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FAMILIA
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Levi entró a casa con su alfa cargado en brazos, afuera llovía incesantemente. Farlan cerró la puerta para que las gotas de granizo no mojaran el tapete de Kushel.
La sala de estar era grande, por no decir enorme, los muebles de madera habían sido alineados en las paredes tapizadas y una alfombra peluche blanco se extendía de esquina a esquina advirtiéndoles que no dieran un solo paso al frente con sus calzados cubiertos de barro.
En otros tiempos Kushel llamaba a su casa "el nido" porque solo el piso inferior constituía la sala-comedor junto a su pequeña cocina y en medio de ambos una escalera caracol de mármol subía hasta las habitaciones de la familia, todo alfombrado por supuesto.
Las viviendas del clan Ackerman siempre tuvieron un estilo colonial bastante aristocrático, como una casa de muñecas abarrotada, pero en orden, con colores neutros donde predominaba el dorado, madera y blanco. Este gusto tan peculiar iba desapareciendo poco a poco sin embargo al ser primos de sangre, Kushel y Kaney Ackerman conservaron la tradición heredada por sus antepasados más notables.
Levi se entretuvo mirando el tapizado nevado con bordes de flores secas hasta que Farlan encontró el cajón de las pantuflas y le puso un par rojo al omega, agradecido el pelinegro atravesó la mesa del comedor para doce llegando a la esquina de los sofás donde un hombre de cabellos azabaches y chaleco negro sobre una camisa blanca dormitaba sentado frente al televisor plasma que daba las aburridas noticias de media hora.
—Hola padre —saludó Levi pasando rápidamente hasta alcanzar la escalera de mármol.
—Señor Ackerman —dijo Farlan de la misma manera.
El alfa bufó con molestia creyendo haber escuchado la voz de su 'orgullo', su único hijo omega que se fue hace seis años cuando solo tenía 17 para buscar a ese alfa en cada rincón del país.
Era un alfa duro, que educó de forma correcta a sus hijos, como mandaba la ley. Pero Levi siempre fue especial para la familia, por eso Kaney se mantuvo nostálgico al escuchar la voz del omega.
Kaney hundió sus hombros al igual que un pollo azorado por el frio, esperando a Kushel para cenar junto a la pariente perdida que llegó esa tarde y el mocoso de "mala puntería" a quien se supone tendría que estar vigilando para que no saliera a la calle...
Todavía recordaba el momento cuando tocaron su puerta, solos, en busca de Levi. Habían recorrido kilómetros dentro del bus verde y lo primero que hizo el niño castaño al llegar fue preguntar a gritos donde estaba su omega.
Por supuesto, como buen alfa que defiende su hogar, Kaney lo calló de un golpe dejándolo inconsciente.
Aún seguía creyendo que fue un error dejarlo ir, su 'orgullo', su querido Levi que les enviaba fotos de vez de cuando, y platicaba con su madre por teléfono pero eso no era suficiente, quería verlo con crías. Bonitos niños y niñas que lo visitarían una vez al año para alegrarle la vida a Kushel quien no quiso tener más hijos para guardar energía para los nietos. Las crías de Levi, no las de esas omegas que se unieron con sus otros dos hijos. Kaney quería legítimos Ackermans que solo Levi podría traer al mundo.
—Me voy, señor Ackerman —le dijo la voz de Farlan.
Kaney no contestó.
¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Una hora?
Que importaba, de todas formas su querido hijo tercero no estaría allí.
Lo extrañaba.
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Lo único que Levi pedía era que el reencuentro con su madre no fuera dramatico, Kushel era una mujer seria y callada pero podía salirse con la suya cuando se lo proponía. Así que supuso que como vió a Eren tambien lo esperaba a él y asi fue. Adivinanao sus inteciones, FArlan decidió volver a su propia casa susurrandole que lo visitara.
Sentada, junto a Mikasa -alias edificio mal construido-, la omega adulta se levantó al verlo, con una enorme y perfecta sonrisa en los labios que cambio a una mueca de consternación al ver a Eren empapado de barro.
—Se supone que Kaney lo vigilaría —excusó.
—Hizo un gran trabajo como siempre.—ironizó Levi— Mamá ¿Porque ella está aquí? —dijo refiriéndose a Mikasa— ¿Porque Eren está aquí? —enfatizó.
—Eren quería buscarte —los interrumpió Mikasa—, se puso muy inquieto y destrozó todos los jarrones de mi madre, sus feromonas estallaron, no podía dejar que viniera solo. Es tu culpa por abandonarlo.
—Mi hijo no abandonaría a su alfa —corrigió Kushel.
—Envialos de regreso.
Mikasa lo miró con odio.
—No podía. Es un alfa casado, tiene sus propias decisiones y los padres de Mika dieron permiso.
—Tienen jodidos trece años.
