Te amo

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La primera vez que Eren sintió la necesidad de escapar de todo tenía quince años y supo que iba a convertirse en padre, pero cuando Levi hubo terminado el anuncio, se limitó a hundir el rostro entre las esponjosas cobijas y fingió que estaba dormido.

No pudo reposar esa noche.

Algunas veces le hubiera gustado ser como papá.

Papá compraba flores para mamá.

Papá era un alfa ejemplar.

Papá protegía a su familia.

Eren tenía miedo de no ser como papá, fallarle a su omega y al cachorro.

Aún no perfeccionaba su instinto, no había adquirido un nudo y tampoco llegó a tener su primer celo. No sentía los celos enfermos, la necesidad de mostrar superioridad o los instintos territoriales que cualquier alfa desarrollaba a lo largo de su vida.

Y para empeorarlo todo, Eren comenzó a sentir interés por el conocimiento beta.

Nunca confesaría que leía libros betas a escondidas, ni que se sentía entusiasmado por comprar un par de anillos y proponerle matrimonio a Levi.

Pero lo intentó.

Intentó perfeccionar su limitado instinto interno y hacer que Levi dijera que estaba orgulloso de él, aunque su omega siempre arrugaba el entrecejo al notar su esfuerzo.

Un buen alfa busca proteger, alimentar y proveer a la madre de sus cachorros. Quizá Eren nunca sería un buen alfa, pero tampoco se daría por vencido fácilmente.

Centrado en ese pensamiento fue a recoger flores frescas para iluminar el oscuro dormitorio, puesto que habían sellado las ventanas porque Levi –mejor dicho, el omega interior de Levi- necesitaba sentirse seguro y cómodo.

Levi y él eran compañeros, se acoplaron cuando él era un niño y lo amaba mucho. Diablos, lo amaba con todas sus fuerzas, pero olvidó que cualquier omega en gestación, incluyendo a alguien tan estricto y adicto al orden como Levi, odiaría sentirse expuesto a las sucias plantas de mierda arrancadas de su espacio natural.

Y fue así como sus planes terminaron en el cesto de basura más cercano, junto con su orgullo herido, y la cuarta parte de instinto alfa que tenía, clamando venganza.

Respiró hondo y faltó a clases, tratando de dirigir toda aquella tonta furia hacia otra parte que no fuera la destrucción de su propiedad.

Estuvo quejándose y sollozando toda la mañana, en casa de Hannes, luego pensó en las muchas cosas que odiaba de Levi. Humillante. Todavía era un alfa, con o sin instinto, su orgullo estaba herido.

Hannes sugirió un divorcio y Eren tuvo que exprimir su cerebro para encontrar el significado de aquella palabra beta, demasiado confusa para identificarla, no le agradó el significado, sin embargo tampoco pudo molestarse con Hannes.

La última cosa que quería en el mundo, era que el beta, la segunda persona más importante en su vida, se enojara con él.

Trató de explicarle que los alfas y omegas destinados no podían renunciar a estar juntos, ni separarse, y aunque fuera el caso él nunca dejaría a Levi. Los alfas y omegas no se divorciaban. Eren amaba a Levi, Levi lograba tolerar esos sentimientos, eso era más que suficiente.

Detestó la mirada del viejo Hannes.

"Demasiado joven para soportar esa carga", eso fue lo que le dijo, empero Eren sabía que no era cierto. Podía hacerlo, ¿porque siempre todos tenían que recordarle que solo era un crio? Joder, él podía hacerlo, sin la ayuda de nadie. La cultura de ambos era totalmente diferente para tener que tomar enserio las palabras del viejo Hannes.

Entonces volvió a casa.

Era un alfa, no quería que Levi lo viera en ese estado. Él era un alfa. Un alfa. Respiro hondo, burlándose de sí mismo por casi haber caído en derrota.

Al fin, decidió entrar a casa, empujando la manija de la puerta hacia adelante, y al instante captó un olor ajeno al suyo, pero eso no fue lo que le llamó la atención.

Las flores marchitas continuaban dentro del cesto de basura.

Una mezcla de enojo y profunda tristeza comenzó a bullir dentro de su estómago.

Ahora solo quedaba reconocer al visitante que había invadido su casa. Quitándose los zapatos, calzó una de sus pantuflas antes de entrar.

El olor ajeno se intensificó en la entrada del sótano y del comedor. Demasiado familiar para no reconocerlo. Arrugó la nariz, tratando de recordar.

La mecedora favorita de Levi, estaba vacía y las luces apagadas.

—Cuñado.

Eren reaccionó de manera instantánea. Poniéndose alerta ante la llegada del intruso, siseó y entrecerró los ojos para ver mejor. El hermano mayor de Levi reposaba sentado sobre el apoyabrazos del sillón más largo, ojeando el álbum de fotografías de sus padres. Relajó los hombros, aliviado.

Por un momento, sintió envidia. River era el prototipo de un alfa perfecto y estilizado, incluso ahora, a mitad de la noche, vestía un aligerado traje negro.

—Hola —el alfa bajó la cabeza para observar su reloj de pulsera.

—Llegas tarde —musitó River, colocando el álbum de fotos sobre sus rodillas, sin dejar de mirarlo fijamente.

—Tuve un contratiempo —mintió Eren, algo intrigado por la imprevista visita.

—Contratiempo…¿Un estudiante de secundaria?

—¿Qué haces aquí? —esquivó la pregunta, sin contenerse, le molestaba el hecho de tener a otro alfa bajo su techo.

Por motivos desconocidos, Levi había decidido mantener a su familia alejada de él y Eren respetaba esa decisión. Así que la razón por la que River estaba sentado en su sala, no cabía en su mente. Si por algún motivo había forzado su entrada, haciendo caso omiso de su omega y causándole cualquier tipo de fatiga, el mismo se encargaría de…

—Alfa —interrumpió el otro.

Odiaba que lo llamaran de esa forma.

—Que.

River señaló al frente, sin inmutarse ni un poco.

—Levi dejó tu cena en la nevera —informó, neutral—, yo ya me iba.

Eren se removió, inquieto.

