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TARDES
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Sus recuerdos de su infancia no eran muy nítidos. Creció dentro de una familia común, con un padre alfa y una madre omega. Carla siempre le recordaba que debían de estar orgullosos de su padre, que era un excelente médico de betas y presidente del laboratorio central de los Alfas y Omegas más importante. Tenían una bonita casa grande con un árbol y columpio en el patio donde Mikasa y él solían jugar por las tardes.
Grisha Jaeger era una celebridad.
Carla Jaeger era la mejor mamá del mundo.
Siempre felices.
Hasta que murieron.
Eren conservaba una borrosa visión de lo que pasó aquella noche cuando el laboratorio central se incendió por culpa de una tubería de gas dañada. Su madre lo había encerrado en el baño y permaneció dentro de la tina, hasta que unos extraños alfas se lo llevaron a aquel orfanato de betas.
Eren odiaba los orfanatos y odiaba a los betas que vivían allí, los detestaba.
Esos niños torpes y tontos que siempre le pegaban para quitarle sus juguetes y dulces, los días de limpieza forzada, la insípida comida que le sentaba mal al estómago. Lo peor de todo es que las mujeres de túnicas largas y grises, se reían de él cuando trataba de explicarles que era un alfa y no un beta. Señalaba dentro del bosque que colindaba con el orfanato, replicaba que su hogar estaba ahí, dentro de los muros. Ellas solo echaban una mirada a los grandes y sombríos árboles y le decían que se fuera a hacer algo de provecho, como ayudar a la cocinera o barrer el patio repleto de hojas secas. Eren se enojaba, tiraba las cosas y gritaba que era un alfa y los alfas no hacían trabajos serviles de omega. Las sonrisas de aquellas mujeres desaparecían para dar paso a muecas llenas de profunda ira y enojo.
Esos pequeños actos de rebeldía le costaron variados castigos, fue así como Eren tenía que limpiar junto con los otros chicos, con el estómago vacío y moretones en la cara.
La fuerza de antaño, la magnífica visión y el misterioso lenguaje de los olores que todo alfa y omega poseía, terminaron por desaparecer. Su preciado instinto se convirtió en una sombra ennegrecida por el dolor y el miedo.
Muchas veces, mientras huía de los otros niños, se preguntaba si aquellos felices días junto a su padre y madre solo habían sido un sueño. Y si tal vez él era un simple beta como todo el mundo le decía. Se dejaba llevar por el creciente dolor en su pecho y escalaba el nogal del orfanato, donde nadie podría alcanzarlo y las ramas lo ocultaban de todos… entonces lloraba como un bebé, mordiéndose los labios para que sus sollozos no fueran escuchados por nadie. Rogando que alguien viniera por él, que alguien acudiera a su llamado. Porque en ese lugar nadie lo quería y él los odiaba a causa de los malos tratos que recibía injustificadamente.
Pero una tarde vislumbró la silueta de una niña cerca de su árbol. Una niña de pelo negro y bufanda roja. Esa niña era Mikasa, la amiga alfa que jugaba en el columpio de su casa.
La prueba máxima de que su antigua vida no era un sueño.
Ella comenzó a visitarlo luego de que terminaran las tareas de limpieza. Se encontraban todas las tardes, detrás de la cerca rota del orfanato y Mikasa siempre le llevaba cosa de comer, cosas que solo se producían dentro de los muros. Incluso le dijo que hablaría con sus padres para que ellos fueran por él y lo devolvieran a casa, donde pertenecía realmente.
Eren comenzó a adorar las tardes. Odiaba las mañanas y las noches, pero cuando el redondo sol alumbraba a todos desde su punto más alto y sentía las gotitas de sudor acumulándose en su frente, era feliz. Él y Mikasa corrían por el sendero de árboles hasta el puente de troncos que atravesaba un riachuelo cristalino. Se sumergían en el fondo de las aguas para calmar el calor acumulado, secaban sus ropas sobre ramas secas y cazaban insignificantes grillos para liberarlos luego de haberlos observado detenidamente.
