ºSUMMARY: La navidad ha llegado y con ella un gran regalo para los amantes del InuxKag. Una serie de 30 drabbles no co-relacionados donde veremos a Inuyasha consolando a una Kagome "indispuesta", roces indecentes, una Kagome celosa, peleas, los problemas que conlleva ser padres ¡Y más! Durante todo el mes de diciembre ¡Feliz navidrabble, lectores míos!

ºDISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen. Son propiedad de la mangaka Rumiko Takahashi. Únicamente el Fanfic y su trama son de mi propiedad. No se aceptan copias, adaptaciones y/o plagio. ¡Muchas gracias!

Cocinando

Estaba echado en el suelo mirando fijamente el techo de la cabaña, el silencio del lugar era cortado ocasionalmente por el piqueteo de la pequeña cuchilla contra la madera.

—La señora Matsuda me dijo que le gustaba mucho la forma en que me peinaba y me obsequió un par de horquillas. Espero poder usarlas en el próximo festival. Ah y tendré que atender un parto el próximo mes. Estoy algo nerviosa pero espero que todo salga bien y…

Claro, además del insistente parloteo por parte de su esposa.

—Ey, Inuyasha, ¿Me escuchas? —no obtuvo respuesta— ¿Hola?

Entrecerró los ojos, mirándolo insistentemente. Su mente parecía estar vagando por algún lugar en el cosmos.

—Una manada de unicornios vino anoche y dijeron que iban a secuestrarme si no les dabas tu espada. Fue aterrador —nada. Inuyasha seguía absorto en sus pensamientos—. Y… por cierto, Koga vendrá a cenar hoy.

Lo vio levantarse rápidamente y posarse delante de ella con el ceño fruncido.

—¡¿Estás loca, mujer?! —finalmente lo había hecho reaccionar— Ese pulgoso no pisará esta cabaña ni en sus sueños. ¡Lo mataré antes de que ponga un solo pie fuera de su mugrosa cuev…!

—Era mentira —lo cortó.

—¿Qué?

Kagome solo suspiró y bajó la mirada. Estuvo todo el tiempo hablando en vano, Miroku la escuchaba más que él. Eso la hizo sentirse triste y centrarse aún más en su labor. Inuyasha intentaba procesar lo anteriormente dicho, creía que estaba disimulando bien —asintiendo ocasionalmente mientras su mujer hablaba— pero parece que no era así. Se sentó frente a ella, separados únicamente por una tabla, esperando a que ella retomara su relato, pero no fue así.

—¿Y… cómo va el entrenamiento con Kaede?

Kagome picaba ligeramente más rápido el puerro. Claro, ella había terminado de entrenar hace casi dos meses. Tonto.

—¿Ya no te duele más ahí abajo? Ya sabes, esa cosa de mostruación… menstración… Esa mierda.

Se puso un poco colorada. Solo recordaba eso porque le negó tener relaciones sexuales durante una semana. Si seguía así se las prohibiría por un mes entero.

Pregunta tras pregunta solo conseguía empeorar la situación. Hizo un gran esfuerzo para recordar un consejo que le dio Miroku hace ya un tiempo. A las mujeres les gustaba que les hicieran una pregunta y él tenía un buen matrimonio con Sango gracias a que hacía esa pregunta constantemente. A él le iría de maravilla si la hacía, ¿No?

—Y… ¿Cómo estuvo tu día?

Kagome parecía una procesadora de primera generación a esta altura, picaba con tal rapidez las verduras y desmenuzaba la carne con tanta precisión que ni el mismo Sesshomaru igualaría su velocidad. ¿La había cagado? Vio como dejaba el cuchillo con un sonoro golpe sobre la tabla y apagaba con agua la enorme olla.

—¿Kagome? ¿Por qué escondes tus ojitos? Anda, mírame. Kagome, ¡Te estoy hablando maldita sea!

Efectivamente, lo miró a los ojos pero con furia en ellos. Lo tomó del haori y él la siguió por inercia hasta la puerta de la cabaña. Allí lo empujó fuera, estaba por reclamarle pero ella lo calló con la mirada y colocó un campo de fuerza alrededor de la casa. Eso no era bueno.

—Hoy duermes fuera, ¡Por desconsiderado! ¡Idiota!

Síp, la había cagado.

Fin