7. Negativo con positivo
Ya no sabía si eran sus propias paranoias las que le hacían oler a carne quemada tras cada calambrazo o si era algún tipo de efecto colateral propio de mezclar alcohol con medicación… O si acaso era la herida de la cara, que se le estaba infectando, que no se la estaba cuidando por falta de tiempo.
No sabía dónde estaba la razón, dónde estaba el punto. Se sentía en medio de un incendio, sin saber a qué llamarada atacar primero con tal de sofocarla. Había demasiadas, le estaban rodeando. Y no tardaría mucho en desistir igual que hacían en ese momento sus ojos, cerrándose de tanto en tanto con cada trago de alcohol que había dado.
Snoke había estado llamándole todo el día y él no tenía ganas, no quería hacerle frente, no quería explicarle por qué no tenían novedades después de un par de días de búsqueda intensa porque estaba seguro de que Snoke se preguntaba cómo podían dar con bandas, que comerciaban todavía más ilegalmente que ellos, sin apenas pistas… Pero no con un tipo desorientado y asustado al ver un cadáver.
Tras pasarse todo el día recibiendo calambres e intentando evitar a quien fuera que se le cruzara, encerrándose en aquel despacho, finalmente le había respondido a la llamada. Y Kylo le había prometido novedades pronto mientras escuchaba a aquel adefesio respirar al otro lado de la línea.
Desde entonces los calambres habían cesado, tras ocho horas intensas de toques de atención que cada vez se alargaban un poco más.
Finalmente, los ojos se le cerraron completamente, haciendo que se derrumbara sobre la mesa, dando un golpe seco al precipitarse. Estaba aguantando demasiado sin saber tan siquiera cómo lo hacía… Pero no iba a durar demasiado, esta vez no.
Llevaba bailando en el límite más tiempo del que podría resistir.
…
Rey había perdido la cuenta de las veces que se había visto ese vídeo desde ayer por la noche, cuando regresó a casa rememorando el día que había tenido. Se había ilusionado con que quizá, quizá, el momento compartido con Kylo en la sala le hubiera hecho avanzar en algo. Acercarse al jefe e intentar entablar una especie de amistad era una táctica que le había servido mucho, tanto a ella como a Poe en un pasado… Pero, después del trato que había recibido por parte de Kylo aquella mañana, estaba empezando a pensar en cambiar su estrategia.
Kylo estaba seco, quizá medicado de más pues tuvo que darle la razón en silencio a Aphra. El espasmo que le vio la otra vez no tenía nada que ver con los que había visto hoy. Aquello era demasiado y todo el mundo hacía como que no se daba cuenta de ello.
¿Quizá padecía de esquizofrenia? ¿Quizá era una consecuencia a raíz de la medicación que tomaba para algo? ¿Quizá tenía depresión? ¿Quizá…? ¿Quizá era solo un tic? No. Negó con la cabeza. No, para nada era un tic. Podría pasar por tic el pequeño espasmo de la otra vez, pero no los de esa mañana. Ni de coña.
Aquello tenía más trasfondo, uno médico que nadie sabía localizar. Ni tan siquiera Connix, moviendo sus contactos en el hospital, buscando en su historial médico… Uno que estaba casi vacío, donde sólo había anotadas visitas médicas con tal de coserle alguna herida demasiado profunda ¿Por qué no tenía un historial médico más detallado? ¿¡Acaso aquello era normal!?
Gruñó, dejándose caer sobre la silla mientras volvía a deslizar el puntero del vídeo, recargándolo y poniéndolo de nuevo desde el principio.
Había estado dándole vueltas a la conversación que tuvo con él, cuando le había soltado aquella pequeña bombita que estalló en él con la fuerza de un disparo propio de la Estrella de la Muerte.
"Tienes cara de no haber entendido el final de Twi'lek Peaks"
La cara que se le quedó a Kylo le dio a entender que ese comentario tan al azar, tan poco pensado, tan poco cualquier cosa, había estallado en él y le había dolido como un piedrazo en el estómago. E intuyó que quizá aquella serie le gustaba, le gustaba mucho. Quizá lo suficiente como para ofenderle con ese comentario.
Y quería probar suerte con algo, con una ocurrencia alocada que había aparecido en su cabeza como una seta de Kamino.
Obi-Wan tenía un piano en casa, cuando ella era niña, y recordó haber visto a su padre adoptivo tocarlo en varias ocasiones. Sabía cómo funcionaban, cómo accionarlo y cómo manejarlo… O, al menos, lo sabía en ese entonces, cuando sus piececitos no llegaban a los pedales y tenía que conformarse con pulsar teclas aleatorias que Obi-Wan le dictaba.
La canción que abría cada episodio de Twi'lek Peaks no parecía ser demasiado complicada. Y ella estaba dispuesta a seguir practicando hasta que estuviera segura de poder interpretarla con soltura.
