Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus respectivas autoras K. Mizuki y. Y. Igarashi. Ésta es una historia construida con la única intención de esparcimiento, sin fines de lucro, casi toda pertenece a mi imaginación, salvo algunas frases típicas que pertenecen a la historia y sus autoras.

Sol de invierno (continuación)

Diciembre

¿Qué querrá la Tía Elroy de mí tan temprano?

- Buenos días, Tía abuela Elroy, ¿pediste que me llamaran?

- Siéntate Candice, debo informarte que estarás presente en nuestra gala anual. No me agrada en absoluto, pero formas parte de la familia Andley, espero que lo que hayas aprendido en el Colegio sea suficiente para no dejarnos en ridículo frente a nuestros invitados.

- Sí Tía, se lo agradezco, yo haré mi mejor esfuerzo – sonrió Candy haciendo una curiosa reverencia.

- Niña, aún muestras demasiado los dientes ¡Este capricho de William definitivamente será nuestra ruina! Trata de imitar la amabilidad y gracia de Eliza, ella y Daniel estarán presentes como anfitriones junto con Archibald y Alistear.

Pff la amabilidad de Eliza... la hiedra del jardín es más amable que ella.

- ¿Me escuchas?

- Sí, Tía.

- Será un soirée el día treinta y uno. Es una gala de beneficencia, las ganancias podremos donarlas a algunos orfanatos americanos, una parte podría ser para ese lugar de indigentes de donde te rescataron los Leagan.

- Ese lugar es el Hogar de Pony, Tía Elroy, y no es ningún lugar de indigentes, está lleno de amor y es sencillamente magnífico. – Candy tuvo que hacer un esfuerzo mayor para disimular la rabia que sentía – Es el lugar en donde crecí, donde está toda mi infancia...

- Por ello es que sin conocerlo, sé que es un lugar de plebeyos.

- Es inútil, jamás lo entendería – murmuró la rubia empuñando sus pequeñas manos, – Espere, ¿ha dicho el treinta y uno?

Rayos, ¡no esa noche!

- Así es niña, ¿qué no hablas el mismo idioma?

- Pero yo esa tarde tengo algo muy importante qué hacer...

- Tú no tienes nada qué decir, debes obedecer sin discutir. Estarás en la gala ¿está claro? Es una orden del Tío William.

- Pero...

Candy abrió la boca tratando de buscar un argumento contundente que la hiciera excusarse de estar en la gala, pero no pudo pensar en nada, así que la cerró. Terry tenía razón, la custodiarían para evitar que escapara y no sería precisamente Archie.

- Yo no lo acepto, pero las órdenes de William son indiscutibles, y ahora vete, tu presencia me provoca dolor de cabeza. Haz pasar al chofer, debe ir a entregar nuestras invitaciones.

Argh, esa cabeza dura, ¡ni siquiera quiso escucharme! Pensó Candy mientras le daba paso a Steven tratando de sonreírle.

- Señorita Candice, le agradezco mucho las galletas que me obsequió, gracias a ellas pude realizar los encargos sin padecer hambre – le murmuró el joven empleado que el día anterior se topó con la generosidad de Candy.

- Nada qué agradecer Steven, lo hice con gusto. Será mejor que entres, la Tía no tiene mucha paciencia hoy.

- ¡Eso sí que es una novedad! – dijo él guiñándole un ojo y entrando a la habitación.


¡¿Cómo haré para avisarle a Terry?! Estoy segura de que no le hará gracia este cambio de planes a última hora... No quiero admitirlo, pero me pone triste no poder verlo, son casi tres semanas ya desde aquella noche.

Candy daba vueltas en círculo por el jardín sin parar de pensar.

- Candy si sigues dando vueltas harás un hoyo del tamaño de una alberca, lo cual vendría bien en verano, pero aún estamos en invierno, ¿te puedo ayudar en algo?

- Hola Stear, ¿te ha dicho la Tía acerca de la gala?

- Pfff, sí, será una noche aburrida. Archie y yo planeamos como escabullirnos, ¿te gustaría venir con nosotros, pequeña?

- En realidad yo tenía que ir a otro sitio ese día...

- ¿Otro sitio?

- Stear, yo... yo había acordado ver a Terry ese día.

- ¿¡A Terrence!?

- Shhh que Archie no te escuche Stear, creo que aún no le simpatiza del todo, o peor aún, ¡Eliza!

