Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
BESOS
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
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Hace cien años, los pocos alfas y omegas que quedaban, decidieron crear una vida pacífica lejos de las constantes guerras betas. Y volver a las antiguas costumbres de sus predecesores. Ser guiados por el instinto.
Así que, construyeron muros a su alrededor en distintas zonas estratégicas del mundo donde la agitada vida del exterior quedara olvidada por completo.
Ni drogas, alcohol, fiestas, lujos, odio, estigmas, discriminación, enfermedades, ni adulterio.
Crearon paraísos perfectos y se rodearon de muros para reiniciar el ciclo de sus vidas.
Al final de la guerra los betas no pudieron reconstruir lo que habían destruido e iniciaron tratos con la gente del interior.
Los alfas conservaban el instinto nato para gobernar limpiamente y decidieron hacerse cargo de los puestos más importantes en el exterior donde vivían los beta. Siempre y cuando mantuvieran una buena distancia entre ambos y nunca se entrometieran en sus costumbres.
Farlan no las llamaba costumbres sino imposiciones.
Nacido como alfa en la comunidad donde regía la justicia, encontraba denigrante ser separado de los omegas. Incluso cuando se trataba de jugar con Isabel, su madre mantenía una estricta vigilancia sobre ambos.
Eres excéntrico, solía decirle su padre.
En cambio su madre era más suave con él y constantemente le recordaba cual era su privilegiado lugar, incluso se tomó la molestia de conseguirle dos amigos alfa.
Los vecinos River y Anthon, de la semilla sucia Ackerman, solo porque sus antepasados se mezclaron con betas.
Farlan conocía a la señora Ackerman, la omega Kushel, sus ojos lánguidos lo dejaban hipnotizado cuando ella iba de visita a casa y su olor maternal era muy dulce porque llevaba una cría en el vientre. Una vez dejó que lo tocara para sentir sus pataditas.
"Es un omega" le dijo ella. Sonriendo porque su pequeño Levi reaccionara con fuerza ante el tacto del niño alfa.
"Es mi omega" pensó él.
Y lo siguió pensando durante muchos años más. Cuando River lo integró en sus juegos y el pequeño bebé omega daba pasitos cortos para alcanzarlos. Cuando Erwin, un alfa adinerado, construyó el primer prototipo de lo que podía ser un drone volador y Farlan tuvo que cargar al bebé Levi sobre sus hombros para ayudarlo a ver. Cuando comenzaron a soñar con algo mejor que vivir una vida monótona y "feliz".
Eran alfas, eran invencibles, eran los mejores y nadie podía meterse en su camino.
La fantasía de que el mundo se inclinaba a sus pies estaba más cerca que nunca. Demasiado.
Farlan aún podía recordar cómo fueron amoldando a Levi para enseñarle ser un omega libre. Esa sería su primera grande hazaña, luego comenzarían las innumerables victorias que tenían en mente porque para un alfa nada es imposible, ni siquiera el feo muro al que llamaban hogar.
Ellos nacieron para gobernar. ¿No? Para ser libres.
Kushel bordaba en el pórtico de la casa, Anthon y River estudiaban para los exámenes de secundaria e Isabel le enseñaba a hornear pasteles de lodo a Levi.
El pequeño omega encontraba repulsivo todo eso, no se dignó en tocar el lodo, en cambio le pidió a él que lo llevara a la casa del árbol para escalar juntos.
Farlan aceptó.
No podía negarle nada a Levi. Nada. Ni siquiera ahora.
En ese entonces tenía catorce años y dentro de su pequeño corazón, Levi era su omega. Suyo.
Lo quería a su modo. A ese omega pequeñito de mirada fría y rostro imperturbable, que nunca tuvo miedo ni se sentía menos ante cualquier alfa.
El señor Ackerman solía decir que nadie era digno del bebé Levi, que tenía carácter pero ese era su encanto. Todo buen omega tiene que buscar un alfa que pueda calentarles la cama por las noches, uno que lo proteja, lo alimentara y les diera buenas crías. Pero Levi encontraría a uno que lo amara.
