11. Vacío de Interpretación

-Le han visto.

-¿En serio?

-Sí, el Líder Supremo está avisado.

-¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde le han…?- Luego aquel tap-tap-tap del dedo de Hux sobre la mesa, ensuciando su parte del audio. Luego la vibración.

-Es Phasma. Esta noche, en su hacienda, hablamos. Tengo que contestar… Quizá tenga que ausentarme.

-Sí, sí, no te preocupes.

Rey gruñó, volviendo a reproducir aquella parte el audio que había grabado a escondidas, bajo la mesa de Kylo. Su mañana libre se había centrado especialmente en revisar los audios con los auriculares especiales, intentando captar cada matiz, cada sonido, palabra y susurro… Pero en aquel audio no había nada más.

Se bajó los cascos mientras alzaba la vista del ordenador y daba un trago a su té, frío y algo insípido, sin saber hasta qué punto lo hacía por inercia, por darse un respiro o sencillamente porque quisiera. Dudaba de ese último motivo, ahora que lo pensaba.

Suspiró una vez más, rebobinando el audio y revisando sus anotaciones, enlazadas con toda la información que había recopilado Poe y añadiendo recientemente la perspectiva de Finn.

Phasma era como una especie de Parca… Si iba a buscarte, te llamaba o sencillamente dudaba de ti por alguna razón, podías darte por muerto. O por muerta, en el caso de Rey. Poe sólo había visto a esa mujer rubia y resplandeciente en un par de ocasiones, todas ellas con un final nefasto que suponía un ajuste más rudo a las tuercas de aquella máquina que movía la Primera Orden.

Las aclaraciones de Finn sacaban a relucir que Phasma, junto a su papel de mensajera de la muerte, podía estar trabajando para un cliente importante de la Primera Orden. Uno gordo, tanto como para poder dictarle a Kylo órdenes en vez de acoplarse al ritmo que tenían él y Hux.

Pero algo no le cuadraba, una pieza no le encajaba. Otra más, vaya, una que parecía ser bastante clave. Adivinar quién era Phasma y para quién trabajaba concretamente debía ser difícil, ella todavía no había tenido el placer o la desdicha de cruzarse con su cabellera blanca y corta. Le recordaba a un fantasma todo lo que sabía de ella. A un espíritu que parecía que todos conocían pero pocos habían visto. Nadie sabía nada más de ella, nadie tenía más información…

Retiró los audios, eliminando del archivo aquellos que siguieron tras la interrupción de Hux, borrándolos del mapa total y completamente. Nadie necesitaba saber cómo estaba sacándose la información, era denigrante. Absurdo. Rompiendo todos los esquemas empoderados que tanto le había costado a Rey crearse, sintiéndose decepcionada consigo misma pero ¿Ahora qué podía hacer? Parecía que daba resultado y, además, conseguía salir relajada… Más que relajada.

Abrió otra ventana mientras se mentalizaba; Ella era quién estaba utilizando a Kylo, quien estaba aprovechándose de él, de su aparente falta de contacto… Justo como ella.

Si algo sabía de Kylo es que estaba solo. Completa y enteramente solo, a la deriva. Sin nadie. Y sólo la Fuerza sabría desde cuando… aunque, por la forma en la que solía tratar a Rey durante los encuentros, supo que al chico tampoco era como si le faltara experiencia.

Sonrió de medio lado, adentrándose en la computadora de Kylo a través de la unidad BB9E, hurgando entre los archivos, carpetas y recovecos ocultos de aquella CPU. Pero no encontró más que películas y series ¡Qué coño! ¡Ni tan siquiera encontró pornografía! ¡¿Qué clase de persona como Kylo no almacenaba porno en su ordenador?!

¡Oh! Rápidamente rodó los ojos, sonriendo mientras intentaba entrar en su buscador, accediendo a su historial. Por supuesto.

La clase de personas como Kylo no almacenaban porno, lo buscaban por la HoloRed. Y abrió el historial, entrando en él… Y la decepción volvió a azotarla cuando descubrió que sus búsquedas más recientes eran acerca de foros de crítica de cine y novedades varias sobre los diversos festivales. Vaya que tenía un buen perfil, vaya que cuidaban los detalles.

Intentó sacar búsquedas y patrones, siguiendo los consejos de aquel cursillo que les obligaron a hacer en la academia para rastrear a través de internet, buscando en las pestañas ocultas, el borrador del historial y un largo etcétera… Y nada.

¿En serio Kylo recurría a la imaginación? ¡Joder! ¿O a revistas?

Largó otro suspiro, viendo que otra maldita vez se le había ido el hilo con Kylo, el jodido Kylo Ren que conseguía desconcentrarla incluso sin estar presente en la misma sala que ella.

Rey cerró la pestaña de internet, volviendo a rebuscar entre las carpetas del ordenador. Algo debería encontrar, algo habría, alguna pista, algún contacto, algún… Algo.

