Capítulo 21. Guillotina.

La triangulación de los correos y aquel último golpe de suerte habían terminado llevándola a un lugar inhóspito. Ni siquiera había sabido de la existencia de una zona así, escarpada y difícil. Parecía la clase de sitio al que uno iría para alejarse hasta de sí mismo. Y no tenía ni idea del tiempo que llevaba perdido buscando a aquel hombre, ni el tiempo que le ocuparía saber lo que necesitaba saber, ni cuánto tardaría Kylo en volver a casa, preguntándose dónde estaría ella.

Sacó los papeles que se había guardado del bolsillo del pantalón. Los miró de nuevo, más por asegurarse que porque necesitara revisar nada. Se los había terminado aprendiendo de memoria. Aquellas palabras que antes no había entendido, ahora empezaban a aterrarla. Lo que antes había carecido de sentido al leer "riesgo cervical", ahora hacía que se le pusieran los nervios de punta. Como cuando recibes una llamada de madrugada, que si fueran buenas noticias no serían tan urgentes.

Las calles desiertas, las casas cerradas a cal y canto, la intempestuosidad del mar azotando las rocas y la cercanía de una tormenta con nubes negras en el horizonte, no hacían absolutamente nada por relajar su estado. Aquella zona, Ahch-To, parecía tranquila y a la espera, un pueblo pesquero. Y, a decir verdad, ni siquiera sabía por dónde empezar. No sabía a quién buscaba, no le reconocería en ninguna parte ni aunque le tuviera delante y esa era una desventaja con la que no le gustaba trabajar.

Vio a un hombre salir de un ultramarino. Melena enredada por el viento, barba poblada, abrigo de lana y cara de irse a su maldita casa cuanto antes. Se acercó, dándole un ligero toque en el hombro. Y cuando se giró hacia ella, la miró con el mismo gesto con el que mirarías una pared durante quince años.

-Perdone que le moleste. – Empezó. - No sabrá, por casualidad, dónde puedo encontrar al Dr. Skywalker, ¿verdad? – El hombre frunció el ceño y, durante unos segundos que se le hicieron demasiado largos como para creer que contestaría, su mueca fue de absoluto agotamiento.

-No, no tengo ni idea. – Se giró de nuevo para seguir su camino. – Márchese. – Le ordenó al tiempo que una ráfaga de viento marino azotaba la calle. Rey dejó caer los hombros. No, no había llegado hasta ahí para obedecer cuando le ordenaran que se fuera. Corrió para alcanzarle y mantuvo el paso a su lado.

-¿Sabe si ha vivido aquí? – Se quedó un momento callada. Según los últimos informes, Kylo llevaba meses sin asistir a él. Y ella ni siquiera había barajado la posibilidad de que Skywalker estuviera muerto. - ¿Sabe dónde puedo encontrarle? – El señor se quedó parado un momento y Rey casi se choca con él.

- No y no, le he dicho. – Le rugió, de un modo que… Que le recordó a aquellas veces en las que Obi-Wan tenía que cruzarse de brazos para reñirla. – Y le digo que se marche. Aquí no hay nada de lo que sea que esté buscando. – Y reanudó su marcha, iracundo. Rey ni siquiera supo qué fue lo que vio, o si sólo fue una corazonada. Pero había visto antes esa forma de actuar.

-¿Es usted, verdad? – Aceleró el paso mientras le veía apresurarse hacia una casa gris con pinta de aguantar por pura resistencia. - ¿Es usted el Doctor Skywalker? – No se lo podía creer. Tenía que ser él. Y como si fuera un acto reflejo, sin saber si conseguiría nada de él o se volvería de vacío, activó los micrófonos de sus muñecas. – Necesito que me ayude, por favor.

-Me he jubilado. – Y le cerró la puerta justo cuando ella subía las escaleritas. Sí, definitivamente ya la habían tratado así antes. Y como ya había sucedido, se negó a darse por vencida. Ya era incapaz de dilucidar qué de todo aquello era parte de su misión, y qué parte era puramente personal. Pero en la medida en la que Kylo fuera parte de ambas, ni siquiera importaba.

Se quedó en la puerta, cogiendo aire y con el puño en alto para llamar. Nada de eso era necesario. Ese hombre sabía perfectamente que estaba en la puerta. Y mientras él estaba en la seguridad de su casa, a resguardo, ella permanecía en la intemperie. Lo que Skywalker no sabía es que ella bien podía resistir tanto como esa casa.

-Doctor Skywalker, tengo unas preguntas que hacerle, por favor. – Dijo, casi apoyando la cara en la madera rasposa.

-¡Y yo, juanetes! ¡Márchese!

Rey chasqueó la lengua. Y luego se le ocurrió que, quizás, a lo mejor, podía usar una última baza. Su última baza. Quizás no sirviera de absolutamente nada pero…

-Se trata de Ben. – Y la puerta se abrió como si una ráfaga de viento hubiera nacido de su interior, obligándola a dar un paso atrás ante un hombre iracundo que, de repente, estaba en completa sintonía con la tormenta que se cernía sobre ellos.

-Se trata de Ben. – Y la puerta se abrió como si una ráfaga de viento hubiera nacido de su interior, obligándola a dar un paso atrás ante un hombre iracundo que, de repente, estaba en completa sintonía con la tormenta que se cernía sobre ellos.

-¡¿Qué has dicho!?- Oh, Rey sabía perfectamente que ese hombre había escuchado bien aquel condenado nombre. Reculó un paso mientras él descendía escalón a escalón, gritando.- ¡¿Qué es lo que has dicho, niña!? ¡¿Cómo conoces ese nombre, cómo…?!- Y Rey abrió los ojos de golpe. Niña. No tardó en hablar por impulso…

-Es usted su padre…- Y Luke frenó en seco. Con toda la ira esfumándose de un plumazo, Rey pudo ver tristeza en sus ojos. Una tristeza demoledora, fuerte como un huracán.- No… No puede abandonarle.- Luke parpadeó, volviendo a la tierra y observando a la chica, quien se acercaba un poco más a él.- No puede dejarle a merced de ese monstruo que…

-No soy su padre.- Rey frunció el ceño, ladeando la cabeza mientras aquel hombre volvía a ser invadido por otra ráfaga de miseria.- Su padre ya hace tiempo que no está.- Y empezó a chispear lentamente. Primero una gotita, luego otra, otra más. Y el doctor cambió el peso de su cuerpo de pierna, venciéndose hacia un lado.- ¿De qué conoces a Ben?- Cerró los ojos con pesadez.- ¿Cómo es que sabes ese nombre?

