.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

ERWIN

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

.

—Y ¿Qué es esto?

Levi sentado frente al tocador blanco con flores lilas, miró el ovalado espejo que le mostraba un Eren sosteniéndose en puntillas delante de los estantes de su habitación, señalando con el índice la cubierta de juguetes, exactamente un viejo conejo de felpa al que le faltaban algunos botones que hacían de ojos y boca.

Al reconocerlo, el omega oprimió con fuerza el bote de crema que sostenía entre las manos, sobresaltado.

—Es un conejo —respondió, restándole importancia al asunto.

—¿Puedo tomarlo?

—Si —dijo cerrando los ojos antes de untar un poco de la loción en sus mejillas, llevaba el pelo hacia atrás, sostenido por un par de pinzas que encontró en la cómoda—. Oi, Eren —lo llamó— ¿Quieres quedártelo?

Sorprendido, el alfa dijo que sí y se puso a examinar cada parte del peluche con fascinación.

—No tienes aeroplanos o bloques de construcción —mencionó luego de un largo rato—. Mi padre me compró un castillo entero.

—Están en el cuarto del fondo la habitación de mis hermanos —advirtió el omega—. Pero no puedes entrar ahí, Eren.

—¿No tienes uno propio?

—¿Porque un omega necesita ese tipo de juguetes?

—Para... —se detuvo, pensativo—, es cierto. Cómprame uno, yo soy un alfa.

—Eres mi alfa. Ya no eres un niño.

El ojiverde frunció el ceño, visiblemente molesto.

—Voy a despertar a Mikasa.

—Antes de eso —Levi lo detuvo— siéntate en la cama.

El alfa obedeció con cautela, Levi había prometido no pegarle pero nada era seguro. Entonces lo olió, la primera feromona que crearon como pareja, irradiando desde el cuerpo de su omega. Solo ellos dos podrían descifrar su significado, para él se trataba de un sutil olor que lo envolvía de manera completa, susurrándole algo al oído. Como un viejo fantasma, posó sus invisibles manos sobre los hombros de Eren.

Era un enlace.

Inspiró el delicioso aroma del omega, le recordaba a la crema fundida y azúcar que mezcladas eran conocidas como "caramelos" en el mundo beta. Su padre le trajo una alguna vez.

—¿Estas en celo? —le preguntó arrastrando la voz.

—Te prometí inducir el tuyo —dijo Levi poniéndose de rodillas y acomodando la cara entre sus piernas, sus manos trabajaron rápido y en silencio, le pidió que se quedara quieto.

Una cálida y placentera sensación lo llenó por completo. Eren cerró los ojos, intempestivamente, ocultando un bajo gemido que amenazaba con explotar desde su garganta. Sus dedos, al igual que zarpas, atenazaron la elaborada colcha y jadeó abiertamente liberando un enorme carga de feromonas de placer cuando la boca del omega lo engulló por completo.

Levi se esforzó por complacerlo, saboreando el miembro de su alfa que comenzaba a palpitar dentro de la cavidad bucal. Pasó la lengua por toda su extensión atrapando la punta y chupando con fuerza.

Eren gruño bajito, uno de esos gruñidos secos que vibraban generados por sus pulmones, empujando las caderas había adelante. Realmente sería un gran alfa porque tan solo aquella simple muestra de su primerizo instinto hizo que se encogiera, intranquilo.

—Córrete —le pidió, controlando de manera eficaz al temeroso y exaltado omega en su interior que clamaba por salir y ponerse a cuatro delante de su alfa. Levi logró oprimirlo y darle paso a la razón.

Eren bajó la vista viendo como su omega lo recibía todo, saboreándolo. Algunos chorros le cayeron en la cara, en la frente y en la punta de esa respingada nariz bien esculpida. Gimió bajito al ver el rostro de su omega sucio de aquellos fluidos.

—No estoy anudando… —cuestionó Eren, intrigado.

Levi termino de tragar el semen, satisfecho. Cubierto por el aroma de Eren. Faltaba algo, hizo una mueca para que se inclinara y se frotó contra su cuello intentado atrapar cada partícula cubierta por la esencia del alfa.

—Lo harás —mintió— con el tiempo. Arréglate, mi madre los llevara a casa de Erwin.

Eren le dio un beso en la mejilla y fue a cambiar su pijama.

