Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto, solo lo he tomado prestado para escribir esta historia.

Advertencias: YAOI (Relación Hombre•X•Hombre), Lemon, Incesto, OOC en Sasuke y MPREG.

Relaciones: Sasuke/Naruto, Itachi/Deidara, Sai/Gaara y Minato/Kushina


Capítulo veintiocho: Familia


Naruto gimió acurrucándose contra el cuerpo caliente de su marido, sabía que debía levantarse, pero no quería...estaba tan cansado. La noche anterior se había quedado trabajando hasta tarde en un caso especialmente complicado.

–Sasuke...–susurro alzando una mano para colocarla en el pecho del nombrado y zarandearlo un poco.

–Hm–gruño el Uchiha dándose la vuelta.

–Tenemos que levantarnos

–Hm–volvió a gruñir el Uchiha ignorándolo.

–Tenemos que ir a casa de mi madre

–Hm

Naruto suspiró rindiéndose, a veces despertar a Sasuke por las mañanas era casi imposible. El rubio de ojos azules bostezo un vez más y se incorporó sobre la cama, la luz del sol se colaba en la habitación a través de las cortinas, ya era de día.

Naruto estuvo a punto de levantarse, pero entonces la puerta de su habitación se abrió hacia atrás de golpe y dos niños entraron corriendo y se abalanzaron sobre su durmiente marido.

–¡Mikoto! ¡Ren!–exclamó el Uchiha.

Naruto sonrió negando con la cabeza, Sasuke sabía muy bien a lo que se atenía durmiendo hasta tarde, sus hijos tenían la mala costumbre de abalanzarse sobre ellos si despertaban antes.

–¡LEVÁNTATE Y BRILLA PAPÁ!–gritó su pequeña hija de casi ocho años aferrándose a su pecho.

–¡Aléjense de mí!–exclamó el azabache intentando cubrir su cabeza con las mantas, pero su otro hijo de apenas cuatro años lo interceptó y se aferró a su cuello.

Sasuke suspiró y, haciendo uso de su fuerza, se levantó de la cama, sin embargo sus dos hijos continuaron aferrándose a él y colgando de su cuerpo como monos.

–Niños–les dijo Naruto.

Mikoto, aún aferrada a Sasuke, hizo un puchero al oír el tono de su Papi, pero en cuánto se giró para usar su arma contra este, su Papi alzó una ceja y la miró con severidad. Mikoto suspiró, debería haber sabido que eso no funcionaría con su Papi…

La niña de ocho años soltó a su Papá y cruzo los brazos sobre su pecho.

–¿Cuándo vamos a ir a casa de la abuela?–preguntó.

–Pronto cariño–respondió Naruto acercándose a Sasuke para retirar a Ren de su cuello, su hijo menor tenía un agarre muy fuerte y se negaba a soltar a Sasuke así que a Naruto no le quedo de otra que agarrarlo por la cintura y tirar de él.

–Vamos Ren, suelta a tu Papá–le dijo Naruto.

–¡No quiero!–exclamó el niño. Sasuke suspiró.

–Ren…–dijo el azabache con severidad, el niño de cuatro años se quedó inmóvil ante su tono y rápidamente soltó a su Papá, él sabía que cuando le hablaban en ese tono debía obedecer.

Naruto bajo a su hijo al piso, y Mikoto se acercó para tomar la mano de su hermanito y guiarlo fuera de la habitación.

–¿Por qué mantenemos a esos niños?–cuestiono el Uchiha sentándose al borde de la cama. Naruto sonrío sentándose detrás de él y rodeando su pecho con sus brazos.

–Porque los amas–contestó besando su mejilla.

–Hm–gruño el Uchiha, él no podía negar eso, amaba a sus hijos, pero a veces deseaba que desaparecieran tan solo unos instantes, sobre todo por las mañanas.

–¡PAPÁ! ¡PAPI!–gritaron sus hijos desde el piso de abajo.

Naruto le dio un último beso a Sasuke y se dirigió rápidamente al baño, el Uchiha lo siguió poco después.

