14. Escena Post-Créditos
Entre una proyección y la siguiente, se había pasado buena parte de la tarde dándose con la mano abierta en la frente como si eso fuera a ponerle las ideas en su sitio. ¿Cómo podía ser tan tonta? Rey no había recibido la educación de Obi-Wan ni de la maldita academia JEDI para terminar flirteando con el objetivo de una misión. La habían educado para ser leal a sus principios, tener una moral que seguir y pulir la ética que había generado en la calle por sí misma. Y sin embargo, cuando había creído que podría usar aquella cita para sacarle información a Kylo, había sido ella la que no había parado de hablar.
Él le había hablado de películas. ¡Películas! Y ella, por el contrario, había hablado de su infancia en la calle, tan sólo omitiendo a Obi-Wan. ¿Qué le importaría a Kylo su maldita vida? Nada. Nada en absoluto. Y, por si fuera poco, encima le había dicho "me gusta que me llames nena". ¿Qué cojones iba a gustarle? ¡No le gustaba!
Reconocía el morbo, pero no le gustaba.
Por la Fuerza, es que era tenerle delante y se desataba algo en ella que… que… "Aaaaaarrrrggggg". Volvió a darse una palmada en la frente. Así había pasado lo que quedaba de jornada una vez llegó de su cita con Kylo. Porque aquello había sido una cita. Por supuesto que lo había sido. Ni siquiera se fijó en que eran el centro de atención de todo el restaurante hasta que se pusieron en pie. Había sido una cita porque además lo había visto medio vecindario. Habían visto cómo se reían y se ponían serios a ratos, cómo Kylo le cogía de la cara o cómo ella le ofrecía un pedazo de tarta de chocolate. ¡Claro que había sido una cita!
Lo jodido de la situación es que cuando había aceptado ir a citas, a sabiendas de que lo eran, les había hecho un tercer grado de interrogatorio a las personas con las que quedaba. Y con Kylo había sido… Había sido… De otro modo, desde luego. Uno con muchísima menos información valiosa. Y al final, daba igual que hubiera sido la primera cita en la que se lo hubiera pasado bien. Pero bien, bien. "Bien" de "como ninguna", no "bien" a secas, de volver a casa y encogerse de hombros diciendo "parece buen tipo pero seguro que es gilipollas". No. Eso era algo que ya tenía ganado con Kylo, que era tan capullo o más que al principio.
Esperó, de nuevo, como cada noche, a que pasaran los primeros créditos antes de encender las luces mientras seguía rumiando y maldiciendo su actitud tan poco, poquísimo profesional, para abrir el proyector, aliviar la presión, tapar la lente y rebobinar la película para el día siguiente. Se estiró y se desperezó, cogiendo sus cosas con un gruñido, y dispuesta a meterse en la cama a seguir golpeándose la cabeza contra las paredes hasta que todas las tuercas que parecían sueltas se le ajustaran o terminaran por caer del todo. Y en pleno gruñido mezclado de más maldiciones estaba cuando retumbó su puerta con un par de toques firmes y se abrió mostrando a Kylo. Se la quedó mirando. No. No, para nada. Definitivamente, verle la cara no servía para afianzar lo que llevaba pensando toda la tarde, sólo para mirarle expectante y con el corazón martilleando contra las costillas.
Y él, sencillamente, intentaba mostrarse lo más sereno posible. Lo más tranquilo que pudiera parecerle a quien fuera que le mirase, ocultando a toda costa esa reacción explosiva que sentía por dentro. Entre gilipollas y nervioso. Muy nervioso, de hecho, pero de una forma que no había sentido antes.
-¿Has rebobinado ya la cinta?- Rey asintió ante su pregunta, mirándole sin saber cómo leerle.- De acuerdo. No la proyectes.- Rey achicó un ojo y ladeó la cabeza.- Es que no hay nadie para la siguiente sesión.- Rey achicó un ojo y Kylo se apoyó en el marco de la puerta.- Para la sesión de la una. No hay nadie en la puerta ni hay entradas compradas.
-¿No va a venir nadie?- Kylo negó con la cabeza y Rey esperó. Algo le decía que Kylo no había terminado de contárselo todo.
-No. Nadie.- Rey se relamió y fue a decir algo pero Kylo se adelantó.- Supongo que querrás irte a casa.- Rey ladeó la cabeza varias veces, sopesando aquello mientras sentía los ojos de Kylo clavarse en su cabeza como alfileres.
-Pues la verdad es que sí.- Y él tomó aire con cuidado, mirándola. Sin moverse. Y Rey vio una buena oportunidad para recuperar todo el tiempo que había perdido en la comida, sin sacarle nada.- A menos que…- Aquello pareció captar su atención de golpe. Ella alzó un hombro antes de dejarlo caer con indiferencia.- A menos que me propongas un plan mejor.
Kylo se quedó mirando a Rey durante unos segundos, unos que ella aprovechó para subirse un poco el ego. Kylo había ido a buscarla, quizá para proponerle un plan durante la última sesión. Y ella se sentía con poder, como si retomara las riendas del caso, como si ahora fuera ella quien condujera el carro hacia donde quisiera conducirlo, notando que tenía a Kylo comiendo de la mano como si fuera un pajarillo… Bueno, un pájaro de guerra Sith, más bien.
-Nena, cualquier plan que te proponga va a ser mejor que irte a casa a estar sola.
-¿Quién te ha dicho que voy a casa a estar sola?- Kylo alzó una comisura.
-Por la forma en la que te me echaste encima dudo mucho que estés acompañada.- Y allá se le iban las riendas a Rey otra vez. Ella aguantó el aire, masificándolo en su pecho y conteniendo un estallido.
-Mira que me voy a casa ¿Eh?- Kylo bajó la vista, riendo.
-Tú te lo perderías…- Ella arqueó una ceja y él se mordió el labio.- En realidad sería una lástima. Para los dos.- Rey terminó de girar en su silla, quedando frente a él y sintiendo un remolino en su estómago al recordar aquella vez… Empezaban a faltarle sitios en ese cine que no hubieran presenciado algún momento íntimo entre ellos dos.- ¿Te vas o te quedas? No voy a preguntarlo otra vez…- Rió.
-¿Qué plan tienes?- Y entonces apareció. Allí estaba. Un brillo en los ojos de Kylo que era inusual. Terroríficamente inusual. Rey parpadeó varias veces, intentando saber si lo que estaba viviendo era una ensoñación o lo había imaginado o… Era real.
-Algo me dice que no has visto "El Muro" de Biggs Floyd, el grupo de música.- Rey negó suavemente con la cabeza y Kylo terminó de alzar la comisura que no había dejado de temblarle hasta el momento.- ¿Quieres verla?
-¿Dónde? ¿En tu casa?- El tono le salió más hiriente de lo que pretendía y Kylo destensó su sonrisa.
-No, nena. Aquí.- Rey se quedó meditando, buscando algún rastro sarcástico en aquellas palabras. Pero no lo encontró y Kylo largó un suspiro.- Oye, da igual.- Rey se enderezó en el asiento al verle removerse, a punto de irse.- Vete a casa, estás cansada.
-¿Qué? ¡No!- Se puso en pie y le tomó de la muñeca, frenándole en seco. Kylo giró al instante, bajando las manos al agarre de Rey, haciendo que esta le soltara lentamente.- Perdona, es que…- Resopló antes de frotarse la cara con ambas manos, haciendo que Kylo se perdiera de nuevo en aquellos vendajes, cubriéndole los antebrazos, provocándole un escalofrío al imaginar todo lo que podrían ocultar. Las marcas que quizá habría allí, señales de un pasado difícil que le ocasionaron dudas acerca de su existencia… O quizá…- Estoy algo irritada, el proyector me ha dado bastante dolor de cabeza.- Volvió a sobarse los ojos.- Sí, claro que quiero ver esa película aquí.- Él la miró con dudas pero finalmente destensó su mueca de desagrado.
-Apaga esta sala y vayamos a la otra.- Rey asintió.- Prepara la sala de proyección digital. Vuelvo enseguida. Déjalo todo a punto, baja a la sala y espérame.
Ella asintió y salió de allí después de Kylo, apagando esa sala y marchándose a la otra, dejándolo todo listo para cuando él trajera la película.
