Capítulo 22. Clímax.

La noche conseguía mecerla casi tanto como aquel viento que le apartaba un poco la angustia. Pero podía sentir la de él, creciente como la luna que les acompañaba. Kylo iba delante del vehículo de aquella mujer, Phasma, y no temía en acelerar, en saltarse algún que otro semáforo para dejarla atrás. Rey pensó que quizá sentía algún tipo de satisfacción en ello, en tener esa libertad que le daba la moto y la carretera… Quizá fuera fanático de aquel film que él tenía colocado en la sección "road movies", Mara Max. Otra película que Rey tenía el gusto de conocer pero jamás el de verla… Hasta ahora.

Kylo, sencillamente, intentaba no pensar en las siguientes horas. Volvían a presentársele dos opciones: O salir airoso o salir escocido. Jodidamente escocido. Pero nada importaría, al fin llegaría el descanso eterno. Y si les mataban juntos quizá la Fuerza les concedería pasar la eternidad viéndose desde planos distintos. Suspiró.

No quería pensar en nada más allá de las siguientes horas. Tampoco podía. A diferencia de otras ocasiones, donde podía hacer un plan, ver todos los caminos posibles como en aquella película de Nicholas Cliegg, donde podía ver todas las realidades posibles y escoger una… Ojalá la Fuerza le hubiera dotado con algo así. Pero no.

Todo era distinto aquella noche para él, el viaje lo fue. La carretera se le hacía densa y ojalá se quedara atrapado en un bucle temporal, como en aquella película… Ojalá su vida fuera una, ojalá poder retroceder a los momentos buenos de la cinta y repetirlos en bucle. Pero su vida no lo era, su vida era de todo menos algo bueno hasta que llegó ella. Y ahora su peor temor había llegado. Sentía un odio irrefrenable hacia Hux pero no podía culparle, la pata la había metido él el mismo día que le preguntó a la chica hasta dónde estaba dispuesta a llegar. No era a ella a quien le tendría que haber hecho esa pregunta, sino a sí mismo. Porque quizá hubiera visto ese final, se hubiera anticipado, hubiera cortado por lo sano, haber dejado que Rey siguiera su vida, sin frenarse de golpe como posiblemente sucediera dentro de unos minutos… minutos… Empezó a divisar la hacienda de Snoke a lo lejos y por poco deja sin gas a la moto.

Aceleró, intentando que el momento pasara tan rápido como iba él. Pero no tendría esa suerte, como no la tenía jamás.

Rey se aferró a él ante aquel acelerón, enroscando sus brazos en su cadera, apresándole y entonces notó algo. Notó un bulto extraño en la parte trasera de su pantalón. Aquello era ¿Un bláster corto? Imposible… Y estaba dispuesta a palparlo por encima hasta que el viaje terminó cuando entraron en aquella casa. Rey se pasmó viendo aquella entrada de rejas oxidadas y descuidadas, cubiertas por las hiedras invasoras que escalaban por los barrotes sin miramiento. Y frente a ella se alzó una enorme casa que parecía ser el fantasma perturbado de un recuerdo alegre.

Kylo aparcó la moto mientras Phasma metía su coche en una plaza especial, resguardada. Rey no perdía detalle hasta que Kylo le quitó el casco, llamando su atención. Y Rey pudo ver de nuevo ese rostro serio, triste, temeroso… Alzó una mano hasta posarla en su mejilla, llamando su atención con suavidad.

-¿Qué pasa?- Insistió por trigésima vez. Pero al no recibir respuesta decidió optar por una pregunta nueva y más sencilla.- ¿Dónde estamos?- Kylo se relamió mientras Rey le acariciaba.

-Estamos en la… Hacienda de Snoke.- Respondió y Rey se congeló pero Kylo volvió a ponerle los pies en la tierra, tanto literal como metafóricamente, cuando bajó a la chica de la moto.- Lo siento, nena… Ha pasado todo muy rápido.- Habló, entrecortado.

-No… No lo entiendo.- Llegó a decir casi en un susurro.- ¿Qué hacemos aquí?- Susurró, acercándose pero el carraspeo de Phasma le hizo separarse de él, virando hacia aquella mujer que imponía demasiado, transmitía demasiado y aterrorizaba demasiado.

Kylo posó la mano en el centro de su espalda, guiándola mientras Rey se tragaba sus preguntas y avanzaba junto a él.

Varios gamorreanos custodiaban la puerta, uno de ellos les abrió paso al interior y avanzaron, recorriendo los pasillos, las salas, subiendo escaleras y llegando hasta aquella habitación, pasando por el inmenso pasillo que a Kylo se le atravesaba en el pecho. Sólo lo recordaba como un preludio a algo malo y, en efecto, siempre lo fue, aquel pasillo era su filtro de horror, su escenario macabro… Y otro gamorreano, que custodiaba la puerta, les dejó pasar mientras Phasma se rezagaba. Y Kylo entró primero.

La sala era grande, marrón, con toques rojizos. Decorada de una forma casi tan rancia como el hombre –o el esperpento- que estaba allí sentado, con una bata dorada. Su aspecto era horrible y Rey enmudeció ante tanta maldad, sintiéndola a través de la Fuerza si es que aquello era posible. Pero lo sentía. Y volvió a contraerse mientras avanzaba.

Snoke tenía una guardia personal en aquella habitación, guardianes vestidos con armaduras rojizas, armados con katanas electrificadas. Aquel miserable parecía tener algún tipo de filia con la electricidad… Y a Rey le encantaría atestarle una buena descarga con una taser. Vaya que sí lo haría…

-Aquí está… La pareja feliz.- Rió el hombre, haciendo un gesto con los brazos. Kylo se detuvo frente a él, con Rey a un lado, y se arrodilló frente a él. Dejando a la chica desubicada pero manteniendo el porte, erguida, esperanzada de que Kylo le siguiera ejemplo. Tenía tantas ganas de decirle que no era inofensiva, que sabía luchar, que ambos podían contra él… Pero no era el momento. Se le había acabado el tiempo.- Quizá pienses, Ren, que te he llamado para darte mi bendición.- Rió con crueldad mientras Kylo agachaba la cabeza. Rey le miraba de reojo, encontrando a otro Kylo. Uno distinto, completamente distinto a todos los Kylos que había visto en él.- Pero… La realidad es otra.- Y viró los ojos hacia Rey, deteniéndose un momento, tomándolo con gusto para poder recrearse en ella, en cada detalle. Viendo real todo aquello que Hux le había contado.

Pero Rey no flaqueaba, no le apartaba la mirada ni un segundo. Si ese esperpento creía que iba a poder achantarla lo llevaba claro. Reforzó su mirada, devolviéndole un gesto de desagrado a Snoke, quien estaba empezando a dejar de sonreír. Y entonces algo cambió en su mirada cuando la bajó a sus brazos, a aquellas vendas. Y cuando sus ojos volvieron a cruzarse Rey destensó su rabia al ver aquella expresión, como si viera un fantasma del pasado. Una aparición. Un recuerdo. Había visto eso antes. Hux le había hablado de las verdades a medias, que cuadraban si se investigaba pero no llevaban a nada. Y luego estaban esas vendas. Reconocía ese modus operandi.

