19. Subtítulos

El agua caliente recorriendo su cuerpo hasta relajar sus músculos y el vaho que ya empezaba a recubrirlo todo conseguían, poco a poco, sumirla en una tranquilidad que hacía mucho que no sentía y que estaba muy, muy lejos de ser el estado de alerta en el que se había visto envuelta desde hace más tiempo del que podía admitir. Sí, es verdad, había hecho un montón de progresos. Pero la situación con Kylo se le estaba yendo por completo de las manos. Y podía sentirlo, joder que si podía sentirlo. Era como tener una diapositiva en movimiento, justo en el frente de su cabeza, reviviendo una y otra vez ese segundo previo a una gran colisión. Va a doler. Puedes morir. Esperas el golpe.

Y el golpe no llega. Pero es que el miedo es el cascabel de esa puta serpiente que te acabas de tragar.

Alzó la cara hacia el chorro, dejando que se llevara consigo todo los malos pensamientos que anidaban en sus sienes. Debería estar aterrada con la sola idea de ir al club y encontrarse con tal cantidad de criminales. O retorciéndose las manos de gusto ante todo lo que podría encontrar. Y, sin embargo, podía sentir a su Rey interior simplemente quedándose muy quieta, expectante. Incluso nerviosa y contenida. No era Raelene. Pero estaba segura de que tampoco era la misma Rey que había empezado aquella misión con un objetivo fijo y clarísimo. Que ahora no estaba tan claro.

Salió de la ducha envolviéndose en una toalla y, con el pelo llorando sobre sus hombros y, dejando pequeñas huellas de humedad en el suelo, se dirigió de nuevo hacia la habitación. Ahí, sobre su cama, acusativos, sus dos mundos. Aquel vestido gris que debía ponerse esa noche. El vestido que Kylo le había comprado. El vestido que le había mostrado cuando… Bueno, eso. Y, en el otro extremo del colchón, el portátil que iba almacenando toda la información, cuadrara o no. Se sentó entre medias de ambos, llevándose las manos a la cabeza. ¿Qué demonios estaba haciendo?

Y, como dándole una respuesta al instante, el portátil empezó a emitir un pitido constante, sacándole de sus pensamientos y volcándose en lo que fuera que estaba encontrando. Oh sí, ahí estaba. No había sido muy difícil rastrear la dirección de aquel informe clínico. Una IP y una triangulación, y ahí lo tenía. No muy lejos. Sólo lo suficiente como para plantearle un problema. ¿Cómo se las ingeniaría para poder escaquearse y hablar con el Dr. Skywalker ahora que Kylo y ella eran más íntimos y pasaban más tiempo juntos?

Eso le hizo volver a mirar hacia el vestido, decantándose por dejar de darle vueltas. Había ido sacando toda aquella misión adelante yendo sobre la marcha. Esta no iba a ser una ocasión diferente. La situación se le presentaría, sin más, y ella podría seguir rellenando los vacíos. Cogió aire profundamente, dejando caer la toalla para empezar a vestirse.

Eligió, con un cuidado que no había tenido nunca en su vida, la ropa interior antes de deslizar el vestido por su cuerpo. Y, al mirarse al espejo, tuvo que reconocerlo. Le sentaba como un guante. Jamás en su vida se habría puesto algo así. Pero parecía que Kylo se había quedado con cada detalle sobre su figura para escoger aquel pedazo de tela. Se adaptaba a cada una de sus curvas, las hacía bonitas y suaves. Y podía moverse sin que todo fuera un incordio. Pasó las manos por el tejido, sin ser consciente de la sonrisa que se dibujaba en su cara, imaginando que eran otras manos las que se paraban a apreciarla, hasta que sus dedos rozaron de nuevo aquel dispositivo de mil demonios.

No había recibido ninguna vibración más desde que había abandonado su despacho. Pero tener que llevarlo al club, en el que estaría con Hux y con la Fuerza supiera cuántos criminales más, le parecía un poco humillante. Era como llevar una correa con su nombre, aunque la correa sólo pudieran verla ellos dos. Se giró, negando con la cabeza e incapaz de detenerse. Cogió el teléfono y esperó a que lo cogiera dando toques en el suelo con el pie.

-Dime, niña. – Le respondió al cuarto timbrazo. Y Rey calló al instante, justo mientras oía su voz, en que no podía mantener la actitud altiva y orgullosa que bullía de ella. Su estrategia tenía que ir por dónde sabía que le funcionaba.

-¿Puedo…? – Empezó hasta que escuchó a Kylo chasquear la lengua.

- No. – Dijo, sin más. – No puedes. – Y Rey alzó la mirada al techo, exasperada, dándose cuenta de cómo había empezado su petición.

-Ni siquiera sabes qué te voy a pedir. – Le echó en cara sin poder esconder el tono molesto. Sólo escuchó silencio al otro lado de la línea, su respiración constante casi al compás de la suya.

-¿Cuál era la pregunta? – Cedió al fin. Rey se mordió el labio. Iba a tardar un poco en perdonarla por correrse delante de él. Y ni siquiera podía decir que se arrepintiera de verdad por eso.

-¿Puedo quitarme el vibrador? Es humillante tener que ir así. – Dijo de carrerilla, sin darle la oportunidad de que la interrumpiera. – En el trabajo, ha sido casi divertido. Pero ahora…

-Para mi sigue siendo trabajo, niña. – Rey suspiró. – Y para ti, la respuesta sigue siendo "No".

-¡Oh, venga ya! – Se quejó, unos tonos por encima de lo que hubiera debido si quería mantener la pose que se le acababa de escapar por pura frustración. – Ha dejado de ser divertido, Kylo. A veces, me duele. – Le confesó. – Y me estoy empezando a enfadar.

-Nena, a mí me duele más que a ti…- Y no pudo evitar plasmar ese tono burlón en sus palabras. Uno que a Rey le crispó cada nervio, haciendo que apretara los dientes en consecuencia. Dejando un margen de silencio como respuesta. Escuchó a Kylo suspirar al otro lado, quizá arrepintiéndose por haber soltado esa estupidez.- Tómatelo como una distracción para esta noche, por si te aburres.- Oh, no… Seguía con las estupideces. Rey chistó la lengua, cambiándose el teléfono de oreja mientras danzaba de un lado a otro por la habitación.

-Te estás ganando que no vaya a ese evento o lo que sea que haya esta noche… De verdad.- Respiró profundamente.- Te estás ganando que me enfade de verdad y estoy a punto y…

-Tendremos que acordar entonces una palabra de seguridad.- Rey se contuvo al otro lado y fue a quejarse nuevamente pero entonces él se adelantó.- ¿Bajas ya o tengo que seguir congelándome aquí abajo, niña?- Rey parpadeó varias veces, encaminándose a la ventana que daba directa a la calle, observando a través de ella sin intentar dejar en evidencia su figura. Apartó con cuidado la cortina y pudo ver aquella moto, con él apoyado, parada frente a su portal. Rey tragó saliva, alejándose.

