Capítulo 25. Vuelta de tuerca.
-Enhorabuena, ahora esta ruina es suya. – Le dijo aquel grandullón dándole una palmada en la espalda que casi la tira de bruces contra la arena.
Sin embargo, ella sólo podía mirar a los papeles que ya tenía en sus manos, con su firma. Ahora ese cine era suyo. No era el cine en el que había estado trabajando, ni tenía su magnificencia. De hecho, estaba cubierto de polvo, parecía un lugar abandonado hace mucho, mucho tiempo. Casi tanto como el que llevaba Rey sin pisar Jakku. Y al final se había visto volviendo.
Se apartó el pañuelo que protegía su cara del calor y la arena en cuanto entró por la puerta, al resguardo de las condiciones de aquel lugar infame y suyo. Llevaba tres larguísimos meses limpiando aquel sitio de manera incansable, vendiendo como chatarra las cosas que ya no valían y sustituyéndolas por los pequeños tesoros que había logrado recuperar del Stellar Eclipse. Salvando pedacitos de su vida anterior, para que esta nueva tuviera alguna oportunidad de funcionar o, como mínimo, hacerla creer que así sería.
Si había aguantado tres meses, dos semanas y cuatro días sin echarse a llorar de rodillas ni siquiera por la noche, había sido única y exclusivamente porque estaba tan cansada después de un trabajo físico tan agotador por recuperar aquel cine olvidado que simplemente caía rendida sobre cualquier superficie sobre la que pudiera relajar la espalda y cerrar los ojos. Pero hoy sentía su corazón latir con fuerza, y con miedo de seguir rompiéndose sin remedio, una y otra vez, como todas y cada una de las ocasiones en las que había luchado por rescatar una película más de un alijo inmenso.
La JEDI se había quedado con todo, como venía a ser lo propio. Se quedaron con el cine y todo lo que en él había, obviamente. Tanto las armas, como las películas. Pero estas se demostraron inútiles demasiado pronto, y ocupaban demasiado espacio. Salían a subasta. Y Rey, como ex – agente, compró todos los paquetes que pudo. Todos, sin perderse ni uno, sin importar cuánto costaran. Y hubo bloques realmente caros. Al parecer, para los entendidos del cine, Kylo había adquirido maravillas sin precedentes propias de las galerías de coleccionistas. Y Rey sonreía ligeramente cada vez que pensaba en cómo se morderían las uñas si supieran que ahora duermen en un cine en ninguna parte.
Ciertamente, el salario de un Agente de la JEDI no es muy alto. Pero ella había sido siempre una niña de la calle, no sabía gastar lo que ganaba, no lo había necesitado. Sus gastos durante el servicio a duras penas había llegado al cuarto de lo que ganaba y eso le había dejado unos ahorros bastante amplios que ahora tiritaban. No le importaba. Todo pago era pequeño si podía restaurar el daño infligido.
Pero no sólo habían sido las películas, también había luchado por esos proyectores que tanta guerra le habían dado. La única diferencia es que ahora tenía unas cuantas salas más. Y que en lugar de azulejos de mármol blanco cubiertos con alfombras de terciopelo rojo, había… pues… Sólo suelo. Quizá a Kylo le gustara aquello. O quizá no lo aceptara nunca. Pero ella tenía que intentarlo. Y el único modo que se le había ocurrido había sido ese, devolverle su bien más preciado antes de que llegara ella y lo jodiera todo.
Y sabía que lo había jodido. Le había visto la cara durante el juicio cuando se decretó que su condena sería el exilio. Vio su alivio, como si fuera gratificante la sola idea de morirse solo. Porque había tenido más que suficiente con el trato recibido por todos. Simplemente quería dejar de lidiar con todo el mundo, no quería ver la compasión y la culpa en el rostro de su madre, no quería ver lástima alguna en los ojos de Luke. No quería ver una mirada suplicante en ella, ya no, así no. No quería responder más preguntas, no quería hacerse cargo de la responsabilidad que deberían haber tomado los demás y que siempre cargó él sobre sus hombros. No quería dar explicaciones. Estaba harto y agotado. Y quería llorar su traición y su dolor en soledad. Tenían que darle eso. Como mínimo, eso. Y que nadie, nunca, supiera cuál era su destino de exiliado.
En esos meses de trabajo tenaz y persistente, había sabido gracias a la correspondencia que mantenía con Leia que Hux había sido encontrado en Darthomir, alimentando una guerra civil. La lista de sus cargos era sempiterna pero, para cuando llegó el día de su juicio, Kylo ya estaba seguro en algún lugar muy lejos de allí.
Rey lanzó un vistazo de nuevo a aquel cine. Sabía que había visto algún cine así, parecido, en alguna película antigua. Y esperó que Kylo no se tomara aquello como una traición más, pero ella había logrado dar con él. Se mordió el pulgar mientras se guardaba las escrituras en el bolsillo trasero del pantalón y arrancó el vehículo.
Condujo aquel trasto, saliendo de Jakku, yendo lejos, muy lejos… Tanto como su contacto fiel en la JEDI, Dameron, le había indicado que podría encontrarle. Y se había informado bien de aquella pequeña aldea, perdida en los confines del borde medio… Cuando llegó lo notó por el cambio drástico en el clima, justo cuando bajó la ventanilla para poder coger el tiquete que le abriría la valla de la autopista, entrando en la carretera que la llevaría directamente a la periferia de Naboo, adentrándose en los pantanos y el bosque profundo.
Un calor húmedo que se le hacía malditamente insoportable. Subió la ventanilla a toda velocidad, regresando los ojos al proyector holográfico que le indicaba la ruta a seguir por aquella carretera temblorosa.
Sentía el corazón en un puño, y apenas podía respirar. Era como si sus pulmones se llenaran a un tercio de su capacidad con cada inhalación, sin llegar a complacerla jamás y, para colmo, el clima no ayudaba una condenada mierda de Bantha.
Su mano se condujo por inercia al reproductor de música, intentando bajar el volumen y entonces fue consciente de que en ningún momento en todo el viaje había puesto canción alguna, que no había nada físico a lo que bajar la voz… Y pese a ello seguía notándolo, esa incomodidad, ese ruido en silencio que te altera, que molesta, que te enturbia pero no sabes distinguir de donde viene… Hasta que prestas atención.
