12. Desenfoque
"Dilo."
Él le muerde fuerte, muy duro, en su muslo y ella grita. Un gorjeo de sonido muy poco elegante e ininteligible. Siente su lengua deslizarse a través de su sexo, a través del calor y la humedad, siguiendo ese dolor agudo con placer tan primordial que ella gime otra vez. Sin palabras, aunque una súplica de todos modos. Sus dedos se tropiezan mientras se agarra con fuerza a su cabello, con los nudillos blancos.
"N-no," ella jadea, y él castiga por ello, aferrándose con fuerza a esa parte de ella que es tan sensible, tan agudamente sintonizada a todo él que su reacción es intentar apartarse de la presión dura de su boca. Él la agarra con esas manos tan grandes que sus pulgares se pueden enganchar en la parte baja de sus huesos de la cadera, mientras que sus dedos casi se adhieren a su espina dorsal y la mantienen en su lugar. Él la chupa otra vez, fuerte y de forma tan obscena que puede escuchar la lujuria mojada de él tragándose su excitación.
Finalmente la libera, y habla contra su carne, su voz baja y grave vibrando sobre ella, dándole un pequeño respiro ante la sensación.
"¡Dilo!"
Ella se retuerce debajo de él otra vez, luchando contra esas manos fuertes y condenables, y la empuja bruscamente de regreso a su lugar debajo de él.
"Dilo o nunca te daré lo que quieres".
Ella gime, un lloriqueo entusiasta que es tan embarazoso que está segura de que odia a este hombre por encima de lo que se odia ella misma por permitirlo.
"B-bastardo".
Él se ríe y, joder, el sonido oscuro de alguna manera le hace humedecerse más, le hace querer aún más. "No tienes idea, Rey".
Él tira de ella hasta que queda debajo de él y, con una parsimonia exasperante, está dentro de ella en segundos, un estiramiento completo y profundo y su voz se rompe con el siguiente gemido que le arranca.
Entonces él se queda quieto.
Rey es fuerte, lo sabe, más fuerte de lo que ella tiene derecho a ser, pero no puede hacer ni un movimiento contra su agarre. No puede ni siquiera mecer sus caderas para obtener la más mínima onza de fricción, y está tan cerca.
"Dilo, nena. Di mi nombre". Su voz es tan dura como su cuerpo, tan fuerte como sus manos. Y sus ojos, más oscuros que cualquiera de las atrocidades con las que carga la Galaxia. "Dime quién soy". Se inclina sobre ella hasta esconder la cara contra su cuello. "¿Quién te está follando, Rey?"
Hay lágrimas en sus ojos y parpadea para apartarlas. Le odia en este momento, pero le necesita tanto... Ella traga saliva. Su voz casi se ha ido. Él quiere que su nombre aparezca en sus labios, pero desperdició su voz en todos los otros dolores que le infligió. Ahora ella le da poco más que un lamento susurrante. "Kylo Ren".
Sus ojos se cierran mientras se siente que vuelve a marcarla en el cuello. Una marca por cada vez que no se ha rendido a sus demandas. Cuando los abre de nuevo, cuando le mira, su placer es una victoria táctil entre ellos. Tal orgullo perverso en el oscuro nombramiento de él justo antes de que se meta aún más dentro de ella, a punto de liberarla más rápido de lo que pensó que era capaz.
Él se rindió a ella también, dándole cada onza del placer que tenía más allá de su alcance. Sus ojos vagan sobre su cuerpo, observando sus movimientos, meciéndose en ella más despacio, más profundamente. Lo que ella necesita, lo que ella quiere.
"¿Y ahora?" Susurra, enviando una chispa por su espina dorsal que le hace arquearse en él.
Y ella alza los brazos hasta su nuca, le abraza y le susurra algo al oído. Suspirando, casi sonriendo, casi llorando y le nota moviéndose dentro de ella justo y exactamente como quiere. "Otra vez." No puede susurrárselo lo suficiente, ahora que ya había cedido.
"Joder". Y no sabe si lo dice él, o lo dice ella, justo antes de que todo se haga añicos a su alrededor.
El chirrido agónico y retumbante del despertador casi logra sacarla de la cama de un salto, con el corazón a mil por hora, boqueando por aire que casi no lograba hacer entrar pero tampoco salir de ella. Oh, joder. Apagó el despertador casi sin saber dónde estaba, dónde se encontraba, qué demonios hacía ahí y dónde había estado todo este tiempo. Estaba acalorada, la ropa le picaba y la piel le ardía. ¡Qué demonios! ¡¿Qué estaba pasando?! Se quedó tumbada en la cama, con la mano sobre los ojos. Oh, mierda. Oh, mierda. Joder. Joder, joder, joder, joder, JODER. Se quitó las sábanas de encima de un tirón y a patadas. Mierda, joder. Miró la hora en el teléfono y le respondió con un gruñido. Joder, esto no es justo. Pataleó sobre el colchón por puro nervio, conteniendo un gruñido de exasperación absoluto. ESTO NO ES JUSTO.
Volvió a respirar profundamente. Una vez. Dos veces. Tres veces. Contuvo el aire de nuevo, para luego echarlo poco a poco. Cuatro veces. Y maldijo un mínimo de diez veces más, sintiéndose exaltada, excitada, húmeda. Aunque "empapada" le haría más justicia. Joder. Se estaba implicando tanto en esta jodida movida que Kylo había conquistado hasta su puta cabeza…
Y a medida que se dejaba ir entre blasfemias, una idea fue tomando forma en su cabeza, una idea que hizo que sus comisuras se alzaran un poquito. Podía salirle muy, muy mal la jugada, o jodidamente bien, y darle a Kylo un poco de su propia medicina.
Coló la mano entre la cinturilla de su ropa interior, recreando en sí misma esa sensación de estímulo y alivio que había tenido su sueño, y cogió el teléfono con la mano libre. Más le valía coger la llamada, porque el jueguecito de pedir permiso igual le salía regular.
…
Apenas acaba de estacionar la moto contra la pared del callejón, cuando sintió su teléfono vibrar por enésima vez en el bolsillo de sus pantalones. Le invadió una desazón terrible, una sensación de miseria absoluta. Snoke le había hecho pasar una noche de infarto, casi literalmente. Había dejado de jugar a darle calambrazos apenas despuntaba el alba y estaba seguro de que había estado a punto de darle una taquicardia varias veces. No contestó al teléfono mientras se quitaba el casco. No lo haría. Esperaría la siguiente corriente eléctrica atravesarle. De hecho, esperó, aprovechando la privacidad del callejón.
