9. Ángulo Muerto

El poco tiempo que se tomó para comer algo en su casa, antes de subirse a la moto y marcharse al cine, le estaba asfixiando como si sintiera más que nunca la correa que Snoke apretaba en su cuello. Ahogándole, quizá siendo más consciente de ello de lo que lo había sido en su vida.

-Movilizaré a mis hombres por la calle. Creo recordar que tenía amistad con otros chicos encargados de limpiar…- Habló, cansado. Sólo escuchando la respiración de aquel indeseable al otro lado.

-Necesito que deis con él.- Kylo asintió con la cabeza al otro lado del teléfono, sintiendo que Snoke podría verle a través de los ojos de Phasma, quien se encontraba de pie frente a la mesa, escrutándole. Ella le había traído la llamada, asegurando la respuesta inmediata de Kylo. Aquello no señalaba nada bueno.- Necesito tener novedades pronto. Los días empiezan a caer como moscas y cada uno de ellos sin ese muchacho es devastador.

-Lo sé.- Respondió, desviando los ojos de Phasma.- Moveré a algunos de mis hombres para que le encuentren.

-¿Cuándo podrás asegurarme novedades?- Kylo contuvo la respiración.

-Quizá mañana.

-¿Quizá?- Luego rió descaradamente al otro lado mientras Kylo intentaba mostrarse frío.- De acuerdo… Esperemos que quizá mañana tengas algo que traerme.- Kylo volvió a asentir.- ¿Os ha llegado el camión con el repuesto del cine?

-Sí. Llegó ayer.

-¿Todo en orden?

-Todo en orden.- Y el silencio se hizo al otro lado de la línea.

-¿Qué tal tu herida?- Kylo contuvo el aire.

-No es nada. Está cicatrizando.- Escuchó un gruñido de asentimiento por parte de Snoke al otro lado de la línea.

-Mañana te espero con tus novedades.

-De acuerdo.- Y se cortó la llamada.

Phasma extendió el brazo una vez Kylo se apartó el auricular. La mujer guardó el teléfono de conexión directa con la hacienda de aquel monstruo infernal y se recolocó la chaqueta, dándole una última mirada a Kylo antes de andar con paso firme hacia la puerta del piso. Cerró con cuidado y Kylo abandonó la postura forzada de seriedad y serenidad que había adoptado desde que Phasma había pisado su casa.

Se dejó caer sobre la mesa, llegando con los dedos a su taza de café, encontrándola fría, casi tanto como su vida. Fría, apagada… Amarga.

Dejó caer los párpados, sintiendo que la piel cicatrizante le tironeaba, quizá abriéndose un poco o quizá… Quizá eran sólo sus nervios, despuntando y haciéndole alucinar.

Sonrió, recordando algo que sí aseguraba tenerle alucinado desde ayer por la noche. Se relamió, sentándose de nuevo en la silla y acercándose el café frío, dándole un trago y forzándose a quitársela de la cabeza.

Estaba seguro de que aquel encuentro con Rey había sido algo esporádico, algo que quizá la chica necesitaba a causa de un colapso interno. Él conocía bien esa clase de colapsos aunque sus soluciones iban por otros derroteros. Otros que nada tenían que ver con el sexo. Ojalá fueran así…

Zarandeó la cabeza, dando otro trago, sintiendo una dulce sensación de anticipación recorrerle desde el pecho hasta el estómago con sólo imaginarse la reacción de Rey, cuando se encontraran hoy en algún punto del cine. Y quizá le evitara, quizá se sonrojara, quizá… Quizá le pidiera perdón o se disculpara por su "poca profesionalidad" aunque Kylo sabía que no tenía nada que perdonarle. Lo que menos había hecho ayer Rey fue molestarle de alguna manera.

Sonrió de nuevo, terminándose el café y dejando la taza sobre la mesa, levantándose para marchar al trabajo, deseando volver a verla.

Y hacer que se pusiera nerviosa.

Tranquilita.

Rey se despertó muy, muy tranquilita ese día. La luz entrando por las rendijas de la persiana, inundando casi con dulzura lo espartano de aquella habitación que se caía a pedazos. Cuando se desperezó sobre las sábanas, pudo sentir a todo su cuerpo quejarse. Sonrió. Tenía agujetas así que sí, llevaba el tiempo suficiente sin hacer ejercicio de ningún tipo como para no sentir las secuelas físicas de lo ocurrido. Por lo tanto, tranquilita y deliciosamente dolorida.

Y eso, para sorpresa de sí misma, incluso le tenía de buen humor. Dejó el agua hirviendo para sus rutinas mañaneras mientras le daba un par de vueltas a todo aquello. No debía sentirse tan bien por algo que había estado tan mal. Por la Fuerza, ese hombre casi había matado a su colega solo con las manos. Pero si ella misma tenía que recordar lo que esas manos habían hecho sobre su cuerpo, la experiencia era muy, muy diferente.

En lo que se metía en la ducha, su mente se convencía a sí misma de que aquello había sido un mero trámite para acercarse aún más y de forma determinante a él, a Kylo Ren, líder de la Primera Orden. Que ahora podría cubrirse las espaldas a sí misma con aquello, actuando de tal modo que el simple hecho de entrar en su despacho ya no supusiera un peligro para ella, y mucho menos que la pillaran haciendo algo que no debía. El mismo Kylo estaría cubriéndola sin darse ni cuenta y eso podía, definitivamente, usarlo a su favor. Y lo usaría tanto si el muy capullo sólo quería sexo como si ella misma lograba ganarse una pizca de su confianza.

Pues lejos de su tapadera, Kylo era la clase de persona a la que dispararía nada más viera venir. Era la clase de persona que ella y la Agencia JEDI se dedicaban en cuerpo y alma a cazar para mantener el orden y la ley en la Galaxia. Y, si no se resistían mucho, incluso tenían derecho a un juicio y una condena. Era tan sencillo como eso. Los buenos y los malos.

Cuando salió de la ducha estaba convencida de sí misma casi al cien por cien. Pero al quitar el vaho del espejo, una marca rojiza y casi amoratada en ese punto en el que se unen el cuello y el hombro delataba la fuerza con la que Kylo la había besado. Y lo peor no era esa marca que la delataba al mundo entero, no. Lo peor fue la sonrisa inconsciente que empezaba a traicionarla. Dejar esa marca al descubierto quizá era un riesgo, pero descubrió que no quería taparla para que él, y sólo él, la viera. Se dejó media melena sin recoger. Eso iba a tener que bastar… O como mínimo, mantener a Aphra lejos de interrogarla sobre ello.