-Ben me lo dijo.- El doctor rió nasalmente, incrédulo.- Acompáñeme… Se lo contaré todo por el camino.- Y él negó con la cabeza, dándole la espalda a la chica y regresando sobre sus pasos, dejando a Rey desubicada, allí en medio, sintiendo que su ropa empezaba a empaparse.- Por favor, tiene que hacer algo, tiene que quitarle ese condenado trasto que tiene en la espalda, tiene que…

-¿Quién eres?- Rey frenó su charla mientras veía al doctor detener sus pasos, resguardado en el umbral de la puerta. Ella parpadeó, desviando la mirada, intentando hacer tiempo para pensar en alguna excusa. Por suerte aquel hombre preguntó otra vez.- ¿Cómo sabes lo del chip?

-Ben me lo dijo… Me lo ha contado todo.

-¿Y quién eres para que confíe de esa manera en ti?- Skywalker le ofreció a Rey su mueca más seria y tensa mientras esperaba una respuesta. Y Rey entonces comprendió que aquel hombre conocía también la existencia de Snoke. Y le gustó pensar que estaba tratándola de esa forma porque podría pensar que trabajaba para Snoke. Pero, de nuevo, Skywalker parecía estar cansado de esperar lo que fuera que estuviera esperando.- ¿Te lo ha contado todo, dices?- Rey asintió con ciertas dudas.- ¿Quién eres?

-Soy Rey.- Pronunció, poniéndose firme.- Por favor, tiene que ayudarme.- La lluvia empezó a caer con más fuerza y aquel hombre alzó la cabeza, observando el cielo. Luego se adentró de nuevo en su choza.

-Hablemos dentro, Rey…

Aquella choza donde la humedad se pegaba a los huesos casi tanto como su olor le recordó vagamente a su piso, su actual piso temporal. Tan triste, tan desolador, tan frío y solitario. Siguió al doctor por el pasillo, llegando a una pequeña sala que Rey intuyó que sería el salón. Él le hizo un gesto para que tomara asiento en el sofá.

-¿Tomas té, Rey?- Ella asintió con la cabeza.- Voy a preparar una taza.

Y desapareció en el umbral de otra puerta, prendiendo al fin una luz que iluminó parte del salón, surgiendo desde la cocina.

Rey tomó asiento, zarandeando una pierna en un ademán nervioso, ansiosa por encontrar respuestas, por encontrar ayuda. Había pasado antes por su piso, duchándose y tomando sus efectos personales. Llevaba la placa y su arma personal encima, por si acaso la situación se tornaba oscura como el día que les acompañaba.

Aquel salón lúgubre no hacía nada por tranquilizar sus nervios así que repasó todo lo que tenía hasta el momento. Sabía que Kylo acudía a Skywalker con frecuencia en un pasado, y aquel médico retirado debió de haber usurpado todos sus historiales, entregándoselos a Kylo y quizá guardando una copia para sí mismo. Posiblemente Skywalker debía ser su médico particular antes de que Kylo empezara a llamarse por ese nombre…

El doctor apareció cargado con una bandeja, llevando en ella una tetera, dos tazas, el azucarero y unas galletitas que Rey ya se hacía a la idea de encontrarlas rancias, aun así les dio una oportunidad una vez Skywalker sirvió el té. En efecto, estaban rancias.

-¿Has venido porque te ha mandado Ben?- Habló Skywalker. Ella negó con la cabeza.

-No, yo…- Y él alzó ambas cejas.

-¿Vienes por parte de mi hermana?- Habló, intentando anticiparse. Y Rey arqueó una ceja ¿Hermana? ¿Qué hermana? Skywalker achicó los ojos. – Veo que sabes incluso menos de lo que creías. – Ella se desinfló sobre el sillón.

- Ya le he dicho que necesito algunas respuestas.

-¿Y por qué no se lo preguntas a él directamente, Rey? – Le dio un sorbo a su taza sin apartarle los ojos. Rey se sintió en el lado de la mesa de interrogatorios de nuevo. Pero no en la silla del que interroga. - ¿No te lo había contado todo? – Era una pregunta retórica. Ambos sabían ya que no. - ¿Él ni siquiera sabes que estás aquí, verdad? – Rey bajó los ojos al brebaje casi negro que tenía en sus manos.

-Es complicado. – Resolvió.

-Suele serlo. – Dejó su taza sobre la mesita y Rey copió su gesto, tratando con ello de insuflarse algo de valor, echarse hacia delante, sentirse algo más segura cuando, de repente daba igual con cuanta seguridad había llegado hasta ahí. - ¿Por qué no empiezas a decirme cuánto sabes? – Rey se mordió el labio, sintiéndose culpable. – Pero de verdad.

-Se que trabaja para un hombre horrible. – Luke ni siquiera se dignó a asentir. – Me dijo que no podía desvincularse de la Primera Orden porque Snoke amenaza a su madre. – Tragó saliva, desviando la mirada sólo un momento. – Y por el chip de carga que tiene en la nuca. – Le vio negar con la cabeza.

- No sabes apenas nada. – Un puñetazo en la tráquea le habría dolido menos. La sola idea de que todo lo que llevaba trabajado e investigado, todos los riesgos corridos y todos los peligros al frente y a la espalda, no fueran apenas más que la superficie, fue como sentir el lastre de todos los nubarrones sobre ella.