Un segundo. Dos. Tres. Cuatro. Nada.
No pasó nada.
Y su teléfono volvió a vibrar, sobresaltándole. Esperaba la electricidad estática recorriéndole, no la vibración del cacharro. Lo sacó del bolsillo, mirándolo casi con asco, con desgana, esperando ver el nombre de aquel miserable hijo de puta y, sin embargo,…
"Niña".
Descolgó al instante.
-¿Nena?
-¿Kylo?- Él se apoyó en la moto, serenándose, respirando.
Demasiado alterado como para pensar coherentemente en las situaciones que se le venían encima. Juraría que los calambrazos de Snoke le achicharraban el cerebro. Después de esa noche, robándole descaradamente sus horas de sueño, sentía que empezaba a carburar peor que mal, lo sentía aterradoramente real, visible, notable en cada maldita acción y…
-¿Estás ahí?- Escuchó su voz al otro lado. Sí, definitivamente le fallaba la atención.- ¿Me has colgado?
-No, no, nena. Estoy, estoy.- Se pasó la mano por la cara, maldiciéndose. Rey le había llamado por algo, por alguna urgencia. Y estaba seguro de que acababa de explicárselo pero estaba pasando de ella, perdido en su cabeza… Igual que estaba haciendo ahora.- ¿Podrías repetir?- Escuchó atentamente, silencio al otro lado de la línea.
-¿Te pillo mal o qué?- La calidez de la voz de Rey se esfumó en aquella frase, parecía molesta. Y con razón… Le había llamado tal y como le había pedido y el muy cabrón no respondía a nada. Ya le había dicho dos veces que estaba tocándose y su respuesta había sido respirar al otro lado de la línea.
-No, no. Descuida.- Y se hizo el silencio. Joder, no iba a despertarse hasta que se tomara un café bien cargado.- ¿Por qué me llamas, nena? ¿Ocurre algo?
-Ya lo creo que ocurre algo...- Dijo, retomando el ritmo de su mano mientras se reacomodaba en la cama. Kylo aguardó al otro lado y Rey suspiró, preparando el terreno.- He soñado contigo.
Kylo se quedó traspuesto con aquella confesión. De normal, dormía poco y conseguía aguantar bien… Pero cuando no le dejaban dormir ni una hora estaba lento, muy lento. Y aquello suponía un problema. Contuvo el aire en el pecho, reacomodándose en el apoyo que ejercía la moto antes de cambiarse el teléfono de oreja.
-¿Has soñado conmigo?- Ella asintió con un tarareo desde su garganta, uno juguetón.- ¿Qué has soñado, nena?- Aunque pareciera increíble, no sabía a dónde quería llegar.
-He soñado que… Me estabas haciendo lo que yo me estoy haciendo con la mano.
La vista de Kylo se clavó en la pared de enfrente, anclada. Como si acabaran de reiniciarle de golpe, activándole ahora todos sus sentidos y consiguiendo que al fin aterrizara en la tierra. Rápidamente se levantó, encaminándose hacia el interior del cine, directo a su despacho. Pasando de largo e intentando que nadie le frenara el paso.
-Sigue…- Pidió, subiendo por las escaleras, empleando un tono que a Rey consiguió excitarla un poco más mientras que, de cara al exterior, el tonito podía pasar desapercibido.- Sigue hablando.
-Me chupabas…- Habló, clavando la vista al techo. Recordando aquel sueño y siendo consciente de que aquella era la primera vez que contaba un sueño así a alguien.- Joder, Kylo…- Gimoteó mientras sus dedos surcaban su extensión húmeda, intentando impregnarse, haciendo que se le hiciera difícil tocarse. Resbalaba tanto.- Joder, Kylo, me follabas tan lento…
Por suerte cerró la puerta del despacho justo cuando Rey proseguía con los detalles, sintiendo cómo la voz se le entrecortaba a la chica al otro lado. Se recargó en la puerta, acalorado por la pequeña carrera que se había hecho tan repentinamente, sumando también esa masa de aire que le obstruía el pecho cada vez que pensaba en ella.
Cerró los ojos, escuchando a la chica quien había hecho una pausa para gimotear durante un segundo. Quizá trabajándose lánguidamente con la mano, intentando emular su lentitud.
-Joder, te necesito aquí…- Confesó, dolorida. Sin saber hasta qué punto aquello era una confesión real o sólo lo había dicho para seguir el juego. Y tampoco es que ahora pudiera pensar con demasiada claridad. Volvió a surcarse de arriba abajo antes de introducirse dos dedos.- Te necesito, Kylo…
Por la Fuerza, no podía soltarle aquello y pretender que no le afectara. Quizá para ella era una gilipollez pero él hoy tenía las defensas bajas y los escudos por concentrar.
-¿Y qué estás haciendo para arreglar eso, nena?- Surcó su despacho, llegando hasta aquella silla que tantos recuerdos empezaba a traerle. Se dejó caer, llevando la mano al borde de la mesa –como de costumbre- para acariciar las marcas que Rey dejó en su primer encuentro.- ¿Te estás tocando?- Otra vez Rey tarareó con dificultad para afirmárselo, acalorada.- ¿Llevas mucho tocándote, nena?
-No lo sé…- Confesó a duras penas. Kylo se reacomodó en la silla.
-¿Vas a correrte?
-No… Todavía…- Se mordió el labio, sintiendo que se le hacía difícil sujetar el teléfono con la cabeza y el hombro mientras usaba ambas manos para intentar complacerse.
-¿Y por qué me has llamado, nena?
-Quería escucharte…- Kylo contuvo el aire, haciendo que se recostara en la silla. Atento a la llamada, a las palabras de Rey que le sonaban distintas a cuando la tenía en frente.- Háblame...- Gimoteó al otro lado y él sonrió de medio lado.
-¿En qué piensas ahora?- Rey cerró los ojos.- ¿Estás pensando en cómo te la meto lentamente?- Volvió a asentirle con un gemidito.- ¿Me echas de menos, nena?
-Sí…
-Yo también empiezo a echarte de menos…- Llevó la mano a su entrepierna, buscándose y encontrándose duro bajo la tela del vaquero.- Joder, nena, quiero destrozarte contra mi mesa otra vez.- Ella gimoteó al escucharle, accionando más su mano, trabajándose el centro de sus terminaciones nerviosas mientras se bombeaba, sintiendo que aquellas braguitas que se había puesto la noche anterior ya estaban para lavar.- Joder, nena, quiero comerte.
