Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto, solo lo he tomado prestado para escribir esta historia.

Advertencias: YAOI (Relación Hombre•X•Hombre), Lemon, Incesto, OOC en Sasuke y MPREG.

Relaciones: Sasuke/Naruto, Itachi/Deidara, Sai/Gaara y Minato/Kushina


Capítulo veinticuatro: Funeral I


El día despertó nublado aquella mañana, los relámpagos iluminaban las nubes negras, gotas de lluvia caían suavemente sobre la tierra, el cielo estaba llorando…manchando las lápidas de mármol del cementerio de Konoha con su pureza.

Las rosas blancas de las coronas funerarias estaban abiertas, pero sin embargo estaban decaídas, parecían tristes.

Cuatro fornidos hombres se acercaban hacía una tumba vacía caminando lentamente por un camino de piedra llevando un ataúd a sus hombros. Una docena de personas los seguían. Algunos lloraban, otros miraban el ataúd tristemente…

Naruto avanzaba con cuidado sobre el camino de piedras acariciando su vientre abultado sobre su camisa negra con suavidad mirando al suelo con tristeza, su única mano libre estaba entrelazada con la de su novio, Uchiha Sasuke quién observaba todo con indiferencia.

–¿Todo bien?–preguntó Sasuke susurrando a su oído. Naruto le sonrío asintiendo, Sasuke ya tenía suficiente con el funeral como para agregarle el hecho de que le dolía el vientre desde antes de ayer, el dolor empeoraba con cada día que pasaba, pero el rubio no había dicho nada.

–¿Naruto…?–. El rubio se giró ante la pregunta de esa voz preocupada.

–Estoy bien–respondió a su portador sonriendo. –Tu nieto simplemente se aburre abuelito–agrego sonriendo. Deidara frunció el ceño, él era demasiado joven para ser abuelo…

El rubio suspiró, muchas cosas habían ocurrido desde que le dispararon, aún sentía dolor en días negros como los de hoy…

Las piernas izquierdas de Kushina y Minato temblaban, los dos esperaban ansiosamente las noticias del médico, no se habían dicho ni una sola palabra, ni siquiera se habían mirado a los ojos. Estaban demasiado preocupados por su hijo como para hacerlo, este no era ni el momento ni el lugar para tener una confrontación.

Uchiha Itachi estaba sentado junto a Minato mirando a la nada, inmóvil. Él todavía estaba en shock, no podía acabar de creerse todo lo que estaba ocurriendo.

¿Estás bien?–. Itachi miró hacia arriba, su hermano menor le ofrecía un pequeño vaso de plástico desde donde provenía un delicioso aroma a café. Itachi lo tomo con cuidado y se lo acercó a los labios. –Está caliente…

Estoy bien–respondió a su hermano ignorando sus palabras. –Solo preocupado

Como todos–murmuro Naruto desde su lugar, él estaba sentado a un asiento de distancia de Itachi con los brazos cruzados sobre su vientre. Sasuke suspiró y se sentó en medio de ambos deslizando una mano para colocarla sobre la rodilla de su novio.

Va a estar bien–le dijo con seriedad. Naruto suspiró y asintió, él estaba demasiado nervioso como para medir sus palabras con su…su ¿Cómo se suponía que debía llamarlo?

Uchiha Itachi aún no había explicado porque había abandonado a Deidara cuando más lo necesitaba, aunque se notaba que se preocupaba por él teniendo en cuenta que parecía ser el más preocupado en toda la sala. Habían pasado seis horas desde que Deidara había entrado al quirófano y él no se había movido de dónde estaba ni para ir al baño.

Naruto apoyo la cabeza sobre el hombro de Sasuke sin dejar de mirar ansiosamente las puertas del quirófano, la luz del cartel sobre ellas seguía roja, lo que indicaba que Deidara aún luchaba por su vida.

El rubio no dejaba de pensar en lo que había ocurrido, a decir verdad aún no lo acababa de entender, no entendía porque el tío de Sasuke los quería muertos o porque el hombre le había disparado a su hermano a sangre fría sin siquiera pensarlo, tampoco podía entender lo que había ocurrido, las palabras que habían dicho…todo era confuso.

Yo…no entiendo lo que pasó–susurro.