-¿Has oído lo de Ren? – Escuchó Rey decir a una mujer de mediana edad en una pastelería del barrio que le pillaba de camino, provocando que frenara el paso y se acercara, quedándose parada en la cola, escuchando.

-¿Lo de la… ? – El hombre hizo un gesto arrastrando el índice por su cara simulando la cicatriz de Kylo. La mujer asintió y el hombre se encogió de hombros mientras cobraba a la señora. – Sabes que siempre nos quedamos con los rumores.

- Es lo mejor que tenemos. – Resolvió la mujer con una sonrisa antes de despedirse.

Y eso le dijo a Rey que no debía sólo andarse con ojo, sino que no debía limitarse a lo que ocurriera en el cine. Que debía poner el oído también. Que la gente hablaba… Y podía ser que supieran más que ella.

-¡Llegas cinco minutos tarde! – Le gritó Aphra en cuanto cruzó las puertas como una exhalación. Rey se acercó a ella, sacando una bolsa de su mochila.

- ¿Según qué reloj? El de Hux no cuenta, lo lleva diez minutos adelantado para llegar antes a todas partes. – Le contestó, haciendo sonreír a la chica y ofreciéndole media palmera de chocolate que había comprado por el camino.

- ¿Estás intentando comprarme? – Aun así, Aphra aceptó el regalo, con la ceja levantada de extrañeza.

- ¿Funciona? – Y eso le hizo sonreír a la vez que le pegaba un mordisco. Rey le guiñó un ojo antes de dirigirse a las escaleras, de camino a sus cabinas, sus cables y sus cintas de vídeo.

Subía por las escaleras, tambaleándose de un lado a otro, toqueteando sus muñecas y comprobando que las vendas estuvieran en su sitio al igual que aquellos chips. Anoche, de madrugada, cuando llegó a su casa, revisó todo lo que Poe había pedido que le mandaran acerca del logo de aquel camión. Tal y como suponía, era el logo falso de una falsa empresa que ya hacía tiempo que estaba en la quiebra. La matrícula, por tanto, también lo era. No aparecían en ningún registro y el chico había pedido que mandaran a analizar todo aquello, rastreando, comprobando cámaras y demás registros acerca de la matrícula y aquel camión.

Maldita sea, era una camión. No podía ser tan difícil de esconder ¿No? Aunque no daba por sentado nada, ya hacía tiempo que había dejado de hacerlo. Las cosas no eran como aparentaban ser y la Primera Orden llevaba demasiado tiempo trabajando en el engaño y la huida como para que les detectaran por bobadas de aquel calibre.

Tendrían algún as en la manga, siempre parecían tenerlo.

-¡Señorita!- Aquella voz, aquel retintineo vocal hizo que Rey parara los pies en seco, contrayendo los hombros como si acabaran de pillarle alguna trastada. Se giró lentamente cuando escuchó el taconeo sordo de Hux por la alfombra, acercándose a ella.- Estaba buscándola. Llega tarde.- Y Rey fue a replicarle que, si un reloj estaba adelantado, realmente no iba a la hora indicada pero Hux disparó de nuevo.- Le he dejado unos anuncios que adjuntar en la sesión de las siete…- Se sacó una pequeña libretita del bolsillo, leyendo lo que tenía apuntado.- La sesión de las ocho y media y la sesión de las diez. De la sala 2.- Cerró la libretita, observándola mientras Rey asentía.- También le pediría que, cuando esté proyectando en la sala 1, baje a recolocar los forillos del pasillo.- Rey achicó un ojo y Hux puso los ojos en blanco.- Los photocalls.- Ella boqueó.

-¿Debo sustituirlos por otros?- El pelirrojo asintió.

-En el sótano, antes del almacén de bobinas, hay otro cuarto donde solemos guardar los cartones y anuncios promocionales. Cuando termine de preparar los proyectores, búsqueme… O pregunte a Kylo.- Apuntó a su despacho con el pulgar.- Y pídale que le deje la llave.- Rey asintió y se quedó esperando otra orden pero Hux parecía haber terminado.

-De acuerdo. Pues me retiro…- Le habló con una sonrisa plasmada en sus palabras. Fue a darse la vulta cuando Hux achinó ambos ojos, observando algo en ella. Y Rey anduvo a trompicones, girando sobre sus talones y viendo que quizá al hombre se le había quedado algo más en el tintero que no parecía querer soltar.- ¿Necesita algo más?

-Ehm… no. Nada.- Fue a retirarse, haciendo ademán de darse la vuelta pero parecía que su personalidad no le permitía dejar ese cabo suelto.- Por cierto…- Rey frenó en seco de nuevo, mirándole.- Si tiene problemas con los mosquitos de esta zona…- Rey asintió sin entender.- Puede comprar un repelente en el pequeño comercio que hay dos calles más abajo. Al igual que una crema para la hinchazón.- Rey asintió más por compromiso que por saber a lo que se refería. Pero Hux pareció pillar aquel lenguaje silencioso.- Por la picada que tiene en el cuello.- Asintió. Dándose la vuelta finalmente y largándose a su despacho.

Rey se llevó la mano directamente al cuello, cubriendo esa zona como si el gesto fuera a hacerlo desaparecer.

Contuvo el aire, entrando en el cuartito de proyector de la sala 2, aquel que parecía más su lugar de trabajo por todas las atenciones que requería el proyector mientras estaba en funcionamiento. Vio el sobrecito en la mesa y sacó la bobina, viendo que estaba por rebobinar y así lo hizo mientras sacaba las tiras de anuncios que tendría que adjuntar para las sesiones, preparando el material para quitar las que acopló durante la anterior jornada.

Suspiró, virando al frente. Observando por la pequeña ventanita la sala de cine que se alzaba frente a ella. Allí estaba Aphra, pasando el aspirador por las butacas y limpiándolas de polvo, palomitas y suciedad en general, a pesar de encontrarse impolutas.

Rey suspiró, imaginando que aquello sería más una manía de Hux, que se imponía a modo de trabajo. La sala debía estar reluciente, que oliera bien y con las butacas más cómodas, limpias y firmes de todo el barrio.

Empezó a acoplar las tiras, quitando las sujeciones que había puesto en las anteriores y sustituyendo unas por otras. Poco a poco y con cuidado, no quería romperlas ni mucho menos enganchar pelo, polvo o cualquier cosa que pudiera adherirse.