-Y yo que me comas, joder…- Habló, entrecortada.- Joder, Kylo…- Deseaba que pudiera escuchar al otro lado lo húmeda que se encontraba, lo mucho que sonaba su cuerpo en consecuencia a él, por culpa de él.- Joder, joder…
-Nena, recuerda nuestro pacto.- Ella abrió los ojos, arqueándose, viéndose el final tan cerca. Y tomó aire.
-¿Puedo…?- Empezó a formular, haciendo que él sonriera al otro lado.- ¿Puedo correrme? Por favor…- Y ese "por favor" Le supo tanto a súplica que le hizo ladear la cabeza, encantado, saboreando lo bien que sonaba en ella. Como si escucharla suplicar pudiera sacarle del infierno.
- Pídemelo otra vez, nena. – Y aunque era una orden, Kylo sabía perfectamente que era una súplica en respuesta a la suya.
- Kylo… - La escuchó gimotear, haciéndole poner los ojos en blanco de puro gusto. – ¿Puedo correrme? – Se pasó la mano por el pelo. Lo pedía tan, tan bonito… Que le hacía desear escucharla siempre… - Por favor. – Casi podía visualizar sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos, su cuello arqueado, la curva de su espalda, una mano llevándose a lo más alto y la otra tratando de contenerse… Y como si todo se pusiera de repente en contra de ambos, sintió a alguien al otro lado de la puerta dar unos golpes firmes. Hux asomó la cabeza y se quedó quieto al verle al teléfono. Kylo alzó la mano hacia él y el pelirrojo dio un ligero asentimiento y cerró la puerta, marchándose, justo mientras escuchaba a Rey gemir al otro lado. – Kylo… - Esa forma tan suya de gemir su nombre iba a deshacerle. – Estoy tan, tan cerca…
- Lo siento, nena. – Y pudo escuchar un gritito contenido saliendo de ella que le hizo alzar la mirada al techo.
- ¿Qu… Qué? – La escuchó atragantarse con su propia sorpresa. - No serás capaz… - Incluso pudo saborear su ira a duras penas contenida.
- No te corras, nena, y búscame esta tarde. – Sintió su gemido lastimero contra su misma piel, rozándole las heridas, sus suspiros entrecortados, su rabia…
- ¿Qué me impide desobedecerte ahora mismo, Kylo? – Su tono airado y altivo, orgulloso incluso, fue como la novena sinfonía para sus oídos. Esa era su niña. Obedeciéndole sólo cuando había una recompensa. Planteándose la rebeldía por pura naturaleza, para probar sus límites.
- Lo sabré, nena. Y no te van a gustar las consecuencias. – Le siguió un largo silencio. Kylo esperó con una paciencia que no sentía hacia nada ni nadie más… Hasta que oyó un sonoro y enfurecido "aaaaarrrgggg" que le hizo sonreír más ampliamente de lo que estaba dispuesto a confesar. – Así me gusta.
- No debería haberte llamado, Kylo. – Le soltó, enrabietada. Él escuchó un sonido de succión en sus labios que le hizo poner los ojos en blanco al imaginar sus acciones. – Debería haberme aprovechado de que no estás aquí para pasarme tus condiciones por el forro. Que lo sepas. – Kylo contuvo la risa en el pecho.
- No llegues tarde a trabajar, nena. – Le contestó a sabiendas de que la haría rabiar, mientras cruzaba el despacho y cogía el picaporte de la puerta, sin accionarlo hasta escuchar su respuesta.
- Que te den, Kylo. – Y colgó.
Abrió la puerta sin poder borrar la sonrisa de su cara al tiempo que se guardaba el teléfono en el bolsillo del pantalón y cerraba la puerta a sus espaldas. El sonido hizo que Hux se girara hacia él. Y pudo ver su cara de estupefacción disimulada a tiempo al ver que Kylo sonreía. Nadie tenía que saber que sólo cinco minutos hablando con Rey eran más que suficientes para devolverle las ganas justas para sobrevivir un día más.
-Vámonos. – Le espetó al pelirrojo, que se unió a él en su camino hacia las escaleras, bajándolas completamente sincronizados. – Quiero estar de vuelta lo antes posible. – Hux apenas asintió.
…
Por alguna fuerza misteriosa del universo, ella, la más desobediente, rebelde, impulsiva y liberada de su quinta, le estaba haciendo caso a un capullo. A un contrabandista, a un cabrón que golpeaba sin piedad fuera cual fuese el contexto.
Y no negó que estuvo manteniéndose al borde durante un buen rato, queriendo salir del remolino pero temerosa por lo que podrían traer las consecuencias. Y algo le decía que tenía que ver con dejar de jugar a ese dichoso juego. Ya había amenazado con eso una vez, "la fiesta se te acaba aquí si no me haces caso".
Desde que había sacado su manita temblorosa y húmeda de su entrepierna había estado sufriendo espasmos de tanto en tanto. Una sensación atorada en el pecho, propia de la insatisfacción, se mezclaban con pensamientos subidos de tono que le daban vergüenza, o se la darían una vez se le pasara el calentón.
De hecho, no comió, no podía. Sencillamente, se le nublaron los sentidos y no sabía hasta qué punto seguir con esa estrategia iba a ser buena idea. Debía estar despejada, alerta, con la oreja puesta, las garras afiladas y las piernas preparadas para salir corriendo. Y ya el primer día se había dejado las garras en su escritorio y al otro apenas era dueña del temblor que presentaban sus piernas. Como le fallara el oído tras otro encuentro iba a tenerlo claro para sacar adelante la misión… Claramente complicado.
Gruñó mientras terminaba de vestirse, hoy también iba a llevar falda debido a que apenas podía soportar la rozadura del pantalón en su entrepierna. Joder, estaba anulándola sin darse cuenta, sin pretenderlo… Porque él no sabía nada de ella, al menos eso Rey sí estaba sabiéndolo llevar.
No sabía quién era, cuál era su pasado, su presente y su objetivo futuro en relación a todo. Y, por muchos orgasmos que le diera, ese cabrón seguía teniendo las manos manchadas de sangre… ¡Y vaya manos! Pero manchadas de sangre, a fin de cuentas.
Rey se miró en el espejo una última vez. Medias negras semitransparentes, una falda de tubo, una camiseta de botones de manga corta blanca que le quedaba algo ancha y su peinado de siempre.
