Nunca subestimes el entendimiento de una Yato.
Kagura estaba en la Yorozuya acostada en el suelo, se sentía mortalmente aburrida y hambrienta, hace una semana que no tenían trabajo y por ende no podía comprar su adorado sukonbu y ya le debía seis cajas a la señora, no podía ir a pedirle otra.
Gintoki también estaba en la Yorozuya, acostado en el sillón leyendo la Jump de la semana pasada, ya que esta semana no tenían dinero alguno, por lo cual estaba medio deprimido, al no poder tener su lectura semanal, ni tomar su amada leche de fresa.
Shinpachi era el único que estaba como siempre, hacía las labores del hogar con el delantal de Gintoki que era colo rosa con una gran fresa estampada, lo hacia todo con una gran sonrisa escuchando la música de su querida Otsu-chan.
— ¡JODER TENGO HAMBRE GIN-CHAN, HAZ ALGO!— Terminó estallando en gritos la hermosa adolescente.
— Ya comimos en la mañana Kagura-chan.— Le respondió el peliplateado, mientras se rascaba el trasero.
— Pero eso no es suficiente para una niña en crecimiento como yo.— Intentó estar lo más tranquila posible para ver si conseguía convencer a su tutor de alimentarla.— Gin-chan si no hay comida, entonces dame dinero para sukonbu, por favor, si no moriré de hambre-aru.— Le dijo colocándole unos ojos de cachorro, para ver si caía.
— ¿Cómo que niña en crecimiento? Maldita mocosa cínica, espero que ya no crezcas más, porque tu ropa interior me está saliendo muy cara ya, tienes las tetas y culo muy grandes, es más desde ahora te prohíbo que los dejes crecer más, así que no comas tanto, que toda la grasa va a parar ahí.— Le dijo con absoluta seriedad mientras se paraba del sofá apuntando los atributos de la chica .
— Gin-san ¿Cómo puede decirle eso a Kagura-chan? Ella es una señorita de diecisiete años que no puede controlar su cuerpo, acuérdate además que no es de este planeta, por eso puede ser tan voluptuosa.— Le dijo algo exaltado y sonrojado el virgen otaku al estar hablando del cuerpo femenino.
— Pues es la envidia Pachie déjalo, ya que yo tengo cuerpo de súper modelo, mientras él parece un hombre joven, pero con problemas de disfunción eréctil por comer tantos dulces.— Le dijo molestando al permanentado.
— ¿Así? Pues gracias a este impotente sexual, es que hemos sobrevivido todo este tiempo, aún con el barril sin fondo que eres tú.— Le dijo indignado Gintoki al ver en duda su desempeño sexual.
— Pues te apuesto que yo en una semana logro ganar mucho más dinero de lo que tu has ganado en un año, si yo gano serás mi esclavo y si tu ganas yo seré la tuya.— Lo desafío de manera altanera.
— Acepto.— Le dijo mientras se acercaba a la peli bermellón a estrecharle la mano de manera firme.
— Bueno Shinpachi, Gin-chan nos vemos en una semana-aru, tranquilos que Sadaharu volverá a casa para dormir.— Les dijo sonriendo alegremente, para tomar su paraguas y salir siendo seguida por Sadaharu.
— ¿Eh? ¿EEHHHH? ¿KAGURA-CHAN VUELVE, DÓNDE DEMONIOS TE VAS A QUEDAR?— Gritaron con alarma los padres adoptivos de la joven Amanto, siendo ignorados sin querer por la ojiazul, quien iba sobre Sadaharu, pensando en que podría trabajar.
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Sougo junto a Hijikata estaban en los límites de Edo, por un aviso que al parecer fue falso, de que los Jouishishi tenían una reunión secreta en ese sector, verificaron el lugar señalado y descubrieron que fue una llamada falsa, como las decenas que recibían al mes, resignados al haber perdido el tiempo en estupideces otra vez, se fueron por el sector menos poblado para acortar camino.
En medio de la caminata al ver que no tenían nada más que hacer que devolverse al cuartel, el castaño esperó el momento perfecto para huir y ese fue cuando Hijikata comenzó a buscar su cajetilla de cigarros, para encender uno, cuando el vicecomandante giró ya con el cigarro en sus labios para hablar con su subordinado se encontró con la sorpresa de que el desgraciado se había ido, furioso le dio una mascada al cigarrillo y partió a buscarlo, ya sabía a donde iba a ir aquél inepto.
