15. Plano Detalle
La luz del día empezaba a entrar tenue por la ventana a través de las pequeñas rendijas de la persiana cuando Kylo abrió los ojos. Demasiado pronto, como malditamente siempre. Se echó el brazo sobre la cara, dando un larguísimo suspiro, cayendo de repente en que era una de las pocas veces que había dormido… ¿Bien? Miró al techo casi con desconcierto. Luego a la mesilla, descubriendo que no, esta vez no había ninguna botella vacía coronándola. Pero después lo sintió. Un pequeño bulto de mantas arremolinadas moviéndose a su lado en aquella cama, un pequeño gruñido de pereza y otra vez la quietud absoluta. Se atrevió a mirar, como si fuera a desaparecer en cuanto posara los ojos en ella.
No sucedió así. Ahí seguía. Plácidamente dormida bocabajo, con media melena sobre la cara, casi despreciando la almohada y con una pierna fuera de las mantas, como si se hubiera peleado con las sábanas. No pudo evitar sonreír. Se lo permitió incluso, aprovechando que nadie le miraba. Ella seguía ahí. Le había dicho varias veces que era libre de irse, porque Kylo sabía que él no era un tipo fácil de tratar, y las circunstancias se habían ido enrareciendo cada día más, a pasos agigantados. Había querido que ella tuviera bien claro que había una puerta de huída, que podía marcharse. Que podía dejarle a él y sus provocaciones, su cine, sus movidas y el peligro que subyacía en todo lo que le rodeaba. Y aun así, Rey seguía ahí, y no sabía muy bien cómo ni por qué.
Y a él no le estaba haciendo ningún bien, eso lo tenía clarísimo. Habría sido más fácil verla irse cuando todo empezó a enmarañarse. Habría sido más sencillo para todos. Y le daba una y otra vez la oportunidad de marcharse porque, si la decisión tuviera que depender de él, no iba a ser capaz de alejarse de ella. Aunque eso le dejara esperando, cada día, que ella se marchara de su vida como hacían todos. Y no lo impediría, no podría.
Por eso, el hecho de que aquella chica se mantuviera a su lado, dando un paso tras otro por acercarse a él, tanto que ni ella misma parecía ser consciente de cuánto, era una incógnita que escapaba a su comprensión. Un enigma que quería resolver y, al mismo tiempo, no. Al mismo tiempo, sólo quería aprovechar cada segundo que ella siguiera atreviéndose a pasar a su lado.
Volvió a recorrer su cuerpo con la mirada, procurando no hacer ni un solo movimiento, ni un solo ruido que pudiera alterar su sueño. Y recordó cómo había tenido que echarse su mochila al hombro y cogerla en brazos porque se había vuelto a quedar casi dormida abrazada a su espalda, cargándola escaleras arriba mientras la sentía murmurando contra su pecho que podía dejarla en el suelo. Que aunque él no pareciera entenderlo, no era una niña. Y, aun así, había tenido que esforzarse de verdad cuando sentó a su niña sobre el borde de la cama para poder desvestirla. Ella cabeceaba, agotada, queriendo entrar por fin en el umbral del sueño profundo, mientras él tironeaba de su vestido y lo cambiaba por una de sus camisetas, que aunque fuera cinco veces más grande que ella, parecía hecha sólo para cubrir su cuerpo.
Y tras aquella hazaña digna de un cantar, Rey se las apañó para caer dormida antes de rozar la almohada. Aunque a él, sin duda le costó un poco más que eso. Había estado cerca de una hora tan sólo dando vueltas, pensando en todo sin poder centrarse sólo en una cosa, dándole vueltas a cómo la chica había logrado meterse de lleno en su vida casi sin querer, cómo su manera de retarle y de provocarle le había arrastrado felizmente a girar, de algún modo, en torno a ella, a sus miradas, sus gestos y su forma de responder ante él. De hecho, la sola idea de que Rey tuviera que saber sobre la Primera Orden, más pronto que tarde, casi le quita el sueño. En condiciones normales, lo habría hecho. Habría sentido abrirse un boquete en el techo del tamaño de su angustia para caer justo sobre su pecho impidiéndole moverse y respirar hasta que rayara el alba. Pero, para su sorpresa, tener a su niña al lado había sido como dormir arrullado, como si el techo le hubiera dado una tregua por temor a aplastarla a ella.
Elevó la mano, dispuesto a apartarle el pelo de la cara, descubrir sus pecas, su gesto tranquilo sin ese ceño fruncido con rabia y verle abrir los ojos. Pero se contuvo a tiempo, con los dedos rozando el aire. No quería despertarla. Y ella necesitaba robarle todas las horas que necesitara al día para poder descansar. Se le inundaba el cuerpo de ira y se le atenazaban los nervios al pensar en qué podía haber ocurrido si no hubiera llegado al sótano a tiempo. Cogió aire profundamente, cerrando los ojos con fuerza, antes de separarse de ella, levantarse de la cama casi sin alterar el equilibrio del colchón y andar directo al baño, sin hacer un solo ruido que pudiera sacarla de donde estaba.
Al cerrar la puerta del baño, su propia imagen le atacó desde el reflejo del espejo. Debía afeitarse y esa puta cicatriz no iba a ponérselo fácil. Porque claro, ¿por qué ponerle las cosas fáciles a Kylo? Frunciendo los labios, también cayó en la cuenta de que, al fin y al cabo, la cara había sido lo único que quedaba por marcar así que, en parte, tenía sentido.
Y empezó su hazaña sin saber muy bien cómo abordarlo sin hacer que algún que otro punto saltara de un tirón… Lo que menos quería era volver a amoratarse el contorno del corte, que ya empezaba a perder intensidad. Suspiró y empezó a aplicarse la espuma.
…
Empezó a mover los dedos por inercia, como un reclamo de su cuerpo pidiéndole movilidad a ese brazo que empezaba a sentirse ajeno pese a estar sujeto a su propio cuerpo. Rey tomó aire, rodando sobre la cama y apretando y destensando el puño, bombeándose para recuperar la psicomotricidad de su extremidad más preciada. Y se saboreó amarga mientras abría los ojos con parsimonia, propia de quien no quiere despertarse todavía. Aquel techo de blanco impoluto hizo que abriera los ojos de golpe, observando de lado a lado para confirmarse que no estaba en aquel cuchitril que tenía por piso temporal. No. En absoluto. Aquella casa no era suya.
No olía a suya, no se veía suya ni mucho menos la recordaba como la suya. Se sentó en la cama con cuidado, sintiendo cómo el cuerpo se quejaba a medida que recuperaba movilidad. Unas marcas rojas de forcejeo a punto de convertirse en galaxias moradas, adornaban su antebrazo. Todo lo que las vendas mostraban de él. Y recordó la noche del cine de golpe, conectando al fin y poniéndose al día tras procesarlo todo en un único segundo.
Viró los ojos al otro lado de la cama, desecha. Posó la mano en el colchón y lo encontró tibio, a punto de entrar en el frío de la habitación, perdiendo el calor corporal de quien se hubiera acostado allí. Y Rey sabía perfectamente quién era esa persona… Tomó aire, analizándose.
Recordó caer rendida y nada más. De hecho había dormido muy bien, extremadamente bien. Arrullada, calmada, tranquila gracias a que alguien había velado por su bienestar. También sabía quién era el responsable de eso.
