13. Regla del Eje
Llevaba hora y media sentado en la mesa de la cocina, sujetándose la cabeza con una mano y observando el teléfono, punteando la pantalla con los dedos de la otra mano para que no se bloqueara ni se perdiera el mensaje.
Como cada mañana, siempre aparecía algo que hacía que se le enfriara el café; a veces era Snoke, a veces era Hux, llamándole con desesperación para atender cualquier problema que hubiera surgido, y otras tantas veces era él solo quien se hacía perder el tiempo. Pensando, rumiando en su situación y en las ganas que tenía de destruirlo todo... Pero aquella mañana era diferente, era distinto. Y estaba indeciso, asustado, nervioso y con una sensación rara en el cuerpo pues le faltaba la resaca.
Ayer por la noche fue la primera vez que se durmió sin necesidad de darle a la botella como tantas otras noches.
Volvió a frotarse los ojos, arrastrando la mano que sujetaba su cabeza, pasando con cuidado por encima de la cicatriz –que hoy parecía tener un mejor aspecto- hasta llegar al puente de su nariz y luego presionando hasta arrastrar los dedos a cada uno de sus ojos. Intentando que con ese gesto dejaran de sentirse tan hinchados como los sentía, al igual que se ilusionaba con la idea de que cada roce le ayudaba a poner en claro sus pensamientos.
Estaba a un toque, a un "Enviar Mensaje" de, quizá, abrir una puerta que luego no podría encontrar de vuelta para salir. Una puerta que le conducía a una habitación desconocida. Aunque una parte de su cabeza le gritaba a voces que no iba a ser así. Que aquella habitación, que creía una sala de actos inmensa, no iba a ser más que un cuartucho. Que no iba a extenderse tanto y que, por ende, no iba a resultarle difícil salir de allí… Pero otra parte dentro de él le susurraba una verdad que de momento no quería analizar demasiado.
De todas las puertas que había abierto en su vida, ninguna tenía posibilidad de retroceso. Absolutamente ninguna. La llegada de Snoke a su vida, las consecuencias que trajo sin saberlo, él desesperado buscando respuestas… Todo había pasado lo suficientemente rápido para que la sensación de mareo siguiera latente en él. Y lo suficientemente lento como para saber que estaba al límite, que se le estaba alargando demasiado el infierno sin apenas haber muerto.
Tomó aire, cerrando los ojos y volviendo a pasar los dedos por encima de los párpados.
Hacía mucho que había dejado de creer en las leyendas y los milagros de la Fuerza. Sabía que se podían experimentar todos los infiernos posibles en un solo día y sólo eso ya basta para dejar de creer en cuentos sobre la esperanza. De hecho, su miserable existencia era mucho más llevadera sin ella.
Él no se haría uno con la Fuerza al morir, no. Ni siquiera creía que pudiera correr la suerte de los siths, anclados a permanecer eternamente a un pesar y un dolor que les retuerza. No. Él ya vivía en ese plano. Y lo único que había conseguido hacerle saber que no estaba ya muerto era ella. Por desgracia, era ella. Porque Rey no podía merecer el mismo infierno que él.
Y si había llegado justo donde estaba no ha sido porque no tuviera miedo a morir, sino porque era mucho más fácil asumir el peligro si cada día se convertía en una oportunidad para abandonar la vida que mantenía. Porque nada, nada, podía ser más jodido y doloroso que vivir. Hasta que ella apareció. Y le hizo saber que sí podría ser peor. Siempre podía ser peor.
Era peor conocerla y tener que vivir añorándola.
Porque ella había conseguido, sin ni siquiera saberlo, que se anclara a la vida sólo por verla un día más. Y no podía permitir que su manera de compensárselo fuera arrastrándola con él.
Algo le decía que si continuaba dejando pasar sus propios análisis emocionales, posponiéndolos hasta que fuera demasiado tarde, terminaría encontrando las consecuencias que, de momento, no quería encontrar. Porque lo que ella provocaba en él con sólo mirarle era excesivo y no habían hecho más que empezar.
Volvió de nuevo al punto de partida. No había hecho más que empezar y aquello llevaba a conocer a alguien. A profundizar. Era el efecto colateral de la convivencia en el trabajo… Y en el sexo.
Por muy poco que fuera, iba a terminar conociéndola. Y aquella mañana se permitió fantasear con la ilusión de enseñarle a Rey mil películas que le cambiarían la vida para bien, igual que a él. Y le enseñaría a diferenciar un found-footage de un falso documental. Enseñarle la importancia de un director y la fuerza de una productora. Lo necesario que es una dirección de fotografía y un script. Y le enseñaría a saber, con sólo un par de imágenes, quién había dirigido una película, quien estaba detrás de la banda sonora y la importancia de ésta.
Volvió a conducir los ojos al teléfono, releyendo aquel mensaje.
"Hola, nena ¿Tienes plan para comer?"
Rodó los ojos, sintiéndose ridículo. Absurdamente ridículo.
No iba a responderle. De hecho seguro que la chica le rechazaría. Entre ellos sólo había sexo, única y exclusivamente sexo. Uno brutal, uno que les hacía conectar a niveles bestiales en los que ella sabía lo que él quería y él sabía lo que ella necesitaba. El nivel de compenetración asustaba y le hacía pensar… Le hacía pensar en cosas que no quería pensar.
Cerró los ojos, tocando la pantalla para mantenerla encendida mientras él intentaba procesar algo decente. Pensando, pensando, tapeando, tapeando, manteniendo la pantalla…
Y entonces un "pop" propio de un mensaje recién enviado le hizo abrir los ojos.
