Capítulo 23. Remasterización.
Ni siquiera había registrado el movimiento al retirar las llaves del contacto, ni le importaba haberse subido a la calle con el coche por la velocidad que llevaba. Todo su cuerpo dio de golpe con la puerta del portal, atrapándola justo cuando uno de los vecinos salía de allí. No tuvo tiempo de disculparse por el empujón siquiera. De todos sus deseos, sólo quería abrazarle, sólo querían hundirse en sus brazos y que la sostuviera para siempre, decírselo todo y acunarle hasta que nadie nunca volviera a hacerle daño. Y casi da con las rodillas en las escaleras, subiéndolas de dos en dos, con urgencia, llegando apremiada a su puerta y llamando, primero trémula y luego estampando la mano en la madera al no recibir respuesta.
Pero cuando apareció ante ella, cubierto de sangre, sosteniéndose sólo gracias a que se sujetaba con fuerza al quicio de la puerta, todos sus deseos egoístas quedaron muy abajo en ese pozo que ya tenía en el estómago. Se adelantó hacia él, cogiéndole de la cara con ambas manos, entrando y cerrando la puerta de una patada, retirándole los mechones negros cubiertos de sangre. Y Kylo apartaba la mirada, incapaz de soportar su contacto, deshaciéndose ahí mismo ante ella, sin temor ni vergüenza, como si ya no le quedara de nada. Como si ya no quedara nada del Kylo que ella había tenido la oportunidad de conocer… y querer.
-¿Qué ha pasado? – Le decía, mientras sus manos, grandes y firmes, cogían las suyas para apartarlas de él. Cuando un día habría hundido la cara en su hombro, hoy se apartaba de sus caricias como si le quemaran. - ¿Qué has hecho? – Y era casi más pregunta para sí misma.
Y sin responder a nada, callado, como si decir una sola palabra pudiera quebrar la armadura provisional que ahora le mantenía en pie, se dio la vuelta hacia el pasillo, regresando a donde fuera que estaba antes de que ella aporreara su puerta. Rey no se lo pensó siquiera, como si fuera con el piloto automático, fijándose en las huellas de sangre que había dejado por las paredes, para sostenerse hasta llegar a ella cuando había llamado y para volver. Cuando llegó al baño, se le quedó el aire atascado en el pecho, como una bola. El lavabo lleno de sangre, el espejo roto a puñetazos,… Entonces, se giró hacia ella, con la mirada animal, como un lobo atrapado en un cepo que le mataría y dispuesto a matar de una dentellada a quien osara acercarse.
-Un día dijiste que serías tú quien me quitara esto… - Alzó la mano para llegar a su nuca y ya ni siquiera podía levantar el brazo en su plenitud solo por el daño que se había hecho. Sin embargo, ni siquiera siseaba. Su fuerza solo hacía a Rey sentirse más miserable, y más débil. - ¿O eso también era mentira?
Rey cerró los ojos, dejando escapar unas lágrimas cuando esas palabras se le clavaron como dardos. Y tenía toda la razón al desconfiar de todo cuanto había salido de su boca. Tragó saliva para bajar su amargura al estómago. Cuando todo aquello se asentara, vomitaría todas sus entrañas. Y esperaba hacerlo de verdad, quedarse tan vacía como se sentía, para que el dolor emocional fuera físico, para que las heridas de dentro fueran clínicas y forenses, que todo el mundo las viera.
Bajó la mirada al pasar por su lado y abrir el grifo para lavarse las manos, antes de coger el bisturí del botiquín y volverse hacia él, esperando que le dijera algo, que hiciera algún movimiento, viéndole tambalearse sin apoyo, por todo lo acontecido y por la pérdida de sangre. Le aguantó la mirada cuanto pudo, hasta que sintió que le temblaban las rodillas y se tuvo que sentar en la tapa del váter, derrotada.
Entonces fue cuando Kylo hizo que jamás, ni en mil años, esperaría. Que no merecía aquel gesto ni aunque fuera por pura practicidad. No merecía que Kylo volviera arrodillarse ante ella. No merecía tenerle así, ni él se merecía seguir postrándose ante nadie, menos aun ante la causante de todo su dolor, aun más del que jamás le infligió Snoke.
Se llevó la mano libre a la boca para no hacer ningún ruido mientras su pecho ahogaba sus sollozos. Pero todo su rostro se tornó en una mueca de angustia cuando le vio inclinarse y apoyar la cabeza en sus rodillas, agarrándose a sus piernas como si fueran su clavo ardiendo y dejando que la sangre que salía a borbotones de su cuello le manchara los muslos. Esa era la proporción del daño que le había provocado, pensó Rey, verle y no verle al mismo tiempo, saber que estaba ahí y a la vez tan metido en su propia cabeza que podría no salir nunca, sentirle y sin embargo tenerle tan lejos que no podía alcanzarle.
Le pasó los dedos por el pelo, sin importarle la sangre que se quedaba atrapada en ellos, ni los mechones que ya estaban apelmazados por la sangre seca. No le importaba. Ni con mil años habría tenido suficiente para pasar sus manos por su melena. Ni con mil años habría tenido suficiente de todo él. Y eso le hacía sentir como una egoísta, una avariciosa. Un parásito, queriendo más y más de él, haciéndole daño.
Con ese pensamiento en la cabeza, le retiró el pelo del cuello, desvelando a sus ojos la carnicería que se había hecho a sí mismo tratando de quitarse aquella placa. Podía ver pequeñas partes del chip sobresalir a través de la piel en carne viva. Rey se tragó todas sus maldiciones, sin saber cómo abordar ese puto desastre. Parecía como Kylo se hubiera intentado quitar el chip a puñaladas. O como si se le hubiera hecho imposible hacerlo por sí mismo, frustrándose, agotado y vencido, por enésima vez. Era una salvajada.
Cogió el agua oxigenada y la vertió sobre la herida. El escozor hizo que Kylo le clavara los dedos en el gemelo pero ella ni lo sintió cuando al ver el agua correr y retirar la sangre pudo ver la magnitud de la herida, y sus ojos ya trazaban la forma de solucionar todo eso, como si una visión holográfica actuara con ella, echándole un cable. Una incisión limpia con el bisturí en una mano y la otra aun pasando los dedos por la melena de Kylo, calmándole, y tranquilizándose ella. Pudo ver la placa verde y dorada del chip entre las fibras musculares. Y pudo ver las terminaciones de este casi infiltradas en la primera vértebra, sin tiempo para pensar en la crueldad de algo tan premeditado, algo que había sido insertado ahí para convertirle en un títere a conciencia.