Rey respiró profundamente, viendo cómo la casa que Poe le había indicado que encontraría empezaba a alzarse al final de la carretera. Y tragó saliva una vez más, aproximándose, sintiendo que el final estaba cerca… Y que podría pasar cualquier cosa. Cualquier maldita cosa… Y algo le decía que no sucedería nada de lo que esperaba.
Detuvo el coche frente al caminito de tierra que conectaba la carretera con el porche de la casa, y se quedó un momento en el interior del auto, pensando. Removiéndose y sacando de su bolsillo trasero dos entradas para un reestreno que Rey había conseguido en los cines de aquella ciudad aislada. Tuvo varias películas que elegir… Hasta que vio aquella en el programa. Y supo que sería la adecuada.
…
Había dejado de contar los días a la cuarta semana de estar allí, los números no hacían más que agobiarle y, además, pensó que era inútil saber el día en el que vivía. Era condenadamente inútil pues no importaba, había dejado de ser relevante cuántos días habían pasado desde todo aquello pues no había nada que esperar, nada que le fuera a llegar más que la muerte… Y aquello no se preveía contando los días pasados sino sentándose y observando el cielo día tras día, esperando, recapacitando. Y pensando.
Se había montado una pequeña sala de cine con un proyector que había encontrado en una tienda de segunda mano en la ciudad más cercana a su vivienda. Luego había atado una sábana al techo, pegándola a la pared, y ya lo tenía. Era como un refugio abierto. Y cada tanto bajaba a la ciudad a por más cintas y películas.
Ya había aceptado que había perdido toda su colección, que habría películas que sólo podría revisionar en su cabeza y es que ya, a estas alturas, tampoco podía hacer nada más. Lo había perdido todo y se sentía como un fantasma que estaba esperando a que el olvido le arrancara del plano terrenal para hacerse uno con la Fuerza, si es que la Fuerza se hacía una con él. Tampoco era su preocupación máxima…
No, desde luego no era esa. A menudo, aquello que nos salva se convierte en nuestra condena. No podemos maldecir a quien nos puso la pistola en la sien. Según en qué circunstancias, salvar la vida es más despiadado que matar.
No había noche en la que se acostara sin pensar en ella, sin divagar en cuanto la echaba de menos. Y se consolaba con la idea de ella rehaciendo su vida, aunque le quemara por dentro como el fuego de Mustafar.
La noche anterior se había quedado despierto, rememorándola. Pasando la mano por su cuello imitando la calidez con la que Rey lo hacía. Ya hacía tiempo que había dejado de preguntarse si aquello era sano para su cabeza o no, pues era inútil. No había estado bien psicológicamente desde que aquel chisme se incrustó en su cabeza. Mucho menos después del efecto de ella en él.
Iba a levantarse de la cama hasta que una idea nueva apareció en su cabeza: ¿Para qué?
Y se dio la razón, dando la vuelta y quedando de lado frente a la pared, notando que hoy la piedra que llevaba pesaba más que ningún otro día… Y entonces… Entonces…
Se levantó como un resorte, quedándose sentado en la cama, escuchando con atención. Cuando se vive rodeado de silencio, todo ruido que lo perturbe suena como un estruendo. Aquellas pisaditas en la gravilla de piedra… Aquella forma de subir las escaleras… Y luego cuatro golpes con los nudillos en la puerta.
-¿Kylo…?
No.
Se quedó sentado, girando en dirección hacia la puerta, mirándola aterrorizado. No podía ser. Ojalá delirara, ojalá fuera un delirio porque no quería que aquello se hiciera realidad. Cuatro toques más, insistiendo.
-¿Kylo…? Soy… yo.
Joder ¡Claro que era ella! ¡¿Quién coño iba a ser si no!? ¡Solo Rey era tan, tan jodidamente desobediente! Sólo Rey sería capaz de hacer lo que le saliera de las narices aunque le trajera consecuencias.
-Sé que soy la última persona a la que quieres ver pero…- Escuchó su manita deslizándose por la madera de la puerta.- Joder, Ben… Te lo he quitado todo sin querer.- Él se quedó sentado, evitando levantarse, evitando hablar, evitando nada. Si se levantaba las piernas iban a fallarle, si hablaba iba a hacerlo su voz temblorosa e incoherente. Y optó por escuchar.- Quería haber hablado contigo… Porque no quiero que sigas pensando que todo fue mentira. Porque no todo fue mentira, Ben…- Kylo bajó los ojos, evitando taparse las orejas. Una parte de él quería escuchar. La otra no, la otra le gritaba que se tapara las orejas o que asustara a la chica para que se callara porque era más fácil vivir sin saberlo. Pero la balanza siempre se inclina por una opción.- Me abandonaron cuando era pequeña… Eso era verdad. Y viví en Jakku hasta que me adoptó el mejor agente infiltrado de toda la JEDI, Obi-Wan Kenobi.- Kylo se relamió, aguantando. Escuchando.- Y poco a poco pues… Me desarrollé. Dejé de ser Rey para ser Raelene. Y terminé siendo policía cuando decidí que la reparación quizá no me daba para comer. Y…- Tragó saliva.- No… no he visto "2001: Odisea en el Hiperespacio"…- Kylo rió nasalmente con ironía, intentando que no se le escuchara mucho.- No… No me gustaba el cine hasta que te conocí, Ben. Ni el cine ni tantas otras cosas… Y jamás esperé llegar a donde llegamos…- La voz se le quebró mientras Kylo seguía sin inmutarse al otro lado. Rey sorbió.- Quiero devolvértelo todo, o una parte… Joder, Ben… -Se detuvo un momento, hipando y empezando a sentir el llanto. Y entonces escuchó el crujir de las rodillas de Rey al agacharse para poder deslizar un papelito por debajo de la puerta.- Quiero que nos veamos, o que me dejes explicarme… Hoy a las once hay una sesión en el cine Comercio, un reestreno.- Kylo se quedó callado, esperando.- Braindroid…
Oh, no, pensó Kylo, eso sí que no. Sus recuerdos impolutos no. Apenas tenía recuerdos que, aunque sólo fuera por lo genuino de la reacción, él supiera que eran de verdad. Pero no podía más, no podía. No podía soportarlo ni un segundo más, no podía seguir jugando con él. Cruzó la sala como una exhalación y abrió la puerta de golpe, viéndola alzarse ante él, con la sorpresa y la incredulidad en esos ojos enormes. Y todos los movimientos fueron demasiado rápidos. Él cerniéndose más feroz que nunca sobre ella y Rey reculando casi sin querer, un paso atrás después de otro, boqueando por tener algo que decirle, algo que consiguiera pararle, y…
Y de repente sus pies dejaron de tener porche sobre el que andar, sus talones dieron con el vacío, sus brazos intentando equilibrarse en el borde con un movimiento torpe de molinillo y luego la sensación de vértigo en el estómago. E inesperadamente, su mano, grande, fuerte y firme en torno a su muñeca, sosteniéndola en vilo sobre la nada, en un precario equilibrio sobre las puntas de sus pies, solo con la fuerza de su brazo y el suyo, todos sus músculos marcándose bajo la manga de la camiseta.