Un chasquido en el proyector le hizo alzar la cabeza de golpe. La película estaba llegando a su final y ella se alegró desmesuradamente. Aquel día lo había echado por el retrete, otro más. Otro día más de investigación que había perdido, el cual sólo ocupaba una línea en el informe. Una línea escueta y vergonzosa para ella.
"Sin novedades aparentes"
Tenía ganas de largarse a casa y parecía que el momento había llegado ya aquella madrugada. Prendió las luces de la sala con los primeros créditos finales y esperó impaciente a que estos terminaran para poder sacar la bobina y empezar a prepararla para el día siguiente. De hecho, estaba tan cansada que sentía cómo su cuerpo empezaba ya a recordar la forma de la cama y, como si todo en ella le diera la razón, bostezó, desperezándose lánguidamente antes de salir de la cabina, llegando a la conclusión de que aquella noche apenas cargaría el portátil antes de dejarse caer sobre el colchón. La sola idea le provocó otro bostezo.
Recogió sus cosas y enfiló todo el pasillo, sin apenas detenerse ante la puerta de Kylo. Tenía que conseguir entrar en ese despacho y encontrar algo, lo que fuera. Porque el simple hecho de que se pasara ahí dentro todo el maldito día le daba a entender que ese era su centro de operaciones, que desde ahí manejaba todos los hilos. Así que ahí debía estar toda la información, al menos tendría que haber algo relevante, algo a lo que poder hincarle el diente. Vamos, no podía ser tan complicado. Había vivido y sobrevivido durante años en la basura y con las leyes de la calle. Esto, salvando las distancias, no podía ser muy diferente.
Estaba pasando los brazos por las mangas de su chaqueta mientras bajaba las escaleras al trote cuando oyó ese taconeo tan característico y severo tras ella. Ni siquiera se giró, suponiendo que el pelirrojo iría directo a la puerta de su jefe.
-¡Señorita! – La llamó Hux desde el pasillo, acercándose a ella con el paso acelerado. Rey se detuvo en mitad de la escalera, sorprendida por aquel cambio en sus suposiciones. Y quizás, a lo mejor, se estuviera planteando hacerse la sorda y seguir escaleras abajo. - ¡Rey! – volvió a llamarla, anulando de lleno su plan de huida inmediata y viendo cómo se alejaba de ella su plan de meterse en la cama lo antes posible. Se giró sobre sus talones, a la vez que Hux empezaba a bajar las escaleras apresurado. - Necesito que me haga un favor porque no puedo quedarme. Normalmente, me encargo yo pero acabo de recibir una llamada urgente así que esta noche le toca a usted.
- Sí, claro, sin problema. – Le respondió con una disposición de la que se estaba quedando ya sin excedentes. – Dime de qué se trata. – Y la verdad es que empezaba a suponer que sería un tema técnico, o incluso un cambio de programación a última hora, como ya había sucedido antes.
- Encárgate de que Kylo se vaya a su maldita casa y no pase una noche más en su condenado despacho. – Le encomendó con el tono con el que se ordena algo y debe ser cumplido a rajatabla. Y cuando le vio alzar la ceja, Rey supo que se le debía haber quedado cara de tonta, o la boca abierta, y estaría pensando que se le había quedado el cerebro enganchado intentando asumir lo que acaba de decirle. No se alejaba mucho de la realidad. – Le pagaré el taxi o lo que haga falta. – Le decía mientras cubría sus manos con aquellos guantes negros que se ajustaban a la perfección, mientras reiniciaba su marcha escaleras abajo y ella se quedaba en el sitio asimilando aquello. – La veré mañana.
"Mierda", fue lo único que le llegó a la mente en ese momento, y "tienes que estar de coña" justo después, al tiempo que veía al pelirrojo cruzar las puertas sin darle opción alguna a negarse como, sin duda, debería haber hecho desde el principio. Casi pudo escuchar cómo gemía su cama sin ella mientras intentaba restablecer las conexiones necesarias entre sus neuronas para volver a funcionar y actuar de algún modo. Porque seguía ahí parada, en mitad de la escalera, sin hacer nada. Alzó la mirada al techo y lanzó un bufido a mitad de camino entre un gruñido y un gemido lastimero y de cansinez absoluta.
Porque, por mucho que Aphra celebrara sus agallas, no es como si, en ese momento, fuera sobrada después de todo. ¿Con qué cara iba a llamar a su puerta, asomar la nariz, molestarle en lo que fuera que estuviera haciendo, y decirle que Hux le había pedido que se encargara de él como si no pudiera encargarse solito? ¿Estamos locos? ¿Es que acaso todo aquello se había convertido en una obra de teatro y ella era el alivio cómico? Porque no entendía nada, se le escapaba el absurdo de la situación.
