Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto, solo lo he tomado prestado para escribir esta historia.

Advertencias: YAOI (Relación Hombre•X•Hombre), Lemon, Incesto, OOC en Sasuke y MPREG.

Relaciones: Sasuke/Naruto, Itachi/Deidara, Sai/Gaara y Minato/Kushina


Capítulo veintidós: ¡Bomba!


Sai observaba a su esposo dormir mientras abrazaba el pequeño cuerpecito de su hijo. Había sido relativamente fácil nombrarlo, ellos habían podido soportar el dolor de la separación y el sufrimiento de la soledad gracias a él, sí, habían flaqueado en el camino, y habían tenido muchas ganas de rendirse e incluso estuvieron a punto de hacerlo, pero no habían podido porque cuando miraban a su hijo, a ese pequeño bebé que había nacido en medio de todo el dolor y el sufrimiento, lo primero que les venía a la cabeza era la esperanza, él había sido su esperanza, había sido como un rayo de sol en medio de un terrible huracán, su impulso para seguir luchando hasta el final sin importar todo el dolor que tuvieran que soportar, por eso lo habían llamado Kazuki.

El ojinegro suspiró, él no quería separarse de ellos, pero tenía que dejarlos fuera de su vista una vez más, sería la última…

Sai se acercó con cuidado y beso la frente de sus dos amores antes de marcharse de la habitación que les había sido prestada por Kakashi e Iruka.

–¿Listo?–murmuro una voz a sus espaldas. Sai se giró y asintió a Kakashi, sí, estaba listo para visitar el hospital en donde su esposo había sido recluido en busca de pruebas para acusar y encerrar a su padre en las profundidades del infierno.

Ambos condujeron en silencio por la carretera, no había nada que decir, ambos estaban centrados en su objetivo, o al menos Sai lo estaba.

El hospital seguía tan abandonado como siempre. Kakashi esperaba que los cuerpos de los secuestradores aún estuvieran allí, pero ya habían pasado unos días desde su muerte y Orochimaru ya podía haberlos hecho desaparecer.

Ambos caminaron con cuidado y en completo silencio por los pasillos vacíos hacía la habitación que les había indicado Iruka el día anterior en un mapa.

Lo primero que vieron de lejos fue una mesa de operaciones volteada llena de agujeros de bala. Sai apresuro sus pasos y Kakashi lo siguió, ambos estaban deseosos de encontrar pruebas, pero allí no había nada, ni siquiera un rastro de sangre.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Kabuto caminó en silencio por el pasillo, solo tenía que incinerar los cuerpos de los cinco idiotas y podría irse. Orochimaru–sama le había pedido que se deshiciera de las pruebas mientras él se aseguraba de colocar una bomba en el avión de su último obstáculo, Uchiha Sasuke y su novio.

Su tarea no era difícil, él llegó rápidamente al jardín, roció los cinco cuerpos con gasolina y saco su encendedor.

–Adiós idiotas–murmuro encendiendo el mechero, pero justo cuando iba a dejarlo caer sintió un agudo dolor en su nuca y todo se volvió negro.

Sai tomo el encendedor y lo apagó rápidamente antes de que quemara los cuerpos.

–Uff…por los pelos

–Informare a Iruka e Itachi–respondió Kakashi.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Deidara no podía creer lo que estaba oyendo ¿Su padre? ¡El hijo de puta que había abandonado a su madre lo estaba llamando! ¿Cómo se atrevía a llamarse a sí mismo su padre?

–¡¿Cómo te atreves?!–rugió el rubio furioso.

–De…

–¡No te atrevas a nombrarme, maldito desgraciado!–gritó el rubio.

–Solo deja que te explique…

–No hay nada que explicar, no quiero verte nunca ¡Me abandonaste y abandonaste a mi madre!–exclamó Deidara, él estaba a punto de colgar el teléfono, no podía soportar hablar con ese hombre.