Un quejido le hizo voltear la cabeza a una puerta entreabierta por la que se colaba una luz blanca y potente. Otro quejido más seguido de un juramento en alto. Luego el tac-tac-tac-tac de una cuchilla golpeando el mármol, acto seguido el agua cerrándose. Y silencio. Otro quejido y Rey no pudo más con la intriga, ni la curiosidad… Ni las ganas de asegurar que era él quien estaba ahí.
Se levantó con cuidado de la cama, abrazándose a sí misma y andando descalza por la moqueta del suelo, lentamente. Llegando al fin a aquella puerta entreabierta y se posicionó para espiarle a través del hueco, encontrando su ancha espalda cubierta por una camiseta negra, coronando la parte superior con su pelo suelo. Allá volvía otro quejido, seguido de un "joder" pintado con la desesperación más chillona que podría imprimir en su tono. Rey tomó aire y entreabrió un poco más la puerta, lentamente y entonces Kylo apuntó a Rey con el dedo sin darse la vuelta.
-Espérate un segundo, nena, que termino enseguida.- Y Rey frenó su acción ante sus palabras y arqueó una ceja, dudando de las mismas.
-¿Qué terminas enseguida de qué? ¿De hacerte un desastre todavía más grande? – Y Kylo bajó la mano poco a poco mientras se giraba hacia ella. Rey tragó saliva, intentando no exteriorizar el impacto que le dio aquella imagen. Se había saltado un par de puntos en la parte inferior de la herida, cerca de la curva de la mandíbula. Y se miraron sin decirse nada durante un segundo mientras un pequeño río de sangre descendía por el cuello de Kylo, apurado. Como si tuviera prisa por llegar a donde fuera que quisiera llegar. Rey fue a decir algo pero Kylo se adelantó.
-No hay nada que puedas hacer. Ve y sigue durmiendo… -Largó un suspiro, hinchando el pecho antes de desviar la mirada.- Yo salgo en nada.- Y volvió a mirarla intentando convencerle de algo que ni él mismo tenía asegurado conseguir.
Rey torció una comisura y negó con la cabeza antes de adentrarse al lavabo, desobedeciéndole. Obviando sus sugerencias u órdenes, poco importaba lo que fueran. Necesitaba ayuda, una que no pedía porque no parecía estar acostumbrado a hacerlo… O peor aún, quizá porque no encontraba a nadie que le echara una mano en un momento desesperado. Y ella no iba a obviarle, primero porque no era su forma de ser, por algo trabajaba donde trabajaba aunque aquello supusiera a veces auxiliar médicamente a alguien que no lo mereciera. Según Obi-Wan no era su destino juzgar, sino ayudar a mantener el orden. Y segundo porque le dolía verle así.
Condujo su mano con cuidado a la muñeca de Kylo, mirándole intermitentemente como si le pidiera permiso en silencio. Y él apartó la mano con suavidad.
-Nena, estoy bien.
-Déjame ayudarte.- Él rió nasalmente y Rey se relamió.- Déjame ayudarte como tú has hecho conmigo.
-Vete a la cama, no me obligues a llevarte allí.- Rey negó con la cabeza, obviando el tono pícaro con que Kylo le habló y entonces él pareció tomarse en serio la situación. Mirándola y esperando a ver qué era capaz de hacer su niña. Y Rey se acercó un poco más, mirándole la cara, aquella herida ahora un poco más abierta, analizando en silencio y buscando soluciones que recordaba de aquel cursillo médico que hizo en la academia.
-Si te quitas la espuma que queda, podré coserte… Si tienes agujas, claro.- Kylo asintió y le señaló un armarito mientras procedía a limpiarse. Rey se acercó al punto indicado y sacó del primer cajón un pequeño botiquín. Manchado con sangre reseca. Intentó pasarlo por alto mientras cerraba el armario, comprobando que en aquella caja estuviera todo lo que hiciera falta para poder curarle… Y así era.
Se dio la vuelta, viéndole quitarse el agua a toquecitos con una toalla negra y entonces cruzaron miradas. Ella le sonrió y salió del baño.
-Ven, sígueme.
Y Kylo fue a andar hasta que procesó aquello de forma distinta. Bloqueándose en el umbral de la puerta, observando a Rey con asombro, sin creerlo. Hacía tanto tiempo que no escuchaba ese nombre que su cerebro dio error. Se quedó mirando al infinito, preguntándose cómo era posible, cómo era eso posible, cómo podía ser que Rey supiera su…
-¿Kylo?- Regresó a la tierra con su toque, con el calor de aquella manita posándose en su antebrazo. Llamándole.- ¿Vienes?
Y asintió, reanudando la marcha y siguiendo a la chica, quien vagaba por aquel piso como si lo conociera pero ambos sabían que Rey improvisaba. Entonces encontró la cocina y se metió en ella no sin antes comprobar que Kylo estaba siguiéndola.
Rey dejó las cosas sobre la mesa de la cocina mientras Kylo la observaba, apoyado en la pared. Aquella chica parecía saber lo que hacía, sorprendentemente. Parecía conocer el material, parecía saber cómo prepararlo y para qué servía cada utensilio. Y se giró hacia él levemente.
-Siéntate en la silla.- Kylo rió nasalmente, acercándose. Ya iban demasiadas órdenes seguidas, como si Rey hubiera olvidado con quien trataba. Y no era por sentirse superior, por mantener esa jodida relación de superior y contratada, sino porque le hizo gracia lo seria que se había puesto y lo profesional que aparentaba ser en esos momentos.
Se acercó a ella colocándose a su espalda y posando ambas manos en su cintura, haciendo que Rey se quedara quieta, en el sitio.
-¿Vamos a jugar a los médicos?- Susurró con socarronería. Rey rodó los ojos.
-Vamos a jugar a que te voy a coser esa cara para que no parezcas Tuskenstein.
-Tuskenstein es el doctor.- Rey le miró con una ceja arqueada, sin saber a qué venía aquel dato tan irrelevante que a Kylo parecía encantarle soltar.- El doctor Tuskenstein y luego está el monstruo de Tuskenstein. No es lo mismo, niña.- Rey se pasó la lengua por el carrillo, aguantando las ganas de meterle dos puñetazos; uno por el tonito y otro por pasarse de listo con ella en ese sentido. Y Kylo sonrió, picándola a conciencia.
-¿Quieres ver cómo no te coso nada?- Y entonces fue a darse la vuelta para seguir preparando las herramientas pero Kylo arrastró la silla, sentándose tras alzar a Rey por la cintura hasta sentarla en la mesa frente a él. La chica se contrajo de la impresión del gesto y aguardó en silencio. Sintiendo cómo Kylo le recorría la cara con los ojos antes de negar con la cabeza.- Bien… Levanta la cara.- Kylo se la quedó mirando y la chica entonces cayó en la cuenta de sus frases. Viendo cómo le estaba tratando, olvidándose de quien era por un segundo. Era demasiado fácil. Con él todo parecía tan fácil.- Ehm… Levanta la cara ¿Por favor?- Probó suerte. Kylo alzó un poco más la ceja y Rey sonrió forzosamente, como si con aquello fuera a cerrar un combo efectivo.
Y apenas le dio tiempo a registrar la rapidez con la que se movió, sin importar que ella tuviera una posición más alta. Le vio separar las piernas y echarse hacia delante justo antes de cogerle la barbilla y obligarla a inclinarse hasta él, incapaz de apartar la mirada de sus ojos.
-No creerás que "por favor" es una palabra mágica, ¿verdad? – Le susurró con la cadencia gutural de un animal en plena caza, muy, muy cerca de sus labios, casi mofándose de ella.
