18. Borrador de guión
Rey no podía, sencillamente no podía, y se estaba arrepintiendo. Allá le iba otra arcada poco disimulada, y no se había comido ni media natilla desde que Kylo había puesto aquella condenada película.
Se le hincharon los mofletes otra vez, mientras se adelantaba inconscientemente en el sofá, llevándose rápidamente la mano a la boca, resaltando la evidencia, lo que no esperaba que pasara, al menos cuando aceptó aquella apuesta. Y es que por algo la había aceptado ¿No? Porque pensaba que podría con ello… Y no. La realidad le golpeó en las narices como cada maldita secuencia que se proyectaba ante ellos.
¡Joder! Aquella escena le había superado por completo ¡Oh, por la Fuerza! Le dolía en el ego pero es que no había podido con más de dos cucharadas. Y le miró de reojo, tan tranquilo, con la natilla terminada mientras relamía la cucharilla sin apartar la vista de la pantalla. Y Rey esperaría encontrarle regodeándose, restregándole su fracaso… Pero no, estaba inmerso, con una media sonrisa, como si hubiera vuelto a otra época.
Rey se reacomodó, cambiando el codo con el que se sujetaba al posa-brazos del sofá mientras extendía un poco más las piernas, facilitándole a Kylo las caricias que le hacía en los gemelos, suavemente, al tenerla acostada al contrario que él. Aquel gesto pareció sacarle de la película y dirigir la mirada hacia ella, quién la desvió rápidamente hacia la pantalla. Y entonces pudo notar la sonrisa de Kylo ensanchándose, percibiéndolo por el rabillo del ojo.
-¿Qué pasa, nena? ¿Quieres que te ayude a terminártela?- Habló con recochineo.
-No, puedo yo sola…
-Claro…- Habló, acomodándose mejor, removiéndose para colocar las piernas que llevaban ya veinte minutos doblegadas, dándole espacio a ella para que se tumbara mejor, de lado, en el sofá.- ¿Te dejo otra hora y media para que te la termines?
-Eh, todavía me quedan unos minutos antes de que termine…- Habló, bajando la vista a la natilla y recordando aquella jodida escena. Y otra arcada suave que le sacó a Kylo una risita nasal.
-¿Para que termines qué? ¿Potando en mi alfombra?- Rey tomó aire, serenándose antes de mirarle, amenazante.- Vamos, niña, acepta la derrota.- Rió.
-No, todavía puedo… Ganar.- Y aguantó la respiración antes de llevarse una cucharada, bastante generosa, a la boca. Kylo no perdía detalle, viendo cómo Rey se esforzaba por no perder la apuesta y sonriendo al ver que se le estaba atragantando la situación como aquel postre amarillo.
Rey rememoró la escena sin querer… Rememoró aquel chorro de pus que la madre del protagonista lanzó sin querer a la natilla de un invitado y este… En fin…
No pudo más y aceptó aquello mientras tragaba a duras penas la última cucharada que iba a dar, adelantándose para dejar en la mesita del café, frente al sofá, el envase con la cuchara dentro. Y Kylo sonrió, victorioso mientras ella se limpiaba con el dorso de la mano… Entonces allá salían los créditos finales y Kylo pausó la película.
-Me da que alguien no tiene mucho estómago.- Habló, levantándose y dirigiéndose al reproductor para quitar aquella cinta, propia de su colección cinéfila.
-Tengo estómago.- Kylo asintió como si quisiera darle la razón para que se quedara contenta. Y Rey se enfureció un poco más.- ¡Lo tengo!
-Sí, sí…- El sarcasmo plasmado en sus palabras enervaba a Rey de mala manera. Kylo cerró la caja del VHS, haciendo resonar aquel clac por todo el salón, antes de enderezarse frente al televisor.- Ya lo he visto.
-¡Pero a ti no te ha dado impresión porque conoces esa película! ¡Todo era nuevo para mí!- Kylo alzó la mano.
-No has querido hablar condiciones. Te dije que iba a ponerte una peli que impediría que te comieras el postre.- Rey hinchó los mofletes mientras Kylo se acercaba a ella.- Y tú has dicho "Oh, yo voy a comérmelo igual".- Atrapó las mejillas de Rey con una mano.- Y yo dije "veremos"…- Y apretó los mofletes de la chica, deshinchándolos.- Y vaya que sí lo hemos visto, nena.- Soltó sus mejillas antes de marcharse hacia una de las puertas del pasillo, donde parecía tener un pequeño despacho lleno de estanterías con películas junto a un ordenador.- "Braindroid" no es moco de pavo, niña.
Rey se cruzó de brazos, hundiéndose en aquel sofá gris oscuro aterciopelado mientras observaba su reflejo en la pantalla del televisor –y vaya pedazo televisor- con cierta rabia. ¿Qué si tenía estómago? ¡Por favor, claro que tenía estómago! ¡Había visto cuerpos desmembrados y demás calamidades humanas en su trabajo! Pero ninguna de ellas las había enfrentado comiendo. Y sentía que había hecho el ridículo delante de él… Uno muy grande. Y es que ¿A quién se le ocurre? A ella, por supuesto, seguirle una apuesta en cuanto a películas se refiere…
Y repasó la conversación que habían tenido exactamente una hora y media atrás, mientras comían en su casa.
-¿En serio estás apartando el tomate?- Preguntó ella.
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque me da asco.- Rió.
-Vaya que eres blandito.- Y recordó cómo él había alzado la cabeza ante esa pelota de vuelta, quizá ofendido después de la conversación que habían tenido aquella mañana… Pero era todo lo contrario, a Kylo se le había ocurrido algo.
-¿Blandito yo?- Ella asintió ante su tono de juego en vez de ofensa, sintiendo un leve alivio.- Nena, soy capaz de ponerte una película que te dé tantas arcadas que te impida comerte el postre.
-¡Jah! Yo voy a comerme el postre igualmente.- Y ahí estaba esa sonrisa que conseguía hacerle perder el norte, el sur y cada punto cardinal hasta dejar su brújula mental escacharrada.
-Veremos.
-¿Qué te apuestas?
-¡Nena!- Escuchó que le llamaba desde la habitación, haciendo que Rey regresara a la tierra al instante.- ¡Ven aquí, niña! Vamos a cobrarnos esa apuesta…
Y Rey se levantó del sofá, temblorosa, ansiosa… Anticipada. Anduvo por el pasillo, jugueteando, zigzagueando como si no supiera lo que iba a pasar –que en parte no lo sabía con seguridad- hasta llegar a aquella habitación, donde Kylo la esperaba, sentado en la cama y con una caja pequeña y negra a su lado. Se le quedó mirando, y él a ella, hasta que le hizo un gesto con la mano, indicándole que entrara al cuarto.
-Ven aquí, niña. –Habló, tomándola por la muñeca y conduciéndola frente a él.- Pon el pie aquí.- Dijo, haciendo que Rey alzara la pierna frente a él, abriéndose, dejando apoyado el pie al lado de las piernas de él. Exhibiéndose. Y Kylo condujo la mano hasta su centro, acariciándola. Todavía no había ido a ponerse unas braguitas y él iba a aprovechar eso al máximo.
Rey se mordió el labio y Kylo sacó, con la mano libre, una especie de vibrador pequeño en forma de U, color granate. Rey habló, apoyándose en su hombro para mantener el equilibrio frente a él mientras Kylo intentaba lubricarla con lo que ella segregaba.
-Yo no…- Dijo Rey, haciendo que Kylo alzara la mirada hacia ella.- Yo nunca he usado un vibrador.- Y Kylo sonrió, ampliamente.
-Pues ya va siendo hora de cambiar eso, nena. – Acto seguido, se llevó el pulgar a la boca, humedeciéndolo con una suave succión antes de acariciarla con él, alzando la mirada hacia ella al tiempo que dejaba escapar un suave suspiro que acompañaba al gesto. Rey podía sentir su propia humedad resbaladiza deslizándose, puede sentir que se vuelve más y más pesada bajo la mirada hambrienta de Kylo. Tan preparada para él, con tan poco… Entonces sumerge un dedo en ella, que gime en cuanto vuelve a sacarlo, cubierto con su excitación.
