8. Cortocircuito

Apenas había alzado la cara hacia el chorro de la ducha cuando su ordenador portátil empezó a recibir señales por parte de aquella pequeña unidad BB que empezaba a echarle una mano con su trabajo. Había sido una ducha rápida pero no recordaba una tan satisfactoria en las semanas que llevaba ya allí. Luego había comido sentada frente a la pantalla, secándose el pelo mientras se registraban nuevos movimientos.

Casi se atraganta cuando vio que las cámaras grababan cómo se descargaba un camión y entraban las cajas por el callejón del cine. Rey se echó hacia delante por pura inercia. No necesitaba la más absoluta definición de video para poder identificar a Hux, reconociendo el nuevo "inventario". Y lo peor es que el hecho de que sólo fueran cajas no decía en sí mismo nada pero, aun así, hizo una captura del video con anexo al zoom del logo del embalaje. Y lo mandó directo a Poe. Si alguien sabía algo, ese era él. Luego siguió el trayecto, de una cámara a otra, de quienes cargaban todo el material, fuera lo que fuera, hasta el almacén.

Rey se recostó sobre su asiento, debatiéndose en si sentirse un poco mejor con su progreso o volver a la frustración e toparse OTRA VEZ con esa maldita puerta cerrada en sus narices. Después vio la hora y casi se cae de la silla dando un traspié. Si no se daba prisa iba a llegar tardísimo. Y pensándolo bien, ni quería a Hux pendiente de ella si decidía buscar algún albarán de entrega, alguna factura, algo, lo que fuera; ni quería que sus avances con Kylo se vieran de repente estancados porque ella no estuviera dónde debía estar y cuándo debía estar.

Cuando llegaba a la avenida que le llevaría directa al cine, pudo ver aquel camión de carga que había visto en las cámaras de vídeo marchándose. Lo siguió con la mirada y se quedó con la matrícula. Seguramente, sería falsa. Pero no dudó en trasmitírsela a Poe para que ordenara un control de carretera en las salidas. No perdía nada… O sí. Porque seguía llegando tarde.

Aceleró el paso y justo cruzó las puertas del cine cuando vio a Hux pasándole una carpeta de papeles a Kylo, ambos de espalda a ella. Ahí estaba. Seguro que eso era justo lo que necesitaba. Seguro que, dando igual cómo camuflaran la mercancía, en los papeles habría alguna aclaración de lo que se entregaba. Debía aparecer. Por si acaso hubiera algo que reclamar. Los negocios, legales o no, siguen siendo negocios.

Luego vio a Hux bajarse al almacén. Rey sabía que perdería tiempo también, sabía que iba directo a lo que hubiera más allá de la puerta. Pero Kylo subía las escaleras, seguramente hacia su despacho. Entonces, Rey supuso, ahí estaría todo lo que necesitara. Ahí estarían las pruebas documentales de todo lo que podría delatarles. Esa era su oportunidad.

Se acercó a Aphra, como cada día, saludando con una sonrisa.

-¿Novedades? – Empezó Rey, como si nada.

- ¿En este cine? – Sonrió. – ¿Estás segura de que trabajamos en el mismo? – le dijo con sarcasmo divertido. Rey le concedió eso con la mirada.

- Era una pequeña esperanza pero no hace falta que me lo jures. La sala 2 lleva tres décadas sin tener novedades. – Le contestó a la chica, esperando que ella le comentara, como mínimo, que habían tenido mucho jaleo con lo que fuera. Pero nada, no soltaba prenda. – A ver si luego saco un momento y te robo unas palomitas. – Rey le guiñó un ojo con cierta camaradería mientras iniciaba su marcha.

- ¡Atrévete a atacar el fuerte en mi presencia! – Le retó la chica entre risas.

Y mientras iba subiendo las escaleras, su mente iba acelerada ante una pequeña idea que había cruzado su cabeza como una flecha. No había sido más que un nanosegundo, una idea que había desechado tan pronto apareció. Pero como si su memoria recordara su años de hurgar en los vertederos, parecía con ganas de encariñarse de aquel residuo de ocurrencia.

De hecho, tuvo que forzarse a atravesar el pasillo sin mirar siquiera hacia la puerta del despacho de Kylo. Pero cuando ya estaba al final y sólo tenía que dar un paso más para estar a salvo, de él y de sí misma, se quedó parada. Ahí en medio, con la cabeza gacha, dándole vueltas.

Miró hacia la puerta de la cabina ante ella. Ese era un lugar seguro. Bajó los ojos al suelo, siguiendo el recorrido de mosaico persa de la alfombra hasta que dieron con la puerta del despacho de Kylo. Ese NO era un lugar seguro. Además, ¿qué haría si estaba dentro? ¿Darle los buenos días? Era ridículo. E igual sólo lo empeoraba todo. Su mirada volvió al camino que le llevaba hacia la cabina. Luego bajó los hombros, derrotada ante sí misma, mientras se daba la vuelta sobre sus talones y se enfrentaba a aquella puerta de madera oscura que sí podía atravesar, con el corazón martilleando contra sus costillas.

Y repitió el patrón de siempre tras adjuntar un par de anuncios que Hux le había dejado sobre la mesa, dentro de un sobrecito. Sabía que había sido Hux porque aquella letra tan enroscada, repipi y pomposa no podía ser de Kylo. No. Kylo tenía pinta de escribir en mayúsculas y sin apenas alzar el bolígrafo del papel mientras que su compañero, Hux, sí parecía tomarse su tiempo para que la letra quedara bien bonita.

Terminó de adjuntar los nuevos anuncios, retirando los que le había pedido, y colocando de nuevo la bobina en el proyector. Esperando a que diera la hora.

Fugazmente, recordó que antes de iniciar esa proyección debía hacer lo mismo en la sala 1, la digital.

Salió de la cabina a toda prisa, preparando el proyector, ajustando el tamaño de la cinta a la pantalla y comprobó de nuevo la hora. Sonrió y observó la sala por el pequeño hueco que daba directamente al palco de butacas. Había gente en aquella primera sesión de la tarde y aquello vaticinaba quizá una noche movidita llena de espectadores, con sus probables reacciones a la cinta que estaban a punto de ver.

Terminó de dar paso a los anuncios en la sala digital y bajó las luces, dirigiéndose al proyector de la sala 2, la cual también tenía su público. Uno distinto al que frecuentaba la sala 1 que, a pesar de poner siempre reestrenos de películas, de vez en cuando alquilaba algún estreno reciente.

