo mejor que podía.
Palpó el suelo y entonces comprendió muchas cosas. Comprendió por qué Kylo bajó tan rápido cuando la vio acercarse… Pero no recordaba que en su despacho hubiera pantallas con todas las cámaras de seguridad, mostrándole lo que estaba pasando en los cines.
Achicó los ojos mientras se levantaba y hacía como que guardaba algo en el bolsillo. Suspiró y se dirigió hacia las escaleras. Subiendo al piso de arriba y visualizando un nuevo objetivo; Encontrar la sala de vigilancia.
Aquel objetivo le sacó una sonrisa propia de sentirse realizada. De sentir que sus palos dejaban de ser a la nada y empezando a encontrar algo… Aunque realmente el avance hubiera sido más que mínimo.
Llegó al hall, dispuesta a seguir subiendo hasta que una pandilla de salvajes irrumpió en el mismo, frenándole el paso y quedándose de pie, paralizada ante la visión grotesca de aquella pandilla.
Eran más horribles que un Bantha sin pelo y armaban más escándalo que una tribu ewok en plena celebración. Un taconeo apurado a sus espaldas le hizo apartarse por inercia, dejando paso a Hux, quien bajaba acalorado y molesto, dirigiéndose a la pandilla.
Rey sonrió de medio lado, esperando ver la ira de Hux desatarse como una tormenta… Iba a echarles a patadas, estaba segura… O al menos lo estaba hasta que el pelirrojo se acercó al más grandullón y le jaló del brazo.
-¡¿Cuántas veces os he dicho que no entréis al maldito cine por la puerta principal!?- Todos los grandullones, que parecían ser de Gamorr, compartieron miradas de incomprensión y arrepentimiento.- ¡Venga, va! ¡¿A qué esperáis!?- Y salieron de allí mientras el pelirrojo resoplaba cansado. Y entonces se giró, como si hubiera recordado a algo. O a alguien… A ella, concretamente.
Rey dio un respingo ante la mirada de Hux y se apresuró en subir al segundo piso. "Mierda, mierda, mierda". Tres "mierda" por escalón y la cabeza gacha. Se le iba a quedar esa mirada clavada en la frente para el resto de sus días, esas pupilas frías, casi acusándola de estar viendo algo que no debería. Algo que tan sólo había sido un puñado de gamorreanos entrando en el cine… Se paró en mitad de la escalera. "Bueno, a ver… No había sido tanto lo que había visto como lo que había oído...". Hux había hecho evidente que existía esa puerta trasera que ella aún no había descubierto. Así que si existía, tenía que estar en alguna parte.
Volvió sobre sus pasos, escalera abajo, lo justo para asomarse por el quicio y ver por dónde se había ido el pelirrojo con los matones, pero se frenó en el último momento. ¿Y si estaba ahí, en mitad del hall, cruzado de brazos y con esa mirada severa, esperando que ella asomara la nariz? Le estaría dando motivos más que suficientes para sospechar de ella, si no lo hacía ya.
Negó con la cabeza y volvió a subir hacia el segundo piso. Encontraría esa puerta, como había encontrado la del sótano, y como encontraría la que le llevara a la sala que usaran de control de cámaras. ¿Le pedirían alguna vez que arreglara alguna o simplemente sustituirían la pieza que ha dejado de servir para ahorrarse problemas? Andando hacia la cabina de la sala dos, no podía dejar de pensar en que cada paso que daba por acercarse más a la Primera Orden, partiendo de que ya se encontraba cerca de su núcleo de mando, más riesgos corría.
Manipular el proyector, abrirlo de nuevo, conectar las placas, meter la película y colocar las lentes le ayudaban a no pensar demasiado en eso. No pensar en que no estaba segura hiciera lo que hiciera, en que ya estaba dentro y ya corría peligro. No pensar en que, si quería saber más, no sólo iba a tener que acercarse más al fuego, sino que iba a tener que quemarse y que no se le notara. Aquella misión iba a sacar todo de ella. Y no podía permitirse que la cogieran, como a Poe. Ella no aguantaría todo lo que a él le hicieron.