- Contigo ha funcionado. – Se atrevió a decirle, con el corazón acelerado, sintiendo la adrenalina supurando sus venas, como cada vez que se encontraba envuelta en aquel juego, aquella dinámica que le ponía los nervios de punta al mismo tiempo que la dejaba colgando en el aire, pendiente de su respuesta, su siguiente movimiento, la mirada que volviera a darle movimiento en este tres por cuatro sorteando campos de minas y amenazas de placer.
-¿Está sugiriendo que debería cambiar mis costumbres? – Estrechó los ojos, queriendo estudiar el significado remoto de cada una de las micro-expresiones de su cara, soltando su agarre poco a poco y dejando que se acomodara para tratarle.
-Creo que suplicarte permiso para correrme es uno de los cambios más drásticos que he dado en mi vida. – Bajó la mirada, buscando el valor para enfrentarle tras decir algo así, sacando tiempo sólo de apoyar los pies en el hueco que habían dejado sus piernas separadas en la silla mientras cogía un óvalo de algodón y lo mojaba con desinfectante. Entonces, y sólo entonces, alzó los ojos hacia él, descubriendo su mirada divertida. – Tienes que admitir que, entre tú y yo, sólo estoy cediendo yo. – Y eso pareció desconcertarle por completo.
- Vaya… ¿Mi niña también tiene condiciones? – Es que era imposible no sentir ese regodeo en su tono. Rey se pasó la lengua por los dientes, cogiendo aire para sí misma.
-Seguro que sí, niño. – Y le puso la mano en la frente para echarle la cabeza hacia atrás, alzándole la cara para que ella pudiera posar el algodón sobre su herida. Ni siquiera pudo contener la sonrisa con cierto orgullo y una buena dosis de satisfacción personal ante su siseo contenido y ese brillo de furia en sus pupilas. Enterró los dedos en sus mechones negros, peinándole como si se tratara de amansar un animal salvaje. – Yo no me quejo cuando me tiras del pelo… - Desvió la mirada a sus ojos, calculadora, antes de devolver la atención a aquella mala sutura. – Y tú me vas a dejar que te cure la herida sin rechistar.
- Entonces, preveo que vamos a tener muchas cláusulas en nuestro acuerdo de condiciones. – Y Kylo iba a recordarlas todas, no iba a necesitar escribirlas en ningún sitio. Porque ahí, en la posición en la que estaba, podía asegurar que aprendería de memoria cada peca en su cara. Y que volver a casa cada madrugada con una herida nueva iba a ser condenadamente diferente si ella se despertaba por la mañana dispuesta a curarlas todas, con el cuidado y la delicadeza con la que ahora le trataba.
- ¿Ah, sí? – Le siguió el juego, internamente encantada, fluyendo sin darse cuenta. - ¿Cómo cuáles? – Se alejó un momento de él, dejando el algodón a un lado para buscar una aguja y lavarla.
- Como no volver a llamarme "niño". – Eso hizo que Rey alzara la cabeza hacia él, estrechando los ojos, acusativa. Y Kylo ya sentía los carrillos resentidos de tanto mordérselos por dentro para contener la sonrisa.
- Ah, muy bonito. ¿Debo obedecerte de la misma forma que lo has hecho tú conmigo cuando te dije que no me llamaras "niña"?
- Es una pregunta retórica, supongo. – Siguió provocándola, viendo con regocijo cómo emergía en ella esa ira contenida que le hacía llevarle la contraria sólo por ver hasta dónde llegaba. – Además, confesaste que te gustaba. – Y le sintió pasar las manos en una caricia ascendente por sus gemelos hasta la curva de sus rodillas, y agarrar de un apretón suave la carne de sus muslos.
-Este es un buen momento para que me digas cuál es tu palabra de seguridad, Kylo. – Le avisó, sin poder contener la risa ante la situación, alzando la aguja frente a él antes de volver a echarle la cabeza hacia atrás.
Y tal y como estaba en aquella posición, inclinada sobre él, con una mano enredada en su pelo y la mirada atrapada en la suya, no pudo evitarlo. Ni siquiera estaba segura de haber querido evitarlo, pero ya era tarde para pensarlo cuando posó sus labios en los suyos. Apenas un toque dulce, uno seguido de otro cada vez más suave, como si le costara separarse. Como una cría que abre el tarro de caramelos y siempre vuelve a por el último. Le pasó la mano por el pelo, sosteniéndole por la nuca antes de apartarse de su boca con cierta reticencia, y empezó a centrarse en la herida de nuevo. Una punzada tras otra, con cuidado y limpiando la herida cada cierto tiempo, haciendo como que no era consciente de que Kylo no apartaba la mirada de su cara ni un solo segundo.
-No tengo palabra de seguridad, niña. No me hace falta.- Rey alzó ambas cejas sin apartar la vista de los puntos que le estaba dando en la herida.- Sé aguantar bien el dolor...- Y le vio, por el rabillo del ojo, desviar la mirada un segundo, haciendo un esfuerzo inhumano quizá por… por ¿Callarse algo? Rey no iba a permitir que eso pasara. Así que se apartó como si comprobara el trabajo que estaba realizando, tomando distancia, y sin que Kylo se diera cuenta, haciendo como que se rascaba por encima de la venda, activó el micrófono de la mano con la que sujetaba su cabello. Y volvió a posicionarse dándole una puntada más.
-Ya creo que aguantas bien el dolor…- El picor en su cara le indicó que volvía a tener los ojos de Kylo sobre ella.- ¿Cómo te hiciste esto?
Kylo se quedó callado un segundo, apartando los ojos de ella mientras se canalizaba. Había evitado esa pregunta a toda costa, a cualquiera con quien se cruzaba. Siempre que se la veía venir por parte de alguien cambiaba de tema o preguntaba por algo de interés, interés de la otra persona. Y salía del paso airoso, sin explicaciones.
Pero estaba demasiado ensimismado observando a Rey como para ver venir aquella pelota, no la esperaba para nada en absoluto por muy absurdo que pareciese, pues le estaba cosiendo una herida de dimensiones considerables, profunda, de la que no sabía el origen. Era cuestión de minutos que la curiosa Rey le atacara con esa preguntita inocente para cualquiera que no viera la sombra tras él.
Y recordó que cuando llegó al cine después de aquel interrogatorio con Snoke, pensó que si se la encontraba y ella le preguntaba, con esa carita preocupada, no iba a saber contenerse. Porque Rey tenía ese efecto en él… Ella para él era distinta a todo lo que conociera –o le habían dado tiempo a conocer- y le gustaba. Rey era curiosa y desobediente. Sólo faltaba hablarle de Snoke para que la chica maquinara en encontrárselo. Parecía que sólo obedecía cuando intimaba con él, le daba ese poder sobre ella. Joder, estaba perdiendo el norte.
-Vale, no me lo cuentes…- Le pinzó mientras daba otra punzada. Kylo parpadeó, saliendo de su propia cabeza y centrándose en lo que estaba pasando. Rey le hablaba con aires de ego fingidamente dolido.- Está claro que esa historia se escapa de mi comprensión…- Desvió los ojos un segundo a los suyos y le mantuvo el contacto. Regodeándose internamente de ver esa cara de alucine total ante aquella respuesta a su silencio. Y Rey se alzó de hombros.- Guárdatela, ya no quiero saberla.
-No es una historia agradable y es muy larga de contar.- Rey sonrió de medio lado, focalizándose de nuevo en la herida de Kylo.