Bajó al primer piso, donde Aphra ya no estaba, quizá Kylo le había dado pie a irse y Rey se sintió algo desprotegida. Sola, allí. Con él. Avanzó por el pasillo hasta llegar a la primera sala pero entonces su ojo captó algo por una esquina. Alzó la cabeza hacia las cámaras de seguridad. Se había apagado la luz roja que las mantenía encendidas. Y Rey se puso un poco más nerviosa… Pero se adentró en la sala, conectando las grabadoras de sus muñecas y tomando asiento en la séptima fila, avanzando hasta las butacas más centradas.
Y aguardó, esperándole. Meditando sobre lo que acababa de ver. No había nadie en el cine, sólo ellos dos al parecer. Rey no había visto a Hux en todo el día –y ojalá aquella costumbre se mantuviera por más tiempo-, ahora Aphra se había ido a casa. Y Kylo había apagado las cámaras. Aquello podía significar dos cosas: una era que aquello que iban a hacer no podía saberlo nadie. La otra… Bueno. La otra era bastante violenta.
Aunque Kylo no le había dado motivos particulares para que pensara eso de él, Rey había visto el estado en que dejó a Poe. Y el terror de Finn. Kylo tenía pinta de golpear fuerte y sin miramiento si dudaba de ti o le fallabas. Pero ella no le había dado motivos para que desconfiara… Así que se forzó a pensar en la primera opción. Aquello que hacían, al parecer, no podía saberlo nadie.
Nadie podía saber que habían cerrado las puertas antes de la última sesión, ni que se habían puesto una película para ellos solos como si aquello fuera el reproductor de vídeo de una casa particular. Quizá ese nadie englobaba entera y únicamente al pelirrojo.
Quizá el problema era Hux.
Las luces se bajaron un poco y Rey alzó la vista, observando a todas partes. Y empezaron a proyectarse unos anuncios, quizá Kylo los había grapado a la cinta para darse tiempo a bajar junto a Rey. Y así fue.
La luz de la puerta principal de la sala al abrirse se reflejó en la pantalla y se desvaneció poco a poco, a medida que la puerta se cerraba. Y entonces vio su sombra avanzar por las escaleras, llegando a su lado y tomando asiento a su lado. En silencio.
Ella se ladeó un poco, quedando cerca de él para que pudiera escucharla.
-¿De qué va la película?
-Es una especie de musical.- Rey retrocedió un poco, mirándole ¿Un musical? ¿A Kylo le gustaban esas cosas?- Es visualmente una maravilla. Todo muy conceptual, ya lo verás.- Y volteó un poco hacia ella, consiguiendo que Rey tragara saliva y asintiera antes de recorrerle con los ojos. Y viró la cabeza al frente. Observando los anuncios desvanecerse y dar paso a la película.
Rey no solía escuchar a Biggs Floyd, pocas canciones conocía. De hecho, estaba algo temerosa, sentía que ella y Kylo no compartían un gusto semejante. Y que quizá, al final de la proyección, Kylo le pediría un resumen, quizá le haría preguntas, quizá quisiera debatir con ella… quizá… Quizá.
Y Poe no estaba al otro lado del pinganillo, ya hacía días que no contaba con él para nada… Y deseó tenerle para que le chivara cosas, porque a ella el cine no es que le gustara especialmente. Tampoco había tenido tiempo de ver muchas películas o pararse a analizarlas ahora que era más mayor. Temía no entender la película, temía hablar con Kylo y quedar como una idiota, como una tipa que le había mentido en cuanto al cine. Porque ella le había dicho que había trabajado y, por el discurso que le soltó durante su "entrevista", quizá Kylo pensaría que la chica tenía conocimientos en la materia como él.
Pero no. Absolutamente no.
Zarandeó la cabeza, conduciendo los ojos al centro de la pantalla, observando las imágenes. De golpe había una guerra ahí en la pantalla, con una canción dramática de fondo. Y el sonido de un spitfire quizá, llenando toda la sala.
Y ella se dejó llevar, intentando entrar en la película, intentando captarlo todo pero sintiendo que se desconcentraba. Y apoyó el brazo en el reposabrazos, sin querer, tocando el de él al otro lado. Fue a apartarlo pero Kylo sostuvo su muñeca ahí, frenándole el acto. Ella no despegaba los ojos de la pantalla, pero le veía por el rabillo del ojo hacer lo mismo. Quedarse mirando al frente mientras seguía manteniéndole la mano en el sitio. Y cuando la soltó, apoyó el brazo en el reposabrazos, sintiéndola. Y ella sintiéndole.
Entonces, como si el paracaídas se hubiera abierto en el momento esperado, todo pareció calmarse. Todo pareció asentarse, dejar de vibrar frente a sus ojos. Sentía a Kylo erizarse en algunas escenas, haciendo que ella se erizara en consecuencia y la película consiguió meterla de lleno en ese universo surrealista que mezclaba imagen real con animación.
Y las canciones… Oh, las canciones. Eran tan ácidas, tan crudas. Junto aquellas imágenes todavía se intensificaban más, ella lo sentía todo tanto a través de Kylo como por ella misma. Y, cielos… Cuando sonó aquella canción. Rey se enderezó en el asiento.
-¡Esta me la sé!- Dijo con sorpresa.
-¡Tssssst!- Chistó Kylo con una sonrisa. Y ella volvió a reacomodarse mientras sentía que se le ponían las orejas rojas. Hasta que él le acarició la mano antes de volver a recostar el brazo junto al de ella.
No estaba sacando nada en claro de su misión, quizá. Pero estaba acercándose a Kylo. Y aquello era más de lo que había hecho Poe. Y quizá, quizá pronto vería un tallo salir de la tierra, fruto de su constante riego e insistencia.
Porque si iba a ser otro ladrillo más en aquella pared… Ella sería el definitivo.
…
Aquella película se la había visto un millón de veces. Todavía podía escuchar la voz de su padre aquel día de su infancia. Cuando le tomó en brazos y le sentó con él en el sofá, "Esta película va a cambiar tu vida".
Él era demasiado pequeño por aquel entonces para saber si aquel estallido surrealista, eufórico y deprimente de colores sucios y bombas iba a cambiarle la vida. Pero le marcó. Y cada vez que veía la película se sentía crecer, se sentía volviendo a ese instante, en los brazos de su padre mientras esperaban a que su madre regresara del trabajo.
Se convirtió en tradición ver esa película cada mes. "Ponme la peli de las flores que se retuercen, papi". Y parpadeó allí, en aquella sala, nostálgico perdido. Pero entonces volvió a sentir la piel de Rey erizarse con algún acorde, escuchar sus uñas arañar la tela del sillón ante una escena.
Sí. Todas las veces que veía aquella película las recordaba. Siempre la veía en un momento clave, en un momento que grabaría a fuego en su cabeza. Pero esta vez sí que no iba a olvidarla en la vida.
La película terminó antes de lo que hubiera querido, mucho antes de lo que imaginaba que pasaría. Mantuvo la pose en el asiento, leyendo los créditos, descubriendo siempre nuevos nombres, percatándose de otros que había visto en otras películas y sonriendo ante otros tantos que le recordaban a cosas del pasado.
Rey, por otra parte, estaba asimilando todo lo que acababa de ver. Estaba en shock, totalmente perdida y desconcertada. Sin saber cómo sentirse. Y encaró a Kylo.
-Joder, qué…
-Tssssst, todavía están los créditos.
-¡Venga, ya!- Kylo se giró hacia ella.- ¿En serio te lees los créditos o me tomas el pelo?
-Claro que leo los créditos.- Dijo como si aquella confesión le doliera tener que hacerla. Como si fuera demasiado obvio.- Y la película todavía sigue. Los créditos son parte.- Rey le miró, negando con la cabeza y volviendo a sentarse recta. Observando la pantalla… Y alzando los brazos con exasperación.
- No es cierto. – Siguió mirando la pantalla. – La película no sigue nada. Los créditos son como los agradecimientos al final de un libro. Esto no… - Se giró para encararle justo a tiempo para ver que trataba de esconder una sonrisa cabrona. Bajó las manos de golpe, mirándole inquisitiva. - ¿Te estabas cachondeando de mí?
Y ni siquiera le dio tiempo a poner los brazos en jarras y un mohín enfurruñado antes de sentir que sus manos la rodeaban y la alzaban en vilo, como si no pesara nada, como si sus brazos estuvieran hechos sólo para sostenerla, y dejarla sentada a horcajadas sobre sus rodillas, haciendo retroceder la tela de su vestido. Rey sonrió al sentir sus manos en sus nalgas, evitando que se cayera. Qué caballeroso. Pero en realidad, una vez superada la sorpresa inicial, lo que más le extrañaba era esa sonrisa escondida en sus comisuras.
