Capítulo 24. Chroma.

Se estaba quedando sin tiempo. Casi podía verlo volar ante ella. Como cuando cogía arena y se le escapaba entre los dedos, y luego llegaba una brisa de aire y simplemente se alejaba de ti. O se te metía en los ojos.

En cuanto aquella ligera idea había cruzado su cabeza, su mundo se había acelerado, como una cascada, mientras todo a su alrededor tenía la cadencia de un goteo. Ahora que Kylo se recuperaba y aun no había despertado por todos los sedantes que fluían por sus venas, no tardaría el hospital en verse rodeado de policías, agentes y guardias. Y no era para menos. Kylo era la persona a la que todo departamento quería hincar el diente, porque todos tenían algo que cobrarse con él. Y si supieran…

Si supieran que él no era quien todos creían y querían creer que era…

Pero la sola idea de que rodearan su casa como habían hecho con aquel hospital, le puso el vello de la nuca de punta. No podía hacer nada por proteger el cine, porque había sido la tapadera de todo y no tardarían en precintarlo y ponerle seguridad para cada maldito segundo del día. Lo cogerían todo, las armas y las películas. El tesoro de Kylo. Pero no podía permitir que sucediera lo mismo con su refugio.

Se vio apretando su mano con más fuerza de la que debería al pensar en todos sus compañeros inspeccionando su piso, abriendo sus armarios, descubriendo sus recovecos, hallando sus secretos. Despreciarían el valor de todas aquellas películas y se mofarían de todo lo que encontraran. Y no podía permitirlo. Ni siquiera sabía en qué medida era por él tanto como lo era por ella. Ni mucho menos le preocupaba, a estas alturas, perder la placa. Era simplemente lo correcto, y Obi-Wan lo sabría ver así.

Había estado toda la noche con la cabeza apoyada en las sábanas de su camilla, guardando su cuerpo, pendiente de los pitidos del electrocardiograma y acariciándole, haciéndole saber que estaba allí. Pero ahora que estaba a apenas unos minutos de despuntar el alba, había caído en la cuenta de que había algo más que pudiera hacer, algo más que velarle. Se inclinó sobre él, le peinó el pelo hacia atrás con los dedos y le dio un beso en la cicatriz. Esa cicatriz que ya era suya.

Y justo al abrir la puerta, metiendo los brazos por las mangas de la chaqueta, se topó con Leia, su cara sorprendida al verla salir y sus ojitos cansados.

-¿A dónde vas? También estás bajo arresto y estás pendiente de una investigación.

-Voy a proteger lo que pueda de su hijo, Señora. – Ni siquiera se giró hacia ella cuando pasó. – Luego puede arrestarme y añadir esto a la lista. – Y se escurrió por los pasillos, cubriéndose, aprovechando las esquinas, el trasiego de enfermeros, doctores y pacientes hasta volver a su coche y salir derrapando de ahí.

No se demoró un solo segundo cuando llegó al piso de Kylo, aparcando sin mirar en el callejón y subiendo las escaleras de incendios que había descubierto apresuradamente en su huída el día anterior, corriendo como si pudiera ganarle unos segundos al amanecer, y forzando la ventana por la que había salido. Cuando sus pies dieron con el suelo enmoquetado de la habitación, corrió hacia la entrada.

Recordaba haber dejado tirada su mochila llena de ropa aquella noche que lo cambió todo, antes de que Kylo la llevara a ver a Snoke. Y si ella hubiera sabido que ese sería el último abrazo que le daría, no le hubiera dejado salir por la puerta. Se colgó su mochila del hombro y volvió al dormitorio mientras sacaba toda su ropa, vaciándola. Y cuando abrió el armario, realmente esperaba que Kylo hubiera dejado ahí sus películas favoritas, que esa fuera su selección personal, porque eso sería todo lo que podría llevarse.

Igual que esperaba que no tuviera muchos escondites para sus… sus… Alzó la mirada al techo, poniendo los ojos en blanco mientras se giraba hacia la cama. Seguro que sí, seguro que había escondites para todos sus juguetes y toda clase de instrumentos de tortura que luego no eran tales. Rodeó la cama y vio los desperfectos propios de un forcejeo, la mesita de noche tirada, la lámpara rota contra el suelo. Recogió todo lo que pudo hasta que llegaron a sus oídos esos sonidos tan característicos de un montón de coches rodeando el edificio. "Mierda".

Corrió hacia la ventana y estuvo a punto de tropezarse con algo que sobresalía de la cama. Miró hacia la ventana, su opción de huída. Y de nuevo hacia la cama, maldiciéndose por enésima vez en lo que llevaba de día. Podía sentir a sus compañeros subir las escaleras de dos en dos mientras ella empezaba a tirar de las correas. Y tiraba, gruñendo contra los dientes, con todo su peso, sin conseguirlo, sudando y frustrándose. Hasta que decidió apartar el colchón sin miramientos, guardando la penúltima correa justo cuando sonaba la puerta abriéndose de un golpe y se iban sucediendo los "despejado" a medida que se acercaban hacia esa habitación.

Saltó por la ventana, guardándose la última correa en la mochila, al mismo tiempo que se abría la puerta del dormitorio y ella se escurría por las escaleras oxidadas de la fachada. No perdió un segundo alzando la mirada para saber que la habían pillado, que sabían que era ella. Ni siquiera se giró cuando se metió en el coche, dio marcha atrás golpeando a uno de los coches como si fuera un bantha y pisó a fondo tanto que temió que se le hubiera quedado el pie agarrotado en el acelerador. No paró apenas, evitaba los semáforos callejeando, como si eso fuera a evitar que terminaran arrestándola para que prestara declaración por sus actos. Pero es que necesitaba llegar antes al hospital. Necesitaba…

Por la Fuerza. Si hubiera tenido claro antes, mucho antes, lo que necesitaba, quizás ahora no se estuviera viendo en estas circunstancias.