- ¡Cielos Candy! ¿Qué piensas hacer para librarte de la gala? Podría inventar una Candy robot para hacerla pasar por ti, pero no tengo suficiente tiempo para construirla.

- No te preocupes Stear, de todas maneras todos se darían cuenta de que no soy yo cuando estalle. Ya veré cómo arreglármelas.

- Lo quieres, ¿verdad Candy?

- ¿A quién...?

- ¿Preguntas "a quién"? – repitió Stear levantando ambas cejas con un toque de burla.

- Mmm bueno, querer... pues no sé, si querer... Es un fanfarrón insufrible, aunque a veces es amable y generoso...

El rostro de aquella rubia con pecas, que había sido parte importante de su adolescencia, brillaba con la sola mención de aquél chico temperamental, no hacía falta que dijera más.

- Está bien Candy, pensaremos en algo – dijo Stear dándole a Candy una palmadita en la cabeza.

Entrando al interior de la casa, el chico se quedó mirándose en los espejos del lobby.

¡Vaya cambio!

Es un misterio el tipo de chico que le gusta a Candy. Un chico dulce al que le gustaba cultivar las rosas y un aristócrata que fuma, bebe y se pelea... Anthony, tan distinto de Terry, aunque creo que en el fondo es un buen chico.

Quizás sin las gafas, incluso podría decir que nos parecemos un poco.

Sin sus anteojos, Stear no veía absolutamente nada, y claro, los desastres no podían dejar de ocurrir.

¡Puuuummmmm!

- ¡Steven, discúlpame por favor! – el chico de lentes se había estrellado con el pobre empleado que cargaba un montón de paquetes y cartas para entregar que ahora se encontraban desperdigadas por todo el corredor.

- No se preocupe joven, levantaré todo.

Ambos intentaban recoger el desorden tan rápido como podían para evitar que la Tía se diera cuenta y reprendiera al joven chofer.

- Espera, aquí hay un sobre más... ufff, ¡qué es ese olor!

La encomienda que Stear levantó apestaba al perfume empalagoso de Eliza y estaba dirigida al primogénito varón del Duque de Grandchester. Esa chica definitivamente no entendía lo encimosa que le parecía a Terry, pero esta vez su insistencia le sería de utilidad.

- Steven, quisiera pedirte algo muy importante.

- Usted dirá joven.

- Cuando entregues esta carta es vital que le hagas llegar un mensaje al remitente. Este sobre es para Terrence Grandchester, el hijo mayor del Duque de Grandchester, debes asegurarte de que sepa que TODOS los miembros de la familia Andley estarán en la gala, absolutamente todos, sin excepción.

- Está bien, joven.

- Sé que aprecias a Candy, este favor es en realidad para ella también, ojalá podamos colaborar a que este fin de año sea mucho mejor para ella.

Stear aun recordaba lo tristes que estaban todos hace un año, cuando Anthony murió y Candy, con el corazón destrozado, se fue de la residencia Andley. Si de él dependía, se encargaría de poner una sonrisa en ella, como no pudo hacerlo el año anterior cuando fueron sorprendidos por George al dirigirse a escondidas hacia el Hogar de Pony.


- Así que todos los miembros de la familia Andley...

- Sí joven Terrence, eso es lo que dijo su empleado.

- ¿Y esto es algo que el remitente de esta invitación envía decir para mí especialmente? – dijo Terry tomando con dos dedos la invitación de Eliza, tratando de alejarla de él para no impregnarse de su perfume.

- No lo sé joven, solo dijo que era un mensaje de los anfitriones.

- Ugh, no soporto este molesto olor empalagoso, me asquea.

- Sí joven, a decir verdad hemos tenido que dejar este sobre en el exterior. Su padre lo definió como una peste.

- Ja, ja, ja, en eso estamos de acuerdo el Duque y yo, solo una peste podría oler así. ¿Me pregunto si será verdad que todos los miembros Andley estarán en esa ridícula gala de beneficencia?

- Es muy común que se hagan este tipo de galas en estas fechas, ésta al parecer es para los huérfanos de varios orfanatos en América.

- ¿Huérfanos? Mmm podría ser que esto sea verdad... ¿mencionaron qué orfanatos se verán beneficiados?

- Parece ser que están ubicados en Michigan y en Chicago, donde las oficinas principales de los Andley se localizan, es una familia bastante conocida en Reino Unido por sus orígenes escoceses. Su padre ya accedió a hacer el donativo, junto con su rechazo a la invitación.

- Bien, asegúrate de que se envíe concretamente a un orfanato cerca del lago Michigan, se llama el Hogar de Pony.