Puso la mano en el pomo de la puerta y entonces la del despacho de Kylo se accionó, abriéndose. Ella entró en la sala del proyector 2, haciendo como que no había visto ni escuchado a Kylo salir de allí. Y dejó la puerta con un diminuto resquicio, observando desde dentro y viéndole alejarse, cerrando la puerta… Sin llave.

No podía ser que se le presentara otra oportunidad tan rápidamente. Sencillamente no era nada posible… Pero allí estaba.

Kylo bajó las escaleras mientras sacaba su teléfono móvil y Rey no tardó en dar pie a la proyección de la sala dos y sacar un pequeño cacharrito con el cual podía controlar medianamente a la unidad BB modelo 8 que había colocado en las cámaras de seguridad.

Y se movió rápido. Congeló un fotograma de aquella antesala que conectaba todas las habitaciones de la segunda planta y siguió grabando ese mismo fotograma como si no estuviera pasando nada. Lo programó para tener diez minutos, suficientes para ir al despacho, rebuscar lo que fuera y salir por patas hacia la sala de proyección antes de que la imagen volviera a grabarse en directo. No sin antes comprobar que la habitación de Kylo tuviera cámaras… Nada, ni una sola.

Y una vez se aseguró, guardó el dispositivo en su bolsillo y. Abrió la puerta, comprobó que no venía nadie. Nadie venía. Y ella se adentró en el despacho de Kylo, recordando fugazmente la entrevista de trabajo que le hizo allí mismo. Cerró la puerta y no se demoró en buscar.

Estaba nerviosa, el corazón le iba a perforar el pecho si seguía latiéndole tan fuerte. Las manos le temblaban y quería serenarse y pensar pues no sabía cuándo se le volvería a presentar una opción como esa, una oportunidad de aquel calibre.

Oteó la mesa del escritorio, colocándose frente a ella y buscando por la superficie. Alzando el teclado por si Kylo había ocultado algo ahí mismo, luego revisó debajo del tapete que protegía la madera de la mesa, luego los distintos archivadores metálicos, terminó colocándose en la silla, rebuscando en cajoneras, escondrijos y cada recoveco que sus ojos divisaban. Nada, absolutamente nada.

Volvió a levantarse, comprobando la hora. Y rebuscó en las estanterías, entre los libros, en los distintos armaritos y nada. Abrió un armarito superior para encontrar nada. Se agachó al suelo, rebuscando en otras cajoneras y volvió a encontrar la nada absoluta. Luego el archivador de pared, luego otra estantería, luego en los huecos de la torre del ordenador y nada. Nada, N A D A.

No estaba encontrando absolutamente nada y entonces regresó delante del escritorio, apoyando ambas manos sobre éste. Nerviosa. Viendo que el tiempo se le consumía. Volvió a revisar el escritorio desde ese ángulo y entonces un clic hizo que Rey se detuviera de golpe, volteando y encontrando a Kylo abriendo la puerta, algo despistado al principio, hasta que alzó los ojos y se la encontró allí mismo.

A Rey se le detuvo el corazón en seco. Dejó de respirar y juraría que se puso blanca. Pálida como un muerto, sobre todo cuando Kylo le dio un buen repaso con los ojos, frunciendo el ceño sin entender a qué se debía su visita. Rey tragó saliva, apoyándose en la mesa y clavando las uñas en la madera, justo en el borde.

-¿Se puede saber qué haces aquí?- Habló seco, terminando de cerrar la puerta y reacomodándose estando de pie.- ¿Se puede saber qué buscas?

Y Rey no lo pensó. Sinceramente no esperaba que el momento de actuar le llegara tan deprisa, tan de golpe… Tan… Tan así. Inesperado.

No tenía escapatoria, no tenía excusa, no tenía nada. Justo como todos los cajoneros, estantes y rincones ocultos de aquel despacho. Y tragó saliva. No estaba preparada ni se le ocurría mentira alguna que le fuera a funcionar, Kylo había pillado a la chica rebuscando… Y ella, sinceramente… No vio otra salida.

Aprovechó que tenía la mesa cerca y se subió a ella, de culo, alzándose y quedando a su altura. Kylo fue a decir algo pero entonces Rey le agarró de la camiseta, atrayéndole hasta ella.

-Te estaba buscando a ti.

Rey dejó los labios entreabiertos mientras su caída de párpados desembocaba en alzar la mirada muy, muy poco a poca hasta él. Le había agarrado tan fuerte de la camiseta para atraerle hasta ella que pudo ver todos los pliegues en esta. Ladeó la cabeza, abriendo el puño y pasando los dedos uno a uno en un caminito invisible hasta la costura del cuello, manteniéndole la mirada todo el rato, cayendo hasta sus labios para luego volver a mirarle como pidiendo permiso. Uno que no parecía estar dándole pero tampoco negándoselo.

Se acercó un poco más hasta él, sin mostrar ni una pizca de la inseguridad que le invadía por cada segundo que él parecía mantenerse impertérrito ante ella, y posó los labios sobre la línea de su mandíbula. El muy cabrón seguía siendo más alto que ella incluso así. No alzó la mirada hacia él, no se movió más que para aferrarse a su hombro, dispuesta a dar un paso más. Apoyó bien la mano sobre su pecho, duro como si fuera pura roca, y se impulsó a sí misma para llegar hasta sus labios… Justo cuando él alzó la cara, evitando su caricia.

Se apartó para mirarle y vio la intensidad que anegaba sus pupilas, de nuevo aquella fuerza, aquella hambre inmensa, ese deseo crudo… Dejó caer ambas manos sobre el escritorio.

Y entonces, sin vérselo venir, Kylo la cogió por el mentón con una mano, esa mano que cubría su mandíbula sin ni siquiera extender sus dedos, alzándole la cara hasta él, sin caída de párpados posible, sólo su mirada directa y absoluta, buscando la trampa en ella y, seguramente, encontrándolas todas. Rey se obligó a permanecer donde estaba, cogió aire y él se acercó aun más, posando la otra mano sobre su rodilla, apartándola hasta hacerse hueco entre sus piernas. Ella tragó saliva y, como si estuvieran unidos por un imán invisible, la mano de Kylo se arrastró hasta su garganta. No apretó, no había ni rastro de la fuerza que había ejercido con sus mejillas, pero Rey forzó los ojos, pensando "mierda, es de esos" y se repetía "lo que fuera necesario" como si aquello fuera a salvarla de algún modo. Al volver a abrir los ojos, se topó de lleno con la mirada de Kylo, como si esperase a que ella encontrara el valor de seguir antes de proseguir. Y debía encontrarlo sí o sí, tardara lo que tardara, porque volver atrás hacía mucho que no estaba entre las opciones posibles.