Volvió a vendarse las muñecas, comprobando que todo estuviera funcionando. Una vez estuvo lista se marchó al cine con paso altivo y la cabeza alta… Como casi siempre salía. Cada vez que surcaba el umbral de la puerta iba con una idea en la cabeza, con una mentalidad totalmente distinta a la que traía cada vez que volvía.
Salía pensando que ese tío era un capullo, un gilipollas que había dado una paliza a un amigo suyo hasta el punto de casi matarlo. Y le pegaría un tiro a Kylo sin dudarlo, al menos cuando salía de casa.
Pero cuando regresaba… Aquello era otra historia.
Llegó al recinto, saludando al gamorreano de siempre que estaba en la taquilla vendiendo entradas, luego el aire acondicionado del recinto también le dedicó un encantador saludo que se vio compensado por la calidez propia de la sonrisa de Aphra, quien estaba preparando palomitas dulces.
Saludó devolviéndole el gesto y marchando escaleras arriba, en dirección a su puesto de trabajo. Pero lo primero con lo que toparon sus ojos al subir al segundo piso fue la puerta del despacho de Kylo. Y sintió cómo de golpe alguien le pisaba el acelerador, haciendo que su corazón latiera rápidamente y de forma descompasada.
Zarandeó la cabeza, dirigiéndose a su cabina. Dejando el bolso y la chaqueta en el perchero antes de volver a comprobar la cinta.
Hizo una pasada rápida, comprobando que no se enganchara como el otro día… Y ahí estaba, su excusa para ir a verle. Al menos una que ocultara un poco lo necesitada que estaba.
¡Por la Fuerza! Es que sentía que ya estaba para cambiarse de bragas OTRA VEZ.
Rodó los ojos, recolocando la cinta de nuevo y sacando la bobina para adjuntar las tiras de anuncios que Hux le había dejado en el sobre, encima de la mesa de trabajo.
Rey acopló las tiras con cuidado, comprobando la hora a medida que escuchaba a la gente cuchichear y llenando poco a poco la sala.
Terminó de acoplar la cinta cuando colocó la bobina y bajó las luces para los anuncios, empezando a proyectar mientras tomaba asiento. Observando a través de aquella ventanita que daba directamente a la pantalla. Se cruzó de piernas con fuerza, intentando calmar el nervio que no dejaba de vibrarle ahí abajo… Tomó aire e intentó concentrarse. Justo hoy tenía un buen horario, tras esta proyección podría rebobinar la bobina, ir a la sala de proyección digital, bajar las luces y tener dos horas de descanso aproximadamente. Dos horas que gastaría para saciarse. Y aquello pareció rebajarle la tensión, pero volvió a subirle de golpe como un efecto adverso a la descompensación nerviosa.
Dejó salir un suspiro, concentrándose en la película. Al menos esta le gustaba… Pero no tanto como tener las atenciones de Kylo sobre ella.
…
A medida que iban pasando las horas, y las proyecciones se sucedían, sus nervios se erizaban sin compasión ninguna por ella. "No te corras, nena, y búscame esta tarde". Su mente lo repetía una y otra vez, reproduciendo aquella voz suave, grave y profunda, como una cinta defectuosa que se rebobinaba siempre en el mismo punto. Y le hacía odiar el poder que tenía sobre ella. Era como si se le anulara la capacidad de razonar con sentido cuando él le hablaba.
Debería haberle preguntado a qué hora de la tarde debía buscarle, a principios de la tarde, a media tarde, o al final. Debería haberlo hecho, aun a riesgo de sonar desesperada. Pero se hubiera ahorrado el estar desesperada buscándole ahora. Que llevaba sin poder trabajar con normalidad y teniendo cuidado de sus posturas desde la hora de comer. No era justo. ¿A qué hora es para él la tarde?
Había aprovechado las proyecciones digitales para acercarse al despacho de Kylo. Lo había encontrado cerrado. Y se había maldecido a sí misma por estar más pendiente de él que de su trabajo, cualquiera de ellos. Luego, se convenció con que si no estaban Kylo ni Hux, difícilmente podía avanzar mucho. La información estaba en ellos, no con ellos y, desde luego, no en ese maldito cine que ya se había peinado de arriba abajo sin encontrar nada.
En otro de sus descansos, bajó al almacén. Por si acaso le encontraba saliendo de aquella puerta que tenía vetada la galaxia entera. Y casi había terminado aprendiéndose la colocación de las bobinas bélicas que trataban la Batalla de Hoth. Casi. Porque aquello le había sonado ridículo y patético a nada que se preguntó qué narices hacía allí esperando a nadie. Y en otro descanso, había aprovechado para hablar un poco con Aphra. Pero no tardó mucho en volver a la seguridad de su cabina. Esa chica era demasiado avispada, y no quería tener que responder a preguntas que ella misma estaba evitando hacerse a sí misma.
En la oscuridad de su cabina, durante las proyecciones, no tenía más medida del tiempo que las mismas películas. Y cuando ya había empezado a memorizar los diálogos sin darse cuenta siquiera, se forzó a mirar su teléfono y comprobar que ninguna de sus unidades BB le estuviera mandando información. Pero no, ni siquiera tendría esa suerte. Cuando vio la hora que era, sintió que su corazón se saltaba un par de latidos. Maldito hijo de…
Había anochecido hacía varias horas, las suficientes como para estar a dos proyecciones de terminar su jornada. Y el muy cabrón ni siquiera había aparecido por el cine, ni se había asomado. Sentía que jugaba con ella. Y estaba bien mientras ella lo permitiera. Pero no iba a dejarle reírse de ella. No, en absoluto.
Y fruto de toda la rabia que le provocaba, antes de volver a guardar el teléfono y contenerse, buscó su contacto y le mandó un mensaje. No, no se iba a quedar con la última palabra.
…
Kylo se pasó la mano por el pelo, apartándoselo de la cara por enésima vez. Un gesto de exasperación que no le pasó desapercibido a Hux, pero que obvió como todas las veces anteriores. Habían llegado pronto aquella mañana con un cargamento de prueba para Opress.
Se habían citado en un planeta abandonado y completamente deshabitado para las pruebas de tiro, pero parecía más bien como si un montón de zabraks estuvieran jugando con juguetes muy grandes y muy explosivos que, igual, si seguían jugando, les reventaban en la cara. Y, en cualquiera de los casos, ni siquiera era su responsabilidad. Él sólo tenía que asegurarse de que no hubiera más fallos y de que cada cual pagara su parte.
