ºSUMMARY: La navidad ha llegado y con ella un gran regalo para los amantes del InuxKag. Una serie de 30 drabbles no co-relacionados donde veremos a Inuyasha consolando a una Kagome "indispuesta", roces indecentes, una Kagome celosa, peleas, los problemas que conlleva ser padres ¡Y más! Durante todo el mes de diciembre ¡Feliz navidrabble, lectores míos!

ºDISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen. Son propiedad de la mangaka Rumiko Takahashi. Únicamente el Fanfic y su trama son de mi propiedad. No se aceptan copias, adaptaciones y/o plagio. ¡Muchas gracias!

Un review si les saqué una sonrisa c:

Mimos

Entró en la cabaña con un par de piezas de caza a cuestas. Tendría que despedazarlas y almacenarlas, dejaría unas cuantas a mano para que Kagome las cocinara. Un acompasado respirar llamó su atención en cuanto dejó todo en el suelo, haciendo que sus orejitas giraran en esa dirección. Siguió el sonido, encontrándose con que se trataba de su mujer tirada en el futón. Arqueó una ceja antes de destaparla y hablar.

—¿No deberías estar en la aldea a esta hora?

Su mujer emitió algo parecido a un bufido y tomó la manta de las manos de su marido, apenas entreabriendo los párpados, para volver a enroscarse entre las sábanas. Totalmente enfurruñada.

—¿Te ocurre algo? —el ovillo solo se enroscó más sobre sí mismo.

Se dedicó a olfatear el lugar, intentando encontrar rastros de tristeza o enojo en su mujer. Algo que pudiera explicar su comportamiento, efectivamente lo encontró: sangre. Agachó las orejas, había olvidado esas fechas. Kagome debía de estar dolorida, de muy mal humor y con hambre. En los últimos meses de convivencia había aprendido a tratar más íntimamente este tipo de días.

Buscó un par de sábanas extra en una de las esquinas y las extendió sobre Kagome, quien solo atinó a gemir de puro placer al sentir su cuerpo más caliente que antes. Probablemente ella no las había utilizado por miedo a mancharlas. Con sigilo, casi pidiendo permiso, se adentró en las sábanas para reunirse con su mujer que seguía hecha un ovillo.

—¿Te duele? —ella solo asintió— ¿Quieres que te traiga algo?

—No… Solo quiero que te quedes aquí conmigo —la voz de su esposa sonaba más decaída en esas fechas. Hablar le suponía un gran esfuerzo, cada respiración acrecentaba los calambres.

—Está bien.

Posó su palma abierta en su vientre, acaparando el mayor espacio posible para otorgarle algo de su calor corporal. Se sentía mal al no poder ayudarla o al menos no como quisiera. Escuchó que musitaba un bajito pero seguro "gracias", besó su coronilla en respuesta, intentando calmarla.

Kagome comenzó a acercarse hasta refugiar su cabeza en el hueco que hay entre su hombro y su cuello, buscando más calor y haciendo que sus cuerpos quedasen más juntos. Él aprovechó la posición para mordisquear ligeramente la marca que ella tenía en el cuello, enviándole ligeras descargas de placer que aminoraban el dolor. Cuando el olor femenino se hizo más intenso tuvo que obligarse a parar, ella no estaba en condiciones de aparearse en este momento. Se levantó de la cama, cuidando de no destaparla demasiado y se alejó rumbo a la cocina.

—Iré a prepararte un té —ella se rio, aún bajo las mantas.

—Amo cuando me mimas así. No pareces tú.

Es cierto, no parecía él mismo. Pero era una faceta que solo ella debía conocer, era su deber mimarla en esas fechas. Ya se encargaría de amarla el resto del mes.

Fin