Al menos hoy no recibiría cualquier tipo de regaño o sermón, por llegar tarde y haber armado un berrinche, no frente a River. Todo el mundo sabía que ese alfa podía ser estricto, inteligente e insuperable, pero también prejuicio y arcaico, por no decir cruel. Incluso en casa, se divertía humillando a la gente, en especial a omegas. Levi no podría retarlo frente a su hermano mayor.

River se puso de pie, dando por terminado cualquier tipo de proyecto en el que estuviera pensando.

—Por cierto —retrocedió a pasos de la entrada, retirando un estuche del bolsillo para entregárselo—. Puedes conservarlas —dijo con un oscuro y extraño brillo en los ojos—, fueron un regalo de tu padre.

Eren aceptó el obsequio.

—Son gafas —le dijo luego de abrir el estuche.

El alfa mayor entrecerró los ojos.

—Grisha mandó a hacerlas —explicó River, causándole una pequeña conmoción—, una para su primogénito y otra para mí. Supongo que las tuyas habrán desaparecido en el incendio.

Eren lo miró, agradecido por el gesto. En verdad apreciaba el detalle. Tal vez, después de todo, River no era tan malo.

Quería darle las gracias.

El alfa mayor se detuvo, algo desconcertado, y bajó la cabeza para olfatearlo. Eren levantó ambas manos, un poco asustado cuando la respingada nariz de River se hundió en el cuello de su camiseta.

"Demasiado cerca, amigo" quería decirle.

—Espera…

Quieto.

Todos los músculos de su cuerpo se tensaron al oír la voz de alfa. Tan potente, incluso para un congénere de su especie. Sus ojos se ensancharon y entreabrió los labios.

¿Qué demonios? Esto no era normal, no lo era.

River había utilizado la voz de mando en él, haciendo un reconocimiento básico. Como un jodido animal que encontró algún olor extraño -Eren nunca podría llegar a ese nivel de control-, casi salvaje, como si pudiera oler sus pensamientos. Mierda, posiblemente River no era capaz de eso, pero sí de descubrir el olor de Hannes, que estaba impregnado en su ropa.

Estaba a punto de encogerse ante su escrutinio, pero eso solo delataría el miedo que le causaba. Se mantuvo firme, con el corazón empujando fuertemente dentro de su pecho a medida que la mal disimulada inspección llegaba a su fin.

No pasó la prueba, sin embargo River no trató de intimidarlo.

—Pasa una buena noche —le gruñó, hoscamente, antes de azotar la puerta y desaparecer en la oscuridad. Seguramente, asqueado por el ligero olor a beta que cubría su cuerpo.

Después de todo no había sido un día tan malo.

Eren sintió el dulce sabor de la victoria mientras devoraba su cena fría.

Si fuera el omega de ese alfa, de seguro habría recibido rechazo y desdén, sin embargo él era un alfa libre y podía visitar a Hannes tanto como quisiera. A Levi no le importaba, a pesar de ser parte de una familia ultra conservadora, se llevaba bien con Hannes.

Es por eso que ambos eran una pareja compatible. Incluso cuando Levi había tirado sus flores, podía traer más. O ahorrar una porción de su mesada para comprarle otro obsequio. Levi no dejaba que si instinto omega lo forzara a ser el convencional o típico sumiso complaciente, tenía un ritmo opuesto a lo normal, mucho más sensato. Inclusive en el embarazo evitaba dejarse llevar por las emociones del momento.

Decidido dejar aquellos pensamientos a un lado, encontró a Levi en el interior de la cama, sudando feromonas de embarazo, demasiado dulces para su paladar.

Era consciente de que Levi ya estaba despierto, mirándolo con sus rasgados y destellantes ojos acusatorios, pero eligió fingir que dormía y caminó en puntillas para no ser descubierto.

—Toma una ducha, apestas —escuchó que le decía cuándo estaba a punto de entrar en la cama.

Tan quisquilloso como siempre.

El de ojos verdes dio media vuelta.

—Sí, Levi.

Al parecer no iba a ser reprendido. Levi no parecía estar molesto con él, aun cuando hizo algo malo como llegar demasiado tarde a casa.

Levi descubrió las sábanas hasta su cintura, el hinchado vientre se hizo camino. Eren pasó saliva, sintiendo como una fuerza invisible lo atraía hacia abajo.

—Posiblemente fui una mierda contigo esta mañana —susurró su omega, poco acostumbrado a pedir disculpas—. Lo superaras con el tiempo —dijo, apartando la vista para recoger otra almohada y reorganizar el abultado nido que había hecho con la ropa de Eren y mantas calientes compradas para ese propósito.

Eren quiso besarle los pies.

No se merecía a alguien tan perfecto y lindo.

Él lo amaba, lo ha querido desde el principio. Observándolo de cerca y avasallando terreno, centímetro a centímetro, había aprendido a incrustarse en su corazón.

—Vencí a tu hermano —dijo, sin frenos, tirando la mochila en un rincón. Henchido de una soberbia arrogante, pero de todas forma, completamente inocente.

"Por favor, di que estás orgulloso de mi" rogó su vocecita alfa interior, derritiéndose ante los bonitos labios de su omega.

Levi dejó de amoldar las mantas a su antojo, fingiendo extrañeza, dirigió su mirada hacia él.

—Así que ese pendejo por fin se fue, buen trabajo —dijo, entreabriendo esos carnosos pliegues rosas que le encantaba morder—. No me extraña, hiedes como una mofeta con diarrea.

Eren decidió enseñarle una de sus sonrisas, a su omega le encantaban, aunque por supuesto nunca lo admitiría.

—No sé por qué los odias —dijo, quitando los botones de su camisa— ¿Sabes? Hannes es un buen tipo y los betas son corteses.

La ropa fue puesta en el cesto.

—Nunca dije lo contrario —observó Levi.

Eren decidió apretar los tornillos un poco más.

—Si tan solo les dieras una oportunidad.

—Esa no es mi tarea, Eren.

Se detuvo con las manos sujetas al borde de sus calzoncillos, estaba a punto de quitárselos para ir a la ducha.

—¿Prefieres permanecer encerrado aquí todo el día? —cuestionó, tratando de ser suave.