Para cuando llegó al hospital, la JEDI ya había dado la voz de alarma de que ella también debía ser capturada. Pero no le fue difícil colarse, no a ella. No era su primera vez metiéndose donde no debía, o donde no le estaba permitido, o simplemente donde suponía un peligro, cubriéndose hasta con las máquinas expendedoras, aquella enfermera con un montón de globos de la mano o aquel paciente que arrastraba un catéter. Y lo cierto es que lo único que no esperaba es que la habitación de Kylo no estuviera sitiada por una fortaleza de seguridad. Pero no dudo en colarse. No lo dudó ni un solo segundo.

Y fue a entrar hasta que sintió un fuerte jalón en su muñeca, arrastrándola fuera de allí. Dejándola con el brazo extendido y la mano abierta, dispuesta a accionar el pomo. Giró la cabeza y allí estaba Leia, con una mueca fuerte, observándola con unos ojos que a Rey le pesaron como piedras. La mujer condujo los ojos a la mochila antes de regresarlos a ella. Y Rey habló antes de que la General lanzara su primera pregunta.

-¿Ha despertado?- Leia contuvo el aire.- Por favor, necesito hablar con él.

-Y nosotros hacerte unas preguntas.- Rey bajó los ojos y asintió.

-Sí, Señora.

Y no le hizo falta seguir jalando de su brazo o esposarla. Rey anduvo por delante de la General, quien iba tras ella con un paso firme y decidido. Llegando al aparcamiento y marchándose a comisaría, donde procederían con los interrogatorios a los que Rey respondería con total y máxima sinceridad.

Había tenido que afirmar todo lo que aparecía en las grabaciones frente a la General y su superior, Antilles, mientras Rey sentía que se le caía la cara de vergüenza ante algunas grabaciones que allí proyectaron. Todo estaba siendo grabado tanto en vídeo como en audio y Rey sabía que aquello iría a más. Que se llevaría ante un juez, que se expondría, que sería su vergüenza… Pero apenas le importaba. Lo único que quería era demostrar que Kylo no era el culpable… Pero claro… No pudo recoger ninguna grabación de la casa de Snoke que sirviera como prueba contundente.

Antilles vagaba por la sala mientras Leia se encontraba sentada frente a la acusada. Antilles estaba repasando todo el testimonio de Rey en voz alta, trozo a trozo, mientras ella asentía, indicándole que había entendido bien su parte de la historia.

-Usted asegura que si mando una unidad a rebuscar en el punto donde dice que se encuentra Luke Skywalker, le encontraremos sin complicaciones…- Rey asintió con la cabeza.- También asegura que Luke Skywalker dará un testimonio que cerrará las dudas que podamos tener acerca de las pruebas que usted presenta.- Volvió a asentir.- ¿Confía en que Kylo Ren colabore a favor con nosotros?

-Estoy segura de que así será siempre que…- Hizo una pausa.- Siempre que le proponga algo a cambio.- Antilles rió por la nariz.

-¿Algo a cambio? ¿Qué se cree que es esto, Señorita Kenobi, una beneficencia?

-No puede culpar a Kylo, él ha sido una víctima.

-Una víctima con capacidad de razonamiento que perfectamente puede decidir cómo actuar… Igual que usted.- Rey miró a Antilles como si no creyera aquello, como si su superior hubiera perdido el respeto por ella en su totalidad y estuviera construyendo un muro.

-Le estaban amenazando…- E iba a proseguir con su defensa hasta que Antilles recibió una llamada que, al parecer, no podía esperar. El agente descolgó y atendió el teléfono mientras observaba a Rey con una expresión dura y distante.

-No han encontrado cadáver o prueba alguna de la existencia de Snoke en la hacienda que se especificó.- Aclaró en voz alta. Rey hizo un aspaviento a medias.- La hacienda se encuentra abandonada.- Volvió a aclarar.- ¿Qué hay de los cines?- Rey prestó atención.- ¿Y la residencia del acusado?- Hizo otro silencio.- De acuerdo, acudan a la dirección que se les facilitó para encontrar a Luke Skywalker. – Una pausa, un asentimiento firme. - De acuerdo. Sigan trabajando en ello y llámeme con la siguiente novedad, Bibs.- Y colgó, pero Rey no dejó espacio a más.

-¡Tienen un equipo de trabajo que limpia a conciencia cada escena para que todo parezca lo que…!- Antilles alzó la mano.

-No se ponga nerviosa.- Leia se levantó mientras Antilles guardaba su teléfono.- Conocemos los equipos de limpieza de la Primera Orden y, según Finn, son capaces de hacer que todo parezca lo que no es.- Apoyó las manos en la mesa.- Señorita Kenobi, nos encantaría poder creer la versión que culpa de todo a un cadáver pero sin pruebas de todo lo que usted dice… No podemos hacer nada.- Rey bajó los ojos.

-¿Entonces…?

-Usted perderá la placa y quedará degradada a una posición correspondiente, regresará a la academia para un entrenamiento de enderezamiento, su conducta y sus métodos han sido… Deplorables.- Rey se relamió.- Y en cuanto al acusado, si todo sigue pintando en su contra no tendremos más remedio que aplicar la Ley para hacer un juicio justo.- Rey arrugó el morro.

