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FARLAN
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El lugar donde nació Levi Jaeger se encontraba a 10 kilómetros de distancia, demasiado cerca de su ahora comunidad alfa-omega. Incluso el viaje en bus de una hora y media era una completa porquería porque los vendedores beta te acosaban con sus extraños productos a mitad de precio, siempre a mitad de precio o en "oferta" ¿Qué demonios era una oferta?
La jerga beta en verdad era extraña para él, pero Farlan parecía comprenderla mejor.
Levi no tenía ni puta idea.
Y se quedó con una cara de pez castrado durante todo el trayecto, gracias al cielo en un auto. Si, el bendito de Farlan, ese francés alfa con mirada de felino drogado y cuerpo de actor, trajo un auto.
Un convertible negro con asientos blandos y calefacción trasera.
En esos tiempos solo los alfas conducían coches, solo los alfas conocían el exterior beta como la palma de sus manos (puesto que la mayoría trabajaba allí) y solo los alfas compraban autos lujosos y caros.
Así que Farlan había dejado que Levi contemplara a su vehículo con un interés casi oculto mientras él se encargaba de guardar la pequeña maleta del omega en la cajuela de atrás.
Lo ayudó a subir, a pesar de que entrar a un auto no era la gran ciencia, en el asiento copiloto donde el pelinegro se sentó tieso y cómodo observando con detalle el muñeco colgante del parabrisas.
—¿Qué pasará cuando tu cría alfa despierte? —preguntó Farlan, cerrando la puerta con fuerza.
—La madre de Mikasa se encargará de él —respondió Levi— de todas formas solo sera una semana.
—Recuerdo que los omegas necesitan un permiso de sus alfas para salir de la comunidad —mencionó el otro, viendo como el omega le mostraba el documento con la falsa firma de Eren, una firma infantil y fea, demasiado fácil de falsificar.
Farlan encendió el suave motor que ronroneaba como un gato contento y por la expresión de Levi podría adivinar o recordar mejor dicho, las contadas veces que este subió a un auto.
Fueron dos, una cuando nació y su padre, el alfa Kaney, lo llevó al hospital. La segunda vez: cuando hizo sus maletas y salió de casa en una búsqueda imposible.
¿Qué buscaba? A su alfa, al niño perro llamado Eren.
Esa también fue la última vez que lo vio.
—Llegamos a la entrada —dijo Farlan deteniéndose frente los límites del muro donde dos guardias betas, un alfa no podría ser un guardia de seguridad, los miraban ceñudos. Reconocieron a Levi y dieron el visto bueno a su permiso.
Entonces un grito a lo lejos los distrajo.
Era una sombra pequeña corriendo a toda velocidad, descalzo, con un piyama a rayas y la cara de niño abandonado seguido de otra sombra mucho más ágil y veloz que hacia flotar su negro cabello con el viento.
Eren y el…edificio.
—¡No me dejes, Levi! —chilló el pequeño alfa, esforzándose porque faltaban unos metros para llegar hacia el auto del demonio de Farlan
—¡Tienes trece años, mocoso! —exclamó Levi sacando la cabeza del auto— ¡compórtate!
—¡Levi!
—Mierda.
El guardia que vigilaba la puerta soltó una risita, al ver la penosa escena, indicándole a Farlan que acelerara. Este le sonrió de manera forzada poniendo en marcha el vehículo, a toda velocidad, sin mirar atrás.
Lo último que Levi pudo ver a través del retrovisor fue como los betas trataban de contener al niño para no dejarlo pasar de la entrada-salida de los muros.
Si no conociera a Levi o Eren aquellos guardias los habrían escoltado a casa por montar tremenda escena, pero en una comunidad alfa-omega todo el puto mundo se conocía, de nombre, apellido, forma de vida, pareja, estilos alimenticios y etc. Así que Levi y Eren Jaeger serían el hazmerreír de la comunidad por mucho tiempo.
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Los muros rodeaban la comunidad, y afuera todo era árboles y selva virgen.
Los muros se encontraban en medio de bosques naturales o reservas. Territorios que obviamente los beta no reclamarían como suyos.
