Primera mañana de casados
— MALDITO BASTARDOOOO.— Se escuchó un fuerte grito en la recién estrenada residencia Okita, específicamente en la habitación matrimonial donde una furiosa mujer estaba vestida sólo con lencería fina.
— ¿Qué pasa China?— Decía Sougo bostezando, mientras se reincorporaba en la cama, solo tapado por la sábana aún completamente desnudo.
— No te hagas el inocente conmigo chihuahua, ¿Te terminaste de comer mi pastel, cierto? No lo encuentro por ningún lado.— Lo cuestionó con lágrimas en los ojos.
— Pues sí, tenía hambre y tu no despertabas para cocinarme, hasta te hice el amor dormida, y ni aún así despertaste para hacerme el desayuno, como la esclava que aceptaste ser.— Le dijo molestándola.
— No caeré en eso esta vez Okita, dime la verdad-aru ¿Por qué te lo comiste? Ayer no querías ni que te acercara el pastel.— Le dijo empezando a exaltarse, imaginando la escena, ese bastardo se lo comió solo para dañarla, la dejaría morirse de hambre para quedar viudo junto todos los regalos recibidos y con su reserva de sukonbu especial, oh por dios nunca debió haberlo aceptado, ahora era demasiado tarde, moriría de inanición.
— ¿Qué es esa cara, estás imaginando cosas raras otra vez?— Le preguntó con curiosidad, esa mujer siempre lo sorprendía con sus idioteces.
— ¿Ese era tu plan cierto? Querías dejarme cansada con el sexo matrimonial post-boda, para luego ir hacia la cocina y comerte mi pastel que con tanto amor, me dio Dai-chan, todo en un plan bien elaborado para que muera de hambre y así tu quedarte con los regalos y mi reserva de sukonbu edición limitada-aru, jugaste con mis sentimientos maldito cara de niña, pero no creas que caeré en tu juego, quiero el divorcio.— Terminó de decir de manera digna, ahora que ya sabía del plan de su futuro ex esposo, pero ella no era tonta no señor, volvería a la Yorozuya a esperar que llegara un nuevo amor, como las fuertes mujeres actuales.
Sougo la miró esperando el momento en que se riera, pero al ver que se estaba sacando el sexy babydoll rojo que vestía para colocarse un traje celeste chino suelto de dos piezas, se dio cuenta que tal vez iba en serio.
— China, no me ignores.— Le dijo intentando agarrarle un brazo siendo frustrado al instante por una Kagura enfurecida
— No me toques traidor.— Le dijo con desprecio para dar media vuelta e irse hacia la salida de la casa.
— Espera China, estás llevando esta situación demasiado lejos, además no me comí todo el pastel, fue solo un pedazo.— Le dijo mientras buscaba su boxer para ponérselo rápidamente.
— Sí claro, mentiroso perro del gobierno, si para ti no tiene importancia es tu problema, mañana traeré al abogado, no puedo creerlo todavía, que tú me hayas traicionado de esa forma.— Le dijo saliendo de la casa.
— KAGURA ESPERA.— Le gritaba para que no saliera de la casa.— AL MENOS COLÓCATE UN SOSTÉN, PERRA EXHIBICIONISTA.— Terminó de gritarle tomando el sujetador rojo de encaje que estaba olvidado en el suelo, corriendo hacia la puerta, para que la loca de su esposa no saliera con sus encantos desprotegidos.
Llegó a la puerta junto a su esposa, quien estaba estática y lo que vio lo hizo comprender todo el asunto, sus ojos se volvieron fríos y asesinos al entender a cabalidad el origen y los responsables de la pelea.
Estaban Umibozu y Gintoki huyendo por el jardin de su casa con el gran pastel que había sobrado ayer, los bastardos iban comiéndoselo felices y riendo al saber que Kagura siendo una amante de la comida, no perdonaría fácilmente a nadie que le quitara sus alimentos, y al estar sola con el bastardo pervertido roba hijas toda la culpa recaería en el joven policía, además conociendo la vena dramática de la ojiazul al ser fanática de las telenovelas lo convertía en el plan perfecto, o lo hubiera sido si no anduvieran medios borrachos todavía, ya que no se dieron cuenta que fueron descubiertos, por ende no vieron venir un ataque del ahora esposo de su niñita, ambos quedaron tirados en el pasto con los ojos en espiral al recibir el proyectil de la bazooka de su odiado yerno.
