10. Balance de Blancos

Andaba por la calle furiosa. Furiosa y con un temblor, un ardor y un todo en el cuerpo que es que estaba que trinaba. Vaya que si lo estaba. Y también desubicada. Oh ¡Por la Fuerza! ¡¿Qué era eso!? ¡¿Qué estaba pasando!?

Era como si su mente se hubiera quedado atorada en el sótano, cuando ese capullo no terminó el trabajo con ella. Como si Rey no pudiera pensar en otra cosa, sencillamente. Era así, simple. Toda la noche estuvo intentando quitarse la sensación de insatisfacción del cuerpo pero no le bastaba. Estaba aterrada al ver que no le bastaba con ella misma por primera vez en toda su condenada vida.

Oh… Y él estaría en su casa, partiéndose de risa, recordándola. El día de hoy estaría lleno de chispitas, con Kylo intentando provocarla mientras Rey aguantaba la compostura. Porque si ella tenía algo era dignidad. Dignidad y rebeldía, eso era… Pero vaya, aquella mañana toda esa seguridad y rebeldía se le había ido por el desagüe, viendo que volvía a estar en ese punto del que no bajaba ¡Por la Fuerza! ¡Si hasta tuvo que revisar haberse metido en el bolso la unidad BB-9E que intentaría conectar hoy en la torreta de su ordenador! ¡Se la había dejado en varias ocasiones encima de la mesa! Ni tan siquiera había recolocado bien la alfombra la primera vez que se disponía a salir de ese cuchitril que tenía por apartamento efímero, hasta que terminara su trabajo.

Pero a este paso parecía que iba a estar bastante tiempo allí. Kylo no dejaba de distraerla entre unas cosas y otras, como si fuera un mago experto en trucos de desorientación y control mental, anulando las funciones cerebrales de Rey para que no pensara en otra cosa que en ese maldito momento en el sótano.

Entró en el cine aquel viernes, con paso apurado, enfadada y dispuesta. Dispuesta a no amedrentarse, en darle su merecido y, con la excusa, colarse en su despacho e intentar pillar algo de su ordenador. Podía hacerlo, vaya que si podía. Era pan comido, por el momento Kylo no daba señales de sospecha y todo parecía rodar bien.

Pero, como siempre, cierto pelirrojo pedante parecía tener otros planes para ella. Quizá Rey se había camelado a Kylo pero meterse a Hux en el bolsillo iba a ser una piedra difícil de mover de su senda.

-¡Señorita!- Ella rodó sobre sus talones, ofreciéndole su mejor sonrisa histérica.- Le he dejado un post-it con las nuevas películas para proyectar.- Le extendió uno de esos papelitos malvas con esa letra tan pomposa y repipi. Rey lo leyó por encima pero las palabras de Hux le hicieron alzar la vista.- También se las he numerado para que no tenga que molestar a Kylo.- Aspiró aire sonoramente pero frenó en seco cuando se dio cuenta de lo poco discreta que estaba siendo en contenerse. El tic en el ojo de Hux fue una pequeña alerta que le puso los pies en la tierra durante un segundo más.- Hoy estamos algo ajetreados.

-No se preocupe, Hux.- El pelirrojo asintió antes de darse media vuelta y subir a su despacho mientras ella se apuraba en subir a la sala de proyectores, dispuesta a quitar los anuncios de las bobinas, recolocarlas en las fundas tras sanearlas y asegurarse de un buen estado antes de bajar al sótano.

Dejó el bolso y su chaqueta colgando del perchero tras la puerta y empezó a quitar los anuncios, sintiendo que estaba tan nerviosa por todo que le temblaban las manos. Rezaba a la fuerza, a los lores y a quien osara escucharla para que le dieran fuerzas, para no flaquear, para no decaer… Para no dejar en evidencia su estado necesitado delante de aquel capullo egocéntrico que tenía por superior y quizá como amante…

Un escalofrío le recorrió la columna de arriba abajo al pensar en él de esa manera. En ese monstruo enorme, oscuro que transmitía de todo menos buenas intenciones.

Tomó aire y revisó el papelito de Hux, leyendo los títulos y rodando los ojos. Nuevamente ni había visto las películas allí mencionadas ni mucho menos le sonaban… Normal que el cine estuviera tan vacío ¿O es que acaso había fans de películas como "El Increíble Rancor Menguante" o "Con Blásters Y A Lo Loco"?

Entonces releyó bien el papelito… Oh, no podía ser. El cabrón de Hux había alargado la proyección de "Miedo y Asco en Las Lagon" hasta mediados de semana, haciendo sesión doble en la sala 1… que por suerte era la sala digital y cambiar películas era más cómodo.

Rey gruñó igualmente, bajando al sótano y empezando a buscar las dichosas bobinas antes de guardar las que ya tenía. Estuvieron a punto de resbalársele de las manos varias veces y no dejaba de recriminarse aquella actitud. ¿En qué la estaba convirtiendo este maldito capullo? ¿En un saco de hormonas descontroladas? ¡Vamos, joder! Era más que eso. Era una persona compleja, lo primero. Estaba en una misión de infiltración, eso lo segundo. Y debería resultar determinante. Y tenía más orgullo y dignidad que esto, eso lo tercero. Porque si su trabajo y el peligro que corría no era suficiente para centrarla, lo debería hacer mínimamente por sí misma. ¿No? Y sin embargo, en su cabeza, casi podía ver a Kylo sonriendo con burla ante sus esfuerzos. Cabrón arrogante…

Subió de nuevo las escaleras, esta vez más enfurecida consigo misma por estar en aquella situación que con Kylo. Porque aunque él fuera el culpable, definitivamente ella era la responsable. Había creído que podría controlar la situación cuando se subió de un salto a aquel escritorio. Y no pensó en nada más que una manera de salvarse el culo y había resultado ser todo lo contrario, un salto a un pozo que ni siquiera había visto. Ni lo había visto, ni se había mentalizado, ni mucho menos había creído que le gustaría ni un ápice. Era humillante para una buena parte de sí misma. Tenía que recuperar el control de esa situación de algún modo.

