De cómo descubrimos el color de nuestros sueños
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Inevitablemente llegas a una edad en donde el sol ya no sale por tu ventana, un exceso de dulces puede causar dolor de estómago, cepillarte los dientes no es una obligación sino una rutina bien practicada, debes ayudar en casa, dejas de mojar la cama, los monstruos del armario ya no espantan como antes, pero sobre todo…la burbuja de colores donde vivías se rompe, el telón cae y la realidad de la vida no es tan sencilla como creías.
Aunque quieras volver ya no hay marcha atrás, solo debes avanzar hacia adelante y resignarte. Te levantas o te caes.
Sin embargo, la palabra "resignación" no existía en el vasto vocabulario alfa. Al menos no para los cachorros alfas que ya comenzaban a convertirse en adultos, felices y ciegos, acostumbrados a aquello que era incómodo para algunos.
—¡Estúpido beta!
Eren prefería que lo llamaron suicida, pero el otro apodo había calado bien hondo en la pequeña sociedad estudiantil. Como una marca indeleble de tinta, no se quitaba por más que te esforzaras en lavarla. Se encogió de hombros ante el súbito aroma de agresión e ira que el otro alfa de lentes emanaba.
—Oye, ya déjalo, fue un accidente —los interrumpió Reiner, quien creció diez centímetros más que todos los de la clase.
El alfa que gritó la grosería les dio la espalda, para evitar problemas con Reiner, sobó su cabeza y recogió los libros desparramados en el suelo.
—Lo siento —exclamó Eren, todavía incómodo por el leve cambio de voz que sufría. Levantó la pelota que anteriormente había golpeado al alfa de los libros y volvió a la cancha de césped, junto a Reiner.
Los pantaloncillos cortos ya no eran válidos, las tardes en la heladería de Thomas habían acabado por completo, las pequeñas fugas a las preparatoria de omegas, ese cálido bombeo en el corazón cuando eran llamados al despacho del director, los vidrios rotos, los lápices de colores…
—Volviste a hacerlo —mencionó Jean, parado en el extremo de la cancha—. Volviste a errar el tiro, se supone que los alfas no erramos los tiros, imbécil.
Un grupo de chicos y chicas alfa esperaba, impaciente, su turno para golpear la ligera pelota blanca.
La maestra alfa tomaba apuntes en su enorme bloc de notas, mirando de reojo a Eren y reprobándolo en silencio.
Hoy era día de examen general en la secundaria alfa. Lo que significaba que él y su grupo ya habían logrado superar la tesis de biología, la exposición de artes y ciencias básicas, la prueba de aptitudes, el oral de leyes y los horribles ejercicios matemáticos del profesor D.
Si eras un alfa, dentro de esa retorcida sociedad, entonces también eras capaz de superar todos esos "retos" porque los alfas tiene buena memoria, fuerza, fortaleza y liderazgo. O como Jean solía decir, lo tienes o te lo sacan.
Solo faltaba una prueba más, luego de tanta tortura aplicada en unas pocas horas. La clase de gimnasia. Algo reparador para muchos, devastador para los más débiles.
El estrés se acentuaba en las feromonas de cada alumno, todos con intenciones de desquitar la frustración en algún novato ingenuo –como Eren por ejemplo- que les arruinara el día.
El de ojos verdes notó varias ojeras y una adrenalina que podía palparse con las manos. Devolvió la pelota y terminada su patética demostración, de alguna milagrosa forma obtuvo un sesenta por ciento, se fue a las bancas para tratar de aliviar el dolor de cabeza que le martilleaba la frente desde la noche anterior.
—Algunas veces, quisiera ser un omega —escuchó murmurar a alguien—. ¿Tienes idea del tipo de exámenes que rinden? Trabajos del hogar, historia y día libre para jugar. Y aunque lo hagan asquerosamente mal, todos tienen un cien por ciento de calificación.
Eren se sentó junto al inerte cuerpo Marco, que estaba recostado con una toalla cubriéndole la cara, abrió su bolso para beber el agua que Levi había empacado esa mañana junto con su almuerzo.
—Los omega no tiene que trabajar, pasan la vida dentro de una casa —explicó la otra chica alfa, ignorando que era escuchada por él—. ¿De qué sirve que superen los exámenes? Nosotros proveemos lo necesario para cuidarlos.