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— Joder que día más aburrido.— Se dijo bostezando.— Ya es tarde, ¿Dónde estará el monstruo chino?— Se preguntó mientras caminaba por el parque de Kabuki, a la espera de molestar aunque sea un poco a su rival.
Siguió caminando por todo el parque de Kabuki hasta que la vio a lo lejos, pero lamentablemente justo en ese momento comenzó a irse hasta las canchas de juego, la siguió disimuladamente hasta ese lugar, donde ella estaba hablando con sus amigos bobos, cuando llegó su campo de visión junto a ellos le dio mucha rabia, la muy perra andaba vestida con un qipao rojo que le quedaba pequeño, enmarcando sus curvas como si fuera un guante, Danna debería comprarle ropa acorde a su talla, sin perder más tiempo se acercó hacia los amigos.
— No lo sé Kagura-chan, ¿Por qué no le preguntas a tu amiga la princesita esa? Ella te daría el dinero como si nada, así no trabajarías.— Le decía Yo-chan un chico de dieciocho años amigo de la ojiazul mirándole atentamente todo el cuerpo.
— No quiero aprovecharme de nuestra amistad-aru, voy a trabajar en la construcción por una semana, total allá dormiré y comeré, es el plan perfecto.— Decía con estrellitas en los ojos.
— Kagura-chan, tu no eres de las que trabajan mucho, las faenas constructoras son para hombres solamente, tú los distraerías, así que anda mejor con Soyo-Hime.— Sugirió su otro amigo Ken-chan apoyando vigorosamente la sugerencia.
— Bueno como última opción podría pedirle trabajo a Soyo-chan, o a Sho-chan, ellos son tan amables que seguro me dan uno y me dejan quedarme allá, ¡Muchas gracias-aru son los mejores!— Les dijo emocionada mientras saltaba sobre ellos abrazándolos.
Sougo al estar atento a la conversación y verla interactuando con esos mocosos desagradables decidió hacerse notar, para que la estúpida soltara a los pervertidos.
— Así que necesitas trabajar China.— Le dijo acercándose con la katana en su funda sobre un hombro, en una pose digna para la revista PlayGirl.— Bien hagamos un trato, te dejaré ser mi criada, te bañaré, vestiré y alimentaré, también si quieres te dejaré dormir conmigo, soy un muy buen amo, yo cuido bien mis pertenencias.— Le dijo con una pose predadora, sonriendo con sadismo a los amigos de la chica, para ahuyentar a esas sabandijas de su presa.
— Nos...nos vamos Kagura-chan, cuídate hasta la próxima.— Los dos se despidieron al unísono para huir rápidamente del lugar, no querían estar cerca de esos dos, juntos eran explosivos, además el policía no permitía que se acercaran tanto a su amiga, ya habían aprendido la lección cuando él los dejó colgando de un árbol toda una noche.
— No hay nada bueno proveniente de ti sádico-aru, además nunca seré tu criada, yo soy tu ama y señora maldito perro del gobierno.— Le dijo con desprecio, ignorando vilmente el cosquilleo que sintió al imaginarse al sádico encargándose de ella de esa manera.
— Así que eres mi dueña, ¿Eh? Entonces debes hacerte cargo mío, pero tranquila sé lo miserable que eres, así que puedes alimentarme de otra forma.— Le dijo acercándose peligrosamente al hermoso rostro de su rival.
— Ya deja de molestar, que estoy buscando ideas para trabajo, no tengo tiempo para estupideces.— Lo alejó molesta poniéndole su mano en la cara, todavía no comprendía como le gustaba ese idiota pervertido.
— China ya te dije trabaja para mí, en ningún lado te darán trabajo al ser tan monstruosa, solo te aceptarían en el barrio rojo.— Le dijo con malicia, ya que sabía que Kagura detestaba que la molestara por su cuerpo voluptuoso.
— SOUGO, MALDITO BASTARDO, DEJA DE ESCAPAR DEL TRABAJO PARA COQUETEAR, SI NO SE VA IR A LA CHICA YOROZUYA POR DIOS.— Apareció Hijikata detrás de los jóvenes, gritándole a Sougo mientras lo golpeaba, aprovechando que estaba distraído con su interés amoroso, logrando sin querer que Kagura no matara a su subordinado.
— Hijikata-san no diga locuras, ¿Quién coquetea?, solo le estaba ofreciendo un trabajo, porque necesita urgente un empleo, y si no se lo doy yo, ¿Quién lo hará? Y es que mírala.— Le dijo apuntando a la ojiazul.— Con ese aspecto solo en los barrios rojos la contratarían.— Le dijo a Hijikata intentando ocultar el tenue rubor de sus mejillas.