Tener ese propósito en mente fue como recuperar las riendas de una parte de sí misma, al menos una que importaba y a la que solía escuchar con frecuencia, su cabeza. Porque su cuerpo nunca había respondido así ante nadie y la tenía desquiciada. Era como si toda su piel tirara en lado opuesto a donde ella se dirigiera, ardía y estaba irritada. Y reconocía la sensación, había vivido en un desierto antes, había tenido la dermis tan cuarteada que habían parecido escamas. Pero es que cada vez que se miraba la piel, todo estaba tan normal como siempre. La aridez estaba por dentro aunque el interior de sus muslos siguiera humedeciéndose cada vez que se rozaba sin querer. Humillante, definitivamente. Denigrante y bochornoso. Debía sentir cierta repulsa hacia él y sin embargo, más allá de cierto atisbo de desprecio, no podía creerse que estuviera trabajando al tiempo que realmente consideraba con seriedad correr directa hacia un placer perverso que la tenía andando en ascuas.

Alzó la mirada al techo lanzando un suspiro cuando consiguió poner las bobinas donde correspondía sin que sus dedos temblorosos hicieran de la tarea más sencilla un imposible. Y lo peor era que, desde su frustración de anoche, pensar en Poe y en lo que Kylo había hecho con él ya no tenía casi ningún efecto a la hora de reprimirla. Porque a ella definitivamente no la estaba tratando igual. Y se lo estaba poniendo todo muy difícil. Debía encontrar información ya, con urgencia. Empezaba a convertirse en una cuestión de emergencia por preservar su salud mental.

Se guardó el chip BB9E en un pliegue de la ropa y se limpió el sudor de las palmas de las manos antes de salir de su cabina. Y cuando cerraba la puerta estuvo a punto de golpearse la frente a sí misma. Se le había olvidado modificar las cámaras del pasillo, la verían llamar a la puerta del despacho… Fue a darse la vuelta, y con la mano en el picaporte de la cabina, pensó que, a fin de cuentas, no le venía tan mal que se viera que, quien quisiera saberlo, entraba al despacho de Kylo y tardaba un poquito en salir.

Enfrentó el pasillo con una nueva determinación y se paró de nuevo ante su puerta. Llamaría, ¿y luego qué? ¿Volvería a entrar sin pedir permiso, desobedeciéndole? ¿O iba a hacerle caso? Jamás se habría preguntado esa clase de gilipolleces si no fuera porque parecían tan importantes en el juego que se traía entre manos con él. ¿Habría alguna clase de premio si obedecía? ¿O alguna clase de castigo si no lo hacía? ¿Tenía sentido que le obedeciese como una cría después de una reprimenda? ¿O podía actuar con la rebeldía que le pedía el cuerpo puesto que, al fin y al cabo, ya había sido castigada sin motivo? Se sopló un mechón de pelo con un bufido exasperado. No le gustaba este juego, era exasperante.

Alzó el puño y lo dejó caer sobre la madera de la puerta. Un toque, dos toques, tres. Y sonrió.

Entonces abrió, encontrándole con la cabeza apoyada perezosamente en una mano, observando algo en la pantalla con un interés que, de no ser por el brillo en sus ojos, apenas sería evidente. Kylo gruñó, preguntándole sin muchas ganas qué quería y ella frunció el ceño al verle tan raro. Terminó de entrar en el despacho, cerrando la puerta y aquel golpecito pareció llamar su atención. Desvió los ojos de la pantalla mientras se reacomodaba, dejándose caer con cansancio en la silla y fue a decir algo pero aquella actitud tan extraña terminó de desubicar a Rey, si es que acaso se había ubicado alguna vez desde el encuentro en el sótano.

-¿Estás bien?- Kylo se calló de golpe. Mirándola como si le hubiera preguntado por la existencia de los midiclorianos, totalmente desconcertado. Parpadeó varias veces, asimilando aquella pregunta tan suave por parte de la chica, quien le miraba como si fuera un cachorrito abandonado a su suerte.

De todas las preguntas que esperaba, esa era la que no entraba en sus planes. Y pensó en cuándo fue la última vez que alguien le preguntó eso por interés verdadero y no en consecuencia a algo que se acababa de presenciar, algo que le había hecho daño. No, Rey lo había preguntado porque había intuido algo en él. Tomó aire, perdiéndose en sus pensamientos sin saber qué decirle. ¿La verdad? ¿Una mentira piadosa?

Tragó saliva, reseteándose mientras pasaba por alto que Rey se acercaba a su mesa lentamente, temerosa, curiosa y algo preocupada por encontrarle así. ¿Dónde estaba el "¿Es que acaso no te acuerdas de pedir permiso para entrar, niña?"? ¿Dónde estaba esa mirada de depredador? ¿Dónde estaba el Kylo que creía esperar encontrar allí? No parecía querer responderle… O quizá no parecía creer haber escuchado bien. Ella apoyó ambas manitas en la mesa, quedándose frente a él, mirándole mientras Kylo parecía mirarla… Pero ella reconocía aquella forma de observar. No estaba mirándola. Estaba mirándose a sí mismo desde dentro.

-Cansado.- Respondió.- Estoy cansado…- Y con cuidado se pasó la mano por los ojos, frotándose. Rey aprovechó el tiempo que se tomó Kylo para desentumecerse los párpados para observar momentáneamente la pantalla del ordenador. Estaba viendo una película… Una película muy rara donde estaban asfixiando a un tío metiéndole papeles a presión por la boca con una cuchara.- Nena, te he dicho que no puedes pasar sin mi permiso.- Ella viró los ojos rápidamente hacia él y entonces le reconoció de nuevo, como si se hubiera puesto una máscara. Y Rey ladeó la cabeza, con aires de superioridad.

-¿Por qué? ¿Por si te pillo tocándote pensando en mí?- Kylo rió nasalmente, alzando una comisura en consecuencia. Algo le hizo virar la mano al teclado y pulsar el espacio para pausar la película. Rey sabía que le había dado gas sin apenas esfuerzo y que, de momento, estaba controlando la situación.

-¿Y por qué piensas que tiene que ser pensando en ti?

-¿Acaso hay alguien más?- Kylo bajó levemente la comisura. Imperceptible para un ojo poco adiestrado pero Rey vio una sutil diferencia en su cara y, por tanto, en su cabeza. Como si hubiera pulsado un botón que produjera un pequeño cambio al principio… Y desatara un efecto mariposa en consecuencia. Lo que no sabía es qué había desatado concretamente, pero parecía que Kylo también estaba lento desde lo acontecido en el sótano.