- De acuerdo joven, su padre estará contento al saber que se involucra en estos asuntos – dijo el impactado secretario del Duque al ver que el primogénito por fin mostraba un ligero interés en los compromisos sociales de su padre – ¿Desea que envíe también una disculpa por su ausencia en esa gala?

- No hace falta... Deja arreglado mi auto para salir esa noche.

El empleado trató de no hacer ningún gesto. Claro, era mucho pedir que el hijo de Duque madurara de una vez y se mantuviera alejado de los tugurios que frecuentaba, aun en esa noche. Muy probablemente haría rabiar a la Duquesa y luego desaparecería.

- De acuerdo joven Terrence, aunque su padre no estará satisfecho – suspiró resignado el empleado, sería una noche complicada.

- Lo sé... – dijo el chico con sorna – Y honestamente me tiene sin cuidado ya.


Esa última noche del año Candy fue ataviada con un sencillo y hermoso vestido color zafiro. No se le había ocurrido nada para contactar a Terry. Eliza se había encargado de romper todas y cada una de las notas que había escrito, incluso para Annie y Patty. Su única esperanza es que el chico se hubiera enterado del evento y entendiera que le sería imposible encontrarse con él.

Tampoco había recibido una sola nota de su parte, quizás habría olvidado que tenían una cita...

Una cita con él...

¿Desde cuándo le llamaba "citas" a sus casuales encuentros? Pensó mientras trataba de rascarse la cabeza. Le molestaban un poco el trenzado que llevaba en el cabello y le hubiera gustado deshacerse de los zapatos altos que le habían hecho calzar.

Para colmo de males, Eliza se las había ingeniado para convencer a la Tía que era mejor que ella se quedara a cargo del guardarropa para evitar que los avergonzara con sus malos modales. Así que casi toda la noche se la había pasado recibiendo una cantidad abrumadora de abrigos, estolas y sombreros. Pero no todo era tan malo... al menos no tendría que estar cuidándose de bostezar de aburrimiento y en algún momento podría quitarse los apretados zapatos.

- Candy, siento mucho no haber podido hacer nada para convencer a la Tía – dijo Stear resignado – Tampoco pudimos convencerla para que permitiera a Patty y Annie asistir. Eliza se encargó de contarle que Annie fue adoptada del Hogar de Pony y le metió en la cabeza que sería un problema vigilarlas a ambas.

- ¡Es una víbora! – reclamó frustrado Archie – No tiene inconveniente en expresarse así de otras personas y presume sus modales, ¡alguien tendría que abrirle los ojos a la Tía!

- Archie, no pelees con ella. Te aseguro que ni a mí ni a las chicas nos importa. Si traes algunos pastelillos a escondidas, yo no tendré nada de qué quejarme.

- Cuenta con ellos – sonrió galantemente Archie, recordando la noche en que ambos se escondieron bajo la mesa para comerse los postres en la mansión Andley. Parecía que habían pasado años luz de esa época feliz.

- ¡Archibald, Alistear, la Tía lleva horas llamándolos! ¿Qué acaso no pueden pasar un minuto lejos de esta arrimada? ¿Qué dirían sus sosas novias si llegaran a enterarse, eh? – chilló Eliza con las manos en la cadera.

- Voy a matarla – murmuró Archie – Juro que un día se me olvidará que es una víbora hembra y le daré un par de...

- ¡Archie, basta! – lo interrumpió Candy – No vale la pena, de verdad yo estoy bien aquí y Annie sabe que es tu chica, no hay intriga en eso.

Archie no estaba precisamente ofendido por ello, pero prefirió darle la razón y dirigirse al salón.

- Te traeré lo que acordamos – dijo guiñándole un ojo y retirándose de allí sin mirar a Eliza.

- Candy, ¿no has visto a... nadie? – susurró Stear a su oído mientras simulaba que se despedía de ella.

- Stear he visto miles de personas y sus abrigos, ¿de quién hablas?

- No, de nadie. Al parecer esta vez tampoco tuve éxito – se dio vuelta cabizbajo el chico de lentes – Trataré de vigilar que Archie no se meta en problemas, te veré para la cuenta regresiva.

La noche transcurrió sin novedades, una vez que pasó la hora que indicaba la invitación, muy pocas personas entraban, así que Candy por fin pudo aflojarse el trenzado y andar descalza por el lugar. Con cuidado se asomó por el pasillo para echar un vistazo al salón.