El calor le bronceó la piel y comenzó a descubrir una segunda voz que nacía de sus cuerdas vocales.
Mikasa le instruyó al respecto, esa era su voz de alfa. Practicaron durante mucho tiempo, dándose órdenes entre ellos, la alfa tenía un alcance más potente que el suyo.
Más activo que de costumbre, cerraba los ojos para poder diferenciar el aroma del pasto y el musgo. Escalaba árboles gigantes, siempre a la espera de que alguien viniera por él para llevarlo de vuelta a su hogar. A casa, con mamá y papá. Entonces recordaba que todos estaban muertos y el doloroso sentimiento de culpa no lo dejaba dormir.
En esos días, Mikasa dejó de venir al orfanato.
Las mujeres vestidas de gris, lo encerraron en un sucio cobertizo cuando llegó a la medianoche sin dar explicaciones de su ausencia. Eren recordó haber arañado la puerta, tenía la boca seca y mucha hambre. Alguien tenía que venir por él, quien quiera que sea, cualquier persona. Odiaba estar solito. Esa noche volvió a llorar con una envenenada amargura que le carcomió las entrañas.
Al día siguiente una de las encargadas lo sacó para llevarlo con un señor que pedía verlo.
Se llamaba Levi Ackerman y desprendía un olor muy dulce y atrayente.
Su corazón latió con fuerza, por alguna razón sentía una enorme atracción hacia ese sujeto. Solo quería hundir la cabeza en ese delgado abdomen, cerrar los ojos y dormir, dormir como nunca antes. Lamer su glándula de olor y frotarse contra ella. Rodearle la cintura con las manos y preguntarle porque había tardado tanto.
El omega de ojos grises pareció comprender sus pensamientos porque un ligero color rojo sus pálidas mejillas. Recuperó la compostura y frunció el ceño con seriedad, a pesar de eso el niño alfa podía percibir los sonidos de su pecho.
Lo saludó de una manera tan formal que Eren tuvo que llamarlo señor hasta que Levi le dijo que lo llamara por su nombre.
Levi le contó, con pocas palabras, que había viajado muchos días solo para encontrarse con él. Y que esas betas de mierda insistían en que él era un beta y no un alfa. Así que sacarlo de ese lugar sería un dolor de cabeza, una espina en el culo, un problema no le concernía resolver. Lo mejor, por ahora, era que el mocoso… que Eren –corrigió- lo marcara esa misma noche porque ambos estaban destinados a ser una pareja y tener crías, reproducirse y tener muchas crías, vivir una vida de mierda y felicidad como todos los de su raza.
Cuando el niño alfa le dijo que no sabía cómo hacerlo, Levi se mordió el labio para no soltar una mala palabra peor que las anteriores.
Más tarde recibió la noticia de que Levi Ackerman lo había adoptado y se fueron a un hotel beta ese mismo día.
El omega que parecía estreñido, le enseñó dos cosas esa noche, como introducir su virilidad en el orificio que le mostró al desnudarse y cómo morder con fuerza la piel de su nuca. Tenía que morder hasta que sus dientes sacaran sangre y luego lamer la herida, lamer la herida con cuidado o le arrancaría la jodida lengua de alfa.
Después de hacer eso, Levi se envolvió en las sábanas y dejó que él comiera helado toda la noche.
Practicaron aquel ejercicio muchas veces más, hasta que la marca de sus dientes quedó impresa en la nuca de Levi, donde su glándula de olor se mezcló con la suya.
El omega parecía satisfecho.
A Eren le gustaba verlo satisfecho, una maravillosa calidez inundaba su vientre cuando Levi le decía que lo había hecho bien y le daba palmaditas en la cabeza o lo apresaba entre sus brazos durante las noches. Eso le recordaba mucho a las cosas que hacia su madre. Cosas que nunca volvería a sentir.