Al alzar la mirada hacia él, vio sus ojos fijos en la piel de sus brazos y sus muñecas, su piel descubierta. Daba igual que sí que hubiera alguna que otra cicatriz blanca en ella, pero ambos sabían que eran marcas de lucha y peleas callejeras. Y la furia fue lupina cuando su mirada dio con la de ella, cuando Rey apenas podía pensar en mucho más que si decidiese soltar su mano, se daría una hostia como ninguna en su vida.
-¿Cómo… - Empezó, con la voz grave y rasgada de quien lleva mucho, mucho tiempo sin mediar palabra con absolutamente nadie, en absoluto silencio. Un gruñido contra sus dientes. - ¿Cómo tienes las agallas de venir a mentirme? – Le dio un tirón, zarandeándola y haciendo que sus pies bailaran torpes sobre el borde del escalón. - ¿Cómo te atreves a venir a dónde pedí estar solo para seguir jugando conmigo? – Rey se mordió el labio, conteniendo sus ganas de llorar. Porque ya no le quedaban muchas más lágrimas en los ojos. Cerró el puño, tratando de tirar de él, se diera una hostia tremenda por las escaleras o al final de éstas. - ¿Es que nunca tendrás suficiente?
-¿Cómo eres tan egoísta de pensar que todo tu dolor gira en torno a ti? – Le contraatacó, enfurecida. Ella también estaba dolida. Sí, por sus propios actos. Pero ella también había perdido. Mucho. Mucho más de lo que creía que tenía. - ¿Te crees que me he pegado este viaje para venir a soltarte chorradas?
-Sinceramente, creo que has venido porque la Primera Orden o alguna que otra banda criminal con lazos se os resiste y necesitáis información. – El puño realmente apretaba alrededor d su muñeca. Rey podía sentir los latidos en sus venas, y cómo se le quedarían sus dedos marcados. Tanto como habían quedado señalados sobre todo su cuerpo. – Saben que fuiste mi punto débil y te mandan para terminar de sacarme hasta la última gota, ¿verdad? – Rey sentía que se le paraba el corazón. Realmente la creía tan cruel. Y sin embargo, tenía toda la razón. ¿Qué había estado haciendo con él sino exactamente eso? – Porque yo sólo fui una misión. Esa es la única verdad. – Volvió a zarandearla, con tanta ira contenida que eran como puñados de sal que Rey debía hacer pasar por su garganta. – Y como yo, hubo y habrá más.
-No es cierto. – Fue todo lo que atinó a decir. – Tú fuiste mi primera misión. – Le miro a los ojos, con rabia. Sin saber cuánto de esa furia era para él, y cuánta hacia sí misma. Así tuviera que tragarse el mar entero. – Y la última. – Un pequeño brillo de perplejidad. Eso fue todo. Fue lo único que necesitó para saber que debía seguir. – Me has suspendido del servicio. Para siempre. No volveré a ser Agente de la JEDI. No he venido a sacarte nada.
-¿Por qué te han suspendido?
-Conducta indisciplinar.
-¿Por qué? – Repitió, tirando de ella hacia delante hasta que pudo volver a apoyarse sobre sus pies con normalidad, recuperar el equilibrio aunque su vida se tambaleara ante sus ojos. - ¿A quién engañaste para seguir cumpliendo con tu deber? – Rey dio una bocanada de aire, como si le hubieran pegado un puñetazo en la tripa, mientras le veía darse la vuelta sobre sus talones para volver a entrar en su casa sin mirar atrás.
- Por enamorarme. – Le soltó, tan dolida como expectante. Incluso esperanzada, viéndole frenar sólo un segundo, en silencio, con su mano rozando el pomo de la puerta. ¿En qué clase de bestia nos convertimos cuando nos invade la desesperación?
-Pues mucha suerte con el idiota de turno. – Y le vio entrar en casa al tiempo que ella se quedaba con el corazón en la mano, ojiplática. ¿Perdona?
- ¡Por enamorarme de ti, gilipollas! – Le gritó ya a una puerta cerrada en sus narices. La golpeó con la mano. Una y otra vez. - ¡Kylo! ¡No me jodas!
Él sólo podía dejarse caer sobre la puerta, sintiendo todos sus golpes reverberando en su espalda, cerrando los ojos con fuerza mientras contenía un sollozo en el pecho. Joder, no podía estar haciéndole esto. No podía creer ninguna de sus palabras, que se clavaban como puñales. Ni siquiera sabía quién era. Quién era la persona que aporreaba su puerta. No había ni una sola cosa en ella que supiera de verdad. Sólo sabía que lo que hoy le dolía tanto como el último día que la vio, una mañana dejaría de dolerle tanto. O la olvidaría de día, para recordarla sólo de noche. Quizá un día dejara de ver películas pensando en qué escenas le gustarían a ella o con cuáles le encantaría escuchar sus comentarios audaces. Un día, simplemente, el recuerdo de su cara se difuminaría como un sueño al despertar, su regusto permanecería pero sería tan sutil que no podría hacerle más daño. No más que ahora, que sentía cómo todas sus heridas se reabrían y sangraban.