-No todo fue mentira, Kylo. – Le contestó a su última pregunta. Ese era el problema, en todos los aspectos posibles. Si todo hubiera sido mentira, ella habría podido irse sin mirar atrás y, quizá, con un pequeño borde afilado de remordimiento en la conciencia por el agravio cometido. Si todo hubiera sido mentira, ella no se sentiría tan devastada por las consecuencias de sus propios actos.
-¿Y qué importa eso ahora, Rey? – Su voz neutra laceró en ella tanto como el uso de su nombre. Nunca, en su vida, habría creído posible que echaría tanto de menos sus "niña" y sus "nena". Ahora su nombre parecía tan impersonal que le sentía a años luz. - ¿Acaso tengo algún modo de fiarme de nada de lo que digas? ¿De diferenciar qué parte fue verdad y cuál fue mentira? ¿Puedo diferenciar en qué momento te aprovechaste de mí y en qué ocasiones simplemente te dejaste llevar por las circunstancias? – Rey tragó el nudo que volvía a subir por la boca de su estómago, tratando de que no se le emborronara la vista mientras hacia algo tan delicado. Lo último que quería es rozar algún nervio, desacoplar mal aquel instrumento de tortura y terminar el trabajo de Snoke, matándole o dejándole peor de lo que estaba.
- Sabes que puedo responderte a todo eso, Kylo. Quiero contártelo todo. – Le sintió apretar aun más los dedos alrededor de su carne cuando empezó a tirar del chip.
-No podría escucharte sin pensar que cada palabra sigue siendo mentira. – Siseó y ella volvió a pasar los dedos por su melena, frenándose a mitad del recorrido, pensando que, quizá, le hacían más daño sus caricias que tenerla escarbando en su nuca. – Podrías matarme ahora mismo, Rey. - Tomó aire, hipando.- Nos ahorraríamos todos muchas cosas.
-Es que no quiero, joder…- Sollozó, llevándose el dorso de una mano a sus ojos, limpiándoselos. Sintiendo aquel olor penetrante y oxidado de la sangre tanto en el ambiente como en su mano, clavándose en su nariz, punzándole el cerebro y enviando un vacío propio de una arcada a su garganta. O quizá era llanto. O quizá ambas.- Yo no quería, no quería que esto terminara así…- Sollozó, soltando el bisturí, dejándolo a un lado y cubriéndose la cara con el antebrazo, temblando. Kylo no se movía de donde estaba, aguardando con impaciencia mientras observaba a la nada.
-¿Y cómo querías que terminara?- Soltó, punzante. Rey sintió otra aguja clavarse en su pecho.- ¿Qué idea llevabas en la cabeza cuando…?- Se tomó un momento para no quebrarse frente a ella. Tragando saliva, manteniendo la respiración en su sitio.- ¿Qué esperabas, Rey?
-¡No te esperaba a ti!- Gritó, llevándose ahora el dorso de la otra mano a la boca, cubriéndose los labios. Se le hacía difícil no llorar. Y no quería hacerlo pero no lo estaba consiguiendo.
Y dejó de hablar, sollozando, temblando, hipando, aguantando el grito, el llanto puro que no dejaba de golpear sus cuerdas vocales, pidiendo salir. Y ella no lo iba a permitir. Tomó aire, serenándose un poco, retomando el bisturí y revisando la herida, volviendo a aplicar agua oxigenada, pero Kylo ya no siseó. Kylo ya no se pronunció, ni se quejó, ni se removió más. Y respiraba descompasadamente, nervioso, pero la realidad era que estaba tan destruido que sólo quedaba de él la paz tras un desastre. Quizá Kylo pensaba igual que ella. Que ya nada podía hacerle más daño… Y, como siempre, la vida le dio otro revés, girándole la cara, rompiéndole un poco más cuando vio a Rey en la puerta de su casa.
No esperaba que le afectara tanto, pero lo hacía.
Sentía un odio irracional hacia ella que se frenaba antes de llegar a una resolución física, él jamás, jamás le haría daño. Y era algo que ambos tenían muy claro… Lástima que a la inversa fuera otro cantar.
Rey volvió a limpiar la herida, maniobrando en ese cachivache que estaba en un punto intermedio de la superficialidad y la profundidad de la piel, atravesando el músculo, posándose en su espina y colándose por las vértebras. Pero por el mecanismo que Rey tenía entendido acerca de ese chip, no estaría demasiado enganchado al nervio. Sólo tenía que apretar en el lugar adecuado, en la parte baja, la cual residía apoyada sobre el hueso, y entonces se desprendería.
Kylo notó cuando Rey le tocó el hueso con el artilugio médico, pero ya hacía pársecs que había cruzado su umbral del dolor, tanto físico como emocional. Ahora sólo notaba presiones, sólo notaba la fuerza del bisturí, su carne cediendo, su hueso moviéndose y aquel aparato removerse en sus nervios.
-¿Estás… mareado?- Preguntó ella.
-No lo sé.- Le concedió, en un hilo de voz.
-¿Te has mareado cuando has venido a abrirme?
-Sí. Un poco.- Respondió con un tono más que triste. Rey intentó no ahondar en todo lo que le transmitía, al menos mientras maniobraba.
-Has perdido mucha sangre.- Kylo se mantuvo en silencio, sintiendo a Rey mover el cacharro una y otra vez.- Necesitarás comer… Y descansar.
-Deja de cuidar de mí.- Replicó con un tono venenoso.- Sólo te he llamado porque no sabía a quién acudir…- Y Rey reconocía ese tono, ella lo gastaba al principio de estar en el orfanato. Era el tono de coraza falsa, aquel que empleaba cuando quería pedir a gritos ayuda pero no podía por miedo a salir malparada. Y Kylo se encontraba en ese punto, o quizá un poco más lejos. Rey se relamió.
-¿Y Luke?- Kylo se removió un poco y entonces Rey hundió el bisturí y dio de lleno. El artilugio se desenganchó al instante y Rey lo atrapó, tirando con suavidad y sacando los filamentos de él, con cuidado.
-¿Cómo sabes su nombre?- Rey fue a responder pero entonces Kylo suspiró.- Bueno… Supongo que era tu trabajo.
-Mi trabajo era completar lo que supuestamente Poe debería haber hecho.- Kylo mantuvo silencio, notando cómo Rey extraía aquel aparato poco a poco.- Necesito coserte…- Kylo estiró el brazo, tomando la cajita en la que guardaba aquel arsenal y la impregnó con un poco más de sangre, tendiéndosela a Rey.
-Sigue…- Exigió antes de pasarse la lengua por los labios. Se sentía seco, condenadamente seco.- ¿Qué debía hacer Poe?