"¿Por qué estas triste?" había preguntado Levi una mañana, fingiendo indiferencia, aunque sus ojos grises lo miraban fijamente.
Eren le contestó que quería volver a casa.
Levi empacó sus cosas y lo llevó de vuelta a los muros. Eren quería darle las gracias antes de que se fuera.
El omega le mostró una expresión dolida y frunció el ceño para ocultar toda la decepción que sentía.
Pero Eren sintió una puñalada en el pecho. Ahora que estaban conectados, ambos podían percibir el estado de ánimo del otro.
Lo había olvidado.
Las parejas destinadas vivían juntas, como mamá y papá.
Fue así como limpiaron toda su antigua casa, colocando las pertenencias de sus padres en cajas que estarían guardadas en el sótano. Levi desempacó sus cosas y cambió el lugar de los muebles. No le gustaba el dormitorio central, por lo que lo transformó en estudio y compró otra cama de matrimonio con el dinero que Grisha Jaeger guardaba en su depósito de ahorros. Remodeló la cocina y puso extraños adornos de conejos en las encimeras. Cambió la pintura de las paredes y cosió cortinas nuevas, le agradaba mucho el color verde limón. Compró la ropa de Eren, ropa nueva de niño. Le recortó el cabello y mandó a arrancar toda la mala yerba del jardín. Planeaba remodelar las flores del patio, odiaba las rosas de Carla, quería algo más austero y limpio.
Cuando su nuevo hogar quedó reformado, un día antes de su celo, se encerró con Eren en la nueva habitación matrimonial durante cuatro días.
Luego de eso salió y volvió con muchos comestibles y una caja de dildos.
Eren se sentía como una medusa flotadora, una marioneta bailando al frenético ritmo de Levi. Le costó mucho tiempo acostumbrarse a todo, en especial a descifrar e interpretar las feromonas que día a día se manifestaban en diferentes emociones. El mundo de los adultos era muy complicado, en especial el sexo.
A veces, cuando su omega no estaba en casa, se entretenía analizando uno de los dildos del armario y comparándolo con su pequeño miembro que nunca contentaba al mayor. Pero eso ocurría solo durante el celo de Levi, cuando el instinto lo dominaba por completo y olvidaba hasta su nombre. Los otros días eran mucho más hogareños. Levi y él podían dejar pasar toda la tarde ente besos y abrazos sobre la cama. Eso se sentía mucho mejor.
Eren nunca le decía que no, a nada.
Su omega siempre era bueno, a su manera, con él.
La cálida sensación persistía y Eren lo consideraba una parte importante, muy importante, de su vida.
Sin embargo, algunas veces sentía miedo de perderlo. Así como su madre y padre lo habían abandonado, Levi también podría dejarlo.
Quería contentarlo en todo. Quería contentarlo y demostrarle que era una cría alfa buena, no un mocoso remilgado. Quería rogarle que por favor, por favor, no lo dejara nunca.
Se molestó consigo mismo por no ser un buen alfa. Luchaba y se esforzaba, quería ser fuerte, inteligente, ser el mejor. Olvidando que solo era un simple niño, obligado a crecer y dejar atrás las etapas que la vida nunca le dio la oportunidad de disfrutar enteramente.
También quería salir de los muros, no al orfanato sino más allá, mucho más lejos. Donde los betas vivían en grandes construcciones de cemento y todo era tan colorido y bonito…tan diferente. A Levi no le gustaba la idea, se molestaba y permanecía callado por mucho tiempo cuando él le contaba aquellas cosas.
Eren aprendió a guardar ese insignificante sueño en su corazón. No quería perturbar a Levi.
Solo desenterraba el secreto cuando el omega hacia cosas que no le gustaban.