-Ahora bajo…- Respondió de mala gana, apagando el teléfono y acercándose al espejo. Todavía tenía el pelo mojado pero se guardó un par de coleteros en el bolso para poder peinarse como solía hacer de costumbre.

No tardó apenas nada en maquillarse ni en calzarse unos tacones negros que resaltaban su figura todavía más. Comprobó su aspecto una última vez, tomó las llaves y observó la alfombra, perfectamente colocada, desde la entrada. Y suspiró. Ojalá aquellos guantes no fastidiaran demasiado a sus pequeños micrófonos y a la calidad de los archivos.

Cerró la puerta y bajó las escaleras, llegando a la puerta principal y pudiendo distinguir su figura a través de los cristales de la misma. Abrió la puerta de par en par y le vio bajar las comisuras poco a poco, prendándose de ella. Kylo perdió el norte, el sur y todos los puntos cardinales habidos y por haber. Intentando no ser demasiado evidente en sus reacciones, y también para distraerse, le tendió el casco, haciendo que Rey prestara atención a sus manos en vez de a él.

-¿Al final vamos en moto?- Preguntó, colocándoselo y agradeciendo no haberse hecho un peinado demasiado elaborado. Hubiera terminado aplastado por el casco.

-Sí, súbete.- Y ayudó a la chica a montarse pero ella obvió sus ayudas, haciéndolo por su cuenta. Recolocándose una y mil veces en la montura del vehículo, aquel artilugio le frotaba demasiado la entrepierna y su clítoris gritaba de sobre-estimulación, sacándole a Rey un siseo que Kylo no pasó por alto.- No seas tan cabezota, mi niña, y deja de enfadarte conmigo.- Se montó delante de ella, arrancando la moto y haciendo que el motor rugiera con intensidad.

-Estarás disfrutando de lo lindo…- Se quejó, agarrándose a la parte trasera de la moto en vez de a su cintura pero Kylo echó hacia atrás un brazo, conduciéndole con suavidad una mano a su cintura, pero Rey aguantó su mano en el sitio donde la tenía hasta que Kylo se giró un poco, encarándola.

-No tanto como lo harás tú si te portas bien y te ganas una buena recompensa, niña.- A Rey se le secó el cerebro de golpe y Kylo entonces pudo conducir su manita a su cintura, sintiendo la calidez del toque de Rey allí mismo. No le hizo falta hacer lo mismo con la otra pues ella la condujo voluntariamente

Y Kylo salió de allí, surcando las calles como si aquel vehículo pudiera volar como una nave.

El viento en la cara, el vestido volando en sintonía con él, acompasando los movimientos de la moto con sus pliegues y ondulaciones calmaron los nervios de Rey hasta dejarla tan suave como el vuelo de su ropa. Y es que Kylo conducía con suavidad pese a ir rápido, condenadamente rápido, volando por aquellas calles, esquivando los coches mientras aquella moto rugía con intensidad.

Y llegaron antes de lo que ella esperaba, sintiendo que el trayecto se le había hecho corto, cortísimo, y hubiera querido disfrutarlo más. Entonces Kylo le retiró el casco y ayudó a la chica a bajar quien, ahora, parecía más relajada y despejada.

Ella se recolocó el guante mientras se aferraba a su codo, sujetándole y andando junto a él una vez Kylo aseguró la moto en el sitio.

Anduvieron por las calles, captando las miradas de todos aquellos que parecían reconocer a Kylo, contrastando con la sorpresa de encontrar una cara nueva a su lado.

Llegaron a un local que presentaba una cola larguísima de gente, esperando para entrar a aquel recinto mientras un grandullón –que a Rey le resultaba familiar- decidía quien entraba allí. Kylo surcó la cola, sin colocarse al final, llegando hasta el portero quien le miró con un gesto a la espera de recibir órdenes.

-¿Ha llegado Hux, Ortuggg?- El gamorreano negó con la cabeza.

-Todavía no, pero no faltará mucho.- Kylo asintió.- Los Fett tampoco, señor. – Añadió y Kylo respiró aliviado.

-De acuerdo. Cuando lleguen dile a uno de tus chicos que les acompañe a la mesa.- Ortuggg asintió, antes de volver a enderezarse, observando a la carretera. Y Kylo viró hacia donde miraba el gamorreano, divisando en seguida aquel coche negro que se detuvo frente al local. Hux bajó del vehículo, recolocándose los guantes y adelantándose hacia donde estaban ellos mientras el coche desaparecía calle arriba.

Hux se detuvo al fin, observando a Kylo, luego a Ortuggg y finalmente a la chica, dedicándole un rostro arrugado y amargo.

-¿Están los Fett?- Preguntó, colocándose junto a Kylo mientras el gamorreano se hacía a un lado, dejándoles pasar.

-Todavía no.- El pelirrojo asintió.

-Ve hacia la mesa, yo les espero aquí.- Habló, dejándole su abrigo al muchacho que estaba en guardarropía.- Kylo asintió y condujo a Rey escaleras abajo, bajando únicamente un piso para luego dirigirse a un sitio en concreto al final de dicha planta, donde otro gamorreano, desconocido para Rey, se hizo a un lado, dejándoles pasar a una estancia privada, donde las paredes que daban a la pista de baile estaban acristaladas, con butacones situados especialmente para ver el espectáculo desde allí arriba. Acondicionada con una climatización agradable, con una pequeña mesa de café a los pies de las butacas y un pequeño intercomunicador para contactar quizá con el personal de la barra, pudiendo pedir de esa manera una copa o una botella sin tener que moverse de allí.

-Los Fett son unos clientes importantes para nosotros.- Habló Kylo, tomando asiento, haciendo que Rey le imitara, colocándose a su lado, con el brazo de Kylo por detrás de su respaldo.- Tienen dinero, mueven el contrabando y son cazarrecompensas.- Rey asintió.

-Menudo chollo de aliados.- Kylo asintió.- ¿En qué consiste el trato que se va a cerrar aquí?

-Dathomir está inestable jerárquicamente… Y a los mandalorianos les interesa que eso continúe así.- Kylo suspiró, como si estuviera cansado de ese cuento.- O eso deducimos…- Rey asintió.- Nos piden un armamento específico para mantener las tensiones en el planeta dathomiriano… O quizá para proteger a Mandalore de un posible ataque.- Se alzó de hombros, bajando el brazo hasta posicionarlo en el hombro de Rey, acariciándole la piel desnuda.- No entran en detalles. Y se fían de nuestro equipo porque somos los más competentes.

-Eso debe ser halagador.- Kylo desvió la mirada, pensándolo bien. O quizá… Quizá sencillamente distaba mucho de reconocer aquella frase.- ¿Hay algo que… deba decir o callar o…?- Kylo negó con la cabeza.

-Te pediría que no te metieras en ninguna conversación. Que simplemente estuvieras aquí.- Y ella asintió, sin saber muy bien por qué. Kylo entonces le apartó un mechón de pelo, antes de recorrerle la cara con los nudillos en una caricia suave.- Cuando estás conmigo mi mundo deja de tambalearse.- Rey sintió que quien se tambaleaba ahora era ella y más todavía cuando Kylo se acercó, rozando sus labios con los suyos.- Joder, niña, no sabes el poder que tienes.- Y con la mano libre terminó de acercar su rostro, acortando la distancia y fundiéndose en un beso lento, muy lento. Alejando a Rey de todo mal pensamiento, de toda furia, de toda rabia posible en ella tras la negación acerca del vibrador.