-Sacar pruebas para inculparte. Para tener algo contundente con lo que atacar a la Primera Orden.- Volvió a limpiar su herida.- Yo también he sido engañada por mi propio departamento… Mi misión también era una mentira con la que me han engañado.- Kylo no respondía, ni tarareaba para indicarle que estaba escuchando. Y Rey sólo rezó para que estuviera prestando atención y no vagando en lo mucho que la odiaba en ese momento.- Me contaron una versión de ti que nada tiene que ver con lo que… en realidad sucede.- Kylo achicó un ojo.- Me dijeron que encontraría a un monstruo…- Rey empezó a puntear la carne, rezando a la Fuerza, pidiendo que aquella fuera la última vez que a Kylo le tocaran esa maldita parte de su cuerpo.- Que encontraría a un salvaje sin corazón ni escrúpulos. A un asesino. Al Líder Supremo… Y no. Joder… No…- Otra vez, la vista se le nublaba y Rey se maldecía.- No he encontrado nada de eso por ninguna parte, Kylo, por mucho que buscara… Por mucho que quisiera verte así llegó un punto en el que no podía…- Volvió a llorar, sintiendo las lágrimas caer.- Hubiera sido más fácil si hubieras sido el monstruo que me dijeron que iba a encontrar…
-¿Fácil para qué?- Rey se mordió el labio.- ¿Para pegarme un tiro?
-Para hacerte daño sin que me doliera…- Kylo desencajó su mandíbula, jugueteando con ella una y otra vez mientras Rey pasaba la aguja, cerrando su piel.
-¿Cuándo has ido a hablar con Luke? ¿Cómo… diste con él?- Rey se relamió, centrándose en su herida.
-Ayer… Creo. Cuando tú te fuiste.
-¿No fuiste a por ropa?- Habló, más que preguntándolo había sonado como una afirmación.
-Luego pasé a por ropa… Quería estar más contigo…Porque quería más.
-Parece que nunca tienes suficiente.- Y aquella frase que en otro contexto le hubiera sabido a gloria, ahora le escocía como si le estuvieran atravesando el estómago con un sable láser.
-Y Luke me contó todo…- Kylo bajó los ojos, dudándolo.
-Mentira.
-No.- Insistió, rogándole.- Sé lo de tu familia, Kylo. Sé por qué te llamas así, sé qué ha pasado con Snoke…- Kylo empezó a negar con la cabeza.
-No sabes una puta mierda…- Habló, quebrándose mientras Rey empezó a notar su muslo húmedo por las lágrimas de Kylo.
-Sí que lo sé, Kylo… Sé que mataste a Han.
-¡Yo no maté a Han, Rey!- Gritó, explotando. Y la chica se quedó muda.- Yo no le maté… Yo no le maté voluntariamente, yo no fui, Rey…- Tomó aire.
-¿Qué pasó?
-¿Esto también forma parte de tu puta investigación?- Rey se quedó callada. No pero podría formar parte, todo lo que ayudara a Kylo a reducir su condena formaba parte de su misión.- No me cuides, Rey… Ya he tenido suficiente.- Se hundió un poco más, apretando con fuerza sus gemelos y Rey siguió cosiendo. Negándose a aceptarlo… Y entonces le vino a la cabeza la General Organa.
-Hoy he descubierto que mi misión tenía dos objetivos. Uno claro y otro oculto, que sólo lo conoce la general que lleva esta misión.- Terminó de dar la última puntada y procedió a limpiarle con agua oxigenada.- La General Leia Organa…- Kylo alzó los ojos, clavándolos en las baldosas de la pared. Helándose.- Luke me contó que Leia descubrió el trabajo oculto de tu padre demasiado tarde. E intuyó que de alguna manera le mataste para llegar a posicionarte.- Y allá estaba otra vez, un escalón más en su umbral de dolor. Otra bomba que había mantenido bajo el mar de su memoria, intentando que no explotara.- Hoy le he hecho saber a Leia que no era así.- Sintió la leve presión de sus manos apretando sus gemelos.- Y le he dado todos mis avances junto a la confesión de Luke.- Pasó lentamente el algodón, dando toquecitos en su piel.- Ya hace tiempo que dejé de buscar un culpable en esta misión cuando supe lo de Snoke… No quiero matarte, Kylo. Es lo último que quiero.- Terminó de pasar el algodón y contuvo las ganas de besarle la herida como tantas veces hacía. Esta vez se apartó pero le retuvo en el sitio un poco más, sintiendo que en el momento que se levantara la echaría de esa casa.- Quiero ayudarte a salir de aquí.- Alzó los ojos al techo.- Todo lo que puedas darme me ayudará a crear una coartada, Kylo… Y ahora que ya sabemos los dos para quien trabajamos creo que…- Sorbió con fuerza.- Podría ayudarte… Si me dejas hacerlo.
Y Kylo suspiró, repasando todo aquello que Rey le había dicho, notando como su rabia disminuía, provocando que la adrenalina se dispersara y el dolor físico aumentara. Bajó las manos, apartándolas de los gemelos de la chica, y las situó sobre sus propios muslos, continuando arrodillado ante ella, con la cabeza apoyada en los muslos de Rey. Y se preparó para revivir aquello otra vez, una más…
-Tenía quince años cuando se acercaba la noche en la que íbamos a ver The Wall, como siempre hacíamos en nuestro ritual de los sábados de abril.- Rememoró y Rey prestó atención, sintiendo que una soga de su corazón se cambiaba por otra, otra que le apretaría en compasión por él.- "Ponme la película de las flores que se retuercen, papá…" –Habló con la vista perdida y una lágrima rodó por su mejilla.- Yo sabía de los negocios de mi padre… Un poco. Le pillé una vez una caja de contrabando en su carguero coreliano.- Sonrió, nostálgico.- Y teníamos un trato, yo le cubría si él me ponía esa película todas las veces que yo quisiera y la veía conmigo sin rechistar. Y mi padre no se negó.- Rey sonrió de medio lado.- Me prometía que estaba a punto de terminar, que iba a dejar ese condenado trabajo y que veríamos esa y todas las películas que existieran en la galaxia, cada noche.- Kylo hizo una pausa, tomando un momento.- Pero mi padre, bajo presión, no solía tener todos los flancos cubiertos… Y dejó un rastro, un leve rastro que Snoke siguió hasta su plan de derrocar aquel imperio.- Tomó aire sonoramente, otra lágrima caía por su mejilla.- Snoke asaltó nuestra casa… Aquella condenada hacienda era mi casa.- El corazón de Rey se saltó un latido ante tal confesión.- E inmovilizaron a Han… Y a mí. Snoke me cogía las manos y me decía que yo iba a ocupar el puesto de mi padre. Me resistí…- Otra lágrima. Otro latido que se saltaba el corazón de la chica.- Luché. Me gané un puñetazo, y otro… Y Snoke sostuvo el puñal con mi mano… "Papi, perdóname"…- A Kylo se le quebraba la voz al mismo ritmo que su corazón terminaba de deshacerse.- Y no pude apartar la vista cuando se lo hundí. Cuando se lo hundimos…
-Cuando Snoke lo hundió.- Reforzó Rey, intentando que su voz no sonara rota.