Los chicos se veían realmente guapos, los hermanos Cornwell se destacaban del resto de los invitados. Archie era un coqueto nato, que las pocas jovencitas invitadas, miraban con ilusión, y Stear tenía ese aire intelectual complementado con una sonrisa amable que lo hacían muy atractivo.

Mientras los miraba, una elegante figura se acercó a ella.

- Vaya, esta noche en verdad te ves como una chica Pecas, por poco no te reconozco... Supe que eras tú al verte espiando sin recato. Sigues siendo una entrometida.

- Soy una chica Terry, y al parecer tú tienes peor visión que Stear sin sus gafas.

Para escapar de su sorpresa Candy corrió tras la mesa de recepción del guardarropa y estiró su mano para que Terry le diera su abrigo.

- No me quedaré mucho tiempo – dijo poniendo sus manos sobre la mesa – Esto es igual de aburrido que el lugar donde estaba. Son todos gente vieja y solo están platicando, esperaba más de este soirée.

Candy se río. Pero en seguida se puso seria.

Fue inevitable no recorrerlo de pies a cabeza.

Estaba aún más guapo esa noche. Con ese smoking parecía verse más alto de lo que de por sí ya era, su color oscuro hacia que sus ojos brillaran dándole un toque enigmático; llevaba el cabello recogido en una coleta que permitía apreciar sus finos rasgos de aristócrata, y su figura espigada y sus hombros anchos revelaban que estaba por convertirse en todo un hombre. Dejaría de ser el mocoso malcriado que conoció un año atrás en altamar... bueno al menos dejaría de ser un mocoso.

- Bueno chica Tarzan, si ya terminaste de deleitarte mirándome, toma tu abrigo y vámonos.

- ¡Terry eres un engreído, yo no te estaba mirando a ti! ... espera, ¿irnos a dónde?

- Ya lo verás, pero necesitas ponerte de nuevo los zapatos.

Candy lo había olvidado, todo ese tiempo él la había visto descalza.

- Yo... no sé si pueda irme, si la tía se entera es posible que tenga problemas y también Archie y Stear están aquí, y...

- Candy, déjame pedírtelo apropiadamente. ¿Quieres salir de aquí... conmigo? Me gustaría llevarte a un lugar para recibir el año nuevo, pero tenemos que irnos ahora si queremos llegar a tiempo.

A Candy le tomó solo un segundo deshacerse de todos sus peros – Dame un segundo para despedirme de Stear... – dijo ella poniéndose los zapatos y corriendo hacia el salón principal.

Se veía tan bonita a los ojos de Terry, ese color azul hacía brillar su cabello como si fuera de oro y su silueta se apreciaba más delicada y suave, como la de una bella mujer. Sin notarlo comenzó a acariciar una estola de piel como si fuera la mano de su rubia cómplice.

- Oye tú, ¿qué haces aquí?

Una voz lo sacó de sus cavilaciones, sin duda era...

- ¡Vaya, vaya! El chico elegante no pudo dejar de hacer su aparición antes de que acabara mi año. Candy tiene un asunto pendiente conmigo.

- No, con quien tienes un asunto pendiente es conmigo – dijo casi arrastrándolo hacia la salida. – ¿Qué rayos quieres con ella?

- Eso es algo que a ti no te incumbe, ¿o tienes alguna razón que demuestre lo contrario?

- Ella es mi familia...

- Ambos sabemos que ese no es tu motivo, conmigo no tienes que fingir Archibald.

- Candy no ha conocido más que el sufrimiento hasta ahora, tanto mi hermano como yo queremos que sea feliz, y tú y yo estaremos de acuerdo que eres incapaz de hacerlo.

- ¿Y supones que tú sí puedes hacerla feliz?

- ¿¡Acaso sabes algo de ella!? ¡Yo la conozco mucho mejor! – Archie tuvo que hacer un esfuerzo para que la rabia se quedara bajo control – Tú no sabes cuánto sufrió ella al ver morir a mi primo, nadie como yo conoce sus penas, yo comparto su dolor.

- Lo sé – respondió Terrence – ella no habla sobre eso cuando está conmigo, pero a diferencia de lo que tú crees, Candy no es una chica débil. Puede ser que tú conozcas su historia personal, yo no creo conocer sus penas y sus dolores, esa no es la Candy que me ha dejado ver porque ella en el fondo cree en su propia fuerza. Sé que a partir de hoy ella vive mirando hacia adelante. La Candy que yo veo, es ese tipo de persona y tú no la puedes proteger más.