Kylo se separó cuando escuchó unas pisadas acercarse y no tardó en levantarse para recibir a los Fett mientras Rey intentaba seguir respirando, forzando a su corazón a dejar de correr errático y a cambiar la cara que sentía que se le había quedado mientras Kylo se erguía y la cubría con su cuerpo.

-Buenas noches, Fett. – Le tendió la mano al líder de aquel clan, serio, contenido, en su papel. Un guión del que Rey jamás había sido testigo. Era toda una experiencia para toda su persona y para su faceta de poli. Tanto como era todo un caramelo para sus sentidos, hoy más sensibles que nunca.

-Ren. – Le estrechó la mano con un asentimiento rápido. Y la mirada del cazarrecompensas se desvió hacia ella cuando Kylo saludaba al resto de participantes en aquel trato y se mostraban las consecuentes muestras de respeto. – Vaya… - Se sentó en una butaca cerca y se inclinó hacia Rey. - Tú debes ser la chica de la que había oído hablar. – Aquello llamó la atención de Kylo, sentándose por fin de nuevo a su lado al mismo tiempo que el resto tomaba sus sitios. - ¿Ya tienes Primera Dama para tu imperio, Ren? – Y le cogió la mano a Rey para depositar un beso sobre los nudillos cubiertos por el guante, en un saludo propio de la nobleza.

- Cuidado, Boba… - Fue lo único que tuvo que decir, con ese tono que parecía usar en muy pocas ocasiones, y que hizo que el resto de asistentes se pusiera en alerta bajo la amenaza encubierta. Sin embargo, el interpelado se separó de ella con una sonrisa triunfante.

-Dice muchísimo de ella que hayas usado el mismo tono que cuando te regatee por primera vez, Kylo.

- Y no te salió bien.

- No todo lo bien que hubiera querido, pero siempre es un placer no irse con las manos vacías.- Rió el descendiente directo de Jango Fett antes de recostarse en el asiento, volviendo a prestar atención a Rey pero entonces Hux carraspeó.

-Lamento que se sienta incómodo con ella presente, Boba. Avisé a Kylo de…- Boba Fett alzó la mano, callando al pelirrojo a instante.

-No, no, para nada, Hux. No es ninguna molestia.- Sus ojos se posaron de nuevo en la chica, quien contuvo la respiración mientras aparentaba por fuera estar tan serena como el mar de Kamino.- Es más agradable que ver a esa chica gigante… ¿Cómo se llamaba?- Chasqueó los dedos, desviando la mirada y haciendo memoria.

-¿Se refiere a Phasma?- Habló Hux y Boba le apuntó con el dedo.

-La misma.- Rió, desencadenando una oleada de risas en el sector mandaloriano, de pie, a sus espaldas, custodiándole.- Espero que esta chica…

-Rey.- Habló ella, llamando la atención de Kylo y Hux, quienes giraron rápidamente la cabeza hacia ella. Boba se quedó observándola.- Me llamo Rey.- Y sonrió cálidamente, cerrando aquella frase con un ambiente más destensado.- Y si supongo un inconveniente puede decírmelo sin rodeos, no voy a molestarme… No tengo la piel tan fina.- Sonrió de medio lado y Boba se echó a reír, cómplice.

-Esta chica me cae bien.- Volteó hacia sus hombres.- Al menos es simpática.- Desvió los ojos hacia Kylo.- Y vuelve a dejar claro que alguien tiene buen gusto...- A pesar del tono "amigable" de Boba Fett, Kylo no se reía ni hacía ademán de sonreírle tan siquiera.- Y por eso estamos aquí.- Dijo, reincorporándose en el asiento, adelantándose un poco.- Por el buen gusto y calidad.- Habló, tomando aire pesadamente.- A mi padre le hubiera encantado estar aquí pero tenemos la situación en Mandalore algo inestable.- Dejó caer, tal y como le dijo Kylo. Sin especificaciones.

-Sabe el precio, Fett.- Habló Hux, alzando ambas cejas y provocando que el interpelado dirigiera sus ojos hacia él.- Y también sabe que nuestro material vale cada crédito.

-Y tras el incidente del cargamento en Dathomir…- Habló Kylo, centrando ahora todas las miradas sobre él.- Hemos tenido que dar explicaciones en las que no aparecía su nombre.- Boba asintió, cómplice.- También sabía que aquello iba a tener un precio.

-Nuestro trato era el precio.- Kylo asintió ante la respuesta de Boba.- Y es contraproducente para un mandaloriano hacer un trato que no va a poder cumplir.- Boba chasqueó los dedos y uno de sus hombres, vestido con las ropas típicas de Mandalore, se adelantó, depositando dos maletines en la mesa.- Quiero ver el material.- Habló, haciendo que Hux riera brevemente por la nariz.

-¿Tampoco es propio de un mandaloriano fiarse?- Boba sonrió de medio lado, levantándose cuando Hux hizo un gesto al gamorreano que les había acompañado, pidiéndole que condujera a quien fuera al exterior, donde podrían ver una parte de la mercancía. Boba se sirvió una copa mientras reía, confiando en uno de sus hombres para que diera el visto bueno mientras él seguía allí.

-Al igual que soy consciente de vuestra calidad, también soy consciente de vuestra forma de trabajo.- Habló, abriendo una botella de licor mandaloriano y sirviéndose una buena copa sin mezcla.- De vuestras pautas… Y de vuestros clientes.- Tomó asiento, dándole un trago a la copa y saboreándolo.- Y claro que me fío de vosotros, chicos. Mi padre se fía totalmente de vosotros y yo, como sé que mi padre es sabio, también lo hago.- Volvió a tragar, terminándose la copa y dejando el vaso en la mesa.- De quien no me fio es de vuestros clientes. Y de sus medios…- Rodó el vaso con pereza antes de alzar la vista hacia Kylo y luego a Hux.- Temo que intenten copiar mi estilo de juego.

-En realidad…- Habló Rey, captando la atención de todos, especialmente de Boba Fett.- Dudo mucho que alguien tenga la misma maestría que un mandaloriano jugando a su propio juego.

-¿Has conocido a muchos mandalorianos para decir eso?

Y Rey pensó por inercia en Sabine, una agente especial de la JEDI nacida en Mandalore pero entregada al mismo orfanato que ella en Jakku. Sabía jugar a las cartas mejor que nadie, con un estilo tan característico que hasta podía patentarlo como suyo. Y algo le decía a Rey que los mandalorianos tenían ese estilo, tenían esa suerte, esa cultura diferente que les permitía pensar distinto y, por tanto, con ventaja.

-Sí. Ciertamente sí.- E hizo una pausa.- Aliit ori'shya tal'din.- * La Familia es más que una línea de sangre*. Boba se tornó serio, observando a Rey directamente. Y Kylo sentía que empezaba a sudar, notando los ojos de Hux clavarse en su cabeza, provocándole desviar la mirada a su compañero, quien le observaba formulándole una pregunta silenciosa que Kylo podía escuchar como si se la estuviera gritando.