Limpió la zona con un pañuelito suave y poco abrasivo antes de recolocar la bobina en el proyector, pasando la cinta y dejándola lista.

Chequeó el reloj, todavía tenía tiempo de examinar las cámaras y tomó asiento en la silla de la sala, sacando el aparatito que controlaba a la unidad BB y pasando de cámara en cámara. Observando todo lo que se cocía en aquel cine.

Pasó sin demorarse nada en absoluto por las grabaciones del día anterior. Sabía lo que encontraría. De hecho, ese iba a ser su pequeño secreto. Ya lo sabía Poe, pero esas grabaciones no debían nunca pasar la puerta de la JEDI, esas en las que la imagen se quedaba estática por un periodo de tiempo, entre el que ella lo modificó y el temporizador volvió a su sitio, hasta que de repente aparece ella saliendo casi tambaleante del despacho de Kylo. Eso, de cara al mundo entero, nunca había pasado.

Y, de hecho, creyó, estar viendo otra vez la misma secuencia de Kylo subiendo las escaleras inmerso en su teléfono y dirigiéndose a la puerta de su despacho. Pero no. Eso estaba sucediendo justo en este mismo momento. ¿Y si estaba todo en ese teléfono? ¿Sería tan ridículo de ponérselo todo tan fácil y a la vez tan complicado?

Sonrió para sí misma. Le daba igual cuáles fueran las intenciones de Kylo en cuanto a ella después de lo de ayer. Rey no iba a dejarlo correr tan fácilmente. Ahora ese era su gancho y lo tenía bien agarrado con ambas manos. Iba a sacar todo lo que pudiera de él… E iba a encontrar la manera de que él estuviera completamente de acuerdo con ello.

-Rey. – Un chisporroteo en el pinganillo de su oído la sacó de sus pensamientos. Sin embargo, no era la voz de Poe lo que escuchaba al otro lado. Y su corazón martilleó a mil por hora, pensando en la posibilidad de que les hubieran descubierto.

- ¿Quién es? – Preguntó con sequedad, controlando su tono y dándose la vuelta, toqueteando el proyector de nuevo, disimulando para que nadie pudiera ver que movía los labios, ni mucho menos ser escuchada.

- Eh ¿qué… ? – La voz parecía desubicada. – Oh. Perdona. Soy Finn. - ¿Finn? ¿Qué demonios hacía con el pinganillo de Poe?

- ¿Dónde está Poe?

- Emmmmm – Rey puso los ojos en blanco. Estaba empezando a detestar la lentitud con la que el chico le daba las respuestas. No sabía si eran nervios, inseguridad o mentira. – Está en una sesión de rehabilitación. – Rey suspiró con cierta tranquilidad.

- ¿Qué ocurre? – Tenía que ser grave para que no pudiera esperar a que Poe volviera.

- Han lanzado una alerta en la calle por nuestra búsqueda y captura. Bueno… No pone captura realmente. Pone "recogida". Pero se entiende que ha dejado de ser un traidor de la Primera Orden y un cadáver para ser dos cadáveres.

- Ni se os ocurra moveros del hospital, ahí estáis seguros y hay vigilancia. Y Poe no puede moverse. Niégate a quien te ofrezca salir de ahí y esconderos en cualquier planeta. No sabéis con quién podríais estar hablando y, al menos, en este planeta sí controlamos a quiénes pueden estar buscándoos. – Le ordenó Rey con rapidez. Se quedó un momento en silencio, escuchando a Finn al otro lado. Casi podía verle mirando a todas partes, buscando amenazas hasta delatarse a sí mismo. – Espera a Poe, cuéntaselo todo y no os mováis. Prométemelo.

- Prometido. – Y Rey cortó la comunicación hasta que Poe volviera a llamarla. Y esperaba que no la pillara en un mal momento. Porque, de repente, su investigación había pasado de permanecer estancada, sin tener nada que ofrecer, a acelerarse hasta tener un nuevo objetivo cada día.

Se quedó un momento sentada en la silla, recuperando el aire, tratando de calmar las pulsaciones de su corazón, antes de respirar profundamente, insuflándose valor y cruzando de nuevo el pasillo, sin modificar la imagen de la cámara ni intención de esconder que se dirigía al despacho de Kylo.

Se paró en la puerta, cogiendo aire otra vez, con el puño en alto antes de decidirse y llamar por fin. Tenía trabajo que hacer.

La puerta se abrió justo cuando se metía el teléfono en el bolsillo trasero del pantalón, girándose hacia quién se atreviera a abrir la puerta de su despacho con ese descaro. Y casi se paraliza por completo cuando la vio asomarse por el quicio de la puerta. Rey…

La vio entrar, sin que él lo hubiera permitido en absoluto, con el picaporte aun en su puño, y coger aire para preguntarle algo. No le dio tiempo a hacerlo.

-Está muy bien que llames a la puerta antes de entrar, niña. Es un gran progreso si lo comparamos con entrar en el despacho sin más.- Le vio fruncir el ceño, esa expresión tan suya que traicionaba su pose tranquila. Esa chica no conocía la sumisión en ningún aspecto. Era una rebelde nata. Y eso le hizo relamerse por dentro mientras se acercaba hasta ella. – Pero intenta que la próxima vez yo te dé permiso para entrar.

- Ya he visto lo mucho que puedes esperar cuando pido algo. – Le dejó caer sin un ápice de vergüenza, por muy cerca que le tuviera, sin amedrentarse ante él. – Y tengo trabajo que hacer.

-¿Qué quieres? – Le vio alzar la mano hasta ella y apartar con un dedo un mechón de pelo que caía sobre sus hombros, tanto como vio que sus ojos se regodeaban al ver la marca que había dejado sobre su piel.

- Nunca creí que serías de los que pregunta algo así. – Le soltó, rápida. Kylo alzó una ceja, centrando su mirada ahora en ella. – Pero lo que más impera ahora es que necesito las llaves del almacén. Hux me ha pedido que cambie los cartones.

- ¿Eres siempre así de eficiente? – Le preguntó, sin apartar la mirada de ella mientras sacaba un manojo de llaves.

- Si no tuviera agujetas, lo sería incluso más.