—Es fatigoso.
—Comienzas a hablar como un beta.
—¡Retráctate!
El calor fácilmente llegaba a los treinta grados. Gotitas de sudor recorrían su cuello, frente y pecho. Eren notó que su piel bronceada estaba algo brillante, más tarde iría a las duchas para refrescarse un poco. Si llegaba sucio a casa, posiblemente Levi no lo dejaría entrar.
Se tocó el cabello, despeinándolo hacia atrás. Los músculos de sus piernas dolían y la muñeca de su brazo derecho estaba hinchada.
¿Qué estaría haciendo Levi?
De seguro eligiendo la cena de esa noche o bañando al gato. Quizá leyendo uno de los sosos libros permitidos dentro de la comunidad o limpiando la casa. A él le quedaban dos horas para terminar la prueba de aptitudes y presentar una última en la clase de letras.
Pensó en el cabello de Levi, su omega, en sus ojos y su blanca piel. Las punzadas de su frente se atenuaron, logró concentrarse y olfatear la bolsa de papel que contenía su almuerzo. No tenía hambre, con el estómago revuelto y los calambres lo único que quería era una cama. Una blandita cama donde poder dormir un poco. Solo cinco minutos.
Y este tan solo era el inicio.
Se rumoraba que las pruebas generales para lograr entrar a la universidad serían peores. Un alfa, miembro del congreso, vendría en persona para calificar a cada uno y enviarlos donde creyera que rendirían con mayor eficacia. Es decir, ni siquiera podían escoger algo que les gustase.
Los ronquidos de Marco despejaron sus pensamientos y un balón asesino que golpeó a una alumna e hizo que cayera desmayada. Solo entonces dieron quince minutos de descanso, cabe aclarar que el comedor quedó abarrotado a más no poder y Eren tuvo que conformarse con el almuerzo de Levi en un rincón del gran jardín trasero.
Si, debía admitirlo, algunas veces él también quería ser un omega.
—Te vez agotado —la mano de Hannes, el beta, le tocó el hombro.
Rubio, un poco pasado de años, siempre bebiendo un extraño líquido que lo hacía sonreír y vestido con un mono naranja. Recordó que ahora trabajaba como encargado de limpieza en el instituto omega de al lado.
—No logre dormir bien —le contó, acostumbrado a las preguntas del beta—. Levi quería hacerlo en la madrugada.
—Se oye bastante triste para un adolescente —carraspeó, sacando una pequeña libreta de su bolsillo y entregándosela a Eren—. Gracias, por cierto, fue una lectura entretenida. Espero una continuación pronto.
El de ojos verdes recibió la libreta de ciento veinte páginas, acariciando el borde con cariño. Ciento veinte páginas que él había llenado con palabras en vacaciones, palabras inventadas que crearon algo que Hannes llamó "novela" cuando hojeó la primera plana y luego le pidió prestada la libreta a cambio de no decir nada a nadie. No era bueno pintando, ni calculando cosas, pero escribiendo nadie podía igualársele.
—Estoy agotado —le dijo, abriendo un fondo oculto de su mochila para guardar su tesoro.
—Mira el lado bueno —intentó animarlo—, podrás ingresar a la universidad. Chico, ni siquiera yo pude hacer eso.
—¿Los betas no estudian? —inquirió el alfa de ojos verdes, apoyando el mentón sobre una mano.
—Es difícil de explicar —le dijo Hannes, girando el cubo de basura que llevaba— afuera de los muros no se tienen las mismas oportunidades.
A Eren le gustaban sus historias, palabras difíciles con significados interesantes, lugares llamativos que eran descritos con un sinfín de detalles, amigos lejanos, costumbres extrañas y una nostalgia estremecedora.
—Hannes —lo interrumpió, pensativo— ¿Alguna vez has pensado en volver a tu casa?
—¿Casa? —el beta se limpió las manos en el uniforme—. Tengo una casa aquí.
—Hablo del exterior.
—Para nada —afirmó—, tengo un par de deudas pendientes y una pensión que no pienso pagar.
Antes de que Eren pudiera preguntar que era una pensión, el llamado a clases lo puso en alerta instantáneamente. Se despidió de Hannes y arrugó la bolsa de papel para guardarla en su mochila.
