17. Escenografía

Un ligero golpe en el muslo y un movimiento a su lado fueron suficiente para despertarle, completamente alerta de todo cuanto sucediera a su alrededor. Su habitación. La luz del día entrando por la ventana hasta caer en el suelo y sobre la cama. La cama. Rey…

Rey. Su nombre resonó dentro de su cabeza, entre sus sienes, apenas un susurro. Y como si ella le hubiera oído en sus sueños, se giró hacia él y dejó caer un brazo sobre su pecho, como si nada, acurrucándose a su lado, cabeceando sobre su hombro, encontrando otra postura en la que proseguir su descanso. Más de media cama sólo para ella y terminaba viéndola dormir casi sobre él. Ni siquiera podía creerse su suerte.

Bajó la mirada hacia aquella mano que se posaba sobre su pecho, súbitamente tan agradecido por su toque como por haberse puesto una camiseta antes de acostarse. Luego, sus ojos siguieron el recorrido de su brazo, cubierto por aquellos vendajes, hasta llegar a su hombro, dónde sus pecas se multiplicaban hasta el infinito. Su pecho, apenas cubierto por las sábanas, subía y bajaba de forma casi imperceptible, con tranquilidad. Y él sabía que, bajo aquella manta, estaba tan desnuda como cuando cayó dormida anoche, agotada. Sonrío, con la misma sonrisa sosegada que se extendía por la cara de ella. Cabeceó y logró posar los labios en su pelo, debatiéndose entre despertarla o no, si quería seguir viéndola dormir o quería verla despertar.

Alzó una mano hacia ella, a punto de aparte el pelo de la cara y extender su melena por la almohada, queriendo darle un beso en esas mejillas llenas de pecas de sol, queriendo saber si por las mañanas era tan perezosa como al dormir, si se desperezaba como los gatos o se le acumulaban los bostezos. Pero una vibración estridente sobre la mesilla anuló su movimiento a medio camino.

Se quedó paralizado. Con el corazón suspendido en el centro del pecho, envuelto en la masa de aire que se había quedado atascada en sus pulmones, temiendo haberla despertado. Temiendo que lo hiciera por culpa de aquel monstruo al que le daba igual que fuera de noche o de día. La vibración cesó. Y sintió a su niña moverse y reacomodarse apilando la almohada entre sus brazos y extendiéndose sobre las sábanas cuan larga era, completamente ajena. Así debía seguir, aunque sólo fuera un minuto más.

Cogió aire y trató de moverse fuera de la cama lo más rápido y silenciosamente posible, previendo el siguiente golpe. ¿Le daría tiempo a salir de la habitación? Miró hacia la puerta del baño, preguntándose lo mismo. Agarró el teléfono de la mesilla en apenas un segundo y, en cuanto empezó a andar…

Una corriente eléctrica atravesó su cuerpo, como si un rayo le hubiera dado de lleno. Se aferró al poste de la cama y apretó la mandíbula todo lo que pudo para ahogar cualquier sonido que pudiera salir de él. El dolor punzante, la quemazón, ese hormigueo agudo, afilado y lacerante que recorría sus nervios, sus extremidades y le atrofiaba cada puto sentido. Apoyó la frente perlada de sudor sobre la madera, sin atreverse a abrir los ojos y a soltar el aire hasta que volviera a sentirse el cuerpo. Esta vez había sido fuerte. Y luego temió haberla despertado. Eso le obligó a centrarse.

No. No se había despertado, seguía en la misma posición. Las sábanas enredadas entre sus piernas, de tanto moverse en sueños, y la espalda completamente descubierta a sus ojos. Se obligó a coger aire profundamente, justo cuando las yemas de sus dedos empezaban a sentir unas pequeñas muescas en la madera. Aquello le hizo sonreír, a pesar de lo que acaba de ocurrir. Su niña se aferraba a lo que podía con tanta fuerza cuando estaba con él que dejaba las marcas de sus uñas en todas partes. Y eran como pequeños recuerdos para el futuro, para cualquier otro momento. Sólo ella podía devolverle en un instante así a la paz de una noche como la que acaba de dejar atrás.

Suspiró y, no queriendo que aquello se volviera a repetir estando tan cerca de ella, ni demorar lo inevitable por quedarse embobado viéndola dormir, echó a andar y cerró la puerta a sus espaldas en completo silencio.

Apenas había llegado a la cocina cuando el teléfono volvió a vibrar en su mano. Alzó la mirada al techo, buscando una fuerza que hoy no sentía consigo y aceptó la llamada cerrando los ojos y dejándose caer sobre la silla.

-¿Sí?- Respondió, intentando sonar firme.

-¿Te he despertado?- Kylo alzó la vista, apretando la mandíbula. El muy hijo de sarlacc lo sabía, vaya que sí lo sabía. Se hacía a la idea de haberle despertado y aún así se regodeaba.

-Sí.- Dijo, confesando una verdad a medias. Negarle aquello sólo le traería otra pelota, "¿Y por qué no respondías?" y el juego seguiría hasta que Snoke encontrara, quizá, otro motivo para darle un calambrazo.- ¿Ocurre algo?

-¿Cómo va el tema del desertor?- Kylo suspiró.- ¿Sabéis algo?

-Tenemos algunos contactos en las calles, clubs y comisarías y sabemos de algunos lugares en los que puede haberse escondido. - Snoke aguardó al otro lado.- Queremos asegurarnos bien para reducir al máximo los daños colaterales y la mala publicidad. Luego le haremos una visita.- Kylo observó su mano, dibujando círculos nerviosos con el dedo, surcando la superficie. Llevándose consigo algunas migas que se habían quedado por recoger.-Y él nos llevará al "paquete extraviado".

-Bien, bien…- Kylo asintió, deseando que aquella llamada terminara cuanto antes, pues no quería desvelarse. Quería regresar a su lado, abrazarla, hundirse en ella, en su olor, en su suavidad, su roce, su…- ¿Habéis tenido visitas inesperadas en el cine?

-No. Ni una sola.- Suspiró.- Es posible que todavía no haya tenido el valor de… Acudir a quien sea para hacer lo que sea que deba hacer.- Le escuchó gruñir al otro lado, quizá recolocándose en aquel sillón enorme.

-No os fiéis de eso, ¿me escuchas?

-Entendido.

-No contéis con algo que no sabéis. Tenéis mucho material en el cine como para que ese chico lo eche todo a perder. – Kylo asintió.- Llamaré mañana a Hux. ¿Estará disponible a partir de las nueve?