-¿Justo, dice?- Rió con ironía.- Nada de esto es justo. Van a ponerle la soga al cuello a un inocente que todavía no ha hablado con un abogado. Y yo tampoco con el mío, Antilles.

-Esto es una puesta en común de los hechos, no un interrogatorio ni un arresto, Señorita Kenobi.- Rey golpeó la mesa con el puño.

-¡Haga el favor de escucharme!- Miró a Leia.- Dejen de buscar un culpable en él y rastreen la zona, Hux sigue suelto.- Y aquello pareció aflojar su rabia, haciendo que volviera a sentarse.- Hux sigue suelto…

Un dolor peor que el de un sable láser atravesándole de parte a parte le sacó de los brazos de la anestesia general. Abrió los ojos, dolorido, sintiendo en sus párpados el peso de mil destructores estelares en cada uno de ellos ¿Qué había pasado? Vaya una pregunta más estúpida… Lo sabía.

Gruñó, intentando incorporarse pero algo tironeó de la muñeca que no estaba llena de cables y tubos. Viró los ojos hacia ésta y los rodó a duras penas cuando vio una esposa enganchándole a la camilla.

Dejó de forcejear en intentar levantarse, no estaba para eso. No estaba para nada. De hecho, esperaba no despertar nunca. Esperaba estar muerto. Y lo deseaba con fuerzas, había estado a punto… Pero algo parecía querer tenerle enganchado por más tiempo a aquel infierno que se le estaba atragantando más que la época del Imperio.

Esa condenada chica que tantas alegrías había supuesto, ahora le estaba suponiendo el peor castigo que podría infligir cualquier fuerza mayor en la galaxia, y es que parecía estar condenado a ello. Al sufrimiento eterno. Y empezó a pensar que quizá, quizá… Estaba mejor a las órdenes de Snoke. Sin saber qué era estar a punto de tocar la libertad, sin saber lo que era que alguien compartiera sus mismos fetiches, sin saber qué era sentirse –aunque por engaño- amado, de alguna manera. Porque todo había sido una vil estafa. Rey había jugado con algo que Snoke no había conseguido tocar con todos sus artilugios de tortura. Su corazón.

Y le dolía como si se lo estuvieran arrancando… y es que quizá, quizá Rey se lo había arrancado.

Cerró los ojos, sintiendo el poder de la anestesia volver a recorrerle, todavía estaba a medio camino entre estar despierto del todo y estar dormido del todo. Necesitaba descansar para estar cuerdo, o aparentarlo, antes de que empezara la burocracia, el papeleo, y todo pasara tan rápido que terminara sin darse cuenta vomitando en el retrete sucio de su celda, a la espera de que se abrieran sus compuertas y los amigos fieles de Snoke se le echaran encima, pues sabía que la voz se había corrido en aquel sector, en el suyo. Precisamente quienes menos debían saber la verdad de todo eran quienes la conocían.

El pitido de todas aquellas máquinas le mantenían sordo, elevado en un trance al que sólo le faltaba el delirio… Cerró los ojos, creyendo que aquella puerta, abriéndose lentamente, estaba siendo este toque delirante que empezaba a echar en falta.

Y seguía respirando, escuchando los pitidos y, a lo lejos, un taconeo perfectamente reconocible. Cuando abrió los ojos de nuevo no tuvo tiempo de reacción. Hux estaba allí. Y tenía a un gamorreano aguantando la puerta desde dentro para que no pudiera abrirse desde fuera.

-Eres más difícil de matar que una plaga de escarabajos dorados, Ren.- Kylo pareció despertar poco a poco, su corazón bombeaba tan rápido que empezaba a estar alerta… Pero no lo suficiente como para evitar la maniobra de Hux.

Tomó uno de los tubos más cercanos a Kylo y le enroscó el cuello con este, tironeando con fuerza, asfixiándole. Kylo llevó su mano entubada a su cuello, intentando quitarse aquello de allí. Boqueó, tosió, y Hux forcejeaba con todas sus fuerzas, sintiéndose superior ante Kylo, quién había sido un titán para él y ahora le veía como un miserable insecto. Y solo tenía que pisotearle una vez más…

Pero el moreno usó su cuerpo, empujando la camilla contra Hux, librándose un segundo de su fuerza. Y jaló con fuerza varios cables, deseando desconectar el que indicaba sus pulsaciones, dando la alarma de una parada de miocardio a todo el hospital. Y Hux volvió a intentarlo, volvió a tironear del tubo, haciendo que Kylo se venciera sobre su pecho. Hux tiraba hacia los lados, viendo en primer plano cómo Kylo empezaba a tornarse rojo, cómo tosía, cómo convulsionaba y cómo luchaba desesperadamente por una bocanada de aire. No tardaron las enfermeras y enfermeros en golpear la puerta de su habitación, gritando. Desesperados. Aporreándola. Kylo abrió los ojos un último segundo, observando hacia la puerta y fantaseando con empezar a verlo todo negro hasta que se desconectara de su cuerpo igual que había hecho con la máquina.

-Esto…- Gruñó Hux, tirando de él.- Me duele más a mí que a ti, Ren… Eras alguien impecable…- Gruñó, jalando de los cables.- Pero jamás terminabas un trabajo, era yo quien hacía el trabajo sucio.- Apretó más y los golpes iban creciendo. Tanto que les ensordecieron, impidiendo que escucharan de fondo las sirenas de policía.- Yo por suerte, lo termino siempre.