- Si tú la lastimas yo estaré a su lado y te haré arrepentirte de cualquier mal que le hayas podido causar.

- Eso no pasará, ninguna de esas cosas.

- ¡Archie! Aquí estás, tenemos que cubrir a Candy, se me ocurre un plan – dijo Stear poniendo una mano sobre el hombro de su hermano – Hola Terrence.

- Qué tal, inventor. ¿Estás lista Pecosa...? Quiero decir, Señorita Andley.

- Vámonos Terry, antes de que el radar de Eliza te detecte. Stear, Archie, confío en ustedes.

- Terry, asegúrate de cuidarla y ver que ella esté bien. No lleguen más allá de las dos, es la hora en la que la Tía suele pedir que se cierren las puertas tras un evento fuera de casa.

Stear tuvo que empujar a su hermano para que comenzara a caminar y los miró irse pidiendo a Dios estar haciendo lo correcto.


El ambiente en la calle era más que festivo, todos reían y vestían sus ropas de celebración para recibir el Año Nuevo. Candy no sabía a donde se dirigía Terry, él no se lo dijo, pero estaba muy contenta por no haberse quedado en la gala. Se sentía completamente fuera de lugar, lo opuesto a la sensación de pertenencia que experimentaba estando cerca de T.G.

Bordeando el río parecía que se dirigían hacia el sur. La luna se reflejaba sobre el Tamesis dándole una atmósfera especial.

- Qué hermosa vista – se dio la vuelta ella para mirarlo, – Muy romántica – cubriéndose la boca con la mano en cuanto esas palabras escaparon de ella.

Candy no tenía la intención de decirle a él ninguna indirecta, solo hablaba de lo que sus ojos veían.

- Yo no quise decir eso... lo que quise decir es... Yo... – trató de explicarse antes de que Terry se burlara de ella.

- Sé de un lugar desde donde la vista se puede apreciar aún más hermosa – contrariamente a lo que esperaba, fue lo único que él dijo.

Los minutos pasaron muy lentamente, Candy no se atrevía a confiar en su boca así que permaneció en silencio hasta que aparcaron frente al South Western House, un complejo de restaurante y hotel que tenía en su interior un salón de baile bastante popular entre la gente rica.

- ¿Puedo ver sus boletos, señor? Les dijo el host en cuanto salieron del elevador que los llevó a la terraza.

- No tenemos boletos.

- Me temo que necesitan boletos para la cena de esta noche...

Antes de que pudiera decir una sola palabra más, el administrador del lugar apareció súbitamente – Joven Grandchester... señor... ¡Feliz Año Nuevo! Es maravilloso verlo acompañándonos esta noche. Por favor, pasen, sus asientos están listos.

Candy se veía bastante confundida, estaba segura de que esta no era la noche que Terry había planeado para ellos pero debía esperar a que el mesero los dejara a solas para preguntarle. Ambos fueron conducidos a una de las esquinas del lugar donde podía apreciarse una vista panorámica del muelle de Southampton.

Tras ofrecerles algunas bebidas el mesero por fin se marchó.

- Cuidado con la champaña, señorita Pecas, no quiero que termines perdiendo los zapatos antes de tiempo.

- Terry, ¿cómo pudiste conseguir un lugar aquí? Se puede ver que ha sido completamente reservado para esta noche.

Él le dio un sorbo a su bebida – Ser hijo de un Duque tiene sus ventajas... Pero no siempre será así, estoy decidido a forjarme mi propio futuro. ¿Sabes? Hay algo que me gustaría hacer.

El chico calló unos instantes dándole un sorbo a su copa para sencillamente declamar: "El manto de la noche me esconderá de ellos, con tal de que me quieras que me encuentren aquí. Más vale que acabe mi vida por su odio, que prorrogar la muerte sin tener tu amor..."*¹

- ¿¡Actuar!? ¡Terry! Sería maravillosos que pudieras seguir tu sueño.

- Y tú Candy, ¿cuál es tu sueño?

- Mmm bueno, mi sueño ha sido siempre el mismo, yo quisiera ayudar a la señorita Pony y a la hermana Lane. Estoy pensando que incluso podría ser enfermera.

- ¡Nuestro Dios se apiade de tus pacientes!

- ¡Terry!

- Estoy mintiendo, me encantaría que cuidaras de mí – sonrió bajando la mirada a su copa – Ambos podríamos hacer eso en Nueva York. ¿Sabes?... estoy convencido de que haremos ese viaje juntos... hacia América.