¿Qué esperaba ese tipo? ¿Que le hiciera algún tipo de caso? ¿A ella, que no era más que una subordinada, una empleada, y encima novata? Que, con un poco de suerte, se reía de ella y la mandaba a casa. Ya lidiaría con Hux por la mañana. Que, en última estancia, Kylo no era en absoluto su responsabilidad… No de aquel modo.
Mientras subía la escaleras, sus ojos dieron de lleno con aquel piano que siempre veía cuando pasaba de largo, siempre demasiado ocupada como para apreciarlo. Al instante, se le encendió una bombilla en la cabeza, asomó los ojillos una idea y cogió aire. Quizás había algún modo de no tener que llamar a su puerta y salvar un poco aquella coyuntura. Y, como si estuviera de oferta, una segunda idea le vino a la mente. ¿Y si mataba dos pájaros de un tiro?
Se sentó en la banqueta del piano, dudosa pero mirando las teclas casi con reverencia. Despuntaban en su memoria recuerdos de una época más tierna, donde una melodía suave tendía a hacer de nana y le calmaba siempre. Sin embargo, sacó su teléfono, buscó la partitura que había estado mirando buena parte de la tarde y lo colocó ante ella en el borde que le sirvió de repisa.
Pulsó una tecla, de repente temerosa de que el piano estuviera irrevocablemente desafinado. Luego, elevó las manos sobre el teclado, dejando que las yemas de los dedos rozaran una a una las blancas y negras que debían sonar, insuflándose valor silenciosamente, hasta que se dejó fluir entre ellas, tocando el primer compás con cierta inseguridad y algún gazapo hasta que creyó estar cogiéndole el ritmo y el truco a la melodía.
Lo repitió una vez, con una seguridad que iba, muy poquito a poco, en aumento, mirando cada vez menos la pantalla iluminada de su teléfono. Y lo repitió otra vez, escuchando los acordes que tanto había silbado cuando veía la serie en cuestión. Al final, casi estaba segura de que sonría satisfecha ante su propio logro, esperanzada porque a él le gustara tanto como a ella o lo apreciara una décima parte de lo que lo hacía ella. Seguro que lograba que la perdonase un poquito por aquel comentario.
La primera nota de aquella banda sonora le hizo alzar la cabeza en un resorte. Y parpadeó varias veces, dudando de si estaba imaginando, si todavía seguía dormido por el alcohol o si quizá estaba empezando a desvariar. No rechazaba ninguna de las opciones pero se le descartaron todas cuando siguió escuchándolo, con fuerza, subiendo, resonando… Y el corazón se le paró de golpe, accionándose casi por inercia, como si llevara el piloto automático activado en su cabeza. No era consciente de nada, actuaba por impulso esta vez y no parecía querer frenarse.
Rey siguió tecleando, sonriendo poco a poco. No había seguido la serie, era una de esas que sólo parecía gustarle a Obi-Wan y que ella, de vez en cuando, se sentaba su lado. Intentando ver algún capítulo, pero sus ganas de jugar a pistoleros le podían. Y Twi'lek Peaks, por algún motivo, le despertaba las ganas de jugar a Contrabandistas y Chatarreros.
El revuelo que escuchó en el despacho le hizo salir totalmente de sus pensamientos. Apenas tuvo tiempo de voltear la cabeza cuando Kylo abrió la puerta del despacho. La imagen que vio Rey fue sobrecogedora, como si hubieran sacado ese momento de alguna película de terror de los sesenta.
Kylo parecía estar fuera de lugar, hiperventilando. Su silueta recortada por la intensidad de la lamparita de su escritorio, mucho más potente que las luces de pared propias de la sala donde estaba Rey junto al piano.
Y fue a decirle algo pero Kylo pareció adelantarse.
-¡¿Se puede saber qué narices estás haciendo!?- Rey dejó de tocar, alzando las manos y cerrando los puñitos, asustada ante aquel tono que se gastó Kylo, casi rozando la amenaza.- ¡Aléjate del condenado piano!
-Lo siento, yo…- Kylo siguió acercándose y ella entonces se levantó, sintiendo que el hecho de estar sentada frente a aquel monstruo gigante la dejaba en desventaja.
-¡No vuelvas a tocar el puto piano! ¡¿Me has oído!?- Rey boqueó, asintiendo y viendo que, pese a todo, seguía dando palos de ciego.- ¡¿Qué cojones te crees que es esto!? ¡¿Qué cojones se supone que estabas haciendo!?
-Yo, es que… Hux me…- Kylo estiró el brazo, tomando la tapa de las teclas y cerrándola en un golpe sordo que resonó en la sala mientras Rey daba un paso atrás, alejándose.
-¡Lárgate!
Rey tragó saliva, retrocediendo varias veces hasta tener que voltearse para poder ver dónde pisaba, asustada y enfadada a partes iguales. Bajando las escaleras acalorada mientras sentía que el corazón se le salía del pecho, sintiéndose un fracaso.