Y sin embargo, joder, ahí no había nada. Ni carpetas ocultas, ni archivos fantasmas, ni contraseñas que sortear para llegar al mapa del tesoro. No había jodidamente nada. Aquello era inútil. Y le hacía sentir tan, pero tan frustrada. Rey no estaba haciendo todo lo que se estaba viendo obligada a hacer para nada. No se estaba dedicando en cuerpo y alma a algo que no estaba dándole resultado. Y mira que ponía cuerpo. Y esfuerzo. Y entusiasmo. Y ganas. Y nada. Nada. Absolutamente nada. Seguía perdiendo el tiempo. El suyo y el de toda la agencia. Al menos de los que estaban derivados al caso de la Primera Orden y estaban pendientes de ella. Esto no es justo.

Echó la cabeza hacia atrás hasta que dio con el cogote en la pared, y soltó un suspiro, desanimada. Se negaba a dejar que aquello le superara en ningún momento. Pero se sentía frustrada. Y se conocía bien a sí misma. Sabía que esa frustración le llevaría a correr riesgos estúpidos que, en otras circunstancias, evitaría. Y que un día, podrían matarla por una gilipollez de dimensiones siderales. Pero es que… debería haber conseguido algo. Por mínimo que fuera. Y lo único que tenía era… Era la atención de Kylo. Genial. De puta madre.

Cerró los ojos y respiró profundamente. Iba a roer ese hueso hasta que no quedara nada pero no era suficiente. Kylo no iba a darle nada. No Iba a cometer el error de tomarle por idiota cuando había logrado llegar a donde estaba y sobrevivir por tanto tiempo.

Se mordió el labio, antes de golpearse con la pared, con cierta rabia hacia sí misma. Se había convertido en la mejor de su promoción porque entendía la sensibilidad del otro pero nunca se implicaba. Y ahora que estaba metida de lleno, no podía permitirse que esa sensibilidad pudiera con ella. Jamás en su vida le había importado nadie. Sólo sobrevivir, conseguir sus objetivos, y pasar otro día. Hasta que llegó Obi- Wan y lo cambió todo. Y ahora que debía volver a sus instintos más básicos, desmarcarse de todos aquellos que no fueran ella misma, ahora precisamente, le rehuían.

Cerró el portátil, ante la perspectiva de una búsqueda tan improductiva, y lo guardó en su sitio antes de vestirse y afrontar otro maldito día en el que trabajaría en el cine haciendo cosas que en absoluto iba a solucionarle los problemas. De hecho, y muy a su pesar, lo más emocionante que podía pasarle era cruzarse con Kylo. Provocarle de algún modo. Cuanto más tiempo pasara con él, más posibilidades tenía de dar con algo a lo que hincarle el diente, algo que llevarse a la boca, algo que… Se paró en seco cuando notó el calor ascendiendo a sus mejillas. Hasta su propia mente parecía dispuesta a jugar. Y eso sí que le ponía las cosas difíciles. Debía mantener la cabeza fría… Sobre todo, desde que el resto de su cuerpo parecía vivir en un punto de ebullición constante.

Al llegar al cine, todo apuntaba a que iba a ser un día normal, sin novedades… Aburrido incluso. Y cuando pasó por la puerta de Kylo, cerrada a cal y canto, tuvo la sensación, amarga y algo desagradable, de que no iba a verle demasiado hoy. Y una parte de ella casi se entristeció. No podía negarse el hecho de que tenía ciertas esperanzas puestas en que, después de lo ocurrido, tuvieran esa clase de miradas distantes que se dedican quienes comparten un secreto. Era una esperanza infantil, sí, pero era lo único que podría haber hecho del día algo siquiera remarcable, aunque sólo fuera para que le diera una pista de cómo actuar ante él. Pero nada.

Nada.

Estaba tan harta de todo esto… O alguien montaba un follón prontito o iba a montarlo ella. Eso sí que se lo veía venir.

Estaba preparando la sala de proyección digital para la sesión de las seis y media cuando, como si la Fuerza hubiera escuchado sus plegarias, un estruendo resonó en el piso de abajo, seguido del grito de Aphra. Rey se giró, asustada. Se acercó a la puerta y la abrió mientras se disponía a bajar las escaleras pero entonces vio al pelirrojo salir del despacho de en frente, sujetando el teléfono móvil con una mano mientras se encaminaba a los escalones… Hasta que percibió a Rey por el rabillo del ojo.

-Regrese a su puesto de trabajo, no vaya ser que tengamos un disgusto…- Rey frenó el paso, dejando que Hux tomara las escaleras mientras seguía apuntándole con el dedo, amenazándola en silencio y haciendo que retrocediera poco a poco, mirando todo con asombro.

No dudó en activar los chips en sus muñecas mientras seguía parada al final de la escalera, observando cómo Hux llegaba al primer piso.

-¡¿A qué viene todo este escándalo?!- Su grito gutural y rabioso, que para nada iba acorde con su persona menuda y repipi, provocó un silencio momentáneo que se vio quebrado por otro grito.- ¡Por la Fuerza bendita! ¡Mire cómo me ha puesto la alfombra!

-¡¿Dónde está Ren!?- Rey se contrajo ante la fuerza de aquella voz. Potente, oscura, siniestra y pesada como una barcaza de los Hutt.- ¡¿Dónde está?!

-¿Quiere hacer el favor de calmarse? Acompáñeme a mi despacho ¡Gosta!- Llamó y unos pisotones se acercaron desde la otra punta de la entrada.- Acompáñenos.