-Lo estará.- Habló. Alegrándose al ver que ese sentimiento envidioso que surgió en él hacía años respecto a ese tema, respecto a la forzosa diferencia que Snoke insistía en remarcar entre él y Hux, había desaparecido por completo. Snoke preguntaba siempre por la disponibilidad de Hux mientras que respecto a él le traían sin cuidado sus horarios. Y al principio le odiaba, odiaba mucho a Hux. Hasta que descubrió que Hux también odiaba a ese pellejudo asqueroso. Hasta que descubrió lo útil y conveniente que le resultaba a Snoke tenerles enemistados.

-Bien.- Se hizo un breve silencio, quizá tomando aire, quizá bebiendo, pero Kylo estaba desesperándose y, desgraciadamente, despertándose poco a poco.

-¿Sabe algo del tema que concierne a Dathomir?

-Que no debéis preocuparos más por eso. Hux me habló de la visita de Opress.- Kylo asintió.- El error está resuelto. Y procurad que no vuelva a suceder.

-Entendido.- Y sin despedirse colgó al otro lado, haciendo que Kylo se apartara el aparato del oído, sintiendo su mano temblar al poder permitírselo ahora que no necesitaba aparentar nada.

Lo depositó sobre la mesa mientras respiraba entrecortado. Había estado tenso, aguantando el aire toda la conversación. Escuchando más a su corazón palpitante que a la voz de Snoke, forzándose a prestarle más atención. Pero todo aquello sólo reforzó el hecho de estar despejándose. Y ya lo estaba.

Observó el reloj, no eran ni las siete de la mañana. Pero él ya había perdido sus horas de sueño. Se venció sobre la mesa, pasándose las manos por la cabeza antes de volver a erguirse, apoyando la barbilla en sus nudillos. Respirando, centrándose… Y entonces la esencia de Rey, todavía impregnada sutilmente en sus manos le hizo sonreír. Cerrando los ojos y disfrutando del momento, sintiendo cómo cada nudo, cada tensión y cada angustia se difuminaban inhalación tras inhalación.

Y deseaba, de verdad que deseaba con todas sus fuerzas que fuera posible, colocarse con su olor.

Rey rodó una vez más sobre la cama, extendiéndose. Pero no estaba cómoda. Hacía un par de horas que había dejado de estarlo. Como si le hubieran alterado algo, cambiado algo… Abrió los ojos con pereza, lentamente, y volvió a encontrarse con aquel techo blanco nuclear, saludándola como ya había hecho la mañana anterior.

Palpó con la mano la cama, encontrando el hueco de Kylo vacío, frío. Ahí estaba la alteración. Y ahí estaba ella, sentándose en la cama pero entonces una agujeta en plena espalda le hizo volver a tumbarse, poco a poco. Y movió las piernas, sintiendo otro pinchazo. Y otro en otro músculo, otro más en otro, y así con cada parte del cuerpo que osaba mover.

Rió sin hacer ruido, llevándose ambas manos a la cabeza, pensando en la situación. En lo que estaba descubriendo tanto sobre sí misma como de él, quien cada vez se le presentaba menos como un desconocido. De alguna forma, había pillado su algoritmo, ayer le puso a prueba. Sólo tenía que fingir que nada de lo que hacía le salía por voluntad propia, sino inconsciente. Haciéndole creer a Kylo que aquello era fruto de sus acciones. Se relamió, sintiendo que algo en su interior le hacía dudar un poco en aquella afirmación, planteándole la posibilidad, la improbable posibilidad, de que aquello quizá, quizá, no era tan… Tan fingido.

Zarandeó la cabeza, poniéndose de pie, avanzando hacia la estantería junto al armario, sacando de éste una camiseta grande y blanca, mientras sus ojos viajaban por aquel arsenal de libros y películas.

Apenas había visto su casa, pero Rey juraría que aquella no era la única estantería dedicada al cine que tenía. Seguro que no. Y leyó títulos, reconociendo algunos, descubriendo otros y sonriendo ante cada película que, al fin, sí había visto, como "Kill Bib" o "Death Troop".

Un sonido proveniente de la cocina le hizo girar la cabeza en dirección a la puerta. Y entonces un aroma dulce le hizo aspirar aire con fuerza, impregnándose. Su estómago rugió en respuesta. Y ella avanzó por la moqueta hasta llegar a las baldosas del pasillo, andando y escuchando el agradable sonido de sus pies descalzos contra el suelo.

Pasó por delante de varias puertas, reconociendo la del baño pero preguntándose qué albergarían las demás ¿Un cuarto de juegos? Torció el gesto. Lo dudaba. Kylo parecía tenerlo todo concentrado en su habitación, quizá. En algún punto de la misma. Y se sorprendió al encontrarse a sí misma, queriendo saber qué cosas tendría allí guardadas, en su cuarto, con las que podría descubrirle nuevas formas de llegar a donde él sabía llevarla.

Se paró frente al quicio de la cocina, observándole desde allí, de espaldas a ella, cocinando. Y Rey se quedó con el aire atorado al pecho. Se maldijo, una y mil veces… Porque cada vez, cada vez era más difícil encontrar al monstruo que le habían dicho que encontraría.

-Veo que alguien se ha despertado.- Habló, todavía de espaldas, y Rey zarandeó la cabeza, saliendo del trance, preguntándose si sus andares habían sido tan evidentes o es que Kylo tenía el oído muy fino.- ¿Cómo ha dormido mi niña?- Rey alzó una comisura, acercándose.- ¿Tienes muchas agujetas?

-Algunas…- Habló, colocándose a su espalda y abrazándole. Haciendo que Kylo se quedara quieto al instante, sintiéndola. Disfrutándolo por un momento hasta que, dolorosamente, tuvo que apartarla.- ¿Tampoco puedo abrazarte?- Dijo, burlándose. Kylo se giró hacia ella, quedando frente a frente. Pasándole el pulgar por debajo de los ojos, apartando alguna legaña o quizá una pestañita.

-Sólo cuando te lo pida.- Y se agachó, dándole un beso suave en los labios que a Rey le supo frío en contraste a ella, quien estaba siempre con la temperatura corporal bastante alta.- Ve a la nevera y coge lo que quieras para beber, niña.