Y había creído que con el apretón de manos en conformidad que se había dado con el zabrak dathomiano, su trabajo ahí había terminado. Y podía volver a lo que realmente le interesaba para ocupar su día. El de hoy, el de mañana, y en adelante. Pero no. No había tenido esa suerte. Y a riesgo de cargarse las relaciones diplomáticas que con tanto esfuerzo mantenían, no le había quedado más remedio que permanecer donde estaba mientras veía a Savage discutiendo planes de guerra y estrategia militar con sus hombres de confianza, con él presente. Como si a Kylo le importara una soberana mierda lo que se hacía con las armas una vez se compraban. No le importaba, no le interesaba en absoluto, sus obligaciones habían terminado.
Su teléfono vibró en el bolsillo del pantalón y tuvo que contenerse para no poner los ojos en blanco de exasperación ante la mirada de los zabraks. Arrogantes y orgullosos, serían capaces de empezar una guerra incluso contra él. Miró a Hux, y de repente cayó en algo. No podía ser que Snoke le requiriese si sabía que estaban reunidos. No podía ser.
Y su corazón dio un vuelco, ante la idea de que había otra persona que quizás requería su atención de maneras mucho menos agresivas y proporcionalmente más placenteras, aunque no menos dolorosas desde aquella mañana.
Sacó el teléfono con cierto disimulo y vio la pantalla sin poder evitar que sus comisuras se alzaran por mucho que intentara contenerse. Su niña. Y al abrir el mensaje…
"Si tú no mantienes tus promesas, no esperes que lo haga yo".
Una parte de él mantenía la necesidad de sonreír. Su ira era… refrescante. Emocionante, incluso. Pero el resto de él, entraba en combustión. Primero, no podía permitir que ella rompiera con sus condiciones. Segundo, no podía permitir que creyera que él estaba incumpliendo su palabra a propósito. No teniéndola a ella esperándole.
Volvió a mirar a Hux. Tenía que irse de allí. El pelirrojo le devolvió la mirada mientras se acercaba.
-Tengo que volver. – Hux sólo le miró, esperando el resto. – Aphra me acaba de avisar de que la chica ha vuelto a acercarse a la puerta de almacén. – Mintió. Hux estrechó la mirada como si quisiera encargarse él mismo. Si lo permitía, sería capaz de sacarle los ojos a Rey sólo para que no viera nunca nada más ni sintiera curiosidad por husmear nada. Y Kylo no iba a permitir que esos ojos verdes dejaran de mirarle. Con la emoción que fuera. Le daba igual. Esperó. Y Hux asintió.
- Ve. Yo me quedo con ellos para supervisar que no sean ellos mismos quienes se carguen la mercancía y ultimando detalles. – Kylo asintió de vuelta antes de marcharse. No tenía que dar más explicaciones. A nadie.
Sin embargo, mientras se ponía el casco, no pudo esconder la sonrisa que le provocó pensar en Rey. ¿Le pediría explicaciones? ¿Se las daría? ¿O simplemente le soltaría mil maldiciones sin importarle un comino qué le hubiera ocupado?
Cuando visualizó el cine al final de la avenida, las luces aún estaban encendidas. Debía estar recogiendo. Con suerte, estaba sola. O con suerte, no se había dejado las luces encendidas por hacerle rabiar. Dejó la moto apoyada contra la pared del callejón, sin saber muy bien si se había arrancado el casco antes o después de frenar por completo. Entró en el cine a la carrera, parándose al pie de las escaleras. Escuchando.
Sonrió con cierta anticipación, escuchándola preparar las bobinas del día siguiente. Los rotores y las clavijas ajustándose unas a otras se oían perfectamente en el absoluto silencio de la noche. Pero lo que más le sorprendió fue escucharla maldecirle en voz alta, como si estuviera hablando para sí misma y estuviera tan cabreada que no podía mantenerlo todo en voz baja sin romper todas las tuberías sólo por concentración de Fuerza.
Avanzó por la sala hasta quedar frente a la puerta, con la mano en el picaporte hasta que se abrió, dejándole a él a media acción mientras Rey también se frenaba de golpe, quedando en el umbral con las bobinas en la mano.
Primero le miró como si no le estuviera esperando, luego contuvo el aire, cambiando su gesto de sorpresa por una mueca de rabia y enfado. Kylo, por otra parte, estaba tranquilo y sereno, aguantando las ganas de comérsela allí mismo. Sentía la rabia de Rey y cómo le odiaba… Pero vaya, si la chica estaba así es porque llevaba con el orgasmo entrecortado desde la mañana. Sin haberse dado el gusto, esperándole.
Y le removió por dentro.
Demasiado
-Vaya…- Habló ella.- Si no te llego a mandar el mensaje te habrías olvidado de mí ¿No?
-Hablemos dentro.- Y empujó a la chica al interior de la sala mientras él cerraba la puerta tras de sí.
-¿De qué?- Kylo parpadeó, esperaba otro tipo de recibimiento. Esperaba encontrarla de otra manera que no fuera tan rabiosa.- ¿¡Quién te crees que eres para tratarme así!?- La cabeza de Kylo retrocedió con sorpresa, desubicado.- ¿Te burlas de mí?- Entonces ella le punteó el pecho con la mano libre, dándole toques que le marcaban por encima de la ropa como si su tacto fuera lava de Mustafar.- ¡¿Te burlas de mí?!
-Jamás me burlaría de ti de esta forma, nena…
-¡No. Me. Llames. Nena!- Habló, punteándole con cada palabra.- ¿¡De qué vas?!- ¿De qué iba? ¿Quién? ¿Él? Definitivamente se le había olvidado con quien estaba hablando.- ¡Casi me da un ataque al corazón, estoy de los nervios! Y tú tranquilito, a tu aire. Haciendo como que…- Kylo le atrapó la mano mientras no le apartaba la mirada, haciendo que Rey plasmara su mano entera sobre su pecho. Descendió ambas manos, surcando su cuerpo y notándose bajo la mano de ella hasta que llegó a su entrepierna. Rey perdió el habla.
-Yo no he estado tranquilito…- Su voz ronca y grave abrió de nuevo un grifo entre las piernas de ella.- ¿Me notas tranquilito?- No era una amenaza, no había agresividad, ni esa dominancia que a veces le plasmaba, consiguiendo humedecerla. No. Aquello era… Empatía. O un intento.