-Han no estaba enfadado conmigo. Me acarició la mejilla cuando le soltaron. "Sé fuerte, Ben… Y que la Fuerza te acompañe". Y se fue… Delante de mí.- Volvió a hipar. Y cerró aquel recuerdo en su cabeza como si fuera un libro.
-Déjame ayudarte, Kylo. – Le rozó la sien con la yema de los dedos, apartándole un mechón negro. – Déjame sacarte de aquí. – Lo que le pedía el cuerpo y el alma era inclinarse sobre él y cubrirle, abrazarle, sentirle, tenerle de vuelta a ella. Daba igual si no era posible. Su piel tiraba hacia él. Y sin embargo, se quedó quieta, muy quieta. – Luego, si quieres, no volverás a verme nunca más. Pero déjame darte la tranquilidad que mereces. – Kylo soltó un bufido, que hubiera sido una risotada dolida si aun le quedaran fuerzas para más que para respirar.
-¿Tranquilidad? – Y alzó la cabeza en ese momento, clavando la mirada en ella. – Yo lo que quiero es que todo el mundo me deje en paz, que se olvide mi nombre y me dejéis morir solo. – Aquellas palabras eran como un garfio atravesándole la garganta. – Tenía un trato con Hux. Derrocábamos a Snoke, él se queda con la Primera Orden y yo me voy a tomar por culo. Yo nunca quise esta vida. Pero ahora, lo que me ofreces es que mi madre, que me odia, me meta entre rejas y quizás con miras a una reducción de condena. Tengo enemigos, Rey. Y hoy más que nunca. No llegaré al cuarto día. Y es casi un alivio. – Rey le miraba ya sin poder contener las lágrimas que se le caían, como si simplemente no pudieran dejar de caer, como si la naturaleza de sus ojos fuera un riachuelo de otoño. – Porque mi previsión de futuro es morirme solo, frente al televisor, podrido frente al espanto, seco y rodeado de moscas de diferentes tamaños. – No fue capaz de aguantarle más la mirada a la chica, viéndola llorar ante él. Negó con la cabeza, y se apoyó en todo cuanto pudo para ponerse en pie.
Al final, esa era la puta lección. El amor era eso. No era sentirse a salvo, cuidar y ser casa, no. El amor era recibir hostias. Y después de la primera, viene la segunda. Y cuando ya crees que no vas a recibir más, te caen en racimo. Por gilipollas. Cuando pienses que ya no vas a aguantar una sola hostia más, llega alguien que te dice "confía en mí, te llevaré a doce parsecs de todo aquello que pueda herirte". Y avisas, y dices "llevo el corazón inflado a hostias, ten cuidado, que ya no soy fuerte, que de un golpe me matas". Y entonces, te dan la hostia definitiva. Y te quedas en el suelo, retorciéndote como un gusano, preguntándote por qué. "
¿Por qué? Esa es siempre la pregunta del dolor.
Salió a trompicones del baño, dándole la espalda aun a sabiendas de que ella seguía ahí. Cuando se apoyó en el umbral del dormitorio, casi se derrumba. Y podía verla alzando los brazos como si hubiera estado a punto de caerse. Sus manos… Que fueron un consuelo desde el primer día y hoy le parecían lijas contra sus heridas. No había estado a punto de caerse por el mareo, la pérdida de sangre ni nada. Era esa maldita habitación. El dormitorio olía a ella, las sábanas seguían desechas y su camiseta sobre la almohada. Los recuerdos le asolaron de golpe, como un mazazo en el pecho dado con la misma fuerza con la que se había tragado esas palabras que había querido decirle y que ahora casi era un alivio haberse callado.
Se sentó en el borde de la cama, mirándose las manos y viendo cómo ella se arrodillaba ante él para atraparle la mirada. Ya ni siquiera tenía fuerzas para combatirla, parecía decidida a llevarse hasta el último pedazo de él y Kylo ni siquiera tenía ganas de reclamarse. Sabía que moriría enloquecido. Un hombre sólo necesita valor para comprar un clavo y un trozo de cuerda. Si es capaz de salir a la calle a comprar sólo esas dos cosas, ya puede ahorcarse.
-Puedo conseguirte el exilio, si es eso lo que quieres. – Y lo decía en serio, como si fuera la última voluntad de un muerto. – Y no voy a permitir que nadie te moleste de aquí en adelante, Kylo, ni siquiera yo. - Asintió, casi imperceptiblemente y eso fue todo lo que necesitaba Rey para volver a poner sus engranajes en marcha. Ese era su nuevo objetivo. Y no descansaría hasta que pudiera volver a Kylo y decirle que ya estaba, que ya podía irse, que nadie le seguiría, que era libre de cualquiera que pudiera hacerle daño.
Se levantó al tiempo que él se recostaba y estuvo a punto de marcharse cuando sintió la mano de Kylo apresando su muñeca, reteniéndola. Rey bajó la mirada hacia allí, guardando para siempre el recuerdo de cómo se veía su mano en ella. Y luego hizo el camino ascendente hasta él, aun cubierto de sangre y manchando las sábanas sin que eso le importara lo más mínimo.
-Si esta va a ser la última vez que te vea. – Rey asintió, confirmándoselo, que no tenía que preocuparse por ello. Que desaparecería de su vida, porque las heridas que no matan, se terminan curando con tiempo y distancia hasta que los recuerdos se difuminan tanto que pierden fuerza en cada golpe. Un día, simplemente, duele menos que el anterior. Un día, simplemente, has logrado pasar una hora sin pensar en ello. Un día, simplemente, pasa. – Me gustaría que te quedaras.
A tomar por culo el orgullo y la dignidad.
Aunque aquello no fuera justo para ninguno de los dos, merecían poder despedirse. Él merecía poder despedirse de ella, anclar su recuerdo como los mejores días de su vida. Que si fue mentira, fue el puto mejor truco de magia que le habían mostrado. Y Kylo ni siquiera tuvo que esperar su respuesta. Rey se quedó medio tumbada sobre la almohada, ligeramente erguida con el cabecero a la espalda y dejando que Kylo se tumbara encima de ella, abrazado a su cuerpo, con la cabeza sobre su pecho, escuchando su corazón, escuchándolo romperse junto al suyo y disfrutando por última vez de la sensación de sus dedos enredándose en su pelo.