Y no sólo volvía para atormentarle. Ahora se escapaban para siempre todas sus esperanzas, porque ahora sabía que hasta el último instante de su vida, escucharía una y otra vez su confesión. Ya está, ya le había enterrado. Daba igual, cuántas veces mirara al cielo.
Rey golpeaba la puerta enfurecida. Podría haberse entristecido al no recibir respuesta ante lo que acaba de soltar, por primera vez en voz alta. Y sólo ese hecho, le había dado fuerza. No estaba triste, no se marcharía con los hombros caídos, escuchando canciones tristes durante el camino de vuelta. No, ni de coña. Estaba cabreada. Y sentía la fuerza del mar que acaba de tragarse retumbando en ella. No tardaría en echar la puerta abajo solo con las palmas de las manos, ahí se las reventara contra la madera hasta astillarse las muñecas.
-¡Kylo! ¡No seas cobarde! ¡Ábreme! – Aporreó la puerta. - ¡Responde! – Apoyó la frente contra la puerta, cogiendo aire, cerrando los ojos y ladeando la cabeza mientras se hacía crujir el cuello. – Seguro que también te crees que es mentira, ¿no es así? – Se mojó los labios resecos con la lengua, incapaz de medir ni sus palabras, ni sus sentimientos, ni la medida del daño que ella misma les había hecho a ambos. – Es mucho más fácil creer que todo cuanto sale de mi boca es mentira, que atreverse a escuchar la verdad, ¿eh? – Cerró la mano en un puño, casi segura de que su mano seguía a la suya al otro lado de la puerta, como si fuera un espejo. – Como no abras la puerta, voy a soltar la única verdad que nos va a doler a ambos durante el resto de nuestras vidas. – Ni una sola palabra, ni un solo movimiento. Nada al otro lado. Estampó el puño contra la puerta y supo que Kylo no había apartado la mano. – Te quiero.
Un golpe tan terriblemente fuerte como para dejar la puerta temblando, apartó a Rey de allí, encorvándose hacia atrás asustada. Totalmente fuera de sí, no entendía nada. Y el resonar del golpe todavía vibraba en sus oídos, molestándola.
Kylo, por otra parte, había mantenido la mano con la que había azotado la puerta, sobre ésta, aguantándola por si se caía, sintiendo la paz que le provocó el estruendo. E intentando calmar su respiración, se hacía a la idea de malinterpretar lo que había escuchado. Más que nada porque no podía ser cierto, no era posible… Ni posible ni jodidamente oportuno. Pero por mucho que luchara esta vez contra la corriente, ésta pudo más. Y le arrastró. Aquellas palabras lo hicieron. Y, como si fuera un río desbordado, lloró en silencio al otro lado, viendo cómo las lágrimas manchaban el suelo como si tuviera una gotera encima.
Y a Rey el silencio le sentaba peor que beberse la lejía pues, tras esperar y esperar, decidió actuar. El ridículo y la rabia inundaron su persona, tomando el control de su cabeza y también el de sus palabras, que se disparaban contra aquella puerta como si fueran balas.
-Cobarde…- Gruñó, rabiosa, entre dientes. Se puso en pie y atestó una patada a la puerta, haciendo que Kylo rebotara un poco al otro lado.- ¡Cobarde! ¡Eres un jodido…!- Habló, rebuscando los papeles del cine, encontrándolos al fin y lanzándolos con fuerza contra la puerta.- ¡Cobarde miserable! ¡Creía que eras otro tipo de persona, Kylo!- Gritó, sollozando al fin.- Pero no eres más que otro… Gilipollas.- Sorbió con fuerza.- Púdrete ahí dentro… Y haz lo que te salga de los cojones con el puto cine…- Kylo parpadeó, confuso ¿Se refería a la proyección de esa noche?- No podía esperarte con los brazos abiertos…- Habló, andando por el poche hasta descender por los escalones.- Pero tampoco esperaba encontrar esto…
Y Kylo se quedó en silencio hasta que la furia volvió a invadirle, golpeando una última vez la puerta, entremezclándose aquel ruido con el sonido de la compuerta del vehículo al cerrarse. Y entonces escuchó un motor que arrancó a la primera y se alejó de allí tras levantar una humareda de polvo.
Y luego, a los minutos, todo fue invadido por un silencio aterrador. Uno propio de un final forzado, uno que sólo se explica mediante un apagón el cual dejaba la pantalla de cine en gris. Y el sonido de unos papeles revoloteando por su porche fue el balbuceo de la gente, cuchicheando y preguntándose por qué motivo se había apagado la proyección.
Una de esas hojas se coló por debajo de la puerta y Kylo la atrapó, estampando la mano contra el suelo, frenando su recorrido. Alzó el papel ante él y lo leyó, era una hoja suelta, propia del final de un contrato… Contrato.
Tras recoger la entrada de cine abrió la puerta y se encontró con varios papeles danzando en el aire. Se apresuró en cogerlos uno a uno, amontonándolos bajo su brazo y entrando finalmente en su casa, dispuesto a leerlos ¿A eso se refería Rey con el tema del cine? ¿Entonces… la proyección? Viró los ojos hacia la entrada y la sostuvo con la mano, leyéndola detenidamente.
Y de todas las personas, de todas las referencias posibles en su vida… De todo su bagaje interno… A quien menos esperaba en su imaginación fue a Hux, diciéndole, con ese tono prepotente suyo, que jamás era capaz de terminar nada. Que siempre tenía que rematar él.
Supuso que ya era hora de cambiar las cosas.
…
La vista se le nublaba mientras conducía y tuvo que aparcar en aquella maldita ciudad para poder llorar tranquila en el asiento de atrás, abrazándose a sí misma, agradeciendo que la tarde empezaba a caer lentamente, tiñendo el cielo de tonos naranjas, y provocando así que los gungans y demás razas empezaran a desalojar las calles, dejándolas poco frecuentadas pese al buen tiempo que hacía.
Y ella por poco se queda dormida, apenas lo hacía desde casi tres o cuatro meses. Con suerte llegaba a conciliar el sueño tres horas seguidas mientras que, el resto de días, con suerte dormía del tirón una hora… Se pasó la mano por la cara mientras se reacomodaba en el coche. Se le había hecho muy tarde, perdiendo casi todo el día en llegar hasta Naboo y el resto intentando convencer a una montaña de moverse sola. Sorbió con fuerza… Ojalá esa montaña hubiera cedido.