Revisó la película, por si daba algún problema del que tuviera que hacerse cargo. Y para su suerte, el hecho de que la cinta se parase como si hubiera dado con un bache a mitad de proyección, absorbió toda su conciencia y su tiempo, se llevó consigo sus pensamientos y ese primer nudo de pánico, para dejar, tal y como pasaba cuando debía centrarse en una máquina, su mente clara, limpia, y bullendo con una determinación renovada.
Y un agujero en el estómago. Uno que rugía como si tuviera un monstruo dentro exigiendo comida, sacó a Rey de su trabajo. Dejó la película a punto antes de abandonar la cabina y bajar las escaleras dando saltitos de satisfacción. Nadie más lo sabría, pero le recorría una sensación de victoria por cada problema técnico que resolvía, un brillito de gloria llenaba sus pupilas cuando las máquinas volvían a funcionar cómo debían hacerlo o incluso mejor.
Llegó al hall, y se quedó parada en mitad del espacio, extrañada al no ver a nadie, ni siquiera a Aphra. Luego, cayó en que debía estar disfrutando de su tiempo para comer tranquila, como debería haber hecho ella. Miró el reloj que había a sus espaldas y chirrió los dientes. Iba a tener que bastarle lo primero que pillara en la cafetería porque el cine abría sus puertas en nada y ella debía estar pendiente de los proyectores. Y ni siquiera se podía permitir sentarse en la cafetería, no. Porque necesitaba saber dónde quedaba esa puerta trasera. No podía volver al apartamento sin nada, otra vez. Como mínimo, necesitaba eso.
Compró un bocadillo y luego se situó en la misma posición en la que había visto a Hux por última vez aquella mañana. Visualizó en su mente de nuevo la escena de la que había sido testigo, como si rebobinara una cinta antigua y volviera otra vez a ese momento. Pudo ver, como si las imágenes pasaran fotograma a fotograma, a Hux tras ella, esquivándola mientras murmuraba alguna maldición. Le vio acercándose a los gamorreanos mientras ella esperaba que los echara a empujones y que, para su sorpresa no sólo no fue así si no que… Ahí estaba, el movimiento en el brazo, coordinado con la cabeza que marcaba la dirección a la que debían ir. Pausó sus diapositivas mentales justo antes de verle girarse hacia ella de nuevo. Ya se conocía esa mirada.
Salió del cine, parándose en la esquina y volteando hacia donde creía que Hux podría estar apuntando. Y a simple vista no parecía que fuera a encontrar ningún callejón hasta que se puso a avanzar por la acera, dando bocados a su comida mientras seguía andando… Y allí se le apareció. Un callejón estrecho… Con suerte, la moto que estaba aparcada allí, podría dar la vuelta en el mismo callejón si maniobraba lo suficiente. Avanzó por el callejón, viendo la parte trasera del cine, las ventilaciones, y varias ventanitas… Cuando se acercó lo suficiente a la moto pudo reconocerla.
Sólo un monstruo sería capaz de montar aquel trasto que, si se le caía encima, podría incluso aplastarla. Era la moto de Kylo. Y ella frunció el ceño ¿Estaba Kylo en el cine? Dio otro bocado mientras procesaba a toda velocidad. Lo dudaba. Si Kylo hubiera estado no habría dejado pasar la mínima oportunidad de importunarla o ponerla nerviosa con ese "niña" que usaba para referirse a ella, como si recordar su nombre fuera algo que le costara mucho.
Tomó aire mientras seguía masticando y se sentó en uno de los bordillos que presentaban las puertas traseras, quizá de negocios que también podría estar controlando Kylo… Y decidió esperar cerca y en frente de aquella puerta por la que intuía que se podrían haber ido los gamorreanos. Observando y esperando.
Se terminó el bocadillo, mordiendo a carrillos llenos mientras desviaba la mirada hacia la moto. Con dudas se levantó de su sitio y se acercó a ella, observando antes las ventanas que daban a ese rincón del barrio, por si hubiese alguien observándola.
Cuando salió de dudas, terminó de aproximó al vehículo disimuladamente, acercando su pantorrilla al tubo de escape, lo suficiente como para sentirlo sin quemarse, si es que estaba caliente. Y así se encontraba.
