Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto, solo lo he tomado prestado para escribir esta historia.
Advertencias: YAOI (Relación Hombre•X•Hombre), Lemon, Incesto, OOC en Sasuke y MPREG.
Relaciones: Sasuke/Naruto, Itachi/Deidara, Sai/Gaara y Minato/Kushina
Capítulo dieciocho: Asalto
Naruto no sabía porque, pero últimamente se sentía observado, como si alguien estuviese mirando cada movimiento que hacía esperando algo, eso lo asustaba, tenía miedo de los invisibles ojos que lo vigilaban en la oscuridad mientras él no miraba.
Desde que habían comenzado las clases, él no se había alejado mucho de Sasuke, principalmente porque ninguno de los dos conocía a nadie en el instituto ni tenían ganas de conocerlo, la gente parecía muy superficial en este lugar. Naruto había notado que se respiraba un aire totalmente diferente al de Konoha, no era necesariamente malo, pero tampoco era muy bueno, él simplemente no conocía el lugar por lo que no le inspiraba ninguna confianza.
Él no tenía ni idea de porque decidió volver solo a casa ese día, simplemente estaba cansado y Sasuke debía terminar un trabajo con una chica de la clase ya que al profesor de la materia se le había ocurrido ordenarlos por parejas.
El rubio de ojos azules ajusto su mochila a su espalda y acaricio su vientre suavemente antes de emprender su camino a casa, últimamente las cosas le iban bastante bien, exceptuando el abuso escolar al que era sometido cada maldito día de la semana, pero él podía soportarlo y no creía que hubiera necesidad de molestar a Sasuke por la inmadurez de sus compañeros de clase.
Habían pasado ya tres semanas desde su huida, él no podía creer que ya tuviera tres meses de embarazo aunque ya había empezado a notársele un poco, pero no lo suficiente como para que la gente pudiera notarlo, por suerte sus síntomas habían comenzado a diezmar, aún tenía náuseas y se mareaba y de vez en cuando vomitaba, pero no tanto como antes, por lo menos ya no se levantaba cada mañana corriendo a abrazarse a la taza del bater, pero aún estaba cansado la mayor parte del día, y últimamente se le había dado por comer cosas acidas, él no podía evitar tener ansias por el limón, de hecho la boca se le hacía agua con solo imaginar su sabor.
–Ya casi llegamos–murmuro el rubio al ver su casa en la distancia, ahora que había sido limpiada se veía mucho mejor. Los jardines no habían mejorado mucho, ya no habían raíces sueltas ni rocas en los caminos hacía el lugar, incluso los adornos exteriores habían sido aseados, pero el mayor cambio se había dado en el interior del lugar.
Naruto suspiro al pisar el camino que daba hacía su casa, él lo recorrió rápidamente y saco su llave del bolsillo para abrir la puerta, una vez dentro cerró la puerta con llave y dejó su mochila sobre el primer escalón antes de correr hacía la cocina en busca de un vaso de limonada, su sabor extra ácido se sentía tan bien.
Naruto guardo la jarra y subió las escaleras para darse un baño caliente.
Mientras tanto en el exterior de la casa, los arbustos del pequeño bosque que rodeaban el lugar se movieron para darles paso a un grupo de fornidos adolescentes con grandes bolsos llenos de piedras en sus manos.
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Iruka se acercó con cuidado al chico pelirrojo y lo ayudó a ponerse de pie, intentó quitarle al bebé que descansaba en sus brazos para que estuviera más cómodo, pero el chico no se lo permitió e Iruka lo entendió, después de todo él seguía siendo un extraño.
–Salgamos de aquí–dijo el detective privado guiando al pelirrojo con cuidado a través del hospital abandonado. Gaara lo siguió apretando a su bebé contra su pecho, él aparto la mirada al ver los cuerpos de los hombres que lo habían mantenido en cautiverio, él alcanzo a ver por los menos dos muertos, uno de ellos era el que había intentado quitarle a su bebé hace unas semana, él se sintió mal al pensar que se lo merecía.
Gaara no pudo evitar sonreír al ver la luz del sol a través de la puerta del hospital, y cuando esta le dio en el rostro calentándolo sintió ganas de llorar, se sentía tan bien, había extrañado tanto la luz del sol, el viento, la sensación de libertad.
