Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto, solo lo he tomado prestado para escribir esta historia.

Advertencias: YAOI (Relación Hombre•X•Hombre), Lemon, Incesto, OOC en Sasuke y MPREG.

Relaciones: Sasuke/Naruto, Itachi/Deidara, Sai/Gaara y Minato/Kushina


Capítulo veinte: Reencuentro


Deidara no podía creerlo ¡Él los había encontrado! había encontrado a su bebé…

Él había estado a punto de rendirse, pero entonces algo en su interior le dijo que tenía que ver más allá, que tenía que pensar en otra cosa y lo había hecho…

Deidara había llegado a la conclusión de que si no los habían encontrado era porque ya no estaban en Japón, fue entonces cuando decidió fijarse en las listas de pasajeros de todos los viajes ocurridos el día de su desaparición, él tampoco los había encontrado y quiso rendirse, pero no podía, algo le gritaba que siguiera buscando en las listas de los días siguientes, fue entonces cuando lo vio.

Uzuwara Naruhiko y Uzuwara Saru

Lo extraño no habían sido sus nombres sino la persona con la que viajaban; Uzuwara Kaito, era un hombre soltero y desempleado de mediana edad. Su soltería había llamado la atención de Deidara, él sabía que el hombre podría tener una novia, pero al buscar en sus registros descubrió que Uzuwara Kaito no tenía hijos ni hermanos así que los chicos no podían ser sus sobrinos.

Deidara estaba casi seguro de que Naruto y Sasuke eran aquellos chicos, pero por más seguro que estuviera no podía arriesgarse sin haberlos visto por lo que contacto con la agencia de viajes dónde los billetes habían sido vendidos y – con ayuda de la policía – pidió las copias de las cintas de seguridad del día en que desaparecieron y de los tres días siguientes. Le llevo dos días completos descubrir que estaba en lo cierto, Uzuwara Naruhiko y Uzuwara Saru eran en realidad su hijo y el hermano menor de Itachi.

–¡SÍ!–gritó levantándose de un salto al ver sus rostros en la pantalla del ordenador, pero su alegría enseguida decayó al recordar lo que le había dicho Itachi, alguien quería asesinar a Uchiha Sasuke, él no sabía porque, pero no quería que Naruto se pusiera en peligro más de lo que ya estaba, además de que él solo sabía que estaban en Inglaterra, pero no tenía idea de dónde, ellos podrían haber vuelto a cambiar sus nombres.

Deidara se sentó nuevamente, no sabía que debía hacer, pero él seguiría buscando…

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Sai subió los escalones de la casa del detective que lo estaba ayudando con sumo cuidado, pero aun así estos rechinaron mientras lo hacía. Estaba tan nervioso, finalmente vería a su esposo, su mayor temor en estos momentos era que todo hubiese sido un sueño, y que en realidad Gaara siguiera secuestrado junto a su hijo.

Sai negó con la cabeza, todo estaría bien, él finalmente podría ver el rostro de su hijo y besar los carnosos labios de su esposo sin temor a que le fueran arrebatados nuevamente. Si de algo estaba seguro, era que jamás los volvería a dejar fuera de su vista a ninguno de los dos.

Sai tocó el timbre y espero y espero y espero hasta que el tiempo se hizo eterno – cuando en realidad solo habían pasado cinco segundos – así que volvió a tocar el timbre una y otra vez hasta que escucho el llanto de un bebé.

La puerta finalmente se abrió hacía atrás de golpe por un hombre de cabellos marrones y furiosos ojos negros ¡Le había costado tanto que el bebé se durmiera!

–¿Qué quieres?–exigió Iruka furioso sin siquiera fijarse en quién era su visitante.

Sai lo hecho a un lado y corrió hacía la habitación desde donde provenía el llanto, él se quedó paralizado nada más ver, en medio de la habitación, a un bebé de cabellos negros y piel pálida retorciéndose sobre una cuna de madera que lloraba a lágrima viva, clamando por atención.

En ese momento Uchiha Sai olvido quién era y en dónde estaba, y se apresuró hacía el bebé, rápidamente lo cargo entre sus brazos con todo el cuidado que fue capaz de reunir.

Su corazón se encogió al sentir las pequeñas manitas del niño cerrándose en pequeños puños contra su pecho, y un suave suspiro escapo de su boca cuando el bebé dejó de llorar y apoyo su pequeña cabecita sobre su corazón, lo único que le importaba ahora era que este niño…que este bebé inocente era su hijo, y que él lo iba a proteger con todas sus fuerzas, nadie iba a arrebatárselo nunca más.

Iruka llegó corriendo segundos después solo para suspirar de alivio al ver al hombre, que debía ser Uchiha Sai, meciendo al niño que había quedado a su cuidado después de que el portador de este se durmiese. Una mano cayó sobre su corazón, por un momento había creído que…

–¿Uchiha Sai, supongo?–preguntó el detective privado sentándose en el sofá frente al hombre que seguía meciendo al niño embelesado. Este no contestó.