El auto cruzó un camino de tierra en silencio, contemplando aves y bichos salvajes. Levi pudo jurar que algo saltó sobre sus cabezas hacia el gigantesco árbol de la derecha.
Un momento después, llegaron a los límites de la reserva. Donde las llantas del convertible agradecieron volver a rodar en asfalto seco y liso junto a otros autos de todo tipo y color, autos betas con betas dentro por supuesto.
Esto era una carretera. Con semáforos, gente que parecían guardias pero controlaban el tráfico, tiendas, parejas de todo tipo.
—Haremos varias paradas, Levi —informó Farlan cuando toda la tensión se hubo disuelto
—No es una excursión.
—Creí que querías conocer...
—Cuando sea el momento —interrumpió el pelinegro— y venga con MI alfa.
Farlan contuvo el profundo gruñido que amenazaba con escapar de su pecho.
El mundo beta era raro.
Tenía muchos restaurantes, en su comunidad solo había dos. Tenía muchas peluquerías y centros de diversión llamados: cines, spa, bares, moteles, etc. Dentro de su comunidad solo tenían lo necesario.
Un vendedor se les acercó mostrando paquetitos cuadrados de colores.
—¿Quieren comprarlos? —ofreció— tenemos de todos los sabores. Están en "oferta".
—¿Qué son? —preguntó Levi mirando con curiosidad.
—Condones.
—¿Tiene de todos los sabores?
—Sí, señor.
—Como sea —extendió la mano a través del parabrisas— dame diez.
—Levi los condones no son chicles —explicó Farlan deteniéndolo antes de que comprar la caja entera
—¿No?
—No.
—Mierda —insultó bajito junto con el vendedor que le lanzaba una mirada venenosa a Farlan antes de retirarse— ¿Y que se supone que son?
Farlan lo pensó un minuto mientras el semáforo estuviera en verde.
—Gorros para los penes —explicó— gorros elásticos para que no puedas embarazar tu pareja.
Aquello lo había escuchado en un comercial de televisión beta, cuando su empresa tuvo problemas y él como jefe al mando se vio forzado a quedarse en un hotel beta (una casa enorme donde pagabas para dormir una noche). Farlan era el vicepresidente del consorcio eléctrico de la ciudad de Paramount, una ciudad beta claro esta.
—Los betas son extraños —criticó Levi.
—Lo son, pero te acostumbras —el ojimiel emprendió la marcha por la ciudad— ¿Te gustan los dulces? Creo que en tu comunidad los pasan de contrabando. ¿Recuerdas a los Morgan? Ellos vinieron a nuestra comunidad e instalaron una tienda de caramelos y algodones de azúcar. Tú solías comprarlos a escondidas, una vez papá me golpeó cuando le di algo a Issie…
—Los omegas no comen dulces — le recordó Levi— a menos que sean saborizantes alterados.
—Lo sé.
Guardaron silencio.
—Tu padre te llevó a rastras al patio —rememoró el pelinegro— recuerdo como gritabas cada vez que él te golpeaba con el cinturón en la espalda.
—Sí, pero fue un látigo, no quise decírtelo porque me dio mucha vergüenza que me vieras llorando —admitió Farlan— es nostálgico —sonrió— a ustedes los omega no los tocaban, Issie siempre cometía todo tipo de travesuras pero papá se limitaba a regañarla.
—Solo tu alfa puede golpearte.
Vieron como una pareja discutía a gritos en una esquina de la calle, junto a los transeúntes y rodeados de algunos curiosos. Algunos transportaban carritos humeantes y Farlan le explicó que eran betas que "ambulaban" mercancía, más que todo comida.
Recordaron que se saltaron el desayuno por culpa de Eren y Farlan lo invitó a comprar algo.
...Un omega no podía comer nada fuera de la comunidad a menos que SU alfa le diese el permiso necesario.
—Será nuestro secreto —le dijo a Levi cuando se sentaron en la pequeña plaza luego de estacionar el auto.