—Espera, Eren —el beta lo sujeto por el brazo—. Necesito que me hagas un favor —pidió, algo indeciso—, ya que estas "casado" y todo el cuento, no creo que para ti sea ilegal hablar con un omega ¿No?
—¿Un omega? —se detuvo Eren. Hace más de dos semanas que no se encontró a uno, aparte de Levi por supuesto.
—Sí, en el lugar donde trabajo —señaló al otro lado del colegio, lejos de las vallas eléctricas— conocí a un niño omega, casi un adolescente. Creo que todos hablan de él, rubio, ojos azules, cara de niña, corte de hongo, sin padres.
—Armin Arlet —sentenció el alfa de ojos verdes.
No era muy propenso a recordar nombre o rostros, mucho menos si se trataba de alguien que no fuera Levi, pero a ese omega no podía olvidarlo. No cuando Levi, el omega más desinteresado del mundo, se esmeró tanto en forzarlo a prometer que mantendría su distancia de ese cachorro rubio.
—Ese mismo —sonrió Hannes—. Es muy inteligente ¿Sabes? Inclusive hizo una petición para que el programa de estudio alfa estuviera disponible para todo omega que quisiera llevarlo a cabo.
Eren ensanchó los ojos, sin poder creerlo. Su instinto le dijo que cortara la conversación, definitivamente NO quería saber nada de un omega de ese tipo, mucho menos involucrarse en algo que parecía querer llevarlo a cuestas a través de un campo minado.
Miro a su alrededor, para constatar que nadie podía escucharlos. Efectivamente, el patio trasero se hallaba desierto.
—¿Sabes cuál fue su castigo?
—No, pero su abuelo se negó a corregir sus errores —respondió Hannes— y lo vi la semana pasada. Los otros omega no quieren relacionarse con él, lo evitan como la peste. Dicen que huele diferente pero yo no entiendo de esas cosas y estuvimos charlando un rato. Le conté sobre ti y creo que llegarían a ser buenos amigos.
—Levi me dijo que mantuviera mi distancia, no le agrada ese omega —recordó Eren en voz alta.
—Solo será un momento. De acuerdo, lo admito, Armin vio por casualidad tu novela y leyó un poco. También le agrada escribir y estuvo interesado en conocerte —confesó Hannes.
—¿¡Le enseñaste mi libreta!? —exclamó Eren.
—Fue un descuido.
—¡Hannes! ¿Tienes idea de lo que pasaría si otra persona la hubiera leído? —Preguntó, molesto— ¿Si Levi llegara a enterarse? No quiero ni pensarlo.
—Le temes más a Levi que al sistema —observó el beta.
—No —negó Eren—. No quiero decepcionarlo, soy un alfa. Soy su alfa. Confía en mí, confía en que sea un adulto responsable y no pierda el tiempo escribiendo palabras.
—Pero tienes un don excepcional. Podrías ser escritor.
—Seré doctor —cortó el alfa de ojos verdes—, solo me dieron dos opciones en la prueba de aptitudes y debo continuar la carrera de mi padre —algo vibró dentro de su pecho—. Solo entonces Levi estará orgulloso de mí.
—Es una carga pesada para alguien tan joven.
Eren se encogió de hombros, sus mejillas se colorearon con un tono rojizo y viró la vista en otra dirección.
—Levi tendrá cachorros.
Todo lo que el beta pudo hacer fue abrir la boca y tratar de entender porque diablos fue a vivir a un lugar tan extraño e inhóspito como ese, donde la gente se comunicaba por el olor, los chicos de quince podían tener niños y los llamaban cachorros; ah sí, la pensión.
—Felicidades…supongo.
—Debo irme, Hannes —el semblante de Eren decayó levemente—.Perdóname por gritarte.
—No es nada, ya estás en edad —lo despidió el beta—.Pero piensa en lo que te dije, Eren. Ese omega suele ir al río que colinda con el muro oeste todas las tardes. Puedes mantener el secreto.
El alfa de ojos verdes sonrió.
—Nunca le mentiría a Levi —le dijo, mientras se marchaba— y aunque quisiera, mi instinto no me dejaría hacerlo.
Apretó el paso, preocupado porque llegaría tarde a la clase de biología.