Ellos se quedaron en silencio uno al lado de otro mientras el resto de la gente comenzaba a aplaudir, varias personas comenzaron a tomar sus copas para el primer brindis del año.

La banda encargada de la música se detuvo y el host volvió a aparecer tomando alegremente el micrófono y comenzando la cuenta regresiva – "Diez, nueve, ocho..."

Mirando como todos se animaban, Candy tomó una campanilla y comenzó a hacerla sonar mientras sonreía divertida. Definitivamente este lugar era mucho más divertido que esa solemne gala.

- Tres, dos, uno...

- ¡Feliz Año Nuevo! – coreó ella a la par.

Lo siguiente que sucedió, ni en mil años se lo habría esperado. Terry la había jalado hacia sus brazos y ahora la estaba besando.

Cuando la dejó ir todo era tan confuso; la gente seguía gritando y abrazándose, al tiempo que la banda comenzaba a tocar Auld Lang Syne. El confeti seguía volando entre ellos dos, ella simplemente no entendía lo que había sucedido, quizás lo había soñado...

Pero esa sensación pulsante en sus labios no la dejaba terminar de creerlo.

Terry leyendo las dudas en su rostro se encargó de borrarlas besándola de nuevo, tierna y largamente. A ella ya no le importó más si su corazón explotaba entre sus brazos. No era la primera vez que él la besaba y sin embargo, tenía el sabor de un primer beso.

Tantas cosas pasaron después. Ahora le gustaba lo que estaba sintiendo y quería seguir besándolo.

- He querido volver a hacer esto por tanto tiempo – le murmuró él al oído.

Ella levantó su mano y el corazón de Terry se congeló por un segundo. Cerrando uno de sus ojos y apretando la mandíbula, él esperó lo peor, pero ella solo acarició su mejilla.

Entendiendo el mensaje, él tomó su mano y le dio la vuelta para depositar un suave beso sobre sus dedos y otro en su palma. El corazón de ella se derritió.

¿Cómo es que no se había dado cuenta hasta ahora de todo lo que sentía por él?

Él la miró a los ojos – Candy, no sé si puedas creerme, pero esta noche quiero que hagamos una promesa... – Terry le extendió su mano y ella la tomó para que la dirigiera hacia el ventanal donde los fuegos artificiales iluminaban la noche en el puerto. Parecía como si fuera de día, como si fuera un sol en invierno.

- Terry, ¿ves ese espacio libre en el puerto?

- Sí, es el espacio que ocupan los trasatlánticos – dijo él confundido por la interrupción.

- Ahí será donde ambos abordaremos el barco que nos llevará a casa.

- Me has leído la mente Pecas... – la sonrisa de Terry se volvió deslumbrante.

- Pero tienes que dejar de ponerme apodos y llamarme a través de ellos cada vez que te place, o la señorita Pony tendrá una peor opinión de ti de la que tenemos todos.

- No creo que pueda tener una opinión peor francamente... pero haré mi mejor esfuerzo.

- Siendo así, nuestra historia comienza ahora.

- Una historia no tiene comienzo ni fin, arbitrariamente uno elige el momento desde el cual mira hacia atrás o hacia adelante (...) ² y como quiera que sea, quiero que sea contigo.

Ellos se abrazaron con fuerza, sosteniéndose uno al otro y aferrándose a esa noche haciéndola eterna.


Casi un año después, un alto y gallardo joven abordaba el Mauritania llevando tomada de su brazo a una joven rubia y pecosa, llevando consigo sus sueños y la firme idea de conseguirlos juntos, uno al lado del otro construyendo un lazo inseparable frente a la adversidad.

FIN


Notas:

¹ Pasaje de Romeo y Julieta.

² El fin del romance de Graham Greene.

Queridísimas todas, me ha ganado el tiempo y no podré agradecerle a cada una como siempre lo hago pero lo tengo pendiente para esta primer semana de nuestro brillante 2019, por lo que republicaré. Reciban este año con mucha esperanza, la vida es como nosotros la vemos, y deseo de corazón que todos sus sueños de Año Nuevo se conviertan en una realidad. Gracias a todas mis conocidas ya de antes que se tomaron la molestia de escribir, y a aquellas nuevas conocidas, nos leemos pronto con una nueva historia.

Gracias a Canulita Pech que nos animó a escribir esta noche, que nos augure un año lleno de C&T.

¡Feliz Noche vieja y feliz 2019!