Se quedaron en la banqueta con una bolsa de papel y algo conocido como el crepe de crema, que le gustó mucho a Levi, la pareja que gritaba fue acercándose poco a poco.
— ¿Va a pegarle? —preguntó Farlan al ver como discutían.
—¡Por supuesto que no!
—¿No? Raros.
A Levi se le fue el apetito, caminaron un poco por la acera deteniéndose frente a la enorme iglesia adornada con flores. Celebraban una boda.
Farlan lo tomó del brazo arrastrándolo entre la multitud, sus ojos color miel brillaban, divertidos.
—Vamos a ver una boda —le dijo al pelinegro con una sonrisa en los labios, como cuando eran niños.
Levi no pudo negarse.
—Su esposa es muy pequeña —mencionó el pelinegro.
—Esa es la florista, señor —le dijo una mujer creyendo que el omega bromeaba.
—No comprendo ¿Entonces quién es la esposa?
—Si la florista y el novio se casaran sería pedofilia —susurró la chica de coletas de atrás.
—¿Qué es eso? —la interrumpió Farlan.
—¿Ustedes son extraños? —la mujer los observó de pies a cabeza—. Tú... —sus arrugados ojos escrutaron al más bajo— …¿Eres omega?
—No sé de qué habla —Farlan le mostró una sonrisa embustera ocultando a Levi en su espalda— pero yo soy un alfa, debería bajar la cabeza al verme y cerrar la boca.
Inmediatamente la mujer hizo lo le ordenaban,temblando, los betas no solían relacionarse con los alfas por ningun motivo y ver a un omega era bastante curioso. Incluso el gobierno alfa prohibía que omegas salieran al mundo beta libremente, el castigo era sumamente severo. Demasiado.
Diciendo eso se llevó a Levi, murmurando que esto era una mala idea y que alguien los seguía, estaba casi malditamente seguro de que alguien los seguía y si vieran el permiso falso de Levi estaban muertos, bien muertos. Se alejó del estacionamiento caminando a ciegas con Levi detrás suyo, hasta llegar a un hostal pequeño y poco concurrido donde el ojimiel escondió a Levi cerciorándose de que nadie los siguiera para luego cerrar la puerta.
—¿Tenías que demostrar tu poderío alfa? —siseó Levi, no contento con el actuar de su amigo—. Eres una escoria Farlan.
—Eres un omega marcado rondando fuera, con un alfa sin pareja, y no estás preñado —le explicó— tuve que hacerlo. Pensándolo bien sería peor si estuvieras preñado. Sabes que los preciados bebés no pueden salir de las comunidades.
—Estar "encinta" suena más bonito —lo interrumpió una mujer de cabellos negros, al parecer la dueña del hostal— ¿Dónde están tus modales, alfa?
—En cualquier parte menos aquí.
Levi se dio cuenta de que la mujer era omega, pero con las feromonas disminuidas al mínimo. Casi invisibles pero la rodeaban como un aura.
Era una omega desvinculada legal, pudo notarlo al ver el anillo en su mano y un niño beta escondido en su espalda, tenía la edad de Eren.
Una omega que se casó con un beta.
Se llamaba Carla, igual a la madre de Eren. Su alfa había muerto a causa de una enfermedad y le concedieron el permiso para vivir en el exterior esterilizandola antes por supuesto y arrebatándole a sus hijos.
Se rumoraba que los desvinculados legales trabajaban en restaurantes y comedores del gobierno, exclusivamente para alfas de altos cargos en el exterior.
De todas formas era la primera vez que Levi veía a una como ella.
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—¿Eres otro omega? —le preguntó la mujer mientras les servía algo de comida.
—Si
—¿Huiste?
—Por supuesto que no —le interrumpió Farlan que devoraba su propio plato— es el omega más apegado a las leyes que conocerás hoy, descendencia Ackerman.
Ella pareció sorprendida.
Los Ackerman eran una familia poderosa, bastante conocida y temida.
Curiosa, como su antigua naturaleza la obligaba a ser, tomó asiento para preguntar cosas y las noticias recientes, también era más atrevida, la esterilización a la que fue sometida la volvía mas beta, menos sumisa, con menos miedo e independiente. Podía sostener una charla normal con Farlan sin que su organismo e instinto s eviera afectado al estar hablando con un alfa.
