20. Interludio

Empezó a recuperar la movilidad del brazo poco a poco, bombeándose al apretar el puño y destensarlo repetidas veces seguidas. Había cogido la costumbre de dormir en una posición horrible para sí misma, su brazo y su espalda, que empezaba a darle los buenos días a base de quejas y contracturas.

Sus ojos se abrieron poco a poco, enfocando la habitación de nuevo. Aquella habitación. Aquel poste que le hizo conducir los ojos hacia el techo, pintado con ese blanco puro que también parecía estar saludándola.

Rey, normalmente, dormía bien, solía hacerlo. Terminaba tan agotada que apenas tenía que esforzarse para encontrar el sueño. Pero desde que dormía allí, desde que un orgasmo o dos enmarcaban sus días con él, se despertaba muchísimo mejor. Con una sensación cosquillosa en el estómago, un temblor que subía de allí hasta su pecho, envolviéndolo y haciendo temblar su corazón en un pequeño sismo nervioso.

Rodó hasta quedar de lado, frente a Kylo, quién dormía bocabajo también, pasando un brazo por encima de ella, como si temiera que se la arrebataran de su lado mientras soñaba en la nada, al fin, dejando a un lado las pesadillas.

Rey se tomó su tiempo para observarle con detalle, viendo cosas en las que, de día, no podía detenerse. Su mirada actuaba como un agujero negro, engullendo su atención en ellos cuando estaba despierto. Pero ahora que dormía, que estaba tranquilo al parecer, podía fijarse en otras cosas.

Su cicatriz tenía mejor aspecto desde que ella intervino. De hecho, ya le tocaba una segunda cura y se la haría hoy si él se dejaba… Alzó una comisura, por supuesto que se dejaría, igual que, desde aquella confesión, se dejaba tocar un poco más.

Contuvo el hormigueo de sus dedos, deseosos por surcar su pelo, peinándolo en consecuencia. Aquello conllevaría despertarle y no quería, de momento no. Prefería seguir observándole. Viendo cosas en él que hablaban en silencio, indicándole sendas que podría seguir si quería descubrirle. Aquellas ojeras marcadas delataban las horas de sueño que había sacrificado por estar sirviendo a ese tal Snoke, siendo su maldito perro de presa. Haciéndole el trabajo.

Su piel pálida le indicaba que no solía trabajar de cara al sol, que pocas veces saldría de aquel cine o que apareciera durante el día por el barrio. No tenía pinta de pasear… De hecho, Rey se preguntó si habría paseado alguna vez en su vida. Si habría tenido ese momento de paz total para dar un sencillo paseo por las calles.

Fuera cual fuese su pregunta, su instinto le respondía con un no rotundo.

Entonces, empezó a perderse en aquellas pecas que salpicaban su cara de forma desenfadada, sin propósito, sin un patrón como era el caso de ella. Y le gustaban, no iba a mentirse en eso, descubriéndose deteniendo la mano de nuevo al vuelo, antes de empezar a trazar constelaciones con sus dedos, pasando de peca a peca, buscando la combinación correcta. La constelación que la llevara a un refugio… entre sus brazos.

Y seguía mirándole, sin perder detalle de absolutamente nada. Aquellas pestañas largas y negras, aquella nariz tan firme y elegante, aquellos jodidos labios que hacían maravillas...

Suspiró, cerrando los ojos e intentando levantarse, o al menos quedar sentada en la cama, pero el brazo de Kylo se enroscó en su cintura y dejó la cabeza apoyada en su muslo mientras ella apoyaba la espalda en el cabezal de la cama. Y entonces sí, empezó a pasarle la mano por el pelo con sumo cuidado, acariciándole. Viendo cómo Kylo cerró los ojos con fuerza al principio pero los relajó al instante, dejándose hacer. Durmiendo, todavía durmiendo.

Era increíble cómo había dado la vuelta la situación. Cómo era posible que se encontraran allí, cómo, después de todo, la única fuerza que había ejercido contra ella había sido para elevarla a lo más alto de su placer.

Rey cerró los ojos mientras sus manos vagaban por la cabeza de Kylo. Joder… ¿Qué estaba haciendo?

¿Qué estaba pasando?

Y entonces sus dedos fueron más allá, llegando a su nuca, provocando que Rey bajara la vista hacia su cuello, notando aquel bulto.

Apartó los mechones y divisó, ahora sí, las marcas que llevaba allí detrás, quizá por las múltiples intervenciones de Snoke para cambiar posiblemente la batería de aquel cacharro, renovarlo por otro mejor o vete a saber… Sólo la Fuerza sabía la maldad que cabía en una persona. La Fuerza… Y Kylo, al parecer.

Pasó los dedos por esa herida forzosamente cicatrizada, notando de nuevo el bulto allí dentro. Y ella se contrajo al imaginar el dolor que podría suponerle una suave descarga. Aquel artilugio estaba incrustado con maldad en un punto clave de sus terminaciones nerviosas. La mínima descarga era un infierno, y la máxima…

Kylo remoloneó, haciendo que Rey apartara las manos, alzándolas a la altura de su pecho, temerosa de haberle incomodado. Y él enroscó más sus brazos a su cintura.

-¿Estás despierta?- Gruñó sin abrir los ojos.

-Sí.- Respondió, posando una mano en su cabeza, volviéndole a acariciar.- Creo que tengo que irme…- Kylo entonces abrió los ojos.- Tengo que volver a casa, tengo que vestirme, tengo que ir al cine y tengo que…- Kylo apretó más sus brazos a su cintura, sacándole una risita.- Tengo que cumplir con mi trabajo.

-Yo creo que ya lo hiciste ayer.- Rey negó con la cabeza. Agradeciendo que Kylo no pensara ni por un segundo que se refería a su otro trabajo…- Hoy es mi día libre.- Habló, volteando hasta quedar de espaldas, con la cabeza hacia arriba, observándola desde allí.- Joder, nena, qué bien te queda un plano contrapicado…- Rió, alzando ahora una mano y acariciando su barbilla.

-¿Hoy es tu día libre?- Habló ella, intentando pasar por alto aquel cumplido que casi consigue sonrojarla. Él asintió con un tarareo afirmativo, desde su garganta.- ¡Qué suerte!

-No es tanta si no lo pasas aquí conmigo.- Pero de esta no se escapó. Y el sonrojo inundó su rostro poco a poco. De buena mañana, sin su té habitual, no estaba preparada para esconder nada, mucho menos a él… Por desgracia.

-¿Quieres que me quede?- Él asintió con la cabeza, recorriéndola con los ojos de la misma forma que había hecho ella con él antes.- ¿Qué dirá Hux?

-Agradecerá que no haya nadie en el cine que le estorbe su contabilidad.- Rió y ella con él.

-Si me haces un justificante…- Habló ella, juguetona y entre risas.- Quizá sí que me pueda quedar.- Sonrió y Kylo le devolvió el gesto.

-¿Te sirve un chupetón en el cuello y una sonrisa complacida?

-A mí no me lo preguntes, pregúntaselo a Hux.- Rió al fin, viendo a Kylo alzar una ceja y conteniendo la sonrisa.

-Yo no tengo que preguntarle nada a Hux y menos aun en lo que se refiera a mi niña. – Dijo con orgullo, pasándole los nudillos por los pómulos. El corazón de Rey se saltó un latido, secretamente encantado por los apelativos que usaba con ella.

-Pues tu niña… - Le vio sonreír, con todo su orgullo convirtiéndose en un brillo de admiración contenida en sus pupilas. – tiene hambre. – Sentenció. - ¿Vas a hacer algo para solucionar eso?

No tuvo que decir ni una sola palabra más. Kylo se levantó, tirando de sus tobillos hasta arrastrarla al borde de la cama. Rey dejó escapar una risa ante su entusiasmo y se mordió el labio cuando él se inclinó hasta su cara, con su nariz rozando la suya.

-¿Y qué tipo de hambre tiene mi niña? – Rey alzó los brazos hasta su cuello.

- De dos tipos. – se contorneó para quedar aun más al borde mientras las manos de Kylo recorrían sus caderas. – Pero ahora, mi prioridad es un desayuno. – Y antes siquiera de darse cuenta, era alzada en vilo en el aire hasta sus brazos, acunada sobre su pecho.

Rey no era mujer pequeña y menuda, tenía los músculos fuertes y llevaba toda la vida, incluso cuando no correspondía, cuidándose sola. Pero tenía que admitirlo. Era gratificante dejarse cuidar, dejarse tratar bien. Aun cuando una sombra enfermiza acechaba al fondo de su cabeza, extendiéndose con la culpabilidad de que no debería estar haciéndole esto. No a él. Ya no. Así no. Cabeceó contra su pecho mientras atravesaban el pasillo, apartando de su mente el sabor amargo que dejaba en ella su pecado de omisión y se aferró a él, pasando los dedos por su pelo, encontrando aquel gesto jodidamente tranquilizador para ambos. Eso consiguió sacarle una sonrisa.

-¿Qué vas a querer? - La sentó sobre el mármol de la encimera y se posicionó entre sus piernas, cogiéndola de la cara y apartándole el pelo enmarañado.

- Cualquier cosa que no tengas que cocinar.

-No me importa cocinar para ti, nena. – Y Rey sabía que ya la había soltado porque le tenía justo delante de ella, pero seguía sintiéndose acunada por él.

-Ya, pero es nuestro día libre. – Se estiró, desperezándose con una sonrisa. – Y eso quiere decir que no tengo muchos motivos para moverme de tu habitación y que tienes la nevera llena de cosas que puedo atacar. – Kylo volvió a cogerle de las mejillas, como solía hacer.

-Sigues sin responderme qué es lo que quieres. – Una vocecilla interna en Rey le contestó "Cualquier cosa menos hacerte daño".

-¿Me haces un té? – Le pidió con cara de niña buena, esa que había entrenado en la calle y que le había servido en dos ocasiones contadas porque al final tenía que liarse a palos.

-¿Y qué se dice? – Se regodeó, apretándole aun más las mejillas.

-Por favor. – Cedió, saliéndole como si fuera lo más natural. Y Kylo sonrió antes de inclinarse hacia ella y dejar un beso en su frente.

Rey sintió al instante el vacío que dejó al separarse de ella, dejándole los muslos fríos, mientras le veía cacharreando, calentando el agua para su té y su café, sin perderse un solo detalle de él, la forma en la que se movía, la tensión de los músculos que se percibían bajo su camiseta, su fuerza contenida en acciones tan sutiles y rutinarias como verter el líquido en dos tazas. Y sus manos…

Sus manos la tenían hipnotizada. Lo grandes que eran, tan firmes como gentiles. Esas manos estaban cubiertas de sangre, ella lo sabía. Y sin embargo, cuando él rozaba su piel con ellas, Rey se olvidaba de todo, encantada con el modo en el que se sentían, siempre elevándola con caricias a un placer y una dicha que nunca creyó que su cuerpo pudiera sentir.

Cuando extendió su taza humeante hacia ella y el vaho y la esencia de su té llenó sus pulmones, tranquilizando cada pensamiento, Rey se dio cuenta de que era la misma taza de la última vez y sonrió, captando su atención y su curiosidad, atrapándole de nuevo entre sus muslos, anclando los tobillos tras él para retenerle.

-¿En qué estás pensando que te hace tanta gracia?

-En que ya tengo una taza solo para mí en tu casa. – Kylo bajó la mirada al objeto de porcelana en sus manos, dándose cuenta de repente en todas las cosas de su casa que ya tenían su mitad.

-Y tu lado del sofá. – Le añadió.

- Y de la cama. – Se rió, ante una gracia interna. – Aunque no haga mucho caso de eso y termine casi encima de ti.

- Está bien que aproveches para ello cuando estoy dormido. – Le concedió, desconcertándola. - Sería la única ocasión en la que estuvieras encima de mí. – Rey alzó una ceja.

- ¿Te supone algún problema? –Le preguntó con un deje de orgullo, a la vez que curiosa y encantada con aquel juego.