-He venido hasta usted para que me ayude… - parpadeó, sintiéndose un poco perdida. – Tengo que poder ayudarle. Tengo que…

-¿Por qué?- Preguntó, sin más, desconcertándola. Su cara debió mostrarle la misma confusión. - ¿Por qué necesitas ayudarle? ¿Por qué estás tan determinada a sacarle de ahí cuando absolutamente nadie, ni siquiera él mismo, ha sido capaz?

Rey se quedó en silencio. No podía responder eso. No con la verdad, porque ni siquiera ella había hecho el más mínimo esfuerzo en profundizar en las razones por las que hacía todo cuanto hacía. Llevaba semanas apartando a un lado ese borde de su mente que le decía que pasaban cosas más allá de su poder, que había algo con lo que no había contado, que quizás debía echarle un vistazo a eso que crecía en ella y se nutría estando con él. Llevaba semanas forzándose a no mirar dentro de sí misma porque su prioridad tenía que ser llevar a cabo su misión, aun cuando esta se había convertido en probar, de algún modo, que Kylo no merecía la condena de la que parten las investigaciones.

-Alguien tiene que hacerlo. – Contestó. – Es lo correcto. – Luke soltó una risotada que le hizo sentir como una cría. Y no había contado ningún chiste.

- Dime la verdad, Rey, o vete de esta casa. – Se recostó sobre el respaldo del sillón. – Y luego le haces un favor a Ben y le dejas en paz, que bastante tiene con lo que se le cae encima todos los días como para tener que lidiar con una farsante.

Rey cogió una bocanada de aire. Un puñal le hubiera dolido menos y no pudo evitar que las comisuras de los ojos se le llenaran de lágrimas. Porque tenía toda la razón. Como cuando Obi-Wan le decía que las cosas que se hacen mal siempre se sienten en el pecho. Estaba engañando a Kylo. Y a Skywalker sólo podía darle la verdad que se podía permitir a sí misma.

-Hay una investigación en marcha. – Empezó, y vio a Skywalker ladear la cabeza y mirarla desde otro ángulo. – Mi misión era infiltrarme en la Primera Orden y obtener pruebas concluyentes del tráfico de armas. – Luke recuperó su taza de té. – Kylo aparece en todas partes como la cabeza de la organización así que hice todo lo posible por sacar mi pedazo de información de él. – Era una forma de decirlo. – Pero las cosas se torcieron. – Otra forma de decirlo, vaya. – Y supe que Kylo es sólo el chivo expiatorio de alguien que actúa por encima de él.

- Chivo expiatorio es una forma suave de decirlo. – Dio un sorbo a su taza antes de resguardarla en sus manos. – Es más bien un perro de peleas con una correa al cuello. El abuso psicológico, emocional y físico que ha ejercido Snoke sobre él ha sido siempre premeditado, estudiado al detalle y enormemente disfrutado por su parte desde hace mucho tiempo.

-¿Desde hace cuánto? – Se echó hacia delante y apoyó los codos en las rodillas, viéndole debatirse consigo mismo en si seguir aquello o echarla definitivamente de su casa.

-Desde la muerte de su padre. – Se mesó la barba, como siendo de repente consciente de que le cubría la cara. - ¿Estás segura de que no vienes de parte de Leia?

-¿Leia? – Preguntó como una cacatúa, sintiendo que se le volvía a escapar la conversación. Y eso que juraría que el nombre le sonaba de algo. - ¿La General Organa?

- Mi hermana… - Se quedó un momento sosteniéndole la mirada. – La madre de Ben. - Si hubiera podido coger aire en ese preciso instante, no habría sabido qué hacer con él. – No es descabellado que te envíe ella, siendo un miembro tan importante de la Fuerza de Defensa Galáctica y dedicándose su hijo a lo que se dedica. – Rey recuperó su taza de té, sintiendo la boca seca. – Aunque le dije que investigara para sacar a su hijo de ahí, no para inculparle aun más. – Y, de repente, Skywalker parecía tan perdido como ella.- Pero Leia no quiere escuchar…- Skywalker desvió la mirada, mordiéndose el labio. Perdiéndose otra vez.

Era como si hubiera estado exiliado de todo, apartado de absolutamente todo, incluso de lo más difícil de alejar: sus pensamientos. Y ahora parecían venirle de golpe porque ¿Cómo se aparta a la arena de las olas?

-Pero…- Él regresó a la tierra al escuchar su voz.- Doctor Skywalker…

-Luke.- Le corrigió él. Rey se relamió, mirándole.- Llámame Luke, Rey… Hace años que no soy médico.

-Pero…- Iba a rebatirle aquello pero la mirada de Luke fue más potente. Rey tomó aire, depositando la taza de té.- Joder, no entiendo nada.- Habló, sobándose las sienes mientras él desviaba sus ojos a su taza, dándole la bienvenida al club de los no-enterados, en silencio.- ¿La General Organa busca una manera de acusar a Ben?- Luke asintió con dolor.- ¿Por qué?

Y Luke tomó aire, dejando la taza de té en la mesa sin darle el trago que quería darle. Se le había cerrado el estómago sólo con pensar en revivir aquello, en voz alta para más índole. No lo superaba. Y Leia tampoco, estaba seguro… y Kylo, bueno. Kylo ya hacía tiempo que era un tema aparte, algo difícil de comparar con cualquier cosa que se enlazara con lo corriente.

Y Rey ladeó la cabeza, sintiendo que no entendía nada y Luke se pasó las manos por la cara antes de tomar aire. Prometiéndose a sí mismo que aquella sería la última vez que fuera a revivir la historia, la parte que él conocía.

-Veo que Ben no te ha contado lo suficiente…- Rey cerró la boca lentamente, retrocediendo la espalda en el asiento hasta dar en el respaldo, apoyándose allí. Algo le decía que iba a necesitarlo. Él se acomodó mejor en la silla, respirando con dolor, como si el aire le quemara los pulmones y le resecara la garganta hasta dejársela tan árida como el mismísimo Tatooine.- Ben tenía quince años cuando le vi siendo Ben por última vez. Recuerdo llevarle al cine cuando su padre, Han, necesitaba una tarde o un día entero para sus negocios.- Rey asintió.- Negocios que arrastraba por desgracia desde joven y que llevaba a escondidas de su mujer, Leia.- Rey achicó los ojos, empezando a respirar con dificultad.