Rey había perdido los nervios por completo, se había lanzado contra todos los guardias cuando le dijeron que debía quedarse en la comisaría. Ni de coña iba a quedarse ahí, sola, mordiéndose las uñas, esperando a que le trajeran la noticia de que Kylo estaba muerto. Incluso podían añadir ya el morder a un agente a su lista de delitos contra la autoridad. Pero no le preocupaba, eso no. Y hasta que no consiguió que se la llevaran en el coche, no paró de dar patadas y de removerse como una lagartija. Ni reducida contra el suelo había parado. Parecía que tenía la rabia.

Lo que tenía era un miedo que podía con ella. Un miedo que podía más que ella.

Y sus ahora ex –compañeros habían cerrado las puertas del coche con verdadera intención de que ella se quedara dentro. Ni en los sueños más húmedos de un agente iba a pasar eso. Y menos aun, aparcada frente a la puerta del hospital. Obi-Wan no había logrado retenerla nunca en el coche. Recordaba perfectamente cómo lograba escaparse de allí, en cada barrio que pisaban. "Quédate aquí, no te muevas, vuelvo enseguida. Rae, en serio, no quiero salir a buscarte otra vez. Quédate". Y, en cuanto se daba la vuelta, estaba saliendo por la puerta, corriendo tanto como sus piernas desgarbadas le permitieran.

Esa situación era como un deja-vú. De nuevo, esposada a la puerta del coche. Y ellos no tenían ni idea, pero sería capaz de llevarse la puerta arrastras. Para suerte de todos, no fue necesario. Echó el cuerpo hacia delante, tanto como su brazo esposado le permitió. Y casi pudo llegar a la guantera. Un poco más. Un poco más. Sólo un poco más. Tironeó de las esposas, haciéndose daño, verdadero daño en la muñeca al tiempo que oía crujir la puerta. Un poco más. Gruñó entre dientes, por el dolor y el esfuerzo. Y sus dedos rozaron la guantera, abriéndose con un pequeño tirón y a punto de dejar caer un arma de repuesto y las llaves al suelo.

No tardó ni dos segundos en liberarse y correr, adentrándose en el hospital. Cuando llegó a la planta en la que estaba Kylo, nadie se fijó en ella. El revuelo era multitudinario. Leia se cubría la cara. Los guardias la protegían. Los enfermeros corrían de acá para allá. Un agente de la JEDI trataba de echar la puerta abajo. Se oían gritos. Sus compañeros gritando órdenes cuando nadie al otro lado de la puerta obedecería nunca.

No se lo pensó, como nada de lo que estaba haciendo en lo que llevaba de día. Actuaba por instinto, con el piloto automático puesto. Y tal cual, abrió la puerta de otro paciente, que la miró anonadado cuando la vio entrar. Tampoco se molestó en responder a sus preguntas balbuceantes, ni las registraba realmente. Sólo fue directa al aseo de la habitación, se subió al lavabo y desapareció por el conducto de ventilación, gateando hasta que llegó al que debía ser el aseo de la habitación de Kylo, y dándole una patada a la trampilla para poder descolgarse y abrir la puerta con el blaster oficial en alto, apuntando al gamorreano que atrancaba la puerta, pero sin apartar la vista del verdadero peligro, Hux.

-¡Suéltale! – Le ordenó, sabiendo que, como mínimo, se reiría de ella.

-¿Qué clase de serie policiaca se ha creído que es esto, Agente Kenobi? – Apretó aun más la vía entre sus nudillos y Kylo jadeó por un poco de aire que no entraría en sus pulmones. Le vio parpadear en su dirección antes de cerrar los ojos con fuerza. - ¿Has visto eso, Kylo? Ha venido a salvarte. – Y Rey vio la primera convulsión sucederse en el pecho de Kylo. No, no, no, no. Tenía que hacer algo.

-Hux, voy a disparar a tu chico, y lo sabes. – Desvió un instante la mirada hacia el gamorreano, impasible contra la puerta. – Sabes que en el momento en el que lo haga, esa puerta se va a venir abajo. Por eso no ha venido a por mí y me estás dejando hablar. – Volvió a mirar hacia él, cogiendo por el rabillo del ojo cómo a Kylo se le escapaba la vida ahí mismo. – Dime qué es más importante, ¿Kylo o tu imperio? – Otra convulsión. Kylo no sobreviviría a la tercera. Ni siquiera sabía cómo era posible resistir tanto. – Escapa, gobierna tu imperio. Kylo no se interpondrá jamás en tu recorrido.

-Kylo será la razón de mi caída y no voy a permitirlo. – Un giro de sus muñecas y apretó aun más la vía en torno al cuello de Kylo. – Sabes tan bien como yo que puedo liderar desde cualquier prisión. Ninguna celda será un impedimento para que se cumplan mis órdenes. – Rey usó su formas contra él, carcajeándose secamente ahí mismo.

-Todos sabemos que no eres carne de cañón para sobrevivir en los bajos fondos. Estás hecho para liderar y comandar, Hux. No para codearte con tus subordinados. – Eso pareció llamar su atención, como si hubiera dado en el clavo. Volvió a mirar hacia el gamorreano, sólo un segundo. – Hux, te estás quedando sin tiempo. Tu vida por la suya. – Volvió la mirada hacia él. - Tanto él como yo ya estamos condenados, no vamos a ser un obstáculo. – Liberó el seguro del gatillo. – Te cubro. Saldrás en la habitación de al lado, una que nadie está atendiendo porque toda la atención está en esta puerta. A la izquierda, junto a la máquina expendedora, tienes la salida de emergencias. –Bajó la mirada hacia Kylo, rápido. Empezaba a abandonar el color rojo en la piel por el azul. - Nadie cubre nunca la entrada de Urgencias por razones obvias.

