Capítulo 27. Epílogo.
Rey había salido del supermercado revisando el tiquete de la compra, mirando que todo estuviera bien, sin errores como otras veces había sucedido. Pero por suerte hoy no era uno de esos días y Rey sonrió, alzando la cabeza y doblegando el papel, guardándolo en su bolsillo trasero mientras apuraba el paso. Si se apresuraba, llegaría justo a tiempo.
Anduvo por las calles, perdiéndose en ellas, cargando las bolsas mientras intentaba recordar el camino hacia las dos casas que frecuentaba semanal o mensualmente. Las calles de Jakku habían cambiado considerablemente desde su última visita y le estaba costando hacerse a ellas pero, cuando divisó aquel rótulo que gastaba como referencia, sonrió. Estaba progresando en orientarse por allí.
Se detuvo dos portales antes de la tienda que utilizaba como punto de referencia y llamó al timbre, pulsándolo repetidas veces para crear una sintonía que ya reconocían como suya. No tardó en escuchar una vocecilla que le hizo ensanchar todavía más las comisuras.
-¿Sí?
-¿Doowan? Soy Rey.- Y la puerta se abrió ante ella de par en par, mostrando el rostro de aquel nautolano al que Rey ayudaba desde hacía varios meses.- Aquí tienes ¿Quieres que te la lleve hasta la cocina?- El hombre tardó en reaccionar mientras sus ojos reconocían aquella bolsa.
-¡Oh, muchísimas gracias, Rey!- Sonrió el hombre, arrugando su rostro un poco más.- No hace falta, puedo yo solo.
-¿Seguro? –Preguntó Rey, con una sonrisa.- Mira que te ha dicho el médico que no hagas esfuerzos…
-Llevo cargando rifles desde la Batalla de Yavinn, chiquilla. Cuando el Imperio.- Rey sonrió de medio lado.
-Bien, bien… Como quieras.- Rió, y entonces adelantó el brazo para devolverle el cambio pero Doowan interpuso su mano. Rey arqueó una ceja.- Es el cambio del dinero que me ha dejado…
-Quédatelo, Rey.
-Pero…
-Tómatelo como un intercambio. No dejáis de invitarme a palomitas tú y tu chico cada vez que voy a vuestros cines, al final me terminaréis regalando las entradas.- Rey relajó el gesto al escuchar aquello.
-De acuerdo.- Respondió, vencida. Sonriéndole de vuelta.- ¿Vendrá al estreno de la nueva película de Dugcan Jones?
-¿Vais a tener la película disponible al final?- Rey alzó ambas comisuras y asintió.- ¡Oh, qué maravilla! Por supuesto, allí estaré.
-Le guardaremos la butaca de siempre.- Sonrió, haciendo un tambaleo propio de quien empieza a despedirse. Por suerte los cansados ojos de Doowan captaron aquel mensaje y sonrió, haciendo un ademán con la cabeza.
-Nos veremos en los cines, pues.
-Estupendo ¡Hasta luego, Doowan! ¡Cuídese la rodilla!
Y haciendo un gesto con la mano se encaminó a la siguiente tienda. Alegre, con un paso decidido, guardándose el dinero mientras se reacomodaba la bolsa en sus brazos, sintiendo que en su rostro lucía una grande y reconfortante sonrisa. Era el efecto que siempre había tenido en ella Doowan. Bueno, en ella y en Kylo, quién había trabado amistad con aquel nautolano durante uno de los cierres del cine, tras una noche de reestreno.
Doowan se había quedado hablando con Kylo, quien barría la entrada de los cines mientras ella hacía el recuento en caja. El hombre felicitó a Kylo por sus elecciones durante los reestrenos de películas y le agradeció rescatar joyas como "Droides Ocultos" o "Watto, el Brujo" y pronto adoptaron la costumbre de quedarse charlando siempre al final de cada sesión a las que acudía aquel hombre. Les contó su vida, sus problemas con el imperio y lo resentidas que tenía las piernas, en especial la rodilla. Y Rey, quién sentía el anhelo de ayudar en sus carnes, decidió echarle una mano con la compra semanal y otros encargos que aquel hombre se disponía a hacerle. Echaba de menos ayudar a los civiles y aquella era la mejor manera de tapar aquel impulso constante.
