ADVERTENCIA:
Los eventos en este fanfic tienen lugar después del final de "El martillo de Thor" así que habrá algunos spoilers y que lo que ocurra en libros futuros no afectará la historia (¿o si? ewe).
Disclaimer:
Los libros de "Magnus Chase y los dioses de Asgard" y demás pertenecen a Rick Riordan, así como todos sus personajes maravillosos. Excepto por los dioses nórdicos, esos son de los nórdicos (No me digas[?]). No gano ningún dinero con esta historia, sin embargo los reviews son más que recibidos.
ADVERTENCIA: ESTE CAPÍTULO EMPIEZA UN POCO (MUY) SUBIDO DE TONO, PONDRÉ *-*-* AL INICIO Y FIN DE ESA PARTE POR SI QUIEREN SALTARSELA.
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Capítulo 4 [Parte I]
I give the guy I love a lust potion and probably destroy the world
"Le doy al chico que amo una poción afrodisíaca y probablemente destruyo el mundo"
[Hearth]
-Alfheim-
Me acerqué a Magnus, algo nervioso; no podía creer todavía que todo eso estuviera pasando. Magnus me sonrió, con un leve rubor en la cara, me acerqué lentamente, como practicamos, hasta que mi frente quedó apoyada en la de él. Cuando nuestras miradas se cruzaron pude sentir su nerviosismo, su corazón latiendo desbocado a la par que el mío. ¿Sería capaz de seguir?
Magnus no me dio tiempo para arrepentirme; sentí sus labios sobre los míos, una tímida caricia. Rodeé lentamente su cintura con mis brazos y lo atraje un poco hacia mi, al tiempo que movía mis labios contra los suyos, saboreándolos. Magnus se iba soltando lentamente, correspondiendo el beso y acercándose más a mí; sus brazos alrededor de mi cuello, su pecho contra el mío. Sus ojos se habían cerrado mientras se dejaba llevar hacia el lecho de pieles.
Le mordí el labio inferior suavemente y él emitió un suave quejido. Aproveché para introducir mi lengua en su boca al tiempo que lo recostaba en el lecho. Magnus abrió los ojos algo sorprendido, pero no me apartó. Me sentí horrible.
—¿Listo para la gran función?—preguntó, sus labios hinchados y sus pupilas dilatadas, deletreando contra mi pecho. Le sonreí levemente, besándole la comisura de la boca.
—¿Tú lo estás?—pregunté, deletreando contra su cintura. Él asintió levemente y jaló un poco las cobijas.
—No quiero que nos vean— leí en sus labios; tal como habíamos planeado, cogí algunas de las mullidas pieles del lecho y las jalé sobre nosotros, tapándonos hasta la cintura, antes de decir, para que todo el mundo lo viera, en señas:
—Ni yo quiero que te vean, amor. Pero es la tradición.
Magnus se mordió el labio y recorrió mi pecho hasta el borde de la camisa de seda, jugueteó un poco ahí antes de meter su mano.
—Ahora es cuando quitas mi camisa y dejas de mirarme como si fuera un postre…
Tragué saliva ¿Tan obvio era el deseo que sentía por él? Podía achacárselo a que teníamos que lucir convincentes, pero… Magnus interrumpió mis pensamientos con un beso suave y me miró con una sonrisa tranquila.
—No me comas con la mirada, Hearthstone...—dijo, sus labios se movían de manera sugestiva, asumí que lo decía para cubrir el tiempo, que había pasado pensando, para nuestra audiencia:—Ya tuve suficiente de eso… Cómeme en serio—.
Lo besé otra vez, mientras me acomodaba entre sus piernas y le retiraba con cuidado la camisa de seda ceremonial. Mi lengua recorría su boca y podía sentir cómo su respiración se agitaba un poco por la pasión del beso. Sentí sus manos jalar mi camisa, mientras correspondía el beso; después de forcejear un rato, logró quitarme la camisa y se abrazó a mi. Sentí un escalofrío recorrernos al tiempo cuando nuestras pieles se tocaron. Me separé un poco de él, y creo que fue el primero de los muchos errores que cometí esa noche; ver a Magnus completamente vulnerable, con el pelo revuelto, los labios hinchados y ese deseo en sus ojos, fue suficiente para quebrar lo poco que me quedaba de cordura y convicción.