"¿Se puede saber qué cojones está haciendo tu amiguita?"

Kylo desvió el contacto hacia Boba, observándole. Y éste, finalmente, asintió, mordiéndose el labio antes de volver a conducir sus ojos a Rey. La tensión crecía en el ambiente, pero Rey estaba segura de lo que estaba diciendo y Boba también, vaya que sí lo estaba. Y terminó sonriendo.

-Ner vod, Vor entye.- * Hermana mía, gracias*. Habló, levantándose y rellenándose el vaso con más licor mientras Rey sonreía de nuevo, haciéndole un gesto con la cabeza al que Rey correspondió, con una sonrisa.

Y Boba le entregó el vaso para que ella diera un trago. Y así lo hizo, sin rechistar. Se bebió medio vaso, dejándole tres dedos de licor que Boba bebió del trago antes de depositar el vaso sobre la mesa, regresando a su asiento.

Kylo intentaba mantener un porte serio, comprensivo y totalmente en sincronía con lo que estaba sucediendo cuando realmente no era así. Viró los ojos hacia Hux, quien estaba en una situación parecida, sólo que el pelirrojo no sabía llevarlo tan bien.

El silencio se mantuvo en la sala, uno suave, ligero, llevadero, hasta que la puerta abriéndose a espaldas de Boba Fett rompió esa paz. El gamorreano regresó con uno de los mandalorianos, que se acercó a su líder para hablarle al oído en un susurro. Y la sonrisa de Boba Fett se extendió.

-Perfecto. – Y dos maletines más aparecieron sobre la mesa mientras Fett se recostaba sobre el asiento, con una sonrisa satisfecha. – No me lo puedo creer. Hacía mucho tiempo que no escuchaba algo así. – Rey inclinó la cabeza con cortesía en respuesta. – Ha sido como volver a casa. – Rey sonrió, halagada. Y cuando giró la cabeza hacia Kylo, se le encontró mirando distraídamente el teléfono en su mano antes de volver a dirigirle la mirada a su cliente.

Rey tragó saliva, reconociendo la imagen en la pantalla y cogiendo aire, anticipándose. Dio un respingo cuando sintió la vibración en ella de nuevo, tanto dentro como sobre su núcleo más sensible, viéndose obligada a cruzar las piernas con fuerza para disimular, aunque eso no hiciera si no empeorar su situación. No podía ser, acababa de salvarle su maldito trato y se lo pagaba de este modo. Ni siquiera sabía por qué lo había hecho, por qué le había ayudado. Barajaba la posibilidad de que aquel beso le hubiera fundido los plomos. O que se estuviera volviendo blanda con él. Pero seguía mereciéndose el mismo puñetazo que el primer día. Capullo insolente.

-Me alegra oír eso. – Contestó Kylo, guardándose el teléfono de nuevo, y desviando la atención del mandaloriano de nuevo hacia él. – Tanto como me gustan los tratos plenamente satisfactorios. – Y el gamorreano se adelantó para apartar los maletines. Fett asintió.

-Me encantaría que ella estuviera en futuras negociaciones y encuentros, Ren. – Parecía una sugerencia, pero ambos sabían que no había lugar para ese margen. Rey se había convertido en una condición ineludible para que las cosas salieran bien y nadie se pusiera nervioso. – Es una auténtica Primera Dama. – Y regresó la vista hacia la chica, encontrándola acalorada, distraída, cerrando los ojos de tanto en tanto. - ¿Se encuentra bien, Rey? – Eso hizo que todas las miradas se centraran en ella y un sudor frío empezó a bajarle por la espalda. Incluso la de Hux, que no podía importarle menos lo que le ocurriera a ella. Y Kylo la miraba impertérrito. Maldito hijo de puta.

-Creo que llevo demasiado tiempo sin beber. – Se salió por la tangente como buenamente pudo. Porque no, no se encontraba bien. – Y ese licor es realmente bueno. – Sonrió, lo menos forzada que pudo aun a sabiendas de que no estaba siendo muy creíble. – Si me disculpan, caballeros…

Apoyó una mano en la rodilla de Kylo para tomar impulso y erguirse sobre sus piernas, temblorosas y en tacones, apenas le permitieron dar un paso sin tener que extender la mano hacia cualquier cosa que pudiera sostenerla en pie. Kylo se levantó, cogiéndola del brazo y, sin darle tiempo a Hux a hacer ningún comentario ni ninguna mirada despreciativa, le dejó al mando de todo aquello en su ausencia.

En cuanto se abrieron las puertas, les envolvió la música, todas las percusiones sintiéndose en el centro del pecho, aturullándoles los oídos, y la cantidad ingente de focos y led, cegándoles por momentos. Kylo la sostenía con un brazo alrededor de su cintura, y si no hubiera sido por eso, se habría quedado atascada en medio de una marabunta que se movía espasmódica y eufórica a su alrededor.

Ni siquiera sabía hacia dónde se dirigían, trastabillaba de vez en cuando, casi a punto de caerse, dando con las rodillas en el suelo y temblando. Pero no. Kylo seguía tirando de ella, a alguna parte en aquel sitio al que sabía llegar. Le vio alzar una mano, chasqueando los dedos como si alguien fuera a oírle con aquella matraca sintentizada. Y sin embargo, ahí estaba, un gamorreano frente a él, asintiendo a algo que le estuviera diciendo que no podía oír ni tenía la entereza para esforzarse. El grandullón volvió a asentir y Kylo le hizo entrar por una puerta.

-¿El baño de tíos? –Graznó, mientras avanzaba dando trompicones. - ¿Este es el mejor lugar? – Se plantó delante de él, con todo el orgullo del que fue capaz, con los brazos en jarras, aun sabiendo que ambos podían ver el temblor más que evidente de sus rodillas.

- Podría haber sido el de la sala en la que estábamos. – Avanzó hacia ella, sin quitarle el ojo de encima a sus piernas temblorosas al tiempo que ella dejaba caer los brazos y daba un paso atrás, dando con el culo en el lavabo. – Pero habría sido difícil mentir sobre lo que oyeran. – Rey tragó saliva cuando tuvo a Kylo irguiéndose sobre ella.

-Kylo… -Empezó… Pero Kylo le cogió de la cara apretándole las mejillas y haciéndola callar al instante.

-Te dije que te estuvieras callada, niña. –Rey puso los ojos en blanco. Era por eso.

-Ha sido pura diplomacia. – Dijo como buenamente pudo, sin vocalizar bien.

-Para la diplomacia, ya tengo a Hux. – Le soltó la cara y le cogió las manos para hacer que las apoyara bien sobre el borde del lavabo.