Y no era para menos, llevaba un año sin ejercer su antigua profesión de agente pero, en realidad, no echaba de menos el cuerpo de policía, ni sus misiones, ni la academia, ni nada… Estaba viviendo un sueño que precisamente un año atrás ni se habría planteado. Ella, con pareja estable, regentando un cine en su antiguamente odiado Jakku, junto a Kylo… Ben.
La evolución de Kylo había sido cuanto menos increíble para ella. Jamás olvidaría la cara que puso cuando vio aquel cine, una imagen que distaba mucho de la actual pues Kylo se había esforzado duramente para reformarlo y activarlo de nuevo. Y el empeño no fue en vano pues, a diferencia del Estelar Eclipse, los nuevos cines Halcón Milenario hacían de él la persona más feliz del planeta, llenando semanalmente las cuatro salas que disponía. Recibiendo alabanzas y buenas críticas, siendo al fin la competencia que necesitaban las antiguas salas de cine de Jakku. Y aquello hizo que Rey enterrara el hacha con aquellas condenadas tierras que tanta soledad y tristeza le habían traído de pequeña. En aquel orfanato que, por cierto, empezaba a divisar a lo lejos. Apuró el paso un poco más, llegando a la entrada donde un pequeño jawa se encargaba de registrar la entrada al centro.
Rey intuyó una sonrisa bajo el manto que cubría a aquel ser, pues ya la reconocían y no tardó en abrirle las puertas.
-¡Muchas gracias!- Habló, sonriente y el jawa respondió en jawés tras zarandear la mano.
Si algo le había ayudado a Rey a superar el trauma que arrastraba en aquel planeta, aparte de convivir en él, fue proponerle a Kylo una proyección mensual gratuita para los niños del orfanato, quienes esperaban la visita de Rey con el nuevo horario de proyecciones y una bolsa de la compra llena de galletas y dulces. No tardó en divisar a la twi'lek que llevaba aquel hogar, Aayla Secura, quien recibió a Rey con los brazos abiertos. La muchacha terminó de subir las escaleras de la entrada hacia ella, quedando frente a frente.
-Vengo con el nuevo programa y galletitas.- Sonrió ella, entregándole la bolsa.
-Ya te he dicho mil veces que no es necesario que…- Rey negó con la cabeza y Aayla cesó, sonriendo.- Ya sé que es lo que a ti te hubiera encantado que alguien hiciera pero… Tememos ser una molestia.
-Le aseguro que no es molestia.- Y le entregó al fin los horarios.- Saben que tienen descuento para cualquier otra sesión a la que quieran ir.- Aayla asintió.- Y también les recuerdo que os esperamos a ti y a los nenes el segundo sábado del mes.- Sonrió finalmente.
-Muchas gracias, Rey.- Sonrió la mujer y Rey devolvió el gesto.
No se entretuvo más, el tiempo se le había echado encima y prácticamente salió corriendo una vez estuvo fuera del centro, despidiéndose también del jawa que custodiaba la entrada. Enfilando calle arriba en dirección a los cines aquella mañana que empezaba a terminarse… Y fallando de nuevo y como cada día en el intento de pasar de largo cada vez que aquella pastelería se cruzaba en su camino. Ni siquiera era capaz de andar por la calle sin mirar.
Se acercó al escaparate, junto a un par de críos que se veían anclados al reflejo de los bizcochos y chocolates tanto como ella, y se mordió el labio conteniendo una sonrisa, mientras empujaba la puerta para entrar y un tintineo delataba su presencia. Desde hacía un año, había demostrado a sí misma lo débil que era en cuanto a las tentaciones.
Aquella mañana, Kylo y ella habían tenido que sacrificar el desayuno. Se habían despertado como siempre, con las piernas enredadas el uno en el otro y su cabeza sobre el pecho de Kylo. Pero hoy, los arrullos y caricias al abrir los ojos no habían tardado en transformarse en otra clase de juegos que le obligaron a cambiar sus rutinas mañaneras. A veces, les ocurría eso. Rey jamás se quejaba. Era feliz con cada segundo que pasaba, sabiendo que jamás había atesorado tantos recuerdos juntos como los que acumulaba sólo en aquel año.