-No tengo ninguna prisa.
-Deberías porque dentro de ocho horas entras a trabajar.- Rey le miró y Kylo sonreía de medio lado, pillándola por sorpresa con aquel gestito que conseguía hacer que la chica perdiera el norte.
-Oh, espero que mi jefe sea comprensivo con eso, estoy lejos del trabajo y tardaré en llegar. -Rió, volviendo a la herida. Sin ver que a Kylo se le bajaban las comisuras lentamente. Procesando aquello. Y Rey dio una puntadita más.
-No me lo recuerdes.
-¿Hum?- Desvió un momento la cabeza hacia él y entonces le vio. Serio, preocupado…
-No me recuerdes que… Que soy tu jodido jefe.- Rió al fin, quizá para quitarle un poco de hierro al asunto y Rey le observó. Le vio desviar los ojos, ponerse nervioso, maldecirse, molestarse consigo mismo… Todo en un solo segundo. Y Rey también se sintió mal. Condenadamente mal. Regresó a la herida, dando una última puntada.
-Lo siento.- Y volvía a tener toda la atención de él sobre ella.
Terminó de darle esa puntadita antes de tomar el algodón y volver a pasarlo por toda la herida, añadiendo bálsamos y cicatrizantes. Sintiéndose satisfecha con su trabajo. Y tomó un poco de distancia, observándole antes de acercarse a su mejilla intacta y darle un beso suave, apenas un roce. Y la mano de Kylo subió hasta la mejilla de la chica, acariciándola.
-Ya estás.- Dijo ella, apartándose pero Kylo la retuvo en el sitio, manteniéndola cerca de él para poder observarla y entonces atrajo su rostro al suyo para poder darle un beso lento, tomándose su tiempo. Y Rey correspondió, cerrando los ojos y dejándose hacer. Siempre dejándose hacer.
Kylo mordió con suavidad su labio inferior antes de separarse de ella, acariciándole la cara y poniéndose en pie al fin, dirigiéndose al baño para poder mirarse. Y Rey le dio tiempo antes de bajar de la mesa y seguirle, parando en el marco de la puerta, apoyándose y mirándole. Mirándole cómo se miraba él, impresionado por el cambio, por cómo ella había conseguido que la herida no fuera tan zigzagueante, que tuviera estabilidad y que, de alguna manera, no resaltara tanto.
-No sabía que también sabías reparar estas cosas.- Rió sin darse la vuelta, mirándose todavía en el espejo. Y Rey sonrió.
-Soy bastante hábil con las cicatrices.- Kylo terminó girándose con cuidado, apoyándose en el mármol de la pila, mirándola mientras ella hablaba.- Bastante hábil.- Y se cruzó de brazos… Haciendo que aquellas marcas del encuentro desafortunado en el sótano se hicieran visibles a Kylo, quien condujo los ojos a esa zona. Y Rey bajó los suyos hacia donde miraba él y vio aquellas marcas, esta vez más moraditas, exhibirse en su brazo. Condujo su mano, tapándolas pero Kylo ya había sacado una crema de un estante y se encaminaba hacia ella.- No es nada.
-Tampoco lo que yo tengo en la cara es nada.- Rey se relamió y Kylo se agachó un poco, quedando a su altura, cerca de su oído. Rey pudo sentir su nariz, rozándole la mejilla, le escuchaba respirar. Suave, pausado, con cuidado de no hacerle cosquillas. -Déjame cuidarte.- Susurró, haciendo que Rey agradeciera estar apoyada en el marco porque las piernas le podrían haber fallado ante aquel tono.
Y ella asintió, perdiendo las riendas y sintiendo la mano de Kylo posarse en su espalda, conduciéndola hasta la cama de nuevo, donde ella se sentó junto a él, con las piernas subidas al colchón.
Kylo abrió el bote mientras Rey observaba la habitación, quizá el cuarto era grande pero la inmensidad de aquella cama con postes altos hacían que la estancia se encogiera al segundo, haciéndola asfixiante pero no demasiado. Íntima, como un refugio.
Apenas tenía decoración, quizá algún cuadro pero poco más. Y el armario empotrado en la pared le hizo pensar a Rey que no habría otra forma de meter un armario allí dentro. Sonrió, imaginando qué podría haber allí guardado, si todo estaría tan ordenado como la estantería junto a la esquina de la puerta.
Alzó la vista a los postes de la cama, viendo que también seguían por encima de la misma. Quizá debería haber alguna especie de cortina o manta recubriéndolos y dando más intimidad a la cama, pero Kylo debió quitarla por algún motivo… Aunque conociendo sus peculiaridades sexuales, Rey podía hacerse una idea aproximada.
Y podría haber seguido divagando hasta que sintió que se le aflojaba una venda. Bajó los ojos hacia Kylo, quien estaba destensando aquella tela y Rey apartó el brazo enseguida, llevando los dedos a apretar de nuevo sus vendas.
Se quedó un instante paralizada, sintiendo el miedo como un cristalito roto a punto de crujir en la boca de la garganta, cogiendo aire a duras penas. Y todo su terror se debía a que, a lo tonto, estando tan cómoda con él, que casi, casi se había olvidado de todo. Sin embargo, Kylo parecía estar leyendo su terror de otra forma, una igualmente válida, cuando volvió a cogerle de la cara, haciendo que le mirara a los ojos de nuevo, obligándola a respirar.
-Está bien, nena. – Le pasó la mano por la cara, recorriéndola en una caricia, apartándole el pelo de la frente y las mejillas, centrando su mirada. – No pasa nada. – Le rozó los labios con el pulgar antes de dejar la mano en su mejilla, centrándola. – Son sólo cicatrices. No puedes tenerles ningún miedo. – Y él mismo veía la ironía de sus propias palabras, cuando aún no había sido capaz de desnudarse ante ella para no tener que la interrogación en su mirada por cada señal en su cuerpo, que no eran pocas.
- Kylo, por favor. – Y ese "por favor" no era de esos con los que jugaban, sino de los que hacen que lo siguiente que oigas sea un portazo. – Aun no. – Se atrevió por fin a alzar la mirada hacia él, presa contenida de su propio pánico, arriesgándolo todo como nunca antes se había sentido haciéndolo. – Aun no. – Repitió, como una súplica que no llegaba del todo a formularse en sus labios. Kylo asintió apenas perceptiblemente, acunando su cara antes de posar sus labios sobre ella, en una caricia más de esas que hacían que te ardiera la piel que rozaba. Y solo cuando le sintió apartarse de ella, se atrevió a abrir los ojos de nuevo, relamiéndose y llevándose con la lengua aquel beso.
-No te preocupes. – Y Rey sintió que cogía su mano, entrelazando sus dedos con los suyos, apremiándola a remitir el temblor de pánico y recuperar el control sobre sí misma. Le vio volver a acercarse con la crema a las marcas de sus brazos y ella dio un tirón involuntario casi buscando volver a apartarse. – No voy a tocarte las vendas, Rey. No te comportes como una cría. – Y eso, definitivamente, le dio en centro de sí misma, recobrando la compostura que había perdido con sólo pensar en las posibilidades que se abrían y se cerraban ante ella.
- A lo mejor, si no me trataras como a tal… - Le soltó, dándose cuenta demasiado tarde de que lo había dicho a propósito, apelando a su orgullo para hacerle salir de dónde fuera que se hubiera visto atrapada. Pero ya era tarde. Y Kylo la miraba de aquella forma, como si fuera comérsela… Llevando su mano, enorme y con una fuerza gentil y calculadísima hasta su cuello, abarcándolo casi por completo, y volviendo a acercarla a él de un suave tirón.