-¿Sabes… - Abrió la nevera, inspeccionando su interior, sorprendiéndose por lo llena que estaba en comparación con la suya, aunque eso fuera dejar el listón muy bajo. – que la mayor parte de la gente no pide los abrazos? – Se giró para mirarle, descubriendo que no le había quitado la mirada de encima y que un pequeño borde de calor en su pecho llameaba con orgullo. – Se aceptan sin más. – Cogió el brick de leche para su té y el bote de chocolate antes de cerrar la puerta con un golpe de cadera mientras Kylo dejaba un plato repleto de crepes sobre la mesa. Sin dejar de mirarla.

-¿Y se puede saber qué estoy tratando de enseñarte? – Le vio apoyar los puños sobre el tablero y adelantarse hacia ella. Otra vez, demasiado cerca de su cara. Y su pregunta le había desconcertado por completo, perdiendo el hilo de a dónde quería llegar con eso.

-Que me estás enseñando… ¿El qué? – Se quedó quieta donde estaba mientras Kylo se movía hacia ella, le cogía de las mejillas con una mano y le sostenía la cabeza con la otra, acunándola y presionando su cuerpo con el suyo.

-¿Qué es lo que me pides cuando te toco, nena? – Rey boqueó al caer por dónde iban los tiros y Kylo copió su gesto antes de alzar las comisuras. – Dilo.

- Te pido permiso para correrme. – Cedió. Y le gustó esa mirada suya cuando lo dijo.

-El orgasmo no llega sin más, sino cuando yo lo digo. – Ejerció una suave presión con la mano en sus mejillas y sus dedos le pellizcaron los labios, haciéndole desviar la mirada hacia ellos, jugando. - ¿No lo hace eso diferente a los demás? – Y su mirada volvió a sus ojos, estremeciéndola hasta que sólo pudo asentir.

Y supuso que esa era la respuesta que precisaba, porque la sonrisa se extendió por su cara antes de soltarla y sentarse mientras Rey lidiaba como buenamente podía con ese fuego que crecía en ella, que era como un motor de combustión en la parte de atrás de su corazón porque cada vez que la miraba así, se le aceleraba.

Se pasó la mano por el pelo y fue a sentarse en la silla frente a él cuando volvió a llamarle la atención.

-¿Qué haces, niña? – Rey se quedó a medio camino de apoyar el culo en la silla y sus agujetas gritaron en protesta. ¿Que qué hacía? ¿No era obvio? Le miró como si lo fuera y él chasqueó la lengua, negando con la cabeza, empujándose un poco para apartarse de la mesa. Le miró, un poco perdida. Era demasiado pronto para ella y estaba sin su dosis de azúcar mínima para carburar. Pero cuando Kylo se mantuvo en silencio, cayó en lo que le estaba diciendo sólo con la mirada. ¡Oh, venga ya!

-¿En serio? – Fue más una pregunta retórica que por confirmación pero quizás se viera generoso para darle una explicación lógica. Pero no. Toda su respuesta fue recostarse sobre el respaldo de la silla, esperando. Esperándola.

Y Rey se encogió de hombros, rodeó la mesa hasta quedar frente a él y situarse hasta sentarse en su regazo. Rey sabía que si esto se lo hubieran pedido hace tan solo un mes, se habría reído a carcajadas de camino a la puerta. Pero con él era… En fin, bueno,… Lo que fuera necesario, ¿no? Lo que fuera necesario. Lo pensaba una y otra vez mientras veía la forma en la que sus ojos acariciaban sus muslos desnudos sin ni siquiera rozarla antes de alzar la mirada hasta ella.

-¿Qué modales son estos de no llevar bragas cuando te invitan a la mesa, nena? – Y ahí estaba ese tono grave de lobo feroz que hacía que se le llenara la tripa de vértigo. Se mordió el labio mientras tragaba saliva y le veía coger una crepe, untarlo con cuidado y contar un trozo.

-Apenas he conseguido pasar las manos por las mangas, Kylo. – Se atrevió a mirarle. – No iba a hacer ni un esfuerzo más sin tener el estómago lleno. – Él pinchó un pedazo y puso el tenedor frente a ella, que ya se relamía y pudo sentir estómago retorcerse con un rugido.

- Sin excusas, nena. Me gusta que me provoques. – Ella abrió la boca para alcanzar el trocito de crepe untado en chocolate que le llamaba con gula justo cuando él lo apartaba. – Pero la próxima vez que te invite a mi mesa o a cualquier otra, vas a ir igual. – Y ahora sí, dejó que ella se llevara su primer pedacito de desayuno a la boca, viendo cómo ponía los ojos en blanco de puro gusto, más centrada en saciar su hambre que en su orden. Y Kylo sonrió a pesar de sí mismo. - ¿Qué acabo de decirte?

- Que la próxima vez… - Se llevó la mano a la boca mientras hablaba a medio tragar. – que comamos juntos, no lleve bragas. – Y Kylo partió otro trozo de crepe, acercándolo a su boca justo cuando ella entreabría los labios. - ¿Tienes pensado invitarme a muchas comidas? – Le preguntó, ladeando la cabeza hacia él y apoyando la mejilla en su hombro, mirándole a ras de las cejas sin perder un solo detalle, intuyendo cómo cientos de engranajes se movían en su cabeza por una respuesta calculada.

Kylo tomó aire, como un piloto de carreras de vainas antes de que dieran el pistoletazo de salida, sólo que Rey ya lo había dado. "¿Tienes pensado invitarme a muchas comidas?" ¡Oh, por la fuerza! Si por él fuera… Joder, si por él fuera sería capaz de meterla entre sus costillas, sin soltarla jamás, refugiándola de todo, absolutamente todo. Si por él fuera le invitaría a todas las comidas que quisiera, con la condición de comérsela después… Y sonrió, poniendo la vista perdida mientras Rey le empezaba a mirar preocupada. Preguntándose qué estaría pasando por su cabeza.

Rey se adelantó un poco, tomando la taza de café de Kylo y acercándola a él, dándole un suave toquecito con ella en el pecho, consiguiendo que él bajara la mirada y regresara a la tierra. Mirando sus manitas, sujetar aquella taza negra y mate que él no tardó en aceptar, dándole un trago, sintiendo los ojos de la chica sobre él. Observándole sin perder detalle.

Y dio un trago largo, más de lo que hubiera preferido… Pero quería tiempo, ansiaba tiempo, más y más tiempo. Quería retrasar ese momento todo cuanto pudiera… Pero ya era tarde.