Kagura solo quedó mirando la escena un rato dándose cuenta de todo lo que había dicho, se sentía avergonzada y es que joder ya tenía veintidos años, ya debería haber madurado hace tiempo y más aún ahora.
— Sádico.— Pronunció bajito Kagura.
— ¿Sí China?— Le preguntó Sougo intentando calmarse un poco, sus suegros y su querida esposa, casi lo matan de una embolia cerebral.
— Lo siento debí suponer que no habías sido tú.— La ojiazul no quería darle la cara al ojicarmesí.
Sougo solo la miró esperando que ella le devolviera la mirada, al ver que la peli bermellón no hacía ni el intento de moverse de su posición le tomó la barbilla para que le mirara los ojos.
— Kagura no estés así, no va contigo, tu forma de ser y de reaccionar hace que tú seas perfecta para mí, nunca me aburriré contigo, desde que te conozco le das color y luz a mi vida y ahora será el doble o triple.— Le dijo sonriendo sinceramente.
— Awww eres tan lindo a veces Sougo.— Le dijo sonriendo brillantemente lanzándose a su cuello para abrazarlo.
— Además ya lo sé China, no trates de ocultármelo.— Le dijo con una voz triunfante.
— ¿Qué sabes, según tú?— Le cuestionó con duda.
— Estás embarazada, ¿Verdad?— Kagura sorprendida levantó la mirada aún sin separarse del castaño.
— ¿P...pero cómo lo supiste? Yo me enteré recién la semana pasada.— Le preguntó asombrada.
— Era obvio para mí Kagura, te conozco muy bien, incluyendo cada poro de tu sensual cuerpo, además ¿No crees que fuiste muy drástica con el asunto del pastel?, sé que te gusta hacer drama por todo, pero tú sabías que yo no me lo podría comer todo, y es que era enorme tu pastel, yo no soy un monstruo glotón como tú, además te lo dio ese príncipe bastardo ex tuyo.— Le dijo bufando mirando hacia el lado.
— Así que estabas celoso jajaja, sabes que fue un juego eso con Dai-chan.— La joven Yato recuperó su buen humor.
— Pero intentó casarse contigo y besarte.— Le dijo separándose de ella cruzando los brazos.
— Eso fue hace años Sougo, además yo no entendía el amor en ese entonces.— Le dijo con gracia.
— Bueno eso no importa ahora, ya que mi plan B funcionó a la perfección, ahora eres completamente mía.— Exclamó posesivamente, mientras le daba un tierno beso en la frente.
— ¿Qué plan B?
— Pues fácil busqué las posiciones sexuales para concebir más fácilmente y te di sin parar cada vez que podíamos, llenándote toda con mis soldaditos, por si no aceptabas casarte conmigo.— Le dijo sensualmente en el oído de su esposa.
— ¿Te sentiste amenazado por tu edad Sádico?— Kagura solo sonreía, se sentía muy feliz.
— Ja estás loca, era solo para amarrarte a mí perra, ahora no me podrás dejar nunca.— Le dijo mirándola como depredador.
— Awww pareces un niño inseguro.— Le dijo suavemente mientras le acariciaba la cabeza como si fuera un perrito, Sougo aprovechándose bajó a la altura del vientre de Kagura dándole un suave beso.
— Pues no te acostumbres China, además la escenita del pastel no fue gratis, me hiciste salir a buscarte en boxer, y tu ibas con tus gemelas a lo natural, nadie debería siquiera imaginarlas así, son exclusivas de tu gran dueño Okita Sougo, por eso ahora debes compensarme, vayamos rápido a sacar a nuestro amigo Sadomaru, hoy tiene ganas de jugar mucho otra vez, eres muy tentadora señora Okita, ahora no quiere dejarte ir, espero que estés dispuesta a pagar las consecuencias por seducirlo.— Le dijo sonriendo torcidamente y con los ojos nublados por la lujuria.
— Pues siempre me han dicho que me haga cargo de lo que causo, creo que voy a ponerlo en práctica hoy, te has portado muy bien Sougo.— Le dijo mirándolo de manera sugestiva, uniendo así sus labios de manera lenta y amorosa, dando inicio a una nueva y emocionante etapa en su vida juntos.