— ¡Sougo eso no se le debe decir a una mujer, discúlpate en seguida!— Demandó preocupado el policía, al prever el infierno que se podría desatar por esas palabras.
Pero para sorpresa de Hijikata y Okita, la chica solamente los miró seriamente, pensativa se acomodó su paraguas, giró a buscar a Sadaharu y se fue montada sobre su mascota gigante, dejando perplejos a los policías.
— Sí que la liaste ahora Sougo, yo no creo que te vuelva a hablar, por dios Sougo le dijiste prácticamente que servía solo para ser prostituta, así nunca lograrás tener algo con ella, deberías tratarla mejor, tu sabes que ahora está más hermosa, hay muchos hombres dispuestos a tratarla como una reina, espero que no te la quiten estúpido mocoso.— Le dijo seriamente el pelinegro mientras negaba con la cabeza, no entendiendo al menor.
— ¿Cómo que más hermosa, Hijikata-san no serás tú uno de los interesados en ella?— Cuestionó frunciendo el ceño.
— No seas imbécil Sougo, es muy hermosa, lo reconozco, pero es muy pequeña para mí, además a ti te gusta desde hace tiempo, te conozco muy bien maldito bastardo, ni lo intentes negar.— Le dijo sintiéndose vencedor, ahora entendía porqué a Sougo y al Yorozuya le gustaba tanto molestar al prójimo.
— O cállate Hijikata-san, bueno no lo negaré, pero ella no se ha dado cuenta lo que provoca en los hombres, y yo no lo seguiré permitiendo, la estoy haciendo consciente de su cuerpo, para que no lo exponga tanto a las miradas ajenas, sobretodo a las de adictos a la nicotina y mayonesa.— Le dijo sombrío, provocándole un escalofrio al pelinegro.
— Aún así deberías disculparte Sougo, te lo ordeno como tu superior.
Sougo solo lo miró seriamente, le estaba molestando que se preocupara tanto por la China, él ya era grande sabía lo que hacía y decía, además la China no era de cristal, es mas la ojiazul era aún más mal hablada que todo el Shinsengumi junto, era una completa guarra cuando quería.
— Ya verás que mañana estará como si nada.— Le dijo restándole importancia a ese asunto.— Hijikata-san sólo por esta vez te lo diré, no te vuelvas a meter en mis asuntos, y menos aún los relacionados con la China.
Al terminar de advertir a Hijikata se fue hacia el cuartel del Shinsengumi con un aura demoniaca rodeándolo, el vicecomandante solo tragó grueso para comenzar a seguirlo desde una distancia prudente, no quería recibir el proyectil de la fiel compañera de Sougo, la bazooka.
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Al día siguiente Sougo como siempre huía de sus obligaciones para buscar a su amada rival, no quería admitirlo pero las palabras de Hijikata lo dejaron ligeramente inquieto, no pudo ni dormir sus doce horas diarias necesarias, pero bah deben ser alucinaciones, China no es para nada sensible se dijo, aunque de todas maneras compró unas quince cajitas de Sukonbu, uno nunca sabe cuando se podrían necesitar.
Estuvo un par de horas esperando en el parque de Kabuki, ya que tenían una pequeña rutina diaria, aunque era mas bien como un acuerdo silencioso, todos los días después del almuerzo se juntaban para medir fuerza, pero esta vez China no llegó.
"Tal vez de verdad se enojó, quizás sobrepasé el límite, mañana iré a buscarla para llevarle la ofrenda de paz", se dijo resignado para irse del lugar con un leve sentimiento de culpa y tristeza al no verla.
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Al dia siguiente en la tarde después de esperar a su rival y ver que no llegaba otra vez, decidió que iría a la Yorozuya como última instancia para darle su disculpa en forma del asqueroso snack favorito de la chica.
Caminó por todos los lugares que acostumbraba a visitar la chica, fue a las tiendas, al parque, a las canchas, en los casinos, en los sitios de luchas clandestinas, en los bares de anfitriones donde para molestia de él su chica era muy conocida entre los Host, fue a las construcciones aunque no creía que la hubieran contratado, incluso fue donde el Shogun a ver si había ido a pedir trabajo allá, se paseó por todo Kabuki-cho con la bolsa de sukonbu en sus manos y no la encontró, joder de verdad quería evitarlo, pero le tocaría ir a buscarla a la Yorozuya, esperaba que no estuviera el peliplateado, no estaba de ánimo para aguantarle sus celos paternales, resignado partió para el hogar de la ojiazul.
