Reencarnación
— Que molestia, ¿Me puedes explicar por qué estoy aquí otra vez Danna?— Cuestionó con voz cansada el ojicarmesí, sentado en la cocina de una escuela de defensa personal.
— Otra vez no estás concentrado en clases, ayer ni te esforzaste en disimularlo, ¿Souchirou-kun tienes problemas en tu casa con Mayora-kun o Mitsuba-chan?— Le respondió con otra pregunta el peliplateado Sensei de esgrima.
— No Danna es solo que no he podido dormir muy bien.— Se sinceró a su superior.
— ¿Pesadillas?— Cuestionó ya menos preocupado mientras sacaba una paleta de su bolsillo para lamerla.
— Sí, ¿Recuerda cuando mi hermana estaba angustiada por mis sueños recurrentes?— Le preguntó con cautela, necesitaba desahogarse pero no quería ser considerado loco.
— Pues la verdad no mucho, ¿Pero que pasa con esas pesadillas, volvieron?— Cuestionó medio preocupado por su joven pupilo.
— Pues la verdad son muchos sueños y pocas pesadillas, cada sueño se une al anterior, son como pequeños fragmentos conectándose entre sí, no van en un orden estricto, pero en el último sueño o mejor dicho pesadilla solo recuerdo que me vi abrazando a una hermosa mujer jurándole que la buscaría siempre hasta encontrarla otra vez y nunca más la dejaría ir de mi lado, mientras la besaba en los labios, apretándola fuertemente tratando de protegerla con mi cuerpo mientras esperábamos el inevitable impacto de una bomba caer sobre nosotros.— Explicó frustrado mientras sentía su pecho arder al recordar esos ojos azules llenos de amor abnegados en lágrimas no derramadas.
— ¿Hace cuanto que tienes estos sueños Souji-kun?— Volvió a preguntar inventando otro nombre para el castaño.
— Desde que cumplí los catorce.— Respondió despacio no queriendo decir la verdad.
— Desde hace seis años Okita-kun, debió ser duro para ti.— Le dijo con pesar.
— Pues la verdad no tanto, en la mayoría de mis sueños, estoy junto a una chica de catorce años teniendo yo dieciocho, pelamos todo el día, hacemos bromas juntos, salimos juntos, y nos apoyamos juntos, eramos rivales, pero fuimos creciendo y nos convertimos en pareja.— Confesó girando el rostro.
— ¿No será que estás enamorado de tus sueños?— Le preguntó seriamente.
— No lo sé Danna.— Dijo agarrándose la cabeza con las manos.
— ¿No será que tu subconsciente te estará pidiendo novia? Nunca has tenido una, es más hasta pensaba que eras gay y estabas enamorado de Hijikata-kun.— Le dijo ignorando olímpicamente que acababa de insultarlo cruelmente.
— Danna no me ofenda de esa manera por favor, nunca podría gustarme Hijibaka-san ni aún siendo gay, cosa que no soy.— Dijo mirándolo molesto por ser tan descalificado como hombre.
— Ya ignoremos eso entonces, pero ¿Qué piensas hacer con tus sueños?— Inquirió con cautela.
— Sinceramente no sé que hacer Danna, siento como si algo vital le faltara a mi vida, yo...yo estoy esperando a esa mujer, siento que ella también me espera.— Le contestó mirando hacia el suelo, no quería darle la cara al peliplateado.
— Pues espérala tranquilamente y no te angusties más, el que me hayas contado esto a mí, siendo el hombre cerrado e inaccesible que eres habitualmente, me confirma que de verdad crees encontrarte con esa chica.— Le dijo colocándole una mano en su hombro en señal de apoyo.
— Además Sofá-kun a mi me pasó lo mismo, sentía que debía fundar una Yorozuya por unos sueños donde dos mocosos llegaban a trabajar conmigo y que serían mi familia, pensé que era el anhelo de tener alguien en mi vida, pero ahora esos dos mocosos de mis sueños están felices trabajando conmigo y lo que es mejor gratis.— Dijo con una sonrisa de oreja a oreja quitándole toda la emoción de su relato, al contarle que los explotaba laboralmente.
— Danna es usted de lo peor, como explota a unos niños, ¿No será un lolicon?— Le preguntó con burla.
— Maldito niñato, yo que te confesé mi más profundo secreto y así me pagas burlándote de mí.— Le dijo indignado parándose de su puesto para ir a buscar una leche de fresa, debía relajarse o mataría a ese mocoso, no sabía por qué pero siempre le guardó algo de recelo, como si le fuera a arrebatar algo importante.