-¿Armas?- Luke asintió.- Snoke…- Luke volvió a hacer un gesto afirmativo con la cabeza.- ¿Y Leia lo sabía?

-No, en aquel entonces no.- Rey achicó los ojos.- Leia no sabe ni la mitad…

-¿Sabe?- Luke torció el gesto.- ¿Sigue sin saberlo todo?

-¡Leia sabe la historia a trozos! ¡Y yo no puedo contárselo ahora!- Rey boqueó y entonces Luke adelantó una pierna, exponiendo su tobillo por debajo de aquella bata, mostrando un acople metálico. Un grillete.

-¿A usted también…?

-No puedo irme más allá de este pueblo. Daría con mi localización en un instante.- Rey sentía que se estaba perdiendo en aquella historia y Luke tomó aire.

-Por favor, necesito saberlo todo, señor Skywalker, Luke…

-Han estaba a punto de dar un último golpe.- Rey volvió a enmudecer, cerrando la boca cuando Luke retomó la historia. Demasiado tiempo sin hablar quizá con nadie, fluidamente.- Un último golpe que, según él lo desestabilizaría todo y expondría a Snoke, dándole a su mujer, Leia, un caso resuelto. Sin que ella supiera que todo estaba maquinado por Han…- Rey negó con la cabeza.- Han trabajaba en el contrabando desde su juventud, Rey.- Y ella alzó los ojos.- Difícilmente puedo hacerte entender lo complicado que es salir de un agujero negro tan descomunal como lo es ese mundo… -Rey achicó los ojos y decidió ahorrarse su historia, su infancia, con tal de no cortarle la narrativa. Pero sí, ella no había estado jamás involucrada en una organización así. Y acababa de graduarse en la academia… Un cubo de agua helada le hubiera destemplado menos el cuerpo tras aquella verdad. Tras aquel "novata" silencioso que le había lanzado Luke.- Y veía a Ben, quería darle su tiempo. Quería estar con él, dejar atrás ese mundo y poder dedicarse completamente a su hijo… Pero todo se torció, Rey.- Rey parpadeó.- Y Han… Han fue asesinado.

-¿Por Snoke?- Luke negó con la cabeza.- ¿Por los… gamorreanos?

-Por su propio hijo, Rey.- Ella boqueó, aspirando aire y negando con la cabeza.

-¡No, no, no! ¡Luke! ¡No tiene sentido!

-Tiene todo el sentido, Rey.- Rey negaba con la cabeza.

-¡No lo tiene! ¡¿Cómo iba a matar Ben a su…?!- Luke cortó a Rey.

-¡Porque Snoke quería al niño de su bando, Rey!

-¡¿Quiere hacer el favor de contarme la historia en orden cronológico!?- Se quejó, atestando un golpe en la mesa.- ¡¿Snoke conocía a Ben!?

-Snoke sabía de su existencia… Y quería mantener a la sangre de Han en su banda, por los contactos.- Rey asintió.- Leia descubrió la verdad a medias, según Ben, demasiado tarde. Y quiso ver que su hijo ansiaba imitar a su padre en aquel aspecto tétrico. Ben huyó de casa y Snoke le ofreció una alternativa… Y a mí también, en consecuencia.- Se removió en la silla, quejándose.- Yo fui quien le puse ese dispositivo a Kylo en el cuello, bajo las órdenes de Snoke.- Rey volvió a quedarse sin aire.- Yo soy quien lo revisaba, quien lo cambiaba y modificaba según órdenes que, si incumplía, terminaría llevándose la vida de mi hermana por delante.

-Y cuando Leia vio que Kylo daba pistas de estar en la organización sentenció todavía más sus teorías.

-Ben es listo, como su madre. Y Snoke le pedía no dejar huella, no dejar evidencias de su puesto en la organización, más allá de la palabrería callejera.- Rey asintió, aquello sí que le sonaba.- Y Leia busca con desesperación un motivo, una acusación firme. No suposiciones. De cara a la policía, la muerte de Han parecía un suicidio por mucho que Leia lo negara y acusara a su hijo.

-¿Cómo es eso posible?- Luke alzó las cejas, suspirando. Y allá iba su mayor pesar… Su condena. Su arrepentimiento.

-Porque yo fui quien testificó aquello en el informe forense, Rey. –Ella se quedó estupefacta, boqueando por aire que no terminaba de entrar en sus pulmones, como si toda su atmósfera se hubiera llenado de sal.

-No lo entiendo. – Le concedió al final, llevándose las manos a la cara. – Me está diciendo que… - Le dio un escalofrío solo con pensar en las implicaciones de todo lo que estaba oyendo. – que Kylo mató a su padre porque Snoke le requería. Que su misma madre no sabe nada. Que tras la muerte de su marido, supo de sus negocios y perdió a su hijo. Que Snoke se ha cubierto las espaldas para que todas las culpas y condenas recaigan sobre Kylo, sobre todo a ojos de su madre. – Vio a Luke asentir con cada recapitulación y a ella se le hacía el mundo cada vez más pesado. – Y que usted cubrió a Ben, tratando de salvarle del juicio de Leia y guardarle las espaldas y con eso te condenaste a servir a Snoke y ayudarle a torturar a su sobrino… - Y vio como él también llevaba cargando con ese peso demasiado tiempo, cargaba con una culpa del tamaño de un planeta. - ¿Por qué mintió en el informe forense?

-Ben no debía tener más de cuatro años por aquel entonces. – Y al instante pareció abstraerse en el recuerdo anterior a los acontecimientos que acababa de contarle, como si hubiera abierta en el frente de su cabeza un álbum holográfico. – Yo sabía de los negocios de Han, siempre fuimos buenos amigos y no había mes que no viniera a mi consulta con una bala de recuerdo o una herida que zurcir. – Se llevó la mano a la nuca, agotado. – Y un día me dijo que si le pasaba algo, que hiciera lo que me pidieran y cuidara de Ben. Que no podía dejarle solo con un monstruo así.

