Inconvenientes

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Trabajar en la cafetería para alfas le recordaba a su infancia, cuando River y Erwin acostumbraban llevarlo a la confitería de betas donde seguramente gastarían toda su mesada en bollos calientes de crema solo para terminar con un fuerte dolor de estómago a medianoche.

Esos fueron buenos tiempos.

Levi apoyó el codo sobre la barra de la cafetería, sobando disimuladamente su adormecida espalda baja, ahora era cuando el peso del niño que llevaba dentro se imponía con mayor fuerza.

La dueña de la cafetería donde ahora trabajaba, una beta de cuarenta años, no había accedido a que él realizara trabajos pesados de limpieza y prefirió mantenerlo en el burdo puesto del camarero que supervisaba que todos los alfas estuvieran a gusto.

Transportaba tarritos cargados de azúcar en polvo, para los que comían pasteles con chocolate caliente, y cambiaba servilletas o mantenía a los niños alejados de la recepción. Y cuando nadie estaba ahí para recoger las bandejas sucias, él se ofrecía con el claro propósito de sentirse útil.

Un omega preñado limpiando mesas y espantando niños con su afilada mirada de duende gruñón, si sus padres lo vieran estarían muy decepcionados y Anthon, su hermano, se burlaría de él.

Levi volvió a pasar la escoba por la entrada de la puerta, dando ligeros golpecitos al abultado vientre que sobresalía entre el delantal negro con figuritas blancas.

Su cachorro era demasiado inquieto, mandándole una patada llena de cariño cada cierto minuto.

—¿Llego a tiempo?

Levi levantó la cabeza, dejando la escoba a un lado para ver al visitante.

Su alfa se presentó frente a él, agitado por correr todo el camino y con una pequeña garrafa de leche en sus brazos.

El pobre chico que no quería ser padre, pero fingía esforzarse.

¿Acaso creía que él no se había dado cuenta?

La naturaleza era una perra al momento de juntar destinados, ellos eran la máxima prueba de su infortunio. Si no estimara tanto a ese chico…ya hubiese cometido algún delito para ser juzgado y exiliado de los muros. Como su madre decía, siempre es mejor morir que permanecer junto a la persona que no amas.

—La hora del almuerzo acaba de terminar —le avisó, interesado en ver la expresión que Eren pondría.

Ese joven alfa que tenía una cajita de sorpresas enterrada en el corazón.

Vio como abría la boca como un pez fuera del agua y se encogía de hombros al igual que un perro apaleado, luego aparecía el inconmensurable brillo de la determinación en sus ojos.

Incluso para esta pequeña decisión, Eren daba todo de sí. Tan iluso. Pobre cachorro alfa.

Por un instante, Levi sintió lástima.

— ¿Ya comiste?—atinó a preguntarle, apenado—. Entonces ¿debo irme a casa?

—No comería sin mi alfa —respondió él, con sinceridad, propinando un tirón de pelo que hizo sonrojar a Eren— y si vuelves a llegar tarde te espera un castigo mucho peor.

—Levi, están viéndonos —se sonrojó el alfa, bajando los ojos ante la pareja que pasó por su lado burlándose de la escena.

Relajó la mano, liberando a su compañero.

Malditos metiches.

—Será mejor que entremos.

Eren lo siguió dócilmente, abriendo los ojos con sorpresa al ver el interior del recinto.

Eren nunca había puesto un pie en un lugar como ese, los escolares alfa solo compraban bocadillos en la recepción, junto a la gran vitrina que exponía diversos postres. El interior estaba destinado a los alfas adultos, que llegaban a la comunidad luego de un arduo día de trabajo. No era de extrañar la reacción de su joven compañero.

—Nunca había venido a un sitio como este —confesó sin decoro, admirando las bonitas cortinas y la elegante gama de colores que rodeaba el establecimiento.

—Demasiado sofisticado para la gente común —admitió Levi—. Ven —lo guió hacia la parte trasera, dirigiéndose a la cocina—. No eres un cliente regular y no puedes comer aquí, el comedor de empleados está dentro.

—De toda maneras dudo que podamos pagar —susurró Eren cuando entraron al amplio espacio repleto de cacerolas y bandejas relucientes.

Levi fingió no haberle escuchado.

—No hables con los betas que trabajan aquí —sugirió—, ningún alfa hace amistad con ellos en público.

Pero Eren no podría pasar desapercibido aunque fuera un alfa, el uniforme que vestía llamaba demasiado la atención. Los betas no estaban acostumbrados a ver un adolescente en el papel de padre, había escuchado rumores y pequeñas charlas entre ellos sobre el tema. Dentro de su reducido círculo, follar y quedar preñado de un menor de edad, era extravagante. No quería que Eren fuera el centro de sus próximas conversaciones. Eren que amaba tanto a esos betas y los idolatraba al punto de encontrarlos perfectos.

—Lo sé —Eren pasó el brazo por el interior de su codo, juntando ambas manos y entrelazando sus tibios dedos con los suyos— ¿Te tratan bien? ¿Alguno te llamó gordo?

—Nadie lo hizo.

¿Qué hizo mal al instruirlo? No cometería el mismo error con Ethan.

— ¿No crees que este es un sitio un tanto apartado? —se detuvo el de ojos verdes, cuando trataba de llevarlo aún más lejos del grupo de mesas donde algunos betas de uniforme conversaban.

—Es nuestra cita privada —respondió con simpleza.

—Mientras te sientas cómodo no me importa —dijo Eren, con su sonrisa de sol y sus falsas feromonas alfa.

—Solo pasa desapercibido, mocoso —ordenó, empujándole sobre la silla de plástico blanco. Dispuesto a ir por una bandeja del servicio, pero Eren le detuvo sujetándole por el brazo.