¡OH, NO PODÍA SER! ¡No, no, no, no, no!
Se enderezó en la silla, asustado, tomando el teléfono. Releyendo el mensaje y cagándose en sí mismo mientras intentaba pulsar sobre el texto, intentando que aparecieran las opciones.
"Por favor, no te conectes, por favor, no te conectes…" Repetía como un mantra, rezando a la fuerza, a los jedi y a los sith para que Rey no revisara su teléfono mientras él buscaba esa opción, aquella opción que dejaba de estar disponible a los dos minutos de haber mandado un mensaje. Quería borrarlo, que no le llegara. Y excusar el texto de "Este mensaje ha sido eliminado" con un "Oh, perdona, nena. Me he equivocado".
Pero entonces… Fue muy tarde. Kylo se quedó paralizado al ver las dos aspitas azules encenderse. Indicándole que Rey, desgraciadamente, había visto y leído el mensaje…
…
Si era un poco sensata consigo misma, y Rey verdaderamente creía serlo sin excepciones, no recordaba haber dormido tan plácidamente en mucho, mucho tiempo. Recordaba abrir la puerta del portal, tener apenas la estabilidad justa para subir las escaleras y cerrar la puerta de su piso tras ella. Se había quitado la ropa de camino a la cama y, simplemente, se había dejado caer y había sido instantáneamente arrastrada a un sueño profundísimo, de esos que no recuerdas al despertar y han hecho que te pases babeando buena parte de la noche.
Sus piernas se habían resentido al levantarse, y era una sensación que empezaba a darle los buenos días, todos los días. Y le hacía sonreír, solo un poquito. Luego había recogido la ropa tirada, de camino a la cocina, calentó el agua y dejó el té reposando mientras se duchaba. Después, con el cuerpo y la cabeza envueltos en toallas, se tiró en el sofá, con el té en una mano y el teléfono en la otra, investigando.
Investigando cosas que no tenían nada que ver con su misión, vaya. Porque una vez superado el bochorno, tenía que reconocer que ese había sido el orgasmo más potente de su vida. Y, aunque se sabía una chica con suerte sólo por el hecho de no sentir vergüenza durante el sexo, tenía que admitir que, al parecer, no lo sabía todo y un abanico de posibilidades se extendía ante ella en lo que a Kylo se refería.
Y como si le hubiera invocado con el pensamiento más sutil… ¡PLÍN! Su nombre apareció en su pantalla, haciendo que se incorporara sobresaltada, sosteniendo el teléfono en sus manos temblorosas. Un mensaje. "Hola, nena ¿Tienes plan para comer?" Bueno, pensó, la mayor parte de los días le bastaba con tener la idea aproximada de que debía comer. No sabía hasta qué punto eso era un plan.
Le vio conectado al otro lado del teléfono y supo perfectamente que estaba esperando su respuesta, que si estuviera delante de ella en ese momento, le habría cogido de la cara y le hubiera obligado a responder al segundo. Puso los ojos en blanco, maldiciendo su mente con un "¿Me haces el favor de estarte tranquilita? Me acabo de duchar". Sonrió y sus dedos empezaron a bailar sobre la pantalla.
En tan solo un par de segundos, entró en una vorágine de respuestas posibles, barajándose entre "No tengo plan ni de saber qué me voy a poner hoy", o "Depende de qué vaya a comer + emoticono con guiño" o "Espera, que le voy a preguntar a mi jefe si me deja salir cinco minutos antes". Y las descartó todas en décimas de segundo. Sobre todo, la última. No lo había pensado pero quería seguir obviando que se estaba acostando con su jefe. Se decantó por un "¿Me propones algo mejor que mi bocadillo de diez minutos?". Rápido y claramente abierto a… todo.
Y aunque veía que él seguía conectado cuando le mandó el mensaje, no esperó. Bloqueó la pantalla y se levantó de su sitio, boqueando y quitándose la toalla de la cabeza de un tirón, sin poder parar de girar sobre sí misma, mirando al aparato y a todas partes, sin ver nada. Su primer pensamiento coherente fue que igual todo aquello del sexo se les estaba yendo de las manos. No, no. A los dos no. A él. Evidentemente. Ella estaba en una misión de investigación, infiltrada y en su puñetero papel. A ella no le pasaba nada. El segundo pensamiento coherente fue que esa, esa y no otra, era su oportunidad para acercarse a él en más planos que el sexual y puramente físico. Que si Kylo quería seguir viéndola, ella iba a usarlo en su favor, como absolutamente todo.
"Lo que sea necesario". Respiró profundamente y… ¡PLÍN! La pantalla se iluminó sin que ella se atreviera a más que asomarse a leer su respuesta sin abrirla. "No me lo pones muy difícil"
Cogió el teléfono corriendo "No te lo tomes a mal pero no me he esforzado mucho. A ti te digo que no para hacerte rabiar, pero no se me ocurriría hacerle eso a la comida". Se dio un golpe en la frente con la mano abierta. ¿Es que acaso no podía hacer nada sin que pareciera que se le había olvidado poner el piloto automático?
Kylo, por otra parte, se había despejado a medias sin necesitar su café –frío- de cada mañana. Con los codos apoyados en la mesa de la cocina, sujetando el teléfono frente a él con una mano mientras la otra tenía el pellejo del pulgar atrapado por sus dientes.
No sabía cómo tomarse aquella respuesta -¡Vaya! Quizá no estaba tan despejado como creía- pero algo le decía que no era una negativa y que a la chica, en cierto modo, podría haberle hecho ilusión aquella propuesta… O no. O quizá sólo estaba siendo amable porque, joder. Él era su condenado jefe.