Se duchó rápidamente, cambiando su uniforme deportivo por el traje gris que todos llevaban y corrió por los pasillos. Las gotitas de agua, que impregnaban su húmedo cabello, caían al suelo. Jadeó al llegar a la puerta 2B y golpeó la madera con sus nudillos. Una, dos, tres veces. Pediría disculpas por el retraso y, de todo corazón, esperaba que fueran aceptadas.
El alfa que impartía la clase de biología a primer, segundo y tercer año, era de origen Ruso. Yaroslav, proveniente de una comunidad lejana, siempre de mal humor y con el ceño fruncido. El pelo blanco le sentaba bien y en días de calor su blancuzca piel solía enrojecer un poco. Aunque nadie atinaba burlarse de ello, se decía que era un alfa muy estricto. La ley y orden con patas.
—Te ves patético, alfa.
Aunque Eren prefería llamarlo: el agresivo rompe autoestima con patas.
Bufó, molesto porque había sido insultado. Con la cabeza fría y las manos congeladas, apretó los labios.
—Lo sé —dijo— también me pregunto porque mi madre trajo al mundo a alguien tan patético como yo.
Yaroslav era una piedra entre el camino al aula y el pasillo al despacho del director, realmente necesitaba ingresar. No podía tener una sola falta si quería mantener la nota promedio de siempre. Solo necesitaba disculparse, lo siento, llegué tarde porque vi una ardilla y me distraje. Cualquier cosa que convenciera a aquella mole de alfa.
Intentó vislumbrar el aula. Al parecer todos estaban ahí, incluso Marco. Jean le hacía señas con las manos, simulando a un ahorcado. La mayoría tomaba apuntes de la enorme pantalla holográfica que brillaba con letras pequeñas y redondeadas.
—Llegas tarde.
—Tuve que ir al baño, señor —mintió,, esperando que le creyera.
—Yo no soy tu padre, Eren —reclamó el alfa— pero si lo fuera te daría una paliza por mentir.
Joder. ¿Acaso era un adivino?
—Mi padre murió, señor.
—Con un hijo como tú, entiendo sus razones —el alfa más alto ignoró el gruñido de Eren—. Como sea, llegas tarde y no dejaré que pases. Este no es tu patio de juegos, alfa. Y tampoco prestas atención en clase.
—La biología no es lo mío.
—¿Por qué?
—Es un poco asqueroso —confesó Eren, creyendo que si decía la verdad, Yaroslov lo dejaría entrar.
—Un poco asqueroso —meditó el maestro—, el tema que tratamos esta semana: Biología omega. ¿Tienes un omega, alfa?
—Sí.
Odiaba la forma como lo llamaba. Alfa. No era un perro, ni un bruto, tenía un nombre.
—¿Te incomoda estudiar el organismo omega?
—No —se resignó— pero creo que el útero de mi omega no me causa tanto asco como las figuras visuales que usted muestra. Y el nacimiento es sucio, soy muy sensible en ese aspecto.
—Los cachorros no nacen por el ano, niño —gruñó el otro—. Es sentido común. ¿No estudias para las pruebas, pedazo de imbécil? ¿¡Acaso tus padres eran tan ineptos para no enseñarte los preceptos básicos de la vida¡?
En ese punto, Yaroslov levantó la voz. Tanto que los estudiantes dejaron su afanada tarea para ver quien se había ganado la ira del profesor y el aula continua se abrió.
—¿Qué dijo sobre mis padres? —siseó Eren, perdido en su propio charco de ira.
Los alfas eran muy volátiles y agresivos.
—Ese no es el punto, alfa —aclaró el profesor, ajeno a la creciente rabia de su alumno.
Eren curvó los labios hacia arriba, sin escucharlo, toda su mente estaba en blanco y su instinto le gritaba que tomara represalias. El constante martilleó que retumbaba en su cabeza y todo el estrés acumulado, solo acrecentó su odio hacia aquel alfa y una abrumadora necesidad de forzarlo a pedir disculpas a golpes.
Antes de darse cuenta, se abalanzó sobre él. Sorprendiendo al alfa contrario y causando una gran conmoción entre el alumnado. Pero no tomó en cuenta que Yaroslov era un alfa de mayor edad, mucho más experimentado y por lo tanto con un nato control de su primitivo instinto y por regla general, los alfas con mayor autocontrol eran los más fuertes en la vasta pirámide social.