Sai no podía dejar de mirar a su hijo mientras lo mecía con suavidad, era…era la cosa más hermosa que había visto nunca en toda su vida, tan pequeño…tan frágil ¿Cómo había sobrevivido hasta ahora? Él no podía entenderlo, pero estaba tan agradecido por ello, él no se atrevería a dejarlo de nuevo…nunca.

Justo en ese instante, la puerta junto al sofá se abrió bruscamente. Sai apretó al niño en sus brazos contra su pecho para así protegerlo de la posible amenaza, pero cuando alzó la vista se quedó nuevamente paralizado al contemplar aquellos ojos aguamarina.

Gaara también se quedó inmóvil, sus ojos estaban sobre los negros de Sai, de su marido, esto…esto no era un sueño, de verdad estaban a salvo.

Cuando había despertado solo en aquella habitación se había temido lo peor, su bebé no había estado a la vista y eso lo había asustado, pero entonces había oído su llanto y había salido corriendo.

Jamás espero encontrarse esto…

Él no se atrevió a acercarse, esto podía ser un sueño, uno de muchos que había tenido que se volvía pesadilla cuando sus dos personas más amadas desaparecían al ser tocados por él, por un monstruo como él…

Gaara negó, él no era un monstruo ¿Cuántas veces le había repetido eso Sai al oído? Él no llevaba la cuenta, pero lo había hecho tantas que se había quedado grabado en su cerebro.

"Tú no eres un monstruo, tú padre lo es"

–¿Sai?–susurro con cuidado dando un paso hacia adelante, una lágrima rodo por su mejilla ¿Por qué estaba llorando? Se sentía tan estúpido, pero no le importaba porque había extrañado tanto a Sai, lo había echado en falta tanto. Él estaba seguro de que si no lo hubiesen rescatado, él habría terminado haciendo algo de lo que se arrepentiría más tarde.

Sai dio un paso hacia adelante, si su hijo no había desaparecido ante su toque estaba seguro de que su esposo tampoco lo haría.

Iruka abandono la habitación en busca de su marido, esto era demasiado personal como para presenciarlo.

Gaara dio un paso y ya no pudo detenerse, de pronto se encontró frente a Sai y se quedó inmóvil ¿Y si desaparecía? ¿Y si su mente estaba jugando con él? No sería la primera vez que pasara.

–Por favor dime que esto es verdad…–susurro. Sai no era un hombre romántico, en realidad él era bastante insensible debido a su padre, su infancia no había sido muy bonita, no desde la muerte de su madre, pero…este era su esposo, esta era la persona a la que amaba y él lo había extrañado tanto que no pudo contenerse. Sai coloco rápidamente a su hijo en su cuna y se abalanzo sobre su esposo envolviéndolo inmediatamente entre sus brazos, lo apretó con fuerza contra su pecho y apoyo su cabeza en su hombro para después aspirar su aroma…olía tan bien.

–Gaara–susurro al darse cuenta de que su esposo no había reaccionado. El pelirrojo no dijo nada, simplemente enterró su rostro en el pecho de su marido y lloro, ahora sí se sentía a salvo, todo había terminado...

–¿Por qué tardaste tanto?–reprocho sin despegar la cabeza del pecho de Sai.

–Lo siento…

–Tonto

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Naruto gimió removiéndose sobre la incómoda cama de hospital en la que estaba acostado, él no sabía si su incomodidad se debía a él o a la maldita cama, pero ya no lo soportaba más ¡Necesitaba caminar! Pero Sasuke no lo dejaba…

Sí, sabía que debía cuidarse por su bebé, pero solo necesitaba dar un par de pasos, no era mucho, él realmente lo necesitaba, estar encerrado entre estas cuatro paredes le estaba crispando un poco los nervios.

–Por favor–rogó haciendo un puchero con los labios mientras ponía ojos de cachorro mirando a su novio.

–No–respondió Sasuke sin inmutarse. –El médico dijo que necesitabas reposo así que no vas a levantarte Naruto, piensa en nuestro hijo…

El rubio de ojos azules suspiró ¿Por qué tenía que sacar la carta de su hijo? Sasuke sabía cómo manipularlo perfectamente, él jamás haría algo que le causara daño a su bebé, al menos no conscientemente.

Naruto coloco una mano sobre su vientre – evitando tocar el moretón que se había formado justo encima de su ombligo – y lo acaricio con suavidad a través de la bata blanca que le habían obligado a ponerse.