Levi olfateó el aire sintiendose asqueado, nunca imaginó que tendría que oler como su alfa. No le gustaba, para él, aquello era sinónimo de cobardía y simple vanidad. Su madre olía como Kaney, sus propias cuñadas apestaban a sus alfas, las decenas de omegas que conocía viciaban su maravilloso aire puro con un fuerte y dominante olor a alfa.

A Levi le gustaba su olor personal, también le agradaba el olor de Eren. No era fuerte ni transmitía miedo. Incluso se sentía mas tranquilo que nunca, como una ardilla bajo la piel de una mofetada muerta tirada en medio de un campo de leones. Nadie podía tocarlo, era inmune, estaba protegido...pero no por sus propios medios.

No con su fuerza.

Examinó su mejilla con la yema de los dedos, siempre y cuando fuera por Eren todo estaba bien. No le importaba ser humillado, con otro alfa quiza sí, pero con Eren, nunca.

Eso es lo que significaba ser una pareja destinada, o lo que él creía que significaba.

Desde hace mucho tiempo que había ignorado, por su propia voluntad, el enorme libro de reglas que les era enseñado a los omegas. Esa era su pequeña libertad, su preciado tesoro, su máximo secreto.

Cuando regañaba a Eren, cuando Eren le pedía permiso para jugar con sus amigos, cuando era libre de calmar su celo con sus propios juguetes y a su antojo, cuando iba a comprar al centro comercial y algunas omegas exhibían leves marcas causadas por sus alfas y él estaba limpio...esa pequeña libertad, ese fragmento, esa sencilla mota de que todavía gobernaba su vida, lo hacían feliz.

Verdaderamente feliz.

Olvidaba que solo los alfas podían controlar su instinto de manera plena, pero un instinto omega madurado en su totalidad lo rebajaba hasta el suelo ordenandole que debía ser delicado y sumiso. Sumiso y delicado.

—Termine —exclamó Eren poniéndose delante de la cama para mostrarle como iba vestido. Con un simple jean y camiseta, con su bonita sonrisa de alfa inocente. Con su incondicional amor de niño—. ¿Tienes sueño? —le preguntó.

Sin darse cuenta, Levi se había escabullido debajo de las mantas acurrucandose dentro de ellas.

Jodido instinto de mierda.

—Si —volvió a mentir.

—No quiero dejarte solo.

Quizo hecharse a reir, su alfa se preocupaba por él, era verdaderamente adorable. Pero mantuvo su estoica expresión, esa que ningun alfa ni instinto masoquista de mierda iba a quitarle, le arregló el cabello a Eren estirando una de sus manos limpias y le ordenó que se fuera y cumpliera lo prometido esa noche.

El alfa aspiró una última vez el dulce aroma ed su omega y se fue, Mikasa ya lo esperaba en la puerta.

Pudo escuchar su voces, la gruesa voz de Kaney pidiendo entrar y la apacible voz de su madre diciendole que debía estar cansado y era tarde para ir al trabajo.

Levi planeaba quedarse ahí toda la mañana, no iba a molestarse en bajar y ayudar a su madre. Kushel era una omega solitaria y en tanto esperaba el regreso de su alfa del trabajo toda la casa se convertía en su patio de juegos. La última vez que quiso ayudarla con la limpieza ella lo mandó afuera para que jugara con Erwin sin molestarlo.

Los omegas nacieron para dar amor, no para escalar en la torpe pirámide de la jerarquía.

De nuevo se sumergía en la espiral de los dilemas.

Dejarse llevar o no.

Ser un omega sumiso o un omega rebelde.

Junto a Eren nunca cumpliría sus sueños, pero sin Eren no sería capaz de siquiera tocarlos.

Contradictorio.

"Tú vas a ser alguien grande"

Esas palabras nunca las olvidaría, se las dijo Erwin y Levi las atesoró como un preciado regalo.

Erwin...el cejotas.

Sonrió para si mismo recordando los buenos tiempos que pasaron juntos.

Lo extrañaba.

.

.

.

Se despidieron de Kushel en la gran verja que llevababa a la casa de Erwin. La omega vestía un camison blanco con el cuello abierto que dejaba ver su marca, una gran marca bonita y ovalada que ella llevaba casi con orgullo.

Kushel les indicó que esperaran porque Erwin atendía una llamada y los dejó solos.