Kylo alzó la cabeza, mirándola con las cejas levemente alzadas. Analizándola y planteándose si seguirle el juego a la chica o sencillamente perdonárselo esta vez. Desencajó una llave de todas las que él llevaba en el manojo y se la tendió. Rey alzó el brazo, intentando cogerla pero Kylo la elevó, apartándola de su alcance. La chica se quedó con la mano a medio camino, observándole.

-La quiero de vuelta.- Ella asintió.- No me hagas ir a buscarla.- Rey alzó una ceja.- Hoy tengo trabajo.- Ella se quedó con la boca entreabierta, mirándole y conteniendo el enfado. Vaya que era exquisito y encima con ese tonito de superioridad. Se mordió el labio a conciencia, captando la atención de Kylo antes de bajar sus ojos a sus labios. Y entonces se accionó rápido, quitándole la llave de un zarpazo.

-No te preocupes.- Abrió la puerta y Kylo no se movió para facilitarle la salida. Sólo que esta vez Rey no tuvo miedo de tocarle. Desde ayer su tacto era algo que reconocía casi tanto como su olor… Aquella maldita colonia que tanto estaba afincándose en su cabeza como su leitmotiv personal, uno que sólo le pertenecía a él. No había olido esa colonia antes pero, a partir de ahora, si lo hacía sabía que no habría fuerza capaz de alejar el recuerdo que él había dejado.- Te la traeré de vuelta. Yo no la quiero para nada.

Y se escabulló, cerrando la puerta mientras respiraba, intentando controlarse ante toda la violencia que le provocaba por dentro. Una violencia fuerte, rabiosa y que a cada ocasión que se forzaba a contenerla… Peor resurgía.

Rey bajó al sótano, encontrando la puerta que Hux había indicado, y empezó a sacar cartones de una película que le había dejado anotada en el post-it que divisó en la puerta del sótano.

"Coloca los forillos de "Miedo y Asco en Las Lagon", gracias."

Allí estaba la letrita pomposa y repipi de Hux… Esa letra, indicándole una película que no había visto y que, hasta el momento, sólo conocía de oídas. Le sonaba, quizá porque estaba en el imaginario colectivo de la sociedad. Agradeció llevar el teléfono encima para buscar imágenes y así facilitarse el trabajo de encontrar los cartones. Una vez los localizó entre aquel cementerio de imágenes cinematográficas, los hizo a un lado. Preparándolos para después, cuando hubiera terminado la proyección de la Sala2.

Volvió a subir las escaleras tras cerrar la puerta y se quedó parada delante de la entrada a la sala de proyección… Observando la puerta del despacho de Kylo. Debería devolverle la llave si luego tenía que buscarle y pedirla.

Entró en la sala y preparó el proyector, dándole a reproducir la cinta mientras se reacomodaba y bajaba un poco las luces para que se vieran bien los nuevos anuncios.

-Tenemos ya a varios de nuestros hombres rebuscando por las calles a ese condenado limpia-mierda…- Habló Hux, haciendo girar el licor en su vaso de coñac mientras miraba a un punto indefinido de la sala, zarandeando levemente la muñeca y encandilado por la sincronía del líquido con sus propios movimientos. Luego le dio un trago tras haberlo mareado lo suficiente. Puso una mueca amarga, regresando la vista a Kylo, quién parecía estar perdido en otro mundo. Con la barbilla apoyada en el cruce de sus manos entrelazadas, ambos codos sobre la mesa y el vaso de garlicc sin tocar, a un lado. Hux arqueó una ceja.- Posiblemente tengamos noticias pronto…- Kylo asintió por inercia y Hux tomó aire, cansado de ver cómo su amigo no le hacía apenas caso.- Por cierto, ayer vi "Alguien Voló Sobre La Fosa Del Rancor" y me pareció la cosa más tediosa y aburrida de la galaxia.

-Ya…- Hux rodó los ojos y golpeó la mesa, haciendo que Kylo se contrajera del susto. Mirándole.- ¡Joder! ¿A qué ha venido eso?

-¿Me estabas escuchando?- Kylo parpadeó varias veces.- ¿Me estabas escuchando o no?- Kylo rodó los ojos, apoyando los antebrazos en la mesa y dejando caer la cabeza, rebufando.- ¿No estarás borracho, no?- Preguntó el pelirrojo con ofensa. Kylo alzó la cabeza rápidamente.

-¡Lo que estoy es agobiado!- Hux parpadeó, sorprendido por aquella respuesta.- ¡Agobiado y hasta los cojones de todo esto!

-Baja la voz, por favor…- Se miró el reloj.- Hay una reproducción en marcha.

-Me cago en la puta…- Dijo, dejándose caer sobre el asiento y poniendo los ojos en blanco.

-Ya sé que estás hasta los huevos pero, Ren, por favor, concéntrate.- El pelirrojo cambió el peso de pierna y se descruzó de brazos.- Estamos muy cerca, muy cerca de… Ya sabes.- Le miró, temiendo que Snoke tuviera micrófonos en todo el cine. Kylo asintió.

-Sí, joder… Lo sé.

-No lo tires por la borda ¿Entendido?- Kylo asintió.- Nos estamos dejando la piel en esto. Tendrá su merecido descanso y recompensa.

-Está tardando en llegar…- Hux se alzó de hombros ante aquella respuesta.

-¿Nunca te han dicho que lo bueno se hace esperar?- Kylo se tornó serio.

-Nunca se dio esa oportunidad en mi vida… No al menos por parte de mis padres.- Hux rodó los ojos y se pinzó el entrecejo.

-Lo siento.- Kylo desvió la mirada.- Lo siento… Yo también estoy nervioso.- Dio un último trago a su copa.- Voy a ver cómo van los muchachos. Procura descansar. Y mantener el orden por aquí.- Kylo asintió, dejándose caer sobre la silla de nuevo.

- No me va a matar, pero sabes que necesito que aparezcan esos dos lo antes posible. – Hux asintió, dejando el vaso. Kylo se pasó la mano por la cara para terminar apartándose el pelo de la frente. – Y no podemos permitirnos dar a entender a nuestros socios que no sabemos hacernos cargo de una fuga. – Hux frunció los labios ante la idea. Cualquier cosa, por mínima que fuera, podía ser identificada como una debilidad que les haría perder el poder del que hoy hacían gala.

-¿Has pensado en que puede estar siendo protegido por la policía? – Le preguntó el pelirrojo, que se calló tan pronto como Ren alzó la mirada hacia él.