-Pero en cuanto a sensibilidad cultural es un cero. – Le echó en cara, con rabia ante aquella situación tan injusta mientras sentía que se deshacía como mantequilla ahí mismo. – No puedes quedarte callado con un pueblo así. – Se vio forzada a apartar la cara para evitar su mirada, cerrar los ojos y dejar un gemido atascado en la garganta. – Hay unas pautas y unos gestos… - Kylo se acercó a un más a ella, apresándola contra el mármol el lavabo y Rey dejó escapar ese gemido al sentirle. – Kylo… - Alzó la mirada hacia él, suplicante. No sabía qué más hacer.

-¿Cómo sabías qué decir? – Se inclinó sobre sus labios sin llegar a rozarlos y Rey vocalizó para darle una respuesta pero nada salía de ella si quería contenerse, como si lo tuviera todo, todo en las entrañas. - ¿La calle? – Le leyó él. Rey asintió, entre temblores y jadeos, haciendo fuerza con los brazos para no caerse. – Sabía que aun guardabas algo con lo que sorprenderme.

-Kylo… - Repitió, en apenas un suspiro. Aquella vibración volviéndose una tortura que no le daba tregua ni para respirar, completamente húmeda, haciendo un verdadero desastre con unas bragas que eran realmente demasiado bonitas para esto. – No puedo más… - Dejó caer la cabeza con pesadumbre sobre la dureza de su pecho. – Por favor. – Kylo se inclinó hacia ella, cogiéndole de la cara con ambas manos, retirándole el pelo de la cara, pasando los pulgares por sus pómulos llenos de pecas hasta sus labios hinchados de tanto mordérselos.

- Lo pides tan bonito, nena. – Cogió el teléfono sin ni siquiera dedicarle una mirada, apagando el dispositivo. Y volvió a besarla, lento, muy lento, atrapando sus sollozos en la garganta. Kylo arrastró una mano hasta su cuello, sintiendo la vibración del siguiente y sonrió contra ella, atrapando sus labios de nuevo. Sin poder esconder su sonrisa. Toda ella era el tesoro más grande, como tener la suerte de su parte, como si la Fuerza le devolviera una oportunidad para vivir encerrada en un cuerpo tan pequeño. Para él.

Abandonó sus labios, con cierta reticencia, preso de esos pequeños besos que ella siempre le daba para reclamarle un segundo más y se postró ante ella, depositando un beso sobre su vientre y arrastrando las manos por sus cintura, sus caderas y sus muslos, hasta atrapar el tobillo y obligarla a flexionar la rodilla hasta dejar el tacón sobre la de él. Pareció ensimismado un momento, apreciando cómo se veía su empeine y la forma que tenía su pierna así. Y, a medida que su mirada ascendía, Rey la iba sintiendo como si fuera un láser, abrasando su recorrido hasta llegar a donde su vestido gris se convertía en un montón de pliegues sobre su cintura.

Sus manos volvieron a su piel, haciendo el recorrido contrario, de nuevo hacia ella, ascendentes. Y ella temblaba sólo con su toque, sus caricias y su anticipación. Ahí estaba. Iba a cumplir con su promesa, por fin. Sentía el cuerpo ardiendo, sus entrañas apretadas en un nudo tan fuerte, que el contraste de sus manos no hacía nada por relajar sus temblores aunque el vibrador hubiera dejado de torturarla. Temblaba. Con los nervios de punta. Y entonces sintió la mano de Kylo colarse por su vestido hasta llegar a la gomilla de la braguitas. Cogió aire mientras notaba cómo colaba un dedo y recorría el borde hasta su ingle, demasiado lento.

-Kylo… - Repitió su nombre, sin saber siquiera por qué lo hacía ni si quería pedirle nada.

-Shhhh. – Siseó, chistándola con suavidad. Y cuando su dedo llegó a su centro, echó la cabeza hacia atrás de puro regocijo, sintiéndole a él, por fin, mientras retiraba el botón de aquel maldito vibrador de su clítoris. –Estás tan húmeda…

-¿¡Normal?! – Le increpó, casi rozando el grito. Cuanta más prisa tenía ella, más lento parecía ir él, el tiempo y todo. Casi hasta podía sentir cómo giraba el planeta. Y Kylo le dio un golpe en su centro con la sola pulsión de su dedo que ella sintió como un latigazo. Ahí sí grito. Fue sólo un nanosegundo, y la mano de Kylo volvía a cubrir su calor, relajándola mientras sentía cómo su núcleo hormigueaba en respuesta.

-Shhhh. – Le repitió, inclinándose para besar el interior de sus muslos, beso tras beso hasta su ingle, mientras enganchaba su dedo en la curva aquel artilugio infernal y tiraba suavemente de él. Rey lo sintió al instante, esa presión en ella que hacía que se contrajera una y otra vez. Se agarró con fuerza al lavabo, sintiendo que Kylo volvía a tirar, suave, a medio camino, y todo su cuerpo se apretaba, como indeciso. – Relájate, nena. – Fue el tono de su voz llegando a sus oídos, justo antes de sentir que sus labios se posaban sobre su castigadísimo centro. Y con un último tirón, lo sacó de ella, liberándola al tiempo que notaba cómo su humedad empezaba a resbalar por su muslo.

- Kylo… - No levantó la mirada hacia ella, absorto siguiendo el recorrido que dejaba su humedad, frenándolo con el dedo. – Kylo. –Ni caso. Sumido en ella, llevándose un dedo impregnado en ella a los labios. Y, oh, joder, Rey sabía lo que venía después. No iba a poder con ello. Cogió aire con fuerza y se atrevió a soltar una mano del borde al que se aferraba para enredar los dedos entre sus mechos negros. – Kylo, te necesito. – Y eso captó toda su atención, mirándola desde aquella posición que conseguía volverla loca, irguiéndose hasta ella, perdiendo toda la suavidad con la que le había estado tratando para volver a mirarla como lo haría un león enjaulado.

-¿Qué has dicho? – La cogió de la barbilla con una mano, y de la cintura con la otra. - ¿Qué has dicho, nena? – Y con sólo un movimiento de sus manos, consiguió darle la vuelta sobre sí misma hasta que quedó frente al espejo, viéndose a sí misma y a él tras ella.

-¿Te refieres a lo de antes o…? – Le provocó, completa y absolutamente consciente de que le estaba provocando. Como si ese fuera su modus operandi desde el principio. Su mano, enorme y caliente, se arrastró hasta su cuello, sosteniéndola. Y la otra, reverberó con fuerza sobre su nalga. Le temblaron las rodillas sólo con el recuerdo y se vio poniendo los ojos en blanco antes de cerrarlos.

-Repite lo que acabas de decir, nena. – Y Rey sonrió al sentirle apretándose contra su carne, ya duro.

- Que te n… - Se interrumpió a sí misma cuando tiró de su mano hasta dejar que su cabeza se recostara sobre su hombro, soltándose del borde del lavabo, completa y absolutamente a su merced, confiando en que la sostuviera, mientras otro nalgazo se estrellaba contra su piel.

- Repítelo, tal y como lo has dicho, nena. – Le gruñó suave al oído, extendiendo escalofríos por toda su espalda, retorciéndose sin poder, ni querer, escaparse de la presa de sus brazos en torno a ella.

- Kylo… - Jadeó, sintiéndose casi fuera de su misma piel de lo sensible que estaba. – Te necesito.