Moví mi cadera contra la de él, robándole otro beso apasionado. Sentí cómo se derretía entre mis brazos; cómo me correspondía, mientras se pegaba contra mi y movía suavemente su cadera. Me negué a sentirme culpable; sólo estaba haciendo que disfrutara un poco de todo eso ¿no? No era como si yo fuera a…
Rompí el beso para dejar salir un quejido sorprendido, al sentir una de las manos de Magnus acariciar mi entrepierna sobre el pantalón y la otra tratar de quitármelo. Bajé mis manos acariciándole el pecho, viendo como se mordía el labio, seguramente para no dejar salir ningún "sonido vergonzoso" como los había denominado Alex. Le ayudé a deshacerse de nuestros pantalones, tratando de convencerme, falsamente de que no pasaría de ahí. No supe en qué momento quedamos completamente desnudos, piel con piel bajo nuestra mullida cobertura. Nuestras caderas moviéndose al unísono y nuestras lenguas danzando, al ritmo de mi pérdida de cordura.
Lo que me trajo de vuelta primero fue la mordida de Magnus en mi hombro, que me hizo darme cuenta de que, literalmente, estaba un par de milímetros de hacerlo mío. Tragué saliva y lo miré a los ojos; vi mi propio nerviosismo, miedo y deseo reflejado en su mirada, todo teñido por una leve súplica. ¿Me suplicaba que me detuviera o que siguiera? Le besé suavemente los labios, apenas rozándolos.
—Lo siento—deletreé en su pecho, él me miró sin entender, pero no le dí tiempo de preguntar ni a mi cabeza de procesar.
Magnus se sentía caliente, estrecho y me encantaba. Su cuerpo temblaba debajo de mí, sus manos aferrándose a mi espalda, sus dientes en mi hombro. Me movía con lentitud, disfrutando de los estremecimientos, de cómo me envolvía.
Mire a Magnus, que, mirándome con deseo, mostraba una súplica muda en sus ojos. Me detuve un poco, sintiendo culpa. Sentí como los brazos de Magnus me rodeaban el cuello y, con sus ojos fijos en los míos, me besó. Era un beso necesitado, caliente. En el cual nuestras lenguas bailaban al son que imponían nuestras caderas. Podía sentir las vibraciones de los gemidos que Magnus ahogaba en el beso, lo cual me produjo un escalofrío placentero; pensar que Magnus se deshacía entre mis brazos, incapaz de controlarse.
Cuando rompí el beso por falta de aire, Magnus me sostuvo la cara, tratando de decir algo.
—Maas… Hearth… maas ah…
Hundiéndome con más fuerza en él, vi con deleite cómo él se arqueaba, sosteniéndose a duras penas. No podía dejar de pensar en lo hermoso que se veía, en lo bien que se sentía, en lo mucho que lo amaba. Nuestras miradas se cruzaron y sentí un corrientazo de placer recorrerme; aferré la manta debajo de Magnus, abrumado por las sensaciones. Sentía a través de la conexión el placer que embargaba a Magnus, y que, combinado con el mío, era demasiado como para aguantarlo.
Noté algo, quejidos, que llenaban mi cabeza. Eran dos tipos de quejidos, no sabía porqué, pero lo sabía, eran dos… voces.
—Mhhhm ahh~ Hearth.. oh si… mhhmmm más~
—Mhmm ah mhh hhhmm
Al cabo de un momento caí en cuenta de que esos eran los gemidos de Magnus y mis jadeos. Los gemidos de Magnus, que hacían que no pudiera aguantar más. Magnus me miró mordiéndose el labio avergonzado, antes de besarme. Ese beso, anhelante, esperanzado, apasionado. Ese beso fue la cúspide; ambos llegamos al clímax, sintiendo el placer del otro, pero la conexión se rompió. Ese beso fue lo que me hizo alejarme; la manera dulce y sensual con la que me besó me dolió, porque en el fondo sabía que no era cierto, que esas respuestas de Magnus eran gracias al brebaje que yo le había dado.
Magnus me miró, parecía confundido, yo aparté la mirada y noté, o más bien recordé, que no estábamos solos. Y que, por ende, yo debía seguir fingiendo que estaba completamente enamorado del hombre entre mis brazos. Volví a mirarlo y le acaricié el cabello con suavidad, Magnus cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia la caricia. Me acerqué a darle un beso y él, con un movimiento casi imperceptible, se alejó, de manera que el beso quedó en la comisura de su boca. Sentí cómo se me rompía el corazón.