"Ese alfa soy yo"
Farlan se había tragado las palabras antes de decirlas en voz alta. En el fondo no se sentía digno.
Miraba como el señor Ackerman hacía mimos a su esposa, y luego volvía a casa, con una madre muda que siempre mantenía un perfil bajo ante su padre. Un padre que si bien no era violento, nunca tuvo fe en sus hijos.
Farlan nunca golpearía a Levi, nunca le diría que estaba defectuoso por no tener muchas crías y nunca dejaría de amarlo.
Jamás.
Las promesas de su infancia en ese entonces eran valiosas. Tiernas e inocentes promesas que se desmoronaban como castillos de arena azotados por las olas.
El día que tuvo su primer celo anual de alfa, sus padres lo llevaron al hospital de registros.
Con una muestra de su sangre puesta en los registros de toda la población alfa-omega rastrearían a su pareja destinada en cuestión de minutos, pero en su caso tardaron días.
Farlan no entendía porque buscaban tanto. Levi era su omega, su pareja destinada ¿No? Él podía sentirlo. Su corazón latía con fuerza y le decía que Levi era su pareja destinada. Entonces ¿Porque se molestaban en buscar tanto?
Lo supo cuando su padre volvió hospital con aquella noticia que destruyó su mundo en pedazos.
Levi no era la pareja destinada de Farlan. Su pareja destinada estaba al otro lado del muro, en una lejana comunidad, por eso tardaron tanto en encontrarla.
Un alfa perfecto para un omega perfecto. Su otra mitad. El complemento que necesitaba para vivir. La pareja que la naturaleza designó para él. El compañero con quien pasaría el resto de sus días.
Pero no era Levi.
Perdió la fe.
No quería amar a otro omega extraño, no sentía nada por otro que no fuera Levi. Solo Levi. Siempre Levi.
Escapó de casa.
Sólo tenía dieciséis años cuando las verdades del mundo lo aplastaron como a un insecto.
Aún así se rebeló.
No tuvo que andar mucho para encontrar al omega de pelo negro y le confesó aquello que sentía desde hace mucho tiempo.
"No quiero ningún alfa de mierda en mi vida" le había dicho Levi.
Pero Farlan insistió.
Ellos se llevaban bien, todo el mundo los consideraba destinados, nada tenía que cambiar. Su amor no tenía porque cambiar.
¿Que clase de naturaleza ordenaba separarlos?
Sus feromonas se hallaban alborotadas y en un síncope de rebeldía, Farlan lo había besado.
"Yo soy tu alfa"
Mancilló la virgen boca del omega, robándose el primer beso destinado a ese otro alfa que se hallaba en alguna parte del mundo y que algún día vendría para robarle a Levi. Y en ese momento también le arrebataría la vida.
Su boca sabía dulce.
Lo amaba.
Los encontraron cerca de los muros, Farlan había intentado marcarlo sin éxito alguno. El cuerpo de Levi lo rechazó con ahínco, su organismo peleó con fuerza. Esa no era su pareja destinada por lo tanto sus besos serían veneno y sus roces los enfermarían por dentro.
Fueron obligados a volver y esa noche se escucharon gritos procedentes de la casa de los Church. Levi lo escuchaba todo, parado en la esquina del castigo vio cómo el señor Church golpeaba a Farlan sin remordimientos.
Por su parte, el alfa no volvió a ver a Levi en mucho tiempo.
River y Anthon se abstenían de comentar cosas sobre el asunto y ambos entraron en la universidad central para convertirse en alfas importantes dentro de los muros y devolverle el honor perdido a la familia Ackerman.
Erwin pasaría clases en la universidad y Farlan escogió una carrera que le permitiera salir al exterior.
Sus sueños por ser libres terminaron de forma abrupta. La amistad se disolvió.
Los falsos rumores de que Farlan había marcado al omega de los Ackerman y pecado contra la naturaleza, abundaban.
Fueron años llenos de martirio. Se concentró en el estudio y rechazó que lo unieran con su verdadera pareja destinada.