Le vio inclinarse poco a poco hasta ella, copiando su gesto de mirar sus labios entreabiertos para luego alzar la mirada hasta sus ojos y viceversa. Cabeceó y sus labios apenas se rozaron pero casi pudo sentir cómo una chispa les atravesaba. Un mechón de pelo negro cayó sobre su frente antes de volver a inclinarse sobre ella y besarla.

Todo lo que pudo hacer ella fue aferrarse al borde del escritorio, con fuerza, abrumada, con la fragancia de Kylo atorada en su cabeza, una mano casi gentil sobre su cuello y la otra apretando con fuerza la carne de su muslo, abriendo la boca, dándole la bienvenida en ella, dejándole embeberse de ella y queriendo más, sintiéndole muy cerca. Y a la vez, no lo suficiente. Le mordió el labio y se apartó de ella. Si había creído ver deseo, hambre y crudeza en él antes, no tenía nada que ver con aquella mirada.

-¿No estarás evitando tus horas de trabajo? – Le dijo. Rey casi se rió internamente y no le dio tiempo a que pensara que, de hecho, husmear en su despacho era parte de su trabajo.

-¿Y qué vas a hacer con eso? – Sonrió al tiempo que sintió que le daba un ligerísimo apretón en el cuello, apenas nada, y recordó su conversación anterior. -¿Sancionarme? – le aguantó la mirada. Seguro que Kylo era un puñetero pervertido y llevaba pensando en hacerlo desde que se había enfrentado a él. Esa era su maldita suerte. Y le vio alzar una comisura, observándola como si ya estuviera planeando todo lo que iba a pasar a continuación. Y Rey sintió miedo, un poco… Temía que le quitara las vendas de las muñecas y descubriera los chips, temía que tocara demasiado y encontrara aquel aparatito que usó para poder colarse allí… Y tragó saliva, quizá poniendo cara de animalito asustado. Pudo ver cómo Kylo reaccionaba con gusto a todas sus reacciones, embriagándose de ellas y retozando. Y ella evitó arrugar su mueca. Kylo era un cabrón, era algo que no iba a quitarse de la cabeza… Y entonces le vio relamerse.

-Ojalá sólo fuera a sancionarte…- Deslizó su pulgar hasta situarlo bajo su barbilla, obligando a Rey a alzar la cabeza. Exponiéndose todavía más y Kylo recorrió su rostro con los ojos, sin perder detalle de todo lo que esa chica le estaba transmitiendo con tan poco.- De verdad que ojalá solo fuera a ser eso…- Y bajó de nuevo, atrapándole los labios mientras Rey cerraba los ojos. Correspondiendo con un entusiasmo fingido, sintiéndose en cierto modo aliviada al ver que había colado aquella estrategia. Aunque por desgracia empezó a pensar en otras tantas posibilidades que podrían haberle funcionado antes… Kylo cortó el beso y ella se adelantó, mordiéndole la barbilla, todavía con los ojos cerrados. Maldiciéndose.

De todas las opciones que podría haber escogido y no se le había ocurrido nada mejor que eso, era despreciable. Quizá tanto como lo era él.

Rey alzó los ojos, viéndole y entonces Kylo se abalanzó, tumbándola sobre el escritorio tras apartar los trastos que podrían molestarle. Atacó a los labios de Rey mientras ella se aferraba con fuerza a su cuello, conduciendo una mano a su pecho. Acariciándole, buscando la manera de colarla entre la camiseta de algodón y su piel, sólo por seguir el juego.

El beso era frenético, apenas podía respirar de no ser por los pocos momentos que Kylo le dejaba tomar bocanadas de aire por la boca, antes de volver a la carga contra sus labios. Había puntos en los que a Rey le costaba demasiado seguirle el ritmo, y sólo se dejaba hacer. Inconscientemente cortó el beso y ladeó la cabeza, exponiéndole el cuello. Esperando sentir la humedad de sus besos en él pero estaban tardando demasiado en llegar. No tardó en notar la mano de Kylo otra vez, tomándola por la barbilla y conduciéndole la cara hasta quedar frente a frente. Observándola como si algo de su cabeza no consiguiera conectar con la realidad y entonces se acercó a ella, a su oído. Susurrándole mientras la punta de su nariz acariciaba su mejilla.

-¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar?- Y esperó allí, quietecito. Aguardando una respuesta. Rey se relamió y entonces bajó la mano por su pecho, intentando llegar a su cintura en vano. Y entonces usó la pierna para atraerle, notando la dureza de Kylo apoyada en su centro.

-Hasta donde seas capaz de llegar.- Y le escuchó reírse nasalmente, haciéndole cosquillas en la oreja con aquel gestito, antes de alzar la cabeza de nuevo, observándola mientras Rey volvía a hacer presión con su pierna, atrayéndole más. Notándole más. Y pareció que todos los filtros de Kylo se evaporaron con la siguiente rozada.

No tardó en sentirle mover las caderas contra ella mientras volvía a descender, atrapándole el cuello con la mano para evitar que se moviera. Besó de nuevo aquella boca que tantas veces le habían quitado el sueño por las noches y le había despertado con un dolor más que insoportable entre las piernas.

Y es que no sabía qué estaba pasando pero tampoco quería pensar. Era lo que esa chica conseguía. Que no pensara. Y, ciertamente, aquello era un peligro pero estaba harto. Harto de sobre-revolucionarse, de preocuparse, de estar todo el día con los nervios de punta. Algo le decía que aquella chica estaba en una situación similar, que su vida fuera del trabajo debía de ser cuanto menos agobiante.

Y volvió a accionarse contra sus piernas, justo entre ellas, rozándose y esperando arrancarle quizá un gemido o una aspiración que Rey, por el momento, no daba señales de que fuera tan fácil. Entonces sí, cortó el beso y con la mano le obligó con suavidad a exponerle el cuello. Ella ladeó la cabeza y Kylo pasó la lengua desde su mandíbula hasta el borde del cuello de su camiseta, prenda que empezaba a resultarle molesta.