…
Hux no podía creérselo. No había podido creerlo cuando le habían dicho que Rey había vuelto al apartamento de Kylo. No había podido creerlo cuando le habían dicho que este aún no la había echado a patadas. Y ahora, en la acera frente al portal, seguía sin podérselo creer, mientras veía el coche de la chica mal aparcado y con prisas. Ella seguía allí. Horas después, seguía ahí. Horas. Y la mente de Hux siempre funcionaba a mil revoluciones, siempre iba un paso por delante.
Sí, es cierto que Kylo había mantenido su parte del trato, derrocar a Snoke. Y, de hecho, lo había cumplido con creces, le había limpiado el camino, había anulado toda posibilidad de que Snoke reclamara su trono. Y él había estado más que dispuesto a cumplir su parte del acuerdo, dejarle en paz, dejarle marchar sin impedimentos, sin que nadie le siguiera. Kylo no tenía nada que reclamar, ni lo quería.
Pero con lo que Hux no había contado es con que Kylo se encamara con una agente de la JEDI. Oh, eso lo había cambiado todo. Y no sabía hasta qué punto había sido una sorpresa para él o en realidad había sido algo pactado. Pero había visto la avaricia en los ojos de esa chica. Ella no se volvería sin su hueso.
Kylo le entregaba a él el control de la Primera Orden. Y luego entregaba la organización a la JEDI, con él al mando, como mayor responsable de todos los crímenes cometidos. Y eso sí que no lo iba a permitir. Ni que pasaran por encima de él, ni que le tomaran por gilipollas, ni que le arrebataran la Primera Orden que era su vida entera. Y mucho menos aun que lo hiciera aquella zorra de desierto.
Le dio una última calada al cigarro, antes de tirarlo y apagar la colilla con la punta del zapato. Luego, cruzó la calle, vacía y silencio como cualquier madrugada.
…
Rey ni siquiera había podido sumirse en un duermevela, aunque se lo pidiera el cuerpo y el alma, aunque esa fuera la última oportunidad que le daba la Fuerza para conciliar el sueño, estar tranquila. Unas horas en su presencia, con su cuerpo abrazado al suyo, un solo minuto de descanso, sería suficiente para reponerla. Pero no. Había sido incapaz. Alguien tenía que velar por él, aunque sólo fuera una última vez. Alguien tenía que quedarse ahí, como una gilipollas, y asegurarse de que nadie venía a hacerle daño en mitad de la noche. Ni siquiera ella.
Pero entonces, escuchó algo. Al principio, creyó que sería el segundero de un reloj, que en el silencio absoluto de la noche se volvía atronador. Pero no. No era nada de eso. Sin embargo, mantenía la cadencia suave, constante y afilada. Y, de nuevo, una corazonada, acelerándola.
-Kylo. – Le llamó con un susurro. No quería despertarle. Era lo último que quería. Deseaba verle tranquilo, sin que nadie le molestara. Pero debía despertarle. Le pasó los dedos por el pelo, apartándoselo de la cara. – Kylo. –Volvió a llamarle, un poco más alto esta vez, con cierta urgencia. Le sintió removerse, pero no llegaba a despertarse. – Kylo, se acerca a alguien. – Eso le hizo despertarse alerta, sentándose en la cama como un resorte, agudizando el oído y mirándola.
-¿Esperas a alguien? – No era una pregunta, era una acusación. Kylo estaba esperando que ella le traicionara otra vez, que le estuviera entregando. Ella negó con la cabeza, sin tiempo para sentirse dolida por una desconfianza que había provocado ella misma.
Kylo se levantó, calzándose las botas en completo silencio mientras ella copiaba sus gestos, para luego acercarse a la puerta del dormitorio, entreabriéndola, agazapado como si estuviera cazando, plantando el oído y… Y reconociendo esos pasos. Porque siempre se quedaba con esos detalles.
Se giró hacia Rey, con los ojos desorbitados, y ella le miró aterrada, sin saber por qué debía estarlo. Kylo realmente no tenía claro ninguno de sus sentimientos hacia la chica, eran un cúmulo de muchas cosas, buenas y malas, las buenas siendo terribles, y las malas no siendo suficientes para suponerle un alivio. Pero de entre todo ese huracán de sentimientos, emociones y mierda, tenía claro sólo una cosa: No quería verla morir.
La cogió del brazo tirando de ella y abrió la ventana justo cuando escuchó que se corría el pestillo de la puerta. Hux era así, eficiente, sigiloso, elegante. Y ella le miraba desubicada, sentada en el alfeizar, como si fuera tirarla por la ventana, aferrada a su brazo hasta clavarle las uñas, susurrando "nonononono".
-Rey. – le cogió de la cara, obligándola a centrarse, manchándole las mejillas de sangre y detestando el modo en el que escondía sus pecas, tanto cómo detestaba esa mirada asustada. Rey era bien capaz de valerse por sí misma, lo había visto mientras luchaban contra la Guardia de Snoke. Pero en ese momento, con él, estaba a su merced, desvalida hasta que supiera qué hacer. – Rey, debajo de ti, hay unas escaleras metálicas. – Le giró la cara con la mano apretándole los mofletes como solía hacer para que su mirada diera con la escalera oxidada en la fachada. – Sabes dónde tengo la moto. Espérame ahí.
-¿No vienes? – Le dio un ligero empujón para alejarla de la ventana y aun así se aferraba con el puño a su ropa.
-No me voy a ir sin hacerte cumplir la única promesa que necesito que cumplas. No te va a ser tan fácil, Rey. – Y cerró la ventana ante sus narices.
Corrió hacia la cama, amontonando las almohadas para que simularan su cuerpo en la oscuridad y se situó tras la puerta justo cuando ésta se abría en absoluto sigilo, viendo cómo Hux se asomaba… Y cerrando la puerta tras él una vez entró.
El pelirrojo avanzó hacia la cama, observando el panorama detenidamente y jaló de la sábana, descubriendo que no había nada. Entonces los notó, notó los ojos de Kylo clavarse en su espalda y suspiró, decidido a darse la vuelta y encararle pero Kylo había sido más rápido.
-¿Y ese blaster, Hux?- El interpelado se puso rígido, aguantando el nervio ante el tonito de Kylo.
-No puedo correr riesgos…- Y finalmente se dio la vuelta, encarándole, con la mano en la cartuchera del blaster, pero la dejó caer, ante Kylo. Mirándole de arriba abajo y luego chistando, el moreno achicó un ojo.