Unos minutos mas tarde apareció Erwin, un alfa rubio y alto de cejas espesas y profundos ojos azules. Tenía la misma edad que Levi y Farlan, los recibió amablemente al saber que ellos eran familiares cercanos a Levi.

Les dijo que su omega era maestra en una de las primarias omega y los llevó a ver el gran ejemplar siberiano que dormitaba en el patio, un gran perro blanco con negro que tuvo media docena de crías hace semanas. Ver a un ejemplar como ese era bastante inusual, por lo general los escasos animales permitidos dentro de las comunidades eran importados del exterior beta despues de nacer y eran modificados de manera que todas las enfermedades que tuvieran fueran exterminadas para poder venderse en pequeño mercado alfa-omega.

Una de las crías se tambaleó hasta Mikasa y el alfa le dió permiso de ir y llevarla de vuelta a su nido de mantas instalado al otro lado del jardín.

Erwin y Eren quedaron solos, sentados bajo el pórtico de la casa.

Eren permaneció callado y para romper el tenso silencio le preguntó porque no trabajaba.

Erwin arqueó una ceja, sorprendido.

—Soy el alcalde de esta comunidad y médico dentro de ella —aclaró pausadamente—, espero un puesto en la universidad central de alfas.

—Nosotros también tenemos un médico —dijo Eren— antes de eso mi padre era el médico de la comunidad y el presidente de los médicos regionales del país.

—El hermano mayor de Levi es el actual presidente de los médicos regionales del país —soltó Erwin midiendo una a una cada palabra al ver la atontada expresión del niño—, ocupó el puesto luego de que Grisha Jaeger falleciera. Estudiamos juntos.

Los ojos de Eren se abrieron como platos al escuchar el nombre de su padre.

—Y ahora —prosiguió— el hijo de los Jaeger es el alfa del hermano menor de River, Levi tuvo mucha suerte al emparejarse contigo, él nunca progresaría aquí, no con sus ideas.

—N-nadie escoge pareja… —le recordó Eren, evitando tocar el tema.

El alfa más grande lo fulminó con aquellas orbes azules que poseían un brillo especial, casi interesado.

—La naturaleza es realmente sorprendente —dijo— te creó a ti y a Levi con los genes compatibles y un ADN que al unirse procrearía a alguien perfecto, pero no puede imponerse sobre el destino, sin embargo ustedes lograron estar juntos.

—Es lo que las parejas destinadas siempre hacen —reparó Eren, recordando sus clases en la escuela—, es natural.

—Dicen que el doctor Grisha investigaba el caso de las parejas destinadas pero murió en un trágico accidente.

Erwin presionaba, presionaba mucho, aflojaba los tornillos de su cordura con cada pregunta que hacia. Era bueno en eso, decir algo pequeño que ocultara algo mas grande. La pregunta estaba clara.

Quería

—Papá murió en un incendió —recordó Eren— junto con mi madre, él estaba trabajando en el laboratorio.

Sus rodillas se plegaron hacia su pecho y las abrazó con fuerza, odiaba recordar aquellas cosas. Odiaba recordar como vio morir a sus padres sin que pudiera hace nada. Odiaba que Erwin le sacara las palabras fácilmente.

—Lo entiendo —declaró el rubio—. Mis padre murieron de la misma forma, en el exterior beta. Y no volví a verlo jamás.

—¿Enserio? —los verdes ojos del alfa viajaron rápidamente hacia el rostro del mas alto.

El rubio asintió, mostrándose comprensivo.

Existía alguien que podía comprenderlo. El duro muro de rechazo que lo rodeaba se aflojó un poco, Erwin era confiable, si Erwin vivió lo mismo entonces lo entendía. Eran iguales.

—¿Piensas continuar con la carrera que tu padre dejó? —preguntó entonces el mas alto, aprovechando que las defensas del niño estuvieran bajas— ¿Vas a ser médico?

—No lo sé —respondió con franqueza— ¿Usted es médico porque le gusta?

Alcanzar el alma de ese niño y ver su interior era extremadamente fácil, al igual que un libro abierto, Eren no reparaba en sinceridad cuando confiaba en alguien.

—Cada comunidad alfa-omega se caracteriza por algo —Erwin volvió a rotar el tema—. La suya debe ser…

—Igualdad.