Rey no tardó en correr disimuladamente a la cabina de proyección de la sala 1, quedándose tras la puerta, abriendo un pequeño resquicio y acercando su muñeca a la abertura para que captara toda la conversación mientras ella aguantaba la respiración.

-Sea lo que sea aquello que haya causado su furia estoy seguro de poder arreglarlo.- La voz de Hux empezó a intensificarse a medida que subían por las escaleras.

-Quiero hablar con Ren.- Aquella voz oscura volvió a insistirle al pelirrojo, Rey pudo sentir cómo Hux ponía los ojos en blanco sin apenas poder verle.

-No se encuentra aquí, pero estoy yo.- Dijo, frenándose en el umbral que conectaba las escaleras con la estancia superior, anterior a las habitaciones.

-Entonces he venido para nada.

-¡¿Acaso tengo que explicárselo en dathomiriano?! ¿O en zabraki? Sea lo que sea, puede enmendarse.

-¿Está burlándose de mí?

-¡Por la Fuerza, no piense tal cosa!- Y Hux retomó la marcha, entrando en la estancia y dirigiéndose a su despacho. Una figura alta y fuerte se plantó allí junto a los gamorreanos que Rey había visto como guardias de seguridad o vendedores de boletos para las sesiones en las taquillas, pero su diana era aquel grandullón que, por los tatuajes, la forma de andar y aquellas dos lenguas que Hux mencionó, debía de tratarse de un dathomiriano zabrak. Rey tragó saliva.- Señor Opress, por favor, tranquilícese.

-Nos habéis vendido merc…- Hux siseó antes de que pudiera proseguir.

-Hablemos dentro, por favor. No importunemos al personal.- Le habló con una calma que Rey no sentiría si estuviera en su pellejo.

Hux se hizo a un lado y aquel gigante se adentró en el despacho junto al gamorreano. Luego, la puerta se cerró.

Rey no perdió el tiempo y probó a buscar alguna cámara en el despacho de Hux, pero nada. Parecía que los despachos no tenían cámaras. Entonces intentó con alguna cámara externa encarar alguna ventana que diera a su aposento. Pero nada, nada de nada. Otra puta vez.

Entonces decidió congelar la cámara del pasillo durante diez minutos. Y se aventuró a salir, acercándose a la puerta del despacho de Hux, todavía con los micrófonos activados. Los acercó todo lo que pudo para que captaran lo que ella no lograra escuchar.

-Dathomir está bajo la guerra. Mi hermano ha fallecido cuando una de esas putas locas le reventó la cara con la culata de un fusil.- Aquella voz grave hablaba conteniendo una rabia brutal que a Rey le puso los pelos de punta.

-¿Se refiere a las Hermanas de la Noche? Creía que estaban de vuestra parte.

-Pues ha creído mal.

-Ya veo.- Hux carraspeó.- Lamento la muerte de su hermano.

-Sin Maul al mando dudo que yo siga manteniendo un trato con vosotros.- Hux se removió en el asiento.

-Mírelo desde otra perspectiva.- Rey abrió los ojos ante la frialdad cruel de Hux frente a alguien a quien se le ha muerto un pariente.- Creo recordar los conflictos por las ganancias ¿Me equivoco, Señor Opress?- El silencio se hizo.- No sé qué ha podido pasar para que les llegara ese cargamento fallido a las Hermanas de la Noche y les hiciera estallar una anarquía en Dathomir, pero le aseguro que con el próximo cargamento volverá a tener al pueblo sometido. Además…- Rey escuchó un mechero accionarse varias veces.- Ya no tendrá que preocuparse por dividir las ganancias. Usted siempre ha sido quien se ha desplazado para hablar con nosotros, quien encargaba las mercancías y quien decidía con qué quedarse para mantener su negocio… ¿Qué hacía Maul?- Rey intuyo el crepitar del cigarro justo antes de una suave exhalación que dio paso a un pequeño silencio.- Nada, Opress. Tenga por sentado que usted va a llevarse buena parte del pastel. Esa parte que se estaba llevando injustamente Maul, como tantas otras veces hemos discutido.

-Lo que veo es que son ustedes quienes abastecen también a las Hermanas y eso dista mucho de un posicionamiento justo. – Le acusó con una frialdad que no parecía propia siquiera de su misma raza.

- No se lo tome como algo personal, Savage, este es el negocio. Usted tiene unas responsabilidades y unos objetivos, y la Primera Orden otros. – Se hizo un silencio tan pesado como el humo de aquel cigarro. – Y nosotros sólo tenemos la obligación de proveer a quien pide mientras pague por ello. Tanto como da igual el bando, da igual el planeta o la circunstancia. Y me da igual cómo le suene porque tanto usted como el resto de clientes saben lo que buscan cuando a mí me suena el teléfono.

-No he pagado por mercancía defectuosa.

-En cualquier caso, eso ha sido responsabilidad de su hermano y ya ha visto cómo le ha salido el tiro. – Rey boqueó ante la falta de tacto de Hux. Por favor. Le faltaba hacer un chiste sobre los tiros que salen por la culata para terminar de coronarse. – Y no descarte el hecho de que su hermano pretendiera librarse de usted y ese tiro le saliera por la culata. – Ahí estaba. Ahí puto lo tenía. El muy hijo de puta tenía que estar disfrutándolo.