- Enfádate conmigo todo lo que quieras, Rey. – La chica llevó una mano para cubrir la suya, aguantándole la mirada, casi retándole. – Pero ni se te ocurra ponerte arisca conmigo o te ato a la cama con un vibrador entre las piernas y me voy a trabajar. – Rey pudo sentir cómo se le subían los colores a las mejillas. Y sabía que él también lo estaba viendo. – Ibas a estar muy suave cuando yo volviera.
- No te atreverías. – Esta vez llevó las dos manos a cubrir la suya que le agarraba el cuello y, al ver cómo alzaba la ceja ante el reto, cogió aire. Sí que era capaz. – Quiero decir… -Kylo ladeó la cabeza, dándole la oportunidad de rebatírselo, sin que ella supiera que, de ser cualquier otra y no su niña, iba a pasar la mañana demostrándole cómo sí que podía hacerlo. – No podrías irte a trabajar y dejarme aquí, sin más. Estoy segura de que querrías quedarte, para verme y escucharme.
- Me encanta que aprendas tan rápido, nena. – Y, con una última caricia, le soltó el cuello, recuperando su brazo, alzando la manga de la camiseta que le había prestado para dormir, y extendiendo la crema en los moratones que se dejaban ver por encima de las vendas. Con cuidado, como si temiera hacerle más daño rozando cada hematoma. Luego, sobre el hombro contrario. Y con cada golpe, le veía fruncir los labios, como si ese daño lo hubiera provocado él. – Date la vuelta. –Le escuchó ordenarle. Y sólo por el tono, Rey se encontró obedeciendo, y sintiendo cómo sus manos retiraban la tela de la camiseta para descubrir su espalda… Y extendiendo un poco más de crema en algún punto entre sus omóplatos. Ese debió ser el golpe contra la pared, rememoró Rey, casi dejándose caer sobre su pecho, duro como una roca.
- Gracias. – Le concedió, cuando terminó de cuidarla, apoyando la cabeza sobre su hombro justo a tiempo para ver cómo su mirada se fijaba en los moratones de la cara interna de sus muslos. – No. – le paró cuando le vio recuperar el bote de crema. – Esos son tuyos. – Le confesó. Y una parte enfermiza de ella había querido sentirlos tanto como le durasen. – Esos me gustan. – Prosiguió, al ver que algo en la cabeza de Kylo parecía estar dando error por cada vez que ella decía algo así.
Sólo por esa mirada que le dedicaba, Rey sabía que no era ella la que estaba siendo marcada.
...
Andaba con un paso más altivo al habitual y es que estaba contento, extrañamente contento.
Tenían novedades acerca del desertor. Tenía ya descartados los hospitales en los que no estaba siendo atendido y una lista de diez en los que sí podría estar. Snoke no daba señales, lo cual significaba que estaba despreocupado con ese tema por el momento. No podía esperar que esa sensación de sosiego durara mucho pero el pelirrojo sabía que, al menos, el día de hoy lo tendría tranquilo en ese aspecto.
Dio un sorbo a su vaso de cartón del StarHutts y volvió a alzarlo frente a él, sonriente. Por primera vez en años habían escrito bien su nombre completo. Sin ninguna falta, sin ninguna aberración gramatical. Y no tuvo ni que deletrearlo.
Se paró en el semáforo previo al cruce que le llevaba al cine, observando a ambos lados de la calle y esperando. Esperando con calma y respirando profundamente hasta llenar los pulmones al máximo. Por la Fuerza, hoy iba a ser un día agradable, un día bueno. Uno de esos días en los que llegaría a casa tras estar haciendo papeleo y números todo el día, dispuesto a descansar con un vasito de wishky, unas cortaditas de tomate con atún y el capítulo final de esa serie a la que se había enganchado hace poco.
Sonrió y cruzó el paso de peatones con un ritmo altivo y ligero, entrando en el cine, dispuesto a saludar a Aphra... Pero antes de cruzar la taquilla de tiquets salió Ortuggg de ella con prisas.
-¡Señor Hux!- El pelirrojo se contrajo en el sitio ante ese "señor", giró la cabeza buscando al gamorreano que se apuraba en salir de la taquilla, corriendo hasta donde estaba él, en el umbral de la puerta de la entrada.- ¡Señor, queremos hablar con usted!- Hux respiró poco a poco, mentalizándose. Intentando pensar que era una especie de falsa alarma. Una estupidez, esos gamorreanos se ahogaban en un vaso de agua.
-¿Qué ocurre ahora?- Se ahorró el pronunciar su nombre, el acento gamorreano jamás se le dio bien y para hacer el ridículo Hux prefería callarse.- ¿Ya habéis vuelto a meter la pata con las cajas?
-No, no... -Ortuggg cerró la taquilla y entró en el cine junto a Hux, avanzando hacia el sótano donde estaban los demás. Hux bebió un trago mientras alzaba las cejas, intentando que no se notara mucho su decepción y las pocas ganas que tenía de aguantar tonterías, sintiendo cómo su buen humor iba disipándose como la niebla al mediodía.- Es sobre Kylo y la chica...
Y por poco se le sale el café por la nariz ante ese dato. Kylo y la chica, la condenada chica, otra vez.
-¿¡La chica?!- Gritó el pelirrojo tras tragar el sorbo que se había quedado a medias en su esófago.- ¿¡De qué condenada chica me estás hablando?!- Abrió el sótano, pasando antes que el gamorreano y avanzando hacia aquella sala.
-Uh... La nueva.- Hux arrugó la cara, poniendo la mano en el pomo de la puerta, mirando a Ortuggg con rabia.- La de los moñitos.
Y Hux abrió la puerta colérico, abriéndose paso y avanzando con un porte serio y malhumorado, encontrando al resto de gamorreanos en la sala. Ortuggg cerró la puerta y Hux dejó sus cosas sobre la mesa donde llevaba la contabilidad.
-¿¡Qué narices ha pasado?!- Preguntó en general a los tres muchachos que allí se encontraban.- ¡¿Ha entrado aquí?!
-No, no...- Volvió Ortuggg, con ese tonito de manso y asustado que sacaba a Hux de sus casillas.- La encontramos husmeando por el sótano.- Hux empezó a tamborilear la mesa con los dedos.
-Salimos de esta puerta y la encontramos y...
-¿¡Cuántas veces tengo que deciros que salgáis por la condenada puerta trasera?!-Le cortó con furia.
-Pero al salir por ahí nos topamos con ella de lleno...-Habló Ghana esta vez.- La encontramos cotilleando.
-¡Sí, exacto!- Apoyó Rogua.
-Y, bueno... Quisimos asustarla...-Hux arrugó el morro ante las palabras de Ortuggg.
-Y pasar un buen rato.- Prosiguió Rogua.
-Sí, y entonces vino Kylo.- Habló Ortuggg.- Y no quiso escucharnos. No quiso saber qué estaba haciendo ella allí abajo porque... No tenía pinta de estar trabajando.
-Además era tarde. Era de madrugada.- Hux estaba empezando a dejar de respirar, sin poder canalizarse.- Y Kylo no nos hizo caso.
- Me estáis diciendo que… - Cogió aire, mirándoles uno a uno sin poder esconder una profundísima mueca de desprecio. – Os encontrasteis a la chica en el sótano, cosa que, si me lo permitís, forma parte de su trabajo, y en lugar de hacer vosotros lo propio y salir por la puerta que os corresponde, la visteis y decidisteis que era buena idea jugar con una compañera. ¿Me equivoco?