-Tengo pensadas muchas cosas, nena…- Y Rey sonrió, ladeando la cabeza, atendiéndole mientras Kylo ahora contemplaba su taza de café, girando el líquido dentro del recipiente con movimientos circulares propiciados por el vaivén de su muñeca.- Quizá demasiadas…- Y ella achicó un ojo.

-¿Demasiadas?- Él alzó ambas cejas y Rey se mordió el labio por dentro. El tonito melancólico que usó Kylo no le dio buenas vibraciones.- ¿Eso es bueno, no?- Y él se alzó los hombros.

-No… No lo es, niña mía.- Y Rey frunció el ceño, mirándole sin entenderle. Kylo dejó la taza sobre la mesa antes de frotarse los ojos, intentando relajarlos y relajarse con ellos.

-¿Por qué no?- Y Kylo sólo puso la vista al frente, totalmente perdido. Observando a la nada sin saber hacia dónde girar los mandos de su nave para poder guiarse en su cabeza. Y Rey empezó a sentir aquello como una despedida, como una amarga, cruel y terrible despedida que ponía un punto y final a todo avance que pudiera conseguir. Sin Kylo no había avances y sin avances… Su misión se estancaba. Y debía impedirlo. "Lo que fuera necesario". Así que bajó los ojos e intentó hablar triste.- ¿Ya no quieres… estar conmigo?- Y el tono le salió demasiado real y, para su condenada sorpresa, no tuvo que esforzarse mucho en fingirlo.

Kylo se enderezó, mirándola con auténtico pavor. Joder, por supuesto que quería estar con ella. Y tanto que lo quería… Lo que no sabía es si ella iba a quererlo después de… Después de que le confesara todo. O una parte… O hasta donde viera que pudiera contar.

Observaba la carita de la chica, triste, desolada, asustada por recibir un "No, no quiero" como respuesta. Kylo sabía lo que se sentía, estaba en su misma posición. Alzó una mano, acariciándole la mejilla con cuidado, con sumo cuidado, admirándola.

-No es a mí a quien tienes que preguntarle eso, nena.- Rey frunció el ceño.- Y… Es injusto que te hagas la pregunta ahora.

-¿Por qué?- Kylo alzó una comisura ante la curiosidad, ante su forma de cuestionarlo todo. Su niña, su curiosa niña.- ¿Por qué no ahora?- Y Kylo pasó el pulgar por toda su mejilla, deseando poder leer lo que sus pecas escribían en su piel.

-Porque no me conoces, nena.- Y ella le miró con cierto enfado pero luego, sin detenerse, cambió a un gesto de desubicación. Y Kylo suspiró bajando la mano.- Niña… No sé si sabes quién soy.- Rey juntó ambas manos en su regazo, conduciendo una a su muñeca, apretando y conectando el micrófono sutilmente, sin dejar de mirarle. E hizo lo mismo con la otra mano.- ¿Sabes quién soy?- Y ella asintió.- ¿Quién soy, nena?

-Kylo Ren… El dueño de los cines Stelar Eclipse.- Y él alzó con amargura una comisura para ladear varias veces la cabeza.

-Eso es una parte del todo.- Rey frunció el ceño y bajó los ojos, como si pensara, pero entonces volvió a mirarle, como si desconociera su identidad.

-¿Entonces…?- Kylo se estaba asfixiando, sintiendo un calor horrible, una sensación desagradable, una angustia terrible y un nervio completamente perturbador.- ¿Entonces quién eres?- Él alzó la vista al techo antes de atrapar su mano.

-Todos aquellos quienes están en el cine trabajan para mí y para Hux.- Rey asintió rápidamente pero Kylo se adelantó.- Pero no sólo en el cine…- Y ella dejó de asentir.- Hay algo más. Algo que no sólo está en el cine, sino que llega a todo el barrio, llega a la ciudad, llega incluso más allá de esta región y de este planeta, además.- Desvió la mirada, punteándose el labio con los dientes, desviando la mirada y jugando a desencajar su mandíbula.

-No… No te sigo, Kylo.- Y él asintió. Por supuesto que no. Tomó aire, enfundándose fuerzas, y condujo los ojos a ella.

-¿Conoces lo que es La Primera Orden?- Y entonces a Rey se le fueron las expresiones. Abriendo los ojos por completo, mirándole con la boca entreabierta, quedándose quieta, dejando de respirar… Y para ella aquella reacción era de pura alegría interna intentando esconderla. Kylo iba a darle lo que tanto había buscado, iba a contárselo todo y ella iba a grabarlo… Pero desde la perspectiva de Kylo aquella reacción fue horrible, muy horrible. Y se arrepintió de haber abierto aquella brecha, aquella rotura que terminaría por romperles. Y Rey entonces regresó a la cocina, recordando donde estaba. Recordando que estaba frente a él y no debía perder la oportunidad. Se llevó una mano a la boca, cubriéndola y Kylo desvió al fin la mirada.

-¿Tú…?- Y él volvió a observarla.- ¿Tú eres parte de ello?- Kylo asintió y ella contuvo el aire.- ¿Qué eres?- Y esperó escuchar aquel apelativo que tanto asco le daba, que tanto había escuchado. Sería la confirmación definitiva, sería ponerle amargamente en el centro de la diana, el blanco perfecto, el nudo maestro que desarmaba todo, pero…

-Soy quien tiene el arsenal.- Y Rey le miró, deseando que dijera aquel nombre.- Junto a Hux. Guardamos el arsenal, lo preparamos para distribuir y seguimos órdenes que nos dicen a quién tenemos que hacerle llegar un cargamento.- Y Rey intentó ocultar su decepción ante aquello. Intentó saber por qué, qué había pasado, por qué narices no le había dicho "Soy el Líder Supremo"… Y entonces, recapacitó ¿Seguir órdenes?

-¿Seguir órdenes?- Kylo asintió lentamente y Rey le notaba incómodo, totalmente… Asustado. Y ella decidió sujetarle la mano con cuidado.- ¿De quién?

Kylo bajó la mirada hacia su mano, pequeña en comparación con la suya, sin poder evitar pensar en que los nudillos que ella apenas rozaba eran culpables de tanto dolor que no sabía cómo había permitido que esas mismas manos rozaran la piel de quien tanta paz le daba. Entonces Rey entrelazó sus dedos entre los suyos y él cerró los ojos, sabiendo que aquel gesto había anulado por completo su valor para decirle que sería más seguro verla marchar, cerrarse en banda, guardar el secreto un poco más, aguantar un poco más… Ella le dio un ligero apretón e inclinó la cabeza para encontrar su mirada.

