6. Material inflamable

Contrariamente a lo que había imaginado que pasaría, no, subirse a la moto aquella mañana y acelerar tanto que casi pareciera que dejaba un hilo de humo al quemar el asfalto con los neumáticos, no había hecho nada por mejorar su estado de ánimo. Se había despertado una infinidad de veces esa noche, sumiéndose acaso en un ligero duermevela después de uno o dos tragos a la botella que había terminado por dejar en la mesilla. En todas y cada una de las ocasiones, despertándose dolorido. La primera vez, incluso, había sido casi dulce, y su dolor había sido uno que estaba bien dispuesto a pasar cada vez que esa chica le mirara con esos ojos enormes, esa boca fruncida en un mohín que delataba que lo que salía de sus labios nunca era lo que acababa de pensar, y esa cara llena de pecas… Le hacían desear saber hasta dónde le cubrían…

Pero el resto de veces, su cuerpo le había obligado a despertarse con motivos más dolorosos. El efecto anestesiante del alcohol se pasaba, o él había generado cierta resistencia. Y sus músculos se despertaban con calambres, agarrotados, con los nervios de punta, como un gato con el lomo erizado. Su piel se dolía y se resarcía del daño provocado hacía unas horas, le ardía hasta el último poro con una queja que no podía acallar. Y la cara… Por la Fuerza. La cara le quemaba como si le hubieran pasado un sable láser por ella. Casi había estado seguro de poder sentir todas sus venas intentando reacomodarse, y la forma en la que su piel se estiraba para abarcar la herida. Los puntos tironeaban y escocían, y encima debía darse por agradecido por haber podido mantener los ojos en su sitio.

Se había terminado la botella antes que la noche y se levantó con un gruñido, se duchó refunfuñando y eso no había cambiado cuando subió sobre su moto y le dio gas, llegando al cine antes de lo que quería. Así que el mal humor iba a seguir ahí, sin más. Iba a ser un tremendísimo día de mierda para él y para el que se atreviera hablarle un decibelio más alto de lo que pensaba permitir, o a quien le diera una contestación que estaría muy, muy lejos de aceptar. Ya dejaría su paseo matutino por el barrio para más tarde, sus preguntas habituales a los vecinos y sus pequeños detalles. Más tarde, cuando tuviera que ir sí o sí a por más alcohol, porque se estaba empezando a quedar sin él.

Entró al fin en el cine y lo primero que encontró fue a Aphra, quien alzó la cabeza pero se le quedó mirando como ya sabía que pasaría. Evitó el contacto directo con ella, lo que menos quería eran preguntitas estúpidas y compasivas que lo único que hacían era enervarle y pisar el acelerador de su maldito mal humor, sobre-revolucionándolo a una intensidad que hasta él mismo podía verse salir el humo por las orejas.

Aphra tragó saliva, pudo escucharlo, y entonces empezó a subir las escaleras. Sin dedicarle un "Buenos días" tan siquiera. No tenía ganas.

Llegó al despacho y se apresuró a abrirlo no sin antes dirigir la mirada hacia las cabinas, apagadas y cubiertas por el silencio en ese momento. Ella no estaba… Y no sabía si lo prefería o si hubiera querido encontrar otra situación. A ella, más bien.

Zarandeó la cabeza, intentando apartarla de allí a toda costa, sin llegar a entender qué narices estaba pasando con él. Con esas ideas que no dejaban de aparecer como setas en su mente. No. No podía permitirse eso… Ni mucho menos destrozarle la vida a alguien.

La luz parpadeante del contestador le hizo detenerse en el medio del cuarto, observando el aparato mientras parpadeaba lentamente, al igual que aquella lucecilla roja. Tragó saliva, cerrando la puerta y acercándose, quitándose la chaqueta de cuero y dejándola caer pesadamente sobre la silla frente a su escritorio al igual que su casco.

Sacó la botella del cajón y tomó asiento mientras apretaba con desgana el botón. Y la voz de uno de sus muchachos habló.

-Nada. No hay nada.- Y la grabación se detuvo al terminar de reproducir el mensaje. Kylo suspiró, sintiendo un nudo formándose en su estómago.

Si había algo que no quería oír aquel día eran, precisamente, dos cosas; Una de ellas era "¿Qué te ha pasado en la cara?" y la segunda era exactamente esa que acababa de escuchar. "Nada".

Empezó a sentir que personarse él mismo en casa de Finn sería lo idóneo para esa situación puesto que, al parecer, si no era él quien hacía las cosas, todo terminaba saliendo mal. Fatal. Completamente nefasto.