Sentía que no había hecho nada más que dar palos de ciego con Kylo, con sus intentos por acercarse e intentar sacarle información de alguna manera. Seguía moviéndose en torno a él sin saber siquiera calcular un margen de respuesta, siempre desconcertándola. Y es que Kylo tenía un patrón de actuación caótico, cambiante e inestable. Impredecible.
Nunca sabía por dónde le iba a salir el tiro, mucho menos después de la escenita con el piano. Esperaba otra reacción que, visto lo visto, distaba mucho de la realidad con la que se encontró. Esperaba que saliera pausado, esperaba que le observara tocar y esperaba también que quizá se sentara a su lado o le hablara, suavemente, sobre la serie o lo mucho que le gustaba algún aspecto que ella tendría que fingir conocer.
Tener un conocimiento mínimo de cine también la situaba en una posición de desigualdad. No podía hablar con él sobre algo que ella no conocía. Y Poe no había dado señales desde que dijo que estaba esperando a Finn. Le apretó el corazón la idea de ver que su amigo estaba centrado en otros campos… Pero no podía depender de él, se dijo.
El caso era suyo. Única y exclusivamente suyo. Y Poe estaba de baja, recuperándose y agradeciendo estar vivo… Oh, por la Fuerza.
Se detuvo en medio de la calle, respirando con normalidad mientras las farolas le alumbraban el camino. Rey se dejó caer en una pared, apoyándose mientras alzaba la vista al cielo, esperando ver estrellas y encontrando contaminación lumínica por doquier.
¿Cómo podía haber pensado de esa forma tan terriblemente egoísta con Poe? Por todos los holocrones, estaba de los nervios. Y saber que al llegar a casa su único trabajo sería dormir y procesar otra forma de acercarse a Kylo en vez de redactar novedades, no le hacía estar de mejor humor.
Se pasó la mano por la cara, reanudando la marcha mientras andaba con un malestar creciente, sintiendo el peso real de su cuerpo por primera vez, cargándolo en vez de sentir ese peso como suyo.
Su piso, frío por la humedad y solitario como un rancor, le arrancó un suspiro a Rey mientras cerraba la puerta. Descalzándose a medida que andaba, acercándose al tablón, buscando el ordenador y apagándolo. Hoy no había tenido la oportunidad de grabar nada… No había nada que revisar. Nada. Y odiaba esa palabra con todas sus fuerzas.
Quizá, centrarse en Kylo era una mala idea. Quizá era la forma equivocada de hacer las cosas y quizá, sólo quizá, debía centrarse en ser más escurridiza, más inteligente, más activa mentalmente y más invisible cuando se trataba de cámaras de seguridad.
Se tumbó en la cama, finalmente. Observando el techo con los brazos cruzados tras su cabeza. Quizá mañana debía empezar a localizar las cámaras de seguridad para avanzar un poco, aunque sólo fuera eso.
…
Se dejó caer sobre la pared, alzando la mirada al techo, consciente de su error al segundo de cometerlo, sintiendo en el pecho el ruido que hizo la puerta de la calle cuando ella salió huyendo. Suspiró, cerrando los ojos, y su mente, como castigo, reprodujo todos y cada uno de los gestos que había visto en su cara, el entusiasmo inocente, la sorpresa, la decepción y el miedo. Miró hacia el piano reconociendo, de repente, la melodía que la chica había estado interpretando y volvió a cerrar los ojos, con fuerza, reprendiéndose a sí mismo por haberse comportado como un capullo. Incluso más, como un bruto y un gilipollas.
Entró de nuevo en el despacho, cerrando las puertas detrás de sí. Los objetos sobre su escritorio llamaron su atención y la botella vacía, que sobresalía entre todo aquello como la mayor prueba que delatara su vergüenza, brillaba entre todo lo demás. Ese no era él. Y a la vez, lo era más que nunca. Ese era el monstruo que habían hecho de él, lejos, muy lejos, de ser hombre más que en la mera apariencia.
Se sentó de nuevo en el escritorio, abriendo el cajón en el que guardaba el contrato de la chica. Miró su caligrafía, firme y sencilla, limpia, clara y decidida. Todo lo que él no era. Y si la muchacha era de verdad tan lista como le había demostrado, no volvería a trabajar al día siguiente. No después de lo que acababa de suceder.
No es como si sus circunstancias hubieran cambiado en absoluto. Pero una parte de él, una que no pudo evitar, por pequeña y absurda que fuera, por ilógico o inadmisible que resultara ser, sentía que volvía a estar absolutamente solo de nuevo. Y eso le hizo hundirse en su silla, dispuesto a pasar una noche más anclado a recuerdos que volvían desde las sombras para devolverle la mirada… Con la misma fuerza que esa chica… Rey.