Rey abrió los ojos, relamiéndose. Sintiendo a Kylo por todo su cuerpo, acercándose peligrosamente al pecho pero sin llegar a él. Utilizó aquella postura para cotillear con los ojos las estanterías, intentando visualizar algo… Y entonces Kylo mordió su tendón, haciendo que la chica arqueara la espalda y entreabriera la boca, evitando aspirar, evitando gemir o articular nada que fuera audible. No quería darle esa satisfacción. Y Kylo volvió a frotarse mientras colaba su mano libre por debajo de la camiseta de Rey, llegando hasta su pecho y entrometiéndose entre el sujetador y su piel, atrapándole el seno mientras ella sentía que su piel se erizaba, delatándola ante Kylo, quién no había dejado de juguetear en su cuello.

Rey cogió aire cuando sintió que pinzaba su pezón entre los dedos, un escalofrío le recorría y empezaba a humedecerse justo por dónde sus cuerpos se unían con más fuerza. No había pensado en eso, no había pensado en su propio cuerpo traicionándola y, si Kylo seguía acariciándola con aquella devoción, iba a tarda muy poco en tener que decantarse. Se mordió el labio y le pasó las manos por el pelo, descubriendo las ganas que tenía de hacerlo desde la Fuerza supiera cuándo, y tiró de él obligándole a alzar de nuevo la mirada hacia ella. Casi pudo ver brillar un chispazo de ira contenida en la mirada que le dirigió. "Vaya", pensó Rey, "Así que eso esa dominancia era un carril de un solo sentido".

Kylo arrastró las manos por sus costados hasta llegar al borde de la camiseta, tirando de ella y obligándola a moverse a un más contra él al ceder para quitársela. Sin embargo, para su sorpresa, Kylo sólo la pasó por su cabeza, atrapando sus manos en una trampa con su propia ropa anudada en torno a sus muñecas. Le miró y pudo ver lo mucho que le gustó la expresión en su cara. Rey no tenía ni idea de lo que iba a pasar, qué iba a hacer con ella, pero esperaba que no le doliera demasiado. Porque justo en ese momento, con las manos apresadas sobre su cabeza y la mano de Kylo de nuevo cogiéndole la cara, no podía olvidarse de lo mucho que esas mismas manos que la tocaban, habían sido el instrumento de tortura de muchos otros. Kylo rozó su labio inferior con el pulgar mientras ella esperaba, confiaba, en que fuera de un tipo muy concreto de pervertidos. Y no de ese otro tipo…

Rey abrió la boca para tomar ese pulgar y verle reaccionar pero Kylo volvió a arrastrar la mano por su cuello, estudiando todas sus expresiones, recorriendo su pecho con los nudillos, su vientre ahora descubierto, el hueso de su cadera. Le vio relamerse, inclinarse sobre sus labios sin llegar a besarla y arrastrarla de un tirón hasta el borde del escritorio, aspirando el aire a la vez que ella, como un reflejo de sus propias reacciones. Y ahí, con medio cuerpo colgando sobre el filo, la levantó en vilo hasta ponerla de cara al escritorio, completamente recostada sobre la madera, aun más a su merced de lo que lo había estado hasta el momento.

Le sintió, por entero, sobre ella, sus labios tan cerca de su oído, sus manos en sus caderas, presionándose tras ella. Hizo el amago de moverse contra él, deseosa de terminar aquello cuanto antes, poder liberarse de él, poder volver a sus tareas, a su lugar seguro, reconociendo que después de aquello, le quedarían muy pocos. Pero Kylo siseó contra su piel ante su roce, arrastrando sus nudillos por la línea de su columna en ascendente, erizando su piel, viéndola retorcerse, hasta que agarró su pelo en un puño y haciéndole arquear el cuello con un gruñido, el primer sonido que dejaba escapar de sus labios. No podía verle pero juraría que le vio sonreír contra la piel de su mejilla.

-Quiero escucharte, niña. – Relajó la fuerza de su puño, acariciándole justo dónde le picaba por el tirón, permitiendo que dejara caer la cabeza antes de volver a afianzar su agarre hasta que toda su espalda estuvo arqueada hacia él, y el culo justo en la posición en la que lo quería.

- No me llames "niña". – Siseó entre dientes, lo suficientemente alto como para que le escuchara perfectamente.

- No estás en la posición de dar órdenes, nena. – "Oh, ese era incluso peor". Y para remarcar sus palabras, volvió a impulsarse contra ella, rozando su centro con la dureza de sus pantalones.

- ¿Estás seguro de eso? – Le retó, con un ronroneó que le costó reconocer como suyo en su propia voz, moviéndose contra él con suavidad. Y Kylo rió nasalmente de nuevo, Rey pudo notar el aire golpearle suavemente en la piel y entonces Kylo se alzó otra vez, profundizando el contado, haciendo que le notara como si estuviera intentando que la chica se mentalizara de su estado. Y vaya que si lo estaba consiguiendo.

-Completamente.- Respondió antes de llevarse la mano a la boca, salivando mientras Rey intentaba girar la cabeza, retando a su anatomía por poder ladearla completamente. No estaba para nada tranquila en esa postura. Expuesta, a su merced… Y cerró los ojos, repitiéndose su mantra. "Lo que haga falta". Y los abrió de golpe cuando notó la mano de Kylo colarse en sus mallas negras, surcando también su ropa interior y llegando a su centro. Rey boqueó, intentando tomar aire y forzándose a no ser demasiado evidente con sus reacciones… Pero empezaba a perder la compostura.

Por todos los holocrones, llevaba demasiado tiempo a dos velas… Su propio cuerpo estaba traicionándola, quizá porque había estado pensando en esa situación durante mucho tiempo. También es que Kylo, dentro de la imagen que tenía de él, estaba siendo bastante compasivo con ella… Y algo le decía que aquello no duraría demasiado si esa veda seguía abriéndose. Convirtiendo aquella situación esporádica e inesperada en un hábito.

Él volvió a bajar hasta su cuello, succionando su piel, pasando la lengua por el tendón y dándole suaves mordiscos, introduciéndole un dedo y notando su temblor en consecuencia. No esperaba encontrarla tan, tan, tan receptiva como estaba encontrándola. Y se dispuso a introducir otro al ver que con uno sólo quizá a la chica no le bastaría.

Por la forma en la que Rey arqueó la espalda al sentirle supo que, efectivamente, uno solo habría sido más que insuficiente. Ella tembló y Kylo se sintió vibrar sobre ella… Por todos los siths, no esperaba que aquel momento se diera alguna vez. Mucho menos de aquella forma, siendo ella quien fuera a buscarle. Ella había ido a buscarle. Ella. Volvió a morderle el hombro mientras seguía dedicándole atenciones con la mano, sintiendo que se movía a su ritmo, poco a poco.