Dio un largo trago a la botella, recordando fugazmente que había tomado medicación para que el dolor se le hiciera más llevadero… Y siguió bebiendo. Una úlcera en el estómago no sería más que un picor en una zona donde él solito no llegaba en comparación a otros problemas que se le presentaban…

Tomó su teléfono particular y llamó al pelirrojo, quien descolgó al primer toque. Siempre tan eficiente.

-¿Dónde estás?

-En el cine.- Dio otro trago.- He recib…- Pero Hux le cortó.

-¿No estarás bebiendo y medicándote?

-No han encontrado nada.- El silencio se hizo al otro lado pero Kylo sabía que Hux seguía allí, la respiración cada vez más acelerada del pelirrojo golpeaba el auricular del aparato, con una insistencia nerviosa, muy nerviosa.- Parece ser que la película está fuera del mercado…- Habló en clave, refiriéndose a Finn. Hux suspiró al otro lado.

-Fantástico…- Habló con sarcasmo. Kylo dio otro trago.- ¿Qué hacemos?

-No lo sé, esto es un desastre.

-Ya veo.

-Estoy por ir a buscarla yo mismo.- Dio otro trago y Hux rebufó.

-No. Quédate en el cine.- Suspiró pesadamente.- Me pasaré yo por algunas tiendas, a ver qué encuentro.- Kylo se tranquilizó un poco ante aquel paso de Hux. Asintió varias veces mientras observaba la botella.

-Bien. Gracias.

-Te llamo con lo que sea.

-¿Esta tarde entonces no te espero aquí?- El pelirrojo suspiró de nuevo al otro lado.

-Déjame ver primero cómo está el mercado y te aviso.

-Vale.

Y colgaron mientras Kylo se dejaba caer sobre la silla. Estaba harto y todo estaba empezando a superarle. Tenían que encontrar a Finn y rápido… Se llevó una mano a la nuca, bajándola hasta el cuello, acariciándose la zona que tenía aturdida y chamuscada por los calambrazos de aquel chisme que llevaba dentro. Quitárselo no era una opción, Snoke lo sabría al instante y no quería saber las consecuencias que aquello traería.

Suspiró, bajando la mano y dejándola caer sobre sus piernas. Cansado. Terriblemente cansado. Agotado a tantos niveles que simplemente empezaban a superarle, aun a sabiendas de que ni siquiera se podría permitir colapsar. Sostenía demasiadas cosas sobre sus hombros y no podía dejar que todo aquello cayera, se desmoronara ante él y le aplastara debajo. Incluso llevaba ya unos años haciéndose a la idea de que su vida podía acabar en cualquier momento, que sus circunstancias no tardarían mucho en arrastrarle a un final cada día más inevitable. Y lejos de estar bien con la corriente que tiraba de él, le habían arrebatado de la médula la capacidad de luchar contra aquella desembocadura y…

De repente, sus pensamientos se vieron interrumpidos mientras veía accionarse el picaporte de su despacho. No esperaba a Hux… En realidad, no esperaba a nadie. Y nadie abriría su puerta sin llamar. Pero lo que no esperaba era ver a Rey asomándose sin ni siquiera mirarle, con los brazos cargados de bobinas. No parecía ni consciente de dónde se había metido.

Se levantó de la silla como un resorte y entonces fue cuando ella alzó la mirada hacia él, con los ojos abiertos como platos, terminando de ver que no había llegado al sitio al que quería ir. Ni siquiera parecía haber reparado en su presencia, sólo que esa no era la habitación.

-¡Ups! – Hizo un mohín arrepentido. – Perdón, me he equivocado. – Y tal y como había entrado, salió. Sin más. Kylo se quedó anonadado, pero no tardó ni dos segundos en agitar sus pensamientos, como si tuviera que devolver toda la sangre a su cerebro, y atravesó el despacho con un par de zancadas rápidas, siguiendo sus pasos por el pasillo.

-¡Eh! – La llamó. La chica siguió su camino como si aquello no fuera con ella. - ¡Niña! – Eso la hizo parar de sopetón y darse la vuelta mientras él se acercaba a ella, quizá un paso más de lo que marcaban las reglas no escritas de cortesía entre dos desconocidos. Y ella volvía a mirarle con esos ojos enormes, dirigidos sólo hacia él. Y los labios entreabiertos, esperando. Tuvo que coger aire antes de seguir. - ¿Acaso no sabías que ese es mi despacho? ¿No sabes que debes llamar antes de entrar? – Y su mente bullía entre la furia interna que ardía en él con más fuerza esa mañana y las ganas que tenía de enseñarle modales a la chica. Tuvo que contenerse el poner los ojos en blanco ante la idea de escucharla decir "por favor".