En cuánto ambos estuvieron listos, abandonaron su habitación y bajaron las escaleras. Mikoto y Ren estaban sentados en el sofá de la sala mirando una película de dibujos animados.

–Buenos días niños–les dijo Naruto besando la parte superior de sus cabecitas.

–Buenos días Papi, buenos días Papá–dijeron al unísono. Sasuke simplemente les revolvió los cabellos antes de encaminarse hacia la cocina para preparar el desayuno ya que hoy le tocaba a él.

Naruto fue hacía su oficina, la cuál era un completo desastre, había papeles por todos lados. El rubio de ojos azules suspiró ante el desorden y se adentró en su oficina para comenzar a ordenar.

Después del nacimiento de Mikoto, tanto Naruto como Sasuke dejaron la escuela secundaria ya que no podían cuidar de un bebé prematuro y estudiar al mismo tiempo, sin embargo cuando Mikoto se hizo un poco más mayor y demostró tener una salud de hierro ambos lograron completar sus estudios e incluso ir a la universidad.

Sasuke había estudiado administración de empresas para aprender a dirigir el negocio familiar, el cuál había sufrido un gran cambio cuando Sasuke se convirtió en presidente a los veinte años ya que había traído ideas nuevas y refrescantes que habían revolucionado el negocio completamente.

Naruto había decidido estudiar psicología infantil porque adoraba a los niños, pero cuando terminó su carrera él se había quedado embarazado de Ren, y la única solución que pudo encontrar para continuar haciendo lo que le gustaba fue hacerlo desde casa. De esa manera podía estar pendiente de sus hijos y trabajar, todo sonaba perfecto, pero no lo había sido, al principio casi se había vuelto loco, pero con el tiempo lo había hecho funcionar y, por suerte, tanto Sasuke como Deidara, Itachi, Kushina y Minato siempre estuvieron allí para echarle una mano cuando la necesitaba.

Ahora mismo él estaba trabajando en un caso bastante complicado, hace aproximadamente un mes Uchiha Gaara, quién era un trabajador social con el que trabajaba muy a menudo ya que eran familia, le había informado sobre un caso de abuso contra todo un orfanato.

Naruto se había puesto a trabajar en ello de inmediato, lo más difícil había sido demostrar que el abuso estaba sucediendo, pero él le había pedido ayuda a Kakashi, Iruka y Sai, quién se había hecho detective privado un año después de la muerte de Orochimaru.

Los tres eran extremadamente buenos en su trabajo, por lo que habían logrado demostrar que el abuso era una realidad, en cuánto eso había sucedido Naruto le había pedido a Deidara que trabajara con Gaara y presentara la denuncia correspondiente, incluso Sasuke, Itachi, Kushina y Minato habían ayudado con este caso, toda la familia estaba involucrada, a todos les repugnaba el abuso infantil.

Entre todos habían logrado llevar a los responsables a juicio, ahora los niños estaban a salvo, pero necesitaban ayuda…su ayuda, ahora era su turno, él se había convertido en el psicólogo de doce niños, y no era un trabajo para nada fácil.

Naruto colocó todos los papeles en una pila ordenada sobre su escritorio y guardó sus útiles en un cajón antes de considerar su oficina lo suficientemente organizada.

–¡El desayuno!–gritó Sasuke justo a tiempo. Naruto cerró la puerta y se encaminó hacía la cocina, allí sus hijos ya estaban comiendo unas tostadas y tenían tanto un tazón de cereal como uno de fruta frente a ellos.

El rubio se sentó junto a su marido y le dio las gracias antes de comenzar a comer sus propias tostadas.

–¿Hanako irá a la casa de la abuela también?–preguntó Mikoto masticando un trozo de fruta.

–No se habla con la boca llena–le dijo Sasuke. Mikoto lo miró mal y Sasuke le devolvió la mirada con una ceja alzada.

–Lo siento–susurro después de terminar de masticar, entonces la niña miró a su Papi.