-No podía burlarme de ti durante la película. – Sintió que le daba un apretón a sus nalgas, acercándola aún más a él, haciendo que sus muslos abrazaran sus caderas de forma inminente. Rey alzó una ceja, posando las manos en sus hombros, alucinada porque Kylo le hubiera dejado aquella posición, después de todo lo que sabía de él, como mínimo en el plano sexual.
- ¿Porque habría sido interrumpirla? – Le provocó con una sonrisa, removiéndose para quedar aún más cerca, pasando una mano por su pelo, enredando los dedos con los mechones negros que le rozaban el cuello, casi ensimismada. – Y tú eso nunca, ¿verdad?
- ¿Ves cómo eres una niña buena y me escuchas cuando te hablo? – Rey coló los dedos por el cuello de la camiseta, acariciándole, las yemas de sus dedos exaltadas por el roce.
- Bueno… - Se contorneó para acercarse un poquito más, dibujando círculos invisibles en su piel con las uñas. – Es mucho más divertido desobedecerte. – Se inclinó sobre él, realmente disfrutando de su posición más alta, sin llegar a besarle, alternando su mirada entre sus ojos y sus labios.
- Ya lo veo. – Susurró contra ella, antes de volver a apretar la carne de sus nalgas y arrastrarla definitivamente hasta él, su centro apretándose contra la dureza de sus pantalones. Abrió la boca, ahogando un jadeo que Kylo parecía estar deseando sentir en ella. – Porque recuerdo perfectamente el día que te dije que no me gusta que me acaricien. – Y Rey detuvo sus caricias al instante. – Como también recuerdo lo que pasó y cómo nos quedamos. – Y ella sacó sus manos de debajo de su camiseta, situándolas de nuevo sobre sus hombros. – Veo que mi niña también se acuerda. – Rey achicó los ojos, sin poder dejar de ver su sonrisa orgullosa. Y, deseando borrársela de la cara, volvió a moverse contra él, rozándose, apoyándose en sus hombros e impulsándose sobre sus muslos, mirándole a la cara, embebiéndose de sus expresiones. Porque, al contrario que ella, Kylo no parecía tener ningún problema en reaccionar a su cuerpo, jadear y gemir. Si Rey se contenía era por puro orgullo, un último fuerte antes de verlo todo caer. No podía darle esa satisfacción por puro placer. Y, sin embargo, disfrutaba de sus gestos. Se sentía halagada. Volvió a inclinarse sobre él, sin dejar de rotar sus caderas.
- Lo único que soy incapaz de recordar de ese día es el orden de las malditas películas. – Y tan pronto aquello salió de su boca, notó las manos de Kylo subirle la tela del vestido hasta las caderas antes de volver a sus nalgas con un sonorísimo azote al unísono, aferrando su carne en los puños y frenando el baile de sus caderas justo cuando sus cuerpos se unían en el mismo centro con más fuerza, obligándola a parar ahí, hasta que le empezaron a temblar las rodillas y sentía que la piel de sus glúteos se enrojecía y calentaba bajo sus manos tanto como sus mejillas. Aquel azote doble había resonado en la sala con eco y ella se había sentido vibrar en todas sus terminaciones nerviosas, reconociendo la humedad que ya le cubría.
- Cuidado con esa boquita, nena… - Y acto seguido le atrapó los labios en un beso frenético y húmedo. Rey le dio la bienvenida a su boca, jugando con su lengua al tiempo que las grandes manos de él volvían a permitirle contonearse. Y la tela de las bragas era suficiente para inflamar su sensibilidad contra la aspereza de sus vaqueros.
- ¿O qué? – Volvió a provocarle, murmurando contra sus labios, sintiendo que tenía una ventaja sobre él que no iba a dejar sin explotar, que no sería una oportunidad que se le fuera a presentar. Le besó, suave, muy suave, primero. Besándole los labios hasta las comisuras. Y luego pasando la lengua por ellos, llevándose su saliva, antes de abrir la boca y jugar con la suya, sin dejar de ondear al ritmo, arrastrando las manos de sus hombros a su pecho, maravillada. Y luego a la dureza de su abdomen, colando de nuevo los dedos por el borde de su camiseta, acariciándole, trazando sus músculos, sus costados, las oblicuas que la llevaba hacia la cinturilla de sus pantalones.
Entonces, él se separó de ella, enderezándose e irguiéndose hasta quedar casi a su misma altura, sus movimientos demasiado rápidos como para poder pararle, desenganchándose el cinturón, tirando de él con fuerza y arrastrando sus manos a la espalda. Ella le miró desconcertada. De repente, y aun estando sobre él, no sabía cómo, pero Rey acaba de perder su ventaja.
-No me mires así, nena, te lo avisé. – Y apresó sus muñecas tras ella con el cinturón, dando un fuerte tirón, al tiempo que separaba aun más las rodillas, haciendo que ella se abriera más para él con un jadeo ahogado. – No haces más que provocarme. Y pocas consecuencias estás sufriendo.
- ¿Por qué no dejas de amenazarme y me pones a prueba? – Kylo se alzó y ella tuvo que separar aun más sus rodillas, haciendo que casi perdiese el equilibrio; estaba usando sus propios muslos como una herramienta para mantener sus piernas abiertas. Trató de mantener la espalda recta, pero, sin poder apoyarse en ningún sitio, aquel cinturón tirando de sus manos hacia abajo, se estaba convirtiendo en una hazaña difícil. Con una mano tiró de la correa y su espalda se arqueó hacia atrás. La otra empezó a recorrerla, el cuello, el valle entre sus pechos, notando su pulso y su respiración exaltada, su abdomen en tensión por la postura, su vestido remangado alrededor de la cintura, sus bragas… Su centro… Rey dio un respingo cuando le sintió. Y ni siquiera le había rozado. Todo era pura anticipación.
Kylo se mordió el labio inferior, estudiando todas sus reacciones. Le encantaba que tratara de ser hermética y sin embargo no parara de temblar. Le encantaba verla contenerse y sin embargo darse por entero a él de ese modo, expuesta, receptiva, esperando. Impaciente, pero esperando.
Él ni siquiera acarició ni besó su cuello; aparte de sus manos, simplemente se mantuvo perfectamente inmóvil, respirando tranquilamente detrás de ella. Las piernas de Rey comenzaron a temblar. Podía sentir claramente su coño brotando cada vez que sus manos acariciaban su cara interna del muslo, colando un dedo por la gomilla de sus bragas, rozando su vello, llegando muy cerca pero evitando tocar allí.
Ella gimió, indefensa. Kylo la estaba provocando a base de bien y ella ni siquiera podía moverse contra él a riesgo de caerse, ni buscar su mano, nada. Estaba haciendo que se retorciera debajo de la piel, en agonía sobre su regazo, esperando el más mínimo contacto. Y tras unos instantes interminables de burlas crueles, finalmente separó la tela de ella, rozándola, haciéndola sentir hiperexcitada sin haberla tocado. No pudo evitar arquear su espalda, aun a riesgo de caerse, confiando en que él la sostuviera.
Sus dedos comenzaron a explorar sus pliegues por fin, extendiendo su humedad entre sus labios pero aún evitando su palpitante clítoris, simplemente rodeándolo con las yemas de los dedos sin contacto real. Esto es definitivamente una tortura. Él sonrió, aprovechando que ella no podía verle. Y casi desafiándola, él extendió sus labios externos, causando que su clítoris se expusiera aún más a sus cuidados.
Rey, al borde de la sobre-estimulación, se retorcía sobre él, queriendo que se detuviera de inmediato. O que continuara con esta dulce tortura pero que tuviera alguna maldita recompensa. Porque estaba "acostumbrada "al juego previo, pero era demasiado pronto para dejarse ir. Sin ni siquiera rozarle donde verdaderamente importaba. Y en respuesta, su cuerpo delatándola por enésima vez, se humedeció aun más entre sus dedos. Lo que él aprovechó para darle un golpecito rápidamente a su clítoris, haciendo que ella saltara sobre su regazo.
-¡Kylo! – jadeó, descubriéndose sin aliento siquiera para reprenderle.
- Dime, nena… - Le contestó, mofándose de ella, con toda la tranquilidad de la que Rey carecía.