Aquella moto debían de haberla aparcado hacía unos minutos… Quizá hubiera llegado con los gamorreanos. O quizá…
La puerta se abrió y Rey dio otro respingo, enderezándose rápidamente y apoyándose en la pared mientras bajaba los ojos al envoltorio del bocadillo y enfatizaba más las masticadas. De allí salieron varios de aquellos hombres que había visto entrar en el cine antes de que Hux los mandara allí atrás… El último en salir fue el pelirrojo, quien se disponía a cerrar la puerta hasta que se la encontró allí, plantada. Rey le dedicó una sonrisa pero antes de que terminara de dibujarla, el pelirrojo habló.
-¡¿Se puede saber qué narices hace ahí plantada, señorita!?- Rey bajó las comisuras ante el comentario y, sobre todo, por el tonito que se gastó Hux.
-Comer…- Hux apretó los morros y Rey tragó saliva.- Es que la cafet…- El pelirrojo cortó sus excusas.
-¡¿Sabe la hora que es?!- Rey fue a decir algo pero entonces Hux palmoteó.- ¡La primera sesión empieza en media hora! ¡Ya debería estar preparando los anuncios! ¡¿Tiene todo a punto!?- Rey alzó la cabeza, boqueando de nuevo pero Hux no le dejaba hablar.- ¡¿Ha escuchado algo de lo que he dicho!?
-Sí…- Apenas le dio tiempo a terminar.
-¡Pues venga! ¡¿Qué hace ahí parada!?- Volvió a palmotear y Rey se apresuró en salir de allí, maldiciéndose al dejarse intimidar tan fácilmente… Pero es que aquel tipo… Aquel tipejo tenía algo que no le gustaba.
…
Se pasó toda la tarde vagando de una sala de proyección a otra, pero intentando permanecer siempre en el cuartito del proyector antiguo pues como fallara algo y se prendiera fuego… Adiós. Adiós a absolutamente todo.
Y estaba cansada. Cansada de ver y reproducir la misma película una y otra, y otra vez. Lo peor es que iba a estar así una semana entera hasta que llegara el viernes de nuevo y todo volviera a cambiarse.
Rebufó, pasándose la mano por el pelo. Al menos no le había visto en todo el día, no había escuchado uno de sus "niña" que tan histérica le traían… Tomó aire poco a poco, zarandeando la pierna y pensando seriamente en traerse algún libro la próxima vez, sentía que perdía la tarde allí. Sin sacar nada claro. Había descubierto la puerta trasera, que Hux había hablado con los gamorreanos y que al menos habría una sala de vigilancia.
Volvió a peinarse ¿Quiénes eran esos gamorreanos? ¿Matones? ¿Camellos? ¿A parte de armas también vendían droga? Rebufó de nuevo… Demasiadas piezas que no sabía dónde colocar.
Rebobinó la cinta del proyector antiguo mientras daba las luces para que las dos personas que había comprado el boleto para esa sesión salieran de allí. Tragó saliva, esperando a que el carrete se terminara de rebobinar. En cinco minutos empezaba otra sesión, la última de aquel fatigoso día sin avances. Aguardó a que la bobina estuviera a punto para salir al baño a orinar, pasando por delante de la puerta de su despacho. Y aminoró el paso, parando la oreja e intentando captar algo… Pero no escuchaba nada.
O se había pasado el día encerrado en el despacho o quizá se hubiera largado a otro sitio andando… Lo dudaba. Pero parecía que no había movimiento en aquel piso. Todo estaba mal aquel día. Hux parecía llevarlo todo como si el cine le perteneciera a él. La gente estaba rara... todo el mundo lo estaba.
Tomó aire, tirando de la cadena y dirigiéndose rápidamente hacia la cabina. Se sentó en su sitio con pesadez, cansada por lo largo, larguísimo que se le estaba haciendo el día. No participaba de la cada vez más evidente sensación de angustia que parecía rodear aquel cine a varios kilómetros a la redonda pero, sin duda, lo sentía y se veía afectada por la misma. O a lo mejor, sólo estaba agotada y tremendamente aburrida. Incluso había terminado por agradecer que la silla tuviera ruedas y, dando una vuelta sobre sí misma, bajó la regleta, apagando las luces, y activó el proyector, que volvía a la vida con ese parpadeo que ya se conocía como si fuera su saludo.
