16. Suspense
Tras apagar la sala y dejarlo todo listo para la siguiente jornada, salió del cine apurada, colocándose la chaqueta mientras andaba con prisas. Prisas por llegar a su apartamento desastroso que apestaba a humedad.
Su turno había pasado más rápido de lo que esperaba y es que no podía sacarse aquella conversación de la cabeza, sencillamente no podía. No dejaba de darle vueltas, una y otra vez, y deseaba con todas sus fuerzas llegar a su casa, recordando que la anterior noche no había podido poner a cargar el aparato.
El corazón se le aceleraba al igual que sus zancadas, intentando apurarse y evitando correr para no levantar sospechas de nadie. Pero deseaba poder correr, poder disponer de su coche, poder personarse mediante una proyección a través de la Fuerza como decían que podían hacer los jedis a riesgo de morir en el intento. Pero es que la sola idea de haber perdido aquella última conversación debido a la falta total de batería en su ordenador le activó todas las alarmas.
Ya podía ver su edificio y entonces corrió, sacando las llaves del bolsillo y estampándose contra el portal, nerviosa, deseando que el golpe abriera la puerta mientras buscaba la llave porque quizá, si tuviera esa clase de suerte, la puerta podría haberse cerrado mal tras la última entrada al edificio. No era así. Rey no tenía esa suerte. Igual que tampoco la tenía para sacar información de ningún sitio, apenas sentía que tenía nada, nada más allá de aquella maldita conversación y, oh, joder, rogaba a la Fuerza que, por favor, por favor, su ordenador no hubiera desistido.
Entró al edificio y subió por las escaleras, zancada tras zancada, subiendo de dos en dos los peldaños y llegando finalmente a su rellano. Corrió hacia su puerta y abrió directamente, agradeciendo que la llave entrara bien a la primera. Y entonces dio la luz de su piso, cerrando la puerta de una patada mientras dejaba el bolso tirado en alguna parte. Corrió, dejándose caer al suelo y deslizándose con las rodillas por aquel suelo de parqué chirriante, llegando hasta la alfombra que quitó de un zarpazo. Luego el tablón, sin miramiento, y corrió hacia su cama.
-Aguanta, aguanta, aguanta, aguanta, aguanta…- Le temblaban tanto las manos que a duras penas atinó el cable en el enchufe de la pared, justo a la vez que lo conectaba al ordenador y entonces esperó, apartándose y alzando la tapa del aparato lentamente. Rogando, rogando a quien fuera que pudiera escucharla que, por favor, por favor, le saliera la pantalla de "introduzca contraseña para acceder a su usuario" en vez de la marca del ordenador, indicando que se había reiniciado.
Un segundo, dos, tres… Y a Rey casi se le escapa un grito cuando vio aquella barra donde debía insertar su número secreto. Y saltó de alegría mientras se adelantaba, tecleando rápidamente y dando pie a que se abriera su sesión hibernada desde hacía un día aproximadamente. Y mientras se activaba la sesión Rey pudo observar en el panel de carga que su ordenador había estado a un 1% de batería hasta que ella llegó.
Miró al cielo y sonrió, feliz, alegre, jodidamente alegre. Queriendo pensar que su Obi Wan estaba guardándole las espaldas, allá donde estuviera.
-Gracias, maestro…- Habló, casi a punto de llorar de felicidad.
Le dejó espacio al pequeño portátil para que se cargara un poco más antes de empezar a trastear con él, se duchó rápidamente y, cuando salió de la ducha, su teléfono vibró sobre la cama. Rey se colocó una camisa ancha mientras se envolvía el pelo con la toalla, sentándose junto al ordenador y colocándolo bien entre sus piernas mientras activaba la pantalla del teléfono, permitiéndose así ver el mensaje sin tener que entrar en la aplicación. El corazón se le comprimió al instante.
"Acabo de pasar por la sala de proyecciones para decirte que iba a salir más tarde pero veo que ya te has ido a casa".
Punteó el canto del teléfono, sintiéndose mal por dentro. Equivocadamente mal. Odiaba sentirse así, no entraba en sus planes. No estaba dentro de sus objetivos cuando tomó la decisión de acercarse a él de aquella manera. La "decisión".
Bloqueó la pantalla del teléfono y lo dejó caer a un lado de la cama mientras cerraba los ojos, permitiendo que su cabeza cayera poco a poco hacia atrás hasta dar con la pared, apoyándose. Necesitaba sentirse apoyada en algo pese a estar sentada en la cama… Y aquello no era bueno. La situación se le estaba escapando y…
La pantalla se iluminó de golpe, haciendo que Rey recolocara la cabeza. Casi tira el ordenador de sus piernas al ver lo que estaba pasando en su pantalla. Oh, por la Fuerza, no podía ser cierto.
BB9-E había dado con algo. Con un archivo que Rey no dudó en abrir sin perder ni un segundo, olvidando el tema de Kylo de un plumazo y entonces la pantalla se llenó con un documento… Otro, otro más, otro más… Decidió abrir uno al azar y lo que le mostró aquel archivo le quitó la respiración de golpe, como si le hubieran taponado la tráquea.
Era un albarán. Un jodido albarán de todo, absolutamente todo, lo que tenía guardado en algún punto del cine –seguro que detrás de aquella condenada puerta del sótano- y estaba catalogado.
Rey no tardó en agenciarse esos documentos mediante capturas de pantalla y copias de seguridad, cualquier precaución era poca. Y entonces abrió una plantilla de informes mientras BB9-E seguía mandándole archivos, facturas y demás material que adjuntaría en su informe. Y dejó trabajando a la unidad mientras ella seguía redactando, rellenando los campos.
Oh, por la Fuerza, había dado con algo gordo. Gordísimo, tremendamente gordo. Algo muy útil para la investigación, una prueba, una maldita prueba contundente contra esa maldita organización. Estaba totalmente cegada por el éxtasis de ver que el fin de todo aquello estaba cerca, que estaba a un clic de regresar a su zona segura, a un clic de que todo tuviera un punto y final definitivo. Y, para ser honesta, le dolía un poco pues estaba descubriendo una faceta sexual que dudosamente podría encontrar en otra persona pero… Es que el problema era esa persona.
Rey cesó de teclear poco a poco mientras ponía la vista perdida, pensando. Pensando demasiado y, por primera vez, sin poder impedir irse por las ramas en sus divagaciones.
Algo le susurraba muy, muy suave que algo no terminaba de cuadrar. Que, pese a tener algo contundente, estaba a medias. Aquello no tenía ningún sentido.
Rey guardó la plantilla del informe redactada mientras veía como el algoritmo de los ordenadores de la Primera Orden hacía que los archivos que BB9-E había encontrado dejaran de aparecerle en la pantalla de su computadora. Había hecho copias y pantallazos teniendo en cuenta este punto, había sido más lista… Pero no lo suficiente como para saber qué era eso que estaba sacando a flote sus dudas.