—Aquí usamos el lema: justicia. La mayoría trabaja en la política, siguen el orden y las leyes. Menospreciando betas y omegas —resumió—. Si quieres que tu omega pueda estudiar tienes que obtener un puesto alto, de lo contrario te niegan el permiso.

—¿Usted se convirtió médico para que su omega estudiara?

—Si.

Entonces Eren comenzó a formular ideas.

—Si me convierto en médico —manifestó— entonces ¿Levi puede entrar a la universidad?

La expresión de Erwin se volvió dura.

—Puede ser posible —respondió.

—El mundo beta es más fácil… —opinó Eren, con cautela, estaba harto del "Puedes verlo, Eren, incluso tocarlo. Pero nunca tenerlo."

Ambos eran iguales, perdieron a sus padres en un incendio. Quizá Erwin fuera diferente.

Así que se armó de valor y le contó todo lo que vio afuera, en el mundo beta. También su nuevo y anhelado sueño de llevarse a Levi ahí afuera y convertirse en betas.

Erwin entendería. Levi siempre entendía y Erwin sería como Levi.

No lo fue.

Vio como el alfa adulto se tensaba con cada palabra, su halagüeña sonrisa cayó como una careta mal pintada y al parecer trataba de analizar lo que dijo de una forma más profunda.

Pero fue tajante, tenaz y cruel.

—Es una lástima, no te pareces a tu padre —le dijo de manera mordaz—, los sueños de Levi terminaran enterrados contigo —susurró mas para si mismo que para Eren. Parecía apenado, casi triste.

Supuso que todo signo de querer amistarse con el alfa había fracasado porque Erwin se levantó y fue directamente al otro extremo del patio y no volvió a abrir la boca más que para enseñarle a Mikasa la forma de cuidar a lo siberianos.

Eren se sintió mal.

No quería molestar a ese alfa.

Arrastrando los pies se acercó a ellos, con cautela.

Erwin les enseñó como bañar a los siberianos y que darles de comer. Su omega llegó mas tarde, una extrovertida pelirroja de ojos claros llamada Isabel que les dió galletas y jugo de naranja.

Trabajaba como maestra de niños omega pequeños, parecía contenta y si ella estaba contenta Erwin también lo sería.

Cuando Kushel los fue a buscar ya comenzaba a anochecer.

—Aquí no se ve ninguna estrella —mencionó Mikasa mirándo al cielo.

—Es difícil verlas desde aquí —le dijo Isabel—, esperen un poco mas y saldra alguna.

Erwin termiba de apilar los papeles de su traslado a la universidad, vió por la ventana como su omega y ambos niños se quedaron parados en la entrada, mirándo al cielo.

Vio al alfa castaño esforzandose por encontrar algun destello de luz con sus enormes ojos verdes.

Recordó a Levi.

Ahora no podía verlo, ni hablarle...no sin el permiso de ese niño lo cual era muy frustante. Casi entendía a Farlan y la manera como llegó enojado a casa aquella noche encerrándose en su habitación.

Un ex liberal y un niño alfa con aires de libertad.

Quien lo diría.

De seguro el pequeño ni siquiera soñaba con su omega convertido en un liberal, negándose a encontrar pareja y formar parte de las absurdas leyes. Farlan le había contado, casi a gritos, que Levi ahora era distinto, completamente dominado por un mocoso, aferrado con uñas y dientes a aquellas leyes que tanto repudió alguna vez.

Existieron muchas casualidades en esa unión, la naturaleza era caprichosa. Y ahora, que el hijo de Grisha Jaeger -inventor de la pastilla de sueño- se encontrara unido con Levi, realmente lo tenía sorprendido.

Su instinto se lo decía.

Algo grande se estaba acercando. Algo tan grande como alguna vez pasó dentro de esos muros y lo suficientemente importante porque esta vez, no existiría barrera que los derrotara como en el pasado. Como lo hicieron con Levi y Farlan, aquel castigo había provocado que Levi, el arrogante y frio Levi, huyera de casa en busca de su alfa.

Nadie puede comprar la felicidad.

Ellos lo habían logrado y pagarían con creces.

Eren terminaría lo que Levi comenzó hace años, por eso fueron pareja destinada. Uno de ellos sería el freno y otro el acelerador, todo cobraba sentido.

Solo esperaba que el niño no rompiera a su omega, no tan pronto.

PRÓXIMO CAPÍTULO

TERRITORIO

Lo tengo todo pero no tengo nada.