–Sí, Dei me dijo que ya se había curado y que no había peligro

–¡Jo!–exclamó Ren desde el regazo de Sasuke. –Yo quería tener varicela

–La varicela es horrible–le dijo Naruto. –Te salen ronchas por toda la piel que pican mucho–. Ren hizo un puchero, aun así él quería tener varicela.

Sasuke negó con la cabeza, sus hijos eran tan raros, todo era culpa de Itachi, quizá no debería dejarlos con él más…

En cuanto la familia terminó de comer, Naruto llevo a Ren a su habitación para ayudarlo a vestirse, el niño eligió una camiseta azul oscura y unos shorts negros que le había regalado su abuela.

Mientras tanto Sasuke abrió su ordenador portátil y revisó su correo electrónico, pero no había nada importante, solo un par de emails de sus empleados con reportes diarios.

–¿Qué estás haciendo, Papá?–preguntó Mikoto, su niña era hermosa e independiente, y una Uchiha de pies a cabeza, ella tenía la piel pálida, el cabello negro y los ojos de igual color, prácticamente era la reencarnación de su tocaya. Ella se había vestido sola, lo hacía desde que tenía seis años. Se había puesto un vestido blanco con tirante que le llegaba casi hasta la rodilla.

–Trabajo–respondió Sasuke sonriéndole antes de cerrar su ordenador portátil.

Minutos después, Naruto y Ren bajaron las escaleras ya listos. Ren también era un Uchiha de pies a cabeza, pero sus increíbles ojos azules como el cielo y su vibrante personalidad la había heredado de su portador.

–¿Alguien necesita ir al baño antes de irnos?–preguntó Sasuke mirando a los dos niños. Ambos negaron con la cabeza. –Entonces vamos, pero no corran

Mikoto tomo la mano de su hermanito, ya que este tenía la mala costumbre de salir corriendo, y se encaminó hacía el garaje. Una vez allí, ella abrió la puerta del coche y ayudó a su hermanito a sentarse en su silla y a abrocharle el cinturón de seguridad antes de sentarse y abrocharse ella misma.

Naruto se aseguró de que sus cinturones estuvieran bien puestos antes de sentarse en el asiento del copiloto, Sasuke ya había puesto el motor en marcha.

El viaje fue corto, tanto Kushina y Minato como Itachi, Deidara y Sai y Gaara vivían en el mismo vecindario, muy cerca unos de otros ya que querían estar juntos.

La casa de Kushina seguía siendo la misma en la que Naruto había crecido, pero con los años la habían reformado un poco, la habitación de Naruto se había convertido en una oficina desde la cual trabajaba su madre, quién administraba los hospitales que Minato había heredado cuando su abuela murió, la mujer no se había disculpado cuando Minato le había pedido explicaciones hace ocho años, ella simplemente había dicho que había hecho lo mejor para Minato, su abuelo le había contestado que había hecho lo mejor para ella misma porque era una egoísta, después de aquella confrontación ellos no habían vuelto a hablarse y cinco años después la mujer había muerto sola y amargada.

Minato no había querido tener nada que ver con su herencia, pero Kushina lo había convencido para que la aceptara diciéndole que ella se encargaría de administrar todo. Naruto creía que, en realidad, era todo muy irónico, su madre – la mujer a la que la abuela de Minato rechazaba – había terminado administrando su querida empresa, y lo hacía tan bien que sus ingresos se habían multiplicado, pero su madre no era ambiciosa y donaba más de la mitad a la caridad, incluso había creado un fondo solidario para las madres, los padres y los portadores solteros del que estaba muy orgullosa.

Minato era muy feliz trabajando en el hospital central de Konoha, después de todo ser médico era su pasión, y a su madre ya no la explotaban ya que era su propia jefa.

Mikoto y Ren se bajaron del coche y salieron corriendo a la entrada de la casa para después comenzar a tocar el timbre sin cesar, Naruto negó con la cabeza y se bajó del coche junto con Sasuke.

–¡VOY!–escucharon a Minato gritar desde adentro.

–¡Somos nosotros abuelito!–gritaron Mikoto y Ren al unísono.