Abrió la carpeta donde se guardaban los archivos de audio que conseguía grabar y pasó uno a uno, escuchando el principio de cada uno y rememorando escenas… La mayoría con él. Zarandeó la cabeza, apartando aquellos pensamientos del núcleo de su mente, y llegó al archivo que buscaba.
-¡ESTAMOS MALDITAMENTE CERCA DE DERROCARLE Y LO VAMOS A PERDER TODO POR UNA CHICA!
- ¿PERO QUÉ COJONES ME ESTÁS CONTANDO, HUX? ¿En qué puta medida crees que ella va a echar nada por tierra cuando la cuestión ni le compite ni lo hará jamás?
Y Rey peleó intentando escuchar la siguiente frase de Hux pero no consiguió registrarla con su muñeca en su debido momento. Maldición, debía aflojar con las capas de las vendas si quería que algo así no volviera a pasar. Perder frases en una conversación era tener la información muy a medias y fácilmente fuera de contexto.
Siguió escuchando.
-…Y los dos sabemos que lo llevas buscando un tiempo. Pero este también es mi puto barco y no se va a hundir por tu puta culpa, Kylo.
-Sabes que NECESITO a ese saco de sarna fuera de mi vida más que nada en la puta galaxia […] deberías saberlo. […]
Nuevamente ruido, lejanía, una mala recepción. Rey rodó los ojos, sintiendo que toda la buena euforia se le había ido por el desagüe. Y entonces…
-¿Vas a decírselo al Líder Supremo?
- ¿Por qué cojones debería decírselo? No sería muy diferente que contratar a otro chaval para la puerta del club.
- Sí, pero […]
Silencio. Uno demasiado prolongado. El tono se iba relajando poco a poco hasta el punto de quedar atrapado en aquellas paredes que formaban el despacho del pelirrojo. Y Rey escuchó todo una vez, otra y otra más… Y algo le decía, terriblemente le decía, que había un tercer individuo que, o bien podría estar dentro como fuera de la cabeza de Kylo.
Y entonces, BB9-E volvió a plantarle un archivo en su pantalla. Uno distinto, totalmente distinto a todo. Rey se adelantó. Aquello parecía… Un condenado informe médico. Frunció el ceño, extrañada. Porque sí que suponía que Kylo debía tener algún problema pero desde hace un tiempo había dejado de pensar que hubiera alguna evidencia clínica sobre ello, o una confirmación profesional. Y ahora, resulta que tenía algo más ante ella.
Lo malo es que no había logo alguno, y eso era raro. Porque todas las cartas están selladas con el nombre del hospital en cuestión. Así que eso la dejaba a expensas de nada, sin ningún lugar al que acudir, sin listas en las que buscar el nombre de quien firmaba. Sus ojos vagaron recorriendo el informe. Tuvo que leerlo dos veces y ni aun así pudo evitar que se le acelerase el corazón y le sudaran las palmas de las manos con un miedo sin origen al leer "se aprecia daño cervical aunque sin riesgos inmediatos". La fecha era de hace unos meses en los que bien podría haber cambiado esa situación.
Alzó la mirada al techo, de repente no tan aliviada como lo había estado hace un rato. Había algo en la vida de Kylo que parecía más dispuesto a matarle que aquello a lo que se dedicaba. Se volvió a dejar caer sobre la pared y su mano dio con el teléfono, desviando su atención. Jugó con el cacharro entre sus manos, dándole las mismas vueltas que a sus ideas, sin decantarse por una sola en la que profundizar. Sí, definitivamente se había implicado más de lo que hubiera debido hacerlo. Pero eso estaba arrastrándola a tener una corazonada y, si algo había aprendido de Obi-Wan, es que estas nacen de algún lugar en la Fuerza y tienen más sentido del que le damos.
"Quería darme una ducha y coger algo de ropa antes de que pasaras a buscarme..." Le contestó al mensaje, dando por hecho que él querría que volviera a su casa. ¿Había ido a la cabina para decírselo, no? Kylo quería pasar tiempo con ella, ¿verdad?
De hecho, ese parecía estar siendo el problema para ambos si "la chica" a la que se referían en la discusión grabada era ella. Y Rey no tenía tiempo para dudar, tenía que actuar rápido. Y pensar más rápido aun en alguna excusa para poder hablar con ese tal… Dr. Skywalker. Tenía que haber alguien que pudiera darle alguna respuesta o que, como mínimo, escuchara sus preguntas.
El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido por la señal luminosa de su teléfono. "En camino".
Y casi podía imaginarle cerrando la puerta de su despacho, con el aparato en la mano, bajando las escaleras lo suficientemente apresurado como para mandar un mensaje sin verbo, sólo lo necesario para que ella lo entendiera. Podía imaginarle cerrando el cine justo mientras le daba a la tecla de "enviar" y guardarse el teléfono en el bolsillo mientras enfilaba hacia su moto. Y eso le daba a ella cinco minutos escasos para hacer exactamente lo que había dicho y coger ropa. Y volver a esconder el portátil. Porque algo dentro de ella no callaba, no podía, y le decía que estaba a punto de dar con algo, que su trabajo no había terminado ni mucho menos, que no podía ser tan fácil.
Apenas acababa de cerrar la cremallera de la mochila cuando escuchó aquel rugido tan característico doblar la esquina de la calle, ese ruido ensordecedor que hacía temblar las paredes de su apartamento y los cimientos de su tranquilidad. Se aseguró las vendas, se recogió el pelo y respiró profundamente antes de cerrar la puerta, apoyándose en ella tan sólo un segundo e impulsarse escaleras abajo casi a la carrera.
Ahí estaba, apoyado contra la moto con la sencillez con la que se respira, frente a la puerta del portal. Y Rey sentía que sus nervios le recorrían desde las rodillas hasta la nuca sólo por cómo la miraba mientras avanzaba hasta él, situándose justo delante, alzando la cara… Esperando.
-¿Qué pasa? ¿Echabas de menos mi cama? – La saludó con cierta socarronería.
- Por supuesto. – Le contestó, dejando fluir la risa a través de ella. – Es cinco veces más grande que la mía. – Le dijo como si nada, quitándole hierro al hecho de que dormiría allí otra vez. Y que esta noche tenía pinta de que iba a costarle un poco más caro el pase. Apoyó las manos en su pecho para poder ponerse de puntillas y darle un beso en la línea de la mandíbula. – Y al parecer, tengo que asegurarme de que duermas en casa.
- No estoy cansado, nena. – Le apartó los mechones sueltos de la cara y le tendió un segundo casco que ella aceptó al tiempo que le veía subirse a la moto.
- Bueno, eso lo podemos solucionar. – Le respondió mientras se colocaba a su espalda y sentía todo su cuerpo bullendo con ansía, unas ganas que casi no reconocía como suyas. Kylo tenía ese poder sobre ella y tenía que obligarse a sí misma a recordárselo constantemente. Porque cuando estaba con él casi se olvidaba por completo de que era un objetivo. Lo raro es que, esta vez, los motivos de la investigación empezaban a rayar lo personal.