Un rodillazo en el estómago le arrebató las ganas de pelear. Le doblaron la mano y cayó de cara contra el suelo. La sangre manchando sus encías, probó el sabor metálico con la lengua y supo que había perdido. Su instinto se limpió de toda culpa y Eren volvió en sí. Contemplando las brillantes piezas de madera encerada que olían a lavanda y lejía.
—¿Te volviste loco, alfa? —escupió el profesor—. Haré que te suspendan por idiota y estúpido.
Ciertamente, su día no podía ponerse peor.
No, no lo suspendieron.
Pero ganó un cruel enemigo y lo enviaron a casa con una de sus muelas envuelta en un pañuelo rojo, cortesía de Reiner. Aunque hubo una puja entre sus compañeros de aula que trataron de subastar la muela por pertenecerle al primer idiota que se atrevió a golpear a un profesor y fue humillado en público.
Como siempre, Mikasa salió en su defensa y contraataco al profesor.
No sirvió de nada, Eren estaba casi seguro que Yaroslov calificaría su prueba con un cero por ciento como venganza.
Con la cabeza gacha, atravesó la calle desierta con casas maléficamente idénticas. Tratando de ocultar la costura rota en la manga de su camisa. Ciertamente Levi preguntaría que pasó y él no quería responder.
Se sentía patético y triste.
Una completa basura alfa.
JJ fue a recibirlo, el peludo gato negro maulló con fruición al verlo y se restregó contra su pierna. Eren lo levantó en alto, apretándolo contra su pecho para llevarlo a casa.
Con el orgullo herido y la mandíbula hinchada, murmuró un sinfín de excusas que podía darle a Levi. Sin embargo, en cuanto lo vio solo quiso correr y echarse en sus brazos para que lo consolara. Como solía hacer cuando era más chico.
Semi recostado sobre la silla de mimbre del porche, con un libro entre las piernas y las gafas oscuras de sol. Contemplaba el atardecer.
Vestía un viejo suéter abierto y pantalones ajustados. Sus pequeñas manos cerraron el libro y vio un suspiro escapando de su boca. JJ se retorció para liberarse y correr hacia el omega.
—Bebé —lo llamó Eren, con el nuevo apodo que le puso, tratando de sonar tan tranquilo como siempre.
Levi se fijó en la hora y arrastró los lentes hacia atrás. Analizando el desordenado cabello del alfa y la ropa maltrecha.
—Eres patético —soltó, las rectas líneas de su frente arrugándose— ¿Acaso tuviste una pelea?
—Con Yaroslov —afirmó Eren sin poder mentirle u ocultar la verdad—. Pero no fui suspendido —se apresuró en recalcar. No era como si Levi sacara un rollo de periódico para pegarle en el trasero, al igual que antes, pero realmente odiaba decepcionarlo.
—No me interesa —lo apartó el de cabellos negros—, hueles a mierda. Me avergüenzas.
—Iré a darme un baño.
—Hazlo ahora.
—¿No me darás un beso?
—No cuando hueles a mierda, mocoso.
Resignado, entró a casa escuchando como Levi dejaba el libro sobre una mesita baja y lo seguía al interior.
Se dirigió a la habitación que compartía, guardando la mochila en el closet y quitándose el uniforme. Levi entró, mirando con profundo asco el diente que reposaba sobre la cómoda y levantando la cabeza. Con ligera satisfacción, Eren comprobó que efectivamente medía cinco centímetros más que su omega.
Dejó que Levi iniciara su interrogatorio. Preguntando que hizo y porque las cosas sucedieron de esa manera. Ejecutándolo en silencio y usando aquel soso tono de decepción que tanto detestaba. Pero lo dejó pasar.
Abrió la alcachofa de agua, reduciendo al mínimo la molesta voz de Levi que le decía que era una alfa muerto si se le ocurría suspender biología.
Se sumergió en la tranquilidad del silencio, flotando inconmensurablemente dentro de sí mismo.
El olor que emana una pareja es único e irremplazable en todo el mundo. Especial. Necesitaba de Levi y Levi necesitaba de él, eran un complemento perfecto.
Salió luego de secar su cuerpo con rigurosidad, Levi descansaba sobre la cama. Enrollado como un caracol y protegiendo su frágil vientre con las rodillas y brazos.
Últimamente estaba más débil y propenso al cansancio. Eren no quería lastimarlo y se comportaba posesivamente al momento de protegerlo de cualquier nimiedad. Aunque ahora sentía una enorme ola de ternura llenando sus venas.