-No…- Dijo, sintiendo que se le bajaban todos los humos mientras él soltaba levemente su mano y ella seguía acariciándole por encima. Kylo condujo la mano hasta su cara, atrapándole la mejilla y surcando sus labios con el pulgar antes de adelantarse hacia ella, peligrosamente.
-No me he olvidado de ti, nena. Ni aunque un Bor Gullet se metiera en mi cabeza, jamás lo haría.- Entreabrió los labios, casi rozando los de ella.- El problema ha sido que ha habido gente que tampoco se ha olvidado de mí.- Rey estaba en vilo, sintiendo que necesitaba su tacto más que nunca. Encontrándose a sí misma acercándose a Kylo y rogando en silencio por un toque, por un poco de contacto. La mano de él viajó hasta pasarle el índice por los labios y Rey no dudó en atrapar uno de sus dedos con la boca, succionándolo y lubricándolo. Rogándole en silencio que no se demorara en atenderla.- Joder, mi niña… Que ha aguantado como una campeona.- Sacó el dedo de su boca, acercándose a ella mientras Rey no prestaba atención a nada más que no fueran sus labios.- Voy a compensártelo, nena… Mucho.
Y la espalda de la chica se arqueó cuando sintió su falda de tubo subirse, notando a Kylo colarse en su ropa interior mientras ella hacía esfuerzos para no dejar caer las bobinas que sujetaba con una sola mano. Kylo fue consciente y se las arrebató, llegando a un estante y depositándolas allí, liberando a Rey de cualquier obstáculo que le privara a sus manos de ser libres.
Kylo entonces atrapó los labios de la chica mientras sentía cómo Rey frenaba sus caricias en él, debido al impacto sensorial que estaba sintiendo. No iba a tenérselo en cuenta, ella estaba mucho más necesitada y Kylo disfrutó de encontrarla tan húmeda, tan receptiva y tan dispuesta. Tan mansa después de su pequeño ataque de ira.
-Joder, nena…- susurró contra su boca.- Qué mojadita estás…- Empujó suavemente a la chica, sentándola en su silla de trabajo mientras él se agazapaba, quedando de rodillas frente a ella mientras Rey sentía que iba a estallar.
Kylo, arrodillado ante ella, le quitó las botas mientras le bajaba las medias hasta quitárselas, sin dejar de atender su centro aunque fuera por encima de la ropa. Sacándole algún que otro gemidito que Rey no quería liberar tan pronto.
Apartó la ropa interior para poder trabajarla si obstáculos mientras le conducía una pierna al borde de la silla, haciendo que Rey resbalara lo justo como para que toda ella quedara expuesta, lista y preparada para ser atendida. Kylo surcó su extensión con el dedo, humedeciéndola e impregnándola mientras Rey arqueaba la espalda, mordiéndose el labio y aguantándole la mirada. Se lubricó el pulgar de la otra mano antes de conducirlo a su clítoris, rotándolo mientras introducía dos dedos en ella. Y ahora sí, Rey gimió poco a poco, cada vez un poco más agudo hasta que Kylo introdujo los dedos totalmente.
-¿Es esto lo que te hacía en tu sueño, nena? - Ella asintió con la cabeza como si hablar le resultara una tarea complicada.- ¿En tu sueño me pedías permiso para correrte… O te portabas mal y te corrías sin preguntarme?
-Me pedías…- Tragó saliva, intentando reacomodarse pero Kylo no le daba tregua.- Me pedías que dijera tu nombre.- Y le vio alzar una comisura, encantado al escuchar aquella información que no hacía más que estimularle la cabeza y aumentar la presión en sus pantalones.
-Dilo.
-No estés tan orgulloso de ti mismo. – Rey siente que se queda sin aliento con sus atenciones. Y sabe que está al borde tanto por él como por sí misma. Porque esto no era su maldito sueño, donde ella podía, no ceder ante él, sino a todo él.
- Vamos, nena, no lo hagas más difícil. –Susurra besando la piel del interior de su muslo, allí donde colecciona un mordisco suyo. Una sonrisa perversa irrumpe en su rostro al verla. – Ya sé lo fuerte que eres, no tienes que demostrármelo. - Sus caderas se contraen ligeramente ante su toque, y se frota, casi involuntariamente, contra la cálida y gruesa longitud de sus dedos.
- No te mereces que te obedezca ni una sola vez más. – Le dice con el aliento entrecortado. Él no puede resistirse y vuelve a atrapar un pellizco de la piel de sus muslos entre los dientes, provocándole un respingo de sorpresa. – Te odio. – Le espetó con un gemido en el pecho.
- No me obligues a prohibirte una sola mentira, Rey… - Y ella suspira a medida que su voz se suaviza en el espacio de segundos al tiempo que sus largos y diestros dedos se deslizan dentro de ella. Mientras bombea perezosamente con dos dedos, para luego sacarlos de ella, lamer su esencia y añadir un tercero, estirándola, exponiéndola, haciéndole gemir más alto ante él, al tiempo que su pulgar no dejaba de acariciarla suavemente, sintiéndola desplomarse aún más débilmente en el amplio asiento de la silla, jadeando aquellos pequeños gemidos que le volvían loco, anulando toda existencia a su alrededor. – Di mi nombre, nena… - Le vio alzar la cabeza y enfrentarle, con los labios entreabiertos de placer, los ojos llenos de determinación, retándole, y todas sus pecas sonrojadas.
- Dime tú antes lo que quiero oír. – Kylo besó la nieva marca que había hecho en el interior de su muslo, escondiendo la sonrisa que le provocaba saber exactamente lo que ella quería oír. Tanto como sonreía al haber encontrado una contrincante tan fuerte y decidida incluso a pesar de sí misma.
- Es cierto, debería haber cuidado de ti, nena, después de que tu sola llamada alegrara todo mi día. – Le concedió en un susurro quedo mientras se inclinaba más cerca de donde están trabajando sus dedos. – No debería haberte hecho esperar tanto, no ha sido a propósito. – Le da un beso muy, muy cerca de donde más lo necesitaba, recreando su sueño y haciendo que a ella se le cerraran los ojos de pura anticipación. -No fue muy amable por mi parte. – No puede dejar de hablarle, hipnotizado por todas sus respuestas, sus movimientos, sus reacciones, su sensibilidad. La fuerza con la que empezaba a apretarse a su alrededor. La forma en la que fruncía el ceño y se batía en un duelo de resistencia y orgullo, sin un ápice de vergüenza. – Dilo, nena. Di mi nombre. - Retira sus dedos pero a ella se le mezcla el gemido de queja con el de gusto cuando siente que su lengua la recorre de arriba abajo, lamiéndola por entero. – Dilo. – Susurra contra su humedad.