- Pero es que no estaba en el sótano, donde las películas. Estaba casi en la puert… - El gamorreano en cuestión se calló al instante cuando vio a Hux alzar la mano con el índice apuntando al techo, pidiendo silencio.
- Me estáis diciendo también que Kylo estaba aquí de madrugada. – Se crujió los dedos, que tronaron sin que la tela de los guantes que llevaba hicieran nada por remitir el ruido amenazante de un gesto tan sencillo. - ¿Me podéis decir qué tiene eso de raro?
- Que… estaba… - Ortuggg miró a ambos lados, buscando el apoyo de sus compañeros antes de volver a enfrentar a Hux. – ¿Que estaban juntos?
Hux chirrió los dientes apretando muy fuerte la mandíbula y cogiendo aire con fuerza, inflando el pecho, conteniéndose el cerrar los ojos y mostrar el amplísimo abanico de frustración y cansinez que ahora le embargaba, disimulando su ira como buenamente podía. Porque el maldito tema de Kylo con la chica era algo que, sin duda, debía tratar con él. Pero no el maldito resto de la organización. Y desde luego, no con los gamorreanos.
-¿Me podéis volver a repetir vuestra queja? – Les miró alternativamente, frunciendo los labios por aquella pérdida de tiempo. Y por su buen humor ya completamente desaparecido y en extinción.
- Ninguna, señor. –Contestaron justo cuando Hux cerraba la puerta tras él, saliendo de allí de camino a su despacho. Genial. Todo iba, sencillamente, de puta madre. Y lo que menos necesitaban era que Kylo tuviera la cabeza entre las piernas de nadie.
Y que no se encontrara a esa maldita chica por ninguna parte porque… Se quedó parado estático en mitad de la escalera, cayendo en la cuenta de que, por supuesto, no iba a toparse con la chica. Seguro que venía a la par que Kylo. No se contuvo de soltar una maldición al aire mientras continuaba su camino al despacho, enfurecido. Detestaba todo aquello. Pero sobre todo detestaba ser el único que parecía tener las ideas claras, dos dedos de frente y la entereza necesaria como para no desviarse de sus putos propósitos, deberes y obligaciones.
Cerró la puerta con cuidado, aunque el cuerpo sin duda le pedía dar un portazo. Y se dirigió al ventanal, dispuesto a verle llegar, mientras sacaba su teléfono del bolsillo y lo volvía a guardar tras mandarle un mensaje. Un cigarro. Dos cigarros. Ahí. Encaramado a la ventana, respirando el humo ceniciento que ya se mezclaba con su rabia. Y luego aquel rugido tan característico. Torció el gesto cuando pudo corroborar que, en efecto, Rey iba con él. Y sonreía. No tenía ese gesto de aburrimiento y rabia que había visto en ella al principio. Achicó los ojos. Oh, eso era terrible. Inoportuno cuanto menos.
¿Qué puñetas se le estaba pasando a Kylo por la cabeza? Siempre había habido alguna chica. Esporádica, porque no muchas tenían ganas de lidiar con sus idiosincrasias. Pero no duraban más de tres días. Cuatro, si había algún margen de recuperación. Pero aquello no lo parecía. Aquello tenía toda la pinta de ser una… Irregularidad. Hux detestaba las irregularidades con todas sus fuerzas. Y se sentó en su sillón tras el escritorio, a esperar a que Kylo abriera su puerta y le dijera con aquel tono que usaba cada vez que recibía un mensaje suyo: "A ver, qué ha pasado ahora".
Aguardó con nerviosismo, punteando la mesa con los dedos en un traqueteo que no hacía más que avivar la llama de su furia interna. Y condujo los ojos al ordenador, buscando las grabaciones. Curiosamente el sistema de vigilancia se desconectó después de que Kylo saliera del cuarto de proyecciones de la sala B.
En ese momento, escuchó los pasos de los dos, subiendo las escaleras juntos, y luego unas risitas. Risitas que aparentaban ser cualquier cosa menos algo pasajero.
Hux cerró los ojos pesadamente mientras se tensaba en el asiento tras apagar la pantalla del ordenador. Estaba nervioso, rabioso, furioso... Y aspiró aire, llenando sus pulmones hasta su máxima capacidad mientras unos pasos suaves se alejaban y otros más contundentes se acercaban a su puerta.
Dos toques con los nudillos, luego Kylo abrió la puerta y asomó primero la cabeza, luego medio cuerpo y finalmente enseño la pantalla de su teléfono.
-¿Y ahora qué pasa?- Hux tragó saliva y soltó el aire lentamente, desinflándose.
-Que quiero que me aclares un par de cosas...- No pudo aguantar el tono contenido y Kylo miró a ambos lados del despacho, desubicado. Quizá buscando algo en esa habitación que le ayudara a orientarse en cuanto al estado de Hux.
Pero finalmente se adentró, cerrando la puerta tras él y tomando asiento.
-Sí, claro... Lo que me digas.- Hux se reacomodó en el asiento.
-¿Te quedaste ayer hasta tarde aquí?- Kylo tomó aire y asintió pero antes de que Hux pudiera hablar o añadir otra pregunta, Kylo habló.
-Sí me quedé hasta tarde. Pero no dormí en el despacho.- Hux alzó una ceja. Oh, por supuesto que no había dormido en el despacho. Entre un despacho y una buena cama en la comodidad de una casa ¿Por cuál se decantaría Kylo para llevarse a una chica? Estaba clara la respuesta para el pelirrojo, aunque totalmente fuera de lugar.
-¿Hasta tarde?- Kylo asintió.
-Estuve revisionando The Wall.- Hux asintió.- En la sala grande. Ya no da fallo en la parte donde solía engancharse.- A Hux, en ese momento, eso le importaba un pimiento, pero asentía como si se tratara de algo que le interesara.
-¿Y luego te fuiste a casa?- Kylo asintió con dudas, sin saber muy bien a dónde quería llegar el pelirrojo con todo ese interrogatorio absurdo.- ¿Después de la película te fuiste a casa? ¿No viste a nadie?
-Sí, me fui a casa.- Intentó evitar la segunda parte pero Hux no lo pasó por alto y Kylo sabía de antemano que tampoco.- Aunque...-Habló, cerrando los ojos y tomando aire como si fuera a confesar una brutalidad.- Hubo un problema con los chicos y Rey. La chica de las...-Hux alzó la mano.
-Sé quién es Rey, no hace falta que lo aclares.- Kylo parpadeó antes de torcer la mandíbula y Hux desvió la mirada, llevándose ahora los dedos al puente de la nariz.- Por supuesto que sé quién es Rey... Lo sé yo ¡Y medio puto vecindario! -Kylo retrocedió ante el tono agresivo de Hux y achicó los ojos, ofendido.
-¿¡Se puede saber qué te pasa?!- Habló cansado de tanto rodeo y Hux, finalmente, estalló.
-¿¡Que qué me pasa a mí?! ¡¿A mí?!- Rio de forma nerviosa y a Kylo empezó a preocuparle la situación- ¡La pregunta es qué es lo que te pasa a ti!- Y Kylo fue a decir algo pero Hux entró en un bucle del que iba a tardar en salir.- ¡¿Se puede saber dónde narices tienes la cabeza?! - Rio con ironía- Oh, no me lo digas, porque ya lo sé... ¡Ya sé dónde tienes la maldita cabeza y no es donde debería estar!