-¿Y por qué Leia no podía saber nada?

-Habría sido lo correcto, ¿verdad? – Le miró y Rey entendió por qué se había carcajeado cuando ella lo había dicho. – Pero suele ser más complicado que eso. – Rey asintió, con absoluta empatía, llegados a ese punto. – Leia es una mujer con unos ideales y unos principios muy firmes, son la base de su ética y su moral. Es el prisma a través del cual ve el mundo. Si hubiera una personificación de la fuerza de la Justicia sería ella. – Y eso era aterrador para cualquiera que no poseyera esa fuerza. O simplemente no se hubiera podido permitir el lujo de ser bueno y justo para sobrevivir. – Si Leia hubiera sabido de los negocios de Han, se hubiera llevado al niño muy, muy lejos. Hubiera sido lo correcto.

-Por eso Han quería abandonar. – Luke asintió, volviendo la vista a ella. – Y Leia lo único que ve es a su hijo convertido en un emperador del crimen organizado, un Señor de la Guerra.

-Leia ha perdido mucho también por ello. – Siguió, tratando de exculpar a su hermana por sus conclusiones que, erróneas o no, partían de la poca y tergiversada información que tenía. – Perdió a su marido, a su hijo y su reputación. Yo traté de cubrir a Ben y, desde entonces, la que está completamente sola es ella. – Rey se abrazó a sí misma, buscando un consuelo que sabía perfectamente dónde encontraría y aun así no podía… No podía. – Y Ben venía mí siempre en bastante peores condiciones que su padre. No podía atenderle en el hospital. Porque quedaría un registro que su madre podría seguir. Así que le di otro nombre, por el cual le conoces. – Rey asintió, bajando la mirada a sus manos, sintiendo sus dedos agarrotados alrededor de la porcelana blanca.

-No puedo culpar a esa mujer por pensar cómo lo hace. Todo mi departamento ha llegado a las mismas conclusiones. Yo misma lo hice durante buena parte de la investigación. – Admitió, tragando saliva, tratando de bajar el nudo que se le había formado en la garganta. – Me infiltré buscando una condena y ahora sólo quiero algo que me ayude a sacarle de ahí.

-Ni aunque pudieras demostrar la culpa de Snoke en todo esto, Rey, podrías salvar a Ben. – Los ojos de Rey volvieron a llenarse de nubes grises, incapaces de retener las lágrimas por mucho más tiempo. – Snoke se ha asegurado de que él caiga sí o sí. – Se apoyó en sus rodillas y cogió impulso para levantarse del sillón. – Snoke es la mano que mueve las manos de Kylo. Y si Snoke cae… - Recogió la taza de té de sus manos. – Será la cabeza de Kylo la que todos veamos rodar. – Y una lágrima rodó cobarde por sus mejillas.

Nada, no daba con él por ninguna parte y estaba empezando a agobiarse. Para cuando llegó a aquella maldita casa, el coche de Hux ya no estaba, lo cual le indicó que el pelirrojo tampoco. No se llevaba bien con los transportes públicos, ni mucho menos con los taxistas ¿Y arriesgarse a que le manchen? ¿A que le tosan encima sin querer? ¿A tocar cosas de dudosa pulcritud? No, gracias, el pelirrojo prefería vivir.

Kylo giró la moto, levantando una polvareda en aquella carretera de tierra que no tardó en ocultarle mientras desandaba todo el camino con aquella fiera, que rugía con la furia de mil zabraks. Siendo su más fiel leitmotiv.

Si Hux no estaba en la hacienda de Snoke, probablemente se encontraría o bien en el cine, en el calor de su despacho o haciendo contabilidad, o bien en la cafetería de en frente, tomándose un café amargo mientras fumaba y fingía que leía, pues ponía la oreja para estar al tanto de todo.

A Kylo le reventaba la sencilla idea de Hux delatándole, era una paranoia recurrente. Siempre la tenía, no podía fiarse de nadie y algo le decía que, últimamente, Hux estaba venenoso y debía andar con pies de plomo para no estorbar demasiado a la serpiente en la que se convertía cuando estaba así. De ninguna de las maneras.

Aparcó en su lugar de siempre, asegurándola con su candado particular y luego encaminándose hacia el interior de los cines, quitándose el casco que dejaría a buen recaudo en el puesto de Aphra. Y la pobre chica alzó la mano y estuvo a punto de saludarle pero él tenía más prisa.

-¿Dónde está Hux?- Preguntó, dejando el casco sobre el mostrador. Aphra no tardó en sostenerlo mientras desvanecía su sonrisa ante aquellas formas. Ninguno jamás saludaba, pocas veces se daba la ocasión, pero a veces sonaban más bordes de lo que pretendían.

-Arriba, en su despacho.- Y Kylo ya se estaba yendo antes de que Aphra terminara de especificar la habitación exacta. Se alzó de hombros la chica y guardó el casco mientras intentaba recuperar su buen humor.

Kylo, por otra parte, subía los escalones apurado, con ganas de llegar y preguntarle al pelirrojo acerca de la conversación con Snoke. Y había dos posibles reacciones, Hux era así de sencillo en algunas cosas: O bien le contaba todo, con esa superioridad moral que tanto le caracterizaba o bien le evitaba a toda costa porque ese día no estaba para enfrentamientos.

Llamó a su puerta con dos toques de nudillos y accionó el pomo sin esperar respuesta.

-¿Hux?- Habló, adentrándose. El pelirrojo estaba al teléfono. Le hizo un gesto con la mano, alzando un dedo para pedirle un momento mientras seguía maquinando a través de aquel aparato, anotando también en una libreta.

Kylo achicó un ojo y entró en la habitación y viendo que el pelirrojo se ponía de pie. Se detuvo, esperando a ver su siguiente movimiento. Pero Hux desvió la mirada.

-Tengo entendido que está en la tercera planta. Habitación 345.- Se punteó el labio con el dedo y asintió con la cabeza.- Sí, moviliza a tu escuadrón…- Y avanzó, apartando a Kylo con la mano, saliendo de despacho.- No quiero errores esta vez. Quiero que ese cabo quede atado de forma definitiva.