Los ojos de Snoke se movieron hacia Kylo, quién seguía gacho, sumiso, esperando.

-¿Qué es lo que ha hecho para ganarse tu corazón, Kylo?- Él interpelado cerró los ojos con dolor, avergonzado, humillado. Y Rey sentía que el corazón le daba un vuelco allí mismo, que se saltaba un latido, que se le paraba y que a la vez le taladraba con fuerza el esternón.- ¿Te ha dicho que le encanta "Welcome To The Hutthouse" o alguna de esas películas de mierda que tanto te gustan?- Kylo le respondió con silencio y Snoke chistó.- Patético. Justo como tu padre.

-No he visto esa película, señor.- Respondió ella, haciendo que Kylo virara los ojos hacia ella.

-Oh, por supuesto que no la has visto.- Habló él, y Rey achicó un ojo.- Claro que no la has visto, pequeña.

-Me llamo Rey.

-Seguro que sí…- Habló, esta vez con sarcasmo. Y a Rey se le empezó a acelerar el corazón ¿Qué pasaba? ¿Qué estaba pasando? ¿A qué venía eso?- Dime una cosa, Kylo ¿Por qué narices crees que una chica iba a pegarse a ti tanto como ha hecho ella?- Él contuvo el aire y Rey le miró de reojo.- ¿De verdad te crees tan… Especial? –Kylo apretó la mandíbula, jugando a desencajarla mientras Snoke seguía.- ¿De verdad te crees que tienes algo para que una chica como ella olvide todas las leyendas urbanas que cuentan de ti?- Snoke rió nasalmente.- Te creía más inteligente… Pero creo que es culpa mía, quizá te haya achicharrado un poco la cabeza.

-Eso es inhumano y cruel.- Reprochó Rey, llamándole la atención de nuevo.- Y despreciable.- Pero Snoke no se achantó. Sólo volvió a reír.

-¿Cruel? ¿Yo?- Rey volvía a sentir que ese hombre estaba echándose un farol, porque no podía ser. No habían coincidido, había cuidado mucho su identidad, su historia. Había sido cautelosa de no hablar en voz alta aunque su instinto y sus costumbres se lo pidieran…- ¿Estás segura de que he sido yo el cruel aquí?- Rey apretó la mandíbula y Snoke rodó los ojos, cansado.- Kylo ¿Por qué crees que una chica como ella se acercaría a ti?

Aquello era rastrero, horrible… Pero Kylo también lo pensaba. Era la pieza del puzzle que no lograba encajar en ninguna parte. Y odiaba que Snoke también lo viera tan evidente. Y quería profundizar, encontrar algún motivo para responderle pero no daba con él.

-¿Quieres que te lo diga… O quieres que te lo enseñe?- Habló, haciendo un gesto a dos de sus hombres, quienes se acercaron a por la chica, sujetándola por ambos brazos y acercándola a Snoke mientras Kylo se hiperventilaba, queriendo gritar, actuar… Pero algo le decía que aguardara.

Rey forcejeó a duras penas contra la guardia pero resultó inútil, estaba aterrorizada ante una idea recurrente que le bloqueaba la acción ¿Acaso era posible que Snoke… supiera quién era ella? Sus ojos cansados viajaron por las vendas de la chica, soltando una risotada antes de enfrentar aquella mirada salvaje y ruda que Rey le ofrecía. Y chasqueó la lengua antes de hurgar en su bolsillo, sacando una pieza de metal… Un imán.

Y Rey tembló.

-Dime una cosa, Kylo…- El mencionado alzó la cabeza.- ¿Alguna vez se ha quitado las vendas contigo?- Kylo tragó saliva y desvió la mirada durante un segundo hacia Rey antes de reconducirla.- ¿No, verdad?- Kylo sentía que se le atoraba el aire en el pecho cuando vio aquella huesuda mano acercarse a las muñecas de su niña.- ¿Quieres saber por qué?- No estaba seguro de saber responder correctamente a aquella frase.- Lleva micrófonos escondidos, Kylo.- Y a él se le vino el mundo encima. No, mentira, era todo mentira… Quería pensar que era todo mentira pero Snoke no le daba tregua.-Mira. Observa…- Habló, mostrándole el imán.- ¿Apostamos algo a que se engancha en sus muñecas?- Kylo empezó a negar con suavidad la cabeza, observando a Snoke y a Rey, intermitentemente.

Y los ojos de ella se tornaron llorosos, como si hubieran pasado un filtro por ellos. Una lágrima escapó mientras sentía el ardor de la vergüenza, del horror, de lo terrible y lo dañino azotarla al verle así. Y Snoke acercó el imán hasta su muñeca y lo soltó.

Aquella pieza subió hasta engancharse por encima de sus vendas. Y Kylo no pudo aguantarlo más.

Rápidamente se levantó, sacando un cuchillo de la parte trasera de su cinturón. Un puñal, uno que había robado, al igual que tantas cosas, de los objetos privados de Snoke. Uno que aquel hijo de puta reconocería. Y se lo lanzó a ese bastardo, incrustándole aquel cuchillo en toda la cabeza. Sin darle pie a reaccionar, sin darle paso a procesarlo. Sin darle pie a nada.

Y entonces la guardia se aglomeró, encerrándoles en un círculo.

Rey vio vía libre. Todo se había ido a la mierda en tan poco que ya vio ridículo seguir aguantando el circo. Dio un codazo, aprovechando el momento de desconcierto del guardia, para hacer que se quedara indefenso y poder arrebatarle la katana. No era experta en ese tipo de armas pero pensó en utilizarla como una especie de puñal o cuchillo. Con cuatro estocadas desarmó al otro guardia, propinándole una patada en la espinilla que le hizo desplomarse. Rey le atestó un golpe en la cabeza con el mango y, antes de enfrentarse a los otros dos que se acercaban a ella, vio que éste llevaba un arma más apropiada. Aquello sí era un puñal y se lo arrebató del cinto, lanzándose a sus dos oponentes, esquivando golpes y utilizando sus piernas, propinando patadas, para intentar tumbarles contra el suelo o desequilibrarles.

Kylo tampoco tardó demasiado en hacerse con el arma de un guardia, pero no la usaba con su propia mano, sino que se escudaba detrás de un pretoriano que había conseguido inmovilizar. Un fallo propio de Snoke era la estética y es que a veces no pensaba en lo contraproducente que eran aquellas armaduras.

Paró un golpe con la espada, otro con el hombro del guardia y uno más con la cabeza de éste. Luego lanzó su cuerpo sobre sus dos oponentes, reteniéndolos durante un segundo. De milagro esquivó un espadazo diestro, directo a sus tripas. Otro más, uno más y Kylo sujetó el arma, usándola en contra del propio guardia antes de atestarle una fuerte patada en el pecho que le precipitaría contra la mesa, fracturándose el cuello.