Rodó los ojos, aspirante aire y liberando su pulgar al caer en ese detallito que tanto le pinchaba a veces. La falta de profesionalidad ya la tenía en su otro trabajo, cada vez que Hux le recordaba que era incapaz de terminar una paliza con un golpe de gracia. Lo que menos esperaba era también ser tan poco profesional en un trabajo que le gustaba más.
-Joder…- Dijo en voz alta.
Releyó el mensaje y sonrió, empezando a teclearle una respuesta que quizá le tardara en llegar pues Rey acababa de desconectarse.
"Nena, no tienes ni idea de cómo hacerme rabiar." Mandó aquel primer mensaje e iba a dejarlo ahí pero su adolescencia arrebatada –que parecía que se estaba despertando con retraso debido a lo rápido que le obligaron a crecer- escribió por él otro mensaje. "Hasta el momento creo que sólo uno de los dos ha rabiado a morir, varias veces de hecho."
Envió también ese mensaje y, no satisfecho con aquello, le mandó otro más.
"Y no he sido yo quien ha rabiado, nena."
Dejó el teléfono sobre la mesa, levantándose para terminarse el café antes de enjuagar la taza y marcharse a su dormitorio, dispuesto a cambiarse de ropa. Justo igual que hacía ella hasta que su teléfono vibró tres veces, llamándole la atención con aquella luz cegadora prendiéndose en la pantalla.
Rey leyó los mensajes y arrugó la nariz, enfadada. Cabrón.
"¿Estás seguro de que quieres ir a comer conmigo?" Mandó aquel mensaje, punteando su labio, sentada sobre su cama a medio vestir.
Kylo corrió a coger el teléfono antes de regresar al cuarto con él, leyendo el mensaje y respondiendo.
-"¿Te crees que pregunto las cosas porque me aburro?"
-"Lo que creo es que quizá yo no tenga ni idea de hacerte rabiar, pero tú no tienes tampoco muchas luces a la hora de camelarte a alguien".
Aquel mensaje lo mandó sin pensar, olvidando por un segundo de quién se trataba la persona al otro lado de la línea. Y olvidando también cuál era su misión y en qué consistía todo ese jolgorio sexual que se había montado para sacar información… Quiso borrarlo o retirar el mensaje pero Kylo lo había leído. Y seguía en línea. Y estaba tardando en responder. Bastante, además.
-"¿Estás segura de eso que dices, nena?"
-"Totalmente"
-"¿Entonces nos vemos a la una en el bar que queda cerca de tu piso?"
-"Mejor a las doce."
-"Hecho."
Y ambos bloquearon la pantalla al mismo tiempo. Kylo con una sonrisa de medio lado y ella con el rostro arrugado, enfurruñado y maldiciéndole una y mil veces.
Rey se vistió sin exagerar demasiado su atuendo. Intentando ir normal, cotidiana, pero con un toque "especial" que sabía que Kylo no pasaría por alto.
Él era tan grande que era difícil que algo se escapara de su observación. De hecho apostaría su mano derecha a que Kylo era capaz de recordar cuántas pecas tenía en la cara… Sólo por la forma en la que solía mirarla durante sus encuentros, captaba una idea de lo observador que era.
Pero ella también lo era, bastante además. Y le gustaba tenerle de referente, como un objetivo a superar. Si Kylo era listo, ella iba a ser el doble de lista. Si Kylo era observador, ella iba a serlo el triple… Y así, así, sucesivamente.
Se terminó de vendar las muñecas y bajó a la calle tras comprobar haberlo guardado todo, haberlo testeado todo y tenerlo todo bajo control. Posiblemente Kylo soltara información necesaria en esa conversación y ella iba a guardarla toda. Tanto la información que no perteneciera al caso, como la que sí lo hacía, evidentemente. Todo lo que concernía a Kylo tenía, directa o indirectamente, un vínculo con el caso. Aunque fuera a nivel personal pues necesitaba acercarse. Que confiara tanto en ella como para estar tan a gusto que no midiera sus palabras.
Estaba terminando de cruzar un paso de peatones cuando le vio con la moto, aparcar junto al establecimiento, llamando la atención de varios transeúntes que no dudaron en saludarle.
Y se quitó el casco, observándola desde lejos primero con un porte serio y luego alzando una comisura.
Rey avanzó, llegando a su lado, colocando las manos dentro de los bolsillos de su abrigo color beige, aferrándose a él.
Kylo no fumaba, ella tampoco, y hacía frío en el exterior así que decidieron pillar mesa dentro del local. En un lugar que hacía esquina donde tenían todo el recinto a la vista pero, de alguna manera, les daba cierta privacidad.
Habían estado en silencio desde que se saludaron al principio hasta que tomaron las cartas para pedir la comida. Rey leyendo con atención, sin quitarle el ojo de encima de tanto en tanto, y él haciendo como que no se daba cuenta. Pidieron la comida cuando se les acercó un camarero a preguntar por su elección y, cuando les quitó las cartas de las manos, sintieron como si se hubiera derrumbado un muro.
Ya no había forma de esconderse sin faltar el respeto al acompañante, haciendo evidente el "enfrentamiento".
Rey tragó saliva, no sabía por dónde iba a salir Kylo en una charla informal pero no tenía a Poe al pinganillo para chivarle nada. Precisamente pillaron a Poe por transferir información. Ella no iba a caer en la misma trampa.