-¿Estarías celosa si así fuera?

-En absoluto.- La comisura de Kylo volvió a alzarse mientras se reacomodaba en la silla.

-No me mientas, nena.- Entonces se relamió antes de tomar aire.- ¿Has venido por algo o sólo porque te gusta no cumplir con tu trabajo?- Ahí estaba la oportunidad. Rey se recargó un poco en la esquina de la mesa, acercándose poco a poco pero ahora deteniéndose. Sentada, sonriendo con superioridad.

-No soy yo quien empieza algo que luego no termina.- Oh, por la forma en la que Kylo cambió levemente de expresión Rey sabía que había tocado algo que no debía en su torre de egocentrismo.

-Ya te dije, niña, que lo que consigas o no de mí sólo es culpa tuya. No mía.- Ladeó la cabeza, mirándola fijamente haciendo que Rey se afincara más en su sitio.

-Miéntete si te sientes mejor contigo mismo pero…- Se alzó de hombros.- Creo que sólo eres alguien que nunca acaba aquello que empieza.- La cara de Kylo se tornó oscuramente seria.

Empezaba a ver un doble sentido que se forzaba a no seguir analizando. No, Rey no estaba hablando de las veces que Hux le había pedido matar a alguien y él, sencillamente, no había podido. No podía estar hablando de eso, por favor, sólo era una civil más. Una chica más de a pie. Alguien que escuchaba cuchicheos que no llegaban a la mitad de lo que realmente pasaba.

La respiración de Kylo empezó a ser profunda y pesada, como quien está conteniendo algo… Pero una vocecita interna le estaba diciendo a Rey que ese algo que estaba conteniendo nada tenía que ver con los derroteros por los que ella quería tirar. Tragó saliva… Y quiso tranquilizar la situación dejándole ver lo que supuestamente creía que él quería ver.

-Lo siento…- Se relamió, bajando los ojos apenada y Kylo relajó un poco sus reacciones internas, volviendo a sentirse desubicado con aquella chica. Ella entonces alzó los ojos.- Lo siento… Es que…- Miró al techo mientras surcaba la mesa, arrastrando el trasero por el borde e intentando llegar a él.- Es sólo que…- tomó aire y empezó a ver que esa nueva reconducción parecía surtir efecto.- ¿Todavía puedo…?- Kylo parpadeó lentamente, apretando la mandíbula e inclinando la cabeza con suavidad.- ¿Todavía estoy a tiempo?- Rey alzó una mano, apoyándola en el posa-brazos de la silla donde él se encontraba. Temiendo que le negara la proximidad pero Kylo no se movía. Ella aprovechó el nuevo punto de apoyo y se inclinó hacia él, con la boca entreabierta y los ojos suplicantes.- ¿Todavía estoy a tiempo de pedírtelo?

Kylo recorrió aquella cara pecosa con los ojos, analizándola con cuidado, sintiendo que la ira que había despertado en él, que aquel conflicto, se sustituía por otro que le gustaba más, por otro conflicto que al menos no le hacía daño, no le hacía sentir como un niño al que habían forzado a crecer. Absolutamente.

El conflicto que sentía se debatía entre su propio placer chocando con el gusto de escuchar súplicas por dolores agradables, por cosas que él hacía y que, pese a dejar a la otra persona temblando y sin respirar, para nada terminaría matándola si se sobrepasaba. Y era tan, pero tan absolutamente agradable soltar las riendas por una vez, era tan agradable escuchar otro tipo de quejidos, de gritos…

Alzó una mano, atrapando la mejilla de la chica, quien cerró los ojos, agradeciéndole el contacto. Kylo suspiró y se adelantó, quedando cerca, muy cerca, de sus labios.

-No lo sé, nena…- Ella abrió los ojos, dolorida, triste, necesitada y totalmente desolada por aquella respuesta. Pero Kylo le acarició las comisuras con el pulgar mientras volvía a pasarle los ojos por toda la cara.

-¿No?- Kylo se alzó de hombros suavemente, indicándole que tampoco sabía qué hacer para ponerle remedio.- ¿No hay nada que pueda hacer?- Y Kylo alzó los ojos, chocando violentamente con la mirada de ella.

-Quizá… Quizá haya algo.- Rey se relamió antes de morderse el labio.- Tienes que ganártelo, nena.– Y pasó el pulgar por el labio de ella, atrapando la saliva que había quedado en él, antes de llevárselo a la boca sin apartarle la mirada. Sin ser un beso, se sintió mucho más íntimo.

-Oh, Kylo… - Rey se inclinó un poco más hacia él, sabiendo perfectamente que se estaba tomando una licencia que él no le estaba dado, y aún así, qué demonios, ¿Por qué no? – Puedes dudar que pueda hacer algo, pero que encuentre el modo de ganármelo… - Y de todas las cosas que ya había hecho la chica por romper sus esquemas, la que más le sorprendió fue verle flexionar las rodillas hasta postrarse ante él. Mirándole, todo el rato. Mientras se acomodaba en aquella postura en la que no había pensado verla nunca, por puro orgullo, por pura rebeldía. Sentía sus pequeñas manos recorrer la tela de sus vaqueros, desde sus tobillos hasta sus rodillas. Le vio alzar una ceja cuando sus manos llegaron al interior de sus muslos. - ¿Sigue sin gustarte que te acaricien? - Casi se atragantó cuando sintió que sus dedos trazaban a lo largo de la marcha ascendente, haciéndole saltar a su toque y realmente esperaba que no cuestionara por qué estaba parcialmente duro desde que la había visto acercarse al escritorio.

- Hoy me siento más permisivo en ese aspecto. – Le concedió, al tiempo que sus manos le recorrían los cuádriceps lentamente, hasta llegar a él. Kylo contuvo el suspiro en el pecho, sin perderse el brillo de victoria en la mirada de la chica, que empezó a recorrer su longitud a través de la tela de los pantalones.

- Y supongo que no es una ventaja que vayas a darme muy a menudo, ¿me equivoco? – Y Kylo fue a responder cuando Rey simplemente apoyó la cabeza en su rodilla antes de volver a alzar la mirada hacia él, que era incapaz de perderse un solo detalle, para volver a dirigirla hacia la atención de sus manos y bajarle la cremallera.