Y sintió una punzada en un costado. Un corte superficial pero eléctrico, aunque no demasiado. Estaba acostumbrado a algo más. Se giró, furioso, y usó el arma del anterior guardia contra ese que estaba atacándole, al que no tardó en unirse su otro compañero.

Kylo usaba sus codos, su cabeza, hasta incluso sus rodillas y puños contra aquellos defensores de lo absurdo. Vengar a Snoke no iba a traerle de vuelta pero parecía que ninguno de los guardias había caído en ello.

Rey atestó una patada que desarmó la coraza de uno de los guardias y vio oportuno lanzarse contra el suelo, arrastrando las rodillas, y rebanándole los tendones del tobillo, haciendo que se desplomara de espaldas a ella. Y luego una patada ágil, aprovechando el impulso para levantarse, noqueó a ese enemigo. Y se le acercaba otro, el último… Con dos guadañas. Y Rey se lanzó contra él, cuanta menos distancia, mejor lo tenía para pelear. Solo que no contó con que fuera apresada. Pero entonces golpeó con su nuca el casco de protección de aquel guardia, atontándole. Dándole pie a zafarse del agarre antes de propinarle otro golpe que le lanzó contra el suelo. Por la forma en la que crujió bajo la armadura, Rey sabía que se había roto una pierna y es que era contraproducente llevar aquello tan pesado con unas armas tan enanas para defenderse.

Se dio la vuelta, observando a Kylo de espaldas batallando contra un guardia que se le resistía. Y fue a auxiliarle hasta que le vio cargar contra él, consiguiendo que el peso del casco le reventara el cuello. Y Rey empezó a andar, directa hacia él, directa a abrazarle, a sujetarle la cara y apartarle el pelo, a decirle que ya había pasado todo. Pero una mirada suya y se detuvo en seco. La lucha le había hecho olvidar que había engañado a Kylo. Y ahora la miraba… Si esos ojos hablaran, Rey podría haber visto las balas girar de vuelta al fusil. Ni siquiera sabía si ese puñal iba dirigido hacia ella y había terminado en Snoke por pura casualidad, porque habían estado realmente cerca. Y ni siquiera importaba. Hubiera recibido ese puñal con gusto.

Nunca, en toda su vida había visto tanto dolor en unos ojos tan negros. Y sintió que se rompía en mil pedazos ante él, sin remisión. Le había mentido, le había usado. Había jugado con él de las formas más crueles. No una vez, ni dos. Sino día tras día. Había hecho que poco a poco diera de lado su vida por ella cuando ella era todo mentira. Porque daba igual. Una verdad contada a medias seguía siendo mentira. Ella, ella era única culpable de ese dolor. Lo sentía en su propia piel como si estuviera unida a su vida por un hilo de saliva.

-Kylo… -Empezó, sintiendo ese nudo de lágrimas en la garganta. Y ni siquiera sabía cómo empezar, por dónde ni qué hacer. – Por favor, yo… - Calló al instante, al verle alzar la mano, como pidiendo tiempo, como pidiendo piedad. Algo que no había hecho jamás en presencia de su torturador aunque eso hubiera rebajado su castigo por pura humillación. Y le pedía piedad a ella. A ella. Casi pudo oír la grieta en su pecho.

Snoke había tenido toda la razón. Ella había sido más cruel de lo que él lo habría sido nunca. Ella le había hecho más daño a Kylo de lo que nadie nunca le haría jamás. Había usado sus traumas y sus secretos, como lo eran sus cicatrices, para cubrirse. Había hecho que confiara en ella ciegamente cuando ella era una farsa, tal y como había dicho Luke. Y Rey ni siquiera había visto el momento de parar.

Porque si hubiera sido honesta consigo misma, hubiera abandonado la misión el mismo día que la pilló en su despacho, en lugar de seguir adelante. Debería haber aceptado su derrota y no ser tan cabezona y liarlo todo. Pero no, se había creído tan lista… Y si, al menos, hubiera dedicado un solo minuto a pensar en cómo estaba afectándola todo, en cómo Kylo se implicaba con ella, en cómo las cosas cambiaban… Y sin embargo, había seguido adelante. Avariciosa, egoísta y cruel, no había querido perder nada y ahora lo veía detonar ante sus ojos sin poder desaparecer con lo mejor de su vida.

Hipó al caer en ello, y los ojos se le anegaron en lágrimas. Lo mejor de su vida estaba desmoronándose en mil pedazos ante ella, por su culpa.

-Dime que no es verdad. – Le escuchó decir con la voz llorosa, una agonía que le nacía del pecho y se anclaba a sus costillas como una zarza de alambre de espino. Rey sorbió sus lágrimas al mismo tiempo que se le desbordaban y no podía dejar de apartarlas porque le impedían verle. Y necesitaba verle. Y merecía que su imagen más dolida fuera la que siempre la mirase desde el recuerdo. Que mil años de penitencia por hacerle tanto daño le parecieran pocos.

-No todo lo que ha pasado entre nosotros ha sido mentira, Kylo. –Y ¿cómo va a creerse ni una sola palabra de lo que dijera? – Quiero quedarme contigo y no verte más que a ti. Quiero que me abraces tan fuerte que ni aunque me llamaran mis padres deseara separarme de ti… - Le vio sacudir la cabeza con vehemencia, como si estuviera siendo envenenado.

-¡Me importa una soberana mierda lo que quieras ahora mismo, Rey! – Le vio avanzar a zancadas a ella y Rey solo podía quedarse ahí.

- ¡Ben! - Alzó la mirada hacia él y le vio frenar en seco. Paralizado. Y ella se dio cuenta al instante de su error. Le había llamado por su nombre, que no era sólo un nombre, pretendiendo que se detuviera a escucharla cuando ni ella misma sabía qué decirle pero dispuesta a decírselo todo. Y sin embargo, le había traicionado por segunda vez en la misma hora.

Había mentado la palabra de seguridad. Como si le tuviera miedo. Y se quedó ahí quieto, sin hacer nada. Mirándola sin ninguna expresión. Rompiéndola en pedazos tan pequeñitos que nunca, jamás iba a volver a ser nada de lo que le hacía ser ella si él no la abrazaba en ese mismo momento.

Y Kylo sólo puede mirarla, ver cómo se resquebraja ante él como si fuera un espejo de sí mismo y aun así no saber si era verdad. Peor aún. Sin saber si era por él o porque su misión se iba al traste. Haciéndole preguntarse si había algo en él digno de amar, digno de ser salvado.

Es la clase de pregunta que uno se hace en la más absoluta soledad.