Y ella fue a quejarse pero entonces Kylo recorrió su extensión de abajo arriba y dibujó un círculo lento justo en su centro, justo en el punto que palpitaba pidiendo a gritos una atención que no le llegaba. Y Rey dejó caer la cabeza hacia atrás, con la nuca tocando el hombro de Kylo mientras aguantaba un gemido que él percibió, sintiendo cómo intentaba salir.
-¿Decías algo?- Otro círculo, lento, muy lento. Y de nuevo surcó su extensión aprovechando su humedad para lubricarla y exagerar aquella sensación resbaladiza. Rey gruñó con enfado pero las atenciones de Kylo hacían que cada gruñido rabioso pareciera un gemido agradecido.-Mira, niña, como escuche una sola queja…- Y lentamente dejó de torturar su centro, arrastrándolo hacia arriba mientras Rey siseaba y temblaba sobre él.- Volveremos al punto del otro día en el sótano, nena.- Rey ladeó como pudo la cabeza, intentando hacer contacto con él y allí le tenía. Mirándola con esa superioridad asquerosa que tan de los nervios le ponía. Kylo recorrió la cara de la chica con sus ojos antes de acercarse a ella.- ¿Vas a quejarte? ¿O vas a dejar que cuide de ti?- Adelantó un poco la mandíbula, rozándole los labios mientras el clítoris de ella se deslizaba bajo sus dedos, provocándole siseos sin consideración. Otro punto para Kylo anotado en su jodido marcador del orgullo.- Confía en mí… Y sólo si lo haces tendrás todo lo que quieras, niña.
Rey asintió mordiéndose el labio y mirándole, rogándole que, por favor, no parara. Y entonces le notó sacar la mano de su ropa interior y fue a quejarse, a decir algo en voz alta pero sólo apretó los ojos, gruñendo en voz bajita, muy bajita.
-¿Eso es una queja?- Ella negó con la cabeza. Y entonces le sintió tironear de su ropa interior, quitándosela como la posición de Rey pudo permitírselo. Recargándose en él de vez en cuando y regresando finalmente a su postura.- Bien…- Condujo de nuevo la mano hasta su centro, abarcándola entera con ella, cubriéndola por completo y reteniendo su calor mientras ella seguía con los ojos cerrados y la cara totalmente mirando al techo.
Introdujo levemente un dedo en ella, sacándole más jugo antes de extenderlo y regresar a su núcleo, rotándolo en círculos no tan lentos esta vez. Y Rey jadeó, maldiciéndose por sentir esa maldita necesidad de agradecérselo.
Kylo soltó, sin que ella fuera consciente, el agarre que mantenía su espalda curvada pues Rey, por pura inercia, lo estaba ya. Condujo su mano libre al final de su pubis y tiró hacia arriba, exponiendo su clítoris y estimulándolo con la otra mano mientras ella jadeaba, empezando a mover las caderas al compás que marcaba Kylo, pero también dando respingos ante la intensidad del roce. Le molestaba, a veces. Y siseaba, haciendo que Kylo ladeara la cabeza hacia ella y Rey rogaba a lo que fuera que le escuchara que, por favor, Kylo no malentendiera sus gemidos.
Pero para su sorpresa, Kylo se adelantó un poco, llegando a su cuello y mordiéndolo mientras dos dedos se colaban en ella. Y Rey se arqueó violentamente, gimoteando mientras Kylo mordía, succionaba y lamía sin piedad a la vez que bombeaba su zona.
Los créditos ya hacía rato que habían pasado y, por suerte –al ser la sala digital, con un proyector inteligente- se quedaron a oscuras, con un poco de luz propia de la pantalla, todavía encendida. El proyector palpitando desde la sala al igual que hacía el centro de Rey.
La sala dejó su silencio resquebrajado por la música para romperse intermitentemente con el sonido que provocaban los dedos de Kylo en ella. Rey jadeaba, temblando, sufriendo espasmo tras espasmo mientras Kylo no le daba tregua. Moviéndose y rozándole aquella piedra que tenía en el pantalón con su trasero.
Y Kylo notó sus paredes contraerse. La caricia en su clítoris y el movimiento de sus dedos parecían un estímulo que a Rey le bastaba y le sobraba para llegar al límite en menos de diez minutos. Ladeó la cabeza hacia ella, llegando a su oído, queriendo provocarla pero entonces ella habló, sorprendiéndole.
-Por favor, Kylo…- Gimoteó sin aire, temblando encima de él.- Por favor, por favor…- Y viró hacia él, entreabriendo los ojitos y mirándole, suplicante.- ¿Me puedo correr?
El no perdió detalle de su carita mientras sentía que se derretía por dentro. Que algo en su pecho le quemaba y le ardía como el fuego. Se adelantó, atrapando sus labios. Succionándolos y lamiéndolos mientras Rey correspondía, dolorida.
-Claro que sí, nena.- Susurró contra su boca.- Córrete para mí.
Y Rey no tuvo que forzarlo, Kylo sencillamente aceleró sus manos mientras Rey se pegaba contra él, jadeante. Sintiendo que sus piernas se cerraban solas ante el orgasmo y allá se iba. Gimiendo en voz alta, con la seguridad que se siente cuando piensas que no pueden escucharte. Y Kylo no le quitó el ojo de encima en ningún momento. Observándola mientras ella se corría, temblando, jadeando. Sin apenas poder respirar.
Poco a poco su tensión desapareció, haciendo que ella se fuera quedando recostada sobre él, retomando el aire pero aguantando el vaivén de sus caderas, rozándole la dureza con su trasero, por encima de la ropa. Y Kylo, al dejar de poner todos sus sentidos sobre ella, empezó a sentir la respiración entrecortada con cada movimiento.
Palpó el centro de ella, húmedo, sensible, resbaladizo. Y se arqueó un poco para poder bajarse los pantalones aún estando sentado con Rey encima, lo mismo hizo con su ropa interior, sacándose y exponiéndose, haciendo que Rey le notara. Piel con piel.
Y fue a conducirse a su interior cuando se maldijo mentalmente. Dejando caer la cabeza sobre el hombro de la chica mientras gruñía. Rey se quedó traspuesta ante el gesto, ladeándose hacia él un poco.
-Joder, no me fastidies…- Gruñó.
-¿Qué pasa?- Susurró ella.
-No sé si tengo los preservativos aquí…- Rey parpadeó, pensando a toda velocidad.
-¿Seguro que no los tienes en la cartera?
-Creo que la tengo arriba en el despacho…- Dijo, removiéndose hacia adelante y jalándose de golpe los pantalones, acercándoselos para poder rebuscar entre los bolsillos mientras Rey se mordía el labio, acoplándose a sus movimientos.- Oh, espera…- Dijo, en un tono alegre y Rey no tardó en escuchar el sonidito del plástico, retumbar bajo la tela. Kylo sacó el envoltorio y no tardó en enfundarse.
-Menos mal que llevas condones…- Él asintió con la cabeza y entonces Rey decidió extender su pregunta.- ¿Qué pasa? ¿Te llenas los bolsillos antes de salir de casa?
-Desde que estás por aquí, sí.- Rey desvió la mirada, analizando aquello y entonces le notó colocarse en su entrada mientras ella sonreía con anticipación.
Y entró en ella. Lento, muy, muy lento. Haciendo que Rey boqueara poco a poco a medida que su cuerpo le iba aceptando de nuevo. Kylo se aferró a ella con fuerza, anclando las manos en los huesos de su cadera. Estaba tan resbaladiza y tan apretada por el orgasmo que le envolvía como un puño de acero al fuego. Y cuando estuvo completamente dentro de ella, centímetro a centímetro, su interior adaptándose a su alrededor, ambos gimieron al unísono. Ella con un lamento, la transición repentina de vacío a sentirse tan, tan llena, tan plena, dejando caer la cabeza sobre su hombro, con la espalda completamente arqueada, abandonándose a sus cuidados y él, grave, sosteniéndola, deslizándose dentro y fuera de ella en un movimiento resbaladizo e ininterrumpido.
Le siente salir de ella, lento, tortuoso, notando cómo sus músculos luchaban por mantenerle dentro. Rey solo puede hacer pequeños ruiditos ahogados mientras él se hunde en ella con una segunda estocada, más profunda, más dura, más fuerte. Y ella, tan apretada, tan expuesta, tan húmeda, su cuerpo resonando contra el suyo… Sus piernas tan abiertas por fuerza de las suyas, y él empalándose en ella, sintiéndole a la altura del ombligo, abriéndola aun más ampliamente de lo que jamás creyó que sería capaz. Y siente la respiración de Kylo contra su oído, al compás de sus jadeos ahogados.