Honestamente yo tampoco, pero supongo que tarde o temprano nos enteraremos–contestó Sasuke. Naruto asintió en silencio, ahora mismo no quería pensar en nada más que en su herm–portador.

Justo en ese momento la luz que brillaba sobre las puertas del quirófano se apagó anunciando que la larga operación había acabado. Varias personas salieron del quirófano, algunos tenían sus túnicas manchadas de sangre.

Naruto trago lento al verlos y se puso de pie lentamente, de inmediato Sasuke se paró a su lado junto con su mad–abuela y el hombre rubio. Itachi ya estaba haciendo su camino hacía uno de los médicos.

¿Cómo está?–preguntó el Uchiha mayor con ansiedad. El médico se quitó su gorro azul y los miró con seriedad antes de contestar.

La operación fue exitosa, por suerte la bala no atravesó ningún órgano vital. Con un poco de reposo estará bien–. Suspiros de alivio salieron de las bocas de todos los presentes. Naruto cayó de rodillas al suelo con los ojos abiertos como platos, lágrimas de alivio se deslizaron por sus mejillas. Deidara estaría bien, él…podría decirle todo lo que tenía que decirle, Deidara viviría. Había estado tan cerca, tan cerca…

Itachi ni siquiera pestañeo, él solo apretó sus puños hasta que se volvieron blancos de la fuerza ejercida.

Él pensaba lo mismo que su hijo…había estado tan cerca, casi lo había perdido y se había sentido tan mal. Su corazón aún latía desbocado, había tenido tantas ganas de llorar y tanto miedo cuando escucho el sonido de la bala, y cuando comenzó a desangrarse en sus brazos…él jamás había estado tan asustado, ni siquiera cuando sus padres habían muerto y se había quedado solo con su hermano y su abuelo.

En el momento en que su corazón se detuvo, en el momento en que Deidara cerró los ojos y dio el que parecía su último suspiro lo supo, supo que lo amaba más que a nadie, supo que sin él no podría vivir, supo en ese mismo instante que daría la vida para que Deidara pudiera seguir respirando porque lo amaba, porque su vida ya no tendría ningún sentido sin él, y se sintió tan tonto por no haberse dado cuenta antes, sí, sabía que lo quería pero hasta que no estuvo a punto de perderlo no se dio cuenta de cuánto.

¿Cuándo podremos verlo?–preguntó Kushina, sus ojos brillaban por las lágrimas contenidas. Ella había estado tan asustada, pero su bebé estaría bien, sus dos bebés por fin estarían bien, ya no habría más mentiras. Todo estaría bien...

Uno de ustedes puede quedarse con él esta noche, el resto lo podrá visitar mañana en el horario de visitas–respondió el médico colocándose una mano en la boca para bostezar, estaba muy cansado, había sido una operación larga.

Gracias–susurro Kushina tomándole la mano antes de que se fuera. –Muchas gracias–. Los ojos del médico se suavizaron al oírla, muy poca gente se acordaba de agradecerles después de una operación tan larga, ellos lo hacían días después y por lo general ellos no los volvían a ver.

No hay nada que agradecer, pero gracias a usted–contestó con una sonrisa antes de marcharse.

Sasuke ayudó a Naruto a ponerse de pie mientras el resto se miró, tenían que decidir quién se quedaría ¿Quién sería el primero al que vería Deidara a la mañana siguiente?

Minato no dijo nada, él sabía que no tenía ningún derecho a entrometerse y que no sería bienvenido. Kushina miró a su nieto, ella quería sentarse al lado de su hijo y sujetarle la mano hasta que despertara, pero Naruto lo necesitaba más que ella, Deidara lo necesitaba.

Tú deberías quedarte Naruto–decidió hablando en voz baja. Naruto la miró y luego miró a Itachi quién no había dicho ni una sola palabra.

¿Estás segura?–preguntó en voz baja. Kushina se acercó y lo abrazó con suavidad enterrando su rostro en el cuello de su nieto a quién consideraba como un hijo.

No sé porque hiciste lo que hiciste, pero espero que hayas encontrado las respuestas a todas tus dudas. Si no lo hiciste déjame decirte que te amo Naruto, eres y siempre serás mi bebé pase lo que pase, por favor nunca, nunca dudes del amor que siento por ti

Naruto no dijo nada, él solo envolvió sus brazos alrededor de su madre, de la persona que lo había criado y enterró su rostro en su cuello para inhalar una vez más su dulce aroma a rosas y tinta.