—Espera —susurró—, nunca tendré la oportunidad de volver a un lugar como este —pudo notar la forma como Eren se mordía el labio inferior— y quiero pedirte un favor muy especial. ¿Puedes tratarme como si yo fuera un cliente?

Tal vez ya era hora de confiscarle los libros de ciencia ficción que estaban quemándole el cerebro.

—Olvídalo, tendremos una cita —exigió.

—Por favor —rogó sin soltarle— en una cita tengo que besarte ¿No? Y quieres pasar desapercibido entre los betas ¿No crees que sería muy llamativo si lo hacemos aquí?

—Hoy tienes la cabeza llena de mierda.

—Te concederé un deseo.

¿Un deseo eh? Lo mejor de todo era que Eren siempre cumplía su palabra.

—Seré tu esclavo por un mes —ofreció.

— ¿No lo eres ya?

—Un año.

—Pensaré en algo —aceptó entonces—, pero lávate las manos

Eren volvió con las manos reluciente y una tonta sonrisa en su estúpido rostro de alfa adolescente que atrajo varias miradas.

No pudo evitar rodar los ojos ante su ocurrencia.

—Aquí está el menú, mocoso —le dijo, tirando la carta frente al menor.

—Levi —Eren movió la cabeza de manera negativa— ¿No tienes modales con los clientes? Tienes que llamarme señor, recuerda que soy un sofisticado alfa millonario

—Degenerado de mierda.

—Si me amas vas a hacerlo.

Niño chantajista.

—Aquí tiene el menú, señor.

—Gracias —le hizo reír— quiero todos los bocadillos de esta fila —hizo un ademán para que tomara nota y Levi fingió escribir, siguiéndole el juego.

—A la orden.

El omega de pelo negro fue hacia la estantería y escogió varios bocadillos que los empleados podían comer gratis y que él sabía que eran los favoritos de Eren. Luego volvió a la mesa.

—Se ve delicioso ¿Usted lo hizo?

Levi señaló el garrete

—Soy el mesero, señor —sancionó—, no el chef.

Eren acomodó la comida, sacando un par de monedas que tenía en el bolsillo.

—Aquí tienes la paga —ofreció— y una propina porque me caes bien y eres sexy.

Contrariado, Levi hizo una mueca.

— ¿Soy qué?

—Caliente, bonito —explicó el alfa— ¿Pero por qué estás tan gordo?

—Estoy preñado.

Eren se sonrojó un poco, sin embargo pudo guardar la compostura.

—Tu alfa debe ser un tipo muy capaz ya que te dejó en ese estado —insinuó—, no sabes cuánto lo envidio.

—Para ser un alfa que no entró en celo —le interrumpió— es un cumplido.

Eren frunció el ceño, olvidando el juego por completo.

—No digas esas cosas frente a Ethan —regañó— olvídalo —dijo, tocando el vientre de su omega para hablarle al nonato— tu padre es un ganador.

—Pequeño imbécil.

—Admite que te gustó —se defendió Eren, dando por terminado el juego— y te relajaste. Soy un buen alfa que puede divertir a su omega.

—Un gran talento —ironizó Levi, mientras picaba uno de los pasteles.

—Sé lo que estás pensando —el alfa se metió una galleta a la boca—. Llegar a casa y recostarnos juntos, o quieres un masaje en los pies.

—En realidad prefiero una mamada —admitió Levi—, tengo la libido muy alta estos días y el estómago desgastado.

—Creo que me duele la cabeza.

—En ese caso buscaré otro que me complazca.

Eren dejó de pelear con la cuchara y relamió sus labios. Aquí venía.

Levi cerró los ojos sintiendo el movimiento de la silla y los dientes raspando la glándula de olor que tenía en la nuca, Eren había aprendido a hacerlo de forma adecuada, mezclando ambos olores y sacando todas las feromonas posibles. Los alfas y omegas destinados eran los únicos que podían compartir aquel "beso" tan especial, algo que les diferenciaba del resto. La lengua del alfa más joven lamió toda la blanca extensión de piel, haciendo que Levi sintiera un fuerte orgasmo mental, comenzando a escurrir allí abajo.

Al captar el olor, Eren se alejó, apenado. Cubriendo la erección, que oprimía contra sus pantalones, con la mochila mientras trataba de disipar el aroma a sexo.

—Todavía te pones duro cuando lo hacemos —observó Levi, tocando su nuca.

Eren echó un vistazo al lugar donde estaban los betas. Ninguno le miraba.

—Es un reflejo.

Levi posó la mano sobre el bulto de los pantalones de Eren.

—Tienes que mantener la calma, ya no eres un crio —amonestó—. Los alfas adultos pueden hacerlo sin sufrir una eyaculación prematura.

—Trato de tener autocontrol sobre mi instinto —admitió Eren, alejándola mano—, pero no puedo.

— ¿No te enseñan a hacer eso en la escuela?

Levi bebió de su jugo, mirando la hora.

—Dime Levi —Eren se inclinó hacia adelante— ¿Cómo se siente tener eso dentro de ti?

— ¿Mi instinto omega?

—Sí.

Un don entregado por la naturaleza que le hacía diferente, que le hacía un omega. El instinto de un alfa y un omega eran dispares, contradictorios, pero cada quien lo domesticaba para su propio beneficio.

—A veces puedo escuchar su voz —respondió al fin.

— ¿Qué es lo que te dice?

Levi frunció el ceño, concentrándose en el almuerzo.

—Que te quiere.

Pudo sentir las emociones de Eren, el fuerte latir de su pecho y la tensa vibración que aumentó su ritmo cardiaco. Emoción, vergüenza y algo más que no pudo identificar.

Al ser un omega ya adulto, dominaba el enlace que los unía.