Sus manos, grandes y gentiles ahora sobre ella, firmes como siempre, fuertes y determinadas, recorriéndola. Una se mantenía sobre su vientre, sintiéndose, mientras la otra seguía una trayectoria ascendente, al tiempo que sus caderas se apuntalaban contra ella. Sintió que estrujaba su pecho, sacándolo del escote del vestido, haciendo que se diera cuenta de cuantísimo estaba necesitada de su toque, de todo él. Pellizcó sus pezones, enviando descargas de un placer punzante por toda ella, provocándole un gemido lastimero tan cerca de su oído que reverberó en la médula de Kylo, accionándose aun más duro. Dejando sus pechos sensibles al aire, requiriendo una atención que no recibirían, rodeó el cuello de Rey con la mano, sintiendo las vibraciones de sus gemidos ahogados en la palma.
Eso consiguió encenderla a unos extremos que no había creído que fueran posibles, aún más de lo que ya estaba, sin buscarle explicaciones a por qué le encantaba esto. Nunca antes se había sentido así, pero estaba descubriendo todo tipo de cosas sobre sí misma en los brazos de Kylo. Soltó un gemido lujurioso y él sonrió, recompensándola con una rápida sucesión de embestidas que la volvieron loca. Rey gimió salvajemente y se retorció sobre él, tratando de levantar las caderas para llevarlo más profundo al dejarse caer.
Se presionó tan profundamente dentro de ella como pudo y simplemente se mantuvo allí, inclinándose para besarla descuidadamente. Ella se apretó alrededor de su longitud y se sintió latir dentro tan exquisitamente... Cuando se apartó otra vez, arrastró la mano sobre su vientre agarrándola con fuerza. Usó su fuerza para mantenerla quieta mientras él se impulsaba contra ella sin pausa y sin piedad. Y Rey chilló, sin poder agarrarse a nada con las manos atadas, sólo dejándose caer sobre su pecho.
Redujo la velocidad y luego se detuvo una vez más, girando la cara hacia ella, besando la línea de su mandíbula, sus labios entreabiertos buscando aire. Ella jadeó indignada y le miró a los ojos con rabia, con esa furia que llevaba su firma. Y él tenía esa jodida sonrisa en su rostro otra vez que sabía que ella podría haberlo matado por ello.
-Mi niña... ¿Ya quieres correrte para mí otra vez? - Él le dio una embestida lenta y firme y ella gimió. -No te preocupes, nena. Sabes que tengo justo lo que necesitas. - Murmuró mientras salía de ella, arrancándole un gemido, al tiempo que se sostenía arriba y abajo a través de sus pliegues antes de chocar la punta contra su clítoris. Rey se sacudió contra él, sus caderas temblando contra su mano. Él la levantó un poco más alto y luego se hundió en ella de nuevo de una estocada. Tan pronto como él entró, chocó y presionó contra ese punto dentro de ella otra vez, el que había tocado antes. Sintió esa presión otra vez, una sacudida de placer vibrando a través de todo su ser. Era incluso más agudo que antes, la sensación de plenitud aumentaba el placer exponencialmente.
Dio algunos empujes lentos y superficiales, disfrutando de sus gemidos, sus jadeos, sus caderas ondeando sobre él, su interior pulsando a su alrededor. Y ni una sólo queja más de sus labios. Sólo Rey lánguida sobre su pecho, dejándose hacer. Cuando estuvo seguro de que tenía la posición que quería, comenzó a tomarla rápido y una vez más. Las manos de él en sus caderas y alrededor de su cuello, sin presionar, la mecían contra su regazo, llevándose contra él tan profundamente como podía. Rey casi se atragantó con su gemido, incapaz de respirar en condiciones antes de que él estuviera profundamente en su interior, una y otra vez. Y jadeó, poniendo los ojos en blanco ante aquel vaivén frenético, dejándose hacer mientras Kylo mantenía aquella cabecita, tan minúscula y pequeña en comparación con su mano, recostada sobre su hombro. Sujetándola por el cuello.
Los gemidos de Rey se entrecortaban ante el golpeteo, haciéndolos resonar mientras ella ya había dejado de aguantarse. Y boqueaba, queriendo pedírselo pero no podía, apenas podía respirar, apenas podía hablar y mucho menos podía pensar. Kylo condujo la cabeza, llegando a su cuello, aspirando su aroma antes de pasar la lengua por toda su longitud hasta llegar a su oreja. Vio a Rey boquear, queriendo decir algo, queriendo algo con muchas ganas. Y no pudo evitar sonreír.
-¿Quieres correrte, nena?- Rey asintió, abriendo los ojos e intentando encararle, pero la mano de Kylo se lo impedía.- ¿Te gusta tanto que apenas puedes hablar, eh?- Rey apretó la mandíbula, mirándole de nuevo con rabia. Y Kylo soltó aire por la nariz, observándola. Joder, la situación se le estaba yendo de las manos a pesar de tener a Rey bien sujeta.- Córrete para mí, Rey.- Y la rabia consiguió hacer que ella aterrizara –un poco- en la tierra.
-Córrete tú también para mí…- Y él sonrió.
Estaba más que contento con la actitud de Rey, no hicieron falta más que un par de estocadas más para sentir cómo ella se hacía mantequilla en sus brazos mientras él se contraía en el asiento. Llegando a la meta al mismo tiempo, robándose el aire en aquella sala que, al parecer, empezaba a quedarse sin oxígeno.
Y siguieron sintiendo los espasmos del orgasmo mientras Rey se dejaba caer sobre él y Kylo salía de ella, derrumbándose en la butaca mientras dejaba caer los brazos a placer, sin importarle dónde fueran a parar. Una mano suya cayó justo en el muslo desnudo de la chica, sintiendo su sudor y sus vibraciones, réplicas de aquel orgasmo que les había alcanzado como un rayo.
Respiraban entrecortados, sin creerlo ninguno de los dos. Y Rey se tomó su tiempo, recuperando fuerzas y aire antes de ponerse de pie y colocarse la ropa interior mientras Kylo se desenfundaba y ataba el final del preservativo con un nudo. Entonces ella se desplomó contra la butaca de al lado, alzando las piernas y depositando las pantorrillas en el posa-brazos que correspondía a Kylo. Él alzó la mano, acariciando la pierna de la chica mientras seguía con la vista en el techo, respirando.
Y no se dijeron nada, estaban apresados por la falta de energía. Rey no había cenado y Kylo tampoco, al parecer. Estaban muy a la par. En demasiadas cosas, a decir verdad.
Rey se tomó su tiempo, recuperando energía y sin cometer el fallo de Kylo, quien cerró los ojos para relajarse cuanto antes. En cuestión de minutos cayó rendido, una vez se hubo abrochado los pantalones. Le miró, apenada, sintiendo un conflicto en su interior. Le preocupaba.
Empezó a cavilar cuántas noches hicieron falta para que aquellas ojeras se le marcaran tanto, cuántas noches sin dormir llevaban arrastrando aquellos párpados que debían de pesarle como el plomo. Y, sobre todo, qué vida era aquella en la que, de un día para otro, aparecía por la calle con un corte de tales dimensiones cruzándole la cara de lado a lado.
Rey se mordió el labio, adelantándose y bajando las pantorrillas, quedando cerca de él, comprobando la cicatriz cosida a duras penas. Supuraba, aquello estaba curando mal… Pero curaba, al parecer. Y parecía que con eso le bastaba.
Torció el gesto, ladeándose y llegando a más rincones de su cara, todas aquellas manchitas, pecas y lunares salpicándole la piel blanca. Rey aseguraría que él y el sol no eran compatibles. Sonrió de medio lado al pensar el calvario que le supondría vivir en Tatooine, con aquellos soles gigantes que convertían al planeta en un horno.
Siguió mirándole, contemplándole más bien, y veía de todo en él. Veía muchas cosas ahora mismo… Pero algo le fallaba. Algo daba error cuando le miraba por tanto tiempo, como si algo no encajara. Como si él no encajara en la ecuación. Porque si algo aprendió durante su infancia, y que luego Obi-Wan intensificó, fue analizar a las personas. Kylo era alguien que ocultaba demasiado. Pero sus ojos no le mentían, ni aunque estuvieran cerrados eran capaces de hacerlo. Y Rey veía tristeza, veía como algo muy dentro de Kylo no estaba bien con todo aquello.