Rey empezaba a entrecerrar los ojos, boqueando y sintiendo que respiraba contra su voluntad, su propio cuerpo traicionándola. Aquello sí que no lo esperaba para nada, mucho menos que lo estuviera disfrutando. Eso era lo peor que podría pasarle precisamente a ella.

Tragó saliva mientras empezaba a soltar las riendas y entonces Kylo se detuvo, saliendo de ella y conduciendo la mano al elástico de las mallas, bajándolas hasta las rodillas de la chica y lo mismo hizo con su ropa interior. Y se le escapó una queja que no pasó desapercibida para Kylo, quién se acercó a su oído.

-¿Eso ha sido una queja, nena?- Ella apretó la mandíbula.

-No me llames "nena"…- Kylo le mordió el hombro sin poder evitar plasmar una sonrisa que Rey percibió a través de su propia piel.

-¿Canija?- Rey apretó más la mandíbula.- ¿Te gusta "canija"?

-No.- Estaba empezando a molestarse. Pasando muy rápido de una emoción a otra y odiándolo con todas sus fuerzas pues cuando empezaba a etiquetar una sensación, allí estaba Kylo para cambiarla. Entonces sintió la mano de Kylo abarcarla entera, surcando aquella zona como si quisiera retener el calor y la humedad que ella misma segregaba.

-¿Entonces?- Se acercó un poco más a su oído.- ¿Cómo quieres que te llame?- Ella giró pero Kylo forzó con su cabeza para que Rey permaneciera en aquella posición.

-Rey.- Kylo mordió el lóbulo de su oído, desabrochándose el cinturón tras quitar la mano de aquel sitio, haciendo que Rey la añorara. Por Yoda, cómo se odiaba a sí misma ahora mismo.

-¿Rey?- Ella asintió y él se condujo hacia ella.- "Rey"…- Pronunció con recochineo ¡Por la fuerza, es que era capaz de sacarle de quicio hasta con su propio nombre!- ¿Puedes subir la rodilla al escritorio?

Ella se movió, dando con el culo sin querer contra él, apenas un roce. Y entonces cayó en la cuenta, volteando hacia él con miedo.

-¿Vas a hacerlo sin preservativo?- Kylo se detuvo, analizando aquello.

-¿Quieres que me ponga uno?- Ella asintió decidida y Kylo liberó el agarre que ejercía en sus manos inmovilizadas para llegar desde allí al primer cajón. Y le vio sacar una cartera. Rey se maldijo una y mil veces ¡¿Cómo coño podía ser que no había visto su cartera en ese cajón!? ¡¿En serio!? Tuvo que aguantar una y mil maldiciones propias sobre ella misma mientras se reacomodaba allí. Y Kylo terminó de enfundarse antes de volver a salivar y lubricarla, como si el momento le hubiera hecho perder la intensidad de la libido… Pero volvió a encontrarla dispuesta. Dispuesta y preparada. Apretó la mano sobre su nalga, aferrándose a ella, acariciándola con la otra. – Levanta esa pierna, nena, no me obligues a repetírtelo. – Rey obedeció, exponiéndose aun más ante él.

Le sintió presionando su entrada e inconscientemente, como si su cuerpo ya sólo respondiera su estímulo y no a lo que su cabeza le ordenaba, tembló de pura anticipación mientras él se conducía dentro de ella, a través de ella, lento, muy lento, haciéndole liberar un gemido que le nacía del centro del pecho y que se alargó tanto como él tardó en clavarse en ella hasta la empuñadura.

Kylo necesitó un momento, apoyando la frente sobre su hombro, aferrándose a sus caderas. Sintiéndola ajustarse a él, tan húmeda y tan apretada que le sostenía como un puño, como si la falta de piedad pudiera ir en un doble sentido que le era completamente desconocido. Arrastró una mano de nuevo hasta su pelo, tirando de ella hasta hacerle ladear la cabeza hacia él, curvando su espalda y haciéndole llegar aun más profundo dentro de ella.

Rey le escuchó sisear, sin lograr filtrar por qué le encantaba oírle, y sin poder evitar los jadeos que se le escapaban cada vez que se accionaba contra ella, saliendo casi por completo antes de volver con una estocada firme, llenándola por completo, llegando tan profundo que le atravesaba y ardía. Se arqueó, buscándole, su cuerpo exigiendo más, más de su toque, más de él. Y sus caderas chocando contra las suyas, olvidándose casi de respirar, jadeando y sintiendo que eso era todo lo que iba a salir de ella, que no iba a darle más satisfacción, que ya tenía suficiente. Y sin embargo, todo en ella le sentía, trataba de contenerse y cada segundo fallaba en el intento como si todo en Kylo hubiera sido creado por la Fuerza para desajustar todos sus planes y propósitos.

Y jadeaba, inclinando aún más las caderas para él, que dejó una mano sobre su culo para empujarse más, más duro, más dentro, más fuerte. Rey se mordió el labio, ahogando a tiempo aquel gemido. Su otra mano se encontró con la primera en su culo y Kylo la agarró fuerte, tirando de ella contra él y el choque de piel con piel resonaba fuerte y lascivo con cada embestida. La posición le dio mayor control para tomarla más fuerte y Rey se perdió a sí misma. Se sintió atrapada en su marea, incapaz de hacer nada pero, para su desdicha, disfrutando hasta casi rozar la locura con cada embestida. Apenas podía respirar, cada inhalación era un jadeo. Trató de amortiguar gemidos con el nudo de ropa que apresaba sus manos. Pero él tiró de su pelo otra vez, alzándola erguido hasta que dio con su pecho, apoyando la cabeza sobre uno de sus amplios hombros, completa y absolutamente expuesta, dispuesta y a su merced. Era delirante.

-Quiero escucharte - le gruñó cerca de su oído, inclinándose sobre ella otra vez mientras aumentaba el poder de sus caderas y la sostenía con una mano en su vientre al tiempo que se impulsaba dentro de ella y le sentía cabecear hasta posar los labios sobre su frente, esperando que ella respondiera con un gemido. Entreabrió la boca pero no le dio el gusto. No sólo eso, sino que arrastró sus manos apresadas hasta el centro de todos sus nervios, queriendo dejarse ir. Y en cuanto él supo de sus intenciones, se detuvo completamente, provocando una queja en ella. Kylo le mordió el lóbulo de la oreja. – Deja esas manos quietas, Rey… - El tono, de una agresividad contenida, de una furia salvaje, hicieron que Rey parara por completo, al borde de su propio placer, temblando, y sorprendida por el modo en el que había usado su propio nombre. Kylo puso los ojos en blanco tras ella, sintiendo cómo intentaba controlar sus espasmos, apretándole aun más. Cogió sus muñecas atrapadas y le hizo subir los brazos hasta que sintió sus pequeños dedos aferrarse a su pelo. – Que ni se te vuelva a ocurrir, nena. - Él la levantó un poco más alto y luego se hundió de nuevo en ella, tan de repente, con tanta fiereza que esta vez sí, esta vez se le escapó otro gemido.