Y ya no por ella, sino por él. Por darle un futuro que Rey sabía que él ya había dejado de ver en su historia. Kylo deseaba ver el fundido a negro con las primeras letras adornando la pantalla. Y una banda sonora cerrándolo todo, deseando ver los agradecimientos finales y, para terminar del todo, un fundido a negro definitivo.
Se lo había dado a entender durante su "relación", que él no quería arrastrarla. Ella se lo veía en la mirada, esa mirada de terror, esa mirada de no poder permitirse amar a alguien si no quería conducir a ese alguien al desastre…
Dejó caer la cabeza en el respaldo mientras que su mano libre palpaba el asiento, buscando el tiquete con la entrada de cine. Y lo sostuvo frente a ella, leyéndolo… Era muy poco probable que Kylo bajara desde aquella casa hasta la ciudad para estar unos minutos más con ella. Sobre todo después de lo que se habían gritado o, mejor dicho, ella le había gritado.
Sobó otra vez su cara, gruñendo y pensando. Por muy cansada que estuviera no iba a conciliar el sueño y, por si fuera poco, la Fuerza le gritaba que por favor fuera a esa maldita sesión.
Rodó los ojos y abrió a desgana la puerta del coche, sujetando el boleto y encaminándose hacia las salas no sin antes cerrar el vehículo con llave.
Llegó justo cuando la gente salía de la sesión anterior y dejaban pasar a los nuevos clientes. Rey esperó en la entrada, observando a un lado y a otro, impaciente, quizá deseando verle. Pero se le agotaba el tiempo, en los paneles ya hacía rato que se había iluminado el cartel de "PASE" y no tardaría en cambiar a "ESPERE" una vez la proyección diera comienzo… Y Rey se estaba arriesgando… Quizá ya estaba dentro, aunque lo dudara. Pero dio un último vistazo a la acera y se acercó al revisor, tendiéndole la entrada y pasando al interior del cine que, pese a ser poca cosa, pintaba mejor que el que ella había conseguido en Jakku, aunque era normal, sólo le faltaba cariño y alguien con la devoción necesaria como para hacer una maravilla de él.
Con ese pensamiento, surcó el pasillo y llegó a la sala, entrando en ella y observando las butacas. Apenas había dos personas y ninguna de ellas era Kylo. Suspiró, dolida… Y entonces el primer anuncio se proyectó con la primera bajada de luces. Rey se apuró en subir las escaleras, llegando a su asiento y acomodándose en él, observando la película. Dando por sentado que iba a llorar ante todos los recuerdos, ante cada momento que iba a revivir en su cabeza… No había ni empezado la película y ya le estaba temblando el labio.
Primer anuncio. Segundo anuncio, tercer anuncio… Y nada. Definitivamente no le iban a dejar entrar ya. Y Rey iba a perder un tiempo valiosísimo que podría empeñar en viajar hasta su casa, aunque aquello la mantuviera en vela otra noche más. Quizá con un poco de suerte tenía un accidente de tráfico y quizá, quizá, a ella también le llegaba el fundido a negro.
Fue a levantarse de la butaca hasta que una silueta negra se plantó en una esquina de la pantalla, avanzando por las escaleras. Rey no le quitó los ojos de encima, sintiendo cómo se iba acelerando a medida que aquella sombra se acercaba lentamente. Si se metía en su fila podría ser él pero, si en definitiva, ocupaba el asiento tras ella, no cabría duda. Y así fue. La figura pasó de largo y ocupó los asientos que Rey había reservado para él. Era Kylo, estaba allí, había venido y Rey se sentía tan emocionada que una lágrima rodó por su mejilla…
Suspiró profundamente antes de centrarse en la proyección, con una leve sonrisa. Recordaba perfectamente aquella ocasión en la que Kylo le dijo que no se hablaba durante las proyecciones, el día que bajó de la cabina para acompañarle. Uno de esos días en los que las cosas cambiaron sin que nadie se diera cuenta. Y, mientras la película se sucedía ante sus ojos, aun a sabiendas de lo desagradable que era, ni siquiera cruzó su estómago la más mínima sensación de repulsa, pues en su cabeza sólo se sucedían los momentos previos y posteriores a la primera vez que vio aquella obra. La forma en la que habían cuidado el uno del otro, los desayunos con caricias, risas y recuerdos de un pasado peor que ese, ella comiendo sobre su regazo, esos pequeños gestos de comodidad plena. Incluso se encontró sonriendo en las escenas que más había detestado por no haber podido terminarse aquellas natillas, o la pérdida de aquella apuesta y las consecuencias que eso trajo.
"Ni secretos, ni mentiras" había dicho Kylo entonces. Y todos los secretos y todas las mentiras habían corrido a cuenta de ella. Fue justo ahí cuando sintió la primera arcada atorarse de su nuevo en su pecho. Pero esa era más culpa suya que de la película. Porque había caído, de repente, en que Kylo había necesitado la sensación de control a tenor de que toda su vida carecía siquiera de la autonomía sobre su propio cuerpo, como un esclavo. Y se había aferrado a pequeñas cosas para sentir ese control, identificando esos pequeños detalles que marcaban la identidad de cada persona a su alrededor. Sólo eso, un estudio casi quirúrgico sobre las firmas gestuales de quien se acercara a él. Sabía que él podría reconocer a cada persona con la que se había cruzado en la oscuridad, sólo por la cadencia de sus pasos, por la forma de respirar, por el modo en el que se movía el aire alrededor de un cuerpo.