-No va a darnos tiempo. – Le dijo con la respiración entrecortada, hundiendo los dedos en sus amplios hombros, atrayendo su atención a lo que decía. – Abrimos el cine en una hora… - y se le mezcló la última palabra con un gemido cuando sintió cómo sus caricias volvían a su núcleo más sensible.
-No necesitamos tanto tiempo, niña. – Y, como si sentenciara aquello, introdujo un segundo dedo en ella, provocándole un temblor que hizo que le clavara las uñas, de repente dudosa de su estabilidad. – Mírate. – Era él quien no se perdía ni un solo detalle en ella, de su cara y sus expresiones, ni de su cuerpo y su forma de responder. Movió los dedos en ella al compás del pulgar. – No lo necesitas.
Rey tampoco se perdía ni un uno de sus gestos, ni la forma en la que sus músculos se movían bajo la tela de la camiseta, ni el modo en el que la miraba mientras sacaba los dedos de ella y se los llevaba a la boca, saboreándola como si fuera almíbar. Cuando le vio alcanzar el vibrador, ya podía sentir todo su cuerpo zumbando de expectación bajo su piel. Hizo que unos de los extremos del cacharrito se rozara entre sus pliegues, provocándola, humedeciéndolo hasta que lo sintió en su entrada y, con una lentitud pasmosa y controlada, quedó perfecta y cómodamente colocado, presionando un punto en ella que hacía que se le pusieran los ojos en blanco y sus paredes se apretaran a su alrededor. Cuando volvió a enfocar su mirada, le sintió colocar el apéndice del vibrador sobre su clítoris y maldijo internamente. Aquello tenía toda la pinta de ser un infierno para su sensibilidad.
Kylo se apartó un poco de ella, ladeando la cabeza para apreciar cómo le quedaba antes de alzar la mirada hacia ella, con una sonrisa contenida en las comisuras.
-¿Bien? – Le preguntó, expectante. Rey asintió, amoldándose a la sensación de tener algo dentro de ella. – ¿Ves como no hemos tardado nada? – Rey frunció el ceño mientras bajaba el pie del colchón al suelo y dejaba que Kylo se irguiera ante ella. – Vístete. – Le pasó la mano por el pelo y le besó la frente antes de dirigirse al armario aún relamiéndose los dedos.
- Pero… - Se giró hacia él, confundida. Y él la miró como si nada. – ¿Voy a trabajar con esto…? – Él le contestó afirmativamente con un gruñido nacido de la garganta mientras seleccionaba su ropa del día y ella no podía creérselo. – Pero… - Repitió, sin saber y Kylo desanduvo su camino hacia ella con una sonrisa.
-¿Sabes cómo funciona lo que llevas? – Rey negó con la cabeza al tiempo que él se sacaba el móvil del bolsillo trasero del pantalón. – Pues es tan sencillo como que lo controlo yo. – Ella alzó una ceja y ladeó la cabeza.
- Menuda sorpresa. – Respondió sin poder evitar el sarcasmo.
-¿Verdad que sí? – Le siguió. – Mira aquí. – Y le cogió de la barbilla para que inclinara la cabeza hacia la pantalla de su teléfono. - ¿Ves esta barra de aquí? – Rey asintió a duras penas por su agarre. – Es la intensidad a la que queremos que tu nuevo amigo vibre. – Rey, aun con la cabeza gacha por la presa que ejercía su mano, alzó la mirada hasta él. De repente, notaba la boca sequísima. – Mira. Vamos a hacer una prueba. – Y deslizó el dedo por la barra, apenas unos milímetros. Y ella lo sintió en su interior, encogiéndose entre la sorpresa y el gusto repentino. – ¿Te gusta, nena? – Ella asintió sin poder liberarse del apretón de sus dedos en sus mejillas. – Pues esto es el mínimo, mi niña. – Ella abrió los ojos como platos al tiempo que se le escapaba un gemido. Había intentado decirle algo, lo que fuera. Contestarle para recuperar algo de orgullo, aunque eso fuera provocarle y empeorar su situación. Pero sólo había logrado gemir. – Y vas a llevarlo todo el día. – Kylo ya no pudo resistirse más. Esos labios entreabiertos, esos soniditos que se le escapaban, y esa mirada confusa, expectante, rabiosa y aun así permisiva y aceptando su posición, le volvían loco. Y eliminó la distancia entre ellos para atraparle los labios en un beso, demorándose en su boca, en su lengua respondiendo a la suya, suave ante su ferocidad, accediendo a ofrecerle todo lo que él reclamaba de ella. Desvió su boca, dejando un sendero de besos por su mejilla y su pómulo lleno de pecas, hasta su oreja. – No me obligues a ordenártelo, nena. – Y le pellizcó el lóbulo de la oreja con los dientes antes de soltarle la cara, volver a dejar el vibrador a cero y encaminarse al baño. – Te quiero vestida antes de que yo vuelva.
Entonces, y sólo entonces, Rey se atrevió a coger aire, estupefacta ante sus circunstancias y lo que estaba haciendo. O lo que estaba a punto de pasarle. Ir a trabajar, con un vibrador en ella que podía controlar él a su antojo. Joder, era de locos. Su vida en este momento era una puta locura. Había perdido las riendas por completo. Y lo más absurdo de todo aquello es que, si era un poco honesta consigo misma, al menos en el plano sexual, no era algo que le molestara. Era caótico, imprudente y una maldita insensatez por su parte pero… Joder, se sentía tan bien. Se sentía bien todo. Se sentía bien lo que él le hacía a todo su cuerpo, y se sentía bien el simple hecho de dejarse llevar. Por una vez, no controlarlo todo. Por peligroso que fuera.
Se quitó su camiseta, dejándola a su lado de la cama, antes de empezar a vestirse con cierta prisa. Se dijo a sí misma que era por la costumbre, pero lo cierto es que una parte de ella quería seguir sus órdenes de buena gana. Y se estaba poniendo los calcetines cuando Kylo apareció por la puerta y al instante, aquel maldito cacharro empezó a vibrar en ella de nuevo desestabilizándola hasta que cayó de culo sobre el borde de la cama.
-¡EH! – clamó, mirándole con indignación, como si estuviera haciendo trampas justo cuando ella jugaba limpio. – Sólo me quedan las deportivas, no vale.
- ¿Saldrías a la calle sin calzarte o sólo lo has dicho para llevarme la contraria? – Se recostó de lado contra el quicio de la puerta, con el teléfono en su mano.
- Yo no… - Y tuvo que cerrar las piernas de golpe al sentir que vibraba un poquito más fuerte, presionando en ese punto dentro de ella que la dejaba temblando, mientras él se acercaba a ella, un paso tras otro, como un animal al acecho, guardándose el teléfono en el bolsillo. Y aquello seguía vibrando al tiempo que le veía arrodillarse ante ella, cogerle un tembloroso pie con las manos y ponerle la deportiva. Y lo mismo con el otro. Luego alzó la mirada hacia ella.
- ¿Lista para marcharnos? – Le preguntó, regodeándose. Y Rey ni siquiera encontraba las palabras para responderle con suspicacia. Sólo asintió, tragando saliva, incapaz de saber si lograría levantarse. Kylo le tendió la mano y… Soltó un bufido. Ni de coña. Ni de puta coña. Por puro orgullo, se pondría en pie ella sola.
Cuando consiguió erguirse ante él, no habría podido decir quién de los dos tenía más orgullo en la mirada.
…
El trayecto en moto fue sencillo, rápido. Llegaron antes al cine de lo que Rey hubiera querido, estar sentada era más fácil que de pie… Y algo le decía que hoy lo iba a tener todo en contra, que quizá Kylo se las ingeniaría para tenerla de pie casi toda su jornada, de un lado a otro.
Bajó de la moto con su ayuda mientras no dejaba de cavilar, andando, cogiéndose de vez en cuando del brazo de Kylo para no trastabillar y terminar en el suelo, desplomada. La vibración era mínima, pero podía notarla, vaya que si podía. Además, Kylo le había dejado el asunto blandito y receptivo antes de colocarle aquel instrumento.