Iruka guio al pelirrojo hacía su coche y encendió el motor, el detective privado condujo hasta su casa y aparco el coche frente a esta antes de llamar a su marido, sus ojos no se apartaron del pelirrojo quién seguía algo tenso, Iruka sabía que no estaría tranquilo hasta ver a Sai y comprobar por él mismo que ellos eran los buenos y no sus siguientes secuestradores.
–Diga
–Lo tengo–dijo Iruka sin más al oír la voz de su marido.
–¿Iruka?–preguntó Kakashi confundido–¿Qué tienes qué?
–Tengo a Sabaku no Gaara y a su hijo ¿Estás en casa?
–¿C–cómo? Iruka tú… ¡¿Tú te atreviste a ir solo a dónde sea que tuvieran al chico?!–exclamó Kakashi enfadado y preocupado.
–Estoy perfectamente bien, los tres lo estamos ¿Estás en casa sí o no?–respondió Iruka sin inmutarse. Kakashi siempre tendía a exagerar, aunque quizá tuviera algo de razón en esta ocasión.
Como toda respuesta, la puerta principal de su casa se abrió y un hombre de cabellos plateados y ojos negros muy enfurecidos salió por ella con el teléfono en la mano.
Gaara escucho todo con tranquilidad sin apartar los ojos de su bebé, quién se había dormido en sus brazos apretando con fuerza la manga de su sucia camiseta, lo único que él quería ahora mismo era un baño, una cama y a Sai, eso era todo ¿Acaso era mucho pedir?
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Sasuke frunció el ceño apartándose de la chica de cabellos rosados con la que le había tocado hacer su trabajo ¿Por qué se le acercaba tanto? Él no podía soportarla más.
–¿Puedes alejarte de mí?–preguntó llevando su silla al otro extremo de la mesa. La chica de cabellos rosados se tambaleo un poco, pero logró mantenerse sentada al perder su punto de apoyo, el cuál había sido Sasuke.
–Oh, lo siento–se disculpó Sakura con el ceño y los labios fruncidos ¿Por qué ese chico era tan inmune a sus encantos? Ella había hecho todo lo que había aprendido para seducirlo, pero el chico no le había hecho ni caso. Ella le había puesto ojitos y morritos, se había inclinado a recoger el lápiz que había tirado para que él pudiera ver sus pechos, se había recargado contra él e incluso se había frotado contra él, pero nada, el chico seguía siendo tan indiferente como antes.
Ella tendría que usar su arma secreta.
Sakura arrastro su silla para ponerla junto a la de Saru y asintió a lo que él decía mientras escribía sobre su trabajo, entonces ella se inclinó hacia adelante e intentó aplastar sus labios con los del chico, pero este se apartó de golpe provocando que Sakura se golpeara la cabeza contra la pared.
–¡Oye!–gimió la chica de cabello rosa frotándose la frente adolorida.
–¡¿Me puedes dejar en paz?!–gruño Sasuke en respuesta apartándose lo más humanamente posible de la chica.
–¿Pero por qué Saru?–preguntó la pelirrosa sonriéndole al chico. –Si yo sé que te gusto…
–En tus sueños–gruño Sasuke recogiendo sus útiles escolares, ya no podía soportar más a esa chica ¿Es que estaba loca o qué? Él tenía un novio y no necesitaba a nadie más, Naruto era y siempre sería el único para él.
–¿Por qué te resistes tanto a mí? Yo sé que te gusto–siguió hablando la chica contoneándose de una manera que ella creía sexy hacía Sasuke para acorralarlo contra la pared con su cuerpo. –Si es por ese chico…–murmuro acercando su mano al rostro del Uchiha–ya me encargue de él, no va a molestarte nunca más–susurro cerrando los ojos para intentar besarlo nuevamente.
Sasuke suspiró e intentó contar hasta diez, pero él no puedo contenerse más cuando la chica habló de Naruto, él simplemente la abofeteo mandándola de culo al suelo.
–¡No te atrevas a tocarlo maldita puta!–gruño el Uchiha enfurecido. Sakura lo miró con lágrimas en los ojos sujetándose el rostro. –¿Qué hiciste con él?–preguntó con toda la tranquilidad que pudo reunir.