-No sé qué narices estás pensando… Pero te estás equivocando.
-¿Sabes qué, Ren?- Ladeó la cabeza, sin poder contener el tono de sus palabras.- Nunca lo hago.- Y Kylo fue a decir algo hasta que Hux desenfundó el arma, sosteniéndola a un lado de su cuerpo.- ¿Puedo preguntar qué cojones te crees que vas a conseguir vendiéndome?- Kylo fue a hablar pero la rabia de Hux pudo más y pateó la cama con fuerza, llegando incluso a moverla del sitio.- ¡¿Se puede saber qué cojones ha pasado, Kylo!?
-¿Con qué?
-¡¿Conmigo?!- Kylo retrocedió.- ¡Teníamos un acuerdo!
-Lo tenemos…
-¡Los cojones de un rancor, Kylo! ¡No tenemos una puta mierda, no con ella! ¡¿Me tomas por un gilipollas?! ¡¿Te crees que no sé lo que estás pensando hacer?! ¡¿Tan bien te la chupa que se te han descuadrado las ideas?!- Kylo se adelantó, furioso ante el tono que empleaba con Rey, pero Hux alzó el brazo, apuntándole con el arma y Kylo alzó los brazos.- ¡Quieto ahí, por la puta Fuerza! ¡No te muevas! –Gritó, entremezclando el pánico con la rabia. El moreno le observó, conteniendo el aire y bajando los brazos poco a poco mientras le miraba con furia.- ¿Ibas a pegarme?
-¿Y tú a dispararme?- Hux fue a responderle pero Kylo se adelantó, no quería saberlo. No quería escuchar aquella afirmación por parte de Hux.- ¡No sé por qué te has empeñado en desestabilizarlo todo, Hux, hostia puta!
-¡¿Qué yo lo he desestabilizado!?- Pateó de nuevo la cama.- ¡¿Qué yo lo he desestabilizado!?- Y otra patada a la mesita de noche, tirándola por el suelo junto a los cajones y lo que en ellos se guardaba.- ¡Yo no he sido quien ha desplazado a un socio por una tía!- Kylo parpadeó, intentando analizar aquello.- ¡¿Qué te ha propuesto!? ¡¿Un trato mejor?! ¡¿Te crees que porque, yo que sé, me entregues te van a rebajar lo que sea que se te vaya a caer encima!? ¡No va a pasar, Kylo, sigue jugando contigo!- Hizo un aspaviento con los brazos.- ¡Y eres tan idiota que no eres capaz de verlo! ¡Joder, Kylo!- Hizo otro aspaviento antes de volver a apuntarle.- ¡Me he esforzado mucho en que todo salga bien! ¡Me he esforzado en intentar ayudarte! ¡Yo iba a cubrirte las espaldas una vez Snoke muriera y pudieras hacer vida normal! ¡Yo te he dado todo cuanto he tenido! ¡Y me lo estás pagando con un puto reemplazo!
-¡No te estoy reemplazando!
-¡No lo niegues, por todos los putos siths, que ni se te ocurra mentirme!- Siguió encañonándole mientras zarandeaba el arma como si estuviera a punto de darle toques con ella.- ¡Me estás reemplazando! ¡Ya lo has hecho!- El pelirrojo cerró los ojos con cansancio antes de volver a centrar su atención en él.- Y me parece correcto que hayas tomado una decisión porque…- Y entonces cargó el blaster, provocando un sonido retumbante.- Porque yo también lo he hecho, Ren…
-¿Vas a matarme, Hux? – Le retó, haciendo que de verdad el cañón diera con su frente. - ¿Nos harías ese favor a todos?
-Sin dudarlo. – Admitió el pelirrojo lo que ambos ya sabían.
Y esa fue toda la señal que necesitó Kylo para llevar el canto de la mano hasta golpear el arma y apartarla de su frente y darle con el codo en el hombro para inmovilizar su brazo. Forcejeó con él y aún así, apretó el gatillo, estrellándose el plasma contra la pared. Kylo dio un último tirón, otro golpe con el codo y pudo sentir cómo se le dislocaba el hombro a Hux antes de escuchar su grito. Al final del día, siempre era él el que se encargaba de hacer daño a otro para poder vivir hasta el amanecer. Como siempre.
Aprovechó la ventaja que le daba para salir por la puerta. Esas escaleras oxidadas soportarían el peso de Rey perfectamente pero no el suyo después. Así que debía salir por la puerta. Y sabía que un hombro dislocado no sería suficiente para frenar a Hux cuando te marcaba como objetivo.
Cuando salió, casi se choca de lleno con Rey, que iba acelerada. La cogió del brazo de nuevo, arrastrándola hacia el callejón donde estaba la moto, sin pensar realmente en que una zancada de él era como tres pasos para ella.
-Te dije que esperaras aquí.
-Oí un disparo y temí por ti. – Trató de excusarse, casi tropezándose y dando gracias a que él la sostenía porque se habría dado de bruces contra el bordillo, a pesar de la fuerza con la que la tenía agarrada y con la que tiraba de ella. - ¿Estás herido?
Kylo ni se dignó a responder a eso. Perder un amigo, definitivamente se añadía a la lista.
-Sube. – Le ordenó en cambio, mientras arrancaba la moto, haciéndola virar en un círculo cerradísimo cuando ella apenas había sentado el culo y se había agarrado a él. Sin embargo, entendió sus prisas cuando vio a Hux, sosteniéndose el hombro mientras entraba en su coche, elegante, lustroso, rápido y perfecto.
Ni cuando tuvieron a Phasma tan cerca la noche anterior Kylo le había metido tantísimo gas a la moto. Rey apretó la cara contra su espalda, resguardándose del azote del viento, abrazándole la cintura con fuerza. Porque si antes había creído que volaban sobre aquella bestia negra es porque no habían tenido a alguien como Hux pisándoles los talones, atravesando las calles como cometas, zigzagueando en los callejones, y tomando las curvas tan cerradas que casi daban con las rodillas. Y Rey sabía que estaba mal, que no era el momento, pero no podía evitar que una parte de ella se sintiera bien por alargar un segundo más su contacto con Kylo, un último abrazo, sin importar qué sucediera el segundo siguiente.