- Tenemos contactos con la comisaría y no han dicho nada. Tenemos uno en la calle, otro en tráfico y otro en archivos. ¿Y no te han comentado ninguna novedad? – Hux negó con la cabeza. – Eso quiere decir que, de haber ido a contarle el cuento a alguien, no ha sido a los agentes de a pie.

- ¿Qué sugieres?

- Que no está en la calle. – Hux levantó una ceja. – Mantén a los chicos buscando, pero indaga en otras esferas. Recuerda que el paquete era de la JEDI. – Vio a Hux tomar una bocanada de aire. Tratar con dirigentes siempre era más complicado.

Altas esferas. Les encanta contar con una organización criminal pero ponen muchos problemas cuando les tienes que devolver la llamada. A veces, tenían tan mala costumbre de no cogerle el teléfono que el pelirrojo tenía que llamar a sus puertas como si fuera el jodido Santa Claus. Aun así, asintió y se dio la vuelta sobre sus talones para salir de ahí y ponerse manos a la obra.

Kylo se pinzó el puente de la nariz en cuanto escuchó el clic de la puerta cerrarse a espaldas de Hux, soltando un sonoro suspiro. Era ridículo que aquello les estuviera dando tantos problemas. Era imposible que nadie supiera nada. No había tumba lo suficientemente profunda como para que él no encontrara a quien buscara. No existía. A fuerza de golpes, se había convertido en el mejor y el más brutal, y sólo eso le había salvado la vida hasta ese momento. Sólo eso, le protegía ahora. Eso y su capacidad de seguir aguantando. Pero estaba seguro de que, un día, Snoke cruzaría el límite. Su esperanza de vida mermaba a cada segundo. Él y todos a su alrededor parecían ser conscientes de ello. Y eso solo le hacía aun más peligroso. Aun así, no parecía suficiente para encontrar un maldito cadáver y un traidor.

Su mirada se desvió hacia el reloj de pared y estrechó los ojos. No se tardaba tanto en coger unos malditos cartones. ¿Qué cojones estaría haciendo? Se crujió los dedos y cruzó el despacho en un par de zancadas, dispuesto a encontrarla.

Era como… la trigésima octava vez que subía y bajaba aquellas malditas escaleras. Al final sí que iba a hacer ejercicio como cuando estaba en la Academia. Por cada vez que subía a preparar el proyector de una de las dos salas, o incluso de las dos, bajaba otro par de veces para seguir colocando los malditos cartones. Y claro, cartón que pone por cartón que quita. Y bajaba otra vez al almacén a dejar los antiguos para cargar con otros nuevos. Ya se había cruzado con Hux y le había sermoneado sobre coger varios a la vez, no fueran a doblarse las esquinas. Estaba condenadamente hasta el moño de ese prepotente hijo de puta. De ese, y del otro. A cada cual peor.

Sacó el último cartón que debía colocar y lo dejó frente a la puerta mientras se encargaba de guardar el último de los antiguos. Un trabajo lo suficientemente físico como para encima no poder permitirse pensar demasiado en la llamada de Finn. Las luces tintinearon un momento. Y cuando se dio la vuelta sobre sí misma, casi se cae de culo sobre todos los cartones que había a su espalda. Ni se lo pensó, reaccionó sin más.

-Joder. –Maldijo, pegándole un puñetazo en el brazo. No tenía previsto que estuviera tan duro, pero ella tampoco era una princesa. – Qué puto susto. A mí me dices que llame y pida permiso antes de entrar y tú eres sigiloso como una puta sombra.

- ¿Estabas haciendo algo que no debías? – Le preguntó con esa voz grave que le sacaba de sus casillas, porque le obligaba a reaccionar de un modo en el que no quería hacerlo.

- ¿En este cuartucho? – Le preguntó con cierto sarcasmo, levantando una ceja y extendiendo los brazos como mostrando aquel agujero en la pared con complejo de zulo en el que estaban. Pegó un bufido.- No. Sólo mi trabajo.- Dijo, girando y equilibrándose sobre una pierna para poder estirarse y apagar la luz de allí, intentando llegar.

Kylo no perdió detalle de nada, de su agilidad, de su culo alzándose ante él ni de cómo se le subió la camiseta, dejando al aire un trocito de su espalda. Rey volvió a situarse sobre sus dos pies, cerrando la puerta del cuarto, todavía de espaldas a Kylo. Y le sentía, le notaba respirar allí atrás. Tragó saliva mientras giraba sobre sus talones, encarándole. Vaya que le gustaba acercarse a ella.

Rey le recorrió con los ojos y le tendió la llave, sosteniéndola con dos dedos y Kylo abrió la palma para que ella la depositara. Dejó caer la pieza de metal y él la atrapó al vuelo.

-¿No te habrás dejado el proyector de la Sala2 encendido como ayer, verdad?- Rey se relamió de nuevo y negó con la cabeza.- ¿Has cogido la película para la Sala1?- Ella contuvo el aire y Kylo se pispó del papelito que sobresalía del bolsillo. Aquel color malva, típico de los post-its de Hux, le indicó que sería la notita que le había dejado. Se tomó la licencia de quitárselo de un tirón y mostrárselo.- Si estás poniendo los forillos…- Rey rodó los ojos.

-¡¿En serio decís "forillos"?!- Kylo arqueó una ceja, observando a Rey y conteniendo una media sonrisa malvada ante una ocurrencia.- ¿Qué problema tenéis con decir "photocall"?

-¿Qué problema tienes tú con los nombres… Niña?- Rey contuvo el aire, atrapado en el pecho mientras apretaba los dientes y le miraba desafiante. Aquel "niña", lanzado sin compasión y con todos los sentidos que tenía para ellos dos, le cabreó. Bastante a decir verdad. No se contuvo y le punteó el pecho con el dedo.

-Que me gusta que se llame a las cosas por su nombre.- Dijo, alzando momentáneamente los ojos hacia él, encontrándole impasible, sin expresión alguna más allá de esa superioridad que desprendía siempre. Kylo alzó las cejas y Rey bajó la mano, suspirando.- ¿Dónde está esa película? Hux no me ha puesto la numeración…

-"Miedo y Asco en Las Lagon" es del noventa-y-ocho…- Aclaró Kylo, encaminándose al almacén de películas, prendiendo la luz principal que sólo alumbraba los primeros estantes.

Rey quedó situada a sus espaldas y no pasó por alto que Kylo llevaba el teléfono encima, concretamente en uno de los bolsillos traseros… Alzó los ojos a él, siguiéndole y empezando a preparar un plan. Sabía dónde estaban las cámaras en esa zona y adelantarse ahora a atraparle el teléfono quedaría grabado y, por tanto, se sentenciaría al delatarse.