—Me casé con un beta viudo porque mis hijos legítimos eran muy pequeños cuando me los quitaron —contó— y necesitaba criar otros niños, aunque fueran betas.
—¿Cómo se llama tu hijo adoptivo? —le preguntó Farlan.
—Connie.
—¿Y su antigua madre? —dijo, curioso.
—Las madres betas no aman a sus hijos —comentó— y nadie rechazaría a una madre omega, Connie me adora. Ahora, Farlan, no voy a preguntarte porque tienes a este omega en el exterior, pero ¿A dónde van?
—A la comunidad alfa-omega vecina.
—Pasando el parque natural —miró a Levi con un destello apenas en sus ojos— tienes unas feromonas fuertes, cariño. Me recuerdas a mi cuando era joven.
Carla envió a su esposo a traer el auto de Farlan, se despidió de ambos y los vio partir.
El parque natural se encontraba más silencioso que de costumbre, Carla les había explicado que los betas, menos su esposo él era un buen hombre, organizaban cacerías cerca hasta que el gobierno alfa los detuvo y sancionó estrictamente. Por eso les pedirían una identificación exhaustiva.
Vislumbraron el muro a mitad del camino y el enorme garaje dorado fuera del donde los betas guardianes acampaban en pequeñas casetas.
Todo estaba nublado y comenzaría una tenue lluvia espesa en unos minutos pero los guardias los reconocieron, en especial a Levi.
—Ha pasado tiempo Levi —saludó uno de ellos— la última vez que te vi te fuiste por el otro camino.
—Me perdí tres días hasta que el bus me recogió.
—¿Y tu alfa? —el otro extrajo una especie de barra metálica— lo siento "Fari", tengo que revisarte, órdenes son órdenes —se disculpó con el ojimiel mientras pasaba la barra metálica por su cuerpo.
—En casa —Levi respondió a su pregunta.
—No has cambiado, sabíamos que tú llevarías la batuta en alto.
Llovía.
—Estas limpió —concluyó— entren.
El sonido de la puerta enrejada al recibirlos fue el mismo de siempre, aquella voz autómata que Levi recordaba, una voz femenina que gangosamente les dió la bienvenida a casa.
Comunidad alfa-omega.
Nuestro legado es la JUSTICIA
Los guardias se despidieron, Farlan lo cubrió con su abrigo y esperaron bajo la gran estatua de la entrada. Una figura del primer alcalde que gobernó el sitio hace cien años.
Sentados sobre el libro tallado en piedra, Levi pudo ver los desgastes causados con el tiempo, inclusive algunos brotes de musgo amenazaban con fracturar las pequeñas grietas rajadas en los bordes.
Un escalofrió recorrió su cuerpo al notar las letra talladas en la roca, debajo de la mano de granito del alcalde, en la base del libro, por una navaja empecinada en grabarlas para siempre.
Eran las letras de Farlan.
Algo turbado, Levi se vio a sí mismo en aquellos tiempos, más joven e ingenuo. Creyendo que podría derrotar al sistema con esas dos simples iniciales. Como si se tratase de otra vida, una de la cual se avergonzaba haber sido participe.
"¿Y si Eren alguna vez viera esto?" le dijo su omega interno "Eren nos odíaria…Eren nos golpearía hasta matarnos, Eren te escupiría en el rostro por se una vil..."
La angustia recorrió su cuerpo, junto con una sensación de miedo permanente. Vergüenza.
Su instinto le gritaba que si Eren veía aquello lo único que podría esperar era la muerte, preferiría morir mil veces antes que ver cualquier atisbo de decepción en aquellos ojos esmeraldas. Ese mismo instinto que antes solía reprimir ahora le atenazaba los pulmones con fuerza, burlandose de él, humillandolo.
Agradecido por la lluvia, Levi se entretuvo un buen rato escarbando las desgastadas iniciales hasta hacerlas desparecer por completo, incluso se partió una uña. El dolor no se comparaba con el repentino flechazo de pavor ante la imagen de un Eren desilusionado.