Luego, todo pasó demasiado rápido. Rey no veía lo que había ante ella, ni podía oír nada por encima del rugido del motor, pero le llegó el olor del mar, la sal, la humedad, la arena, las rocas y la madera rota de los barcos encallados. Giró la cabeza en el momento en el que vio a Hux acelerar, dándoles justo mientras Kylo tomaba una curva para evitar el puerto. La moto se desequilibró, las ruedas resbalaron en el asfalto y de repente sus brazos la rodeaban y la encerraban, protegiéndola del golpe, interponiendo su cuerpo en la caída y luego…
Luego, un impacto frio. Y el agua envolviéndoles. Aun abrazados y con todo el ruido anulándose por completo a su alrededor. Y toda la furia se evaporó. El mundo se convirtió en un silencio de azul oscuro, casi negro, tambaleante, ondulante, con toques anaranjados de las luces de las farolas. El frío les azotó de golpe seguido de una humedad salada, algo fétida pero que tampoco suponía un problema.
Rey se atrevió a abrir los ojos bajo el agua, sumergida, dejando escapar un poco de aire, burbujeando frente a ella, viendo ante sus ojos cómo la moto de Kylo se hundía a cámara lenta y éste la buscaba desesperado. Y buceó hasta él, dando manotazos al agua, sintiendo el estruendo tembloroso del líquido ensordecerla, hasta Kylo lo percibió y rodó, quedando frente a ella…. Y la imagen podría ser tan trágica como mágica.
Aquellas burbujas, subiendo, presentándola como una aparición de la Fuerza, con el pelo suelto. Y aquella mirada alegre de haberle encontrado entre el caos del agua pero asustada por la situación. Entonces Kylo escuchó un tiro retumbar fuera del agua, acto seguido escuchó el sonido de la bala adentrándose en el agua y el aire pasando frente a él, dejando un surco que le recordaba a una aguja enhebrada. Se impulsó con los brazos, llegando hasta Rey, tomándola por la cintura, buceando, intentando alejarse. Rey se aferró a él, dejándose hacer, todo era tan lento que era odioso.
Podía verlo, podía ser consciente de todo pues se sentía como entre dos tiempos: Su cabeza lo suficientemente acelerada como para procesar pero el exterior tan lento como para sentir que se le atascaba en el pecho. Y entonces otro tiro, otro más y Kylo no dejaba de bucear, arrastrándola lejos de allí. Y otro tiro más, pasando cerca de ellos. Rey condujo los ojos, siguiendo la trayectoria de la bala, pasando tan rápido pero dejando una estela que ralentizaba su movimiento.
Y, para cuando levantó la cabeza… Encontró el horror alzarse tras la espalda de Kylo. Burbujas rojizas, hilos de sangre danzantes, subiendo hacia la superficie. Y Kylo no dejaba de bucear, proyectándose lejos de allí. Estaba tan pendiente de alejar a Rey de la muerte que no le importó usarse de escudo.
El mundo no perdía nada si él se desvanecía, pero no podía decir lo mismo de ella.
Con todo su potencial. Toda su fuerza… Rey podía cambiar el mundo con tan poco mientras él, sencillamente, llevaba tanto tiempo estancado que se había entumecido.
Y cada brazada, cada aleteo con los pies, cada impulso, cada vibración en negro, fundiendo el contorno de su vista, valía la pena si conseguía sacarla de allí. Y si le costaba su último aliento, pagaría aquel precio con gusto.
Un último tiro se hundió en la carne de su espalda. Y aquel le dolió tanto que le hizo boquear, perdiendo aire. Se asustó al ver que empezaba a ralentizarse, que empezaba a sentirse agotado, que en breves empezaría a respirar agua, ahogándose y empujó a Rey lejos de él. Si era lista le usaría como objeto de impulso, alejándose de allí.
Pero, en cambio, sintió un tirón en su muñeca. Alzó los ojos, encontrándola de nuevo entre burbujas, esta vez en menos cantidad, tironeando de él, apretando los dientes y gruñendo. Perdiendo aire mientras le alejaba. Un tiro entró en el agua a lo lejos y Rey sintió el alivio de haberle despistado, de ver que el agua estaba tan oscura por la noche que impedía a Hux verles bien.
Y aquello le dio fuerzas, un último impulso, un pequeño esfuerzo, el que se guarda en la reserva para cuando ya no se puede más. Y Rey se cargó el brazo de Kylo al cuello y empezó a bucear con fuerza, alejándose. Llegando bajo un muelle, donde las sombras les ocultarían de Hux. Salió del agua, sacando la cabeza de Kylo y luego la suya. Forcejeó con todas sus malditas fuerzas, manteniéndose a flote con él. Debía sacarle del agua si no quería perderle definitivamente.
Escuchó el rugido del coche de Hux, alejándose de allí y Rey vio su oportunidad. Se aferró al final del muelle, y sacó a Kylo haciendo uso de un solo brazo. Él usó sus últimas fuerzas para ayudarse a salir a duras penas y, una vez estuvo arriba, Rey salió del agua tras impulsarse. Subiendo a la madera del muelle, temblando de frío. Y le dio la vuelta, dejándole boca abajo, le vio toser agua y ella se sintió aliviada, seguía vivo… Pero cuando alzó la camiseta y vio aquellos tres agujeros perdió la poca calma que había conseguido con tan poco.
Llevó con desesperación una manita al agujero que más sangre perdía y presionó mientras que su otra mano rebuscaba su teléfono móvil. Y rezó a la Fuerza, rezó a Obi-Wan, a Yoda, a Ahsoka Tano y a todos los ex agentes de la JEDI que conocía, pidiéndoles ayuda.
-Por favor, por favor, por favor, por favor…- Kylo sonrió, virando hacia ella, alzando una mano a duras penas hasta sostener su carita. Llamando su atención, Rey giró la cabeza hasta él.
-Suena horrible cuando no soy yo quien te provoca pedir las cosas con tanta desesperación…- Susurró y ella le chistó suave, presionando más fuerte la herida y marcando un teléfono. Aquel aparato podía sumergirse, por suerte tenía uno que podía sumergirse, y llamó a los refuerzos.
-Aguanta. Aguanta, por favor, por favor, Kylo…- La mano de él resbaló de su mejilla, cayendo a los muslos de Rey.
-Cuando mi padre estaba a punto de morir también me tocó la cara…
-Cállate, no estás a punto de morir…- Maldijo a todos los tele-operadores que no le contestaban y temía estar llorando, balbuceando sin decir nada claro en el momento donde más precisión se necesitaba.
-Joder, Rey… Has hecho que un infierno parezca un limbo.
-Cállate…- Y entonces se descolgó el teléfono al otro lado.- ¡Aquí Raelene Kenobi! ¡Solicito refuerzos, solicito una ambulancia, tengo un herido de gravedad con tres disparos en la espalda y una conmoción por pérdida de sangre! ¡Estamos en el puerto, en el muelle de descarga…!- Rápidamente buscó un número específico, algo, algo que le ayudara a dar su localización exacta.- ¡456! ¡Muelle de descarga 456! ¡Dense prisa, por favor!