-¿Y qué si es del noventa-y-ocho?- Habló ella mientras Kylo se daba la vuelta levemente a sus espaldas, mirándola por encima del hombro antes de adentrarse en el pasillo colindante a la primera estantería que se encontraban al entrar, situándose en la parte trasera de ésta.

-Pues que estará por aquí…- Dijo mientras sus ojos recorrían las estanterías.

-¿Están ordenadas por años?- Kylo rió nasalmente al tiempo que seguía escudriñando.

-Algo así…- Ella se le pegó un poco más, intuyendo por el ángulo de las cámaras que donde se encontraban ahora mismo sería una especie de ángulo muerto. Sin visión, donde no alcanzaba la lente. Kylo asintió.-El orden es alfabético, por directores, y luego por años…- Rey frunció el ceño, sin entender demasiado bien qué clase de método era ese.- Y esta debe de situarse en la tercera estantería.- Se giró hacia ella y dio de lleno con sus ojos , que no se los quitaba de encima. Apuntó con el dedo donde se encontraba la cinta pero Rey le sujetó la mano, dejándola a medio camino, deslizando los dedos por su brazo, notando el leve calor de su piel en la yema de éstos y entonces Kylo la apresó contra los estantes, en el esquinero. No tardó en atraparle los labios en un feroz beso que dejó a Rey sin aliento. A la chica le costó reaccionar, esperaba poder tardar un poco más en dar aquel paso pero parecía que Kylo se había quedado con las ganas de tener la iniciativa. Rey situó las manos a su espalda y fue descendiendo una de ellas lentamente. Kylo cortó el beso y ella se frenó, temerosa de resultar evidente.

-¿Estás provocándome?- Ella ladeó la cabeza, sonriéndole de medio lado. Apartó la mano de su espalda y le acarició los labios con el dedo.

-Vaya que has tardado en darte cuenta…- Kylo no volvió a darle espacio para razonar, besándola de nuevo y embistiéndola contra la esquina, tanto que tuvo que sostenerse a él, agarrándole de la camiseta. Kylo bajó a su cuello.

-¿Qué es esta marca?- Preguntó, alzándose y observándola mientras le acariciaba el chupetón con el dedo, en círculos.

-Eso me gustaría saber…- Kylo sonrió de medio lado y Rey se mordió el labio.- ¿Vas a hacerme otra?- Y volvió a llevar una mano a su pecho, acariciándole por encima de la camiseta mientras la otra descendía por su espalda. Y cuando sintió que sus dedos se entrelazaban con los de ella creyó que empezaría a guiarla. Sin embargo la apartó, negándole el contacto.

-No me gusta que me acaricien…- Ella se relamió, tragando saliva.

-No creo haberte preguntado qué te gusta…

-Claro que no, niña. Esas preguntas suelo hacerlas yo.- Bajó los ojos, recorriéndola con lujuria. Coló su rodilla entre las piernas de Rey, haciendo que la chica se sentara en ella.- Y en cuanto a la marca…- Le soltó la mano, llevando ahora su pulgar y volviendo a acariciarla, apresando el cuello de la chica con suavidad.- Veremos si sales de aquí con otra…- Ella se relamió y Kylo se agachó, atrapándole el labio mientras Rey alzaba la mano libre hasta su cuello, descendiendo de nuevo la otra por su espalda, casi, casi llegando al pantalón. Pero Kylo parecía estar sensible al tacto aquella tarde.- Te he dicho que no me gusta que me acaricien.- Y le atrapó ambas manos con la suya, colocándolas sobre la cabeza de la chica.- No hagas que te ate.

-Es que…- Se mordió el labio, mirándole e imprimiendo toda la lujuria posible en sus propios ojos mientras pretendía seducirle con sus gestos, sus expresiones y empezando a frotarse contra la pierna de Kylo.- Es que no puedo parar de tocarte…- Se adelantó con cuidado, lentamente, y le pasó la lengua por los labios en un roce húmedo mientras él se mantenía quieto e inexpresivo. Rey le apresó los labios con los suyos, besándole con cuidado de nuevo, intentando convencerle para que no le atara las muñecas. Volvió a lamerle antes de separarse, quedando cerca de él.

-Joder, nena…- Y viéndose victoriosa, alzó una comisura…- Entonces voy a tener que atarte.- …que bajó tras escuchar esa sentencia.

-¿Qu…? No… - Se quejó, atrapando toda su atención con aquel lamento. – No, no. – Se removió, intentando liberarse del agarre que ejercía Kylo sobre sus muñecas con solo una mano. Y cada vez que se retorcía era un movimiento más en su contra, su sensibilidad rozándose con la aspereza de los vaqueros de Kylo.- No, no, no, no.- ¡Por favor! La tenía sentada sobre su pierna. No iba a quedarse ahí. Y como si pudiera leerle el pensamiento, la apresó aun más contra la pared.

- Oh, ya lo creo que sí, no pareces muy dispuesta a obedecer sin más. – Él no dice nada, no va más allá, simplemente se encuentra con su mirada, sus pupilas negras como el espacio más allá del Borde Exterior y sus ojos de un negro intencionado. Rey ve un oscuro fervor depredador en esos ojos, una fiereza que no le va a dejar mentirse a sí misma. En los ojos de Rey, Kylo ve un orgullo áspero. A pesar de su situación, sus ojos tienen la misma determinación de acero de la que fue testigo ayer.

Y sin soltar la presa que ejercía sobre sus muñecas, su mano libre empieza a recorrerla. Una caricia con los nudillos sobre su mejilla llena de pecas. Su cuello fino, y la marca que había dejado en ella. El hueso de su clavícula. Lentamente, deliberadamente, se inclina para rozar sus labios a través de su mandíbula, su cuello, pellizcando ligeramente. Rey se pone rígida y luego se derrite, ardiendo pero temblando, y apenas la ha tocado todavía.

Su mano baja por su estómago, más allá de su ombligo, colándose por la cinturilla de sus pantalones sin encontrar ninguna resistencia.

Su mano, caliente y pesada contra su calor resbaladizo, y ella esperando con respiración contenida para que él la toque.