Como dejarlo solo e irse con ese feo y grande alfa llamado Farlan. En ese entonces se atrevió a seguirlo junto con Mikasa y conocieron a los padres de su omega, incluso le regalaron un perro a su amiga. No obstante, tuvieron que volver a casa y Levi permaneció taciturno durante toda la semana.
Le prohibió llamar a River o recibir los recados de Kushel.
Parecía enfadado con algo o alguien. Cuando se bañaban juntos, Levi tallaba su cuerpo con tanta fuerza que a veces lo asustaba mucho y él le pedía que parara.
Los besos acabaron y sólo, de vez en cuando, lograba acercar los labios a los suyos con un simple roce que duraba unos segundos.
Preguntarle tampoco funcionó.
Levi lo había eludido con la excusa de que tenía que ir de compras.
Era domingo y JJ dormitaba en su pecho, tirado en la cama, Eren se preguntó si el amor entre las parejas destinadas era capaz de acabar con tanta facilidad. Al menos el suyo seguía intacto, porque eso que sentía, cuando miraba a Levi por las mañanas, era amor.
Cerró los ojos para seguir durmiendo pero una diminuta piedra rebotó en su ventana y JJ huyó espantado.
Sin ánimos de nada, el niño alfa se levantó y deslizó la ventana para mirar hacia abajo.
—Eren —saludó Jean, seguido por Reiner, Marco y un viejo bulldog que descansaba sobre su patio.
—Venimos a jugar —gritó Reiner, señalando la puerta—. Abre la puerta.
"Jugar". Una extraña emoción recorrió sus venas.
—Levi no está en casa —contestó de mala gana.
—Lo sabemos —exclamó Marco—, por eso es que venimos tan temprano.
Eren cerró la ventana y fue a lavarse la cara, seguía con la ridícula pijama que Levi le había comprado, pero no le importaba mucho. Bajó a la planta baja quitando el seguro de la puerta, en unos pocos segundos sus amigos y el bulldog lograron apoderarse de la casa.
—¿Qué tal si vemos la televisión? —propuso Marco.
Eren se inclinó para acariciar al viejo perro que parecía indiferente a todo.
—Los únicos programas que pasan, son para viejitos —lo regañó Jean.
—Podemos jugar a la pelota —le dijo Eren.
—No somos niños, Eren —lo reto Reiner, parado en las escaleras principales— ¿Dónde está el dormitorio?
—La primera puerta a la derecha —contestó Eren, siguiéndolo. Jean y Marco hicieron lo mismo, el perro decidió quedarse en la sala.
—Wow —el rubio fornido abrió la puerta para contemplar la cama deshecha y el enorme armario de Levi—. Este es tu cuarto de adulto, Eren. Tengo mucha envidia. Huele rico.
—Es el olor de Levi —explicó el de ojos verdes.
—Los omegas siempre huelen bien.
—En cambio tu apestas —lo empujó Jean—. ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste, Reiner?
—Hace dos días —dijo el rubio, con orgullo.
Marco levantó un pequeño conejo de peluche del suelo, examinándolo con detenimiento.
—Eso es mío —Eren le arrebató el juguete y lo puso sobre la mesa de luz.
—¿Todavía juegas con muñecos—Jean, el alfa más atrevido, levantó el conejo y se lo pasó a Reiner. Eren intentó arrebatárselo sin ningún resultado satisfactorio.
Comenzaron a lanzarse el conejo entre ellos, pronto, sus risas subieron de nivel.
Los niños alfa siempre eran muy activos a esa edad. Correr, jugar y divertirse. Ese era su único deber. A excepción de Eren que ya estaba emparejado, pero eso no impedía que animaran a divertirse a su amigo de vez en cuando.
Marco no se contuvo y empujó a Jean, este chocó contra el gran armario de Levi, causando que una de las puertas se abriera y dos cajitas cayeran al suelo derramando su contenido.
Los ojos de Eren se abrieron como platos pero Reiner ahogó una sonora carcajada.