—En marcha —le dijo a Farlan, sin discutirle nada. El alfa lo miraba de pie, con una expresión extraña. Pero no habrió la boca para replicarle.
Atravesaron las casas, todas eran iguales. Murosaltos y bajos, casas de madera, pintadas de crema con tejados naranjas y macetas en las ventanas, macetas puestas ahí por omegas obedientes que entregarían a sus hijos al fuego para contentar a sus alfas.
—¿Dónde vive Issie ahora? —preguntó Levi, distraído.
—Su alfa le compró la casa de la colina —contestó Farlan— esa que a ella le gustaba.
—Es tan consentida.
—Siempre. —la lluvia los golpeó con más fuerza— ¿Sabes dónde habríamos vivido nosotros? —se atrevió a decir el alfa— al frente de esa casa, la que tenía una gran chimenea de ladrillos. Ahora es propiedad de River.
La lluvia caía fuerte, mojando la cara de Farlan, su cabello pegado al cráneo y chorros de agua descendiendo por la barbilla.
Sus manos se rozaron y el meñique de Farlan se engancho cn el índice de Levi, intentando mantener un contacto mas íntimo.
—El guardia aun me llama Fari —continuó—, era nuestro apodo. Farlan y Levi Rivaille. Yo... —dudó un poco al ver que Levi se había detenido— yo estaba casi seguro de que éramos destinados…no tu Enre, ese cachorro de mierda que te rompió el labio…
—Su nombre es Eren —Levi sintió el lodo entrando a sus zapatos, aún faltaba algunos metros para llegar, apartó la mano— tiene trece años, perdió a sus padres pero es bueno conmigo. No lo llames cachorro. Es alguien que lucharía por lo que quiere sin rendirse nunca, es mi alfa, es mi mundo y solo yo puedo insultarlo.
—Eso no es amor —susurró Farlan. Abatido.
—Lo es —dijo el pelinegro con toda la convicción del mundo, con el agua calándole los huesos pero más seguro que nunca— son los betas los que no sienten amor.
Farlan lo miró, enojado, sus ojos destellaban enojo. La lluvia les borró la visión, suspiró y emprendió la marcha.
—He buscado a mi omega pero no lo encuentro —le dijo tratando de cambiar la conversación—, a este paso me convertiré en un desvinculado legal. Repartiendo comida a los alfas que trabajan en el exterior.
—Quizá todavía no nació.
—Cuando lo encuentre voy a reprocharle el no haberlo hecho —dijo— disculpa mi actitud, Levi. Solo estoy celoso de que un niño alfa pueda coger todo lo que quiera y yo tenga que guardar un celibato de mierda.
Pudo escuchar una risilla proveniente del más bajo. Sus pasos tratando de no entrar en un hoyo de lodo profundo y el dulce olor que se intensificaba con el agua, le recordó los días que ambos caminaban tomados de la mano jugando a dar saltitos a traves de los charcos de lodo, aún eran unos niños.
—Me fui en busca de Eren porque tú amabas a un omega que aún no existe —siseó Levi— y porque yo añoraba a un alfa que aún no me conocía.
Farlan pasó el brazo por la cintura del omega, ayudándolo a cruzar un bache profundo y largo.
—¿Se siente bien? —inquirió, más calmado.
—Que.
—Que un niño te haga el amor todas las noches —patearon piedras como en los viejos tiempos, cada vez más cerca de casa— que un niño te dé órdenes y que ese mismo niño del que hablamos tenga un genio del demonio, deberías pegarle ahora que puedes hacerlo. Su mirada me recuerda a uno de esos perros con rabia que encontramos en casa de Erwin.
Poco a poco la naturaleza omega de Levi se sentía más cómoda y disipada.
—El cejotas gritó aterrado escndiéndose sobre un árbol.
—Eres adorable cuando dejas fluir ese lado tuyo.
—Vete a la mierda.
—Es enserio —Farlan lo tomó del mentón— si River no hubiera rogado a tu padre para que te criaran como un alfa…serías la cosita sumisa más adorable del mundo.