–Espero que no heredes la personalidad de tu padre–murmuro Naruto. –Al menos no ese lado feo que tiene, ni su lado pervertido…

–Yo no tengo un lado pervertido–lo interrumpió Sasuke, el cual estaba sentado tranquilamente junto a la cama sobre un sillón blanco.

–Lo concebimos en el baño del instituto–rebatió Naruto con escepticismo.

–No te oí quejarte cuando lo estábamos haciendo

Naruto no contesto, la mirada que le mando a su novio fue suficiente para hacerse entender. Sasuke sonrío de lado al verle y colocó su mano sobre su vientre para acariciarlo suavemente, Naruto suspiró una vez más y se recostó sobre el montón de almohadas que Sasuke había puesto detrás de su espalda, estaría allí un buen rato.

Minato sonrío al oír la extraña charla a través de la puerta, era lindo ser un adolescente sin preocupaciones o un adolescente en general, ellos tenían la capacidad de olvidar todo y centrarse en otras cosas más importantes. El rubio suspiro, él no había venido para oír su charla, debía hablar con uno de los chicos para conseguir datos sobre sus tutores, él no podía simplemente ignorarlos.

Minato golpeo la puerta suavemente, y entro al oír la voz de uno de ellos dándole permiso.

–Buenos días–fue lo primero que dijo. Los chicos asintieron, Minato se sentó en el otro sofá libre al otro lado de la cama del rubio. –¿Todo bien?–preguntó.

–Sí–respondió Naruto con tranquilidad, él no había padecido ningún dolor cuando se había despertado esa mañana, aunque si tocaba el moretón sobre su ombligo dolía bastante.

–He notado que en su ficha dejaron el apartado de los tutores en blanco…

–Oh, eso–murmuro Naruto, él ya había pensado mejor las cosas y había decidido que lo que estaba haciendo era una estupidez, él no debería haber huido ni debería haber dejado aquella frívola carta, él había tenido tanto miedo que había hecho las cosas sin pensar, pero ahora que había tenido tiempo para relajarse y meditar había llegado a la conclusión de que su familia jamás sería capaz de arrebatarle a su bebé ni de alejarlo de Sasuke si él no quería, no cuando él estaba embarazado. –Yo puedo rellenarlo ahora

Minato asintió un poco sorprendido, él esperaba que los chicos no quisieran hablar de ello porque en realidad habían huido de casa o algo así, pero al parecer él se había equivocado. El rubio mayor le pasó la ficha y un bolígrafo y espero a que el rubio menor la rellenara, mientras lo hacía pensó que él y su paciente se parecían bastante, ambos eran rubios y tenían los ojos azules aunque el tono de Naruto era un poco más claro, su estructura ósea no parecía ser muy diferente con excepción de la nariz, la cuál era pequeña y algo respingona en el rubio menor, Minato pensó que su hijo quizá se hubiera visto así si no hubiera muerto.

Naruto miró las casillas a llenar y anoto en tutor a Uzumaki Kushina y en la casilla del nombre del padre o de la madre o del portador anoto a Uzumaki Deidara, también anoto al final el número de teléfono de su casa y se lo entregó al médico.

–No llame a mi familia–murmuro Naruto. –Tampoco les cargue mi consulta en su cuenta ni les informe de que estoy en el hospital, yo…pienso volver, pero no ahora y no quiero que se preocupen más de lo que ya estarán

Minato asintió y, colocando el registro bajo el brazo y el bolígrafo en el bolsillo de su bata, abandono la habitación deseándoles un buen día. Ya caminando por el pasillo, Minato miró los nombres de sus tutores con curiosidad.

El rubio se quedó paralizado.

–No puede ser…

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Orochimaru frunció el ceño molesto, su hijo no se había reportado en bastante tiempo ¿Acaso había decidido traicionarlo? Si lo había hecho, él no lo culpaba, después de todo iba a matar a su familia tarde o temprano, a él no le servían para nada más que chantaje.

Él debería haberlo criado mejor, pero bueno…él iba a matarlo de todas formas porque Sai era un Uchiha y podía reclamar la fortuna, y él no podía dejar que eso sucediera. De todas formas ahora mismo eso no era importante, por fin había encontrado al menor de los Uchiha en nada menos que Inglaterra y se había enterado de que tenía un hijo en camino.

Eso lo puso muy feliz ya que la cláusula del testamento de su hermano entraba en vigencia y su querido sobrino quedaba automáticamente desheredado por haber engendrado un niño con una persona sin prestigio alguno, pero lamentablemente Orochimaru descubrió también que el novio de su sobrino era, nada más y nada menos, que el hijo de Itachi, el cuál era apto por ser este un Uchiha.

–Mm…supongo que tendré que matarlos a los dos, o mejor dicho a los tres–. Orochimaru sonrío, sí, tendría que matarlos.


N/A: Muchísimas gracias por leer.

Que tengáis un estupendo día.

Saludos, Arisa