Entraron juntos por la puerta del cine, pasando junto al taquillero de tiquetes donde Rogua se les quedó mirando hasta que Kylo volteó hacia él, provocándole enderezar la cabeza y seguir a lo suyo, como debía ser.
Rey se adelantó, abriendo la puerta y Kylo la sostuvo, facilitándole la entrada a la chica, quien pasó primero, notando la mirada indiscreta de Aphra, sonriéndole de medio lado, pues ya era la segunda vez que les veía llegar al trabajo juntos pero, en esta ocasión, con Rey tomándole del brazo.
-Kylo…- Habló Aphra, alzando la mano y consiguiendo que él detuviera el paso mientras Rey siguió andando hacia las escaleras.- Hux está arriba, me ha pedido que te diga que quiere hablar contigo.
-Gracias, Aphra.- Respondió tras asentir con la cabeza, reanudando el ritmo hacia las escaleras, pillando a Rey subiendo con dificultad.
Le pasó el brazo por la cintura, recreándose en su toque, aprovechando la intimidad que les dejaba aquel tramo en el cine. Y consiguió atraerla hacia él, quedando él recostado en la pared con ella frente a él, sujeta por sus brazos.
-¿A qué viene tanta prisa, nena?- Habló antes de darle un beso en la mejilla.- Por mucho que te alejes, eso que te he puesto no va a dejar de vibrar.- Y ella asintió sin saber por qué. No tenía el cerebro listo para pensar. Kylo entonces le dio un suave azote en la nalga derecha.- Ve a trabajar, niña… Y no te lo quites a menos que quieras una reprimenda de las malas.- Ella se acercó a él como si fuera a besarle y Kylo ladeó la cabeza, facilitándolo, pero Rey se quedó a escasos centímetros de su cara, hablando entre dientes, gruñendo.
-La reprimenda voy a dártela yo como sigas jugando así conmigo, Kylo.- Y se apoyó en su pecho antes de lamerle los labios con la lengua.- No me molestes mientras trabajo.- Habló, sin poder ocultar la sonrisa que se le formó en el rostro.
Y se separó de él, subiendo por las escaleras y dejándole allí, acostado en la pared, mirándola, perdiéndose en el contoneo sutil de sus caderas, en su trasero… Sonrió cuando vio que desaparecía tras llegar al piso superior, haciendo que él se irguiera y se encaminara al despacho de Hux, pasándose la mano por la cabeza, peinándose antes de llamar con los nudillos.
-¿Hux?- Abrió la puerta, asomando la cabeza. El pelirrojo alzó la suya, mirándole y haciéndole un gesto para que se adentrara allí.- Me ha dicho Aphra que querías hablar.- El pelirrojo asintió, cerrando una libreta antes de centrar toda su atención en Kylo.- ¿Pasa algo?
-Esta noche tenemos que acudir a un evento.- Kylo asintió, intentando ocultar lo poco que le apetecía.
-¿Un negocio?- Hux asintió.
-Uno gordo. Hemos quedado en el club, para cerrarlo definitivamente.
-¿Dathomir?
-Mejor todavía…- Kylo alzó las cejas, indicándole que prosiguiera pues no se hacía una idea. Y Hux se adelantó sobre la mesa, provocando que Kylo le imitara.- Mandalore.- Kylo dejó caer la mandíbula y abrió los ojos, sorprendido mientras Hux alzaba una comisura, asintiendo.
-¿Mandalore?- Hux asintió.- ¿Hablas en serio?
-Muy en serio, Kylo.- El mencionado tuvo que recostarse en la silla, sintiendo un mareo propio de un gran peso de responsabilidad posarse en sus hombros.
-¿Quién?- Hux ladeó la cabeza.- ¿Quién ha pedido el cargamento?- Hux sonrió un poco más y Kylo se llevó una mano a la cabeza.- ¿Los Fett?- Y Hux asintió lentamente mientras el moreno soltaba un resoplido y empezaba a sonreír a la par que su socio.- Por la puta Fuerza, Hux…
-Ya te digo…- Y el pelirrojo sacó dos vasos de whisky del armario escondido tras su escritorio al igual que una botella de licor de Arkanis, planeta natal del pelirrojo. Éste sirvió las copas le acercó una al moreno, quien no tardó en aceptarla y brindar con Hux.
-Que la Fuerza nos libere.- Pronunció Kylo, alzando la copa mientras Hux asentía antes de dar un trago. - Él se llevó la copa a los labios pero el líquido cobrizo apenas llegó a rozar sus labios. – ¿Podemos cubrirlo? – Rodó la copa entre sus dedos. Podían cubrir cualquier cantidad, tenían el jodido monopolio de armas de la Galaxia. Su pregunta iba por otros derroteros. Hux asintió, con su seriedad habitual.
- He estado revisando nuestros números. – Dejó su copa en el posavasos. – Sólo con lo que tenemos en el sótano, hay más que suficiente para cubrir el encargo. – Kylo suspiró aliviado, dando ese trago por fin. Sería una de esas pocas ocasiones en las que no tenían que depender de Snoke. Cualquier oportunidad para alejarse de él, por mínima e irreal que fuera, suponía una tregua que celebraba respirando tranquilo.
-Y no han dicho nada, ¿no? – Hux negó con la cabeza. A Kylo le habría sorprendido que así fuera. Los mandolarianos eran gente reservada. Y, a decir verdad, en cuanto ellos entregaban su mercancía, se desligaban de cualquier contienda. Su negocio era la guerra, pero finalizaba en cuanto estas empezaban. – Mejor. – Se bebió lo que quedaba en su vaso de un trago, al tiempo que sacaba el teléfono de su bolsillo y volvía a guardarlo escondiendo una sonrisa. - ¿Algo más?
-No sé, tú dirás. – Le contestó críptico el pelirrojo. Kylo frunció el ceño mientras se servía otra copa. - ¿Alguna novedad con la chica? – Kylo bajó los hombros, apartando la mirada un segundo antes de volver a centrarla en él. - ¿Lo sabe ya?
-Lo sabe. No todo. – Le concedió. – Pero lo sabe.
-¿Ha venido hoy a trabajar? – Kylo asintió. Lo que le daba a entender a Hux que la chica ya estaba dentro de la organización, de algún modo, aunque fuera de forma periférica. - ¿Conoce los riesgos?
-¿La está amenazando alguien? – Contraatacó. Y sin embargo, Hux sólo se recostó sobre el respaldo de su silla.
-Intuyo que la llevarás esta noche al club. – Kylo asintió, aunque ella ni siquiera lo sabía aun. Rey iba a convertirse en un objetivo tan evidente como lo era él. Así que la gente debía saber que esa chica estaba bajo su protección. Con todas las consecuencias. – Cuidado, Ren.
Kylo le aguantó la mirada un segundo, un segundo demasiado largo, antes de darse la vuelta sobre sus talones y cerrar la puerta a sus espaldas.
…
Ahí estaban. De nuevo, esos dichosos papelitos color malva con letras pomposas y recargadas en un único trazo. ¿Se podía ser más hortera? Puso los ojos en blanco, guardándose los post-its en el bolsillo del pantalón mientras cerraba la puerta de la cabina y se dirigía a las escaleras.
Apenas había llegado al hall cuando dio de lleno con la mirada emocionada de Aphra, gesticulando y haciéndole aspavientos para que se acercara a su puesto. Rey tamborileó sobre el expositor en cuanto llegó.
-Hola, Aphra. – Le sonrió. - ¿Qué pasa?
-Hola, pichón. – La vio cruzar los brazos sobre la vitrina y apoyar la barbilla en el centro de ambos. Rey frunció el ceño sin mitigar su sonrisa ante su nuevo apelativo. Parecía que en este cine, todo el mundo era incapaz de llamarla por su nombre. Empezaba a ver que era una causa perdida. – No sé. – Se encogió de hombros, alzando los ojos al techo, casi soñadora. – Cuéntamelo tú.
- ¿Yo? – Se hizo la tonta, aun a sabiendas de que no iba a colar. - ¿Yo, por qué? – Aphra le guiñó un ojo, y a Rey se le escapó la risa, delatándose. – No hay nada que contar.