-¿Estás mejor?- Rey plantó las orejas ante aquella pregunta que le había caído sin preparación previa.- Ayer vi que te fuiste algo… Preocupada. Y mal.- Ella le mantuvo la mirada.- No tienes que tener vergüenza conmigo.
-No la tengo.- Respondió al instante, Kylo calló al segundo. Observándola y prestando atención.- Fue toda una experiencia para mí.
-Para mí también lo fue. Más o menos.- Confesó, sonriendo de medio lado, haciendo que Rey cruzara las piernas bajo la mesa.- ¿Has estado con muchos chicos?
-Con algunos.- Confesó como si nada. Pero Kylo estaba sereno al otro lado. No sabía por qué pero… Por algún motivo esperaba encontrarle celoso o reticente a esa confesión.- ¿Y tú con chicas?
-Alguna que otra…
-¿Todas trabajaban para ti?- Uh, aquello sí pareció pinzarle. Y Rey se sintió mediocre, negó con la cabeza y fue a retirar aquello –que había sonado demasiado cortante – Pero Kylo se adelantó.
-No.- Ella asintió, avergonzada.- Eres la primera.- Y Rey desvió la mirada, conteniendo el aire.
Se hizo un silencio incómodo y Rey se maldijo internamente. Parecía que empezaban a hablar y ella lo había estropeado. Estaba a la defensiva, inútilmente a la defensiva cuando lo que debía hacer era bajar la concentración de sus escudos. Tomó aire y fue a decir algo.
-Lo de ayer fue…- Se relamió, todavía sin poder enfrentarse a su mirada.- Fue alucinante.- Ahora sí, subió los ojos dejándolos a ras de sus cejas. Vio cómo el rostro se le destensaba un poco y ella también se relajó en consecuencia.- Fue de película.- Rió, alzando los ojos y viendo cómo Kylo parecía relajarse un poco más.
-En plan la primera parte de Niktomaniac.- Rey achicó un ojo y Kylo intentó por otra senda.- La de Dud Bolt Trier…- Rey apretó suavemente el puño mientras sentía que le recorría un sudor frío por toda la espalda.- Que la peli cuenta la historia de una nikto ninfómana.- Rey ladeó la cabeza.- Bueno, ha sido un mal ejemplo.- Bajó los ojos, mordiéndose el labio. Quizá pensando a toda prisa.
-Quizá uno mejor hubiera sido "Cincuenta Sombras de Dreis".- Por la forma en la que Kylo arrugó la nariz y medio ladeó la cabeza, Rey soltó una risotada y alzó ambas manos.- Es broma, es broma… No me gusta para nada esa película.
-Yo no fui a verla.- Y Rey sentía que no paraba de meter la pata.- Con la crítica que leí por la HoloRed ya fue suficiente.- Desvió la cabeza, mirando a la pared.- Aunque luego sí la vi en casa…- Rey rió en voz alta.- Nunca juzgues algo que no hayas visto, dicen.
-Totalmente de acuerdo.- Dijo ella, reacomodándose en la silla.- ¿Hace mucho que trabajas en el cine?- Kylo volvió a incorporarse, mirándola y apoyando ambos codos sobre la mesa, cruzando los brazos.
-Sí, la verdad. Desde hace bastante.- Rey se relamió.
-¿Cómo se llega a controlar un cine?- Kylo aguantó la mirada mientras Rey se mordía el labio.- Quiero decir ¿Es más fácil llevarlo entre dos? ¿Las pelis las elegís cada uno? ¿Cada uno tiene una sala? –Iba a seguir haciendo preguntas hasta que le vio sonreír.
-El cine es heredado.-Comentó con una cierta amargura.- Y entre dos no es más fácil, te lo aseguro. Pero sí que te da más libertad, tienes más tiempo.- Rey asintió, relajándose pero manteniendo la tensión en su espalda. Temiendo en todo momento que Kylo pudiera descubrirla.- Y las pelis las escojo yo.- Rey achicó los ojos y Kylo asintió la cabeza.- Hux no sabe mucho de cine. Pero tiene una contabilidad impecable y es una maravilla haciendo números.
Rey intentó que su cara no mostrara ninguna emoción, no exponerse. Pero lo que no podía evitar pensar es que, si acercarse a Hux ya hubiera sido difícil antes de que ella "escogiera" este camino, ahora era realmente imposible. Dejando aparte que, por el tono en el que Hux decía "Señorita" no parecía tener que lidiar con el sexo a menudo, ni el ajeno ni el propio. Era como una máquina. En cualquier caso, eso le decía dos cosas. La primera, que lo que buscase sobre la Primera Orden que pudiera condenarles, fuera lo que fuera, lo tendría el pelirrojo o pasaba por él. Hux es la Primera Orden. La segunda es que, si Kylo estaba a la cabeza de la organización criminal más poderosa de la Galaxia, no podía ser por su cara bonita – una cara en la que ella con gusto se sentaría, y que no viene al caso -. Tenía que ser cosa de una mente estratégica sin igual, una capacidad de liderazgo sin precedentes y un respeto ganado no sólo con sangre. Si no, no habría permanecido tanto tiempo.
-Así que tú eres quien escoge las películas… - Le miró de forma acusativa y le vio alzar una comisura. – Pues mira… - Plantó las manos sobre la mesa. – ya que a veces nos decimos más que los buenos días, me puedes comentar a mí las películas que quieres.
-¿Te molesta que lo ordene Hux? –Le preguntó entre curioso y divertido por la situación.