Se dejó llevar, apenas consciente de las calles por las que pasaban, iluminadas de tanto en tanto, en un silencio roto sólo por el ruido atronador de aquella bestia sobre la que montaban. Callejeaban y, en los giros bruscos y controlados, sentía que se aferraba con más fuerza a él. Rey coló las manos por debajo de la chaqueta, palpando la dureza y la tensión de sus abdominales por encima de la camisa, pasando los dedos por los surcos de sus músculos y sonriendo a su espalda, sabiendo que él no podía evitar que ella lo hiciera sólo porque no podía soltar la moto.
Aparcaron en un callejón y Kylo se bajó casi incluso antes de que ella pudiera quitarse el casco. Se sintió alzada en vilo y su espalda dio contra la pared de ladrillo rojo, viéndose atrapada con sus manos apoyadas de un brusco golpe a ambos lados de su cabeza y todo su marmóreo cuerpo ante ella, inclinándose casi hasta la altura de su cara, predador.
-¿Por qué me provocas, niña?
-Porque puedo. – Le aguantó la mirada, mordiéndose el labio y con el corazón a mil. – Si te desobedezco es exactamente por lo mismo.
-Ni siquiera conoces tus límites y me estás poniendo muy difícil el ser bueno contigo, nena. – Se inclinó hasta casi rozar su boca, a un susurro de sus labios, sin llegar a cerrar la distancia que quedaba.
-Entonces lo estoy haciendo bien. – Y la sonrisa lupina en su cara justo mientras se apartaba de ella para indicarle el camino a casa le dijo a Rey que le había dado la respuesta correcta
Y le siguió, con el cuerpo tiritando de adrenalina, por cada escalón que subía con él y el tintineo de las llaves. Le gustó reconocer con cierta familiaridad aquellas paredes otra vez, yendo directa a la cocina para abrir un armario tras otro hasta encontrar los vasos y abrir el grifo. Sentía la boca seca.
-Yo que tú no lo haría. – Le sintió apoyar la barbilla sobre su hombro y se quedó paralizada con el vaso a medio camino de los labios, esperando. – Luego vas a querer ir al baño y no te voy a dejar. – Y tal y como había aparecido tras ella, desapareció. Rey se giró para encararle y lo único que pudo ver fue que se marchaba por el pasillo. Y sabía hacia dónde.
Giró la muñeca y dejó caer el agua sobre el fregadero, estrechando los ojos en su dirección y frunciendo los labios. El corazón estaba a punto de salírsele del pecho, como si quisiera correr. Y lo cierto es que ni ella misma sabía si correría hacia la puerta o hacia el dormitorio. Cogió aire y se quitó las deportivas de un puntapié antes de abordar el pasillo.
Al asomarse por el quicio de la puerta, le vio de cuclillas a los pies de la cama, casi al acecho, y una mano metida bajo el colchón. Le aguantó la mirada.
-Es tu última oportunidad para retractarte, Rey. – Y aunque parecía que sería incapaz de enfocarse en otra cosa que no fuera la forma en la que veía sus músculos ondear bajo la camiseta, que dijera su nombre consiguió centrarla. - ¿Estás segura? – Ella asintió, sin margen de dudas.
-¿Por qué iba a estar aquí si no? – Y como respuesta, Kylo dio un fuerte tirón a lo que fuera que había agarrado bajo el colchón y los arneses y correas quedaron a la vista.
Y Rey se relamió, nerviosa. En parte arrepintiéndose, odiaba estar atada con él más que nada por la situación de ambos. Y Kylo se acercó a ella mientras Rey seguía meditando, observando aquellos arneses y perdiéndose en su cabeza, aterrada ante la sola idea de qué pasaría, qué demonios pasaría… Si Kylo descubría la verdad mientras estaba atada con él.
La calidez de su mano, agarrando la de ella, sacó a Rey de su submundo durante un segundo, haciendo que parpadeara y enfocara la vista al fin mientras Kylo tironeaba suave de ella. Mirándola entre preocupado por su reacción –se había quedado demasiado seria- y con anticipación. Anticipación de ser él quien le estuviera descubriendo todo eso. Y no huyera. Rey era curiosa y parecía estar en el mismo círculo que él. O adentrándose en él. Eso le gustaba pensar porque, sino ¿Qué sentido tendría? ¿Qué otra razón había para que esa chica siguiera ahí, con él, y permitiéndole…?
Alzó el brazo e hizo que su niña girara sobre sus talones frente a él, dejándose llevar hasta quedar frente a frente, de espalda a los pies de la cama. Y Kylo apresó sus labios en un beso mientras ella correspondía poco a poco, todavía perdida en aquel terror. En aquella maldita pesadilla que ahora había inundado su cabeza, sacando a flote preguntas. Preguntas que conseguían ponerle los pelos de punta… ¿Sería capaz de matarla si descubriera su verdad?
¿Sería capaz de abusar de ella como venganza antes de darle un golpe final?
¿Sería capaz de…?
Un empujón le hizo perder el equilibrio, quedando sentada sobre la cama, con Kylo todavía besándola, apoyando las manos a ambos lados de los muslos de la chica, obligándola a recular poco a poco, a subir más y más a la cama haciendo que él también se incorporara, gateando sobre ella hasta quedar totalmente encima, elevado, atacándola mientras ella se dejaba hacer, presa de un pánico recurrente que no se le iba del cuerpo.
Y Kylo pareció cansarse al final de sentirla tan rara, tan poco receptiva como otras veces y liberó sus labios para dirigirse a su cuello, con besos suaves, subiendo hasta su oído.
-¿Sucede algo, nena?- Rey se relamió y Kylo se apoyó sobre su codo, posando el brazo por encima de la cabeza de ella, observándola. No pudo evitar acariciarle la mejilla, sustituyendo su expresión deseosa por una que se volvía cada vez más y más preocupada. No quería asustarla. No quería perderla, más bien. Rey desvió los ojos y Kylo deslizó la mano hasta su mejilla, levantándole la cabecita hacia él. Cruzando miradas de nuevo.- Puedes decírmelo…
-Tengo…- Tragó saliva, cerrando los ojos y meditando bien sus palabras.- Tengo una condición.- Kylo arqueó una ceja y Rey esperó a que se lo rebatiera, por algún motivo lo esperó, pero Kylo escuchaba atento y ella prosiguió.- No quiero que me quites las vendas. Nunca.- Kylo alzó los ojos a sus muñecas, observándolas. Y Rey se atrevió a alzar una mano para sostenerle la mejilla, llamándole la atención de forma sutil, volviendo a chocar miradas.- Nunca.- Repitió.- Jamás.
Rey plasmó un tono de preocupación y determinación potente en sus palabras que llegaron a Kylo con la fuerza de un rancor, haciéndole asentir con cuidado. Su niña debía tener un complejo horrible con ellas, con sus cicatrices, y podía entenderlo de alguna manera. De hecho…
De hecho se había planteado durante todo el camino en moto cómo hacerlo para no tener que desnudarse todavía. Pero descartaba todas las opciones posibles… Incluso aquella que tanto repudiaba. Y entonces Rey habló.