- Eso sí que es una mentira de las gordas. – Le culpó señalándola con el dedo índice. – Se trata de Kylo Ren y tuvisteis bronca desde el segundo día. – Metió la mano en el escaparate y cogió un puñado de palomitas. – Lo que menos me creo es que no haya nada que contar. – Se llevó una palomita a la boca. – Te hubiera pasado que me dijeras que hay poco que contar. – Dos palomitas. – Aunque no me lo creyera. – Un pellizco de palomitas. - ¿Pero nada que contar? ¿Nada de nada? – Echó la cabeza hacia atrás para dejar caer en su boca todas las palomitas que quedaban en su puño. – Eso sí que no cuela.
Rey sonrió y se mordió el labio, con el pecho de repente encendido con cierto entusiasmo. Se encogió de hombros, soltando una risa nasal que corroboraba exactamente todo lo que había dicho la morena. Volvió a tamborilear las manos sobre el expositor y boqueó para coger aire cuando volvió a sentir aquella vibración que le hizo dar un respingo, juntar las rodillas y esconder la cara entre los brazos, intentando controlar los temblores para que no fueran evidentes, al tiempo que sentía cómo su centro se contraía y se empapaba, hiperestimulado.
Al notar la mano de Aphra sobre su hombro, se atrevió a alzar la cabeza, casi desubicada por seguir ahí y en pie. Vio la preocupación en su cara y, aunque no había escuchado la pregunta, intuía qué le habría dicho.
-Tranquila, no es nada. – Cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio inferior, reprimiendo dentro de ella cualquier sonido, sabiendo que estaba dándole una imagen completamente contraria a lo que decían sus palabras. Tragó saliva. – Tengo una migraña terrible. – Aphra frunció el ceño, dubitativa. Y Rey decidió darle un empujoncito más. Forzó una sonrisa lo más sincera que pudo y… - Ya sabes, no estoy durmiendo mucho. – Copió su gesto y le guiñó un ojo antes de coger aire y acumular algo de valor y la poca estabilidad que le quedaba para seguir su camino hacia las escaleras del sótano.
Bajó los primeros peldaños con toda la entereza de la que fue capaz, sintiendo los ojos de Aphra aun a su espalda. Pero cuando se vio a salvo de todas las miradas, se atrevió a agarrarse a la barandilla con fuerza para sostenerse, sintiendo toda la presión en sus abdominales solo con la fuerza que estaba haciendo por controlarse. Abrió la puerta, a trompicones y, a pesar de la tener la atención deshecha en mil pedazos y la vista casi borrosa, no tardó mucho en encontrar las bobinas. Empezaba a aprenderse dónde estaban. O era un maldito golpe de suerte para compensar.
Apoyó un momento la frente en el frío metal de las estanterías. No sabía qué era peor, si ese punto de presión dentro de ella o el botón que vibraba sobre clítoris. Pero a cada minuto que pasaba, sentía cómo su centro latía y se contraía una y otra vez sin descanso por un alivio que no llegaba nunca. Y justo cuando creía que ya no podría más, cuando empezaba a sentir que se hiperventilaba, justo en ese momento, todo se detuvo. Abrió los ojos, pasmada, y con el corazón a mil. Todo su cuerpo temblaba. Temblaban sus rodillas tanto como sus manos. Pero ni si quiera se atrevió a quejarse por la falta de conclusión. Era una tregua y debía aprovecharla. Cogió las bobinas que debía reponer y salió corriendo de allí, escaleras arriba casi sin mirar.
Y casi chocándose de lleno con él.
-Te estaba buscando. – Le dijo, ahuecando su barbilla con los nudillos y poniéndole un par de mechones suelto detrás de las orejas.
-No adivino por qué. – Le contestó con cierta burla, imprimiendo en su mirada todo su rencor en ese momento. Y le vio curvar las comisuras, sin atisbo alguno de culpa.
-Coloca esas películas, niña, y baja en cuanto puedas. – Rey estrechó los ojos con rabia. – Tengo algo que enseñarte.
-¿En serio? Acabo de estar ahí. – Y Kylo sonrió al ver que ella creía que iba ayudarla a… liberar ciertas tensiones.
- ¿Te has creído que iba a ser tan fácil? – Y se relamió internamente al ver esa mirada confusa en ella. – Oh, creías que íbamos a vernos abajo y te liberaría del pago de tu apuesta, ¿no es así? – Ella boqueó a punto de responderle y Kylo deslizó el pulgar por su mejilla hasta rozar su labio inferior, desviando la mirada hacia allí. Chasqueó la lengua antes de volver a mirarla a los ojos. – Te espero abajo. – Rey asintió, obediente, encarando de nuevo los escalones de subida hacia la cabina. Kylo le atrapó la mano antes de que estuviera demasiado lejos, haciéndola girarse hacia él. – No me hagas subir a buscarte. – Tragó saliva y volvió a asentir.
"Mierda" Era todo lo que podía oír en su cabeza, repitiéndose una y otra vez. El día se le estaba haciendo más difícil de lo que había creído que sería. Tenía un matiz divertido que se esfumaba antes siquiera de que ella intentara buscarle cierta lógica o adivinar de dónde venía. Pero, respirando profundamente, debía darse prisa, aprovechar que Kylo había dejado sus manos quietas y no estaba cogiendo el teléfono para torturarla otra vez. Eso haría que se retrasara y que él subiera a por ella. Y aunque encontraba cierta satisfacción al pensar en qué pasaría, la sola posibilidad de que le hiciera llevar aquel aparato TODO lo que quedaba de día, hacía que se le perlara el cuerpo de un sudor frío terrible.
En cuanto terminó de colocar las películas, una detrás de otra, y agradeciendo el trabajo manual y mecánico que le devolvió la estabilidad a sus manos, bajó las escaleras casi al trote. Kylo la esperaba con la espalda apoyada sobre la pared de ladrillo, con el teléfono en la mano. Y ella se quedó paralizada, casi esperando la vibración que volviera a desestabilizarla. Aguantó el aire mientras avanzaba hacia él pero… Pero no llegó nada y consiguió alcanzarle sin tropezarse, lo cual también era un alivio para el día que llevaba.
-¿Qué me vas a enseñar? – Le miró, expectante. Kylo no levantaba la mirada del teléfono y ella se inclinó sobre él apenas un centímetro para ver que se trataba de un correo. Esperó… Pero no mucho. No era justo que le metiera prisa y él se tomara su tiempo. - ¿una sección escondida de películas con las que ganar apuestas? – Eso consiguió que levantará la mirada hacia ella, alzando una ceja.
-Qué bien te sientan los actos de piedad, nena. – Cabeceó hacia un lado, señalándole el pasillo que llevaba a aquella deseadísima puerta. Rey casi no logra contener su entusiasmo para sí misma. – Casi parece que no sabes apreciarlos. – Eso le hizo volver a mirarle.
Y la vibración dentro de ella y sobre su centro creció hasta hacer que tuviera que apoyarse en él, clavándole las uñas en el brazo. El muy cabrón iba a darle lo que más quería en el mundo, saber lo que había tras esa puerta, mientras le arrebataba todo lo demás en ese mismo momento. Kylo se agachó un poco, quedando a su altura, viendo a Rey boquear, quedarse sin aire y luchar por conseguir una maldita bocanada a duras penas. Una bocanada que parecía no llegarle, no satisfacerla, igual que estaba haciendo él con ese jodido chisme.
-¿Voy a tener que llamarte "gatita"?- Rey achicó los ojos, mirándole con una rabia enfurecida que a Kylo le hizo contenerse un poco.- Me vas a dejar el brazo en carne viva, nena…
-Llámame "gatita" y…- No le dio tiempo a terminar, Kylo aumentó un poco más aquellas vibraciones.- ¡Para, joder!- Dijo, cerrando los ojos y sosteniéndose a su brazo, pues las piernas le fallaron.