— ¿Eh Okita-san necesita algo?— Preguntó Shinpachi sorprendido al verlo llegar por las escaleras, mientras que el barría la entrada, como buena ama de casa que era.
— Puedes pedirle a la China que venga a recibirme, por favor.— Le pidió, o mas bien dicho ordenó al pobre Megane.
— Kagura-chan no se encuentra aquí, está trabajando a las afueras de Kabuki.— Le dijo Shinpachi pasando por alto el tono del joven policía, no quería morir virgen por haberlo hecho enfadar.
— ¡¿Pachie dime ya sabes de Kagura-chan? ¿Es Nobume con la información? ¿Dónde está mi maldita mocosa?!— Apareció de la nada Gintoki con una cara de maniático al lado de Shinpachi, sobresaltando levemente a los jóvenes.
— Gin-san usted conoce como es Kagura-chan ella no va a volver hasta ganarle en la apuesta que hicieron.— Le dijo con pereza el mayor fan de Otsu.
— Ya lo sé Patsuan, pero no quería perder la esperanza, pensé que al segundo día desistiría.— Le dijo melancólico al recordar a su amada mocosa revoltosa.
— ¿Danna dónde está la China?— Decidió hacerse notar el sádico al darse cuenta que la estúpida China, había desaparecido por dos días completos.
— Sofá-kun que sorpresa, mira que preguntarme por Kagurita, justo eres tú la última persona a la cual le diría donde está mi niñita, quién sabe que cosas sádicas quieres hacerle a mi bella e inocente hija.— Le dijo con sorna, para que el mocoso precoz se molestara y se fuera a su cuartel, tal vez estos días sin Kagura servirían para algo, a lo mejor lograría que ese niñato deje de acosar a su pequeña ojiazul y busque una nueva víctima para sus perversiones.
— Danna no querrá ir a la cárcel por obstrucción a la justicia, ¿Cierto?— Le dijo con una voz un poco más gruesa de lo normal, para indicar que iba en serio.
— Pues en la cárcel soy el rey Souchirou-kun, no me importaría, es más viviría gratis y feliz allí.— Dijo mientras entraba a su hogar a sentarse en la silla de su escritorio, subiendo los pies sobre la mesa, por su parte Sougo solo lo siguió con la mirada.
— Está bien Danna, si así son las cosas es mucho mejor, sin usted estorbando cuando encuentre a la China yo viviré junto a ella, mientras usted gobierna la cárcel, para que así viva gratis y feliz, quédese tranquilo yo me ocuparé muy bien de todas las necesidades de su linda y hasta ahora inocente niña, Shinpachi a ti te puedo hacer parte de mi escuadrón, tendrías un buen sueldo.— Les dijo con malicia para marcharse a buscar a su futura esposa.
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— ¿Pachie-boy acaso Souchirou-kun reconoció que le gusta kagura-chan?— Cuestionó aún asombrado el peliplateado a su querido escla... eh lo siento a su querido trabajador.
— Gin-san es mucho más que eso, creo que Okita-san nos declaró la guerra por Kagura-chan.— Le respondió igual de asombrado que el mayor.
De repente cayeron en cuenta de lo antes dicho por el sádico policía y rápidamente salieron a buscar a Kagura, tenían que encontrarla rápido para evitar que cayera en las manos del pervertidor de pequeñas Amantos Yato ojiazules.
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Okita Sougo estaba de mal humor había buscado a su China por horas y no la encontraba en ningún lado, igual que en la mañana nadie sabía nada, era muy sospechoso eso, era como si Kagura estuviera en algo ilícito, resignado se marchó al Shinsengumi, mañana pediría que la buscaran los del escuadrón de rastreo.
Cuando iba llegando hacia el cuartel vislumbró a Saito Shimaru junto a la bastarda asesina del Mimawarigumi, no perdió tiempo y fue a molestar un poco, y es que no soportaba a esa chica, siempre cuando se veían la muy perra se llevaba a Kagura lejos de él.
— Así que Shimaru-niisan te sacó a pasear psicópata, pues ahora ya deberías irte para tu cuartel, nuestra instalación es sagrada, no pueden entrar mujeres, menos una como tú.— Le dijo para comenzar una pelea pero Nobume como siempre solo ignoró los insultos y lo contraatacó.
