ºSUMMARY: La navidad ha llegado y con ella un gran regalo para los amantes del InuxKag. Una serie de 30 drabbles no co-relacionados donde veremos a Inuyasha consolando a una Kagome "indispuesta", roces indecentes, una Kagome celosa, peleas, los problemas que conlleva ser padres ¡Y más! Durante todo el mes de diciembre ¡Feliz navidrabble, lectores míos!

ºDISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen. Son propiedad de la mangaka Rumiko Takahashi. Únicamente el Fanfic y su trama son de mi propiedad. No se aceptan copias, adaptaciones y/o plagio. ¡Muchas gracias!

Risas

Estaba acostado de medio lado mientras observaba el pequeño bulto en el suelo siendo tapado por una fina pero delicada manta. Llevaba tiempo mirando al pequeño que se revolvía dentro, intentando destaparse sin tener éxito y cuando lo lograba era su padre quien volvía a cubrirlo. Lo vio fruncir la pequeña nariz y su cara tornarse ligeramente roja.

Oh, no…

Irremediablemente comenzó a llorar, totalmente frustrado por no poder deshacerse de la molesta tela. Lo entendía, a él tampoco le gustaba llevar ropa encima pero estaban en pleno invierno y si se desabrigaba entonces podría enfermar. A pesar de tener su sangre demoníaca no quería confiarse, menos teniendo tan poco tiempo de nacido. El llanto se vio acompañado de un insistente pataleo. Miró a ambos lados, Kagome no estaba cerca para amamantarlo y no creía que tuviera el pañal sucio. Tenía que calmarlo de alguna manera.

Lo tomó en sus brazos y comenzó a mecerlo como su esposa solía hacerlo, pero nada. Se puso de pie y empezó a recorrer la estancia esperando que el movimiento lo calmara, pero los llantos iban en aumento. No iba a destaparlo por nada del mundo así que tendría que aguantarse. En una de las esquinas encontró un pequeño sonajero de madera con semillas en su interior. Se lo enseñó a su hijo y lo balanceó rápidamente esperando que el sonido captara su atención, pero sus pequeñas orejas ni siquiera le prestaron atención. ¿Qué más podía hacer?

Cuando su hijo nació recordó que tanto sus amigos como los aldeanos se asomaban a su pequeño moisés para hacerle caras y el niño dejaba de llorar. Sí, eso tal vez podría funcionar.

Se sentó en el suelo abriendo las piernas, creando una improvisada cuna para su recién nacido. Lo miró con detenimiento, no podía hacerle cosquillas. Podría dañarlo, pero podría intentar algo similar. Agachó su cabeza hasta donde descansaba y berreaba su cachorro y dejó que las hebras de su cabello se encontraran con el pequeño rostro. Dejó que acariciaran su nariz y que el infante tirara de ellas. Había logrado calmarlo un poco, pero seguía mostrándose inquieto. Intentó hacer su cara más graciosa, frunciendo los labios, emitiendo sonidos y haciendo extraños ademanes con sus dedos. Pero nada.

—Bah, creo que ni la cara del idiota de Koga podría hacerte reír. Con esa cara de "is mi mijir, pirri ipistisi" —escuchó un ruido y volvió su atención a su cachorro. Se había reído—. Ahh, te gusta que hable del lobo rabioso, ¿No? —otra infantil risa se dejó escuchar— Sí, a mí también me da risa. Sobre todo con esa falda de niña y ese peinado tan estúpido, creo que su padre quería una niña y no el engendro que le tocó.

Nuevamente su hijo rio, juntando esta vez sus pequeñas manitas. Él le sonrió dejando ver uno de sus colmillos y lo alzó en el aire.

—Creo que al fin alguien entiende lo ridículo que se ve ese lobo rabioso, ¿Eh?

Escuchó un carraspeo detrás suyo y se giró en esa dirección encontrando a su mujer parada en el umbral de la puerta con el cabello mojado luego de bañarse. Kagome solo se acercó y tomó a su hijo de las manos de su marido.

—Te he dicho que dejes al pobre de Koga en paz, ya deberían ser amigos.

—No dejaba de llorar —se excusó.

—Y entonces destápalo —iba a decir algo, pero justo entonces vio a su mujer sacarle el cobertor al cachorro. Dejándolo con una ropa realmente gruesa y peluda.

—Así que por eso se quejaba tanto...

—Sí…

El bebé rio de puro gozo en los brazos de su madre mientras intentaba acurrucarse en su pecho.

—Tiene tu risa.

Ese era, desde que el niño nació, el primer cumplido que su esposo le hacía. Sonrió enternecida antes de besarlo, aún con el bebé en medio de ambos.

Fin