-¿Algo más? – Le preguntó la pastelera de ojos rosas, sacándola de sus pensamientos tras seleccionar los dulces que quería.
- No, Pule, muchas gracias. – Y le pagó con el dinero que le había sobrado de la compra de Doowan, incapaz de esconder su sonrisa mientras la mujer ponía el café y el té en un soporte de cartón para que pudiera llevárselos.
Al salir, se arrodilló ante los niños, sacando un buñuelo para cada uno y apartándolos de sus manitas justo cuando iban a cogerlos.
-¿No os habréis escapado del orfanato, verdad? – Al instante, bajaron las miradas a sus zapatillas raídas. – Os los doy… - Los niños alzaron los ojos al instante, con poco arrepentimiento ante la promesa - sólo si volvéis con tía Aayla. – Y hubo una queja generalizada. – No, no. Ni "oh, venga" ni porras. Me quedo con vuestras caras y os quedáis sin cine. – Los niños miraron a Rey verdaderamente ofendidos. – No podéis ir y venir del orfanato cuando os interesa. O allí o en la calle. – Y Rey verdaderamente sabía de qué hablaba.
- Está bieeeeen… - Cedieron al unísono. Y entonces, ella volvió a ofrecerles los dulces que ya se habían comido con los ojos y se fueron mucho antes de que Rey pudiera añadir absolutamente nada al trato.
Retomó de nuevo su camino, negando con la cabeza y sonriendo con cada paso que daba, incapaz de contemplar siquiera la posibilidad de que su vida un día fuera tan feliz y plena como lo era hoy. Incapaz de imaginar una sola mañana sin despertarse a su lado, sin su apoyo, sus juegos, sus apuestas, sus enfrentamientos, sus risas, sus abrazos e, incluso, sus discusiones. Era como sentir el alivio de quitarse una soga del cuello que ni siquiera había visto hasta que la habían apretado. Ese alivio, todos los días. A todas horas. Y estaba enamorada, a niveles que no había creído posibles ni en las grandes leyendas que poblaban la Galaxia.
No tardó en ver el cine al final de aquella avenida y aceleró el paso casi sin darse cuenta. Aquel edificio que había conseguido con un saco de créditos no tenía nada que ver con la perla que se alzaba ahora. Tenía un encanto y un brillo propio del mimo y la devoción con la que Kylo lo había tratado desde que posó los ojos en su fachada. Un poco de cariño y le había mostrado a cambio todo su potencial. Un poco de fe y cantidades ingentes de trabajo conjunto habían hecho de aquel lugar el refugio que Kylo tanto había querido para sí. De nuevo.
Le vio bajar las escaleras y poner los brazos en jarras mientras oteaba la marquesina justo cuando ella llegaba junto a él. Estudió su perfil, su melena negra peinada ahora hacia atrás con la sola fuerza de sus manos, su frente limpia, su nariz recta, sus labios carnosos y su mentón orgulloso. Por la Fuerza, cuánto le quería. Sin embargo, desvió la mirada hacia dónde él dirigía toda su atención. Las letras anunciaban el estreno de la noche.
-¿Sabes? – Empezó, llamando por fin su atención y haciéndole bajar la mirada hacia ella mientras Rey le ofrecía su café. – Creo que esa "O" está torcida. – Le dio un sorbo a su té para esconder la sonrisa cabrona.
-¿En serio? – Volvió a mirar hacia la marquesina, escrutándola, casi midiéndola al detalle desde la distancia del suelo, mientras Rey se escaqueaba conteniendo la risa. - ¿Cómo…? – Kylo desvió la mirada hacia donde debía estar ella, a su lado, descubriendo el sitio vacío y buscándola con los ojos. - ¿Cómo que torcida si es… - La vio girarse hacia él justo cuando abría la puerta y se carcajeaba, mientras él seguía sin entender. – Si es una "O"?