— Oh no sabía que el sádico asesino seguía celoso porque me prefieren a mí sobre él.— Dijo inexpresivamente aunque sus ojos reflejaban la burla.
— Yo no estoy celoso de ti, yo soy mucho mejor que tú en todo sentido.— Le contestó monótono al darse cuenta que la asesina del Mimawarigumi no le seguiría la pelea, es más ahora que se fijaba la pareja tenía un semblante de agotamiento.
— Shimaru nos vemos mañana a las diez otra vez, muchas gracias por ayudarme en mi encargo.— Le dijo con una sutil sonrrisa.— Sádico asesino creo que te interesaría acompañarnos.— Le comentó anticipándose al infierno que desatarían sus palabras.
— Imai no seas asquerosa, tú no eres de mi gusto, no me van los tríos, yo soy puro aún maldita pervertida, me guardo para mi futura esposa, como me enseñó mi hermana mayor, maldita guarra que imagen mental más desagradable me diste, tendré pesadillas por semanas.— Le dijo divertido para fastidiarla aunque sea un poco.
— Ni en tus sueños niñato, yo me refería a que sé donde está Kagura tu futura esposa como dices, si quieres saber donde está ven con nosotros mañana, iremos junto a Gintoki y Shinpachi.— Terminó de decir para marcharse a descansar, mañana a primera hora iría a hablar con Gintoki, quién le rogó que lo ayudara a encontrar a la ojiazul, pero Nobume quería darle algo de ventaja al castaño policía, aunque eso no significaba que le daría fácilmente a la peli bermellón, después de todo Kagura es su primera amiga y le costaba dejar de monopolizarla.
Sougo solo se sorprendió al escuchar a la peliazul, miró al más alto quien tenía una mirada orgullosa sobre su amiga, el silencioso se sentía realizado, Nobume estaba madurando al dejar que Sougo se acerque a Kagura, nunca esperó que ella fuera tan posesiva con sus amistades.
— ¿Shimaru-niisan sabes dónde está la China?— Le consultó ansioso.
— "Está en Yoshiwara Zzzz Zzz".— Le escribió en su cuaderno para luego darle un papel con la indicación exacta de la ubicación de su amiga Yorozuya.
— Muchas gracias, ¿Puedes cubrirme? vuelvo mañana, me traeré a esa mocosa estúpida, nunca pensé que de verdad tomaría mi consejo.— Le dijo al chico de pelo afro quien solo le sonrió con compresión, él al ser amigo de Kagura ya sabía que se tomaba todo muy literal.
—"Suerte Zzz".— Le escribió para alentarlo para al fin poder ir a descansar, nunca pensó que tener amigos fuera tan cansador, se dijo mientras llevaba la bolsa de sukonbu olvidada por Sougo a su cuarto, mañana se la entregaría.
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En Yoshiwara
— Aaaaa estoy agotada nunca pensé que sería tan duro trabajar de verdad-aru.— Exclamó mientras se dirigía a su cuarto a retocarse el maquillaje seguida de Hikaru, la joven cortesana asignada por Hinowa, para encargarse de la ropa y maquillaje de la peli bermellón.
— Kagura-sama es porque usted tiene muchos clientes, será la cortesana más famosa de todos los tiempos, ni Suzuran, ni Hinowa tuvieron tanta demanda en sus tiempos de oro, usted ya tiene nivel de tayū, el nivel más alto de las oiran.— Exclamó la joven pelinegra mirando con adoración a su nueva ídola.
— ¿Y que mierda es eso?— Cuestionó la ojiazul mientras llegaban a su cuarto finamente ordenado y decorado.
— Es la cortesana de nivel más alto, tanto que incluso podría rechazar al mismísimo Shogun si usted lo desea, además de ser la mejor pagada.— Dijo con estrellitas en sus ojos, haciendo que la de pelo bermellón sonría con gracia al observarla.
— Tengo hambre Hikaru-chan ¿Puedes traerme sukonbu? Tengo que tener energía para mi último cliente — Le pidió con ojos de cachorro hambriento, la fan de Kagura solo se sonrojó al verla y decidió traerle muchas cajitas.
— Claro Kagura-sama se lo traeré enseguida, vuelvo en un instante, si me atraso vaya a la recepción de los clientes.— Le contestó sonriendo.
— ERES LA MEJOR HIKARU-CHAN TE QUIERO-ARU.— Gritó mientras saltaba a abrazar a la joven.
Afuera de la habitación estaba Sougo con una mirada sombría al escuchar al par de chicas conversar, esperó que la tipa se fuera para poder ingresar.