Esa clase de control. Para que nada le pillara por sorpresa, para que nadie le atacara por la espalda, al menos no sin saber que le atacaban, no sin saber qué esperar. Rey estaba segura de que había hecho lo mismo con ella, incluso en planos en los que no sabía ni ella que podían estudiarse. Y esperaba que ese conocimiento intrínseco del que no era consciente pudiera ayudarla, que él supiera cuándo decía la verdad a partir de ese momento, que supiera cómo le temblaba el pulso cuando la miraba, que se diera cuenta de cómo le flojeaban las rodillas cuando sus dedos le rozaban, que fuera consciente de cómo le afectaba que le llamara "niña" o "nena", cómo su corazón se saltaba un latido y tenía que obligarse a respirar cuando decía "mi niña". Esa clase de control. No el juego que se habían llevado entre manos desde aquel día en su despacho. De hecho, algunas noches a oscuras había caído en la cuenta de que daba igual si la ataba, la amordazaba y le pedía que suplicara. Sólo en esa situación, Kylo le cedía todo su control a ella.
Mientras que Rey había perdido el control por completo, incluso cuando había creído que lo tenía, que aún agarraba las riendas. Pero, siendo sincera, se había pasado toda la misión al borde del colapso por un orgasmo cada vez más brutal que el anterior. Que si hubiera pensado las cosas, hubiera podido hacerlas de otro modo. No lo había sabido llevar. Ni sabía cómo hacerlo ahora. Lo cierto es que ni siquiera sabía cómo había llegado tan lejos y, al mismo tiempo, no haber conseguido nada. Todo le había sobrepasado hace mucho e intentaba devolverle un resquicio de felicidad a la única persona que había significado de verdad y de forma irrevocable en su vida después de su padre.
No podía culparle por sus barreras, no podía. La mentira fue el pilar sobre el que había sostenido sus verdades. Y cuando todo se había derrumbado ante sus narices, fue imposible diferenciar nada entre los escombros. No sabía cómo hacerle ver cuánto de todo aquello era verdad, no sabía cómo hacer que confiara en su palabra ahora que no valía nada. Lo único que podía hacer era tratar de devolverle un pedazo de todo lo que le había quitado.
Salieron los primeros rótulos de créditos y las pocas personas que había en la sala se levantaron, con sus charlas normales, marchándose sin mirar a quienes se quedaban ahí sentados sin hacer nada, esperando a las primeras luces. Entonces, le sintió moverse tras ella y tirarle los papeles sobre el regazo. Los mismos papeles que ella había lanzado por los aires contra su puerta con rabia. No se atrevió a girarse, no se atrevió a pensar en nada hasta que le escuchara. Porque no podía creerse que se los devolviera, que no lo quisiera.
-Tienes hasta que salga el logo de la productora para convencerme de esto. – Le dijo en apenas un susurro ronco. Ni un "Rey", ni un "niña" al final. Y, por la Fuerza, cuánto lo echaba de menos. Cerró los ojos, cogió aire para insuflarse valor y se giró hacia él, sin esperar que estuviera tan cerca de ella.
- Quería devolverte algo que sé que es importante para ti, Kylo. Quería recuperar para ti todo lo que pudiera de lo que te quitaron… - Bajó un momento la mirada, con vergüenza, antes de volver a enfrentarla a la suya. – De lo que te quité. – Se corrigió. – Compré uno de los cines de Jakku, el único que se mantiene en pie, a decir verdad. Y compré todas las películas que pude una vez salieron a subasta. Seguramente, aun queden algunas, pero creo que sólo tú sabrías cuáles son. No hubo diferenciación entre las que pertenecían al cine y las que tenías en casa, yo sólo recuerdo algunos títulos. – Dijo de carrerilla. – Lo cierto es que no sé nada de cine pero… - Se mordió el labio, con la sensación de que el tiempo corría en su contra y no estaba diciendo absolutamente nada de lo que quería decir. Daba igual cuántas veces hubiera recreado una oportunidad en su cabeza. – Encontré también el proyector de la sala dos. No fue difícil porque es una antigualla. Y el caso es que, si lo quieres, es tuyo. –Vio cómo su gesto se relajaba, dejaba de mirarla como si estuviera perdonándole la vida y ahora… Ahora simplemente la mirada con cierta confusión en las pupilas. - Ya está todo acondicionado, todas las máquinas a punto y las cintas y bobinas guardadas. Sólo necesitarían de… la devoción de alguien que quiera llevar un cine de nuevo. – Le vio estrechar los ojos y Rey se dio cuenta de que llevaba todo su monólogo retorciéndose los dedos, nerviosa. – Y si no lo quieres, esperaba que me dieras algún consejo sobre cómo empezar, porque he invertido todo lo que me quedaba en él.
- Espera, espera. – Alzó la mano, frenándola de golpe, deteniendo su verborrea inconclusa. - ¿Compraste un cine y lo reconstruiste esperando que yo lo regentara? – Rey torció el gesto, sin saber cómo sonaba eso, si era bueno o malo.
- A decir verdad, por aquel entonces siquiera sabía dónde estabas, ni si seguías vivo. – Ladeó la cabeza, encogiéndose de hombros. – No lo pensé mucho, sólo vi la oportunidad y fui con ella hasta el final… - Bajó la mirada hasta sus manos, temblorosas, con las palmas sudorosas y, sin embargo, frías. Como nunca. – Un poco como todo lo que he hecho siempre.
-¿Y de cuántas películas estamos hablando? – Rey se quedó un momento mirando las líneas de sus huellas dactilares. "¿Estamos?" ¿Eso quería decir que lo aceptaba? Le miró, confusa. Y él, a su vez, expectante y un poco inquisitivo.
-Pues… - Levantó la mirada hacia el techo, visualizando en su cabeza la carpeta con los papeles de las subastas y alzó la mano para ayudarse con la enumeración mientras iba contando para sí misma pero en voz alta. – Si no recuerdo mal, tengo uno, dos… Cuatro bloques de cien películas… - Tocó la punta de sus dedos con el pulgar y contó otros tres. – Tengo el bloque de ciencia ficción, terror y drama social. – Volvió a repetir el gesto con la otra mano y contó dos. – Y creo que tengo dos bloques de películas sueltas. – Volvió a ladear la cabeza, con la mente absorta en algún punto de aquella carpeta que había en su cabeza como una diapositiva, sin fijarse en los pequeños y sutiles cambios en la postura de Kylo. – Aparte de las películas sueltas. Hay algunas que me han costado verdaderamente. Había gente muy dispuesta a llevárselas. Pero no me preguntes por los títulos. – Y entonces sí, le miró. Y vio cómo le había cambiado la cara, cómo parecía que, de repente, volvía el color, como si su corazón hubiera vuelto a latir de repente, como si recordara cómo se hacía. Sólo en ese momento, Rey sintió que su corazón también empezaba de nuevo, un latido tras otro. Uno diferente, más pausado pero más fuerte de lo que habían sido en estos meses sin él, como si hubiera latido por inercia y ahora… Ahora, era diferente. – Soy incapaz de recordarlos.