–¡Mentira!–rebatió Minato, harto de los gritos de su hijo. –¡Yo la amo! Jamás sería capaz de abandonarla…

–No mientas… ¡Tú la dejaste sola cuando más te necesitaba!–le recriminó Deidara sin poder contener las lágrimas, él sabía lo que su madre había sufrido por experiencia propia.

–Pensé que habían muerto…–susurro Minato apretando con fuerza el teléfono, su mano temblaba. –Mi abuela me dijo que ella estaba muerta

–¿Crees que voy a creerte esa mentira? ¿Crees que voy a pensar que nunca buscaste algún indicio o que no asististe al funeral de la persona a la que tanto dices amar?–. Él no era tonto, no creería en las mentiras de ese hombre, no ahora, no hoy.

–Te juro por mi vida que es verdad. Yo amaba a Kushina, la amaba más que a mi propia vida y la sigo amando. Aquel día mi abuela me llamo de urgencia y tuve que viajar a Inglaterra para verla dejando sola a Kushina, iba a volver, pero entonces mi abuela me dijo que Kushina había muerto en un accidente de coche ¡Fui al funeral! He llorado y me he recriminado por su muerte y la tuya por treinta años ¡Yo la amo! Ella merece la verdad, por favor…–suplico Minato con la voz rota, tenía que verla, tenía que verlos a ambos.

Deidara dudo, pero no cedió.

–No, no voy a creerme tus mentiras

–Por favor…haré cualquier cosa, lo que sea, solo quiero verlos. Yo no puedo abandonarlos, no ahora que sé que aún están vivos. Ustedes son todo lo que tengo, por favor…

Las manos de Deidara temblaron al oír la voz rota, el hombre parecía sincero, pero ¿Podía confiar en él? ¿Podía confiar en su historia? Ese hombre ya había roto el corazón de su madre una vez.

–Necesito pruebas

–Las tendrás…

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Itachi se aseguró de que las cuerdas que mantenían las manos y los pies del cómplice de su tío en cautividad estuvieran bien apretadas, no podían dejarlo escapar, él era lo único que tenían ahora para incriminar a Orochimaru por todos sus crímenes.

Sai estaba sentado frente al hombre, observándolo con unas ganas inmensas de golpearlo hasta convertirlo en una pulpa sanguinolenta. Ese hijo de puta había sido cómplice de todas las fechorías de Orochimaru, incluyendo el secuestro de su esposo e hijo. El ojinegro apretó los puños conteniéndose, si quería que su padre pagara lo que había hecho, debía ser paciente.

Kakashi tiró una jarra de agua fría sobre el rostro del hombre, este tosió abriendo los ojos como platos.

–Ahora vas a hablar–murmuro Kakashi. El hombre alzó la cabeza para mirarlo directamente a los ojos, la sorpresa brillaba en ellos. Él no recordaba lo que había pasado… ¡Alguien lo había golpeado!

–¡Suéltenme!–exclamó removiéndose sobre la incómoda silla de madera, pero sus manos y pies estaban atados con demasiada fuerza.

–No hasta que hablas–dijo Itachi sentándose frente al hombre.

–No voy a decirles nada–respondió Kabuto con calma mirando el reloj colgado en la pared, él sonrío, el avión estaba a punto de despegar.

–Bueno, pues entonces estaremos aquí un buen rato porque tenemos todo el tiempo del mundo–dijo Sai con tranquilidad. Kabuto sonrío de lado.

–Quizá ustedes sí–murmuro el hombre atado. Los ojos de Kakashi se estrecharon.

–¿Qué quieres decir con eso?–preguntó.

–He dicho que no voy a hablar

Kakashi suspiró, él le había dado su oportunidad ¿Cierto? El hombre no había querido hablar, ahora tendría que…torturarlo.

–Mira hijo de puta–susurro al oído del hombre envolviendo su cuello entre sus manos–al parecer no tenemos tiempo para estupideces así que nos vas a decir porque no hay tiempo ¡O yo te romperé el cuello y te aplastaré las pelotas ¿Me entiendes?!–exclamó colocando su pie entre medio de sus piernas, justo sobre sus preciados genitales. Kabuto se estremeció, pero no habló.

