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Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
MIEDO
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
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—Farlan me dijo que te convertiste en un buen omega, pero yo no puedo ver el cambio.
La cabeza de Levi golpeó la pared por cuarta vez, River lo había empujado sin cuidado alguno, dolió mucho.
De espaldas, agachado y con las manos sosteniendo su cuerpo contra la pared, el azabache se hallaba completamente sometido a los deseos de River. Y River no se frenaría hasta humillarlo, hasta hacerlo sentir desgraciado. Ese era, por demás, el mayor encanto de su hermano, romper en pedazos el orgullo de los demás.
—Farlan no habla contigo —le siseó.
—Levanta más la cadera y abre tus piernas —River decidió ignorarlo— creí que los omegas eran flexibles.
Así lo hizo Levi. Separando sus piernas para sentir como las delgadas y frías manos del alfa de ojos azules deslizaban el delicado short blanco para dejarlo caer al suelo, enredado entre sus tobillos.
Un tenso gruñido escapó de la garganta del alfa.
—¿Debería odiarte? —mencionó Levi, sin moverse de su sitio.
—No puedes hacerlo. Quédate quieto —ordenó River posando un par de dedos sobre la columna de su hermano menor—. Ahora —su voz sonaba gruesa y cruel, divertida— mójate, Levi. Quiero que lubriques como si estuvieras en celo.
El omega se tensó por completo, ensanchando los ojos. Pero no dijo nada, mantuvo su dignidad en alto mientras sentía como su cuerpo respondía a las órdenes de aquel alfa. Como sus piernas temblaban y un helado sentimiento le erizaba la nuca al percibir el líquido caliente goteando desde su ano y deslizándose por ambos muslos.
Igual que un animal en celo.
Su rostro se puso caliente y el nudo en la garganta lo atenazó por completo.
Aun así se mantuvo sereno.
—Tú no querías un alfa —comenzó a decir River— siempre me pedías que te ayudara a escapar, odiabas las reglas. Mi error fue enseñarte a controlar ese perfecto instinto que tienes, sin embargo suplicaste no encontrar a tu destinado nunca en tu vida. Y yo te ayudé —posó la mano en la columna del omega, volviendo a empujarlo para que su frente chocara contra la pared, sin remordimiento— ahora quieres culparme por algo que tú provocaste. Tú enviaste a Eren a ese orfanato, fue tu obstinación, no la mía. Pero tenías que crecer y tirar mis esfuerzos por la borda, escapaste de casa como perro que busca a su dueño. Eres un cobarde, no, eres un omega.
Los latidos de su corazón aumentaron de nivel, su mente estaba nublada.
Todo lo que River le dijo era cierto, pero buscó a Eren por otros motivos.
¿Supervivencia? ¿Instinto?
Desde el momento en que nació como un omega, nació destinado a un alfa, uno que tuviera los mismos genes idénticos y compatibles para poder procrear y dar a luz las crías más fuertes y resistentes.
Eso no era amor.
Un "hilo", una cadena los conectaría a ambos, quieran o no, determinado que cada uno pueda sentir lo que el otro sintiera. Su cuerpo, su instinto, su alma, añorarían tanto a su pareja destinada que sin esta se sentiría completamente vacío, sin ningún objetivo en la vida. Desprotegido.
El amor era abstracto, impreciso.
Necesitas la compañía de alguien para poder encontrar algún sentido en este mundo. Solo que ese alguien ya fue escogido independientemente de que tú o quisieras o no. La persona que te acompañaría en la soledad, en los momentos de alegría y tristeza. Eso sentía por Eren. El amor iba creciendo poco a poco, germinando en silencio ayudado por la rutina, la costumbre, incluso la amistad. Y un día sin darte cuenta, terminabas rotundamente enamorado de esa persona, de tu destinado.
Levi lo amaba, amaba a Eren con todas sus fuerzas. No se trataba solo del instinto, ese era el encanto de las parejas destinadas, un precioso regalo que los hacía a todos sumergirse en esa comprada felicidad, comprada pero real.
—Todo fue mi culpa, nunca le diré a nadie que yo envié a Eren a ese orfanato porque entonces mi alfa tendrá que castigarme. Y seré muy complaciente con él cuando me rompa la cara y cuando deje de amarme, cuando me trate como la peor escoria —pronunció River, con una calculada tranquilidad—. Repítelo —ordenó.
Levi contrajo los labios pero estos se abrieron solos, contra su voluntad.
—Todo fue mi culpa…
Se escuchó a si mismo repitiendo aquello, como un muñeco.
Soportándolo solo, siempre solo.
Los omegas eran delicados, difícilmente controlaban el instinto y por ello se veían obligados a rehuir a los alfas. Porque su voz les provocaba miedo, sus feromonas los aterraban. Los desgarraba por dentro y las crueles palabras que River le decía a Levi se estaban implantando dentro, muy dentro.