Kylo condujo los ojos durante un segundo a la pantalla, regresándolos rápidamente hacia ella quien había virado la cabeza, comprobando el tiempo que le quedaba… Y se horrorizó al ver que ya estaban pasando los créditos musicales de las sintonías empleadas en el film y sentía que no estaba llegando a ninguna conclusión. Que Kylo se iría. Y con él, todo, definitivamente.
Cuando volvió a conducir la cabeza hacia él, le vio reacomodarse en el asiento, mirando hacia un punto infinito, formulando algo en su cabeza que Rey no conseguía vaticinar y, por tanto, no podía anticiparse a nada. A ningún tipo de golpe, a ningún tipo de respuesta… a absolutamente nada. Y estaba más que asustada. Tragó saliva.
-Yo…- Kylo alzó los ojos a ella, con esa pasividad que le dio la bienvenida a su cine tras la entrevista que tuvo en su despacho. Rey se tronó los dedos una última vez.- Sólo quiero facilitarte una vía de escape mejor que… Estar aislado.- Tomó aire.- Y ya hace tiempo que abandoné Jakku, Kylo…- Él achicó un ojo.- No vas a verme por allí si es lo que temes.- Suspiró de nuevo, dándose un momento antes de tomar aire.- Ni vas a verme ni lo harás, no te preocupes.- Bajó la mirada a sus manos, retorciéndose los dedos una vez más. Alzó la mirada a él, encontrándole igual que antes, sin moverse.- Sólo quiero indicarte un camino mejor que este. Jakku entra en los planos del exilio, lo he mirado. Igual que Tatooine, igual que…
-¿Y luego?- Rey alzó los ojos, repitiendo esa última palabra con un movimiento de labios sin sonido, como si aquello fuera a facilitarle la comprensión de la frase, pero no fue así. Y Kylo se removió en el asiento.- ¿Luego qué? ¿Trabajo en ese cine?- Rey asintió.- ¿Y no tendré que dar explicaciones a nadie por mudarme?- Rey volvió a negar.
-Yo podría encargarme de eso…
-¿No estabas inhabilitada de tus funciones en la JEDI?- Aquella frase le dolió. Era como si Kylo buscara desesperadamente otra mentira con la cual atacar a Rey de nuevo. Y le entendía… Demasiado.
-Puedo hablar con gente para que me ayude con ello.- Kylo asintió.- El cine está a mi nombre y podemos cambiarlo si quieres también… Que supongo que querrás. Y que será lo suyo…- Desvió los ojos y tomó aire para hablar pero las luces encendiéndose hicieron que sus palabras se escondieran en su garganta. Asustada. Se le había acabado el tiempo y la iluminación de la sala, alumbrándoles de golpe, le había sentado peor que un pitido de advertencia. Condujo los ojos a Kylo, quien seguía sentado en la butaca, alzando los ojos hacia la pantalla, encontrando el silencio, el final… Y necesitando tomar una decisión ya. Pero cuando volvió a mirarla… Era como si las dudas resurgieran.- ¿Qué me dices?- Intentó forzar la conversación para que no se detuviera.- Por favor…- Y él apretó la mandíbula que ya le dolía de tanto jugar a desencajársela por los nervios.- Por favor, Kylo… Déjame… ayudarte, una última vez. Y desapareceré…
Él suspiró, desviando los ojos. Pensando. Y a Rey se le estaba atragantado, sobre todo cuando le vio alzarse del asiento sin responder, sin agregar nada más. Y Rey se quedó helada, pálida. Fría. Juraría que estaba muerta de no ser porque su corazón todavía seguía dándole golpes en el pecho, uno tras otro.
-Van a cerrar el cine.- Habló, sacándola de su submundo. Rey se levantó cuando vio a los de mantenimiento limpiando la sala de palomitas y polvo.- ¿Seguimos la conversación en otra parte?- Rey parpadeó confusa. Acercándose a él y descendiendo por las escaleras, juntos, uno al lado del otro. Sintiendo aquello como un deja vú.
-¿Dónde?
-¿Hay algún bar o pub cerca del hotel donde has solicitado una habitación…?- Fue bajando el tono de voz cuando vio que la expresión de Rey cambiaba. Salieron por la puerta al exterior, llegando al aparcamiento.- ¿No has solicitado ninguna habitación?- Rey negó con la cabeza y Kylo frunció el ceño.
-Pensaba dormir en el coche durante el trayecto de vuelta.- Y Kylo hinchó un poco el pecho, inhalando aire ante aquellas palabras. Estaba loca… Y desesperada por intentar quitarle la carga, por intentar curarle el daño que le había hecho o al menos vendar la herida y quedarse tranquila al saber que Kylo no iba a morir por ello. Que si moría sería sabiendo la verdad al completo. Era lo justo. Y al parecer era un pensamiento compartido.
Rey vio cómo le cambiaba el gesto y se desinflaba como si sintiera lástima por ella. Y se tragó una maldición. Esa podía añadirse a las cosas que debía haber hecho de otro modo, que debía haberse pensado mejor antes de decir nada. Debía haberle dicho que sí estaba en algún hotel, aunque no fuera verdad… Aunque fuera otra maldita mentira. Ya se había hecho a la idea de que no quería volver a verla. Pero era ella misma la que no quería que la última vez que se vieran antes de separarse por completo fuera por esa mirada compasiva en él, como sintiendo pena por las situaciones en las que ella misma se ponía.
-¿Sabes volver? – Le escuchó preguntarle, haciendo que levantara la mirada hacia él.
-¿A Jakku? – Se encogió de hombros. – Claro. – Respondió al tiempo que le veía negar con la cabeza.