…
Contrariamente a lo que su instinto le gritaba, que era quedarse en la cama e hibernar hasta la primavera próxima no, la siguiente, reprodujo todas sus rutinas mañaneras y cerró la puerta de su apartamento con un bollo glaseado en la boca. En días normales, no tenía que entrar a trabajar por las mañanas, no si todo estaba en orden. Pero después de los últimos acontecimientos, no estaba muy dispuesta a respetar los horarios. No podía olvidarse de que tenía dos trabajos y, mientras una jornada empezaba por la tarde, la otra le exigía su tiempo al completo. Así que iba a dedicar sus mañanas libres a fisgonear, que era lo que mejor se le daba y que estaba delatándose a sí misma estar algo oxidada.
Abrió el cine pero no se permitió pensar ni por un momento que estuviera sola. Sabía que ese lugar era la tapadera legal para, al menos, un par de delitos graves. Así que, aunque no viera a Aphra, ni a Hux, ni a Kylo por ninguna parte, actuó como si de verdad estuvieran ahí. Lo que le recordó el tema de las cámaras que estaban en casi todas las esquinas, anulando todos los puntos muertos. De alguna forma, estuvieran ellos o no presentes físicamente, dejaban claro que estaban de algún modo.
Necesitaba encontrar esa maldita sala, el control de las cámaras de seguridad y video. Si no iba ni a poder respirar cerca de aquella puerta que había activado todos sus radares de peligro, iba a tener que dar con algo que llevarse a la boca o cubrirse las espaldas. Y en previsión de que estaba sola, iba a tener que apañárselas a la antigua usanza.
Alzó la mirada al techo, consciente en todo momento de que no podía hacer un solo movimiento que resultara sospechoso. Pero cuando dio con el cable de la alarma, sus pensamientos se centraron sólo en eso. Si había alarma…
Claro que había alarma. No había un solo lugar, establecimiento o casa mínimamente habitable que se arriesgara a no tenerla. Pero un sitio como ese, y con los fondos más que suficientes para un sistema bastante competitivo y seguro – porque tenía que ser muy, muy seguro para poder proteger todo lo que se llevara a cabo entre aquellos muros – tenía que disponer de una estructura de cableado que le llevara directa a la sala de control.
Se mordió los labios para no sonreír y tuvo que contenerse mucho, muchísimo, para no saltar ahí mismo, o marcarse un baile en honor a todas las luces que habían aparecido justo cuando más las necesitaba. Y como si todo a su alrededor quisiera delatar y descubrir sus intenciones, su teléfono vibró y resonó con un ruido estridente, sobresaltándola y haciéndola dar un respingo del susto.
Se palpó los bolsillos, buscándolo entre sus holgados pantalones de trabajo y frunció el ceño, entre sorprendida y asustada, con el corazón martilleando contra sus costillas, cuando vio el nombre que tenía registrado en la pantalla. Hux. ¿Le llamaba para pedirle explicaciones por lo de anoche y no haber cumplido con lo que le había pedido? ¿O es que estaba viéndola por alguna cámara? Se giró sobre sí misma y justo le vio aparecer por las escaleras que daban al almacén, con el teléfono en la oreja. Un segundo después, clavó los ojos en ella, mirando el teléfono que Rey seguía sosteniendo en la mano y luego mirando el suyo propio antes de encogerse de hombros, colgar y devolverlo al bolsillo de su pantalón.
-Buenos días, señorita. Es usted muy oportuna. – Le dijo a modo de saludo. Rey seguía con el ceño fruncido, copiando su gesto al guardar de nuevo el teléfono. – Casi podría acostumbrarme a esta rapidez de respuesta.
- Buenos días. – Le respondió. Y cogió aire para empezar a justificarse. –Oiga, le pido disculpas pero anoche creo que no logré hacer lo que me pidió y… - Hux movió la mano en un gesto altivo, interrumpiéndola.
- No se preocupe por eso ahora. Llegó a casa y me sermoneó por enésima vez sobre por qué no debo estar pendiente de sus hábitos de sueño. Supongo que ya se habrá dado cuenta usted sola de que es idiota. – A Rey se le fueron abriendo los ojos cada vez más con cada palabra que decía. Pero esa última frase ni siquiera supo como tomársela. ¿Intentaba hacer que se relajara por lo ocurrido? ¿Lo sabía? ¿Era posible que hubiera hablado más con Hux que con Kylo? ¿Acaso debía modificar su objetivo y tanto Poe como ella lo habían enfocado mal? – De todas formas, no le llamaba por eso sino porque ha habido una bajada de tensión y preciso que vaya a comprobar los plomos. – Metió una mano perfectamente enguantada entre las solapas de la chaqueta y sacó un juego de llaves, seleccionando una y ofreciéndosela, dándole las indicaciones para llegar a la sala en cuestión. Rey elevó la mano para cogerla al tiempo que el pelirrojo volvía la alejaba de su alcance. Ella desvió la mirada de la llave a él y vio su desconfianza suspicaz. – No tarde y no dude en buscarme para devolvérmela lo antes posible. – Rey tragó saliva y asintió, al tiempo que sentía el frio metal en su mano. Cerró el puño en torno a ella.