-¿Está sugiriendo que mi hermano quería quitarme de en medio?

-Estoy sugiriendo que jamás hemos tenido material defectuoso. Cuando lo tenemos, no sale a la venta por razones obvias. Suponen pérdidas desmesuradas para nosotros, y no sólo a nivel económico sino en la confianza de todos nuestros clientes. Así que no son fallos que nos podamos permitir.

-¿Entonces cree que Maul pudo trucar las armas para que algo saliera mal y excusarse? – Rey no pilló respuesta ninguna. Luego lo estudiaría en las grabaciones. Pero juraría que el pelirrojo simplemente habría gesticulado hacia su interlocutor. – Estoy planeando una guerra civil.

-Es el paso correcto tras la muerte de tu hermano, Savage. – Le incitó. – El trono de Dathomir solo lo merece quién luche por ello. – Rey flipaba. Flipaba con lo fácil que le resultaba a Hux instigar a alguien a la guerra para salir ganando por ambos bandos. Flipaba tanto y estaba tan absorta que no había oído al dathomiriano avanzar hacia la puerta. Se le quedó el aire atascado en el pecho, pegó la espalda a la pared y no se movió ni un pelo cuando el picaporte se movió y la puerta se abrió una rendija.

-Y supongo que las Hermanas de la Noche también contactarán con ustedes… - Dejó caer Opress, sosteniendo el picaporte y enfrentando al pelirrojo. Rey aprovechó que no se decidía a salir para retomar su huída. Tenía que salir de ahí, o esconderse. O cubrirse. Hux sería capaz de matarla si la descubría fuera de la cabina. O peor: Sospecharía de ella. Y no le dejaría hacer su trabajo.

-¿Quiere un trato preferente?

-Depende de cuánto me cueste.

-Entonces, es una propuesta que podremos estudiar. – Rey vio al zabrak salir del despacho seguido por la sombra de Hux justo antes de cerrar la puerta de su cabina. Justo a tiempo. Y permaneció pegada a la puerta, rezándole a la Fuerza porque los latidos apresurados de su corazón no emborronaran la grabación. – Pero asegúrese de solicitar una cita antes de llamar a nuestra puerta la próxima vez.

-No se pase, Hux. – Pudo oír que le decía. A Rey incluso se le escapó una sonrisa mientras las voces se perdían por el pasillo y se difuminaban.

Y después de la sonrisa, llegó el suspiro de alivio.

Una guerra civil. Era más que suficiente para mantener a la Primera Orden en movimiento delante de sus narices. Con un poco de suerte, tendría algo que apuntar cada día. Un número. Un nombre. Una cantidad. Algo, cualquier cosa. Y tendría a la Primera Orden. Quizás a tiempo para detener una guerra.

Alzó los ojos al techo, obligándose a respirar a un ritmo constante, mientras sus manos volvían a ocuparse con el proyector, sin poder dejar de darle vueltas a todo lo que acababa de oír. Ese sí que había sido un buen caramelo que llevarse a la boca. Y pensaba en ello, tratando de serenarse cuando escuchó un par de toques en su puerta que la sobresaltaron, haciéndole dar un respingo ridículo sobre la silla.

-¿Sí? – Preguntó cuando nadie respondía al otro lado. Y como si esa fuera la contestación que necesitaba, la puerta se abrió… Mostrándole a Hux, frío, serio, contenido e inmutable como siempre. Por toda la Fuerza. Esos ojos fijos la incomodaban a tantos niveles…

-Siento importunarla en su trabajo, señorita. – Empezó, dejando caer los brazos hasta cogerse las muñecas tras su espalda. Rey le mantuvo la mirada. – Quería disculparme personalmente por toda la algarabía que haya podido impedirle trabajar con normalidad. – Rey asintió.

-No ha sido nada. – Trató de tranquilizarle… sobre todo, para que no estuviera pendiente de ella y la metiera en su lista mental de sospechosos.

-Quería que supiera que no es lo habitual y que no es un comportamiento con el que solemos lidiar. – Le vio coger de nuevo el picaporte de la puerta para marcharse.

-No se preocupe. – Le insistió. Sin embargo, Hux pareció quedarse un segundo colgado de aquel picaporte. Un segundo lo suficientemente largo.

-¿Ha escuchado algo? – Le soltó, sin más. Rey se forzó a no tragar saliva ante él. Seguro que era de los que identificaban las mentiras, que podía sentirlas, podía olerlas y podía verlas salir físicamente de los labios de quien las dijera.

-¿Debería? – Fue su respuesta más rápida. Si algo le había enseñado la calle era a enterarse de todo lo que pudiera, no dar nunca muestra de ello, pero estar disponible para quien lo precisara. Por si acaso. Se había ganado unas monedas simplemente escuchando. Hux negó con la cabeza.

-Por su bien, mejor que no. – Le dedicó una última mirada, como si necesitara asegurarse. Era cierto que responder a una pregunta con otra pregunta no era la opción más inteligente. – Señorita. – Asintió a modo de despedida antes de cerrarle la puerta.

Y Rey se dio un par de segundos antes de dejarse caer de nuevo en la silla, con la mano en el pecho.