–¿Ustedes, quién?–preguntó el hombre del otro lado de la puerta. Naruto sonrío con diversión.

–¡Mikoto y Ren!–exclamaron los niños.

–¿Y esos quiénes son?

–¡Somos tus nietos!

–Ah… ¡Mis nietitos!

La puerta se abrió hacía atrás, Minato los recibió con una sonrisa y los niños prácticamente se abalanzaron sobre él.

Sasuke siguió de largo sin más, Naruto se detuvo a saludar a su abuelo con un cariñoso abrazo, le había costado, pero había logrado formar una relación con el hombre, él era en realidad una muy buena persona y, desde que había aparecido en sus vidas, se había dedicado a recuperar el tiempo perdido. Además mimaba a su madre en demasía y siempre estaba preocupándose por la familia.

Deidara siempre se quejaba porque decía que era un pesado y un entrometido, Naruto sabía que lo decía en broma, había pillado a su portador más de una vez sonriéndole a su abuelo con amor.

-¿Cómo te va en el hospital?-le preguntó el rubio menor después de abrazar al mayor.

-Bien, pero no hablemos de eso que estoy de licencia y quiero disfrutarla lo más posible

-Eres el dueño del hospital abuelo, puedes tener licencia cuando quieras-le dijo Naruto.

-Mi esposa es la dueña, solo soy su fiel servidor y esclavo sexual

-¡Yuck! ¡Abuelo! No quería saber eso sobre mi madre…-se quejó Naruto haciendo una mueca de asco, en serio que no le interesaba la vida sexual de su madre.

En el pasado Naruto había intentado llamar a su madre: abuela, pero él no había podido, Kushina era y siempre sería su madre. Sin embargo él sí llamaba "Papá" a Deidara y a Itachi, él no recordaba cómo ni cuándo había sucedido eso, pero hacía un largo tiempo de aquello, aunque si recordaba que le había costado mucho más con Itachi.

-¿Mis padres aún no han llegado?-cuestionó el rubio con el ceño fruncido. Su abuelo se estaba riendo de él.

-No, pero Sai y Gaara están aquí con Kazuki y Ai

-¡Kazuki!-exclamó Mikoto antes de salir corriendo al jardín de la casa arrastrando a su hermano menor con ella. Naruto sonrío felizmente caminando por el pasillo con su abuelo a su lado hacía el jardín.

-Ellos siempre son los últimos en llegar

-Creo que es cosa de Dei-murmuro Minato.

-Definitivamente es cosa de mi Papá Dei, antes de que comenzaran a salir otra vez él siempre era el último en llegar a las reuniones familiares. De hecho mi Tou-san solía ser el primero

-Pero eso era porque siempre estaba ansioso por ver a Deidara

-Sí, pero mi Papá siempre llegaba último porque no quería ver a mi Tou-san

Deidara e Itachi, después de muchas vueltas y de muchos desengaños amorosos con terceras personas que siempre rompían con ellos porque "No los amaban lo suficiente", habían decidido darse otra oportunidad hace cinco años.

Habían llegado a la conclusión de que, por mucho que lo intentarán, jamás serían felices porque no podían dejar de amarse entre ellos.

Al principio no se lo habían dicho a nadie en la familia porque no querían que su relación afectará la dinámica familiar que tanto les había costado establecer por aquel entonces, pero no tuvieron más remedio que revelar la verdad cuando, seis meses después, Deidara se quedó embarazado.

Naruto recordaba con tristeza y felicidad el día en que descubrió la noticia. Deidara había estado tan asustado.

-¿Qué pasa?-le había preguntado Naruto, su pequeña Mikoto de apenas cuatro años dormía con la cabeza apoyada sobre su vientre abultado, tenía cinco meses de embarazo.

Deidara estaba pálido y ojeroso, su cabello normalmente brillante estaba opaco y casi sin vida.

-No es nada

-Sabes que con eso no me vas a convencer, llevas más de una semana comportándote extraño

-Estoy bien, son cosas de la edad

-Tienes treinta y cuatro años, Mamá tiene más que tú y no la he visto así de deprimida y vomitando por los rincones antes, casi parece que estás-. Naruto se quedó en silencio ante el pensamiento, sus ojos se abrieron como platos.