- En absoluto. – Le respondió, con la voz más grave de lo que habría pretendido. Se obligó a dejar de aferrarse a los brazos de la silla, y pasó una mano por la cabeza de ella, acostada sobre su rodilla. Luego, sintió la tibieza de sus dedos, buscándole, hasta que le envolvió con su mano, sacándole ante ella, tanto como sintió el jadeo de la chica, apreciándole.

- Es una pena. - Tarareó suavemente, dándole algunos tirones tentativos. No estaba del todo seguro de lo que estaba hablando, pero cada vez era más difícil concentrarse en las palabras.

Podía sentir su corazón acelerarse con cada giro y tirón de sus dedos. Él estaba completamente erecto en su mano ahora y realmente contuvo un gemido cuando ella comenzó a acariciarlo más rápido. Sin soltarle apenas, logró lamerse la mano y volver a acariciarle, haciéndole sentir un tirón involuntario en la cadera ante su toque. Suave al principio, incluso perezosa, hasta que volvió a alzar la mirada hasta él, aumentando mínimamente la presión de su puño, obligándole a jadear ante ella. Porque a diferencia de la chica, él no tenía ningún problema con su orgullo. No cuando podía verla completamente echada sobre él, podía seguir el movimiento de su brazo y el baile de muñeca sobre él. Pudo ver su brazo trabajando duro para mover su mano arriba y abajo de su pene. La forma en la que su mano le envolvía. Él, tan grande, en comparación con ella, con su mano, y sus finos dedos.

Entonces la sintió moverse, reacomodarse, sentir de nuevo las rodillas y sin apartarle la mirada, abrió la boca sobre él, sacando la lengua y dejando caer, con una lentitud pasmosa e hipnotizante, un hilillo de saliva que cayó justo en su punta, haciéndole jadear ante la visión de ella, relamiéndose justo antes de lamerle, de la base hasta el final y viceversa, como midiéndole.

-Joder…- Jadeó, su pequeña muñeca añadiendo un giro a su movimiento hacia arriba a lo largo de la piel resbaladiza justo antes de aceptarle en su boca. Se sintió latir en su mano y entre sus labios, seguro de que ella tuvo que haberlo sentido porque notó el zumbido de la risa en su garganta y se inclinó más cerca… Para poder aceptarle mejor. No pudo evitarlo, sus dedos se enredaron en su pelo, sosteniéndole la cabeza con una fuerza contenida y un siseo que llegó a sus oídos.

Sus manos se aferraron a sus muslos y no pudo más que poner los ojos en blanco cuando sintió que la chica se forzaba a aceptarle por entero en su garganta, aguantaba unos segundos que tiraron de toda su fuerza de voluntad, y sacaba la lengua para lamerle en su camino de vuelta, besándole la punta mientras cogía aire y volvía a intentarlo. Se dejó caer sobre el respaldo de la silla, vencido pero negándose a cederle la derrota, sintiendo que el paraíso tenía, por fuerza, que llevar su nombre.

Volvió a quitarle el pelo de la cara, contemplándola mientras sentía que se hiperventilaba sin darse cuenta, respirando a destiempo y sin poder controlar apenas nada. Por todos los holocrones, si ya le volvía loco el primer encuentro que tuvieron, ella tan estrecha y tan receptiva, ahora estaba totalmente listo para encerrar en un manicomio.

-Joder, nena…- Nuevamente le apartó el pelo mientras Rey seguía trabajándole de aquella manera tan hipnótica.- Mírame…- Y ella, obediente, alzó los ojos observándole, frenando la mano poco a poco e intentando tragarle todo lo que podía, viendo cómo Kylo luchaba por no poner los ojos en blanco.

Lentamente le sacó, perezosa, lamiéndole y succionándole hasta llegar a la punta donde le dio un lametón antes de volver a engullirle mientras le mantenía la mirada. Pero entonces Kylo se puso rígido y apartó los ojos, observando hacia la puerta. Rey se quedó estática y Kylo giró la cabeza, aguantando la respiración, aguantando el tipo… Aguantando.

-Métete debajo de la mesa…- Susurró lentamente mientras seguía escuchando, esforzándose por mantener las formas. Rey le sacó de su boca y gateó hasta quedar bajo el escritorio, sin entender qué pasaba. Agradeció que la madera del escritorio que tapaba las piernas de Kylo llegara hasta el suelo, ocultándola totalmente. Kylo se enderezó en el asiento y ella siguió de rodillas. Cerca, muy cerca de él. Se relamió y entonces la puerta del despacho se abrió tras un par de golpecitos que sonaron suaves. Y Rey apretó un poco más a Kylo en su puño. Él fue a apartarla pero ya era tarde.

-¿Kylo?- La voz de Hux sonó mientras la cabeza de este se asomaba.

-Estoy.- Articuló mientras sentía a Rey accionarse. El taconeo de Hux retumbó en la sala mientras ella seguía estimulándole. Observando cada rincón del escritorio… Oh, era su oportunidad. Y el hecho de estar trabajándole le haría no preguntarse si había estado haciendo algo bajo la mesa.- ¿Qué pasa?

-¿Estás ocupado?

-Un poco.- Apretó el puño, clavando las uñas en el posa-brazos de su asiento. Cerrando los ojos mientras maldecía a Rey mentalmente.- ¿No puede esperar?

-No, la verdad.- Rey no le veía pero podía notar la cara de preocupación de Hux, observando a su amigo desde la otra punta de la sala.

-Venga, rapidito…- Y Rey sonrió, estimulándole y acelerando un poco el ritmo. Una de las manos de Kylo golpeó el escritorio y Rey captó el mensaje, bajando la velocidad.- Había una araña…- Rey aguantó la risa ante aquella salvada de Kylo, quizá por la mirada pidiendo explicaciones de Hux por aquel golpe. Y ella activó los chips en sus muñecas, como consecuencia al sonido de unas carpetas cayendo sobre la mesa.

Todo lo que fueran a decirse iba a quedar registrado por aquellos micrófonos, así que ahora podía dedicarse a intentar acoplar la unidad BB9E en la torre del ordenador que, casualmente, se alzaba a su izquierda… aunque un poco lejos.

-Le han visto.- Kylo parpadeó, sorprendido. De hecho se irguió en el asiento. Rey no entendía nada.

-¿En serio? –Se enderezó de golpe y Rey no tuvo más remedio que seguir ese movimiento, alejándose de la torreta en consecuencia.