Hasta que Levi se presentó en su casa para despedirse.
Tuvieron un pequeño encuentro mientras Levi sostenía una pesada maleta en la mano y el permiso especial para salir al exterior. Una ligera mochila colgaba de sus hombros y al parecer había cortado su pelo en un extraño corte militar.
Era otro.
Le dijo que iría a buscar a su alfa.
Su verdadero alfa.
No quería morir como un viejo omega sin crías ni familia. Algo, el instinto, lo guiaba para buscar en el exterior. Su alfa lo estaba esperando.
Y no volvió a verlo en años.
Las promesas se derrumbaron. Se convirtieron en arena. En cenizas.
Ahora Farlan Church sabía que Levi había encontrado a su alfa, ese niño salvaje de ojos saltones que se negaba a dejarlo libre un solo momento.
¿Esa es la vida que deseaba?
¿Eso siquiera se puede llamar vida?
Molesto, entornó los ojos hacia el horizonte.
Hacia el presente.
Farlan ya era un adulto.
El amor de su vida estaba marcado por un niño de mierda.
Su pareja destinada había muerto.
Quería gritar.
Se limitó a apoyar los brazos sobre la baranda de la torre de observación donde estaba parado.
La planta eléctrica que alimentaba a la ciudad beta de Sina se alzaba orgullosa frente a él, él la había diseñado entera y construirla le tomó cuatro largos años luego de la universidad.
Los alfas que trabajaban fuera de los muros ocupan cargos importantes que ayuden a mejorar la calidad de vida de los betas.
Esa era su planta eléctrica.
Miles de familias betas sobrevivían gracias a él.
Pero mañana enviarán a un nuevo jefe alfa que lo suplantara y se adueñara de todo.
La desesperación creció en su pecho.
Se sentía como un animal herido y acorralado.
Flagon, uno de los trabajadores beta, se acercó por detrás para encararlo.
–¿Es verdad que va a renunciar? –le preguntó con un claro tono de indignación en su voz.
Flagon era un beta de mediana edad, con cabellos de un rubio oscuro y ojos castaños.
A diferencia de otros alfas, Farlan les había dejado en claro que lo trataran como igual. Nunca se sintió ni quiso sentirse superior a ellos.
Se hizo a un lado para que el beta se parara a junto a él.
–Si –le dijo– desde mañana trabajaré con ustedes. Como un beta más en la compañía –evitó sonreír ante la mirada de sorpresa de Flagon–. Otro alfa ocupará mi lugar.
–¿Por qué? –inquirió Flagon–. Todos están nerviosos allá afuera, creen que habrá despidos y no queremos a otro alfa como jefe.
Farlan se mordió el labio inferior.
Apreciaba a Flagon y no quería mentirle. Pero era complicado el decir la verdad.
Su pareja destinada estaba muerta, la hizo esperar mucho tiempo. Un alfa no puede...no debe vivir si su pareja destinada ha muerto.
¿Es tan malo querer vivir si tu otra mitad ya no está?
Cuando expresó todo aquello y vio las miradas de horror de los otros alfa supo que lo consideraban una especie de traidor.
Al menos le quedaba medio día para volver y despedirse de Levi. Aún conservaba el auto y continuaba siendo un alfa.
Solo hasta mañana. Hasta que lo convirtieran en beta forzadamente y lo desterraran de los muros.
No quería volver a casa.
La familia de Levi estaría girando en torno a ese mocoso y no quería verlos.
Y todavía tenía que responder las cientos de preguntas de sus subordinados.
¿Porque te despiden?
¿Porque te convertirás en beta?
¿Porque quieres vivir fuera de los muros?
¿Porque...
–Porque quiero ser libre.
–Ustedes los alfa son libres –recalcó Flagon–. Tienen dinero y poder.
–¿Me enseñas a fumar? –le pidió de pronto a Flagon.
Este abrió la boca para responder algo, como un pez muerto.
–¿Acaso no sabes?
–No –confesó–. También me gustaría que me ayudaras a aprender más cosas del exterior.