-No, lo que me molesta es tener la cabina llena de esos papelitos malvas cada dos por tres. – Le soltó con gracia al tiempo que Kylo sonreía. – Además. – Prosiguió, viendo que había encontrado el tono distendido en el que hablarle. – Tampoco es como si Hux parezca muy feliz teniendo que ir al cine sólo para darme la numeración de la siguiente película. – Kylo se encogió de hombros.
- ¿Cuántas de esas películas conoces? –Se movió para alcanzar su bebida y, aunque Rey ya reconocía sus manos, no pudo evitar perder el hilo cuando sus ojos se centraron en ella, en lo grande que era, la longitud de sus dedos, los pliegues de los tendones…
- Si te digo la verdad, no muchas. – Mierda. Alzó la mirada de sus manos a sus ojos. ¿Por qué había dicho eso? ¿Por qué se estaba autosaboteando su propia tapadera? – Aunque decir "no muchas" con el arsenal que tienes quizás no sea justo. - ¿Y por qué cojones había dicho "arsenal" en lugar de "almacén" o "sótano"? ¿Por qué se estaba haciendo esto a sí misma? Sin embargo, Kylo volvió a sonreír, como si fuera una cuestión de orgullo. Pero es que ella, cuando sentía que la cagaba, no podía parar. Se encogió de hombros. – La calle no deja mucho tiempo para ver películas. – De hecho, los agujeros en los que había estado de pequeña, no tenían camastros, ¿Cómo iban a tener siquiera televisor? Alzó la mirada hacia él y la miraba con esos ojos… que parecían ver dentro de ella. Y eso no era buena idea.
- ¿Fue en la calle donde aprendiste a reparar cacharros? – Rey sonrió. Para la gente que no solía verlos como más que un amasijo inconexo de cables y placas, todo son cacharros.
- Mayormente. Arreglaba las cosas que iba encontrando y les daba una utilidad. – Sintió que se le perdía la mirada hacia el pasado. – Recuerdo que muchas veces ni siquiera sabía para lo que servían cuando funcionaban. Así que, cuando yo los reparaba, hacían funciones completamente distintas.
- Por ejemplo… - La voz de Kylo le hizo volver de nuevo ante él… Y sonrieron ambos.
Rey le estuvo contando cómo consiguió un ventilador para su refugio con una chapa de metal, dos placas de refrigerador y un motor de speeder bike del 21. La veía gesticular, mover las manos y explicarle, como si pudiera ver todas las piezas en el aire, cómo lo había hecho. Y se sorprendió a sí mismo riendo cuando ella le contó cómo había convertido un secador viejo que no funcionaba en algo que se le ocurrió llamar remachador caliciforme. A día de hoy, podía considerarse precursora de algo que ni siquiera existe. Para cuando les sirvieron las comidas, Kylo no podía dejar de mirarla, mientras ella le contaba de su fase rebelde y problemática, pasando de taller en taller, en los que aprendía, se potenciaba y luego la echaban porque se las había ingeniado para adivinar cómo hacer una bomba con cuatro latas de conserva, alcohol y restos de chatarra.
-Así que… - Resolvió Kylo, dándole una pinchada a su plato. – Encontrabas las cosas rotas, las abrías en canal y cuando volvías a cerrarlas, funcionaban, para lo que fuera. – Rey hizo un mohín que le hizo sentirse un poco más seguro. Rey arreglaba cosas rotas, no gente rota. Para eso, ya existen los psicólogos.
- Dicho así, parece casi una crueldad. – Le espetó, agradecida por empezar a ver el final de una conversación centrada en ella. Oh, joder. No se habla de tu vida con el enemigo. Y encima, se daba con un canto en los dientes porque al menos había mantenido una de sus reglas sin romper: Nada de contarle a nadie tus taras, como mínimo, hasta la tercera cita. – Sólo fue cuando era pequeña. Luego fui aprendiendo más a medida que me movía de zona. Y las tostadoras rotas volvieron a ser tostadoras, no un prensador a calor para hacerse cremalleras cuando la ropa se te quedaba grande. – La risa de Kylo le hizo sonreír en consecuencia, sin darse cuenta de lo que estaba pasando.
- Empezaba a temer por mis proyectores. – Rey le miró falsamente ofendida.
- Tranquilo, no los estoy desmontando y vendiéndolos por piezas. Por el momento, me sale mucho más rentable mantener mi trabajo y mi piso con derecho a cocina. – Vio a Kylo alzar la mirada hacia ella y Rey se adelantó sobre la mesa como si fuera a contarle un secreto. – Además… - Kylo copió su gesto, quedando aún más cerca de ella. Una cercanía con la que ella parecía cómoda incluso en público. Y es que, aunque ella no pareciera consciente de ello, Kylo sabía que había muchos pares de ojos pendiente de él y su acompañante. – Tengo un jefe que se ha vuelto muy permisivo conmigo y me deja contestarle como una listilla. – Le soltó, con todo el descaro. Y luego se alejó para poder verle, con una sonrisa desvergonzada en la cara.
-No te confíes demasiado porque es posible que se transforme en un HAL 9000…- Rey rió un poco, más por compromiso que por entender lo que estaba diciendo. Y se quedó mirándole. Entonces Kylo se llevó una pinchada a la boca mientras Rey bajaba la vista, dejando pasar esa respuesta mientras él alzó las cejas, bajando también los ojos para centrarse en su comida, algo decepcionado al ver que Rey no le había seguido la broma, otra vez. Pero ella estaba carburando a toda velocidad.