Ahí estaba, esa era su oportunidad. No podía dejarla escapar. Aquello era mejor que seguir con disimulo la trayectoria que dictaban los cables, intentando que su mirada fuera lo más discreta posible para no delatarse ante las cámaras que seguramente la estarían grabando. Recogió por el camino su caja de herramientas e intentó que el entusiasmo y el nerviosismo que corría exaltado por sus venas no la delatara mientras sentía la mirada de Hux clavada en su espalda, como si estuviera esperando que diera un solo paso en falso para comérsela con patatas.
Bajó al sótano, llegando donde supondría que estarían los plomos, frenándose en la antesala previa al almacén donde se guardaban las bobinas y aquella puerta que tantas ganas tenía de atravesar.
Abrió la sala de los contadores y se adentró allí, dándole a la luz y observando el espacio. Pequeño, polvoriento. Con telarañas y suciedad que no tenía ganas de adivinar de dónde procedía o a qué se debía.
Abrió la tapa de los contadores y observó el cableado y todos aquellos interruptores que se alzaban ante ella, dándole una cierta sensación de poder y control que hasta ahora no había sentido en la misión.
Aquella sala de cine gastaba una barbaridad de luz por lo que estaba observando durante la revisión, mientras toqueteaba el aparato y revisaba los cables buscando algún daño a esa bajada de tensión… Y se detuvo, observando el cableado y hacia dónde podría conducir.
Se quedó leyendo las etiquetas, buscando alguna pista, algún nombre, algún dato que le indicara que aquellos plomos que iba a toquetear serían los que correspondían a la sala de vigilancia. Y allá estaba, una etiqueta vieja, sucia y polvorienta con una inscripción que le hizo intuir lo que en ella se guardaba. Las cámaras…
Rey tomó aire y empezó a toquetear los contadores, bajando el límite de vatios permitidos con la intención de hacer saltar los plomos no sin antes dar con el problema que había ocasionado aquella "bajada de tensión". Un cable pelado siempre era capaz de desestabilizar un gran sistema. Y aquellos cines parecían tener un grave problema con las ratas…
Tomó aire y volvió a prender la luz de los cines, escuchando cómo el generador se ponía en marcha, cómo todo empezaba a encenderse y Rey aguardó, aguardó hasta que la corriente llegó a la sala de cámaras… Y allá se iban los plomos otra vez.
El cine sufrió un apagón, otro más al parecer, y el taconeo de Hux no tardó en escucharse bajar por las escaleras. Rey volvió a colocar de nuevo los vatios permitidos antes de que ella lo modificara. Para cuando terminó, Hux ya había abierto la puerta.
-¡¿Qué ha pasado!?
-Parece que algo no va bien…- Aquella frase tan poco ingeniosa le arrancó un suspiro nada disimulado a Hux.
-¿Y puede averiguar qué es ese "algo"?- Rey se levantó, palmoteándose las manos y observando los contadores antes de dirigirle la mirada a Hux.
-¿Entiende de electrónica?- Hux arqueó una ceja y Rey suspiró, aguantando una sonrisa. Suponiendo que podría aprovecharse del desconocimiento de Hux. Tenía pinta de llamar a técnicos cada vez que algo no le funcionaba en casa.- De acuerdo… Se lo explicaré resumido.- El pelirrojo ladeó la cabeza.- Posiblemente haya algo que esté saturando el contador.
-¿Saturando?
-¿Hay alguna sala donde tenga una amplia gama de aparatos conectados?- Hux le mantuvo la mirada mientras Rey podía leerle en la cara las dos salas en las que pensaba.
-La de vigilancia.- Rey se mantuvo en silencio, esperando a que fuera Hux quien lo propusiera.- ¿Puede saber si el fallo viene de ahí?
-Sí, claro. Puedo comprobar la sala de cámaras.- Hux desvió la mirada un segundo, pensando a toda velocidad mientras Rey se mordía el labio, mirándole como si no tuviera malas intenciones. Con una inocencia de la que carecía totalmente. El pelirrojo terminó suspirando y hurgando de nuevo en su bolsillo.
-Tenga. Vaya a la sala de cámaras…- Dijo, dándole otra llave. Rey maldijo internamente no llevar ningún molde con plastilina para sacar el molde de la llave. Y cuando le vio darse la vuelta reforzó más su baza de inocencia.
-¡Espere!- Hux se detuvo, dándose la vuelta.- Esperaba que me acompañara usted…- El pelirrojo terminó de girarse.
-¿Por qué? ¿No sabe dónde está la sala?- Rey negó con la cabeza.- Pregunte a Aphra. Yo tengo cosas que hacer.