—Por si no lo has notado —su omega torció la boca, colocando una mano sobre su vientre— tengo ciertas limitaciones.

Claro, esa podría ser la razón por la cual Levi nunca salía de casa. Su familia había envenenado su mente con reglas y prohibiciones, eso es lo que hacían la mayoría de los omegas, ocultar sus penas y hacer que sus alfas sean felices. Pero él iba a resolverlo. Porque amaba a Levi.

—Que seas un omega —titubeó, deslizando su ropa interior hacia abajo— no te prohíbe hacer amigos.

Lo único que consiguió fue un ruidito de disgusto, luego vio como la boca de Levi se torcían disimuladamente, como cuando estaba enojado por algo.

—Me refiero al cachorro, estúpido —aclaró el de cabellos negros..

Eren cubrió su desnudez con una toalla.

Si Levi no gustaba de hacer amigos no por ser omega ¿Entonces porque sería?

—En ese caso te enseñaré a ser más sociable con los betas —propuso.

—Soy sociable.

—No tienes amigos

—Los tengo —no mencionó que el gato y los ancianos Arlet no contaban como amigos— y contigo es más que suficiente.

Eren sintió el cálido golpeteo de su corazón.

—Me enamoras, bebé —le dijo, tratando de ser atractivo. Seducirlo. Su alfa interno rugió de gozo, aplaudiendo su iniciativa, con deseos de que el omega preñado frente a él se sienta lo suficientemente atraído para oler su aroma, tocar cada pulgada de su piel y decirle cuán grande y buen alfa es. Que es un alfa digno de llenarlo, romperlo y tomarlo las veces que quiera. Que es su alfa.

—¿Qué demonios significa eso?

Pero Levi no cederá tan fácilmente, no, Levi es una cosita preciosa que sabe mantener sus sentimientos omega a buen resguardo.

Es por eso que no debe dudar ni un segundo.

—Que te amo —le contestó. Firme y determinadamente.

Y la sonrisa de Levi es tan cautivante como la primera vez. Solo suya.

Nunca podría apartar la mirada, ni por todo el oro del mundo. El universo entero se reducía a eso, las blancas manos de su omega rodeando su cuello, como serpientes marinas arrastrándolo a lo profundo del eterno mar oscuro. El olor de las dulces feromonas haciéndose cada vez más fuerte. Más fuerte. ¿Quién podría resistir ese nuevo sentimiento? Definitivamente, no quería hacerlo.

—Eren.

—¿Sí?—jadeó, a centímetros de lamer la inmaculada piel de su cuello.

Su omega lo pateó fuera de la cama.

—Ducha. Ahora.

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Algunas veces Levi se sienta a su lado, especialmente cuando está haciendo sus deberes, con una taza de té orgánico en la mano y el viejo libro de rompecabezas en la otra. Otras, él apoya la cabeza en su vientre, a pesar de avergonzarse por ello, y trata de escuchar algún sonido. Lo mejor de todo es que Levi, el intocable y poco arisco omega, lo deja ser. Y se toman de las manos. Y algunas veces es feliz cuando sus labios se tocan en la oscuridad. Y Levi lo regaña por ser tan despistado. Y todas esas emociones son solo suyas, Levi no se comporta de esa forma con nadie, solo con él.

De alguna manera, se siente especial.

Como si ambos, siempre juntos, tuvieran el poder para conquistar el mundo entero.

No son como cualquier pareja casada. Levi es un adulto y él aun trata de quitarse los cascarones de niño grande. Pero siente que son felices, porque en su vida no hay sobresaltos ni malentendidos. Levi puede hablar con él, hablar mucho, demasiado. Levi puede permanecer callado, demasiado.

La madeja de confianza, que los une, es fuerte. Irrompible. Ha sido construida bajo una roca.

Es la primera vez que Eren siente que tiene una familia.

Su propia familia.

Y así está bien.

Por ahora.

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—Conseguí un trabajo.

Eren trata de no escupir sobre su vaso de leche, porque entonces Levi lo mataría a golpes de periódico y lo forzaría a limpiar el piso y llegaría tarde a la escuela. Y otra falta solo causaría más problemas de lo necesario.

Aunque eso no es importante en este momento.

—¿¡Qué!?

Levi continuó repartiendo delgadas líneas de mantequilla sobre su pan integral. Últimamente estaba comiendo demasiado, aunque eso es lo que hacen todos los omegas preñados, es normal, colmar una cuchara con cereal no dietético y alimentarse con medio litro de jugo. Es completamente normal.

—Conseguí un empleo, en la cafetería de alfas —explicó su omega, interrumpiendo el rumbo de sus pensamientos.

Conocía el sitio, una tienda pequeña con cortinas rojas y vidrieras llenas de apetitosos pasteles de colores. Cuando eran niños, él y Jean solían devorar los infinitos postres de colores, expuestos en esas vitrinas transparentes, viendo como los alfas más grandes llegaban a descansar.

—¿Por qué? —preguntó. Tratando de amoldarse a la horrible noticia.

—El aroma alfa es muy tenso —explicó Levi—.La familia beta, que trabaja ahí, mencionó que no estaría mal que un omega perfumara el local con su aroma y decidí tomar el puesto.

Eren pestañeó, posando la mirada en su propio plato de cereales dulces. Que Levi quisiera trabajar no estaba mal, ser un omega no le prohibía hacerlo. No se encontraban en la arcaica era antigua, cuando ellos aun vivían junto a los betas y la violencia imperaba en todo lugar, pero…pero existían muchos peros por resolver.

Su alfa interno arañó con furia.

—No —logró articular luego de un buen rato.

Levi no se mostró sorprendido, masticando con parsimonia mientras asesinaba pequeños gajos de cereal con la cuchara. Era tan difícil adivinar sus pensamientos.

—No —volvió a repetir, renunciando a mirarlo—, No puedo dejar que hagas eso —dijo, sintiendo que esas palabras no eran suyas, simplemente sabían mal y estaba siendo injusto—. Estas encinta con nuestro hij… —se detuvo— con nuestro cachorro —corrigió, haciendo un ademán con la mano, para señalar el redondeado bulto que sobresalía dentro del suéter blanco de su omega.