Deidara se mordió el labio inferior y bajo la cabeza.

-¡¿Estás embarazado?!-exclamó Naruto con incredulidad. Sus brazos se estrecharon alrededor de su hija durmiente.

-Y-yo...-balbuceo Deidara sin saber que decir, entonces alzó la cabeza y al ver la mirada de su hijo; confesó sin más, él le había prometido que ya no le mentiría. -Si

-P-pero ¿De quién?-preguntó Naruto aún sorprendido. -No sabía que estabas saliendo con alguien y tú última relación fue hace siete u ocho meses

Deidara suspiró con cansancio, sabía que tarde o temprano tendría que decírselo a Naruto, él había decidido que sería el primer en enterarse, pero no esperaba tener que decírselo hoy mismo.

-Empecé a salir con alguien hace seis meses-dijo finalmente.

-¿Con quién? ¿Es alguien que yo conozco? ¿Por qué no me lo dijiste antes?-cuestiono Naruto rápidamente.

-Sí, es alguien que conoces y no te lo dije antes por eso precisamente

-¿Quién es?

-Es…-. Deidara miró a Naruto apretando los labios, tenía que decírselo, era ahora o nunca. –Es tu padre

-¡¿Está saliendo con mi Tou-san?!-exclamó Naruto con los ojos muy abiertos.

En realidad no lo había sorprendido tanto…toda la familia había notado que Itachi y Deidara jamás serian felices con alguien más porque aún se amaban, pero nadie había querido meterse entre los dos, era mejor que lo resolvieran entre ellos.

-S-sí

Naruto frunció el ceño al notar la mirada abatida y la tristeza en los ojos azules de su progenitor.

-¿Y cuál es el problema exactamente? ¿Por qué estás tan triste?-preguntó con suspicacia.

Deidara volvió a suspirar.

-Yo…no sé cómo decirle sobre el bebé, no es algo que planeáramos-confesó el rubio mayor.

-¿Y eso qué?

-¿Y si él no quiere otro hijo? ¿Y si él…me ab-

-Sabes que él no haría eso

-¡Ya lo hizo una vez!-exclamó Deidara, las lágrimas se habían formado en sus ojos azules.

Naruto suspiró y atrajo a su hija un poco más para poder inclinarse hacia adelante y colocar una mano sobre la de su padre.

-Sabes por qué lo hizo, y con eso es suficiente para saber que no lo volverá a hacer.

-P-pero él aún podría

-Sabes que no es así, él no te dejará-le aseguró Naruto.

-¿Cómo estás tan seguro?-cuestionó Deidara mordiéndose el labio inferior.

-Todos sabíamos que solo era cuestión de tiempo que volvieran a estar juntos-dijo Naruto. -En las cenas familiares siempre te está mirando, y no habla de otra cosa que no seas tú, además dejó todo por ti y siempre está pendiente de lo que necesitas

-T-también está pendiente de ti-murmuro el rubio mayor con las mejillas sonrojadas.

-Yo soy su hijo, es diferente-. A Naruto le había costado unirse a Itachi y sentirlo como su padre, pero con el tiempo ambos lo habían logrado ya que Itachi era muy insistente y no había dejado que la relación se enfriara en ningún momento, él se había disculpado incontables veces y, cuando necesitaba hablar con alguien, él siempre estaba allí para él. -Él te ama con locura, y ahora que te tiene no te dejará ir, créeme…

-Tengo miedo, yo…no puedo volver a pasar por eso-susurro Deidara apretando los puños, él no quería volver a pensar en el dolor y sufrimiento que había pasado con su primer embrazo, no quería que la historia se repitiera una vez más.

-Te prometo que todo va a estar bien-le volvió a asegurar Naruto con seguridad. -Él amara la noticia

Naruto había tenido razón, Itachi había amado la noticia y de inmediato le había pedido a Deidara que se casara con él prometiéndole amor eterno e insistiendo en que no iba a cometer los mismos errores del pasado. Deidara había aceptado casi de inmediato.