-Hux, necesito hablar contigo.

-Un segundo.- Espetó el pelirrojo mientras bajaba por las escaleras, con Kylo siguiéndole los pasos pero frenó de golpe, colocándose el teléfono en el pecho, evitando así que el micrófono captara lo siguiente que fuera a decir.- ¿Dónde te has dejado a la nueva? ¿No debería estar trabajando? Ha tenido que poner la película Ortuggg y por poco revienta tu preciado proyector.- Volvió a retomar la llamada pero a Kylo le molestó el tonito… Y todavía más le incomodó ver al Hux que evitaba enfrentamientos.

Se plantó frente a él, deteniéndole y Hux arrugó la nariz.

-Necesito ir al sótano.- Habló, apartándose el teléfono una vez más.

-Y yo hablar contigo. Urgentemente.- Hux tapó el auricular ahora con la palma de la mano.

-No me jodas ahora, Ren, estoy arreglando lo del puto desertor y el cadáver que, por cierto, no es tan cadáver como pensábamos.- Gruñó, apartándole de nuevo con la mano, descendiendo por las escaleras. Kylo le frenó, sujetándole por el codo pero el pelirrojo habló antes.- ¡¿Puedes darme sólo un puto segundo!?- Gritó, haciendo que Kylo le liberara de su agarre.- Espérame en mi jodido despacho… Y ahora vuelvo.

Kylo gruñó guturalmente, sintiendo que se aceleraba por dentro, que Hux estaba pisándole el acelerador mientras le mantenía el freno de mano puesto. Y estaba a punto de perder los estribos hasta que su cabeza al fin conectó con la realidad, con el ahora que estaba viviendo.

¿Había dicho Hux que el cadáver no era tan cadáver? Imposible.

Corrió hacia el despacho de Hux, encontrando allí encima un montón de papeles con fotografías de Poe Dameron en rehabilitación, intentando recuperar la movilidad de las piernas… Junto al desertor, Finn, quien parecía estar ayudándole como si fuera un buen samaritano… Rodó los ojos, apretando el puño y recordando que estaba en el despacho de Hux y no en el suyo propio, donde su mesa ya tenía hasta una abolladura.

Pasó fotos, y fotos y más fotos. Y más informes, más pruebas a traición. Conversaciones banales de ellos dos, haciéndose amigos… Kylo no cabía en su persona, sintiéndose horrible, miserable, inútil. Un maldito lastre. Y perdió la noción del tiempo cuando Hux entró de nuevo en el despacho, sorprendiéndose de encontrarle allí, al parecer.

-¿No te habías ido?- Pronunció, llevándose el teléfono de nuevo al oído. Kylo se levantó del asiento, quedando cara a cara.

-Me dijiste que esperara aquí.- Hux se alzó de hombros, intentando llegar al otro lado de la mesa, donde le esperaba su silla.

-Vaya…- El tonito que no dejaba de subrayar esa actitud de "no me interesa" le estaba poniendo demasiado nervioso, demasiado. Y llegó un punto donde no pudo más. Le arrancó el teléfono de la mano y cerró la tapa dramáticamente.- ¡¿Se puede saber qué narices estás haciendo!?

-¿Fuiste a hablar con Snoke del tema de Fett?- Hux rodó los ojos e hizo un gesto para restarle importancia.

-Albaranes y dos tonterías más…- Intentó recuperar su teléfono pero Kylo lo alejó de él.

-¿Le has dicho algo acerca de Rey?- Preguntó al fin.

-¡Necesito el teléfono para cerrar la operación de…!- Kylo soltó un sonoro puñetazo a la madera de la puerta, haciendo que Hux retrocediera.

-¡Por la putísima Fuerza, Hux! ¡¿Le has hablado de Rey?!

-¡Sí!- Y Kylo se quedó en el sitio, con el aire atorado en el pecho.- ¡Sí, joder, claro que le he hablado de Rey! ¡Se me escapó, tengo demasiadas cosas en la cabeza!- Kylo abrió los ojos con asombro. Aquello no podía ser cierto.

-¡¿Qué tienes demasiadas cosas en la cabeza?!- Soltó aire a modo de risa nerviosa.- ¡¿Qué tú tienes demasiadas cosas en la cabeza!?

-¡Claro que tengo demasiadas cosas en la cabeza, por todos los Lores! - Gruñó, adelantándose hacia Kylo pero este no retrocedió.- ¡Mientras tú tienes la tuya entre las piernas de esa chica, yo sigo llevando nuestra misión adelante! ¡¿Lo entiendes?! ¡Porque, si por ti fuera, hostia puta, todo se habría ido a la mierda!- Kylo agarró a Hux por las solapas de la chaqueta, alzándole del suelo un poco.

-¡¿Que si por mí qué, Hux!? ¡¿Que si por mí qué?!- Le zarandeó.- ¡No te haces una puta idea de todo lo que tengo que aguantar! ¡¿Me escuchas!? ¡No te haces una puta idea!- Le soltó con violencia, el pelirrojo se tambaleó, casi perdiendo el equilibrio, agradeciendo que aquella silla hubiera estado en el sitio correcto para servirle de apoyo.- ¡Mientras tú vives como un puto marqués, yo por las putas noches no duermo una mierda! ¡Mientras tú te bebes tu café y fumas tu cigarro a mí me están achicharrando el cuerpo a base de calambrazos! ¡Mientras tú duermes en tu puta casa yo tengo que estar reventándole la cara a un pavo para que confiese, pague o ambas cosas!- Se quedó respirando descompasadamente.- ¡No te atrevas a decir que estoy donde no debo estar porque te aseguro que tú no aguantarías este puto infierno, Hux! ¡Te pedí que me cubrieras!

-¡¿Sabes!? ¡Estoy harto de tener que ser tu parte responsable!