-De quien me ha convertido en un monstruo, Rey. Es mejor que no sepas de él. – Ella frunció el ceño. Aquella respuesta distaba mucho, muchísimo de esclarecer nada y no estaba ayudando. Y, joder, se sentía tan cerca… - Y haré cuanto pueda para que él tampoco sepa de ti.

- Pero… - Se frenó a sí misma, incapaz de centrarse en una sola pregunta además de mantener su pose. Y le estaba costando, que la Fuerza le ayudara. Porque no estaba viendo ante ella a alguien que no pareciera consciente del daño que provocaba, sino que le pesaba. Como si estar contándoselo a ella, le hubiera hecho caer en la maldad de sus acciones. Y eso no era habitual en alguien sin conciencia. – Dime una cosa. – Le vio esperar. - ¿Eres el responsable de las muertes de los civiles que han salido a la luz últimamente?

-Rey, el negocio está cimentado en la guerra. Claro que soy responsable… - Se calló cuando la vio negar con la cabeza, extrañado tanto porque siguiera ahí, sentada sobre sus rodillas, sin huir despavorida, como por… todo lo que estaba pasando.

-Me refiero a si tú mismo, como parte de la Primera Orden, has matado a alguien. – Le vio tragar saliva. ¿Qué iba a ser lo siguiente que preguntara? ¿Si la víctima lo merecía?

- No. – Le confesó, al tiempo que desviaba la mirada de nuevo hacia sus manos unidas. – Jamás aprendí a usar un arma, ni siquiera un blaster. – Rey se forzó a coger aire muy despacio y a soltarlo aun más lento, sin saber filtrar el alivio que la inundaba de repente a pesar del tono de fracaso con el que Kylo se lo estaba diciendo como si fuera… ¿Como si fuera una decepción? Frunció el ceño y bajó también la mirada a sus manos unidas antes de alzarlas ante ella y darle un beso en los nudillos para luego volver a dejarlas sobre su regazo. Cuando volvió a mirarle, su mirada le dio de lleno.

-¿Cómo se llama ese… jefazo?

-Líder Supremo. – Contestó. Y sin embargo, Rey se lo tomó como una corrección. Puso los ojos en blanco, simulando cierta cansinez.

-¿Cómo se llama el Líder Supremo? – Se atrevió a preguntarle. Por la Fuerza, necesitaba un nombre. Y rápido. Necesitaba sus objetivos claros. Necesitaba reajustar sus malditas dianas y las de toda la JEDI. Y ella tan sólo parecía estar dando con los gestos que hacían que Kylo se lo fuera diciendo todo poco a poco. Le miró a los ojos y esperó.

- Snoke. – Y lo dijo con ese temor casi infantil de quien teme nombrar las pesadillas por miedo a que se hagan reales. Pero todo lo que podía ver Rey era que ese "Líder Supremo" también era "Responsable Supremo" de la Primera Orden y de todos sus crímenes. Lo tenía, lo tenía, joder, lo tenía. Ahí estaba. Aquello que no le cuadraba, ahí estaba. - ¿Sigues queriendo estar conmigo, niña? – Aquella pregunta la sacó de sí misma de vuelta a él. Pero, sobre todo, lo hizo ese tono. Sonaba casi derrotado, esperando que dijera "Pues no" y se marchará sin más. ¿Dónde estaba su Kylo feroz? ¿Dónde lo había enterrado el simple hecho de mencionar el nombre de Snoke? Su mente carburaba a mil revoluciones por ideas. Asintió, aguantándole la mirada. - ¿Por qué? – Esa no se la esperaba. Y necesitaba tiempo.

Cogió aire profundamente y, sin soltar su mano, se levantó de su regazo para poder posicionarse a horcajadas sobre él, quedando frente a frente mientras su mente se iluminaba con una idea que, con un poco de suerte, le daría la respuesta a por qué el poderosísimo Kylo Ren se amedrentaba ante Snoke.

-Antes de que yo te responda a eso… - Se reacomodó, torciendo el gesto al sentir sus agujetas punzando en su carne tanto como sentía su sensibilidad rozando la áspera tela de sus vaqueros. - ¿Me contarías tu peor recuerdo? Esa experiencia de tu vida que te golpeara tan fuerte que te cambiase para siempre. – Le vio abrir la boca, con ese ceño fruncido y estaba casi segura de que se negaría. No podía permitírselo. No lo había visto venir pero no iba a tener muchas oportunidades como esta. La Fuerza no era tan generosa con ella. – Es importante para mí. – Le mantuvo la mirada, imprimiendo en ella toda su preocupación. – Para que yo pueda saber cuánto de todo esto puedo aceptar. – Su pecho se infló, expandiéndose, y ella no pudo evitar soltarle la mano, para poder sentir ambas sobre su cintura, y posar las suyas sobre su pecho. Deleitándose. Pero no mucho. Recordando su petición de "nada de caricias" antes de dejarlas quietecitas sobre sus hombros. - ¿Quieres que empiece yo primero?

- ¿Si respondo a tu pregunta, tú responderás a la mía? – Rey asintió con vehemencia, alzando un poco las comisuras para que se mantuviera esperanzado en su respuesta. – Entonces, sí.

"Mierda… Pues ahí va". Y, de repente, sentía toda su valentía esfumándose por los poros. Era un tema delicado, jodido cuanto menos. Pero era lo justo, si quería lo mismo de él. Suspiró y le miró a los ojos, dándose cuenta de que no podría aguantarle la mirada mucho tiempo. No porque lo que le fuera a decir fuera mentira sino absolutamente lo contrario.