-Joder, sí, eso es, niña.- Mordió su cuello suavemente, presionando primero de forma delicada y luego más y más mientras se separaba, hasta pinzarle en aquel punto que le hizo poner los ojos en blanco.

Rey condujo sus dos manos a su cuello, entrelazando los dedos y apoyándose en aquel punto donde sabía que llevaba el chip. Fue a quitar las manos de inmediato pero sintió la presión de la de Kylo impidiéndolo.

-No te sueltes, nena.- Y lamió la zona que acababa de morderle, sintiendo el amargo sabor de su colonia mezclarse con el regusto de su gel de baño y finalmente adornarlo todo con el sabor de su piel, con su sabor particular. Y abrió los ojos, mirándose en el reflejo, a espaldas de ella, sujetándole mientras se entregaba de aquella manera y Kylo no pudo retenerlo, le salió sola la corrección.- No me sueltes, nena…- Y descendió de nuevo mientras besaba su cuello y ella gemía ante la intensidad de sus dedos, de nuevo en su centro, cuidándola, tranquilizándola y provocándole espasmo tras espasmo, sin piedad al fin. Sin tortura, sin pereza, sin calma ni languidez.

Estaba chorreante y Kylo notaba sus dedos resbalar en ella, una y otra vez, incapaz de centrarse en un punto, era imposible. Y sentía que estaba más que sensible. Cómo respondía ante cada roce, directo a su núcleo. Ella convulsionaba delante de él, golpeándose contra él… Y se apiadó. Volvió a besarle el cuello mientras rebuscaba en su pantalón, sacando un preservativo que había colocado expresamente, porque sabía que le haría falta.

Cortó el borde con los dientes y se separó un poco, bajándose los pantalones mientras Rey se mordía el labio, anticipándose, sintiendo la falta que de repente le hacía la mano de Kylo en su entrepierna.

-Sube la rodilla al lavabo.- Le ordenó en un susurró desesperado. Y Rey actuó todavía más desesperada, impulsándose con su agarre, sintiendo que le clavaba más aquel chip en la espina dorsal, pero Kylo ni se inmutó. Estaba demasiado ocupado enfundándose y ella no tardó en sentirle, preparado, buscando su entrada mientras volvía a sostenerla, totalmente apoyada en él. Y a Kylo no le hizo falta pedirlo, Rey se posicionó, alzando el culo y facilitándole el acceso.

Estaba tan sensible que gimoteó lentamente, alargando el gemido a medida que él se adentraba, resbalando, sin dificultades. Y apoyó la cabeza en el hombro de la chica mientras ella se dejaba caer sobre él, disfrutando.

Empezó a moverse una vez pudo hacerlo, sintiéndola, tan resbaladiza pero tan apretada contra él, asfixiándole deliciosamente, casi tanto como lo eran sus gemidos. Y Rey se entrecortaba con cada estocada, rápida, directa, llenándola pero no tanto como su cuerpo le pedía.

-Joder, joder…- Sollozaba, llevando las manos a su pelo y enroscando los dedos en su mata negra. Él alzó la cabeza, mirándola a través del reflejo.- Más… Más, joder, más…

-¿Más?- Rió en medio de un gemido. Y Rey se mordió el labio, asintiéndole sin poder hablar, dolorosamente callada.

-Más, por favor, más, más…

Y Kylo salió de ella, apartándola de él y escuchando cómo Rey se quejaba, su niña, siempre malpensando, siempre creyendo que quería verla sufrir. Y consiguió hacer que Rey rodara sobre la punta de sus tacones, quedando de espaldas al reflejo. Y Kylo le ayudó a subir al lavabo mientras se pegaba a ella, besándola… Hasta que sintió la mano de la chica atraparle en un puño, masturbándole, haciendo que Kylo gimiera sobre su boca, apartándose, cortando el beso. Se colocó entre sus piernas, llegando perfectamente a su entrada desde esa postura. Rey sólo tuvo que echarse un poco hacia atrás, sosteniendo su peso en una mano mientras la otra seguía en el cuello de Kylo, tocándole. Y entró de nuevo en ella, esta vez más hondo, arrancándole un gemido a ella que casi le deja sordo. Oh, joder, cómo le encantaba.

-¿Así, nena?- Ella alzó los ojos a él, observándole, chocando con sus ojos negros, entrecerrados pero fieros.- ¿Es así como lo quieres?- Se llevó un pulgar a la boca, lamiéndolo antes de conducirlo a su centro, haciendo que Rey no pudiera responder.- Joder, nena… - Ella asintió, gimoteando, bajando al fin los ojos a su unión, viendo cómo entraba y salía de ella, se echó un poco más hacia atrás, llegando más a él en consecuencia y Kylo lo notó, abriendo los ojos y besándola con fiereza antes de apoyar su frente con la de ella.- Joder, niña ¿Todavía más?- Rió, pero ella negó con la cabeza, llevando la mano con la que sujetaba su peso a la cara de Kylo, atrapándole la mandíbula, conduciéndole a ella.

-No pares, joder…- Gimoteó, lastimera. Cerrando los ojos mientras echaba la cabeza hacia atrás y Kylo veía una oportunidad más para atacar su cuello, sacándole gemidos, sintiéndola temblar, entera y totalmente por él.

Y a Kylo se le pasó por la cabeza detenerse, frenarse en seco para escuchar cómo le rogaba más, joder, lo decía tan bonito, tan desesperada, tan completa y jodidamente desesperada... Pero no. No podía, ella le estaba aguantando todo lo que le echaba encima y por dentro le hacía sentirse mal. Se estaba pasando, quizá, con ella, con su niña. Alzó los ojos, viendo su reflejo en el espejo, accionándose contra ella, luego bajó la vista a su unión, viéndose entrar y salir con tanto desespero que había estado a punto de perder el ritmo dos veces. Luego sus ojos subieron, surcándola, viendo que la tripa de ella se abultaba con su estocada, oh, joder... Sentía que iba a romperla sin querer y ella estaba exigiéndole más, más duro. Y cuando llegó a su rostro, sonrojado, sudado, con el pelo suelto, revuelto y con algunos mechones pegados por la cara, Rey abrió los ojos, encontrándole, jodidamente guapo.

-¿Me puedo correr?- Habló con un hilo de voz, quebrado entre gemidos, sollozado, suplicante. Y él se adelantó, besándola con furia, hablando sobre sus labios.

-Joder, córrete, mi niña, córrete... Córrete conmigo.- Gimoteaba, acelerándose.

Y Rey se doblegó hacia atrás, dando con la nuca en el espejo del baño, sintiendo cómo se deshacía bajo un grito al que él acompañó, moviéndose rápido y sufriendo los espasmos del orgasmo. Rey le apretaba y le soltaba sin ser consciente de lo dolorosamente agradable que le parecía mientras ella notaba sus estocadas, liberándola al fin de todo aquello.