Pero es que si había habido algo así en él, se lo había entregado a ella. Y sólo podía verlo todo roto y despedazado a sus pies. Tanto como sentía que la angustia que le llenaba el pecho empezaba a combar las paredes hasta dejarle un vacío dentro en el que solo había ruido blanco. Sintiéndose más insignificante que nunca, devoto y aplastado, humillado.

Como si el dolor que había vivido toda su vida no hubiera sido suficiente para ese, más agudo, más letal. Como si el dolor solo existiera una vez te rompen en dos el corazón, el alma y la vida. Un dolor flotante que se proyecta de la nunca a los costados.

Había vivido cada día como si le despertaran cada mañana con el clic de una pistola y al final… Al final, la bala era esto.

Cuando crees que has encontrado el alivio, el infierno da un paso.

Se dio la vuelta sobre sus talones, dando un paso tras otro, sin mirar atrás y sin saber cómo lo estaba haciendo, cómo se mantenía en pie cuando le había quitado el equilibrio, el sentido y el juicio en el mismo segundo. Pudo escuchar en un segundo plano la voz de Rey, reclamándole de vuelta. Pero todos sus sentidos desaparecieron en ese mismo instante. Miraba pero no veía nada. Oía pero no escuchaba nada. Sabía que podía palpar las cosas a sus alrededor con sus manos, pero no sentía. Sabía que respiraba, ese estaba siendo el problema, pero no olía ni la sangre, como tampoco la saboreaba en su boca aunque sabía que estaba ahí.

Rey estuvo a punto de caerse de rodillas cuando le vio darle la espalda. Ni siquiera se giró cuando le llamó, cuando le decía que no se fuera. Que, por favor, no se fuera. Siguió sus pasos y vio cómo le había dejado el camino libre. Las cámaras apagadas y una decena de guardias noqueados en el sitio. Le había destrozado la vida y aun así procuraba su seguridad. Y eso sólo era una losa más sobre su pecho. Y cuando salió al exterior, no había ni rastro de aquella mujer rubia. Sin embargo, Kylo se apoyaba sobre su moto como si ese fuera el único punto que permanecía fijo en su vida. Se acercó a él, queriendo tocarle y, por el contrario, entrelazando sus dedos a la espalda.

-Hux está al caer. – Le informó con la voz neutra. – Te sugiero que cojas ese camino – Lo señaló, en una perpendicular con el camino que habían tomado para llegar y por el que, sin duda, vendría el pelirrojo. – Y desaparezcas. – Rey cerró los ojos ante eso último pero tampoco esperaba ningún perdón. Asintió a su espalda, sabiendo que no la veía ni querría y echó a andar.

Y anduvo. Primero lento, hasta que encontró el camino que le había marcado. Luego, empezó a acelerarse. Y luego corrió hasta que le quemaron los pulmones y las piernas. Y aun así siguió corriendo hasta que cayó al suelo, sin poder respirar, sin poder dar un paso más, con la cara llena de lágrimas y arañazos. No podía ver nada. No podía hacer que sus pulmones se llenaran de aire y luego lo expulsaran y no podía, no podía sentir otra cosa que su corazón estirándose para llegar a Kylo, estirándose como una goma hasta el límite y viendo cómo esa goma se rompía y le daba tal latigazo en el pecho que la dejó tiritando. Y gritando a la nada, al vacío. Llorando. Echándose las manos a la cara y llevando las rodillas al pecho, como si así pudiera mantener unidos los pedazos que se le caían.

No sabía decir adiós con la misma mano que le acarició el alma.

Kylo actuó como si fuera un droide autómata y paseó por los pasillos de aquella casa, regresando a la sala de los hechos no sin antes pasar por aquella habitación que Snoke tenía para controlar y registrar cada maldito movimiento en esa hacienda. La sala de vigilancia. Y lo cogió todo. Lo archivó todo en un disco duro que se guardó como oro en paño. Después borró cada prueba, cada grabación que albergaban aquellos monitores antes de desconectar las cámaras, jalando los cables de los enchufes. Y diría que todo había sido cosa de ella… Ella.

Anduvo a trompicones por los pasillos, sujetándose la nueva herida en su costado, que apenas le escocía pese a encontrarse en un punto tan delicado. No sentía nada. Absolutamente nada. Y sabía que seguía con vida porque veía su pecho hincharse y deshincharse con cada respiración.

Surcó el pasillo, aquel condenado pasillo, y llegó a esa maldita sala que tantos horrores le había provocado, era como si ese bastardo lo hubiera hecho a propósito, precisamente aquella habitación fue donde… Pasó todo. Y pasaba todo.

Se tomó un momento, observando el panorama que se le presentaba, reviviendo en su cabeza sin fuerzas para poder detenerlo la conversación, esa maldita conversación. Y empezó a dirigirse hacia el ventanal sin ser consciente del todo, deteniéndose frente a la cristalera, observando los coches acercarse y, como si empezara a reconectar con la realidad, las piernas le temblaron hasta dejarle en el suelo, arrodillado. Roto. Más de lo que estaba.

Rey había jugado con él de la forma más cruel posible. Terriblemente cruel… Y se atrevió a pensar que aquello, que descubrir todo, había sido peor que los veinte años bajo el yugo de ese sádico pellejudo.

Inconscientemente, empezó a rememorar momentos con ella, recordando cada encuentro mientras sentía una bola de metal descender por su garganta. Quizá era su orgullo, quizá era la poca dignidad que le quedaba… Quizá eran sus palabras de consuelo hacia la chica. Quizá era todo junto, masificado, soldado. Y su mente viajó a preguntas que sólo le destrozaban más ¿Rey grabaría todo, cada segundo del día con aquellos chips? ¿O cortaría durante los encuentros que ambos tuvieron? Algo le decía que no… Y se encogió en el suelo, sollozando pero forzándose a controlarlo. Y otro azote más propinado por su propia cabeza le terminó de romper por dentro.

¿Acaso se mofaría de él y de sus peculiaridades en la cama? ¿Acaso se mofaría de él y cada palabra bonita que le dedicaba?

Semanas atrás había buscado desesperadamente conocer a esa chica. Y justo cuando pensaba que lo estaba consiguiendo… Descubrió que la realidad era otra. Que aquella chica era otra. Que Rey no era Rey. Era una mentira.

¿Le gustaría el cine, acaso? ¿Le gustarían las películas que él le había puesto o era todo fingido? No sabía qué era real y qué era una farsa… Así que pensar que todo era falso le alivió de una forma amarga.

Cerró los ojos con fuerza, sintiéndose gilipollas. Y se golpeó la cabeza dos veces contra el suelo, sin que rebotara, manteniéndola contra las baldosas. Y esperó, escuchando el retumbe de las pisadas, podía verles correr por toda la casa, de un lado a otro con frenesí. Y entonces Hux abrió la puerta de la habitación donde se encontraba.

Sabía que era Hux, aunque se encontrara de espaldas a él notaba su presencia, reconocía su ritmo propio, los sonidos que hacía, la percusión de sus zapatos. Porque si algo hacía Kylo era memorizar esas cosas, era tener oído para ese tipo de gilipolleces.