-Haber elegido muerte.- Rió él. Y Rey le propinó un leve puñetazo en todo el bíceps, haciendo que Kylo sonriera de medio lado.- Vale, vale…- Rió, aflojando la intensidad y escuchando con regocijo los gemidos agradecidos y de descanso que soltaba ella casi con necesidad.- Para que luego digas que no soy generoso.- Ella le miró a ras de sus cejas, rabiosa. Muy, muy rabiosa. Y él se acercó a su frente sudada para darle un beso que consiguió bajarle el malhumor.- Vamos, niña… Tenemos el tiempo en contra.
Y si hubiera estado en otras condiciones, le hubiera soltado un "no soy yo quien está haciendo el ganso con un vibrador". Pero no estaba ni en posición ni en esas otras gustosas condiciones… Avanzó junto a él, pensando en que el día que le llegara la oportunidad de devolvérselas, lo haría. Y entonces sí que se olvidaría de darle treguas, como hacía él.
-¿Qué vas a enseñarme?
-Los cimientos de todo esto.- Rey achicó un ojo mientras Kylo abría aquella puerta con la llave.- El almacén.
-Pensaba que esto era el almacén…
-El otro almacén.- Hizo hincapié en esa palabra mientras daba un último giro de llave a la par que él viraba hacia ella.- El que nadie debe saber de su existencia.- Rey asintió y Kylo fue a abrir aquella puerta pero se quedó a medias. Esperando.
Rey sentía que aquel momento se le estaba alargando demasiado, Kylo estaba prolongándolo, quizá porque no se fiaba, quizá porque había pillado su mentira y estaba a punto de quitarle la vida o quizá… Quizá sencillamente porque seguía con dudas.
Rey tragó saliva, adelantándose y poniéndole una mano temblorosa sobre su brazo, provocando que volviera a girarse. Accionando rápido el teléfono y apagando toda vibración. Luego le sujetó la cara, captando su atención. Mirando aquellos ojos que le hechizaban mientras ella se perdía en sus pozos negros.
-Rey…- Había usado su nombre. Y aquello sólo anunciaba que el tema cogía seriedad por momentos.- Me estoy arriesgando mucho con esto.- Ella asintió, viéndole. Notando su tono de preocupación, lo sintió con toda su carga cuando Kylo apartó los ojos de ella durante un segundo, recogiendo fuerzas de donde quizá no las tenía.- Necesito saber que puedo confiar en ti…
Y ella se sintió miserable.
Completamente miserable, ruin, horrible, despreciable… Kylo acarició su mejilla y ella empezó a ver que no era justo. Que la situación no era justa, en absoluto lo era. Y quería poder decírselo, asegurarle y jurarle, perjurarle que podía confiar en ella. Pero sólo se dignó a asentir con la cabeza. Y Kylo procesó aquello de una manera que no era. Vio miedo en ese gesto y pensó que podría estar asustándola con tanto misticismo.
-Mi niña, no te va a pasar nada.- Volvió a acariciarle la mejilla y Rey, quien tenía las emociones a flor de piel, sorbió por la nariz. Joder, no era justo.- No voy a tolerarlo. No temas, estarás a salvo conmigo.- Y ella volvió a asentir como si se le hubiera ido el habla de golpe.- ¿Puedo contar con que… te unas a mí?- Y no podía, no podía asentirle una vez más.- ¿Puedo contar y confiar en ti, nena?
No podía asentir de nuevo, en absoluto. Sería absurdo. Necesitaba darle una respuesta que le quitara las dudas de golpe porque, si retrocedían y ella se quedaba sin entrar en aquella sala, ya podía despedirse de todo su trabajo. Así que se puso de puntillas, llegando a sus labios y besándole, cerrando los ojos y plasmando toda la tranquilidad que le permitiera el gesto, llevando con cuidado las manos a sus hombros, subiendo una hasta su cuello, acariciándole. Y le vio hacer ademán de detenerla, como un tic, una costumbre horrible. Pero se frenó a tiempo, con las manos a medio camino y olvidándose, dejándose llevar. Entrando en su boca mientras Rey le daba la bienvenida con su lengua, acariciándole. Y le encantaba.
Rey cortó el beso, separándose antes de darle un toque suave sobre sus labios con los de ella. Abriendo los ojos con cuidado, recorriéndole la cara poco a poco.
Estar tan cerca de él en ese momento le permitió ver cómo boqueaba, como si fuera a decir algo pero se lo callara al instante, tragándose sus palabras y agradeciendo no haberlas dicho. Y entonces el que asintió fue él.
Se dio la vuelta, encarando la puerta, y abriéndola. Adentrándose en ella con Rey pegada a sus talones. Y frente a ellos se alzaban cajas. Cajas enormes, suelos falsos descubiertos, cámaras de seguridad, mesas, papeles, otra puerta, completamente cerrada al paso con cadenas y candados, quizá aquella era la puerta trasera por la que Hux pedía a sus hombres salir.
Rey recorrió la estancia con los ojos mientras Kylo tomaba su mano, paseando junto a ella entre todo aquel arsenal. Divisando blásteres y armas de todo tipo, quitándole el habla. Ni en la galería de tiro había visto tanto armamento y munición juntos. Cargadores de plasma, piezas para generar energía en blásteres particulares, silenciadores… Sólo faltaban que también traficaran con cristales de kyber, igual que las Hermanas de la Noche.
Y Rey se llevó las manos a la muñeca, una vez más. Una última vez más en presencia de Kylo pues sentía que aquello sería lo último que sacaría de él. Una confesión más. Ejerció presión sobre su muñeca y entonces preguntó.
-¿Todo esto es… vuestro?- Él asintió con un sonido gutural.- ¿Y cómo funciona?
-Clientes. Contactan con el Líder Supremo y él los remite a nosotros.- Rey asintió con la cabeza, mirándole, pasando junto a cajas.
-¿Y yo…?- Kylo ladeó la cabeza, frenando su camino y observándola.- ¿Por qué me enseñas todo esto?- Él tomó aire, desviando la mirada una vez más antes de enfocarse definitivamente sobre ella.
-No quiero que haya secretos entre tú y yo. No contigo, Rey.- Kylo tenía la facilidad de estrujarle el corazón con algo tan sencillo. Algo tan básico como eso. Rey hizo el esfuerzo de aguantar el contacto en vez de rehuirle.- No quiero mentirte. No quiero que vivas con una falsa idea de quién soy y…- Ella alzó la mano, negando con la cabeza.
-Para, para, para…- Habló, acercándose poco a poco hasta llegar a abrazarle.- Para, no digas más. No te hagas esto, Kylo.- Él correspondió al abrazo con dudas. Acariciando el pelo de la chica mientras ella aprovechaba el momento para desconectarse los micrófonos… Pero decidió esperar un poco más, antes de sentenciar que aquello ya era suficiente, con él lo era.- ¿Sólo me lo has contado por eso?- Intentó hablar en un tono burlón. Y Kylo sonrió.
-Y porque sé que eres lista y que puedes darnos alguna idea.- Ella sonrió de medio lado, separándose de él y andando por aquel arsenal, observándolo todo. Alucinando al ver en primicia un rifle bláster E-11, propio del imperio según los archivos confidenciales de los archivos policiales.- ¿Sabes de armas?
-Algo sé…- Habló ella, pasando los ojos por todas y cada una de las armas.
Avanzó por el pasillo, llegando al final del ala derecha de aquel pequeño almacén subterráneo, y divisó una mesa hasta arriba de papeles. Con un ordenador de tamaños considerables, una taza de café impoluta y un cenicero con restos de alguna colilla… Y sobre la mesa….
-¿Eso es una funda de pistola bláster SE-14?- Kylo observó a Rey, alzando ambas cejas, asintiendo.
-Sí, eso es.- Rey boqueó. Por todos los clones, aquella pistola era una reliquia. Usada durante las Guerras Clon, denominado por el pueblo como "bláster separatista". Rey cerró los ojos. Mierda, tendría que haber usado aquel término en vez del técnico.- ¿La conoces?- Ella asintió.
-Sí. Por supuesto.- Se alzó de hombros.- Un bláster separatista.- Kylo sonrió de medio lado.
-¿Sabes de historia?- Rey se acercó un poco más a la mesa.
-Algo sé. No demasiado.- Tomó aire, perdiéndose en la contemplación de aquella maravilla.- Datos al azar, nada más.- Y fue a tomar aquella funda entre sus manos pero Kylo tironeó de su camiseta, apartándola de la mesa.