Tan pronto como entró, golpeó y presionó contra ese punto dentro de ella otra vez, haciéndole sentir una presión que no tardaría en hacerla vibrar de placer, sintiéndole más grande dentro de ella ahora, mientras apenas lograba ser consciente de sus manos recorriéndola, haciendo que su piel clamara por él, erizándose, exigiendo, necesitando.

Kylo dejó una mano sobre su pecho, mientras buscaba su centro, rozándola y sintiéndola sacudirse contra él. Él la sostuvo en esa posición, hundiéndose en ella con cada temblor que le atravesaba y repercutía sobre todo su cuerpo como absolutamente nada ni nadie lo había conseguido. Arrastró su mano hasta su cuello, mientras sus dedos trabajaban en ella. Contrastando la fuerza de su agarre con la suavidad de sus caricias. Hipnotizado por el movimiento de sus caderas dejándose caer sobre las suyas, por sus ojos entrecerrados como en una ensoñación, y su boca abierta para dejar escapar otro gemido que era música para sus oídos, sintiendo la vibración del siguiente contra la palma de su mano con la misma intensidad con la que la notaba temblar entre su brazos y la sentía vibrar a su alrededor, apretándole, más resbaladiza y sin embargo, más fuerte que antes.
Rey dejó caer las manos, apresando el cuello de Kylo entre sus brazos, con sus muñecas todavía sujetas por su propia camiseta y el nudo que él había hecho. Quedándose expuesta. Literal y enteramente atrapada. Él ladeó la cabeza, llegando hasta el final de su mandíbula y dándole un beso mientras sentía cómo boqueaba, aguantando jadeos.

Abrió los ojos, contemplándola. Admirando su naturalidad aunque deseaba que estuviera más relajada, pues sentía esa vergüenza e incomodidad de la primera vez con alguien. Aunque fuera muy leve, podía sentirlo en ella… Y qué equivocado estaba. Pues no se trataba de vergüenza, sino de la situación de Rey como agente de la JEDI recién metida en una misión que parecía sobrepasarla.

Y Kylo profundizó más el toque de su centro con los dedos, pinzándole su terminación nerviosa y viendo cómo la chica daba un respingo, notándola. Sintiéndola.

Y allá se le iba un temblor en las piernas, un espasmo interno que le estrujó para luego relajarle. Y volver a estrujarle de nuevo. Oh, Kylo conocía eso y bajó lentamente el ritmo con la mano, haciendo que la chica abriera los ojos y, sin darle tiempo a que dijera nada, Kylo procedió.

-Pídemelo.- Ella intentó voltearse para encararle, pero su postura se lo impedía completamente.- Pídemelo.

-¿El qué?- Jadeó.

-Pídeme un orgasmo, Rey.- Ella ladeó la cabeza mientras él volvía a pinzarla.- Pídemelo… O la diversión se te acaba aquí.- Rey parpadeó varias veces ¿Aquello iba en serio? Oh… Vaya que si iba en serio. Kylo soltó la pinzada para masajearla suavemente, como si intentara calmarle la zona dolorosamente torturada.

-¿Vas…?- Tragó saliva.- Quizá quien deba pedirme un orgasmo seas… Tú.- Jadeó y Kylo quitó la mano de su entrepierna para sujetar la camiseta que todavía sostenía sus muñecas, liberándose del abrazo que ejercía Rey contra su cuello. Colocando las manos sobre la mesa de nuevo y obligando que la chica se tumbara, alzando el trasero, totalmente expuesta a él.

-¿Ah sí?- Se agachó, frenando lentamente sus estocadas mientras Rey vibraba. Enfadada, nerviosa y totalmente desubicada ¡Por todos los cristales kyber! ¡¿En serio una parte de ella estaba sometiéndose a él, pensando en serio si pedirle un orgasmo?!- Yo puedo coger lo que quiera… Y me puedo correr cuando quiera.- Apoyó la barbilla en su hombro, mientras Rey jadeaba, enfadándose con cada palabra que Kylo soltaba contra ella.

Ella le devolvió el silencio y Kylo apoyó ahora la mejilla contra su hombro. Y allá se impulsaba mientras se elevaba, observándola, expuesta, con toda aquella espalda saludándole. Llena de pecas que memorizaría gustosamente. Alzó los ojos y siguió moviéndose… Viendo aquellos moñitos rebotar. Y sonrió sin darse cuenta.

-¿Me lo vas a pedir?- Siseó lo suficientemente bajo como para erizarle la piel pero lo suficientemente alto como para que Rey le escuchara aunque no le hablara al oído.

-¿Y tú?- Respondió.

Y Kylo le devolvió una risa mientras seguía estocándola, sabiendo que ella se moría de ganas, que estaba dolorosamente necesitada de un estímulo como el de antes… Kylo parecía recrearse, pasando las manos por su cuerpo y espalda, haciendo que Rey se calentara pero no en un sentido erótico, estaba rabiosa.

No sólo se estaba contradiciendo ni tumbándose todos sus principios e ideales sino que encima el muy cabrón no iba a dejar que se corriera si no se lo pedía ¡Oh, por la Fuerza! ¡Qué ganas tenía de pegarle un puñetazo en la cara!

-Vas a aprender a pedir las cosas por favor, nena. – Se regodeó, empujándose de nuevo contra ella, mucho más lento para poder controlarse, mientras pasaba las manos por sus costados, recreándose con sus curvas hasta que posó ambas manos sobre sus nalgas, abriéndola más para él.

-Lo que voy a aprender es a darte un puñetazo con las manos atadas. – Kylo sonrió ampliamente, silenciosamente agradecido por estar a su espalda. La sintió moverse contra él, buscando su propio alivio de algún modo. Acarició la piel de su nalga, con suavidad, llegando al principio de sus muslos, viéndose a sí mismo entrar y salir de ella.

Y, como si llevara más tiempo del que creía refrenándose un impulso primitivo, dibujó una parábola con su mano estampándose con fuerza y sonoramente en su culo, haciendo que Rey parara al instante. Kylo se separó de ella sin llegar a salir del todo, para volver a embestirla con fuerza, una vez, dos, tres, antes de posar los labios sobre su columna vertebral hasta su nuca.