El pelinegro puso una cara de póker empujando a Farlan con el codo.
—Eres un jodido enfermo.
Levi —podí sentir la respiración del omega, demasiado cerca, demasiado— no quiero que cedas ante ese alfa, por favor. Yo no podría soportar que te lastimara, no quiero verte hundido hasta el fondo como esos omegas, no quiero ver como te golpea.
—Farlan...
Farlan vislumbró la casa de Kushel a lo lejos y la luz de la calle encendida junto con una diminuta sombra en medio, sin paragua, acechándolos como una rata ahogada en barro, con las cejas castañas arrugadas y el suéter más feo que alguna vez haya visto.
"Esa sanguijuela es como una maldito fantasma rastreador" pensó el ojimiel, tensándose y rogando porque fuera una simple visión. Por favor que sea una visión provocada por la comida de Carla y el mocoso alfa enterrado en barro no fuera Eren Jaeger alias acosador maniático demente.
—¿Eren?
La figurita corrió hacia ellos y el perfecto, maravilloso y planificado mundo de Farlan se vio mancillado por la bola de barro que se estrelló contra el cuerpo de Levi.
Tambien pudo sentir como todo su corazón se hundía ante él.
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Farlan Church recordaba aquella vez cuando Levi comió barro.
Era verano y River, el hermano mayor Ackerman, cargaba al "bebé" Levi de cinco años por el patio mientras la amable Kushel Ackerman les preparaba una piscina inflable llena de agua fria.
Y entonces esa manguera de goma roja había resbalado al suelo formando un charco de lodo bastante espeso donde Makhartur, el perro lanudo de la familia, se sumergió cambiando su pelaje blanco por uno café para disgusto del padre alfa Kaney quién castigó a Anthon (segundo hermano Ackerman) dejándolo en la esquina del silencio. La esquina del silencio era el lugar donde los niños malos permanecían parados para ver como los niños buenos, en este caso: River, el "bebé" Levi y él disfrutarían de un relajante momento bajo el agua.
Anthon que en ese entonces tenía diez años, emberrinchado, pateó la cerca del patio sobresaltando a River, el mayor de doce años, que a su vez dejó caer al "bebé" Levi sobre el perro lanudo quién influenciado por el arrebató de adrenalina le dió una patada de mula al intocable, bonito y asustado Levi lanzándolo al charco de lodo.
Todo sucedió en cámara lenta.
El omega gimoteó mientras su boquita borboteaba dentro del fango. Horrorizada, Kushel fue a rescatar a su bebé advirtiendo que este ingirió tierra líquida hasta decir basta.
El resultado fue un Levi traumatizado para siempre con un futuro brote de TOC severo y dos hermanos castigados en la esquina del silencio durante una semana.
Farlan nunca olvidaría los gestos de asco que Levi no pudo reprimir en ese entonces.
Pero ahora, con un mini alfa cubierto de barro, abrazándolo en la cintura aquel Levi Rivaille Ackerman, tercer hermano, no puso la cara de asco de esas épocas. Sino que, para sorpresa del alfa fránces, le limpió la cara a Eren susurrádole algo para que se tranquilizara y se fundieron en un húmedo beso bastante obsceno bajo los litros de lluvia que les caía encima.
Realmente el amor era una cosa seria.
Próximo capítulo:
Familia
Te amo y ya se donde vives.
*familias desvinculadas: Alfas u omegas que se alejaron de su comunidad para vivir con un/una beta. Razones: muerte de su pareja (el gobierno los ubica en el mundo beta), ejecución de su pareja (el gobierno los ubica en el mundo beta) o en el peor de los casos, radicales, alfas u omegas que se auto expulsaron de sus comunidades (el gobierno los busca y los mata).
...
Agradecimientos
Muchas gracias por sus mensajes. -lanza levizuelas-
Valenfujoshi...AcosadoraKawaii...Judy Adler... OImpudinlmLO
JJ KC...Giselle Mora... ChibiGoreItaly...
deysizg501 ...Charly Land ...Hotaru970