Lo siento–murmuro en voz tan baja que solo Kushina pudo oírlo.

Yo también lo siento tanto, perdóname hijo, perdóname…

Itachi no dijo ni una sola palabra cuando la enfermera vino y se llevó a Naruto para que le hiciera compañía a Deidara, él sabía que Deidara lo querría así, querría ver a su hijo nada más despertar y, aunque le doliera, él lo entendía porque él había sido el que había hecho todo mal desde el principio.

Él era el único culpable de que su familia, de que su propio hijo no pudiera ni mirarlo a los ojos así que no se iba a quejar, no tenía ningún derecho a hacerlo. Él simplemente se sentó junto a su hermano en la sala de visitas sin decir una sola palabra y se dedicó a esperar pacientemente a que el sol saliera y llegara la hora de las visitas.

Naruto está cansado…–murmuro Sasuke en voz baja sin mirar a su hermano.

Él tiene todo el derecho del mundo a comportarse como lo hace–respondió Itachi, realmente no quería tener está conversación con su hermano en el hospital.

Él no te odia–añadió el menor de los Uchiha suspirando.

Pues debería–contestó Itachi–yo lo abandone. Por mi culpa tú y él están en esta situación Sasuke, no merezco su perdón, soy lo peor

Tienes derecho a creer lo que quieras Itachi, pero no eres lo peor

Sasuk–

¡Te conozco!–exclamó Sasuke interrumpiéndolo. –Tú jamás harías lo que hiciste sin un buen motivo. Le he estado dando vueltas al asunto desde que me fui con Naruto, sé que tienes que tener una razón, un motivo, algo…cualquier cosa que justifique lo miserable que te comportaste cuando supiste que ibas a ser padre

Itachi suspiro al ver la mirada en los ojos de su hermano, no podía decirle que lo había hecho por él porque eso sería una mentira, no lo había hecho solo por él. Ese día se sentía tan mal, había perdido a sus padres y poco después había descubierto esa cláusula en el testamento, entonces Deidara se había presentado llorando y le había confesado que iban a tener un bebé, había sido demasiado para un solo día así que había explotado, explotó contra la persona que más amaba y le hizo daño, destrozo el corazón de Deidara y el suyo en el proceso.

Desde entonces no había pensado en nada más que en ir a disculparse con Deidara, en ir a decirle que lo amaba y que había sido un idiota y a suplicarle que lo perdonara, pero no había podido porque si él iba a disculparse perdería a Sasuke, quién no tenía a nadie más que a él y a un abuelo al que le preocupaba más su empresa y su dinero que su propio nieto.

Nada justifica lo que hice Sasuke pero…tienes razón, hay un motivo–murmuro con un suspiro cansado. Sasuke se sentó a su lado y lo miró atentamente esperando una explicación.

Dímelo–exigió el Uchiha menor con impaciencia, él tenía que saberlo, tenía que saber la razón por la que su hermano había abandonado a su novio y a Naruto hace tantos años.

Antes de morir, Papá agrego una cláusula a su testamento–dijo Itachi. –Está cláusula decía que todo Uchiha que no se casara con alguien de su mismo prestigio sería desheredado

¿Por dinero?–interrumpió Sasuke a Itachi sin poder creer lo que oía.

–…y echado a la calle. No lo hice por dinero Sasuke, lo hice por ti –los ojos de Sasuke se abrieron como platos ante la revelación ¿Lo había hecho por él?

¿Por mi culpa?

No, tú no fuiste la única razón, también lo hice porque fui un cobarde, tenía miedo y tome la decisión más fácil. Créeme…no hay un solo día en el que no me arrepienta de lo que hice. Eres mi hermano menor y te quiero, pero…todos estos años no he podido dejar de pensar en Deidara, no he podido olvidarlo…

Aún lo amas–susurro Sasuke, no era una pregunta sino una afirmación.

Con todo mi corazón

:::

Naruto siguió a la enfermera hasta el cuarto de su hermano y, una vez solo, se sentó junto a él en un viejo y desgastado sillón azul turquesa que había junto a su cama.

Se quedó en silencio al ver el rostro de Deidara, estaba tan pálido y apagado, se veía tan delgado y demacrado. Naruto sabía que la bala que había atravesado su pecho hace unas horas no era la responsable de su estado.