Entonces, cerró los ojos con fuerza y bajó la cabeza, sonriendo, cayendo al instante en la broma. Se pinzó el puente de la nariz, soltando una risa nasal y mirando de nuevo a la marquesina. Las letras estaban perfectas. El cine era perfecto. Su vida era perfecta. Aun había ocasiones en las que se le atoraba un nudo de nervios en el centro del pecho, esperando que todo aquello se cayera a sus pies como un castillo de naipes. Pero nunca sucedía. Rey seguía despertando a su lado, las sábanas seguían oliendo a ella, y no a vacío y silencio frío como los meses que había pasado sin ella. No se creía su suerte cada vez que lograban sentarse y ver una película de la que ella no tenía ni idea y le sorprendía con ideas que a él ni se le habían pasado por la cabeza, o le miraba satisfecha. O incluso aquellas que no le gustaban. Sonrío ante el recuerdo de alguna de ellas y los debates que habían suscitado, pequeñas peleas que les habían tenido despiertos hasta altas horas de la madrugada y apenas lograban saldarse hasta la siguiente película. Kylo se había descubierto a sí mismo ansioso por cada línea de créditos sólo para saber qué pensaba ella.
La había metido de lleno en su mundo, en su vida y hasta juraría que la tenía entre sus costillas, tanto como Rey había conseguido hacer de él un hombre que disfrutaba cada día de cada momento que pasaba… Aunque eso no quería decir que cada broma de Rey a su costa no tuviera una pequeña consecuencia de la que ambos se gustaban de participar. Había cosas que no habían cambiado tanto y estaba jodidamente agradecido por cada detalle, como si fueran pequeños pedacitos de alma que ella le devolvía entre los besos.
Al entrar en el cine, la vio sentada sobre la mesa de la taquilla, contando el dinero que debía haber en la caja para las vueltas por las entradas con uno de los bollitos que había comprado sujeto en los dientes. Se dirigió hacia ella, posándole las manos en las rodillas para que las separara y poder meter su cuerpo entre medias.
-Estás llenando los billetes de azúcar. – Le dijo justo cuando ella alzaba la mirada hacia él.
- Ya me has desconcentrado. – Chasqueó la lengua hacia él. - He perdido la cuenta. Y le miró desde abajo, con una mueca de fingido enfado que le costaba demasiado esconder.
Kylo se mordió el labio y le apartó un mechón, colocándolo tras su oreja, acercándose a ella y susurrándole mientras Rey fingía no hacerle caso mientras seguía contando.
-¿A que no sabes lo que acaba de llegar?- Rey sonrió.
-Yo.- Kylo le dio un mordisco en la mejilla, sacándole un gritito a la par que se contraía.- ¡AY!
-No, tonta.- Ella le miró mientras Kylo se separaba y le tendía la mano.- ¿Quieres hacer los honores?
-¡Oh! ¡¿Ha venido ya!?- Dijo ella, levantándose y tomándole la mano. Kylo asintió mientras soltaba también un tarareo afirmativo.- ¡Oh, estupendo! ¡¿Ves como sí que iba a llegar!?- Él rodó los ojos mientras se encaminaban al sótano de los cines.
-Sí…- Medió con cansancio.
-¡Te lo dije!
-Que sí…- Siguió mediando, tirando de ella y bajando por las escaleras, prendiendo las luces a su paso.
-¡Mira que te encanta ponerte siempre en lo peor…!- Kylo se giró hacia ella.
-Mira, niña, como sigas revolcándote en tu victoria…- Rey se calló al instante, sonriéndole a pesar del tonito de enfado fingido que se traía él.- Verás…- Y sonrió al final antes de adelantarse para darle un beso suave en los labios.- No te voy a dejar abrir la caja.- Rey pataleó.
-¡Oh, venga ya! Encima que te mantengo a raya el ataquito que te da siempre que empiezas con tus paranoias de "no va a llegar a tiempo", "vendrá el reestreno y estaremos sin proyección"…
-Bueno, alguien tenía que hacer ese papel en esta relación.- Soltó con pesar su mano para poder abrir la puerta del sótano.
-No recuerdo haber añadido esa cláusula en nuestro contrato.
-Es que nuestro contrato no tiene ese tipo de cláusulas, mi niña…- Respondió, girando levemente hacia ella y sonriéndole con picardía. Rey no pudo evitar darle un suave manotazo en el culo cuando Kylo se encaró a la puerta… Y vio como poco a poco se giraba hacia ella. Rey alzó las manos.- Estás jugando con fuego… Luego me pedirás piedad.