Cuando Hux viró completamente, Rey sonrió de oreja a oreja, asintiendo y siguiendo el camino de Hux, escaleras arriba. Buscando a Aphra quien, por la hora que era, ya debería de haber entrado a trabajar.
Y la encontró limpiando uno de los expositores de palomitas. La chica estaba sonriente y descansada. Le indicó que la sala de vigilancia se encontraba justo en el pasillo que daba a la salida de emergencia, en esa misma planta baja. Pasando el puesto de palomitas y casi, casi, colindante a la sala de proyección digital.
La puerta de la sala de vigilancia se encontraba escondida tras un póster de cartón promocional que Rey hizo a un lado, apoyándolo de uno de los pilares.
Abrió la puerta y allá estaba esa sala. Abriéndose ante ella como un mundo entero de posibilidades… Y Rey agradeció haber contado con ello. Entrecerró la puerta para darse privacidad y dejando entrar un poco de luz propia de la calle por el resquicio que había dejado.
Se acercó a los paneles, a aquellas pantallas y observó el cableado, adelantándose sobre la mesa y observando con la cabeza pegada a la pared. Los cables parecían conectar aquellos paneles con otra habitación… Quizá un despacho. Por la forma en la que estaba situado el cableado y el polvo sobre la silla del supuesto vigilante, Rey intuyó que la imagen de aquellas cámaras no sólo se estaba proyectando allí, sino en algún despacho.
Tocó los monitores y estaban calientes, señal de que debían estar conectados para que lo que sea que se grabara quedara registrado en cintas de video-vigilancia mientras que, donde fuera que se re-proyectara la imagen, sólo se hacía para eso. Para proyectar a alguien y no dejar constancia de lo que se estaba grabando.
Otra pieza encontrada en aquel puzle de fichas sin sentido; La sala de vigilancia era un recurso que estaba activo por obligación porque, si por los dueños de aquel cine se trataba, aquella sala estaría apagada y la imagen grabada se dirigiría directamente a sus ordenadores. La tecnología de aquel cine era vieja y cambiarla supondría un bloqueo del cine, una clausura que no parecían estar dispuestos a permitirse. Al igual que tampoco iban a permitir que nadie externo a aquella organización rondara y toqueteara el cine a sus anchas.
Rey simplemente vio la oportunidad, hurgó en su bolsillo, sacando una pequeña y diminuta unidad BB que Poe solía utilizar para transportar, captar y archivar información. Aquel aparatito diminuto era capaz de todo sin ser apenas detectado.
Rey buscó algún puerto, algún lugar oculto donde poder conectarlo. Por lo polvorienta que estaba aquella sala supo que nadie solía adentrarse a frecuentarla, así que aquel aparatito estaría a salvo, y más si lo colocaba en un sitio de difícil acceso.
Colocó aquel cacharrito y lo programó para que, una vez el cine tuviera luz de nuevo, se conectara y así tuviera acceso directo a las cámaras de video-vigilancia. Acto seguido, peló un cable y lo enrolló con cinta aislante por si al pelirrojo se le ocurría pasar a revisar sus mejoras allí dentro.
Terminó con la cinta y suspiró, dispuesta a levantarse cuando, de golpe, la puerta se abrió a sus espaldas. Ella se giró, todavía arrodillada al suelo, y alzó la vista para verle. Allí estaba, Kylo Ren. De nuevo con la silueta recortada por la luz pero, a diferencia de la madrugada anterior, sin la respiración descontrolada.
Tragó saliva y se levantó lentamente. No le esperaba para nada y sintió que el corazón se le aceleraba con tan solo pensar en qué hubiera pasado si Kylo hubiera decidido aparecer antes.
-¿Qué haces?- Rey le miró, sorprendida.
-Hux me ha pedido que revise esta sala.- Kylo le siguió manteniendo la mirada y Rey tragó saliva.- Hay algo que estaba haciendo saltar los plomos…- Kylo siguió en la misma postura y Rey se dio la vuelta.- Tenéis un problema con las ratas, hay bastantes cables pelados…
-Lo que sí se quedará pelado es el bolsillo del cine si contratamos a un exterminador.- Rey achicó los ojos sin entender muy bien a qué venía aquello ¿Eso era un… chiste?- ¿Llevas mucho tiempo aquí?
-Sí. He llegado hace unas horas…
-Hoy no te tocaba venir por la mañana.- Ella se alzó de hombros.
-Ya pero si me llaman, vengo. Y Hux me ha llamado.
-Y has venido.- Ella asintió y Kylo se hizo a un lado mientras Rey se quitaba el polvo de la ropa y volvía a coger su caja de herramientas.