-Se mira pero no se toca, niña.
-¿Cómo que…? – Se giró a mirar de nuevo aquella maravilla con un mohín antes de volverse hacia él con los mofletes hinchados de aire y cosas que no podía decirle. Y los desinfló al instante cuando una idea pasó demasiado rápido por su cabeza como para frenarla a tiempo. - ¿Y qué harías si yo te dijera eso?
Y ni siquiera lo vio venir. No se esperaba esa fuerza arrollándola de pleno, ni la pared tras ella, ni su mano en garganta, ni su cuerpo presionado contra el de ella, ni sus muñecas apresadas con una sola mano sobre su cabeza. Le sintió sonreír contra la piel más sensible de su cuello antes su respingo ahogado ante la sorpresa, posando los labios con delicadeza contra su pulso, sintiéndola suspirar. Eso hizo que su boca se deslizara hasta la suya, capturando el siguiente suspiro que no era sino un gemido frenado a tiempo.
-Sabes que puedo conseguir todo cuanto quiera, ¿verdad? – Y se quedó enganchado a su mirada expectante, tan solo disfrutando de cómo se sentía su cuerpo bajo el suyo antes de besarla lánguidamente.
Gimió contra su boca suave y se coló entre sus piernas, justo donde su delicioso calor le llamaba. Las caderas de Kylo se sacudieron y ella ahogó un gemido en su garganta cuando sintió su dura longitud presionar contra ella.
La mano que apresaba su cuello se arrastró hasta su pecho, ahuecándolo. Ella era tan pequeña en sus manos, y tan receptiva, arqueándose con su toque, hambrienta por sus caricias, realmente reclamándolas. Necesitándole. Justo cuando Kylo se separaba de ella.
Rey trató de alcanzarle, casi con inercia, tratando de atraparle de nuevo, de acercarle a ella. Abrió los ojos y le vio sacarse el teléfono del bolsillo. No, no. Se removió, tratando de liberarse del agarre que apresaba sus manos en lo alto. No, no, no, no. Ese invento del demonio otra vez no. Y le vio llevar el dedo a la mitad de la pantalla al mismo tiempo que sentía de nuevo aquella vibración torturándola. Lo sintió al instante. Tanto como supo que lo estaba sintiendo él.
Echó la cabeza hacia atrás en un grito sordo, poniendo los ojos en blanco, perdiendo el control del temblor de sus piernas alrededor de sus caderas, arqueándose, desesperada, y sollozando cerquita de su boca, de nuevo en lo más alto de aquella cima, tan alto que le dolía y se sentía siempre en un tira y afloja entre lo mucho que le dolía por lo sensible que estaba y lo mucho, muchísimo que lo estaba disfrutando, el placer que le daba sin llegar a complacerla. Su cuerpo se encendió aún más, su respiración volviéndose un poco más rápida, mordiéndose el labio, tratando de contener su emoción.
Y como si se sintiera misericordioso con ella, cuando estaba haciendo todo lo contrario, volvió a reducir la vibración al mínimo. Rey tenía que admitir que, después de lo que acababa de sentir, era casi un alivio. Centró su mirada, aun borrosa en él y Kylo le cogió de la barbilla gentil pero aún imponente. Él prácticamente le gruñó mientras se inclinaba hacia adelante y se hundía en su boca, saqueándola. Ella suspiró en el beso, relajándose en su abrazo posesivo casi al instante. Sintió que algo se derretía dentro de ella, algo que respondió con alegría a todas sus caricias.
-Tengo que salir un momento, nena. – Le dijo en un susurro contra sus labios. - ¿Me has oído? – Rey parpadeó, desubicada. Tenía que haber escuchado algo que le había dicho y aun sentía que le pitaban los oídos. Sentía el maldito zumbido del vibrador hasta en las sienes. Ella negó con la cabeza y le vio sonreír. – Tengo que dejarte sola un rato. – Rey asintió. – No tardaré más de una hora. – Rey volvió a asentir, mientras empezaba a notar como el riego volvía a su cerebro. – Y quiero que estés en mi despacho para cuando llegue. - Rey tragó saliva, intentando recuperar el aire. Solo pudo asentir de nuevo. - ¿Te hago repetírmelo o te ha quedado claro?
- Me ha quedado claro. –Y bajó la mano que le apresaba las muñecas y sus pies volvían a apoyarse sobre el suelo aunque este se tambaleara y se moviera sin permiso de ninguna ley física. El corazón de la chica se saltó un par de latidos al pensar en sus muñecas. Mierda. Los micrófonos. Seguro que acaban de grabar todo eso también. Kylo, sin embargo, sonrió al verla tan atorada.
-Esa es mi niña. – Le dio un beso suave en los labios antes de separarse de ella y abrir la puerta que llevaba al callejón.
Rey se quedó ahí un momento, en medio del almacén, recuperando el aire, pasándose la mano por el pelo. De hecho, tuvo que coger aire varias veces. Y el muy cabrón no había apagado el vibrador. ¿Y tenía que aguantar una hora? Volvió a quedársele el aire atascado en el pecho. No iba a poder. Ya le flojeaban las piernas. No iba a aguantarlo mucho más. No tanto.
Echó un vistazo a su alrededor, tratando de quedarse con todo lo que pudiera de un vistazo antes de dirigirse a la puerta. Y cuando tuvo el pomo en la mano, volvió a repasar el material que había logrado memorizar, maldiciéndose, porque de no estar en esas condiciones, su capacidad mnemotécnica sería mil veces más activa y útil.
…
Había dicho una hora. Una hora. Dijo "No tardaré más de una hora". Eso significaba "una hora, como mucho, puede que menos" en ese maldito planeta, en Jakku y en todos los planetas, lunas, asteroides y bases espaciales de la Galaxia. Y Kylo ya llegaba diez minutos tarde. Tenía que haberle pasado algo. No le estaría haciendo esto a ella a propósito, sabiendo cómo estaba, en qué condiciones le había dejado. No le haría eso. No, ¿verdad?
Rey dio otro golpe sobre la mesa antes de patalear como si tuviera una rabieta. Esto no es justo. Y se sentía al borde de todos los límites. Llevaba todo el día empapada, ardiendo, temblando, rozando el orgasmo sin conseguirlo, negándoselo a sí misma tanto como se lo negaba él. Y otra de sus grandes ideas refulgió en el centro de su cabeza mientras se sentaba en su silla, reacomodándose, subiendo los pies a la mesa y abriéndose los pantalones para aflojarlos. Si Kylo no iba a mantener su palabra y llegar cuando decía que llegaría, ella no iba a mantener la suya de pedirle permiso. Así que, abrió las piernas, relajó el cuerpo, echó la cabeza hacia atrás y se dejó llevar, remontando esa ola que ya estaba a punto de llevársela.
Supo que él estaba cerca porque la vibración creció, elevándola a una cresta de placer que ya no iba a contenerse más.
Gimió justo cuando la puerta se abría ante ella. Y habría sido bochornoso si hubiera sido cualquiera menos Kylo. Pero ahí estaba, cerrando la puerta a sus espaldas sin apartar la mirada de ella, avanzando como si estuviera cazando, dejando una bolsa en el suelo.
-¿Qué haces, nena? – Se situó a su lado, inclinándose hasta su altura, cogiéndole el pelo en un puño y tirando de ella hasta que Rey pudo mirarle a pesar de no poder centrar la mirada más de un segundo seguido. Al no recibir respuesta, tironeó, haciéndole arquear el cuello. – Te he hecho una pregunta, niña.
- No puedo más, Kylo. –Le miró a los ojos y dejó escapar un gemido contra su boca. – No puedo. – Esta vez no fue más que un susurro. Y sus labios se movieron para repetirlo una y otra vez sin que saliera ni un solo sonido.
-Sabes lo que tienes que hacer. – Le gruñó al oído.