—Mi madre tiene una de esas cosas —susurró Marco, un tanto sonrojado.
Jean tiró el conejo al suelo y levantó el dildo más llamativo, de color negro con pequeños puntos blancos que brillaban por las noches.
—Mi hermana también —dijo Reiner—, aunque aún no entra en celo. Pero mamá dijo que debían ser precavidos.
—Apuesto diez monedas a que el remplazo de Eren es mucho más grande que él —manifestó Jean golpeando a Eren en la cabeza con el dildo negro.
—¡Tú tampoco la tienes tan grande! —le gritó el aludido.
—Basta —Reiner los separó—, será mejor que dejemos todo en su lugar, Levi podría venir en cualquier momento.
Eren palideció ante el comentario y se lanzó a guardar cada uno de los consoladores en su lugar, el alfa pecoso se dispuso a ayudarlo.
—¿Tienes miedo de tu omega, Jaeger-gallina?
Las manos del alfa se detuvieron, apretó un vibrador rosa con fuerza, sus verdes ojos destellaron llamas de ira.
—Cara de caballo —siseó— atrévete a repetirlo otra vez.
Jean lo miraba con altivez y orgullo. Hizo una mueca de burla y golpeó la cara de Eren con el dildo que tenía en su posesión.
—Mami Levi, va a pegarte por tocar sus reemplazos Jaeger.
—Oigan es suficiente —instó Marco—, solo guarden estas cosas y juguemos algo divertido.
—No son reemplazos —gruñó el de ojos verdes. Un callado gruñido brotó de su garganta.
—Tu omega debe tener un agujero muy grande para meterse estas cosas.
—Levi no tiene no agujero grande —chilló, defendiendo el honor de su alfa.
—Todos los omegas usan estas cosas, no sé porque les afecta tanto a ustedes.
—Incluso la mamá de Marco tiene consoladores.
—¡No metas a mi mamá en esto!
—¿Estás seguro que no prueba nada de esto en ti, Jaeger beta? Tal vez eres un desviado…
No dejó que el alfa con cara de yegua terminara de hablar, Eren se abalanzó sobre su amigo y trató de ahorcarlo con uno de los dildos rosados. Marco y Reiner discutían sobre la honorabilidad de la madre del pecoso.
El perro comenzó a ladrar al escuchar los gritos.
Los alfas que forcejeaban en el suelo, rodaron a un lado, derribando una mesa ratona que servía para acumular las revistas de cocina de Levi. Asustado por el desastre, Reiner intentó separarlos pero Marco le dio una patada en la rodilla y este cayó sobre el consolador negro que comenzó a vibrar, girar y encogerse como una oruga.
Eren soltó a Jean cuando vio como la "mamba negra" –nombre dado por Levi, porque era su consolador favorito- parecía hincharse y recudía sus movimientos paulatinamente. Se cubrió el rostro, evitado el fatal desenlace que se avecinaba.
Jean exhalo un grito de triunfo, pensando que el cobarde de Jaeger se había rendido. Sin embargo, toda la sensación de victoria que se acumulaba en su pecho, desapareció cuando una sustancia parecida al champoo estalló sobre su cara.
Reiner se quedó con la boca abierta, un poco de esa cosa pegajosa manchó sus pantalones. Marco, que se encontraba más lejos, pudo salvar sus prendas de vestir.
Toda pelea quedó en el olvido.
Existían dos tipos de dildos: los Z-betas y los Z-alfas. Obviamente, los Z-alfas anudaban y Levi no quería privarse de experimentar aquella placentera sensación solo porque Eren aún no entrara en celo.
—¿Qué es esto? —lloriqueó el de cabello bicolor, sintiendo el impactante olor a fresas en su cara.
—¿Jabón? —contestó Reiner, olfateando su mano.
—Lubricante blanco con olor a frutilla —dedujo Marco.
Jean hizo una mueca y corrió al baño para lavarse la cara.