— Con que aquí estabas China, nunca imaginé que serías tan fácil.— Le dijo con rabia mientras se acercaba amenazadoramente.
— ¿Ehh, Sádico qué haces aquí-aru?— Lo cuestionó intrigada al verlo en su habitación.
— ¿Pues qué crees perra barata? Te voy a llevar a la Yorozuya.— Le dijo furioso al observarla detenidamente y verla más bella de lo habitual con un corto Kimono finamente decorado y peinada elegantemente.
— No quiero sádico, ¿Qué mierda te pasa-aru?— Le espetó enojándose también.
— Pues estás de puta ahora, ¿Cómo no voy a estar enojado?— Le dijo mientras la agarraba del kimono levantándola un poco del suelo.
— Pues seguí tu consejo maldito bastardo, en ningún lado más me quisieron contratar-aru.— Le dijo mientras escupía al suelo.
— Te dije que yo te daría trabajo maldita perra idiota.— Se acercó aún más a la ojiazul.
— No entiendo tu comportamiento-aru, ¿Qué te importa lo que haga con mi vida?— Dijo mientras se quitaba las manos del policía bruscamente.
— Claro que me importa, China tu eres mía, tu me perteneces por completo y borraré a esos hombres de tu cuerpo.— Le gruñó para tomarla del kimono otra vez, pero abriéndolo para poder morder su cuello brutalmente, asegurándose de dejarle marca, Kagura solo se estremeció.
— Kagura-sama aquí está su sukonbu.— Canturreó alegre la joven cortesana.— Oooo avanzó mucho con este cliente, esto es nuevo lo trajo a su habitación, no pensé que lo dejara tocarla, pensé que lo haría tal cual como hizo con los demás.— Terminó de decir media excitada al ver a su modelo a seguir de esa forma tan íntima con un joven muchacho muy apuesto.
— Pues escucha pequeña ramera yo soy distinto, yo soy el dueño de la China, no un cliente, por eso puedo hacer lo que quiera con ella.— Le contestó a la otra chica, sonriendo de manera arrogante al enterarse que su China seguía tan virgen como los lentes de Shinpachi y Shinpachi mismo.
— CÁLLATE BASTARDO, ¿CÓMO PUEDES DECIR ESAS COSAS?— Le gritó completamente sonrojada mientras lo golpeaba mandándolo al otro extremo de la habitación.
Hikaru veía la escena con sus ojos convertidos en corazones, se alegraba tanto de que Hinowa-sama la escogiera para cuidar de Kagura-sama, fue lo mejor que pudo haberle pasado en la vida.
— YA HIKARU VAMOS DONDE EL ÚLTIMO CLIENTE, QUIERO VENIR A COMER MI SUKONBU Y DORMIR.— Le gritó con el rostro rojo todavía, mientras se tapaba la mordida que le hizo el castaño.
Sougo quedó semi consiente, pero esperó que se alejaran un poco para seguirlas, quería verificar que la China no haya sido tocada por nadie mas que él.
Con sigilo quedó afuera de la recepción, para luego seguirlos a la sala escogida por el cliente, el cual era un joven que a simple vista se notaba que era asquerosamente rico y pedante.
— Así que usted es Kagura-san, es completamente cierta la información de su belleza sobrehumana.— Le dijo sonando seductor el guapo millonario, mientras la miraba de arriba hacia abajo, causando que Sougo se prepare para rebanarle el cuello.
— Es Kagura-sama para ti, simple mortal, ¿Sabes cuánto cuesto verdad?— Le preguntó alzando con arrogania una ceja mientras estiraba su mano.
— Pues claro Kagura-sama, yo solo quiero complacerla esta noche, por eso la pedí para esta hora, no me importa el precio.— Le dijo sonrojándose e inclinándose para entregarle un gran fajo de billetes, buscando la aprobación de la ojiazul, quien guardó el dinero dentro de su corto kimino.
— Está bien así me gusta, ¿Kirito es tu nombre cierto?— Dijo de manera monótona mientras se sentaba suavemente.
— Sí Kagura-sama, me complace que lo recuerde.— Decía mientras la miraba con adoración.
— Tengo sed dame Oronamin C.— El anteriormente arrogante hombre se desvivía tratando de complacer a Kagura, quién se encontraba sentada como una monarca.
— Tenga ¿Quiere algo para comer?— Cuestionó entregándole la bebida.