-Y tengo una más…-Él volvió a prestarle atención, sonriendo con picardía. Vaya que le habían gustado las condiciones, los límites, las banderitas rojas. Las prohibiciones totales, pero aquello era una forma sana de llevar aquel juego y Rey parecía estar volcándose.- No me vendes los ojos, nunca.- Oh, Kylo desvió la mirada, pensando en aquello. Y sonriendo finalmente, allá estaba la opción repudiada y Rey había hablado como si hubiera podido escuchar sus pensamientos durante todo el trayecto en moto. Para nada tenía pensado vendarle los ojos cuando a él lo que más le gustaba era tenerlos encima todo el tiempo. Alzó una comisura antes de volver a dirigir la vista hacia su niña y asintió.
-Hecho.- Rey arrugó el ceño un poco, sorprendida por aquella aceptación tan repentina. Kylo volvió a acariciarle la cara y Rey no pudo contenerse.
-Al menos no me los vendes cuando esté atada.
-No pensaba vendarte los ojos, niña.- Le apartó un mechón de pelo antes de volver a cruzarse con sus ojos.- Me gusta que me mires.
Y descendió hacia ella de nuevo, besándola con suavidad mientras Rey se dejaba hacer. Quizá un poco más tranquila pero todavía alerta, muy alerta… Al menos hasta que Kylo empezó a descender una mano por su cuerpo, llegando al elástico de sus mallas y colándose en él, sintiendo en consecuencia la espalda arqueada de Rey al no esperarlo, no al menos tan pronto quizá.
Pasó la mano por encima de su ropa interior mientras seguía besándola, entrelazándose, embebiéndose de ella y esperando que Rey hiciera lo mismo con él. Surcó su centro con las manos y no encontró la humedad que esperaba, pero aquello no tardaría en cambiarlo. Sacó la mano de allí y la condujo a su boca, cortando el beso y observando a Rey directamente a los ojos mientras se lubricaba los dedos con su propia saliva. Sintiendo cómo ella no perdía detalle de nada, absolutamente nada. Y antes de que pudiera darse cuenta ya le tenía otra vez, besándola y con la mano en su centro, lubricándola de arriba abajo y, finalmente, llegando a su clítoris, rotándolo con suavidad para empezar a despertarlo.
Rey estaba totalmente embriagada de emociones contradictorias. El terror chocaba con la pasión, la tranquilidad con el nervio y el susto con la calma que rápidamente evolucionaba en anticipación. Sintió los dedos de él volver a surcarla, humedeciéndola con su jugo hasta llegar de nuevo al punto de sus nervios, dibujando un círculo perezoso, y otro, y otro más, cada vez más despiertos, más ágiles. Los espasmos empezaron a hacerse presentes con cada movimiento y el temblor empezaba a ser más que evidente en ella. Un espasmo, otro espasmo, una pierna medio doblegada y sus manos se le iban a su espalda...Hasta que recordó aquel documento y abrió los ojos sin querer, encontrándole totalmente entregado a ella en aquel beso frenético. Y Rey subió las manos poco a poco por toda su columna. Y entonces Kylo despertó, alzándose.
-¿Cuántas veces…- Habló atrapándole ambas manos con una de las suyas mientras aceleraba el toque, rotando su clítoris rápidamente y haciendo que Rey pusiera los ojos en blanco, arqueándose ante cada círculo.- tengo que decirte que no me gusta que me acaricien, nena?- Y descendió la mano hasta introducir dos dedos en ella, consiguiendo que Rey boqueara, cerrando los ojos.- ¿Me estás escuchando?- Ella asintió como pudo mientras notaba su mano trabajándola, acelerada, y entonces salió de ella, volviendo a surcarla y deteniéndose. Frenando totalmente y haciendo que Rey abriera los ojos, mirándole con esa mueca de enfado, desesperación y súplica, todo al mismo tiempo.- No me acaricies. Es otra de mis condiciones.- Y condujo uno de sus dedos a su brecha, abriéndola de nuevo, encontrándola totalmente lubricada para él. Extendió su humedad hasta su clítoris de nuevo y volvió a rotarlo.- Parece que si no te ato no eres capaz de estarte quietecita.- Y frenó su toque, saliendo de ella mientras Rey cerraba los ojos, disgustada de perder su roce.
Kylo entonces se alzó quedando de rodillas en la cama, observando a Rey, quien tenía un vaivén nervioso en la cadera, suave, imperceptible. Pero no para él, quien sabía leerla mejor que bien.
Se adelantó, cogiendo una correa y atándole una muñeca lo suficientemente fuerte como para no liberarse y lo suficientemente floja como para no hacerle daño. Cuando terminó con una se dirigió a la otra y entonces se encontró con algo que no esperaba… Rey era pequeña. Demasiado pequeñita para abrirse tanto y que las correas llegaran bien a sus extremidades.
Entonces Kylo tomó distancia otra vez, llevándose un pulgar a la boca, mordisqueando y carburando a toda velocidad, intentando tener una idea que les sacara del paso, pues Rey no era la única que estaba desesperada en ese momento.
-¿Pasa algo?- Habló ella con dolor en el tono. Kylo se rascó la cabeza mientras chistaba con la lengua, enfadado con la situación.
-No puedo atarte como pensaba atarte.- Y gateó hasta el extremo que faltaba por atar a su segunda muñeca. Tironeando e intentando aflojarlo pero aquello ya no daba más de sí, la cama era demasiado grande para esas medidas que perfectamente encajaban en su anterior cama –aquella en la que dormía peor que mal- y se maldijo, joder. Se dejó caer, apoyándose en su codo y maldiciendo mientras Rey no le quitaba el ojo de encima.- Joder, qué putada…- Y rodó por la cama hasta llegar al borde, poniéndose de pie una vez posó los pies en el suelo, tomando un poco más de distancia.- Joder, qué putada, nena.- Rey le miró, pudiendo imaginarse todos los engranajes de su cabeza acelerados al máximo, intentando procesar algo rápido.
-¿Y ahora qué hacemos?- Kylo entonces se agachó, pasando el brazo por debajo del colchón hasta llegar al centro de las correas, desenganchando dos de ellas; La que había podido atar a la muñeca de Rey y la que se había quedado a medio camino de conseguir lo mismo.
-Pues improvisar…- Habló, tirando de ella y haciendo que Rey gateara hacia él en una esquina de la cama.- Ven aquí, nena.- Ella obedeció, ante él a los pies de la cama viendo a Kylo maniobrar con las correas hasta engancharlas en lo alto del poste, haciendo que el brazo de Rey subiera tanto que tuvo que ponerse de puntillas. Él la sintió coger aire con fuerza y bajó la mirada hacia ella al tiempo que colaba una pierna entre medias de las suyas. - Y creo que tengo ya una solución.