Kylo colgó el teléfono tras realizar la última llamada que quería hacer antes de dejarse caer en aquella mesa oxidada del sótano, escuchando cómo las máquinas contaban billetes mientras varios gamorreanos comprobaban la nueva mercancía.

Tomó aire lentamente, hinchándose. Snoke había aflojado la correa tras la charla en su hacienda la anterior noche, dejando claro que estaba más tranquilo al ver que al fin habían dado con el desertor. Faltaba encontrar el hospital exacto donde se ubicaba.

"No paran de moverle de un lado a otro". Aquella aclaración por parte de Hux durante la reunión con Snoke no le hizo gracia a Kylo… ¿Por qué iba a estar Finn en un hospital? Lo suyo sería estar en comisaría, quizá delatándoles… Pero ¿Un hospital? ¿A santo de qué? ¿Cuál era el punto? ¿Habría tenido un accidente tras tirar el cadáver de Poe? Tal vez… Aquel chico era un inútil. Pero algo le decía que aquello sería tener demasiada suerte, que aquello era una opción demasiado fácil… ¿Y si…?

La puerta de metal se abrió tras un par de vueltas con la llave, dejando entrar a Hux, quien se asomó hasta dar con Kylo. Este no tardó en levantarse, encaminándose hacia el pelirrojo quien arrugó la nariz sin demasiada preocupación por ocultar el gesto.

-Por los lores, esa cicatriz tiene una pinta horrible.- Kylo desvió la mirada, cansado. Y fue a reprocharle que apenas tenía tiempo de curarse bien cuando Hux volvió a hablar.- Ha venido Opress…- El pelirrojo hizo un movimiento con la cabeza y ambos salieron de aquel cuarto, marchándose al despacho de forma apurada.

No hablaron durante el trayecto, de hecho no saludó a Aphra, quien estaba limpiando el estropicio que habían dejado las botas sucias de Savage Opress. Pasó de largo, sencillamente. Y subieron por las escaleras. A cada escalón una de sus comisuras se elevaba un poco, un poco más. Sintiendo que se acercaba a ella.

Llegaron al segundo piso y torcieron a la derecha para llegar al despacho. Hux abría la puerta mientras Kylo conducía con discreción los ojos hacia la cabina de proyección antigua, deseando que saliera. Pero no tuvo esa suerte.

Entraron en el despacho y Hux cerró, tomando asiento en un sillón mientras Kylo se apoyaba en el borde de la mesa, cruzándose de brazos.

-Ha venido Opress buscándote.- Kylo alzó una ceja.- Le ha llegado mercancía defectuosa. Y ha estallado una guerra de bandas en Dathomir. Las Hermanas de la noche enfrentadas con los zabraks.

-¿Contra los Hermanos de la Noche, los zabraks dathomirianos?- Hux ladeó la cabeza varias veces.- Pues vaya, guerra familiar.- El chistecito por los nombres de las bandas no le sacó ni una sonrisa a Hux.

-Están todos enfrentados con todos.

-¿Por el armamento?- Hux asintió.

-Alguna Hermana habrá visto a los Opress totalmente vulnerables, con armas fallidas por una entrega defectuosa. Y a Maul le han reventado la cabeza con la culata de un fusil.- Kylo arrugó el entrecejo ante aquel dato.- Obviamente alguien quiere ser la cabeza de las bandas en Dathomir…

-¿Qué va a hacer Savage? Supuestamente la corona cae sobre su cabeza.

-Son dathomirianos, las suposiciones se quedan en teorías que nadie se molesta en leer. Se toman la justicia por su mano.- Kylo se frotó los ojos.

-¿Qué daños nos va a traer esto?

-He conseguido que ninguno, de momento.- Kylo asintió.- Savage va a pedir nuevas armas para poder hacer frente a la ola que se le viene encima.

-Bien, bien… Buen trabajo.- Kylo dejó los dedos en su entrecejo, sujetándose la cabeza. Cansado. No se había quitado de encima un problema y ya le estaban cargando otro más. Por suerte, Hux había destensado su carga un poco y esperaba con ansias que Snoke no le echara la culpa.

-Ya… Buen trabajo.- Dijo, desviando los ojos. Kylo alzó los suyos, parecía que la conversación de anoche con Snoke no sólo le había causado preguntas a él. Hux también parecía tener teorías al respecto.

-¿Qué pasa?- El pelirrojo tomó aire, mirándole como si no pudiera aguantarse más.

-¿Tú estás seguro de que Poe estaba a punto de morir?- A Kylo se le hizo un nudo en el estómago.- ¿Estás seguro? ¿Estás completamente seguro de que ese tío se iba a morir antes de que Finn le echara donde le tuviera que echar?

