ºSUMMARY: La navidad ha llegado y con ella un gran regalo para los amantes del InuxKag. Una serie de 30 drabbles no co-relacionados donde veremos a Inuyasha consolando a una Kagome "indispuesta", roces indecentes, una Kagome celosa, peleas, los problemas que conlleva ser padres ¡Y más! Durante todo el mes de diciembre ¡Feliz navidrabble, lectores míos!
ºDISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen. Son propiedad de la mangaka Rumiko Takahashi. Únicamente el Fanfic y su trama son de mi propiedad. No se aceptan copias, adaptaciones y/o plagio. ¡Muchas gracias!
Haciendo algo "hot"
Ese día se celebraba un festival en la aldea por las buenas cosechas de ese año. Kaede los había invitado hace un par de meses y Kagome, como toda mujer terca, le había prohibido terminantemente irse de la aldea en esas fechas para poder asistir.
—No despreciaré la invitación de la anciana Kaede y tú vienes conmigo así sea para estar sentado toda la noche —le dijo.
Iba a llevarle la contraria, pero no quería dormir fuera ni besar el suelo en lugar de su mujer por toda una semana así que no dijo nada y la complació en su estúpido capricho.
Lo que pasó a continuación nadie se lo esperaba. Era cierto que en los festivales se acostumbraba comer, beber, desvelarse y, por sobre todo, bailar. Pero la forma en que su mujer se movía era, cuando menos, extremadamente sugestiva y sensual. Lo había invitado a bailar y se había negado en rotundo, pero verla ahí, contoneando las caderas y su cintura simultáneamente era algo que lo calentaba más que el sol de verano. Los aldeanos la miraban de una forma similar a la suya, volver a marcar territorio era otra buena idea. No esperó a que la chica abriera los ojos y saliera de su trance, simplemente la tomó en volandas y se la llevó de ahí.
La tiró sin mucha delicadeza en el futón de la habitación y ella lo miró con los ojos encendidos.
—¿Por qué me traes de vuelta? ¡La fiesta no ha terminado!
—Para ti y para mí sí. Ahora duerme —ordenó.
No entendía lo que le pasaba a su marido, incluso parecía que le agradaba la idea de ir a comer gratis. ¿Cuál era el problema entonces? Miró su imponente figura parada ante ella y no pudo evitar fijarse en el bulto que comenzaba a crecer en su pantalones. Ahh, ESE era el problema.
—Oh, vamos, no me digas que te has enojado solo por cómo estaba bailando —su voz sonaba extremadamente dulce. Se acostó a su lado con el ceño fruncido, dispuesto a dormir— ¡Inuyasha, contesta! —exigió.
Pasaron un par de minutos donde él solo guardó silencio. Pero ella no era la típica mujer que se callaba y se iba a dormir pensando que hizo algo mal. Ella era charlatana, pasional y una mujer muy, muy mala. Se subió arriba de su compañero mientras lo sujetaba por los hombros. Se quedó quieta hasta que él abrió los ojos y la miró ceñudo.
—Te has enojado —acomodó sus caderas para que rozaran la intimidad abultada del hanyou— porque bailaba ¿Así? —acentuó el roce ligeramente y puso el tono más aterciopelado y sensual posible mientras aplastaba sus pechos contra el tórax masculino.
Él contuvo un jadeo, lo sintió. ¿Quería hacerse el terco? Pues veremos con cuántas de estas Inuyasha Taisho soltaba al fin un mísero suspiro por la mujer arriba suyo.
—La música era muy buena. Me recordaba a mi época —comenzó a tararear débilmente la melodía mientras movía las caderas al mismo compás, de la misma manera que en la fiesta—. ¿Sabes? Una vez fui a bailar y había una canción que me gustaba mucho. Decía esto —se acercó lo suficiente para susurrarle cosas sucias al oído, cosas con las que él gruñó. Cantaba esa canción cada vez más alto mientras movía sus caderas frenéticamente, más como una estimulación que como un baile, pero a él le encantaba. Lo sabía, sus pantalones estaban ligeramente húmedos.
Finalmente la sujetó por las caderas cuando ella comenzó a moverse en zigzag, haciendo especial presión en el centro. No tenía idea de que su mujer fuera tan flexible y rápida, le encantaba verla así. La miró a los ojos con el deseo cegándolo por momentos.
—Pareces una maldita perra en celo —soltó en medio de un jadeo ahogado.
Buscó besarla, pero ella se lo impidió apartando su rostro, disminuyendo el ritmo de sus caderas para torturarlo más si era posible.
—Pues esta perra te enseñará a comportarte como un buen esposo —amenazó.
Por una vez en su vida deseaba ser castigado por esa perra, por su compañera. Si todos los castigos involucraban aparearse entonces estaba seguro de que se metería en problemas más a menudo solo para ser corregido.
Fin