-¿Recuerdas que te comenté que había vivido en la calle? – Kylo asintió, afianzando sus grandes manos a sus caderas. – Bueno… - Se pasó un dedo por la ceja, dejando caer la mirada, entristecida de repente sólo con pensarlo. – Fui abandonada. – Soltó como si hubiera cargado toda la vida con veinte kilos de arena sobre su espalda. – Mis padres me abandonaron. – Se corrigió. – Ni siquiera sabría decirte qué edad tendría yo por aquel entonces. ¿Cinco? – Alzó la mirada hacia él, como si Kylo fuera a saberlo. Volvió a apartarla, negando con la cabeza. – Hace mucho que olvidé sus caras, muchísimo. Pero siempre me acuerdo de aquel día. Vivíamos en cuartito de una casa vieja, destartalada, vacía y decrépita. Yo apenas pasaba mucho tiempo en ella pero mis padres sí, tomando cosas que les dejaban mal y yo no entendía. Y, un día, al volver a casa, les vi marcharse. Les estaba viendo irse. Y les grité. Y corrí tras ellos. Y grité aun más. Y ellos ni se giraron, sólo aceleraron aun más y desaparecieron. Recuerdo quedarme en mitad de aquella acera esperándoles. Toda la noche. Y todo el día siguiente. Y el siguiente hasta que desfallecí. Y cuando volví a despertarme, estaba en una cama. Los servicios sociales me habían metido en un orfanato. – De repente, alzó la mirada hacia él. Mierda. Ya la había cagado. Le había dicho que se había criado en la calle. – Me escapé en cuanto comí media despensa y la otra mitad me la llevaba debajo de la ropa. Y he de decir que es bastante difícil correr así. – Volvió a mirarle y respiró con cierto alivio al haber encauzado su historia. Pero sintió un alivio incluso más grande cuando no vio lástima en sus ojos. Sólo escuchaba. Y eso era mucho más de lo que había recibido de cualquiera que había sabido que no tenía apellido hasta que Obi-Wan le dio el suyo, cansado de aquellas miradas. Tragó saliva ante el recuerdo y sintió que tenía una piedra del tamaño de un puño en la garganta. Joder, aquello estaba siendo más difícil de lo que creía. – Del resto, te haces una idea. Una niña de cinco años, sola en la calle… - Se atoró y justo en ese momento sintió una de las manos de Kylo abandonar sus caderas y llevarla a su cara, alzándola hacia él, quitándole unas lágrimas que no se había dado cuenta de haber dejado caer, y mirándola como… Como si fuera una superviviente, no una víctima, como sí había hecho el resto del mundo. Sorbió por la nariz. – A día de hoy, aun hay días que me siento en la calle, sin hacer nada, sólo esperar. Como si eso fuera hacerles aparecer. Da igual que ni siquiera esté en Jakku. Allá donde yo vaya, les espero. Y me siento abandonada en todos los lugares.

Kylo observó a la chica, atento. Y se vio reflejado en ella de alguna manera pero no por el tema del abandono de sus padres que, aunque de alguna manera su madre le había dado la espalda cuando… Cuando aquello… Él no podía negarse, no después de tantos años, que seguía buscándola también porque con su padre… Aquello ya no tenía vuelta atrás de ninguna de las maneras.

Y Rey se pasó el dorso de la mano, torpemente, por debajo de los párpados. Desviando la cabeza como si ahora le diera vergüenza que viera cómo lloraba. Pero Kylo frenó su mano y se adelantó para llevar a cabo la tarea por sí mismo, observándola con aquella mueca de quien escucha, de quien empatiza. De quién no siente lástima sino admiración, una por haberse encontrado en la misma situación y ver que ambos habían salido adelante… De algún modo u otro.

-Perdona…

-No pidas perdón.- Susurró con aquella voz que conseguía acunarla mejor que nada. Y le adelantó el rostro, facilitándole el trabajo y dejándose hacer, dejándose cuidar, mientras Kylo observaba a su niña, admirando cada peca, cada arruga, cada marca… Preguntándose quién tendría el valor de abandonar a alguien como ella, tan compleja y tan completa en consecuencia. Se acercó para darle un beso en la mejilla, suave. Un roce. Y Rey no podía, no aguantaba más.

Quería abrazarle. Y todavía no le había contado su historia… Aquello le hizo abrir los ojos, observándole y encontrando las pupilas de Kylo al otro lado, mirándola como si pudiera escudriñar dentro de su alma. Y se vieran reflejados, de alguna manera.

Kylo tomó aire, bajando los ojos antes de acomodarla mejor sobre él, viendo como Rey siseaba al sentir un roce más intenso de lo que hubiera preferido en su sensible entrepierna. Y se agarró a los hombros de Kylo mientras éste volvía a recolocarla con más cuidado.

-Lo siento, nena, olvidé que sigues sensible…- Y sonrió, sacándole a ella una sonrisa.- Y además sin ropa interior.- Y se le acercó un poquito más, hasta pegar frente con frente, observándose sin poder escapar ninguno de los dos de la mirada del otro. Él rozó su mejilla con los nudillos, recreándose en su suavidad.- Joder, nena… Necesito saber el por qué.

-Antes cuéntame tu historia.- Y Kylo alzó con dolor una comisura. Ojalá pudiera, pero había trozos que había encerrado bajo llave. Rey alzó ambas manos, dejándolas a medio camino entre ellos dos, mirándole directo a los ojos, perdiéndose en ellos y encontrándose una y otra vez. -¿Puedo?- Kylo frunció levemente el ceño.- ¿Puedo acariciarte?- Habló, bajando los ojos a sus labios durante un segundo antes de regresarlos donde los tenía al principio.- ¿Puedo tocarte?- Kylo hinchó el pecho y fue a negarse pero ella se adelantó.- Por favor…

-No te va a gustar tocarme, niña…- Susurró, suave, atrapándola en la red que tejían sus palabras, su entonación, como si fuera una especie de hechicero o un Hermano de la Noche, capaz de conjurar con su voz.

-Lo dudo mucho.- Él alzó una comisura, mirándola. Tan valiente y decidida. Y de hecho se lo estaba pensando, pero algo en él, Snoke, le hacía recular. No soportaría ver desde sus ojos una mirada piadosa, una mirada de compasión, de pena hacia él. Para nada lo soportaría. Y entonces notó el calor de sus manitas sobre su pecho, por encima de la camiseta. Joder, ansiaba su roce más que su condenada libertad.- Por favor…- Y se adelantó un poquito, con una sonrisa pilla.- Quizá sea un buen momento para que pienses una palabra de seguridad.- Y él rió nasalmente antes de acortar la poca distancia, atrapando sus labios.

-Tú todavía no tienes la tuya.- Rey le miró mientras se relamía.

-No sé si me hará falta.- Kylo ensanchó un poco más su sonrisa y Rey recorrió su pecho con la mano hasta que él gruñó, frenándola al momento.- ¿Qué tienes que no puedo tocar?