Todos se habían tomado la noticia con tranquilidad, sabían que Deidara e Itachi volverían a estar juntos tarde o temprano, aun así Kushina había amenazado a Itachi prometiéndole algo más doloroso que la muerte si le volvía a hacer daño a su bebé. Itachi había tragado con lentitud antes de asentir con fuerza. Minato le había estado enviando una mirada asesina parado detrás de su esposa todo el tiempo.

Ellos se habían casado antes de que Hanako, su hermana menor, naciera y desde entonces estaban juntos.

-Si es que negar el destino no sirve de nada-murmuro Minato.

-Más bien negar sus propias emociones, pero creo que está bien cómo sucedieron las cosas. Mi Papá necesitaba tiempo y Tou-san también después de lo que pasó, creo que si se hubiesen reunido antes, mi relación con él sería diferente

-Supongo que las cosas fueron como tenían que ser entonces-declaró Minato con una sonrisa.

-Sí

Naruto suspiró nada más salir al jardín y ver a Sasuke parado junto a la parrilla mirando a Sai con el ceño fruncido, por alguna extraña razón ambos Uchiha jamás se habían llevado bien. Sasuke siempre insistía en que Sai era una imitación barata.

-Naruto-. El nombrado se giró y le sonrío al pelirrojo frente a él, quién tenía un pequeño bebé en sus brazos.

-Gaara ¿Cómo estás? ¿Y cómo está mi preciosa ahijada?-le preguntó el rubio de inmediato acercándose al pelirrojo para arrullar a la niña en sus brazos. Uchiha Ai había nacido hace apenas dos meses y toda la familia la amaba, era un pequeño rayo de sol. Kushina la adoraba particularmente porque tenía el cabello igual de rojo que el suyo.

-Ambos estamos bien, tienes ojeras ¿Cómo va el caso?-cuestionó Gaara meciendo a la niña en sus brazos.

-Bien, pero es complicado, son doce niños después de todo…

-Sabes que si necesitas ayuda solo debes pedirla-le insistió el pelirrojo.

-Lo sé, ahora déjame a mi ahijada

Gaara suspiró, ya que sabía que Naruto había cambiado el tema a propósito, pero de todas formas le entrego a la bebé con cuidado. Naruto recibió a la niña con los brazos abiertos y sonrío al sujetarla, le recordaba a su propia bebé, pero Mikoto había sido más pequeña…aún recordaba la primera vez que la había cargado, él había llorado.

Ambos se sentaron debajo de una sombrilla y se quedaron en silencio observando a los niños, quienes estaban jugando en el parque de juegos que había construido Minato especialmente para ellos hace tres años. Ren estaba jugando en el arenero mientras Kazuki y Mikoto disfrutaban del tobogán.

-¡Naruto ya estás aquí!-. El rubio se giró y le sonrío a su madre, quién llevaba un vestido blanco muy parecido al de su propia hija.

-Por supuesto que sí Mamá, creí que no dejarías el papeleo

-La familia es lo primero-le dijo la pelirroja acercándose para poder besar la mejilla de su hijo/nieto. Ella también saludo a Gaara y beso la frente de la pequeña Ai.

La mujer pelirroja también se acercó a Sasuke y Sai para saludarlos con una fuerte palmada en la espalda y una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Quién está vigilando la comida? No queremos carne quemada

-¡Yo mi queridísima esposa!-exclamó Minato apareciendo de la nada con un cuenco de salsa barbacoa.

-Así me gusta esclavo

-¡Mamá!-exclamó Naruto frunciendo el ceño, las palabras que su abuelo le había dicho en el pasillo volvieron a su mente repentinamente. Kushina se encogió de hombres.

-¡A pesar de mis cincuenta y tres años aún tengo vida sexual!-anuncio la mujer con orgullo, sorprendentemente no aparentaba la edad que tenía, la gente siempre solía darle treinta y siete o cuarenta como mucho.