Entonces, Hux hizo un movimiento rápido con sus manos enguantadas, atando un nudo en torno al cuello de Kylo antes de dirigirse hacia la escapatoria que le ofrecía una traidora. Rey disparó al gamorreano mientras corría hacia la camilla. Una bala en el hombro, otra en las rodillas. Cayó y con él, la puerta, al tiempo que ella intentaba desatar el nudo en la vía que apresaba a Kylo, con los dedos temblorosos.

-Kylo. – Le reclamó, posando la mano en su mejilla, sin ver pero siendo consciente de cómo la mitad de su departamento entraba en la habitación. – Kylo, por favor, otra vez no. – Los agentes apresaron al gamorreano, mientras registraban la habitación y llegaban a la trampilla abierta. Un ladrillo más en una condena que a Rey ya no podía importarle menos. – Kylo. – Le sostuvo la cabeza contra el pecho. – Por favor. – Y entonces, volvió a respirar. Una bocanada de aire que le hizo a ella darse cuenta de que también lo había contenido en el pecho.

Se habría quedado sin respirar si él no lo hubiera hecho.

Entonces, sus ojos se abrieron, centrándose en ella como si fuera el único punto visible en la niebla. Y una parte de Rey no pudo evitar empezar a creer que Kylo la podía perdonar, que lo que había dicho en el puente no era sólo la despedida de un moribundo, que quizás no estaba todo perdido. Luego le vio mover los labios. Trataba de decirle algo pero el daño en la garganta impedía que saliera ningún sonido de él. Así que se inclinó para poder escuchar el susurro.

-Deberías haberme dejado morir, otra vez. – Rey sintió que ahora era a ella a quien se le quedaba el aire en el pecho, mirándole a los ojos sin saber realmente qué estaba pasando. -Eres cruel, Raelene.

Ahí estaba el golpe. Lo que estaba pasando es que la había soltado y ella se había quedado en caída libre. Y había impactado tan fuerte que se había quedado sin aire. Y si el cielo hubiera sido gris, se habría sentido enterrada. Sus palabras. Y la afirmación de que le había mentido hasta en el nombre. Todo le pesó de golpe y Rey no pudo contener una lágrima, resbalando por su mejilla mientras se apartaba de él, sin dejar de sostenerle.

Apresaron al gamorreano, sacándole de allí mientras el personal médico apartaba a Rey, arrancándola de su lado como si fuera un hierbajo. Y el personal médico se llevó a Kylo otra vez, una más, a observación. Dejando a Rey de pie, sola y desolada.

Avanzó por el hospital como si fuera un fantasma, llegando hasta la sala de espera, viendo cómo todo el equipo policial pasaba de ella. Habían capturado a un gamorreano pero se les había escapado la mano ejecutora de todo aquello. Por culpa de ella, le había dejado escapar. De hecho, le había señalado la salida… Sólo por salvarle. Y Kylo le había soltado esas palabras que se grabaron a fuego en su corazón, como si lo estuvieran marcando con un hierro al rojo vivo. Y hubiera seguido avanzando de no ser por aquella voz, aquel tono…

-¡Raelene!- Rey se detuvo y giró lentamente para encarar a Antilles, quien se dirigía hacia ella con el paso apurado.- ¿Dónde se cree que va?

-A la sala de esper…- Pero Antilles no dejó que terminara.

-¡¿Por qué ha intervenido!?- Gritó su superior allí, en el pasillo de un hospital. Importunando el descanso de los enfermos si es que todo el ajetreo que había causado el tema de Kylo no fuera suficiente ya.- ¡¿Qué narices cree que está haciendo, Raelene?! ¡Es usted una…!

-¡Ya es suficiente, Antilles!- La voz de Leia frenó de golpe el discurso de su superior. La mujer se acercó a ambos doblegando un pañuelo granate que no tardó en guardar en su bolsillo. Granate… Otra vez aquella maldita reafirmación de que Kylo y Leia era parientes que sacó a Rey una sonrisa suave.- Ya es suficiente de todo este circo…- Sorbió y alzó la vista al techo.- Casi matan a la pieza clave de toda esta investigación. Prefiero que su agente se haya arriesgado y que reciba otra sanción por ello a quedarme sin una parte importante de la investigación.- Rey no pudo evitar torcer el gesto ante lo que estaba empezando a pensar. Parecía que Leia solamente veía un interés profesional en su hijo, ni más ni menos.- El gamorreano acaba de confesar que ha venido aquí bajo las órdenes de Armitage Hux.

-Armitage…- Habló Rey, llamando la atención de ambos.- quiere deshacerse de Kylo porque teme perder todo lo que la Primera Orden ha logrado.

Antilles fue a agregar algo pero entonces recibió una llamada. A diferencia de la anterior, esta sí le obligó a retirarse. Rey observó a su superior enfilar por el pasillo.

-¿Estás segura de que mi hijo colaborará con todo esto?- Rey viró los ojos hacia la General, quien observaba a Antilles como si le costara enfocar los ojos en la chica. Rey desvió ahora sus ojos y tomó aire.