-Sí, por supuesto que sí…- Hux negó con la cabeza, desviando la mirada. – Tú mismo lo presenciaste. – Kylo tragó saliva y un sudor frío empezó a recorrerle la espalda. – Nadie hubiera sobrevivido a esa paliza, Hux, nadie. Anulé su resistencia en el primer minuto. Lo viste. – Lo que había empezado con temor, ahora se convertía en rabia. – No debieron quedarle más de cuatro huesos en todo el cuerpo sin romper. A martillazos. – Matizó, recalcando cada palabra. - Y tuve que tirar la ropa porque no había manera de quitar el olor a carne quemada. – Le expuso en un tono cada vez más alto mientras veía a Hux coger aire, como si cada palabra le alejara más del convencimiento. Y a él le acercaba cada vez más a una furia que sólo podía nacer del instinto de supervivencia. – Ese tío estaba a treinta segundos de morir cuando yo me fui de allí. – Cruzó el despacho en un par de zancadas hasta quedar en frente de Hux. No lo soportaba. Esa puta mirada de decepción cada vez que era incapaz de matar a alguien. Como si fuera un miserable, un cobarde, un irresponsable y un incompetente. Y le cogió de la pechera para que le enfrentara, las solapas de la chaqueta del traje en su puño, y la mirada de Hux, encarándole. – Hubiera sido mucho más fácil pegarle un tiro en la sien, ¿verdad? Después de las dos o tres primeras muertes, ni siquiera sentirás el retroceso del arma. Ni sientes remordimientos. Sin embargo, como yo soy incapaz de volver a matar a nadie, tengo que encargarme de otro modo. Lo sabes. Y cada puto golpe repercute en mí y me he ganado cada puto grito de dolor. Tanto si consigo reventarle el cráneo a uno contra un bordillo como si cuelgo a otro de las tripas. Esa no es la vía fácil. Y sabes por qué tengo que hacerlo. – Zarandeó a Hux y señaló a la ventana con la mano libre. – No puedes poner en duda si ese hombre estaba o no a punto de morir, Hux. Porque el hecho de que ese hombre, como cualquier otro en nuestra puta lista, siga vivo significaría mi propia tumba. Y me esfuerzo mucho por retrasar al máximo mi cavada diaria. – Y necesitaba en serio que Hux le creyera porque, aparte de ser la más pura verdad, era la única persona que no estaba dispuesta a matarle a sabiendas de que la vida de Kylo Ren valía incluso menos que la de cualquiera de las víctimas sin nombre de la Primera Orden.

- Sólo… - El pelirrojo buscaba sus propias palabras cubriendo las manos de Ren y descolgándose de su agarre. - … Sugería que cabía la posibilidad de que Poe hubiera sobrevivido, aunque fuera en estado de coma, - Kylo le dio la espalda, enfurecido, enfrentando la visión de la calle que le ofrecía aquel ventanal – y que Finn hubiera pactado un trato con la JEDI.

- Es una posibilidad. – Aceptó, sin girarse hacia él, tratando de controlar su ira, sus nervios, y todos sus temores, que le sugerían que se diera de cabezazos contra las paredes hasta perder el sentido y luego se tirara por la ventana haciendo el pino. Cerró los dedos en un puño, tratando de controlar los temblores de sus manos o, como mínimo, que no fueran perceptibles a la mirada escrutadora de Hux. – En cuyo caso, - Se giró hacia él de nuevo, viéndole firme y con la chaqueta alisada. – Encárgate de matarles a los dos en cuanto los encontréis. Como si es en el hospital mismo. – Y volvió a girarse hacia el exterior, incapaz de asumir la mirada de Hux mientras le sentía marcharse. No necesitaba la Fuerza para saber que su segundo al mando estaba pensando en que su jefe era incapaz de terminar el trabajo que le fuera asignado. Sabía, de hecho, que Hux se consideraba más capacitado, cualificado, preparado y eficiente para el puesto que él llevaba ocupando ya demasiado tiempo.

Esa era la gran diferencia entre ellos. Hux era vocacional y leal a la Primera Orden por decisión propia, voluntaria y de corazón… Si es que Hux tenía de eso. Mientras que Kylo había sido simplemente absorbido y obligado a permanecer y responder en su puesto. Sin más. Era como en aquellas películas bélicas. La distinción entre el soldado que se alistaba porque la guerra es su hábitat natural. Y el soldado que cumple y es el mejor porque piensa en volver a casa, y cuando vuelve, sigue en el campo de batalla. Condenado para siempre a ser sólo noventa kilos de aviones, cables y artillería pesada, prefiriendo dormir en una zanja que una cama y poniéndose a cubierto cada vez que oye una sirena.

Se dejó caer sobre la silla, recostando la cabeza en el respaldo mientras sentía cómo le hormigueaban las manos y su pecho se llenaba de aire sin poder salir. Cada día que pasaba, cada maldita hora, tenía más claro que Snoke iba a acabar con su vida más pronto que tarde. Y cada vez, tenía más claro que el único causante de su propia destrucción iba a ser él mismo. Más pronto que tarde. Como si llevara una cuenta atrás metida en el cráneo, que a cada error le restaba segundos, minutos, horas y días. Como si llevara una puta granada de mano en el corazón. Sin anilla de contención.

Pese a que la película "Con Blásters y a lo Loco" le estaba pareciendo una muy buena película, no pudo centrarse en la segunda, ni la tercera ni la cuarta vez que la proyectaron. Mucho menos tras aquellos gritos que procedían del despacho de Kylo.

Había estado rumiando a qué se debía todo aquel griterío porque algo le indicaba que se salía del marco que englobaba a Dathomir y su guerra de bandas. Parecía ser algo más pesado… Pero no pudo enterarse de nada.