Sakura no contestó, ella estaba más ocupada frotándose la mejilla golpeada. Sasuke tenía ganas de dejarle la otra mejilla igual.
–¡Contéstame!–gritó provocando que la pelirrosa se estremeciera, asustada. –¿Acaso crees que no noté como lo trata la gente? ¿Es obra tuya zorra?–. Sasuke se arrodillo a su lado y le tiró del cabello obligándola a mirarlo a los ojos, él estaba enfadado, muy enfadado, nadie… ¡Absolutamente nadie! Tocaba lo que era suyo. –Escúchame bien puta–habló en voz baja, casi susurrando. Sakura temblaba, este chico era más peligroso de lo que ella había pensado –como te atrevas a tocar un solo cabello de su cabeza, te voy a destruir ¿Entiendes? Yo no te voy a matar, no, eso sería demasiado misericordioso, yo voy a destruirte, voy a hacer que ruegues por perdón, voy a hacer que te arrastres y beses el suelo que él pisa ¿Entendiste?–.
Sakura no podía dejar de temblar, ella ni siquiera había entendido bien lo que el chico había dicho, estaba demasiado asustada, el chico emanaba un aura oscura.
–¡¿QUÉ SI ENTENDISTES MALDITA ZORRA?!
–¡Sí!–exclamó Sakura. Sasuke la soltó dejándola caer al suelo, ella siguió temblando mientras lloraba, él la iba a matar, ella…había cometido el error más grande de toda su vida. –Ellos van a golpearlo–susurro arrastrándose por el suelo hacía la pared–van a golpearlo
Sasuke no necesitó oír nada más, él salió corriendo directo hacía su casa.
"Por favor, que estén bien"
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Naruto suspiro con alivio al salir de la ducha, él se vistió rápidamente y se encaminó hacia abajo frotándose el vientre, tenía hambre.
Se hizo un sándwich de jamón y queso con tomate y limón y se sentó en el salón para mirar una película.
Él no se percató en ningún momento de las sombras que caminaban en la oscuridad provocando que los árboles se inquietaran…hasta que una ventana se rompió.
El rubio frunció el ceño con extrañeza poniéndole pausa a la película para acercarse a la ventana rota e investigar el motivo de su rompimiento, había un agujero en ella, un agujero por donde había pasado lo que parecía una piedra.
Naruto miro alrededor y en cuánto vio la piedra, la tomo del suelo y la miró, estuvo a punto de dejarla sobre una maceta cuando otra piedra atravesó la ventana y lo golpeó directamente en la pequeña protuberancia dónde crecía su bebé, el rubio de inmediato cayó de rodillas al suelo sujetándose el estómago mientras gemía con dolor.
Justo en ese momento, más piedras atravesaron el resto de las ventanas, algunas impactando al rubio en sus brazos, piernas o en su espalda. Lo único que Naruto pudo hacer fue acurrucarse en una bola protegiendo su vientre, él no podía moverse, le dolía demasiado, ni siquiera podía respirar, el dolor en su vientre era insoportable.
Fuera de la casa, el grupo de adolescentes fornidos siguieron lanzando piedras tal como Haruno Sakura, la chica más popular de la escuela, se los había pedido, ellos no podían soportar a los homosexuales, ese chico no merecía vivir.
Cuando las piedras se acabaron, ellos se deslizaron a través de los árboles como si nunca hubieran estado allí dejando al chico rubio agonizando en soledad.
Minutos después, Sasuke llego corriendo. Su rostro se deformo de horror al ver las ventanas rotas, él pateo la puerta de la casa y gritó el nombre de su novio, pero nadie contestó, lo único que pudo oír minutos después fue un débil gemido proveniente del salón.
–¡Naruto!–exclamó el Uchiha arrodillándose junto al rubio, este gimió de dolor abrazando su vientre con fuerza.
–D–du..duele–gimió, lágrimas manchaban sus mejillas.
–Tranquilo–susurro el Uchiha acariciando su mejilla y besando su frente–todo va a estar bien
–Mi bebé–jadeo Naruto sollozando. –N–no quiero perderlo…
Sasuke localizó el teléfono rápidamente y llamó al hospital. Minutos después la ambulancia y la policía llegaron al lugar.
N/A: Muchísimas gracias por leer.
Que tengáis un estupendo día.
Saludos, Arisa