-¡¿Qué te supone para ti ser mi parte responsable, Hux?!- El pelirrojo calló de golpe.- ¡¿Acaso Snoke va a pegarte un calambrazo!?- Tragó saliva.- ¡¿Acaso me has visto la puta cara?! ¡¿Acaso me has visto el cuerpo!?-El pelirrojo le mantenía la mirada a duras penas.- ¡Yo quizá tenga una responsabilidad de mierda pero cargo con todas las putas consecuencias de acciones que no me conciernen, Hux! ¡No te haces una puta idea del inferno en el que estoy!- Otro golpe a la mesa.- ¡Pero ni una puta idea! ¡¿Me oyes?!

El silencio empezó a llenar la sala mientras Kylo intentaba acompasar su respiración, llevándola a un ritmo normal que pudiera oxigenarle bien.

Se pasó una mano por el pelo antes de apuntar a Hux con el dedo.

-Sigo manteniendo el trato que hicimos, Hux. Necesito salir de esta.- El pelirrojo intentó evitar poner los ojos en blanco.- Y puede que esté follando con esa chica, pero es algo en lo que no deberías meterte porque hasta ahora, que yo sepa, no nos ha supuesto ningún problema.

Y entonces el rugir aterrador de un coche, aquel coche gris, tan brillante que parecía cromado, se detuvo en el callejón. Haciendo que tanto Kylo como Hux viraran la cabeza hacia la ventana. Y ambos reconocían aquel suburban, aquel uniforme negro y plata, aquella cabellera rubia. Kylo boqueó cogiendo aire, sintiendo cómo se le escapaba de los pulmones con sólo pensar en todo lo que se le caía encima justo en ese momento, podía verlo como si se le cayera la Acrópolis piedra a piedra, a cámara lenta, encima de él.

-No creí que vendría a… - Musitó Hux, sacando el paquete de tabaco del bolsillo de la chaqueta y atrapando un cigarro con los dedos temblorosos.

- ¿Y qué creíste que pasaría, Hux? – Se giró hacía quien había considerado que era su único apoyo en aquel infierno durante tantos años, sintiendo cómo quemaba la traición en su piel hasta desollarle. – No estés tan nervioso, es exactamente lo que te estaba diciendo. – Dio un paso hacia él, sin poder esconder el desprecio que crecía en él, mientras Hux reculaba. – Mientras tú te tomas tu whisky en su presencia y le cuentas las novedades, a mi me postra de rodillas y me arranca la piel a tiras. – El pelirrojo tragó saliva, sin conseguir atinar con la piedra del mechero hasta que Kylo se lo arrebató de las manos, prendiéndolo. – Hace mucho que la diferencia en el trato dejó de molestarme, Hux, mucho. – Remarcó mientras le veía dar la primera calada. – Pero me bastaba con que no fueras precisamente tú quien agitara la mano de Snoke para que me fustigue más fuerte.

-Si no hubieras metido a la chica en todo esto, Kylo, nada habría ocurrido así. Sólo tenías que golpear a un tío hasta que muriera, estarte quieto y centrarte en los negocios. Pero Rey lo desequilibró todo y… - Se frenó en seco cuando Kylo volvió a clavarle esa mirada mientras escuchaban las pesadas pisadas de Phasma subir las escaleras.

-Rey ha sido la única maldita razón por la que no he metido un tenedor en el enchufe para esperar a que Snoke me llame, a ver si la siguiente descarga eléctrica es la definitiva. – Eso pareció detener todos los engranajes en la cabeza de Hux. – Pero eso habría sido faltar a mi palabra, ¿verdad? – Phasma abriría la puerta de un momento a otro. – Dime una sola vez que no haya cumplido con lo prometido, Hux. – Ni siquiera le dio tiempo a que se lo pensara. – Tus ansias de poder te han hecho cometer un error, Hux, el primero en todo el tiempo que te he conocido.

Y la puerta se abrió. Ni llamada, ni toques, ni petición de permiso. Era Phasma. Venía de parte del mismo Snoke y no tenía por qué respetar ninguna regla. Ambos se giraron a mirar a aquella mujer, epítome de la disciplina militar, una amazona galáctica imperturbable. Pero ella sólo le dirigía la mirada a Kylo.

-El Líder Supremo reclama su presencia. – Kylo asintió y se dirigió a la puerta con la misma entereza con la que siempre se obligaba a mostrar. – También debe venir la chica, Rey. – Y eso le heló la sangre de todo el cuerpo, sintiendo cómo el miedo le resquebrajaba la médula y se expandía como el silencio. Se giró hacia a Hux, con la mirada vacía. Luego, alzó la mirada hacia la mujer.

- No, a ella no la quiere para nada. Ella no ha hecho nada.

-Son órdenes, señor. – Dijo sin más explicaciones. Kylo volvió a girarse hacia Hux, y le dio exactamente igual que aquello lo escuchara el ojo derecho de Snoke.

-No tienes ni idea de lo que has hecho. – Sólo le vio bajar la mirada antes de cerrar la puerta tras él y se dirigía a las escaleras.

-La chica… - Le recordó Phasma.

-No está aquí. – Le gruñó, saboreando la mezcla ácida del miedo, la culpa y el desprecio cubriendo sus entrañas, y sintiendo el corazón en un puño mientras arrancaba la moto y veía el suburban gris por el retrovisor, siguiéndole muy de cerca, sin margen. Y lo peor fue llegar a su casa mucho antes de lo que habría esperado, con el anochecer cerniéndose sobre el ladrillo rojo de sus muros.

Al alzar la mirada hacia sus ventanas, deseó que se le cayera el edificio encima. Aquello no era justo para ella. Rey había sido su refugio, su lugar seguro, su casa. Y él iba a pagárselo así. Iba a verle arrodillado ante Snoke. Iba a hacerle daño, lo sabía, y él tendría que quedarse mirando. Era capaz de aturdirle y dejarle en el suelo sufriendo espasmos mientras exhibía su sadismo en ella. No miró a Phasma, estacionando tras él. Sólo abrió la puerta del portal, se forzó a dar un paso tras otro subiendo las escaleras y metió la llave en la cerradura, sintiendo que condenaba a…

Alzó la mirada al techo mientras entraba en su casa, apoyándose en la pared y, aun así, sintiendo que se derrumbaba, que se caía, que todo se despedazaba y él sólo se precipitaba al vacío. Era la puta misma historia de siempre. La gente que se acercaba a él siendo terriblemente amputada de él. Siendo la causa, una y otra vez, de sus desgracias.