-Quizá lo mismo que tú en tus muñecas.- Y Rey se quedó petrificada. Oh, no, por favor, que no le pidiera un trueque, que no le pidiera ese trueque. "Tus muñecas por mi piel", no. No, por favor… ¡Oh! Pero alzó la vista a él rápidamente, mirándole. Su cabecita había procesado una idea… Y aquello aclararía más cosas. O eso esperaba.

-¿Quizá…?- Él se quedó mirando su carita tierna, embelesado. Hechizado.- ¿Te las ha hecho él?- Y entonces no pudo más, sencillamente ella tiraba demasiado de él y le volvía vulnerable.

-¿Quieres saber mi historia todavía?- Rey asintió con dudas, esperando que saber la historia no quitara el poder deleitarse y pasarle las manos por el cuerpo como llevaba esperando hacer desde bastante atrás.- No puedo hacer nada por salir de donde estoy.- Rey parpadeó, sintiendo que se aceleraba. Por la Fuerza, cada frase suya tumbaba un pilar que había estudiado a conciencia para aquella misión.- No puedo, Rey… Estoy atrapado aquí. Me tiene atrapado desde… Desde hace demasiado tiempo.- Ella le miraba, ansiando más. Y Kylo seguía, seguía al ver que ella no lloraba por él, no se lamentaba por él.- Demasiado tiempo.

Entonces, Kylo dejó caer ambas manos a cada lado de la silla, como si se exhibiera ante ella sin hacerlo demasiado evidente. Y Rey se contuvo un poco, dudando en si estaba entendiendo bien aquello. Pero poco a poco llevó las manos al final de su camiseta, colándolas allí dentro y viéndole bajar la mirada, como si se avergonzara. Y Rey se adelantó, buscando sus ojos.

En el momento en el que hicieron contacto, ella bajó las manos, rozándole la piel… Y no esperaba aquel surco tan pronunciado, en un costado. Pero no retiró las manos, seguía mirándole y él a ella. Hasta que Rey no pudo más y se venció sobre él, besándole mientras pasaba las manos con un poco más de seguridad. Percibiendo hendiduras, líneas rasposas, arrugas de cicatrices mal cosidas. Contrastando aquellos relieves con la suavidad de su lengua rozando la suya con una delicadeza que le quitaba la razón. Subió hasta su pecho mientras le sentía temblar y erizarse bajo su toque. El daño se extendía, tenía cicatrices, marcas y heridas en costra por todas partes… Y Kylo estaba temblando.

Temblando mientras agradecía aquel tacto y, a la vez, agradecía que la peor de todas sus marcas estuviera lejos. Lejos de allí. Luego, ella se separó, poniendo la frente sobre la de él, tomando aire mientras seguía acariciándole.

-¿Te gusta?- Le preguntó antes de alzar los ojos a él, y le encontró asintiendo sin pode hablar. Con los ojos cerrados, dejándose hacer.- A mí también.- Y los abrió, encontrándola ahora con la cabeza gacha, observando sus manos por debajo de la tela de su camiseta.- Me gusta tocarte.- Y volvió a mirarle, electrocutándole al segundo. Y sacó las manos de allí para atraparle las mejillas, besándole y recreándose con su tacto. Dejando sus manos vagar libremente por el pelo, la cara… Hasta llegar al cuello, donde Kylo atrapó su muñeca, haciendo que ella se tensara de golpe.

Se separó de él un poco, tomando distancia y separándole un mechón de pelo que caía sobre su frente. Kylo se relamió, atrapando la saliva que le quedaba en los labios y Rey percibió aquello como un gesto de alguien que está escondiendo algo más gordo.

-¿Qué pasa?- Kylo alzó los ojos a ella, mirándola. Y decidió saltar al vacío.

Con cuidado, condujo el agarre de su muñeca a su mano y empezó a arrastrarla en el aire hasta colocarla sobre el trapecio de su cuello. Y ya no había vuelta atrás cuando suavemente deslizó su mano con la de ella hasta llegar al centro de sus cervicales. Observó la cara de Rey cuando sus dedos pasaron por aquel trozo de metal, incrustado bajo su piel. Y vio la cara de la chica, ahora sí, reaccionar. Cambiando, evolucionando. Pasando de una expresión seria a una de sorpresa, una sorpresa amarga. De la sorpresa al desconcierto. Y después, vio refulgir ese brillo de ira en sus ojos.

La chica boqueó, mirándole, siempre mirándole, como si apartar la vista de él durante un miserable segundo fuera a arrancarle de allí. E hizo ademán de hablar, de decir algo, pero por suerte se frenó a tiempo… Quería decirle cuánto le dolía saber aquello, cuánto comprendía su angustia, su dolor porque ella, Raelene, conocía esa tecnología… Pero Rey, esa misma Rey, no.

-¿Q-qué es?- Preguntó, palpándolo con los dedos, notando aquel bulto de metal que tenía anclado al tronco de sus nervios. Kylo deseó poder mentirle, deseó poder hacerlo, porque notaba en sus ojos, en su tono, aquel deseo de saber que todo lo que le pasaba por la cabeza acerca de aquel chisme incrustado en su ser era mentira.

-Es mi condena…- Habló, tan estoico como quebradizo, su voz sonó débil, entrecortada, fina como el crujir de un cristal a punto de resquebrajarse ¿O acaso lo había hecho ya? Parpadeó, lentamente, tomando aire y mirándola, sintiendo un alivio horrible ante las caricias que le estaba proporcionando Rey en su cuello, intentando borrar cada segundo de horror que él había sufrido.- ¿Sabes lo que es una táser, nena?- Rey parpadeó, odiando escuchar aquello, odiando que se lo confirmara, que confirmara esa jodida realidad.- ¿Una pistola de electrochoque?- Rey asintió débilmente y Kylo tomó aire. Quería añadir algo… Pero no podía.