-No recuerdo habértela pedido nunca…- Y Kylo pellizcó su mejilla.
-Eso es porque nunca habías sobrepasado los límites tanto como ahora.- Abrió la puerta y se adentró no sin antes prender la luz.
-¿Me vas a castigar ahora?
-No. Ahora no, niña…- Y Rey sonrió ampliamente. Se podía hacer una idea sobre qué película acababa de recibir si Kylo prefería compartir con ella aquel momento. Y le siguió encantada, embelesada por todo. Sintiéndose orgullosa de todos los baches que habían superado y siendo consciente de todos los que vendrían. No sería fácil, Kylo tenía heridas mentales de las que no cicatrizaban jamás. Pero ella estaría allí, a su lado, sanándoselas cada vez que volvieran a sangrar.
Habían conseguido recrear el almacén de películas que tanto apreciaba Kylo en el Estelar Eclipse, sólo que esta vez era más limpio, estaba mucho más aislado y con una mejor clasificación de cintas, aunque hubiera un gran número de plazas por rellenar con bobinas. Rey lo observaba como si estuviera en el interior de una hermosa catedral, pues para Kylo aquello lo era. Su santuario. Uno compartido. Extendió la mano a sus espaldas, buscándola. Y Rey no tardó en agarrarle y acercarse para caminar junto a él hasta llegar a una habitación apartada, donde restauraban las cintas dañadas y revisaban las nuevas adquisiciones.
El cuartito era pequeño y en medio de éste se encontraba una caja de cartón, todavía por desprecintar. Kylo agarró un cúter de los muchos que tenía sobre la mesa y se lo pasó a Rey mientras se arrodillaba al lado de la caja y ella en frente. Compartieron miradas durante un segundo, ella deslizó la mano por encima de la superficie como si quisiera calmar el cartón por aquella laceración que iba a provocarle. Alzó los ojos una vez más hacia Kylo, preguntándole en silencio si estaba preparado. Y él asintió, accionando la mano de Rey que deslizó la hoja del cúter por el precinto.
Abrió la caja, y metió las manos en el porexpan hasta toparse con una superficie dura y robusta. Sonrió sin poder evitarlo y sacó del pequeño mar blanquecino una bobina dentro de su respectiva funda. Kylo contuvo el aire mientras Rey alzaba aquello frente a ellos.
-Ábrela…- Le rogó. Y ella sonrió asintiendo, pasándosela mientras él miraba intermitentemente a la bobina y a ella.
-Hazlo tú, que a mí me da la risa…- Bromeó. Y Kylo alzó una comisura. Tomando la bobina entre sus manos y accionando los seguros de la caja, abriéndola. Y sacó de allí la cinta de una película que había perdido tras habérselo requisado la JEDI.
-The Wall…- Leyó en el título y alzó los ojos hacia Rey.- Está impoluta.- Observó y ella asintió.
Y Rey le observaba, esperando que hiciera aquello que tanto le encantaba de él… Y allí estaba. Kylo se acercó la bobina a la nariz y aspiró suavemente, oliéndola. Y le vio poner los ojos en blanco de puro gusto mientras una sonrisa sincera, complacida, admirable y tranquila se dibujaba lentamente en su rostro. Quizá una sonrisa parecida a la de ella cuando le miraba hacer esas cosas. Kylo disfrutaba de esos pequeños detalles, de oler las películas que estaban por estrenar, de recibir un DVD o Blue-Ray de cualquier film que le gustara o quisiera tener por razones que a Rey todavía le costaba de entender. Pero sonreía y recordaba aquella conversación en el café de la esquina del Estelar Eclipse, cuando Kylo le enseñó a diferenciar entre subjetividad y objetividad con algo tan sencillo como un orgasmo nuevo.
-¿La colocamos en su sitio?- Preguntó ella, sacándole de su pequeño trance, viéndole asentir con decisión.
-Sí. Claro que sí.
Y cuando estaba ya frente a la estantería, justo ante la balda en la que depositaría aquella piedra preciosa de su tesoro, Rey le vio bajar los hombros y desinflarse poco a poco, como pensándoselo y rumiando algo. Frunció el ceño y posó la mano en su brazo, con una pequeña caricia que le devolviera a aquel instante con ella.