-Sí, claro que lo sé. – Dijo, sin más, como si nada, haciéndole creer un poco más la hipótesis de Hux de que quizás era tonta. Estrechó los ojos y vio cómo ella cogía aire. – Sólo me he despistado un momento y me he equivocado de puerta.

-Y diste sin querer con la mía. – Dio un paso hacia ella, que respondió dando otro hacia atrás… Sin apartarle la mirada, y formándose una ligera arruga entre sus cejas. Interesante.

- Tranquilo, tanto si hubieras estado como si no, me hubiera ido nada más me hubiera dado cuenta de que me había confundido. – Oh… Ese tono ofendido, casi afilado.

-¿Y qué llevas ahí? – Bajó los ojos hacia las bobinas que llevaba entre sus brazos, contra el pecho. Fue la única vez que bajó la mirada.

- Pues, no sé… - Torció el gesto leyendo las etiquetas del título – Mennapolis, El Craw, Tank driver… -Enumeró antes de volver a alzar la mirada hacia él, con un enfado que veía crecer en sus pupilas. – El que trabajaba aquí antes que yo parecía que le gustaba verse películas en su tiempo libre pero luego le pillaba mal volver a meterlas en sus cajas y llevarlas a su sitio. – Y le dedicó una sonrisa forzada pero Kylo se mantuvo serio y Rey bajó las comisuras.

-¿Y acaso mi despacho o alguna de las salas a tu alrededor es el lugar adecuado en el que dejarlas? - Otra zancada, otra retrocedida. Y su mirada inquieta. Vio el movimiento de su lengua mojándose los labios y cómo tragaba saliva con fuerza. Estaba nerviosa. La ponía nerviosa. Y alerta.

-Que me he equiv… -La vio coger aire, como atorada. Que se había equivocado ya lo había dicho varias veces y no le había funcionado. –Lo siento. –Kylo se mordió los carrillos por dentro, conteniéndose a unos niveles que rozaban el control absoluto de los milagros de la Fuerza. Ese "lo siento" iba a volver a despertarle dolorido por las noches. Dio otro paso hacia ella, y la chica dio su paso atrás como un reflejo especular, un baile predador.

- ¿Me ves cara de imbécil? – Otro paso hacia ella, otro paso por alejarse de él, y la espalda de la chica tocó una pared que esperaba encontrar más lejos. Su niña parecía estar más dispuesta a hacer ceder la pared contra las leyes físicas antes que aceptar que él se acercara un poco más. La vio coger aire, como si su presencia se lo estuviera robando y fruncir el ceño casi con rabia.

-¿Sabes? Te veo cara de no haber entendido el final de Twi'lek Peaks.

Kylo analizó a la chica con la mirada mientras Rey intentaba apartarse todo lo que podía y más, intentando no tocarle por ninguno de los medios. Porque parecía que él estaba retándola a que lo hiciera. Y los ojos de Kylo se clavaron en los de ella. Al final, iba a resultar que la chica era lista. Lista y respondona si le apretaba las tuercas.

Rey tragó saliva, percatándose del enorme tajo que llevaba en la cara, totalmente cosido a duras penas, todo ese lateral de su cara parecía estar explorando toda la gama de colores de un moratón. Y aquellas ojeras de no haber dormido.

-Sal de mi vista ahora mismo. Que no te vuelva a ver entrar en mi despacho sin llamar a la puerta.

-Te he dicho ya que no pensaba que fuera tu…

-Que te vayas.- Gruñó entre dientes, cortándola, y Rey sentía que se le acercaba más, como un predador que acechaba a su presa. Ella asintió e intentó escabullirse… Pero Kylo no hizo ademán de cambiar de posición para facilitarle la escapada a Rey.

La chica se encorvó, sujetando las cintas mientras, al fin, conseguía apartarse y alejarse de allí con el paso apurado. Conteniendo las ganas de cruzarle la cara de un puñetazo a ese payaso que tenía por superior. Y volteó inconscientemente, mirándole. Y le encontró observándola… Observándola de una forma que…

Un escalofrío le hizo encorvarse de golpe mientras seguía corriendo hacia las escaleras, dirigiéndose al sótano con idea de guardar las películas, pasando nuevamente frente a aquel pianito tan gracioso, apoyado en la pared como si tuviera miedo de molestar.