—Ese vocabulario no es propio de un omega, bebé —regañó la omega—. Tuve suficiente por hoy, me duele la cabeza. Tu padre golpeó a Eren y tuve que separarlos. Se supone que ahora lo estaría cuidando. Iré a hablar con él y luego arreglaremos esto, Levi.
—Eren está enfermo —interrumpió Mikasa.
—Por eso vendrás conmigo —Kushel la tomó de la mano—. Levi, dale un baño a tu alfa, podría enfermarse.
La omega adulta cerró la puerta al salir, dejándolo solo, Levi se aferró al mojado cuerpo de su alfa sintiendo como los dedos se deslizaban por la lodosa ropa del menor.
—Despierta —lo zarandeó con cuidado— ¿Eren?
—Quiero ir a casa —le susurró, bajito.
Levi suspiró avanzando decidido hacia el cuarto de baño, estaba intacto, tal y como lo había dejado hace años pero obviamente limpiado por su madre para que el polvo no complicara las cosas.
Se deshizo de Eren recostándolo dentro de la tina de cuatro patas, abrió la llave de agua caliente mientras le quitaba la ropa. El ojiverde levantó las manos cuando le sacaron la playera y se dejó hacer, igual que un niño pequeño, las manos de Levi refregaron su cuerpo hasta dejarlo limpio. Entonces abrió el tapón de agua para que escurriera, puso un poco de jabón líquido de cerezo, el que solía usar de niño y abrió nuevamente la llave dejando que agua limpia y fresca llenara la tina hasta la mitad.
—¿Porque viniste? —se permitió preguntar al verlo más tranquilo.
—Porque ese alfa te llevó afuera…
—Su nombre es Farlan.
—¡Continuas defendiéndolo! —le gritó el alfa menor, exasperado.
Un chorro de agua caliente saltó a su cara, Levi le había puesto la alcachofa de agua enfrente.
—No grites, Eren —lo censuró— yo no te enseñé eso.
—Perdón —se disculpó.
—No te disculpes, Eren.
Levi se puso de pie en aquel pequeño espacio, buscando la estantería donde guardaban las toallas.
—Tu padre dijo que huiste de casa porque yo soy un mocoso —expusó el menor— que no puede preñarte y tú quieres hijos.
—Los quiero, sí —afirmó Levi— y mi padre en un viejo alfa que solo desvaría, Eren. También te quiero a ti.
—Yo no conozco nada de tu familia —el menor se puso de pie dejando que lo secaran.
—¿Qué hay de mí?
—Sabes que no tengo padres —enumeró— murieron en un accidente.
—Sí.
—No tengo hermanos. Solo a Mikasa.
—Ella es suficiente.
—Y no tengo tíos. Ni parientes cercanos.
Levi asintió.
—Solo tengo a Levi. Levi es mi mundo.
El omega se detuvo, miró a su alfa, incrédulo.
"Tú eres mi mundo, Levi"
Alguna vez alguien le dijo lo mismo, alguna vez un alfa le dijo las mismas palabras y todo lo que conocían se fue a la mierda.
Recordaba los gritos de Farlan cuando era golpeado.
Por ser un alfa estúpido y desviado.
Por enamorarse de un omega que no era suyo.
Por rebajarse a ese nivel.
Levi no soportó el recuerdo, todo su ser se estremeció, contuvo las naúseas y un conjunto de ideas sembradas desde su niñez se agolparon en su mente.
—Yo no puedo ser tu mundo, Eren —negó con los labios resecos, el vello de su nuca acababa de erizarse, aterrado—. Se supone que eso es inverso. ¿No te lo enseñaron en la escuela?
Cuando volvieran a casa hablaría con su maestra, seriamente.
—Sí, pero —el ojiverde salió de la tina— cuando sea grande quiero vivir contigo como viven los betas —sonrió al ver que su omega lo miraba fijamente, con un brillo extraño en la cara—. Mikasa y yo vimos muchas cosas afuera, no nos dejaron hablarles pero es interesante. El mundo es enorme, Levi. La gente es completamente diferente, no existen reglas y son libres. Cuando sea grande te sacaré de este lugar y viviremos como ellos. Comen cosas diferentes, tienen un programa de televisión enorme y ellos se casan con chicas...con no omegas. Con mujeres. Yo quiero…
Una bofetada le cruzó la cara sin previo aviso, el impacto resonó en todo el cuarto.
Arrepentido, Levi bajo la mano rápidamente. Fue como si el mismo se hubiera golpeado, la marca roja en la mejilla de su alfa le dolía a él, se extendía por su propia mejilla al igual que una extraña sensación de vacío en el pecho.
—¡Porque me pegas! —gritó Eren dejando que su instinto saliera a flote.
Levi dio dos pasos atras, asustado por el repentino grito.
—No puedes dejarme —amenazó, dándose cuenta de lo rota que había sonado su voz. Su omega interior quería retroceder al rincón mas alejado de la pared, hacerse una bola y suplicar piedad. Levi tuvo que controlarlo como pudo.