—No lo había notado, Eren —farfulló Levi, sarcástico—. Mierda, apestas a alfa enojado y barato.

—Lo siento, no soy yo —se disculpó, torciendo la boca con maldad— creo que es el instinto que no tengo.

—Como sea —Levi decidió restarle importancia—. Solo trabajaré dos meses, tú suplirás mi puesto cuando tenga al cachorro.

Aquello fue como un golpe en el estómago. Eren trató de no sentirse decepcionado.

—Planeaste todo por tu cuenta ¿Verdad? —inquirió.

—Por supuesto.

¿Por qué tenía que ser tan perfecto, ordenado y serio? ¿Por qué Levi tenía que ser mejor que él en todo?

Algo estalló dentro de su pecho, como lava ardiente que no podía ser contenida. JJ escapó hacia el lugar más seguro, las piernas de Levi.

—Sin mi consentimiento —exclamó, extrañado de que aquellas palabras brotaran de sus labios.

En estos momentos se sentía completamente ajeno a su cuerpo, no era él quien lo controlaba. Levi también pareció percibir ese detalle.

Al momento de decirlo, Eren se arrepintió. No era dueño de Levi, siempre se lo había recordado e incluso criticaba a los escasos alfas que actuaban de esa manera.

De alguna forma todo era extraño, retorcido.

—Si —confirmó Levi, inmutable—, lo hice sin consentimiento.

Eren se encogió, avergonzado.

—No era lo que quería decir —se excusó con rapidez, volviendo en si— fue un impulso tonto de mi parte, no soy una especie de monstruo que maltrata omegas, pero tenemos lo suficiente para vivir, no creo que necesites un empleo.

Levi dejó caer la cuchara que sostenía entre sus dedos, chasqueando la lengua, Eren vio cómo la plata se hundía en la leche hasta desaparecer.

—Hiciste que el desayuno supiera a mierda —cortó su omega, reteniendo el sinnúmero de feromonas que bramaban por escapar a través de sus poros.

El embarazo volvía muy hormonales a los omegas, y aunque los omega macho podían controlarlo mejor, ni siquiera Levi era tan fuerte.

—Levi…

—¡Cierra la boca! —le gritó, pocas veces liberaba la ira de su omega— ¿Realmente quieres saber porque lo hice? No sé si tu minúsculo cerebro logre interpretarlo, pero necesitamos el dinero, mocoso.

Eso cambiaba un poco la situación.

—Creí que mi padre había dejado algo de dinero —se atrevió a contestar.

Su omega frunció el ceño, iracundo.

—No tomaré un centavo del dinero que tu padre dejó para tu —remarcó— educación.

Eren se sintió indignado.

—¿¡Porque no!? —exclamó, tirando la silla a un lado, gracias al impulso que causó al levantarse repentinamente. Ese dinero era de ambos. Era el dinero que papá había destinado para él, dinero limpio y bien ganado— ¿Se trata de tu orgullo como omega? —aseveró, indignado— Puedo comportarme como un alfa inútil, pero cuando tenga un trabajo podré mantenerte a ti y a nuestros cachorros. Lo haré. ¿Acaso no crees en mí? ¡He luchado mucho para llenar tus expectativas! Solo quiero tu reconocimiento, que confíes en mí y dejes todo en mis manos Puedo hacerlo. ¡Puedo ser un buen alfa!

Se sintió patético cuando el roto tono de la desesperación hizo mella en cada una de sus palabras.

—Mierda, Eren —Levi parecía ligeramente sorprendido por el giro de la conversación— siéntate.

—Soy un alfa —continuó, caprichoso, sin importarle nada más. Decidió soltar la pequeña bomba que llevaba guardada desde hace un par de meses— ¿Por qué tengo que estudiar?

Diablos, siempre arruinando las cosas.

Se sintió miserable cuando Levi suspiró, masajeándose el puente de la nariz para posiblemente aliviar la tensión.

—Acabas de responder a tu pregunta.

Eren no estaba seguro de que decir.

Los alfas no tomaban cargos pequeños, sino grandes, importantes. Los alfas lideraban a los betas y las necesidades betas, fuera de los muros. Algo que requería una preparación extensa y adecuada.

Eren no podría "trabajar" legalmente hasta terminar los estudios.

Eren nunca tendría un empleo medio.

Y Levi llevaba un cachorro, tampoco podía soportar el trabajo pesado, ningún omega lo hacía y por sorprendente que fuera, estaban poco interesados. Como omegas, el instinto les solicitaba concebir un paquete de cachorros completo. Uno por cada celo hasta terminar con el ciclo fértil de su especie y la mayoría estaban contentos por ello. Aunque él y Levi habían decidido interrumpir dicho ciclo al llegar a la tercera cría, después se encargarían de tomar supresores especiales para evitar otro embarazo. El coste de engendrar una camada completa era muy amplio y solo unos pocos alfas importantes –como River- eran capaces de proveer tantos recursos para su familia.

Eren no era uno de esos alfas, aún estaba en secundaria.

Si tan solo hubiera nacido antes…lo suficientemente antes para tener la misma edad que su omega adulto, entonces no sería un alfa estudiante y podría trabajar. Mantener a su familia. La idea, en sí misma, era estúpida. No obstante, comprendía las razones que tenía Levi para engendrar crías rápidamente. Levi no era joven, tampoco viejo, pero estuvo esperando mucho tiempo para poder saciar aquel instinto que le persuadía a engendrar cachorros y verlos crecer. Privarlo de esa pequeña satisfacción era demasiado cruel.

—Es injusto, para mí y para ti —dijo cuándo el fuego de su interior se hubo apagado—. Pero —juntó las manos abrazándose a sí mismo, manteniendo la vista fija en la silla de madera que estaba tirada en el suelo— no quiero permanecer sentado todo el día, estudiando cosas que nunca servirán para algo, mientras tú trabajas —se animó a posar los verdes ojos suplicantes en el rostro de su omega—, no quiero ser alguien importante, yo…yo siempre he deseado hacer lo que me gusta.

Solo deseaba un poco de comprensión.