Y Rey bajó las escaleras, cruzándose con Aphra y saludándose moviendo la cabeza en un gestito que pasaría desapercibido para cualquiera. Bajó al sótano, disponiéndose a guardar aquellas bobinas en su sitio correspondiente mientras maldecía en silencio… No esperaba encontrar a Kylo en el despacho y el tema de las cintas no había sido más que una vil excusa para colarse allí dentro… Si el pelirrojo le preguntaba, se excusaría diciendo que había encontrado fallos en las bobinas de dichas películas. Justificando la visita al despacho con la excusa de encontrar en Kylo una respuesta al tema… Pero no esperaba para nada encontrarle allí. Tenía la esperanza de que su desaparición durara un poco más o que, directamente, no se presentara por las mañanas… Pero no. Parecía que Kylo tenía un horario irregular.

Dejó las bobinas mientras seguía con la imagen de su cara a escasos centímetros de la suya… Jamás se había contenido tanto en iniciar una pelea física con alguien como esa vez. Jamás. Y su cicatriz… ¿Por qué tenía esa herida tan horrible en la cara? Era reciente, demasiado reciente ¿Quizá alguna pelea? ¿Con quién? ¿Por qué?

¿No se suponía que el barrio le debía cierta lealtad? ¿Aún así había quienes iban en su contra? ¿Pese a todo lo que hacía? Una pieza no le terminaba de encajar… Bueno, ojalá fuera solo una.

Dejó las películas mientras seguía pensando en ese pequeño encuentro. Estaba cansada. Agotada, se había pasado toda la noche ordenando archivos y, para cuando quiso darse cuenta, ya tenía que estar arreglándose para irse a trabajar de nuevo. Según el horario hoy le tocaba revisión de material y quiso aprovechar para poder cotillear por el cine…

No contaba con Kylo. Absolutamente. Encontrarle en medio de sus planes de fisgona empedernida con tal de recoger información, le había descolocado el día. Adiós a sus avances por hoy, iba a ser otro día tirado por el retrete.

Bajó de la estantería, dando un salto y encaminándose a la cabina a seguir aseando aquello, parecía una pocilga más que una sala de proyección… Quizá llevaba tiempo en desuso mientras esperaban encontrar a alguien capaz de arreglar el proyector. La verdad es que tuvo suerte con eso. Suerte y experiencia a sus espaldas, todo tenga que decirse.

Subió con cuidado por las escaleras, temiendo encontrarle allí de pie, quizá esperándola. Pero no resultó ser así y agradeció a la Fuerza que así fuera. Había vuelto a referirse a ella con ese apelativo que tanto la sacaba de quicio. "Niña".

Contuvo las ganas de atizar algo mientras regresaba a la cabina de proyección. Hoy tenían la primera sesión digital a las seis de la tarde y luego, a las siete, tenía proyección de aquel tostón de película en la sala 2. Por todos los jedis… Agradeció haberse traído el teléfono móvil para estar rebuscando información por internet mientras proyectaba.

Observó la hora y decidió bajar de nuevo al callejón a tomar su comida mientras esperaba a la primera sesión.

El callejón, lejos de darle el gustazo de calmar sus nervios con algún incidente que pudiera notificar, no pasó absolutamente nada. Na-Da. Y, con lo nerviosa que le había dejado toda la situación con Kylo, se había comido el bocadillo en un santiamén. Aunque, pensándolo bien, si eso había sido comer, iban a tener que revisar el significado de "devorar".

Cruzó el hall con el paso rápido y, justo cuando plantaba el pie en el primer escalón, escuchó que alguien chistaba a su espalda. Se giró, casi temerosa ante los últimos acontecimientos, en absoluto segura de si sería capaz de aguantar un segundo round. Pero no. Era Aphra. Miró el reloj de la entrada. Iba tan acelerada que el tiempo parecía ir despacio, así que no podía escaquearse. Se acercó, y por cada paso que daba, más claro tenía que debía haberle dicho que tenía cosas que hacer. Su cara de puro entusiasmo no auguraba nada bueno.

-¿Se puede saber qué ha pasado ahí arriba? – Alzó la mirada al techo antes de dirigirla de nuevo hacia ella, con un brillo eufórico en los ojos.

- ¿Cómo que qué ha pasado? – Se dio un golpe mentalmente en el cogote. Sabía perfectamente a qué se refería y qué había pasado. A veces, parecía contrita.

- ¡He oído que has discutido con Kylo! – Plantó las manos en el cristal del expositor para acercarse más a ella.