Sai perdió la paciencia y sin más se levantó y le pegó un puñetazo.

–¡O hablas o yo te haré hablar!–. Kabuto sonrío lamiendo la sangre que caía de su labio partido al ver como el reloj daba las doce, entonces comenzó a reírse locamente.

–Ya es tarde para hacer nada–dijo sin dejar de reírse–aunque hable, la bomba en el avión de tu preciado primo explotará una vez que el avión vuelva a tocar tierra–.

Los ojos de Itachi se abrieron como platos ante su respuesta, él se adelantó apartando a Kakashi y sin siquiera pensarlo, le aplasto los genitales al hombre apretándole el cuello con fuerza con sus dos manos ¡Nadie amenazaba a su hermanito!

–AHAAAAAAA–gritó Kabuto al sentir como sus genitales eran aplastados, pero su grito desesperado se detuvo al verse sin aire por culpa de las manos de Itachi sobre su cuello.

–¡¿Qué avión?!–exigió Itachi.

–N..o habl..aré–respondió Kabuto entrecortadamente. Itachi apretó su cuello más fuerte y removió su pie, apretándolo con más fuerza sobre los genitales del hombre.

–¡¿QUÉ AVIÓN?!–gritó sin dejar de apretarle el cuello.

–N–no lo…sé

–¡RESPÓNDEME!–gritó Itachi perdiendo la paciencia. El Uchiha tiró la silla de madera hacía atrás y piso el cuello del hombre, sus ojos negros brillaban con furia asesina. Kabuto se estremeció, en ese mismo instante él supo que moriría si no respondía.

–¡LH 714!–respondió desesperadamente. –¡Lo juro!

Itachi apartó el pie y miró a Kakashi.

–¿Qué hacemos?–preguntó con urgencia, si su hermano y su hijo iban en ese avión…morirían.

–¡Hay que alertar al aeropuerto ahora!–respondió Kakashi.

Kabuto comenzó a reírse en voz baja una vez más.

–Ya es tarde–murmuro–a las doce despegó…

Kakashi miró el reloj y sonrío de lado.

–Ese reloj lleva una hora de atraso

Sin perder tiempo, Itachi buscó el número del avión y al ver que este partiría desde Inglaterra alertó rápidamente a las autoridades británicas sobre la bomba en el avión LH 714. Estos, alarmados por la revelación, revisaron el avión de arriba abajo y efectivamente encontraron el artefacto en la parte superior del tren de aterrizaje. Los artificieros llegaron rápidamente y la desactivaron sin perder tiempo dejando al avión limpio y listo para su próximo vuelo.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Naruto bostezo, estaba sentado en la sala de espera de la puerta de embarque desde donde despegaría su avión, estaba tan cansado y él no tenía idea de porqué ya que Sasuke no lo dejaba hacer absolutamente nada.

El Uchiha estaba sentado a su lado leyendo una revista sobre aviación que había encontrado abandonada sobre un asiento.

–No pensé que te interesara la aviación–murmuro el rubio intentando hacer un poco de conversación.

–Mm–respondió Sasuke.

–Así que volvemos a los monosílabos…–murmuro Naruto por lo bajo sacando su teléfono móvil de su bolsillo. Él suspiro al ver el mensaje escrito en la pantalla.

Mañana a las 09:15 vuelvo a casa, en Narita.

Era un mensaje que él había escrito a su her…portador, pero no lo había enviado aún. No estaba muy seguro de mandarlo, después de todo él se había escapado sin decirle nada.

Naruto suspiró y apretó el botón de enviar.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Aeropuerto de Narita, 08: 30 de la mañana

Orochimaru sonrío sentándose en primera fila para ver la gran explosión que acabaría con la vida de su querido sobrino, de su novio y su engendro.


N/A: Muchísimas gracias por leer.

Que tengáis un estupendo día.

Saludos, Arisa