—Deja de ser un cachorro —le dijo Levi— y céntrate en nuestros intereses.

—Lo hago. Soy tu alfa y quiero mantener a mi familia —reprochó— soy un alfa, no puedo soportar la idea de verte vulnerable. Necesito tenerte cerca. Es solo una fase que me impulsa a protegerte.

Levi puso los ojos en blanco.

—No necesito tu permiso de mierda para trabajar.

Eso era lo que temía, había estado actuando como idiota, tratando de tiranizar la vida social de Levi sin siquiera darse cuenta. Y Eren odiaba la sola idea de convertirse ese tipo de alfa.

—Fue mi error —se disculpó—. Sin embargo, creo que puedo tomar mis propias decisiones porque soy tu alfa.

Trató de sonar lo menos dominante posible, con mucho éxito. Algo que fastidió a Levi sobremanera.

—Yo te crie —le amonestó su omega, levantándose de su silla— te enseñé a follarme. Soy mayor que tú y no tomaras decisiones hasta que tengas un nudo en la polla y algo de cerebro en la cabeza, Jaeger.

El corazón de Eren palpitó con fuerza, moldeando una potente bola de congoja que hervía como lava caliente dentro de su garganta.

—Lo lamento —dijo, evitando aspirar las feromonas de intranquilidad que saturaron el ambiente.

—Deja de disculparte —increpó Levi, extendiendo la mano para tomarlo por el pelo para impartir una breve y pesada caricia—, los alfas no piden disculpas por sus errores.

No pudo evitar sonreír. Después de todo Levi seguía comportándose como su madre.

—No lo haré de nuevo —dijo, visiblemente aliviado.

Su omega apartó la mirada, tomando la taza de jugo entre sus suaves dedos para darle un sorbo.

—Excelente.

Miró al omega, no parecía decepcionado. Eso estaba bien. Tratar con Levi era como pisar vidrios puntiagudos, sin embargo siempre terminaban reconciliándose.

Todo permaneció en silencio, Levi fue quien recogió la silla y se llevó los platos, asumiendo que habían terminado de comer, Eren lo siguió con la mirada. Algo avergonzado por su actitud.

—Y que harás—comenzó, acercándose a la pequeña cocina— ¿Servir café a los alfas?

Levi dejó caer los restos en el contenedor verde.

—Si —contestó.

—Nunca antes habías trabajado.

—Nunca tuve la necesidad de hacerlo.

Eren sintió una oleada de vergüenza. ¿Qué clase de alfa hacia que a su omega trabajara?

—Soy una vergüenza ¿No es así?

Su omega lo miró de reojo, mientras se arremangaba la camisa para sumergir las manos en la espumosa agua.

—No todos nacen con una cuchara de plata en la boca —le dijo.

—Me gustaría haberlo hecho —soltó Eren.

El de ojos grises ladeó la cabeza, pensativo.

—Seas importante o no —expuso— eres mi alfa y no me quejo, mocoso.

Eren no podía discutir ante eso, tampoco iba a hacerlo. Su omega lo había halagado. Su amor platónico había dicho algo bueno de él. Demonios, eso lo hacía tan feliz. Estaba enamorado. Un ruidito escapó de sus labios, absolutamente perdido en sus pensamientos, y Levi volteó para mirarlo.

—¿Necesitas descargar, Eren? —le preguntó— Se hace tarde.

Eren sintió un ligero aumento de temperatura en torno a sus mejillas. Siempre que despertaba con una erección, Levi dejaba que descargara dentro, incluso cuando no tenía ganas. Eran una pareja y debían ayudarse mutuamente, Levi siempre solía repetirlo, en especial cuando quería montarlo y empalarse a sí mismo mientras le ordenaba como moverse y que partes tocar. Cuando su omega estaba necesitado tenía la voz más sedosa y amigable, ahora no era el caso.

Ese ofrecimiento no era propio de Levi, no cuando Eren no podía oler la mancha de excitación dentro de sus pantalones. Levi estaba siendo condescendiente con él.

—No —negó—, de hecho, es hora de que me vaya.

Levi soltó un "umm", pensativo y lleno de indiferencia, volviendo a la tarea de lavar los platos.

Admiraba como Levi podía jugar con su omega interno, manteniendo la cordura y el instinto al cincuenta por ciento cada una. Sacando un poco de aquí y allá cuando fuera necesario para conseguir lo que quería. Tan diferente a él.

—Compra algo de leche cuando vuelvas —indicó Levi, depositando la tarjeta sobre la nevera.

Desprovisto de su energía habitual, Eren contempló el desastre del comedor que él había causado. Realmente, necesitaba controlar su limitado instinto.

Afortunadamente hoy tenía clase de boxeo, liberaría toda la tensión que pudiera golpeando el feo rostro de Jean.

Tomó la tarjeta y el bolso de la escuela, despidiéndose al salir por la puerta. El gato le bufó desde el patio y decidió ignorarlo.

—Espera, mocoso —Levi lo detuvo. ¿Acaso quería algo? Un besito, quizá. Por supuesto que no, su omega no era cursi. Sin embargo se veía muy bien y luego de gritarse entre sí, Eren agradecía un poco de atención.

—Hoy tendremos una cita.

Joder, mierda, no.

El alfa pasó saliva ante de titubear, su instinto no podía estar más contento todo lo contrario para él.

—Es tu primer día en el —odiaba esa palabra pero tuvo que decirla— trabajo.

Levi se encogió de hombros.

—Te espero después de clase —ordenó— alguien debe cocinarte el almuerzo.

—Te quiero —logró susurrarle antes de que le cerraran la puerta en el rostro.

¿Esto era lo que comúnmente llamaban amor/odio?

Levi adoraba las citas aunque nunca lo dijera y solo las mencionara como una excusa para castigarlo. Levi era torpe para expresar lo que sentía, el omega interno de Levi era una bola excitable de emociones, mantener todo a raya debió costarle aquella actitud de pez castrado en el agua.

Realmente la naturaleza era sabia. Eren nunca pediría a otro como pareja.

