ºSUMMARY: La navidad ha llegado y con ella un gran regalo para los amantes del InuxKag. Una serie de 30 drabbles no co-relacionados donde veremos a Inuyasha consolando a una Kagome "indispuesta", roces indecentes, una Kagome celosa, peleas, los problemas que conlleva ser padres ¡Y más! Durante todo el mes de diciembre ¡Feliz navidrabble, lectores míos!
ºDISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen. Son propiedad de la mangaka Rumiko Takahashi. Únicamente el Fanfic y su trama son de mi propiedad. No se aceptan copias, adaptaciones y/o plagio. ¡Muchas gracias!
Un review si me salió mejor este drabble que el anterior 7u7
Con orejas de animales
—Kagome, ¿Qué estás haciendo? No, para. ¡Qué pares! No, así no… ah…
La chica en su regazo solo atinó a reír mientras tocaba con más insistencia las orejas de su esposo. Acariciaba la base con suma rapidez, sabiendo lo que eso ocasionaría en él. Podía sentir aquel bulto tirante y caliente crecer debajo suyo. Dejó que su centro hiciera contacto con la intimidad masculina, aún sobre la ropa, e hizo presión. Como si quisiera sentirse más cerca del suelo, pero ambos sabían que ella quería sentirse cerca de otra cosa que solo él podría darle.
—Me gustaría tener tus orejas —comentó.
Inuyasha, que había permanecido con los ojos cerrados hasta ese momento, la miró ceñudo. Como reprochándole sus palabras, como si de vuelta fuera una niña de seis años que ha dicho una grosería en pleno supermercado.
—¿Qué pasa, Inuyasha? —él no contestó, en cambio apartó las manos femeninas de sus orejas— ¿He dicho algo malo?
—Retira lo que dijiste, Kagome —ordenó.
—¿Lo de las orejas? Pero si son muy lindas, yo quisiera…
—No son lindas y dudo mucho que quieras tenerlas.
Claro, su esposo aún se sentía herido por su pasado. Creyó que había superado aunque sea un poco todo lo vivido, pero seguía igual que antes.
—Ya te dije Inuyasha que no debes sentirte así —tomó su rostro con sus manos, haciendo que la mirara fijamente—. Eres hermoso tal y como eres, con tus virtudes y tus defectos. Sobre todo tus defectos —él gruñó— porque hay que reconocer que a veces eres muy cascarrabias —bromeó—. Pero así te amo.
Ella lo besó en los labios con ternura, tratando de distraerlo. De hacerlo sentir seguro una vez más. Frotando su cuerpo contra el suyo, instándolo a tocarla. Haciéndole sentir que ella estaba deseosa de él, que su cuerpo clamaba por su atención. Cuando finalmente estaba por responder ella cortó el beso, dejándolos unidos por un hilillo de baba.
—Y no me cansaré de decir que amo tus orejas. Porque son tiernas —las mencionadas dieron un tirón—, porque son suaves —las acarició dulcemente— y porque ya sé cómo hacer funcionar a mi marido —y las apretó.
Estuvo a muy poco de soltar una maldita grosería, ¡Le había dolido hasta la puta madre! Pero se contuvo al sentir humedad en ellas. ¡Las estaba lamiendo! Y la sensación era, por decir algo pequeño, jodidamente exquisita. Se aferró a su cintura y mordió con insistencia sus senos por cada vez que ella mordió sus orejas o, como ahora, jugaba con ellas. Sentía que las rascaba y mimaba, que las estimulaba sabiendo que eso provocaba en él reacciones muy vergonzosas. Pero que desde que se casó con Kagome había aprendido a aprovechar.
—Te amo —soltó.
—Yo también, tonto —y comenzó a deshacerse de su kosode.
Fin