— Sí quiero todo el menú.— Ordenó seriamente mirando los ojos verdes del muchacho.
— Señorita Hikaru traiga todo el menú para Kagura-sama por favor.— Le pidió entregándole otro gran fajo de billetes a la ayudante pelinegra.
— En seguida Kirito-sama.— Hizo una seña militar y se fue a las cocinas.
Hinowa y Tsukuyo la esperaban ya con el banquete listo para Kagura, ellas no entendían como lograba que hasta los clientes habituales más crueles y sádicos se doblegaran ante ella, concediéndoles todos sus caprichos, en dos días juntó mas dinero que toda Yoshiwara en un trimestre.
Sougo solo sonrió al ver a ese imbécil meneando la colita como el perro faldero que era, él ya lo conocía era el desagradable político bastardo que había tachado al Shinsengumi como inútiles perros callejeros semi amaestrados, jajaja las ironías de la vida, se quedó un rato dormitando mientras miraba como la de pelo bermellón devoraba con delicadeza la comida entregada por el tipejo, siendo atendida en cada momento por ese masoquista hombre, se comenzó a levantar cuando consideró que ya había pasado demasiado tiempo porque ya tenía mucho sueño.
— Ya terminó la sesión Kagura-sama— Apareció Hikaru antes que Sougo se levantara por completo.— Es hora de irse a la cama.
— Sí, tienes razón, necesito mi sueño de belleza ahora Hikaru-chan aru.— Dijo para bostezar luego de terminar de ser atendida por el joven aristocrático, el cual se levantó ayudando a la peli bermellón a pararse.
— Kagura-sama si quiere la puedo atender más íntimamente ahora, si me da la oportunidad le juro que no se arrepentirá.— Le dijo inclinando la cabeza de manera respetuosa.
— No quiero-aru.— Respondió casi cayéndose al suelo por el sueño, pero Hikaru la atrapó rápidamente ya acostumbrada a la somnolencia de la chica después de comer.
— Espere Kagura-sama, ¿Puedo venir mañana a verle?— Le preguntó con las mejillas encendidas.
— No lo sé-aru, no me has convencido lo suficiente.— Dijo mirando para otro lado, apoyada en Hikaru.
— Le compraré ropa, maquillaje, más comida, por favor déjeme seguir a su lado, sé que puedo lograr hacerla feliz, podría convertirme en su Danna y algún día sacarla de aquí para casarnos, siempre la complacería, no le faltaría nada en su vida.— Le expresó su deseo, sonrojándose más al pensar en ese futuro, mientras les daba una propina extra a Hikaru y a Kagura para convencerla.
Okita al escuchar eso se divirtió aún más, que placer va a ser romperle la esperanza a ese malnacido.
— Lo siento mucho Kirito-san.— Dijo abriendo la puerta del lugar entrando, para abrazar por la cintura, a la ojiazul semidormida quitándosela a la otra cortesana.— Pero este perro del gobierno ya es el Danna de la China, consideraría compartirla con usted otra vez, pero los perros amaestrados del Shinsengumi como usted nos ha llamado somos posesivos, muchas gracias por alimentar a mi novia, maldito inútil.— Terminó de decir sonriendo con sadismo al ver como las ilusiones se le quebraban a ese político pedante.
— Ya China di adiós.— Le dijo mientras la tomaba en brazos al estilo princesa y le movía la mano de un lado al otro.
— Bye bye-aru.— Exclamó suavemente, complaciendo sin querer a su sádico rival.
Se marchó a la habitación de su chica, mientras la fanática loca de Kagura le entregaba unos paquetitos sonriendo de manera lujuriosa, se fue ignorando a esa rara tipa y dejando al idiota político ex benefactor en shock al encontrarse con que un policía del grupo ese que tanto crítico en el pasado era novio de su ahora amor imposible.
Kirito suspirando se resignó a lo que iba a suceder, desde mañana sería de nuevo un benefactor del Shinsengumi, no quería que nadie se enterara de su masoquismo y de su gasto de dinero excesivo, aunque no negaba que valió la pena Kagura-sama era maravillosa, pensaba sonrojándose aún más mientras se iba hacia la salida, donde lo esperaba su chófer.
•~•
— China, China despierta.— Le decía mientras jalaba suavemente las mejillas de la adolescente, con ella en brazos todavía en la bella habitación de la chica.
— Eehh Sádico deja dormir bastardo, tengo sueño.— decía mientras se volvía a acomodar en el pecho del policía.