Después de todo, esta cita no podía ser tan mala.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

—¿Una cita con tu omega? —preguntó Mikasa, saliendo de su cubículo con tan solo un sujetador verde y los apretados cortos negros.

—Sí, en la cafetería donde trabaja.

Eren dejó caer el bolso que llevaba, comenzando a quitarse el uniforme junto a un grupo de alfas que estaban dentro de los vestidores.

—¿Qué es una cita? —se entrometió Reiner.

—La reunión de dos personas interesadas en establecer una relación sentimental —contestó Marco.

Maldito sabelotodo.

—Totalmente innecesario —bufó el alfa rubio, golpeando la espalda de Eren antes de salir.

—A Levi le gusta —dijo Eren mientras organizaba las cosas de su casillero.

—Los omegas preñados tienen gustos extraños —mencionó Marco, probándose los guantes de boxeo—, nosotros no somos betas.

No pudo evitar ponerse a la defensiva.

—¿Intentas criticar a mi omega?

El pecoso le sonrió.

—No era mi intención —se disculpó a medias, girando para hurgar su bolsa— pero ya que tu deber es complacer a tu omega, entonces hazlo bien.

Marco le ofreció un extraño paquete cuadrado envuelto en plástico.

—¿Qué es esto?

—Se llaman bombones —explicó— lo último en citas beta

Antes de que pudiera decir algo, Mikasa se lo arrebató de las manos.

—No están autorizadas —dijo—, envenenarías a Levi.

—Solo es un poco de azúcar beta.

—Los omegas no pueden comer este tipo de cosas —un gruñido de advertencia hizo que Marco decidiera ceder ante la alfa. — y tampoco es bueno que trabaje, Eren ¿en que estabas pensando?

—Mikasa cuida de Levi —cambió el rumbo de la conversación, guardando su paquete— inclusive más que tú.

Eren estaba envolviendo una tira de venda sobre sus nudillos y se detuvo, un cosquilleo inundo su vientre.

—Eso no es cierto —refunfuñó—, Mikasa está emocionada por el cachorro.

—Solo si se parece a ti —corroboró la alfa, terminando de vestir sus prendas y llevando el bolso de Eren consigo— Eren ¿De dónde sacaste esas gafas?

—Uh ¿Estas? —el alfa de ojos verdes tomó el estuche—. Fuero un obsequio de River

—¿Es oro real?

—Por supuesto que no.

—Déjame verlas.

—¡No las toquen!

Ambos lo miraron extrañados.

—Si no fueron un obsequio de tu omega, no son importantes —recalcó Mikasa, arrebatándoselas de entre las manos—, nunca había visto un diseño similar. Mi padre tiene un par, pero son diferentes.

—Reforzaran tus hábitos de lectura —se inmiscuyo Marco.

—Llévalas puestas en tu cita —sugirió Mikasa—, al enano gruñón le gustaran.

—No lo llames de esa manera, Mikasa.

—Solo trato de ayudar —ella hizo un puchero extraño.

—No eres mi madre.

—¡Eren!

—Estamos tarde —interrumpió Marco— el entrenador Keith se enfadara de nuevo.

Mikasa volvió a guardar las gafas dentro del bolso y los tres juntos salieron de los vestidores, viendo, para decepción de Marco, que Jean y Reiner ya habían formado pareja para luchar.

—Solo somos tu y yo, Marco —dijo Eren, tratando de emparejar con el pecoso.

—No, hoy lucharé con Bertholdt.

—¿Qué hay de mí?

—Podemos entrenar juntos —se ofreció Mikasa—, siempre lo hemos hecho.

—Casi siempre.

Ella encogió los hombros, haciendo caso omiso a su mal humor, era tan obstinada.

Eren se puso junto a ella, formando una recta fila de dos en cuanto el entrenador Keith provocó un estridente ruido con el silbato. Corrieron un poco, como los alfas que eran, tenían mucha más resistencia y todo fue un simple juego de niños antes de iniciar la verdadera ronda de ejercicios. Eren se detuvo para beber un poco de agua, quedaban treinta minutos y no veía la hora de parar.

El resto de sus compañeros ya acomodaban las vendas alrededor de sus manos y otros se divertían soltando pequeños gruñidos. Un poco bestial. Podía oler la tensión en el aire, pero no identificarla. A lo mejor Mikasa era capaz de hacerlo.

La mayoría de los alfas no tenían pareja, solo unos cuantos, y solo él iba a convertirse en padre. Necesitaban aliviar el estrés de sus alborotadas hormonas jóvenes. Las suyas también estaban alborotadas, pero su omega se encargaba de ello. Tenían relaciones, y Eren se sentía tranquilo la mayor parte del tiempo, algo que sus compañeros de escuela no eran capaces de hacer, aún no.

Podían luchar, entrenar toda aquella fuerza física y redirigir la ira hacia otros ámbitos. No eran animales, los maestros se encargaban de eso, y solo los que lograban controlar todo el instinto eran considerados adultos.

Sin embargo, convertirse en un verdadero alfa era otra cosa. Algo más complicado y difícil.

—¿En que estas pensado? —inquirió Mikasa, poniéndose frente a él y levantando los brazos.

—Me pregunto si los omegas tienen clases de lucha —confesó.

Mikasa giró la cabeza, en dirección a los ventanales del edificio omega.

—Annie dijo que si —contestó, luego de meditarlo un momento—, ella dijo que tomaban clases de lucha y ejercicios para el cuerpo. Los omegas deben ser fuertes para proteger a los cachorros.

Eren rodó los ojos, poniendo los pies juntos y la espalda un tanto encorvada. Genial, había recordado las técnicas de Keith.

—No vivimos en un siglo anterior ni cazamos para comer, es una idea anticuada —le dijo— ¿Quién es Annie?

—Se llama instinto, Eren, y es un orgullo tenerlo —amonestó ella, apretando los puños para mirarlo a los ojos con ligera timidez—. Annie es la hermana de Reiner —apuntó en su dirección— mi futura pareja —lanzó el primer golpe—. No bajes la guardia Eren.

Demasiado conmocionado para pensar en esquivar sus golpes, Eren bajó los brazos.

—¿Cómo es ella?

Mikasa se apartó un mechón de cabello con el dorso de la mano.