—Conocer el otro lado de tu personalidad cariñosa es admirable —fantaseó Eren—, siempre creí que el instinto de los omegas les obligaba a follar todo el tiempo y les volvía temerosos de todo.

—¿Cómo un perro en etapa de celo?

—Algo así.

—Eso es estúpido —razonó Levi—. Tendría que permanecer caliente cada puto día y tener algún tipo de enfermedad mental que me obligara a permanecer asustado de ti.

—Pero dijiste que no eres consciente de lo que haces cuando estas en celo. ¿Te sientes conforme con ello?

—El celo es un dolor físico, Eren —le dijo para dejarle las cosas claras al alfa más joven—. Mi instinto omega bloquea ese dolor y me da placer a cambio. Cuando lo tengas vas a comprender lo que te digo.

— ¿Significa que cuando yo tenga mi propio celo no estaré consciente de lo que hago?

—No —confirmó— tu instinto se encargará de todo en trabajo.

—Hacer el amor contigo no es un trabajo.

Levi comenzó a cortar porciones de su comida, tratando de no sentir las náuseas del embarazo.

—Estoy orgulloso de ser un omega, si es eso a lo que te refieres.

—Lo sé.

Tenía que motivar al alfa, enseñarle que no debía temer a su instinto ni poner en menos al instinto de los demás. Como el mayor de la familia, ese era su deber.

—Todavía eres un niño —le dijo Levi, dejando los cubiertos sobre la mesa para dar por terminada la conversación—. No dejes que contaminen tu mente con fantasías revolucionarias que no existen.

El instinto les ayuda a sobrevivir, no a destruirse a ellos mismos.

—Sin embargo… ¿Cómo omega no hay algo que quieras cambiar? —le preguntó Eren, con los grandes ojos verdes fijos en los suyos.

—Si —Levi pensó en ciertas cosas que odiaba sentir, que no podía bloquear y su instinto se encargaba de sacar esos sentimientos indeseados cuando menos lo requería.

Eren robó una cereza de su plato antes de prestarle verdadera atención.

—¿Y qué es? —preguntó.

—La compasión.

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Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

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Las semanas pasaron sin mayor novedad.

Eren no volvió al callejón donde se había encontrado con aquel omega de fascinante aroma.

El ciclo escolar terminó e inició uno nuevo, el último, los compañeros de Eren ya tenían materias asignadas y clases particulares para entrar a la universidad. Se rumoraba que la secundaria omega organizaría una pequeña excursión al exterior para sus graduados, ellos no asistían a la universidad.

Levi dejaría de trabajar el fin de semana y su puesto sería ocupado por Eren.

No podía negarlo, Eren estaba nervioso. El cachorro nacería muy pronto y él se convertiría en padre.

Con el dinero ganado pudieron pagarlas cuentas del hospital y comprar algunas cosas para la llegada de Ethan, la nueva habitación asignada había sido pintada de verde claro y Eren pasó media tarde apilando pañales y osos de felpa en las estanterías.

Dentro de unas horas, cuando sus clases terminaran, visitarían la clínica para una última revisión.

Eren se hallaba ansioso, incapaz de concentrarse en la exposición del maestro, rompió un lápiz y sus fuertes feromonas molestaron a sus vecinos más cercanos, terminaron obligándole a ir al sanitario para que se refrescara un poco.

Se lavó el rostro y volvió cuando todos los de su clase fueron notificados por el altavoz para que se encaminaran a la gran sala de reuniones.

Mikasa traía su mochila y libros, y Marco le había apartado un asiento. Jean permanecía lejos de ellos.

La sala de reuniones o de conferencias estaba dividida en dos sectores, los alfas ocuparon las sillas del lado izquierdo, dejando las del lado derecho vacías.

Apagaron las luces y el proyector mostró un aburrido video de treinta minutos sobre política, incluso Marco terminó por cabecear un par de veces, hasta que las puertas del lado derecho se abrieron y -para sorpresa general- todos los omegas de la secundaria omega que finalizaban el ciclo escolar ese año entraron para ocupar los sitios vacantes.

Los murmullos no tardaron en acaparar el recinto.

Eren pudo distinguir la cabellera rubia y la nariz respingada del omega que olía bonito.

En tanto Mikasa buscaba a Annie con la mirada, él no apartó la vista de Armin.

Un par de maestros alfa se pusieron al frente y la proyección terminó. Entonces un alfa adulto subió al frente, con una bata blanca y unas hojas para leer, ocuparon la plataforma central y comenzó a dar una breve introducción de su persona.

Se trataba de River, el hermano de Levi, y venía en lugar de su hermano para pasar lista de cada carrera que, tanto alfas como omegas del último ciclo, escogerían.

Los maestros omega se encargaron de entregar a cada alumno un folleto ilustrativo con el nombre de cada uno, con profesiones opcionales y una cuadricula en blanco donde marcarían la opción elegida.

Eren encontró su nombre escrito al principio y el nombre de Levi, todos sus datos estaban ahí, pero una casilla estaba pintada con negro.

—Disculpa —detuvo a la maestra omega y le enseñó su papel—, mi folleto ya está marcado.

Ella no le respondió, llamó a River que se paseaba por los pasillos y este no trato de ser cortes cuando le señaló con el dedo.

—Levi me contó que aspiras a seguir los pasos de tu padre —dijo tranquilamente el alfa—, me tomé la libertad de marcar el tuyo. De todas maneras tus bajas notas no te permiten más de tres opciones a elegir.

Eren frunció el ceño, molesto.

—No debiste hacerlo.

El alfa adulto se encogió de hombros y pasó de largo, enojado, Eren entregó su hoja y se dispuso a curiosear la de Mikasa. Ella tenía muchas más carreras para escoger. Marco tendría más casillas vacías y Reiner se debatía entre las dos únicas casillas que tenía y terminó por marcar una al azar.