Cerró sus ojos, negando con la cabeza. Negando con fuerza ante la idea de que su estrategia se le estaba escapando, le estaba fallado. No podía apiadarse del enemigo, mucho menos con un salvaje capaz de quitarle el aliento a alguien con sus propias manos, sólo porque le estuviera dando los orgasmos más brutales de su vida.
No, ¿dónde dejaba aquello su orgullo, su valor, su dignidad?
Un destello luminoso saliendo de su pantalón llamó la atención de Rey en aquella sala gobernada por la oscuridad. El teléfono de Kylo. Aquel que no consiguió alcanzar aquella vez ahora se le presentaba en bandeja, suculento.
Condujo los ojos a Kylo durante un segundo, comprobando que seguía durmiendo. Y así estaba.
Rey estiró el brazo poco a poco, llegando al reborde del aparato y pinzándolo con los dedos. Lentamente tiró de él, poquito a poquito. Suave. Arrastrándolo y agradeciendo que Kylo no llevara la vibración puesta por algún motivo. Finalmente, consiguió hacerse con él y se recostó en su butaca, con aquella maravilla entre las manos.
Antes de tocar nada intentó ver el patrón en el reflejo de la pequeña luz que apenas iluminaba la sala. Aquella luz creaba una diferencia en la pantallita, un recorrido… Varios, mejor dicho. Y Rey probó suerte con el primer patrón que intuyó pero le dio error la pantalla. Así que optó por dibujarlo al revés… Y, realmente no esperaba que fuera tan fácil, pero la pantalla se desbloqueó ante ella.
Un fondo de pantalla negro. Cuatro aplicaciones. Dos mensajes propios de un chat remoto con un número que no tenía guardado. Rey deslizó la barra de tareas y rezó para que pudiera leer los mensajes desde allí sin tener que entrar en la aplicación.
Parecía que hoy la suerte estaba de su parte y su corazón se aceleró cuando leyó lo que allí ponía.
"Descargando cajas. Nos quedan 20. Las dejamos bajo los falsos suelos."
"¿Cuándo terminemos salimos por la puerta del almacén? ¿Hay alguien? No vemos tu luz encendida."
Y Rey parpadeó varias veces, asimilándolo. Sintiendo que se le aceleraba el corazón. Dejó todo como estaba, volviendo a guardar el teléfono con cuidado antes de lanzarle una última mirada a Kylo, quién seguía durmiendo.
Y Rey no iba a ser quien le quitara más horas de sueño. Así que se levantó, con la excusa de quitar la película del proyector digital e ir a guardarla al sótano, en el apartado especial para aquellas películas que formaban parte de la colección privada del cine. Y se encaminó una vez tuvo la película en sus manos, bajando las escaleras hasta el sótano, dispuesta a encontrar más información.
No encendió más que un interruptor, una bombilla de luz parpadeante en el techo. Ni siquiera se detuvo a dejar la película donde correspondía, ni se molestó en buscar la estantería. Cargó con ella mientras atravesaba los pasillos con el paso apenas firme que le permitían sus piernas temblorosas. Y se acercó a la puerta que seguía cerrada a acal y canto para ella, manteniéndola fuera pero es que… Su investigación culminaba ahí dentro.
Se acercó un poco más, casi con reverencia. Y al mismo tiempo, alzó la mirada hacia las cámaras, anuladas, con el piloto rojo apagado. Nunca tendría una oportunidad como esta. Porque si lo que escondía aquella puerta era exactamente lo que estaba buscando, podría salir corriendo de allí. Tenía esa esperanza. Podría salir corriendo. Justo a tiempo. Para salvar su vida. Para salvar su investigación. Para salvar su alma. Justo a tiempo. Esa puerta era el punto de inflexión. Era la que le daba la casilla de salida para no implicarse más en aquel juego que empezaba a hacer temblar todos sus cimientos.
Se acercó otro paso más, apoyando la oreja en el metal que la recubría antes de posar las manos. Lo primero que sintió fue el frío metal. Luego la vibración. De algo al otro lado. Como un ruido blanco que permanecía hasta hacerse estático. Cerró los ojos, intentando poder ver con los oídos. Y pudo sentir una cantidad de máquinas enchufadas a la red. La corriente tenía un arrullo especial cuando se acompasaba con otras. Sintió un traqueteo constante. Y unas voces que se enfrentaban la una a la otra, pero sin lograr distinguir lo que decían. Notaba el suelo moviéndose. Debían ser los falsos suelos del mensaje. Ahí, tras esa puerta, estaba todo lo que necesitaba para volver a su vida, sana y salva. Justo a tiempo. Deseando que esa puerta se abriera para ella.
Y como si la Fuerza hubiera tenido a bien escucharla justo en el momento más inoportuno, la puerta, se abrió, arrojándola de espaldas contra la pared contigua. Miró directamente en esa dirección. Un gamorreano terminaba de cerrar una trampilla en el suelo. Miles de cajas se extendían a su alrededor. Máquinas de contado de dinero. Las cámaras de video apagadas. Y en el quicio de la puerta, otro gamorreano cerniéndose sobre ella.
Alzó la mirada, arrastrando el culo por el suelo hasta que su espalda dio contra la pared, apretando la película contra el pecho, sintiéndose enferma de repente. No, no, no, no. Esto no. Ella no era como Poe, ella no resistiría, caería redonda con el primer puñetazo. Y joder, ahora, justo ahora, todas las cámaras apagadas.
-¡Eh! ¡Ghana! – Llamó el gamorreano de la puerta al que permanecía dentro. – No he encontrado al Líder Supremo pero sí que he encontrado a este pichón. – Avanzó hacia ella y Rey aprovechó para ponerse en pie y escaquearse de ellos. Si corría, como lo había hecho en las calles, quizás pudiera cerrar la puerta del sótano con ellos dentro. – Menudo bocadito más apetitoso.
Pero no tuvo esa suerte. Sintió la enorme mano de aquel tipo alcanzándole la cadera. Pudo zafarse, pero dio un traspié y cayó de bruces al suelo, con las manos por delante y la película resbalando a metros de ella. Mierda. Intentó levantarse, rauda y hábil como una gacela en plena carrera. Pero sintió que la cogían de un tobillo y la arrastraban.
Gruñó, pataleando como una bestia, dando coces a diestro y siniestro hasta que dio con algo y volvió a levantarse, escuchando sus risas a sus espaldas justo antes de que volvieran a atraparla.
-Es como uno de esos ratones que atrapamos en el rosal de Madre. – Oyó decir al otro entre risotadas. Estaban disfrutando del espectáculo de escapismo que estaba dando.
La cogieron por el brazo y ella tiró con fuerza, incluso cuando consiguieron alzarla en volandas como si fuera una muñeca de trapo. Dio patadas y una de ellas debió darle a uno en las costillas porque volvieron a soltarla haciéndole caer al suelo de nuevo. Corrió y una fuerza de demolición la estrelló de espaldas contra la pared más cercana, arrancándole todo el aire del pecho con el golpe. Cuando abrió los ojos, la visión borrosa y movida le mostró los rostros de los dos gamorreanos que se alzaban ante ella, sonrientes, victoriosos, relamiéndose. Y entró en pánico.
Cogió el poco aire que había recuperado y gritó tanto como sus pulmones le permitieron… Justo antes de que le cogieran la cabeza con una de esas manazas y le estamparan la sien contra la pared de ladrillo.
…
Alzó la mano hacia la nuca, como hacía siempre desde hace años, un acto reflejo que ya era tan natural como bostezar. Sintió su cuello resentido por la posición que había cogido en la butaca. Y en cuando esa palabra ocupó su mente, lo hicieron los recuerdos de lo que acaba de pasar. No pudo evitar la sonrisa. Esa chica era… Esa chica… Alargó la mano hacia la butaca en la que debía encontrarla. Abrió los ojos. No estaba.
No estaba a su lado. No estaba en frente de él. Ni encima de él, como debería haber permanecido. No estaba en la sala. Se puso en pie y corrió a la cabina. Ahí tampoco estaba, ni ella, ni la película. Se pasó la mano por el pelo. Tenía que haber ido a dejar la película en su sitio. O al baño. O…
De repente, un grito desgarrador atravesó el silencio del cine enervando todos sus nervios al segundo. Un grito que se cortó abruptamente, casi al instante. Y él conocía ese grito. Eran los gritos que daba alguien cuando realmente temía por su vida. Pero sobre todo, reconoció de quién era el grito. Lo reconoció como si se hubiera quedado para siempre grabado en su piel, pero no así. Nunca así. No a ella. No a Rey.