Le escuchó aspirar aire y le imaginó recorrerse toda la habitación con los ojos hasta que, de golpe, aquellos cristales azulados dieron con su figura negra, en el suelo. Hux dio unas rápidas indicaciones antes de correr a auxiliarle, acercándose a él, zarandeándole y, de alguna manera, sorprendiéndose de encontrarle así, allí. Pero antes de que Hux hablara, Kylo se pronunció.

-Tenías razón, Hux…- El pelirrojo parpadeó y él se reincorporó a duras penas, sintiendo la cara mojada por un líquido que resbalaba hasta su barbilla. Por la mueca de desagrado que le dedicó el pelirrojo, intuyó que se habría vuelto a abrir la herida.- No tenía la cabeza donde debía tenerla…

-¿Qué ha pasado?- Preguntó con una rabia que esperaba compartir con Kylo contra esa chica. Viró los ojos hacia el sillón de Snoke, encontrándole con aquel puñal clavado en su frente.- ¿Le has matado?- Kylo se mantuvo en silencio y Hux apoyó la mano en su hombro.- ¿Dónde está la chica?- Pero Kylo seguía bloqueado y Hux se apiadó de él. Como siempre sucedía cada vez que Kylo resbalaba y pagaba las consecuencias de aquella manera. Sólo que, esta vez, parecía más devastado. Por la charla que tuvo con Snoke, cuando mencionó por error a la chica, empezó a intuir qué era lo que había sucedido. Y habló.- ¿Así que es cierto?- Kylo parpadeó suavemente, intentando regresar a la tierra sin conseguirlo con demasiado éxito.- ¿Esa chica era, a fin de cuentas, padawan de Obi-Wan?- Y el moreno viró la cabeza hacia él. Pero no se pronunció, le miró con neutralidad, todo él en ese momento era neutralidad. Hux suspiró.- Cuando le hablé de Rey, Snoke empezó a preguntarme cosas de las que yo sólo sabía una parte.- Kylo desvió los ojos.- Sí, de Jakku, pero no especificó una zona. Ni dio nombres de cines, ni nada… Nos confiamos demasiado en su aspecto, fue un fallo por nuestra parte.- Habló, pinzándose el entrecejo.- Verdades a medias, una forma peligrosa de jugar a la infiltración. Y luego el tema de la mecánica, el dominio de otras lenguas a parte del básico galáctico… Y las vendas en los brazos.- Kylo suspiró. Todo aquello que recordaba hacía unos minutos atrás como cosas alegres ahora le escocían como la sal en las heridas.- Snoke reconoció ese patrón de trabajo.- El pelirrojo se levantó, observando al cadáver del interpelado.- Obi-Wan Kenobi, agente de infiltración de la JEDI.- Que Hux pronunciara aquello le sentó a Kylo como un puñal clavándose en el pecho.- Hay que ir a por ella… O todo esto se irá al garete.

Kylo se levantó y Hux no dudó en echarle una mano para facilitarle la tarea, quedando ambos de pie en el centro de la sala. El pelirrojo estaba levemente preocupado por el estado mental de Kylo, eran demasiados golpes y estaba seguro de que estaba sufriendo una conmoción. Le vio acercarse al sillón, donde aquel pellejo seguía enganchado por el puñal. Kylo tiró hasta que consiguió sacarlo de su cráneo, haciendo que Snoke se desplomara contra el suelo, dejando caer aquel condenado mando que tanto había estado torturándole.

Se agachó a recogerlo y se tomó un momento para observarlo, para sentir esa sensación de alarma, sus nervios pinzándose al no saber si una descarga inoportuna iba a tirarle el café encima, o despertarle o sencillamente asustarle. Ya no estaba ese peligro, había desaparecido y junto a él, todas las voces de su cabeza. Todo el terror, toda la tensión, toda la ansiedad, todo. Se había librado de su infierno de la peor manera posible y empezaba a agobiarse al ver que una parte de él prefería seguir viviéndolo si aquello le mantenía en el limbo idílico que habían creado las mentiras de Rey.

Observó el aparato con suma atención y divisó dos pequeños paneles: Uno que le controlaba a él y otro que desactivaba el grillete de Luke.

Luke…

Le había omitido por completo. Tanto que ya no sabía si sus correos de "necesito revisarte ese trasto" los escribía o los tenía programados porque había perdido la fe en volver a verle.

Fuera como fuese, mantuvo aquel grillete atado a su tobillo, necesitaba que todo se quedara bloqueado, que absolutamente su vida se detuviera ahora mismo para poder analizar todo lo que acababa de pasar en tan poco tiempo. Pero la vida no iba a darle una tregua, Hux estaría maquinando la forma de encontrar a la chica igual que había hecho con Finn y Poe. Los desertores.

Viró hacia Hux y le encontró repasando la escena con los ojos, intentando recrearla en su imaginación. No traía una mueca agradable y su tono era pesimista, lo cual le indicaba que quizá aquella redada para atacar a los dos desertores había sido un fracaso. Suspiró y regresó la vista al mando, a sus botones, aquellos que le torturaron durante casi veinte años.

Y la mano de Hux posándose en su hombro le hizo regresar al momento actual, girando hasta encararle.

-¿Por qué no te vas a dormir?- Kylo se quedó con la vista perdida. Tragando saliva y asimilando aquello para, finalmente, asentir.- Avisaré a los chicos para que uno te lleve.

-Puedo conducir.

-Ni de broma te dejo marcharte así como…- Kylo negó con la cabeza y emprendió el camino en dirección hacia su moto, llevando inconscientemente la mano hacia su cuello, palpando aquel chip. Ya había terminado y tenía prisa por zanjarlo todo.

Avanzó, surcando el umbral de la puerta mientras escuchaba de fondo a Hux y su retahíla de "deberías". Y obviándolos todos.

Rey llegó a su piso cuando el sol empezaba a despuntar en el horizonte, iluminando las calles. Se había hartado de llorar y no sabía dónde buscar consuelo. No iba a recibirlo de nadie, en ninguna parte.

Si algo sabía era que Hux y compañía irían a investigar su piso cuanto antes, así que debía de marcharse de allí, hacer caso a Kylo… E intentar contactar con el cuartel pero aquello sólo empeoraría las cosas, al parecer. No tenía pruebas de nada de lo que acababa de acontecer. El imán había desestabilizado sus micrófonos. Pero tenía el testimonio de Luke y quería seguir jugando con esa carta.

No tardó demasiado en recoger sus cosas, despejando aquel piso en menos que canta un porg, y bajó por las escaleras de dos en dos, marchándose a la parada de metro más cercana. Haciendo transbordos hasta que llegó a la comisaría.

Se pasó la mano por el pelo, intentando relajarse antes de entrar. No sabía qué decir. No tenía ganas de hablar, de contar nada… Y viró los ojos hacia el aparcamiento, su coche seguía allí. Sorbió por la nariz mientras cambiaba el rumbo de sus pisadas, dirigiéndose al coche para desbloquearlo con la llave.