Salí de él con cuidado, disimulando el movimiento con que me estaba sentando y lo rodeaba con una de las esponjosas pieles. Magnus interpretó bien su papel, abrazándome por la cintura y escondiendo su cara en mi pecho. Alcé entonces la vista para "admirar" a nuestro público, y noté como muchos habían volteado apabullados, noté a Blitzen mirándome con sospecha, a Alex con expresión de molestia, aunque tuviera las mejillas encendidas. Y vi a mi padre mirándonos con una sonrisa de suficiencia.
Mi padre se acercó lentamente haciéndole una seña a Alex y a Blitzen, quienes llevaban un par de batas esponjosas para nosotros. Vi la expresión de mi progenitor; estaba satisfecho consigo mismo por haber sido capaz de realizar un trato tan beneficioso. Vi cómo extendía la mano, nos tocó el pelo a ambos, en lo que se podría haber confundido con una caricia familiar, antes de dejar, con un movimiento disimulado, el anillo en la mano que yo tenía acariciándole el cabello a Magnus.
Alex se acercó a Magnus, vi como él asentía, seguro a algo que ella le había dicho, y recibía la bata para ponérsela. Blitzen me pasó la otra bata, con una expresión indescifrable. Miré a Magnus, quién evitaba mi mirada, y se levantaba del lecho con lentitud. Me pregunté entonces si no lo habría lastimado.
Me levanté y le rodeé la cintura con mi brazo, en parte para seguir con el papel de la feliz pareja y en parte para ayudarlo a sostenerse. Sentí como se apoyaba en mí, miré a Blitzen y él me hizo señas.
—Yo me encargo, vayan a tu cuarto.
Subimos a mi habitación, y una vez allí, lejos de todas las miradas, Magnus se alejó de mí y corrió hacia el baño, cerrando la puerta con fuerza tras de sí. Yo estiré la mano, incapaz de hacer más; sería mi culpa que me odiase, que perdiera toda confianza en mi. ¿Cómo podía ser tan egoísta, cómo podía ser tan desagradecido? Después de todo lo que Magnus había hecho por mi, y yo… Yo había traicionado su confianza.
Alex me miró con sospecha y fue a tocar la puerta del baño. A juzgar por el movimiento, aporreaba la puerta. Blitzen llegó y nos miró confundido, antes de que Magnus dejara entrar a Alex y cerrara la puerta tras ella. Blitzen me miró.
—¿Qué le pasa a Magnus? —preguntó en señas, yo lo miré y me derrumbé; mis piernas dejaron de sostenerme y las lágrimas se agolparon en mis ojos.
—¿Hearth? —preguntó entonces, su expresión preocupada, al tiempo que se arrodillaba a mi lado: —¿Pasó algo? —.
Asentí levemente, incapaz de decirle algo por el temblor de mis manos. Blizten me preguntó una y otra vez, pero yo no era capaz de confesar lo que había hecho. Noté que Blitzen saltó y miré hacia dónde él había volteado la cabeza; Alex se acercó furibunda, me levantó de un tirón y con un movimiento fluido me tenía contra la pared, con su garrote alrededor de mi cuello.
—Mira elfo de quinta—empezó, apretando un poco: —que sepas un poco de magia no significa que puedas lastimar a mi amigo porque si—.
Alex me apretaba el cuello más y más, y yo sentía como su garrote me cortaba levemente la piel del cuello. Vi a Blitzen acercarse molesto, listo para pelear con ella. Entonces ambos voltearon. Alex me soltó lentamente y me dirigió una última mirada molesta, antes de alejarse. Seguí su mirada y vi a Magnus, con el cabello mojado, recién cambiado. Sus ojos estaban ligeramente hinchados, como si hubiera llorado.
—¿Quieres bañarte, Hearthstone? —preguntó Magnus: —debes estar sudado…—
La expresión de Magnus era amigable, me acerqué con lentitud y él me sonrió levemente.
—Vamos, Hearth… Tenemos que salvar al mundo—dijo, por su expresión era obvio que lo había dicho cínicamente. Sonreí a mi vez, un poco más tranquilo, y entré al baño; me duché rápidamente, me sequé y tomé la ropa que Blitzen había dejado para mí. Una vez estuve listo, salí y vi a Alex rodeando los hombros de Magnus con su brazo, su expresión de preocupación hizo que algo hiciera clic en mi cabeza. ¿Alex estaba enamorado de Magnus? Su mirada molesta me convenció de que así era.
—¿Una poción afrodisíaca? —preguntó Alex, y yo sentí que el alma se me caía al suelo. Blitzen asintió.