-Kylo colaborará… Pero… -Leia viró los ojos a ella, quien parecía estar debatiéndose en algo importante. Confesar o no la condición que Kylo pediría… y finalmente soltó el aire mientras negaba con la cabeza.- Escúcheme, General Organa, Kylo no es el principal objetivo. Kylo sólo era un mandado más, no merece la pena máxima que vaya a imponérsele.- Leia mantuvo silencio.- Sólo quiere que le dejen tranquilo…

-Su abogado está de camino.- Confesó Leia mientras sacaba su teléfono móvil.- No se marche a ningún lado, Rey.- Le indicó un asiento libre.- Quédese ahí y aguarde.

Y pasó el tiempo, las horas… Y Rey aguantó ahí, sentada. Viendo pasar la camilla de Kylo de regreso a su habitación. Luego alguien que intuyó que sería su abogado… Y luego un par de horas más y Rey no cabía en su persona, nerviosa. El abogado salió por la puerta de su habitación, cerrando un maletín y marchándose con una cara amarga… Kylo le habría mandado a la mierda, posiblemente. Querría terminar con todo eso cuanto antes, lo más probable.

Y entonces vio a Leia y a Antilles adentrarse en su habitación pero la General se detuvo, observándola y le hizo un gesto con la cabeza, indicándole que entrara y Rey se apuró en levantarse y entrar allí, encontrándole como si aguantar le costara más que cualquier esfuerzo.

Cerraron la puerta y Antilles sacó una grabadora que dejó grabando la conversación tras situarla encima de la mesita. Kylo no perdía detalle de nada, siguiéndolo todo con los ojos y con aquella mueca de desprecio puro. Miró a Antilles, luego a Rey y luego a Leia, a quien desvió el contacto rápidamente. Y esperó.

Antilles se acomodó y se adelantó un poco, intentando crear un ambiente cercano, uno falso.

-¿Sabes?- Empezó, captando la atención de Kylo.- Llevaba mucho tiempo esperando echarte el guante, de verdad que sí…- Suspiró.- Y ahora resulta que…- Hizo un leve aspaviento con las manos.- No eres quien todos creíamos que eras.- Kylo arqueó una ceja y miró a Rey, quien bajó los ojos.

-Al grano…- Habló ronco, tosiendo al final sin poder contenerlo.- No hace falta que conmigo dé tantas vueltas. No tengo la piel tan fina.

-¿Tiene pruebas que demuestren su inocencia?

-¿Inocencia?- Rió. Pero, antes de soltar la burrada acerca de sí mismo que tenía pensado soltar, prefirió ahorrárselo. Ansiaba la libertad, la soledad… El destierro.- ¿Puedo demostrar mi inocencia? ¿A cambio de qué? ¿De una reducción de condena?- Antilles se adelantó, apagando la grabadora y rebobinando la cinta para grabar encima.

-¿A caso va a negociar su condena, Ren?- Kylo rió por la nariz.

-Tengo datos que desmantelarían toda una jodida organización de venta de armas intergaláctica…- Y desvió la mirada, Hux se le presentaba en sus pensamientos. Y Kylo no podía más, no podía aguantarlo más ni seguir protegiendo a gente que había intentado matarle. Tomó aire y alzó la vista.- Tengo pruebas audiovisuales, contratos, discos duros llenos hasta arriba de datos, contabilidad, un cabeza de alfiler que gestiona todo esto ahora que el Líder Supremo Snoke ya no gobierna…- Kylo suspiró pesadamente.- Voy a darle todo eso y más ¿Y me está proponiendo únicamente una reducción de condena? ¿Sabe lo que eso significaría?- Volvió a toser. Estaba hablando demasiado para todo o que le habían hecho en el cuello aquellos tubos con los que Hux intentó matarle. Tosió, tosió otra vez y se aclaró la garganta.- Quiero el exilio. Quiero el destierro. Y si no sois capaces de darme eso, matadme ya antes de que lo hagan en la prisión.

-No le he propuesto una reducción de condena.- Kylo suspiró y Antilles analizó todo en su cabeza y suspiró.- ¿Qué tiene para ofrecer? ¿Dispone de todo lo que ha citado?- Kylo asintió.- ¿Dónde?

-En mi piso.- Antilles rió.

-Lo hemos registrado.

-Dudo que hayan buscado bien.- Antilles torció el labio.- En el estudio, bajo la alfombra. Ahí tienen todo lo que necesitan…- Antilles sacó su teléfono mientras salía de aquella habitación, realizando una llamada al escuadrón que tenía registrando la casa sin novedades aparentes.

La tensión creció en la habitación. Y Kylo viró hacia su madre pero volvió a desviar el contacto, clavando los ojos en las sábanas blancas.

-No fui yo quien… Mató a Han.- susurró. Sin embargo, no hubo respuesta por parte de Leia. Al menos los segundos se hicieron tan largos que Kylo creyó que eso sería todo lo que conseguiría de ella. Y casi se daba por agradecido, aunque no sabía en qué medida era mejor ese silencio que una bofetada.

-En ese caso,… - Empezó la mujer haciendo que Kylo se atreviera a mirarla. – En ese caso, los dos tendríamos mucho por lo que responder. – Y ahí fue cuando Kylo se quedó sin una contestación posible.

Entonces, Antilles se giró hacia ellos, cruzando la mirada directamente con la General y dando un ligero asentimiento con la cabeza. Lo tenían. Tenían el material en sus manos. Lo tenían todo para esclarecer el caso y Rey juraría que las sienes de Leia eran más plateadas que ayer. Pues si todo lo que ella y Kylo habían asegurado era cierto, también cargaría con su parte de culpa por haber creído a su hijo culpable incluso cuando aún no había cometido crimen alguno.