— Ya Danna no te enojes, era solo para romper el ambiente, no es de nuestro estilo.— Le dijo siguiéndolo al refrigerador, ya que el también quería un refresco.
— Ya que estás aquí ayúdame a ordenar, vienen mis mocosos a impartirles clases de artes marciales a tu escuadrón.— Dijo mientras limpiaba rápidamente el lugar.
— Así que no solo estaba preocupado por mí, quería un ayudante.— Le dijo sombriamente mientras lo miraba.
— Jajajaja Okita-kun es que no conoces a mi niña todavía, si llega aquí y encuentra este desorden me matará.— Dijo mientras sus ojos demostraban pánico.
— Pues esa chica creo que me caerá muy bien, tal vez deba salir con ella, para olvidar a la de mis sueños.— Dijo con la intención de molestarlo.
— Te le acercas de otra manera y te rebano el cuello, te advierto porque si Mitsuba-chan no se hubiese casado con el Mayora, lo hubiese matado a él por encandilar a mi bella e inocente niña.— Dijo amenazándolo como todo un mafioso.
— Ohh ahora más ganas me dieron de acercarme a ella.— Dijo sonriendo sádicamente.
— Te prohíbo que estés en mi clase, fuera FUERA DE AQUÍ.— Gritó desesperado al imaginarse la escena en su cabeza, su pobre y pura niña la debía rescatar antes que sea tarde.
— ¿GIN-CHAN POR QUÉ GRITAS TANTO-ARU, QUIERES QUE ME ENCARGUE DE ALGUIEN?— Gritó mientras se lanzaba al castaño que estaba de espaldas a la puerta, derribándolo con su menudo cuerpo.
— ¡Eso Kagura-chan enséñale a que se atiene por pervertido!— Felicitó orgulloso de la fuerza de su hija adoptiva.
— Así que querías hacerle cosas pervertidas a mi papi, ya verás maldito-aru.— Dijo bajándose un poco del joven para girarlo y verle la cara.
Mientras tanto Sougo estaba sorprendido tirado en el suelo se cuestionaba "¿Esa voz será ella, acaso dijo aru?", oliendo la suave fragancia de la chica, no tuvo duda alguna.
— No he sentido esta sensación de mi piel picando en mucho tiempo.— Dijo mientras era volteado por la hermosa chica, sintiendo esa conexión especial.
— ¿Pero qué es esto?— Preguntó Kagura mientras sentía un fuerte mareo, producto de todas las imágenes que aparecieron en su cabeza respecto del chico que tenía en el suelo.
— Bienvenida de vuelta China, te dije que te encontraría.— Dijo para abrazarla por la cintura aprovechando que la ojiazul seguía sobre él.
— He vuelto sádico, gracias.— Dijo mientras le correspondía el abrazo derramando lágrimas.
Mientras tanto Gintoki estaba en un estado semi catatónico viendo la escena, así lo encontró Shinpachi.
— ¿Gin-san estás bien?— Cuestionó Shinpachi sin ver la escena de Kagura.
— SUELTA A MI NIÑA MALDITO PERVERTIDO.— Gritó mientras separaba a Sougo de Kagura.
— Suegrito no sea así.— Dijo con burla tomando de la mano a su chica.
— Gin-chan cálmate por favor-aru.— Dijo Kagura con indiferencia.
— Pero a...a ti nunca te interesaron los chicos.— Dijo alterado mientras la abrazaba a su pecho, soltando sus manos entrelazadas y fulminando con la mirada a su sádico aprendiz.
— Es que al igual que yo la esperé a ella, Kagura lo tuvo que hacer porque es mía Danna, no tiene permitido mirar a nadie más.— Dijo con vanidad.
— Kagura es solo de Kagura maldito imbécil.— Dijo para lanzarse a golpear al castaño, dejando a Gintoki parado viendo a su niña luciendo una felicidad nunca antes vista.
— Gin-san no sé lo que esté pasando, pero mira a Kagura-chan nunca había estado tan radiante, siempre era como si algo o alguien le faltara, y ese alguien ya lo encontró.— Le dijo con calma Shinpachi dándole ánimos.
— Nunca supe por qué le tenía mis recelos a Sougo-kun, pero ahora lo entiendo el está destinado a robarme a mi Kagurita, pero si eso la hace feliz, creo que tendré que aceptarlo.— Le dijo a Shinpachi mientras miraban con resignación como peleaban ambos jóvenes, no pasando por alto las miradas cariñosas y caricias camufladas de ambos.