—Perdóname por decepcionarte —se atrevió a decir, como un niño chiquito en busca de afecto.
Levi lo ignoró olímpicamente. Estaba muy cabreado y molesto.
Eren extendió mantas sobre su cuerpo, cubriendo a su pequeño gatito arisco para que ninguna corriente de aire lo molestara. Le besó la frente y se quedó de cuclillas, mirándolo con adoración.
No importaba cuanto sufriera, cuanto lo humillaran, siempre y cuando todo el esfuerzo sirviera para cuidar de Levi y su futuro cachorro todo valía la pena. Su única razón de vivir eran ellos dos.
Levi no tenía ni un mes de gestación, recordó. Y la noticia fue un verdadero milagro, porque su celo todavía no se había presentado.
Su omega era como una madre regañona y celosa, un amante ardiente y lindo, una pareja seria y fría. Alguien que nunca lo dejaría solo, su familia. Eso lo ponía nervioso, era muy pronto y Eren creía no estar listo pero cuando vio la diminuta sonrisa en el rostro de Levi supo que nada más importaba en este mundo.
Enterró la cara en el hombro de Levi, compungido. Buscando la glándula de olor de su nuca para embriagarse con ella y aliviar el dolor que sentía en el pecho.
Se entretuvo un rato, lamiendo la marca bajo el estricto permiso de Levi que comenzó a soltar pequeños jadeos.
Lo amaba tanto.
Quería rodear sus brazos alrededor de su cuerpo y mantenerlo ahí, a salvo de todo y de todos.
—No puedo perdonarte si continuas comportándote como un niño —se animó a decir Levi.
—Mi error.
—Siempre es tu error.
—Lo sé.
Los dedos de Levi bordearon el límite de la toalla y su piel. Eren no vio comprensión o alivio en sus ojos grises, solo lujuria y un brillo de deseo.
—Compláceme, alfa —le ordenó.
Eren se mordió el labio, sintiendo un ligero roce sobre su miembro.
El omega interior de Levi necesitaba muchas más atención que antes y al parecer esta era su etapa de buscar amor carnal una y otra vez.
—¿No podríamos… —titubeó— simplemente abrasarnos y dormir juntos? Estoy muy cansado.
Levi lo miró feo.
Supo que no tenía otra opción y tampoco quería dejarlo con las ganas. Complacer a Levi era parte de su naturaleza, tenerlo satisfecho y llenó cuando quisiera.
Se recordó a si mismo pidiendo hacerlo cada noche cuando el inicio de su pubertad había llegado, entonces Levi no puso reparos al momento de abrirse de piernas para que Eren buscara su propia y exploratoria satisfacción.
Era un acuerdo mutuo.
Ambos daban una parte de sí mismos para que su relación continuara fluyendo mansamente y nunca se rompiera, sin egoísmo avaricia.
Ahora su omega preñado quería que lo follaran y Eren no podía negarse. Aunque más tarde cayera muerto de sueño y llegara tarde a clases.
Besó su hombro y fue quitándole el suéter y la camiseta a medida que mordisqueaba la piel de su pecho. Acomodándose entre sus piernas, luego de desabrochar sus pantalones y bajarlos hasta la rodillas junto con la ropa interior, en un mutuo entendimiento, comenzó a hacerle sexo oral asegurándose de que se auto lubricara lo suficiente para poder introducir sus dedos.
Levi cerró los ojos, ronroneado complacido. Con las manos fuertemente sujetas del cabello de su alfa y las rodillas separadas. Eren aún no tenía el celo, por lo que era seguro hacer el amor. No habría riesgos de desgarros o perdidas de control innecesarias que podrían dañarlo de gravedad.
Cuando se sintió listo, soltó la cabellera de su alfa y lo instó a echarse sobre su cuerpo.
Eren lo hizo, limpiándose la boca con el dorso de la mano y tirando la toalla al suelo. JJ se acomodó rápidamente sobre la tela, a sabiendas de que sus amos tardarían un buen rato en desocupar la cama. El alfa de ojos verdes puso las palmas arriba de los hombros de Levi, para no aplastarlo con su peso, cerrando los dedos entre las sabanas y alineando su semi erección en la húmeda entrada caliente.