Aquella cinta se encontraba bastante estropeada y en más de una ocasión agradeció estar dentro de la cabina pues había estado a punto de enrollarse y echarse a perder dentro del reproductor. Por suerte consiguió salvarla en todas y cada una de las ocasiones, encontrando una solución por la HoloRed que ayudó a que no volviera a pasar… Pero aún así no quería confiarse. Quizá mañana hablara con Kylo sobre ello, advirtiéndole de los problemas que estaba presentando la dichosa película.

El caso es que ni ese pequeño incidente con la cinta fue capaz de desviar su atención del caso. Por fin parecía centrarse, aunque su atención recayera en Kylo una vez más. Pero bueno, al menos estaba a lo que estaba.

Tenía ganas de revisar la conversación al llegar a casa así que, tras aquella última sesión, se aseguró de guardarlo todo bien, de dejarlo todo listo para mañana y tomar su abrigo del perchero junto a su bolso. Acomodándose la ropa antes de salir del cuarto.

No esperaba encontrar a Kylo, de hecho ya hacía rato que la segunda planta se había quedado en silencio, un silencio ensordecedor que llevó a la chica a pensar que Kylo ya se habría marchado… Pero no. Rey se quedó de pie, viéndole salir del despacho con el teléfono vibrándole en la mano, y cruzaron miradas. Pero, para disgusto de la chica, volvió a encontrarle como aquella última vez en el despacho; notablemente mal.

Fue a saludarle y quizá picarle un poco, siguiendo el juego que se traían, y Kylo parecía estar dispuesto a hacer lo mismo pero entonces allá iba otro espasmo. Uno que le hizo ladear la cabeza en varias ocasiones, haciéndole temblar y poner los ojos en blanco hasta el punto de tener que recargarse contra la pared pues él perdía estabilidad. Y paró de golpe. Dejándole medio apoyado mientras se recomponía. Balbuceando. "Para, para, para, para, para…" casi como si fuera un mantra.

Ella retrocedió, mirándole con espanto y entonces volvió a verlo. Otro más, más exagerado. Provocando que Kylo apretara el puño en el que sostenía el teléfono, haciendo crujir la carcasa, antes de tornarse oscuramente serio, reanudando el paso y omitiendo a Rey de su realidad, como si no existiera, como si no se hubieran visto. Desapareció por las escaleras, apurado. Corriendo, casi. Mientras ella se quedó allí, de pie.

Llamaría nuevamente para pedir un expediente médico suyo, que lo buscaran por todas partes… Médico y psiquiátrico, porque aquello ya empezaba a rozar la anormalidad a pasos agigantados.

Un comportamiento raro, dificultades para dormir –según tenía entendido-, aquellos cambios de personalidad cuando hablaba de sí mismo como Líder Supremo como si fuera alguien distinto a él, posiciones y espasmos extraños, hablando solo… Pidiéndole a algo que parara. Quizá a sí mismo, quizá a sus propios delirios.

Si padecía algún tipo de esquizofrenia a Rey le encantaría saberlo, más que nada para estar preparada ante cualquier situación que le pudiera presentar un cambio de personalidad en Kylo. No tenía ni idea de cómo funcionaba aquel trastorno pero sin duda alguna no se sentía demasiado segura sabiéndolo.

¿Estaría tomando anti psicóticos? Pensó mientras bajaba las escaleras, peldaño a peldaño ¿O acaso era de esos pacientes que se sentía amenazado por su propia medicación? ¿Cómo se trataba a una persona esquizofrénica? ¿Era esquizofrenia o podía tratarse de otro tipo de trastorno mental?

Tragó saliva… ¿En serio tenían a un trastornado como jefe máximo, como contrabandista de armas? Obviamente una esquizofrenia paranoide sería una buena respuesta al por qué jamás encontraban nada que le relacionara con ningún caso. Él y sus paranoias le harían estar pendiente de cualquier minúsculo detalle…

Salió a la calle tras despedirse de Aphra, andando por la acera con la cabeza gacha pero funcionando a mil revoluciones ¿Cómo sería estar en su cabeza? ¿Hux cuidaba tanto de él por su condición mental?

¿Cómo podía una persona esquizofrénica trabajar en un cine donde cualquier estímulo potente de luz podía provocarle un ataque?

Definitivamente iba a informarse más acerca del tema, incluso quizá lo haría antes de ponerse a escuchar las grabaciones.

Debía establecer prioridades y las tenía muy claras.

Y otra vez, como empezaba a parecer ser su estado natural, encontraba que las cosas sólo le cuadraban a medias. Y a medias no le valía nada. Se restregó los ojos, cansada, y su mirada se desvió hacia la lucecitas de neón del reloj. Las cinco de la madrugada. Llevaba cuatro horas leyendo la Fuerza supiera cuántos artículos y trabajos sobre la esquizofrenia. Nada le cuadraba. No del todo.

No había ningún expediente psicológico, no había nada que rastrear, nada que le dijera de forma razonada y verídica qué podía ser todo aquello. Para su desgracia, lo único que tenía era a sí misma y su percepción de los hechos. No era mucho. Y lo que sabía y había visto de él no podía contar con una sintomatología seria.