—¡Yo solo quería contarte todo lo que vi afuera!
—¡Que tu alfa te diga eso horrible, mocoso!
Para alguien criado bajo el legado justicia, que no era otra cosa que ley en su estado más puro, abofetear a quien te dijera aquello estaba bien...pero solo para un alfa.
Los omegas no levantan la mano.
Los omegas no gritan.
¿Golpear a tu alfa que consecuencia acarrearía? Levi tenía otros códigos de enseñanza, pero algo era mundial para ellos.
Ojo por ojo y diente por diente.
Un escalofrió le recorrió el cuerpo, Eren lo miraba como si fuera a matarlo, gruñendo, alerta como un perro rabioso. Su alfa era explosivo. Todos los alfas eran así cuando se los provocaba.
Pero Eren parecía confundido con su propia reacción.
"Todavía tiene el instinto" pensó Levi. "Nunca va a dejarme."
"No va a golpearnos" le susurró su omega "ruega porque no nos golpee."
"Es solo un niño."
"Un niño que te rompió la boca al verte con otro."
Su propio padre les enseñó lo correcto cuando eran pequeños, menos a Levi claro pero Anthon y River sabrían devolver el golpe diez veces más fuerte.
Eren nunca tuvo un padre y al parecer el doctor Grisha no se molestó en enseñarle ciertas cosas a su hijo.
"Estarás a cargo de Eren, tú le enseñas las reglas de nuestro mundo, de lo contrario te lo quitamos"
Aquella amenaza siempre se hacía presente cada vez que Eren cometía alguna falta, por más pequeña que fuere, él tenía miedo de que los separaran. Y ahora que se hallaban en aquel lugar todo era más peligroso. Su propia madre podría entregarlo si veía algo anormal en su pequeño alfa.
Por eso Levi se mantuvo estoico, con una expresión tranquila. Se inclinó sosteniéndose del borde de la tina, bajando el rostro hasta tenerlo al nivel de Eren.
Fue firme y claro.
Tenía que educar a su alfa.
Antes de que fuera tarde.
No quería que sea tarde.
No.
—Abofetéame.
El gruñido que emitía el alfa se apagó, toda su furia terminó por evaporarse tal y como había venido dejando solo a la incredulidad.
—¿Q-que?
— Estás enojado, debes descargarlo todo conmigo.
Un fuerte sonrojo cubrió la cara del menor. Sus manos se oprimieron en puños, incapaz de mover un solo músculo de su cuerpo contra Levi.
—Mamá siempre me dijo que eso está mal —replicó el alfa.
—Aquí eso es normal —contestó el omega.
—Pero no somos de aquí —arguyó el alfa.
Los códigos le enseñaron que un omega es como una araña, teje su tela alrededor de su alfa, teje su mundo alrededor de la persona que lo protegerá. Hasta entonces un omega no tiene vida propia. Levi siempre lo creyó de esa forma. A medida que Eren crecía esos hilos tenían que ser repuestos y reforzados. Pero su alfa era su universo, todo giraba en torno a su alfa. De esa forma la vida era más apacible para una raza destinada a la protección y debilidad. Eren era su capa protectora, algo para sostenerse y amar. Por sobre todas las cosas vanas, porque todo era vacío y solo Eren podía ser la luz.
A eso se resumió el conocimiento que le inculcaron y Levi tuvo que aferrarse a esas palabras para no dejar que el instinto lo dominara.
Por eso lo buscó aquella vez.
Incluso sin conocerlo, un mundo donde no estuviera Eren no podría llamarse mundo.
Porque no quería destruir a sus amigos.
—Prometiste obedecerme, Eren —amenazó.
—Eso no...no puedo hacerlo. Nadie puede tocar a Levi, ni siquiera yo. Tu cara no puede tener marcas.
—Eren Jaeger —ordenó— prometiste obedecerme.
Por primera vez en su vida el alfa sintió miedo.
Hizo un puchero infantil dejando que las lágrimas rodaran por sus mejillas. El omega se sintió todo un hijo de puta por hacerle eso a un niño que ni siquiera entendía en que mundo de mierda había nacido. Tarde temprano lo comprendería, pero hoy no. Hoy no, maldita sea.
—¡Tú eres mío! —sollozó el menor envolviendo posesivamente los brazos alrededor del cuello del más alto—. No puedo dejar que te lastimes, tengo que protegerte, los alfas tienen que proteger a sus omegas, no pegarles.
—Ese también es un buen método —le susurró.
—No me gusta vivir aquí, Levi.
—¿No te gusta vivir conmigo?
—Quiero ser grande y poder protegerte.
—¿De qué?
—De mí.
Eso no se lo esperaba. Levi cerró los ojos y se dejó llevar por el débil aroma de su alfa.
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Precipicio
Cuando dices que es difícil, significa que no eres lo suficientemente fuerte como para luchar por ello.