Levi olió la primera feromona de enojo cuando terminó de recitar aquella promesa.
Voy a hacer que Eren sea quien te rompa, pedazo a pedazo. Te lo juro.
El escalofrío fue rápido, subió por la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Luego vino la odiosa sensación de estarse hundiendo, el estómago le dio un vuelco, las picantes lágrimas se agolparon en sus párpados y el labio le tembló irremediablemente.
Cuando se dio cuenta de todas aquellas sensaciones provocadas adrede, Levi ya había soltado un bajo gemido parecido a un sollozo. Demasiado bajo para ser escuchado y ese gemido lo devolvió a la tierra para recordarle quien era él. Entonces redobló los esfuerzos por esquivar la voz de alfa de River, mantener su cuerpo sereno y congelar su expresión en una completa apatía.
—Mírame.
Lo logró, pero a cambio de soltar feromonas llenas de un negro y oscuro terror que lo ahogaba en un completo estado de pánico. Como si hubiera visto como degollaban a Eren frente a los ojos, cientos de veces, en una repetición que no se detenía jamás.
Levi se puso de pie, tomando una posición de ataque y soltura. Con la espalda recta y los brazos cruzados. No le importo estar desnudo, la camisa cubría sus muslos.
—Puedo decírselo a Anthon —lo enfrentó, notando con satisfacción que su voz sonaba normal, nada de temblores o sollozo que él consideraba patéticos—. Que tú me desnudaste en una habitación.
River frunció el ceño. No entendía del todo, Levi soltaba feromonas de miedo que comenzaban a llenar todo el cuarto pero parecía calmado. Incluso más serio de lo normal.
Por un momento pensó que su hermano en verdad era fuerte, muy fuerte. El orgullo de su padre, Levi no se dejaba doblegar por ningún alfa, podía soportar a cualquiera y eso solo lo convertía en un blanco muy peligroso.
Suspiró frustrado, pero ciertamente, aliviado. Un Levi sumiso y emocional no le resultaba atractivo o siquiera digno de ser tomado en cuenta, el verdadero en cambio era más tenaz, sólido como el mármol. La dureza de sus palabras y por debajo, un sutil encanto omega era lo que completaba a Levi.
—Si mantienes la boca cerrada yo haré lo mismo —le ofreció.
La venenosa mirada del azabache lo obligó a dejar de sonreír.
—¿Quieres follarme? —le insinuó entonces— deberías hacerlo y te matarían en la corte.
La fuerza bruta no era una opción contra un omega pero Levi sabía muy bien hasta donde provocar a un alfa y salir ileso.
—Eres mi hermano.
—Quizá seas un pervertido de mierda.
A River le sorprendió ese cambio tan brusco. Ese Levi tan indiferente y peligroso.
—Pídeme perdón —contraatacó.
El omega de Levi se mostró dispuesto a obedecer pero Levi lo retuvo con fuerza.
—Tengo mejores cosas que hacer.
A River le gustaban los retos, así que aceptó lo que Levi tenía para ofrecerle y se lo lanzó de vuelta enviándole feromonas que indicaban que estaba furioso, nada complacido y podría golpearlo.
—Le romperas los sueños a Eren —le dijo— tarde o temprano él querra salir de aquí pero tú eres una cadena que lo ata.
—Sobrevivirá
—Estas temblando.
Levi no contestó.
Entonces River levantó la mano, dispuesto a golpearlo como dijo.
Los recuerdos lo embargaron, solían jugar juntos a las luchas a pesar de que eso enfadara a Kushel. Siempre los mismos golpes y los mismos movimientos. Solo de esa forma el azabache pudo esquivarlo fácilmente, cuando el puño de su hermano se estrelló contra la pared. Si lo hubiera olvidado ahora estaría con un feo hematoma en la cara.
Esa acción solo pudo quebrar un poco su cordura, pero Levi siguió luchando, sin mostrar ningún gesto de dolor o miedo. Simplemente le regaló una perfecta nada.
El fuerte olor que emanaba el alfa lo cubrió y esta vez los pies le fallaron, se mantuvo firme.
Esto era el miedo, no uno cualquiera sino el verdadero miedo que se sentía al ser retado por un alfa. Eren nunca trató de provocarle pánico a Levi, que inocente era, ajeno al propio poder que tenía.
Fue entonces cuando River pudo encontrarlo, el punto débil de su hermano.
—Voy a hacer que Eren sea quien te rompa, pedazo a pedazo —sus pesadillas se hicieron realidad—. Te lo juro.
Antes de que el omega de Levi terminara por quebrarse, Anthon abrió la puerta sorprendiéndolos a ambos. Rápidamente retrocedió, cubriéndose la boca con un gesto de asco y expectación a causa del choque de feromonas que llenaba la habitación.
—River… —le gruñó a su hermano, aumentando su molestia al ver el estado de Levi.
—No es tu problema —contestó el alfa, alejándose con actuados pasos.