Se recostó de nuevo sobre el respaldo de la silla y echó la cabeza hacia atrás soltando un larguísimo suspiro, dejando caer los brazos a ambos lados hasta relajar los hombros. Si cobraba bien por aquel trabajo, desde luego no sería por la carga de esfuerzo sino por el tiempo invertido en no hacer absolutamente nada salvo estar ahí gastando oxígeno. Y daba igual, Rey estaba segura de ello, daba igual cuán cinéfilo fueras, nadie tenía unas tragaderas como el Corredor de Kessel para enchufarse la misma película todas aquellas veces seguidas… Y las que le quedaban por el resto de la semana.
Volvió a levantar la cabeza y su mirada dio de lleno con la pantalla. Puso los ojos en blanco con pesadez. Aquella película además era… Bueno, no tenía ni idea de crítica de cine pero, como espectadora sentía que no le debía ninguna humildad a nadie. Y esa película era farragosa cuanto menos, un amasijo inconexo de alucinaciones sin sentido, y una mezcla discursiva que ya la ponía de los nervios. De repente, se le iluminó la bombilla. ¿No sería tan gilipollas de estar proyectando una película para una sala vacía, verdad? ¿No tendría la maravillosa suerte de poder cerrar ahí y marcharse a su casa? Arrastró la silla hasta el borde para asomarse por la cristalera de la cabina y…
Se dejó caer sobre la silla con tanta fuerza que casi se sienta mal y habría dado con el culo en el suelo. Una persona. Una maldita persona. Alzó la cabeza de nuevo hacia al techo para dejar escapar un suspiro que era más gruñido de exasperación. ¿Quién, en su sano juicio, compraba una entrada para la última sesión de tan tremendo tostón? Que si no fuera porque tenía que estar pendiente de que el rotor no se tragara la cinta de video, iba a poder estar husmeando y fisgando por todo el cine como cuando era pequeña, jugando, esta vez en serio, a descubrir pequeños tesoros. Pero es que hasta dormirse la siesta era más emocionante que todo eso.
En definitiva, salvo los cuatro momentos en las circunstancias te llevaban a una muerte segura y tenías que correr por patas, la infiltración criminal era una prueba constante a la paciencia y a la capacidad de espera sin resultados. Y Rey tenía muy poco de ambas.
Para cuando se sucedió ante ella el último fotograma antes de los créditos, sentía que tendría tatuada en la mejilla la forma del puño en el que llevaba apoyada una hora. Bostezó, una vez, casi desperezándose. La siguiente vez, casi temió estar a punto de darse la vuelta como un calcetín. Y pasados los primeros nombres de los créditos, volvió a hacer rotar la silla hasta dar con la regleta que encendía las luces, dispuesta a abrir por fin la caja del proyector para dejar respirar el rollo. Sin embargo, cometió el error de desviar la mirada hacia la cristalera. No… No podía ser…
Hay que joderse.
Hay que tener los huevos cuadrados para coger la última sesión de una película tortuosa, obligándola a ella a pasar por ello hasta el maldito final. Ahí estaba, como un señor, el marqués de sus sacrísimos cojones, el Líder Supremo de las vidas de quienes le rodearan. Es que no podía creérselo. Le superaba. ¿Cómo podía tener tanta cara? ¿Es que acaso no se podía ver la maldita película en su puta casa? Que sí, que vale, que es su cine. Pero en el momento en el que delegas porque no puedes llevar la totalidad de las tareas que exige el jodido negocio, el hecho de que te quieras ver una película tu solo no depende enteramente de ti, capullo egoísta.
Se quedó en la cabina, hirviendo de rabia, al tiempo que le veía levantarse, con toda la parsimonia del mundo, recolocarse la ropa y salir del que debía ser su asiento preferido. Se quedó ahí, quieta, mascando mil insultos y maldiciones en todos los idiomas que conocía, como una retahíla para no escupir al cristal en su dirección. Y como si hubiera pensado con la fuerza de un grito, vio a Kylo pararse en mitad de la escalera. Una respiración. Dos respiraciones. Y se giró paulatinamente hacia atrás, hasta que su mirada dio con ella. No se había girado del todo, sólo lo suficiente para verla, aguantarle la mirada durante unos segundos lo suficientemente largos como para que Rey perdiera el hilo de su mantra enfurecido.