Tan guapo… Alargó la mano, retirándole uno de esos mechones negros que le cubrían la frente, antes de enredar los dedos en su melena, tirando de él hasta tenerle apoyado contra su pecho, sintiéndole temblar aun dentro de ella al mismo ritmo que ella notaba aún sus espasmos musculares por todo el cuerpo. Por la Fuerza, había sido espectacular y, no lo reconocería jamás en voz alta, pero tenía que admitir que el maldito vibrador había elevado el orgasmo a una potencia devastadora al mismo nivel que la Estrella de la Muerte. Le pasó las manos por el pelo, disfrutando de lo suave y espeso que era, hasta que dio de nuevo con aquel punto de su nuca que se endurecía bajo sus yemas.

-¿Te he hecho daño? – Le preguntó en voz bajita, como si aquel orgasmo le hubiera sacado la fuerza del golpe. Kylo alzó la cabeza hacia ella, entre extrañado y divertido. Jamás, nunca, nadie le había hecho esa pregunta.

-No, ¿por qué? – Tiró de ella hasta sentarla en el borde del lavabo y saliendo poco a poco de ella para no hacerla daño a su vez.

-Nunca antes me había sujetado con tanta fuerza. – Le concedió, con una sonrisa cansada, mientras balanceaba los tacones en el vacío. – Creí que te estaría haciendo daño. – Se bajó con cuidado, comprobando su estabilidad como lo haría un cervatillo, agarrándose a él.

- Ni lo he sentido, niña. – Admitió cabizbajo, quitándose el preservativo y tirándolo en la papelera más cercana, sin mirarla. No hasta que ella le posó la mano en la mejilla, obligándole a centrarse en ella. Y Kylo no podía apartar sus ojos de ella, mirándole así, y haciéndole inclinarse de nuevo hasta ella, juntando sus frentes.

-Entonces, siento mucho habértelo recordado. – Le dijo en un susurro antes de cogerle la cara con la otra mano también y acercarle hasta sus labios, dándole un beso que casi pudo sentir cómo empezaba a curar heridas que ni siquiera sabía que tenía. Un beso dado con un cuidado y un cariño del que siempre se sentiría desmerecedor, y sin embargo no podía apartarse de ella. Como si le hubiera sido entregado un pedazo de cielo y aun nadie se hubiera dado cuenta del error. Se separó de él tras esa lluvia de besos pequeños que ya eran su firma. – Este ha sido rápido. – Le sonrió ampliamente, una sonrisa plena e increíble que se le clavó en el pecho. Y ojalá todas su cicatrices fueran como esa. – Así también me gustan. – Y le dio un último beso antes de dirigirse al cubículo más cercano a por algo de papel para limpiarse.

Kylo se subió los pantalones, viendo a través del espejo cómo su niña se tambaleaba y se apoyaba en los azulejos y sonrió complacido, sintiendo las primeras llamas de algo dentro de él que ya llevaba unos días fraguándose. Cogió el vibrador, que había dejado a un lado al quitárselo, y abrió el grifo para lavarlo, aun escuchando sus tacones acercarse a él de nuevo y asomarse.

-Ni se te ocurra, Kylo. – Le dijo con ese tonito amenazante que le hizo detenerse y mirarla con una sonrisa en las comisuras.

- A ver, repite eso otra vez… - Le pidió, sin poder contener que su sonrisa se expandiera, reprimida a duras penas. Ella alzó la mirada hacia él con reticencias, como si aquel aparato fuera la verdadera amenaza.

-Que no… me pongas eso otra vez. – Se corrigió, con dudas. - ¿Por favor? – Le añadió como si fuera la guinda del pastel, haciéndole sonreír definitivamente, retomando lo que estaba haciendo.

-Sólo suplicas bonito cuando estás cerca del orgasmo, nena. – Le dijo, como si fuera un conocimiento sobre ella de esos que se almacenan para el recuerdo. – Cuando ya estás tranquila, ni siquiera lo finges. – Le dio una mirada acusativa a través del espejo. Y la vio boquear.

- No, no, por favor, no me lo pongas otra vez. – La sola idea de volver a pasar por ello hasta… Hasta la Fuerza supiera cuándo, se le hacía imposible. Iba a caerse de rodillas. Ni siquiera estaba muy segura de que fuera a aguantar bien y dignamente el mismo roce de su ropa interior, que ya le suponía un problema. – No, no, por favor. – Apoyó las manos en su brazo, sosteniéndose. – Por favor, por favor, no. - De verdad que no podía permitirse aquello otra vez.

-Y yo creyendo que te había gustado… - Dejó caer en un tono casi lastimero que hizo que Rey alzara la mirada hacia él, aun más suplicante. Parecía, de verdad, que iba a terminar la noche dando el puto cante delante de todos. Y aunque no tenía ningún problema, o cada día tenía menos problemas, para aceptar y disfrutar plenamente y casi sin remordimientos de la dinámica sexual que había entre ellos, no tenía ninguna gana de ser tildada como "la zorra de Kylo" en su círculo de clientes.

-Estuvo bien al principio. – Le concedió. –Pero es que "al principio" fue la primera hora o dos, como mucho, de esta mañana. – Le vio cerrar el grifo y sacudir el vibrador para quitarle el agua.

-Tienes que seguir practicando tu forma de pedirme cosas, nena. – Le pellizcó las mejillas, haciéndola fruncir los labios, antes de plantarle un beso en ellos. – Pero vas bien. – Y se guardó el aparato en el bolsillo interior de la chaqueta como si nada, dejándola ahí, pasmada.

-¿Me has…? – Se quedó boqueando un momento mientras él la rodeaba. - ¿Me has hecho creer que…? – Le vio sonreír sin rastro de culpa. Boqueó aun más con sorpresa. – ¡Pero no seas cabrón! – Le dio un golpe en el bíceps, duro como un puto muro. Ambos sonreían de camino a la puerta.

- Cuidado con es boca, niña. – Y ella le miró con sorna.

-Esta boca ha hecho maravillas contigo y te ha salvado un trato que no iba a ser fácil. – Le tendió la mano, y Kylo la miró, ahogando la sorpresa de un gesto tan sencillo. – Puedes permitirte ser un poco permisivo. – Accionó el pomo de la puerta y se giró hacia él, aun tendiéndole la mano. - ¿Vienes? Nos están esperando… - Esa mano extendida hacia él, esa mirada expectante.

Y Kylo entrelazó sus dedos con los de ella, haciéndoselo cruzar por detrás de la espalda para poder posar la mano también en su cadera, sentir su bamboleo lento y fuerte sobre aquellos tacones que le habían quitado el aire desde que la había visto en el portal. Cruzaron la pista de baile de nuevo, entre un millar de cuerpos que se movían, saltaban y bailaban epilépticos y desbordados, sin soltarse hasta que llegaron a la puerta de la sala privada.

-¿Preparada? – Quiso asegurarse, soltando su mano aunque fuera lo último que quisiera hacer, aun si se acabara el mundo ante sus ojos en aquel momento, para pasar los dedos por su pelo, y cubrir disimuladamente la marca que ya empezaba a amoratarse en su cuello.