-¿¡Qué dices?! ¿¡Has mirado bien si el paquete que te fumas estaba caducado?!
-¡¿QUÉ COJONES HACES TONTEANDO CON UNA EMPLEADA?!- Kylo se quedó mudo ante esa acusación.- ¡¿Se puede saber en qué narices estás pensando?! ¡¿Se puede saber qué narices crees que va a pasar?!- Kylo abrió la boca intentando hablar pero Hux estaba rápido ese día.- ¿¡Acaso sabes lo que estás haciendo?! ¡Kylo, joder!- Gruño, dando un puñetazo al aire, rabioso.- ¡Joder, estamos ya casi, maldita sea! ¿¡O es que se te ha olvidado por qué estamos aquí?!- Hizo una pausa tomando aire. Kylo no se atrevía a decir nada.- ¡¿Se te ha olvidado nuestro maldito plan?!
-No, Hux, es...-El pelirrojo volvió a cortarle.
-¿¡Entonces qué?! ¡¿Quieres seguir viviendo con la sombra de ese desgraciado toda tu vida?! ¡Estamos muy cerca! ¡Y TÚ ESTÁS PENSANDO EN OTRA COSA!
-¡No estoy pensando en ninguna jodida otra cosa!
-¿¡Ah, no?!- Le replicó con maldad.
-¡Joder, claro que no! ¡Hux, estoy andando con pies de plomo y...!- Hux dio un golpe en la mesa con el puño.
-¡Nunca te has llevado a una chica a tu maldita casa!- Kylo se quedó en silencio.- ¡Nunca! ¡Nunca antes había pasado, nunca antes habías estado con nadie más de tres días, joder! ¡¿Te crees que no me doy cuenta de que con esta chica es diferente?!
-¡Esos desgraciados intentaron violarla, Hux, no iba a dejarla sola!
-¡Joder, esto es increíble!- El pelirrojo hizo un aspaviento con las manos. Había lanzado aquella acusación al azar y había acertado de lleno.- ¡¿Es que no te das cuenta?! ¿¡Qué vas a hacer si te la llevas un día a casa y te llaman los chicos?!- Kylo empezó a apretar la mandíbula, nervioso por el tonito condescendiente de Hux.- ¿¡Qué va a pasar si un día resulta que te ve con las manos llenas de sangre de otra persona?!- A Kylo se le empezaba a ralentizar la respiración- ¡¿Ya te ha visto las cicatrices?! ¿¡Le has explicado por qué tienes cada una de ellas?!- Y tenía los puños tan apretados bajo la mesa que se le estaba empezando a cortar la circulación.- ¡¿QUÉ VAS A DECIRLE CUANDO, YO QUE SÉ, CUANDO SNOKE TE PEGUE UN CALAMBRAZO QUE TE DEJE MEDIO IDIOTA DELANTE DE ELLA?!- Kylo se levantó del asiento.
-¡NADA, HOSTIA! ¡NO VA A PASAR NADA!- Y Hux también se levantó.
-¡Y UNA MIERDA NO VA A PASAR NADA, LLAMARÁ A LA POLICÍA!
-¡NO VA A LLAMAR A NADIE SI ELLA ESTÁ DENTRO DE LA ORGANIZACIÓN!
Y entonces el pelirrojo se quedó en el sitio, sopesando aquello. Helado. Aterrado... Sin hacer buena conexión con nada de lo que estaba pasando delante de sus narices. Simplemente, parpadeando y con la conciencia justa para seguir respirando. Y Kylo sabía exactamente lo que eso significaba. Hux y él llevaban el tiempo suficiente en aquella organización como para haber discutido muchas veces y haberse apoyado en el doble de ocasiones para mantenerse con vida. En eso se basaba la amistad cogida con pinzas. Y reconocía esa cara. Era la cara de estar a dos segundos de no contenerse para coger la pistola del cinto y abrirle un agujero limpio del tamaño de un tapón de corcho en la frente. Y luego, volver a sentarse tranquilamente a continuar su día como si nada. Así que Kylo se limitó a esperar que Hux volviera a dar señales de vida cerebral.
-¿Qué… - Frunció el ceño y los labios en un gesto nervioso. – acabas de decir? – Ahí estaba. Kylo abrió la boca para responder pero… - Espero que fuera sólo una… - Se encogió de hombros. – Una sugerencia. – Kylo se relamió.
- No, es una decisión consciente. – Sentenció.
- ¿Pero consciente de QUÉ? – Levantó el tono progresivamente. – ¿Acaso has hablado algo con ella? ¿Sabe algo? ¿O simplemente has tomado una decisión esperando que ella acepte sin más jodiéndose la vida para siempre? – Apoyó las manos sobre el escritorio. - ¿Acaso sabes algo de ella? ¿Si es sólo una civil o algo más?
- Sé lo suficiente. – Le respondió, recostándose sobre el respaldo. Y vio a Hux estrechar los ojos, avisándole de que, si hubiera sido cualquier otra persona, es muy probable que estuviera acumulando papeletas para ese disparo en la sien.
- Que sabes lo… - Se cortó a sí mismo, desviando la mirada, conteniendo el ataque de rabia a duras penas antes adelantarse sobre la mesa y señalarle con el dedo. – ESTAMOS MALDITAMENTE CERCA DE DERROCARLE Y LO VAMOS A PERDER TODO POR UNA CHICA. – Y Ahí Kylo se levantó de la silla, como un resorte, un puto volcán de furia y rabia.
- ¿PERO QUÉ COJONES ME ESTÁS CONTANDO, HUX? – El apelado se alzó para quedar a la misma altura, manteniéndole la mirada. - ¿En qué puta medida crees que ella va a echar nada por tierra cuando la cuestión ni le compite ni lo hará jamás?
- ¿Y eso lo sabes porque…? – Le provocó, acusativo, viendo como Kylo ponía distancia y se pasaba las manos por el pelo en un gesto nervioso. – Y normalmente, no me metería ni de lejos en tus movidas personales con nadie. Ahí te hundas tú solo si te lo buscas. Y los dos sabemos que lo llevas buscando un tiempo. Pero este también es mi puto barco y no se va a hundir por tu puta culpa, Kylo. – Y este le dedicó una mirada colérica.
- Sabes que NECESITO a ese saco de sarna fuera de mi vida más que nada en la puta galaxia y ninguna mujer va a entrometerse en eso. Tú, de entre todas las personas, deberías saberlo. No sé a santo de qué está ella en esta conversación. – Le increpó mientras recorría el despacho como un león enjaulado.
- Al santo de que no es la puta primera vez que tengo que cubrirte con algo pero no esperaba que esta vez fuera a ser por una chica. – Kylo frenó su caminata para aguantarle la mirada.
- Cuidado con esos puñales, Hux. – Le señaló. – Que a ti siempre te he visto venir. – El pelirrojo alzó las manos.
-¿Vas a decírselo al Líder Supremo?
- ¿Por qué cojones debería decírselo? No sería muy diferente que contratar a otro chaval para la puerta del club.
- Sí, pero es que esta chica no es un chaval cualquiera u otra mujer que contratamos para nuestros negocios. Y en circunstancias normales, me importa una soberana mierda lo que hagas con unos y otros. Pero no me tomes por gilipollas y me hagas creer que esa chica es una chica cualquiera para ti y que pasará sin pena ni gloria. Porque no cuela. – Le seguía señalando con el dedo. – Y no me fío de ella.