Pero ya era demasiado tarde para pedir permiso y solo con el tono de su voz fue suficiente. Podía sentir sus entrañas agitarse alrededor de aquel aparatito y no pudo evitar el grito que desgarró de su garganta mientras aquel ritmo constante y sin piedad no le dejaba vuelta atrás y redención posible. No había forma de detenerlo ahora, la presión que se acumulaba en su interior se rompió, un gemido arrancó de ella cuando su espalda prácticamente se sacudió contra el respaldo en un profundísimo ángulo. Extendió la mano a ciegas, aferrándose al mismo brazo que le mantenía a ella presa de su agarre mientras su cuerpo se doblaba bajo la tensión de su orgasmo que amenazaba con partirla en mil millones de pedacitos hasta fundirse con el universo en ese mismo momento.
Ni siquiera le dio tiempo a volver a ese planeta. Ni a registrar el chasqueo decepcionado de su lengua. Nada en ella respondía. Ni sus sentidos, ni sus percepciones, ni su cabeza, ni mucho menos su cuerpo. Pero no le sorprendió verse de repente con la mitad superior de su cuerpo tumbado sobre ese escritorio que ya se conocía, con la cara contra la madera y el culo en el alto. Daba igual que las piernas no la sostuvieran. Daba todo igual. Y más cuando acababa de tener un orgasmo tan brutal y sentía el cuerpo de Kylo presionándose contra el suyo. Daba igual cuánto le tirara del pelo.
-¿Sabes lo que acabas de hacer, niña? – Gruñó en su oído mientras tironeaba otra vez de su melena. Ella no se movió. Apenas podía recuperar el aire. Ya no sólo por el orgasmo, sino por el peso que ejercía Kylo sobre ella, impidiéndole respirar bien. – Desobedecerme de la peor manera posible. – Y con la mano libre, agarró el borde de sus pantalones ya sueltos y tiró de ellos hasta exponerla ante él, toda humedad, temblor, palpitaciones y sensibilidad. - Corriéndote ante mí, Rey, me has despreciado. – Le sintió erguirse sobre ella y aprovechó para llenar sus pulmones mientras sentía como él pasaba una mano por sus nalgas, apenas una caricia. Primero una, luego la otra. Como estudiando la dirección exacta de su mano en su piel, calculando la parábola del sonido. Una caricia tras otra que no hicieron sino relajarla aunque su dermis se erizara con el roce, como si estuviera magnetizada.
Hasta que sintió su mano cayendo sobre su trasero con un fuerte golpe que la dejó jadeando, sorprendida mientras un chillido se escapaba de su garganta sin permiso. Todo su cuerpo se puso rígido en reacción y se agarró al borde de la mesa con las uñas. Otra vez. Esperó a que cayera otro, pero se quedó quieto por otro largo momento.
-Quiero que los cuentes, nena. – Su mano se frotaba distraídamente contra la piel ya caliente de su nalga castigada, y se mordió el labio al sentirlo. Nunca antes, jamás en su vida, había tenido este tipo de juegos sexuales, ni le habían gustado, ni mucho menos le habían interesado, pero maldita sea si aquello no se sentía condenadamente perfecto cuando Kylo lo hacía.
- Uno. - Murmuró, presionando el lado de su cara contra la madera. Sus mejillas se sentían inexplicablemente cálidas y estaba segura de estar sonrojada cuando le dio otra palmada en el culo. Se mordió el labio para evitar gritar demasiado fuerte, sintiendo cómo reverberaba el golpe en todo su cuerpo mientras su centro no dejaba de vibrar.
- Deberías disculparte. - Hizo una pausa de nuevo, poniendo su mano sobre su piel punzante. Era casi alivio porque sentía que le ardía.
-Tú también deberías disculparte.- Se atrevió a decir, mirándole por encima de su hombro.- Has tardado más de una hora.
- ¿Cuántos minutos me he retrasado? – Su tono era grave y afilado, provocándole escalofríos.
-Díez.
-Pues vas a contar hasta diez. – Sentenció con la firmeza del juez y el verdugo. Rey se giró como pudo, sorprendida ¡¿Diez?! ¡¿Cómo que diez!? E intentó llegar a hacer contacto visual con él, pero allá iba otro nalgazo que le provocó enderezarse completamente, regresando a la posición en la que Kylo decidió colocarla al inicio.
Estaba en shock más que nada porque no comprendía cómo había llegado a esa situación. Su cerebro funcionaba a golpes, al parecer. Y se había olvidado de contar pero Kylo no, no lo había olvidado.
-Nena…
-Dos.- Contó ella. Tragando saliva.- Dos.- Reafirmó. Y Kylo azotó de nuevo, haciendo que Rey cerrara los ojos, impulsándose esta vez un poco hacia delante de la impresión.- Tres…- Y otro más mientras volvía a impulsarse, frotándose todavía con aquel aparato que nadie se había molestado en quitarle. El espasmo vino de serie, en consecuencia al roce. Y gimió.- Oh, joder. Cuatro.
Kylo la contemplaba desde su postura, sin poder creer que aquel tono saliera de ella tan, tan rápido ¿Estaba gimiendo? Joder, es que era increíble. Todo en ella le maravillaba y, cuando creía que cada detalle que descubría no podría gustarle más que el anterior, ella le mostraba algo nuevo. Como ahora, ahí, apretando los muslos y ronroneando bajo su mano... Acarició su piel ya ardiente de arriba abajo, apretando su carne entre los dedos antes de azotarla una vez más y ella volvió a gemir tras adelantarse un poco, junto a otro roce.
-Cinco… -Le costaba respirar. Era demasiado, eran un porrón de emociones atorándose en su garganta, queriendo salir todas a la vez, todas. Pero ninguna lo conseguía. Otro nalgazo, mezclándose con su sensibilidad y aquel chisme, todavía dentro... Y todavía vibrando. Rey tembló, clavando las uñas, mordiéndose el labio.- ¡Joder, joder, seis!
Y boqueó, sintiendo espasmos en sus piernas y Kylo se veía venir el final de aquello, sacándole una sonrisa de medio lado mientras que liberaba una mano para sostener su teléfono. Dio otro nalgazo mientras escuchaba a Rey gimotear de anticipación, contándolos. Allá iba el siete, y el ocho, y ni rastro de su "Kylo ¿Puedo correrme?".
Una lástima…
-¡Nueve! ¡Oh, joder, nueve!
Y aguardó con gusto el décimo, sintiéndose cerca de nuevo hasta que la vibración bajó de golpe. Y todo se quedó en silencio. En absoluto, jodido silencio. Él masajeaba sus nalgas doloridas, su mano rozando de una mejilla a la otra mientras apretaba su carne firme. Ella gimió, meciendo sus caderas contra su mano casi sin querer. Y le sintió haciendo una pausa por un momento, la mano inmóvil sobre su piel incandescente, y ella se quedó quieta, quietísima, expectante, con los nervios de punta, consciente hasta de la gravedad. Entonces, se rió entre dientes. Oscuro y profundo, un sonido casi retumbante.
-No serás capaz de estar disfrutándolo, - Mantuvo su mano de verdugo contra el calor de sus nalgas mientras se inclinaba sobre ella, aferrando su melena en un puño y tirando de ella, haciéndole arquear el cuello, hasta que sintió sus labios rozando su oído. Rey cerró los ojos con fuerza. No tenía otro modo de esconderle lo obsceno que se sentía todo, lo indecente que era estar disfrutándolo de veras. - ¿verdad, nena?- La mano en su trasero la agarró aún más firmemente y con el pulgar separó sus mejillas. Ella trató de zafarse de él, no quería que viera las señales obvias de su excitación resbalando por el interior de sus muslos, pero su mano presionó la parte baja de su espalda, obligándola a volver a su postura. La mano en su culo viajando lentamente hacia el sur. –Estás jodidamente empapada, nena.
-Lo siento, Kylo. – Le dijo, intentando que su atención volviera a centrarse en ella y no en torturarla donde más le dolía.