—Levi va a matarme —se quejó Eren, recogiendo las pocas revistas que lograron salvarse de la tragedia.
—No te preocupes —Reiner le dio palmaditas en la espalda y aprovechó para limpiarse la mano en la pijama del alfa afectado— podemos lavar el piso y secar las revistas.
Como si no fuera suficiente, el perro comenzó a ladrar con fuerza. Pasos se escucharon y las llaves de la entrada cayeron al suelo. Alguien soltó una maldición.
—¿Quién demonios trajo a este perro? —se quejó Levi, desde afuera.
Marco fue el primero en reaccionar, juntó los dildos y los metió al armario, tuvo que empujar a Reiner y Eren para que hicieran lo suyo. Jean cerró el grifo y salió, en silencio. Los corazones de todos latían con fuerza, nadie hablaba.
El perro se calló cuando los zapatos de Levi cayeron al suelo, el omega parecía subir descalzo y sus pasos se acercaron cada vez más.
—¿Por qué le pusiste seguro a la puerta? —preguntó Levi.
La manija dorada giró tres veces, una llave se incrustó en la cerradura y la puerta se abrió con lentitud.
Los ojos grises del omega se encontraron con los cuatro alfas que intentaban limpiar el desastre.
Nadie dijo nada, aguantaron la respiración, ni siquiera se movieron.
La angustia subió por el pecho de Eren, espinándole la columna vertebral. Su corazón estallaría en cualquier momento. De repente se sintió enojado. ¿Por qué debería tener miedo? No hizo nada malo, solo estaban jugando. Los niños alfas jugaban todo el tiempo. No pidió permiso, pero tampoco era tan grave. No tenía por qué esconderse como un ratoncillo asustado y hacer las cosas a escondidas. Estaba harto de eso. Además de todo, Levi estaba raro desde hace unos días y no le había dirigido la palabra. Era su culpa. De alguna forma todo era su culpa.
La frustración, el enojo y miedo; recorrieron cada pedacito de su ser en milisegundos.
—Qué demonios hiciste con mi casa —balbuceó el omega.
—Señor Levi —murmuró Reiner, asustado.
—Lo sentí…
—¡No es tu casa, es la casa de mis padres! —gritó Eren. Cuatro pares de ojos se voltearon a verlo. Levi pasó saliva, su cara mostraba dolor— Papá construyó la casa para mamá —continuó Eren dejándose llevar, sin medir sus palabras que eran veneno fresco en el pecho de Levi— ¡Es la casa de mamá! No tienes derecho a decir que es tuya—sus amigos lo miraron como si se hubiera vuelto completamente loco.
La bofetada que le cruzó el rostro dejó a todos boquiabiertos.
Eren cerró la boca, llevó una mano a la mejilla herida pero lo que más le ardía era la nariz. El sabor metálico de la sangre impregnó sus labios. Levi, nunca antes lo había golpeado de esa forma, nunca delante de nadie y menos con esa fuerza.
El omega retiró la mano con rapidez, su rostro mostraba desconcierto por lo que había hecho. Desconcertado, intentó acercársele pero Jean se interpuso entre ellos.
—¡Eren no hizo nada malo! —chilló, con las cejas fruncidas. Despedía un fuerte olor a alfa enojado.
Los ojos gris azulado de su pareja mayor brillaron producto de la tristeza y algo más.
—Cállate, Jean —Reiner lo sujetó por el brazo.
—Es cierto —señaló el pecoso— todo es culpa nuestra, por favor no castigue a Eren.
Levi entreabrió sus finos labios, aturdido, no obstante recuperó la compostura con rapidez. Aunque por dentro, la vergüenza lo carcomía, o eso percibía Eren.
—Por favor váyanse —les ordenó.
Su amigo, Kirstein, iba a quejarse pero Marco los arrastró a ambos hacia la sala de abajo, segundos después, ambos quedaron solos.