Se inclinó sobre ella, atrapando su boca en un beso que le hizo sentir el vértigo en la tripa y ahogar un gemido entre sus labios, jugando con ella y con su lengua mientras alcanzaba su mano libre y le subía el brazo hasta apresar ambas muñecas. Rey abrió la boca para coger aire, interrumpiendo el beso y Kylo se quedó ahí, observándola, estudiando sus expresiones, esperando a que abriera los ojos. Y ella, que si antes había creído estar de puntillas, ahora…
Abrió los ojos, y le encontró ahí. Totalmente centrado en ella, esperando sus reacciones, tanteando cada gesto. Y Rey supo que, si bien no sabía cómo había sido con otras mujeres, con ella no era sólo una cuestión de control. El dominio calculado al milímetro de Kylo no era sólo sobre ella, sino sobre todo lo que les rodeara en ese momento. Y se adelantó para volver a besarle, para hacerle saber que, fuera lo que fuera que tenía pensado, estaba lista para abordarlo. Y más aún cuando podía sentir las manos de Kylo acunando su cara, pasando los nudillos por el cuello…
Rey atrapó su labio inferior con los dientes y al instante notó que Kylo le tiraba del pezón pellizcándolo entre los nudillos obligándola a cortar el beso de nuevo, apretándose tanto a ella que dio con la espalda por entero contra el poste. Volvió a tironear de ella y esta vez sí que le soltó el labio sólo para poder sisear en respuesta.
-Se me van a dormir los brazos, Kylo. – Ya empezaba a sentir el hormigueo en los dedos de las manos, y daba igual cuánto los flexionara. Le vio arquear una ceja y volvió a moverse contra su centro, buscándola.
- Y lo harán también las piernas. – Le soltó como si nada, inclinándose para besar su cuello, despertando escalofríos en su espalda. – Cuidaré de ti, nena. – Rey sintió sus dientes en su cuello, sin llegar a morderla. Otro beso, cerca de la clavícula. Y casi podía asegurar que podría hacerse a esta clase de gustos peculiares si era tratada así.
Kylo coló los pulgares por la cinturilla de sus pantalones, bajándoselos junto a la ropa interior hasta que cayeron alrededor de sus tobillos. Y Rey tuvo que relamerse ante la visión de él arrodillándose ante ella para apartar toda su ropa, ayudándola con un pie y luego el otro. Y recorriéndola con una caricia hasta las rodillas, separándolas entre sí para poder depositar un beso en la cara interna de su muslo. Y luego otro. Y otro. En un recorrido ascendente que hacía que su cuerpo ondeara y sintiera ya como si pequeños alfileres se le clavaran en las puntas de los pies. Oh, por la Fuerza, no, aquello iba a ser un infierno. Y otro beso en sus ingles hizo que ondulara las caderas casi inconscientemente, buscando más, buscándole a él. Y le encontró.
Se alzó ante ella en toda su altura, enredando su pelo en un puño, desconcertándola, al tiempo que sentía de nuevo la caricia de sus dedos en su centro y entreabría los labios para él en un gemido sordo, cerrando los ojos con alivio por estar recibiendo por fin sus atenciones.
-Vas a estarte quieta, nena. O la próxima vez… - Le lamió el tendón tenso del cuello. - voy a inmovilizarte por completo en lugar de atarte. – Le susurró al oído mientras rotaba su clítoris con la yema del dedo. Una caricia tan delicada que contrastaba con la fuerza con la que tiraba de su pelo. Una caricia que empezaba a ser tormentosa en lugar del alivio que había sido hace tan solo un segundo.
-Kylo… - Susurró en una petición tácita y casi ahogada, queriendo moverse contra su mano hasta encontrar la presión que necesitaba. Y, sin embargo, sin poder moverse, presa de su autoridad y de aquella dinámica que ya no le era tan ajena mientras él seguía jugando con sus nervios, humedeciendo sus dedos con sus propios fluidos.
-Mírame. – Y reforzó su orden con un ligero tirón, haciéndola arquear el cuello en su dirección. Y justo cuando abrió los ojos para encontrarse con los suyos, introdujo dos dedos en ella, curvándose y provocando ese punto en ella que él alcanzaba tan bien. Su mirada se desenfocaba y sus rodillas empezaban a temblar sin un apoyo pleno. Otro tirón, más fuerte, una advertencia, y su boca se abrió en respuesta dejando escapar un gemido. – Mírame, nena. – Era de nuevo esa voz grave y determinante, ni siquiera lo suficientemente alta pero definitivamente autoritaria. Era una orden. Y a Rey le estaba costando tanto enfocarse...
Le miró, directamente a los ojos, confundiendo la falta de aire en sus pulmones con el siguiente gemido. Kylo se inclinó sobre ella hasta apoyar su frente en la suya, obligándola a alzar los ojos para aguantarle la mirada mientras sus dedos seguían torturándola, moviéndose en ella y presionando ese punto en ella que ya conocían ambos.
Y, de manera completa y absolutamente involuntaria, se movió contra su mano ondeando sus caderas hasta que encontró ese roce, justo el que necesitaba, viendo cómo Kylo cerraba los ojos y cabeceaba contra ella, mordiéndose el labio, rozándole la mejilla con la nariz, y ralentizando sus movimientos hasta parar por completo, notando cómo se apretaba alrededor de sus dedos.
-No…
-Shhhh… - La hizo callar al instante con un siseo contra su piel, besando su sien mientras sacaba los dedos de ella y se los metía en la boca, saboreándola, a dos centímetros de ella, sin que Rey perdiera ni un solo detalle a pesar de sus piernas temblorosas y la humedad que sentía escurrirse por sus muslos. – Te avisé, nena. – La cogió de la barbilla para besarle el cuello, una y otra vez. – Y te dije que todo cuanto consiguieras o no de mi iba ser siempre por ti misma. – Rey no sabía si le costaba respirar por la posición de sus brazos, por lo que estaba ocurriendo o por todo a la vez, pero no hacía más que encenderse un poquito más a cada segundo que pasaba. Y cada segundo que pasaba era más tortuoso no llegar a ninguna conclusión. – Y te dije que no te movieras.
Entonces se separó de ella, soltándole el pelo y haciéndole sentir el frio de repente en la piel, sin que eso sirviera para estabilizar su estado, moviéndose por detrás de ella sin que pudiera ver qué hacía. Cuando volvió a aparecer ante ella, llevaba otra correa en la mano. No le dio tiempo a decir nada. Kylo puso sus manos en sus caderas y la hizo darse la vuelta, de puntillas, hasta quedar frente al poste. Sintió sus manos en los costados, apretando sus curvas, deslizándose por su espalda hasta llegar a su columna, recorriéndola como si sus vértebras fueran un mensaje en braille para él, ejerciendo un poco de presión para que apoyara la cara y el pecho sobre la madera del poste.
Se sentó en el borde de la cama, junto a ella y, aunque Rey no perdía detalle de cuanto hacía, Kylo parecía ensimismado en sus acciones, recorriendo su pierna más cercana con las manos, pasando la correa por ella. Sólo con escuchar el tintineo de la hebilla se le puso la piel de gallina. Le obligó a flexionar la rodilla hasta apoyarla en el poste y, en ese momento, la amarró ahí. Los brazos en alto. Una pierna apoyada en el poste sin poder moverse. Y todo su punto de apoyo limitándose a la punta de un pie. Mierda. Joder.