Levi seguía de pie, mas desnudo que nunca, sintió una pequeña brisa congelándole las piernas y exhalo todo el aire que contenía. La mirada asesina de Anthon no iba dirigida a él, su hermano siguió a River claramente tratando de confrontarlo y en cuanto se apartó de la puerta el azabache pudo sentirse un poco más tranquilo.
No más alfas. Escuchó el débil susurró de su omega interior, ese pequeñito y frágil Levi, encogido por el miedo.
No más alfas, corroboró. El verdadero Levi, con una imagen tranquila aunque estuviera muriendo por dentro.
—Tus piernas —la voz de Eren lo puso alerta.
Esta vez no pudo controlarse tan bien. Este no era cualquier alfa, era su alfa. Su omega interior estaba agotado y ya comenzaba a generar súplicas y ruegos, en cambio él solo pudo quedarse donde estaba y bajar la cabeza.
¿Por qué Eren estaba ahí?
Parecía impactado. Algo temeroso, sus verdes ojos vigilantes esperando que cualquier monstruo le saltara encima desde algún rincón oscuro.
Levi comenzó a trabajar mentalmente, callando a su patoso omega interior con un gruñido bajo, de seguro alguien escuchó los gritos. Pero no gritaron, entonces olió las feromonas desprendidas o simplemente Eren extrañó su presencia y fue a buscarlo topándose con Anthon en el camino.
Subió sus shorts con suavidad, para que Eren no lo viera, pero pudo sentirse asqueado al ver que estos estaban empapados por completo por sus fluidos.
Eren lo olería.
Chasqueó la lengua tragándose un insulto contra River. Inconscientemente, limpiando las manchas con sus dedos como si estas fueran a quitarse.
—Tienes miedo —volvió a decir el ojiverde.
Levi levantó la cabeza, era el olor. Las feromonas de miedo llenaban todo el lugar. Y como Eren era su destinado de seguro lo sentía, también sentía el miedo. Por un momento, Levi se sintió complacido de que alguien más compartiera sus temores.
—Te sentirás enfermo si lo hueles —le dijo en cambio— vámonos.
Estaba más tranquilo, quizá debido a la presencia de su alfa.
Pero Eren no parecía contento, sus ojos seguían recorriendo la habitación, las feromonas le afectaron. Las feromonas de miedo lo obligaban a recordar aquello que más temía.
—Huele a fuego —musitó el menor— ¿Por qué River y tú estaban aquí?
Fuego.
Los padres de Eren murieron en un incendio. Así que eso era lo que más temía.
—Perdóname —susurró Levi, cediendo en sus afectos.
El niño alfa se encogió, herido. ¿No podía creer que él lo estaba engañando cierto? Era River, su jodido hermano. Levi iba a decirle algo para defender su dignidad pero Eren se adelantó tomando su mano para llevarlo al siguiente cuarto.
Se dejó llevar.
Si fuera cualquier otro alfa lo habría golpeado pero se trataba de Eren, él confiaba en Eren.
Entraron a un baño del cuarto de visitas, Eren seguía tenso cuando lo guió hasta la blanca tina de cuatro patas entrando en ella como si fuera una cama. El azabache hizo lo mismo, sentándose dentro sin saber porque lo hacía, su instinto le decía que Eren también tenía miedo y esta era su única forma de calmarlo.
Estiró sus pies dentro, cabía perfectamente.
El menor lo abrazó ocultando la cara en su hombro. Levi no pudo evitar lubricar al sentirlo tan cerca, maldito cuerpo omega, frunció el ceño. Hacia frio, quería tomar un baño y olvidarlo todo, mañana mismo se iría, que le importaba si Anthon mataba a River. Los odiaba a todos. Tods querían usarlo para su propio beneficio y podían joderse en ese mismo instante si así lo desearan. El era libre, sin importar cuanta mieda le tiraran encima, era libre y lo seguiría siendo hasta el final de sus días.
—Cuando ellos murieron —le susurró Eren, en voz baja interrumpiéndo su monólogo mental— me encerré aquí y abrí el grifo. Todo olía a fuego y podía escuchar sus gritos —obviamente se refería a sus padres—. Aquí estamos a salvo, aquí no llegará el fuego, Levi.
Apenas dijo aquello hizo un puchero hundiendose mas en el cuerpo de Levi. Tratándo de protegerlo por sobre todas las cosas.
El azabache relajó sus músculos. Dejándose invadir por esa fina nostálgia que lo envolvía, agradecido de que su alfa fuera diferente a otros. Confianza.
Te amo. Le susurró su omega a Eren. Te amo tanto.
PROXIMO CAPITULO
Besos
Cuando era niño, bebiendo de un arroyo, se tragó una serpiente, y a partir de enconces solo pudo comer lo que le gustaba a la serpiente porque si comía otra cosa, la criatura se enfuercía y le mordía.