-¿Lo supuso cuando lo hicimos en la sala del cine? – Y toda la altivez en Rey desapareció de un plumazo, recordando las sensaciones de aquella ocasión, el sentirse expuesta ante él, tan al borde cuando aún siquiera la había tocado, y con sus manos apresadas con el cinturón. Un riachuelo de lava se concentró en su vientre y escondió la cara tras su taza mientras daba un trago. Kylo también le dio un sorbo a su café, sabiéndose ganador de aquel round… Hasta que Rey pareció dar con una trampa y la vio tragar con fuerza para poder hablarle. Prestó atención.

-¿Pero te supone un problema que yo esté encima y te cabalgue, Kylo? – Y él tuvo que tragar el café rápidamente a riesgo de atragantarse, atorado de repente por aquella visión. – Sin ataduras, quiero decir. – Matizó, anticipándose a cualquier "vacío legal" en sus palabras. – Dejándote.

-¿Debería? – Se atrevió a retarla. - ¿Vas a tomarte la revancha conmigo? – Rey se encogió de hombros, mirándole por encima del borde de su taza.

-Yo creo que no aguantarías mucho. – Le provocó, juguetona.

-Cariño. – Kylo dejó su taza a un lado y luego cogió la de ella para hacer lo mismo, antes de volver a cogerla de la cara, arrastrando sus dedos por sus sienes, sus pómulos, su barbilla y su cuello. Y luego, esa mirada, feroz, hambrienta, contenida, expectante. – No soy yo quien tiene que descubrir sus límites. - Y como respuesta, el estómago de Rey rugió, haciéndola reír contra sus labios y a él, por fin, dejar salir esa sonrisa. – Déjame hacerte algo de comer, anda. – y le pasó las manos por los muslos hasta las rodillas para que ella le liberara de su presa.

-Con una condición. – Levantó el dedo hacia él. Y Kylo puso los ojos en blanco. Rey volvió a reír. Casi podía escucharle telepáticamente soltar un "ya estamos con las condiciones". Y no eran condiciones, eran tratos. Volvió la mirada hacia ella, esperando. – Que me dejes volver a curarte esa herida. –Y alzó la nariz, señalando la cicatriz de su cara. Kylo asintió, concesivo y ella se bajó de la encimera de un salto, mientras una idea cruzaba su mente. Puso algo de distancia, como si sólo se estuviera moviendo y… - Buen chico. – Le palmeó el brazo y empezó a escaquearse.

No lo suficientemente rápido, porque sintió el latiguillo del trapo dándole en el culo. Y gritó escabulléndose por el pasillo mientras le oía soltar una carcajada y empezar a sacar cacharros de cocina. Intentando reconducir sus pensamientos mientras intentaba concienciarse para preparar algo que desayunar.

Sacó la tostadora y empezó a preparar tostadas, dejando las rebanadas de pan tostándose mientras él se paraba frente a la nevera, rebuscando mantequilla, mermelada y frutas.

Cerró la puerta con el codo y dispuso todos los elementos encima del mármol, sacando dos platos de la estantería más cercana junto a un cuchillo para cortar las piezas de fruta.

Intentaba no irse mucho por las ramas con sus pensamientos, pero cuando empezó a cortar las frutas ya era tarde, actuaba por inercia, al igual que su cabeza. Y no podía hacerle eso a Rey… Pensó. No podía.

Iba a destrozarle la vida si se quedaba con él. Iba a detener su corriente, iba a detenerle el ritmo, atrapándola en la trampa donde él estaba atrapado desde hacía… La tira de años.

Dejó de cortar mientras se pasaba el dorso de la mano por la frente, calmándose o al menos intentándolo. Joder, se odiaba tanto… Pero tanto, tanto. Por todo.

Parecía que su don especial era ser utilizado para hacer daño: Hizo daño a su padre, pero no por su propia voluntad. Y también se lo hizo a su madre, como efecto colateral. Hacía daño a la gente a quien le obligaban a hacer daño a menos que quisiera volver a joder a su madre, también por daños colaterales. Y no quería, estaba cansado… Estaba harto, estaba…

-¡Se te queman las tostadas!- La voz de Rey le sacó de su submundo y le hizo darse la vuelta hacia la tostadora. Accionó rápido el botón, liberando las tostadas que, en efecto, se habían quemado un poquito.- ¿Quieres que lo prepare yo?- Habló ella, quien había dejado la misma cajita de la vez anterior encima de la mesa, a un lado. Rey le pasó la mano por la mejilla, atrapando su atención. Mirándole, preocupada.

-Perdona, nena, creo que no me he despertado todavía…- Rey le hizo apartarse, colocándose donde él estaba, arrebatándole el cuchillo y la pieza de fruta.

-Déjame a mí.- Habló, riendo.- Siéntate y tómate el café, anda…

-Iba a cocinar yo.- Se quejó, sentándose y bebiendo.

-Luego harás la comida, no te preocupes.- Rió ella. Y untó mermelada en las tostadas, depositándolas en un plato mientras volvía a rellenar la tostadora con más pan. Acto seguido colocó piezas de fruta, cortadas en rodajitas, encima.- ¿Tienes miel?

-¿Miel?- Habló, más como si aquella palabra pudiera activarle la memoria que como una respuesta.- Mira a ver en la estantería que tienes a tu derecha.- Rey estiró el brazo mientras le miraba, intentando asegurar que esa era la correcta. Por la forma en la que Kylo asintió, Rey desvió su mirada y abrió el armario. En efecto, allí había un botecito.

-Hacía mucho tiempo que no comía algo así…- Habló, depositando un chorrito de miel por encima de la fruta.

-¿Sí?- Ella asintió.- Pues me alegra escuchar eso, niña.- Ella sonrió, apartando aquel plato y sacando las tostadas, dispuesta a preparar dos más con todo lo que le había sobrado.- Veo que sabes combinar los sabores.- Y dio un trago.

-¿Eso ha sido sarcasmo?- Kylo se forzó a tragar rápido.

-¿Eh? ¡No, no! Para nada.- Se levantó, quedando a su lado.- Está bien, está muy bien.- Y Rey ensanchó su sonrisa, girando sobre sus talones, con un plato en cada mano. Le tendió el que había preparado para él y entonces tomaron asiento, uno junto al otro.

El silencio resquebrajado por el crujir de los bocados se hacía agradable, con ese aroma a pan tostado con frutas. Era cálido. Era cercano, agradable y enternecedor pese al frío neutro de aquella cocina. Rey se chupó el pulgar, haciendo tiempo. Queriendo seguir hablando pero sin encontrar un tema demasiado directo, pero por suerte Kylo era mejor en eso que ella.

-¿Luego quieres que veamos una película?- Rey se le quedó mirando, recordando a disgusto aquella maldita cinta del otro día y Kylo rió nasalmente.- Tranquila, tengo cosas mejores que eso, niña.

-Imaginaba.- Respondió, haciéndose la lista mientras alzaba un hombro, coqueta.- He visto tu estantería.- Confesó.

-¿Ah sí?- Ella asintió.- ¿Y qué? ¿Conoces alguna de las películas?

-Sí, algunas.

-¿Muchas o pocas?- Rey rió y bajó los párpados.- ¿Pocas?- Ella asintió con dolorosa vergüenza mientras Kylo reía.- ¿Qué clase de películas te gustan, nena?

Y ella entonces se quedó mirando el infinito, sin saber qué responder ¿Qué qué clase de películas le gustaban? ¡Y ella qué sabía! Si apenas había visto películas en su vida, ella tenía otros gustos… Como reparar cosas. O el deporte ¿Pero películas? ¿Cine? Prácticamente lo estaba descubriendo con él. Se mordió el labio y Kylo dio un sorbo a su taza de café.

-Es una pregunta difícil ¿Eh, niña?- Rey ladeó la cabeza.

-Sí, lo es.- Se excusó, mirando su palto, sin poder aguantarle la mirada. Sentía que iba a tener que mentirle otra vez. Una más.

-¿Te gusta el sci fi?- Ella entonces le miró.

-Uhm, bueno… no me apasiona mucho.- Dijo, entrecerrando un ojo, sin saber muy bien a qué coño se refería con sci fi.

-¿Y el terror?

-No me gustan los sustos.- Rió.

-El terror no tiene por qué tener sustos, niña.

-Lo sé.- Se excusó.- Pero no me gustan las de susto.

-¿Las screamers?

-Esas.- rió.- No domino mucho la jerga….- Kylo ladeó la cabeza, preguntándose cómo era posible aquello. Y Rey puso los ojos en blanco por dentro. Mierda, putísima mierda. Había sido una cagada de respuesta.- Quiero decir, soy malísima para las etiquetas.

-¿Sí?- Ella asintió.- Es curioso porque he visto cómo manejas los cables y, vaya, no lo hubiera dicho, niña.

-Te sorprenderías.- Rió, nerviosa. Kylo dio un bocado más a su tostada.- ¿Cuáles te gustan a ti?

-Los home invasion.- Rey boqueó, asintiendo.- Y los found-footage.- Ella volvió a asentir y Kylo soltó una carcajada.- Y los dramas sociales también.

-Oh, esos a mí también.

-¿Sí?- Ella asintió, llevándose el té a la boca…- ¿Cuál es tu favorita?- Y por poco se atraganta.

-¿Mi drama social favorito?- Kylo asintió y ella alzó la vista al techo, pensando con fuerza. Sintiendo la mirada de Kylo posarse en ella, expectante.- Difícil…- Él alzó una comisura.- Me gusta mucho… Me gusta mucho, ehm…-Y entonces pareció recordar alguna cinta de su estantería.- Arkanis History X.- Kylo alzó las cejas y asintió.

-Es una buena elección, niña.- Ella sonrió, complacida.- ¿Así que dramas sociales, eh?

-Bueno, en parte.- Se alzó de hombros.- Si una película es buena, da igual que no esté entre mis categorías favoritas.

-Bueno, era para pensar en alguna opción. – Rey asintió.- Y para saber un poco más de ti.- Rey se quedó sin aire, Kylo tenía ese efecto en ella, lo hiciera a propósito o no, como era ese caso.

-¿Conocerme?- Habló, viendo cómo él asentía con la cabeza. Ella bajó los ojos a los platos, ya habían terminado, sin darse cuenta. Y decidió levantarse hasta llegar a él, quién giró la silla, para quedar expuesto a ella. Y Rey apartó los platos, haciéndolos a un lado, sentándose en la mesa como la otra vez. Y procedió a limpiarle la herida.- ¿Qué más quieres saber de mí?

-Todo lo que quieras contarme, niña.- Ella asintió, sin saber por dónde salir, impregnando un algodón con agua oxigenada y procediendo a limpiar aquella herida.

-Ni siquiera… - Se quedó con el algodón en la mano un momento, mirando a algún punto en el vacío tras él, sin mirar nada, bajando los hombros de golpe como si se hubiera desinflado. – Ni siquiera creo que haya algo realmente interesante en mi vida. – Le confesó. Y eso, desde luego no se alejaba mucho de la realidad. – No hasta que me choque contigo. – Eso tampoco era mentira, se concedió, centrando de nuevo la mirada en él. Le había dado la vuelta a su vida y, justo en ese momento, cayó en la cuenta de que no sabía si lograría recolocar su vida a lo que era "antes de Kylo". Volvió a posar el algodón sobre la cicatriz, dándole pequeños toques, mientras recordaba su vida antes de la Academia. - ¿Sabes? No es fácil vivir moviéndote de un lado a otro pero siempre en el mismo sitio.

-¿A qué te refieres? – La instó a proseguir, ladeando la cabeza para que ella pudiera curarle sin tener que echarse a un lado y encorvarse, a la vez que dejaba sus manos sobre sus muslos, reteniéndola allí con él y no en su pasado. Supo que había funcionado cuando ella volvió a mirarle a los ojos, sonriéndole y sonrojándose.