- Emmmm, bueno yo no lo llamaría discutir… - Dejó caer. Sin embargo, Aphra parecía tener suficiente con eso.

- Por todos los lores, Rey, es increíble. Es como si… - Alzó la mirada, boqueando y gesticulando en el aire buscando la manera de expresarse. – No sé, es que… - Volvió a dirigir la mirada hacia ella, rindiéndose antes de encontrar una alegoría que se le aproximara. Lo cual sólo preocupaba a Rey. Sólo había sido un comentario, pero Aphra lo trataba como una hazaña. – Estoy flipando, tía. Y el jefe, arriba –Señaló con el pulgar de nuevo al techo, hacía dónde debía dar el despacho de Kylo. – Está que trina.

- Entonces no sé por qué lo celebras tanto. –Dijo temerosa. Sin embargo, la chica soltó una carcajada.

-Estoy celebrando tus agallas, chica. – Le contestó con un ligero cabeceo. – Nunca nadie se ha atrevido a hablarle así. – Oh, vaya, así que sabía lo que había pasado.

-Igual ese es el problema y mañana estoy de patitas en la calle… - Y justo mientras decía eso, desvió la mirada hacia la puerta. Ahí estaban los primeros clientes pidiendo sus entradas. Ambas lo vieron. Así que cuando Rey hizo amago de decir que debía irse, la chica sólo asintió, despidiéndola con una sonrisa.

Corrió escaleras arriba, sin detenerse por nada del mundo cuando llegó a la puerta de su despacho, hasta dejar a punto la película de la sala 1 en el proyector digital, con el temporizador en el segundo exacto para que se reprodujera el vídeo mientras ella se ocupaba de la película de la sala 2, esa maldita película otra vez. Sin embargo, y a diferencia del día anterior, el paso del tiempo se le hizo bastante más llevadero, porque su mente volaba de un pensamiento a otro sin detenerse en ninguno en concreto. Y resultaba agotador, frustrante y poco esclarecedor.

Hasta que llegó la hora de la última sesión y se permitió dejarse caer sobre la silla giratoria. Ni siquiera sentía las horas de sueño que tenía pendientes. Estaba alerta, despierta, nerviosa y las ideas que llevaban toda la tarde recorriendo dando vueltas alrededor de su cabeza estaban muy lejos de tranquilizarla. Su mente recreaba una y otra vez aquella mirada como una diapositiva estática. Y se había forzado a no pensar en ella sino en que era un capullo de magnitudes siderales, en las excusas que se había puesto a sí misma para hacer aquello y en cómo ingeniárselas para salir por patas si fuera necesario. Pero al final, no había podido evitarlo.

Aquella mirada era de un poder tan crudo que la había paralizado como un cervatillo de Aldera ante los faros de una speeder. Todos sus músculos inmóviles por unos segundos tan largos que había sentido cómo su instinto de supervivencia quedaba atado a sus pupilas por un hilo dorado muy, muy fino. Aquella mirada había sacudido los mismos cimientos de su persona en tan solo un segundo y el escalofrío que había atravesado su columna vertebral como una corriente eléctrica había sido lo único que le había obligado a seguir moviéndose y salir de ahí, andando, corriendo, o arrastrándose con los codos. Como fuera, pero lejos de él y su mirada. Lejos de su poder, su intensidad autoritaria y su magnetismo.

Activó el proyector, por enésima vez, notando en las yemas de los dedos la suave vibración que hacía el rotor de la cinta de vídeo. Y tal y como había sucedido el resto de veces, fue incapaz de ver la película más de cinco minutos seguidos. No podía creérselo. Simplemente sentía que la situación se le había escapado sin darse cuenta siquiera. Que esa mañana tenía las riendas y, de repente, se habían volatilizado de sus manos. No podía creérselo. Y sin embargo, ella misma recordaba haber pensado que haría lo que fuera necesario para llevar a cabo aquella operación. Con lo que no había contado es que su objetivo la hubiera convertido a ella en objetivo a su vez.

No era sólo una cuestión de que todo apuntara a que, tras aquel comentario, pareciera que Kylo le había perdonado la vida. Un comentario que había hecho que Poe se hubiera pasado desde entonces tostándole la oreja, preguntándole mil veces que por qué había hecho eso, por qué lo había dicho, por qué no había podido mantenerse callada, por qué siempre tenía que sacar su carácter cuando menos convenía. Había tenido que amenazarle con apagar el chisme. Porque la respuesta a esas preguntas se reducía a lo de siempre: No había podido resistirse, ni contenerse. Le había salido del alma.