- No te fías ni de tu sombra, Hux. No eres baremo de la confianza.
- Y mira qué bien me ha ido. – Kylo se volvió a girar hacia él como un león y Hux volvió a alzar las manos. Reconocía el peligro pero no se achantaba y menos aún cuando le quedaba algo por decir. – A día de hoy, no tengo una colección de cicatrices en el cuerpo.
- ¿Acaso las estás pidiendo? – Y Hux cerró la boca con un chasquido. – Ya me parecía. – Y Hux puso los ojos en blanco.
- Se va a enterar de todas maneras, Kylo. Sabes que siempre lo hace.
Y Kylo se quedó serio, mirándole fijamente con una rabia que no había sentido jamás hacia él, hacia Hux, quien le prometió un futuro tranquilo, sin la sombra de ese monstruo, si le ayudaba a hacerse con el mando de todo. Con todo ese poder.
Kylo extendió el brazo, apuntándole y el pelirrojo se asustó, pues analizó lo que había dicho y vio que fácilmente podía tergiversarse.
-¿Me estás amenazando, Hux?- Preguntó con una contención en el tono que al pelirrojo le imponía cierto respeto. Y antes de que pudiera defenderse, Kylo bajó las manos, apoyándose en el escritorio y adelantándose mientras veía a Hux retroceder.- ¿Estás insinuando algo?- Hux negó rápidamente con la cabeza.
-No, joder, no sería capaz de hacerte algo así.- Kylo se mordió el labio y Hux se pasó las manos por el pelo, peinándose como si su cabellera pudiera descolocarse fácilmente a pesar de estar engominada a más no poder.- No. Pero te lo digo para que seas consciente... -Kylo no se había movido de su posición y Hux tomó aire, suspirando después. Viendo que esta vez también tenía que cubrirle, otra vez más sólo que en esta ocasión había un sentimiento nuevo. Uno que no era agradable.- Snoke tiene ojos y oídos en todas partes, se va a terminar enterando.- Kylo desencajó la mandíbula y Hux suspiró con pesadez.- No voy a delatarte... Pero no me parece nada bien esta situación, ni lo que estás haciendo ni cómo lo estás gestionando...-Hux se destensó y tomó asiento mientras vio a Kylo recuperar la compostura poco a poco, volviendo a recolocarse sobre sus pies.- No me gusta nada...- Y el pelirrojo tomó su vaso de cartón, observándole con desgana mientras lo rotaba en sus manos, observando su nombre, perfectamente escrito. Pero ya no le calmaba.
De hecho la línea que lo enmarcaba por debajo estaba torcida. Mal hecha.
Al parecer hoy, que creía que sería un día cómodo, todo eran incompetencias. Y trabajos mal hechos. Jodidamente mal hechos. Y no le gustaban. Le dejaban los nervios de punta y retorcidos como ramas. Detestaba ver que su vida y sus objetivos dependían de Kylo. Y antes no había sido verdaderamente un problema. Pero ahora que le veía distraído, la sensación de temer por su vida mezclada con la derrota de ver sus metas caer, era ácida como el miedo. Y amarga.
…
Si lo pensaba detenidamente, era incapaz de creerse que acabara de pasar la noche y buena parte de la mañana en casa de Kylo. Pero lo que más le costaba creer que es que… No hubieran hecho nada. Que no hubieran usado la cama más que para dormir. Que, de hecho, simplemente hubieran estado hablando y lanzándose bromas, que todo el daño fuera ese. Que, tras los acontecimientos de la noche anterior, él estaba tan sorprendido porque ella siguiera trabajando en el cine como ella lo estaba al descubrir que podía tratarla con cierta sensibilidad. Y ni siquiera se le pasó por la cabeza que eso no le estaba ayudando con su misión, que sólo se lo ponía más difícil, que a cada momento que pasaba cerca de él, era más complicado no dejarse llevar. Simplemente.
Suspiró y se apartó un par de mechones de pelo de la cara con un soplido mientras recogía un par de bobinas de la cabina, listas para meterlas en sus cajas y ser devueltas a su sitio, a aquel maldito sótano. Un escalofrío de recuerdo le recorrió la espalda y tuvo que obligarse a infundarse valor para enfrentar siquiera las escaleras de bajada. Suspiró una vez más, cogiendo aire. E iba a bajar el primer escalón cuando una mansalva de voces gravísimas y maldiciones concatenadas inundaron el pasillo. Se quedó paralizada en el sitio con el ceño fruncido. No tenía ni idea de lo que habían dicho pero reconocería esas voces en cualquier sitio. Kylo y Hux estaban discutiendo. Miró a su alrededor y reculó hasta quedar cerca de la puerta.
Y cuando estuvo lo suficientemente cerca como para oír lo que dijeran pero también estar lo suficientemente orientada hacia el pasillo como para poder disimular, justo en ese momento fue como si… como si les inundara el silencio. No se escuchaba ni las manecillas del reloj. Frunció aun más el ceño, extrañada de que se hubieran quedado callados en medio de una discusión mientras ella se debatía entre acercarse un poco más y arriesgarse o alejarse corriendo de ahí y quedarse sin nada. Entonces lo escuchó.
"Estamos malditamente cerca de derrocarle y lo vas a echar todo a perder por una chica". ¿Derrocarle? ¿A quién? ¿Savage Opress, quizás? ¿La chica era ella? ¿Qué tenía ella que ver con eso? ¿O había otras chicas? ¿O una multitud de ellas? ¿De qué iba todo esto? Cogió las bobinas con un brazo como buenamente pudo y se llevó la muñeca a los labios para activar los micros. Aquello parecía importante. Sumamente importante. "Qué cojones me estás contando, Hux?" Rey torció el gesto. Desmedido pero certero como siempre, vaya.
Intentó acercarse un poco más para poder escuchar lo que fuera que estaban diciendo mientras no gritaban. Pero ya le habían pillado acercándose demasiado a una puerta que no debía y no quería pasar por eso otra vez, no con ellos. No quería darle las explicaciones que había sorteado esa misma mañana con Kylo, ni quería enfrentarse a Hux, que no tendría piedad ninguna con ella, ni tiempo que dedicarle a sus explicaciones. Así que confió en que los micros lo estuvieran captando todo mucho mejor que sus oídos.
"¿Vas a decírselo a Líder Supremo?" Rey casi tuvo que contenerse el soltar un bufido en alto. ¿Hablaban del Líder Supremo en tercera persona como si no estuviera ahí? O sea… ¿Por qué hablar de Kylo en tercera persona si estaba… justo ahí? ¿Era alguna clase de ínfula de megalomanía? ¿Tenía algún trastorno disociativo? ¿Por qué tenía que ser ella la que siempre diera con la flor y nata de lo más iluminado?
Aguantó un par de minutos más, notando cómo le subían los nervios hasta hacerse un nudo en las sienes y el pánico empezaba a atenazarle las rodillas. No saber cuánto podía fiarse de su oído era un riesgo que no controlaba. Y ya llevaba un buen cupo de riesgos en los que había perdido las riendas más que suficiente para aquella misión. Así que cuando sintió que todo se calmaba al otro lado de la puerta, volvió a iniciar la marcha, cruzando los dedos por no haber roto la conexión justo mientras decían algo importante.
Y lo cierto es que tener la mente inmersa en lo poco que había conseguido dilucidar consiguió que volviera a pasar por aquel sótano casi sin darse cuenta de que lo hacía, como si no hubiera pasado nada.