Dejó sus pertenencias en el maletero y se recostó en los asientos traseros, tratando de dormir… Pero no pudo. Se pasó toda la madrugada llorando, desconsolada.

Y horas después el calor asfixiante del sol, que convertía su coche en un horno, fue el motivo de peso por el cual salió de allí, poniéndose en pie junto al vehículo, desperezándose y captando la mirada de sus compañeros. No saludó a nadie. No quería ver a nadie más que a Antilles, así que tomó su portátil con todos los datos y se encaminó al interior de la comisaría… encontrando el caos absoluto nada más cruzar la puerta.

Los agentes iban de un lado a otro, los teléfonos no dejaban de sonar y Rey captó palabras sueltas de las conversaciones que llegaban a sus oídos.

"Hospital", "Primera Orden", "Intento de asesinato".

No le hicieron falta más sustantivos para correr hacia el coche y encaminarse hacia allí a toda velocidad, entrando en pánico. Lo que menos necesitaba es que hubieran matado a Poe, definitivamente. Se sintió culpable, apenas había velado por su seguridad o por la del desertor. Porque perfectamente podría haber pensado en ellos, en que Hux les estaría buscando con desesperación… Pero no. Ella prefirió seguir jugando con Kylo como había hecho todo el mundo. Aunque… Una parte de ella sabía que jugar no era la palabra correcta.

Aparcó el coche mientras entraba al edificio, lleno de policías en cada planta, algunos tomando testimonio, otros consolando a los pacientes y otros tantos investigando, como ella tendría que haber hecho. Pero no. Ella prefirió… Prefirió seguir mintiendo a Kylo.

Llegó a la habitación de Poe, pasando por debajo del cordón policial. Encontrando allí a Antilles, a Finn y a su amigo, quien estaba sano y salvo. Cuando aquellos seis ojos se posaron sobre ella, el pánico se intensificó.

-¡¿Quién le ha dado el aviso!? ¡No debería de estar aquí, Raelene! ¡¿Acaso no sabe que podrían seguirle los pasos la…!?

Y Rey no pudo más. No pudo más con todo aquello y estalló en llanto, dejando entrever su poca profesionalidad mientras los tres muchachos compartían miradas de incomprensión.

-Antilles, tengo novedades…- Sorbió con fuerza su nariz.- Acerca del caso…- Y antes de que Antilles pudiera reprocharle aquello con un "pues mande un informe pero no se persone" Rey prosiguió.- Necesito que traigan a la General Organa… Con urgencia.

Y, como si pronunciar su nombre hubiera hecho que aquella mujer se hiciera corpórea, apareció por el umbral de la puerta, pasando por debajo del cordón policial, con un desfile de guardia personal y paramilitar tras ella, que caminaba como si el suelo que pisaba fuera suyo, como si los cimientos nucleares de aquel planeta fueran suyos, con ese porte regio propio de una reina y la capa ondeando a su paso. Rey supo al instante de quién había sacado Kylo su presencia, su forma de plantarse ante el mundo y enfrentarlo.

Rey esperó que se plantara ante ella. Incluso esperó su desprecio. Y, sin embargo, la pasó como si no fuera más que una sombra en una pared a la que ni siquiera dirigiría la mirada. Fue directa a Poe, que se irguió en la camilla al verla y, para sorpresa de todos, le cruzó la cara con un revés, haciendo que absolutamente todos se quedaran quietos, conteniendo el aliento. Ella incluso pudo sentir cómo el planeta frenaba su rotación, esperando el siguiente movimiento de aquella mujer.

-Poe Dameron. – Empezó, designando su nombre para que quedara constancia de que sabía perfectamente con quién estaba hablando. - ¿Qué demonios ha hecho? – Poe boqueó por aire, sin saber que responder y mirando a Antilles y a Rey alternativamente. ¿Que qué había hecho él? ¿Aparte de estar en ese maldito hospital porque casi le matan?

- Mi señora… - Se adelantó Rey, presuponiendo que la mujer creía que Poe había llevado el caso cuando la responsable sólo era ella. – Si me permite… - Se frenó a sí misma, tragándose sus palabras cuando su mirada dio con ella, punzante, con una acusación feroz en las pupilas.

-No se impaciente, ahora voy con usted. – Desvió la mirada hacia Antilles. –Y para usted también tengo unas palabras.- Antilles y Rey se miraron en silencio. Esa mirada en su jefe con una pregunta tácita de "¿Qué coño has hecho?" le hizo bajar la cabeza hasta que dio con la barbilla en el pecho. ¿Qué no había hecho? Leia se volvió hacia Poe de nuevo. – Agente Dameron. ¿Puede recordar las palabras exactas, o lo más aproximadas posibles, que le dije cuando le encargué esta misión? – Poe asintió, tragando saliva y cogiendo aire.

-Me dijo que había oído que era un investigador desobediente, con agallas y con pinta de ser listo. – Leia se cruzó de brazos. – Que había oído hablar de mis métodos y que necesitaba que cubriera un encargo personal. – Antilles dio un paso adelantándose.

-Debió decirme que se trataba de la General Organa. – Poe les dedicó a ambos una mirada desubicada.

-Yo misma le pedí que no lo hiciera. Y usted es su jefe pero comprenderá que este Agente cumplía órdenes de una cadena de mando superior a la suya. – Le señaló con el dedo. – Vuelva a su sitio, Teniente. – Y se volvió a Poe de nuevo. - ¿Qué más le dije?

-Me dijo por qué necesitaba esta misión resuelta sin hacer ruido. – Leia asintió. – Y que le diera pruebas concluyentes sobre la vida de Kylo Ren en la Primera Orden.

-¿Qué? – Rey se quedó con el corazón en vilo. No era una cuestión del tráfico de armas, como ella había creído. El objetivo no había sido el mercado sino… Sino Kylo, todo este tiempo. Ni siquiera se molestó en las formalidades. Sentía que le colgaba una horca del hombro que se apretaba con cada segundo que pasaba. – Necesito hablar con usted, General Organa, cuando antes. – La vio achicar los ojos ante sus formas y su exigencia y Poe vocalizaba en silencio un "¿Qué estás haciendo?" – Nada de lo que creíamos cierto lo es. – Y esa parecía su máxima en la misión.

-¿Qué? – Esta vez fue a Poe al que le tocó perderse en todo esto. - ¿Qué estás diciendo? – Rey cogió aire y miró directamente a los ojos de Leia, como si sólo hablara para ella.

-Tengo pruebas de que su hijo es inocente. – Ambas se miraron. Rey sentía que esa mujer podía ver más allá de ella y ver cuán profundos habían sido sus errores y su sacrificio para llegar hasta ahí. Y ambas escucharon a Poe exclamar un "¡¿Su hijo?!" al que ninguna de las dos hicieron ningún caso. Rey se pensó sus palabras. – O como mínimo, no es culpable directo.