Y lejos de suponer una pena de muerte pendiendo sobre su cabeza, como había predicho Poe, lo verdaderamente jodido era que Kylo, de algún modo, parecía haberle dado carta blanca para que ella no volviera a contenerse nunca. Incluso si eso suponía acercarse a él más de lo que debiera, más de lo que quería y, no obstante… "Haré lo que sea necesario" resonaba en su cabeza con la misma fuerza con la que él le dirigía la mirada.

Apoyó el codo en la mesa de mezclas, polvorienta por el desuso, y se mordió el pulgar, agitada por unas consecuencias que se cernían sobre ella y ni siquiera era capaz de identificarlas todas. Sólo podía estar segura de lo que había visto en esa mirada, peligro, un deseo ardiente y hambre, mucha hambre. Cerró los ojos, pasándose las manos por la cara y dándose cuenta de que, en realidad, por muchas vueltas que le diera, ya tenía conclusiones a las que aferrarse, ya había esclarecido sus metas.

"Lo que fuera necesario" resonaba como un estribillo en su cabeza.

Con un poco de suerte, tampoco sería tan terrible. Kylo no era precisamente un Hutt. De hecho, ni siquiera iba a ahondar en por qué no se negaba en rotundo a que aquello ocurriera de un modo u otro, no pensaba profundizar en por qué le pareció bien tener la atención de Kylo sobre ella. En ese momento, sólo importaba que pudiera usarlo en su favor.

Debería ser insondable, alejarse de él antes de ser usada para un placer perverso y, sin embargo, no pudo evitar morderse el labio con cierta anticipación, como si pudiera saborear ya todo lo que iba a conseguir con ello. Debería tratar de defenderse. Retirarse, quizá dejarlo en manos más capaces que no tuvieran que recurrir al efecto que creaban en un hombre para conseguir resultado. Debería.

Y, no obstante, ella había sido cabezota como un bantha toda su maldita vida. Se iba a agarrar con uñas y dientes a su misión porque este era SU caso, y de nadie más.

Y, como si el universo le diera una patada en el culo, pudo verle de nuevo sentado en su butaca. ¿Cuánto llevaba ahí? ¿Había llegado al principio de la película? ¿Tan desquiciado estaba que se veía la misma película dos veces? En realidad, más que desquiciado, parecía desolado, pero es que antes incluso de que ella misma se diera cuenta, había cogido aire y estaba cerrando la puerta de la cabina a su espalda, enderezándose mientras bajaba las escaleras, planteándoselo y empezando a pensar que quizá las cosas no iban a salir como ella quisiera. Frenó a medio recorrido y pensó que más le valía a la cinta no engancharse y prenderse fuego, destrozando la película… La tentación de regresar sobre sus pasos le invadió y estuvo a punto de hacerlo pero, de nuevo… "Lo que sea necesario".

Abrió con cuidado la puerta de la sala, entrando y enderezándose escalón a escalón, lentamente, hasta llegar a su fila. Empezando a atravesarla, sin mirarle ni saber si él la miraba a su vez, sin saber si quería estar solo y ella le impondría su presencia.

Se sentó justo a su lado, con cuidado de no rozarle ni un poquito, incluso no respirar demasiado fuerte. No le miró de reojo, se forzó a no hacerlo, a mantener la mirada clavada en la pantalla con una intensidad y un interés que no había sentido en ninguna de las ocasiones que había proyectado aquél tostón. Pero luego se maldijo por dentro. No había llegado hasta ahí para quedarse callada. No había llegado ahí para quedarse donde estaba sin hacer nada.

-¿Por qué has vuelto a ver la misma película otra vez? – Le preguntó en un susurro, ladeando la cabeza sin atreverse a girarse hacia él.

- ¿Por qué has venido si te dije que desaparecieras de mi vista? – El tono cortante y afilado como una navaja le rozó la piel hasta casi dejarle una marca interna como la que él llevaba en la cara.

- Porque quería disculparme por lo de antes. – Y el silencio más absoluto se hizo entre ellos y la película, envolviéndoles hasta convertirse en un pitido vacío en sus oídos.

- ¿En serio has venido a disculparte? – Ahora su tono, aun susurrante, fue mucho, mucho más suave, aun siendo severo y duro, contenido incluso. Y ella se delató a sí misma tardando tres segundos demasiado largos en contestar como para que él se creyera una mentira. Casi pudo verle alzar una comisura en respuesta.