-Kylo… - Le llamó en apenas un susurro ahogado mientras él volvía a ponerse en pie hasta posicionarse tras ella con ambas manos sobre sus caderas, dando igual cuánto le buscara ella. - ¿Qué vas a…
Y sintió sus dedos de nuevo, interrumpiéndola, acariciándola hacia arriba y hacia abajo, moviéndose a través de una humedad resbaladiza. Oh, por la Fuerza, estaba tan mojada. Kylo vio blanco por un momento, casi cuestionándose la cordura de infligirles este tipo de tortura a ambos, pero realmente decidido a arrancarle cada segundo al tiempo que pasara con ella. Suavemente frotó la humedad alrededor de su clítoris sin aplicar ninguna presión directa sobre él. Podía sentirla estremecerse y contraerse, su centro cerrándose alrededor de la nada, mientras ella se volvía más suave bajo de su mano y su cuerpo se quedaba laxo para él.
-Eres preciosa, nena. – Le confesó en un susurro, depositando un beso tras otro sobre sus hombros llenos de pecas, dándose valor para hacer lo que tenía que hacerse. Un beso más y… - Aguanta ahí. – Y se separó de ella, casi con impulso, como si su cuerpo estuviera magnetizado al de ella.
- ¿Qué? – Aquella pregunta salió de sus labios mucho más aguda de lo que hubiera querido pero es que estaba empezando a conocer la desesperación y no le gustaba. Quería que siguiera. Quería… - ¡NO! – Se quejó como si eso fuera a devolver a Kylo a sus espaldas. No puede ser. No podía ir en serio. Tironeó de las correas de sus brazos sin éxito. – ¡Kylo!
Y al ver que no había respuesta, soltó un lamento en voz alta, entre la frustración y la rabia. No podía creérselo. Bajó la cabeza entre sus brazos viendo en qué posición la había dejado y tuvo que reconocerlo. En esa postura, ni siquiera podía buscar alivio por sí misma. Sólo quejarse, sintiéndose en ebullición, tan sensible que casi le dolía. Y la única pierna bien apoyada ya empezaba a temblar sólo por el esfuerzo. Se obligó a respirar profundamente, una inhalación por cada exhalación, sin tropiezos, intentando ejercer algún control por inútil que fuera.
Maldito sea…
Kylo no podía quitarle la mirada de encima, incluso ahí, a una distancia prudencial. Estaba preciosa. Y esos pequeños sollozos que dejaba escapar, inundaban sus oídos como si fuera una sinfonía compuesta sólo para él. Y, quizás, si la escuchaba lo suficiente, un día recuperase su alma.
Se pasó la mano por el cuello, dando un larguísimo suspiro antes de agarrar en un puño el cuello de la camiseta y quitársela como si le quemara en la piel. Iba a tener que aprovechar la posición de la chica porque no quería tener que explicarle todas aquellas marcas. Daba igual cuánto quisiera llevar la señal de sus uñas en la espalda desde el día que las había clavado en la mesa de su despacho. Daba igual cuánto lo quisiera. No podía explicarle esas cicatrices. Y conocía esa mirada suya que le haría contárselo todo.
-Kylo… - Oyó que le llamaba con un gimoteo lastimero que le sacó de su cabeza de vuelta a ella. – Por favor. – Se quedó quieto ante esa súplica, casi dudoso de haberla escuchado de verdad. – Por favor…
Se acercó a ella lentamente, agradeciendo el día que decidió llenar el suelo de su habitación con aquella moqueta granate, que insonorizaba sus pisadas. Y se colocó tras ella, sintiendo que ella no podía hacerse una idea de su posición. Y aprovechó esa ventaja pero antes se tomó un segundo más, otro más, para poder contemplarla de nuevo. Su cuerpo tembloroso, firme, como si lo trabajara para mantenerlo cuidado.
Y posó una mano en su glúteo, haciendo que ella se tensara de golpe, enderezándose como buenamente pudo mientras Kylo se acercaba a su cuello, aspirando su aroma, disfrutando de su calor al sentirla contra su piel, directamente. Sin camisetas ni telas molestas de por medio. Y era mejor de lo que imaginó nunca.
-Por favor…
-¿Por favor?- Susurró antes de darle un beso en el hombro.- ¿Por favor qué, niña?- Y con aquella mano surcó sus formas con suavidad, con una facilidad increíble, como si cada centímetro de ella se acoplara a él.
Subió por su espalda, llegando a sus omoplatos, cruzando su hombro hasta llegar a su clavícula, que acarició en un rumbo ascendente a su cuello, atrapándolo y haciendo que la chica alzara la cabeza, dejándose conducir por él y sus ideas peculiares. Terriblemente peculiares y todavía más jodidamente agradables.
Rey gimoteó y Kylo besó su mejilla, luego el cuello y siguió manteniéndola allí, quieta, inmóvil.
-Joder, nena, me tienes loco…- Susurró antes de darle un suave mordisco en el tendón del cuello.- Jodidamente loco.- Su otra mano pasó por el pecho de Rey, descendiendo con cuidado hasta llegar a su centro, rotándolo ahora con un poco más de presión. Y por la forma en la que movió la garganta, Kylo supo que estaba conteniendo un gemido.- ¿Mejor así, nena?- Y Rey asintió como buenamente pudo, cerrando los ojos y relamiéndose, respirar por la boca constantemente le resecaba los labios a unos niveles que no conocía hasta ahora.
Deslizó el dedo hasta entrar en ella una y otra vez, encontrándola abierta y dispuesta a aceptarle como tantas otras veces. Sonrió, complacido, antes de regresar a su centro, torturándola un poco más, más lento y a veces un poco más rápido, regresando al sosiego de quien está cansado –por supuesto, fingidamente- y sus quejidos contenidos le ensanchaban más la sonrisa.
Descendió, arrodillándose a su espalda, quedando en cuclillas y abriéndole la pierna sin atar, colándose entre sus piernas como pudo, cambiando la posición de la mano con la que atendía a la chica y se quedó pensando en cómo poder ingeniárselas para saborearla. Se agachó un poco más y se coló entre ella, apartándole la carne que le impedía llegar a su centro, no sin antes recoger con la lengua, recorriendo su muslo, una gota de su propio jugo, que caía con lenta desesperación por las piernas de ella, quizá cosquilleándole.
Y al principio Rey prefirió la cosquilla de aquella gotita que no la de su lengua entera surcándola… Hasta que llegó allí. Y boqueó a la par que se contrajo, queriendo liberar espasmos que las ataduras le impedían. Y gimió en alto, bastante en alto. Arrepintiéndose, temiendo ser escuchada. Pero por la forma en la que Kylo reforzó sus atenciones parecía que a él le daba igual. Completamente igual.