Corrió escaleras abajo, saltándose los escalones tan rápidos cómo sentía pasar un tiempo crucial, abriendo de un golpe la puerta del sótano. Y lo que vio fue desgarrador…
-¡Por la puta Fuerza bendita! ¡¿Qué coño estáis haciendo!?-Los tres gamorreanos frenaron en seco ante aquel berrido. Y la calma regresó momentáneamente al lugar, haciendo que todos viraran hacia él.- ¡Haced el favor de soltarla!- Y obedecieron al segundo. Alejándose de allí mientras Kylo sentía que empezaba a perder el control allí mismo. Y no era para menos…
Conocía aquella mirada lasciva en esos tres cerdos que tenía enfrente. Los tres se habían apelotonado, aprisionando a Rey contra un pilar, inmovilizándola de la forma más forzada posible mientras uno de ellos intentaba alcanzar su ropa interior, agazapado.
No quiso pensar en qué hubiera pasado si hubiera tardado un poco más, unos segundos más.
La mano se le fue involuntariamente, golpeando una estantería mientras la chica se apartaba, adecentándose la ropa y agachándose para recuperar la película. Y uno de los guardias pareció hacer algún comentario por lo bajini. Algo que Kylo no llegó a escuchar pero Rey sí, para desgracia del gamorreano pues la chica se giró furiosa y le atestó un puñetazo en toda la cara que casi hace que aquel grandullón perdiera el conocimiento.
Entonces caminó, enfadada y molesta, al lado de Kylo. Ocultando lo temblorosa que estaba, mirándoles desde lejos de vez en cuando, con la mandíbula ladeada. Dedicándoles una mirada de asco. Kylo no perdió de vista sus rodillas ensangrentadas y las marcas que acababan de hacerle.
-¿Estás bien?- Le susurró cuando llegó a su lado. Rey asintió con la cabeza y entonces escuchó al guardia quejarse desde lejos.
-¡Vuelve a ponerme la mano encima y te juro que te dejo el otro ojo igual o peor, desgraciado!- Kylo estiró el brazo, interponiéndolo entre la chica y aquellos salvajes.
-Ve arriba. Espérame en mi despacho.- Dijo, quitándole la película de un suave tirón y Rey asintió, subiendo las escaleras mientras Kylo dejaba la película en una estantería y se encaraba a los gamorreanos.
-Ren, esa chic…
-¿Qué coño os habéis creído que es esto? ¿¡Qué coño hacíais tratando así a una empleada del local, gilipollas!?- Sus gritos dejaron sordos a dos de los gamorreanos, quienes alzaron los hombros intentando escudarse en ellos.
-Perdón, Ren… Pero esa chica…- Kylo volteó hacia Ghana, furioso.- Esa chica estaba husmeando.
-No estaba husmeando, gilipollas.- Y Kylo apuntó a la estantería.- Estaba dejando una puta película, cumpliendo su trabajo ¡¿Qué hacíais vosotros!? ¡¿Incumplirlo!?- Hizo una pausa mientras gruñía entre dientes, recordando la noche que tuvo que personarse para solucionar el interrogatorio de Poe.- ¡¿Otra vez?!
-Pero…
-¡¿Habéis terminado de descargar?! ¡¿O eso también me va a tocar hacerlo a mí!?- Los tres retrocedieron un paso, observando a Kylo con terror… Pero con cierto matiz de injusticia al ver que no osaba escuchar su versión.
-Está terminado, Señor.
-Pues salid de mi vista cagando midiclorianos si no queréis que practique el Medievo en vuestro culo.- Gruñó, mirándoles uno a uno. Viéndoles asentir y retroceder torpemente, a trompicones, intentando salir de allí por la puerta trasera.
Él se quedó allí, de pie. Observando la escena y maldiciendo haber apagado las cámaras. Dirigió la mirada hacia ellas y decidió que las encendería justo cuando fuera a marcharse.
Suspiró, ladeando la mandíbula y entonces dio media vuelta, apagó la luz que Rey quizá habría prendido para poder ver allí dentro, y avanzó por las escaleras tras cerrar la puerta.
Joder, temblaba con solo pensar en lo que hubiera podido pasar si se hubiera demorado un segundo. Un maldito segundo. Y Rey dejaría de ir a trabajar, se marcharía, tendría que ir a terapia, quizá les denunciaba y entonces se destaparía todo lo que ese condenado cine estaba cubriendo.
Se mareó al instante, necesitando sujetarse a la barandilla, temiendo por su vida si hubiera tardado un segundo más. Por una vida condenada a la miseria, sin ella. Condenada a ver aquello que tanto sudor le estaba costando mantener lejos de la cabeza de Snoke, cumpliendo con cada misión.
El chantaje funcionaba bien en él si se trataba de su madre.
Siguió subiendo las escaleras, percatándose de que había apretado tanto los puños que se había clavado las uñas en las palmas. Y maldijo una y mil veces a aquellos tres idiotas que tenía por secuaces. Aquellos idiotas que no podían estarse quietos y hacer su trabajo de una maldita vez.
En el momento en que rodó el pomo de su despacho y abrió la puerta, encontrándola al otro lado, aquellos tres gamorreanos dejaron de tener fuerza en su cabeza. Dándole todo el espacio a Rey, quién se giró, sonriente. Kylo se acercó a ella, cuidadoso.
-¿Estás bien?- Volvió a repetir y ella asintió hasta que él llegó a su lado e hizo virar la silla, encarándola a él.- Déjame ver esas rodillas…
-Es un rasguño.
-Un rasguño que con toda la mugre que hay ahí abajo puedes pillar una buena infección.- Quitó la tierrecita y el polvo que se habían pegado a la piel de la chica, viendo hasta dónde llegaba la herida y si era tan profunda como aquellos chorretones de sangre, partiendo de ella y surcándole toda la espinilla, le indicaban que era.- Acompáñame al baño, nena. Voy a curarte esto.
-No te molestes.- Dijo, poniéndose en pie pero la rodilla le escocía como nunca. Boqueó ante el dolor y Kylo negó con la cabeza.
-No, nena. Ven conmigo.- Y la tomó de la cintura, ayudándola a que no se le hiciera tan complicado el andar.
Rey se sentía en una nube ante tantos cuidados aunque un conflicto empezó a crecer delante de ella. Sin su arma… no era nada ¿Acaso valía para ser policía? Estaba claro que aquellos tres tipejos podían con ella y con cualquiera, eran grandotes, fuertes, quizá pichándose esteroides o quizá matándose al gimnasio –o una suma de ambas- pero el caso es que podían con ella e incluso con otro agente, si se ponía exquisita… Pero su cabeza parecía que hoy estaba configurada para ver el lado oscuro de la realidad.
Llegaron al lavabo y Rey tomó asiento encima del mármol del lavamanos, Kylo no dudó en sacar el botiquín de un armarito especial, escondido al público.
Y procedió a limpiarle la rodilla mientras Rey sentía que aquello era demasiado. Pero se encontró con Kylo arrodillado frente a ella, viendo cómo aquellas manos también sabían curar.
Odiaba darse cuenta pero, desde que le conocía, jamás le había visto hacer nada malo con ellas. Y creía firmemente a Poe sólo que… Se le hacía cada día más complicado ver en Kylo al monstruo que le habían dicho que encontraría.
-Siento mucho que haya pasado esto.- Habló, alzando los ojos hacia ella y obligándola a aterrizar.- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde te han asaltado?- Y Rey boqueó, desviando la mirada. Le costaba mentirle. Mucho. Y aquello no presagiaba nada bueno.
-No lo recuerdo… Ha sido tan rápido que… -Kylo negó con la cabeza.
-Tranquila.
No, de tranquila, nada. No podía tranquilizarse. Se había olvidado de cómo se hacía eso. Sentía que todo sucedía a su alrededor con la cadencia de goteo, mientras dentro de ella resonaban cascadas. No era capaz de concebir qué le estaba pasando, por qué Kylo había empezado a importarle, aun a sabiendas de todo lo que había hecho. Era como si su trato con ella lo anulara todo. Y no era así, en absoluto lo era, ni lo podía ser.