- Casi más que tú. – Le atrapó la mano de nuevo, besándole los nudillos antes de bajarla. – Aunque me gusta mucho más el plan de caer dormida en tu cama otra vez. – Le sonrió y, si no hubiera sido porque debía terminar con aquello esa misma noche, la habría cogido en brazos y no hubiera parado hasta llegar a su cama.

Abrió la puerta y vio a sus invitados desperdigados por la sala, a Fett en un lateral hablando con uno de sus chicos y a Hux en el contrario, hablando por teléfono. Se hicieron con la atención inmediata de ambos lados y, con sólo dedicarse una mirada entre ellos dos, se soltaron y Kylo se dirigió hacia Hux mientras Rey se acercaba a los mandalorianos.

-¿Se encuentra mejor, Rey? – Le preguntó el líder de aquel clan de cazarrecompensas. Ella asintió, con una sonrisa tranquilizadora. – Rey… ¿Qué más? – Se mordió el labio. Con aquella verdad, iba a ganarle a Kylo un cliente fiel.

-Sólo Rey. – Sin apellidos, sin padres a los que referir. Boba asintió, comprendiendo al instante. – Por eso, para mi toda familia es más que sangre. – Le sonrió. Y se llevó la sonrisa de Fett de vuelta. Y otra invitación a un trago.

Kylo no le quitaba el ojo a Rey, ni un segundo, viéndola hablar e interactuar con soltura, mientras él esperaba a que Hux colgara la llamada.

-Los maletines acaban de llegar al Líder Supremo. – Le informó cuando terminó. Kylo asintió.

- Bien. – Contestó, distraído.

-¿Se puede saber qué te pasa? – Aquello arrancó a Kylo de sus pensamientos y le hizo centrar la mirada en su amigo. Kylo parpadeó, confuso. Observando a un lado y a otro como si aquello fuera a darle una respuesta. Hux chistó la lengua, agarrándole de la solapa de la chaqueta, totalmente arrugada, y acercándole a él, quedando medianamente de espaldas al resto.- ¡¿Quieres centrarte de una putísima vez?!- Gritó en un nivel lo suficientemente bajo como para que sólo ellos dos lo escucharan. Kylo boqueó, sorprendido. Hux no usaba jamás palabras malsonantes pero cuando lo hacía…- ¡¿A qué ha venido el numerito ese de la chica hablando en… en…!?

-Mando'a…- Le ayudó a terminar.

-¿¡Qué cojones le ha dicho!?

-Un refrán mandaloriano.- Hux arqueó una ceja.- Sé que no vas a admitir que nos ha echado un cable con Boba, eres demasiado orgulloso para ello, pero no…- Hux le impidió terminar.

-¡¿Quieres dejar de defenderla!?- Le miró de arriba abajo.- ¡Joder! ¡¿Quieres estarte quieto en tus putos pantalones de una vez y sacar la cabeza de entre las piernas de esa chica?!- Kylo agarró a Hux por la camiseta, atarantándole y cerrándole el pico de golpe.

-Cuidado, Hux… Cuidado.- El pelirrojo apartó las manos de Kylo de su ropa.

-Ándate con cuidado tú también…- Y se apartó un poco, encarando de nuevo hacia sus invitados pero Kylo le sostuvo por el hombro, acercándole a él para poder susurrarle.

-¿Eso ha sido una amenaza, Hux?- El pelirrojo rió pro la nariz.

-¿Quieres que te diga yo también un refrán mandaloriano?- Kylo achicó los ojos.- No amenazo… Prometo.- El moreno le dio un suave empujón al pelirrojo.

-Bájate esos humos, Hux. Y mañana hablaremos…- Habló, antes de dirigirse a servirse una copa del arsenal que quizá Fett habría pedido que trajeran.

Hux se le quedó mirando, observándole con una mueca de asco contenida. Sí, aquella chica estaba siendo una pesadilla, una que se había vuelto real. Y no había noche en la que no se arrepintiera de haberla contratado sólo para que Kylo dejara de dar la vara con el maldito proyector escacharrado.

En aquel momento pensó que no tenía nada que perder, que como mucho cabían dos opciones: O que lo estropeara de forma desastrosa, lo cual le solucionaba el problema de Kylo distrayéndose con el cine y siendo pesado con ese aparatejo, o como mucho conseguía hacerlo funcionar… Pero no contaba para nada con que esa chica lo arreglara.

Y, bueno, creía haberse deshecho de la principal distracción de Kylo, el proyector… Pero no, la realidad había sido otra. Hux, sin quererlo ni beberlo, había suplantado una distracción por otra, otra peor. Una que hacía que Kylo tuviera el valor de dejarle en medio de una reunión para darse el lote con esa… esa chica.

Dio un último trago a su copa, girándose hacia la cristalera, observando a la gente de abajo. Y por un momento deseando ser alguno de los presentes en aquella pista. Chistó con la lengua antes de alzar la vista, negando, y dando al fin un trago más. Ya le jodería ser uno de los descerebrados drogadictos de allí abajo.

Kylo se acercó a Rey, quien hablaba tranquila con los mandalorianos en su propio idioma, sorprendiéndole una vez más, creyendo que aquella chica quizá sólo se había quedado con aquel refrán y ya está… Pero no, parecía conocer y dominar el idioma.

-¿El Líder Supremo está contento?- Habló Fett, encarando ahora a Kylo y saliendo de la conversación.

-Sí, lo está.- Habló, tan serio y neutro como siempre.- ¿El Mandalore lo está también?

-Ya lo creo.- Habló Boba, dando un último trago a su copa.- Ha sido un placer esta reunión. Tendremos que repetirla.- Dejó el pequeño vaso en la mesa, antes de recolocarse la ropa, extendiendo la mano a uno de sus hombres y pidiendo su casco.- Nos veremos pronto.

-Infórmenos, por favor… -Habló Hux, apareciendo y captando la mirada de todos.- Nos gustaría saber que el material es de su total agrado.- Boba asintió, colocándose el casco.

-Descuide, Hux. Recibirá noticias mías pronto.- El pelirrojo asintió, acercándose a la puerta y haciéndose a un lado, abriéndola para que salieran sus clientes primero. Luego él se interpuso, cortándole el paso a Rey y saliendo antes que ella.

La chica sujetó la puerta, observando a Hux con un ojo achicado, pero la mano de Kylo posándose en su cadera le hizo desviar la atención a él, quien empujó para que avanzara hacia el exterior.

En menos de cinco minutos se había visto envuelta en un chal grisáceo, con el casco puesto. Contoneándose al ritmo que dictaban las caricias del viento mientras Kylo conducía aquella moto, surcando las calles como un cometa.

Rey se sujetaba ahora a su cintura, sintiendo un agarre firme en él mientras cerraba los ojos. Deseando llegar a su casa y dormir con él en aquella cama gigantesca a la que le sobraba espacio. Dormían tan juntos que a duras penas ocupaban un tercio de su totalidad.

Y se sentía tan, pero tan condenadamente bien como el frío de la madrugada golpeando su rostro, a lomos de aquella moto y abrazada a él...

Se permitió el lujo de ser la persona que se sentía ser dentro de los confines de su piel. Por fin. Aunque sólo fuera un rato, uno pequeño.