Los alfas no podían conseguir trabajos inferiores o carreras medias, les impusieron opciones de acuerdo a las capacidades de cada uno.

Eren se preguntó qué tipo de opciones o casillas tenían los omegas que estaban sentados del otro lado.

Una vez, Levi le había explicado que los omegas solían escoger profesiones acordes a la de su alfa, pero la mayoría prefería mantenerse en casa. Levi había tenido muchas opciones cuando era un adolescente, empero no escogió ninguna.

"Mi instinto no me lo permite" le había dicho alguna vez.

Levi era un omega sencillo, soñaba con tener una tienda de té algún día y salir al exterior junto a Eren, cuando él tuviera que ir a trabajar. Y cuidar de Ethan para que fuera un buen alfa.

El enojo de Eren se evaporó al pensar en Levi y utilizó el tiempo que quedaba para recrear su mente con su imagen.

Los folletos entregados fueron apilados y guardados en carpetas.

—Señor —alguien levantó la mano, por entre las cabezas de los omegas que ya habían entregado sus propias hojas— ¿Puedo hacer una pregunta?

Eren vio como los negros ojos de River viraban en dirección al omega de pelo rubio.

La sala quedó en silencio.

—Por supuesto —dijo el alfa.

—Mi folleto no incluye carreras opcionales que sean importantes —explicó Armin—, solo cursos básicos que duran un año.

—Eres un omega —le dijo River, como si eso explicara todo.

Los ojos azules de Armin se estrecharon un poco, pero pudo disipar su voz.

—Quiero ser médico, señor —replicó— no un vendedor o maestro, necesito más opciones.

Eren se concentró en el par. Marco había dejado de escribir sobre su hoja.

—Cállate, Armin —escuchó decir a un omega que se sentaba junto al rubio.

La maestra omega con suéter de tortuga, se acercó peligrosamente al chico, más este no desistió.

—Señor yo…

—¿Tienes una pareja, niño? —preguntó River, casi interesado en su caso.

—No, aún no encontré mi destinado.

—¿Te sometiste a las pruebas de sangre para encontrarlo?

—No, señor.

—Tener una pareja te da más opciones, si tu pareja escoge la medicina tu puedes convertirte en un enfermero —le explicó con paciencia—. Sin embargo nunca llegaras a ser un médico. Está prohibido ya que no tienes la inteligencia y talento que se requiere.

—Sin embargo en esta comunidad es legal abrogar esa ley si más de cinco omegas escogen la misma carrera.

Eren olió la tensión y vio como el apacible rostro de River se rompía por casi un segundo.

—¿Quiénes son los otros cuatro?

Armin dijo unos cuantos nombres, pero ningún omega se levantó. Si en verdad existían no lo haría, no delante del líder alfa. La mayoría se burló en silencio y uno que otro no pudo evitar soltar un murmullo de disgusto por la vergüenza de tener a alguien tan extraño como Armin entre sus filas.

A medida que una de las maestras omega regañaba al omega rubio, Eren comenzó a comprender mejor a los omegas.

Hace mucho tiempo una de las razas se levantó contra la otra, los omegas creyeron ser menos y echaron la culpa a los alfas, tratando de causar una revolución que enemistó ambos bandos. Desunidos, fueron reducidos a nada por los betas y sus guerras. Por eso fundaron las murallas, ahí dentro todos eran felices y todos encontraban su lugar.

Levi nunca dijo haberse sentido menos al ser un omega, no aspiraba a mucho y no odiaba a su instinto. Eren estaba un poco disconforme con lo que le había tocado, pero tampoco causaba problemas.

No quería ser egoísta.

Condenar a su instinto, y querer ser algo que no era, causaba la infelicidad y acarreaba problemas. Tenía a Levi, no pretendía más y al ser un alfa, el deber de hacer lo que la sociedad quisiera que haga de recaía sobre su espalda.

Los alfas eran líderes y los omegas compañeros. Todos estaban de acuerdo con eso, no había violencia o dolor, ya no existía la infelicidad, todos eran perfectos. El precio a pagar era demasiado pequeño en comparación con las ventajas.

Personas como Armin, que llevaban la semilla de la discordia en el corazón, debían ser simplemente ignoradas.

Eren no volvió la vista mientras salía de la sala de conferencias, rumbo al pequeño hospital donde seguramente su omega le esperaba.

Se equivocó.

Levi ya había ingresado y él tuvo que quedarse en la sala de espera, admirando las revistas antiguas que reposaban sobre una mesa ratona.

Necesitaba utilizar el sanitario. Jugueteó con los dedos, con la mochila echada sobre su regazo, contando los segundos para que la puerta se abriera y un enojado Levi le incordiara por haber llegado tarde.

La enfermera, una omega, le alcanzó un vaso con agua.

—Estudiante de secundaria ¿No? —Le preguntó y él asintió con rapidez— lo suponía. Tu omega se encuentra estresado y tiene dolores físicos —parloteó ella, azuzándolo con sus palabras—. Por lo visto trabajó unos meses en un restaurante, mi alfa nunca lo hubiera permitido.

—Era una cafetería —corrigió, Eren.

La omega se arregló la cofia. Mirándolo con un poco de desprecio.

—No hueles a alfa.

—Todavía no he desarrollado todo mi instinto.

—Eso es vergonzoso.

—¿Existe alguna razón? —les interrumpió el doctor, haciendo que la omega cerrara la boca de una buena vez.

—No he desarrollado el instinto —repitió Eren—, supongo que no puedo complacerle como antes.