- A la cabaña. – Le corrigió. Rey boqueó, reconociendo la misma sensación que la acompañaba desde hacía meses, de sentirse como idiota. Cerró la boca de golpe, para no darle a él la misma idea y asintió. – Espérame en el porche. Tengo que ir primero a por una cosa. – Volvió a asentir y le vio darse la vuelta sobre sus talones, sin decir ni media palabra más, dejándola ahí, en medio de la calle.
Cuando entró en el coche, dejó caer la cabeza sobre el respaldo del asiento, con la llave en el contacto, incapaz de hacer un solo movimiento más por si se rompía. Porque sentía que todo su cuerpo, sus huesos, sus músculos, sus tendones, sus venas, sus nervios, sus entrañas y sus extremidades sólo se mantenían en su sitio, sin desperdigarse todo por el suelo, gracias a un cable de metal que lo mantenía todo unido. No podía apartar la mirada del frente, no hasta que vio su figura hacerse enana, no hasta que vio cómo se lo tragaba el horizonte, entre el asfalto, las luces, la gente y la distancia que había entre ellos.
…
Kylo llegó a la oficina de mensajería mucho antes de lo que le hubiera gustado, como si tuviera el tiempo en su contra. Lo había visto pasar un ritmo exasperante ante él mientras estaba solo y amargado. Y ahora, con ella esperándole en la puerta, parecía apremiarle. Como si la Fuerza se riera de él y le diera justo lo contario a lo que pedía, retrasando el segundero cuando le sobraba tiempo, y acelerándolo cuando más calma necesitaba.
El gungan que le atendió ya se sabía la metodología, darle un teléfono y dirigirle la palabra lo menos posible. Bastante tenía con la ironía de todo aquello. El círculo cerrándose. La Fuerza seguía riéndose de él. Y su agente asignado para la supervisión de su condena, el mismo que les había llevado hasta ahí.
-¿Sabes la hora que es? – Fue la respuesta al otro lado.
-¿Crees que me importa una mierda? – Le soltó con sequedad. Kylo no estaba mucho más contento que él por tener que seguir con aquello.
-¿Qué puñetas quieres?
-¿Por qué le has dicho a ella dónde encontrarme, Dameron?
-Veamos… Porque es mi amiga, porque se sacrificó, porque cumplió con su deber a pesar de todo, y porque llevaba más de dos meses sin saber nada de ella y creí que estaba muerta. Digamos que le debía el favor. – Kylo soltó un bufido, llevándose la mano a la nuca. – Pero esa no era la pregunta, ¿verdad?
-Muy listo. – Le concedió. – Quería confirmar lo que ha dicho. – Y esta vez fue a Poe al que le tocó bufar, sentándose en la cama y removiéndose el pelo, definitivamente despejado ya.
-Mira, Kylo, sé que no me vas a hacer ni puto caso y que si estuviera delante de ti, harías que me tragara mis palabras con embudo. Pero mi consejo es que para que las heridas se curen hay que dejar de meter los putos dedos, ¿vale? – Kylo cuadró los hombros de golpe. Ese puto agente parecía que llevaba demasiado tiempo bajo las órdenes de su madre porque empezaba a sonar como la General. – Si vais a seguir haciéndoos daño, mándala de vuelta a casa. No lo demores ni un segundo más, ¿me has oído? – Claro que le había oído.
-No tengo ninguna manera de creer ni una palabra de lo que dice. Todo suena como antes y si no supe ver entonces qué era verdad y qué era mentira, tampoco lo voy a saber ahora. – Bajó la mirada hacia el papel que el gungan extendió en silencio hasta él sobre el mostrador de la recepción.
-Oh, ¿en serio? – El tonito de cachondeo cínico hizo que Kylo pusiera los ojos en blanco, mientras firmaba. – Los archivos dicen que te las ingenias bien así que avísame si eso es mentira también. – El gungan extendió una llave hacia él. – Mira, tío, haz y piensa lo que te dé la gana, pero ten en cuenta que ella también lo ha perdido todo. – Eso le hizo frenarse en mitad del pasillo.
-¿Que lo ha perdido todo? ¿Te refieres a su trabajo? – Negó con la cabeza, sin poder creerse lo que oía. – Sí, yo también perdí el mío. Ahora sí que puedo decir que es algo que tenemos en común.
-Mira, pedazo de gilipollas. – Le espetó el agente al otro lado. – Estoy hasta los cojones de tu autocompasión. Te has encerrado tanto en ti mismo, que no ves nada. – Kylo metió la llave en la taquilla que le fue asignada cuando dejó aquel paquete allí nada más llegó. No había querido ni mirarlo entonces. Ni saber qué contenía. Pero ahí estaba. – Ella tenía dos formas de vivir en el mundo, como delincuente callejera y como agente. Y ahora no es ninguna de las dos cosas. Ha perdido su vida, su trabajo e incluso su forma de enfrentarse a todo lo que le viniera, sólo a expensas de poder cerrar un capítulo contigo, ya sea bien, mal o regular. Pero cerrarlo. – Ahí estaba, la mochila que ella le había llevado al hospital. La misma mochila en la que ella iba a trasladar sus cosas de su apartamento para empezar a colocarlas en su piso. Le habían dicho que ya no había ninguna de esas cosas ahí dentro pero él ni siquiera se atrevió a mirar. Solo lanzó la mochila a aquel agujero. – No seas tú el capullo que arrebate esa oportunidad a ambos o te juro que…
-Adiós, Dameron. – Le cortó y colgó, cansado de su verborrea de macarra y muy harto de todo lo que le sucedía.
Se colgó la mochila al hombro, dejó su pago sobre la mesa de la recepción y salió de allí así llevándose la puerta por delante, enfilando directo hacia aquel lugar que hacía a veces de casa, pero nunca hogar, dispuesto a cerrar él también un capítulo de su vida, sin importarle cuanto más tuviera que llorarla, pero incapaz de sostener su ira y su rencor mucho más allá de aquella noche.
Era total y cruelmente cierto que no sabía diferenciar la verdad de la mentira ahora, cada vez que salía de la boca de Rey. Pero si había una sola cosa que podía haberle sido útil sacar de su experiencia en la Primera Orden fue tener una idea aproximada de cómo solucionar eso. Un par de toques, y sabría perfectamente cómo sonaba la verdad en ella.