-¡Ugh! ¡Mamá! Basta ya por favor-. La mujer pelirroja se rio de la expresión de su hijo/nieto con alegría.

Sasuke suspiro con resignación, ya que con el tiempo se había acostumbrado a la locura de su familia, y se acercó a su esposo para sentarse a su lado y apoyar su cabeza sobre su hombro. De inmediato las pequeñas manos de Ai se posaron en su barbilla y sus ojos lo atravesaron, era una niña curiosa.

Naruto beso rápidamente la mejilla de su marido y le hizo cosquillas en el vientre a su ahijada.

-¿No te dan ganas de tener otro?-le preguntó al Uchiha.

Sasuke apartó la mirada de la bebé y la desvío hacía sus hijos, Mikoto se había aburrido del tobogán y actualmente estaba construyendo un castillo en la arena junto a Kazuki. Ren estaba haciendo un pozo no muy lejos de ellos. Ambos tenían sonrisas de oreja a oreja en sus pequeñas caritas. Sasuke solía quejarse mucho de sus hijos, pero él los amaba tanto, junto a su esposo, eran la alegría de su vida.

Cuando llegaba del trabajo cansado y con ganas de acostase a dormir y no volver a levantarse, eran sus hijos y su esposo quiénes le daban la fuerza para continuar a pesar de todo.

-Sí-susurro finalmente, él tenía espacio de sobra en su corazón para otra más.

-Bien, eso es bueno-dijo Naruto.

-¿Mm?-cuestionó el Uchiha girando la cara para mirar a su esposo. Naruto apartó la mirada con tranquilidad y tomo la mano de su marido para colocarla junto con la suya sobe su vientre. -¿Estás-

-Sip, dos meses-anunció el rubio con felicidad.

Sasuke sonrío de lado y beso su mejilla para después frotar su vientre suavemente.

Justo en ese momento se oyó un grito y una niña pequeña salió de la casa corriendo hacia el jardín, la niña de impresionante cabello rubio como el oro se escondió detrás de Kushina.

Segundos después, por la misma puerta apareció Itachi.

-¡Hanako!-exclamó ignorando a la niña con los ojos fuertemente cerrados que estaba escondida detrás de Kushina a pesar de que todos la podían ver claramente. –Sé que estás aquí…

-¡No estoy aquí Tou-san!-exclamó la niña sin abrir sus ojitos. Itachi se acercó a su posición.

-¡Puedo olerte!-exclamó para después envolver a la niña entre sus brazos.

-¡No!-gritó la niña para después echarse a reír a carcajadas cuando Itachi comenzó a hacerle cosquillas debajo de los brazos.

Deidara, quien llegó detrás de Itachi, simplemente negó con la cabeza ante las payasadas de su marido y fue a saludar a su hijo, en cuánto lo vio junto a Sasuke con las manos sobre su vientre frunció el ceño.

-¡¿No me digas que voy a ser tío otra vez?!-exclamó.

-¡Abuelo!-gritaron todos automáticamente, incluso los niños, y de inmediato todas las miradas se dirigieron a Sasuke y Naruto.

-¿En serio?-preguntó Gaara con el ceño fruncido.

-Son como conejos-dijo Sai. Sasuke le lanzó una mirada de desprecio.

-¡Oye!-exclamó Naruto devolviéndole a Ai a Gaara. –Un hijo cada cuatro años no está mal

Deidara negó con la cabeza con cariño y se acercó a la pareja para envolver sus brazos alrededor de ambos.

-Felicidades-susurro. Rápidamente Kushina, Minato, Itachi, Gaara e incluso Sai se acercaron para felicitar a la pareja.

Naruto les sonrío, a sus quince años su mundo casi se había derrumbado, pero ahora él era feliz y tenía una gran familia a la que amaba con todo su corazón, él no podía desear nada más que esto.

-Gracias

FIN


N/A: Y aquí está el epílogo, espero que hayan disfrutado de esta historia :)

Muchísimas gracias por leer

¡Que tengáis un estupendo día y un muy feliz año nuevo!

Saludos, Arisa