—Ya veo —el doctor hizo un ademan con la mano y la diosa enfermera se fue, luego tomó una de las paletas rojas del tarro de porcelana que aguardaba sobre la mesa— ¿Te gustan los dulces, Eren?

—No me gustan mucho —admitió el alfa más joven, sin embargo aceptó el regalo— cuando era pequeño sufría por las caries.

—Relájate, un poco de azúcar no hace mal a nadie —le dijo, sacando una nota—. Normalmente, en alfas no desarrollados, el celo tiende a aparecer antes de los veinte años. Si sigues una buena dieta tendrás el primer ciclo sexual antes del parto.

Eren recibió la nota, contrariado porque solo tenía que comer dulces.

¿Dulces para omegas? Levi tenía un montón en casa, eran caramelos que se les daba a los cachorros omega para que desarrollaran el instinto mucho más rápido que los alfas, con algún compuesto específicamente preparado para ellos, con el tiempo se volvían adictos a la sustancia. Antes no lo sabía, pero Levi se lo explicó cuando ya era "lo suficientemente grande para entender las cosas de la vida".

Algunos cachorros alfa también eran grandes aficionados de esos caramelos, ya que no existía otro tipo de dulce aprobado para su consumo –y el azúcar que utilizaban los betas estaba prohibido-, la primera vez que probó el caramelo omega recordaba haberse sentido radiante por horas.

Pero cuando fue al orfanato de betas ya no pudo probarlo nunca más y con el tiempo se le hizo algo indiferente.

—Creí que mi celo llegaría de manera natural —opinó Eren.

—Algunas veces hay que forzar a la naturaleza —le explicó el alfa—. Deduzco que no quieres que tu omega cargue con todo el trabajo.

—No, no quiero eso.

—Eres un buen chico —le dijo el hombre—, solo tienes que esperar.

—¿No existe alguna inyección para adelantar el celo?

El alfa mayor carcajeó, sobresaltándole.

—Levi tenía razón —admitió para sí mismo— todavía eres un cachorro.

Eren frunció el ceño.

—¿Él dijo eso?

—Por supuesto que no, solo dejó entrever que no estás listo para unirte al mundo de los adultos —contó— me pidió que hablara contigo.

Eren no pudo mirarle a los ojos, viró la cabeza hacia la puerta cerrada donde seguramente examinaban a su omega en una de esas máquinas raras y quiso que todo terminara muy rápido, los alfas le ponían nervioso, no entendía sus señales.

—¿Acabara muy pronto? —preguntó.

—Falta poco —el alfa mayor miró el reloj de la pared—, este tipo de análisis suele tardar en demasía. Dime, alfa ¿Quieres que tu omega tenga a los cachorros en casa o en el hospital?

—En un hospital —respondió—. No imagino encargarme de todo yo solo, no estoy preparado.

Algunos alfas -los más conservadores- hacían que sus omegas dieran a luz en casa, y se encargaban de permanecer a su lado o ayudar con el proceso mientras el médico de cabecera realizaba la cirugía.

—Prepararé una habitación especial cuando llegue el momento —aceptó el médico, algo desanimado—. Los alfas de hoy en día ya no quieren que sus cachorros nazcan en casa.

—Creo que es más saludable —opinó Eren.

—Es decisión tuya —se preparó para marcharse, pero se detuvo—, por cierto, le hicimos una radiografía a Levi y vimos que tiene dos lesiones pasadas. No es saludable que utilices la voz alfa con violencia sobre tu omega cuando aún no se ha desarrollado tu instinto. ¿Sabes cuantas hormonas alteras en su cuerpo?

—…Nunca he utilizado la voz alfa con Levi de esa manera—dijo Eren—, solo una vez, cuando era un niño, pero no volví a hacerlo nunca más.

—Nuestras máquinas no mienten —reprochó el doctor—, tenemos una tecnología superior a la de los betas. La voz de alfa es algo fuera de lo natural, pero deja pequeñas cicatrices dentro del cuerpo, puedo decir con certeza cuantas veces un omega ha sido sometido a esa voz, sin importar su edad. No me subestimes.

—Confió en su trabajo, pero yo nunca he forzado mi voz sobre Levi.

—Fueron dos veces —insistió el médico— una seguida de otra, hace ya más de cinco años. Cuando hagas memoria, infórmame para que lo apunte en su expediente.

En aquel tiempo Eren recordaba estar parado detrás del marco de la puerta, viendo como Levi hablaba con aquel alfa llamado Farlan, y le sonreía como nunca lo hizo con él.

Había sentido celos, celos oscuros impregnando su pequeño corazón y algo que yacía allí dentro le ordenó que usara la voz sobre Levi, para demostrarle a ese otro alfa que ellos se amaban.

En ese tiempo había creído que ese amor era mutuo, que las parejas destinadas se encontraban y vivían felices sin poner de su parte. Había olvidado que Levi y él eran completos extraños unidos por ese vínculo invisible. Esa sería la única vez que usara la voz sobre Levi.

Nadie más podría haberlo hecho.

Usar la voz alfa sobre un omega vinculado conllevaba la pena de muerte, era una afrenta y un insulto a la integridad de una persona, de un omega que debía ser respetado, ellos engendraban a las futuras generaciones.

Solo Eren podía –tenía el derecho- de usar la voz con Levi, pero también poseía la suficiente decencia para no hacerlo.

Había fracasado. Había fracasado como alfa y como compañero. Debería haberlo notado desde el principio. Cualquier alfa lo hubiera notado.

Sin embargo él no lo había hecho.

Todavía no era lo suficientemente fuerte.

Pasó una mano por su nuca, preocupado.

Preguntarle era importante.

Encontró a Levi recostado en la camilla, ataviado con una bata blanca afelpada y a punto de ponerse de pie.