- Kylo… - Responde ella al instante, con la necesidad de agarrarse con fuerza a la silla para no caerse mientras la otra mano se aferraba a él, pasando los dedos por su melena negra, sintiendo que sus rodillas empezaban a temblar descontroladas. – Kylo… - Repetía como un mantra, sintiendo la plenitud de su lengua cubriéndola, lamiendo lenta y lánguidamente a través de sus pliegues con un ligero gruñido que vibró en ella, antes de centrar toda su atención en el centro de todos sus nervios, jadeando su nombre. – Kylo. - Su lengua es suave pero insistente, y su resistencia es nula ya, haciéndole gemir su nombre. – Kylo… - Hasta que el gemido se convirtió en un grito ahogado en el pecho.
- Esa es mi niña… - murmura, alternando entre chupar y girar su lengua alrededor de su clítoris. Pronto sus dedos se deslizan dentro de ella otra vez, reanudando su suave ritmo mientras su lengua y labios trabajan en su clítoris. Su boca cede su centro a sus dedos, y su lengua lame para empujar dentro de ella. Los sonidos que hace son obscenos pero, de alguna manera, reverentes cuando sus caderas se mecen en su boca, en su lengua, en los gemidos que retumban desde lo más profundo de su garganta y resuenan a través de sus cuerpos.
- Kylo… - Alza la mirada hacia ella y ve cómo contiene otro gemido. Impresionado a niveles que no creía posibles, ella, aun con todo, respetaba sus condiciones, no las olvidaba. Y eso era un bloque más en su admiración por la chica. –Por favor, voy a…
- Vamos, nena… - murmura, retirando la lengua por un momento para lamer su humedad, besar su clítoris. – Córrete para mí. – Se alza hacia ella, atrapando su nuca con la mano libre y juntando su frente con la de ella, obligando a enfrentarle, a aguantarle la mirada, a gritarle a la cara mientras una nueva urgencia les atenaza, y sus dedos se frotan bruscamente contra su clítoris respondiendo al juego con el frenético movimiento de sus caderas.
Y había estado conteniéndolo tanto tiempo que no le salía, no llegaba. Estaba ahí, al borde, sintiendo que le quemaba el estómago, que veía una carretera de la que no podía salir. Dejó salir aire por su boca mientras cerraba los ojos, volviendo a forzarse y Kylo notándolo todo en sus dedos. Notando su contracción, sus paredes apretarle las falanges, húmeda, suave e insistente. Otra vez se le escapaba el aire a Rey, fallando en su intento.
-Joder…- Gruñe, empezando a molestarse. Ahora parecía que tampoco podía llegar al orgasmo cuando él se lo pedía y estaba acalorándose hasta que sintió la nariz de Kylo frotarse contra su cuello. Luego un beso, luego un mordisco, luego un lametón para calmar la zona de piel apresada con sus dientes. Y recorre su cuello con la nariz, acariciándola con dulzura hasta llegar a su oído.
-No lo fuerces, nena…- Habló antes de darle un beso bajo la unión de la oreja con su cabeza. Haciendo que Rey temblara en la silla.- No tenemos ninguna prisa.- Y volvió a su cara, atrapándole los labios mientras seguía trabajando en su centro. Bombeándola y rotando su clítoris con el pulgar.- ¿O tienes algo que hacer que no me hayas dicho?- Rey abrió los ojos, con cierta sensación angustiosa y preocupada invadiéndole el pecho ¿Qué había querido decir? ¿Aquello iba con segundas intenciones? ¿Con dobles lecturas? ¿Había pillado la unidad BB-9E? Joder… Volvió a gruñir, viendo que estaba tan cerca y tan lejos del orgasmo que enloquecería dentro de poco. Rey negó con la cabeza, respondiéndole y Kylo volvió a atraparle los labios mientras insistía más en su concentración nerviosa, rotándola, buscando el punto que parecía no encontrar.
El beso era frenético y Rey ya no sabía a qué prestar atención… Y entonces lo encontró. Kylo encontró el ritmo acompasándose con su mano. Rey boqueó, cortando el beso y apoyando la frente en su barbilla mientras cerraba los ojos, respirando con dificultad, sintiendo que un hormigueo invadía su cuerpo, recorriéndolo. Soltó aire otra vez, otra vez, otro gemido entrecortado. Y Kylo se separó un poco, observándola. Rey notaba sus ojos recorrerle la cara, sin querer perderse ningún detalle. Aceleró su mano y Rey curvó la espalda, dejando caer la cabeza hacia atrás, exponiéndose y Kylo sonrió de medio lado al verla tan dada a él.
-Córrete, nena.- Volvió a repetirle, sintiendo las paredes de Rey forzarse. El cúmulo de sonidos era tan lascivo y violento como los movimientos que Kylo ejercía en ella. Viéndola. Estaba tan cerca, lo notaba en las contracciones de su tripa, intentando respirar mientras aguantaba el aire al mismo tiempo.
Estaba cerca, cerca, cerca, muy, muy cerca y él se accionó con más velocidad, pulsándola desde dentro hasta que una humedad excesiva le impregnó la mano, sonrió de medio lado y siguió bombeando mientras ella entonces se dejaba ir. Y aquello que salió de su garganta no fue un gemido sino más bien un grito.
Y se corrió de forma tan brutal que salpicó, haciendo que la chica fuera consciente de todo lo que estaba pasando. Curvándose hacia adelante mientras observaba aquel chorro salir de ella. Haciendo que se espantara mientras sentía un placer tan brutal que casi explota allí mismo por tantas emociones.
Agradeció que Kylo estuviera vencido hacia un lado, evitando así que se manchara… Pero daba igual. Él lo había visto. Además estaba la prueba en el suelo… Y su mano estaba chorreando. Joder, la vergüenza invadió su cuerpo de golpe mientras Kylo seguía bombeándola suave, muy, muy suave hasta terminar saliendo de ella, acariciándola para intentar tranquilizarla. Sonriendo complacido… Pero la cara de Rey no decía lo mismo y Kylo se asustó.