- En realidad, no. – Le concedió, casi como una confesión personal, sin poder evitar copiar su amago de sonrisa. El juego estaba en marcha. Y entonces Rey sintió que Kylo se vencía un poco hacia su lado, como si tuviera miedo de molestar a alguien en la sala con solo hablar... Pese a encontrarse solamente ellos dos allí dentro.

-¿Qué piensas hacer si la cinta se enreda?- Rey tragó saliva y cerró los ojos, respirando con la pesadez de alguien a quien acaban de pillarle un fallo importante que, pese a que Kylo pensara lo contrario, ella había tenido en cuenta.

-Desenredarla y evitar un incendio... Probablemente.- Y allá se le iba a Kylo una risita nasal suave, apenas imperceptible... Pero no para ella, quién en sus mejores días cuidaba el más mínimo detalle de aquello que le rodeaba.- ¿Es tu película favorita?

-¿En serio has trabajado antes en un cine?- Rey parpadeó varias veces e intentó contener sus reacciones lo mejor posible… Pero aquello no parecía seguir los derroteros que ella había intuido. Kylo había empleado un sarcasmo algo oxidado quizá de apenas usarlo.- No se habla en las proyecciones.

-Perdón…- Susurró en voz bajita mientras se reacomodaba. Observando la cinta.

El silencio se mantuvo entre ellos mientras aquella película seguía reproduciéndose… Y Rey empezó a verle algo, a encontrar cosas en ella. Quizá era la primera vez que, pese a pillar la película un poco más allá de la mitad del metraje, había captado ya el argumento. Y su cabeza desconectó.

Fue como si todas sus preocupaciones desaparecieran. Rey dejó de pensar en si seguir allí, junto a Kylo, iba a ser buena idea… Más que nada por su puesto en el cine. Y dejó de pensar en si Kylo realmente luego le recriminaría haber dejado el proyector sin vigilancia, precisamente ella que había trabajado en cines, "supuestamente". Dejó de pensar en la misión, dejó de pensar en Poe, quien ya llevaba un buen rato en silencio al otro lado del pinganillo… Había dejado de pensar en todo, entrando directamente en la película y dejándose llevar. Empezando a apreciarle un encanto que… Que no había visto antes.

Cuando aquella secuencia que recordaba cercana al final empezó a proyectarse, ella salió de la película. Tragó saliva, adelantándose un poco, dispuesta a salir de la sala y encaminarse a la cabina, darle a las luces justo cuando salieran los créditos, y esperar a que la cinta llegara a su final permitido antes de voltearla y dejarla lista para el día siguiente… Parpadeó, pensándoselo. Y finalmente accedió, se acercó hacia Kylo quién se ladeó un poco para poder escucharla bien, cosa que sorprendió a Rey.

-Voy a… la cabina.- Él asintió sin agregar nada, justo como hizo ella, quien se levantó finalmente y salió de la sala. Y, sorprendentemente, deseó que los ojos de Kylo dejaran de lado la pantalla para centrarse en ella y su contoneo ligeramente exagerado, saliendo de allí.

Rey llegó a la sala mucho más rápido de lo que había bajado, entrando justo cuando el fundido a negro del final daba paso a los créditos. Esperó al momento oportuno, el primer crédito final, y entonces le dio a las luces de la sala. Y tanto ella como Kylo aguardaron a que salieran los agradecimientos y los logotipos pertinentes. Rey apagó el proyector y rebobinó la cinta mientras empezaba a prepararlo todo para poder marcharse de allí.

Escuchó a Kylo indicar a Aphra que la sala estaba limpia y que podía retirarse, que mañana sería otro día. Rey asintió, pensando que había perdido otro más en vano. Que nada de lo que hacía estaba dando sus frutos, o al menos los que ella esperaba.

Había visto los informes de Poe, quien ofrecía datos nuevos y relevantes desde la primera semana de infiltración... Y ella, en fin. Apenas había descubierto nada. Nada que fuera más allá del pequeño interés que parecía poner Kylo en ella. Uno que le daba margen para tomarse sus licencias con algunas cosas, cosas como responderle cuando no debía o abandonar la sala de proyecciones.

Suspiró y negó con la cabeza, sintiéndose estúpida por haberlo intentando de aquella forma tan patética. Kylo parecía rondar una órbita distinta a toda la galaxia.

La cinta terminó de rebobinarse y Rey la dejó a punto para el día siguiente, programando otra tira de anuncios previos que mañana adjuntaría a la proyección de la tarde. Suspiró, levantándose de la silla y disponiéndose a salir de allí.