—¿Por qué llegas tarde? —le recriminó este al verlo, tratando de ponerse de pie.

—Deberías descansar un par de horas —dijo Eren de manera mecánica, adelantándose hacia la camilla— ¿Cómo estuvo la revisión?

—Es un niño sano —Levi se inclinó para servir un poco de agua—, gracias a mí por supuesto.

Eren tomó asiento a su lado, sin saber cómo abordar el tema.

—Le pediste a ese alfa que hablara conmigo —le dijo, mirando la rechoncha mano blanquecina. Ahora estaba más grande, Levi necesitaba comer por dos.

—¿Mencionó algo útil? —le preguntó.

—Dijo que comiera dulces.

Levi bebió lentamente, agotado.

—Tengo una reserva en casa —expuso—, pronto serás un alfa adulto.

—Levi —comenzó Eren, acariciando su costado—. Ese alfa…Farlan, no lo he vuelto a ver desde que visitamos la casa de tus padres.

Una visible tensión recorrió el cuerpo de su omega, quien trató de esconderlo.

—Encontró a su pareja —respondió sin vacilar.

De ser cierto no volverían a verle nunca más.

—Eso es bueno —titubeó, suspirando para ganar más confianza—. Siempre me he preguntado si tú y él…alguna vez…

Levi chasqueó la lengua.

—Toda la atracción que alguna vez sintiera por Farlan se acabó cuando te conocí —declaró— no necesitas sentirte celoso de alguien a quien no has visto en años.

—No estoy celoso —negó Eren— tan solo recordaba algunas cosas, como el viaje familiar. La casa de tu madre era muy bonita y tu familia se portó bien conmigo.

—¿Qué tratas de insinuar Eren?

—No sé cómo empezar —confesó, mirando las blancas sábanas que cubrían los pies de Levi—. En todos estos años, no has mantenido contacto con tu familia y nunca comentaste el porqué.

—¿Acaso escuchaste algo en particular?

¿Debía ser franco al respecto? Levi era inteligente, lo suficientemente capaz de torcer las cosas a su favor.

Empero esto no era un torneo donde habría un vencedor y un perdedor.

Ahora es cuando debía actuar como un alfa, un alfa digno de ser un buen padre y salvaguardar el bienestar de su familia.

—No —titubeó, mordiéndose la mejilla interior—, no es nada.

—Las relaciones que mantenga con mi familia no son de tu interés personal —observó Levi, arreglando un par de almohadas para estar más cómodo.

—Lo entiendo.

—Perfecto.

Y con todo esto, él nunca sería suyo. Era tan perfecto, precioso y extraordinario.

Todo lo contrario a él que mientras más luchaba por encontrar una mínima partícula de alfa en su interior, más lo estaba perdiendo.

—Levi.

La luminaria del pequeño cuarto oscuro era baja, la estadía de descanso omega olía a dentista y calmantes. Eren probó palpar el vientre del omega y sentir el sutil movimiento de Ethan.

—No —su muñeca fue detenida mucho antes de que se acercara a su objetivo—. Ese no es el lugar correcto.

Su rostro se vislumbraba tranquilo y la palma de sus manos estaba tibia.

—Entonces —intentó nuevamente, dejándose guiar— ¿Es aquí?

—Sí.

Se quedaron un momento en silencio. Dentro de esa burbuja de intimidad que solo los dos podían encontrar confortable.

Porque solo en esos momentos, el lazo que les unía se hacía más fuerte.

—No siento nada —dijo él, imprimiendo un poco más de fuerza.

—Está dormido.

—¿Cómo lo sabes?

—Instinto.

Eren sonrío, apoyando la frente con la de Levi. Sorprendiéndole con su accionar.

Quienquiera que se atrevió a hacerle daño, esa persona que le hizo daño, iba a pagar con creces. Sin importar donde estuviese, él le encontraría y que descubriría lo que trataban de ocultar.

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-DILEMAS DE UN OMEGA CASADO-

Segunda parte

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Algunas veces sentía que un planeta gigante habitaba en su vientre, una enorme luna llena que se movía sin descanso.

Levi bajó a JJ de sus rodillas y se levantó para llenar el bol del gato con agua fresca.

El libro que leía quedó abandonado sobre la mesa junto con la cesta de panes que la madre de Mikasa había enviado de regalo y la lámpara de escritorio. Sus pies rasparon el suelo de madera cuando volvió a su sitio, rodeando los muebles que apenas se podían ver debido a la poca luz que se filtraba por entre las pesadas cortinas verdes.

Próximo a dar la luz, no le gustaba la idea de salir al exterior u oler las plantas del patio.

No hace mucho había ordenado que quitaran las últimas rosas que la madre de Eren plantó alguna vez, dejando que el césped quedara completamente vacío.

Ahora podía decir que esta si era su casa, su hogar. Vendiendo algunos muebles antiguos compró otros y remodeló la mayor parte de las habitaciones, desechando los viejos recuerdos de que alguna vez los señores Jaeger hubiesen vivido ahí.

La gente muerta traía mala suerte, le había dicho a Eren cuando empacó los retratos de sus padres para llevarlos al ático.

No quería que su pequeño Ethan se contaminara cuando naciera.

Actualmente la casa estaba lista para recibir al nuevo integrante.

Levi sacó una caja de galletas de la despensa, volviendo a su lectura de ciencia ficción –confiscada a Eren- y se entretuvo por un buen rato con una estúpida historia de un mundo dominado por la jerarquía alfa.

Ya era media tarde cuando Eren llegó del trabajo, normalmente retornaba al anochecer, y la imprevista invasión del dormitorio le dejó un tanto sorprendido.

Sin embargo Eren no se detuvo para saludarle o jugar con JJ, pasó de largo en dirección al baño y cerró la puerta con el seguro.