¿Egocentrismo y aislamiento? Pues sí pero… ¿Hasta qué punto formaba parte de un trastorno tan severo? ¿Ideas delirantes? ¿Tan delirante como comandar una organización criminal? Pues oye, es posible. ¿Lenguaje desorganizado? Pues no, hablaba perfectamente. ¿Aplanamiento afectivo? ¿Y quién era ella para juzgarlo? ¿Alucinaciones? Pues parecía que sí, pero no sonaba muy seguro ir a preguntarle directamente "Oye, Kylo, ¿Tienes alucinaciones? ¿De qué tipo? Y ya que estamos… ¿Te medicas?". Igual, con un poco de suerte, no la mataba con sus propias manos. Y por lo que había leído, los espasmos y las dificultades motoras, tenían más que ver con una esquizofrenia de tipo catatónica que cualquier otra. Pero a nada que indagaba, todo cuanto grandes y renombrados expertos le contaban, todo dejaba de servir en cuanto trataba de ajustar lo que había visto en Kylo con lo leído. Lo único que parecía seguir era el hecho de tener un comportamiento poco coherente, pero no podía tildar de esquizofrénico a cualquiera que actuara de acuerdo a una lógica que ella no entendía. ¿Quién era ella para diagnosticarle nada sin saber, si todo apuntaba a que estaba tan mal de la cabeza como él?

Descartó sus pensamientos mientras dejaba el portátil a un lado y se deshacía el recogido. Debía indagar sobre su estado clínico porque no podía ser que no estuviera por ninguna parte. Simplemente, no podía ser… Quizá alguien debía estar manteniéndolo a buen recaudo. Se levantó para estirar las piernas y destensar los músculos de la espalda, se fue directa a la cocina, encendiendo las luces que parpadearon antes de asentarse con una dudosa luminosidad. Abrió la nevera y bajó los hombros. Una ensalada, tres pechugas de pollo, un yogur, medio limón, un bote de mayonesa y una botella de vino a la mitad. Su vida era tan emocionante como su nevera, desde luego…

Cogió la botella y le dio un trago. Se sentía rara, inconclusa de algún modo. Sabía que debía sentirse bien o, como mínimo, mejor que los días anteriores gracias al avance que suponía conocer los planes que se tenían para Dathomir. Pero era incapaz de no sentir… ¿Preocupación? Por… ¿Kylo? Dejó la botella a medio camino hacia su boca, pasmada. ¿Estaba preocupada por Kylo? Se quedó un momento en blanco, mirando al vacío a través de las juntas de los azulejos del suelo. No, pensó, no podía ser eso. Seguro que era preocupación, pero no hacia tan tremendo capullo. Sino hacia sí misma y la manera en la que su éxito en la misión se entrelazaba con la vida de Kylo, de un modo u otro. Sí, eso era.

Sin embargo, le dieron las seis de la mañana para terminar descartando, aunque no del todo, que Kylo padeciera algún tipo de trastorno. Sin haberse preocupado por él, claro.

Kylo se pasó la mano por la nuca, por enésima vez, notando el artefacto minúsculo insertado bajo su piel, rozando su espina dorsal. Casi podía sentir como el microchip se ramificaba y se unía a sus nervios, como si tratara de parasitar su cuerpo. Y aunque ese dispositivo había ocupado la mitad de sus pensamientos desde que se lo habían implantado, había otra cuestión que había conquistado su sinapsis.

No podía quitarse de la cabeza esa mirada casi anhelante en Rey, con intención de decirle algo aquella noche. Estaba casi completamente seguro de que iba soltarle algún comentario ingenioso de los suyos, uno de esos en los que tendría que esforzarse por responder. O hacer que se disculpara por ello. Pero Snoke parecía dispuesto a joder cada puto aspecto de su vida, todo lo que tuviera. Incluso si ese saco de sarna y pellejo no sabía de la existencia de Rey, se lo estaba jodiendo…

Ese pensamiento le hizo alzar la mirada. Snoke jamás debía saber de la chica. Jamás. O la rompería como había hecho con él.

Después se frenó a sí mismo. ¿Qué importaba, realmente? Esa chica no era nada. Nada para él y, seguramente, nada para nadie si estaba dónde estaba. La vida que llevaba ni siquiera le permitía pensar en la posibilidad de estar con una mujer más de tres veces seguidas. Por quién era él, por lo que hacía, y por ante quién respondía con cada segundo de su existencia, arrebatándoselo todo. Al menos, esa había sido su regla, su compromiso oficial, hasta que todo se había retorcido entre las manos de aquella mujer. Y quizás la mejor manera de protegerla era dejar de jugar a ese juego que no quería que terminara, no cómo terminaban todas las personas que se implicaban en su vida. Porque es verdad, Rey no era nada… Pero significaba lo suficiente.

Su teléfono vibró. Y aunque sabía de quién se trataba, una parte de su mente, esperó ver otro nombre reflejado en la pantalla. "Niña".

Se dejó caer sobre la cama, obviando la vibración persistente del teléfono sobre la mesilla. Y esperó a que el primer calambrazo le sacudiera el cuerpo. Estaba preparado para aguantar. Esta noche iban a ser brutales.