¿Cuántas noches había pasado Deidara sin dormir, preocupado por él? ¿Cuántas veces había prescindido de comer por buscarlo?

Había sido tan estúpido y tan egoísta al irse, no había cuestionado nada. En ese momento estaba tan asustado que ni siquiera se había parado a pensar en las razones, en los porqué, en los motivos, nada, solo había huido como un idiota, como un cobarde.

Naruto negó con la cabeza, ahora nada de eso importaba, lo único importante era que Deidara iba a estar bien y que por fin podría decirle lo que tanto había ansiado.

El rubio de brillantes ojos azules tomo suavemente la mano de quién lo había dado a luz y la apretó con fuerza.

Despierta pronto por favor, tengo mucho que decirte

:::

Kushina estaba feliz de que todo se hubiese resuelto, parecía que el bache en el camino de su familia había sido superado aunque no habían salido indemnes, las heridas que ahora tenían eran profundas y dolorosas. Ella había salido casi ilesa, pero sus heridas…las heridas que había recibido en el pasado habían vuelto a abrirse para atormentarla ese mismo día.

¿Por qué has vuelto Minato?–preguntó al hombre sentado junto a ella. Ambos estaban en un banco de piedra en el jardín trasero del hospital, los árboles que los rodeaban estaban húmedos a causa del sereno y de la noche que se cernía sobre ellos.

Necesito que sepas la verdad–respondió Minato sin mirarla, él no podía hacerlo, observarla le resultaba doloroso. Había llorado tanto por su supuesta muerte, había gritado hasta quedarse sin voz y había maldecido al causante del trágico accidente mil veces, se había sentido tan mal…

Todo su mundo se había derrumbado el día en que le comunicaron lo que había sucedido, ese desdichado día había tenido tantas ganas de acabar con su vida ¿Por qué iba a querer seguir viviendo sin la persona que amaba? No podía y no quería así que había intentado quitarse la vida, pero su abuela, la muy hipócrita, le había dicho que Kushina no hubiese querido que acabara con su vida ¡Ella sabía todo el tiempo que no estaba muerta! ¡Ella le había mentido y se había llevado lo que más amaba! Todo por sus estúpidos hospitales ¡Que se los quedara! Él ya no los quería…solo quería a su familia de vuelta, pero sabía que eso no podría ser, ya no, era demasiado tarde y lo sabía muy bien, pero él lo intentaría de todas formas.

Es un poco tarde para eso Minato, han pasado ya treinta años–contesto Kushina con tranquilidad, ella no alzaría la voz, no se enfadaría ni lloraría, ya no.

Lo sé, pero eso no cambia los hechos–.

¿Por qué ahora?–preguntó la mujer pelirroja interrumpiéndolo, un fuerte nudo parecía haberse formado en su garganta, un nudo doloroso, no voy a llorar, no voy a llorar, se repetía mentalmente apretando sus puños con fuerza.

Porque lo que sabes es mentira Kushina ¡Yo te amo!–exclamó el hombre rubio mirándola a los ojos, parecía tan sincero, pero a Kushina se le hacía difícil creerle. El nudo creció y se extendió hasta su pecho, y hasta su corazón el cual estrujo con fuerza y sin ninguna compasión.

¿Cómo se atrevía Minato a hacerle esto después de tantos años? ¿Por qué jugaba con sus sentimientos? ¿Por qué le afectaban tanto sus palabras? Habían pasado ya treinta años, treinta largos y oscuros años llenos de dolor, sufrimiento y soledad.

No me hagas esto Minato, por favor…no me lo hagas–suplico en susurros tragándose las ganas de llorar, sus ojos brillaban con lágrimas contenidas.

No quiero hacerte más daño, no quiero que sufras…–.

¡Entonces no digas nada y vete!–exclamó Kushina.

–…pero quiero y necesito que sepas la verdad, necesito que sepas que siempre te he amado y que nunca, nunca te abandone, no porque quise–confesó Minato sin dejar de mirar el rostro de la mujer que amaba con todo su corazón, ella no parecía haber envejecido ni un solo año, se veía tan hermosa como cuando la había visto por primera vez.

¿Qué quieres decir?–cuestiono Kushina con el ceño fruncido, ella no iba a creerse sus mentiras, esto es una mentira.