¿Tendría dolores de estómago?

Un par de horas después no dudó en tocar la puerta y amenazar a Eren con quemar todos sus libros si no habría en ese instante.

—Estás erecto —fue lo primero que pudo decir, viendo como patéticamente el alfa joven intentaba cubrir el bulto de sus pantalones.

—Sucede desde la mañana —confesó Eren, sin dejar de tocarse con las manos—. No sé lo que me pasa.

—Bájate los pantalones —pidió entonces, con tranquilidad. Pero su alfa desvió la mirada, completamente abochornado.

—N-no.

Él suspiró. No era momento para avergonzarse, había visto desnudo a Eren una y mil veces desde que emparejaron. Le había visto masturbarse como un endemoniado cientos de veces, a su lado.

—Necesitas masturbarte —dijo entonces, llegando a esa conclusión de improviso.

—No puedo —siseó Eren, frotando con delicadeza su zona íntima—. Mi pene duele mucho cuando trato de hacerlo.

Oh.

—Déjame intentarlo.

Se arrodilló frente al inodoro, donde su alfa se encontraba sentado, tratando de bajarle los pantalones de tela azul. Minutos incómodos pasaron antes de que por fin, Eren deslizara la ropa interior hacia abajo y comenzara a respirar pesadamente cuando los fríos dedos del contrario examinaron el pedazo de carne.

—¡Ten cuidado! —le gritó.

Levi hizo una mueca de fastidio, ignorando su advertencia.

—¿Se lo mostraste a alguien más? —preguntó.

—Por supuesto que no —replicó el alfa joven—, seria vergonzoso.

Examinó los pliegues, tratando de rodear la parte hinchada y tener el menor contacto posible con las abultadas venas que parecían latir alrededor del falo.

—Aquí hay algo—sentenció, bajando lentamente hacia los testículos— está muy duro.

Palpó la base, donde una especie de bola comenzaba a crecer, oprimiendo dolorosamente el canal de salida del miembro.

—¿Qué es lo que tengo? —se quejó Eren— ¿Algún tipo de tumor?

Levi examinó el bulto por última vez.

—Es un nudo —sentenció.

—Duele mucho para ser un nudo —contradijo Eren.

—Lo es —regañó Levi— ¿No te enseñan eso en primaria?

—No recuerdo muy bien…

—Tienes que masturbarte, Eren —dijo, apretando el falo para que el alfa chillara de dolor y le hiciera caso—, el nudo está atascado.

Funcionó. Eren profirió un grito ahogado, alejando su preciado paquete de sus malévolas manos para mimar la zona maltratada. Dolía tanto que no pudo retener un par de fugaces lágrimas.

—¿Estoy en celo?

—No —negó Levi—, solo estas formando un nudo. Tu primer nudo.

—Levi —jadeó— puedes… ¿podemos hacerlo? No creo que pueda dejarlo salir sin tu ayuda.

—No, Eren, harás que aborte si introduces un nudo en mí —expuso— trata de masturbarte solo ¿Puedes escucharme? Deja de llorar, no eres un mocoso débil.

Las piernas del alfa se retorcieron y dejó de tocar la erección para que el dolor se calmara un poco.

—¿Tienes lubricante? —preguntó al fin.

Levi estuvo a punto de rodar los ojos por culpa de la inutilidad del estúpido alfa. ¿Qué no podía hacer las cosas por sí mismo? Alfa enclenque.

—Quítate —empujó el vientre del alfa, haciendo que la espalda de Eren golpeara la pared y sus manos quedaran separadas.

Abriendo la boca comenzó a chupar la punta, tomando la base del miembro con una mano mientras que con la otra trataba de masturbar los genitales del alfa.

—¡Levi duele mucho!

Se quejó, casi sollozante. Forcejeando para poder separarse del omega, sin embargo no impuso demasiada fuerza, seguramente temía hacerle algún daño. La palabra aborto surgía un curioso efecto de rechazo en el joven alfa.

"Voy a vomitar" pensó Levi, esforzándose al máximo -pese a las protestas- en estimular las maltratadas partes privadas que hervían dentro de su boca.

No sintió placer ni una sola vez y estaba completamente seguro de que los jadeos que Eren soltaba, tampoco se debían a que lo disfrutara mucho.

El nudo avanzó hacia delante, ciego al sufrimiento de todos.

Eren logró sujetar un mechón de cabello negro y tiró con fuerza, ocasionando que Levi le pellizcara el muslo y usara los dientes. La amenaza estaba implícita. Eren ahogó sus jadeos por unos minutos, minimizando el trabajo de Levi.

Sus ojos se volvieron acuosos cuando su, ya de por sí, delicado reflejo de vomito le atacó con ímpetu, más no pudo apartarse porque el nudo comenzaba a descender. La comisura de sus labios se ensanchó y sus dedos arañaron con fuerza las rodillas del alfa.

Lentamente, sintió el ácido sabor amargo de las gotitas de pre-semen que comenzaron a fluir a través de su garganta. El nudo se hinchó en la punta y Eren comenzó a gimotear sin pudor.

Se sentía como si el alfa expulsara una pelota de tenis por el pene, directamente en su boca, comprimiendo su úvula de tal forma que él intentó ponerse de pie sin lograrlo.

Estaban pegados. Y estarían pegados durante media hora.

Cerró los ojos, sintiendo como los dedos de Eren le limpiaban las mejillas.

Pasaron varios minutos dentro del reducido baño, adormecido por el esfuerzo Levi comenzó a dormitar, empero un estallido de algo caliente inundando su garganta le despertó y por unos cuantos segundos creyó morir ahogado.

Agonizante, Eren dejo de lamentarse.