-No viví solo en Jakku. Eso fue hace mucho. – Se inclinó sobre él, estudiando las puntadas que le había dado. Y Kylo se quedó prendado de su ceño fruncido, ahí donde se concentraba toda su atención. Otra vez, ensimismado en sus detalles más mínimos. – Jakku fue sólo el principio. Pero aun así, no salía de las calles. – Le puso la mano bajo la barbilla para ladearle le cara y fijarse en los puntos del cuello. – Y da un poco igual la zona, el planeta o el sistema galáctico. Las calles son todas similares. – Haber sido adoptada por Obi-Wan había supuesto ir de paquete en sus misiones, quedarse en el coche mientras él salía y ponerle de los nervios porque compartía más cosas con los criminales a los que detenía que con la clase de persona que él sabía que había visto bajo un montón de capas de delincuencia callejera, una falta absoluta de educación y modales, tanto como de amigos y gente que cuidara de ella. - Los callejones, las casas, la gente, las trampas, los peligros, las formas y costumbres,… Todo eso sólo varía en la superficie. En el fondo, es exactamente igual en todas partes. – Y daba igual en qué planeta fuera derivado Obi-Wan, ella siempre había encontrado el modo de escaquearse, bajarse del coche y hacerle la vida imposible. Alzó la mirada al techo, sintiendo los ojos húmedos de repente. Por la Fuerza, cómo le echaba de menos. Aun a sabiendas de que desaprobaría todo lo que había hecho y estaba haciendo. Tendrían una discusión horrible. Ella gritaría, rompería algo y él se cruzaría de brazos antes de decirle "Sabes perfectamente los motivos por los que esto no está bien, siempre se nota en el pecho". Sintió un apretón en el muslo y bajó la mirada hacia él. La miraba como si hubiera temido perderla, viendo cómo se sumergía en sus recuerdos. – Tuve tantos amigos como perdí. Y todos se llevaron su trocito de mí al igual que yo de ellos. – Cogió uno de los hilos con las uñas y tiró de él hasta que empezó a soltarse. Le hizo inclinar un poco más la cabeza y vio que en realidad no tendría que volver a darle los puntos, que se había cerrado bastante bien, se había corregido el daño a tiempo y sólo tendría que mantener sus curas durante unos días. – Como lo que viste ayer. – Eso le hizo regresar la mirada hacia ella, que le miraba con una sonrisa. – Dicen que hay que tener amigos hasta en el infierno pero a mí me vale con haber tenido al menos uno en cada suburbio. – Y eso también había sido una lacra para su trabajo. Era la misma mierda de siempre. Al hacer una decisión, estás desechando una posibilidad. Y ella había tirado buena parte de su vida al mismo vertedero al que había sido arrojada, por la posibilidad de una vida mejor.

-Así que… - Empezó Kylo, recuperando poco a poco la postura natural de su cuello mientras ella iba quitándole los puntos uno a uno, descubriendo aquella cicatriz. - ¿Tú eras la clase de niña que desvalijaba al que pasara? – Rey sonrió, parpadeando hacia él antes de volver a centrarse en el surco que quedaría en su piel.

-Peor. – Ni siquiera tuvo que mirarle para saber que acaba de levantar una ceja. – Recuerdo una ocasión en la que una nave realmente bonita, de esas que aun relucen, que están nuevas, estacionó en una de esas zonas horribles en las que yo me movía con cierta soltura. – Ahí sí, sí que le vio contener una sonrisa y alzar una comisura, esperando oír su trastada. – Logramos quitarle la mitad del motor, la chapa exterior de la carrocería y buena parte de lo que había dentro sin que los grandullones de fuera se pisparan y antes de que volviera a subirse quien fuera que había ido allí para enturbiar más aquel lugar. – Soltó una risa nasal para sí misma. – Tuvieron que ser remolcados y estoy segura de que pagaron mucho por cubrirse. – A Kylo le picaba la curiosidad, sabiendo que había oído eso en alguna parte.

-¿Supiste alguna vez a quién robaste? – Vio a Rey morderse los carrillos sin poder evitar que la sonrisa volviera a delatarla ante él. - ¿A quién?

- Lo supe mucho tiempo después. – Se excusó. Kylo le mantenía la mirada, instándola a confesar mientras ella llevaba una mano a su nuca para sostenerle la cabeza y seguir con su tarea. – Mucho después supe que se trataba de alguien importante del clan de los Hutts. – Ahí estaba. Kylo recordaba esa historia. Había sido un crío cuando lo había escuchado, una historia que iba de boca en boca. Los Hutts siendo robados en sus propias calles sin ni siquiera saber quiénes habían sido. Y resulta que se había tratado de unos niños. Kylo la miró maravillado, sintiéndose de repente conectado a ella a través de un recuerdo.

-¿No lo hicisteis a propósito entonces? – La mirada extrañada de Rey respondió por ella.

- En absoluto. – Se quedó un momento en silencio. – Quizás lo hubiéramos hecho de todos modos. Pero creíamos que simplemente sería un chulo hortera nuevo en la zona. – Le soltó como si, en general, los Hutts no fueran un poco eso precisamente. – Fue mucho más fácil sin saber que se trataba de ellos. – Que la hubieran pillado hubiera supuesto unas consecuencias terribles para ella.

Y se quedó callada de nuevo. Sí, joder. No saber quién era tu objetivo hacía las cosas mucho más fáciles. Ibas, hacías tu trabajo, y te volvías a casa. Sin mirar atrás y creyendo, verdaderamente y en serio, que todo cuanto haces está moralmente justificado.

El problema sucedía cuando el trabajo se alargaba más de lo necesario, a veces esas cosas pasan y un objetivo necesita más atención, más estudio.

A veces, simplemente, no es tan fácil. Estudias y comprendes. Y dejas una parte de ti allí. Porque entonces el enemigo deja de serlo. Las cosas se vuelven complicadas. No terminas el trabajo. No vuelves a casa.

Y Rey ni siquiera era capaz de dilucidar si verdaderamente quería volver. ¿Quería volver? ¿O quería querer volver? ¿Quería volver a sentirse moralmente segura en su apartamento de la ciudad, con su rutina en la JEDI, sus casos más o menos fáciles y la vida que había dejado atrás? ¿O quería la seguridad que sentía en ese mismo momento, sentada sobre una mesa, cuidando de lo único que tenía para tirar abajo a la mayor organización criminal conocida hasta la fecha? No había una decisión fácil ni sencilla.

Porque no, fácil y sencillo no son lo mismo. Fácil es aquello que se asimila tal cual, sin vueltas ni rodeos. Son heridas que te dejas hacer por cobardía y oportunidades que ves volar por pereza. Son cosas que pasan porque eres gilipollas.

Lo sencillo es lo que cada uno quiere que sea. Los problemas son sencillos cuando se llevan al desguace y se convierten en simples y sucias piezas que encajan o no encajan, y te ayudan a saber si la solución que buscas, te vale o no. Y ya está. Eso es todo.

Pero esta vez, no. Esta vez, ni podía huir, ni sabía cómo seguir. Sólo sabía que andaba de puntillas haciendo equilibrios. Pero no sabía si lo hacía sobre un muro, una acequia o un bordillo. Sólo sabía que, en algún momento, se levantaría el aire y perdería la compostura. El mundo volvería a girar y ella se daría de bruces con todas y cada una de las consecuencias de sus actos.

Siempre le había servido aquel "lo que sea necesario" para dar con la solución de sus problemas, siempre lograba salir adelante. Y si no tenía las piezas, se las ingeniaba para tener algo que le funcionase de forma parecida. Pero ahora, el "lo que sea necesario" había dejado de ser sencillo. Había dejado de servir. Y estaba en sus manos solucionar aquel embrollo. Porque si había una sola cosa que sí era fácil en ese momento era saber que Kylo no merecía todo aquello. No merecía las torturas de Snoke. Ni se merecía lo que le estaba haciendo ella.

Al retirar el último zurcido sobre su ceja, no pudo evitarlo, le cogió la cara con ambas manos y se inclinó para dejar un sendero de besos por toda la cicatriz como si con eso pudiera sellar su marca, el recuerdo y el daño. Y Kylo sencillamente se la encontró llorando, besándole. Notando cómo se le humedecía la cara con cada roce, cada contacto, cada beso… Y se asustó, enormemente.

Joder, no quería terminar así, no quería verla así… No sabía cómo habían llegado hasta allí pero lo habían hecho. Y él alzó sus manos, apresando la cara de Rey, que se había quedado varada en su mejilla, besándole, apoyando la frente allí de vez en cuando, tomándose un momento y sollozando.

-Eh, eh, eh, nena ¿Qué pasa?- Condujo su cabeza hasta quedar frente a frente, pero Rey le rehuía el contacto, avergonzada porque nuevamente era ella quién hablaba, era a ella a quien le sacaban información y no a él. Definitivamente no a él.- No llores, mi niña… ¿Qué pasa?- Pasó los pulgares por sus mejillas mientras ella se apartaba, alzando la vista como si aquello fuera a hundirle las lágrimas dentro de los ojos. Tomó aire y se pasó el dorso de la mano por cada uno de ellos, limpiándolos, asintiendo, intentando decirle que estaba bien, intentando mostrárselo. Pero la realidad era otra. Su realidad era esa, en parte, y se había lanzado aquel yunque pensando que ya no iba a pesarle.

-Nada, no te preocupes…

-No quería que lloraras, Rey.- Allí estaba su nombre, y ella se focalizó en él. Serio, preocupado, mirándola como si temiera haberla ofendido.- No llores.- Y se atrevió a abrazarla, a acunarla, haciendo que la chica descansara la cabeza sobre su gran hombro, protegiéndola de algo externo cuando el peligro estaba ya dentro, muy dentro. Rey correspondió, sintiendo que volvería a llorar. Oh, no, joder… ¿Por qué no podía ser un cabrón malnacido, sin resquicios, sin complejidades? ¿Por qué? ¿Por qué tenía que presentarse ante ella como un espejismo de lo que buscaba y luego… Descubrirle esto? ¿Todo esto que conllevaba? No podía, era injusto.- No llores, por favor…- Y pasó la mano por su espalda, intentando serenarla. Y ella hipó, maldiciéndose y alzando la vista.

Sí, aquello sería un castigo divino a través de la Fuerza por parte de Obi-Wan. Un castigo, un toque de atención, algo que le decía lo que Poe no podía decirle "Esto se está volviendo demasiado personal".

Y le hubiera encantado hablar con él, con su maestro. "¿Y qué debo hacer? ¿Dejar un caso a medias?" No, aquella jamás sería una buena respuesta por parte de Obi-Wan, jamás lo era ¿Dejar algo a medias? ¡Jah! ¿Y luego qué? ¿Tutear a un superior? Por supuesto que no.

Kylo entonces se levantó, soltando a Rey pero tomándola suavemente por la muñeca, tironeando de ella y haciéndole un gesto con la cabeza. No dijeron nada, no hizo falta. Rey le supo leer y bajó de la mesa, siguiéndole por los pasillos de su casa hasta llegar a un cuarto al que no había entrado, aquel por el que Kylo desapareció cuando terminaron de ver Braindroid.

-¿Dónde me llevas?- Preguntó ella, sorbiendo por la nariz antes de alzar la vista a él, quién prendió la luz, mostrándole el cuarto que ella esperaba encontrar. Aquel con películas, con el ordenador de trabajo y una alfombra curiosamente situada en el centro, quizá ocultando un doble fondo, donde escondería sus propias armas, las que fueran pues recordó que él no usaba el bláster.

Y Rey sonreía ante aquel sitio, que no distaba mucho de su habitación. Y sonrió todavía más al ver aquel descomunal póster de Twi'lek Peaks, firmado por el director. Y entonces se le despejaron las dudas que le surgieron aquel día, cuando le lanzó aquella bomba, "tienes cara de no haber entendido el final de Twi'lek Peaks" y, vaya, al parecer tenía una puntería exquisita fuera del campo de tiro, pues estaba segura de que dolerle no, le habría escocido a base de bien aquella pullita.