Plasmó su lengua una y otra vez, surcándola, succionándola, embebiéndose, pasando por cada uno de sus pliegues, llegando a su centro y, valga la redundancia, centrándose en él, complaciéndola. Los gemidos agradecidos de Rey le sonaban a gloria. Sólo faltaba poder verla reaccionar. Y lo quería, vaya si lo quería. Así que se separó y se sentó, colando la cabeza entre sus piernas, alzando los ojos y viendo toda la extensión de su piel exponerse. Observando el baile nervioso de su estómago tras cada estímulo. Alucinaba con ella, le tenía malditamente hechizado. Ella, sus reacciones, su forma de mostrarse sin miedo alguno, al parecer… Y aunque tuviera timidez o vergüenza le daría igual. Le encantó verla tan preocupada aquella vez que eyaculó con un chorro ante él. Joder, quería darle otro orgasmo así…
Pasó su mano libre por todo su cuerpo, llegando hasta sus pechos, deteniéndose, viendo cómo respiraba con dificultades, cómo le costaba mantener el aire, o sencillamente respirar. Aquella mano viajó por toda ella sin contenerse en pasar por alguna parte, explorándola entera mientras no le daba tregua con su lengua ni sus dedos. Estaba tan lubricada que sentía que tres ya no le bastaban y entonces le dio un último lametazo antes de salir de ella, escuchando una queja mientras se acercaba a la cómoda de su cama, de espaldas a Rey.
Sacó un preservativo que se enfundó tras quitarse los pantalones mientras escuchaba sus quejidos a sus espaldas.
-¿Qué vas a hacer?- Gimoteó ella, desesperada. Lo notaba en su voz. Y Kylo se acercó a su espalda de nuevo, atrapando su cuello y conduciéndose a su interior.
-Complacerte, nena.- Le obligó a virar la cabeza un poco más de lo que su anatomía le permitía, y atrapó sus labios en un beso fiero que le quitó el aire mientras él se introducía.
Y Rey gimió sobre sus labios pero Kylo no le dio ese espacio, volviéndola a besar mientras empezaba a moverse, con cierta dificultad. Y no dudo en arrancar aquella sujeción de su pierna mientras que, con la mano recién liberada, le bajó la sujeción que ataba las muñecas de ella, haciendo que la chica apoyara los pies al fin pero se estirara, alzando el trasero a él. El gemido que escapó de ella resonó durante unos segundos en sus oídos, dulcemente vibrando en su tímpano. Kylo puso los ojos en blanco ante aquella estocada tan profunda y supuso que Rey estaría haciendo lo mismo. Boqueando, cerrando y poniendo en blanco los ojos mientras intentaba respirar y gemir al mismo tiempo. Oh, por la Fuerza, terminaría enloqueciéndole de verdad y eso que no podía mirarla.
Embistió, recorriendo su cuerpo, sus nalgas, su espalda y sus hombros con ambas manos, apretando para que Rey siguiera encorvada y con el culo bien en alto para él, totalmente para él. Rey le apresaba con cada espasmo involuntario y gemía cada vez que lo hacía. No dudó en azotarle contenidamente en el trasero, provocándole otro gemido. E inesperadamente, Rey fue a girar la cabeza pero Kylo estuvo rápido y enderezó su cuello con aquella mano.
-Quieta…- Le ordenó a duras penas mientras seguía cargando contra ella y ella acompasándose con él.
-Quiero verte.
-Ahora no… No puede ser.
-¿Por qué?- Rey tragó saliva a duras penas y no pensó su siguiente frase.- ¿Tan fea es la cara que estás poniendo que no me…?- Y Kylo se venció sobre ella antes de que pudiera terminar aquella frase, agarrándola del cuello y susurrándole al oído mientras sus estocadas se volvían lentas, muy, muy, muy lentas.
-No me provoques, niña…- Y salió casi, casi al completo antes de volver a introducirse poco a poco, haciendo que Rey abriera la boca un poco más a cada centímetro que aceptaba.- Puedo ser verdaderamente cruel… -Mordió su hombro antes de salir lentamente de nuevo.- Muy cruel, niña mía.- Rey se mordió el labio y Kylo llevó la mano a sus mejillas, conduciendo su cabeza para que le mirara a los ojos como buenamente pudiera.- Pídeme perdón, nena. Eso que has dicho me ha dolido.- Y Rey le miró, encontrándole serio. Y sintiendo que se iba frenando a la par que ella desesperando.- Pídeme perdón… O no tendré consideración contigo.
-Perdón…- Kylo aguantó su mirada y ella cerró los ojos pausadamente antes de volver a abrirlo.- Perdóname, Kylo… Por favor.
Intentó contener lo que aquella frasecita provocó en él. De verdad que lo intentó, pero le estalló en el pecho, inundándole de un fuego abrasador. Uno que le ardía como Mustafar y los soles de Tatooine.
-Por favor… Lo siento.- Susurró e intentó llegar a sus labios pero su anatomía no daba para más.- Es que…- Y Kylo pareció centrarse un poco.- Habías dicho que te gustaba que te mirara.- Kylo suspiró pesadamente, observándola y analizando aquello. Poco a poco, reanudó sus embestidas, primero despacio, comedido. Y ella empezó a boquear del gusto.- Oh, joder… - Y allá se le iban los ojos, girándolos tanto que por poco consigue ponerlos del revés mientras él no perdía detalle.- Oh, joder, Kylo… Deja de privarme tantas cosas…-Su voz temblaba casi tanto como ella.- Dijiste que ibas a complacerme…-Se mordió el labio y, por suerte, pudo corregirse.- A cuidar de mí.- Y abrió los ojos, dándole de lleno, otra vez, otra jodida vez.- ¿Por qué eres así conmigo?
"Porque cada gesto, cada palabra y cada segundo contigo hace que quiera anclarme para siempre a tu sombra".
Pero no iba a decirle eso. Ni que ya podía escuchar ese susurro en su cabeza que la reclamaba como suya. No, no iba a decirle nada de eso. Pero sí ahuecó su cara con la mano, arrastrándola de nuevo hacia él. Sus ojos entrecerrados, sus mejillas sonrosadas llenas de pecas, sus labios hinchados, sus jadeos. Su cuerpo debajo de él, ondeando al ritmo de sus embestidas, encajando. Le tenía embrujado.