–Respirar, comer, divertirte, trabajar, tener sexo, defecar. Somos iguales, alfa –contestó–. No sé porqué quieres ser un beta. Nuestra vida es miserable y dura, alfa.
–Ya no soy un alfa –dijo Farlan–. Me convertirán en beta quiera o no. ¿Sabes como lo llaman? Castración química. Matarán a mi instinto y seré desterrado, solo porque mi otra mitad murió y yo no quise seguir sus pasos. ¿Qué es mejor? Morir o vivir una vida dura y miserable.
Quiero vivir.
–Lo siento.
–No lo sientas –lo encaró Farlan–. Somos iguales ¿No?
Flagon asintió.
Esa tarde aprendió a fumar.
Recorrió el largo camino a casa en su Porsche negro por última vez.
Acudió al llamado de Levi con un cigarrillo en la boca y el alma relajada.
El mocoso dormitaba en el baño y la casa de Kushel era un caos. Feromonas amenazantes en el aire, feromonas llenas de ira y vergüenza.
Al parecer River y Levi tuvieron una discusión. River cruzó los límites de la cordura y sometió a Levi para humillarlo.
No copuló con él.
Eran hermanos después de todo.
Solo lo humilló...
Farlan no tuvo que preguntar cómo. Las dulces feromonas que soltaban los omegas al lubricar estaba impregnado en el aire junto con un potente aroma a miedo.
Farlan ofreció su auto para llevarse a Levi y los dos mocosos de ahí.
Levi no se despidió de sus padres.
Farlan se preguntó cómo se las apañaría solo de ahora en adelante.
No dijo nada. Ni ellos preguntaron que era el extraño tuvo que colgaba de sus labios y echaba humo.
Guardó las maletas en el capó del coche.
Los gritos de Kushel se confundieron con el breve rumor del motor del carro.
Mikasa entró atrás, abrazada de un perro que le regaló Erwin.
Los caninos eran escasos y exóticos dentro de los muros. Farlan quiso contarle que en el exterior beta habían miles de perros para escoger, pero se contuvo cuando Levi se sentó a su lado con un niño alfa dormido entre sus brazos.
Levi soltaba feromonas maternas que dormían a las crías para que se calmaran.
–No fumes dentro del auto –le dijo el omega.
–Disculpa –Farlan encendió el aire acondicionado y botó la colilla por la ventana.
–¿Me llevarías a casa? –preguntó el omega. Con un tono de amabilidad que lo dejó absorto.
Quizá estaría asustado.
Comportarse de esa forma no era lo que Levi haría.
–S-si –balbuceó–. Llegaremos al anochecer. Te lo prometo.
–Voy a dormir –le avisó Levi– ¿Podrías darme una manta?
–Duerme todo lo que quieras –Farlan sacó la tela que guardaba debajo del asiento y se la ofreció. El omega señaló a Mikasa.
–Es para ella.
–Bien.
–Gracias –contestó la niña alfa.
Farlan giró la llave y avanzó por el camino. Mirando de tanto en tanto al omega de pelo negro que se mantenía sentado, con una expresión neutra y los ojos cerrados, abrazando al niño alfa que parecía muerto pero en realidad solo estaba sedado.
No quiso perturbarlos.
Miró por el retrovisor. Mikasa dormía junto al pequeño perro, ambos debajo de la manta de viaje.
Salieron de los muros y Farlan tuvo que maniobrar el coche para que pudiera entrar al camino principal sin problemas.
Otros autos pasaron por su lado.
Los letreros de la ciudad brillaban con fuerza.
Iban a perderse el espectáculo de edificios beta brillantes, carteles de neón betas y luces betas. Pero Farlan no los despertó.
El tiempo se estaba acabando.
Prefirió admirar el pacífico semblante de Levi, imperturbable, rompiéndose el corazón al sentir su perfume mezclado con el de Eren. Solo Eren.
Un alfa perfecto para un omega perfecto.
El auto se desvió del camino.
Ya casi llegaban.
–Puedes quedarte a dormir.
Farlan escuchó la susurrante voz de quien, alguna vez, pudo ser su omega.