Kylo se situó a su espalda, sosteniéndola por los hombros, llevándola a una pequeña estantería junto al ordenador, pasando por encima de la alfombra, haciendo que Rey escuchara atentamente. El pisoteo cambió de sonido… Y aquello era, en efecto, un doble fondo.

Hubiera seguido divagando, yendo más allá de sus pensamientos, maquinando qué narices tendría Kylo allí escondido, pero entonces su profunda voz volvió a ponerle los pies en la tierra.

-¿Ves el primer estante?- Ella asintió con la cabeza.- Pues son todo dramas sociales, niña.- Rey viró la cabeza lentamente. Con suerte llegaba a decir uno o dos títulos pero le parecía más que increíble que Kylo poseyera un estante donde en una única estantería tuviera quizá veinte películas distintas, categorizadas como dramas sociales.- ¿Lo ves bien desde ahí abajo?- Rió, intentando hacer que sonriera y Rey le dio un suave codazo en la tripa a modo de broma, sacándole una risa que ella siguió poco a poco.

-Sí, lo veo.- Rió.

-Te dejo escoger, niña.- Susurró contra su oído antes de darle un beso en la mejilla.- Escoge la que quieras y la veremos.- Rey asintió, observando todo, a rasgos generales. Tenía dos estanterías que llegaban desde el suelo hasta el techo, repletas de películas. Junto a éstas, había otro armario, más ancho con puertas acristaladas. Dentro había dos columnas horizontales de VHS. Y junto a esto, el escritorio, y tras este, el póster.

Frente a las películas, Kylo tenía otra estantería con libros, otra más pequeña con música, con discos concretamente. Y junto a esta, un tocadiscos. Rey sonrió de medio lado, parecía que aquel cuarto era una especie de refugio, uno distinto al que suponía su habitación, donde tenía otro estante con películas ¿Por qué las separaba?

-¿Cómo es que tienes películas aquí y en tu habitación también?- Preguntó al aire, sin querer, vagando por el cuarto hasta el final del mismo, pasando de largo el escritorio y llegando a la pared del fondo, donde una mesa de trabajo, con cintas, bobinas, guillotinas y empalmes se le presentaban. Y los reconocía, ella trabajaba con materiales semejantes en el cine.

-Porque las de mi cuarto están firmadas, niña.- Rey viró poco a poco.- ¿Así que has cotilleado esa estantería?- Ella sonrió de medio lado, observándole de pie, relajado. Nadie diría que aquel hombre era el mismo que infligía daño a desertores o interrogados.

-Como para no hacerlo.- Sonrió, acercándose.

-¿Ah sí?- Habló él, siguiendo el ritmo de ella, y andando haciendo un pequeño círculo por el centro de la sala, como si fueran dos fieras que se estuvieran midiendo.- ¿Hay alguna que llamara tu atención en especial?

Y Rey no lo pensó, sencillamente recordó dos títulos y soltó el de la película que menos veces había visto.

-Death Troop.- Kylo sonrió de medio lado, llevando hacia el escritorio un brazo, tomando la silla y arrastrándola hasta allí, tomando asiento mientras Rey se detenía en frente.

-Haz la escena del tocadiscos, niña.- Le pidió mientras a Rey se le bajaban los humos de golpe. ¿La escena de…? ¡¿Qué escena?!- La escena del baile ¿Recuerdas?- Y Rey asintió, viendo en su cabeza una vaga cinemática de aquel momento, sin poder recordarlo.- ¿Lo harías por mí?

-¿Vas a llamarme "mariposa", comprarme una bebida y recitarme un poema? – Le inquirió, citando las condiciones de la protagonista de la película, despertando en él de nuevo aquel brillo admirado en sus ojos. Cuando la miraba así, se le olvidaba que en realidad no lo merecía.

-Te llamo nena. – Le señaló con el dedo índice mientras ella se ataba el sobrante de la camiseta que se había agenciado para dormir. – Te he hecho el desayuno. – Enumeró, admirando en silencio el resultado al verla convirtiendo su prenda en una réplica de la de la actriz y quedándose en bragas ante él. Kylo supo al instante que aquello iba a ser mejor que la película. – Y puede que te dé algo tan valioso como una palabra de seguridad para ti. – Rey tragó saliva, con la garganta seca de repente y un escalofrío subiendo por su columna.

-¿Y dónde está la música? – Le exigió, con un parpadeo lento y una sensación cálida que subía por sus entrañas hasta su pecho, con la anticipación propia de aquel juego al que jugaba sin saberse las reglas y del que disfrutaba tanto cuando acertaba como cuándo no.

Kylo simplemente alzó la mano sobre el teclado del ordenador, sin quitarle la mirada de encima, y dejó caer el dedo sobre la tecla que hizo que la música inundara aquella habitación. Primero las trompetas. Luego el coro. Y luego el movimiento de sus caderas. Hacia un lado y hacia el otro, alzando la mano hacia el techo, completamente segura de su figura, y de su mirada expectante y hambrienta sobre ella.

La voz del cantante marcaba el inicio de su baile, andando hacia él y pasándole la mano por el pelo de un tirón, casi con tanta pereza como con lujuria, dándole la espalda. Y de nuevo ese bamboleo de caderas, separando las rodillas hasta quedarse de cuclillas, contoneándose ante él, pasando las manos por su cuerpo como si deseara que fueran las suya, justo antes de quedar frente a él, mantenerle la mirada y avanzar gateando hasta donde él estaba sentado. Con esa mirada, esos ojos enormes atrapándole, y su lengua recorriéndose los labios mientras tarareaba para sí misma la canción.

Cuando llegó hasta él, se irguió sobre su pecho, extendiendo las manos por sus hombros hasta rozarle la barbilla con los labios. Y sus ojos devuelta, como retándole a que se saliera del papel. Y no, ahí seguía, quieto sobre la silla y con las piernas abiertas. Rey plantó un pie justo en el hueco entre estas y volvió a contonearse al ritmo de la música, de cada instrumento, antes de volver a darle la espalda para seguir con su baile tan, tan cerca de él que pudo recostarse sobre su pecho y apoyar la cabeza sobre su hombro como ya había sucedido alguna vez en otras circunstancias. En otras circunstancias en las que ella se había ondulado sobre su cuerpo con la misma cadencia. Alzó los brazos hasta que sus dedos volvieron a peinar su nuca, enredándose en su melena antes de llevar sus manos hasta las suyas y hacerlas recorrer su cuerpo.

El contacto lograba electrificarla y ya ni siquiera le importaba si recordaba o no la coreografía de aquella película. Estaba disfrutando de aquella posición en la que ella se movía y él se quedaba quieto, sin perderse un detalle, tan manso como lo estaría un león acechando una presa. Y ella, gacela, feliz de tener su atención. Se sentía incluso poderosa. Casi una reina cuando la percusión se aceleró y ella se movió al ritmo sin que Kylo apartara las manos de sus caderas, para luego alejarse de su agarre, agacharse hasta tenerle salivando y volver a él, pavoneándose con ese meneo de culo que ya le tenía hipnotizado a un nivel que no creía posible fuera de una película. Y esa sonrisa. Esa sonrisa pícara y coqueta, traviesa y consciente que le dedicó le hizo tragar saliva con fuerza al tiempo que Rey se sentaba sobre él, se agarraba a su cuello y se tumbaba sobre el vacío, cerrando los ojos mientras arqueaba el cuello antes de alzarse de nuevo hasta quedar a dos centímetros de su cara, sonriendo sobre sus labios.

-¿Qué tal lo he hecho? – Le preguntó en un susurro, mordiéndose el labio para contener una sonrisa aun más extensa, impaciente por su veredicto.

Kylo atrapó su mandíbula con la mano, sosteniéndola, reteniendo a Rey allí, a dos centímetros de él. Y se tomó su tiempo para observarla mientras la música se detenía. E iba a besarla, de hecho lo hubiera hecho… Pero captó una vibración a lo lejos.

Su teléfono. En la mesita de noche. Vibrando.

No podía ser. Se puso blanco allí mismo, toda la calidez se evaporó, sintiendo el frío, un sudor frío y lento, apoderándose de él. Y el golpeteo de su corazón se aceleró. Todo en un único segundo en el que su cabeza procesó rápido la situación. Una llamada que no había sido respondida al acto, ese degenerado esperando al otro lado. Oh, no, podía ver su pulgar rozar aquel condenado botón.

Y Kylo se accionó antes de que pasara pero no le dio tiempo a nada más que apartarle las manos a Rey de su cuello y lanzarla lejos para que la corriente no pasara a ella, por si acaso. Y allá iba. Intenso, condenadamente intenso. Un puto calambrazo recorriéndole de arriba abajo, prolongado. Se le volvió la vista oscura durante un segundo, el mismo en el que se curvó hacia delante debido al impacto. Sintió la electricidad concentrarse en la yema de sus dedos, en el final de sus falanges, arremolinarse en sus nudillos y quemarle todo el antebrazo hasta regresar de nuevo a la columna y vuelta a empezar. Contrajo los hombros violentamente, boqueó rezando por no salivar y quizá empapar a la chica, quien se asustó ante el gesto. Quedando arrodillada ante él mientras Kylo llevaba las manos a su cabeza, presionando, escuchando un pitido ¡Por la condenada Fuerza, aquel bastardo parecía no querer soltar el botón hasta que descolgara!

El espasmo de sus manos fue a sus hombros, a su espalda, y el calor del calambre descendía, surcando sus costillas, llegando a sus piernas y perdiéndose en sus rótulas, doliéndole, escociéndole. Condenado bastardo de mierda…

Y paró.

Fue liberador, incluso, pero el calambre persistía en él, recorriéndole como si buscara con desesperación una salida. Y no pudo, no podía atender a Rey, no podía quitarle su preocupación. Retrasar cada segundo de charla con ese hijo de puta era asegurarse otro calambrazo, otro que quizá le dejara frito en el suelo durante un buen rato, asustando todavía más a Rey.

Se levantó a trompicones y ella gritó por impulso, apartándose, dándole espacio. Viéndole correr a duras penas hacia la habitación. No atinó a pasar por el marco de la puerta y su hombro sufrió las consecuencias, golpeándose. Pero no se detuvo, siguió corriendo. Y Rey se quedó allí. Sentada. Intentando devolver el aire que se había atorado en su tráquea.

Aguardó, sintiendo que el momento se había ido a la mierda. Quedándose sola en aquella habitación. Escuchándole hablar de forma entrecortada "Sí, me has despertado", le escuchó decir. Rey arrugó la cara con amargura, parecía que no era novedad que Snoke le importunara quizá sus horas de descanso y la Fuerza sabía qué más.

Y se vio sola, allí, sentada sobre la alfombra. La alfombra, el doble fondo. Bajó la mirada mientras seguía con la oreja puesta en Kylo y su conversación.

Rey apoyó una mano, quedando a cuatro patas en el suelo, escuchando el crujir hueco de aquel tablón. Estiró una mano hasta el borde de la alfombra y la doblegó un poco, mostrándole que en efecto, allí había algo guardado.

Con cuidado alzó los ojos hacia el marco de la puerta, temiendo encontrarle allí, pero no fue así. Y se accionó rápido, doblegando un poco más la alfombra y desencajando un tablón. Arrugó el ceño. Había una caja negra con una combinación para desbloquear la cerradura. Y, al lado de esta, una carpeta y medicinas, medicinas especiales para el dolor, para uno muy potente por lo que pudo leer en aquellas etiquetas. Pero su atención fue a las carpetas.

Seguía vigilando, observando de vez en cuando el marco de la puerta, cuidándose las espaldas, rezando para que no se le ocurriera ir a ver qué narices estaba haciendo su niña, tan sola… Pero luego pensó que Kylo no estaría para ese tipo de bromas. Y detuvo la mano a media acción, pensando. Cerró los ojos con fuerza y abrió la carpeta rápidamente, arrebatando el primer folio que en ella había y luego volvió a colocarlo todo.