-Ya lo creo que lo sientes. – Y ella siseó justo cuando su mano se ahuecaba sobre su centro, sus dedos rozando sus doloridos pliegues. Rey jadeó, dejando que su mejilla se posara sobre la madera de nuevo. – Si hubieras sido buena, habríamos solucionado este desastre, niña. - Su voz era casi suave cuando sus dedos comenzaron a frotarse sobre su núcleo mojado. La sensación era demasiado para ella y gimió cuando sintió sus dedos pasando tan cerca de su clítoris que lo sintió todo con más fuerza, dejando en ella una sensación que se parecía al dolor sin serlo. – Y, aunque no lo has sido, – Pudo sentir las cálidas yemas de sus dedos moviéndose a través de sus húmedos labios, dejando que sus estos se deslizaran en ella, sin rozar ni mover el vibrador que seguía en su sitio, y Rey balanceó las caderas buscando cualquier cosa que pudiera ser un alivio, aunque hubiera sido precisamente eso lo que la había traído hasta donde estaba. - vas a terminar aprendiendo. - Sus dedos apresaron su clítoris y ella tembló descontrolada, gimiendo bien alto, su pequeña protuberancia palpitando contra sus dedos resbaladizos, presionándose con más fuerza contra ese botón que llevaba todo el día burlándose de ella. – Dime que lo entiendes. – Le ordenó con un gruñido apenas contenido, irguiéndose.
Rey abrió los ojos, sintiendo lágrimas en ellos de lo fuerte que los había estado apretando, ingeniándoselas como pudo para asentir. Y temblaba, vaya que sí temblaba, y todo su cuerpo se tensaba a la espera mientras sentía que sus dedos dejaban de incrementar su tortura. Luego notó una caricia en su trasero y finalmente el décimo nalgazo… Que quedó vacío. Y ella desolada. De nuevo con el orgasmo atorado en el vientre y un grito en el pecho, estuvo a punto, e intentó frotarse contra la mesa, pero Kylo la sostuvo en el sitio con una sola maldita mano.
-¡Joder! ¡¿Por qué?!- Se quejó ella, golpeando la mesa con un puño. Y Kylo se acercó a su oído.
-Escúchame, niña ¿Qué pasaría si yo te quitara las vendas?- Y ella se giró con terror, mirándole.- Joder, nena, tenemos un acuerdo. Y si no lo cumples… Hay consecuencias.
-¡¿Y las tuyas?!- Habló, enderezándose, mirándole con injusticia.- Te he esperado.
-No lo suficiente.- Ella achicó un ojo.
-¿Me estabas poniendo a prueba?- Kylo negó con la cabeza, acercándose a la entrada del despacho donde había dejado una bolsa de cartón blanco. La cual agarró con cierta desgana, pasándosela a Rey.
-No, niña. He ido a comprarte una cosa.- Y a Rey se le bajó la rabia de golpe. Que ojalá también se le bajara el calentón que tenía a medias, pero no tuvo tanta suerte. Contempló la bolsa, abriéndola mientras se sentaba en el borde de la mesa, hasta que sus nalgas protestaron y fue a ponerse de pie. Mala idea, las rodillas fallaron nada más el cuerpo les pidió ejercer su función. Y por suerte Kylo la sostuvo, impidiendo que se precipitara contra el suelo.- Cuidado, niña… - Habló ahora, con ese tono que lograba acunarla, y tomó asiento para poder sentarla en su regazo. Y Rey abrió la bolsa, observando el interior… Sorprendida de encontrar aquello. Alzó los ojos hacia Kylo, mirándole, y luego bajándolos a la bolsa.- Me gustaría que me acompañaras esta noche a un sitio…- Y Rey volvió a centrarse en él mientras metía una mano dentro de la bolsa, tomando una pieza de la tela y sacándola fuera, descubriendo un vestido grisáceo idílico.
-¿A dónde?- Habló en un susurro, terminando de sacarlo. Tocando la tela y los detalles.
-A un club.- Se centró en él de nuevo.- Tenemos que cerrar un trato.
-¿Y por qué tengo que ir?- Pero boqueó, recordando a duras penas la conversación en el almacén.- ¿Nada de mentiras ni secretos, verdad?- Kylo asintió.
-Exacto.- Ella se mordió el labio, volviendo los ojos al vestido.- ¿Te gusta?- Y asintió, sin decir nada más.- Creo que va a quedarte muy bien.- Rey sonrió, pagadísima por aquel tipo de comentarios. Y entonces divisó algo más en la bolsa. No dudó en meter la mano, sacando dos piezas… Dos guantes altos, también grises y aterciopelados. Y miró a Kylo como si le pidiera una explicación y éste se pasó la mano por el pelo.- He supuesto que eras tan… Reticente como yo a mostrar evidencias de… Bueno, ya sabes.- Dijo, desviando la mirada mientras Rey no le quitaba la suya de encima. Sintiendo que se había portado como una idiota, presa de la excitación que le cegaba.
-Gracias.- Se atrevió a susurrar, captando su atención de nuevo. Y se adelantó, dándole un beso en la mejilla.- Y lo siento mucho…- Él se forzó por no alzar una comisura pero no pudo retenerlo por más tiempo.- Perdóname.- Rey apoyó la cabeza en su hombro, embebiéndose de su aroma mientras abrazaba el vestido y los guantes. Kylo entonces separó a la chica de él, observándola.
-Si te portas bien… Y aguantas…- Rey asintió.- Es posible que esta noche te lo compense, mi niña.- Y a Rey se le iluminó la cara al instante.- Te guardo esto para luego.- Habló, cogiendo el vestido junto a los guantes y volviéndolos a meter en la bolsa.- Ve a terminar de trabajar, niña.
Rey asintió, poniéndose en pie a la vez que él y recogiendo su ropa, vistiéndose rápidamente. Y estaba a punto de dirigirse hacia la puerta, cuando se quedó quieta, mordiéndose el labio, y girándose hacia él sin tiempo si quiera a masticar la idea ni pensar en lo que estaba haciendo. Se plantó ante él, sin alzar la mirada y buscando su mano con los dedos.
Kylo no apartó la mano de su toque, contemplando cómo la extendía ante ella, pasándole las yemas de los dedos por la palma hasta sostenerla frente a su cara. No podía, aunque quisiera, desviar la mirada de sus gestos, fascinado e hipnotizado ante la primera vez que veía en ella una actitud sumisa. Entonces, sacó la lengua y empezó a lamerle los dedos que habían conseguido castigarla tanto como recompensarla, llevándose consigo su sabor aun impregnado en ellos y todo resquicio de sosiego en él.
-Aun no me has dicho a qué hora y dónde tengo que estar esta noche. - Enroscó la lengua en torno a sus nudillos antes de alzar la mirada ante él. Y sólo por esa mirada que le dedicaba a ella, y sólo a ella, podía plantearse hacer esto todos los días. Soltó sus falanges con un sonoro pop antes de relamerse.
-Por eso no te preocupes. – Le contestó, con la voz más grave y baja de lo que pretendía mientras veía el modo en el que Rey dispersaba pequeños besos con el mero roce de sus labios a lo largo de sus dedos. – Pasaré a recogerte.
- ¿En la moto? – Preguntó extrañada, bajando su mano hasta soltarla. Kylo sólo pudo ladear la cabeza con una pregunta implícita y ella viró sus ojos hacia la bolsa que contenía su regalo. – Sería terrible para ese vestido. Es precioso. – Se encogió de hombros antes de sonreírle. – Si sólo dura una noche, que sea por otro motivo. – Y ahí finalizaba su sumisión. Él casi podía verse a sí mismo sonreír internamente ante todas sus respuestas. Tal y como sucedía desde el primer día.
-A trabajar, niña. – Le dio una palmada en el culo a lo que ella respondió apartándose con un siseo que le hizo sonreír definitivamente. – Te veo luego. – Y ella le dedicó una mirada de reproche antes de cerrar la puerta tras ella.
Rey se quedó con la espalda pegada a la pared, alzando la mirada hacia la gran lámpara de cristales que refulgían con todos los colores. Se llevó una mano al pecho, como si eso fuera a calmar su corazón o a mantenerlo tras las costillas, porque parecía a punto de echar a correr, la Fuerza supiera a dónde, mientras con la otra mano se retiraba el pelo de la frente, sintiendo cómo le ardían las mejillas y le palpitaban las sienes.
En sus años de servicio, nunca antes había comprendido la adicción ni la reincidencia tanto como en ese mismo momento.
