Gender bender

— ¿Souko, Souko despierta estás bien?— Preguntaba asustada una rolliza mujer al ver a su subordinada en el piso luego de su repentino desmayo.

Al ver que la castaña comenzaba a dar pequeñas señas de despertar después de casi una hora, se acercó al rostro de la ojicarmesí.

— Aleja tu cara de cerda de mi bello rostro Tenko.— Le dijo dándole un manotazo en la cara de la chica amante de la mayonesa, mientras se levantaba del suelo.

— Maldita perra desagradecida y yo que estaba preocupada por ti.— Le espetó iracunda, para dar media vuelta y largarse dentro del cuartel del Coñogumi.

— ¿No crees que fuiste muy dura eh Sádica? Esa pobre mujer estuvo casi una hora esperando que reaccionaras.— Exclamó una profunda voz masculina, haciéndose notar recién, mientras se sentaba al lado de la joven en las escaleras del cuartel de policía.

— ¿Y quién mierda eres tu?— Cuestionó irritada la chica al ver a un gran hombre guapo vestido de ropas chinas, que a simple vista parecía peligroso sermonearla.

— Pues soy quien te ayudó el todo el tiempo de tu desmayo sádica, a parte no me cambies el tema, deberías ir a disculparte con Tenko-chan.— Sugirió aburrido.

— ¿Conoces a la cerda?— Se sorprendió.

— Sí a ella y a su esposo Mitsuki-chan, son muy buenas personas.— Le dijo sonriendo suavemente.

— Ella es mi cuñada ahora, soy la hermana de Mitsu, pero a la subcomandante aún no puedo aceptarla para mi hermano.— Souko se sorprendió al escucharse, no entendía como es que al fin expresó su malestar hacia la boda de su hermano, y más aún contándole a un extraño.

— Pues no deberías estar así, ellos se aman, así que puedes estar tranquila, lo que sería preocupante sería si tu hermano se quisiera casar con un plato de comida.— Dijo graciosamente el hombre.

— Ya, no seas ridículo, nadie haría eso, ni el mayor de los imbéciles.— Le respondió riendo fuertemente, por lo que al joven le resbaló una gota de sudor por la frente.

— Ahí se nota que no conoces a mi hermana Kamui, se quiso casar con el ramen el año pasado, hasta mandó las invitaciones y todo.— Dijo sonriendo forzadamente recordando ese traumante episodio de su vida.

— No te creo jajajaja nunca pensé que existiera alguien así.— Le contestó riendo genuinamente, nunca se había sentido tan cómoda con nadie aparte de su amado hermano.

— Pues ahora lo sabes Sádica así que no estés triste, ni te deprimas que solo lograrás preocupar a todos, aliméntate bien para que no te vuelvas a desmayar.— Dijo para levantarse y sacudirse el poco polvo que tenían sus pantalones.

— Mi nombre es Okita Souko, no Sádica, ¿Cuál es el tuyo monstruo Chino?— Le preguntó tratando de no parecer tan interesada.

— Me llamo Kagura Dun, Souko fue un gusto conocerte, nos veremos mañana

— Le dijo despidiéndose con una mano.

— ¿Mañana?— Inquirió sorprendida.

— Sí, no sabías voy a convertirlas en máquinas de batalla a todas ustedes, seré su sensei en artes marciales.— Le dijo sonriendo.

— Pues nos vemos mañana Sensei, será un placer entrenar contigo.— Se despidió tirándole un beso, sonrojando al hombre, se marchó prometiéndose que ese fabuloso hombre sería solo de ella y como se llamaba Okita Souko juraba que lo haría, no dejaría ir al único hombre diferente que a conocido, eso nunca.

Un poco ocultos en la recepción de la institución estaban Okita Mitsuki y Okita Tenko mirando la escena.

— Aaaaww que bello, el futuro se ve prometedor, ¿No es así Tenko?— Le comentó Mitsuki a su esposa.

— Sí, tienes razón nunca vi a Souko con esa mirada brillante, nunca había estado tan feliz, y además nunca había visto al Chino avergonzado.— Dijo con asombro mirando al imponente hombre todo rojo.

— Sí, me muero por ver este feliz desenlace.— Terminó de decir para girar y darle un beso al amor de su vida, esperaba que su hermanita fuera tan feliz como él.