Era una mirada severa, calculadora incluso. Pero completamente desposeída de la frialdad que caracterizaba la de Hux, aportándole una autoridad que ya se había visto obligada a obedecer. No, ojalá la de Kylo fuera así, porque eso lo haría bastante más fácil. La mirada de Kylo era ardiente, como si hubiera sido fraguada en un infierno diferente cada día, durante años. Se clavaba en ella y atravesaba su piel. Era una mirada ante la cual no quería responder. No quería que la mirase así. Casi prefería que la siguiera llamando "niña".
…
Kylo atravesó el pasillo directo a su despacho, rezándole a la Fuerza por no encontrarse con aquella chica otra vez, no esta noche, no después de todo. No podía permitirse siquiera encontrársela de frente, tener que responder a cualquier clase de pregunta, silenciosa o no, por parte de aquella boquita de ratita de desierto. Porque sentía que, si ella llegaba a preguntárselo bien y con el tono adecuado, sería capaz de contárselo todo. Estaba tan cansado que daría igual.
Cada vez que había visto aquella película le llegaba un momento diferente, una escena distante se le clavaba como un puñal justo en el punto en el que se unían sus clavículas, bajo la garganta. Esta vez no había sido diferente pero no había estado mentalmente preparado para aquella frase que ahora se repetía sin cesar entre sus oídos, como si la chica se hubiera olvidado de apagar el proyector que había en su cabeza. "Si tienes miedo a morir y te estás resistiendo, verás demonios arrancándote la vida. Pero si estás en paz, los demonios se convertirán en ángeles que te liberarán. Es la forma en la que lo mires, eso es todo". Y él llevaba tanto tiempo sintiendo que una horda de demonios le arrancaba la vida hasta del tuétano de los huesos que cualquier otra forma de vida se le antojaba utópica.
Se pasó la mano por la frente, sosteniéndose las sienes. Le arrebataría la paz a mil mundos solo por la visión de un solo ángel.
Abrió la puerta de su despacho y dedujo la figura de Hux recortada contra la luz que entraba por el ventanal, difuminándose con el humo de un cigarro que le envolvía. Cogió aire profundamente y lo soltó al tiempo que relajaba los hombros y los volvía a cuadrar, antes de dirigirse hasta él, apoyándose en el borde de su mesa.
-¿Qué ocurre? –Preguntó sin mayores prolegómenos. Hux bien podría estar en su maldita casa desde hacía horas. Hux señaló con la cerilla del cigarro hacia algún punto a través del cristal.
-Es sobre la chica. – Dijo sin más. Kylo se erguió, situándose a su lado y mirando al exterior justo cuando la chica salía del cine y bajaba la avenida de vuelta a su casa, como debería hacer él. Tal y como debería hacer él, a sabiendas de que si salía justo después que ella, no iría a su casa.
- ¿Y qué? – Preguntó de nuevo, ante el silencio de su amigo. - ¿Qué ocurre con ella?
-Creo…- Dijo, soltando el humo.- Creo que hemos contratado a una cotilla.- Kylo rodó los ojos.
-Perdón ¿Hemos?- Hux apretó los labios.- Fuiste tú quien dijo eso de "Si arreglas el proyector ya veremos qué pasa contigo…"- Habló tan enfurecido que había olvidado que fumar no era lo suyo. Le arrebató el cigarro al pelirrojo, quién le miró con sorpresa ante tal acto, y le dio una calada que no tardó en desencadenar una pequeña tos que contuvo con fuerza. No fumaba, lo odiaba, pero ya hacía días que, o bien por ver a Hux fumarse casi dos paquetes al día, o bien por todo lo que había escuchado del tabaco, se le estaba empezando a antojar.
El pelirrojo no dijo nada. Cuando Kylo le devolvió el cigarrillo Hux interpuso la mano, diciéndole que se lo quedara y Kylo lo apagó en el cenicero. Definitivamente prefería el licor y a por ello que fue, dirigiéndose a la mesa de su despacho y sacando la botella del cajón donde la escondía.
-Estaba en el callejón trasero esta tarde. Comiendo.- Comentó Hux, volteándose.
-¿Y?- Dijo, rodando la botella en su mano derecha mientras ponía la vista perdida. Hux resopló como si a Kylo le estuviera costando sumar dos más dos.