Acto seguido, Rey se vio arrastrada del brazo lejos de esa habitación y llevada a las butacas del pasillo. Leia sabía que nadie les molestaría desde el momento en el que su escuadrón de seguridad se situó a su alrededor, de espaldas a ellas dos y haciendo frente a lo que fuera que se atreviera a acercarse a ellas, como una muralla de cuerpos.

-Cuéntame, niña. – Le dijo la mujer, apoyando la mano en su rodilla para mitigar la orden explícita. Sin embargo, al escuchar ese apelativo, los ojos de Rey se anegaron en lágrimas, alcanzándole una desesperación fulminante en mitad de un sollozo. Ni siquiera pudo frenarse a sí misma cuando sintió la mano de Leia sobre su hombro mientras ella intentaba abrir su portátil para mostrárselo aunque no pudiera ver. – No, no. – Dejó la mano caer sobre la tapa del portátil. – Cuéntame. Las pruebas, después. – Rey tragó saliva, sin saber si sería capaz de decir dos palabras seguidas sin balbucear como una cría.

- Kylo no ha sido en ningún momento la cabeza de la Primera Orden, Leia. – Hipó y sorbió por la nariz, sintiendo su cara enrojecida y un dolor en los ojos que le hacía notarlos como pelotas de golf, queriendo sacárselos. – Un hombre se había asegurado de que fuera él quien hacía todo, se mostrara y pareciera que comandaba la organización para guardarse las espaldas y que, si alguna vez pasara algo, toda condena recayera sobre Kylo.

-¿Qué hombre?

-¿Le suena de algo el nombre de Snoke? – Leia se sujetó las sienes y eso le sugería a Rey lo suficiente como para seguir. – Kylo hacía todo cuanto se le ordenara porque Snoke la tenía constantemente vigilada.

-¿A mí? – Preguntó extrañada. Rey asintió. - ¿Por qué?

-Porque Kylo se siente culpable por la muerte de su padre, por el rapto de su tío, por el daño que le ha hecho a usted durante todo este tiempo y porque eso le volvía fácil de controlar. – Todos esos detalles hicieron que Leia creyera todas sus palabras, justo cuando ella se sentía más mentira que nunca. – Snoke hizo de su culpa y su familia el cepo perfecto. Y si eso no hubiera sido suficiente… - Se frenó en seco. El castigo por el que era sometido Kylo no era algo que debiera saber una madre.

-Si no hubiera sido suficiente, ¿Qué? – la instó a proseguir.

- Él le torturaba. – Vio a la mujer quedarse petrificada. – Nunca he visto tantas cicatrices en un solo cuerpo. Había cicatrices sobre otras cicatrices. Le marcaba y le humillaba. Y le sometía con una placa eléctrica en la nuca. – La coraza que Leia mostraba al mundo se resquebrajó ante Rey, mostrándole una grieta por la que ella podía observar difusamente toda su vulnerabilidad como una madre ante el dolor de su hijo. – Si Kylo no ha quedado en estado vegetativo ha sido por puro azar. Y por su propia resistencia.

Y justo en ese momento, recordó sus palabras antes de que todo sucediera, justo el día que aceptó el caso ante el cadáver en aquel puente de carretera, cuando dijo que Kylo machacaba a sus víctimas hasta que morían. Que "usaba la resistencia del otro contra sí mismo". La resistencia al dolor siendo la causa de que el dolor prosiguiera un poco más. Kylo era obligado a hacer a otros, lo que Snoke hacía con él, mutándole, haciéndole pasar de víctima a verdugo. A Rey se le hundió el pecho solo con pensar en la fuerza que requería el simple hecho de no haberse vuelto loco, o un psicópata masivo.

Las manos de Leia consiguieron sacarla de sí misma cuando la sintió tirando del portátil. Rey ni siquiera tuvo fuerzas para retenerlo con ella.

-Ahora estas pruebas me pertenecen. – Rey asintió. – Y yo me encargaré de dictar una sentencia acorde a todos. – Rey volvió a asentir, sabiendo que no había una sentencia lo suficientemente dura para ella, que le ayudara a eximir su culpa con un castigo en proporción al dolor que había infligido. - ¿Hay algo que debería saber antes de estudiarlo todo? – Rey alzó la mirada hacia ella y mirando al portátil alternativamente. Ahí había archivos que no había borrado.

-Para ganarme la confianza plena de Kylo tuve que… - "acostarme con él" y eso era tan rastrero que se sintió miserable. – Tuve que acercarme mucho. – Y ni siquiera se atrevía a mirar a aquella mujer a los ojos. No sentía vergüenza por los que había vivido con él, sino vergüenza por sí misma. – Mucho.

-Intimasteis. – No era una pregunta pero Rey asintió igualmente. – Y ahora se ha jodido todo, ¿verdad? – Rey alzó la mirada cuando escuchó aquella palabra malsonante en boca de tan alta mujer. – Ni siquiera sé si podré salvar a mi hijo de una condena mayor. Te avisaré si tenemos que llorar cada una en su casa.

Y con eso, se fue. Dejándola boqueando por aire sentada en la butaca y sosteniéndose la cara, mientras la veía ir directa a hablar con Antilles para avisarle de que, quisiera él o no, ahora el caso era suyo. Para cuando logró levantarse, Poe estaba sentado en la camilla con los pies colgando al vacío. La mejilla aun enrojecida y la mirada distorsionada, como si no pudiera aceptar todo lo que acababa de pasar. Rey le entendía. Se sentía tan separada de su cuerpo, tan fuera de su propia piel que sabía que, si le cortaban la cabeza en ese momento, mañana seguiría pensando en Kylo y su corazón seguiría rompiéndose. Una y otra vez, cada segundo. Y cada segundo latiendo, porque el muy gilipollas seguía en su pecho metido.

Rey tomó aire, acercándose a Poe y este alzó la mano, frenándola. Aquel gesto reventó en ella como una granada de protones y sintió que por mucho que pensara que ya no pudieran hacerle más daño, siempre había algo que añadía más leña a la llama de su dolor.

Una lágrima descendió por su mejilla con tan solo pensar en Poe, lanzándola lejos de él.

-Te has involucrado demasiado.- Habló, rasposo mientras Rey cerraba la puerta y se sentaba, no había ni rastro de Finn en la sala y Rey pensó que habría ido a por algo de beber o comer… Era la hora de llenar el estómago a menos que lo tuvieras tan lleno de disgustos como lo tenía ella.- Te dije que no lo hicieras…- Un temblor en su voz le hizo bajar la cabeza, avergonzada.- Ven aquí, Rey, joder…- Abrió los brazos y ella no dudó ni un segundo en lanzarse a ellos, abrazándole.- ¡Joder, qué tonta eres!- Habló Poe, asustado ante la ocurrencia de Rey, muriendo por no hacerle caso a él, el irresponsable número uno de toda la JEDI. Y lloró, hundiendo la cabeza en su hombro mientras Rey también se deshacía.- ¡Qué tonta eres, Rey, joder, podría… haberte… pasado algo y…!- El hipo no le dejaba hablar, se atarantaba con sus propias ideas, ocurrencias, con su imaginación y su experiencia personal.