-Repite lo que has dicho en el callejón, niña. – Le vio separar los labios en busca de aire y, como si fuera un acto reflejo, arrastró los dedos por su cara hasta introducirlos en su boca entreabierta. - ¿Lo recuerdas? – Y sentir su lengua jugando con sus dedos al tiempo que sus caderas se ondulaban y su centro se apretaba a su alrededor fue casi suficiente para hacerle perder el poco control que le quedaba sobre sí mismo. – Porque puedes. – Y arrastró la mano libre por su pecho, sus costillas, su vientre, sintiendo cómo aumentaba la presión, hasta llegar al nudo de sus nervios. Y su grito inundó sus oídos. Una caricia. Estaba tan sensible que sólo necesitaba una caricia para gritar. Ni azotes, ni tirones, ni nada. Una caricia. Y todo su cuerpo respondía electrizado a él. Salió y volvió a entrar en ella con una estocada húmeda, encontrando el ritmo que ella exigía, implacable. – Mírate, nena. – Aspiró el olor de su cuello antes de clavarle los dientes y besar el daño. – Inclinada, necesitada y avariciosa. Mi niña… - Rey giró la cabeza para volver a enfrentar su mirada, y tenía ese brillo de rabia que tanto le caracterizaba. Oh, por supuesto que lo estaba viendo. Se veía a sí misma, inclinada obscenamente hundiendo las uñas en la madera del poste, gimiendo, sollozando y jadeando, diciéndole todo lo que quería oír. Queriéndolo decir. Podía ver cómo se deslizaba dentro y fuera de ella una y otra vez, podía ver su mano acariciándola hasta que todo su cuerpo empezaba a sacudirse en espasmos, y podía sentir como su humedad resbalaba de sus muslos. Sí, podía ver cuánto le encantaba todo eso.
-No puedo más, Kylo, por favor, por favor, por favor. – Le aguantó la mirada tanto cómo pudo antes de gemir contra su boca sin remedio. – Por favor. – Y Kylo sólo la veía mover los labios, como si se le hubiera quedado la voz en un anzuelo invisible en su garganta, como si elevase una plegaria al tiempo que retorcía su cuerpo bajo el suyo buscando su alivio. Podía sentirle comenzar a latir dentro de ella. Incluso juraría que lo sentía más grande que antes, extendiendo los límites de su resistencia.
Y Kylo no podía negarse cuando ella lo suplicaba tan bonito, no podía. No sabía resistirse a ella. Le soltó las manos de las correas, abrazó su cuerpo y se dejó caer de espaldas sobre la cama. Recostada sobre su pecho, con la cabeza sobre su hombro, separando sus rodillas con la presión de sus piernas, sin salir de ella, acariciando su clítoris con una sola determinación, trabajándolo en pequeños círculos apretados que hicieron que el nudo en su estómago se retorciera y gritara, mientras él no dejaba de bombear dentro de ella sin piedad. Rey estaba allí, justo en la cima, Justo en ese punto en el que no puede dar marcha atrás, ni relajar ni uno sólo de sus nervios, sin alcanzar ese pedazo de cielo...
-Córrete conmigo, nena - Le ordenó, apenas un susurro contra su piel, moviéndose contra ella, a punto de perder el ritmo. – Déjame sentirte. –Una embestida, una caricia y Rey se vio incapaz de resistirlo ni un segundo más.
El orgasmo logró atravesarla de lleno como un rayo, temblando, casi epiléptica, los ojos en blanco y millones estrellas tras sus párpados, gritando su nombre, arqueándose contra él en una sucesión de temblores, descontrolada, jadeante, apretándole tanto y tan fuerte que él la siguió tan sólo un segundo después, latiendo en ella, sin dejar de acariciar su clítoris, prolongando sus pulsaciones, sus espasmos y réplicas, su ondas sísmicas, sus gritos convirtiéndose en sollozos y quedándose laxa y deshecha justo mientras él la sostenía en sus brazos. Y Kylo se sentía en un maldito paraíso del que deseaba no salir nunca.
Clavó la vista al techo mientras todo su cuerpo se reajustaba, observando a Rey alzarse y descender al ritmo de su respiración, impulsándola con su pecho arriba y abajo. Suave, acunándola y provocándole el sueño a Rey sin ser consciente. En ese momento no era consciente de absolutamente nada.
Sentía el sudor correr por sus sienes, la respiración entrecortada y el peso de Rey sobre él, un peso que cargaría gustosamente toda su vida si ella se lo pedía… Oh, joder.
Cerró los ojos con dolor, mucho dolor. Dolor por todo, por la situación, por la posibilidad de destrozarle la vida si se quedaba con él. Aquello era algo que no se perdonaría jamás y que entendería perfectamente que Rey le rechazara. Él mismo se rechazaba, por la Fuerza, ¿cómo no iba a hacerlo ella? De hecho no concebía cómo no se había ido ya… Pero claro, no le conocía. No sabía apenas nada de él, lo estaba alargando. Estaba alejando ese momento todo lo que pudiera y más pues estaba seguro de que, en el instante que se lo dijera, Rey se asustaría. Como era normal.
Y se iría, como era normal.
Como había hecho todo el mundo.
Y él no iba a obligar a esa chica a nada, no era esa clase de monstruo. Y tampoco quería que Rey viera el monstruo que realmente era. Que viera a aquella sombra pellejuda y odiosa, manejándole como si fuera un títere, haciéndole hacer cosas que... Joder. Cosas verdaderamente horribles.
Abrazó a la chica inconscientemente, temiendo que pudiera escuchar sus pensamientos. A veces juraría que Snoke era capaz de ello, que tenía ese poder, ese don místico en el que se forzaba a no creer más que nada para mantener su estabilidad mental, la poca que le quedara.
Tomó aire una vez más, hinchando el pecho, y volteó para poder besar el hombro de Rey antes de zarandearla.
-Nena, ve al baño a ducharte…- Pero recibió como respuesta un remoloneo. Y él sonrió mientras salía de ella, decidiendo asearse él primero y cubrirse el pecho con una camiseta antes de que Rey se despertara… Si es que lo hacía en ese momento.
Sonrió, apoyándose en el marco de la puerta, con la camiseta en la mano y la otra en su nuca, rascándose. Pasando la mano por su cuello, deseando no tener aquel bulto, aquel trozo de metal incrustado. Deseando que aquella mano fuera la de ella.
Moría por sus jodidas caricias. Pero no tenía ganas de explicar nada, de abrir aquella puerta. De saber la realidad, de hacerse a la idea de que Rey iba a abandonarle. Y entonces su niña remoloneó un poco más en la cama, llamando su atención y haciendo que se colocara la camiseta en seguida, acercándose a la cama hasta quedar arrodillado.
-¿Nena? ¿Estás despierta?- Rey alzó una mano y la ladeó varias veces, indicando un "más o menos" que a Kylo le llenó el pecho de ternura.- ¿Te llevo a la ducha?
-Mañana…- Ella alzó la mano, posándola con torpeza sobre su mejilla intacta.- Mañana… ¿Vale?- Kylo giró la cabeza hasta llegar a la palma de su mano, dándole un besito suave antes de volver a frotar la mejilla contra su roce.
-Vale, mi niña.- Y Rey dejó caer la mano suavemente hasta posarla en la cama. Del roce de las correas se le habían aflojado los vendajes y Kylo los observó durante un segundo antes de alzar los ojos a ella. Meditando… Pero siendo fiel.
Tomó su fina muñeca ajustando un poco más los vendajes para que se mantuvieran firmes toda la noche y le dejó la mano de nuevo en el colchón y se levantó, encaminándose al cuarto de baño.
Quizá Rey terminaba por volverle completamente loco. Pero era una locura totalmente distinta a la que pensaba que llegaría en su vida. Y lo prefería. A Rey la prefería por encima de todo.