-Sí. El Líder Supremo está avisado…- Uffff, aquello le hizo rodar los ojos a la chica ¿En serio? No pudo evitar mirarle desde abajo con la nariz arrugada. Acababa de referirse a él en tercera persona.

-¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo le han…?- Hux punteó los archivos sobre la mesa mientras Rey percibía una vibración, quizá un teléfono

-Es Phasma.- Kylo asintió- Esta noche, en su hacienda, hablamos.- ¿Ahora le trataba de usted?- Tengo que contestar… Quizá tenga que ausentarme.

-Sí, sí. No te preocupes.

-Descansa. Y ábrete la ventana, que estás demasiado acalorado.- El pelirrojo cerró la puerta antes de responder al teléfono, quizá encaminándose a su despacho. Rey aprovechó el momento de serenidad, de impresión, de shock de Kylo para propulsarse y conectar a un puerto aquella unidad que no dejaba rastro de conexión allá donde se enchufara. Y entonces ella volvió a arrodillarse ante él, prosiguiendo con el estímulo. Esperando, sin interrumpir sus caricias en él hasta que sintió la puerta cerrarse y entonces se adelantó para poder volver a lamerle, ignorante de la adicción que su sabor generaba en ella.

Sin embargo, se quedó a medio camino, relamiéndose los labios cuando le sintió impulsarse hacia atrás, apartándose de ella y mirándola desde allí. Rey le soltó, reconociendo el final de aquel primer tiempo, limpiándose las comisuras con el dorso de la mano, degustándose, recreándose en su sabor mezclándose con su saliva, sin apartarle la mirada mientras él tampoco perdía un solo detalle de ella, de sus labios enrojecidos por contenerle y brillantes, sus ojos chispeantes de una picardía dispuesta a arrastrarle a un infierno muy diferente a todos los que conocía, y esa carita.

Kylo se alejó aun más de ella, cogiéndole las mejillas mientras intentaba contenerse de nuevo en sus pantalones, tirando de ella fuera del escritorio al tiempo que lidiaba consigo mismo. Y verla gatear hacia él casi le hace imposible cubrirse con los vaqueros, dando por imposible el hecho de abrochárselos por el momento. Se apartó un poco más, dándole el espacio justo para poder alzarse, pinzando su labio inferior con los dientes.

-Espero - Susurró ella contra su boca. – Que Hux no convierta el interrumpirnos en una costumbre. – Kylo soltó una risa nasal mientras se pasaba la mano por el pelo y se recostaba de nuevo contra el respaldo.

- Y yo espero que seas de las que termina lo que empieza. –Rey le mantuvo la mirada. Aun estando, por una vez, en una posición más alta que la de él, Kylo seguía mirándola como cuando había estado de rodillas. Alzó una ceja, altiva. Y, sin poder evitar una sonrisa orgullosa, se sentó en el borde de la mesa, separando sus rodillas cuanto pudo, expuesta a su mirada predadora y hambrienta aun con la ropa puesta.

- Gánatelo. – Le soltó sin más, encogiéndose de hombros antes de apoyar una mano tras ella para equilibrarse mientras dirigía la otra a su mismo centro, llevándose consigo toda la atención de Kylo de su cara al movimiento de sus dedos.

Quizás pudiera encontrar la manera de negárselo a sí misma más tarde pero, en este justo momento, no, no podía rehuir la evidencia de lo mucho, muchísimo que deseaba aquello, de lo encendida que estaba y de lo mucho que necesitaba SU toque. Porque estaba claro que el de ella misma había dejado de funcionarle esa misma noche, y no estaba nada contenta con ello, pero podía arreglarlo.

Se acarició a través de la ropa, recorriéndose de arriba abajo sin un solo ápice de vergüenza o timidez, sin poder evitar morderse el labio cuando concentró las yemas de sus dedos en el nudo de todos sus nervios, donde llevaba acumulándose toda su sensibilidad desde ayer hasta este mismo momento, sin pausa, sin concisiones, sin piedad. Boqueó para respirar con pesadez y eso pareció devolver a Kylo a donde estaba, con sus pupilas negras y magnéticas de vuelta a ella.

-Quizás debiéramos plantear una tregua. – Prosiguió Rey, y su voz sonó más como un ronroneo que como la propuesta de un alto el fuego. – No hay necesidad de hacerlo todo más duro. – Le provocó.

Se levantó de la silla como un resorte, irguiéndose sobre ella como lo había hecho otras veces. Sólo que esta vez, la figura negra y amenazante que se le echaba encima ya no le intimidaba, no como antes. Ya no le coaccionaba y le hacía languidecer y encogerse buscando refugio muy lejos de él. Ahora, exaltaba una parte de ella que quería extenderse ante él y sentirle con toda su ferocidad. Y no sabía qué le pasaba para desear algo así, pero se dijo que serían las ganas acumuladas cegando su buen juicio, porque aquello no era normal en ella.

Kylo le apartó la mano para sustituirla con la suya, más grande, más fuerte, y justo lo que necesitaba, delatando a su palma lo caliente que estaba y lo mucho que requería de su toque, de su firmeza. Y llevó la mano libre a su nuca, acercándola a él. Rey jadeó contra sus labios.

-Si quieres una tregua, nena, antes tengo un par de condiciones. – Rey contuvo un escalofrío mientras la gravedad de su voz le atravesaba hasta la médula. Y su mano seguía cubriéndola, manteniéndola en suspenso. – Y si aceptas, no hay vuelta atrás. – Rey se reprimió el poner los ojos en blanco. Era un poco tarde para hacer un trato sobre sus jueguecitos perversos y sus peculiaridades sexuales. Aun así, ella le siguió el hilo, se acercó a él y le pasó la lengua por el mentón en una caricia que debía servir como respuesta porque ya estaba muy ocupada tratando de respirar con normalidad cada vez que se movía incontrolada sobre su mano. – Me da igual cuántas veces te toques en mi presencia o no, Rey. – Y ella plantó las orejas. Eso iba en serio. Había dicho su nombre. No ninguno de sus apelativos. – Pero para correrte, nena, vas a pedirme permiso. – Rey boqueó contra su boca. ¿Qué? ¿Iba en serio? – Como si tienes que llamarme. Pero pides permiso. - ¿Qué le ha dado a este tipo con el permiso? ¿Acaso pedía permiso a su madre para ser tan cabrón?