La puta misma historia y esta noche, con suerte la última. Porque acaba de condenar al amor de su vida. Acaba de caer en la cuenta de ello y sólo quería aguantar el aire tanto y tan fuerte que todo terminara en ese momento. Rey, su niña, la mujer a la que había dado su corazón sin darse cuenta. Y ahora ella tendría que responder por ello sin tener culpa de nada. Él la había arrastrado a este pozo e iba a hundirse con él, sin que pudiera hacer nada por salvarla. No podía hacer nada. Ni siquiera asegurar que todo el daño lo recibiría él, y que lo recibiría gustoso si ella quedaba libre.

Fue a la habitación, esperando encontrarla, y desubicado al descubrir la habitación vacía, la cama deshecha y fría, la camiseta que ella misma había cogido para estar ahí con él, sobre las sábanas. Se dirigió a la habitación de las películas, con el corazón desbocado porque estuviera allí y a la vez no. Se preocuparía después por ella pero lo mejor que podía suceder ahora mismo es que le hubiera abandonado. Simplemente, tendría aguantar las burlas de Snoke. Pero al menos ella estaría a salvo. Sana y salva en algún lugar muy lejos de él, donde su mundo no podía hacerle nunca daño.

Y cuando ese pensamiento empezaba a cobrar forma en su mente, escuchó unos golpes trémulos en la puerta y se le cayó el corazón al suelo. Cerró los ojos mientras se hacía una idea siquiera para atravesar el pasillo, que ahora parecía un patíbulo, y se disponía a abrirle la puerta a la única persona en toda la galaxia que debía estar huyendo en dirección contraria.

-¿Sabes? – Le dijo sin alzar la mirada hasta él, rebuscando algo en una mochila casi más grande que ella. – Creo que el siguiente paso después de conocer tu palabra de seguridad y que yo me haya traído medio armario a tu casa es que me des una llave de t… - Y Kylo tiró de ella hasta meterla en casa, deteniendo su verborrea de golpe, quitándole la mochila y metiéndola de lleno entre sus brazos. Queriendo meterla entre sus costillas, allí donde "corazón" es el aumentativo de "coraza" y podría protegerla siempre. Sintió su confusión, y sus manos acariciando su espalda. - ¿Te has preocupado por mi? Te habría mandado un mensaje pero me quedé sin batería y… - Kylo sólo la estrechó aun más fuerte en sus brazos y hundió la cara en su hombro. - ¿Kylo? – Rey coló las manos debajo de su camiseta, reclamándole. - ¿Vas a decirme qué ocurre?

Kylo se quedó quieto un momento, tratando de grabar para siempre y a fuego todo cuanto pudiera recordar de ella. Su forma contra su cuerpo, su calor, sus manos acariciando su piel, su olor. La manera en la que sonaba su voz cuando hablaba contra su pecho. Y luego se irguió sobre ella y todo en su cara le decía lo mismo de siempre, su expectación, sus preguntas silenciosas, su curiosidad, sus pecas, sus labios entreabiertos. Eran sus enormes ojos los que tenían una disonancia.

-¿Has estado llorando? – El verde de sus ojos eran aún más fuerte y ella bajó la mirada, como avergonzada. Phasma esperaba abajo y bien podía hacerlo un poco más o subir a buscarle. Su prioridad era Rey.

-Yo te he preguntado primero. – Se atrevió a echarle en cara, siguiendo aquella dinámica que había marcado su relación desde el primer día. Su niña y sus agallas, alzando la mirada hacia él.

-Dime qué ha sido. Por qué. – Y debió ver algo en él que simplemente no era como siempre.

-Me he dado cuenta de que tengo algunas cosas que pensar en cuanto a nosotros. – Kylo tragó saliva, paralizado en todos los sentidos. Porque si no se le viniera encima el problema que suponía Snoke llamándoles a ambos, sabía que se habría sentido aterrorizado por cómo sonaba eso en sus labios. Y ahora simplemente no sabía qué hacer. Ni qué pensar. Ni qué sentir. – Pero es algo que sé que puedo hacer aquí contigo, igualmente. – Señaló con el pulgar tras ella hacia la mochila que le había hecho soltar. – Por eso, he ido al apartamento a por más ropa. Porque me gusta estar contigo, dormir, ducharme, comer, hablar y ver películas contigo. Y sé que todo eso lo puedo hacer desnuda o con tus camisetas pero he visto cajones vacíos que pueden llenarse con mi ropa y puedo ignorar hasta que la necesite. – Y le sonrió, con esa tranquilidad y esa calma con la que pasaba los dedos por su pelo cuando hablaban. - ¿Me vas a decir ahora qué ocurre y por qué hay una mujer con pinta de militar en la puerta de la calle? ¿Negocios de última hora?

Kylo tomó aire con fuerza, mordiéndose el labio y bajando la mirada, sin poder aguantarle el contacto. No sabía qué decirle, no sabía qué hacer, por cuál de todos los sentimientos que sentía decantarse y estallar en él, en uno solo, no en treinta a la vez. Volvió a tragar saliva, apartándole un mechón de pelo. Atrayendo a Rey hacia él. Y entonces se decantó por uno. Besó la cabecita de ella y tomó distancia para poder observarla. Aquella chaqueta que traía puesta conseguiría protegerla del frío viaje en moto hasta aquella hacienda.

-Espérame aquí, niña…- Y se marchó pasillo arriba hasta la habitación donde guardaba las películas.

Rey le miraba con una sensación angustiosa, con un mal presentimiento que le activaba a cada segundo una alarma interna más, sumándose a las que ya pitaban y sonaban descontroladas desde hacía horas, algunas, otras días… Y otras, en fin.

Le vio regresar, recolocándose mejor la camiseta y le dedicó una sonrisa que a Rey le supo a amargura.

-Nos vamos, nena.