Se pasó la mano por la frente, sintiendo cómo le palpitaban las sienes. Tenía que ser eso. Tenía que ser la conmoción del golpe que había recibido. Sí, eso era. Mañana sólo le dolería la cabeza, no todo lo demás. Incluso lo que no tenía sentido alguno que le doliera. Eso no era práctico. Ni iba a ayudarle a sacar su misión adelante. Ni a sacarla de aquel embrollo. Pero a estas alturas, le bastaba con salir. Porque sabía, ella sabía, que no llegaría a su meta sana y salva, ni ilesa. Lo que tenía que procurar es que el balance de daños fuera el mínimo posible. O invisible.
Le vio ponerle una cinta adhesiva de sutura justo antes de posar los labios sobre su rodilla lacerada, y algo dentro de ella se removió como un torbellino, llevando unas lágrimas a sus ojos que no se tragó a tiempo. Por la Fuerza, cuánto deseaba que todo, todo se curara con un beso en la herida. Se irguió ante ella, con su cuerpo entre sus piernas y, esta vez, sin más propósito que acercarse a ella. Sin más, sin intenciones sexuales, por primera vez desde… Desde el tiempo suficiente para importar. Y le vio alzar la mano hacia su cara, retirando los mechones de pelo que se le habían soltado entre el sexo post-película y el forcejeo con los chicos, descubriendo el moratón que empezaba a formarse en su sien, abultándose y coloreándose. Le vio torcer el gesto.
-Seguro que no se ve tan mal si me pongo a tu lado. – Le provocó, recuperando la picardía de los comentarios con los que solía atacarle. Kylo la miró, alzando una comisura mientras le miraba a los ojos, pasando el pulgar por el pómulo de la chica, recorriendo sus pecas, justo por debajo del golpe para que no le dolieran sus caricias.
-Entendería perfectamente que no quisieras volver mañana. – Le soltó. Y dijo "mañana" como si dijera "nunca". Rey se encontró ladeando la cabeza contra su mano, anclando los pulgares a las hebillas de sus vaqueros, aceptándole con ella. Sonriéndole al tiempo que negaba de forma casi imperceptible.
- ¿Y quién iba a ayudarte con esta reliquia de cine si no? – Le vio fruncir el ceño, a punto de soltarle alguna respuesta que ninguno de los dos quería oír. - ¿Quién va a provocarte y darle sentido a esa mesa enorme de tu despacho? – Le vio boquear, ante aquello que no se esperaba. Tiró de él para acercarle más, sintiendo cómo sus largos dedos se enredaban entre los mechones de pelo rebelde que habían escapado del recogido. - ¿A quién vas a convencer de todas las cosas que le gustan sin que ella lo sepa sino a mí? – Se sintió como un animal salvaje marcando su territorio pero, para su sorpresa y su desgracia, no lo sintió incorrecto. Y aquello, todo eso, estaba mal. Fatal. Pero se sentía bien. Jodidamente bien.
Kylo se inclinó con cuidado sobre ella, como si temiera que se escurriera por debajo de él y se escapara, sin volver a verla. Pero Rey no iba a moverse de ahí. Tenía cosas que hacer, asuntos que arreglar. Y su mano sosteniéndole de la melena en un puño. No iba a irse a ninguna parte. Y cuando sus labios rozaron los suyos como el aleteo de una mariposa, Rey sintió que se deshacía en la dicotomía entre su agarre fuerte y su beso suave. Tiró más de él, más cerca de ella, exigiendo que la besara bien, cómo él sabía, que ella no iba a romperse y mucho menos mientras aprovechaba para colar las manos por sus costados, acariciándole. Y él permitiéndolo. Por ella. No pudo evitar sonreír entre sus labios mientras Kylo relajaba su agarre y le recorría la línea de la mandíbula con los nudillos antes de volver a fijar la mirada en ella, enfocándose.
-Recoge tus cosas, nena, te llevo a casa. –Ella sonrió, besándole la barbilla antes de bajarse del lavabo con cuidado. – Te espero abajo. – Rey asintió, agradeciéndole internamente que no la tomara como una desvalida por una herida en la rodilla y decidiera llevarla en brazos escaleras abajo.
Recogió su bolso y su abrigo y bajó las escaleras algo más lento que de costumbre, empezando a notar los golpes que había recibido, de los gamarroneanos, de sus caídas y de sus propios forcejeos. Y al llegar a la calle, el aire fresco fue un alivio tan increíble y liberador como ver a Kylo ante ella, esperándola sobre su moto, aquella bestia negra, enorme, salvaje, que rugía con una fuerza desmedida. Kylo le ofreció un casco y ella se apoyó en él para ayudarse a subir. Por supuesto que iba a subirse a la moto en plan amazona, no como una princesa. Y se abrazó a su cintura con fuerza cuando le sintió arrancar, una fuerza de propulsión que casi la escupe a la carretera si no se hubiera agarrado a él. Luego sonrió a su espalda. No le gustaba que le acariciaran pero ella se iba a plantear el lastimarse las rodillas más a menudo.
Y aunque no era la primera vez que montaba en una moto, sí que era la primera en la que se encontraba perfectamente acomodada a la espalda de alguien. Entre la sensación de volar sobre el asfalto con suavidad, el aire cortante en sus mejillas aliviando la sensación de agobio y la amplitud contra la que se apoyaba, casi se sentía a punto de coger el sueño, agotada y cerca de fundirse los plomos por saturación. Incluso estaba casi segura de que Kylo a veces moderaba la velocidad cuando la sentía floja tras él, casi temeroso de que se descolgara y cayera de culo a la carretera. En aquel duermevela anestésico apenas sintió la frenada, suave y ligera como si sólo se deslizara. Y luego sintió las manos de Kylo, quitándole el casco y obligándole a centrar la mirada.
-Niña… - Le pasó el pulgar por la mejilla y le apartó los mechones rebeldes de la cara. – Sube a por tus cosas. Te espero aquí. – Rey le miró casi sin entender.
-¿Qué? – Trató de centrarse y volver a encender las neuronas justas para saber qué le estaba diciendo. – Pero si ya estoy en mi casa.
-No vas a pasar la noche sola con lo que acaba de suceder, Rey. – Vio que la chica abría la boca para rebatirle y se adelantó. – Sé que ahora estás tranquila, pero puede ser que, en cuanto te despejes, entres en pánico. Y no voy a permitir que estés sola entonces. – Rey parpadeó, contrita, casi incapaz de entender cómo era posible que mostrara esa preocupación, alguien como él, ante alguien como ella. En cualquier aspecto y desde cualquier perspectiva.
- Pero si ya estoy en casa. – Repitió, como si su cabeza, con la conciencia justa, fuera incapaz de darle más respuestas coherentes. – Puedo ya quedarme aquí, no me va a pasar nada. – Le vio coger aire antes de arrastrar la mano de su mejilla a su nunca y acercarla aun más a él, con sus caras a unos centímetros.
- ¿Me estás invitando a subir y pasar la noche contigo, nena? – Le provocó. Y eso terminó por encenderle todas las luces a Rey como si fuera un festival de diodos multicolor. No podía permitir que subiera a su apartamento. Lo echaría todo por tierra. Y era demasiado pronto. Aun no tenía el suficiente material para echar a correr bien lejos de allí.
- No, no. – Dijo con una rapidez que podría haberla delatado. Sin embargo, él no pareció malinterpretarlo. Sólo elevó esas comisuras suyas y volvió a separarse de ella. – Quiero decir… - Ay, joder. ¿Por qué tenía que ser todo así? ¿Iba a pasar la noche en casa de Kylo? ¿En serio? ¿En qué se había convertido su vida de repente? Joder. Desvió la mirada hacia la acera, como reuniendo valor, antes de volver a enfrentar su mirada. – Está bien, espérame.
- No me voy a marchar sin ti, nena. – Pero sí que se apartó de ella lo suficiente como para que se bajara de aquella bestia nocturna que tenía por moto y pudiera ponerse en pie y pasarle sin hacer acrobacias que, tal y como sentía la cabeza, como llena de algodón, no se veía capaz de hacer sin darse de bruces contra el bordillo. Sin elegancia alguna.
Ni siquiera miró atrás cuando se cerró la puerta del portal. Y se planteó no volver a bajar. Pero era arriesgarse a tenerle echando su puerta abajo. Al final, como venía siendo el truco desde hace semanas, Rey salía ganando si cedía. Y era otra gran oportunidad para conocerle, para intimar con él de verdad.
Todo lo sinceramente que podía permitirse, claro.