Entonces, las neuronas de Rey dieron un chispazo ante aquel último comentario. El tono era amable, comedido… Puede que incluso tranquilo. Y sin embargo es como si… Como si hubiera esperado no volver a verla. Como si se hubiera hecho a la idea de que ella renunciase a su puesto. Pasó por su lado, sin poder evitar fruncir el ceño ante aquellos cambios de humor y de actitud que le desconcertaban por completo, que volvían a hacer que se perdiera una y otra vez a la hora de tratar con él.
-Claro que he venido. – Le mantuvo la mirada. – No sé tú, pero en mi vida el alcohol y la comida no se pagan solos. – Buscó la llave y cerró la puerta tras ella, después de haberlo dejado todo a punto y sintiéndose un poquito más realizada y eficiente que hace unas horas. Lo cual, por sí mismo, ya era todo un logro. Y sí, incluso estando de pie, Kylo seguía siendo imponente, pero ya no se sentía tan vulnerable.
- De algún modo, había esperado que no volvieras después de lo de anoche. – Y ahí estaba, la confirmación de sus pensamientos. Sin embargo, no había escuchado una disculpa por ninguna parte. Le miró a los ojos, sin poder evitar alzar una ceja.
- Sinceramente, Kylo, te vas a tener que esforzar mucho más que eso para entrar siquiera en el ranking de los jefes más cabrones que he tenido. – E intentó que sus comisuras no la delataran mientras trataba de esconder una sonrisa. Echó a andar y Kylo le siguió el paso.
- Y yo que iba a decirte que te fueras a casa, hasta que fuera tu hora, para evitar que te duermas en las horas de proyección y tener que sancionarte estrictamente… - Le contestó, con ese tono suave, grave. Era casi decadente. Y algo en ella le sugirió que se lo decía con la cadencia de un ronroneo que casi la provoca el frenar el paso y quedarse helada en el sitio.
- Uy, qué miedo… - dijo divertida, con una risa nasal, al tiempo que intentaba salir del paso, con cualquier cosa, cualquier táctica, por infantil que fuera. E iba a aprovechar que Kylo parecía tener mejor humor aquella mañana. – Mira cómo tiemblo. – Le vio alzar una ceja y pasarse la lengua por los dientes. – Mira. – Se acercó a él, remangándose para mostrarle la piel de su brazo. – Mira, me pones la piel de gallina. – Alzó la mirada de nuevo hacia él. No. Mala idea. Abortar táctica. Y no volver a mirarle a los ojos. ¿Cómo podían tenerse unos ojos tan negros? Juraría que… - Voy a tener que ponerte en otro ranking. – Y ya sí que no pudo evitar sonreír ampliamente al ver su cara. Puso los ojos en blanco ante lo absurdo de aquel cachondeo y, cuando llegaron de nuevo al hall, como si hubieran llegado a la luz del día, Kylo se quedó en el quicio del pasillo y ella siguió su camino, sin girarse hacia él ni una sola vez.
Sin una mota del miedo que le había visto la noche anterior.
Kylo se quedó en la sombra de aquel pasillo, viéndola subir las escaleras con aquel suave zarandeo en sus caderas e intentando recuperar el aire que parecía haberle robado directamente de los pulmones. Se apoyó contra la pared, sintiendo cómo gritaban todas las células de su cuerpo. Alzó las manos hasta su cara. Esperaba verlas enrojecidas. Le picaban las palmas con una necesidad salvaje de rozar su piel. La había tenido tan, tan cerca que su fragancia había llegado hasta él, abrumándole, y contenerse cuando se trataba de ella se había convertido en su máxima expresión de fuerza.
Se pasó las manos por el pelo, hasta dejarlas reposar sobre su nuca, ignorando por una vez en muchos, muchos años el chip que tenía implantado en la piel. Luego, las dejó caer mientras su mirada se perdía en el infinito, al tiempo que se alzaba en él un deseo irrefrenable de robarle momentos así al tiempo. Porque Rey no tenía ni idea, pero con ella, dejaba de pensar en su vida. Y eso era un alivio.
No, su niña no tenía ni idea, se dijo recordando cada una de las frases que le había dirigido. Sí, debía tenerle miedo. Habría sido más seguro para ella si hubiera seguido así. Sí, quería verla temblar. Quería que ese fuera su nuevo propósito de vida. Quería ponerle la piel de gallina con sus manos. Quería seguir escuchando sus respuestas ingeniosas, su sentido del humor saliendo de esos labios que habían empezado a robarle la razón justo cuando menos le sobraba. Suspiró profundamente y dejó que su cabeza golpeara la pared, obligándole a centrarse.
Debía permanecer todo lo sereno que pudiera. Todo lo que le fuera posible, en la medida en la que todo dependía de él. Y esa chica no debía distraerle, ni de su vida, ni de sus objetivos. Pero siendo honesto consigo mismo, no sabía cuánto más iba a resistir mientras Rey siguiera apareciendo justo delante de él, todo el tiempo.