Doblegó aquel papel, guardándolo en la goma de sus bragas, sosteniéndolo con ella y bajándose la camiseta para tapar la hoja. Parpadeó varias veces y avanzó hacia el cuarto, lentamente, con miedo. Le vio sentado de espaldas a ella, apoyado en sus rodillas y hablando con ese tal Snoke.

Rey se acercó con sigilo a su bolso, guardando allí el papelito antes de acercarse a él, apoyándose en el segundo poste de la cama, observándole desde lejos, preocupada. Activó sus muñequeras mientras apretaba los ojos con fuerza, maldiciéndose. Odiaba jurar que cada vez que los conectaba para grabarle sería la última ocasión en la que lo haría. Siempre aparecía otra. Y otra. Y Otra más.

- Mandalore está contento con nuestra entrega de ayer.- Apuntó.- Fue un éxito que nos asegurará avances, clientes y por tanto más ventas…- Le vio asentir con la cabeza, tarareando con la garganta para indicarle que estaba conforme con lo que fuera que le dijera aquel monstruo al otro lado de la línea. Si no accedía a la conversación completa de nada serviría grabarla así que se acercó a él, arrodillándose ante Kylo, apoyando sus manos en su rodilla, captando su atención. Y le vio temblar, vio los espasmos involuntarios de su cuello, sufriendo las réplicas de aquel calambre. Y le dolió encontrarle así.

Kylo alzó la mano, recorriéndole las mejillas a duras penas, sintiendo que no era dueño de su cuerpo, incapaz de controlar el temblor. Y fue a retirar la mano, temeroso de que aquel contacto a trompicones con Rey pudiera hacerle daño sin querer pero ella apretó su mano contra su mejilla, apresándola con la que ella tenía libre. Mirándole. Le hizo un gesto, preguntándole en silencio que qué pasaba. Y Kylo suspiró, negando con la cabeza, escuchando. Rey reforzó el contacto en su rodilla y volvió a preguntar, esta vez articulando con los labios sin llevar a usar su voz.

Kylo apartó el teléfono de su oído, conectando el altavoz. Y Rey se sintió alegre al ver que funcionaba… Pero también miserable al ver que, precisamente, con Kylo funcionaba. Aquel chico estaba desesperado por encontrar a alguien de verdad en quien apoyarse. Y cuando pulsó el botón la conversación sobre el tema de Mandalore ya había cesado.

-¿Estás con Hux?- Aquella voz. A Rey se le erizó cada poro de su piel.

-No. Estoy en mi casa. Hux debe de estar en los cines, haciendo contabilidad.- Aseguró con cansancio, con tristeza, con una sumisión enfermiza que a Rey le provocó una presión dura en el pecho.

-Bien. Hablaré con él para que me haga llegar los albaranes.- Kylo asintió y entonces Snoke colgó la llamada.

Kylo cerró los ojos, víctima de las réplicas de los espasmos, con la electricidad aún recorriendo cada fibra muscular en él. No podía mirarla. No ahora. Necesitaba un momento. Todo se había vuelto pesado y jodido. Le había contado sobre el chip y sobre el poder de Snoke pero había esperado, había tenido la esperanza, que nunca presenciara aquellos episodios, aquellos momentos en los que le hacía caer de rodillas, postrado, humillado y sin control alguno sobre sí mismo, como un perro de peleas.

Pero, de repente, sintió sus manos de nuevo, sus pequeñas manos. Y su toque era un alivio sin que ella siquiera lo supiera. Sus dedos recorriéndole la cara y apartándole los mechones que caían sobre su frente.

-Lo siento, Rey, yo… - Abrió los ojos pero no se atrevió a mirarla. Ni siquiera cuando ella le chistó.

-Kylo… - Le ahuecó la mandíbula, buscándole. – Mírame. – Tiró de él hasta que sus ojos dieron de nuevo con ella. Y Rey no soportaba ver la vergüenza en ellos. No lo soportaba. Su emperador de las tinieblas reducido a estas cenizas. – No lo sientas, no por mí, Kylo. Ni se te ocurra. – Se inclinó para besarle la frente. Y luego las sienes. Retirándose para volver a mirarle, para asegurarse de que seguía con ella. – Te tengo, ¿vale? – Le echó los brazos sobre los hombros, y Kylo rodeó su cintura con los suyos como si fuera un acto reflejo. – Y no voy a soltarte. Estoy aquí. – Le besó la mejilla, siguiendo el recorrido de su cicatriz, como si pudiera borrarla, intuyendo quién le habría hecho aquella herida. Y quién le habría hecho la gran mayoría. Le pasó los dedos por el pelo, peinándole, tratando de serenarle, sin saber qué hacer. Y cuando las yemas de sus dedos rozaron su nuca, pudo sentirle erizarse y alzar la mano para que ella se apartara. Le hizo volver a bajarla hasta su cintura mientras recostaba la cabeza sobre su hombro. – Soy yo, Kylo. Soy yo. – Le abrazó la cintura con los muslos y tiró de él hasta que estuvieron tumbados sobre el colchón. Y él volvía a centrar su mirada en ella mientras permitía que le pasara las manos por el pelo y por el cuello con unas caricias tan livianas que casi ya ni sentía el chip entre sus vértebras. – Soy yo. – Repitió en un susurro contra sus labios, hundiéndose en sus ojos negros. – Tu niña. – Y le besó. Suave. Lento. Reclamándole. Para ella, solo para ella. Ni Snoke, ni Primera Orden, ni fantasmas del pasado. Sólo ella.

-Mi niña… - Admitió, como llegando a ella por primera vez antes de estrecharla aun más entre sus brazos, como anclándose a ella, besándola, respondiendo a ella. Y sintiendo su alivio al tenerle de vuelta, de regreso a sus brazos.

Sus labios volvieron a posarse en los suyos, tan suaves como demoledores, llegando a rincones en él que creía perdidos para siempre, acariciándole con una ternura con la que nunca, nadie, le había siquiera tocado sin querer. Y sin embargo, no pudo evitar tensarse cuando sintió sus dedos en el borde de la camiseta, volviendo a erguirse y a quedar sentado sobre la cama con ella a horcajadas sobre él. Ni siquiera le dio tiempo a boquear una excusa. Sus dedos volvieron a rozarle y volvía a estar a su merced.

-Déjame cuidarte, Kylo. – Le besó la línea de la mandíbula hasta la barbilla, haciéndole alzar la cara al techo. – Déjame besar cada cicatriz y cada herida. – Le cogió la cara con ambas manos, rozando su nariz con la suya, mirándole a los ojos, a esa distancia. – Déjame borrar su recuerdo de tu piel… - Deslizó las manos por su cuello, en una caricia, hasta sus hombros, dejando que sus dedos le recorrieran el pecho y los costados, hasta llegar de nuevo al borde de la camiseta. Rey jamás, en su vida, habría imaginado a Kylo así. – Y sustituirlo por el mío. – Apretó el borde de la camiseta entre sus dedos, esperando su confirmación. O su negativa. Sólo esperando, pendiente de su respuesta, de si podía asumirlo, o el daño era ya irreversible. – Quiero que cuando veas tus cicatrices en el reflejo del espejo, me recuerdes a mí, besándolas todas. – Y tiró un poco de su camiseta hacia arriba, esperando que él volviera a frenarla. Pero no fue así. No lo hizo. Sólo subió los brazos y le ayudó a quitársela.

La euforia que sintió Rey ante su victoria no le duró mucho. Aquellas cicatrices eran más de las que había supuesto pero no permitió que eso la ensombreciera, no cuando él estaba tan pendiente de ella, esperando el rechazo, o la mueca de asco. O incluso la pena y la compasión. No había nada de eso cuando ella le miró a los ojos y volvió a besarle, haciendo presión sobre su cuerpo para volver a dejarse caer sobre el colchón.

Besó su cicatriz, beso a beso hasta su mandíbula, recorriendo su cuello, su clavícula y su hombro, mientras sus manos se extendían sobre su pecho, con las caricias trémulas de sus dedos recorriendo cada surco, como queriendo aprenderle de memoria mientras él sentía que su corazón se aceleraba tanto como su cuerpo se relajaba debajo de ella, bajo su toque, sus besos, sus caricias y su lengua.

En el hombro contrario, una fea cicatriz circular tenía el recuerdo de un disparo de blaster. Le había atravesado de parte a parte. Pero ver a Rey posando sus labios en ella y luego dejar un reguero de besos sobre él, hacía que los remantes el dolor se borraran de los bordes de su mente y el recuerdo se difuminara, como un mal sueño al despertar. Y al abrir los ojos, ella seguía ahí. Nadie había sido tan cruel de mostrarle una vida con ella y luego arrebatársela. Rey seguía allí. Con él.

Alzó la mirada al techo cuando la sintió regresar al final de su esternón, recorrer el surco de sus abdominales con la lengua para luego depositar un beso y llegar hasta la enorme cicatriz del costado. Y ya daba igual qué había sido lo que le había dejado esa marca en la piel. Ahora eran sus labios los que firmaban cada centímetro de su piel, lisa o no. Cada centímetro de su piel, con cicatrices o no, era suyo, ya llevaba el sello y el olor de su niña.

Rey besó el camino por su oblicua y sonrió contra su piel al sentir el sutil tirón en sus pantalones, maravillada con aquella forma en la que él, simplemente, se había dejado hacer como jamás creyó posible que sucedería. Besó la línea descendente de su ombligo y alzó los ojos hasta él, viéndole apoyado sobre los antebrazos, sin perderse un solo detalle, aguantándole la mirada mientras la veía soltar el botón que le encerraba. Y luego la cremallera. Ni siquiera hizo fuerza para bajarle los pantalones. Sólo le besó la piel por encima. Y arrastró su mano hasta ella, copando su mejilla.

-Ahí no tengo ninguna cicatriz. – Le dijo en voz baja. Y ella no le había apartado la mirada ni un solo segundo desde que se habían encontrado.

-Eres mío para cuidar, Kylo. – Se movió para besarle el hueso de la cadera antes de apoyar la barbilla suavemente. – Así como yo soy tuya para lo mismo.

Nada, nada en todos los mundos posible, ninguna de las torturas de Snoke, le había preparado para recibir ese golpe en el corazón. Fue como si le hubieran encendido un desfibrilador en el pecho.

Y echó la cabeza hacia atrás cuando sintió a Rey recorrerle de arriba abajo, lentamente, midiéndole como solía hacer, sujetándole la base para mantenerle todavía más erguido. Y él contuvo un ronroneo cuando Rey ascendió, deteniéndose al final, lubricándole.

Jamás se hubiera imaginado en una situación así, habiendo sido arrastrado hasta el infierno para que ahora le elevaran a un limbo que se sentía como la jodida gloria. Y no sabía diferenciar si los espasmos que sentía seguían siendo réplicas del calambre o contracciones involuntarias a costa del placer. Pero no le desagradaban lo más mínimo.

Boqueó, enderezándose cuando sintió la calidez de su boca abarcándole poco a poco, masajeándole con los labios mientras le engullía. Sacó fuerzas de donde no las tenía para intentar acomodarse, observándola. Y Rey estaba preciosa, totalmente focalizada en tranquilizarle, con un brazo apoyado en las piernas de él para poder sujetarle la base, manteniéndole en el sitio a su merced mientras que la otra mano de la chica bajaba por su pierna, frenando el camino en su gemelo, sosteniéndole. Y empezó a accionarse, con los ojitos cerrados para concentrarse mejor, y él los cerró por inercia, disfrutando. Empezando a jadear a traición, provocando que ella alzara la mirada hacia él.