A Levi se le antojaba una rápida sesión de sexo que lo hiciera sentirse lleno y satisfecho, así que su deber era dársela. No encontraba problema en ello, siempre estaba dispuesto a hacerlo. Sin objeciones. Lo amaba. Lo amaba mucho y no quería decepcionarlo. Levi tenía que soportar que él no hubiera desarrollado su nudo, que siempre se metiera en problemas y no fuera lo suficientemente fuerte. De vez en cuando vislumbraba esa decepcione n sus ojos y se sentía terriblemente avergonzado. Y cuando se enteró que tendría un cachorro nunca lo había visto tan feliz, desde entonces se prometió hacer todo lo que estuviera a su alcance para mantener esa felicidad en su cara.
Su bello y preciado Levi. Se merecía lo mejor del mundo, lo mejor de todo.
Reprimió un grito al escuchar el roto gemido que su omega soltó cuando sus paredes internas se abrieron para darle paso. Lo dejó acostumbrarse largo rato, mientras el mismo se ponía duro de solo sentir lo caliente que estaba.
Sabía que Levi no se dejaría besar en la boca, no luego de que la suya estuviera sucia de transparentes fluidos dulces. Así que se conformó con susurrarle lo mucho que lo amaba y lo bonito que se veía ahora mismo, el omega se apresuró en responder que se moviera de una maldita vez.
Más y más profundo.
Sus embestidas fueron rápidas y profundas, no quería tardar innecesariamente y cansarlo. Levi y su cachorro necesitaban dormir y guardar energía para mañana. Jadeó con mayor frecuencia, salivando con ganas de morderle el hombro desnudo.
No lo hizo.
Sería sumamente doloroso para su omega. Apretó los labios, conteniéndose y moviendo las caderas con la rapidez de un animal en celo. Cuando lo sintió arquearse supo que había llegad el momento y había encontrado su punto de placer.
Soltó un suspiro largo y extenuante. Ya casi no podía formar un pensamiento coherente, orgulloso por coger a su pequeño omega y sacar esos gemidos de su boca.
Bebiendo de su dulce aroma, Levi se encargó personalmente de dejarle el recuerdo de ese momento. Con las manos aferradas a la espalda del alfa, arañó su clavícula cuando ya no pudo más. Dejando caminitos rojos y delgados que hicieron temblar y gemir de placer a Eren.
Gruñidos y gemidos se mezclaron en el aire.
El gato observándolos a una distancia prudente.
Eren golpeo más en el satisfecho interior de Levi, saliendo y entrando al momento de acabar.
—Eres perfecto —sujetó un mechón del cabello negro, acariciándolo y tirando con suavidad— como el agua en un día tranquilo.
Levi no lo escuchó, concentrándose en recibir lo máximo puesto que Eren todavía era un eyaculador precoz. Se masturbó a si mismo hasta correrse y pegar un gemido aislado. Contrayéndose y empujando a Eren para llenarlo con su semen.
El cuerpo de Eren temblaba, esforzándose por recuperar el aire. Levi lo empujó a un lado dela cama, viéndolo caer desnudo y sucio.
—Te amo —le dijo el alfa de ojos verdes, atrayéndolo hacia su brazos.
Levi se dejó mimar largo rato, hasta que le recordó que ya era tarde y tenía que estudiar. Fue expulsado de la cama y tuvo que resignarse a recoger sus cosas y ponerse frente al escritorio.
Le llevó algo de agua y una toalla tibia para que se limpiara. Su omega aceptó las cosas y le revolvió el cabello, esa era suficiente recompensa para que Eren se pusiera contento.
Abriendo un libro al azar, intentó llenar la página de preguntas y respuestas. Sin poder hacerlo sacó la pequeña libreta secreta y comenzó a escribir, las ideas fluían por si solas. A su madre también le encantaba escribir y algunas veces inventaban cuentos verdaderamente novedosos. La extrañaba mucho.
Ahora había formado su propia familia. Más allá de los problemas, sus padres estarían orgullosos de él.
Sin proponérselo, se sorprendió a si mismo pensando en Armin.
Ese omega tampoco tenía padres.
Frunció el ceño deteniendo su escritura.
Armin solo quería hablar sobre las palabras de su libreta, no tenía nada de malo encontrarse con él. En cierta forma le tenía cierta simpatía por sus similitudes.