Rey dejó caer las manos sobre las sábanas de la camilla, acercándose, queriendo su tiempo con él, aunque sólo fuera un momento, aunque sólo fuera para poder asegurarle que haría todo cuanto estuviera en su mano para darle a todo esto el final que le había prometido. Pero justo cuando fue a dar un paso más, Antilles apresó sus muñecas a la espalda, tirando de ella hacia la puerta.

-¡No! – Se quejó mientras echaba todo su cuerpo hacia delante. Le daba igual si ahora la trataban como a una criminal más. No sabía en qué punto de su vida había dejado de ser una delincuente o si solo había sido una faceta que había recubierto por el bien de quien la quiso como una hija. No le importaba ahora. No le importaba su imagen, ni su reputación. – Por favor, déjeme hablar con él. – Giró el cuello para dar con el rostro severo de su jefe. – Sólo cinco minutos.

-¿Te has vuelto loca? - ¿Era una pregunta retórica? – Ni siquiera deberías estar aquí sino seguir esposada en el coche patrulla aparcado en la calle.

-Dame dos minutos. – Se retorció como una lagartija de arena, sin que le supusiera en absoluto una vergüenza su comportamiento desesperado ante Kylo o hacia la General. - ¡Un minuto! – gritó, tratando de negociarlo. Antilles dio un fuerte tirón de sus brazos, empujándola contra la pared.

- No me obligues a llamar refuerzos para que vuelvan a reducirte, Raelene. – Rey cerró los ojos con fuerza, con la misma con la que apretaba la mandíbula para no pegarle un mordisco y hacer que la soltara. Su desesperación por volver a disculparse con Kylo no iba a hacer que este consiguiera el exilio más rápido. Asintió, raspándose la mejilla contra la pintura de la pared y su jefe volvió a tirar de ella, arrastrándola fuera de la habitación sin miramientos. Y sin un último vistazo.

Con cada paso que daba alejándose de él, más sentía que se le aflojaban las rodillas. Ni siquiera ejerció más resistencia y pasó de parecer un rancor rabioso a un espectro de la mujer que había sido cuando aún quedaban tres plantas para llegar al coche. Era como si su corazón se estirara, tratando de llegar hasta él y se estuviera resquebrajando, incapaz de saber si quería permanecer con ella o con Kylo.

Y es que ni siquiera lo había visto venir, ni lo había sentido, demasiado ciega. Pero sólo ahora que se rompía, podía ver el vínculo que se había creado entre ellos sin querer. Ahora que lo quería, sólo podía oír un millar de cristales rompiéndose en sus oídos, todo el rato. Ni siquiera sintió nada cuando fue arrojada de nuevo al asiento trasero del coche.

Cuando llegaron a la comisaría, un revuelo general lo cubría todo, pero Rey ni siquiera miró. Bien porque parecía lo habitual en esos días desde que tenían a Kylo, o bien porque ella no era la misma desde que le había perdido. Porque ahora empezaba a verlo. Y si había una sola cosa peor que enfrentarse al desamor, Rey estaba descubriendo que era vivirlo justo en el momento en el que te das cuenta de que estás enamorada. Sin opciones, sin remisión, un golpe brutal. Con suerte, quizás fuera una fractura limpia.

Entonces, mientras la llevaban casi en volandas hacia algún que otro despacho, o a la sala de interrogatorios, o quizás a un calabozo hasta que decidieran qué hacer con ella, sus ojos dieron con la figura de un hombre que reconocía, daba igual cuanto se peinara las greñas, se mesara la barba y se cambiara los harapos por… otros más limpios. Luke, sentado al lado del abogado que había visto salir de la habitación de Kylo.

-Luke… - No fue más que un susurro, pero sus miradas se cruzaron. - ¡Luke! – Volvió a tironear de sus brazos por liberarse del agarre y poder llegar hasta él. Sólo consiguió que la agarraran con más fuerza. Eso iba a dejar moratón. - ¡Luke! ¡Cuéntales todo! ¡Todo! – La empujaron por los pasillos, haciéndola perder el contacto visual. Pero no la habían amordazado. - ¡Kylo no merece morir! – Gritó por encima de ellos, esperando que Luke no sufriera ningún principio de sordera. – ¡Lo prometiste!

El abogado se giró hacia él, consternado.

-¿A qué se refiere, Skywalker? –Este siguió mirando hacia el pasillo por el que había desaparecido. - ¿Quién es ella?

-Quiere decir exactamente lo que ha oído, contarlo todo, y contar la verdad. – Se giró de nuevo hacia los papeles de confidencialidad que había estado leyendo antes de firmar. – Esa chica está intentando revertir el daño que se ha hecho toda mi familia, aunque repercuta sobre sí misma.

-Me has dicho que es imprescindible para la defensa. – Le acusó.

-Lo es. –Dijo, cogiendo la pluma para firmar lo que correspondía.

-Lo que veo es que no es imparcial.

-Nadie lo es. – Luke, quitándose las gafas para ver de cerca y sostenerle la mirada. – Ni siquiera usted. ¿O acaso no cobra usted por horas?

-¿Interrumpo algo? – Apareció Antilles ante ellos, sentándose en la silla tras su escritorio.

-¿Importaría? – Respondió Luke con sequedad.

-Veo que se te enrarecido el humor, Luke… - Dijo una voz femenina y familiar a sus espaldas. Se giró y fue como ver una aparición.