No había visto quemaduras en su cuello, las únicas marcas que allí se exhibían eran las de las constantes intervenciones para cambiar y perfeccionar aquel aparato infernal. Y Rey dedujo que las descargas serían mínimas, apenas lo suficiente como para dejarle frito, porque no era sano aquello, en absoluto. Lo correcto habría sido ir a urgencias ante una descarga como la que Kylo le indicó que había sufrido con sus reacciones, pero no. Era una ilusión. Aquel chisme estaba tan conectado a sus nervios, tan precisamente colocado, que la mínima descarga le suponía un condenado infierno. Y aquello tampoco sería bueno dejarlo sin revisar… Volvió a lamerle, alzando los ojos a él y encontrándole sumido en su imaginación, con los ojos cerrados, disfrutando e intentando centrarse en ella. Y esa agradable visión le sacó una sonrisa tierna a Rey, quién empezó a trabajarle con su mano. Lento, muy lento, como a él le gustaba hacérselo a ella pero, a diferencia de lo que Rey recordaba de sus propias reacciones, a Kylo parecía no desesperarle. Y sabía que le costaría sudor conseguir que le suplicara igual que hacía ella. Pero sonrió volviendo a surcarle, intentando abarcar toda su extensión en su garganta, y le escuchó un gemido al fin. Uno que le supo a gloria.

Luego la mano de Kylo se enredó en su cabello y Rey sonrió al sentir sus caricias… Deseando que fueran en otra parte de su cuerpo. Una a la que él, por la posición en la que se encontraban, no podía llegar.

Él no. Pero ella sí.

Había gemido en alto un par de veces, le había arrancado los gemidos con cada pasada de su lengua, con cada succión, con cada estimulación por parte de su mano… Pero nada le había preparado para abrir los ojos y percatarse de que aquella manita que se aferraba a su gemelo ya no se encontraba allí, sino entre las piernas de ella, jugando con su centro mientras seguía atendiéndole.

Por poco se derrite allí mismo de no ser por la habitación, cosa que le recordó donde se encontraba y los recursos que disponía. Parecía que ella estaba necesitada, como siempre aparentaba estarlo cuando se encontraban así.

Kylo tomó a Rey por el mentón, tirando de ella, haciendo que primero alzara los ojos y luego se elevara sobre sus rodillas, ejerciendo fuerza con los muslos para quedar elevada. Kylo condujo su mano libre a su entrepierna, masajeándose mientras observaba la carita de incomprensión que lucía Rey, mirándole con aquellos ojos enormes y penetrantes.

-¿He hecho algo mal?- Preguntó, temerosa. Kylo se mordió el labio, negándoselo. Siguió recorriendo su cuerpo para ver que su mano todavía estaba entre sus piernas y entonces decidió besarla, atrapando sus labios y entrando en su boca con intensidad, consiguiendo que Rey respondiera de igual manera, sin dejar de estimularse ninguno de los dos.

Poco a poco siguió tironeando de ella, haciendo que regresara de nuevo a la cama, subiendo al colchón y quedando encima de él, elevada, a cuatro patas –o a tres, pues su mano seguía trabajándose-. Y fue entonces cuando Kylo cortó el beso, mirándola desde su posición, dejando caer la cabeza contra el colchón mientras no le quitaba el ojo de encima en ningún momento, ni ella a él.

Dejó de tocarse para poder sentarse, teniendo de nuevo a Rey entre sus piernas mientras no había dejado de tocarse hasta que él le apartó la mano de su centro para poder aprisionar ambas en su propia palma. Arrastró a la chica a uno de los postes, sentándola con la espalda pegada a la madera y los brazos sobre su cabeza.

Con la mano libre Kylo le quitó la prenda de ropa interior y con eso le inmovilizó las manos, sacándole un quejido que captó la atención de Kylo.

-Ibas a dejar que te cuidara…- Le replicó, mirándole de mala gana. Y él llevó la mano a sus pliegues, surcándolos con los dedos hasta llegar a su clítoris para empezar a rotarlo.

-Y voy a dejar que me cuides… Pero después de recompensarte.- Habló, muy cerca de sus labios mientras Rey ponía los ojos en blanco ante el contacto.

-¿Recompensarme por qué?- Volvió a replicarle mientras la mano de Kylo surcaba de nuevo su extensión, humedeciéndola y haciendo que Rey tuviera que contener a duras penas un gemido.

-Por ser tan buena conmigo.- Colocó la mano en su cuello, haciendo que Rey alzara la cabeza, exponiéndose para ser besada de nuevo, notando la lengua de Kylo humedecerle más la suya propia.

Y perezosamente hundió dos dedos en ella mientras su pulgar seguía trabajando en su centro, haciéndola boquear de vez en cuando, tragando aire en vez de soltarlo en un gemido.

-No quiero…- Protestó, sintiendo que se entrecortaba por las atenciones de su mano.- No quiero correrme todavía.

-¿Vas a correrte ya?- Preguntó, asombrado, accionando sus dedos en ella, llegando a aquella zona clave en su interior, masajeándola con insistencia.- Todavía no hemos empezado, nena.

-Es que yo…- Se mordió el labio al sentir sus dedos salir.- ¡Pero no pares!- Le ordenó mientras Kylo se acercaba hacia su armario.

-No me aclaro contigo, nena.- Le vio ponerse de cuclillas, abriendo una cajonera. Y Rey no pasó por alto otro respingo, otra contracción de los músculos de su espalda a causa de las réplicas del calambre. Y sacó algo, otra caja negra, esta vez un poco más grande, acercándose lentamente a ella.- ¿Paro, sigo…?- Se quedó mirándola, expectante.- ¿Qué hago?

Rey se relamió, conteniendo la rabia previa al juego hasta que una idea fugaz surcó su cabeza de parte a parte. Alterándose. Oh, no… Otro consolador no…

-¡Ni se te ocurra!- Dijo, cerrando las piernas mientras Kylo fruncía el ceño.

-¿Qué ni se me ocurra qué?- Habló serio, gateando hasta ella con aquella caja todavía entre sus manos.

-Como me vuelvas a poner un vibrador…- Le amenazó.- Tenemos que hablar eso de la palabra secreta…

-Palabra de seguridad, niña.- Rey repasó su frase ¿Qué había dicho? Oh, sí, "palabra secreta", por la Fuerza… Estaba tan dispersa que no conseguía coordinar sus neuronas.- Y esto no es un vibrador…- Habló, sacando aquel artilugio, alargado pero con una punta redondeada.- Es un masajeador.- Aclaró, pero Rey seguía con las dudas.- Esto no puedo metértelo, niña.

-¿Ah no?- Kylo rió nasalmente, recolocándose de nuevo a su lado.- ¿Entonces…?

Kylo lo activó, ajustando intensidad y frecuencias, quizá buscando alguna que a Rey fuera a gustarle. Condujo sus ojos a ella una vez más y acarició su mejilla.

-Esto es para masajearte el clítoris, nena.- A Rey se le atascó el aire en el pecho.- ¿Quieres que volvamos a intentar lo de la otra vez?- Rey parpadeó, desubicada.- Lo del chorro…- Recordó con una media sonrisa y a Rey se le subieron los colores a la cara. Recordando aquel desastre, recordando cómo había sido aquello, todo lo que había pringado… Volvió a notar la mano de Kylo situarse en su entrepierna, acariciándola suavemente, escurriéndose con su humedad.

-Voy a mancharlo todo…- Apuntó en voz alta.

-Mánchalo todo si hace falta, niña…- Rey boqueó, quedándose sin aire ante las caricias circulares de Kylo.- No me importa cambiar las sábanas. – Ella echó la cabeza hacia atrás, dando con la nuca en el poste mientras él se inclinaba hasta sus labios. – Fui la persona más feliz en toda la maldita galaxia al saber que había sido el primero en hacer que te corrieras de ese modo, nena.

Continuó haciendo círculos, observando cómo Rey se mordía el labio y se retorcía bajo su toque antes de abarcarla completamente con la mano, reteniendo su calor y provocándole un bufido de admiración antes de conducir sus ojos a ella.- ¿Preparada?- Rey le recorrió con la mirada, sin saber hablar hasta que finalmente asintió con la cabeza.

Kylo apartó los dedos de ella sin quitarlos de su centro, sólo deslizó las yemas hasta sus pliegues, adentrando sus dos dedos centrales mientras el meñique y el índice de quedaban fuera. Empezó a ondearlos dentro de ella mientras Rey siseaba, contoneándose y entonces él acercó aquel aparato a su núcleo, posándolo primero con suavidad. Y Rey gimoteó, rehuyendo de él ante la impresión… Pero luego regresando poco a poco, adaptándose a aquella vibración intensa, que le había temblar cada poro de su piel.

Y empezó a bombearla poco a poco, quedando de rodillas ante ella, encorvado hacia su cara para poder atrapar sus labios al principio. Besándola mientras Rey correspondía, con cuidado. Sintiendo que aquello era una forma de zanjar algún tipo de acuerdo o… como si se prometieran confianza máxima. Y a Rey le oprimió el pecho pensarlo pero entonces las vibraciones de aquel masajeador empezaron a actuar en su cabeza, borrando todo rastro de pensamiento.

Kylo bombeaba poco a poco, notando su dura pelvis como delimitador para sus acciones pero también como guía, pues sabía dónde encontrar aquel punto que volvía a Rey loca de remate y empezó a rozar aquellas paredes más ásperas en su interior, bombeando, golpeando con los dedos y removiéndole todos los sentidos, sabiendo que se le apelotonarían en el estómago.

Y Rey, pese a poner los ojos en blanco de vez en cuando, se recreaba observando sus músculos tensarse y destensarse, admirando el movimiento de su hombro, acompasando a su mano en aquella tarea que empezaba a despertarle mil cosquilleos en las entrañas. Y joder… se contrajo, ya empezaba… Empezó a notar sensaciones familiares pero con matices que la anterior vez había pasado por alto. Otra contracción. Sus piernas intentaron cerrarse ante la intensidad del contacto pero Kylo no lo permitía. Y observaba a Rey por si acaso se arrepentía en el último momento.

Ella boqueaba, mezclando sus gemidos con el sonido líquido tan lascivo que hacían los dedos de Kylo en ella, cada vez más y más húmedo. Rey empezó a notar pequeñas gotas resbalando por sus glúteos. Y otra contracción y de golpe… Oh, no… No, no, no… Esta vez sí iba a pasar, esta vez sí, esta vez…

-Ne-necesito ir al baño.- Articuló, acalorada, captando su atención mientras Kylo no se detenía.- ¡Kylo, por favor, me… me estoy meando!

-Es normal, mi niña, no temas.- Habló, besando su rodilla antes de focalizar la vista de nuevo en su coño humedecido, joder, la forma que tenía de responder a sus caricias era jodidamente una maravilla.

Y Rey apretó el poste con las uñas, sintiendo que en realidad se orinaba encima, Kylo estaba estimulando algo dentro de ella que le hacían querer ir al baño con muchas, muchas, muchísimas ganas… Pero joder. La vibración de aquel aparato, aporreando su centro, sus dedos, el ruido, los jadeos, la sudoración y el esfuerzo de sus abdominales ante cada contracción ¡Maldita sea, era todo tan jodidamente intenso que iba a explotar!

-¡Kylo, me corro!- Gritó, curvando la espalda con violencia,- ¡Oh, joder! ¡¿Puedo!?

-¡Córrete, mi niña!- Habló, adelantándose hacia ella y atrapándole los labios con fiereza.- ¡Mánchamelo todo, nena!

Y Rey cerró los ojos con fuerza, contrayendo el estómago, soltándose. Liberándose y allá se iba aquel chorro seguido de un orgasmo brutal, manchando todas las sábanas, impregnando el brazo de Kylo también y él dejó de bombear para apartar el masajeador y estimular el clítoris con su mano mientras Rey sentía otra contracción, y se corrió otra vez, una más, escalando, escalando en su orgasmo, sintiendo que iba asfixiarse. Su tripa se contrajo nuevamente y un último chorrito salió de ella mientras ahogaba un gemido que salió por fuerza de su garganta, alargándolo mientras dejaba las piernas muertas, dejando caer la cabeza sobre el poste y soltando una pequeña risa de alivio que se le escapó del pecho.