-¿Qué ocurre? – Le preguntó, atenta a cualquiera de sus gestos. Él bajó la mirada hacia ella, casi avergonzado durante una fracción de segundo demasiado rápida como para que Rey lo hubiera captado de no haber estado atenta. Se pasó su brazo por encima del hombro, colándose entre su pecho y la estantería, alzando la mano hasta su mejilla marcada, acariciando el surco de su cicatriz, requiriendo de toda su atención. – Cuéntamelo. – Le vio suspirar y apartar la mirada un momento, sólo un momento.
- Es esta película… - Empezó, volviendo a centrar la mirada en ella y ladeando la cara hacia la pequeña mano que se posaba en ella. – Hubo un día en el que creí que era como una señal de la Fuerza para que me preparase para recibir un golpe sin precedentes, porque mis acciones me arrebatarían algo muy preciado en cada momento que sintiera la necesidad de verla. – Rey alzó la otra mano, anclándose a su cuello, enredando los dedos en los mechones que podía alcanzar. – Primero fue mi padre. Y luego, tú. Es como una película maldita…
-Pero a mí no me perdiste, Kylo. – Le dijo, poniéndose de puntillas para llegar a sus labios. – Yo volví a ti. – Le peinó con los dedos, como le encantaba hacer. – Y me ataste. – Y le vio contener una sonrisa con esa clase de timidez en la mirada que no habría esperado nunca ver y, sin embargo, era vulnerabilidad de la que siempre le hacía testigo cuando le confesaba sus sentimientos por ella. – Podemos darle nuevos recuerdos a esta película.
- Ya los tiene. – Le dijo en apenas un susurro contra sus labios. – No me has dejado terminar. – Rey prácticamente se descolgó de sus hombros.
- ¿Eso significa que se me acumulan los castigos por mal conducta? – Alzó la ceja hacía él, incapaz de negar, ni a él ni a sí misma, que disfrutaba y le llenaba el pecho de amor y ternura todo cuanto tenían.
-¿Vas a seguir interrumpiéndome? – Le dedicó esa mirada severa que despertaba todos los escalofríos en su espalda.
-¿Las sanciones son acumulativas, prorrogables o…? – Kylo la interrumpió cogiéndola de la cara, como solía hacer, y apretando su cuerpo contra el suyo, apresado sobre la estantería. Le aguantó la mirada, desafiante, segura, mientras le sentía respirar muy cerca de ella. - ¿O me vas a hacer contarlas? – Y su fuerte agarre se deslizó hasta su cuello, aferrándolo con una fuerza controlada.
-¿Ya has terminado de retarme, nena? – Ella se mordió el labio inferior y se encogió de hombros. - ¿Vas a dejarme terminar? – Rey parpadeó con lentitud y asintió como buenamente pudo. – Te estaba diciendo que The Wall nunca fue una película maldita, no me quitaba nada. Me mostraba lo que tenía… - Kylo aflojó su agarre, deslizando el pulgar por la columna tensa de su cuello, ensimismado con ella. – Y a quien me ama tanto como yo amo. – Y devolvió la mirada a sus enormes ojos verdes.
La devoción que vio en ellos le hizo soltarla casi al instante y ella se lanzó a él, abrazándole, hundiendo la cabeza en su pecho y colando las manos bajo su camiseta, sintiéndole.
-Te quiero, Kylo. – Susurró contra la tela, cabeceando antes de alzar la mirada hasta él. Kylo le rozó la mejilla con los nudillos.
- Y yo a ti, nena. – La vio sonreír, feliz, muy lejos del llanto que un día le dijo las mismas palabras, y deshaciéndose en mil pedazos como entonces. – Pero eso no va a reducir tu penitencia esta noche. – Y dejó la película en su sitio.
-¡Oh, venga ya! – Le espetó, soltándole sin poder esconder el modo en el que sus comisuras delataban una sonrisa por mucho que quisiera parecer molesta.
- No, no. – Negó con la cabeza mientras ambos marchaban de nuevo hacía el hall del cine. – No puedes ir de valiente, provocarme y luego esperar que no haya consecuencias.