-Leia… - Una sola comisura se alzó triste y pesada en la cara de su hermana. - Leia… Han pasado tantas, tantas cosas… -Luke se levantó, acercándose a ella pero frenándose a tiempo, recordando dónde se encontraban.- Y necesito contarte tanto que… no sé por dónde empezar.- Y Leia se acercó a Luke, peinándole aquellos pelos grises que no recordaba haber visto en él la última vez que se vieron. Una lágrima rodó por su mejilla, mientras le miraba, reconociéndole bajo aquella máscara construida por el paso del tiempo.

Kylo estaba tumbado en la cama del hospital, mecido por el pitido de las máquinas y el runrún constante de aquel aparato que marcaba sus pulsaciones. Debido al forcejeo se le habían saltado varios puntos de las heridas de bala y, por si fuera poco con eso, Hux había estado a punto de romperle la tráquea. Aquello era peor que un dolor de garganta en invierno, superaba incluso las anginas que había podido padecer a lo largo de su vida.

Había visto que Hux había desplazado toda su amistad, corrompido por el poder y el dolor de ver a un socio fallarle. No esperaba jamás que Hux fuera capaz de matarle… Pero lo había hecho, dos veces en un mismo día. Y estaba dolido.

Su vida se había desmoronado pues, pese a estar trabajando para Snoke mantenía el cine. Viviendo en una realidad ficticia donde podía jugar a ser el dueño de unas salas de cine mientras que, por la noche, darle una paliza a alguien le devolvía a su realidad como si cada golpe se lo atestara a él mismo.

Ya era bien entrada la noche, lo supo cuando los dos guardias que custodiaban la entrada a su habitación hicieron un cambio de guardia por otros dos más. No les veía pero les escuchaba desde la habitación. Y le entraron ganas de llorar cuando condujo los ojos hacia la puerta, recorriendo en aquel momento toda la sala y encontrándola vacía, solitaria.

Aspiró con fuerza, intentando ahogar sus lágrimas y entonces escuchó atento. Los guardias se pusieron firmes tras dar un pisotón ¿Aquello era necesario en un hospital? Su cabeza no tuvo tiempo para responderse a sí misma con sarcasmo. La puerta se abrió y Kylo se petrificó cuando vio entrar a Leia… Junto a Luke. Se incorporó en la cama por impulso, observándoles con los ojos abiertos, como si aquello que se le presentaba fuera una alucinación… Pero en el momento en que Leia le sostuvo la mano supo que no había alucinado, que todo era real. Y una lágrima cayó de sus ojos cuando los condujo de nuevo hacia ella.

Se quedaron mirándose el uno al otro larga y tendidamente, sin prisas, tomándose todo el tiempo que Snoke les había quitado. Y Leia peinó su cabello con la mano.

-Llevo toda una vida pensando que… Pensando que…- Y no podía hablar, Leia apartó aquella coraza profesional con la que le había tratado desde que se habían reencontrado. Y Kylo lo notó de lleno. No estaba viendo a la General Organa, estaba viendo a su madre.- Pensando erróneamente acerca de ti…- Kylo no perdía detalle de su madre, dejándose hacer pero de nuevo aquel terror sobre sus cicatrices apareció y rehuyó el contacto cuando notó la mano de Leia pasar por su nuca, descendiendo hacia la herida del cuello.- He visto el vídeo, Ben…- Kylo apretó la mandíbula, intentando contener las lágrimas.- He visto el vídeo de la noche en la que Snoke mató a tu padre a través de ti.- Y Leia terminó la frase hipando y desviando el contacto.

Y para sorpresa de la General, Kylo acercó a su madre con la mano que mantenía entubada y conectada a las máquinas, apoyando la cabeza de Leia en su pecho quien se aferró a él con todas sus fuerzas.

Luke sonrió de medio lado, contento, feliz, por primera vez en mucho tiempo… Pero recordó que la tormenta todavía no había cesado. Carraspeó su garganta, acercándose a la camilla de Kylo, llamando la atención de él como la de su madre.

-Hux sigue suelto, en paradero desconocido.- Leia se apartó de Kylo, tomando asiento a su lado mientras él observaba a Luke.- No le encuentran en la hacienda de Snoke, no le encuentran en el cine, no le encuentran en ninguna parte…- Y Kylo bajó los ojos, pensando. Luke apoyó la mano en la sábana, sobre una de las piernas de Kylo, llamando su atención y haciendo que el chico alzara la vista.- ¿Sabes dónde podría estar?- Y él tomó aire, cerrando los ojos y descansando sobre la cama, en silencio.

-No, ni idea. – Negó con la cabeza, para reforzar la idea. Aunque, en realidad, no fuera así ni de lejos. Había dos planetas en los que podía pedir asilo, Mandalore o Darthomir. En el primero, no se lo concederían. Hux estaba demasiado lejos de sus intereses y era un riesgo que jamás correrían, no por él. Sin duda, por Rey, pero no por Hux. Sin embargo, en Darthomir incluso podría hacerse más poderoso. ¿Qué hay mejor que una sociedad guerrera para un imperio fundado por y para la guerra?

-¿Estás seguro?- La mano de Leia, suave como la recordaba cuando era pequeño, recubrió la suya y se vio obligado a bajar la mirada cuando sus ojos le enfrentaron. Su madre siempre, siempre le pillaba las mentiras. - ¿Ben?

Y Kylo bajó los hombros con cierta derrota, soltando un suspiro y entregando definitivamente a quien una vez fue su amigo. Su único amigo en una vorágine infernal. Pero era eso o perder para siempre la oportunidad de que la Galaxia entera le olvidara.