Rápidamente, aprovechando que Kylo tenía la vista gacha, Rey sacó su teléfono por debajo de la mesa. Haciendo una búsqueda rápida. Y ahí estaba. Solo faltó ver la foto para reconocer la película. Bloqueó la pantalla antes de alzarse, como si no hubiera hecho nada, por seguir la conversación y pinchó varias veces su plato.
-2001: Odisea En El Hiperespacio…- Kylo alzó los ojos, mirándola a ras de sus cejas mientras Rey arqueaba una de las suyas, llevándose una pinchada a la boca. Dejando aquella frase en el aire. Kylo se relamió.
-Déjame adivinar…- Rey le miró con una media sonrisa.- Te pareció lenta, soporífera y con poco ritmo ¿No?
-Es que ha envejecido mal…- Se excusó, sonriendo y viendo que él también sonreía mientras negaba con la cabeza. Algo dentro de ella se retorció al ver que se había tragado aquella mentira…- Muy mal, no me lo niegues.
-Es que no tienes que verla con la mentalidad de ahora. Tienes que pensar en todo lo que significó en aquel entonces.
-Oh, no puede ser…- Dijo ella, haciendo un drama. Conduciendo su vista a la comida con una fingida falta de interés por él.
-¿El qué no puede ser?
-Que te encante esa película.- Kylo rodó los ojos.
-¿A mí? ¿De qué?- Rey no entendía nada…- No, no. No te confundas. No me gusta.- Rey le miró con los ojos achicados y el entrecejo arrugado ¿Había oído bien?
-¿Perdón?- Habló, soltando una risita de incredulidad.- ¿Que no te gusta?
-No, la verdad.- Soltó con naturalidad mientras Rey desencajaba la mandíbula.- ¿Qué? ¡Venga, no me mires así! A ti tampoco.
-Ya pero yo no trabajo en un cine…- Kylo achicó un ojo y Rey rodó los suyos. Joder ¿Por qué era tan fácil hablar con él? ¿Por qué conseguía anularla tanto?- Quiero decir que no estoy dirigiendo uno…
-¿Y eso qué tiene que ver con lo otro?- Rió.
-No puede no gustarte un clasicazo.
-¿Ah no?- Inquirió, adelantándose un poco más en la mesa, como si estuviera retándola.
-Pues no.- Rió con simpleza.- No, o sea. No tiene sentido que te parezca una mierda.- Kylo cambió su rostro a uno ofendido y extendió el brazo, alzando un dedo, como si la frenara.
-Eh, eh, eh, eh, eh, nena. Yo no he dicho esa gilipollez.- Rey parpadeó como si el gesto fuera a esclarecerle la situación.- Ni se te ocurra pensar que yo haya dicho esa gilipollez.- Rey alzó los hombros, intentando escudarse en ellos.- Cuidado.
Compartieron miradas un segundo. Ella totalmente desubicada ¿A dónde quería llegar Kylo, con esa carita de enfado y ofensa? Pero entonces él pareció ver su desubicación y bajó la mano, tomando el vaso de la bebida antes de darle un trago.
-Nena, hay una diferencia enorme entre "parecer una mierda" y "no gustar".- Dio un trago mientras Rey esperaba impaciente a que se explicara.- Una película puede no gustarse y no ser una mierda. Y viceversa, puede gustarte y que sea una mierda.- Rey desvió los ojos un momento, dándose un tiempo para entenderle… Pero no lo compartía. Todas las películas que a ella no le gustaban le parecían una mierda, como esa que estuvo proyectando la semana pasada…- ¿Qué no entiendes?- Preguntó al fin mientras Rey parpadeaba. Por todos los jedi, era como si pudiera meterse en su cabeza.
-¿El qué no entiendo?- Kylo asintió.- No entiendo que algo no te guste y no te parezca una mierda, sinceramente.
-¿Ah no?
-No.
-¿Lo de ayer te gustó? Sé sincera…- Rey ladeó la cabeza mientras apretaba la mandíbula, cabreándose al ver que Kylo no salía de aquel círculo.- Dime la verdad, no me mientas.
-¡Vale! No me gustó demasiado...- Kylo sonrió, asintiendo como si se diera la razón.- Pero no por nada sino porque no esperaba aquel… Chorro.- Kylo alzó una comisura.- Y lo pasé mal pensando que había pasado otra cosa y… Y yo que sé ¿Vale?
-¿Te pareció una mierda?- Rey soltó poco a poco el mantel que había apretado en un puño, aflojando la tensión que había estirado su cuerpo, adelantándolo sobre la mesa sin que fuera consciente hasta ahora… Y se apoyó en el respaldo de la silla.- ¿Te lo pareció?
-No.- Se relamió.- No me lo pareció en absoluto.
-Bien. Tenemos un avance.- Rey rebufó y Kylo dejó los cubiertos.- En una película pasa exactamente lo mismo, niña.- Rey le miró, prestándole toda la atención que no se le iba a las grandes manos de Kylo, gesticulando.- Puede no gustarte la historia, puede no atraparte o parecerte lenta, como pasa con Odisea En El Hiperespacio… Pero no está mal hecha,- Habló, alzando un dedo.- ni la dirección es mala,- Alzó otro.- ni mucho menos es una mala historia.- Rey asintió.- Sencillamente a ti no te ha gustado. O te ha pillado fuera de tiempo.
Ella bajó los ojos, dando otra pinchada y analizando aquello que acababa de escuchar. Sintiendo que su perspectiva daba un giro brutal en torno a muchas cosas. Muchísimas. Como si se le replantearan situaciones pasadas, encajando momentos en que su día no consiguió encajar…
-Entonces…- Habló ella, haciendo que Kylo se preparara para lo que fuera a preguntarle.- ¿Entonces cómo consigues separar el criterio propio de lo que realmente está bien hecho o mal hecho?- Kylo alzó una comisura.