No podía creérselo. Había vuelto a pasar. Y ahí estaba, ante él, expuesta, empapada y sintiendo cómo todo su cuerpo latía estremecido por las oleadas de placer. Kylo arrastró una mano hasta su cuello, haciéndola cabecear y alzar la mirada para enfrentarle. Y él no podía creerse esa mirada satisfecha, ensoñada en ella, extasiada. Sonrió maravillado, ante ella, sus reacciones, sus gestos, su manera de responder a él.

-¿Estás bien? – Chocó su frente con la de ella mientras Rey trataba de recuperar el aliento y sólo era capaz de asentir, drenada de toda fuerza, lánguida. - ¿Cómo sientes los brazos? – Rey ni se había pispado de que tenía los brazos en alto y que debería sentirlos, o no, por la fuerza que había hecho. Pero es que ni siquiera se habría enterado si hubieran desaparecido de repente. Se encogió de hombros, aun sin poder mediar palabra. Y de nuevo, esa sonrisa en su cara que hacía que a Rey se le llenara el pecho de ganas de besarle.

Y él se acercó a sus labios, como si le hubiera leído la mente, dispuesto a complacerla y requerir ese beso. Pero cuando sus labios rozaron los suyos, no hubo beso alguno. Kylo tironeó de la presa que eran sus propias bragas alrededor de sus muñecas y la liberó, sonriéndole. Rey estrechó los ojos, mordiéndose el labio inferior y con los nervios a flor de piel. Esto aun no había terminado.

-¿Cuántos orgasmos vas a darme, Kylo? – Le provocó mientras la cogía en brazos y la ponía de rodillas frente al cabecero de la cama y le apresaba las muñecas con una sola banda y maniobraba para atarla a un arnés y cerrando la clavija metálica que la mantenía en su lugar.

- ¿Cuántos crees que eres capaz de aguantar, nena? – Ella giró la cara para mirarle justo cuando tiró de ella para dejarla tumbada bocabajo sobre sus propios muslos. La posición era como… como una plegaria. Sus manos atadas hacia delante, sus espalda completamente estirada, arrodillada, expuesta sobre sus cuartos y tumbada de cara a la cama. Y sin poder verle, ni sentirle. Hasta que sintió el colchón hundirse cerca de ella. Y luego vio sus manos, apoyándose en él cerca de su cara, inclinándose sobre ella sin ni siquiera rozarla. - ¿Me vas a obligar a atarte las piernas o vas separar las rodillas para mí? –Rey ni siquiera lo pensó. Ni se rebeló, ni le obligó a que se las separara él mismo si quería, como hubiera hecho un día. No, simplemente deslizó las rodillas por las sábanas, exponiéndose aún más. Y su recompensa fue un sendero de besos que ascendían por su columna vertebral hasta que estuvo sobre su hombro. - ¿De verdad quieres una palabra de seguridad, nena? – Rey asintió y él arrastró su mano hasta cogerle de la barbilla. - ¿Sabes lo que eso implica? – Rey se quedó callada, no muy segura de si realmente le importaban un comino las implicaciones. – Significa que a partir de aquí las cosas se van a poner más difíciles y más duras. Que voy a llevarte a todos los límites, Rey. – Y ella plantó las orejas al escuchar su nombre. – Que puede que algo te haga daño y que tienes que resistir porque estoy cuidando de ti cada segundo. – Movió su mano e hizo que ella forzara su cuello para mirarle. Él no vio ni una sola brizna de miedo en sus pupilas. – Pero puedes parar en cualquier momento. Sólo tienes que decirlo.

- ¿Qué tengo que decir? –Se empapó los labios con la lengua, la boca seca de repente, expectante, contenida, notando cómo era capaz de sentir hasta el más mínimo movimiento en el aire sólo por la forma en la que se erizaba el vello de su piel.

Él se movió de nuevo, desapareciendo en torno a ella, hasta que volvió a verle situándose a su lado. Oh, joder, aquello era importante para él. Más incluso de lo que lo sería nunca para ella. Rey se dio cuenta. Esto era tan importante o más que cualquiera de sus confesiones.

-Ben. – Le dijo, sin dejar de mirarla. Y ella parpadeó confusa. – Mis padres no me llamaron Kylo, niña. Eso vino después. – Le pasó el nudillo por la línea del pómulo antes de apartarle el pelo. – Con ese nombre, todo se para. ¿Lo has entendido? – Rey asintió, sin poder esconder su curiosidad incluso en sus circunstancias. Era como… como si le hubiera dado el poder de mentar al Diablo y retener su poder. – Dime que lo has entendido, nena. Necesito oírlo.

- Lo he entendido… Kylo. – Vio su mirada calculadora, intentando deducir si aquel paso había sido en falso o no, hasta que vio la sonrisa en ella. - ¿Vas a follarme o me voy a quedar dormida así? –Y vio cómo esa ceja suya se alzaba tal y como hacía siempre que la escuchaba hablar sucio. Volvió pasarle la mano por el pelo y atrapó su melena entre sus dedos, dándole un fuerte tirón que le hizo arquear el cuello y entreabrir la boca.

-¿Es eso lo que quieres? – Rey asintió como buenamente pudo, sintiendo la necesidad recorrer sus venas como si fuera queroseno. Y al instante, sintió su mano libre en su centro, guardando su calor, sintiéndola. Una mano tirando de su pelo y la otra volviendo a torturarla. Un tirón tan fuerte y una caricia tan suave que dio un respingo con el contraste. - ¿Aun sensible, nena? – Ella le aguantó la mirada y volvió a intentar asentir al tiempo que se inclinaba hasta ella y sentía sus dientes arañando la piel de sus pómulos. – Perfecta. – Y movió sus dedos en círculos lentos, lentísimos sobre clítoris, haciéndola gemir de nuevo y sintiendo cómo sus entrañas se contraían necesitando que las llenara.

Entonces, soltándola, volvió a moverse hasta situarse tras ella. Y primero sintió el vacío. Estuvo a punto de quejarse. Pero luego sintió su lengua recorriendo sus pliegues y lo único que pudo hacer fue dejar caer la cabeza sobre las sábanas y dejarse, mientras se mezclaba su humedad con su saliva, acariciándola de arriba abajo, atrapando su clítoris con los labios al tiempo que plantaba ambas manos sobre sus nalgas, abriéndola más de lo que ya estaba, con aquellos sonidos húmedos mezclándose con sus jadeos. Sin embargo, abrió los ojos de golpe cuando sintió su boca dirigirse más arriba mientras sus dedos seguían acariciando su centro. No podía ser, aquello era obsceno.

-¿Kylo…? – Le reclamó con dudas. Él ascendió hasta su oído.

- Sabes cómo pararme, nena. Y mientras te decides sobre cuándo hacerlo o no, vas a experimentar todos los placeres. –Y volvió a inclinarse sobre ella, llevando su lengua al único lugar en el que aun era virgen. Se sintió nerviosa de repente. Pero no podía moverse. Y en realidad tampoco podía quejarse. Sus dedos acariciaban su punto más sensible y todo suponía una sensación que se iba multiplicando segundo a segundo, con un lametón tras otro. Luego hipó con sorpresa cuando deslizó un dedo dentro de ella. Sin dejar de acariciarla. Todo el rato. Sin tregua. – Relájate, nena. – Y ella sintió cómo su interior se apretaba en torno a la nada, con un cúmulo de impresiones que ya empezaban a desbordarla. Ni siquiera se reconoce a sí misma cuando empieza a mover las caderas, tan excitada que casi se marea. –Relájate. – Se inclina para presionar un beso sobre su omóplato. Y sus caricias calman todos sus nervios como si fueran un hechizo. Tomando una respiración profunda, Rey desea que todos los músculos de su espalda y piernas se relajen, dejando solo la fuerza suficiente para sostenerse de rodillas.

Le siente retirarse un momento y luego un líquido caliente se derrama sobre su piel, de tal modo que sólo puede gemir aun más alto cuando siente que su cuerpo acepta dos dedos sin ni siquiera quejarse, los desliza dentro de ella con una suavidad que la deja aun más lánguida. Su mente flota bien lejos de allí y vuelve con cada lento e íntimo empuje. Cuando él retira los dedos, ella apenas tiene tiempo para tensarse antes de que haya presión sobre algo un más grande, algo frío contra la calidez el lubricante, trabajando insistentemente más allá del fruncido hasta que se abre paso.

-Oh. - se queda sin aliento mientras deja escapar un gemido tarareado en su garganta, apretando involuntariamente y sintiendo que los músculos de su espalda se juntan, su cuerpo todavía se confunde con esta nueva sensación y de alguna manera, se siente como un calambre, estirándose al mismo tiempo que quería mantenerse en su lugar.

- Ya casi está, nena. – Le susurró al oído, dejándola acostumbrarse a la invasión del juguete. Rey apenas podía concentrarse en sus palabras, aturullada, dejándola acostumbrarse a la intrusión. – Lo estás haciendo fenomenal, cariño. – Rey gimió. Sus dedos en su clítoris, aquellas nuevas sensaciones y sus palabras hacían que todo en ella se elevara, expectante al mismo tiempo que quería exigir más. – Recuerda que puedes parar cuando quieras.

¿Parar? ¿Por qué querría? Rey mueve la cabeza hacia adelante y hacia atrás porque está más que bien, y ella quiere decírselo, pero parece haber olvidado cómo hablar. Aun así, se las arregla, al menos, para relajarse según lo ordenado. Repiten el proceso unas cuantas veces, con él empujando lentamente cada vez más, mientras ella jadea y gruñe bajo en su garganta. Una pequeña punzada de dolor hace que se contraiga pero desaparece al instante y se agarra con fuerza al arnés que une la presa de sus manos al cabecero de la cama. Respira profundamente y justo cuando exhala la sensación de plenitud crece y crece, satisfaciendo una necesidad que lleva creciendo desde que había empezado a atarla, haciéndola sentir tan impotente como poderosa ante la perfecta y extraña mezcla de lo correcto y lo incorrecto que le hacía temblar todo el cuerpo.

Las lágrimas se le escuren de los ojos en el momento en que el juguete está completamente asentado, pero no es por el dolor; está abrumada por tanto y través de esas lágrimas se las arregla para balbucear algo que ni siquiera ella sabía qué estaba diciendo. Sentía la piel tirante y húmeda al mismo tiempo. Sentía el mismo pulso de sus latidos en su interior y lo peor, lo peor de todo era sentirse tan, tan necesitada. Sentir el vacío justo donde Kylo mejor encajaba en ella.

Y vuelve a sentir su mano tirando de su pelo, sus dientes en su cuello y su pulgar en su clítoris. No tiene ni idea de cuánto va a logar resistirlo pero se siente tan, tan arriba en la cima del placer que arquea la espalda y le busca.

-¿Qué has dicho, nena? – Da otro tirón con el puño que contiene su melena, pellizcando su clítoris tan solo un segundo, haciéndola gritar, justo antes de volver a calmarla. – Necesito escucharte siempre.

- Que me… - Su voz es como un graznido. Tiene la garganta seca y se muerde el labio atrapando otro gemido en ella. Va a pedírselo, oh sí, por supuesto que va a pedírselo. Sin una sola muestra de vergüenza en ella, ni orgullo. Ahora mismo, toda ella era sólo un amasijo caótico de excitación y necesidad. – Fóllame, Kylo. – Tragó saliva, cogió aire y abrió los ojos, disparando su última bala. – Por favor.

Sonrió, atrapándole el cuello con una mano tras activar el juguete que empezó a vibrar lento en ella, muy lento. Sacándole gemidos entrecortados. Y él se adelantó sobre ella, besando el trapecio de su cuello mientras que intentaba llegar al preservativo que había dejado junto a los lubricantes, enfundándose mientras ella seguía suplicante, extasiada. Con los ojos en blanco, boqueando, llegando a la cima sin poder tocarla todavía. Le faltaba un empujón… Le faltaba él.