Mi abuela me mintió, me dijo que estabas muerta y yo como un idiota creí sus sucias mentiras. Fui a tu funeral, te lloré por años, me negué a vivir sin ti, incluso…incluso intente quitarme la vida–confesó Minato con sinceridad, no quería mentirle, ella debía saberlo todo.

Kushina no sabía que pensar, su corazón, su desesperado y herido corazón quería creer las palabras del hombre rubio sentado frente a ella, pero su consciencia le gritaba que Minato estaba mintiendo, que él le haría daño otra vez si lo volvía a dejar entrar en su corazón resquebrajado.

Ella respiro hondo, la abuela de Minato era un bruja, la mujer la había odiado desde el primer momento en que la había visto, pero ¿Sería capaz de hacer algo así? Y si lo hubiese hecho ¿Por qué enviaría dinero? ¿Se sentiría culpable?

¿Qué hay del dinero?–preguntó en susurros apartando la mirada de los ojos azules de Minato.

¿Qué dinero?–cuestiono Minato con el ceño fruncido, confundido ante sus palabras.

En ese momento Kushina lo supo, supo que Minato decía la verdad porque él era un terrible mentiroso, lo había sido siempre y había pasado ese terrible rasgo a su hijo y a su nieto. Finalmente las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, ya no podía contenerlas…esto era demasiado.

¿Por qué? ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué?–cuestiono en susurros limpiándose las lágrimas con las manos, ella no podía entenderlo. Esa horrible mujer había destrozado a su pequeña familia, se había llevado lo que más amaba y aun así, aun así podía mirarse al espejo todas las mañanas ¡¿Cómo había podido hacerlo?!

Kushina envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo y comenzó a llorar, sollozando como nunca lo había hecho, finalmente logró desprenderse de todo el dolor y la angustia arraigada a su alma.

Minato no soportaba ver a Kushina llorar, odiaba verla llorar, odiaba no ver su hermosa sonrisa así que tiró de la mujer que no había dejado de amar en treinta años y la envolvió en un fuerte y cálido abrazo y, en ese preciso momento, supo que no la volvería a dejar ir nunca.

:::

Deidara no podía sentir nada, a su alrededor todo era blanco y luminoso, su cuerpo parecía estar flotando en paz, estaba en paz por primera vez desde que Itachi había aparecido en su vida.

Itachi.

Ese nombre le traía tantos recuerdos, tan felices y dolorosos…tan contradictorios. Deidara quería odiarlo, realmente quería odiarlo, pero no podía, su corazón no le permitía sentir por él nada más que amor, lo amaba tanto que a veces dolía…

Le dolía amarlo.

Deidara no podía entender porque todo había terminado tan mal en su vida, todo parecía tan bien hace quince años; en ese tiempo hacía lo que le gustaba, tenía buenos amigos y salía con el hombre al que amaba ¿Qué había arruinado toda esa felicidad?

Naruto

¡No! Naruto no había arruinado nada, él amaba a Naruto, era su bebé, siempre sería su bebé.

Itachi, sí…él había arruinado todo negándose a reconocer a su dulce bebé.

¿Por qué?

¿Por qué Itachi lo había arruinado todo?

Deidara apretó sus puños con fuerza y se dio cuenta de que no podía hacerlo, no con su mano derecha, alguien se la estaba apretando con mucha fuerza…alguien. De repente ya no estaba en paz, ya no estaba flotando en un lugar luminoso, estaba en una habitación de hospital y le dolía el pecho.

Deidara podía oír atentamente los pitidos de las máquinas a las que estaba conectado, sonaban tan fuerte, había un pitido constante detrás de otro…

Pi, pi, pi…

¿Qué importaba eso?

Él abrió sus ojos lentamente y parpadeo un par de veces para acostumbrarse a la luz, el techo de la habitación era blanco y las paredes también, no le gustaba, todo era demasiado luminoso. Deidara bajo la mirada para ver quién había estado apretando su mano, gruesas lagrimas se derramaron por sus mejillas nada más ver a su bebé ¡Su hijo le sujetaba la mano!

Naruto está aquí.


N/A: Casi se me olvida actualizar hoy, pero al final me he acordado :)

Muchísimas gracias por leer.

Que tengáis un estupendo día.

Saludos, Arisa.