–No puedo –respondió–. Me iré de este lugar para siempre.
Levi fingió desinterés. La cabeza de Eren contra su pecho, acariciaba los cabellos castaños con una mano, el niño alfa roncaba ligeramente. Confiado.
–¿Encontraste a tu omega?
No.
–Si.
–Felicidades.
–Gracias.
–¿Cómo es?
Esta muerta
–Hermosa.
Las ruedas entraron en un camino tortuoso.
Tuvo que desacelerar el paso.
Ahí estaban los muros.
Diferentes al lugar donde había nacido pero con el mismo objetivo.
Los guardias los dejaron pasar sin hacer preguntas.
–Detente –ordenó Levi.
–No es tu casa.
El omega señaló a dos personas paradas frente a un pórtico. Los padres de Mikasa.
Ella no pudo despedirse de Eren, su amigo dormía completamente noqueado por las feromonas del más bajo.
–Vamos.
Farlan volvió a emprender la marcha. El auto avanzó dos cuadras y se detuvo, salió para sacar el equipaje de Levi y entraron a casa.
El omega se llevó a Eren arriba, seguido por el mas alto. Lo recostó en la cama y con parsimonia fue despojandolo de su ropa y zapatos para arrullarlo entre las cobijas.
Sus feromonas adormecedoras manaban por cada poro de su piel, en leves ondas invisibles que dejaban inconsciente al niño alfa.
Guardó las ropas y se dió la vuelta para enfrentar al alfa mayor.
–Bésame.
Sus labios formaron una suave línea recta. Tenía el ceño fruncido.
–No.
–Solo una última vez. Por favor. Te necesito, quiero... –calló sus palabras, como siempre lo hizo– quiero conservar este momento. Es lo único que te pido.
La respuesta fue la misma. Un rotundo no.
Sintió su corazón partirse en pedazos.
¿Que tenía ese mocoso que no tuviera él?
–Confianza –respondió Levi–. Y es diez veces más putamente cursi que tú.
–Me lastimas.
–Actúa como un alfa –le reprendió el omega.
–No quiero ser un alfa.
Levi chasqueó la lengua ladeando la cabeza a un costado para asegurarse de que Eren durmiera. Farlan se sintió enternecido. Posiblemente no lo supiera pero se veía tierno.
Una marca ovalada que reposaba en el costado de su níveo cuello rompió todo el encanto.
Sus delgadas manos se sostuvieron de su pecho. Farlan fue obligado a inclinarse.
Cerró los ojos al sentir como los suaves labios del omega lo tocaban en la mejilla y reposaban ahí varios segundos.
Eternidad.
Era todo lo que necesitaba.
Aspiró su aroma, diseccionándolo con calma y paciencia, separando cada dulce fibra para enterrarla en sus recuerdos.
Sus brazos se movieron alrededor de la espalda del omega que nunca sería suyo y lo atrajo hacia sí en un abrazo que no aceptaba negación alguna.
Besó la coronilla de su frente en una despedida silenciosa. Guardando, como siempre lo hacía, las palabras que nunca podría decirle en voz alta.
Quiero ver a tus hijos crecer.
Quiero verte feliz.
Quiero que ese alfa de mierda tuyo te haga dichoso.
Quiero que sonrías.
Quiero que mueras viejo y satisfecho.
Sólo entonces sabré que valió la pena.
Y por primera vez, dejó que todo el rencor guardado en años lo hiciera libre.
PROXIMO CAPITULO
Tardes
El mundo se redujo a la superficie de tu piel.
Lo siento. No pude esperar a que mi PC vuelva a la vida para recuperar los capítulos y subirlos. Hasta entonces este fic pasaría a la historia. Prefiero escribirlos desde el celular.
Este capítulo fue hecho desde el punto de vista de Farlan a modo de despedida. Se nos fue el pollo. Explica el pasado de Levi y porque fue a buscar a Eren. Y continúa donde lo dejé la última vez. River humillando a Levi. Y asi se entiende mejor.
Gracias por sus review.
Nos leemos(?)