—Es bonita.

Todos los omegas eran hermosos ante los ojos de sus alfas, una debilidad que pocos mencionaban. Eren dudó de sus palabras, si Reiner tenía esa cara no quería imaginar cómo sería ella. Las omegas hembra no le agradaban. Levi era mucho más bonito que ellas. Levi era perfecto.

—No tanto como mi omega —soltó, sin pensarlo.

Se arrepintió de sus palabras en cuanto Mikasa rompió su labio inferior con un certero derechazo, pero al menos pudo darle una buena patada en el abdomen a la chica alfa, antes de caer al suelo y ser el hazmerreír de todo el mundo por milésima vez.

—¿Te lastimé? —Mikasa puso una bolsa de agua sobre su labio. .

—No, hagámoslo de nuevo —replicó— esta vez prestaré atención.

—Eren…

—Vamos, Mikasa —pidió— una ronda más.

Como siempre, ella accedió y Eren terminó mordiendo el polvo por segunda vez y terminó pidiendo más rondas hasta la conclusión de la clase.

—Anímate Eren —Reiner pasó una mano por su hombro, arrastrándolo hacia el comedor de la escuela—, al menos hoy no tienes un ojo morado.

—Gracias por nada —balbuceó él, mirando de reojo a la chica alfa.

Terminada la última clase, cada uno se dirigió a las duchas y tomaron su tiempo para poder refrescar y limpiar su cuerpo. Eren fue el primero en salir, ya casi era mediodía y seguramente Levi estaba esperándolo.

—Mikasa fue compasiva con él —masculló Jean, quien se había mantenido esquivo con todos durante la mañana.

Miradas curiosas se posaron sobre el alfa de cabello bicolor.

—No fui compasiva —dijo Mikasa—, Eren se esforzó mucho.

—Ya no es un cachorro —gruñó Jean caminando sin prisa— deja de defenderlo tanto.

—Creí que eras mi amigo —mencionó Eren.

—Si la compasión te encanta —Jean decidió detenerse para encararlo— entonces seré tu amigo, diste todo de ti Jaeger —exclamó con una mueca llena de rabia—, felicidades.

Eren trató de recordar si había ofendido al alfa.

—¿Qué demonios te sucede, Kirstein?

—Nada que te interese, poco alfa.

—¡Como me llamaste!

—Déjalo Jean —interrumpió Marco— nos vamos chicos, Jean y yo tenemos un proyecto —avisó, empujando a Jean hacia la salida—. Sería mejor que te adelantaras

La mirada llena de odio no pasó desapercibida para nadie.

—Como quieran —masculló Jean antes de salir.

Eren sacudió su uniforme.

—¿Acaso lo ofendí de alguna manera?

—Discúlpalo Eren —le dijo Marco—, Jean está dolido porque es uno de los pocos alfas que no encuentran a su pareja destinada dentro de nuestros muros.

Eren fingió no escucharlo.

—Ese no es mi negocio.

—Tienes a Levi —regañó Mikasa—, Jean no encontró a su omega.

—Haber emparejado primero que ustedes no fue culpa mía.

—Dejamos de ser cachorros hace tiempo —advirtió Reiner—, que tu compañero sea un adulto precoz no es una novedad.

—¿Acaso tienen algo en mi contra? —Eren miró a Reiner—, Mikasa también emparejó con tu hermana. No soy el único.

—Levi te espera en la cafetería —interrumpió Mikasa.

—¿Me acompañaras?

Ella bajó la mirada.

¿También ella lo traicionaría? Sus amigos estaban haciéndolo a un lado y no se sentían culpables por ello. Eren se fue sin despedirse. Si eso es lo que querían él también podía hacerlo. No los necesitaba, terminaría el proyecto solo.

—Eren —la alfa de pelo negro parecía algo cohibida pero lo encaró con firmeza—, cuando tus padres murieron dijiste que darías todo por verlos una última vez. ¿Lo recuerdas? Levi puede ser un adulto, pero sé que extraña a sus padres tanto como tú lo haces, solo que no lo demostrará a menos que intervengas. Si pides la ayuda de los padres de Levi, aunque él no quiera mantener contacto con ellos, ya no se veré forzado a trabajar. Es tu oportunidad para enseñarle que eres un buen alfa.

—¿Por qué me dices todo esto?

—Si quiero protegerte —ella sonrió— debo velar por el enano.

—Puedo hacerlo solo.

—No eres lo suficientemente…

—¡Puedo hacerlo solo! —insistió— recuerda que tú no eres mi madre.

Ella asintió en silencio, visiblemente dolida por el rechazo.

—Buena suerte, Eren —le dijo antes de partir.

Podía hacerlo solo, no necesitaba que Mikasa le recordara cuan vergonzoso era que un omega preñado trabajase. Ya había pensado en plantear la idea de pedir ayuda los padres de su omega. Era un excelente plan. Kenny parecía un buen alfa y Kushel era una omega adorable. Sin importar el motivo de la ruptura, Eren tenía la certeza de que ellos no los dejarían solos.

—Fíjate, alfa —le gruñó alguien con quien chocó.

—Lo sien… —Eren cerró la boca, era un alfa, los alfas no se disculpaban con nadie— olvídalo —dijo y continuó caminando.

Al menos hoy vería a Levi, necesitaba verlo, era el único que nunca lo abandonaría. Jamás.

Tomó el camino más corto.

Detrás del edificio de deportes, la gran valla que dividía la secundaria alfa con la omega se alzaba imponente. Eren estuvo observando el otro lado por un buen rato. Los altos muros generaban una fría sombra por entre los arboles del huerto de omegas.

Levi había estudiado en un sitio similar, hace algún tiempo.

El de ojos verdes se preguntó cómo habría sido la vida si ambos hubieran tenido la misma edad. Seguramente se encontrarían por entre la valla y él iría a recogerlo después de clase.

Conversando a través de una red metálica, eso era deprimente.

El hurtaría las tijeras de podar de la maestra de ciencia y atravesaría la cerca para poder tocar la bonita y tersa piel de Levi.

—Tú eres, Eren.