En cambio, le besa, primero tan suave que no es más que una caricia en sus labios, antes de hundirse en su boca y robarle hasta el aire. Y luego de vuelta, al beso suave, sacándola de quicio. Casi juraría que sonríe satisfecho de mantenerla al borde, sabiendo que solo la está preparando más para él. Y ella se mueve, demasiado orgullosa para suplicar, pero intenta empujar sus caderas en su mano en una indicación física de su deseo. Los labios de Kylo se crispan en respuesta, sabiendo exactamente lo que está haciendo. Y no le aparta la mirada en ningún momento, quiere ver todas y cada una de sus reacciones. Esto es más una batalla que una concesión de voluntad. Él quiere verla deshecha, está decidido a tenerla dócil y flexible debajo de él, gimiendo su nombre una vez más. Su mano se atreve a separarla, y hace una pausa mientras siente cuán húmeda está para él. Rey entreabre los labios para coger aire con anticipación y ve como Kylo copia su gesto como si fuera una consigna especular entre ellos, como si fuera a tomar de nuevo el aire directamente de sus labios. Y sin embargo, Rey lo sabía mejor que eso. Se estaba cachondeando de ella, de tenerla así… con tan poco.

-¿Cuánto tiempo crees que aguantarás esta vez, nena? - Le murmura en una voz hecha para el pecado. Ella no responde, con los ojos duros y los dientes apretados, mientras siente cómo uno de sus dedos roza y extiende su humedad. –Respóndeme - le ordena, al tiempo que ese puñetero dedo llega a su clítoris y empieza a torturarla. Ella tiene espasmos, ojos llenos de sorpresa y disgusto apenas disimulado.

- No.- Las palabras son apenas inteligibles, un ronco gruñido de inútil resistencia. Y con la siguiente caricia circular, su orgullo se desliza una fracción, sabiendo perfectamente que a Kylo le está encantando observar todas sus reacciones, a dos centímetros de su cara.

- Vamos a tener que hacer algo para que dejes de decirme que no a todo, nena. – Vuelve a recorrerla con los dedos, recreándose y grabando para siempre en su recuerdo la forma en la que se resistía aun poniendo los ojos en blanco un segundo.

- No tienes ni idea… - Le dice en un susurro quedo al que él, como si fuera alguna clase de castigo, respondió dejando resbalar dos dedos en ella. Tan húmeda, tan apretada. Rey echó la cabeza hacia atrás conteniendo un gemido, justo a tiempo, antes de volver a enfrentar su mirada. Y aquello la enciende como una mecha. Ella se aprieta a su alrededor, tan malditamente apretada. Él bombea dentro y fuera de ella lánguidamente, a su propio ritmo, para su enojo, desquiciándola. La simple cuestión de resistir con su mirada inquisitiva en ella era una cuestión de orgullo, por mucho que la torturase. Y no tenía ningún problema en demostrarle cuánto le dolía. Pero no iba a darle una confirmación verbal para que se lo echara en cara luego. Se conocía ese maldito juego e iba listo si se creía que era la niña que él se empeñaba que fuera.

- Te he hecho una pregunta, nena. - Rey gime bajo en su garganta mientras siente que agrega otro dedo.

- Me da igual. - Se las arregla para ponerse de acuerdo sobre su jadeo, alrededor de la sensación de su tercer dedo deslizándose dentro de ella. La estira deliciosamente, sus manos tan malditamente enormes. Él se cierne sobre ella, inclinándose para atrapar su labio inferior con los dientes. Ella jadea, arqueándose contra él en la intensa sensación de succión. Él la deja ir con un respingo, el sonido degradado de su boca dejando sus labios enrojecidos, haciéndola jadear. Una cadena de saliva iridiscente conecta su boca con la suya, brillando débilmente en la tenue luz hasta que se rompe con delicadeza. – No me estás diciendo la verdad. - Él puntúa su declaración con un empuje más duro de sus dedos en su humedad, haciéndola sacudirse contra su forma.

- N-n-no – Le concedió, logrando sortear su empuje cada vez más brusco, el sonido húmedo y resbaladizo de sus dedos bombeando dentro y fuera de su eco en el espacio entre ellos.

- ¿Lo averiguamos? - Los ojos de Rey se entrecerraron, agitándose bajo su mano. Y él ni siquiera había vuelto a tocar su clítoris. Parecía que podía con ello hasta que sintió que sus dedos se volvían lentos, casi hasta detenerse por completo. Ella da un gemido y se lamenta, conteniéndose.

-P-por favor, Kylo. – Le pidió, intentando que eso funcionara como había funcionado ayer...

- Dímelo, nena, y te daré lo que quieres. – Ella le miró, con una determinación feroz. No iba a darle nada. Ni ella a él. Ni él le iba a dar el maldito teléfono. Ni un orgasmo. - Cuéntame y dejaré que te corras, mi niña. - La cara de Rey se arrugó cuando su dedo apenas roza sus manchados pliegues. Él desliza el pulgar tan cerca de su centro y ella ronronea - realmente ronronea - mientras empuja sus caderas contra su mano en un esfuerzo por hacer que se mueva más, más rápido, algo. Él ralentiza su mano en ella y Rey gime y luego jadea de nuevo cuando sus dedos perezosamente entran en ella esta vez, apenas se mueven, satisfechos de mantenerse a su ritmo deliberadamente lento. Ella llora bajo su agarre, la atención que le está prodigando hace que la sienta más húmeda por segundo. Le dice algo, pero queda oculto por el sonido del estante gruñendo bajo su forma y su propio suspiro de placer entrecortado.- ¿Qué ha sido eso, nena?

-Que te den. - Finalmente logra, ese tercer dedo una vez más se desliza dentro de ella y la lleva cada vez más alto. Una diversión oscura colorea su tono.

-Eso no lo has pensado muy bien, ¿Hum? – Ve cómo se le alzan las comisuras pero Rey no responde, con la cabeza echada hacia atrás y jadeando mientras sus dedos retoman su ritmo duro y rápido. Él sonríe entonces, sus dedos se detienen dentro de ella, para acariciar su centro una vez más, electrocutándola y volviéndola una víctima de sus espasmos involuntarios, los jadeos y el amago de gemido que se escapa de su garganta sin ella haberlo permitido, justo cuando siente que empieza a separarse de ella, sin dejar de mirarla, e ignorando sus protestas. – Es una pena. –Le susurró contra los labios mientras retiraba la mano de ella, dejándola tiritando. – Una verdadera lástima. – Elevó la mano hasta su cara y, sin apartarle la mirada, de sus ojos abiertos entre la ira y las ganas, y sus labios enrojecidos, se llevó los dedos a la boca, lamiendo su sabor, recreándose, degustándola, antes de soltar sus manos, casi dejándola caer.