Tomó su chaqueta y cerró la puerta de la salita, encaminándose hacia las escaleras y echando inconscientemente un último vistazo a la puerta que le llevaba a su despacho, bajando sin querer el ritmo al que andaba como si le estuviera dando tiempo a aparecer… Zarandeó la cabeza y prosiguió, andando.

Aphra ya no estaba en el puesto de palomitas y Rey salió del cine, las luces estaban prendidas. Kylo era siempre que las apagaba y estaba segura de que se habría quedado haciendo algo allí. Así que suspiró y salió, poniendo rumbo a su piso.

-Parece que la película está descatalogada. No se sabe nada de ella en ninguna parte.- La voz de Hux sonaba al teléfono mientras él lo sujetaba entre su hombro y la cabeza, poniéndose los guantes de cuero para poder conducir la moto sin que le salieran más ampollas de las que ya tenía.

-¿Es posible que la encontremos en el extranjero?- Habló, tomando finalmente el teléfono con las manos.

-Lo dudo mucho, sinceramente.- Kylo asintió mientras tomaba aire.- ¿Sugerencias?

-Ojalá tuviera alguna buena…- Se relamió, alzando los ojos, impaciente por colocarse el casco y llegar a su casa.- Quizá mañana tenga alguna.

-Sí, te digo lo mismo.- Kylo suspiró.- Te dejo. Nos vemos mañana.

-De acuerdo.- Y colgaron sin alargar la despedida mucho más.

Cada día que pasaban sin encontrar a Finn o al cadáver de aquel desgraciado era un día que a Kylo se le echaba encima como una losa. Una pesada, gigante y dolorosa que le asfixiaba. Suspiró, colocándose el casco y arrancando la moto, dándole gas mientras el sonido resonaba en el callejón. Arrancó, dando la vuelta y tomando la avenida principal, saliendo de allí y tomando velocidad hasta detenerse en un semáforo cuando tuvo que girar hacia la derecha para dirigirse a la autopista.

Durante la espera del semáforo no pudo quitarse a esa condenada chica de la cabeza. Llevaba días sin poder hacerlo y estaba empezando a preocuparse… No es como si no hubiera pasado antes. Pero nunca con aquella intensidad. Nunca sin habérselo visto venir desde muy lejos. Pero no se le iba la muchacha del pensamiento, sus formas y sus maneras llamaban a algo que había enterrado muy, muy hondo. No tenía ni idea de qué es lo que actuaba en ella como un reclamo, qué le tenía salivando casi ante su misma sombra. No entendía por qué había bajado, abandonando su puesto con todo lo que aquello podía acarrear. No entendía a qué se debía aquello, acompañarle durante toda la película y se preguntó si ella ya la había visto antes de entrar a trabajar allí. O si le había gustado… O sí… Oh. No. Allí estaba.

La vio en la acera, esperando que la luz del semáforo diera la señal que reactivara sus pasos, metida en su mundo, observando a todas partes, las luces, las calles, la gente. Y cuando así fue, echó a andar, cruzando el paso de peatones en el que él se había parado, frente a ella. La chica ni siquiera miró hacia él, ni debía saber que se trataba de él mientras la veía sacar su teléfono, emitiéndole de su realidad, tal y como debía permanecer y todo a su alrededor parecía negarle. Y aun pudiendo haber acelerado una vez le pasó, no lo hizo hasta que la vio llegar a la otra acera con envidiada despreocupación.

Respiró, ciertamente aliviado. Ni siquiera se había dado cuenta de que era él… Aceleró la moto, surcando las calles y rompiendo el silencio con aquel brutal rugido que llegó a los oídos de Rey inmediatamente.

Ella se detuvo y tomó aire, sintiendo que le habían dado gas a su corazón y se le quedaba la respiración atascada en el pecho. No podía ser y sin embargo… Reconocería esa moto en cualquier parte, tanto como reconocía la figura de esos hombros recortados contra la oscuridad de la noche, el brillo del casco reflejando las luces de la carretera. Era él. Le había tenido a tan solo un par de metros sin darse cuenta. Se había acercado a ella y ni siquiera se había pispado hasta que había pasado detrás de ella. Sintió la garganta reseca, tragando saliva sin poder hacer nada por calmarse y un millón de escenarios posibles se sucedían ante sus ojos, tan rápido como aquella bestia motora se alejaba.

Un escalofrío recorrió su espalda mientras retomaba el camino, pensando que, posiblemente, no estaba dando tantos palos de ciego como creía que estaba dando. Pero debía estar más alerta. Un solo despiste, una sola respiración fuera de su tiempo, y sería él quien tomaría el control sobre cualquier situación.