Y él volvió a colocarse tras ella, conduciéndose con una mano, apresando su cuello con la otra, aguantando todo su peso en sus propias piernas, temiendo apoyarse en ella por si le hacía daño. Y entró, sintiendo las paredes de su interior receptivas pero estrujándole. También la vibración del juguete, más arriba, arrancándole un gemido. Y estaba tan, pero tan mojadita… Tan resbaladiza.

-¡Oh, joder! ¡Por la puta Fuerza!- Aspiró arqueándose. Ahora sí.

Y él no le dio tregua, entrando y saliendo de ella, lento pero constante, acelerándose. Usando su mano liberada para apoyarse en el colchón, hundiéndolo pero recuperando el equilibrio necesario para seguir cargando contra ella. Escuchándola boquear, gemir, sollozar y gritar, todo en un mismo segundo. Ronroneándole. Ella tan poco consciente de todo en ese momento, sintiéndolo todo, como una ola impactando con fuerza, casi tanto como lo eran las embestidas de Kylo. Se adelantó, llegando a su oído.

-¿Te gusta así, nena?- Y le encantó verla intentando hablar, intentado decir algo tan fácil como "sí". Le besó la mejilla.- A mí también me gusta, joder…- Gruñó, cerrando los ojos con fuerza, sintiéndolo todo junto a ella. Apoyando la frente en su hombro.- Joder, Rey…- Y se mordió el labio.- Joder, Rey, eres increíble.- Boqueó de nuevo mientras ella intentaba respirar sin poder hacerlo debidamente.

Kylo condujo la mano a la empuñadura del vibrador, llegando a la intensidad, subiendo un poco más. Y allá se le iba un chillido de placer a su niña, joder, cómo le encantaba cada maldito momento con ella. Cómo le aceptaba, cómo se complacían, cómo parecía estar girando en la misma órbita que él. A la par.

Apartó la mano del regulador, conduciéndola a su trasero, azotándolo y sintiendo que se contraía entera, dando un respingo. Azotó otra vez y otra más antes de aferrarse a su cintura y acelerarse todo lo que pudo. Sintiendo las caderas de ella impactar violentamente contra las de él, acompasándose, corriendo el riesgo de perder el ritmo a la vez. Pero ojalá, ojalá todos los riesgos que pudieran correr fueran esos.

Apretó un poco más su cuello, alzándolo, forzando una posición que tensaba cada músculo, reforzando todas las sensaciones que iban a llenarla dentro de poco. Besó su hombro otra vez, mordió su omoplato, lamió su cuello y entonces, sólo entonces, escuchó aquellas palabras, aquellos ruegos tan bonitos que sólo ella le dedicaba.

-Joder, Kylo, joder, por favor, por favor… Quiero correrme otra vez, por favor, por favor, haz que me corra, no puedo más…- Su mano subió hasta la mandíbula de la chica, conduciéndole el rostro hasta quedar uno frente al otro. Y observó su desesperación durante un segundo, joder, si todo se lo pedía así jamás se resistiría a nada con ella.- Por favor, Kylo, por favor, no me hagas esto…- Atrapó sus labios, besándola, mordiéndole el labio inferior, tironeando de él para soltarlo.

-Córrete, mi niña, córrete, córrete, córrete…- Se aceleró un poco más, descendiendo la mano hasta la empuñadura del vibrador, acelerándolo y cambiando la frecuencia a otra más rápida. Y Rey gritó, deshaciéndose. Sintiendo que las piernas le fallaban igual que a él. Otro apretón de sus paredes internas y él se fue con ella, gimiendo en su oído mientras aguantaba el peso de ambos con un brazo, moviéndose todavía mientras Rey a duras penas podía mantenerle el ritmo. Siguió sollozando, desplomándose en la cama, vibrando junto al orgasmo que acababa de azotarla, otra vez. Había perdido la cuenta. Y Kylo usó las pocas fuerzas que le quedaban para apagar el juguete y sacarlo lentamente de ella.

Luego se preguntaría de dónde sacó fuerzas para salir él de su interior, poniéndose en pie, sujetándose a los postes mientras respiraba. Por él, Snoke podría estar dándole calambrazos todos los días si su consuelo iba a ser semejante a lo que acababa de experimentar.

Tomó el juguete junto a su preservativo. Desató a la chica de un tirón, viendo cómo los brazos de Rey se desplomaban contra el colchón. Respiraba, seguía viva y no iba a estar despierta cuando él regresara a su lado, dispuesto a dormir.

Cogió también el masajeador y se encaminó al baño, dispuesto a asear todos los aparatos y darse una buena ducha. Y se encontró a sí mismo temblando de puro éxtasis. Viendo que la vista se le ennegrecía por los laterales, haciendo un efecto túnel, presa del cansancio.

Le dio tiempo a limpiarlo todo y de darse una ducha rápida antes de volver a la cama, que olía a maravillas. A látex, a lubricante, a sudor… A ella. Jodidamente a ella.

Estaban las sábanas empapadas y se apresuró a retirarlas de un zarpazo, haciendo una bola con ellas y soltándolas en una esquina, mañana las lavaría… Pero ahora, ahora le tocaba tumbarse al lado de esa chica e intentar conectar dos neuronas en su cabeza, al menos dos, antes de hacer nada.

Una vez Rey sintió el colchón hundirse bajo su peso se movió, buscándole. Abrazándole y pegándose a él y al frío que le había dejado la ducha. Kylo besó su cabeza con suavidad, sintiendo que estaba perdido, jodidamente perdido por ella. Y ya no había vuelta atrás.

-Mandalore está satisfecho con nuestro trato, hoy he recibido noticias de Jango, elogiándonos por la venta.- Habló la rasposa voz de Snoke, haciendo que Hux asintiera.- Enhorabuena. A los dos.- Hux arrugó el morro y asintió otra vez, dejándose llevar por sus pensamientos, enredándose en ellos, recordando aquella noche en el club, con la maldita chica y su maldita manía de entrometerse.- Sin embargo…- El pelirrojo se tensó, prestando toda su atención.- No entiendo ¿Cómo conseguisteis el trato con Boba? Tengo entendido que Mandalore no hacía tratos con la Primera Orden debido a la clientela con la que trabajamos.- Hux tomó aire, hinchando el pecho.

-Las condiciones se volvieron favorables después de lo sucedido en Dathomir.- Snoke sonrió de medio lado, entendiendo aquello. Conocía a los Fett, conocía a Kylo y sobre todo conocía al pelirrojo y su modus operandi.

-Favorables.- Repitió, intentando que no le entrara la risa. Hux chistó con la lengua, intentando que no se le notara demasiado su mal humor.- De verdad que es toda una proeza que os hayáis metido a Boba en el bolsillo.- Hux asintió con un sarcasmo que Snoke no captó, y se dio la vuelta buscando el pequeño arsenal que Snoke disponía siempre que él le hacía una visita para darle buenas noticias.- Tanto él como Jango son reticentes a tratar con gente que tiene relación con enemigos directos de Mandalore ¿Cómo lo hicisteis? Por curiosidad…

-No hizo falta hacer nada…- Gruñó, sirviéndose una copa –la segunda aquella noche.- Sin ser consciente de con quién trataba, con quién hablaba, qué estaba pasando o cuál era la conversación. Snoke gruñó a su espalda, indicándole que no entendía.- Esa condenada lo hizo todo.- Dio otro trago, observando a la nada frente a él.- La jodida chica de Kylo.

-¿La chica… de Kylo?

Y a Hux por poco se le cae el vaso al suelo.

Mierda.

Cerró los ojos con fuerza, escuchando el crujir del sofá de cuero cuando Snoke se levantó del sillón, acercándose a él mientras Hux empezaba a hiperventilarse. No, no, no… Una mano huesuda se posó en su hombro, apretándole suavemente. Hux sabía que Snoke no preguntaba dos veces, jamás lo hacía. Nunca lo hacía, de hecho, si se daba la ocasión en la que se viera obligado a tener que repetirse, ya podías dar por sentado que ibas a salir magullado. Sólo tenía que mirar a Kylo para tomar ejemplo de lo que no debía hacerse… Abrió los ojos.

Precisamente. Ahí estaba el punto.

Kylo era un ejemplo de todo lo que no se debía hacer. Y él, pese a todo, había vuelto a hacerlo, había vuelto a dar la espalda a su trato por algo que le conseguía alejar durante un segundo de la realidad ¿En serio le valía la pena? ¿En serio era capaz de darle la espalda a todo por cinco segundos de tranquilidad, pudiendo aguantar unos meses más que le llevarían a la tranquilidad absoluta, cuando se apoderaran de todo?

Eso parecía. Y él no se equivocaba cuando su mente empezaba a ver los caminos claros.

Lo que veía ante él era exactamente lo que llevaba temiéndose un par de semanas. Su plan compartido hundiéndose en un pozo. Kylo dándole la espalda, a él y a sus opciones de libertad y calma, por una mujer. Y negándole a él su ambición.

Se sentía traicionado.

Dio un único trago, terminándose el vaso y girándose hacia Snoke, carraspeando la garganta. Desviando la mirada un segundo, un único segundo. Un maldito segundo que fue definitivo.

-La condenada chica…- Snoke le observó, clavando sus ojos pequeños en él como un clavo.- Rey.

Kylo no había podido conciliar el sueño todavía, pero poco le faltaba ya, y volvió a desviar sus ojos hacia ella, su paz, su oasis en medio del desierto. Envidiaba a Rey y su facilidad por verse superada enérgicamente de una forma tan sencilla como lo era el sexo. Y eso a Kylo le provocaba un calor suave en el pecho.

Observó por la ventana, estaba cayendo la tarde y no habían comido todavía. Y no lo harían hasta que ella se despertara. Y aquello le quitaba las prisas, haciéndole caer poco a poco en un duermevela plácido, no sin antes volver a besar su cabeza, recolocándose dispuesto a dormirse en un sueño más que reconfortante junto a ella, junto a todo lo que ella suponía. Y entonces cayó en la cuenta de algo… Su condición. Con ella. Y la evidencia de ésta. Y luego aquella llamada de Snoke… Y Hux.

Hux veía cosas antes que nadie, Hux era una de esas personas que se anticipaba a la realidad y siempre estaba preparado, aunque sólo fuera mentalmente. Y el corazón se le comprimió al pensar en que… No, no era posible. No era para nada posible pero… ¿Podría? Rápidamente, se colocó de pie, saliendo de la cama, dejando a Rey dormida sobre la almohada, escuchando un quejido por su parte mientras él se vestía.

No tardó apenas en estar preparado, acercándose a ella, dándole un beso en la cabeza mientras le susurraba al oído.

-Voy a asegurar una cosa, nena.- Ella gruñó en respuesta.- No tardaré en volver.- Otro pequeño gruñido saliendo de ella, dormida, y entonces salió por la puerta. Marchándose apurado, colocándose el casco, subiendo a la moto y tomando la carretera, dejando atrás su paz para enfrentarse a lo que fuera que intentara perturbarla.

Rey, por otra parte se removió. El beso había conseguido despertarla, como si se tratara de uno de esos cuentos de princesas que escuchaba de pequeña en el orfanato. Se acomodó en la cama, perezosa. Y sintió la casa vacía.

-¡¿Kylo?!- Le llamó pero no hubo respuesta.

En definitiva, estaba sola.

Lentamente, se levantó de la cama, dirigiéndose a su mochila, tomando aquel folio que había sustraído de aquel rincón secreto donde Kylo tenía papeles, pastillas y otras cosas que no revisó. Ya lo haría más tarde, cuando descubriera dónde estaba ese tal Dr. Skywalker.

Abrió la hoja, echándole un vistazo. Allí arriba, en el esquinero, había un teléfono de contacto. Rey sacó un dispositivo de su bolso, uno que contactaba directo con su ordenador. Y le apareció que seguía grabando con las muñequeras… Estupendo. Más archivos privados que borrar –o con los que recrearse si es que volvía a dormir sola-, y entonces rastreó aquel teléfono, que hacía años que estaba fuera de servicio, sin conectarse… Casi décadas sin usarse. Tragó saliva.

La última conexión fue en… Dagobah. Hace veinte años.