Sin embargo, lo que más le sorprendió no fue la condición que le imponía, sino encontrarse a sí misma tragando saliva antes de asentir, complaciente. Y Kylo sonrió de medio lado antes de volver a recorrer con sus ojos todo lo que ella le mostraba, deseoso de poder empezar.

Condujo los ojos a sus labios entreabiertos, jadeantes, hinchados y humedecidos para luego volver a mirarle directamente a los ojos, como si pidiera un permiso más por ponerla en un aprieto que por querer saber si estaba dispuesta. Le pasó la lengua por los labios mientras cerraba los ojos y Rey correspondía, dejándose hacer mientras sentía la mano de Kylo accionarse sobre su ropa interior, impregnándola de todo lo que ella segregaba. Y Rey se alzó más la falda, facilitándole el trabajo y poder ver qué le estaba haciendo.

Kylo arrastró su mano libre hasta el cuello de la chica, reteniendo a Rey en el sitio mientras él se separaba, volviendo a mirarla, haciendo que Rey se sintiera en una nube por tantas atenciones.

-¿Qué vas a querer?- Y ella fue a pedírselo sin rechistar pero Kylo se acercó peligrosamente a su boca, susurrándole sobre los labios, cortando a la chica antes de que ésta pudiera responder nada.- ¿Vas a querer correrte en mi boca o en mi mano, niña?- Y aquello le quitó el aliento de un plumazo, dejándole el cerebro cortocircuitando mientras sentía como se abría una presa en su entrepierna.

Rey bajó los ojos, tomando aire y centrándose. Siempre centrándose. Pretendiendo que Kylo no se apoderara de su control tan fácilmente, que no le robara los mandos con aquella facilidad de quien lleva haciéndolo toda la vida.

-Creo que es justo que sea en tu boca.- Kylo rió sobre la de ella, volviendo a pasarle la mano por toda su extensión, haciendo que Rey vibrara.

-¿Justo? ¿Por qué? Que yo sepa…- Y coló un dedo por una de las aperturas para los muslos, llegando hasta ella sin que Rey lo esperara. Y boqueó sobre los labios de él.- Yo no me he corrido en la tuya.

-Puedes hacerlo luego…- Habló como pudo mientras Kylo le apartaba la ropa interior con la misma mano que estaba dedicándole atenciones e introdujo un dedo más en ella, haciendo que Rey arqueara la espalda.

Entonces se agachó, descendiendo y apartándole las bragas con la mano, sin querer quitárselas. Rey se tumbó sobre la mesa, encima de las carpetas que había dejado Hux. Sintiendo cómo el gusanillo de alguna libreta se le metía en la espina dorsal. Y fue a quejarse pero entonces sintió la lengua de Kylo surcarla mientras que con una mano le alzaba el muslo, haciendo que Rey depositara la pantorrilla en su hombro.

Él se agazapaba feroz sobre ella, atacándola mientras conseguía atenderla tanto con la mano como con su boca, quitándole toda capacidad de razonamiento a la chica, quien clavó la vista al techo y se llevó ambas manos a la cabeza, recordando que él odiaba que le acariciaran… y ahora mismo no quería que volviera a dejarle con el orgasmo entrecortado en el vientre. No.

-Voy a… Mancharlo todo.- Señaló en voz alta al empezar a sentir cómo el líquido resbalaba por sus glúteos al compás de aquel sonido vicioso que producían los dedos de él al bombearla como estaba haciendo.- Joder…

-Mánchalo todo, nena. No temas.- Habló, elevándose un poco y dedicándole ahora atenciones con la mano, observando su rostro contraerse ante todo lo que estaba provocando en ella.- No hay nada que vaya a echarse a perder.- Rey abrió los ojos, mirándole y sorprendiéndose de encontrarle tan encima, tan cerca. Y entonces Kylo se apoyó en su pecho, dejando la oreja en el centro de su esternón, ladeándose mientras seguía estimulándola con la mano, cada vez más frenéticamente.

Podía sentir el corazón de la chica retumbar con fuerza, podía escuchar cómo aguantaba los gemidos, respirando de forma entrecortada, ahogándose y a la vez saturada de aire… Podía sentirla con tanta fuerza que llegó a pensar que se correría con sólo ver cómo se corría ella. Introdujo un tercer dedo, abriéndola, expandiéndola y separándose para poder contemplarla aguantar todos los gemidos que quería soltar.

Pero no podía, simplemente no podía. No pudo contenerse más, y aquel gemido se le escapó del pecho, un lamento tan lleno de deseo que casi, casi parecía una súplica. Kylo alzó la mirada hacia ella cuando sintió que buscaba cierta liberación, que estaba al borde, que empezaba a temblar a su alrededor, y desenterró los dedos de ella, enfrentándola en el momento exacto en el que vio la sorpresa y la ira en sus ojos verdes. La vio a punto de maldecirle y rozó su centro justo, justo donde ella más lo necesitaba, provocando que su cabeza cayera hacia atrás y su espalda se arqueara. Kylo arrastró la mano libre hasta su nuca, atrapando su pelo en un puño y tirando de ella para que le mirara.

-¿Cuál es la condición que te he puesto, nena? – Le dio un toque en el clítoris que le hizo dar un respingo de pura impresión. - ¿Lo has olvidado o no me has escuchado?

- No… - Apenas había empezado, y su respuesta se había quedado en un suspiro desesperado contra su boca, cuando notó que le daba otro toque, pillándola por sorpresa, y casi dolorida por la estimulación.

- ¿No a qué? ¿No la recuerdas o no me has escuchado? – Pinzó su centro entre dos nudillos, y la dejó tiritando. Sus piernas temblaron descontroladas y sentía que todo, absolutamente todo se le iba de las manos. Pero es que quería soltarse. Necesitaba soltarse. Ya no quería hacer más equilibrios sobre ese borde. Necesitaba.

- No puedo correrme… - Volvió a empezar, captando su atención de nuevo. Rey se forzó en aguantarle la mirada, una especie de duelo que comenzaba a sonarle a plegaria. Ese no era el final que había esperado. Pero, tal y como estaba, sólo quería llegar a alguna parte. – No hasta que me des permiso. – Y aun en la arista última de su resistencia, pudo ver el placer que le estaba provocando todo aquello, lo mucho que estaba disfrutando de tenerla así, tirante, ardiendo, laxa, obediente, lánguida y rogándole tal y como quería.