-Hace lo que le da la gana.- Kylo asintió, como si aquello fuera algo que él hubiera tenido en cuenta desde el principio.- No tiene educación, se queda boqueando una respuesta como si fuera tonta.
-A lo mejor es tonta.- Hux se apoyó en la mesa, arrebatándole la botella de un jalón y llamando descaradamente su atención.- ¡Eh!
-¡Deja de hacer eso!- Kylo le miró sin entender y Hux achicó un ojo.- ¿Qué coño has estado haciendo esta tarde para que estés ahora tan espeso?- Kylo rodó los ojos.- Además, te dije que no vinieras por la noche.
-Tenía que venir a por la moto…
-¿Y por qué has entrado?
-Porque quería ver la puta película.- Hux dejó la botella en la mesa mientras empezaba a exasperarse.- Vete a casa…- Le aconsejó y se puso de pie antes de que Hux pudiera replicarle que no se iba si él tampoco lo hacía.
Y cerraron el despacho, avanzando hacia la salida tras apagar las luces desde los plomos de la entrada, ocultos en una caja tras un pilar.
Kylo se colocó el casco, Hux encendió las luces de su coche. Y ambos salieron en direcciones contrarias. Alejándose de allí pero Kylo, por otra parte, iba a pasar cerca del piso de la chica, dejando una estela de humo con el rugido de su moto.
La situación estaba empezando a superarle, se lo veía venir. Estaba empezando a actuar como si todo le importara ya bien poco… De hecho algo en su interior sí deseaba haberse encontrado con aquella chica y poder contárselo todo. Quizá con suerte, al ser nueva en el barrio, llamaba a la policía y se destapaba todo. Quizá con suerte le pegaban un tiro en la cabeza o quizá, con mucha suerte, tendría un accidente esa misma noche llegando a casa… Pero ¿Y qué pasaría después? La muerte era algo con lo que fantaseaba pero con lo que no se atrevía… No desde… Desde aquel día.
Frenó en un semáforo, bajando una pierna y esperando a que se pudiera en verde, con aquella cita taladrando sus pensamientos. Casi parecía que era fácil si seguías el consejo, como si te lo hubieras encontrado dentro de una galleta de la suerte. Una vez más, una puñetera película tenía la capacidad de evidenciar sus problemas más inmediatos justo antes de que él fuera consciente de ellos. La putada era siempre la misma y es que, al otro lado de la jodienda de turno, todas las soluciones parecían más fáciles de lo que realmente eran.
Arrancó la moto, alejándose de allí a toda prisa, deseando que con suerte, pronto, todo diera una vuelta más y reventara sin tener que ser él el brazo ejecutor.
…
Rey se dejó caer en la cama, descargando todo y tumbándose boca arriba tras quitarse los zapatos con sus propios pies. Las manos las tenía ocupadas, desvendándose las muñecas y quitando aquellos pequeños chips que dejaba junto a la mesilla de noche, aguardando al día siguiente.
Estaba agotada y lo que menos quería era revisar nada… Pero necesitaba hacerlo. Llevaba varios días alargando ese momento y, si seguía por esa senda, podría echarlo todo a perder al estar pasando por alto algo de las grabaciones que se le había pasado revisar.
Se levantó, dirigiéndose al tablón de madera, apartando la alfombra y luego retirando aquel trozo de suelo, sacando el ordenador y poniéndolo a cargar mientras iba a por una bebida. La batería había estado a punto de terminarse pero por suerte aquello ya había dejado de ser una preocupación.
Se sentó en la cama, apoyando la espalda en la pared y colocándose los auriculares para asegurarse de que era la única que iba a escuchar aquello. Y empezó con el primer archivo de todos antes de darle un trago a la bebida.
Iba a ser una noche larga, pero algo le decía que había encontrado un supuesto sitio para varias piezas del puzle… Sólo debía encontrar las demás y seguir casándolas. Y justo cuando alzaba la mano para colocarse el auricular, el rugido característico de un motor hizo vibrar los cristales de su ventana... Descartó el pensamiento que le cruzó la mente con una sacudida de cabeza. Seguro que había más gente con moto por la zona. Sí, a esas horas también.