-¿Qué pasa, nena?- Rey no apartaba la mirada de aquel charco frente a ella. Estaba roja, avergonzada, asustada… ¿Se había… hecho pis encima?- ¿No te ha gustado?
-Lo… Lo siento.- Kylo achicó los ojos y ella se cubrió la boca con la mano, maldiciendo.- ¡Joder, lo siento! ¡Joder! ¡Perdón!- Rápidamente se puso en pie, sintiendo que tenía las piernas como si fueran de mantequilla. Kylo no comprendía nada hasta que vio a la chica sacar de su bolso un paquete de pañuelos, tendiéndole uno mientras él se quedó mirándola estupefacto.- No esperaba… Yo no quería… Es que pensaba que me estaba corriendo, pero no… No esto ¡Joder! ¡Joder, qué mal!- Tiró un par de pañuelos sobre el charco mientras se arrodillaba, cubriéndose la cara como si aquello fuera a ocultarla.- ¡JODER! ¡Perdón!
-Eh, eh, eh…- Se acercó a ella, intentando apartarle las manos pero Rey no quería.- Eh, nena, tranquila.- Dejó de insistir en quitarle las manos de la cara y aquello hizo que Rey apartara las suyas poco a poco, mirándole, sonrojada. Sin llegar a descubrirse entera.- ¿Qué pasa, nena? ¿Te he hecho daño o…?- Ella no entendía cómo él actuaba como si no hubiera visto aquel chorro salir de ella. Y entonces él terminó de cerrar sus dudas.- Oh, nena…- Sonrió de medio lado.- Mi niña no sabe lo que acaba de pasar…- Dijo, llevándose el pulgar a la boca y chupando su esencia delante de ella.- No te has hecho pipí encima, nena.- Rey bajó poco a poco las manos.
-¿Ah no?- Kylo no podía ocultar su sonrisa. Cerró los ojos mientras negaba con la cabeza.- ¿Entonces…? Yo… Es que… Esto…- Señaló el charco, casi recogido por aquellos pañuelitos.
-¿En serio soy el primero que ha hecho que eyacules así?- Rey se quedó blanca, sin llegar a entender.- Pensaba que… Por la forma en la que te contraías, que ya sabías lo que iba a pasar.- Rey negó con la cabeza y Kylo se acercó a ella un poco más, apoyando el peso de su cuerpo en su brazo anclado al suelo, ladeándose hacia ella.- Joder, nena… Alucino contigo.- Pero no se lo dijo de una forma sarcástica, sino que lo dijo con admiración, una que a Rey le llenó el pecho de calidez. Kylo le besó el hombro por encima de la tela antes de alzar los ojos a ella.- ¿Te ha gustado? Dime la verdad…- Ella parpadeo.- Podemos no volver a hacer que te corras así.- Rey bajó los ojos, analizándolo mientras Kylo desviaba los suyos.
"Podemos no volver a hacer que te corras así"… No había sido consciente de que aquello implicaba alargar más aquel juego que se traían. Y esperaba, realmente lo esperaba, que no trajera las consecuencias que se imaginaba que acabaría trayendo.
-Me ha gustado…- Kylo redirigió los ojos a los de ella antes de darle otro beso en el hombro, por encima de la tela.
-¿De verdad?- Inquirió como si pensara que Rey le decía eso por compromiso. Y ella se alzó de hombros, sonriendo.
-Supongo que la próxima vez que pase no será tan "sorpresa"… Y podré decírtelo con más seguridad.- Kylo sonrió de medio lado, admirándola desde donde estaba.- ¿A ti no te molesta?- Y él rió nasalmente en consecuencia.
-¿Qué si me molesta, nena?- Se alzó, atrapando su mandíbula con la mano.- Para nada, todo lo contrario.- Y se acercó lentamente a sus labios.- Me encanta que te corras así.- Pasó la lengua por ellos, humedeciéndolos, antes de atraparlos con los suyos. Besándola hasta quitarle el aliento, la vergüenza y las dudas. Y llevándose consigo los últimos resquicios de entereza.
…
Sus ojos enormes, siempre mirándole. Sin juicios, pero obligándole a responder ante sus actos, siempre. Su nariz respingona. El orgullo de su frente. La rectitud de sus pómulos. Sus labios entreabiertos, un susurro, un jadeo, un gemido. Su cara, llena de pecas que salpicaban todo su cuerpo. Todo su cuerpo… Sus clavículas, el refugio de sus desprecios. Su pecho pequeño, sus cintura estrecha, el hueso de sus caderas, su centro empapado y pulsante, sus muslos fuertes, sus rodillas temblorosas… Su sonrisa, su desobediencia y sus gritos de placer.
Casi se hubiera caído de no apoyar la mano con fuerza en los azulejos fríos del baño, sintiendo el agua a presión en un ejercicio inútil por destensarle los músculos de la espalda mientras se apretaba en un puño férreo y su mente se recreaba en todos y cada uno de sus encuentros hasta deshacerse ahí mismo, reconociendo, como ella había confesado ante él, que jamás lograría nada parecerse a un orgasmo si no sucedía entre ellos.
Mantuvo los ojos cerrados, tratando de controlar su respiración, deseando verla arrodillada ante él y sabiendo que, cuando abriera los ojos, no sería así. Como tampoco le esperaba en su cama, lánguida, perezosa y casi dormida entre las sábanas deshechas. Y como lo sabía, no abrió los ojos, alzando la cara hacia el chorro de agua, maldiciéndose a sí mismo por las consecuencias que ya se veía venir.
La Primera Orden no iba a permitir a nadie como Rey entre sus filas. Él mismo no debía permitir que supiera siquiera de ello. Pero cada día que pasaba, cada maldita vez que volvía a verla, tenía la necesidad, el instinto de aferrarse tan fuerte a ella como quien ve un faro en la tormenta. Y se negaba a soltarse. No quería que le arrebataran la única felicidad que había tenido últimamente, la única persona que hacía que toda su existencia se centrara en ella, no en la electricidad que recorría su cuerpo, ni en guerras, ni armas, ni cadáveres, ni fantasmas del pasado.
Se ató una toalla a la cintura y se echó sobre la cama, dejando caer un brazo sobre sus ojos. Si alguna vez hubiera podido minimizar el efecto de choque que hoy tenía su niña en él, desde luego era una oportunidad que había quedado muy atrás. Y lo decía con la absoluta conciencia de que ni siquiera sabía de ella más que su nombre. Se apartó el brazo de los ojos, fijando la mirada en el techo… No sabía nada de ella.