-Eso es, nena. – Y como si eso hubiera sido la contraseña para activar un mecanismo complejísimo, Kylo volvió a dejarse caer entre sus piernas, llenándola de nuevo con sus largos dedos mientras extendía besos suaves en el interior de sus muslos. Su mano se deslizó por su pecho, agarrándolo firmemente. Ella chilló cuando sus dedos agarradores buscaron y encontraron su pezón, pellizcando el pico firme casi con demasiada fuerza. Sus dedos llevándola muy alto hasta que sintió su lengua torturándola hasta tenerla latiendo a su alrededor y sin poder contener los gemidos ante la presión que se generaba en su vientre, sin poder reprimirse ni un segundo más. No podía. No podía. Lo sentía. – Córrete para mi, nena. – le oyó susurrar contra su piel húmeda y sensible. Y entonces, no hubo remedio para ella. Sollozó de alivio, su cuerpo temblando y apretándose cuando su liberación inundó sus sentidos. Tenía la vaga idea de agradecerle una y otra vez. Repitiéndolo como un canto. Pero es que había perdido todo el control sobre sí misma cuando aquel orgasmo fue arrancado directamente de todo su cuerpo.

Y Kylo no la soltó aun cuando sólo quedaban las réplicas asaltando su cuerpo. No la soltó. Las olas de placer lentamente comenzaron a retroceder y ella gimió suavemente mientras apartaba sus dedos de ella con una gentileza de la que carecían todos sus actos. Él le dio una última y firme lamida antes de apoyarse con ambas manos en el borde de la mesa, viéndola, mirándola, sin perderse un detalle, de su postura sobre su mesa, de sus rodillas trémulas y de su carita de satisfacción y de gratitud plena.

Rey gimió y pudo oírle reír. Se atrevió a abrir los ojos y enfrentar su mirada. Tenía ese aire de superioridad que, ahora que estaba saciada, empezaba a escalar puestos en sus prioridades el hecho de querer borrarla. Se relamió, tragando saliva y tratando de recuperar el aire, tratando de quitarse las carpetas de debajo de su cuerpo pero sin bajarse de aquella mesa. No… a ese juego también sabía jugar y no había terminado. Se mordió el labio y bajó la mirada hacia sus pantalones y la prominencia que delataba su deseo.

Entonces, Kylo se alejó de ella, desconcertándola por un momento. Le siguió con la mirada, tanto como él se la mantenía, mientras bordeaba la mesa. Y, tal y como se acercaba, Rey adivinó sus intenciones. Se impulsó para dejar caer la cabeza sobre el borde de la mesa al tiempo que oía su cremallera bajarse. Y abrió la boca justo para darle la bienvenida, pletórica porque ahora ese era su turno.

Puso los ojos en blanco cuando la sintió tomarle por entero en su boca. Más aun que antes, más profundo, más duro, más fuerte, y sin embargo, más suave. Cuando bajó la mirada hacia ella, casi se deshace ahí mismo, en ese mismo segundo, viendo cómo su garganta se amoldaba a su forma. No se contuvo, no con Rey. Con Rey iba a ser difícil, muy difícil, contenerse nada. Ni impulsos, ni todo lo demás. No se contuvo y posó la mano sobre la fragilidad de su cuello, sobre su garganta conteniéndole y succionándole, arrancándole un gemido gutural del pecho tras otro.

Kylo acariciaba la garganta de ella, como si todas las protuberancias que sentía bajo el tacto fuera una especie de réplica propia, enfundada en ella. Encajaban tan bien que era una lástima la situación en la que se encontraban.

Inhaló aire sonoramente por la nariz, dejándolo escapar mientras echaba la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y dejándose llevar por todo aquello. Rey apretaba. No era como él imaginó que sería. Aparentaba ser frágil y delicada pero era más dura que una piedra, más fuerte que un árbol de Endor y tan impredecible como un mandaloriano.

-Joder, nena…- Su mano surcó el cuello de la chica, colándose por el cuello del vestido hasta llegar al pecho, atrapándolo mientras notaba cómo Rey se amoldaba para facilitarle el tacto.- Joder, nena, no puedo contigo…- Gimoteó, moviéndose contra ella, intentando llegar más. Viendo cómo las manos de Rey se aferraban a su cintura, pidiéndole más… como si no tuviera suficiente. Joder, era increíble.

Sacó la mano de la prenda y la deslizó, surcando el valle de sus pechos, llegando a su vientre e intentando colarse en la ropa interior, pero Rey dio un respingo que a Kylo le sacó una sonrisa pícara.

-Mi nena está tan sensible...- Intentó tocarla otra vez y Rey se contorsionó, haciendo que Kylo retirara la mano, observándola desde donde estaba. Viendo que empezaba a elevarse como si le abdujeran.

Volvió a gruñir, echando la cabeza hacia atrás, sintiendo cómo Rey se estaba dejando la piel en aquella posición tan asfixiante. Sentía los hilillos de saliva surcar sus comisuras, recorriéndole las mejillas mientras seguía succionándole hasta que las piernas le fallaran.

Echó la cabeza hacia atrás, intentando sacárselo de la garganta todo lo que pudiera y más antes de volver a engullirle lento, sacándole un sonido ronco que subió de tono a medida que Rey avanzaba sobre su extensión. Posiblemente mañana le dolería el cuello… Pero en ese momento, por algún motivo, sólo buscaba más. Y entonces se deshizo cuando volvió a tocarla, como si la sensibilidad se le hubiera ido tras dos toques. Entonces la estimulación fue frenética, estaba claro lo que quería. Y era escuchar sus súplicas mientras intentaba tragarle.

Si no hubiera estado cegada por el éxtasis quizá se hubiera molestado ante el gesto, ante la intención de Kylo por escuchar sus ruegos con la boca llena. Pero es que la idea empezó a resultarle excitante, traicionándose a sí misma. Pero entonces le escuchó.

-Joder, nena, córrete conmigo.-Y aquello terminó de hacer que estallara.

Rey gimió a duras penas aún succionándole, indicándole que si seguía a ese ritmo iba a conseguirlo y, como si pudiera entenderla, captó sus gruñidos y se incorporó, facilitándole el trabajo mientras no le daba tregua con la mano. Justo cuando la espalda de Rey se arqueó con violencia él se dejó ir a la vez, convulsionando mientras se mordía con tal de no gritar, de no llamar en exceso la atención.