-Lo sé, Poe…- Habló ella, entrecortada.- Joder, Poe…

-¡¿Por qué?!- Apartó a Rey, plantándola frente a él para poder mirarla mientras le sujetaba los hombros.- ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué te has metido tanto en este caso!?

-¡No había otra manera!- Respondió, llorosa. Pasándose el dorso de la mano bajo los párpados.- No había otra manera, Poe…

-¡Siempre hay otra puta manera!- Gritó, ahora con enfado. Uno que le evaporaba las lágrimas.- ¡Joder, Rey, con lo lista que eres! ¡¿Qué diría Obi-Wan!?

-¡Obi-Wan no está, Poe!- Habló, apartándose. Pasándose las manos por la cara mientras Poe se arrepentía de haberse dejado llevar tanto. Nadie mejor que Rey sabía que Obi-Wan ya no estaba…- No está… Y le necesito, Poe.- Volvió a cubrirse la cara con las manos mientras recogía su bolso.

-Ya lo sé… Lo siento.

-Da igual.- Respondió seca. Decepcionada. Sabía que no iba a encontrar consuelo en ningún sitio pero había tenido la vaga ilusión de poder aliviarse un poco.

-Rey…

-Tengo que irme a casa.- Habló, colgándose el asa en el hombro.- No he dormido todavía…- Volvió a frotarse los ojos antes de salir por la puerta.- Vendré mañana a verte.- Y justo cuando abrió, apareció Finn, quien tenía un ojo amoratado quizá por algún forcejeo o pelea durante el ataque de la Primera Orden.

Pero no pudo saludarle. Agachó la cabeza y siguió andando, avergonzada. No había podido proteger a nadie y sentía que era la vergüenza de su maestro. Cargaba con su apellido, con su honor, siendo ella todo lo que quedaba de él al igual que él fue todo lo que quedó del gran Teniente Qui-Gon Jinn. Sólo que Obi-Wan fue un teniente impecable…

Llegó a su casa, a su propia casa. La de verdad. Aquella pequeña casita de una sola planta, en las afueras de la ciudad, en un buen barrio, aquella que heredó de su maestro y tutor legal. Cruzó el pequeño jardincito, llegando a la entrada, abriendo la puerta y recorriendo toda la casa con los ojos, deseando verle como cuando era pequeña y volvía del colegio. Pero no, Obi-Wan no iba a estar esperándola… Y si lo fuera a estar, la conversación no sería agradable.

Rey se dispuso a acondicionar la casa, intentando no pensar demasiado, pero el silencio daba rienda suelta a su cabeza. Yendo más allá de lo permitido.

Ella no era así, como había actuado. Ella era legal, ella era sincera, ella no mentía jamás… Y de hecho, sentía que su mentira tampoco había sido demasiado porque, prácticamente, en cuestiones emocionales no había falseado nada. Las caricias no iban con dobles intenciones la mayoría de las veces en esos últimos días. Y realmente disfrutaba de él.

Viró la cabeza hacia su cama, su triste cama sin postes, sin armarios con cajones llenos de lubricantes y juguetes que le harían llegar a lo más alto. Sin él por ninguna parte.

Se avergonzó de todo lo que fuera a escuchar Leia en las grabaciones, completamente. Hacía tiempo que no se dedicaba a eliminar partes grabadas que carecían de interés en cuanto a la investigación. Y Leia tampoco iba a perder el tiempo haciéndolo, dudosamente lo haría alguien. Aquellas pruebas entregadas iban a ser definitivas y a Rey iba a caerle una buena cuando quedara al descubierto su poca profesionalidad. Porque las feministas no habían luchado años y años para que ella usara su cuerpo de aquella manera, para que ella se rebajara a sacarle las cosas de una forma tan poco profesional y sucia como jugando emocionalmente con una persona que tendría problemas psicológicos.

Kylo, como mínimo, estaba al borde de padecer algún trastorno severo cuando le conoció, si es que no lo padecía ya. Y si no había caído en la locura, si no se había suicidado, si no se había medicado nunca para ello era porque su cabeza era firme, él era firme, como sus manos. Él tenía una resistencia brutal, asombrosa… Y estaba segura de que ella había resultado ser un anti-depresivo estupendo, algo que le sacaba la cabeza de su runrún constante. Procesando, siempre procesando, pensando, flagelándose. Ella había detenido esa tortura y, si hubiera sido real, le habría ayudado a superar cualquier trauma sin apenas dificultad. Pero no. La realidad había sido otra. Y Rey quizá había empeorado su estado, quizá le había condenado…

La tarde cayó mientras ella seguía sentada en aquel sofá, abrazada a un cojín mientras se torturaba una y otra vez. Y estuvo a punto de dirigirse a una farmacia a comprar un buen bote de pastillas para poder conciliar el sueño, porque sabía que por su cuenta no lo lograría, hasta que el teléfono vibró en la mesita del café frente a ella. Con la pantalla iluminada. Rey apretó el puño. Posiblemente fuera Antilles, requiriendo explicaciones contundentes para justificar todas las guarradas que habían quedado grabadas… Pero no. Cuando se asomó a ver la pantalla descolgó rápidamente.

-¡¿Kylo?!- Silencio al otro lado. Y ella se maldijo una y mil veces.

El silencio se mantuvo al otro lado y entonces Rey se percató de que su investigación había concluido y aquel teléfono no debía estar en su poder, debía entregarlo. Tampoco pensó en que podrían estar rastreando la llamada para dar con ella y fue a colgar hasta que escuchó un lamento al otro lado de la línea. El corazón se le oprimió los dos segundos en los que barajó colgar y devolver el teléfono o aguantar. Y optó por aguantar.

-¿Kylo?

-Niña…- Susurró al otro lado. Rey empezó a hiperventilarse.- Rey.- Le escuchó tragar saliva.- Joder, Rey, necesito que vengas… No puedo.- Y ella se levantó como un rayo, con el teléfono todavía pegado al oído mientras buscaba su chaqueta.- No puedo arrancarlo yo solo, Rey, joder…- Un golpe.- ¡JODER!- Otro más.- ¡JODER!

-¡Kylo, Kylo!- Le llamó, intentando que escuchara su voz.- Voy hacia allí, Kylo. Tranquilo ¿Dónde estás?

-En mi casa…

-Voy. Voy, espérame. Espérame, cariño, aguanta.

Y colgó antes de meter las llaves en el contacto de su coche, saliendo de allí, en dirección a su casa, a toda velocidad. Con el corazón en un puño… Y una amarga alegría invadiéndole el estómago.