-Cabrón… - le dijo en un susurro quedo. Kylo le agarró de la mandíbula, obligándola a mirarle.

- Aprende una cosa, niña. – Le pasó el pulgar por los labios hinchados. – Lo que consigas o no de mí, será siempre culpa tuya, no mía. – Ejerció más presión entre sus mejillas hasta dejarle una boquita de pez que besó con fiereza. – Sabes cómo pedirme las cosas, nena.

Y Rey fue a decir algo, fue a replicarle, a reprocharle, a quejarse de algún modo… Hasta que un sonido metálico hizo que la chica se contrajera en el sitio y Kylo se girara.

-¡¿Ren?!- Era la voz de Hux. La silueta, con hombros cuadrados y pose firme se extendió por el pasillo frente a ellos. Kylo rodó los ojos y articuló un "mierda" lo suficientemente bajito como para que ni Rey lo escuchara.

-¿Qué? ¡Estoy aquí con Rey!- Dijo, reacomodándose y quitando la rodilla de entre sus piernas mientras ella se quedaba blanca, apoyándose contra la pared. Kylo se limpió la saliva en los pantalones antes de tomar la bobina y tendérsela a la chica, saliendo al pasillo y girando a la izquierda para poder llegar hasta Hux. Siguiendo la luz que entraba por la puerta. Rey salió con un paso tembloroso mientras se recolocaba todo, quedando lista antes de exponerse a la luz.- No encontraba la película.- Dijo Kylo, señalándola con la cabeza.

-¡Pues que se apure o…!- Entonces pareció ver a Rey asomarse. La chica salió a la luz y Hux arrugó la mueca.- ¡Señorita! ¡¿Sabe la hora que es?!- Viró hacia Kylo.- ¿Tú tampoco sabes la hora que es? ¡La sesión debería estar empezando ya!- Rey asintió y esquivó a los dos hombres para salir de allí a toda prisa, subiendo las escaleras y dirigiéndose a la sala de proyectores bajo la mirada de ambos.

Hux tomó aire, hinchando el pecho antes de encarar a Kylo, quién, por suerte, apartó los ojos de Rey antes de que Hux viera la cara que se le había quedado.

-¿Has pillado a la chica fisgoneando?- Kylo negó con la cabeza antes de cambiar el peso de pierna.

-No, no. No estaba husmeando. Sencillamente no sabía dónde estaba la película.- Hux asintió.- ¿Ha colocado ya los forillos?

-Sí, lo he visto.- Kylo aguardó a que Hux se quejara de la mala disposición pero el pelirrojo no agregó nada más.- Voy a… al cuarto. Tengo que hacer "contabilidad".- Kylo asintió.

-De acuerdo. Yo me encargo de la parte de arriba.- El pelirrojo asintió antes de dirigirse al final del almacén mientras el moreno se encaminaba en dirección contraria, subiendo ahora por las escaleras y soltando un respiro que llevaba tiempo atorado en el pecho.

Agradeció haberse vestido ese día con una camiseta lo suficientemente larga que le cubriera la entrepierna del pantalón, aunque solo fuera un poco.

Llegó a la entrada del cine, donde la gente compraba palomitas y otros adquirían su entrada en las taquillas de fuera, las cuales estaban siendo atendidas por un gamorreano, uno de sus chicos. Kylo pasó los ojos por la gente, quizá buscando algo, alguna pista, alguna noticia o algo a tener en cuenta. Pero tras tomar aire –y agacharse un poco más la camisa por sus propias paranoias- se encaminó al piso superior, donde supervisaría las cámaras. Antes de adentrarse en las escaleras, echó un rápido vistazo a los forillos que había preparado Rey y sonrió. Estaban en su sitio y perfectamente colocados.

Tras programar el proyector digital, bajar las luces y dejarlo todo en automático, Rey se encaminó al otro proyector, con el corazón todavía latiendo acelerado, sintiendo el calor de Kylo sobre ella y la molesta humedad no resuelta entre sus piernas.

Cerró la puerta y se acomodó en el asiento, sintiendo un cosquilleo en su mano y frenando las ganas de complacerse allí mismo ¡Joder! ¡No era así como todo tendría que estar funcionando! ¡Quien debería estar planteándose si masturbarse o no debería ser él! En ese jodido despacho… Gruñó internamente mientras bajaba con cuidado las luces de la sala y empezaba a reproducir los anuncios. Dirigiéndose a la otra sala para bajar completamente las luces ante la proyección y regresando de nuevo al otro cuarto.

Sentándose en la silla y esperando a que los anuncios terminaran. Sintiendo que esa hora y cincuenta-y-seis minutos se le iban a hacer largos, tediosos e insoportables. Esta vez más que cualquier otra por culpa de aquel calentón entre las piernas. Punteó la mesa, moviendo de lado a lado la silla mientras pensaba. Entonces se le ocurrió apretarse las muñecas y sintió un clic que no esperaba.

Oh, no. ¡Genial! Todo el encuentro en el sótano había quedado grabado. Estupendo. Esta noche le tocaría borrarlo entero. Nadie tenía por qué saber cómo había desarrollado la misión, cuál había sido la metodología exacta y precisa. Bastaba con que supieran que aquello había sido una infiltración pero no por qué medios.

Gruñó, tamborileando la mesa con sus dedos, viendo aquellos títulos iniciales que ya se conocía de sobra y rodando los ojos. Molesta, inquieta… Y la película no había hecho más que empezar. Por desgracia.

Y no muy lejos de donde se encontraba, Kylo sabía que debía estar haciendo muchas otras cosas, debía estar pendiente de todo un puto mundo que se desarrolla y se revolvía caótico fuera de esos muros que le contenían. Sin embargo, no era capaz de quitar la mirada de la grabación que habían hecho las cámaras de vídeo del almacén. De algún modo, y quería pensar que ella no había tenido ni idea, todo cuanto había sucedido quedaba escondido en un punto muerto.

Cerró el archivo de video y se sirvió una copa, por una vez en mucho tiempo, en lugar de beber directamente de la botella. Y, al acercar el borde a sus labios, aun pudo sentir la esencia de Rey impregnando su piel. Sonrió, preguntándose si ella estaría siendo buena, trabajando con aquel calentón o si, por el contrario, estaría solucionándolo ella solita… en horario de trabajo.