—Si —le dijo a la nada. Pensando en la mejor manera de enviar aviones de papel a través de la valla.

—Eres el primer alfa, de mi edad, en hablar conmigo.

Aviones de papel con frases estúpidas para, al menos, intentar recibir una frase sarcástica de Levi. Si tan solo ambos estuvieran en secundaria, pero en ese caso Levi no hablaría con él a través de la cerca ni dejaría que cortara los alambres metálicos. Levi seguía las reglas, iba a denunciarlo con el director y él sería expuesto al repudio público de sus compañeros.

—Yo soy Armin.

—¿Qué? —Le dijo a uno de los árboles cercanos.

La cabellera rubia de alguien se dejó entrever unos segundos.

—Armin, mi nombre es Armin Arlet.

Un omega.

Eren no pudo evitar mirar a los costados, no había nadie a la vista.

El conocía los omegas, eran como Levi. Algunas eran chicas, con mucho pecho y curvas, y varios hijos. Hasta sus catorce años, Levi lo había forzado a ir a las reuniones de omega, algunas de las crías de los omegas eran omegas. Y el vecino de a lado también era un omega. Olían bien, cada uno olía diferente, pero también existía algo que era repelente en ellos. No podía tocarlos sin sentir esa inquietud y mala vibra. Excepto Levi, con su omega pasaba todo lo contario. Dolía estar lejos de Levi, dolía haberle gritado esta mañana y dolía no poder escuchar el sonido de su voz. Lo más jodido de todo, era que dolía físicamente.

—Hannes me prestó tu libro la última vez —insistió el omega de cabello rubio y ojos azules de bebé.

—Eso no fue correcto —se animó a decir Eren.

—Muchas de las cosas que hacemos son incorrectas.

Este omega parecía ser un sabelotodo como Marco. Eren odiaba no comprender sus insinuaciones.

—¿Eres nuevo en el distrito? —preguntó.

—Fuiste a mi fiesta de bienvenida hace un año —mencionó el rubio, decepcionado porque no recordara.

Armin se acercó a la valla, llevaba un uniforme similar al suyo. Los labios del omega se movieron y Eren se quedó hipnotizado al verlos.

—Escribes sobre tu omega.

Una corriente de aire frio recorrió su columna, Eren tragó saliva, asustado.

—No lo hago —negó con rapidez.

—La última página de la libreta estaba en blanco, pero pude notar algunos garabatos —aseveró el rubio— deduzco que se te olvido haberlos escrito y aún si solo fueran ideas al azar tengo la certeza de que formaban parte de otra libreta que habla sobre tu omega. ¿Me equivoco?

—Es mentira.

—Nunca dije que fuera verdad, Eren.

Los ojos azules de bebé lo fulminaron. Eren trató de mostrarse fuerte, pero la inquietante sonrisa blanca del omega pudo con él. Armin no parecía querer acusarlo, más bien aparentaba estar emocionado. Feliz. Casi eufórico.

—Soy como tú —soltó de repente, dando zancadas hacia la valla metálica.

El de ojos verdes retrocedió autónomamente.

—Soy un alfa, no puedes ser un alfa —dijo.

—Claro que no —chilló Armin, emocionado—, pero somos iguales, también quiero ver el exterior y ser libre.

—¿Libre?

—Por supuesto —soltó el omega—, hacer lo que me gusta y amar a quien yo quiera. Conocer el mundo.

De repente se sintió incómodo, muy incómodo. Él ya era libre y si algún día lograba cumplir su sueño, recorrería el mundo junto a Levi.

¿Era por eso que Levi no había querido que hiciera amistad con este omega? ¿A causa de esas ideas liberales?

—Los omegas son libres —recalcó, repitiendo las palabras del suyo.

—Estas equivocado, Eren.

Eren hizo una mueca de disgusto.

—Tengo que irme —indicó, ligeramente perturbado.

—Quédate —pareció rogar el omega de cabello rubio.

Eren comenzó a ver borroso, tuvo que quitarse las gafas con los ojos mirando cualquier cosa menos al omega que soltaba fuertes feromonas a través de la valla.

—Tengo una cita con Levi —pronunció al fin, sin la emoción que esperaba denotar.

Armin se detuvo.

—¿Levi es tu omega?

—Sí, es muy hermoso —como siempre, nunca puede evitar presumir— y un poco pequeño, el cuido de mi cuando era un niño. Y tendremos un niño.

Para entonces está completamente seguro de que se ha emocionado demasiado, como siempre sucede cuando habla del amor de su vida.

—Debe ser bonito —murmuró Armin— tener un alfa como tú.

—Encontraras a tu pareja destinada —trató de animarle, simulando ser un alfa maduro— aún eres joven.

El omega sonrió con nostalgia y estiró la mano, sin saber cómo, o porque lo hacía, Eren correspondió el gesto sintiendo el suave tacto de la punta de los dedos de Armin.

Fue un gesto amistoso, un reconocimiento de confianza y familiaridad. Retiró la mano antes de despedirse del posible nuevo amigo que había hecho, pero estaba mal.

De repente, toda la confianza que había sentido se diluyó como la tierra frente al agua.

Él no podía ser el amigo de un omega. Mucho menos de ese omega.

Por ahora tenía cosas mucho más importantes que resolver, Mikasa tenía razón, que Levi trabajara en su estado era peligroso y humillante. De ahora en adelante él daría todo para remediar el asunto.

Y le diría Levi lo mucho que lo quería.

Continuará….

Agradecimientos por sus review:

Akire

Alex

Guest

AcosadoraKawaii

Hime-chan Natsumi

ChibiGoreItaly

Taurus95

AnaVanderWaal

Cahrly Land

Ame8910

YesOffer

Akane Miyazaki

EleniRockbell

PonyoPON

lanali17

MagiAllie

No he tenido tiempo para poder actualizar o leer fanfic, y ha pasado tanto tiempo que olvidé como se utiliza fanfiction LOL me tomó muchos minutos recordar todo jajaja

El fandom está tan vacِío ¿Qué PASO DOCTOR GARCIA? Solo tengo algo que decir al respecto, inclusive si ya nadie lee ereri : Mi momento ha llegado.