— Cámbiate la ropa monstruo chino, aunque si quieres te acuesto desnuda junto a mí, total ese es tu destino.— Le dijo suavemente en el oído mientras se inclinaba para dejarla sobre el futon del cuarto.
— ¿EHH? SÁDICO PERVERT...— La chica no pudo seguir gritando pues la mano del castaño le tapó rápidamente la boca.
— Cállate China, harás que nos descubran, mira que somos un hombre y una mujer solos en un cuarto oscuro, sobretodo al yo ser un importante hombre del gobierno y tu una hermosa cortesana, es inevitable el desenlace, así que quieres mantenerlo en secreto para que Danna y Shinpachi no se enteren ¿Cierto?— Le dijo para molestarla, la había extrañado tanto.
— Maldito bastardo, ¿Qué haces aquí, y Hikaru-chan?— Lo cuestionó alejándose un poco del chico, estar tan cerca de él la ponía nerviosa, ese maldito bastardo siempre la tentaba.
— La puta esa solo sonrió entregándome esto para irse.— Le dijo enseñándole los condones y pastillas anticonceptivas.
— Hikaru-chan está loca ignórala, ahora sádico vete al Shinsengumi quiero dormir.— Le dijo mientras trataba de aflojar el obi de su kimono.
— Es muy tarde para irme China, ya estamos en la madrugada, mañana volveremos para allá, por mientras dejame ayudarte.— Le dijo soltándole el obi con suavidad, consiguiendo que se abra un poco del cuello, dejando ver la ahora sutil marca de sus dientes en su pálido cuello.
— ¿Qué es lo que quieres sádico?— Kagura giró su rostro para enfrentar a Okita.
— Lo quiero todo China, ¿Me lo darás o no puedes con eso?— La intentó picar con burlas.
— Pues como dijiste hace unos días soy una cortesana, mis servicios te saldrán caro, ya viste cuanto pagó ese hombre por por mí, ¿Puedes costearme?— Le preguntó como si nada despojándose del kimono, quedando desnuda para colocarse la fina yukata para dormir que le extendía el castaño.
— Pues claro que sí China, ya te lo dije te cuidaré bien, me haré cargo de ti en todos los sentidos y ya que no quieres ser mi criada, tendrá que ser como mi esposa, tu ya me marcaste no es así, eres mi ama y señora, por lo tanto debe ser recíproco y yo seré tu amo y señor.— Le dijo seriamente mirándola a los ojos para que vea su sinceridad.
— Tienes razón-aru, ya no puedo retractarme cierto, soy una mujer de palabra.— Dijo mientras rodeaba el cuello del joven policía con sus brazos cariñosamente.
— Que bueno que lo comprendas China.— Le dijo aspirando la suave fragancia que emanaba de la piel de la chica mientras le besaba la marca que le hizo en el cuello, Kagura era tan adictiva.
— Ya quiero ver la cara que pondrá Gin-chan cuando se entere.— Comentó riendo suavemente.
— Pues mañana vamos a comprar tu anillo, yo quiero ver la reacción de todos cuando se enteren.— Le respondió abrazándola por la cintura.
— Sí sádico, es un buen plan, ahora déjame ayudarte con eso.— Le dijo mientras le quitaba el uniforme de policía.
Cuando acabó de desvestir al ojicarmesí, sin ningún morbo le dio un suave beso en el cuello, para luego colocarle una fina yukata, dándole un tierno beso en la boca, sin ninguna prisa, degustando sus sabores, tenían toda una vida por delante para disfrutarse más intensamente, solo con estar juntos de esa manera, los hacía inmensamente felices.
— Te quiero Kagura.— Le dijo mientras despacio la soltaba acariciándole el rostro, para poder abrir el futon.
— Y yo a ti Sougo.— Le contestó después de acostarse juntos en ese pequeño futon especialmente hecho para la ojiazul.
— Una vez que nos casemos te haré absolutamente mía, como corresponde.— Le dijo mientras de tener sus manos en la cintura de la chica bajaron a su trasero.
— Ya pervertido, ahora duerme o te echo a patadas de aquí, no creas que por ser Yoshiwara aquí no se duerme, maldito imbécil.— Terminó susurrando la peli bermellón al irse quedando plácidamente dormida, meintras Sougo la abrazaba firmemente entrelazando sus piernas y sus manos, ahora si podría dormir sus doce horas diarias tranquilo, junto a su chica en sus brazos, mañana se lo restregaría en la cara a todos, con una sonrisa maliciosa, siguió a Kagura al reino de morfeo.