-Aguanta, nena – Susurró con la voz grave y ronca, cabeceando contra su mejilla. Rey se mordió los labios, encerrando otro gemido que él le sintió reprimir en la garganta. – Tiemblas tanto que no voy a soportarlo mucho más, Rey… - Rozó la línea de su mandíbula con los dientes, sin poder evitar sonreír cuando intentaba contenerse, cómo pulsaba a su alrededor, al borde. –Tú eliges, nena, pero… - En parte, estaba gratamente sorprendido por su aguante y, estaba deseoso de conocer todo su potencial, explorar sus límites. Pero sobre todo, deseaba escucharla. – Se te acaba el tiempo.

- Kylo… - Le escuchó susurrar. Y esperó a que prosiguiera, que le diera el gusto de oírle pronunciar las palabras mágicas. Pero no. – Tú sí que estás acabado. – Kylo se aguantó la sonrisa, casi dolido porque esa fuera su decisión final para un polvo tan, tan bueno. Hundió los dedos de una mano en la carne de sus caderas, evitando que se moviera, reclinándose completamente sobre ella, volviendo a casi salir por completo, para volver a hundirse al tiempo que la otra mano volvía a apresar su cuello sin hacer fuerza. Sólo sosteniendo su cara muy, muy cerca de la suya, viendo su ceño fruncido con rabia y muy dispuesto a que ella le viera deshacerse sin vergüenza ninguna y, mucho menos, remordimientos. Le vio cerrar los ojos y pensó que le evitaría así hasta que percibió cómo entreabría los labios, relamiéndose, volviendo a seguirle el ritmo. – Kylo… - Volvió a susurrar con un temblor en la voz, manteniéndole la mirada. – Por favor. – No podía creérselo. No podía. Acercó sus labios a su boca entreabierta ante la súplica más dulce para sus oídos, una dicha con necesidad pura, al borde del abismo, casi dolorida, exhalando el aire directamente de ella.

- Por favor, ¿Qué? – Una estocada lenta, profunda y firme le hizo poner los ojos en blanco.

-Oh, venga ya… - Se quejó, con todos los músculos en tensión y sin poder escapar de su mirada. ¿Qué más quería de ella? ¿Por qué estaba tan empeñado en torturarla? Y Kylo sabía que estaba tirando demasiado de una cuerda que no conocía. Pero había dejado su orden muy clara. Quería que se lo pidiera. No bastaba el "por favor" si no iba con todo lo demás.

-Por favor, ¿Qué, Rey? – Imprimió toda su autoridad en el tono, obligando a mirarle, a mantenerle la mirada, a seguir moviéndose contra él, sintiendo todo su cuerpo temblando y vibrando al compás del suyo, lo quisiera ella o no. Porque él estaba deseando darle ese orgasmo, estaba deseándolo más de lo que deseaba la libertad, más de lo que había deseado absolutamente nada en su maldita vida. – Supongo que habrás aprendido para la próxima vez, nena.

-No te estás ganando una próxima vez. – Le respondió, interrumpiendo sus intenciones de dejarla así, entre el gruñido y el llanto, dolorida, necesitada, tan a punto de caer por el borde del precipicio que estaba segura de que no terminaría de subirse las bragas y se desharía en un orgasmo brutal solo por el roce.

-Eso es una pérdida para ambos, mi niña… - Susurró, gutural, contra su boca, en un beso que casi le hizo perder el hilo. Maldijo para sí misma. El muy hijo de mil hienas tenía toda la razón. Esa era la forma en la que más se había acercado a él, por las buenas y cediendo a sus putas peticiones, silenciosas o no. Había logrado ciertos avances sólo cuando había estado más abierto a ella. Era una forma deplorable de llevar adelante una misión pero iba a tener que servir con eso, porque era lo que estaba dando resultado, y lo que terminaría dándolos. Puso los ojos en blanco. Joder, era un hombre, como todos los demás, al fin y al cabo.

-Kylo, por favor… - Y sintió que le estaba dando otra oportunidad más. La última. Para los dos. De aquí en adelante. Como si hubiera agotado todos los cupos posibles. - Dame un orgasmo, por favor. - Le mantuvo la mirada con fiereza y súplica. Casi, casi estaba segura de que su mente había proyectado hacia la suya algún tipo de amenaza.

Aquello casi consigue que Kylo se corriera antes de lo que tenía planeado pero supo contenerse a diferencia de Rey, quién imprimió hasta el último tono de súplica en sus palabras. Kylo le mordió el final de la mandíbula mientras llevaba sus dedos a la boca de la chica y ella no tardó en humedecerlos con dolorosa desesperación, sacándole a Kylo una leve sonrisa pero también dejándole con una cara de asombro ante la pérdida de filtros que había supuesto esa situación para ella.

No se demoró más y condujo la mano hasta el centro de la chica, dándole la entera satisfacción, completando el cupo de estímulos mientras forzaba a que el pecho de Rey quedara contra la mesa.

Ella estiró los brazos, aferrándose al borde del escritorio mientras ladeaba la cabeza. Viéndole accionarse a sus espaldas al tiempo que él no perdía detalle de nada, de ninguna de sus reacciones. Y Rey empezaba a sentir que temblaba como un flan, que podía notar el retumbe de su corazón en el escritorio o bien se le iba a parar en cualquier momento, entrando en parada total y quizá fastidiando el mejor polvo que había echado en toda su vida.

Y boqueó, mirándole con los ojos entrecerrados, encontrándole sudoroso, con la boca entreabierta, observándola como si fuera la última vez que fuera a hacerlo. Y entonces alzó los ojos, cruzando miradas con ella. Y el impacto del momento consiguió que Rey se corriera, abrazando el orgasmo y comenzando a temblar ante él. Teniendo espasmos incontrolados mientras Kylo no le daba tregua. Y él se corrió, al sentir que las paredes internas de Rey le apretaron hasta el punto de asfixiarle.

Kylo necesitó morderse para no armar demasiado escándalo y Rey había clavado tanto las uñas contra el borde de la mesa que podía asegurar haberse roto alguna ante la intensidad del agarre. Entonces, aflojó el ritmo lentamente mientras quitaba la mano de su centro, respirando de forma acalorada, entrecortado.

Por todos los siths, sentía que le faltaba el aire en el despacho. Salió de ella con cuidado mientras Rey se aferraba todavía más al escritorio, temerosa de caer de bruces contra el suelo.