- Bueno, a ver… - Se giró hacia él y Kylo supo perfectamente que iba a soltarle algún comentario de los suyos en cuanto identificó esa pose que decía "yo me crié en peleas callejeras y tú acabas de llegar". – Si querías una novia obediente, deberías haber nacido hace más de cincuenta años o asumir que estamos en este.
- No quiero una novia obediente. – La cogió del brazo y tiró de ella hasta que casi chocó contra su pecho. – Te quiero a ti, con tu rebeldía, tus provocaciones, tus maneras barriobajeras, tu falta de moderación y tus salidas de tono. – Sus palabras hacían que dejara de mostrar resistencia, siquiera fingida, hacia él y agradeciera que sus fuertes brazos la sostenían porque se derretía. – Tus atrevimientos, tus desafíos, tu falta de respeto a cualquier autoridad, tu ingenio y tu risa.
Y se inclinó hasta ella, en un beso que sellaba sus palabras como siempre hacía, enredando su lengua con la suya y aturullándola con sus labios, como si un roce fuera capaz de hacer que se le salieran los sesos por las orejas y sus ideas se esfumaran, apresada entre sus brazos, desecha y en una nube. Como a punto de dejarse llover. Porque se le llenaba el estómago de vértigo y, daba igual cuánto se sintiera volar, sus caricias conseguían hacerla consciente de su propia piel hasta que la sentía arder.
No es un infierno si te gusta cómo quema.
Veintisiete capítulos de crimen organizado, sexo desenfrenado, cine, mentiras, amor, y esas escenas de tortura tanto física como emocional.
Crimen organizado por la parte de Hux, maldito pelirrojo prepotente de esta historia, elegante cabrón. Con sus guantes negros, su cigarro entre los labios y su bláster al cinto. Gracias por hacer de él al verdadero jefe de este tinglao.
Sexo desenfrenado, de ese que hace que los demonios del uno y del otro se queden tranquilos un rato, de ese en el que se comparte más que saliva, caricias y vicio. De ese que te eleva al cielo y parece que elimina la probabilidad de caerte. Gracias por hacer de cada párrafo un emocionante puente para que yo pudiera seguirte, con sus sorpresas y sus emociones.
Cine, del bueno y del malo. No sólo en las referencias y títulos (ligeramente cambiados para entrar en el universo Star Wars). Hay cine en muchas de las escenas descritas a lo largo de estos veintisiete capítulos. Y creo que jamás hubiera podido escribir algo así sin tu ayuda.
Mentiras, no sólo las que decimos a los demás, sino las que nos decimos a nosotros mismos, creyendo que podremos controlar todos los desastres hasta que nos explotan en la cara. Esas mentiras que terminan haciendo que lo pierdas todo, todo. Incluso lo que no sabías que tenías. Esas mentiras que son sólo excusas para justificar que no quieres mirar a esa parte de ti que te dice la verdad. Hasta que no te queda más remedio.
Amor, en cualquiera de sus formas, como el único modo de salvarse a uno mismo y a quién más quieres. O aprender a quererse a través de lo mucho que te quieren. A través de un universo de gestos creado sólo para ti, de abrazos que se dan y de los que quedan por darse, de madrugadas sin dormir, cimentando los pilares del cariño que nos sostendrán siempre.
Y esas escenas en las que se nos han caído las lágrimas…
Escenas que seguían, unas veces más que otras, el curso de las películas de esta secuela tan maravillosa que se nos está dando el honor de presenciar.
Como el honor que ha sido escribir esta historia. Esta movida, la primera que verdaderamente marca un principio en lo que será, espero, una interminable temporada de fics en los que exploramos hasta los últimos rincones de cada sentimiento, cada personaje, cada situación, y cada universo alternativo que se nos pase por la cabeza. Y con reylo, nos hundimos en la catarsis de conocernos un poquito más a nosotras mismas.
Gracias a todos los que habéis estado aquí cada lunes, esperando un nuevo capítulo y comentándolo. Gracias por vuestras palabras, vuestro entusiasmo, vuestras ganas y vuestro cariño. No hubiera sido lo mismo sin vosotros. Y ya sabéis quienes sois los más fieles. Sois geniales. Os juro que no había nada como despertarse por la mañana leyendo vuestras reviews.
Y con esto, os esperamos, fielmente, con el siguiente fic, que no se hará esperar.