-Joder, Rey… -Ella seguía al teléfono, dando indicaciones mientras ya le habían dicho que le mandaban todos los refuerzos solicitados. Obviando a Kylo y presionando fuerte aquel agujero que no dejaba de sangrar.- Joder… Mi niña.- Y ella viró la cabeza hacia él.- Joder, niña… No sabes el poder que tienes… Sobre mí.- Una lágrima cayó de sus ojos y Rey no sabía si era agua o que él también lloraba.- Joder, mi niña, me has llegado a hacer tan feliz…
-¡Y lo serás más veces! ¡Cállate! ¡No te vas a ir a ninguna parte!- Gritó, sintiendo las lágrimas caer sin ton ni son de sus ojos.- ¡Cállate, Kylo, para! ¡Para!... ¡Ben!- Y él contuvo el aire un segundo ante aquello, sonriendo de medio lado y cayendo poco a poco, acomodándose en el suelo.- ¡No te vayas, Kylo, no me dejes, joder!- Apartó el teléfono y apretó con ambas manos.- ¡No me dejes, joder, Ben!
Y una sirena de fondo le hizo alzar la cabeza. Y luego un brazo, indicando su posición. Y necesitaba que Kylo fuera fuerte una vez más, sólo una más. Que sacara su fuerza, su potencia, su resistencia una vez más… Y salir de esa.
…
Rey estaba sentada en una sala de espera solitaria y gris, con luces a medio encender, cubierta por una manta térmica. La chica que iba en la ambulancia se la dio una vez metieron a Kylo en el quirófano porque, según ella, le ayudaría a evitar una conmoción… Y Rey no sabía si estaba funcionando.
Se miró las manos otra vez, cubiertas por su sangre. Cerró los puños, como si aquello fuera lo único que iba a mantener de él a parte de su recuerdo. Y alzó los ojos. Ya no le quedaban lágrimas pero ella seguía llorando en silencio. Esperando. Esperando una buena noticia. Llevaban ahí dentro una hora y media y nadie salía a informarle de nada. A decirle nada.
La espera era lo que Rey gestionaba peor. No lo soportaba. Igual que la idea de vivir sabiendo que Kylo ya no estaba. Si algo le ayudó durante la muerte de Obi-Wan fueron los viajes de éste. Durante un tiempo Rey se forzó a pensar que Obi-Wan estaba de viaje, muy lejos. Hasta que la idea del retorno apareció en su cabeza… Y se dijo a sí misma que había perdido el tren o la nave. Pero, como si se tratara de un acto reflejo, supo que aquella opción no se daría nunca. Porque Obi-Wan no perdía nunca un tren o una nave de regreso. Jamás… Y fue entonces cuando la realidad le dio de lleno.
Y no quería. No quería pensar en Kylo de esa manera. Quería que viviera, aunque no le viera nunca más. Porque, si vivía, cabía la posibilidad de encontrarle de casualidad por alguna calle, en algún cine… Y aquello sería un motivo por el cual se levantaría todos los días hasta que la psicóloga consiguiera restaurarle la cabeza.
El ruido de una puerta abriéndose volvió a ponerle los pies en la tierra, conduciendo la mirada hacia el lugar de donde provenía aquel sonido. Y Leia entró en la sala de espera, acalorada. Encontrado a Rey allí, sentada. La chica se levantó, sosteniendo la manta térmica y anduvo a duras penas hacia la General, quién no parecía la misma mujer que vio la otra vez. Esta Leia era expresiva, estaba asustada, al límite. La sola idea de perder a su hijo estaba enloqueciéndola. Y, cuando se encontraron, Rey no dudó en atrapar a Leia entre sus brazos. Y se sintió reconfortada cuando los brazos de Leia correspondieron al gesto.
Y la puerta del box se abrió, dejando paso a una médico que se quitó la mascarilla, observándolas. Rey apretó el puño.
-Hemos conseguido estabilizarle.- Y a Rey, al fin, se le escapó otra lágrima. – Pueden pasar a verle pero sólo puedo dejarles cinco minutos antes de trasladarle a observación. – Rey asintió, yendo directa a la habitación sin ni siquiera darse cuenta de que Leia se quedaba detrás dándole las gracias a la doctora antes de seguirla. Rey no tenía tiempo para eso, podía dedicarse a las formalidades luego, una vez le viera respirando.
Al abrir la puerta, pudo sentir el olor de los antisépticos casi mitigaba el de la sangre. Pero lo que se llevó el aire de sus pulmones, fue verle conectado a esas máquinas. Se acercó, con cuidado, como si fuera a despertarle. Necesitaba dormir, aunque tuvieran que convencerle químicamente, y lo único que ella no quería en este momento era perturbarle el sueño. Lo único que no quería, de aquí en adelante, era hacer nada que pudiera molestar el sosiego que mostraba su rostro en ese mismo instante, como si estuviera en un limbo, muy lejos de allí, muy lejos de ella. A salvo.
Alzó la mano hasta su mejilla, pasando el pulgar por sus pómulos, recorriendo sus lunares, guardando en su memoria táctil lo último que pudiera tener de él, antes de inclinarse sobre la camilla y darle un beso justo en la cicatriz. Esa cicatriz que era más suya que las demás aunque las hubiera besado todas. Y luego bajó la mano hasta entrelazar sus dedos con los de él, teniendo cuidado con la vía y sintiendo que le robaba ese momento. Porque de estar consciente, Kylo no le estaría dando la mano, sino que le estaría pidiendo que se fuera.
-Le había visto en fotos que me enseñaban de las investigaciones que encargaba. – Dijo Leia a sus espaldas, haciendo que Rey fuera consciente de ella de repente. – Pero ninguna nunca le hizo justicia. – Su madre avanzó hasta la camilla, sin conseguir apartar la mirada de Kylo. – Llevo casi veinte años sin ver a mi hijo, sin verle la cara. Habías noches en las que me despertaba gritando porque me llamaban para reconocer el cadáver de mi hijo y no podía decir si era él o no. – Copió el gesto de Rey y le cogió la otra mano. - Y cuando le veo, casi tengo que despedirme. – Alzó la mirada hacia Rey. – Gracias.
Rey se mordió los labios, conteniendo el llanto. Ella no merecía agradecimiento ninguno pero, desde luego, Kylo no había merecido morir.
-Haría lo que fuera necesario por él. – Dijo Rey, con la voz rota. Leia apartó la mirada de su hijo para mirarla de forma inquisitiva y triste a la vez. – Lo que sea necesario.