Eren no lloró. Ni siquiera se movió un centímetro de su lugar. Miraba fijamente al suelo, tragándose las gruesas lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, ya no era un bebé. Tenía que recordarlo.
Inconscientemente, hipó de manera ridícula.
No quería mirar a Levi.
—Lo siento.
Asombrado por la disculpa, negó con la cabeza, no deseaba que su omega se sintiera culpable. A pesar de que la bofetada pisoteó su autoestima, que le sangrara la nariz solo fue un accidente. Diablos, se sentía un poquito orgulloso de sí mismo. Ahora pensaba como todo un adulto.
Dejó que Levi lo guiara al baño, los suaves dedos del mayor, apretaron suavemente la porción blanda de su nariz con los dedos pulgar e índice.
—Solo estábamos jugando —le dijo, constipado.
Levi levantó una ceja, en señal de reproche.
—Lamento arruinar su diversión y mostrarme como una persona de mierda para esos mocosos.
—Lamento decirte que esta no es tu casa —confesó—. Tenía miedo porque ya no me hablas.
—Fue mi error —declaró—, es nuestra casa —lo soltó y bajó el botiquín para ponerle un pedazo de algodón en el orificio herido.
—¿Estas triste?
—No —suspiró, enojado— diablos, no. Solo estoy confundido —se inclinó para quedar a su altura, y allí estaba de nuevo, aquella mirada extraña e indecisa— ¿Por qué me amas, Eren?
El niño alfa sonrió con orgullo.
—Porque eres muy bueno conmigo —enumeró—, cocinas rico, se siente bien estar a tu lado, siempre me escuchas, te preocupas por mí, cuando me equivoco…tratas de ayudarme, no te avergüenzo nunca y siempre dices la verdad, no tratas de ocultarte como haces con otros. ¿Y tú? ¿Por qué me amas, Levi? —se animó a preguntar.
Levi parecía sorprendido.
Con el rostro sombrío, enfrentó al chico.
—Porque eres mi alfa.
—oh… —ahí estaba el problema, desde que vino Farlan, su omega no dejaba de pensar en esas cosas complicadas—. ¿Ya no me amas?
—Te quiero.
Sintió como si mil abejas aguijonearan su pecho. Tenía que preguntárselo ahora.
—¿Vas a dejarme? —sin querer, sus labios temblaron.
—No. Nunca —le dijo, completamente decidido.
Eso le bastaba. Con eso estaba contento. No quería nada más. El fresco alivio recorrió todo su cuerpo, estaría con Levi para siempre.
—Prometo no causar más molestias —le dijo.
—Únicamente era un juego de mierda, me exalte demasiado —declaró el omega—, puedes hacerlo cuando quieras. Solo no destruyan la casa.
Eren se inclinó para darle un beso. Siempre que arreglaban alguna discusión, Levi le daba un beso en la boca.
Su omega abrió los labios y dejó que sus lenguas se encontraran y jugaran entre ellas con una lentitud llena de cariño y seducción. Jadeó dentro de su boca, el alfa abrió los ojos para ver el rostro de su amado omega. Era hermoso.
Se separaron generando un obsceno ruido que le causó gracia.
—¿Sabes, mocoso? —Levi le acarició la cabeza, ese era su momento de intimidad— yo llegaré a amarte algún día.
—¿Lo juras?
Sus frentes chocaron con suavidad.
—Nunca le mentiría a mi alfa.
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NOTAS:
A veces me detengo y me pregunto. ¿Por qué no hacer que Levi quede encinta de un buena vez? XD
Luego recuerdo que Eren sigue siendo un niño y se me pasa.
No, no es un amor forzado. Esa es la esencia del omegaverse, el lado que nadie quiere ver, pero el amor también tiene instrucciones. Ellos están hechos el uno para el otro.
Feliz navidad. El celo de Eren se acerca y el bay y el final :v
Nos leemos. ._./