No podía añadir nada más. Le faltaba el aire y ella estaba allí, por el momento. Y sabía que quizá no duraría mucho. Que se iría, asustada, escandalizada. Y sería un cabo suelto que, ojalá, Hux no encontrara jamás. Porque no lo soportaría, no soportaría las consecuencias que aquello podría traer y…

-¿Él te ha… - Se quedó callada boqueando durante un segundo, mirándole a los ojos, sin dejar de rozar la dureza bajo la piel de su nuca. – te ha hecho esto? – Kylo no contestó, era incapaz. Le atoraba la vergüenza de sentirse como un títere. O un perro de presa en los peores días. - ¿Es por esto que no puedes…? – Kylo asintió y Rey no podía creérselo, no podía. Había visto la crueldad en un montón de formas y siempre había alguien dispuesto a sorprenderla con un nuevo ingenio. Ella había visto esos chips… En las placas comprimidas de una puta táser. No en el cuello de nadie. - ¿Hace cuánto? – Enredó los dedos en los mechones negros que rozaban su cuello, obligándole a quedarse con ella y no a los lugares en los que su mente le encerraba, sintiendo de nuevo ese fuego que le nacía del pecho cada vez que era testigo de una sola injusticia, esa ira que le exigía pedir explicaciones y enmendar el daño. Y joder. Joder. Ahora entendía los espasmos.

-Demasiado. –No iba a decirle que hacía veinte años que Snoke se encargaba él mismo de que se los cambiaran cuando se fundían. Porque Rey no tardaría en hacer cuentas llegando a la conclusión de que le habían captado siendo un crío. Y, sin embargo, cada vez que la miraba, veía esa rabia y esa determinación bullendo en ella como si se estuviera planteando ir directa a donde estuviera Snoke sólo para defenderle. – Demasiado tiempo.

Rey tragó saliva, desviando la mirada. Ahí tenía los resultados de su corazonada y ¿ahora qué? ¿De dónde sacaría la información que le quedaba para llenar todos esos vacíos? ¿Quién respondería a todas sus preguntas? ¿Cómo resolvería todas sus dudas? Y ¿Por qué parecía que todo el mundo habría preferido que Kylo fuera el mayor y único responsable de todo? ¿Sería precisamente por eso por lo que Kylo siempre se mostraba en público y no escondía sus actos? ¿Para terminar aquello cuanto antes aunque eso significara llevarse su vida por delante? Y entonces sintió que se le caía el corazón al suelo.

-¿Y no podrías quitártelo? – Le pasó los dedos por las sienes, peinándole hacia atrás los mechones.

-Tiene a mi madre en el punto de mira. – Vio a Rey boquear y tragarse la maldición que iba a decir. – Quiero que viva todo lo tranquila que pueda. Ya le jodí la vida lo suficiente como para ser también la razón de su muerte.

Y entonces, Rey se apoyó en sus hombros para impulsarse y lograr levantarse, moviéndose hasta posicionarse a su espalda, dejando caer una mano sobre su pecho, recorriéndole. Kylo atrapó esa manita con la suya, expectante, sin girarse aunque cada poro de su piel y cada sentido le gritaban que lo hiciera. Era Rey. Estaba a salvo con ella.

Luego sintió sus dedos retirándole el pelo de la nuca. Ni siquiera le dio tiempo a preguntarle que hacía. Sintió cómo posaba los labios sobre la piel irritada de su cuello. Un beso. Y luego otro más ligero. Y otro que no se sentía más que un aleteo. La sintió recostando su pecho contra su espalda, apoyándose en él, pasando la mano libre por su pecho, tal y como acababa de descubrir que le encantaba hacer.

-Un día, - Le dijo muy, muy cerquita de su oído, extendiendo escalofríos por toda su espalda. – te quitaré eso, Kylo. – Y él giró la cara, inmovilizándola con la mirada antes de atrapar sus labios en un beso tan fiero que, de repente y sin saber muy bien cómo había maniobrado, se vio de nuevo sobre su regazo, enteramente sobre él. Y sin que le negara las caricias, pudiendo pasar las manos por su pecho, duro como una roca, por sus bíceps abultados, por sus hombros amplios y fuertes, por su pelo… Por la Fuerza, iba a costarle tener las manos lejos de su pelo. No podía dejar de tocarle, viéndose envuelta en ese beso húmedo, lento y profundo que jugaba con su lengua, su paciencia y sus sentidos.

Kylo atrapó sus muñecas y las apresó a su espalda con solo una mano, obligándola a interrumpir el beso y a arquear la espalda hasta que sus pezones se advirtieron a través de los pliegues de la camiseta, llamando su atención antes de volver a mirarla a los ojos, relamiéndose.

-¿Por qué? – Le preguntó de nuevo, colando su mano libre por el borde de la camiseta que se había agenciado ya como suya, rozando la piel de sus costados con los nudillos, en una caricia ascendente hasta la base de su pecho.

-¿Por qué, qué? – Rey sabía perfectamente lo que le estaba preguntando pero es que ella también sabía jugar a ese juego a pesar de su posición. Siseó cuando sintió sus nudillos atrapándole el pezón en un pellizco, endureciéndolo al instante y haciéndole dar un respingo, moviéndose contra él.

-¿Por qué quieres seguir conmigo? – Se inclinó sobre ella, apretándose más con su centro sensible y haciéndola apretar los dientes sin apartarle la mirada. – Quiero oírtelo decir.

- ¿Vas a responderme tú también por qué quieres estar conmigo? – Y toda la respuesta que recibió fue que la pellizcara aún más fuerte, haciéndola jadear contra su boca.

-No me hagas repetírtelo, nena. – Y Kylo pudo ver en sus ojos cómo se planteaba si seguir provocándole o ceder, estrechando los ojos con picardía y humedeciéndose los labios.

Nunca había tenido tantas ganas de disfrutar de cualquiera de sus decisiones.

- Porque me gustas con coraje, Kylo. – Le confesó, sin levantar el tono una décima más alto de lo que jadeaba. – Porque nunca, en mi vida, ni de lejos - Matizó cada palabra. – me había planteado hacer nada de lo que estoy haciendo contigo, ni dejarme hacer. – Y cada maldita palabra era cierta como un puñetazo. – Porque me estoy descubriendo a través de tus manos, sin miedo. – Cogió aire profundamente y se movió intentando acercarse aún más a él. Aunque ese movimiento le hiciera rozarse contra la dureza de sus vaqueros, cerrando los ojos al sentir una punzada incómoda en su centro y luego un hormigueo. Al abrirlos de nuevo, él la miraba como si pudiera memorizarla, como si pudiera tener un mapa de su cara en cuanto cerrara los ojos para el momento en el que ella no estuviera justo ante él. – Porque me pones valiente perdida.

- Joder, nena. – Cerró los ojos, tan sólo un parpadeo más largo de lo habitual, cabeceando hacia un lado antes de volver a centrarse en ella. Cada palabra había sido como un golpe en el centro del pecho.

Acumular cicatrices no le había preparado para la marca que le dejaría aquello.