Se vislumbraba un poco de sangre fresca en uno de los costados de su labio inferior –causados por las fuertes mordidas que se provocó- y sus ojos estaban hinchados. Pálido a más no poder, emitió una débil queja cuando los labios de Levi se apartaron y la sustancia blanca rodó por estos hacia el piso del baño.

Levi devolvió todo lo que se había tragado ahí mismo, sosteniéndose de las rodillas del alfa para no caer al suelo.

En los libros de ficción de Eren, los alfas anudaban la boca de sus omegas sin problema y con mil orgasmo por delante.

—¿Estas bien?

Levi movió la cabeza, negando.

—Déjame ayudarte —le dijo. Acercándose con cuidado al lavamanos para llevarle un vaso con agua.

Los niños alfa nacían con un pequeño nudo en la base, a medida que iban desarrollándose ese nudo crecía un poco y, cuando se masturbaran, la eyaculación ya no era dolorosa.

Obviamente Eren no pasó por todo el proceso cuando era un niño.

Levi sufrió un espasmo cuando su cabeza tocó la almohada y Eren no dudó en recostarse junto a él. Todavía adolorido.

—Cuando tenemos sexo se siente más bonito —murmuró su alfa.

—Tienes que practicar solo —replicó Levi, ronco— porque de ahora en adelante formaras un nudo cada que te excites.

Eren se cubrió la cara con las manos.

—No quiero volver a sentir tu boca en mi pene nunca más —mencionó, acongojado.

En algo estaban de acuerdo.

Ciertamente, no tendrían relaciones por un tiempo.

Al menos hasta que al trauma de Eren haya finalizado y su pequeño amigo volviese a funcionar.

.

Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

.

Eren comenzó a utilizar compresas de hielo durante las noches, solo para amanecer con las sábanas interiores mojadas y una bolsita rota cerca de la planta de sus pies. Levi había mencionado que aquello era tan asqueroso como aguantar a un niño meado en la cama.

Fue la primera vez que ambos se gritaron durante más de dos horas consecutivas.

Aunque nunca podrían permanecer enojados por mucho tiempo, pronto buscaron el calor del otro y terminaron recostados en el viejo sofá de la abuela Jaeger viendo la aburrida programación de la tarde.

Levi no paraba de comer y eso hacía que él también tuviera hambre y robara algunas galletas de su bandeja.

Las noticias terminaron y el programa de humor comenzó, presentando las tristes caricaturas de siempre. Su omega cambió de canal, llegando al programa de cocina que una vieja y adormilada mujer omega conducía.

Aletargados, se concentraron en la masa de colores que sus arrugadas manos preparaban con rapidez. JJ se acercó para ocupar su rinconcito especial y mover la cola con impaciencia.

Las galletas se acabaron y Eren se desprendió de la gruesa manta que tapaba sus piernas para volver a la cocina y traer más bocadillos.

Ethan nacería en menos de dos semanas.

Como pareja adulta reconocida, el gobierno iba a otorgarles el permiso para instalar un canal beta en su aburrida programación televisiva. Levi y él habían ojeado muchas revistas de canales para buscar la más adecuada. Todavía no se decidían por ninguno.

Eren volcó las migajas de galleta en el contenedor de basura y abrió otra nueva bolsita para rellenar el tazón.

Hacía mucho calor ese día.

Al volver, solo se encontró con el gato tirado en medio del sofá y la manta doblada en una esquina.

Levi desempacaba algo de la bolsa que, previamente, una vecina había traído en la mañana.

—Es un osito —mencionó él, acercándose al omega por detrás— ¿Lo compraste para mí? —preguntó sin soltar el tazón.

—El vecino trabaja en la fábrica de estos juguetes —explicó Levi, quitándole las galletas y colocando al oso entre sus brazos.

Era muy bonito con un lazo rojo en el cuello, café y rechoncho, bastante simétrico.

Levi nunca le había dado un regalo tan agraciado. Iba a conservarlo muy bien.

Apretó al oso para sentir su blandura e inspeccionó las redondeadas plantillas.

Tenía algo inusual entre ellas, una especie de abertura.

La sonrisa se le borró del rostro en cuanto comprobó lo que era.

Ese oso tenía un coño.

—Mi madre compró un par cuando mis hermanos entraron en celo por primera vez —mencionó Levi, empujando al gato para ocupar su espacio robado—. Están diseñados para adolescentes primerizos.

Repentinamente, Eren sintió deseos de tirar la cosa por la ventana, pero se contuvo.

—¿Quieres que folle a un juguete? —Preguntó sin aliento.

Levi se llevó una galleta a la boca.

—Esa es la idea.

No, por supuesto que no. Era aberrante y extraño. Si lo hacía, nunca volvería a ver a los osos de peluche de la misma manera.

—No sé si funcione —comenzó, pasando saliva y enderezando la espalda para verse mucho más alto de lo que ya era—, si no es contigo no me gusta.

—No dejaré que anudes dentro de mí hasta que tengas algo de práctica.

—Pero Levi…

Su omega hizo un ademán con la mano, terminando la conversación con rudeza.

—Necesitas práctica —indicó.

—Me niego.

Una oscura sombra pasó por el seco y frío rostro del omega adulto. Se arregló algunos mechones de pelo negro que caían por su frente antes de mirarle a los ojos.

—Nunca pregunté si querías, Eren —le dijo—. Es una orden.


Capítulo escrito desde los puntos de vista de Levi y Eren, algunos saltos de tiempo.

No sé si poner Eren x oso, aunque la idea en sí es graciosa. XD queda a elección.

Tengo algunos problemitas personales :,C pido disculpas a quien prometí actualizar hace dos semanas, me avergüenzo de mi misma anon. Lo siento.

Nos leemos.

AGRADECIMIENTOS

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