—Según lo que Magnus dice y la copa que me mostraste, estoy casi seguro de que Alderman les dio una poción afrodisíaca—explicó Blitzen, yo tragué saliva ¿mi padre? …Claro, yo le había dicho a Magnus que la bebida la enviaba mi padre. Blitzen me miró: —Probablemente para asegurarse de que consumaran el matrimonio…—
—¿Y cómo es que Hearthstone no lo notó? —Preguntó Alex molesta, mirándome acusadora: —¿Qué pasó con tu magia? —.
—Es posible que Hearth no lo notara por los nervios, lo mismo que Magnus—defendió Blitzen. Yo temía que Magnus les hubiera dicho lo que había pasado.
—Hearthstone…—Magnus deletreó mi nombre lentamente, interrumpiendo la conversación: —Deberíamos ir por las runas, mientras Alex y Blitzen arreglan el portal para encontrarnos con Sam—.
Yo asentí levemente, viendo como Magnus se acercaba a mí y me tomaba de la mano. Yo miré nuestras manos entrelazadas, luego a Magnus, él me sonrió tranquilizador.
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—¿Por qué no me dijeron eso? —preguntó Sam, molesta. Estábamos en Fadlan's Falafel, comiendo el falafel que Amir nos había traído. Jack flotaba al lado de ella, brillando en rojos.
—No quisimos excluirte, Sam—dijo Magnus, con expresión conciliadora: —Y si te hubiéramos dicho, tal vez no te habrías concentrado en tu misión—.
—¿Y entonces preferiste enviarme a Jack a que me cuidara? —preguntó Sam, las runas de Jack brillaron, probablemente estuviera hablando. Sam asintió: —Nos dijiste que ibas a estar en un lugar seguro—.
—Sólo fuimos a ver a Frey y luego a Alderman… No pasó nada—respondió Magnus, tratando de calmarlos: — En cambio tú fuiste a una misión súper secreta; seguro Jack tuvo emociones más fuertes que nosotros—.
La mirada traviesa de Alex hizo que Magnus se sonrojara, las runas de Jack brillaban, seguramente preguntando qué había ocurrido. La conversación siguió indistintamente, mientras yo comía con aire ausente. Magnus y yo habíamos hablado poco desde lo ocurrido en el Alfheim, y la verdad lo sentía más distante que nunca; antes yo podía decir qué pensaba al ver su cara, y desde el ritual había podido sentir cómo estaba de ánimo. Pero ahora era completamente indescifrable para mí.
Leyendo sus labios y siguiendo sus gestos pude notar que era hora de seguir con el plan, y que Jack iba a ser cosas de espadas. Significara lo que eso significara. Suspiré suavemente, pues era hora de ir a ver al novio de la prima de Magnus y, por la descripción que me habían dado, el muchacho era bastante atractivo y a Magnus le caía bien. No es que estuviera celoso ni nada por el estilo.
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CONTINUARÁ
Bueno, voy a confesarles la razón de mi demora; resulta que ya tengo el final de éste capítulo (el cual es abrumador en el mejor de los casos), pero me pasaron un par de spoilers de Ship of the Dead y no fui capaz de seguir sin haberlo leído. Ya lo conseguí, así que no creo demorarme mucho más :3
Quiero que esta historia se pueda entrelazar con la de los libros :3
Una vez más, perdón por la demora.
Espero que les guste muchísimo, tanto como a mi me gustó escribirlo~
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Aquí los agradecimientos:
Gracias a la fangirl mayor por seguir la historia.
Gracias a Naruko Ninja Z por darle favorito.
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Hola Briell1995;
Me encanta que te encante la historia, me ilusiona mucho el que hayas notado esos detallitos que le pongo a la historia para que se sienta más real. Espero que esta primera parte del capítulo 4 te guste.
Abrazos,
Mirai.
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Hola FRIDA12346
Muchas gracias por leerlo, lamento la espera y espero que te guste la primera parte de éste nuevo capítulo.
Con cariño,
Mirai.
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Hola Naruko Ninja Z;
Y eso que aún no ha empezado la trama real MWAJAJAJAJA(?)
Abrazos,
Mirai.
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Un agradecimiento super especial a mi Beta Jared que se aguanta mis maricadas y mi dramático ser(?)
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Espero que les guste.
Y para los que quieren una probada de lo melosos que pueden llegar a ser Magnus y Hearthstone [Al menos según yo], los invito a pasar por mi pequeño proyecto de año nuevo: s/12788591/3/100-Days-of-Flash-Fan-Fiction
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Desde Crossoverly,
Mirai