Sus piernas empezaron a presentar tics ante el esfuerzo mientras Rey hizo lo que pudo por tragarle, necesitando llevar una de sus manos a la empuñadura para poder hacer frente a todo lo que le había dado. Y él rebajó el contacto lentamente hasta cubrirle la zona con la mano, reteniendo el calor, reteniendo todo mientras intentaba controlar la respiración. Sintiendo aquellas braguitas húmedas pegarse al dorso de su mano y a Rey luchar por intentar respirar de nuevo.

Salió de ella, dándole espacio mientras la chica se reacomodaba sobre la mesa. Él se sentó, de espaldas a ella y no tardó en sentirla recostarse en él, espalda contra espalda, agitación con agitación y vibración con vibración. Las réplicas del orgasmo latían con fuerza mientras sentían que en aquella habitación empezaba a faltar el aire.

Rey dejó caer la cabeza sobre su hombro y Kylo alzó la mano para atrapar su pelo en un puño y obligarla a mirarle. Esperaba ver muchas cosas pero la sonrisa radiante y satisfecha no había estado entre las opciones. Le rompió algo por dentro, no supo el qué pero no parecía un daño masivo, algo que no pudiera controlar o que no pudiera gestionarse en otro momento. Porque en este preciso instante, se encontraba demasiado ocupado grabándola para siempre en su memoria. Y después de lo que acababa de ocurrir, en su piel.

-Eso ha sido una jodida maravilla, nena. – Le concedió, y su sonrisa se hizo aun más deslumbrante, orgullosa incluso.

-Sí que lo ha sido. – Lograba vocalizar para contestarle mientras le invadía esa sensación de plenitud perezosa como si su cuerpo se llenara poco a poco de agua tibia. Le notó erguirse tras ella y bajarse de la mesa. Le siguió con la mirada mientras se colocaba de nuevo los pantalones y se situaba ante ella. Otra vez. Como al principio. Y como tal, su mente pareció recobrar el hilo. - ¿Cuál es la otra? – Kylo la miró con el ceño fruncido, posando sus grandes manos en sus caderas y arrastrándola hasta el borde de la mesa mientras él se dejaba caer sobre la silla. – La otra condición. –Aclaró, rápida. Y su mirada cambió por completo, observándola a ras de las cejas mientras colaba los pulgares por la cinturilla de sus bragas. – Antes has dicho "un par de condiciones" y sólo me has dicho una. – Kylo se relamió e hizo que se bajara de la mesa. Rey fue inmediatamente consciente de lo poco preparadas que estaban sus piernas para volver a soportar su peso con normalidad, sin temblar. Tuvo que apoyarse sobre los amplios y fuertes hombros de Kylo… Mientras sus pulgares se arrastraban por la gomilla con la ligereza de una pluma, para ir deslizando la tela por sus piernas. Y Rey ni siquiera supo por qué, pero se encontró cediendo sin ni siquiera planteárselo dos veces.

- ¿Te ha sabido a poco la condición que te he puesto? – Le preguntó con un gruñido contenido. Y Rey empezaba a conocerse esos sonidos lo suficiente como para responder a ellos.

-Puedo con ello. – Le aseguró con orgullo, mientras flexionaba una rodilla para permitir que atrapara la prenda. Y luego la otra, siempre sujetándose sobre sus hombros para no perder el equilibrio… Hasta que alzó la mirada hacia ella, desarmándola. Rey trató de mantener la compostura, en previsión de que no iba a conservar las bragas. – Lo que no quiero son trampas en el último momento.

- Te he permitido llamarme "cabrón" cuando me lo he ganado, nena. – Sostuvo las bragas en un puño y le fue bajando poco a poco el vestido hasta colocarlo en su lugar como si no hubiera pasado nada. – Pero no te voy a permitir sugerir siquiera que pueda ser tan miserable. – Rey tragó saliva y asintió.

-No has respondido a mi pregunta. – Atajó de nuevo. Entonces Kylo se alzó ante ella, cogiéndole de las manos, apartándolas de él y besando sus nudillos antes de dejarlas caer.

-La otra condición es que me quedo tus bragas como sello de nuestro trato. – Y se las guardó en el bolsillo trasero del pantalón ante sus ojos. –Por ahora. – Le concedió, dejándola perpleja.

- ¿Cómo que por a…?

-¿No tienes trabajo, nena? - La interrumpió, cortando su pregunta inquisitiva. Kylo a veces sentía que ya hacía suficientes preguntas con la mirada como para que encima les diera palabra. La vio tragar saliva y desviar la mirada, con cierta culpa, y sonrió. – Que no tenga que sancionarte por escaquearte en horas laborables, niña. – Y la mirada acusativa que le dedicó le hizo sonreír aun más, viéndola ceder y marcharse a seguir trabajando en su cine… Sin bragas.

El resto de la jornada se le hizo eterno. Porque sólo quería llegar a casa, darse una ducha fría y tirarse en la cama a revisar si sus dos amigos electrónicos empezaban a dar señales. Y por otra parte, se le pasó mucho más rápido que otras veces. No podía evitar sentir que tenía cierto morbo el estar trabajando en las condiciones en las que Kylo la había dejado, empapada, temblorosa, satisfecha y sin ropa interior. La mirada que le dedicaba, recorriéndola de arriba abajo con una sonrisa escondida en las comisuras las dos veces que se habían cruzado en el resto del día. Había algo halagador y jodidamente retorcido en mantener un secreto y vivirlo con tanta intensidad. Ni siquiera sabía ya hasta qué punto era un problema para su moralidad o había implosionado en sí misma en uno de esos orgasmos.

Cuando llegó a casa y se dio su ansiada ducha mientras la cena se calentaba en el microondas, rompiendo el silencio de la madrugada, descubrió la marca de un mordisco en la cara interna de su muslo, malditamente cerca a su ingle. Y debería sentir rabia, lo sabía. Debería. Pero sonrió. Y su corazón ya no saltaba de pánico cuando oía el rugido de una moto pasar cerca de su ventana.

Pero casi le da un infarto cuando el portátil empezó a recibir señales… Después del idilio, volvía el trabajo. Y ahí estaban sus novedades.