Literalmente no sentía las piernas, no sentía nada, no sentía ni sus propios pensamientos. Estaba en blanco. En shock. Como si le hubieran reiniciado la cabeza a la fuerza con todo aquello.

Le vio quitarse el preservativo y recolocarse los pantalones antes de tirar el condón a la papelera.

Rey forzó los brazos como pudo pero aquel nudo era incapaz de deshacerlo, mucho menos con la mengua de fuerza que estaba experimentando. Y Kylo se apiadó, sentándose en la silla del escritorio y adelantándose para poder desatarla mientras la miraba de vez en cuando, observando su carita después de aquel encuentro.

Una vez quedó libre, Rey se subió la ropa interior junto a las mallas y se recolocó el sostén, volviendo a acomodarlo mientras evitaba mirarle pero sintiendo los ojos de Kylo recorrerla.

-Tengo que volver a la cabina…- Él asintió, pasándose la mano por la frente y peinándose el flequillo. Rey se recolocó la camiseta que estaba, cuanto menos, arrugada.

-Más vale que la cinta no se haya quemado…- Ella dejó de alisarse la prenda para alzar los ojos, viéndole con una cara descansada y tranquila pese a toda la violencia que imprimía aquella cicatriz en él. Se relamió y suspiró antes de encararle y responderle pero Kylo se adelantó.- O tendré que volver a castigarte.- Y a Rey se le quedaron las palabras atoradas en la garganta. Mirándole con una cara de incredulidad que se exageró desmesuradamente cuando Kylo alzó levemente una comisura.

-Jah… Ya.- No se lo ocurría nada mejor. A ella. No. Ahora mismo no, no tenía nada mejor que decirle. Quizá dentro de unos minutos consiguiera configurar alguna respuesta que le hubiera bajado os humitos a Kylo… Pero en ese momento, sencillamente, no podía pensar con claridad. Todavía sentía las secuelas del orgasmo vibrar en ella.- ¿Algo más?- Añadió, sujetando el pomo de la puerta mientras Kylo tomaba aire, hinchando el pecho.

-No abandones tu puesto de trabajo.- Pero oh, para esa sí tenía respuesta.

-Lo mismo digo.- Y le sonrió con maldad antes de salir por la puerta, largándose hacia la sala de proyecciones con un paso todo lo fingidamente rígido que podía permitirse.

Kylo no pudo pasar desapercibido el temblor de sus rodillas mientras la veía cruzar el despacho, como no se perdió que en realidad necesitaba apoyarse contra la puerta, ni pasó por alto el rubor de sus mejillas y su mirada encendida, tan brillante de placer como de rabia. Y él, que si no fuera porque tenía los ojos abiertos, ni siquiera sabría dónde se encontraba. No podía creérselo. Sentía la sangre hormigueando por su cuerpo, el aire saliendo de sus pulmones casi tranquilo, y completo silencio en su cabeza. No duraría mucho, pero Rey, su resistencia, poniendo a prueba su fuerza, probando sus límites tanto como los suyos propios, había hecho que toda su vida desapareciera a su alrededor para sólo estar ella en el maldito centro.

Se peinó de nuevo con las manos y se dejó caer sobre el respaldo del asiento, lanzando un larguísimo suspiro mientras su mirada recaía en algo. Pasó las yemas de los dedos por las marcas blanquecinas que resaltaban sobre la madera oscura de su escritorio, acariciándolas. Y sus comisuras se elevaron al instante que las identificó como las medias lunas de las uñas de Rey.

Alzó la mirada al techo, cogiendo aire profundamente y relamiéndose. Estaba deseando saber cuándo y cómo encontrarían la oportunidad de volver a provocarse, porque eso no era sólo cosa suya, y descubrir cómo quedaban esas marcas sobre su espalda.

-Espera, espera. – Escuchó la voz de Poe al otro lado. Y ella, tirada sobre su cama, mirando al techo de su habitación, no pudo evitar poner los ojos en blanco y suspirar con exasperación. – Estabas husmeando en su despacho, te pilló y te folló hasta dejarte los sesos fritos. ¿Me he perdido algún punto?

- ¿Que he descubierto en qué cajón guarda la cartera?

- No, no me he perdido ningún punto, entonces. – Rey resopló.

- Dicho así…

- ¿Y cómo quieres que lo diga, Rey? – El tono severo de Poe le hizo apretar la mandíbula. No era justo. Y estaba mal a tantos, tantos niveles. Pero es que se sentía tan, tan bien… Le escuchó suspirar. – Dime que no te implicarás más de lo estrictamente necesario. – Oh, sí, ya se sabía esa cantinela. "No te impliques" pero ya estás implicada. Así que se traduce en "No te impliques más" pero en su mente se repetía su mismo mantra de siempre.

- Lo que sea necesario, Poe.

-Pero no más de lo estrictamente necesario, Rey. Prométemelo.

-Sí, sí, te lo prometo. – "No más de lo estrictamente necesario" seguía siendo "Lo que fuera necesario".

-De verdad, Rey, lo siento. – Le escuchó decir. Ella frunció el ceño, esperando a que siguiera. – No debería haberte metido en este caso nunca. – Oh, no, ahí estaba. Ya tenía suficiente con un hombre hecho y derecho llamándola "niña" como para soportar que otro la tratara como tal. Sintió que Poe seguía hablando al otro lado de la línea pero había dejado de escucharle en cuanto pensó en Kylo. Todo su cuerpo se calentó como si le hubieran metido un desierto dentro y, para contradecirse a sí misma, volvió a humedecerse entre las piernas, recordando lo que había pasado en aquel despacho, con las bragas por los tobillos y suplicando por un orgasmo, el más brutal y delirante que había tenido en su vida, y Kylo besándola y follándola hasta hacerla perder el sentido como no lo había conseguido nada ni nadie nunca.

-¿Sabes, Poe? – Le cortó, sin saber lo que acababa de decir. – Yo no lo siento en absoluto. – Había sido el polvo más extraordinario y el orgasmo más magnífico que había tenido en su vida. Sus dedos rozaron la cinturilla de sus pantalones de pijama. Se mordió el labio y cogió aire. – No te preocupes por mí, Poe, me las puedo apañar solita. Cuando necesite tu ayuda, lo sabrás.

Pero esa no era una de esas situaciones. Apenas había terminado de colgar y dejar el teléfono sobre la repisa cuando ya había colado la mano entre su ropa, pensando en aquel salvaje apenas civilizado que tenía por objetivo en su misión.

Y cerró los ojos, dejándose llevar.