-Nena, depende muchísimo de muchas cosas. Todo depende de una finalidad. Sencillamente.- Rey empezó a leer un doble sentido en su situación con aquella frase.- La finalidad es la que da sentido a las cosas. Una película mala es cuando se emplean técnicas de cine de mala manera sin finalidad alguna. Sólo porque sí.- Rey parpadeó varias veces y Kylo dio otra pinchada a su plato, dándole espacio a la chica para que pensara. Y ella entonces alzó la cabeza, con los ojos entrecerrados como quien lleva demasiado tiempo aguantando una pregunta.
-¿Tenías otro plan para ti?- Kylo se atragantó con aquella pregunta mientras Rey intentaba mantenerse lo más serena y normal posible, bebiendo de su copa.
-¿Otro plan? ¿A qué te refieres con otro plan?- Y Rey vio que la miraba de una manera que… No le gustó. Se accionó rápido.
-Quiero decir, antes has dicho que el cine lo heredaste…- Y Kylo relajó su mirada un poco. Fue un gesto imperceptible en sus ojos, pero ella sabía leer a las personas. Y aquel gesto no le hizo mucha gracia.
-Oh… Bueno. Más o menos he terminado trabajando en algo que me gusta.- Y le vio desviar la mirada, viendo cómo ahora un pequeño matiz de tristeza se posaba en su rostro como una pluma. Suave, ligero… Pero visible a sus ojos.
-Ya pero…- Kylo alzó la vista.- Cuando te preguntaban de niño que era lo que querías hacer de mayor ¿Qué decías?
-Guionista.- Rey se quedó en el sitio. Esperaba algo como "director". Pero ¿Guionista? ¿Quién narices pensaba en algo tan concreto?
-¿Guionista?- Él asintió y Rey alzó una comisura.
-¿Y tú?- Rey parpadeó.- ¿Qué planes tenías para ti cuando eras pequeña?
Y si ella podía leerle, algo le dijo que él también podía hacerlo con ella. Notando el brillo de sus ojos desaparecer ante aquella leve mención a la infancia. Kylo no era psicólogo y desde hacía tiempo dudaba de sus habilidades sociales –era lo que sucedía cuando sólo estabas destinado a relacionarte para hacer daño a alguien-, pero su trabajo oculto le hizo saber entender el lenguaje corporal. Aquel que no se controla, aquel que es básico, leve, suave e imperceptible. Y algo había hecho que Rey dejara de reírse, que dejara de gesticular con las manos para retorcerse los dedos bajo de la mesa, dejando de mirar al infinito recordando lo bueno del pasado para quedarse cabizbaja estudiando el entramado del mantel. De hecho, Kylo iba a retirar su pregunta - daba igual cuánto quisiera saber sobre ella, no quería verla así, no por él - pero la chica se le adelantó.
-¿Sabes? – Empezó, como insuflándose valor. – Cuando se hace esa pregunta, la gente espera una respuesta sencilla, una palabra o dos, y un par de risas. Porque las metas cambian con el tiempo. Porque "fíjate, lo que querías hacer y en lo que has terminado". O lo que querías ser pero había gente a tu alrededor diciendo otras cosas. O las circunstancias pudieron más. – Rey alzó la mirada hacia él y se le quedó el aire atascado en el pecho. Nunca nadie le había mirado con tantísima atención. Casi… Casi parecía que le importaba. – En mi caso, ni hubo nadie para guiarme, ni hubo nadie para negarme un camino y elegir otro. – Le agradecería toda la vida a Obi-Wan por aquel garaje destartalado que le dejó cuando fue adoptada, y recordaría siempre su cara de preocupación cuando le dijo que no quería seguir en el taller sino seguir sus pasos en la JEDI. – Y mis circunstancias siempre me arrastraban de un lado a otro, de un trabajo a otro, de unas monedas en la calle al primer sueldo sin contrato, y así… - Volvió a bajar la mirada, jugando con el nudo de sus vendas, sabiendo que a él no le estaría pasando desapercibido. Tanto como a ella no le estaba sentando muy bien eso de basar su tapadera en verdades. Luego volvió a alzar la cabeza, pero sin mirarle esta vez. – Lo siento, acabo de joder el buen rollo de todo esto.- No iba a decir que era una cita. Aunque lo fuera. Porque lo era. Aunque ella se lo hubiera tomado como una oportunidad para seguir trabajando.- Pero es que acabo de darme cuenta de que llevo toda mi vida esperando a que mis sueños se me presenten delante, sin más. –Y lo cierto es que se estaba demostrando a sí misma, que no había conseguido mucha información, no que fuera importante en el caso. – Supongo que hubiera sido más fácil si te hubiera dicho que quería ser mecánico de vainas de carreras.
-Hubiera sido más fácil, sí. – Le concedió, sintiendo la imperiosa necesidad de acercarse a ella, o acercarla a él. – Pero has tardado unos segundos lo suficientemente largos como para que me hubiese dado cuenta de que iba a ser mentira. Y eso sí que lo hubiera jodido todo. – Rey le aguantó la mirada, tragando saliva con una nueva sensación pesada en el pecho. Era como el sentimiento de culpa mezclándose con el miedo.