¿Y si pedía permiso a Levi?
En este momento su omega dormía profundamente. Los omega en gestación siempre hacían eso, comer, descansar y dormir.
Cerró la libreta con un firme golpe, no, no tenía por qué conocer a otro omega. Ni siquiera por cortesía, ya era un adulto, un alfa grande, con responsabilidades. Perder el tiempo no estaba en sus planes.
Decidido, volcó su atención al libro de preguntas y comenzó a llenar el espacio vacío con su apretada letra.
Tenía un sueño.
Haría que Levi estuviera muy orgulloso de él, costara lo que costara.
Era una promesa, un juramento.
La libreta quedó olvidada en un rincón, las palabras se detuvieron.
Levi roncaba ligeramente. JJ acurrucado a su lado.
Alguien se quedó esperando su llegada.
Eren no era un genio, ni un dios. No podía vislumbrar el futuro. Tan solo trataba de vivir el presente y aferrarse a lo que la naturaleza le dio. Sin embargo sentía amor. Y sentirlo en un mundo como el suyo, era un pecado.
El inicio de su catarsis comenzó, sin siquiera proponérselo.
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Próximo: River
"La Gente acepta el Amor que cree merecer"
Pidieron que Eren tuviera a alguien más, para equilibrar que Levi ya tenía Farlan. Escogí a Armin como candidato.
Salto en el tiempo como prometí. Ahora Eren tiene quince años.
Levi trata a Eren como un perro.
RESPUESTAS CORTAS A SUS REVIEW
YesOffer chapter: Te regalo una aspirina. XD okno esto va bien, desde mi punto de vista, nada malo pasará. Es una promesa.
Ame8910: Review de Ale ;-; aquí. Será un poco aburrido porque solo son recuentos de la vida diaria pero gracias por leerlo de todas formas.
Guest: jajajaja también pensé en los Croods al momento de escribirlo. Levi es el padre anticuado y duro que nadie quisiera tener. Armin sufrirá mucho, creo que eso es todo. No hay mucho drama aquí.
Hotaru970: Poco a poco odiaras a Levi(¿) bueno, eso pretendo.
Charly Land: No conozco la diferencia, pero Levi podría ser un poquito de ambos. Levi tendrá bebitos preciosos. Eren es un oso amoroso.
00Katari-Hikari-chan00: Muchas gracias. A mí también me gusta cómo queda cada capítulo, será porque disfruto mucho escribiendo lo que quiero leer. Esto será muy diferente, Eren solo quiere superarse y Levi solo quería hijos. Respondiendo tus preguntas. ¿Por qué tienen celos si son parejas destinadas? Al menos aquí, porque uno de los dos comete errores. Nah, por culpa de Armin que no tiene pareja destinada y rompe el orden natural de las cosas. Ahí está el problema, Eren quiere descubrir mucho más y Levi no.
Yoru cruz: XD hubo un salto en el tiempo aquí. Muchas gracias, también te mando besos.
Xochilt Oda: Tienes razón, las notas de autor son importantes. Respondiendo preguntas: ¿Por qué Levi es malo? Porque él no quiere que Eren cumpla sus sueños y hará todo por impedirlo ¿Levi ocasionó el incendio? No, fue su hermano River. AHHHH contesté todas tus preguntas y BOOM XD me rompiese el corazón. Bueno, escribiré cada capítulo respondiendo las preguntas conforme avance el fic aunque la mayoría se desvelaran en el siguiente.
Akire: La obsesión con Yoi es inevitable XD lo admito. Gracias por continuar leyendo el fic. El final, en realidad, es hermoso.
Azula Rivaille: Ya creció, bueno, crecerá más. Y si es un alfa rompeculos.
Belen96: :3 de nada! A ti, gracias por leerme.
Akane Miyazaki: Te prometo que este fic termina bien. Levi es el antagonista porque siempre quise leer un fic de esa naturaleza ;-; muchas gracias, por todo. Por leerme, por tus review y todo…
danielacharry97: Espero que Eren no termine matando a Levi. El amor siempre prevalecerá entre ambos. Prometo actualizaciones un poco más seguidas.
lanali17: Sip. Leíste el final. Levi obtendrá lo que siempre ha buscado. Un alfa. Aunque le duela. Los Ackerman, los de mi fic, fueron criados de esa forma.
Nos leemos.