-¿Y qué me pasaría si me pillases una mentira? – Se atrevió a plantearle. Kylo soltó sus cubiertos, se limpió con la servilleta y alzó la mirada, con una parsimonia que le hizo sentirse como un cervatillo plantando las orejas ante un cambio en el viento. Desvió la mirada ante la intensidad de la suya. – Si me pillases una mentira o descubrieses una. – Y al instante, sintió que arrastraba su silla cerca de él, tan solo con la fuerza de su brazo, hasta que la tuvo a su lado, a apenas unos centímetros. Ahí sí que no tuvo más remedio que devolverle la mirada. Y enfrentar la ferocidad de sus pupilas fue algo que la arrastró de nuevo a aquel día frente a la mesa de su despacho. Kylo alzó una mano, rozando la línea de su mandíbula con los nudillos, antes de cogerle la cara como le gustaba hacer. Rey apenas tuvo un instante para coger aire.
-¿En qué me has mentido, niña? – Le vio bajar la mirada a sus labios, pasando el pulgar por ellos, antes de volver a mirarla a los ojos. – Te doy la oportunidad de confesar sin consecuencias… - Se inclinó sobre ella hasta casi rozar su boca al tiempo que arrastraba la mano de su cara a su cuello, cubriéndolo casi por completo. Y el aleteo de pestañas que vio en respuesta le sugirió cosas que… En fin, Kylo estaba seguro de que Rey ni siquiera era consciente del efecto que sus gestos tenían en él. – Sin consecuencias que no puedas asumir. – Y Rey tuvo verdadera necesidad de confesar su mentira, decirle para quién trabajaba. Porque esa era la única mentira que le traería consecuencias que no podía asumir.
-Me gusta… - Un ligero apretón en su mano y un parpadeo un segundo más largo de lo que debería, antes de volver a enfrentar su mirada… Con todas las consecuencias. – Me gusta que me llames nena. – Y mientras veía cómo se le curvaban las comisuras, sabía que no iba a permitir que se lo llamara nadie más después de esto.
-Lo sé. – Dijo sin más, soltándola al tiempo que volvía el camarero para recoger sus platos.
-¿Van a querer postre?
-Café.- Pidió Kylo, a lo que el camarero asintió antes de mirarla.
-Dígame que tienen tarta... – Pidió Rey, atrayendo la mirada de Kylo de nuevo hacia ella, y la sonrisa del camarero.
-De chocolate o de limón.
-Oooh… -Miró a Kylo, sonriente, antes de volver a dirigirse al camarero. – De chocolate. – El camarero asintió antes de marcharse.
-¿Cuál habría sido la pregunta difícil? – Le preguntó Kylo, trayéndola de vuelta a la mesa.
-Hacerme elegir entre la tarta de chocolate y la tarta de queso. – El camarero se acercó con sus postres. – Gracias. – Le dedicó, antes de volver a Kylo. – Hacerme elegir entre esos dos placeres tiene que contar como tortura. – Cogió su cubierto, dispuesta a atacar su plato.
-No tienes ni idea de lo que es la tortura. – Rey se quedó con la pinchada en el aire a medio camino de la boca, antes de volver la mirada hacia él.
-¿Y me lo vas a enseñar tú? – Le provocó, alzando una ceja. Y ambos sabían que era una pregunta de doble fondo… Sólo que ella no debía saberlo. No lo sabía, en teoría.
-Veremos… - Le concedió, viéndola saborear su pedazo de tarta, sabiendo que había al menos un tipo de tortura en el que era experto y que no quería que ella conociera nunca. Que sus manos jamás la rozaran de ese modo…
-Con que "Veremos", ¿hum? – Se acercó a él, ofreciéndole una pinchada de tarta. Y él la miraba de esa forma tan intensa. – ¿Así que no me has invitado a comer para decirme que lo nuestro se acaba aquí y me sueltas? – Le retó.
-Todavía no te he atado, nena… - Y se inclinó sobre ella para atrapar ese pedazo de tarta. El chocolate fundiéndose con el calor y el sabor del café no era, ni de lejos, tan bueno como el sabor de ella.
No tardaron mucho más en terminar y pagar antes de montar algún espectáculo por el que luego tuvieran que responder. Y, justo mientras se alejaban, de camino al cine para llegar justo a preparar las bobinas de las siguientes sesiones, Hux se acercaba al lugar en cuestión, sentándose en su sitio de siempre, en la terraza de siempre. Ni siquiera tuvo que pedirlo. El camarero sólo tenía que verle y traérselo mientras él sacaba la cajetilla de tabaco de su chaqueta y enganchaba un cigarro entre sus labios.
-Aquí tiene su café… - Le ofreció mientras lo ponía con cuidado sobre la mesa. Hux sólo respondió con un "gracias", prestando más atención al informe que leía en su tarjeta. – Es un placer tenerles en nuestra casa. – Y también solía agradecer cuando no le hablaban y le dejaban en paz. Espera… ¿Tenerles? Alzó la mirada.
-¿Tenernos? – El camarero viró los ojos hacia la acera antes de volver a mirarle. Este tenía que ser nuevo, se dijo Hux, dejando el cigarro en el cenicero mientras cogía su café, quizá un nieto del dueño del local.
-Sí. – Siguió el chico, mientras Hux le daba un sorbo a su taza. – No hará ni media hora que acaban de marcharse Ren y su chica. – Hux sintió que se le cerraba la garganta de golpe y estuvo a punto de escupir el café de puro asombro. Que si no lo hizo fue por un poder de contención nacido del más estricto sentido del civismo y la educación.
-¿Su chica? – Repitió, dejando su taza en la mesa, sobre todo para no derramar el café. El chico asintió con un firme "ajá". - ¿Cómo que "su chica"?
